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S.S. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis
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Sollicitudo rei socialis

Carta enc铆clica de S.S. Juan Pablo II al cumplirse el XX aniversario de la Populorum Proggressio

Venerables Hermanos, amad铆simos Hijos e Hijas: salud y Bendici贸n Apost贸lica

I. INTRODUCCI脫N

1.LA PREOCUPACI脫N SOCIAL de la Iglesia, orientada al desarrollo aut茅ntico del hombre y de la sociedad, que respete y promueva en toda su dimensi贸n la persona humana, se ha expresado siempre de modo muy diverso. Uno de los medios destacados de intervenci贸n ha sido, en los 煤ltimos tiempos, el Magisterio de los Romanos Pont铆fices, que, a partir de la Enc铆clica Rerum Novarum de Le贸n XIII como punto de referencia, 1 ha tratado frecuentemente la cuesti贸n, haciendo coincidir a veces las fechas de publicaci贸n de los diversos documentos sociales con los aniversarios de aquel primer documento. 2 Los Sumos Pont铆fices no han dejado de iluminar con tales intervenciones aspectos tambi茅n nuevos de la doctrina social de la Iglesia. Por consiguiente, a partir de la aportaci贸n valios铆sima de Le贸n XIII, enriquecida por las sucesivas aportaciones del Magisterio, se ha formado ya un 芦corpus禄 doctrinal renovado, que se va articulando a medida que la Iglesia, en la plenitud de la Palabra revelada por Jesucristo 3 y mediante la asistencia del Esp铆ritu Santo (cf. Jn 14, 16.26; 16, 13-15), lee los hechos seg煤n se desenvuelven en el curso de la historia. Intenta guiar de este modo a los hombres para que ellos mismos den una respuesta, con la ayuda tambi茅n de la raz贸n y de las ciencias humanas, a su vocaci贸n de constructores responsables de la sociedad terrena.

2.En este notable cuerpo de ense帽anza social se encuadra y distingue la Enc铆clica Populorum Progressio, 4 que mi venerado Predecesor Pablo VI public贸 el 26 de marzo de 1967.

La constante actualidad de esta Enc铆clica se reconoce f谩cilmente, si se tiene en cuenta las conmemoraciones que han tenido lugar a lo largo de este a帽o, de distinto modo y en muchos ambientes del mundo eclesi谩stico y civil. Con esta misma finalidad la Pontificia Comisi贸n Iustitia et Pax envi贸 el a帽o pasado una carta circular a los S铆nodos de las Iglesias cat贸licas Orientales as铆 como a las Conferencias Episcopales, pidiendo opiniones y propuestas sobre el mejor modo de celebrar el aniversario de esta Enc铆clica, enriquecer asimismo sus ense帽anzas y eventualmente actualizarlas. La misma Comisi贸n promovi贸, a la conclusi贸n del vig茅simo aniversario, una solemne conmemoraci贸n a la cual yo mismo cre铆 oportuno tomar parte con una alocuci贸n final. 5 Y ahora, tomado en consideraci贸n tambi茅n el contenido de las respuestas dadas a la mencionada carta circular, creo conveniente, al t茅rmino de 1987, dedicar una Enc铆clica al tema de la Populorum Progressio.

3.Con esto me propongo alcanzar principalmente dos objetivos de no poca importancia: por un lado, rendir homenaje a este hist贸rico documento de Pablo VI y a la importancia de su ense帽anza; por el otro, manteni茅ndome en la l铆nea trazada por mis venerados Predecesores en la C谩tedra de Pedro, afirmar una vez m谩s la continuidad de la doctrina social junto con su constante renovaci贸n. En efecto, continuidad y renovaci贸n son una prueba de la perenne validez de la ense帽anza de la Iglesia.

Esta doble connotaci贸n es caracter铆stica de su ense帽anza en el 谩mbito social. Por un lado, es constante porque se mantiene id茅ntica en su inspiraci贸n de fondo, en sus 芦principios de reflexi贸n禄, en sus fundamentales 芦directrices de acci贸n禄 6 y, sobre todo, en su uni贸n vital con el Evangelio del Se帽or. Por el otro, es a la vez siempre nueva, dado que est谩 sometida a las necesarias y oportunas adaptaciones sugeridas por la variaci贸n de las condiciones hist贸ricas as铆 como por el constante flujo de los acontecimientos en que se mueve la vida de los hombres y de las sociedades.

4.Convencido de que las ense帽anzas de la Enc铆clica Populorum Progressio, dirigidas a los hombres y a la sociedad de la d茅cada de los sesenta, conservan toda su fuerza de llamado a la conciencia, ahora, en la recta final de los ochenta, en un esfuerzo por trazar las l铆neas maestras del mundo actual, 鈥攕iempre bajo la 贸ptica del motivo inspirador, 芦el desarrollo de los pueblos禄, bien lejos todav铆a de haberse alcanzado鈥� me propongo prolongar su eco, uni茅ndolo con las posibles aplicaciones al actual momento hist贸rico, tan dram谩tico como el de hace veinte a帽os.

El tiempo 鈥攍o sabemos bien鈥� tiene siempre la misma cadencia; hoy, sin embargo, se tiene la impresi贸n de que est谩 sometido a un movimiento de continua aceleraci贸n, en raz贸n sobre todo de la multiplicaci贸n y complejidad de los fen贸menos que nos tocan vivir. En consecuencia, la configuraci贸n del mundo, en el curso de los 煤ltimos veinte a帽os, a煤n manteniendo algunas constantes fundamentales, ha sufrido notables cambios y presenta aspectos totalmente nuevos.

Este per铆odo de tiempo, caracterizado a la vigilia del tercer milenio cristiano por una extendida espera, como si se tratara de un nuevo 芦adviento禄, 7 que en cierto modo concierne a todos los hombres, ofrece la ocasi贸n de profundizar la ense帽anza de la Enc铆clica, para ver juntos tambi茅n sus perspectivas.

La presente reflexi贸n tiene la finalidad de subrayar, mediante la ayuda de la investigaci贸n teol贸gica sobre las realidades contempor谩neas, la necesidad de una concepci贸n m谩s rica y diferenciada del desarrollo, seg煤n las propuestas de la Enc铆clica, y de indicar asimismo algunas formas de actuaci贸n.

II. NOVEDAD DE LA ENC脥CLICA POPULORUM PROGRESSIO

5.Ya en su aparici贸n, el documento del Papa Pablo VI llam贸 la atenci贸n de la opini贸n p煤blica por su novedad. Se tuvo la posibilidad de verificar concretamente, con gran claridad, dichas caracter铆sticas de continuidad y de renovaci贸n, dentro de la doctrina social de la Iglesia. Por tanto, el tentativo de volver a descubrir numerosos aspectos de esta ense帽anza, a trav茅s de una lectura atenta de la Enc铆clica, constituir谩 el hilo conductor de la presente reflexi贸n.

Pero antes deseo detenerme sobre la fecha de publicaci贸n: el a帽o 1967. El hecho mismo de que el Papa Pablo VI tom贸 la decisi贸n de publicar su Enc铆clica social aquel a帽o, nos lleva a considerar el documento en relaci贸n al Concilio Ecum茅nico Vaticano II, que se hab铆a clausurado el 8 de diciembre de 1965.

6.En este hecho debemos ver m谩s de una simple cercan铆a cronol贸gica. La enc铆clica Populorum Progressio se presenta, en cierto modo, como un documento de aplicaci贸n de las ense帽anzas del Concilio. Y esto no s贸lo porque la Enc铆clica haga continuas referencias a los texto conciliares, 8 sino porque nace de la preocupaci贸n de la Iglesia, que inspir贸 todo el trabajo conciliar 鈥攄e modo particular la Constituci贸n pastoral Gaudium et spes鈥� en la labor de coordinar y desarrollar algunos temas de su ense帽anza social.

Por consiguiente, se puede afirmar que la Enc铆clica Populorum Progressio es como la respuesta a la llamada del Concilio, con la que comienza la Constituci贸n Gaudium et spes: 芦Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los disc铆pulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su coraz贸n禄. 9 Estas palabras expresan el motivo fundamental que inspir贸 el gran documento del Concilio, el cual parte de la constataci贸n de la situaci贸n de miseria y de subdesarrollo, en las que viven tantos millones de seres humanos.

Esta miseria y el subdesarrollo son, bajo otro nombre, 芦las tristezas y las angustias禄 de hoy, sobre todo de los pobres; ante este vasto panorama de dolor y sufrimiento, el Concilio quiere indicar horizontes de 芦gozo y esperanza禄. Al mismo objetivo apunta la Enc铆clica de Pablo VI, plenamente fiel a la inspiraci贸n conciliar.

7.Pero tambi茅n en el orden tem谩tico, la Enc铆clica, siguiendo la gran tradici贸n de la ense帽anza social de la Iglesia, propone directamente, la nueva exposici贸n y la rica s铆ntesis, que el Concilio ha elaborado de modo particular en la Constituci贸n Gaudium et spes. Respecto al contenido y a los temas, nuevamente propuestos por la Enc铆clica, cabe subrayar: la conciencia del deber que tiene la Iglesia, 芦experta en humanidad禄, de 芦escrutar los signos de los tiempos y de interpretarlos a la luz del Evangelio禄; 10 la conciencia, igualmente profunda de su misi贸n de 芦servicio禄, distinta de la funci贸n del Estado, aun cuando se preocupa de la suerte de las personas en concreto; 11 la referencia a las diferencias clamorosas en la situaci贸n de estas mismas personas; 12 la confirmaci贸n de la ense帽anza conciliar, eco fiel de la secular tradici贸n de la Iglesia, respecto al 芦destino universal de los bienes禄; 13 el aprecio por la cultura y la civilizaci贸n t茅cnica que contribuyen a la liberaci贸n del hombre, 14 sin dejar de reconocer sus l铆mites; 15 y finalmente, sobre el tema del desarrollo, propio de la Enc铆clica, la insistencia sobre el 芦deber grav铆simo禄, que ata帽e a las naciones m谩s desarrolladas. 16 El mismo concepto de desarrollo, propuesto por la Enc铆clica, surge directamente de la impostaci贸n que la Constituci贸n pastoral da a este problema. 17

Estas y otras referencias expl铆citas a la Constituci贸n pastoral llevan a la conclusi贸n de que la Enc铆clica se presenta como una aplicaci贸n de la ense帽anza conciliar en materia social respecto al problema espec铆fico del desarrollo as铆 como del subdesarrollo de los pueblos.

8.El breve an谩lisis efectuado nos ayuda a valorar mejor la novedad de la Enc铆clica, que se puede articular en tres puntos. El primero est谩 constituido por el hecho mismo de un documento emanado por la m谩xima autoridad de la Iglesia cat贸lica y destinado a la vez a la misma Iglesia y 芦a todos los hombres de buena voluntad禄, 18 sobre una materia que a primera vista es s贸lo econ贸mica y social: el desarrollo de los pueblos. Aqu铆 el vocablo 芦desarrollo禄 proviene del vocabulario de las ciencias sociales y econ贸micas. Bajo este aspecto, la Enc铆clica Populorum Progressio se coloca inmediatamente en la l铆nea de la Rerum Novarum, que trata de la 芦situaci贸n de los obreros禄. 19 Vistas superficialmente, ambas cuestiones podr铆an parecer extra帽as a la leg铆tima preocupaci贸n de la Iglesia considerada como instituci贸n religiosa. M谩s a煤n el 芦desarrollo禄 que la 芦condici贸n obrera禄.

En sinton铆a con la Enc铆clica de Le贸n XIII, al documento de Pablo VI hay que reconocer el m茅rito de haber se帽alado el car谩cter 茅tico y cultural de la problem谩tica relativa al desarrollo y, asimismo a la legitimidad y necesidad de la intervenci贸n de la Iglesia en este campo.

Con esto, la doctrina social cristiana ha reivindicado una vez m谩s su car谩cter de aplicaci贸n de la Palabra de Dios a la vida de los hombres y de la sociedad as铆 como a las realidades terrenas, que con ellas se enlazan, ofreciendo 芦principios de reflexi贸n,criterios de juicio禄 y 芦directrices de acci贸n禄. 20 Pues bien, en el documento de Pablo VI se encuentran estos tres elementos con una orientaci贸n eminentemente pr谩ctica, o sea, orientada a la conducta moral. Por eso, cuando la Iglesia se ocupa del 芦desarrollo de los pueblos禄 no puede ser acusada de sobrepasar su campo espec铆fico de competencia y, mucho menos, el mandato recibido del Se帽or.

9.El segundo punto es la novedad de la Populorum Progressio, como se manifiesta por la amplitud de horizonte, abierto a lo que com煤nmente se conoce bajo el nombre de 芦cuesti贸n social禄. En realidad, la Enc铆clica Mater et Magistra del Papa Juan XXIII hab铆a entrado ya en este horizonte m谩s amplio 21 y el Concilio, en la Constituci贸n Pastoral Gaudium et spes, se hab铆a hecho eco de ello. 22 Sin embargo el magisterio social de la Iglesia no hab铆a llegado a afirmar todav铆a con toda claridad que la cuesti贸n social ha adquirido una dimensi贸n mundial, 23 ni hab铆a llegado a hacer de esta afirmaci贸n y de su an谩lisis una 芦directriz de acci贸n禄, como hace el Papa Pablo VI en su Enc铆clica.

Semejante toma de posici贸n tan expl铆cita ofrece una gran riqueza de contenidos, que es oportuno indicar.

Ante todo, es menester eliminar un posible equ铆voco. El reconocimiento de que la 芦cuesti贸n social禄 haya tomado una dimensi贸n mundial, no significa de hecho que haya disminuido su fuerza de incidencia o que haya perdido su importancia en el 谩mbito nacional o local. Significa, por el contrario, que la problem谩tica en los lugares de trabajo o en el movimiento obrero y sindical de un determinado pa铆s no debe considerarse como algo aislado, sin conexi贸n, sino que depende de modo creciente del influjo de factores existentes por encima de los confines regionales o de las fronteras nacionales.

Por desgracia, bajo el aspecto econ贸mico, los pa铆ses en v铆as de desarrollo son muchos m谩s que los desarrollados; las multitudes humanas que carecen de los bienes y de los servicios ofrecidos por el desarrollo, son bastante m谩s numerosas de las que disfrutan de ellos.

Nos encontramos, por tanto, frente a un grave problema de distribuci贸n desigual de los medios de subsistencia, destinados originariamente a todos los hombres, y tambi茅n de los beneficios de ellos derivantes. Y esto sucede no por responsabilidad de las poblaciones indigentes, ni mucho menos por una especie de fatalidad dependiente de las condiciones naturales o del conjunto de las circunstancias.

La Enc铆clica de Pablo VI, al declarar que la cuesti贸n social ha adquirido una dimensi贸n mundial, se propone ante todo se帽alar un hecho moral, que tiene su fundamento en el an谩lisis objetivo de la realidad. Seg煤n las palabras mismas de la Enc铆clica, 芦cada uno debe tomar conciencia禄 de este hecho, 24 precisamente porque interpela directamente a la conciencia, que es fuente de las decisiones morales.

En este marco, la novedad de la Enc铆clica, no consiste tanto en la afirmaci贸n, de car谩cter hist贸rico, sobre la universalidad de la cuesti贸n social cuanto en la valoraci贸n moral de esta realidad. Por consiguiente, los responsables de la gesti贸n p煤blica, los ciudadanos de los pa铆ses ricos, individualmente considerados, especialmente si son cristianos, tienen la obligaci贸n moral 鈥�seg煤n el correspodiente grado de responsabilidad鈥� de tomar en consideraci贸n, en las decisiones personales y de gobierno, esta relaci贸n de universalidad, esta interdependencia que subsiste entre su forma de comportarse y la miseria y el subdesarrollo de tantos miles de hombres. Con mayor precisi贸n la Enc铆clica de Pablo VI traduce la obligaci贸n moral como 芦deber de solidaridad禄, 25 y semejante afirmaci贸n, aunque muchas cosas han cambiado en el mundo, tiene ahora la misma fuerza y validez de cuando se escribi贸.

Por otro lado, sin abandonar la l铆nea de esta visi贸n moral, la novedad de la Enc铆clica consiste tambi茅n en el planteamiento de fondo, seg煤n el cual la concepci贸n misma del desarrollo, si se le considera en la perspectiva de la interdependencia universal, cambia notablemente. El verdadero desarrollo no puede consistir en una mera acumulaci贸n de riquezas o en la mayor disponibilidad de los bienes y de los servicios, si esto se obtiene a costa del subdesarrollo de muchos, y sin la debida consideraci贸n por la dimensi贸n social, cultural y espiritual del ser humano. 26

10.Como tercer punto la Enc铆clica da un considerable aporte de novedad a la doctrina social de la Iglesia en su conjunto y a la misma concepci贸n de desarrollo. Esta novedad se halla en una frase que se lee en el p谩rrafo final del documento, y que puede ser considerada como su f贸rmula recapituladora, adem谩s de su importancia hist贸rica: 芦el desarrollo es el nombre nuevo de la paz禄. 27

De hecho, si la cuesti贸n social ha adquirido dimensi贸n mundial, es porque la exigencia de justicia puede ser satisfecha 煤nicamente en este mismo plano. No atender a dicha exigencia podr铆a favorecer el surgir de una tentaci贸n de respuesta violenta por parte de las v铆ctimas de la injusticia, como acontece al origen de muchas guerras. Las poblaciones excluidas de la distribuci贸n equitativa de los bienes, destinados en origen a todos, podr铆an preguntarse: 驴por qu茅 no responder con la violencia a los que, en primer lugar, nos tratan con violencia? Si la situaci贸n se considera a la luz de la divisi贸n del mundo en bloques ideol贸gicos 鈥攜a existentes en 1967鈥� y de las consecuentes repercusiones y dependencias econ贸micas y pol铆ticas, el peligro resulta harto significativo.

A esta primera consideraci贸n sobre el dram谩tico contenido de la f贸rmula de la Enc铆clica se a帽ade otra, al que el mismo documento alude: 28 驴c贸mo justificar el hecho de que grandes cantidades de dinero, que podr铆an y deber铆an destinarse a incrementar el desarrollo de los pueblos, son, por el contrario utilizados para el enriquecimiento de individuos o grupos, o bien asignadas al aumento de arsenales, tanto en los Pa铆ses desarrollados como en aquellos en v铆as de desarrollo, trastocando de este modo las verdaderas prioridades? Esto es a煤n m谩s grave vistas las dificultades que a menudo obstaculizan el paso directo de los capitales destinados a ayudar a los Pa铆ses necesitados. Si 芦el desarrollo es el nuevo nombre de la paz禄, la guerra y los preparativos militares son el mayor enemigo del desarrollo integral de los pueblos.

De este modo, a la luz de la expresi贸n del Papa Pablo VI, somos invitados a revisar el concepto de desarrollo, que no coincide ciertamente con el que se limita a satisfacer los deseos materiales mediante el crecimiento de los bienes, sin prestar atenci贸n al sufrimiento de tantos y haciendo del ego铆smo de las personas y de las naciones la principal raz贸n. Como acertadamente nos recuerda la carta de Santiago: el ego铆smo es la fuente de donde tantas guerras y contiendas ... de vuestras voluptuosidades que luchan en vuestros miembros. Codici谩is y no ten茅is禄 (Sant 4, 1 s).

Por el contrario, en un mundo distinto, dominado por la solicitud por el bien com煤n de toda la humanidad, o sea por la preocupaci贸n por el 芦desarrollo espiritual y humano de todos禄, en lugar de la b煤squeda del provecho particular, la paz ser铆a posible como fruto de una 芦justicia m谩s perfecta entre los hombres禄. 29

Esta novedad de la Enc铆clica tiene adem谩s un valor permanente y actual, considerada la mentalidad actual que es tan sensible al 铆ntimo v铆nculo que existe entre el respeto de la justicia y la instauraci贸n de la paz verdadera.

III. PANORAMA DEL MUNDO CONTEMPOR脕NEO

11.La ense帽anza fundamental de la Enc铆clica Populorum Progressio tuvo en su d铆a gran eco por su novedad. El contexto social en que vivimos en la actualidad no se puede decir que sea exactamente igual al de hace veinte a帽os. Es, esto, por lo que quiero detenerme, a trav茅s de una breve exposici贸n, sobre algunas caracter铆sticas del mundo actual, con el fin de profundizar la ense帽anza de la Enc铆clica de Pablo VI, siempre bajo el punto de vista del 芦desarrollo de los pueblos禄.

12.El primer aspecto a destacar es que la esperanza de desarrollo, entonces tan viva, aparece en la actualidad muy lejana de la realidad.

A este prop贸sito, la Enc铆clica no se hac铆a ilusi贸n alguna. Su lenguaje grave, a veces dram谩tico, se limitaba a subrayar el peso de la situaci贸n y a proponer a la conciencia de todos la obligaci贸n urgente de contribuir a resolverla. En aquellos a帽os prevalec铆a un cierto optimismo sobre la posibilidad de colmar, sin esfuerzos excesivos, el retraso econ贸mico de los pueblos pobres, de proveerlos de infraestructuras y de asistir los en el proceso de industrializaci贸n. En aquel contexto hist贸rico, por encima de los esfuerzos de cada pa铆s, la Organizaci贸n de las Naciones Unidas promovi贸 consecutivamente dos decenios de desarrollo. 30 Se tomaron, en efecto, algunas medidas, bilaterales y multilaterales, con el fin de ayudar a muchas Naciones, algunas de ellas independientes desde hac铆a tiempo, otras 鈥攍a mayor铆a鈥� nacidas como Estados a ra铆z del proceso de descolonizaci贸n. Por su parte, la Iglesia sinti贸 el deber de profundizar los problemas planteados por la nueva situaci贸n, pensando sostener con su inspiraci贸n religiosa y humana estos esfuerzos para darles un alma y un empuje eficaz.

13.No se puede afirmar que estas diversas iniciativas religiosas, humanas, econ贸micas y t茅cnicas, hayan sido superfluas, dado que han podido alcanzar algunos resultados. Pero en l铆nea general, teniendo en cuenta los diversos factores, no se puede negar que la actual situaci贸n del mundo, bajo el aspecto de desarrollo, ofrezca una impresi贸n m谩s bien negativa.

Por ello, deseo llamar la atenci贸n sobre algunos indicadores gen茅ricos, sin excluir otros m谩s espec铆ficos. Dejando a un lado el an谩lisis de cifras y estad铆sticas, es suficiente mirar la realidad de una multitud ingente de hombres y mujeres, ni帽os, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibles, que sufren el peso intolerable de la miseria. Son muchos millones los que carecen de esperanza debido al hecho de que, en muchos lugares de la tierra, su situaci贸n se ha agravado sensiblemente. Ante estos dramas de total indigencia y necesidad, en que viven muchos de nuestros hermanos y hermanas, es el mismo Se帽or Jes煤s quien viene a interpelarnos (cf. Mt 25, 31-46).

14.La primera constataci贸n negativa que se debe hacer es la persistencia y a veces el alargamiento del abismo entre las 谩reas del llamado Norte desarrollado y la del Sur en v铆as de desarrollo. Esta terminolog铆a geogr谩fica es s贸lo indicativa, pues no se puede ignorar que las fronteras de la riqueza y de la pobreza atraviesan en su interior las mismas sociedades tanto desarrolladas como en v铆as de desarrollo. Pues, al igual que existen desigualdades sociales hasta llegar a los niveles de miseria en los pa铆ses ricos, tambi茅n, de forma paralela, en los pa铆ses menos desarrollados se ven a menudo manifestaciones de ego铆smo y ostentaci贸n desconcertantes y escandalosas.

A la abundancia de bienes y servicios disponibles en algunas partes del mundo, sobre todo en el Norte desarrollado, corresponde en el Sur un inadmisible retraso y es precisamente en esta zona geopol铆tica donde vive la mayor parte de la humanidad.

Al mirar la gama de los diversos sectores producci贸n y distribuci贸n de alimentos, higiene, salud y vivienda, disponibilidad de agua potable, condiciones de trabajo, en especial el femenino, duraci贸n de la vida y otros indicadores econ贸micos y sociales, el cuadro general resulta desolador, bien consider谩ndolo en s铆 mismo, bien en relaci贸n a los datos correspondientes de los pa铆ses m谩s desarrollados del mundo. La palabra 芦abismo禄 vuelve a los labios espont谩neamente.

Tal vez no es 茅ste el vocablo adecuado para indicar la verdadera realidad, ya que puede dar la impresi贸n de un fen贸meno estacionario. Sin embargo, no es as铆. En el camino de los pa铆ses desarrollados y en v铆as de desarrollo se ha verificado a lo largo de estos a帽os una velocidad diversa de aceleraci贸n, que impulsa a aumentar las distancias. As铆 los pa铆ses en v铆as de desarrollo, especialmente los m谩s pobres, se encuentran en una situaci贸n de grav铆simo retraso. A lo dicho hay que a帽adir todav铆a las diferencias de cultura y de los sistemas de valores entre los distintos grupos de poblaci贸n, que no coinciden siempre con el grado de desarrollo econ贸mico, sino que contribuyen a crear distancias. Son estos los elementos y los aspectos que hacen mucho m谩s compleja la cuesti贸n social, debido a que ha asumido una dimensi贸n mundial.

Al observar las diversas partes del mundo separadas por la distancia creciente de este abismo, al advertir que cada una de ellas parece seguir una determinada ruta, con sus realizaciones, se comprende por qu茅 en el lenguaje corriente se hable de mundos distintos dentro de nuestro 煤nico mundo: Primer Mundo, Segundo Mundo, Tercer Mundo y, alguna vez, Cuarto Mundo. 31 Estas expresiones, que no pretenden obviamente clasificar de manera satisfactoria a todos los Pa铆ses, son muy significativas. Son el signo de una percepci贸n difundida de que la unidad del mundo, en otras palabras, la unidad del g茅nero humano, est谩 seriamente comprometida. Esta terminolog铆a, por encima de su valor m谩s o menos objetivo, esconde sin lugar a duda un contenido moral, frente al cual la Iglesia, que es 芦sacramento o signo e instrumento... de la unidad de todo el g茅nero humano禄, 32 no puede permanecer indiferente.

15.El cuadro trazado precedentemente ser铆a sin embargo incompleto, si a los 芦indicadores econ贸micos y sociales禄 del subdesarrollo no se a帽adieran otros igualmente negativos, m谩s preocupantes todav铆a, comenzando por el plano cultural. Estos son: el analfabetismo, la dificultad o imposibilidad de acceder a los niveles superiores de instrucci贸n, la incapacidad de participar en la construcci贸n de la propia Naci贸n, las diversas formas de explotaci贸n y de opresi贸n econ贸mica, social, pol铆tica y tambi茅n religiosa de la persona humana y de sus derechos, las discriminaciones de todo tipo, de modo especial la m谩s odiosa basada en la diferencia racial. Si alguna de estas plagas se halla en algunas zonas del Norte m谩s desarrollado, sin lugar a duda 茅stas son m谩s frecuentes, m谩s duraderas y m谩s dif铆ciles de extirpar en los pa铆ses en v铆as de desarrollo y menos avanzados.

Es menester indicar que en el mundo actual, entre otros derechos, es reprimido a menudo el derecho de iniciativa econ贸mica. No obstante eso, se trata de un derecho importante no s贸lo para el individuo en particular, sino adem谩s para el bien com煤n. La experiencia nos demuestra que la negaci贸n de tal derecho o su limitaci贸n en nombre de una pretendida 芦igualdad禄 de todos en la sociedad, reduce o, sin m谩s, destruye de hecho el esp铆ritu de iniciativa, es decir, la subjetividad creativa del ciudadano. En consecuencia, surge, de este modo, no s贸lo una verdadera igualdad, sino una 芦nivelaci贸n descendente禄. En lugar de la iniciativa creadora nace la pasividad, la dependencia y la sumisi贸n al aparato burocr谩tico que, como 煤nico 贸rgano que 芦dispone禄 y 芦decide禄 鈥攁unque no sea 芦Poseedor禄鈥� de la totalidad de los bienes y medios de producci贸n, pone a todos en una posici贸n de dependencia casi absoluta, similar a la tradicional dependencia del obrero-proletario en el sistema capitalista. Esto provoca un sentido de frustraci贸n o desesperaci贸n y predispone a la despreocupaci贸n de la vida nacional, empujando a muchos a la emigraci贸n y favoreciendo, a la vez, una forma de emigraci贸n 芦psicol贸gica禄.

Una situaci贸n semejante tiene sus consecuencias tambi茅n desde el punto de vista de los 芦derechos de cada Naci贸n禄. En efecto, acontece a menudo que una Naci贸n es privada de su subjetividad, o sea, de la 芦soberan铆a禄 que le compete, en el significado econ贸mico as铆 como en el pol铆tico-social y en cierto modo en el cultural, ya que en una comunidad nacional todas estas dimensiones de la vida est谩n unidas entre s铆.

Es necesario recalcar, adem谩s, que ning煤n grupo social, por ejemplo un partido, tiene derecho a usurpar el papel de 煤nico gu铆a porque ello supone la destrucci贸n de la verdadera subjetividad de la sociedad y de las personas-ciudadanos, como ocurre en todo totalitarismo. En esta situaci贸n el hombre y el pueblo se convierten en 芦objeto禄, no obstante todas las declaraciones contrarias y las promesas verbales. Llegados a este punto conviene a帽adir que el mundo actual se dan otras muchas formas pobreza. En efecto, ciertas carencias o privaciones merecen tal vez este nombre. La negaci贸n o limitaci贸n de los derechos humanos 鈥攃omo, por ejemplo, el derecho a la libertad religiosa, el derecho a participar en la construcci贸n de la sociedad, la libertad de asociaci贸n o de formar sindicatos o de tomar iniciativas en materia econ贸mica鈥� 驴no empobrecen tal vez a la persona humana igual o m谩s que la privaci贸n de los bienes materiales? Y un desarrollo que no tenga en cuenta la plena afirmaci贸n de estos derechos 驴es verdaderamente desarrollo humano?

En pocas palabras, el subdesarrollo de nuestros d铆as no es s贸lo econ贸mico, sino tambi茅n cultural, pol铆tico y simplemente humano, como ya indicaba hace veinte a帽os la Enc铆clica Populorum Progressio. Por consiguiente, es menester preguntarse si la triste realidad de hoy no sea, al menos en parte, el resultado de una concepci贸n demasiado limitada, es decir, prevalentemente econ贸mica, del desarrollo.

16.Hay que notar que, a pesar de los notables esfuerzos realizados en los dos 煤ltimos decenios por parte de las naciones m谩s desarrolladas o en v铆as de desarrollo, y de las Organizaciones internacionales, con el fin de hallar una salida a la situaci贸n, o al menos poner remedio a alguno de sus s铆ntomas, las condiciones se han agravado notablemente.

La responsabilidad de este empeoramiento tiene causas diversas. Hay que indicar las indudables graves omisiones por parte de las mismas naciones en v铆as de desarrollo, y especialmente por parte de los que detentan su poder econ贸mico y pol铆tico. Pero tampoco podemos soslayar la responsabilidad de las naciones desarrolladas, que no siempre, al menos en la debida medida, han sentido el deber de ayudar a aquellos pa铆ses que se separan cada vez m谩s del mundo del bienestar al que pertenecen.

No obstante, es necesario denunciar la existencia de unos mecanismos econ贸micos, financieros y sociales, los cuales, aunque manejados por la voluntad de los hombres, funcionan de modo casi autom谩tico, haciendo m谩s r铆gida las situaciones de riqueza de los unos y de pobreza de los otros. Estos mecanismos, maniobrados por los pa铆ses m谩s desarrollados de modo directo o indirecto, favorecen a causa de su mismo funcionamento los intereses de los que los maniobran, aunque terminan por sofocar o condicionar las econom铆as de los pa铆ses menos desarrollados. Es necesario someter en el futuro estos mecanismos a un an谩lisis atento bajo el aspecto 茅tico-moral.

La Populorum Progressio preve铆a ya que con semejantes sistemas aumentar铆a la riqueza de los ricos, manteni茅ndose la miseria de los pobres. 33 Una prueba de esta previsi贸n se tiene con la aparici贸n del llamado Cuarto Mundo.

17.A pesar de que la sociedad mundial ofrezca aspectos fragmentarios, expresados con los nombres convencionales de Primero, Segundo, Tercero y tambi茅n Cuarto mundo, permanece m谩s profunda su interdependencia la cual, cuando se separa de las exigencias 茅ticas, tiene unas consecuencias funestas para los m谩s d茅biles. M谩s a煤n, esta interdependencia, por una especie de din谩mica interior y bajo el empuje de mecanismos que no puedan dejar de ser calificados como perversos, provoca efectos negativos hasta en los Pa铆ses ricos. Precisamente dentro de estos Pa铆ses se encuentran, aunque en menor medida, las manifestaciones m谩s espec铆ficas del subdesarrollo. De suerte que deber铆a ser una cosa sabida que el desarrollo o se convierte en un hecho com煤n a todas las partes del mundo, o sufre un proceso de retroceso a煤n en las zonas marcadas por un constante progreso. Fen贸meno este particularmente indicador de la naturaleza del aut茅ntico desarrollo: o participan de 茅l todas las naciones del mundo o no ser谩 tal ciertamente.

Entre los indicadores espec铆ficos del subdesarrollo, que afectan de modo creciente tambi茅n a los pa铆ses desarrollados, hay dos particularmente reveladores de una situaci贸n dram谩tica. En primer lugar, la crisis de la vivienda. En el A帽o Internacional de las personas sin techo, querido por la Organizaci贸n de las Naciones Unidas, la atenci贸n se dirig铆a a los millones de seres humanos carentes de una vivienda adecuada o hasta sin vivienda alguna, con el fin de despertar la conciencia de todos y de encontrar una soluci贸n a este grave problema, que comporta consecuencias negativas a nivel individual, familiar y social. 34

La falta de viviendas se verifica a nivel universal y se debe, en parte, al fen贸meno siempre creciente de la urbanizaci贸n. 35 Hasta los mismos pueblos m谩s desarrollados presentan el triste espect谩culo de individuos y familias que se esfuerzan literalmente por sobrevivir, sin techo o con uno tan precario que es como si no se tuviera.

La falta de vivienda, que es un problema en s铆 mismo bastante grave, es digno de ser considerado como signo o s铆ntesis de toda una serie de insuficiencias econ贸micas, sociales, culturales o simplemente humanas; y, teniendo en cuenta la extensi贸n del fen贸meno, no deber铆a ser dif铆cil convencerse de cuan lejos estamos del aut茅ntico desarrollo de los pueblos.

18.Otro indicador, com煤n a gran parte de las naciones, es el fen贸meno del desempleo y del subdesempleo.

No hay persona que no se d茅 cuenta de la actualidad y de la creciente gravedad de semejante fen贸meno en los pa铆ses industrializados. 36 S铆 este aparece de modo alarmante en los pa铆ses en v铆a de desarrollo, con su alto 铆ndice de crecimiento demogr谩fico y el n煤mero tan elevado de poblaci贸n juvenil, en los pa铆ses de gran desarrollo econ贸mico parece que se contraen las fuentes de trabajo, y as铆, las posibilidades de empleo, en vez de aumentar, disminuyen.

Tambi茅n este triste fen贸meno, con su secuela de efectos negativos a nivel individual y social, desde la degradaci贸n hasta la p茅rdida del respeto que todo hombre y mujer se debe a s铆 mismo, nos lleva a preguntarnos seriamente sobre el tipo de desarrollo, que se ha perseguido en el curso de los 煤ltimos veinte a帽os.

A este prop贸sito viene muy oportunamente la consideraci贸n de la Enc铆clica Laborem exercens: 芦Es necesario subrayar que el elemento constitutivo y a su vez la verificaci贸n m谩s adecuada de este progreso en el esp铆ritu de justicia y paz, que la Iglesia proclama y por el que no cesa de orar (...), es precisamente la continua revalorizaci贸n del trabajo humano, tanto bajo el aspecto de su finalidad objetiva, como bajo el aspecto de la dignidad del sujeto de todo trabajo, que es el hombre禄. Antes bien, 芦no se puede menos de quedar impresionados ante un hecho desconcertante de grandes proporciones禄, es decir, que 芦existen ... grupos enteros de desocupados o subocupados (...): un hecho que atestigua sin duda el que, dentro de las comunidades pol铆ticas como en las relaciones existentes entre ellas a nivel continental y mundial 鈥攅n lo concerniente a la organizaci贸n del trabajo y del empleo鈥� hay algo que no funciona y concretamente en los puntos m谩s cr铆ticos y de mayor relieve social禄. 37

Como el precedente, tambi茅n este fen贸meno, por su car谩cter universal y en cierto sentido multiplicador, representa un signo sumamente indicativo, por su incidencia negativa, del estado y de la calidad del desarrollo de los pueblos, ante el cual nos encontramos hoy.

19.Otro fen贸meno, tambi茅n t铆pico del 煤ltimo per铆odo 鈥攕i bien no se encuentra en todos los lugares鈥�, es sin duda igualmente indicador de la interdependencia existente entre los pa铆ses desarrollados y menos desarrollados. Es la cuesti贸n de la deuda internacional, a la que la Pontificia Comisi贸n Iustitia et Pax ha dedicado un documento. 38

No se puede aqu铆 silenciar el profundo v铆nculo que existe entre este problema, cuya creciente gravedad hab铆a sido ya prevista por la Populorum Progressio, 39 y la cuesti贸n del desarrollo de los pueblos.

La raz贸n que movi贸 a los pa铆ses en v铆as de desarrollo a acoger el ofrecimiento de abundantes capitales disponibles fue la esperanza de poderlos invertir en actividades de desarrollo. En consecuencia, la disponibilidad de los capitales y el hecho de aceptarlos a t铆tulo de pr茅stamo puede considerarse una contribuci贸n al desarrollo mismo, cosa deseable y leg铆tima en s铆 misma, aunque quiz谩s imprudente y en alguna ocasi贸n apresurada.

Habiendo cambiado las circunstancias tanto en los pa铆ses endeudados como en el mercado internacional financiador, el instrumento elegido para dar una ayuda al desarrollo se ha transformado en un mecanismo contraproducente. Y esto ya sea porque los Pa铆ses endeudados, para satisfacer los compromisos de la deuda, se ven obligados a exportar los capitales que ser铆an necesarios para aumentar o, incluso, para mantener su nivel de vida, ya sea porque, por la misma raz贸n, no pueden obtener nuevas fuentes de financiaci贸n indispensables igualmente.

Por este mecanismo, el medio destinado al desarrollo de los pueblos se ha convertido en un freno, por no hablar, en ciertos casos, hasta de una acentuaci贸n del subdesarrollo.

Estas circunstancias nos mueven a reflexionar 鈥攃omo afirma un reciente Documento de la Pontificia Comisi贸n Iustitia et Pax 40 鈥� sobre el car谩cter 茅tico de la interdependencia de los pueblos; y, para mantenernos en la l铆nea de la presente consideraci贸n, sobre las exigencias y las condiciones, inspiradas igualmente en los principios 茅ticos, de la cooperaci贸n al desarrollo.

20.Si examinamos ahora las causas de este grave retraso en el proceso del desarrollo, verificado en sentido opuesto a las indicaciones de la Enc铆clica Populorum Progressio que hab铆a suscitado tantas esperanzas, nuestra atenci贸n se centra de modo particular en las causas pol铆ticas de la situaci贸n actual.

Encontr谩ndonos ante un conjunto de factores indudablemente complejos, no es posible hacer aqu铆 un an谩lisis completo. Pero no se puede silenciar un hecho sobresaliente del cuadro pol铆tico que caracteriza el per铆odo hist贸rico posterior al segundo conflicto mundial y es un factor que no se puede omitir en el tema del desarrollo de los pueblos.

Nos referimos a la existencia de dos bloques contrapuestos, designados com煤nmente con los nombres convencionales de Este y Oeste, o bien de Oriente y Occidente. La raz贸n de esta connotaci贸n no es meramente pol铆tica, sino tambi茅n, como se dice, geopol铆tica. Cada uno de ambos bloques tiende a asimilar y a agregar alrededor de s铆, con diversos grados de adhesi贸n y participaci贸n, a otros Pa铆ses o grupos de Pa铆ses.

La contraposici贸n es ante todo pol铆tica, en cuanto cada bloque encuentra su identidad en un sistema de organizaci贸n de la sociedad y de la gesti贸n del poder, que intenta ser alternativo al otro; a su vez, la contraposici贸n pol铆tica tiene su origen en una contraposici贸n m谩s profunda que es de orden ideol贸gico.

En Occidente existe, en efecto, un sistema inspirado hist贸ricamente en el capitalismo liberal, tal como se desarroll贸 en el siglo pasado; en Oriente se da un sistema inspirado en el colectivismo marxista, que naci贸 de la interpretaci贸n de la condici贸n de la clase proletaria, realizada a la luz de una peculiar lectura de la historia.

Cada una de estas dos ideolog铆as, al hacer referencia a dos visiones tan diversas del hombre, de su libertad y de su cometido social, ha propuesto y promueve, bajo el aspecto econ贸mico, unas formas antit茅ticas de organizaci贸n del trabajo y de estructuras de la propiedad, especialmente en lo referente a los llamados medios de producci贸n.

Es inevitable que la contraposici贸n ideol贸gica, al desarrollar sistemas y centros antag贸nicos de poder, con sus formas de propaganda y de doctrina, se convirtiera en una creciente contraposici贸n militar, dando origen a dos bloques de potencias armadas, cada uno desconfiado y temeroso del prevalecer ajeno.

A su vez, las relaciones internacionales no pod铆an dejar de resentir los efectos de esta 芦l贸gica de los bloques禄 y de sus respectivas 芦esferas de influencia禄. Nacida al final de la segunda guerra mundial, la tensi贸n entre ambos bloques ha dominado los cuarenta a帽os sucesivos, asumiendo unas veces el car谩cter de 芦guerra fr铆a, otras de 芦guerra por poder禄 mediante la instrumentalizaci贸n de conflictos locales, o bien teniendo el 谩nimo angustiado y en suspenso ante la amenaza de una guerra abierta y total.

Si en el momento actual tal peligro parece que es m谩s remoto, aun sin haber desaparecido completamente, y si se ha llegado a un primer acuerdo sobre las destrucci贸n de cierto tipo de armamento nuclear, la existencia y la contraposici贸n de bloques no deja de ser todav铆a un hecho real y preocupante, que sigue condicionando el panorama mundial.

21.Esto se verifica con un efecto particularmente negativo en las relaciones internacionales, que miran a los Pa铆ses en v铆as de desarrollo. En efecto, como es sabido, la tensi贸n entre Oriente y Occidente no refleja de por s铆 una oposici贸n entre dos diversos grados de desarrollo, sino m谩s bien entre dos concepciones del desarrollo mismo de los hombres y de los pueblos, de tal modo imperfectas que exigen una correcci贸n radical. Dicha oposici贸n se refleja en el interior de aquellos pa铆ses, contribuyendo as铆 a ensanchar el abismo que ya existe a nivel econ贸mico entre Norte y Sur, y que es consecuencia de la distancia entre los dos mundos m谩s desarrollados y los menos desarrollados.

Esta es una de las razones por las que la doctrina social de la Iglesia asume una actitud cr铆tica tanto ante el capitalismo liberal como ante el colectivismo marxista. En efecto, desde el punto de vista del desarrollo surge espont谩nea la pregunta: 驴de qu茅 manera o en qu茅 medida estos dos sistemas son susceptibles de transformaciones y capaces de ponerse al d铆a, de modo que favorezcan o promuevan un desarrollo verdadero e integral del hombre y de los pueblos en la sociedad actual? De hecho, estas transformaciones y puestas al d铆a son urgentes e indispensables para la causa de un desarrollo com煤n a todos.

Los Pa铆ses independizados recientemente, que esforz谩ndose en conseguir su propia identidad cultural y pol铆tica necesitar铆an la aportaci贸n eficaz y desinteresada de los Pa铆ses m谩s ricos y desarrollados, se encuentran comprometidos 鈥攜 a veces incluso desbordados鈥� en conflictos ideol贸gicos que producen inevitables divisiones internas, llegando incluso a provocar en algunos casos verdaderas guerras civiles. Esto sucede porque las inversiones y las ayudas para el desarrollo a menudo son desviadas de su propio fin e instrumentalizadas para alimentar los contrastes, por encima y en contra de los intereses de los Pa铆ses que deber铆an beneficiarse de ello. Muchos de ellos son cada vez m谩s conscientes del peligro de caer v铆ctimas de un neocolonialismo y tratan de librarse. Esta conciencia es tal que ha dado origen, aunque con dificultades, oscilaciones y a veces contradicciones, al Movimiento internacional de los Pa铆ses No Alineados, el cual, en lo que constituye su aspecto positivo, quisiera afirmar efectivamente el derecho de cada pueblo a su propia identidad, a su propia independencia y seguridad, as铆 como a la participaci贸n, sobre la base de la igualdad y de la solidaridad, de los bienes que est谩n destinados a todos los hombres.

22.Hechas estas consideraciones es m谩s f谩cil tener una visi贸n m谩s clara del cuadro de los 煤ltimos veinte a帽os y comprender mejor los contrastes existentes en la parte Norte del mundo, es decir, entre Oriente y Occidente, como causa no 煤ltima del retraso o del estancamiento del Sur.

Los Pa铆ses subdesarrollados, en vez de transformarse en Naciones aut贸nomas, preocupadas de su propia marcha hacia la justa participaci贸n en los bienes y servicios destinados a todos, se convierten en piezas de un mecanismo y de un engranaje gigantesco. Esto sucede a menudo en el campo de los medios de comunicaci贸n social, los cuales, al estar dirigidos mayormente por centros de la parte Norte del mundo, no siempre tienen en la debida consideraci贸n las prioridades y los problemas propios de estos Pa铆ses, ni respetan su fisonom铆a cultural; a menudo, imponen una visi贸n desviada de la vida y del hombre y as铆 no responden a las exigencias del verdadero desarrollo.

Cada uno de los dos bloques lleva oculta internamente, a su manera, la tendencia al imperialismo, como se dice com煤nmente, o a formas de neocolonialismo: tentaci贸n nada f谩cil en la que se cae muchas veces, como ense帽a la historia incluso reciente.

Esta situaci贸n anormal 鈥攃onsecuencia de una guerra y de una preocupaci贸n exagerada, m谩s all谩 de lo l铆cito, por razones de la propia seguridad鈥� impide radicalmente la cooperaci贸n solidaria de todos por el bien com煤n del g茅nero humano, con perjuicio sobre todo de los pueblos pac铆ficos, privados de su derecho de acceso a los bienes destinados a todos los hombres.

Desde este punto de vista, la actual divisi贸n del mundo es un obst谩culo directo para la verdadera transformaci贸n de las condiciones de subdesarrollo en los Pa铆ses en v铆as de desarrollo y en aquellos menos avanzados. Sin embargo, los pueblos no siempre se resignan a su suerte. Adem谩s, la misma necesidad de una econom铆a sofocada por los gastos militares, as铆 como por la burocracia y su ineficiencia intr铆nseca, parece favorecer ahora unos procesos que podr谩n hacer menos r铆gida la contraposici贸n y m谩s f谩cil el comienzo de un di谩logo 煤til y de una verdadera colaboraci贸n para la paz.

23.La afirmaci贸n de la Enc铆clica Populorum Progressio, de que los recursos destinados a la producci贸n de armas deben ser empleados en aliviar la miseria de las poblaciones necesitadas, 41 hace m谩s urgente el llamado a superar la contraposici贸n entre los dos bloques.

Hoy, en la pr谩ctica, tales recursos sirven para asegurar que cada uno de los dos bloques pueda prevalecer sobre el otro, y garantizar as铆 la propia seguridad. Esta distorsi贸n, que es un vicio de origen, dificulta a aquellas Naciones que, desde un punto de vista hist贸rico, econ贸mico y pol铆tico tienen la posibilidad de ejercer un liderazgo, al cumplir adecuadamente su deber de solidaridad en favor de los pueblos que aspiran a su pleno desarrollo.

Es oportuno afirmar aqu铆鈥攜 no debe parecer esto una exageraci贸n鈥� que un papel de liderazgo entre las Naciones se puede justificar solamente con la posibilidad y la voluntad de contribuir, de manera m谩s amplia y generosa, al bien com煤n de todos.

Una Naci贸n que cediese, m谩s o menos conscientemente, a la tentaci贸n de cerrarse en s铆 misma, olvidando la responsabilidad que le confiere una cierta superioridad en el concierto de las Naciones, faltar铆a gravemente a un preciso deber 茅tico. Esto es f谩cilmente reconocible en la contingencia hist贸rica, en la que los creyentes entrev茅n las disposiciones de la divina Providencia que se sirve de las Naciones para la realizaci贸n de sus planes, pero que tambi茅n 芦hace vanos los proyectos de los pueblos禄 (cf. Sal 33 (32) 10).

Cuando Occidente parece inclinarse a unas formas de aislamiento creciente y ego铆sta, y Oriente, a su vez, parece ignorar por motivos discutibles su deber de cooperaci贸n para aliviar la miseria de los pueblos, uno se encuentra no s贸lo ante una traici贸n de las leg铆timas esperanzas de la humanidad con consecuencias imprevisibles, sino ante una defecci贸n verdadera y propia respecto de una obligaci贸n moral.

24.Si la producci贸n de armas es un grave desorden que reina en el mundo actual respecto a las verdaderas necesidades de los hombres y al uso de los medios adecuados para satisfacerlas, no lo es menos el comercio de las mismas. M谩s a煤n, a prop贸sito de esto, es preciso a帽adir que el juicio moral es todav铆a m谩s severo. Como se sabe, se trata de un comercio sin fronteras capaz de sobrepasar incluso las de los bloques. Supera la divisi贸n entre Oriente y Occidente y, sobre todo, la que hay entre Norte y Sur, llegando hasta los diversos componentes de la parte meridional del mundo. Nos hallamos as铆 ante un fen贸meno extra帽o: mientras las ayudas econ贸micas y los planes de desarrollo tropiezan con el obst谩culo de barreras ideol贸gicas insuperables, arancelarias y de mercado, las armas de cualquier procedencia circulan con libertad casi absoluta en las diversas partes del mundo. Y nadie ignora 鈥攃omo destaca el reciente documento de la Pontificia Comisi贸n Iustitia et Pax sobre la deuda internacional 42 鈥� que en algunos casos, los capitales prestados por el mundo desarrollado han servido para comprar armamentos en el mundo subdesarrollado.

Si a todo esto se a帽ade el peligro tremendo, conocido por todos, que representan las armas at贸micas acumuladas hasta lo incre铆ble, la conclusi贸n l贸gica es la siguiente: el panorama del mundo actual, incluso el econ贸mico, en vez de causar preocupaci贸n por un verdadero desarrollo que conduzca a todos hacia una vida 芦m谩s humana禄, 鈥攃omo deseaba la Enc铆clica Populorum Progressio 43 鈥� parece destinado a encaminarnos m谩s r谩pidamente hacia la muerte.

Las consecuencias de este estado de cosas se manifiestan en el acentuarse de una plaga t铆pica y reveladora de los desequilibrios y conflictos del mundo contempor谩neo: los millones de refugiados, a quienes las guerras, calamidades naturales, persecuciones y discriminaciones de todo tipo han hecho perder casa, trabajo, familia y patria. La tragedia de estas multitudes se refleja en el rostro descompuesto de hombres, mujeres y ni帽os que, en un mundo dividido e inh贸spito, no consiguen encontrar ya un hogar.

Ni se pueden cerrar los ojos a otra dolorosa plaga del mundo actual: el fen贸meno del terrorismo, entendido como prop贸sito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, y crear precisamente un clima de terror y de inseguridad, a menudo incluso con la captura de rehenes. Aun cuando se aduce como motivaci贸n de esta actuaci贸n inhumana cualquier ideolog铆a o la creaci贸n de una sociedad mejor, los actos de terrorismo nunca son justificables. Pero mucho menos lo son cuando, como sucede hoy, tales decisiones y actos, que a veces llegan a verdaderas mortandades, ciertos secuestros de personas inocentes y ajenas a los conflictos, se proponen un fin propagand铆stico en favor de la propia causa; o, peor a煤n, cuando son un fin en s铆 mismos, de forma que se mata s贸lo por matar. Ante tanto horror y tanto sufrimiento siguen siendo siempre v谩lidas las palabras que pronunci茅 hace algunos a帽os y que quisiera repetir una vez m谩s: 芦El cristianismo proh铆be ... el recurso a las v铆as del odio, al asesinato de personas indefensas y a los m茅todos del terrorismo禄. 44

25.A este respecto conviene hacer una referencia al problema demogr谩fico y a la manera c贸mo se trata hoy, siguiendo lo que Pablo VI indic贸 en su Enc铆clica 45 y lo que expuse m谩s extensamente en la Exhortaci贸n Apost贸lica Familiaris consortio. 46

No se puede negar la existencia 鈥攕obre todo en la parte Sur de nuestro planeta鈥� de un problema demogr谩fico que crea dificultades al desarrollo. Es preciso afirmar enseguida que en la parte Norte este problema es de signo inverso: aqu铆 lo que preocupa es la ca铆da de la tasa de la natalidad, con repercusiones en el envejecimiento de la poblaci贸n, incapaz incluso de renovarse biol贸gicamente. Fen贸meno 茅ste capaz de obstaculizar de por s铆 el desarrollo. Como tampoco es exacto afirmar que tales dificultades provengan solamente del crecimiento demogr谩fico; no est谩 demostrado siquiera que cualquier crecimiento demogr谩fico sea incompatible con un desarrollo ordenado.

Por otra parte, resulta muy alarmante constatar en muchos Pa铆ses el lanzamiento de campa帽as sistem谩ticas contra la natalidad, por iniciativa de sus Gobiernos, en contraste no s贸lo con la identidad cultural y religiosa de los mismos Pa铆ses, sino tambi茅n con la naturaleza del verdadero desarrollo. Sucede a menudo que tales campa帽as son debidas a presiones y est谩n financiadas por capitales provenientes del extranjero y, en alg煤n caso, est谩n subordinadas a las mismas y a la asistencia econ贸mico-financiera. En todo caso, se trata de una falta absoluta de respeto por la libertad de decisi贸n de las personas afectadas, hombres y mujeres, sometidos a veces a intolerables presiones, incluso econ贸micas para someterlas a esta nueva forma de opresi贸n. Son las poblaciones m谩s pobres las que sufren los atropellos, y ello llega a originar en ocasiones la tendencia a un cierto racismo, o favorece la aplicaci贸n de ciertas formas de eugenismo, igualmente racistas.

Tambi茅n este hecho, que reclama la condena m谩s en茅rgica, es indicio de una concepci贸n errada y perversa del verdadero desarrollo humano.

26.Este panorama, predominantemente negativo, sobre la situaci贸n real del desarrollo en el mundo contempor谩neo, no ser铆a completo si no se帽alara la existencia de aspectos positivos.

El primero es la plena conciencia, en much铆simos hombres y mujeres, de su propia dignidad y de la de cada ser humano. Esta conciencia se expresa, por ejemplo, en una viva preocupaci贸n por el respeto de los derechos humanos y en el m谩s decidido rechazo de sus violaciones. De esto es un signo revelador el n煤mero de asociaciones privadas, algunas de alcance mundial, de reciente creaci贸n, y casi todas comprometidas en seguir con extremo cuidado y loable objetividad los acontecimientos internacionales en un campo tan delicado.

En este sentido hay que reconocer la influencia ejercida por la Declaraci贸n de los Derechos Humanos, promulgada hace casi cuarenta a帽os por la Organizaci贸n de las Naciones Unidas. Su misma existencia y su aceptaci贸n progresiva por la comunidad internacional son ya testimonio de una mayor conciencia que se est谩 imponiendo. Lo mismo cabe decir 鈥攕iempre en el campo de los derechos humanos鈥� sobre los otros instrumentos jur铆dicos de la misma Organizaci贸n de las Naciones Unidas o de otros Organismos internacionales. 47

La conciencia de la que hablamos no se refiere solamente a los individuos, sino tambi茅n a las Naciones y a los pueblos, los cuales, como entidades con una determinada identidad cultural, son particularmente sensibles a la conservaci贸n, libre gesti贸n y promoci贸n de su precioso patrimonio.

Al mismo tiempo, en este mundo dividido y turbado por toda clase de conflictos, aumenta la convicci贸n de una radical interdependencia, y por consiguiente, de una solidaridad necesaria, que la asuma y traduzca en el plano moral. Hoy quiz谩s m谩s que antes, los hombres se dan cuenta de tener un destino com煤n que construir juntos, si se quiere evitar la cat谩strofe para todos. Desde el fondo de la angustia, del miedo y de los fen贸menos de evasi贸n como la droga, t铆picos del mundo contempor谩neo, emerge la idea de que el bien, al cual estamos llamados todos, y la felicidad a la que aspiramos no se obtienen sin el esfuerzo y el empe帽o de todos sin excepci贸n, con la consiguiente renuncia al propio ego铆smo.

Aqu铆 se inserta tambi茅n, como signo del respeto por la vida, 鈥�no obstante todas las tentaciones por destruirla, desde el aborto a la eutanasia鈥� la preocupaci贸n concomitante por la paz; y, una vez m谩s, se es consciente de que 茅sta es indivisible: o es de todos, o de nadie. Una paz que exige, cada vez m谩s, el respeto riguroso de la justicia, y, por consiguiente, la distribuci贸n equitativa de los frutos del verdadero desarrollo. 48

Entre las se帽ales positivas del presente, hay que se帽alar igualmente la mayor conciencia de la limitaci贸n de los recursos disponibles, la necesidad de respetar la integridad y los ritmos de la naturaleza y de tenerlos en cuenta en la programaci贸n del desarrollo, en lugar de sacrificarlo a ciertas concepciones demag贸gicas del mismo. Es lo que hoy se llama la preocupaci贸n ecol贸gica.

Es justo reconocer tambi茅n el empe帽o de gobernantes, pol铆ticos, economistas, sindicalistas, hombres de ciencia y funcionarios internacionales 鈥攎uchos de ellos inspirados por su fe religiosa鈥� por resolver generosamente con no pocos sacrificios personales, los males del mundo y procurar por todos los medios que un n煤mero cada vez mayor de hombres y mujeres disfruten del beneficio de la paz y de una calidad de vida digna de este hombre.

A ello contribuyen en gran medida las grandes Organizaciones internacionales y algunas Organizaciones regionales, cuyos esfuerzos conjuntos permiten intervenciones de mayor eficacia.

Gracias a estas aportaciones, algunos Pa铆ses del Tercer Mundo, no obstante el peso de numerosos condicionamientos negativos, han logrado alcanzar una cierta autosuficiencia alimentaria, o un grado de industrializaci贸n que les permite subsistir dignamente y garantizar fuentes de trabajo a la poblaci贸n activa.

Por consiguiente, no todo es negativo en el mundo contempor谩neo 鈥攜 no pod铆a ser de otra manera鈥� porque la Providencia del Padre celestial vigila con amor tambi茅n sobre nuestras preocupaciones diarias (cf. Mt 6, 25-32; 10, 23-31; Lc 12, 6-7; 22, 20); es m谩s, los valores positivos se帽alados revelan una nueva preocupaci贸n moral, sobre todo en orden a los grandes problemas humanos, como son el desarrollo y la paz.

Esta realidad me mueve a reflexionar sobre la verdadera naturaleza del desarrollo de los pueblos, de acuerdo con la Enc铆clica cuyo aniversario celebramos, y como homenaje a su ense帽anza.

IV. EL AUT脡NTICO DESARROLLO HUMANO

27.La mirada que la Enc铆clica invita a dar sobre el mundo contempor谩neo nos hace constatar, ante todo, que el desarrollo no es un proceso rectil铆neo, casi autom谩tico y de por s铆 ilimitado, como si, en ciertas condiciones, el g茅nero humano marchara seguro hacia una especie de perfecci贸n indefinida. 49 Esta concepci贸n 鈥攗nida a una noci贸n de 芦progreso禄 de connotaciones filos贸ficas de tipo iluminista, m谩s bien que a la de 芦desarrollo禄, 50 usada en sentido espec铆ficamente econ贸mico-social鈥� parece puesta ahora seriamente en duda, sobre todo despu茅s de la tr谩gica experiencia de las dos guerras mundiales, de la destrucci贸n planeada y en parte realizada de poblaciones enteras y del peligro at贸mico que amenaza. A un ingenuo optimismo mecanicista le reemplaza una fundada inquietud por el destino de la humanidad.

28.Pero al mismo tiempo ha entrado en crisis la misma concepci贸n 芦econ贸mica禄 o 芦economicista禄 vinculada a la palabra desarrollo. En efecto, hoy se comprende mejor que la mera acumulaci贸n de bienes y servicios, incluso en favor de una mayor铆a, no basta para proporcionar la felicidad humana. Ni, por consiguiente, la disponibilidad de m煤ltiples beneficios reales, aportados en los tiempos recientes por la ciencia y la t茅cnica, incluida la inform谩tica, traen consigo la liberaci贸n de cualquier forma de esclavitud. Al contrario, la experiencia de los 煤ltimos a帽os demuestra que si toda esta considerable masa de recursos y potencialidades, puestas a disposici贸n del hombre, no es regida por un objetivo moral y por una orientaci贸n que vaya dirigida al verdadero bien del g茅nero humano, se vuelve f谩cilmente contra 茅l para oprimirlo.

Deber铆a ser altamente instructiva una constataci贸n desconcertante de este per铆odo m谩s reciente: junto a las miserias del subdesarrollo, que son intolerables, nos encontramos con una especie de superdesarrollo, igualmente inaceptable porque, como el primero, es contrario al bien y a la felicidad aut茅ntica. En efecto, este superdesarrollo, consistente en la excesiva disponibilidad de toda clase de bienes materiales para algunas categor铆as sociales, f谩cilmente hace a los hombres esclavos de la 芦posesi贸n禄 y del goce inmediato, sin otro horizonte que la multiplicaci贸n o la continua sustituci贸n de los objetos que se poseen por otros todav铆a m谩s perfectos. Es la llamada civilizaci贸n del 芦consumo禄 o consumismo, que comporta tantos 芦desechos禄 o 芦basuras禄. Un objeto pose铆do, y ya superado por otro m谩s perfecto, es descartado simplemente, sin tener en cuenta su posible valor permanente para uno mismo o para otro ser humano m谩s pobre.

Todos somos testigos de los tristes efectos de esta ciega sumisi贸n al mero consumo: en primer t茅rmino, una forma de materialismo craso, y al mismo tiempo una radical insatisfacci贸n, porque se comprende r谩pidamente que, 鈥攕i no se est谩 prevenido contra la inundaci贸n de mensajes publicitarios y la oferta incesante y tentadora de productos鈥� cuanto m谩s se posee m谩s se desea, mientras las aspiraciones m谩s profundas quedan sin satisfacer, y quiz谩s incluso sofocadas.

La Enc铆clica del Papa Pablo VI se帽alaba esta diferencia, hoy tan frecuentemente acentuada, entre el 芦tener禄 y el 芦ser禄, 51 que el Concilio Vaticano II hab铆a expresado con palabras precisas. 52 芦Tener禄 objetos y bienes no perfecciona de por s铆 al sujeto, si no contribuye a la maduraci贸n y enriquecimiento de su 芦ser禄, es decir, a la realizaci贸n de la vocaci贸n humana como tal.

Ciertamente, la diferencia entre 芦ser禄 y 芦tener禄, y el peligro inherente a una mera multiplicaci贸n o sustituci贸n de cosas pose铆das respecto al valor del 芦ser禄, no debe transformarse necesariamente en una antinomia. Una de las mayores injusticias del mundo contempor谩neo consiste precisamente en esto: en que son relativamente pocos los que poseen mucho, y muchos los que no poseen casi nada. Es la injusticia de la mala distribuci贸n de los bienes y servicios destinados originariamente a todos.

Este es pues el cuadro: est谩n aqu茅llos 鈥攍os pocos que poseen mucho鈥� que no llegan verdaderamente a 芦ser禄, porque, por una inversi贸n de la jerarqu铆a de los valores, se encuentran impedidos por el culto del 芦tener禄; y est谩n los otros 鈥攍os muchos que poseen poco o nada鈥� los cuales no consiguen realizar su vocaci贸n humana fundamental al carecer de los bienes indispensables.

El mal no consiste en el 芦tener禄 como tal, sino en el poseer que no respeta la calidad y la ordenada jerarqu铆a de los bienes que se tienen. Calidad y jerarqu铆a que derivan de la subordinaci贸n de los bienes y de su disponibilidad al 芦ser禄 del hombre y a su verdadera vocaci贸n.

Con esto se demuestra que si el desarrollo tiene una necesaria dimensi贸n econ贸mica, puesto que debe procurar al mayor n煤mero posible de habitantes del mundo la disponibilidad de bienes indispensables para 芦ser禄, sin embargo no se agota con esta dimensi贸n. En cambio, si se limita a 茅sta, el desarrollo se vuelve contra aqu茅llos mismos a quienes se desea beneficiar.

Las caracter铆sticas de un desarrollo pleno, 芦m谩s humano禄, el cual 鈥攕in negar las necesidades econ贸micas鈥� procure estar a la altura de la aut茅ntica vocaci贸n del hombre y de la mujer, han sido descritas por Pablo VI. 53

29.Por eso, un desarrollo no solamente econ贸mico se mide y se orienta seg煤n esta realidad y vocaci贸n del hombre visto globalmente, es decir, seg煤n un propio par谩metro interior. Este, ciertamente, necesita de los bienes creados y de los productos de la industria, enriquecida constantemente por el progreso cient铆fico y tecnol贸gico. Y la disponibilidad siempre nueva de los bienes materiales, mientras satisface las necesidades, abre nuevos horizontes. El peligro del abuso consum铆stico y de la aparici贸n de necesidades artificiales, de ninguna manera deben impedir la estima y utilizaci贸n de los nuevos bienes y recursos puestos a nuestra disposici贸n. Al contrario, en ello debemos ver un don de Dios y una respuesta a la vocaci贸n del hombre, que se realiza plenamente en Cristo.

Mas para alcanzar el verdadero desarrollo es necesario no perder de vista dicho par谩metro, que est谩 en la naturaleza espec铆fica del hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. G茅n 1, 26). Naturaleza corporal y espiritual, simbolizada en el segundo relato de la creaci贸n por dos elementos: la tierra, con la que Dios modela al hombre, y el h谩lito de vida infundido en su rostro (cf. G茅n 2, 7).

El hombre tiene as铆 una cierta afinidad con las dem谩s creaturas: est谩 llamado a utilizarlas, a ocuparse de ellas y 鈥攕iempre seg煤n la narraci贸n del G茅nesis (2, 15)鈥� es colocado en el jard铆n para cultivarlo y custodiarlo, por encima de todos los dem谩s seres puestos por Dios bajo su dominio (cf. ibid. 1, 15 s.). Pero al mismo tiempo, el hombre debe someterse a la voluntad de Dios, que le pone l铆mites en el uso y dominio de las cosas (cf. ibid. 2, 16 s.), a la par que le promete la inmortalidad (cf. ibid. 2, 9; Sab 2, 23). El hombre, pues, al ser imagen de Dios, tiene una verdadera afinidad con El. Seg煤n esta ense帽anza, el desarrollo no puede consistir solamente en el uso, dominio y posesi贸n indiscriminada de las cosas creadas y de los productos de la industria humana, sino m谩s bien en subordinar la posesi贸n, el dominio y el uso a la semejanza divina del hombre y a su vocaci贸n a la inmortalidad. Esta es la realidad trascendente del ser humano, la cual desde el principio aparece participada por una pareja, hombre y mujer (cf. G茅n 1, 27), y es por consiguiente fundamentalmente social.

30.Seg煤n la Sagrada Escritura, pues, la noci贸n de desarrollo no es solamente 芦laica禄 o 芦profana禄, sino que aparece tambi茅n, aunque con una fuerte acentuaci贸n socioecon贸mica, como la expresi贸n moderna de una dimensi贸n esencial de la vocaci贸n del hombre. En efecto, el hombre no ha sido creado, por as铆 decir, inm贸vil y est谩tico. La primera presentaci贸n que de 茅l ofrece la Biblia, lo describe ciertamente como creatura y como imagen, determinada en su realidad profunda por el origen y el parentesco que lo constituye. Pero esto mismo pone en el ser humano, hombre y mujer, el germen y la exigencia de una tarea originaria a realizar, cada uno por separado y tambi茅n como pareja. La tarea es 芦dominar禄 las dem谩s creaturas, 芦cultivar el jard铆n禄; pero hay que hacerlo en el marco de obediencia a la ley divina y, por consiguiente, en el respeto de la imagen recibida, fundamento claro del poder de dominio, concedido en orden a su perfeccionamiento (cf. G茅n 1, 26-30; 2, 15 s.; Sab 9, 2 s.).

Cuando el hombre desobedece a Dios y se niega a someterse a su potestad, entonces la naturaleza se le rebela y ya no le reconoce como se帽or, porque ha empa帽ado en s铆 mismo la imagen divina. La llamada a poseer y usar lo creado permanece siempre v谩lida, pero despu茅s del pecado su ejercicio ser谩 arduo y lleno de sufrimientos (cf. G茅n 3, 17-19).

En efecto, el cap铆tulo siguiente del G茅nesis nos presenta la descendencia de Ca铆n, la cual construye una ciudad, se dedica a la ganader铆a, a las artes (la m煤sica) y a la t茅cnica (la metalurgia), y al mismo tiempo se empez贸 a 芦invocar el nombre del Se帽or禄 (cf. ibid. 4, 17-26).

La historia del g茅nero humano, descrita en la Sagrada Escritura, incluso despu茅s de la ca铆da en el pecado, es una historia de continuas realizaciones que, aunque puestas siempre en crisis y en peligro por el pecado, se repiten, enriquecen y se difunden como respuesta a la vocaci贸n divina se帽alada desde el principio al hombre y a la mujer (cf. G茅n 1, 26-28) y grabada en la imagen recibida por ellos.

Es l贸gico concluir, al menos para quienes creen en la Palabra de Dios, que el 芦desarrollo禄 actual debe ser considerado como un momento de la historia iniciada en la creaci贸n y constantemente puesta en peligro por la infidelidad a la voluntad del Creador, sobre todo por la tentaci贸n de la idolatr铆a, pero que corresponde fundamentalmente a las premisas iniciales. Quien quisiera renunciar a la tarea, dif铆cil pero exaltante, de elevar la suerte de todo el hombre y de todos los hombre, bajo el pretexto del peso de la lucha y del esfuerzo incesante de superaci贸n, o incluso por la experiencia de la derrota y del retorno al punto de partida, faltar铆a a la voluntad de Dios Creador. Bajo este aspecto en la Enc铆clica Laborem exercens me he referido a la vocaci贸n del hombre al trabajo, para subrayar el concepto de que siempre es 茅l el protagonista del desarrollo. 54

M谩s a煤n, el mismo Se帽or Jes煤s, en la par谩bola de los talentos pone de relieve el trato severo reservado al que os贸 esconder el talento recibido: 芦Siervo malo y perezoso, sab铆as que yo cosecho donde no sembr茅 y recojo donde no esparc铆... Quitadle, por tanto, su talento y d谩dselo al que tiene los diez talentos禄 (Mt 25, 26-28). A nosotros, que recibimos los dones de Dios para hacerlos fructificar, nos toca 芦sembrar禄 y 芦recoger禄. Si no lo hacemos, se nos quitar谩 incluso lo que tenemos.

Meditar sobre estas severas palabras nos ayudar谩 a comprometernos m谩s resueltamente en el deber, hoy urgente para todos, de cooperar en el desarrollo pleno de los dem谩s: 芦desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres禄. 55

31.La fe en Cristo Redentor, mientras ilumina interiormente la naturaleza del desarrollo, gu铆a tambi茅n en la tarea de colaboraci贸n. En la Carta de San Pablo a los Colosenses leemos que Cristo es 芦el primog茅nito de toda la creaci贸n禄 y que 芦todo fue creado por 茅l y para 茅l禄 (1, 15-16). En efecto, 芦todo tiene en 茅l su consistencia禄 porque 芦Dios tuvo a bien hacer residir en 茅l toda la plenitud y reconciliar por 茅l y para 茅l todas las cosas禄. (Ibid., 1, 20).

En este plan divino, que comienza desde la eternidad en Cristo, 芦Imagen禄 perfecta del Padre, y culmina en 茅l, 芦Primog茅nito de entre los muertos禄 (Ibid., 1, 15. 18), se inserta nuestra historia, marcada por nuestro esfuerzo personal y colectivo por elevar la condici贸n humana, vencer los obst谩culos que surgen siempre en nuestro camino, disponi茅ndonos as铆 a participar en la plenitud que 芦reside en el Se帽or禄 y que la comunica 芦a su Cuerpo, la Iglesia禄 (Ibid., 1, 18; cf. Ef 1, 22-23), mientras el pecado, que siempre nos acecha y compromete nuestras realizaciones humanas, es vencido y rescatado por la 芦reconciliaci贸n禄 obrada por Cristo (cf. Col 1, 20).

Aqu铆 se abren las perspectivas. El sue帽o de un 芦progreso indefinido禄 se verifica, transformado radicalmente por la nueva 贸ptica que abre la fe cristiana, asegur谩ndonos que este progreso es posible solamente porque Dios Padre ha decidido desde el principio hacer al hombre part铆cipe de su gloria en Jesucristo resucitado, porque 芦en 茅l tenemos por medio de su sangre el perd贸n de los delitos禄 (Ef 1, 7), y en 茅l ha querido vencer al pecado y hacerlo servir para nuestro bien m谩s grande, 56 que supera infinitamente lo que el progreso podr铆a realizar.

Podemos decir, pues, 鈥攎ientras nos debatimos en medio de las oscuridades y carencias del subdesarrollo y del superdesarrollo鈥� que un d铆a, cuando a este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad禄 (1 Cor 15, 54), cuando el Se帽or 芦entregue a Dios Padre el Reino禄 (Ibid., 15, 24), todas las obras y acciones, dignas del hombre, ser谩n rescatadas.

Adem谩s, esta concepci贸n de la fe explica claramente por qu茅 la Iglesia se preocupa de la problem谩tica del desarrollo, lo considera un deber de su ministerio pastoral, y ayuda a todos a reflexionar sobre la naturaleza y las caracter铆sticas del aut茅ntico desarrollo humano. Al hacerlo, desea por una parte, servir al plan divino que ordena todas las cosas hacia la plenitud que reside en Cristo (cf. Col 1, 19) y que 茅l comunic贸 a su Cuerpo, y por otra, responde a la vocaci贸n fundamental de 芦sacramento; o sea, signo e instrumento de la 铆ntima uni贸n con Dios y de la unidad de todo el g茅nero humano禄. 57

Algunos Padres de la Iglesia se han inspirado en esta visi贸n para elaborar, de forma original, su concepci贸n del sentido de la historia y del trabajo humano, como encaminado a un fin que lo supera y definido siempre por su relaci贸n con la obra de Cristo. En otras palabras, es posible encontrar en la ense帽anza patr铆stica una visi贸n optimista de la historia y del trabajo, o sea, del valor perenne de las aut茅nticas realizaciones humanas, en cuanto rescatadas por Cristo y destinadas al Reino prometido. 58 As铆, pertenece a la ense帽anza y a la praxis m谩s antigua de la Iglesia la convicci贸n de que ella misma, sus ministros y cada uno de sus miembros, est谩n llamados a aliviar la miseria de los que sufren cerca o lejos, no s贸lo con lo 芦superfluo禄, sino con lo 芦necesario禄. Ante los casos de necesidad, no se debe dar preferencia a los adornos superfluos de los templos y a los objetos preciosos del culto divino; al contrario, podr铆a ser obligatorio enajenar estos bienes para dar pan, bebida, vestido y casa a quien carece de ello. 59 Como ya se ha dicho, se nos presenta aqu铆 una 芦jerarqu铆a de valores禄 鈥攅n el marco del derecho de propiedad鈥� entre el 芦tener禄 y el 芦ser禄, sobre todo cuando el 芦tener禄 de algunos puede ser a expensas del 芦ser禄 de tantos otros.

El Papa Pablo VI, en su Enc铆clica, sigue esta ense帽anza, inspir谩ndose en la Constituci贸n pastoral Gaudium et spes. 60 Por mi parte, deseo insistir tambi茅n sobre su gravedad y urgencia, pidiendo al Se帽or fuerza para todos los cristianos a fin de poder pasar fielmente a su aplicaci贸n pr谩ctica.

32.La obligaci贸n de empe帽arse por el desarrollo de los pueblos no es un deber solamente individual, ni mucho menos individualista, como si se pudiera conseguir con los esfuerzos aislados de cada uno. Es un imperativo para todos y cada uno de los hombres y mujeres, para las sociedades y las naciones, en particular para la Iglesia cat贸lica y para las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, con las que estamos plenamente dispuestos a colaborar en este campo. En este sentido, as铆 como nosotros los cat贸licos invitamos a los hermanos separados a participar en nuestras iniciativas, del mismo modo nos declaramos dispuestos a colaborar en las suyas, aceptando las invitaciones que nos han dirigido. En esta b煤squeda del desarrollo integral del hombre podemos hacer mucho tambi茅n con los creyentes de las otras religiones, como en realidad ya se est谩 haciendo en diversos lugares. En efecto, la cooperaci贸n al desarrollo de todo el hombre y de cada hombre es un deber de todos para con todos y, al mismo tiempo, debe ser com煤n a las cuatro partes del mundo: Este y Oeste, Norte y Sur; o, a los diversos 芦mundos禄, como suele decirse hoy. De lo contrario, si trata de realizarlo en una sola parte, o en un solo mundo, se hace a expensas de los otros; y all铆 donde comienza, se hipertrofia y se pervierte al no tener en cuenta a los dem谩s. Los pueblos y las Naciones tambi茅n tienen derecho a su desarrollo pleno, que, si bien implica 鈥攃omo se ha dicho鈥� los aspectos econ贸micos y sociales, debe comprender tambi茅n su identidad cultural y la apertura a lo trascendente. Ni siquiera la necesidad del desarrollo puede tomarse como pretexto para imponer a los dem谩s el propio modo de vivir o la propia fe religiosa.

33.No ser铆a verdaderamente digno del hombre un tipo de desarrollo que no respetara y promoviera los derechos humanos, personales y sociales, econ贸micos y pol铆ticos, incluidos los derechos de las Naciones y de los pueblos.

Hoy, quiz谩 m谩s que antes, se percibe con mayor claridad la contradicci贸n intr铆nseca de un desarrollo que fuera solamente econ贸mico. Este subordina f谩cilmente la persona humana y sus necesidades m谩s profundas a las exigencias de la planificaci贸n econ贸mica o de la ganancia exclusiva.

La conexi贸n intr铆nseca entre desarrollo aut茅ntico y respeto de los derechos del hombre, demuestra una vez m谩s su car谩cter moral: la verdadera elevaci贸n del hombre, conforme a la vocaci贸n natural e hist贸rica de cada uno, no se alcanza explotando solamente la abundancia de bienes y servicios, o disponiendo de infraestructuras perfectas.

Cuando los individuos y las comunidades no ven rigurosamente respetadas las exigencias morales, culturales y espirituales fundadas sobre la dignidad de la persona y sobre la identidad propia de cada comunidad, comenzando por la familia y las sociedades religiosas, todo lo dem谩s 鈥攄isponibilidad de bienes, abundancia de recursos t茅cnicos aplicados a la vida diaria, un cierto nivel de bienestar material鈥� resultar谩 insatisfactorio y, a la larga, despreciable. Lo dice claramente el Se帽or en el Evangelio, llamando la atenci贸n de todos sobre la verdadera jerarqu铆a de valores: 芦驴De qu茅 le servir谩 al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?禄 (Mt 16, 26).

El verdadero desarrollo, seg煤n las exigencias propias del ser humano, hombre o mujer, ni帽o, adulto o anciano, implica sobre todo por parte de cuantos intervienen activamente en ese proceso y son sus responsables, una viva conciencia del valor de los derechos de todos y de cada uno, as铆 como de la necesidad de respetar el derecho de cada uno a la utilizaci贸n plena de los beneficios ofrecidos por la ciencia y la t茅cnica. En el orden interno de cada Naci贸n, es muy importante que sean respetados todos los derechos: especialmente el derecho a la vida en todas las fases de la existencia; los derechos de la familia, como comunidad social b谩sica o 芦c茅lula de la sociedad禄; la justicia en las relaciones laborales; los derechos concernientes a la vida de la comunidad pol铆tica en cuanto tal, as铆 como los basados en la vocaci贸n trascendente del ser humano, empezando por el derecho a la libertad de profesar y practicar el propio credo religioso.

En el orden internacional, o sea, en las relaciones entre los Estados o, seg煤n el lenguaje corriente, entre los diversos 芦mundos禄, es necesario el pleno respeto de la identidad de cada pueblo, con sus caracter铆sticas hist贸ricas y culturales. Es indispensable adem谩s, como ya ped铆a la Enc铆clica Populorum progressio que se reconozca a cada pueblo igual derecho a 芦sentarse a la mesa del banquete com煤n禄, 61 en lugar de yacer a la puerta como L谩zaro, mientras 芦los perros vienen y lamen las llagas禄 (cf. Lc 16, 21). Tanto los pueblos como las personas individualmente deben disfrutar de una igualdad fundamental 62 sobre la que se basa, por ejemplo, la Carta de la Organizaci贸n de las Naciones Unidas: igualdad que es el fundamento del derecho de todos a la participaci贸n en el proceso de desarrollo pleno. Para ser tal, el desarrollo debe realizarse en el marco de la solidaridad y de la libertad, sin sacrificar nunca la una a la otra bajo ning煤n pretexto. El car谩cter moral del desarrollo y la necesidad de promoverlo son exaltados cuando se respetan rigurosamente todas las exigencias derivadas del orden de la verdad y del bien propios de la creatura humana. El cristiano, adem谩s, educado a ver en el hombre la imagen de Dios, llamado a la participaci贸n de la verdad y del bien que es Dios mismo, no comprende un empe帽o por el desarrollo y su realizaci贸n sin la observancia y el respeto de la dignidad 煤nica de esta 芦imagen禄. En otras palabras, el verdadero desarrollo debe fundarse en el amor a Dios y al pr贸jimo, y favorecer las relaciones entre los individuos y las sociedades. Esta es la 芦civilizaci贸n del amor禄, de la que hablaba con frecuencia el Papa Pablo VI.

34.El car谩cter moral del desarrollo no puede prescindir tampoco del respeto por los seres que constituyen la naturaleza visible y que los griegos, aludiendo precisamente al orden que lo distingue, llamaban el 芦cosmos禄. Estas realidades exigen tambi茅n respeto, en virtud de una triple consideraci贸n que merece atenta reflexi贸n.

La primera consiste en la conveniencia de tomar mayor conciencia de que no se pueden utilizar impunemente las diversas categor铆as de seres, vivos o inanimados 鈥攁nimales, plantas, elementos naturales鈥� como mejor apetezca, seg煤n las propias exigencias econ贸micas. Al contrario, conviene tener en cuenta la naturaleza de cada ser y su mutua conexi贸n en un sistema ordenado, que es precisamente el cosmos.

La segunda consideraci贸n se funda, en cambio, en la convicci贸n, cada vez mayor tambi茅n de la limitaci贸n de los recursos naturales, algunos de los cuales no son, como suele decirse, renovables. Usarlos como si fueran inagotables, con dominio absoluto, pone seriamente en peligro su futura disponibilidad, no s贸lo para la generaci贸n presente, sino sobre todo para las futuras.

La tercera consideraci贸n se refiere directamente a las consecuencias de un cierto tipo de desarrollo sobre la calidad de la vida en las zonas industrializadas. Todos sabemos que el resultado directo o indirecto de la industrializaci贸n es, cada vez m谩s, la contaminaci贸n del ambiente, con graves consecuencias para la salud de la poblaci贸n.

Una vez m谩s, es evidente que el desarrollo, as铆 como la voluntad de planificaci贸n que lo dirige, el uso de los recursos y el modo de utilizarlos no est谩n exentos de respetar las exigencias morales. Una de 茅stas impone sin duda l铆mites al uso de la naturaleza visible. El dominio confiado al hombre por el Creador no es un poder absoluto, ni se puede hablar de libertad de 芦usar y abusar禄, o de disponer de las cosas como mejor parezca. La limitaci贸n impuesta por el mismo Creador desde el principio, y expresada simb贸licamente con la prohibici贸n de 芦comer del fruto del 谩rbol禄 (cf. G茅n 2, 16 s.), muestra claramente que, ante la naturaleza visible, estamos sometidos a leyes no s贸lo biol贸gicas sino tambi茅n morales, cuya transgresi贸n no queda impune. Una justa concepci贸n del desarrollo no puede prescindir de estas consideraciones 鈥攔elativas al uso de los elementos de la naturaleza, a la renovabilidad de los recursos y a las consecuencias de una industrializaci贸n desordenada鈥�, las cuales ponen ante nuestra conciencia la dimensi贸n moral, que debe distinguir el desarrollo. 63

V. UNA LECTURA TEOL脫GICA DE LOS PROBLEMAS MODERNOS

35.A la luz del mismo car谩cter esencial moral, propio del desarrollo, hay que considerar tambi茅n los obst谩culos que se oponen a 茅l. Si durante los a帽os transcurridos desde la publicaci贸n de la Enc铆clica no se ha dado este desarrollo 鈥攐 se ha dado de manera escasa, irregular, cuando no contradictoria鈥�, las razones no pueden ser solamente econ贸micas. Hemos visto ya c贸mo intervienen tambi茅n motivaciones pol铆ticas. Las decisiones que aceleran o frenan el desarrollo de los pueblos, son ciertamente de car谩cter pol铆tico. Y para superar los mecanismos perversos que se帽al谩bamos m谩s arriba y sustituirlos con otros nuevos, m谩s justos y conformes al bien com煤n de la humanidad, es necesaria una voluntad pol铆tica eficaz. Por desgracia, tras haber analizado la situaci贸n, hemos de concluir que aquella ha sido insuficiente. En un documento pastoral como el presente, un an谩lisis limitado 煤nicamente a las causas econ贸micas y pol铆ticas del subdesarrollo y con las debidas referencias al llamado superdesarrollo, ser铆a incompleto. Es, pues, necesario individuar las causas de orden moral que, en el plano de la conducta de los hombres, considerados como personas responsables, ponen un freno al desarrollo e impiden su realizaci贸n plena. Igualmente, cuando se disponga de recursos cient铆ficos y t茅cnicos que mediante las necesarias y concretas decisiones pol铆ticas deben contribuir a encaminar finalmente los pueblos hacia un verdadero desarrollo, la superaci贸n de los obst谩culos mayores s贸lo se obtendr谩 gracias a decisiones esencialmente morales, las cuales, para los creyentes y especialmente los cristianos, se inspirar谩n en los principios de la fe, con la ayuda de la gracia divina.

36.Por tanto, hay que destacar que un mundo dividido en bloques, presididos a su vez por ideolog铆as r铆gidas, donde en lugar de la interdependencia y la solidaridad, dominan diferentes formas de imperialismo, no es m谩s que un mundo sometido a estructuras de pecado. La suma de factores negativos, que act煤an contrariamente a una verdadera conciencia del bien com煤n universal y de la exigencia de favorecerlo, parece crear, en las personas e instituciones, un obst谩culo dif铆cil de superar. 64 Si la situaci贸n actual hay que atribuirla a dificultades de diversa 铆ndole, se debe hablar de 芦estructuras de pecado禄, las cuales 鈥攃omo ya he dicho en la Exhortaci贸n Apost贸lica Reconciliatio et paenitentia鈥� se fundan en el pecado personal y, por consiguiente, est谩n unidas siempre a actos concretos de las personas, que las introducen, y hacen dif铆cil su eliminaci贸n. 65 Y as铆 estas mismas estructuras se refuerzan, se difunden y son fuente de otros pecados, condicionando la conducta de los hombres.

芦Pecado禄 y 芦estructuras de pecado禄, son categor铆as que no se aplican frecuentemente a la situaci贸n del mundo contempor谩neo. Sin embargo, no se puede llegar f谩cilmente a una comprensi贸n profunda de la realidad que tenemos ante nuestros ojos, sin dar un nombre a la ra铆z de los males que nos aquejan.

Se puede hablar ciertamente de 芦ego铆smo禄 y de 芦estrechez de miras禄. Se puede hablar tambi茅n de 芦c谩lculos pol铆ticos errados禄 y de 芦decisiones econ贸micas imprudentes禄. Y en cada una de estas calificaciones se percibe una resonancia de car谩cter 茅tico-moral. En efecto la condici贸n del hombre es tal que resulta dif铆cil analizar profundamente las acciones y omisiones de las personas sin que implique, de una u otra forma, juicios o referencias de orden 茅tico.

Esta valoraci贸n es de por s铆 positiva, sobre todo si llega a ser plenamente coherente y si se funda en la fe en Dios y en su ley, que ordena el bien y proh铆be el mal.

En esto est谩 la diferencia entre la clase de an谩lisis socio-pol铆tico y la referencia formal al 芦pecado禄 y a las 芦estructuras de pecado禄. Seg煤n esta 煤ltima visi贸n, se hace presente la voluntad de Dios tres veces Santo, su plan sobre los hombres, su justicia y su misericordia. Dios 芦rico en misericordia禄, 芦Redentor del hombre禄, 芦Se帽or y dador de vida禄, exige de los hombres actitudes precisas que se expresan tambi茅n en acciones u omisiones ante el pr贸jimo. Aqu铆 hay una referencia a la llamada 芦segunda tabla禄 de los diez Mandamientos (cf. Ex 20, 12-17; Dt 5, 16-21). Cuando no se cumplen 茅stos se ofende a Dios y se perjudica al pr贸jimo, introduciendo en el mundo condicionamientos y obst谩culos que van mucho m谩s all谩 de las acciones y de la breve vida del individuo. Afectan asimismo al desarrollo de los pueblos, cuya aparente dilaci贸n o lenta marcha debe ser juzgada tambi茅n bajo esta luz.

37.A este an谩lisis gen茅rico de orden religioso se pueden a帽adir algunas consideraciones particulares, para indicar que entre las opiniones y actitudes opuestas a la voluntad divina y al bien del pr贸jimo y las 芦estructuras禄 que conllevan, dos parecen ser las m谩s caracter铆sticas: el af谩n de ganancia exclusiva, por una parte; y por otra, la sed de poder, con el prop贸sito de imponer a los dem谩s la propia voluntad. A cada una de estas actitudes podr铆a a帽adirse, para caracterizarlas a煤n mejor, la expresi贸n: 芦a cualquier precio禄. En otras palabras, nos hallamos ante la absolutizaci贸n de actitudes humanas, con todas sus posibles consecuencias.

Ambas actitudes, aunque sean de por s铆 separables y cada una pueda darse sin la otra, se encuentran 鈥攅n el panorama que tenemos ante nuestros ojos鈥� indisolublemente unidas, tanto si predomina la una como la otra.

Y como es obvio, no son solamente los individuos quienes pueden ser v铆ctimas de estas dos actitudes de pecado pueden serlo tambi茅n las Naciones y los bloques. Y esto favorece mayormente la introducci贸n de las 芦estructuras de pecado禄, de las cuales he hablado antes. Si ciertas formas de 芦imperialismo禄 moderno se consideraran a la luz de estos criterios morales, se descubrir铆a que bajo ciertas decisiones, aparentemente inspiradas solamente por la econom铆a o la pol铆tica, se ocultan verdaderas formas de idolatr铆a: dinero, ideolog铆a, clase social y tecnolog铆a.

He cre铆do oportuno se帽alar este tipo de an谩lisis, ante todo para mostrar cu谩l es la naturaleza real del mal al que nos enfrentamos en la cuesti贸n del desarrollo de los pueblos; es un mal moral, fruto de muchos pecados que llevan a 芦estructuras de pecado禄. Diagnosticar el mal de esta manera es tambi茅n identificar adecuadamente, a nivel de conducta humana, el camino a seguir para superarlo.

38.Este camino es largo y complejo y adem谩s est谩 amenazado constantemente tanto por la intr铆nseca fragilidad de los prop贸sitos y realizaciones humanas, cuanto por la mutabilidad de las circunstancias externas tan imprevisibles. Sin embargo, debe ser emprendido decididamente y, en donde se hayan dado ya algunos pasos, o incluso recorrido una parte del mismo, seguirlo hasta el final. En el plano de la consideraci贸n presente, la decisi贸n de emprender ese camino o seguir avanzando implica ante todo un valor moral, que los hombres y mujeres creyentes reconocen como requerido por la voluntad de Dios, 煤nico fundamento verdadero de una 茅tica absolutamente vinculante.

Es de desear que tambi茅n los hombres y mujeres sin una fe expl铆cita se convenzan de que los obst谩culos opuestos al pleno desarrollo no son solamente de orden econ贸mico, sino que dependen de actitudes m谩s profundas que se traducen, para el ser humano, en valores absolutos. En este sentido, es de esperar que todos aqu茅llos que, en una u otra medida, son responsables de una 芦vida m谩s humana禄 para sus semejantes 鈥攅st茅n inspirados o no por una fe religiosa鈥� se den cuenta plenamente de la necesidad urgente de un cambio en las actitudes espirituales que definen las relaciones de cada hombre consigo mismo, con el pr贸jimo, con las comunidades humanas, incluso las m谩s lejanas y con la naturaleza; y ello en funci贸n de unos valores superiores, como el bien com煤n, o el pleno desarrollo 芦de todo el hombre y de todos los hombres禄, seg煤n la feliz expresi贸n de la Enc铆clica Populorum Progressio. 66

Para los cristianos, as铆 como para quienes la palabra 芦pecado禄 tiene un significado teol贸gico preciso, este cambio de actitud o de mentalidad, o de modo de ser, se llama, en el lenguaje b铆blico: 芦conversi贸n禄 (cf. Mc 1, 15; Lc 13, 35; Is 30, 15). Esta conversi贸n indica especialmente relaci贸n a Dios, al pecado cometido, a sus consecuencias, y, por tanto, al pr贸jimo, individuo o comunidad. Es Dios, en 芦cuyas manos est谩n los corazones de los poderosos禄, 67 y los de todos, quien puede, seg煤n su promesa, transformar por obra de su Esp铆ritu los 芦corazones de piedra禄, en 芦corazones de carne禄 (cf. Ez 36, 26).

En el camino hacia esta deseada conversi贸n hacia la superaci贸n de los obst谩culos morales para el desarrollo, se puede se帽alar ya, como un valor positivo y moral, la conciencia creciente de la interdependencia entre los hombres y entre las Naciones. El hecho de que los hombres y mujeres, en muchas partes del mundo, sientan como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidas en pa铆ses lejanos, que posiblemente nunca visitar谩n, es un signo m谩s de que esta realidad es transformada en conciencia, que adquiere as铆 una connotaci贸n moral.

Ante todo se trata de la interdependencia, percibida como sistema determinante de relaciones en el mundo actual, en sus aspectos econ贸mico, cultural, pol铆tico y religioso, y asumida como categor铆a moral. Cuando la interdependencia es reconocida as铆, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como 芦virtud禄, es la solidaridad. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinaci贸n firme y perseverante de empe帽arse por el bien com煤n; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinaci贸n se funda en la firme convicci贸n de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel af谩n de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado. Tales 芦actitudes y estructuras de pecado禄 solamente se vencen 鈥攃on la ayuda de la gracia divina鈥� mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del pr贸jimo, que est谩 dispuesto a 芦perderse禄, en sentido evang茅lico, por el otro en lugar de explotarlo, y a 芦servirlo禄 en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10, 40-42; 20, 25; Mc 10, 42-45; Lc 22, 25-27).

39.El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es v谩lido s贸lo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas. Los que cuentan m谩s, al disponer de una porci贸n mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse responsables de los m谩s d茅biles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Estos, por su parte, en la misma l铆nea de solidaridad, no deben adoptar una actitud meramente pasiva o destructiva del tejido social y, aunque reivindicando sus leg铆timos derechos, han de realizar lo que les corresponde, para el bien de todos. Por su parte, los grupos intermedios no han de insistir ego铆sticamente en sus intereses particulares, sino que deben respetar los intereses de los dem谩s.

Signos positivos del mundo contempor谩neo son la creciente conciencia de solidaridad de los pobres entre s铆, as铆 como tambi茅n sus iniciativas de mutuo apoyo y su afirmaci贸n p煤blica en el escenario social, no recurtiendo a la violencia, sino presentando sus carencias y sus derechos frente a la ineficiencia o a la corrupci贸n de los poderes p煤blicos. La Iglesia, en virtud de su compromiso evang茅lico, se siente llamada a estar junto a esas multitudes pobres, a discernir la justicia de sus reclamaciones y a ayudar a hacerlas realidad sin perder de vista al bien de los grupos en funci贸n del bien com煤n. El mismo criterio se aplica, por analog铆a, en las relaciones internacionales. La interdependencia debe convertirse en solidaridad, fundada en el principio de que los bienes de la creaci贸n est谩n destinados a todos. Y lo que la industria humana produce con la elaboraci贸n de las materias primas y con la aportaci贸n del trabajo, debe servir igualmente al bien de todos.

Superando los imperialismos de todo tipo y los prop贸sitos por mantener la propia hegemon铆a, las Naciones m谩s fuertes y m谩s dotadas deben sentirse moralmente responsables de las otras, con el fin de instaurar un verdadero sistema internacional que se base en la igualdad de todos los pueblos y en el debido respeto de sus leg铆timas diferencias. Los Pa铆ses econ贸micamente m谩s d茅biles, o que est谩n en el l铆mite de la supervivencia, asistidos por los dem谩s pueblos y por la comunidad internacional, deben ser capaces de aportar a su vez al bien com煤n sus tesoros de humanidad y de cultura, que de otro modo se perder铆an para siempre.

La solidaridad nos ayuda a ver al 芦otro禄 鈥攑ersona, pueblo o Naci贸n鈥�, no como un instrumento cualquiera para explotar a poco coste su capacidad de trabajo y resistencia f铆sica, abandon谩ndolo cuando ya no sirve, sino como un 芦semejante禄 nuestro, una 芦ayuda禄 (cf. G茅n 2, 18. 20), para hacerlo part铆cipe, como nosotros, del banquete de la vida al que todos los hombres son igualmente invitados por Dios. De aqu铆 la importancia de despertar la conciencia religiosa de los hombres y de los pueblos.

Se excluyen as铆 la explotaci贸n, la opresi贸n y la anulaci贸n de los dem谩s. Tales hechos, en la presente divisi贸n del mundo en bloques contrapuestos, van a confluir en el peligro de guerra y en la excesiva preocupaci贸n por la propia seguridad, frecuentemente a expensas de la autonom铆a, de la libre decisi贸n y de la misma integridad territorial de las Naciones m谩s d茅biles, que se encuentran en las llamadas 芦zonas de influencia禄 o en los 芦cinturones de seguridad禄.

Las 芦estructuras de pecado禄, y los pecados que conducen a ellas, se oponen con igual radicalidad a la paz y al desarrollo, pues el desarrollo, seg煤n la conocida expresi贸n de la Enc铆clica de Pablo VI, es 芦el nuevo nombre de la paz禄. 68

De esta manera, la solidaridad que proponemos es un camino hacia la paz y hacia el desarrollo. En efecto, la paz del mundo es inconcebible si no se logra reconocer, por parte de los responsable, que la interdependencia exige de por s铆 la superaci贸n de la pol铆tica de los bloques, la renuncia a toda forma de imperialismo econ贸mico, militar o pol铆tico, y la transformaci贸n de la mutua desconfianza en colaboraci贸n. Este es, precisamente, el acto propio de la solidaridad entre los individuos y entre las Naciones.

EL lema del pontificado de mi venerado predecesor P铆o XII era Opus iustitiae pax, la paz como fruto de la justicia. Hoy se podr铆a decir, con la misma exactitud y an谩loga fuerza de inspiraci贸n b铆blica (cf. Is 32, 17; Sant 32, 17), Opus solidaritatis pax, la paz como fruto de la solidaridad. El objetivo de la paz, tan deseada por todos, s贸lo se alcanzar谩 con la realizaci贸n de la justicia social e internacional, y adem谩s con la pr谩ctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos ense帽an a vivir unidos, para construir juntos, dando y recibiendo, una sociedad nueva y un mundo mejor.

40.La solidaridad es sin duda una virtud cristiana. Ya en la exposici贸n precedente se pod铆an vislumbrar numerosos puntos de contacto entre ella y la caridad, que es signo distintivo de los disc铆pulos de Cristo (cf. Jn 13, 35).

A la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a s铆 misma, al revestirse de las dimensiones espec铆ficamente cristianas de gratuidad total, perd贸n y reconciliaci贸n. Entonces el pr贸jimo no es solamente un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acci贸n permanente del Esp铆ritu Santo. Por tanto, debe ser amado, aunque sea enemigo, con el mismo amor con que le ama el Se帽or, y por 茅l se debe estar dispuestos al sacrificio, incluso extremo: 芦dar la vida por los hermanos禄 (cf. 1 Jn 3, 16).

Entonces la conciencia de la paternidad com煤n de Dios, de la hermandad de todos los hombres en Cristo, 芦hijos en el Hijo禄, de la presencia y acci贸n vivificadora del Esp铆ritu Santo, conferir谩 a nuestra mirada sobre el mundo un nuevo criterio para interpretarlo. Por encima de los v铆nculos humanos y naturales, tan fuertes y profundos, se percibe a la luz de la fe un nuevo modelo de unidad del g茅nero humano, en el cual debe inspirarse en 煤ltima instancia la solidaridad. Este supremo modelo de unidad, reflejo de la vida 铆ntima de Dios, Uno en tres Personas, es lo que los cristianos expresamos con la palabra 芦comuni贸n禄. Esta comuni贸n, espec铆ficamente cristiana, celosamente custodiada, extendida y enriquecida con la ayuda del Se帽or, es el alma de la vocaci贸n de la Iglesia a ser 芦sacramento禄, en el sentido ya indicado.

Por eso la solidaridad debe cooperar en la realizaci贸n de este designio divino, tanto a nivel individual, como a nivel nacional e internacional. Los 芦mecanismos perversos禄 y las 芦estructuras de pecado禄, de que hemos hablado, s贸lo podr谩n ser vencidos mediante el ejercicio de la solidaridad humana y cristiana, a la que la Iglesia invita y que promueve incansablemente. S贸lo as铆 tantas energ铆as positivas podr谩n ser dedicadas plenamente en favor del desarrollo y de la paz. Muchos santos canonizados por la Iglesia dan admirable testimonio de esta solidaridad y sirven de ejemplo en las dif铆ciles circunstancias actuales. Entre ellos deseo recordar a San Pedro Claver, con su servicio a los esclavos en Cartagena de Indias, y a San Maximiliano Mar铆a Kolbe, dando su vida por un prisionero desconocido en el campo de concentraci贸n de Auschwitz-Oswiecim.

VI. ALGUNAS ORIENTACIONES PARTICULARES

41.La Iglesia no tiene soluciones t茅cnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo en cuanto tal, como ya afirm贸 el Papa Pablo VI, en su Enc铆clica. 69 En efecto, no propone sistemas o programas econ贸micos y pol铆ticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo. Pero la Iglesia es 芦experta en humanidad禄, 70 y esto la mueve a extender necesariamente su misi贸n religiosa a los diversos campos en que los hombres y mujeres desarrollan sus actividades, en busca de la felicidad, aunque siempre relativa, que es posible en este mundo, de acuerdo con su dignidad de personas.

Siguiendo a mis predecesores, he de repetir que el desarrollo para que sea aut茅ntico, es decir, conforme a la dignidad del hombre y de los pueblos, no puede ser reducido solamente a un problema 芦t茅cnico禄. Si se le reduce a esto, se le despoja de su verdadero contenido y se traiciona al hombre y a los pueblos, a cuyo servicio debe ponerse.

Por esto la Iglesia tiene una palabra que decir, tanto hoy como hace veinte a帽os, as铆 como en el futuro, sobre la naturaleza, condiciones exigencias y finalidades del verdadero desarrollo y sobre los obst谩culos que se oponen a 茅l. Al hacerlo as铆, cumple su misi贸n evangelizadora, ya que da su primera contribuci贸n a la soluci贸n del problema urgente del desarrollo cuando proclama la verdad sobre Cristo, sobre s铆 misma y sobre el hombre, aplic谩ndola a una situaci贸n concreta. 71

A este fin la Iglesia utiliza como instrumento su doctrina social. En la dif铆cil coyuntura actual, para favorecer tanto el planteamiento correcto de los problemas como sus soluciones mejores, podr谩 ayudar mucho un conocimiento m谩s exacto y una difusi贸n m谩s amplia del 芦conjunto de principios de reflexi贸n, de criterios de juicio y de directrices de acci贸n禄 propuestos por su ense帽anza. 72

Se observar谩 as铆 inmediatamente, que las cuestiones que afrontamos son ante todo morales; y que ni el an谩lisis del problema del desarrollo como tal, ni los medios para superar las presentes dificultades pueden prescindir de esta dimensi贸n esencial.

La doctrina social de la Iglesia no es, pues, una 芦tercera v铆a禄 entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente, sino que tiene una categor铆a propia. No es tampoco una ideolog铆a, sino la cuidadosa formulaci贸n del resultado de una atenta reflexi贸n sobre las complejas realidades de la vida del hombre en la sociedad y en el contexto internacional, a la luz de la fe y de la tradici贸n eclesial. Su objetivo principal es interpretar esas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio ense帽a acerca del hombre y su vocaci贸n terrena y, a la vez, trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana. Por tanto, no pertenece al 谩mbito de la ideolog铆a, sino al de la teolog铆a y especialmente de la teolog铆a moral.

La ense帽anza y la difusi贸n de esta doctrina social forma parte de la misi贸n evangelizadora de la Iglesia. Y como se trata de una doctrina que debe orientar la conducta de las personas, tiene como consecuencia el 芦compromiso por la justicia禄 seg煤n la funci贸n, vocaci贸n y circunstancias de cada uno.

Al ejercicio de este ministerio de evangelizaci贸n en el campo social, que es un aspecto de la funci贸n prof茅tica de la Iglesia, pertenece tambi茅n la denuncia de los males y de las injusticias. Pero conviene aclarar que el anuncio es siempre mas importante que la denuncia, y que 茅sta no puede prescindir de aqu茅l, que le brinda su verdadera consistencia y la fuerza de su motivaci贸n m谩s alta.

42.La doctrina social de la Iglesia, hoy m谩s que nunca tiene el deber de abrirse a una perspectiva internacional en la l铆nea del Concilio Vaticano II, 73 de las recientes Enc铆clicas 74 y, en particular, de la que conmemoramos. 75 No ser谩, pues, superfluo examinar de nuevo y profundizar bajo esta luz los temas y las orientaciones caracter铆sticas, tratados por el Magisterio en estos a帽os.

Entre dichos temas quiero se帽alar aqu铆 la opci贸n o amor preferencial por los pobres. Esta es una opci贸n o una forma especial de primac铆a en el ejercicio de la caridad cristiana, de la cual da testimonio toda la tradici贸n de la Iglesia. Se refiere a la vida de cada cristiano, en cuanto imitador de la vida de Cristo, pero se aplica igualmente a nuestras responsabilidades sociales y, consiguientemente, a nuestro modo de vivir y a las decisiones que se deben tomar coherentemente sobre la propiedad y el uso de los bienes.

Pero hoy, vista la dimensi贸n mundial que ha adquirido la cuesti贸n social, 76 este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados m茅dicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de esta realidad. Ignorarlo significar铆a parecernos al 芦rico epul贸n禄 que fing铆a no conocer al mendigo L谩zaro, postrado a su puerta (cf. Lc 16, 19-31). 77

Nuestra vida cotidiana, as铆 como nuestras decisiones en el campo pol铆tico y econ贸mico deben estar marcadas por estas realidades. Igualmente los responsables de las Naciones y los mismos Organismos internacionales, mientras han de tener siempre presente como prioritaria en sus planes la verdadera dimensi贸n humana, no han de olvidar dar la precedencia al fen贸meno de la creciente pobreza. Por desgracia, los pobres, lejos de disminuir, se multiplican no s贸lo en los Pa铆ses menos desarrollados sino tambi茅n en los m谩s desarrollados, lo cual resulta no menos escandaloso.

Es necesario recordar una vez m谩s aquel principio peculiar de la doctrina cristiana: los bienes de este mundo est谩n originariamente destinados a todos. 78 El derecho a la propiedad privada es v谩lido y necesario, pero no anula el valor de tal principio. En efecto, sobre ella grava 芦una hipoteca social禄, 79 es decir, posee, como cualidad intr铆nseca, una funci贸n social fundada y justificada precisamente sobre el principio del destino universal de los bienes. En este empe帽o por los pobres, no ha de olvidarse aquella forma especial de pobreza que es la privaci贸n de los derechos fundamentales de la persona, en concreto el derecho a la libertad religiosa y el derecho, tambi茅n, a la iniciativa econ贸mica.

43.Esta preocupaci贸n acuciante por los pobres 鈥攓ue, seg煤n la significativa f贸rmula, son 芦los pobres del Se帽or禄 80 鈥� debe traducirse, a todos los niveles, en acciones concretas hasta alcanzar decididamente algunas reformas necesarias. Depende de cada situaci贸n local determinar las m谩s urgentes y los modos para realizarlas; pero no conviene olvidar las exigidas por la situaci贸n de desequilibrio internacional que hemos descrito.

A este respecto, deseo recordar particularmente: la reforma del sistema internacional de comercio, hipotecado por el proteccionismo y el creciente bilateralismo; la reforma del sistema monetario y financiero mundial, reconocido hoy como insuficiente; la cuesti贸n de los intercambios de tecnolog铆as y de su uso adecuado; la necesidad de una revisi贸n de la estructura de las Organizaciones internacionales existentes, en el marco de un orden jur铆dico internacional.

El sistema internacional de comercio hoy discrimina frecuentemente los productos de las industrias incipientes de los Pa铆ses en v铆as de desarrollo, mientras desalienta a los productores de materias primas. Existe, adem谩s, una cierta divisi贸n internacional del trabajo por la cual los productos a bajo coste de algunos Pa铆ses, carentes de leyes laborales eficaces o demasiado d茅biles en aplicarlas, se venden en otras partes del mundo con considerables beneficios para las empresas dedicadas a este tipo de producci贸n, que no conoce fronteras.

El sistema monetario y financiero mundial se caracteriza por la excesiva fluctuaci贸n de los m茅todos de intercambio y de inter茅s, en detrimento de la balanza de pagos y de la situaci贸n de endeudamiento de los Pa铆ses pobres.

Las tecnolog铆as y sus transferencias constituyen hoy uno de los problemas principales del intercambio internacional y de los graves da帽os que se derivan de ellos. No son raros los casos de Pa铆ses en v铆as de desarrollo a los que se niegan las tecnolog铆as necesarias o se les env铆an las in煤tiles.

Las Organizaciones internacionales, en opini贸n de muchos, habr铆an llegado a un momento de su existencia, en el que sus mecanismos de funcionamiento, los costes operativos y su eficacia requieren un examen atento y eventuales correciones. Evidentemente no se conseguir谩 tan delicado proceso sin la colaboraci贸n de todos. Esto supone la superaci贸n de las rivalidades pol铆ticas y la renuncia a la voluntad de instrumentalizar dichas Organizaciones, cuya raz贸n 煤nica de ser es el bien com煤n.

Las instituciones y las Organizaciones existentes han actuado bien en favor de los pueblos. Sin embargo, la humanidad, enfrentada a una etapa nueva y m谩s dif铆cil de su aut茅ntico desarrollo, necesita hoy un grado superior de ordenamiento internacional, al servicio de las sociedades, de las econ贸micas y de las culturas del mundo entero.

44.El desarrollo requiere sobre todo esp铆ritu de iniciativa por parte de los mismos Pa铆ses que lo necesitan. 81 Cada uno de ellos ha de actuar seg煤n sus propias responsabilidades, sin esperarlo todo de los Pa铆ses m谩s favorecidos y actuando en colaboraci贸n con los que se encuentran en la misma situaci贸n. Cada uno debe descubrir y aprovechar lo mejor posible el espacio de su propia libertad. Cada uno deber铆a llegar a ser capaz de iniciativas que respondan a las propias exigencias de la sociedad. Cada uno deber铆a darse cuenta tambi茅n de las necesidades reales, as铆, como de los derechos y deberes a que tienen que hacer frente. El desarrollo de los pueblos comienza y encuentra su realizaci贸n m谩s adecuada en el compromiso de cada pueblo para su desarrollo, en colaboraci贸n con todos los dem谩s.

Es importante, adem谩s, que las mismas Naciones en v铆as de desarrollo favorezcan la autoafirmaci贸n de cada uno de sus ciudadanos mediante el acceso a una mayor cultura y a una libre circulaci贸n de las informaciones. Todo lo que favorezca la alfabetizaci贸n y la educaci贸n de base, que la profundice y complete, como propon铆a la Enc铆clica Populorum Progressio, 82 鈥�metas todav铆a lejos de ser realidad en tantas partes del mundo鈥� es una contribuci贸n directa al verdadero desarrollo.

Para caminar en esta direcci贸n, las mismas Naciones han de individuar sus prioridades y detectar bien las propias necesidades seg煤n las particulares condiciones de su poblaci贸n, de su ambiente geogr谩fico y de sus tradiciones culturales. Algunas Naciones deber谩n incrementar la producci贸n alimentaria para tener siempre a su disposici贸n lo necesario para la nutrici贸n y la vida. En el mundo contempor谩neo,鈥攅n el que el hambre causa tantas v铆ctimas, especialmente entre los ni帽os鈥� existen algunas Naciones particularmente no desarrolladas que han conseguido el objetivo de la autosuficiencia alimentaria y que se han convertido en exportadoras de alimentos.

Otras Naciones necesitan reformar algunas estructuras y, en particular, sus instituciones pol铆ticas, para sustituir reg铆menes corrompidos, dictatoriales o autoritarios, por otros democr谩ticos y participativos. Es un proceso que, es de esperar, se extienda y consolide, porque la 芦salud禄 de una comunidad pol铆tica 鈥攅n cuanto se expresa mediante la libre participaci贸n y responsabilidad de todos los ciudadanos en la gesti贸n p煤blica, la seguridad del derecho, el respeto y la promoci贸n de los derechos humanos鈥� es condici贸n necesaria y garant铆a segura para el desarrollo de 芦todo el hombre y de todos los hombres禄.

45.Cuanto se ha dicho no se podr谩 realizar sin la colaboraci贸n de todos, especialmente de la comunidad internacional, en el marco de una solidaridad que abarque a todos, empezando por los m谩s marginados. Pero las mismas Naciones en v铆as de desarrollo tienen el deber de practicar la solidaridad entre s铆 y con los Pa铆ses m谩s marginados del mundo.

Es de desear, por ejemplo, que Naciones de una misma 谩rea geogr谩fica establezcan formas de cooperaci贸n que las hagan menos dependientes de productores m谩s poderosos; que abran sus fronteras a los productos de esa zona; que examinen la eventual complementariedad de sus productos; que se asocien para la dotaci贸n de servicios, que cada una por separado no ser铆a capaz de proveer; que extiendan esa cooperaci贸n al sector monetario y financiero.

La interdependencia es ya una realidad en muchos de estos Pa铆ses. Reconocerla, de manera que sea m谩s activa, representa una alternativa a la excesiva dependencia de Pa铆ses m谩s ricos y poderosos, en el orden mismo del desarrollo deseado, sin oponerse a nadie, sino descubriendo y valorizando al m谩ximo las propias responsabilidades. Los Pa铆ses en v铆as de desarrollo de una misma 谩rea geogr谩fica, sobre todo los comprendidos en la zona 芦Sur禄 pueden y deben constituir 鈥攃omo ya se comienza a hacer con resultados prometedores鈥� nuevas organizaciones regionales inspiradas en criterios de igualdad, libertad y participaci贸n en el concierto de las Naciones.

La solidaridad universal requiere, como condici贸n indispensable su autonom铆a y libre disponibilidad, incluso dentro de asociaciones como las indicadas. Pero, al mismo tiempo, requiere disponibilidad para aceptar los sacrificios necesarios por el bien de la comunidad mundial.

VII. CONCLUSI脫N

46.Los pueblos y los individuos aspiran a su liberaci贸n: la b煤squeda del pleno desarrollo es el signo de su deseo de superar los m煤ltiples obst谩culos que les impiden gozar de una 芦vida m谩s humana禄.

Recientemente, en el per铆odo siguiente a la publicaci贸n de la Enc铆clica Populorum Progressio, en algunas 谩reas de la Iglesia cat贸lica, particularmente en Am茅rica Latina, se ha difundido un nuevo modo de afrontar los problemas de la miseria y del subdesarrollo, que hace de la liberaci贸n su categor铆a fundamental y su primer principio de acci贸n. Los valores positivos, pero tambi茅n las desviaciones y los peligros de desviaci贸n, unidos a esta forma de reflexi贸n y de elaboraci贸n teol贸gica, han sido convenientemente se帽alados por el Magisterio de la Iglesia. 83

Conviene a帽adir que la aspiraci贸n a la liberaci贸n de toda forma de esclavitud, relativa al hombre y a la sociedad, es algo noble y v谩lido. A esto mira propiamente el desarrollo y la liberaci贸n, dada la 铆ntima conexi贸n existente entre estas dos realidades.

Un desarrollo solamente econ贸mico no es capaz de liberar al hombre, al contrario, lo esclaviza todav铆a m谩s. Un desarrollo que no abarque la dimensi贸n cultural, trascendente y religiosa del hombre y de la sociedad, en la medida en que no reconoce la existencia de tales dimensiones, no orienta en funci贸n de las mismas sus objetivos y prioridades, contribuir铆a a煤n menos a la verdadera liberaci贸n. El ser humano es totalmente libre s贸lo cuando es 茅l mismo, en la plenitud de sus derechos y deberes; y lo mismo cabe decir de toda la sociedad.

El principal obst谩culo que la verdadera liberaci贸n debe vencer es el pecado y las estructuras que llevan al mismo, a medida que se multiplican y se extienden. 84

La libertad con la cual Cristo nos ha liberado (cf. G谩l 5, 1) nos mueve a convertirnos en siervos de todos. De esta manera el proceso del desarrollo y de la liberaci贸n se concreta en el ejercicio de la solidaridad, es decir, del amor y servicio al pr贸jimo, particularmente a los m谩s pobres. 芦Porque donde faltan la verdad y el amor, el proceso de liberaci贸n lleva a la muerte de una libertad que habr铆a perdido todo apoyo禄. 85

47.En el marco de las tristes experiencias de estos 煤ltimos a帽os y del panorama prevalentemente negativo del momento presente, la Iglesia debe afirmar con fuerza la posibilidad de la superaci贸n de las trabas que por exceso o por defecto, se interponen al desarrollo, y la confianza en una verdadera liberaci贸n. Confianza y posibilidad fundadas, en 煤ltima instancia, en la conciencia que la Iglesia tiene de la promesa divina, en virtud de la cual la historia presente no est谩 cerrada en s铆 misma sino abierta al Reino de Dios.

La Iglesia tiene tambi茅n confianza en el hombre, aun conociendo la maldad de que es capaz, porque sabe bien 鈥攏o obstante el pecado heredado y el que cada uno puede cometer鈥� que hay en la persona humana suficientes cualidades y energ铆as, y hay una 芦bondad禄 fundamental (cf. G茅n 1, 31), porque es imagen de su Creador, puesta bajo el influjo redentor de Cristo, 芦cercano a todo hombre禄, 86 y porque la acci贸n eficaz del Esp铆ritu Santo 芦llena la tierra禄 (Sab 1, 7).

Por tanto, no se justifican ni la desesperaci贸n, ni el pesimismo, ni la pasividad. Aunque con tristeza, conviene decir que, as铆 como se puede pecar por ego铆smo, por af谩n de ganancia exagerada y de poder, se puede faltar tambi茅n 鈥攁nte las urgentes necesidades de unas muchedumbres hundidas en el subdesarrollo鈥� por temor, indecisi贸n y, en el fondo, por cobard铆a. Todos estamos llamados, m谩s a煤n obligados, a afrontar este tremendo desaf铆o de la 煤ltima d茅cada del segundo milenio. Y ello, porque unos peligros ineludibles nos amenazan a todos: una crisis econ贸mica mundial, una guerra sin fronteras, sin vencedores ni vencidos. Ante semejante amenaza, la distinci贸n entre personas y Pa铆ses ricos, entre personas y Pa铆ses pobres, contar谩 poco, salvo por la mayor responsabilidad de los que tienen m谩s y pueden m谩s.

Pero 茅ste no es el 煤nico ni el principal motivo. Lo que est谩 en juego es la dignidad de la persona humana, cuya defensa y promoci贸n nos han sido confiadas por el Creador, y de las que son rigurosa y responsablemente deudores los hombres y mujeres en cada coyuntura de la historia. El panorama actual 鈥攃omo muchos ya perciben m谩s o menos claramente鈥�, no parece responder a esta dignidad. Cada uno est谩 llamado a ocupar su propio lugar en esta campa帽a pac铆fica que hay que realizar con medios pac铆ficos para conseguir el desarrollo en la paz, para salvaguardar la misma naturaleza y el mundo que nos circunda. Tambi茅n la Iglesia se siente profundamente implicada en este camino, en cuyo 茅xito final espera.

Por eso, siguiendo la Enc铆clica Populorum progressio del Papa Pablo VI, 87 con sencillez y humildad quiero dirigirme a todos, hombres y mujeres sin excepci贸n, para que, convencidos de la gravedad del momento presente y de la respectiva responsabilidad individual, pongamos por obra, 鈥攃on el estilo personal y familiar de vida, con el uso de los bienes, con la participaci贸n como ciudadanos, con la colaboraci贸n en las decisiones econ贸micas y pol铆ticas y con la propia actuaci贸n a nivel nacional e internacional鈥� las medidas inspiradas en la solidaridad y en el amor preferencial por los pobres. As铆 lo requiere el momento, as铆 lo exige sobre todo la dignidad de la persona humana, imagen indestructible de Dios Creador, id茅ntica en cada uno de nosotros.

En este empe帽o deben ser ejemplo y gu铆a los hijos de la Iglesia, llamados, seg煤n el programa enunciado por el mismo Jes煤s en la sinagoga de Nazaret, a 芦anunciar a los pobres la Buena Nueva ... a proclamar la liberaci贸n de los cautivos, la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a帽o de gracia del Se帽or禄 (Lc 4, 18-19). Y en esto conviene subrayar el papel preponderante que cabe a los laicos, hombres y mujeres, como se ha dicho varias veces durante la reciente Asamblea sinodal. A ellos compete animar, con su compromiso cristiano, las realidades y, en ellas, procurar ser testigos y operadores de paz y de justicia

Quiero dirigirme especialmente a quienes por el sacramento del Bautismo y la profesi贸n de un mismo Credo, comparten con nosotros una verdadera comuni贸n, aunque imperfecta. Estoy seguro de que tanto la preocupaci贸n que esta Enc铆clica transmite, como las motivaciones que la animan, les ser谩n familiares, porque est谩n inspiradas en el Evangelio de Jesucristo. Podemos encontrar aqu铆 una nueva invitaci贸n a dar un testimonio un谩nime de nuestras comunes convicciones sobre la dignidad del hombre, creado por Dios, redimido por Cristo, santificado por el Esp铆ritu, y llamado en este mundo a vivir una vida conforme a esta dignidad.

A quienes comparten con nosotros la herencia de Abrah谩n, 芦nuestro padre en la fe禄 (cf. Rom 4, 11 s.), 88 y la tradici贸n del Antiguo Testamento, es decir, los Jud铆os; y a quienes, como nosotros, creen en Dios justo y misericordioso, es decir, los Musulmanes, dirijo igualmente este llamado, que hago extensivo, tambi茅n, a todos los seguidores de las grandes religiones del mundo.

El encuentro del 27 de septiembre del a帽o pasado en As铆s, ciudad de San Francisco, para orar y comprometernos por la paz 鈥�cada uno en fidelidad a la propia profesi贸n religiosa鈥� nos ha revelado a todos hasta qu茅 punto la paz y, su necesaria condici贸n, el desarrollo de 芦todo el hombre y de todos los hombres禄, son una cuesti贸n tambi茅n religiosa, y c贸mo la plena realizaci贸n de ambos depende de la fidelidad a nuestra vocaci贸n de hombres y mujeres creyentes. Porque depende ante todo de Dios.

48.La Iglesia sabe bien que ninguna realizaci贸n temporal se identifica con el Reino de Dios, pero que todas ellas no hacen m谩s que reflejar y en cierto modo anticipar la gloria de ese Reino, que esperamos al final de la historia, cuando el Se帽or vuelva. Pero la espera no podr谩 ser nunca una excusa para desentenderse de los hombres en su situaci贸n personal concreta y en su vida social, nacional e internacional, en la medida en que 茅sta 鈥攕obre todo ahora鈥� condiciona a aqu茅lla. Aunque imperfecto y provisional, nada de lo que se puede y debe realizar mediante el esfuerzo solidario de todos y la gracia divina en un momento dado de la historia, para hacer 芦m谩s humana禄 la vida de los hombres, se habr谩 perdido ni habr谩 sido vano. Esto ense帽a el Concilio Vaticano II en un texto luminoso de la Constituci贸n pastoral Gaudium et spes: 芦Pues los bienes de la dignidad humana, la uni贸n fraterna y la libertad, en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, despu茅s de haberlos propagado por la tierra en el Esp铆ritu del Se帽or y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal ...; reino que est谩 ya misteriosamente presente en nuestra tierra禄. 89

El Reino de Dios se hace, pues, presente ahora, sobre todo en la celebraci贸n del Sacramento de la Eucarist铆a, que es el Sacrificio del Se帽or. En esta celebraci贸n los frutos de la tierra y del trabajo humano 鈥攅l pan y el vino鈥� son transformados misteriosa, aunque real y substancialmente, por obra del Esp铆ritu Santo y de las palabras del ministro, en el Cuerpo y Sangre del Se帽or Jesucristo, Hijo de Dios e Hijo de Mar铆a, por el cual el Reino del Padre se ha hecho presente en medio de nosotros.

Los bienes de este mundo y la obra de nuestras manos 鈥攅l pan y el vino鈥� sirven para la venida del Reino definitivo, ya que el Se帽or, mediante su Esp铆ritu, los asume en s铆 mismo para ofrecerse al Padre y ofrecernos a nosotros con 茅l en la renovaci贸n de su 煤nico sacrificio, que anticipa el Reino de Dios y anuncia su venida final.

As铆 el Se帽or, mediante la Eucarist铆a, sacramento y sacrificio, nos une consigo y nos une entre nosotros con un v铆nculo m谩s perfecto que toda uni贸n natural; y unidos nos env铆a al mundo entero para dar testimonio, con la fe y con las obras, del amor de Dios, preparando la venida de su Reino y anticip谩ndolo en las sombras del tiempo presente.

Quienes participamos de la Eucarist铆a estamos llamados a descubrir, mediante este Sacramento, el sentido profundo de nuestra acci贸n en el mundo en favor del desarrollo y de la paz; y a recibir de 茅l las energ铆as para empe帽arnos en ello cada vez m谩s generosamente, a ejemplo de Cristo que en este Sacramento da la vida por sus amigos (cf. Jn 15, 13). Como la de Cristo y en cuanto unida a ella, nuestra entrega personal no ser谩 in煤til sino ciertamente fecunda.

49.En este A帽o Mariano, que he proclamado para que los fieles cat贸licos miren cada vez m谩s a Mar铆a, que nos precede en la peregrinaci贸n de la fe, 90 y con maternal solicitud intercede por nosotros ante su Hijo, nuestro Redentor, deseo confiar a ella y a su intercesi贸n la dif铆cil coyuntura del mundo actual, los esfuerzos que se hacen y se har谩n, a menudo con considerables sufrimientos, para contribuir al verdadero desarrollo de los pueblos, propuesto y anunciado por mi predecesor Pablo VI.

Como siempre ha hecho la piedad cristiana, presentamos a la Sant铆sima Virgen las dif铆ciles situaciones individuales, a fin de que, exponi茅ndolas su Hijo, obtenga de 茅l que las alivie y transforme. Pero le presentamos tambi茅n las situaciones sociales y la misma crisis internacional, en sus aspectos preocupantes de miseria, desempleo, carencia de alimentos, carrera armamentista, desprecio de los derechos humanos, situaciones o peligros de conflicto parcial o total. Todo esto lo queremos poner filialmente ante sus 芦ojos misericordiosos禄, repitiendo una vez m谩s con fe y esperanza la antigua ant铆fona mariana: 芦Bajo tu protecci贸n nos acogemos, Santa Madre de Dios. No deseches las s煤plicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien l铆branos siempre de peligro, oh Virgen gloriosa y bendita禄.

Mar铆a Sant铆sima, nuestra Madre y Reina, es la que, dirigi茅ndose a su Hijo, dice: 芦No tienen vino禄 (Jn 2, 3) y es tambi茅n la que alaba a Dios Padre, porque 芦derrib贸 a los potentados de sus tronos y exalt贸 a los humildes. A los hambrientos colm贸 de bienes y despidi贸 a los ricos sin nada禄 (Lc 1, 52 s.). Su solicitud maternal se interesa por los aspectos personales y sociales de la vida de los hombres en la tierra. 91

Ante la Trinidad Sant铆sima, conf铆o a Mar铆a todo lo que he expuesto en esta Carta, invitando a todos a reflexionar y a comprometerse activamente en promover el verdadero desarrollo de los pueblos, como adecuadamente expresa la oraci贸n de la Misa por esta intenci贸n: 芦Oh Dios, que diste un origen a todos los pueblos y quisiste formar con ellos una sola familia en tu amor, llena los corazones del fuego de tu caridad y suscita en todos los hombres el deseo de un progreso justo y fraternal, para que se realice cada uno como persona humana y reinen en el mundo la igualdad y la paz禄. 92

Al concluir, pido esto en nombre de todos los hermanos y hermanas, a quienes, en se帽al de benevolencia, env铆o mi especial Bendici贸n.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el d铆a 30 de diciembre del a帽o 1987, d茅cimo de mi Pontificado.


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Le贸n XIII, Carta Enc铆c. Rerum Novarum (15 de mayo de 1891): Leonis XIII P. M. Acta, XI, Romae 1892, pp. 97-144.

2

P铆o XI, Carta Enc铆c. Quadragesimo Anno, (15 de mayo de 1931): AAS 23 (1931), pp.177-228; Juan XXIII, Carta Enc铆c. Mater et Magistra (15 de mayo de 1961): AAS 53 (1961), pp. 401-464; Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens (14 de mayo de 1971): AAS 63 (1971), pp. 401-441; Juan Pablo II, Carta Enc铆c. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981): AAS 73 (1981), pp. 577-647. P铆o XII hab铆a pronunciado tambi茅n un Mensaje radiof贸nico (1 de junio de 1941) con ocasi贸n del 50 aniversario de la Enc铆clica de Leon XIII: ASS 33 (1941), pp. 195-205.

3

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la divina Revelaci贸n, Dei Verbum, 4.

4

Pablo VI, Carta Enc铆c. Populorum Progressio (26 marzo de 1967): AAS 59 (1967), pp. 257-299.

5

Cf. L'Osservatore Romano, 25 de marzo de 1987.

6

Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre la libertad cristiana y liberaci贸n Libertatis Conscientia (22 de marzo de 1986), 72: AAS 79 (1987), p. 586; Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens (14 de mayo de 1971), 4: AAS 63 (1971), pp. 403 s.

7

Cf. Carta Enc铆c. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), 3: AAS 79 (1987), pp. 363 s; Homil铆a de la Misa de A帽o Nuevo de 1987: L鈥橭sservatore Romano, 2 de enero de 1987.

8

La Enc铆clica Populorum Progressio cita 19 veces los documentos del Conciclio Vaticano II, de las que 16 se refieren concretamente a la Const. past. sobre la Iglesia en el mundo contempor谩neo Gaudium et spes.

9

Gaudium et spes, 1.

10

Ibid., 4; Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 13: l.c., p. 263-264.

11

Cf. Gaudium et spes, 3; Carta Enc铆c. Populorurn Progressio, 13: l.c., p. 264.

12

Cf. Gaudium et spes, 63; Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 9: l.c., p. 261 s.

13

Cf. Gaudium et spes, 69; Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 22: l.c., p. 269.

14

Cf. Gaudium et spes, 57; Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 41: l.c., p. 277.

15

Cf. Gaudium et spes, 19; Carta Enc铆c. Populorurn Progressio, 41: l.c., pp. 277 s.

16

Cf. Gaudium et spes, 86; Carta Enc铆c. Populorum Progressio ,48: l.c., p. 281.

17

Cf. Gaudium et spes, 69; Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 14-21: l.c., pp. 264-268.

18

Cf. el t铆tulo de la Enc铆clica Populorum Progressio: l.c., p. 257.

19

La Enc铆clica Rerum Novarum de Le贸n XIII tiene como argumento principal 芦la condici贸n de los trabajadores禄: Leonis XIII P.M. Acta, XI, Romae 1892, p. 97.

20

Cf. Congregaci贸n para Doctrina de la la Fe, Instrucci贸n sobre la libertad cristiana y liberaci贸n Libertatis Conscientia (22 de marzo de 1986), 72: AAS 79 (1987), p. 586; Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens (de 1971), 4: AAS 63 (1971), pp. 403 s.

21

Cf. Carta Enc铆c. Mater et Magistra (15 de mayo de 1961): AAS 53 (1961), p. 440.

22

Cf. Gaudium et spes, 63 .

23

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 3: l.c., p. 258; cf. tambi茅n ibid., 9: l.c., p. 261.

24

Cf. ibid., 3: l.c., p. 258.

25

Ibid., 48: l.c., p. 281.

26

Cf. ibid., 14: l.c., p. 264: 芦El desarrollo no se reduce al simple crecimiento econ贸mico. Para ser aut茅ntico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a el hombre禄.

27

Ibid., 87: l.c., p. 299.

28

Cf. ibid., 53: l.c., p. 283.

29

Cf. ibid., 76: l.c., p. 295.

30

Las d茅cadas se refieren a los a帽os 1960-1970 y 1970-1980; ahora estamos en la tercera d茅cada (1980-1990).

31

La expresi贸n 芦Cuarto Mundo禄 se emplea no s贸lo circunstancialmente para los llamados Pa铆ses menos avanzados (PMA), sino tambi茅n y sobre todo para las zonas de grande o extrema pobreza de los Pa铆ses de media o alta renta.

32

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. sobre la Iglesia Lumen gentium,1.

33

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 33: l.c., p. 273.

34

Como es sabido, la Santa Sede ha querido asociarse a la celebraci贸n de este A帽o internacional con un documento especial de la Pontif. Com. 芦Iustitia et Pax禄, 驴Qu茅 has hecho tu de tu hermano sin techo? La Iglesia ante la crisis de la vivienda (27 de diciembre de 1987).

35

Cf. Pablo VI, Carta Apost. Octogesima Adveniens, (14 de mayo de 1971), 8-9: AAS 63 (1971), pp. 406-408.

36

El reciente Etude sur l'Economie mondiale 1987, publido por las Naciones Unidas, contiene los 煤ltimos datos al respecto (cf. pp. 8-9). El 铆ndice de los desocupados en los Pa铆ses desarrollados con econom铆a de mercado ha pasado del 3% de la fuerza laboral en el a帽o 1970 al 8% en el a帽o 1986. En la actualidad llegan a los 29 millones.

37

Carta Enc铆c. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), 18: AAS 73 (1981), pp.624-625.

38

Al servicio de la comunidad humana: una consideraci贸n 茅tica de la deuda internacional (27 de diciembre de1986).

39

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 54: l.c., pp 283s.: 芦Los Pa铆ses en v铆a de desarrollo no correr谩n en adelante el riesgo de estar abrumados de deudas, cuya satisfacci贸n absorbe la mayor parte de sus beneficios. Las tasas de inter茅s y a duraci贸n de los pr茅stamos deber谩n disponerse de mandra soportable para los unos y los otros, equilibrando las ayudas gratuitas, los pr茅stamos sin inter茅s m铆nimo y la duraci贸n las amortizaciones禄.

40

Cf. 芦Presentaci贸n禄 del Documento: Al servicio de la deuda internacional (27 de diciembre de 1986).

41

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 53: l.c., p 283.

42

Al servicio de la Comunidad humana: una consideraci贸n 茅tica de la deuda internacional (27 de diciembre de 1986), III.2.1.

43

Cf. Carta Enc铆c.Populorum Progressio, 20-21: l.c., pp. 267 s.

44

Homil铆a en Drogheda, Irlanda (29 de septiembre de 1979), 5: AAS 71 (1979), II, p. 1079.

45

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 37: l.c., pp. 275 s.

46

Cf. Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), especialmente en el n. 30: AAS 74 (1982), pp. 115-117.

47

Cf. Droits de l'homme. Recueil d'instruments internationaux, Nations Unies, New York 1983. Juan Pablo II, Carta Enc铆c. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), 17: AAS 7 (1979), p. 296.

48

Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. past. Gaudiutn et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 78; Pablo VI, Carta Enc铆c Populorum Progressio, 76: l.c., pp. 294 s.: 芦Combatir la miseria y luchar contra la injusticia es promover, a la par que el mayor bienestar, el progreso humano y espiritual de todos, y, por consiguiente, el bien com煤n de la humanidad. La paz.... se construye d铆a a d铆a en la instauraci贸n de un orden querido por Dios, que comporta una justicia m谩s perfecta entre los hombres禄.

49

Cf. Exhort. Apost. Familiaris consortio (22 de noviembre de 1981), 6: AAS 74 (1982), p. 88: 芦la historia no es simplemente un progreso necesario hacia lo mejor, sino m谩s bien un acontecimiento de liberad, m谩s a煤n, un combate entre libertades禄.

50

Por este motivo se ha preferido usar en el texto de esta Enc铆clica la palabra 芦desarrollo禄 en vez de la palabra 芦progreso禄, pero procurando dar a la palabra 芦desarrollo禄 el sentido m谩s pleno.

51

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 19: l.c., pp. 266 s.: 芦El tener m谩s, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el 煤ltimo fin. Todo crecimiento es ambivalente. La b煤squeda exclusiva del poseer se convierte en un obst谩culo para el crecimiento del ser y se opone a su verdadera grandeza; para las naciones como para las personas, la avaricia es la forma m谩s evidente de un subdesarrollo moral禄; cf. tambi茅n Pablo VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14 de mayo de 1971), 9: AAS 63 (1971), pp. 407 s.

52

Cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 35; Pablo VI, Alocuci贸n al Cuerpo Diplom谩tico (7 de enero de 1965): AAS 57 (1965), p. 232.

53

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 20-21: l.c, pp. 267 s.

54

Cf. Carta Enc铆c. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), 4: AAS, 73 (1981), pp. 584 s.; Pablo VI, Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 15: l.c., p. 265.

55

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 42: l.c., p 278.

56

Cf. Praeconium Paschale, Missale Romanum, ed typ. altera 1975, p. 272: 芦Necesario fue el pecado de Ad谩n, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. 隆Feliz culpa que mereci贸 tal Redentor!禄.

57

Conc. Ecum. Vatic. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 1.

58

Cf. por ejemplo, S. Basilio el Grande, Regulae fusius tractatae interrogatio, XXXVII, 1-2: PG 31, 1009-l012; Teodoreto de Ciro, De Providentia, Oratio VII: PG 83, 665-686; S. Agust铆n, De Civitate Dei, XIX, 17: CCL 48, 683-685.

59

Cf. por ejemplo, S. Juan Cris贸stomo, In Evang. S. Matthaei, hom. 50, 3-4: PG 58, 508-510; S. Ambrosio, De Officis Ministrorum, lib. II, XXVIII, 136-140: PL 16, 139-141; Possidio, Vita S. Augustini Episcopi, XXIV: PL 32, 53 s.

60

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 23: l.c., p. 268: 芦鈥楽i alguno tiene bienes de este mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra las entra帽as, 驴c贸mo es posible que resida en 茅l el amor de Dios?鈥� (1 Jn 3, 17). Sabido es con qu茅 firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cu谩l debe ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad禄. En el n煤mero anterior, el Papa habia citado el n. 69 de la Const. past. Gaudium et spes del Concilio Ecum茅nico Vaticano II.

61

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 47: l.c., p. 280: 芦... un mundo donde la libertad no sea una palabra vana y donde el pobre L谩zaro pueda sentarse a la misma mesa que el rico禄.

62

Cf. Ibid., 47: l.c., p. 280: 芦Se trata de construir un donde todo hombre, sin excepcion de raza, religi贸n o nacionalidad, pueda vivir una vida plenamente humana, emancipado de las servidumbres que le vienen de la parte de los hombres ...禄, cf. tambi茅n Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 29. Esta igualdad fundamental es uno de los motivos b谩sicos por los que la Iglesia se ha opuesto siempre a toda forma de racismo.

63

Cf. Homil铆a en Val Visdende (12 de julio de 1987), 5: L'Osservatore Romano, edic. en lengua espa帽ola, 19 de julio de 1987; Pablo VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14 de mayo de 1971), 21: AAS 63 (1971), pp. 416 s.

64

Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 25.

65

Exhort. Apost. Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 16: 芦Ahora bien la Iglesia, cuando habla de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o comportamientos colectivos de grupos sociales m谩s o menos amplios, o hasta de enteras Naciones y bloques de Naciones, sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulaci贸n y la concentraci贸n de muchos pecados personales. Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; de quien busca refugio en la presunta imposibilidad de cambiar el mundo; y tambi茅n de quien pretende eludir la fatiga y el sacrificio, alegando supuestas razones de orden superior. Por lo tanto, las verdaderas responsabilidades son de las personas. Una situaci贸n 鈥攃omo una institucion, una estructura, una sociedad鈥攏o es, de suyo, sujeto de actos morales; por lo tanto, no puede ser buena o mala en s铆 misma禄 AAS 77 (1985), p. 217.

66

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 42: l.c., p. 278.

67

Cf. Liturgia Horarum, Feria III Hebdomadae IIIae Temporis per annum. Preces ad Vesperas.

68

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 87: l.c., p. 299.

69

Cf. Ibid., 13; 81: l.c., p. 263 s.; 296 s.

70

Cf. Ibid., 13: l.c., p. 263.

71

Cf. Discurso de Apertura de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (28 de enero de 1979): AAS 71 (1979), pp. 189-196.

72

Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre libertad cristiana y liberaci贸n, Libertatis conscientia (22 de marzo de 1986), 72: AAS 79 (1987), p. 586, Pablo VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14 de mayo de 1971), 4: AAS 63 (1971) p. 403 s.

73

Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, parte II, c. V, secc. II: 芦La construcci贸n de la comunidad internacional禄 (nn. 83-90).

74

Cf. Juan XXIII, Carta Enc铆c. Mater et Magistra (15 de mayo de 1961): AAS 53 (1961), p. 440; Carta Enc铆c. Pacem in terris (11 de abril de 1963), parte IV: AAS 55 (1963), pp. 291-296; Pablo VI, Carta Apost. Octogesima adveniens (14 de mayo de 1971), 2-4: AAS 63 (1971), pp. 402-404.

75

Cf. Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 3; 9: l.c., p. 258; 261.

76

Ibid., 3: l.c., p. 258.

77

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 47: l.c., 280; Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre libertad cristiana y liberaraci贸n, Libertatis conscientia (22 de marzo de 1986), 68: AAS 79 (1987), pp. 583 s.

78

Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 69; Pablo VI, Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 22: l.c., p. 268; Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre libertad cristiana y liberaci贸n, Libertatis conscientia (22 de marzo de 1986), 90: AAS 79 (1987), p. 594; S. Tom谩s de aquino, Summa Theol. IIa IIae, q. 66, art. 2.

79

Cf. Discurso de Apertura de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (28 de enero de 1979): AAS 71 (1979), pp. 189-196; Discurso a un gmpo de Obispos de Polonia en Visita 芦ad limina Apostolorum禄 (17 de diciembre de 1987), 6: L'Osservatore Romano edic. en lengua espa帽ola (10 de enero de 1988).

80

Porque el Se帽or ha querido identificarse con ellos (Mt 25, 31-46) y cuida de ellos (Cf. Sal 12[11], 6; Lc 1, 52 s.)

81

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 55: l.c., p. 284: 芦... es precisamente a estos hombres y mujeres a quienes hay que ayudar, a quienes hay que convencer que realicen ellos mismos su propio desarrollo y que adquieran progresivamente los medios para ello禄; cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 86.

82

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 35: l.c., p. 274: 芦la educaci贸n b谩sica es el primer objetivo de un plan de desarrollo禄.

83

Cf. Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre los aspectos de la Teolog铆a de la Liberaci贸n, Libertatis nuntius, (6 de agosto de 1984), Introducci贸n: AAS 76 (1984), pp. 876 s.

84

Cf. Exhort. Apost. Reconciliatio et paenitentia (2 de diciembre de 1984), 16: AAS 77 (1985), pp. 213-217; Cong. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre la libertad cristiana y liberaci贸n, Libertatis conscientia (22 de marzo de 1886), 38; 42: AAS 79 (1987), pp. 569; 571.

85

Congr. para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre la a cristiana y liberaci贸n, Libertatis conscientia (22 de marzo de 1986), 24: AAS 79 (1987), p. 564.

86

Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 22; Juan Pablo II, Carta Enc铆c. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), 8: AAS 71 (1979), p 272.

87

Carta Enc铆c. Populorum Progressio, 5: l.c., p .259: 芦Pensamos que este programa puede y debe juntar a los hombres de buena voluntad con nuestros hijos cat贸licos y hermanos cristianos禄; cf. tambi茅n nn. 81-83, 87: l.c., pp. 296-298; 299.

88

Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Declaraci贸n Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 4.

89

Gaudium et spes, 39.

90

Cf. Conc. Ecum. Vatic. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 58; Juan Pablo II, Carta Enc铆c. Redemptoris Mater (25 de marzo de 1987), 5-6; AAS 79 (1987), pp. 365-367.

91

Cf. Pablo VI, Exhort. Apost. Marialis cultus ( 2 de febrero de 1974), 37: AAS 66 (1974), pp. 148 s.; Juan Pablo II, Homil铆a en el Santuario de N.S. de Zapopan, M茅xico (30 de enero de 1979), 4: AAS 71 (1979), p. 230.

92

Colecta de la Misa 芦Pro Populorum Progressione禄: Missale Romanum ed. typ. altera 1975, p. 820.
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