Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Santo Domingo
Incrementar tamaño de fuente Disminuir tamaño de fuente
Compartir
1.2. Comunidades eclesiales vivas y dinámicas

54. «Que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21). Ésta es la oración de Jesucristo por su Iglesia. Para ella ha pedido que viva la unidad, según el modelo de la unidad trinitaria (cf. GS 24). Así procuraron vivir los primeros cristianos en Jerusalén.

Conscientes de que el momento histórico que vivimos nos exige «delinear el rostro de una Iglesia viva y dinámica que crece en la fe, se santifica, ama, sufre, se compromete y espera en su Señor» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25), queremos volver a descubrir al Señor Resucitado que hoy vive en su Iglesia, se entrega a ella, la santifica (cf. Ef 5,25-26) y la hace signo de la unión de todos los hombres entre sí y de éstos con Dios (cf. LG 1).

Queremos reflejar este «rostro» en nuestras Iglesias particulares, parroquias y demás comunidades cristianas. Buscamos dar impulso evangelizador a nuestra Iglesia a partir de una vivencia de comunión y participación, que ya se experimenta en diversas formas de comunidades existentes en nuestro continente.

1.2.1. La Iglesia Particular

55. Las Iglesias particulares tienen como misión prolongar para las diversas comunidades «la presencia y la acción evangelizadora de Cristo» (DP 224), ya que están «formadas a imagen de la Iglesia Universal, en las cuales y a base de las cuales existe la Iglesia Católica, una y única» (LG 23).

La Iglesia particular está llamada a vivir el dinamismo de comunión-misión, «la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí; se compenetran y se implican mutuamente, hasta tal punto que la comunión representa a la vez la fuente y el fruto de la misión... siempre es el único e idéntico Espíritu el que convoca y une a la Iglesia y el que la envía a predicar el Evangelio hasta los confines de la tierra» (ChL 32).

La Iglesia particular es igualmente «comunión orgánica... caracterizada por la simultánea presencia de la diversidad y de la complementariedad de las vocaciones y condiciones de vida, de los ministerios, de los carismas y de las responsabilidades» (ChL 20).

«En la unidad de la Iglesia local, que brota de la Eucaristía, se encuentra todo el Colegio episcopal con el sucesor de Pedro a la cabeza, como perteneciente a la misma esencia de la Iglesia particular. En torno al Obispo y en perfecta comunión con él tienen que florecer las parroquias y comunidades cristianas como células pujantes de vida eclesial» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25).

La Iglesia particular, conforme a su ser y a su misión, por congregar al Pueblo de Dios de un lugar o región, conoce de cerca la vida, la cultura, los problemas de sus integrantes y está llamada a generar allí con todas sus fuerzas, bajo la acción del Espíritu, la Nueva Evangelización, la promoción humana, la inculturación de la fe (cf. RMi 54).

56. En general nuestras diócesis carecen de suficientes agentes calificados de pastoral. Muchas de ellas aún no poseen una clara y verdadera planificación pastoral. Es urgente avanzar en el camino de la comunión y participación, que muchas veces es obstaculizado por la falta del sentido de Iglesia y del auténtico espíritu misionero.

57. Por eso es indispensable:

—Promover el aumento y la adecuada formación de los agentes para los diversos campos de la acción pastoral, conforme a la eclesiología del Vaticano II y el magisterio posterior.

—Impulsar procesos globales, orgánicos y planificados que faciliten y procuren la integración de todos los miembros del pueblo de Dios, de las comunidades y de los diversos carismas, y los oriente a la Nueva Evangelización, incluida la misión «ad gentes».

1.2.2. La Parroquia

58. La parroquia, comunidad de comunidades y movimientos, acoge las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta la comunión, participación y misión. «No es principalmente una estructura, un territorio, un edificio, ella es "la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad"... La parroquia está fundada sobre una realidad teológica porque ella es una comunidad eucarística... La parroquia es una comunidad de fe y una comunidad orgánica en la que el párroco, que representa al obispo diocesano, es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular» (ChL 26).

Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente insertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dificultades.

La parroquia tiene la misión de evangelizar, de celebrar la liturgia, de impulsar la promoción humana, de adelantar la inculturación de la fe en las familias, en las CEBs, en los grupos y movimientos apostólicos y, a través de todos ellos, a la sociedad.

La parroquia, comunión orgánica y misionera, es así una red de comunidades.

59. Sigue todavía lento el proceso de renovación de la parroquia en sus agentes de pastoral y en la participación de los fieles laicos.

Es urgente e indispensable dar solución a los interrogantes que se presentan a las parroquias urbanas para que éstas puedan responder a los desafíos de la Nueva Evangelización. Hay desfase entre el ritmo de la vida moderna y los criterios que animan ordinariamente a la parroquia.

60. Hemos de poner en práctica estas grandes líneas:

—Renovar las parroquias a partir de estructuras que permitan sectorizar la pastoral mediante pequeñas comunidades eclesiales en las que aparezca la responsabilidad de los fieles laicos.

—Cualificar la formación y participación de los laicos, capacitándolos para encarnar el Evangelio en las situaciones específicas donde viven o actúan.

—En las parroquias urbanas se deben privilegiar planes de conjunto en zonas homogéneas para organizar servicios ágiles que faciliten la Nueva Evangelización.

—Renovar su capacidad de acogida y su dinamismo misionero con los fieles alejados y multiplicar la presencia física de la parroquia mediante la creación de capillas y pequeñas comunidades.

1.2.3. Las Comunidades Eclesiales de Base

61. La comunidad eclesial de base es célula viva de la parroquia, entendida ésta como comunión orgánica y misionera.

La CEB en sí misma, ordinariamente integrada por pocas familias, está llamada a vivir como comunidad de fe, de culto y de amor; ha de estar animada por laicos, hombres y mujeres adecuadamente preparados en el mismo proceso comunitario; los animadores han de estar en comunión con el párroco respectivo y el obispo.

«Las comunidades eclesiales de base deben caracterizarse siempre por una decidida proyección universalista y misionera que les infunda un renovado dinamismo apostólico» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 25). «Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la civilización del amor» (RMi 51).

62. Cuando no existe una clara fundamentación eclesiológica y una búsqueda sincera de comunión, estas comunidades dejan de ser eclesiales y pueden ser víctimas de manipulación ideológica o política.

63. Consideramos necesario:

—Ratificar la validez de las comunidades eclesiales de base fomentando en ellas un espíritu misionero y solidario y buscando su integración con la parroquia, con la diócesis y con la Iglesia universal, en conformidad con las enseñanzas de la «Evangelii Nuntiandi» (cf. EN 55).

—Elaborar planes de acción pastoral que aseguren la preparación de los animadores laicos que asistan a estas comunidades en íntima comunión con el párroco y el obispo.

1.2.4. La familia cristiana

64. La familia cristiana es «Iglesia doméstica», primera comunidad evangelizadora. «No obstante los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y la institución familiar, ésta, como célula primera y vital de la sociedad, puede generar grandes energías que son necesarias para el bien de la humanidad» (Juan Pablo II, Discurso inaugural, 18). Es necesario hacer de la pastoral familiar una prioridad básica, sentida, real y operante. Básica como frontera de la Nueva Evangelización. Sentida, esto es, acogida y asumida por toda la comunidad diocesana. Real porque será respaldada concreta y decididamente con el acompañamiento del obispo diocesano y sus párrocos. Operante significa que debe estar inserta en una pastoral orgánica. Esta pastoral debe estar al día en instrumentos pastorales y científicos. Necesita ser acogida desde sus propios carismas por las comunidades religiosas y los movimientos en general.

© Copyright 2012. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.


Diseño web :: Hosting Católico