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Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Santo Domingo
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1.4. Para anunciar el Reino a todos los pueblos

121. Cristo nos revela al Padre y nos introduce en el Misterio de la vida trinitaria por el Espíritu. Todo pasa por Cristo, que se hace camino, verdad y vida. Por el bautismo recibimos la filiación divina, y hechos todos hijos de Dios, todos los pueblos de América Latina hemos sido hechos también hermanos entre nosotros.

Hemos sido introducidos en el Misterio de la comunión trinitaria porque Cristo se ha hecho uno con nosotros, asumiendo la condición de siervo y todo lo que lleva nuestra condición humana menos el pecado, para transformarla, vivificarla y hacerla cada vez más humana y divina. De esta manera incluso ahora Cristo entra en el corazón de nuestros pueblos, los asume y los transforma.

Al incorporarnos a Él, nos comunica su vida amorosa, como la vid a los sarmientos, infundiéndonos su Espíritu, que nos hace capaces de perdonar, de amar a Dios sobre todas las cosas y a todos los hermanos sin diferencia de razas, naciones o situaciones económicas. Jesucristo es así la semilla de una nueva humanidad reconciliada.

122. En América Latina son muchos los que viven en la pobreza, que alcanza con frecuencia niveles escandalosos. Sin embargo, incluso en situaciones límites, somos capaces de amarnos, de vivir unidos a pesar de nuestras diferencias y de aportar al mundo entero nuestra acendrada experiencia de fraternidad.

123. Con alegría testimoniamos que en Jesucristo tenemos la liberación integral para cada uno de nosotros y para nuestros pueblos; liberación del pecado, de la muerte y de la esclavitud, que está hecha de perdón y de reconciliación.

Jesucristo nos convoca en su Iglesia, que es sacramento de comunión evangelizadora. En ella debemos vivir la unidad de nuestras Iglesias en la caridad, comunicando y anunciando esa comunión a todo el mundo con la Palabra, con la Eucaristía y con los demás sacramentos. La Iglesia vive para evangelizar; su vida y vocación se realizan cuando se hace testimonio, cuando provoca la conversión y conduce a los hombres y a las mujeres a la salvación (cf. EN 15). «Así, pues, desde el día en que los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo, la Iglesia inició la gran tarea de la evangelización» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 2).

124. Jesucristo nos da la vida para comunicarla a todos. Nuestra misión nos exige que, unidos a nuestros pueblos, estemos abiertos a recibir esta vida en plenitud, para comunicarla abundantemente a las Iglesias a nosotros encomendadas, y también más allá de nuestras fronteras. Pedimos perdón por nuestras fragilidades e imploramos la gracia del Señor para cumplir más eficazmente la misión que hemos recibido. Invitamos a todos para que, renovados en el Espíritu, anuncien también a Jesucristo, y se conviertan en misioneros de la vida y la esperanza para todos nuestros hermanos.

La Nueva Evangelización tiene que ser capaz de despertar un nuevo fervor misionero en una Iglesia cada vez más arraigada en la fuerza y el poder perennes de Pentecostés (cf. EN 41).

1.4.1. Que se proyecte a la misión «Ad Gentes»

125. Nacida del amor salvífico del Padre, la misión del Hijo con la fuerza del Espíritu Santo (cf. Lc 4,18), esencia misma de la Iglesia (cf. AG 2) y objeto fundamental de esta IV Conferencia, es para nosotros nuestro principal cometido.

Juan Pablo II en su encíclica misionera nos ha llevado a discernir tres modos de realizar esa misión: la atención pastoral en situaciones de fe viva, la Nueva Evangelización y la acción misionera «ad gentes» (cf. RMi 33).

Renovamos este último sentido de la misión, sabiendo que no puede haber Nueva Evangelización sin proyección hacia el mundo no cristiano, pues como anota el Papa: «La Nueva Evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal» (RMi 2).

Podemos decir con satisfacción que el desafío de la misión ad gentes propuesto por Puebla ha sido asumido desde nuestra pobreza, compartiendo la riqueza de nuestra fe con la que el Señor nos ha bendecido. Reconocemos, sin embargo, que la conciencia misionera «ad gentes» es todavía insuficiente o débil.

Los Congresos Misioneros Latinoamericanos (COMLAS), los Congresos misioneros Nacionales, los grupos y movimientos misioneros y la ayuda de Iglesias hermanas han sido un incentivo para tomar conciencia de esta exigencia evangélica.

Desafíos pastorales

126. —No se ha insistido lo suficiente en que seamos mejores evangelizadores.

—Nos encerramos en nuestros propios problemas locales, olvidando nuestro compromiso apostólico con el mundo no cristiano.

—Descargamos nuestro compromiso misionero en algunos de nuestros hermanos y hermanas que los cumplen por nosotros.

127. Raíz de todo lo anterior es la carencia de un explícito programa de formación misionera en la mayoría de los seminarios y casas de formación.

128. Invitamos a cada Iglesia particular del continente latinoamericano para que:

—Introduzca en su pastoral ordinaria la animación misionera, apoyada en un centro misionero diocesano, sostenido por un equipo misionero, movido por una espiritualidad viva para una acción misionera, creativa y generosa.

—Establezca una positiva relación con las Obras Misionales Pontificias, las cuales deben tener un responsable eficaz y el apoyo de la Iglesia particular.

—Promueva la cooperación misionera de todo el Pueblo de Dios traducida en oración, sacrificio, testimonio de vida cristiana y ayuda económica.

—Integre en los programas de formación sacerdotal y religiosa cursos específicos de misionología e instruya a los candidatos al sacerdocio sobre la importancia de la inculturación del Evangelio.

—Forme agentes de pastoral autóctonos con espíritu misionero, en la línea señalada por la Encíclica «Redemptoris Missio».

—Asuma con valentía el envío misionero, ya de sacerdotes como de religiosos y laicos. Coordine los recursos humanos y materiales que fortalezcan los procesos de formación, envío, acompañamiento y reinserción de los misioneros.

1.4.2. Que vivifique la fe de los bautizados alejados

129. Nuestro Dios es el Padre rico en misericordia. Él respeta la libertad de sus hijos e hijas y espera el tiempo del retorno, saliendo al encuentro de aquellos que se han alejado de su casa (cf. Lc 15).

Desafíos pastorales

130. En América Latina y el Caribe numerosos bautizados no orientan su vida según el Evangelio.

Muchos de ellos se apartan de la Iglesia o no se identifican con ella. Entre ésos, aunque no exclusivamente, hay muchos jóvenes y personas más críticas de la acción de la Iglesia. Hay otros que, habiendo emigrado de sus regiones de origen, se desarraigan de su ambiente religioso.

Líneas pastorales

131. Como pastores de la Iglesia esto nos preocupa. Al mismo tiempo nos duele ver cómo muchos de nuestros fieles no son capaces de comunicar a los demás la alegría de su fe. Jesucristo nos pide que seamos la «sal de la tierra», la levadura en la masa. Por ello, la Iglesia, pastores y fieles, sin descuidar la atención de los cercanos, debe salir al encuentro de los que están alejados.

Muchas puertas de estos hermanos alejados esperan el llamado del Señor (cf. Ap 3,20) a través de los cristianos que, asumiendo misioneramente su bautismo y confirmación, salen al encuentro de aquellos que se alejaron de la casa del Padre. Por eso sugerimos:

—Promover un nuevo impulso misionero hacia estos fieles, saliendo a su encuentro. La Iglesia no debe quedarse tranquila con los que la aceptan y siguen con mayor facilidad.

—Predicarles, en una forma viva y alegre, el kerygma.

—Organizar campañas misioneras que descubran la novedad siempre actual de Jesucristo, entre las que pueden destacarse las visitas domiciliarias y las misiones populares.

—Aprovechar los momentos de contacto que los bautizados mantienen con la Iglesia, tales como el bautismo de sus hijos, la primera comunión, la confirmación, la enfermedad, el matrimonio, las exequias, para descubrirles la novedad siempre actual de Jesucristo.

—Buscar una proximidad con aquellos que no pueden ser alcanzados directamente, a través de los medios de comunicación social.

—Motivar y alentar a las comunidades y movimientos eclesiales para que redoblen su servicio evangelizador dentro de la orientación pastoral de la Iglesia local.

1.4.3. Que reúna a todos los hermanos en Cristo

132. Padre «que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21). Esta súplica de Cristo justifica la denuncia del Concilio Vaticano II al señalar el escándalo de la división de los cristianos (cf. UR 1), y nos exige encontrar los caminos más eficaces para alcanzar la unidad en la verdad.

Desafíos pastorales

133. El gran desafío con el que nos encontramos es esta división entre los cristianos; división que se ha agravado por diversos motivos a lo largo de la historia.

—La existencia de una confusión sobre el tema, fruto de una deficiente formación religiosa, y de otros factores.

—El fundamentalismo proselitista de grupos sectarios cristianos que obstaculizan el sano camino del ecumenismo.

134. —En situación similar a los cristianos separados podemos colocar a todo el pueblo judío. También el diálogo con él es desafío para nuestra Iglesia.

Líneas pastorales

135. Por eso también nosotros, con el Papa Juan Pablo II, decimos: «El ecumenismo es una prioridad en la pastoral de la Iglesia de nuestro tiempo». Para dar una respuesta adecuada a este desafío sugerimos:

—Consolidar el espíritu y el trabajo ecuménico en la verdad, la justicia y la caridad.

—Profundizar las relaciones de convergencia y diálogo con aquellas Iglesias que rezan con nosotros el Credo Niceno-Constantinopolitano, comparten los mismos sacramentos y la veneración por Santa María, la Madre de Dios, si bien no reconocen el primado del Romano Pontífice.

—Intensificar el diálogo teológico ecuménico.

—Alentar la oración en común por la unidad de los cristianos y de modo particular la semana de oración por la unidad de los creyentes.

—Promover la formación ecuménica en los cursos de formación de los agentes de pastoral, principalmente en los seminarios.

—Alentar el estudio de la Biblia entre teólogos y estudiosos de la Iglesia y de las denominaciones cristianas.

—Mantener y reforzar programas e iniciativas de cooperación conjunta en el campo social y la promoción de valores comunes.

—Valorizar la sección de Ecumenismo del CELAM (SECUM) y colaborar con sus iniciativas.

1.4.4. Que dialogue con las religiones no-cristianas

136. «Dios, en un diálogo que dura a lo largo de los siglos, ha ofrecido y sigue ofreciendo la salvación a la humanidad. Para ser fiel a la iniciativa divina, la Iglesia debe entrar en diálogo de salvación con todos» (Diálogo y Anuncio, 38). Al promover este diálogo, la Iglesia sabe bien que éste tiene un carácter testimonial dentro del respeto a la persona e identidad del interlocutor (cf. DP 1114).

Desafíos pastorales

137. —La importancia de profundizar un diálogo con las religiones no cristianas presentes en nuestro continente, particularmente las indígenas y afroamericanas, durante mucho tiempo ignoradas o marginadas.

—La existencia de prejuicios e incomprensiones como obstáculo para el diálogo.

Líneas pastorales

138. Para intensificar el diálogo interreligioso consideramos importante:

—Alentar un cambio de actitud de nuestra parte, dejando atrás prejuicios históricos, para crear un clima de confianza y cercanía.

—Promover el diálogo con judíos y musulmanes, pese a las dificultades que sufre la Iglesia en los países en donde estas religiones son mayoritarias.

—Profundizar en los agentes de pastoral el conocimiento del judaísmo y del islamismo.

—Animar en los agentes de pastoral el conocimiento de las otras religiones y formas religiosas presentes en el continente.

—Buscar acciones en favor de la paz, de la promoción y defensa de la dignidad humana, así como la cooperación en la defensa de la creación y el equilibrio ecológico, como una forma de encuentro con otras religiones.

—Buscar ocasiones de diálogo con las religiones afroamericanas y de los pueblos indígenas, atentos a descubrir en ellas las «semillas del Verbo», con un verdadero discernimiento cristiano, ofreciéndoles el anuncio integral del Evangelio y evitando cualquier forma de sincretismo religioso.

1.4.5. Las sectas fundamentalistas

139. El problema de las sectas ha adquirido proporciones dramáticas y ha llegado a ser verdaderamente preocupante sobre todo por el creciente proselitismo.

140. Las sectas fundamentalistas son grupos religiosos que insisten en que sólo la fe en Jesucristo salva y que la única base de la fe es la Sagrada Escritura, interpretada de manera personal y fundamentalista, por lo tanto con exclusión de la Iglesia, y la insistencia en la proximidad del fin del mundo y del juicio próximo.

Se caracterizan por su afán proselitista mediante insistentes visitas domiciliarias, gran difusión de Biblias, revistas y libros; la presencia y ayuda oportunista en momentos críticos de la persona o de la familia y una gran capacidad técnica en el uso de los medios de comunicación social. Cuentan con una poderosa ayuda financiera proveniente del extranjero y del diezmo que obligatoriamente tributan todos los adheridos.

Están marcados por un moralismo riguroso, por reuniones de oración con un culto participativo y emotivo, basado en la Biblia, y por su agresividad contra la Iglesia, valiéndose con frecuencia de la calumnia y de la dádiva. Aunque su compromiso con lo temporal es débil, se orientan hacia la participación política encaminada a la toma del poder.

La presencia de estas sectas religiosas fundamentalistas en América Latina ha aumentado de manera extraordinaria desde Puebla hasta nuestros días.

Desafíos pastorales

141. Dar una respuesta pastoral eficaz ante el avance de las sectas, haciendo más presente la acción evangelizadora de la Iglesia en aquellos sectores más vulnerables, como migrantes, poblaciones sin atención sacerdotal y con gran ignorancia religiosa, personas sencillas o con problemas materiales y de familia.

Líneas pastorales

142. —Que la Iglesia sea cada vez más comunitaria y participativa y con comunidades eclesiales, grupos de familias, círculos bíblicos, movimientos y asociaciones eclesiales, haciendo de la parroquia una comunidad de comunidades.

—Provocar en los católicos la adhesión personal a Cristo y a la Iglesia por el anuncio del Señor resucitado.

—Desarrollar una catequesis que instruya debidamente al pueblo, explicando el misterio de la Iglesia, sacramento de salvación y comunión, la mediación de la Virgen María y de los santos y la misión de la jerarquía.

—Promover una Iglesia ministerial con el aumento de ministros ordenados y la promoción de ministros laicos debidamente formados para impulsar el servicio evangelizador en todos los sectores del Pueblo de Dios.

143. —Afianzar la identidad de la Iglesia cultivando aspectos que le son característicos como:

a) La devoción al misterio de la Eucaristía, sacrificio y banquete pascual;

b) La devoción a la Santísima Virgen, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia;

c) La comunión y obediencia al Romano Pontífice y al propio obispo;

d) La devoción a la Palabra de Dios leída en la Iglesia.

144. —Procurar que en todos los planes de pastoral sea una prioridad la dimensión contemplativa y la santidad, a fin de que la Iglesia pueda hacer presencia de Dios en el hombre contemporáneo, que tiene tanta sed de Él.

145. —Crear condiciones para que todos los ministros del Pueblo de Dios den testimonio de vida y caridad, espíritu de servicio, capacidad de acogida, sobre todo en momentos de dolor y de crisis.

—Promover una liturgia viva, participativa y con proyección a la vida.

146. —Instruir ampliamente, con serenidad y objetividad, al pueblo sobre las características y diferencias de las diversas sectas y sobre las respuestas a las injustas acusaciones contra la Iglesia.

—Promover las visitas domiciliarias con laicos preparados y organizar la pastoral del retorno para acoger a los católicos que regresan a la Iglesia.

1.4.6. Nuevos movimientos religiosos o movimientos religiosos libres

147. Fenomenológicamente se trata de hechos socio-culturales protagonizados por sectores marginados y también capas medias y pudientes en América Latina, que a través de formas religiosas generalmente sincréticas logran expresar su identidad y anhelos humanos. Desde el punto de vista de la fe católica, estos fenómenos pueden ser considerados como signos de los tiempos, y también como advertencia de que existen ambientes humanos donde la Iglesia está ausente y debe replantear su acción evangelizadora.

Cabe distinguir varias corrientes o tipos de fenómeno:

—formas para-cristianas o semi-cristianas, como Testigos de Jehová, y Mormones. Cada uno de estos movimientos tiene sus características, pero en común manifiestan un proselitismo, un milenarismo, y rasgos organizativos empresariales;

—formas esotéricas que buscan una iluminación especial y comparten conocimientos secretos y un ocultismo religioso. Tal es el caso de corrientes espiritistas, rosacruces, gnósticos, teósofos, etc.;

—filosofías y cultos con facetas orientales, pero que rápidamente se están adecuando a nuestro continente, tales como Hare Krishna, la Luz Divina, Ananda Marga y otros, que aportan un misticismo y una experiencia comunal;

—grupos derivados de las grandes religiones asiáticas, ya sea del budismo (seicho no ié, etc.), del hinduismo (yoga, etc.), o del islam (bahá'i), que no sólo expresan a migrantes del Asia sino que también echan raíces en sectores de nuestra sociedad;

—empresas socio-religiosas, como la secta Moon o la Nueva Acrópolis, que tienen objetivos ideológicos y políticos bien precisos, junto con sus expresiones religiosas, cruzadas mediante medios de comunicación y campañas proselitistas, que cuentan con apoyo o inspiración del primer mundo, y que religiosamente insisten en la conversión inmediata y la sanación, y donde resaltan las llamadas «iglesias electrónicas»;

—una multitud de centros de «cura divina» o atención a malestares espirituales y físicos de gente con problemas y pobre. Estos cultos terapéuticos atienden individualmente a sus clientes.

148. Ante la multiplicidad de nuevos movimientos religiosos, con expresiones muy diversas entre sí, queremos centrar nuestra atención sobre las causas de su crecimiento (cf. DP 1122) y los desafíos pastorales que plantean.

149. Son muchas y variadas las causas que explican el interés que despiertan en algunos. Entre ellas se debe señalar:

—La permanente y progresiva crisis social que suscita una cierta angustia colectiva, la pérdida de identidad y el desenraizamiento de las personas.

—La capacidad de estos movimientos para adaptarse a las circunstancias sociales y para satisfacer momentáneamente algunas necesidades de la población. En todo esto no deja de tener cierta presencia el gusto por lo novedoso.

—El distanciamiento de la Iglesia de sectores —ya sea populares o pudientes— que buscan nuevos canales de expresión religiosa, en los que no se debe descartar una evasión de los compromisos de la fe. Su habilidad para ofrecer aparente solución a los deseos de «sanación» por parte de gente atribulada.

Desafíos pastorales

150. —Nuestro mayor desafío está en evaluar la acción evangelizadora de la Iglesia y determinar así a cuáles ambientes humanos llega y a cuáles no llega esta acción.

—Cómo dar una respuesta adecuada a las preguntas que las personas se hacen sobre el sentido de su vida, sobre el sentido de la relación con Dios, en medio de la permanente y progresiva crisis social.

—Adquirir un mejor conocimiento de las identidades y culturas de nuestros pueblos.

Líneas pastorales

151. Ante estos desafíos proponemos estas líneas pastorales:

—Ayudar en el discernimiento de los problemas de la vida a la luz de la fe. En este sentido hay que revalorizar el sacramento de la Penitencia y la orientación espiritual.

—Procurar adaptar nuestra evangelización y celebraciones de fe a las culturas y necesidades subjetivas de los fieles sin falsear el Evangelio.

—Hacer una revisión profunda de nuestro trabajo pastoral a fin de mejorar la calidad de nuestros medios y de nuestro testimonio.

—Dar un trato diferenciado a los movimientos religiosos según su índole y sus actitudes en relación con la Iglesia.

152. —Promover una liturgia viva en la que los fieles se introduzcan al misterio.

—Presentar una antropología cristiana que dé el sentido de la potencialidad humana, el sentido de la resurrección y el sentido de las relaciones con el universo (horóscopos). No olvidar que el indiferentismo debe ser combatido mediante una presentación adecuada del sentido último del hombre, a lo que mucho ayudará la presentación de los novísimos.

1.4.7. Que convoque a los sin Dios y a los indiferentes

153. El fenómeno de la no-creencia crece hoy en América Latina y el Caribe y preocupa a la Iglesia sobre todo por aquellos que viven como si no fueran bautizados (cf. EN 56).

Una modalidad es el «secularismo» que niega a Dios, o porque sostiene que todas las realidades se explican por sí solas sin recurrir a Dios, o porque se considera a Dios enemigo, alienante del hombre. Esta posición secularista se debe distinguir del proceso llamado «secularización», el cual sostiene legítimamente que las realidades materiales de la naturaleza y del hombre son en sí «buenas» y sus leyes deben ser respetadas, y que la libertad es para la autorrealización humana y es respetada por Dios (cf. GS 36).

Lo otro es el «indiferentismo» de aquéllos, que o rechazan toda religión porque la consideran inútil o nociva para la vida humana y por eso no les interesa, o bien sostienen que todas las religiones son equivalentes y por tanto ninguna puede presentarse como única verdadera.

Desafíos pastorales

154. —El secularismo es un serio desafío a la Nueva Evangelización por considerar a Dios incompatible con la libertad humana (cf. Juan Pablo II, Discurso inaugural, 11) y a la religión como actitud antihumana y alienante porque separa al hombre de su quehacer terrenal. Además, negando la dependencia del Creador, conduce a las idolatrías del tener, del poder y del placer, y hace perder el sentido de la vida reduciendo al ser humano a sólo valor material.

—También el indiferentismo ofrece un desafío a la Nueva Evangelización porque suprime de raíz la relación de la creatura con Dios, es decir, niega todo interés por la religión y con ello el compromiso de la fe, o porque reduce la figura de Cristo a ser un maestro de moral o un fundador de religiones entre otras igualmente válidas, negándole el carácter de salvador único, universal y definitivo de los hombres.

—Asimismo, tanto el indiferentismo como el secularismo minan la moral porque dejan el comportamiento humano sin fundamento para su valor ético, y por eso fácilmente caen en el relativismo y el permisivismo que caracterizan a la sociedad de hoy.

155. Muchos movimientos pseudo-religiosos de carácter orientalista y aquéllos de ocultismo, adivinación y espiritismo minan la fe y causan desconcierto en las mentes, dando soluciones falsas a los grandes interrogantes del hombre, su destino, su libertad y el sentido de la vida.

Líneas pastorales

156. La Nueva Evangelización nos exige:

—Formar en una fe que se haga vida, iniciándola con el anuncio del kerygma a los que están en el mundo descristianizado (cf. EN 51 y 52) y promoviéndola con el testimonio alegre de auténticas comunidades de fe en las que nuestros laicos vivan el significado de los sacramentos.

—Cultivar una sólida conciencia moral para que en las complejas circunstancias de la vida moderna nuestros fieles sepan interpretar acertadamente la voz de Dios en materia moral y desarrollen un evangélico sentido del pecado.

—Educar a los cristianos para ver a Dios en su propia persona, en la naturaleza, en la historia entera, en el trabajo, en la cultura, en todo lo secular, descubriendo la armonía que, en el plan de Dios, debe haber entre el orden de la creación y el de la redención.

—Desarrollar un estilo de celebración de la liturgia que integre la vida de los hombres en una honda y respetuosa experiencia del insondable misterio divino de riqueza inefable.

—Impulsar una pastoral adecuada para evangelizar los ambientes universitarios donde se forman quienes han de plasmar decisivamente la cultura.

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