Soporte
Eduardo Regal Villa, Las nuevas tecnologías y sus efectos prácticos en la identidad personal y comunitaria, en la vida religiosa y social
Incrementar tama√Īo de fuente Disminuir tama√Īo de fuente
Compartir

Las nuevas tecnologías y sus efectos prácticos en la identidad personal y comunitaria, en la vida religiosa y social

Ponencia presentada en el Congreso Internacional ‚ÄúNewtech 98 Nuevas Tecnolog√≠as y Persona Humana, Comunicando la Fe en el Nuevo Milenio‚ÄĚ.

Eduardo Regal V.,
Director de VE Multimedios

Denver, 25-28 de marzo de 1998.

Introducción

¬ę‚Ķ y entrando en la morada hallaron al Ni√Īo con Mar√≠a, su Madre, y postr√°ndose le adoraron, y abriendo sus tesoros le ofrecieron presentes de oro, incienso y mirra¬Ľ1. Este pasaje del Evangelio seg√ļn San Mateo nos trae a la memoria a aquellos hombres que habiendo contemplado en el firmamento una estrella singular, emprendieron una larga jornada siguiendo la ruta que el astro se√Īalaba: los Magos del oriente. No tenemos muchos datos sobre estos personajes, pero es posible concluir que fueron hombres sabios dedicados a las ciencias, entre ellas la astronom√≠a. Desde esta perspectiva, podemos considerar que estos hombres pose√≠an una t√©cnica avanzada para su tiempo ‚ÄĒcon instrumentos adecuados‚ÄĒ para la observaci√≥n del firmamento y las estrellas. Seg√ļn algunos autores estos misteriosos Magos utilizaron su saber, su ciencia y su conocimiento t√©cnico en la b√ļsqueda de un Rey, que seg√ļn antiguas tradiciones habr√≠a de gobernar a las naciones. Finalmente encontraron al Rey, pero no se trataba de cualquier rey sino del Rey de Reyes, el Verbo de Dios que se hizo Hijo de la Inmaculada Virgen Mar√≠a para reconciliaci√≥n de toda la humanidad. Y contempl√°ndolo, se postraron adorando al Ni√Īo redentor y ofreci√©ndole sus preciosos dones.

He querido resaltar en este hermoso pasaje de la Epifan√≠a del Se√Īor, la ciencia y la t√©cnica que pose√≠an los Magos del Oriente. Ellas, lejos de haberlos conducido por caminos errados permitieron que llegaran ante Aquel que da sentido pleno a todo el quehacer humano, incluyendo a las mismas ciencia y t√©cnica. Esto nos sit√ļa en la perspectiva de lo que se√Īala el Catecismo de la Iglesia Cat√≥lica: ¬ęLa ciencia y la t√©cnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por s√≠ solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la t√©cnica est√°n ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus l√≠mites¬Ľ2. Pero no siempre se da este sentido y valoraci√≥n de la t√©cnica. Incluso se puede a√Īadir que la complejidad del desarrollo tecnol√≥gico presenta numerosas ambig√ľedades, esto es que ofrece luces y sombras para la vida del ser humano y su convivencia social.

Profundas interrogantes

¬ęEn nuestros d√≠as, el g√©nero humano, admirado de sus propios descubrimientos y de su propio poder, se formula con frecuencia preguntas angustiosas sobre la evoluci√≥n presente del mundo, sobre el puesto y la misi√≥n del hombre en el universo, sobre el sentido de sus esfuerzos individuales y colectivos, sobre el destino √ļltimo de las cosas y de la humanidad¬Ľ3. Este planteamiento formulado por el Concilio Vaticano II hace tres d√©cadas mantiene la misma vigencia, y quiz√° podr√≠amos decir que incluso tiene mayor fuerza hoy que en aquel entonces. El Concilio ofrece un horizonte de cara al tercer milenio. As√≠, por ejemplo, la constituci√≥n Gaudium et spes ofrece un claro an√°lisis de la situaci√≥n del ser humano situado en un mundo que entonces como hoy se abre al tercer milenio de la fe. Por ello vale la pena situarnos en esa valiosa perspectiva en nuestras reflexiones.

En los d√≠as del Concilio, la Iglesia, con plena consciencia de lo permanente, pero al mismo tiempo sensible a los cambios profundos, se preguntaba por la situaci√≥n de la persona humana en el mundo, buscando ¬ęescrutar a fondo los signos de la √©poca e interpretarlos a la luz del Evangelio¬Ľ4. El primer rasgo que se√Īalan los Padres Conciliares es que ¬ęel g√©nero humano se halla hoy en un per√≠odo nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero¬Ľ5. Son cambios provocados por ¬ęel hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es esto as√≠, ‚ÄĒsigue la Gaudium et spes‚ÄĒ que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural¬Ľ6. Las profundas transformaciones e interrogantes de las que habla el Concilio, tienen connotaciones de orden social, cultural, psicol√≥gico, moral, religioso y familiar. Y en medio de estos cambios profundos, la Gaudium se√Īalaba ya, con extraordinaria claridad, que ¬ęel esp√≠ritu cient√≠fico modifica profundamente el ambiente cultural y las maneras de pensar. La t√©cnica, con sus avances, est√° transformando la faz de la tierra¬Ľ7.

Hoy en d√≠a, pasadas m√°s de tres d√©cadas, podemos contemplar unos avances tecnol√≥gicos ‚ÄĒquiz√° de dimensiones mayores a las vislumbradas por los Padres del Concilio‚ÄĒ, que se pueden situar en el vertiginoso cambio ya constatado en la ense√Īanza conciliar. Las interrogantes entonces aplicadas respecto al desarrollo de la t√©cnica, cobran hoy en d√≠a especial relevancia. La situaci√≥n actual de la tecnolog√≠a y la experiencia de los √ļltimos a√Īos nos permiten suponer un crecimiento cada vez m√°s acelerado y complejo de lo que se viene llamando ¬ęnuevas tecnolog√≠as¬Ľ. Esta realidad y el horizonte que se prevee se presenta colmado de grandes promesas y al mismo tiempo de inmensos desaf√≠os; cargado de esas ¬ęesperanzas y temores¬Ľ de las que habla la Gaudium et spes.

Tecnocentrismo

La complejidad del desarrollo tecnol√≥gico viene suscitando en el mundo posiciones muy diversas. Diferentes calificativos han ido apareciendo para identificar las actitudes opuestas de rechazo y de entusiasmo: tecn√≥fobos y tecn√≥filos, son quiz√° de las expresiones m√°s conocidas; apocal√≠pticos e integrados8, t√≠tulo de un libro de Umberto Eco publicado en 1965; o tambi√©n humies y techies9, en relaci√≥n a aquellos con una tendencia m√°s humanista ‚ÄĒlos primeros‚ÄĒ y m√°s instrumental ‚ÄĒlos segundos‚ÄĒ.

Los as√≠ llamados tecn√≥fobos rechazan ‚ÄĒen mayor o menor grado‚ÄĒ los sistemas o adelantos tecnol√≥gicos, viendo en ellos principalmente graves consecuencias para el desarrollo de la persona humana y la sociedad. Muchas veces este rechazo de la tecnolog√≠a manifiesta un cierto anhelo de un mundo sin tecnolog√≠a, un supuesto mundo ¬ępre-tecnol√≥gico¬Ľ ‚ÄĒque ciertamente nunca ha existido‚ÄĒ en el que el ser humano ser√≠a capaz de vivir y desplegarse sin recurso alguno a la tecnolog√≠a. Por su parte, los llamados tecn√≥filos ‚ÄĒtambi√©n, en un mayor o menor grado‚ÄĒ consideran que en los avances de la tecnolog√≠a y en su desarrollo, la humanidad ser√≠a capaz de hallar todo lo necesario para su ¬ęplena realizaci√≥n¬Ľ, usualmente en una reductiva perspectiva intramundana. Vislumbran un futuro tecnol√≥gico de caracter√≠sticas ¬ęcasi paradisiacas¬Ľ, una suerte de ¬ęutop√≠a tecnol√≥gica¬Ľ.

Aunque las dos posiciones aportan elementos sugerentes para la reflexi√≥n, la polarizaci√≥n de las posturas lleva a reducciones y simplificaciones de la realidad. Ambas tendencias dirigen su atenci√≥n a la tecnolog√≠a y lo que ser√≠a el futuro tecnol√≥gico, en un caso para rechazarla y en el otro para acelerar su llegada10, con los matices se√Īalados. Sin embargo, en su aproximaci√≥n a la tecnolog√≠a ambas caen en el vicio de otorgar a la t√©cnica, en relaci√≥n al ser humano y a la sociedad, un papel demasiado protag√≥nico, cayendo en lo que se ha denominado tecnocentrismo11. Vistas desde tal filtro, por ejemplo, las incidencias de los instrumentos t√©cnicos sobre la identidad personal e incluso comunitaria aparecen como determinantes sobre la identidad del sujeto y en consecuencia sobre la comunidad. Pero, partiendo de este vicio de perspectiva, las conclusiones a las que pueden llegar los agoreros quedan bastante distorsionadas por los presupuestos de los que parten, m√°s a√ļn si el an√°lisis se realiza sobre un sector patologizado de la poblaci√≥n.

El tecnocentrismo, coloca a la t√©cnica como centro de la reflexi√≥n en torno a la cual gira toda la aproximaci√≥n a la realidad. Desde esta perspectiva la tecnolog√≠a se convierte en un filtro ‚ÄĒincluso en ¬ęel¬Ľ filtro‚ÄĒ de las dem√°s expresiones de la experiencia humana y de la cultura. Por esta raz√≥n, es necesario ante todo cuidarse de no caer en ese reduccionismo tecnoc√©ntrico que manifiestan ambas aproximaciones mencionadas ‚ÄĒla de los tecn√≥filos y la de los tecn√≥fobos‚ÄĒ.

El tecnocentrismo del que venimos hablando lleva tambi√©n a que se le otorgue a la tecnolog√≠a una autonom√≠a fundamental en relaci√≥n al ser humano. M√°s a√ļn se le confiere un car√°cter determinante que conduce a un determinismo tecnol√≥gico, por el cual la tecnolog√≠a influir√≠a de tal manera sobre el ser humano y su cultura que todo ser√≠a condicionado por ella y m√°s a√ļn determinado por ella. Desde esta aproximaci√≥n, las diversas realidades humanas y la cultura en general no s√≥lo se ven afectadas sino m√°s bien se ven modeladas por la tecnolog√≠a imperante. Ciertamente hay que decir que una perspectiva tal puede llegar a ¬ęcargar¬Ľ el uso pr√°ctico de las tecnolog√≠as dot√°ndolas as√≠ de efectos que como un ¬ępresente griego¬Ľ se introducen en su uso a trav√©s de dichos presupuestos sesgando su impacto en el √°mbito del uso pr√°ctico.

Algunos autores interpretando la conocida expresi√≥n ¬ęel medio es el mensaje¬Ľ12 de Marshall McLuhan ven en ella una expresi√≥n de esta visi√≥n determinista. Las interpretaciones de su frase-met√°fora van en la l√≠nea de que para McLuhan el medio no s√≥lo condiciona la expresi√≥n del mensaje, sino que hace m√°s: el medio corrompe o modela de tal manera el mensaje que llega incluso a identificarse con √©l. En esta afirmaci√≥n de McLuhan no se puede dejar de advertir que se le da una importancia desmedida a los medios y a sus tecnolog√≠as, en desmedro del resto de factores que influyen en la persona, en la comunicaci√≥n, en la sociedad y en una determinada cultura. Resulta por lo menos sorprendente que se postule una metamorfosis de los valores, la educaci√≥n, la familia y tantos otros factores al medio convirti√©ndolo as√≠ en el megafactor o quiz√° en el principal factor de configuraci√≥n de una cultura. Sin ignorar las influencias del medio sobre la persona y sobre la sociedad misma, parece un exceso dotarlo de esa funci√≥n ¬ętotalitaria¬Ľ.

Un an√°lisis m√°s profundo del reduccionismo tecnoc√©ntrico, nos lleva a considerar una cierta mentalidad tecnologista que hunde sus ra√≠ces en el Renacimiento y se afianza en la Ilustraci√≥n. Uno de sus componentes principales es un reduccionismo metodol√≥gico que ¬ęrecorta la realidad a lo mensurable, a grosores, longitudes; a lo material en √ļltima instancia¬Ľ13. Se puede llegar incluso a hablar de una cierta ideolog√≠a tecnologista, que tendr√≠a como una caracter√≠stica importante el agnosticismo funcional que Luis Fernando Figari se√Īala como ¬ęla prescindencia y m√°s a√ļn banalizaci√≥n de Dios, que lleva a su marginaci√≥n f√°ctica de la vida y de la cultura, y a su sustituci√≥n por los √≠dolillos de siempre (poder, tener y experimentar placer a cualquier costo), claro que debidamente maquillados para el tiempo presente¬Ľ14. Esta suerte de ideolog√≠a tecnologista, es pues en su esencia secularista y por lo tanto prescinde de Dios y de la dimensi√≥n trascendente del ser humano. La actitud b√°sica es la indiferencia y finalmente un endiosamiento de la tecnolog√≠a y de la mentalidad tecnologista, haciendo de la t√©cnica un √≠dolo, es decir generando una tecno-idolatr√≠a. La t√©cnica, en el caso de los Magos del oriente les permiti√≥ alcanzar la Luz, la Verdad de Dios hecho hombre. La idolatr√≠a de la t√©cnica es m√°s bien un sendero que conduce a la oscuridad, al error y en cierto sentido es una reedici√≥n o prolongaci√≥n de aquella funesta actitud del ¬ęquerer ser como dioses¬Ľ del relato del G√©nesis. Sucumbir pues a al influjo de dicha tecno-idolatr√≠a ciertamente afecta a la persona, pues parad√≥jicamente en la medida que se deja absorber en ¬ęla riqueza tecnol√≥gica¬Ľ se va empobreciendo como ser humano, dej√°ndose hechizar por los instrumentos t√©cnicos y subyugar bajo ellos. Esta perspectiva plantea una l√≠nea de reflexi√≥n sobre la relaci√≥n del ser humano con el instrumento t√©cnico.

Ante este panorama se hace evidente que si uno se desliza a una aproximaci√≥n tecnoc√©ntrica corre seriamente el riesgo de perder de vista el n√ļcleo de la pregunta por la tecnolog√≠a. Los cambios tecnol√≥gicos y su valor real en t√©rminos de progreso y desarrollo humano, no se miden en las categor√≠as cuantitativas de mayor o menor tecnolog√≠a. ¬ęEl progreso no es todo cambio en abstracto. Para saber si realmente un cambio es progreso se hace indispensable contrastarlo con la realidad del ser humano, de su naturaleza, su dignidad y su destino seg√ļn el Plan de Dios... Pero si atenta contra el ser humano, su vida, su dignidad, su naturaleza, su destino, jam√°s se podr√° reconocer como progreso, sino que m√°s bien es un flagrante retroceso¬Ľ15. Una racionalidad tecnol√≥gica, que busca la eficacia por la eficacia, y no se orienta al sentido √ļltimo del ser humano, est√° desde sus cimientos destinada al error y rompe con la deseable armon√≠a entre el ser humano y la t√©cnica que genera.

¬ŅEntonces c√≥mo aproximarnos a la problem√°tica de la tecnolog√≠a? ¬ŅC√≥mo juzgar las consecuencias del desarrollo tecnol√≥gico de hoy y del futuro y sus efectos pr√°cticos sobre el ser humano sin caer en la reducci√≥n tecnocentrista? ¬ęLos criterios de orientaci√≥n ‚ÄĒse√Īala el Catecismo de la Iglesia‚ÄĒ no pueden ser deducidos ni de la simple eficacia t√©cnica, ni de la utilidad que puede resultar de ella para unos con detrimento de otros, y, menos a√ļn, de las ideolog√≠as dominantes. La ciencia y la t√©cnica requieren por su significaci√≥n intr√≠nseca el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al designio y la voluntad de Dios¬Ľ16. As√≠, el criterio de discernimiento se esclarece finalmente a la luz del Evangelio, en el misterio del Acontecimiento del Verbo encarnado, en la persona del Se√Īor Jes√ļs, quien revela plenamente el hombre al propio ser humano y le descubre su alt√≠sima vocaci√≥n17.

La ¬ęera digital¬Ľ

Con el advenimiento del nuevo medio digital han aparecido nuevas expresiones que poco a poco van dejando de ser curiosas referencias utilizadas s√≥lo entre los entendidos para ir integr√°ndose al ¬ęlenguaje com√ļn¬Ľ. Los colegios y universidades son √°mbitos especialmente f√©rtiles para la propagaci√≥n de nuevos conceptos como bit, byte, cyberspace, cybercafes, hacker, virtual reality, e-mail, cyberlaw, information age, globalization, hypertext, e-cash o www. Otros nuevos conceptos todav√≠a poco empleados expresan realidades futuras y en algunos casos ya existentes pero no difundidas. Tal es el caso por ejemplo del teleputer, de George Gilder18; bodynets, smart rooms o virtual neighborhood de Michel Dertouzos19; data smog de David Shenk20 o information highway de Bill Gates21, s√≥lo por citar algunos. El mismo tiempo en que vivimos y la sociedad vienen siendo calificados tambi√©n con nuevas expresiones: information age, digital era, computer age, information technologies age, information society, network society y technological culture entre otros.

Pero ciertamente la incidencia de las nuevas tecnolog√≠as digitales no se circunscribe a los nuevos conceptos, aunque esto no es poco en s√≠ mismo. Realizar una enumeraci√≥n de las nuevas tecnolog√≠as y las numerosas realidades que presenta resultar√≠a una tarea sumamente extensa, y fuera de lugar aqu√≠. Pero quiz√° el elemento que podr√≠amos identificar como el ¬ęcom√ļn denominador¬Ľ entre todas ellas es la computadora. Hemos llegado al punto de poder decir que casi todas ‚ÄĒo todas‚ÄĒ las nuevas tecnolog√≠as significativas de hoy, tienen alguna relaci√≥n con la computadora. Ya sea en sus primeros bocetos, en su dise√Īo, en su construcci√≥n o elaboraci√≥n, en su per√≠odo prueba, en su uso o puesta en pr√°ctica, o en su evaluaci√≥n. En algunas sociedades la computadora va dejando de ser un instrumento o aparato ajeno a la vida cotidiana y va abri√©ndose camino entre las llamadas ¬ętecnolog√≠as transparentes¬Ľ, aquellas que por la familiaridad en su uso cotidiano, dejan de llamar la atenci√≥n y forman parte del entorno com√ļn personal, familiar, comunitario o laboral.

El desarrollo de la tecnolog√≠a digital de la computadora, ofrece nuevas posibilidades tanto en los niveles m√°s especializados y complejos del desarrollo del conocimiento humano, as√≠ como en las aplicaciones m√°s comunes y cotidianas. Los expositores que me han antecedido ya han profundizado en varios de estos nuevos recursos. Fen√≥menos como la Internet y el ciberespacio van abriendo horizontes que todav√≠a no alcanzamos a comprender con la deseable claridad. El correo electr√≥nico, la www, las llamadas comunidades virtuales22 y las conversaciones on-line, la educaci√≥n asistida por computadora o a trav√©s de Internet y los cyberschools23, los mundos de ¬ęrole playing¬Ľ o MUDs24, el hipertexto25, el creciente comercio electr√≥nico, la llamada globalizaci√≥n, la ingenier√≠a gen√©tica o la biotecnolog√≠a son s√≥lo algunos ejemplos de estos nuevos horizontes que no pocas veces son desaf√≠os.

Con mucho temor algunos y otros con gran entusiasmo, ven una fuerte influencia de las nuevas tecnolog√≠as en la identidad personal, en las relaciones humanas, en la vida comunitaria y en la sociedad. Sin embargo la pregunta sobre su influencia en t√©rminos de efectos pr√°cticos es inabarcable e incompleta. En un reciente mensaje el Arzobispo Chaput citaba un refr√°n popular en los Estados Unidos: ¬ęfools with tools are still fools¬Ľ26. El refr√°n, en forma clara y directa, se√Īala esto que queremos hacer notar. El instrumento, la herramienta o la t√©cnica no hace mejor al ser humano por lo que tiene en s√≠ misma y tampoco se le puede atribuir a la t√©cnica un juicio de valor moral, sin tomar en cuenta a la persona. No se puede desligar a la tecnolog√≠a de su entorno, de sus circunstancias. Sobre todo no se la puede desligar del propio ser humano que la dise√Īa y hace uso de ella. Casi habr√≠a que subrayar que la tecnolog√≠a es para el ser humano y no el ser humano para la tecnolog√≠a. En tal sentido con todo lo valioso que puede aportar la tecnolog√≠a a la realidad y desarrollo de la persona humana, no se espere que ella pueda cambiarla ontol√≥gicamente. La persona que usa la tecnolog√≠a la usa seg√ļn su propia realidad y naturaleza. De ah√≠ que algunas evaluaciones de car√°cter alarmista sobre la negativa influencia de la computadora y la Internet sobre la ¬ęidentidad¬Ľ de la persona al moverse en universos patol√≥gicos, predeterminan el resultado por los presupuestos y por la naturaleza de la muestra.

Las nuevas tecnologías y la cultura

Esto nos permite retomar el hilo conductor inicial y la precauci√≥n de no aproximarnos a las nuevas tecnolog√≠as mencionadas, desde una visi√≥n tecnoc√©ntrica. La aproximaci√≥n a las nuevas tecnolog√≠as no puede prescindir de su ubicaci√≥n en una cultura determinada. La relaci√≥n que las nuevas tecnolog√≠as tienen con la persona y la sociedad est√° en funci√≥n de su entorno cultural. La tecnolog√≠a constituye uno de los factores que conforman una cultura. ¬ęLa cultura es el universo humanizado que una colectividad se crea, consciente o inconscientemente: es su propia representaci√≥n del pasado y su proyecto del futuro, sus instituciones y sus creaciones t√≠picas, sus costumbres y sus creencias, sus actitudes y sus comportamientos caracter√≠sticos, su manera original de comunicar, de trabajar, de celebrar, de crear t√©cnicas y obras reveladoras de su alma, y de sus valores √ļltimos¬Ľ27.

En este sentido la tecnolog√≠a, y por lo tanto las nuevas tecnolog√≠as, entran en interrelaci√≥n din√°mica y constante con los dem√°s componentes que conforman una cultura. Puede inclusive llegar a convertirse en uno de los factores de transformaci√≥n socio-cultural. Se puede concluir de lo dicho, que esta estrecha relaci√≥n lleva a que la tecnolog√≠a sea, en alg√ļn modo, una expresi√≥n de la cultura a la cual pertenece y por otro lado, que a su vez la tecnolog√≠a, aporte a esta cultura. Pero el m√°s importante elemento en esta relaci√≥n tecnolog√≠a‚Äďcultura es la libertad del ser humano que le da a la t√©cnica un espacio en la cultura en el cu√°l √©sta brota y se desarrolla. En una cultura como las nuestras de marcados tintes agn√≥sticos, economicistas, consumistas, pragm√°ticos y secularistas, la tecnolog√≠a est√° en muchas de sus expresiones sesgada (biased) por estas caracter√≠sticas tanto en los fines para los que es concebida como en el uso que se hace de la misma.

Tecnología al servicio de la Nueva Evangelización

Una cultura de fuertes valores √©ticos, morales y religiosos se manifestar√° en sus diferentes expresiones; una de ellas, como se viene enunciando es la tecnolog√≠a. Sin embargo, como mencionara claramente el Papa Pablo VI, ¬ęla ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue tambi√©n en otras √©pocas. De all√≠ ‚ÄĒsigue el Papa‚ÄĒ que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelizaci√≥n de la cultura, o m√°s exactamente de las culturas. √Čstas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevar√° a cabo si la Buena Nueva no es proclamada¬Ľ28.

¬°Qu√© oportuno programa para nuestros d√≠as! Los nuevos medios digitales pueden ser los ¬ęnuevos are√≥pagos¬Ľ de nuestros d√≠as, desde los cuales proclamar la Buena Nueva. Pero as√≠ como es oportuno el programa, lo es tambi√©n el diagn√≥stico. No es dif√≠cil constatar, que las nuevas tecnolog√≠as manifiestan, a veces grotescamente, esa ruptura entre el Evangelio y la cultura. Muchas veces, en vez de proclamar una verdadera ¬ęcultura de vida¬Ľ29, las nuevas tecnolog√≠as difunden las lacerantes heridas de una ¬ęanticultura de muerte¬Ľ30.

As√≠ pues, una recta utilizaci√≥n de las nuevas tecnolog√≠as puede enmarcarse en la dimensi√≥n de la evangelizaci√≥n de la cultura en una doble din√°mica. Por un lado en cuanto al esfuerzo por iluminar desde el Evangelio las diversas realidades de las nuevas tecnolog√≠as y por otro, en utilizar los recursos ofrecidos por estas nuevas tecnolog√≠as al servicio del anuncio evangelizador. Una Nueva Evangelizaci√≥n, ¬ęnueva en su ardor, en sus m√©todos, en su expresi√≥n¬Ľ31.

Ambas dimensiones se presentan en nuestros d√≠as como tareas con car√°cter de urgencia. Por una parte, la Iglesia debe trabajar incansablemente por hacer sentir con fuerza su presencia evangelizadora en el universo de las nuevas tecnolog√≠as, comunicando en forma decididamente activa y creativa, la reconciliaci√≥n que nos ofrece el Se√Īor Jes√ļs y sus consecuencias morales, sociales y culturales. Por otra, hacer uso de los much√≠simos recursos que ofrecen las nuevas tecnolog√≠as, tal como propusieron los obispos latinoamericanos reunidos en Santo Domingo cuando se√Īalaron que ¬ęes hoy imprescindible usar la inform√°tica para optimizar nuestros recursos evangelizadores¬Ľ32.

En este sentido la Iglesia viene realizando algunos esfuerzos significativos. En Am√©rica del Norte y en Europa el avance es mayor que en Am√©rica Latina, a pesar de que all√≠ est√° el mayor n√ļmero de cat√≥licos del mundo. Sin embargo, recogiendo las numerosas iniciativas de la reciente Asamblea Especial del S√≠nodo de los Obispos para Am√©rica, en Am√©rica Latina ya se vienen desarrollando importantes avances de servicio eclesial a trav√©s de las nuevas tecnolog√≠as33.

Considerando la magnitud de la tarea y de los recursos a nuestro alcance, estos pioneros intentos son todav√≠a peque√Īos. Lo que queda claro es que ya no se puede ignorar o prescindir de estas nuevas tecnolog√≠as y su influencia en el ser humano y en su cultura. El Pueblo de Dios est√° llamado a desempe√Īar en el mundo la misi√≥n que le ha confiado el Se√Īor. Desde la Verdad que custodia y transmite la Iglesia debe discernir lo que es bueno y alentar todas aquellas iniciativas que pongan las nuevas tecnolog√≠as al servicio del ser humano y del anuncio de la Buena Nueva.


1

Mt 2,11.

2

Catecismo de la Iglesia Católica, 2293.

3

Gaudium et spes, 3.

4

Allí mismo, 4.

5

Lug. cit.

6

Lug. cit.

7

Allí mismo, 5.

8

Ver Umberto Eco, Entre apocalípticos e integrados (1965), Lumen, Barcelona 1995.

9

Ver Michael L. Dertouzos, What Will be. How the New World of Information Will Change Our Lifes, Harper Edge, Nueva York 1997, pp. 310- 316.

10

Ver Germ√°n Doig, Tecnolog√≠a, utop√≠a y cultura, en ¬ęVida y Espiritualidad¬Ľ, 37 (1997), p. 59.

11

Ver lug. cit.

12

Ver Marshall McLuhan, Undersanding Media, pp. 7ss.

13

Luis Fernando Figari, Reconciliación y Nueva Evangelización, en AA. VV., Nueva Evanagelización rumbo al Tercer Milenio. V Congreso Internacional de la Reconciliación, Vida y Espiritualidad, Lima 1996, p. 147.

14

Allí mismo, p. 146.

15

Allí mismo, p. 150.

16

Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 2294.

17

Ver Gaudium et spes, 22.

18

Ver George Gilder, Life After Television, edici√≥n revisada, W.W. Norton & Company, Nueva York ‚Äď Londres 1994, p. 45.

19

Michael Dertouzos, ob. cit, pp. 157-160.

20

Ver David Shenk, Data Smog. Surviving the Information Glut, Harper Edge, Nueva York 1997.

21

Bill Gates, The Road Ahead, Viking Pinguin, Nueva York, 1995, pp. 89-111.

22

Ver Howard Rheingold, The Virtual Community. Homsteading on the Electronic Frontier, Harper Perennial, Nueva York 1994. También Nancy K. Baym, The Emergence of Community in Computer-mediated Communication, en Steven G. Jones (ed.), CiberSociety. Computer-mediated Communication and Community, Sage Publications, Thousand Oaks 1995, pp. 138-163.

23

Ver Glen R. Jones, Cyberschools: An Education Renaissance, Jones Digital Century, Inc., Engelwood 1997.

24

Un análisis, aunque desde una aproximación freudiana en la que se analizan los extremos y las patologías psicológicas a las que pueden llevar los MUDs se puede encontrar en: Sherry Turkle, Life on the Screen. Identity in the Age of the Internet, Simon & Schuster, Nueva York 1995, 11-22; 180ss.

25

Ver George P. Landow, Hypertetxt. The Convergence of Contemporary Critical Theory and Technology, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1993.

26

Mons. Charles Chaput, Arzobispo de Denver, Tontos con herramientas..., tomado de la Biblioteca Electrónica Cristiana, http://www.rcp.net.pe/IAL/vm/bec/etexts/fools.htm, 11/03/98.

27

Hervé Carrier, Evangelio y culturas. De León XIII a Juan Pablo II, EDICE, Madrid 1988, pp. 16-17.

28

S.S. Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 20.

29

S.S. Juan Pablo II, Discurso inaugural, Santo Domingo, 12/10/92, 18.

30

Lug. cit.

31

S.S. Juan Pablo II, Discurso al CELAM, Puerto Príncipe, 9/3/1983.

32

Santo Domingo, 285.

33

En la versión oral se incluyó una demostración on-line de algunas de estas iniciativas.
Consultas

¬© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTR√ďNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. Fuente : 'Regal V., Eduardo, Las nuevas tecnolog√≠as y sus efectos pr√°cticos en la identidad personal y comunitaria, en la vida religiosa y social, Ponencia presentada en el Congreso Internacional "Newtech 98 Nuevas Tecnolog√≠as y Persona Humana, Comunicando la Fe en el Nuevo Milenio". Denver, 25-28 de marzo de 1998'. La versi√≥n electr√≥nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est√° protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par√°metros para su uso. Hecho el dep√≥sito legal.


Dise√Īo web :: Hosting Cat√≥lico