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San P铆o X, Sacra Tridentina Synodus
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Sacra Tridentina Synodus

Decreto de San P铆o X sobre la comuni贸n frecuente y cotidiana

20 de diciembre de 1905

El Sagrado Concilio de Trento, teniendo en cuenta las inefables gracias que provienen a los fieles cristianos de recibir la Sant铆sima Eucarist铆a1, dice: Desear铆a, en verdad, el Santo Concilio que en cada una de las misas comulguen los fieles asistentes, no s贸lo espiritual, sino tambi茅n sacramentalmente. Estas palabras dan a entender con bastantes claridad el deseo de la Iglesia de que todos los fieles diariamente tomen parte en el celestial banquete, para sacar de 茅l m谩s abundantes frutos de santificaci贸n.

2. Estos deseos coinciden con los en que se abrasaba nuestro Se帽or Jesucristo al instituir este divino Sacramento. Pues El mismo indic贸 repetidas veces, con claridad suma, la necesidad de comer a menudo su carne y beber su sangre, especialmente con estas palabras: Este es el pan que descendi贸 del Cielo; no como vuestros padres comieron el man谩 y murieron: quien come este pan vivir谩 eternamente2. De la comparaci贸n del Pan de los Angeles con el pan y con el man谩 f谩cilmente pod铆an los disc铆pulos deducir que, as铆 como el cuerpo se alimenta de pan diariamente, y cada d铆a eran recreados los hebreos con el man谩 en el desierto, del mismo modo el alma cristiana podr铆a diariamente comer y regalarse con el Pan del Cielo. A m谩s de que casi todos los Santos Padres de la Iglesia ense帽an que el pan de cada d铆a, que se manda pedir en la oraci贸n dominical, no tanto se ha de entender del pan material, alimento del cuerpo, cuanto de la recepci贸n diaria del Pan Eucar铆stico.

Deseos de Jesucristo y la Iglesia

3. Mas Jesucristo y la Iglesia desean que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al sagrado convite, principalmente para que, unidos con Dios por medio del Sacramento, en 茅l tomen fuerza para refrenar las pasiones, purificarse de las culpas leves cotidianas e impedir los pecados graves a que est谩 expuesta la debilidad humana; pero no precisamente para honra y veneraci贸n de Dios, ni como recompensa o premio a las virtudes de los que le reciben3. Por ello el Sagrado Concilio de Trento llama a la Eucarist铆a ant铆doto, con el que somos liberados de las culpas cotidianas y somos preservados de los pecados mortales4.

Los primeros fieles cristianos, entendiendo bien esta voluntad de Dios, todos los d铆as se acercaban a esta mesa de vida y fortaleza. Ellos perseveraban en la doctrina de los Ap贸stoles y en la comunicaci贸n de la fracci贸n del Pan5. Y que esto se hizo tambi茅n durante los siglos siguientes, no sin gran fruto de la perfecci贸n y santidad, lo ense帽an los Santos Padres y escritores eclesi谩sticos.

Tendencias encontradas

4. Pero cuando poco a poco hubo disminuido la piedad, y principalmente cuando m谩s tarde se hall贸 por doquier extendida la herej铆a jansenista, se comenz贸 a disputar acerca de las disposiciones necesarias para la frecuente y diaria comuni贸n, y, como a porf铆a, cada cual las exig铆a mayores y m谩s dif铆ciles como absolutamente necesarias. Estas disputas dieron por resultado que s贸lo a poqu铆simos se tuviera por dignos de recibir diariamente la Sant铆sima Eucarist铆a y sacar de este saludable Sacramento sus m谩s abundantes frutos, content谩ndose los dem谩s con alimentarse de 茅l una vez al a帽o, al mes, o, a lo sumo, a la semana. Es m谩s, se lleg贸 a tal exigencia que quedaban excluidas de frecuentar la Mesa celestial clases sociales enteras, como los comerciantes y las personas casadas.

Otros, a su vez, abrazaron la opini贸n contraria. Considerando 茅stos como mandada por derecho divino la Comuni贸n diaria, para que no pasase un solo d铆a sin comulgar, sosten铆an, a m谩s de otras cosas fuera de la pr谩ctica ordinaria de la Iglesia, que deb铆a recibirse la Eucarist铆a aun el d铆a de Viernes Santo, y de hecho la administraban.

Doctrina de la Iglesia

5. No dej贸 la Santa Sede de cumplir su deber en cuanto a esto. Pues un decreto de esta Sagrada Congregaci贸n, que empieza Cum ad aures, del d铆a 12 de febrero de 1679, aprobado por Inocencio XI, conden贸 estos errores y refren贸 los abusos, declarando al mismo tiempo que todas las personas, de cualquier clase social, sin exceptuar en modo alguno a los comerciantes y casados, fueran admitidas a la Comuni贸n frecuente, seg煤n la piedad de cada uno y el juicio de su confesor. El d铆a 7 de diciembre de 1690 fue condenada por el decreto Sanctissimus Dominus noster, de Alejandro VIII, una proposici贸n de Bayo que ped铆a de aquellos que quisieran acercarse a la sagrada Mesa, un amor de Dios pur铆simo sin mezcla de defecto alguno.

Con todo, no desapareci贸 por completo el veneno jansenista, que hab铆a inficionado hasta las almas piadosas so pretexto del honor y veneraci贸n debidos a la Eucarist铆a. La discusi贸n de las disposiciones para comulgar bien y con frecuencia, sobrevivi贸 a las declaraciones de la Santa Sede; y as铆 hasta te贸logos de gran nombre juzgaron que s贸lo pocas veces, y cumplidas muchas condiciones, pod铆a permitirse a los fieles la Comuni贸n cotidiana.

6. No faltaron, por otra parte, hombres dotados de ciencia y piedad que abrieran f谩cil entrada a esta pr谩ctica tan saludable y acepta a Dios, ense帽ando, fundados en la autoridad de los Padres, que nunca la Iglesia hab铆a preceptuado mayores disposiciones para la Comuni贸n diaria que para la semanal o mensual; y que eran much铆simo m谩s abundantes los frutos de la Comuni贸n diaria que los de la semanal o mensual.

Disciplina actual

7. Las discusiones sobre este punto han aumentado y se han agriado en nuestros d铆as; en consecuencia, se inquieta la mente de los Confesores y la conciencia de los fieles, con no peque帽o da帽o de la piedad y fervor cristianos. Por esto, hombres muy preclaros y Pastores de almas han suplicado rendidamente a nuestro Sant铆simo Se帽or, P铆o Papa X, que resuelva con su autoridad suprema la cuesti贸n acerca de las disposiciones para recibir diariamente la Eucarist铆a, para que esta costumbre tan saludable y tan acepta a Dios, no s贸lo no disminuya entre los fieles, sino m谩s bien aumente y se propague por todas partes, precisamente en estos tiempos en que la Religi贸n y la fe cat贸lica son combatidas por todos lados, y se echa tanto de menos el verdadero amor de Dios y la piedad. Y por ello, Su Santidad, deseando sobre todo, dado su celo y solicitud que el pueblo cristiano sea llamado al sagrado convite con much铆sima frecuencia y hasta diariamente, y disfrute de sus grand铆simos frutos, encomend贸 el examen y resoluci贸n de la predicha cuesti贸n a esta Sagrada Congregaci贸n.

8. Y as铆, la Sagrada Congregaci贸n del Concilio, en la sesi贸n plenaria del d铆a 16 de diciembre de 1905, examin贸 detenidamente este asunto, y, ponderadas seriamente las razones en pro y en contra de una y otra opini贸n, determin贸 y declar贸 lo que sigue:

1o. D茅se amplia libertad a todos los fieles cristianos, de cualquier clase y condici贸n que sean, para comulgar frecuente y diariamente, pues as铆 lo desean ardientemente Cristo nuestro Se帽or y la Iglesia Cat贸lica: de tal manera que a nadie se le niegue, si se halla en estado de gracia y tiene recta y piadosa intenci贸n.

2o. La rectitud de intenci贸n consiste en que el que comulga no lo haga por rutina, vanidad o respetos humanos, sino por agradar a Dios, unirse m谩s y m谩s con El por el amor y aplicar esta medicina divina a sus debilidades y defectos.

3o. Aunque convenga en gran manera que los que comulgan frecuente o diariamente est茅n libres de pecados veniales, al menos de los completamente voluntarios, y de su afecto, basta, sin embargo, que est茅n limpios de pecados mortales y tengan prop贸sito de nunca m谩s pecar; y con este sincero prop贸sito no puede menos de suceder que los que comulgan diariamente se vean poco a poco libres hasta de los pecados veniales y de la afici贸n a ellos.

4o. Como los Sacramentos de la Ley Nueva, aunque produzcan su efecto ex opere operato, lo causan, sin embargo, m谩s abundante cuanto mejores son las disposiciones de los que los reciben, por eso se ha de procurar que preceda a la Sagrada Comuni贸n una preparaci贸n cuidadosa y le siga la conveniente acci贸n de gracias, conforme a las fuerzas, condici贸n y deberes de cada uno.

5o. Para que la Comuni贸n frecuente y diaria se haga con m谩s prudencia y tenga m谩s m茅rito, conviene que sea con consejo del Confesor. Tengan, sin embargo, los Confesores mucho cuidado de no alejar de la Comuni贸n frecuente o diaria a los que se hallen en estado de gracia y se acerquen con rectitud de intenci贸n.

6o. Y como es claro que por la frecuente o diaria Comuni贸n se estrecha la uni贸n con Cristo, resulta una vida espiritual m谩s exuberante, se enriquece el alma con m谩s efusi贸n de virtudes y se le da una prenda much铆simo m谩s segura de felicidad, exhorten, por esto, al pueblo cristiano a esta tan piadosa y saludable costumbre con repetidas instancias y gran celo los P谩rrocos, los Confesores y predicadores, conforme a la sana doctrina del Catecismo Romano6.

7o. Promu茅vase la Comuni贸n frecuente y diaria principalmente en los Institutos religiosos, de cualquier clase que sean, para los cuales, sin embargo, queda en vigor el decreto Quemadmodum, del 17 de diciembre de 1890, dado por la S. Congregaci贸n de Obispos y Regulares; promu茅vase tambi茅n cuanto sea posible en los Seminarios, cuyos alumnos anhelan por servir al altar; e igualmente en los dem谩s colegios cristianos de la juventud.

9. Si hay algunos Institutos, de votos simples o solemnes, cuyas reglas, constituciones o calendarios se帽alen y manden algunos d铆as de Comuni贸n, estas normas se han de tener como meramente directivas y no como preceptivas. Y el n煤mero se帽alado de Comuniones se ha de considerar como un m铆nimum seg煤n la piedad de los Religiosos. Por lo cual se les deber谩 dejar siempre libre la Comuni贸n m谩s frecuente o diaria, seg煤n las normas anteriores de este Decreto. Mas para que todos los religiosos de uno y otro sexo puedan enterarse bien de las disposiciones de este Decreto, los Superiores de cada una de las casas se cuidar谩n de que todos los a帽os, en la infraoctava del Corpus Christi, sea le铆do a la comunidad en lengua vulgar.


1

Sess. 22, cap. 6.

2

Io. 6, 59.

3

S. Aug. Serm. 57 in Mat. De orat. Dom. v. 7.

4

Sess. 13, cap. 2.

5

Act. 2, 42.

6

Part. 2, c. 63.
Consultas

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