Constituci贸n apost贸lica de S.S. P铆o XII sobre la formaci贸n religiosa
31 de mayo de 1956
Todo un a帽o santo hemos consagrado a la veneraci贸n de la sant铆sima Virgen Mar铆a, Sede de la Sabidur铆a, Madre de Dios, Se帽or de las Ciencias 1 , y Reina de los Ap贸stoles 2 . No sin raz贸n es Ella considerada como la Madre, y especialmente la Formadora, de todos los que abrazan los estados de aspirar a la perfecci贸n y que, adem谩s, desean servir en el ej茅rcito apost贸lico de Cristo, Sumo Sacerdote. Y en verdad que tienen necesidad de su direcci贸n y auxilio para aplicarse con eficacia a la preparaci贸n y a la formaci贸n de tan grande y tan sublime vocaci贸n que es, al mismo tiempo, religiosa, apost贸lica y sacerdotal. 驴No es Ella la que ha sido constituida como Medianera de todas las gracias santificantes? Con toda raz贸n se la denomina Madre y Reina del sacerdocio cat贸lico y del apostolado. Imploramos, pues, su favor para que, luego de haber sido la Medianera de la luz celestial en el establecer las reglas presentes, conceda tambi茅n su auxilio y patrocinio a los que tienen el deber de llevarlas a buen t茅rmino.
2. Ante todo, Nos queremos que nadie ignore que el fundamento de toda vida, tanto religiosa como sacerdotal y apost贸lica -lo que se llama vocaci贸n divina-, est谩 constituido por un doble elemento en cierto modo esencial, a saber: uno, divino; otro, por lo contrario, eclesi谩stico. En lo que toca al primero, precisa decir que la vocaci贸n de Dios es de tal suerte necesaria para abrazar el estado religioso o sacerdotal que, si ella falta, debe decirse que falta por completo el fundamento sobre que se apoya todo el edificio.
Porque aquel a quien Dios no llama no es conducido ni ayudado por su gracia. De otra parte, si se debe decir que hay una verdadera vocaci贸n en cierto modo divina para todo estado, en la medida en que el principal autor de todos los estados y de todos los dones y disposiciones, as铆 naturales como sobrenaturales, es Dios mismo, cu谩nto m谩s necesario ser谩 decir esto de la vocaci贸n religiosa y sacerdotal que brilla con excelencia tan sublime y se halla repleta de tantas distinciones naturales y sobrenaturales que no puede tener otro origen sino el Padre de las luces, de quien viene todo don excelente y toda gracia perfecta 3 .
Por lo contrario, viniendo ya al otro elemento de la vocaci贸n religiosa y sacerdotal, el Catecismo romano ense帽a que se dicen llamados por Dios los que son llamados por los ministros leg铆timos de la Iglesia 4 .
Lo cual, lejos de hallarse en contradicci贸n con lo que Nos hemos dicho sobre la vocaci贸n divina, se encuentra m谩s bien estrechamente unido a ello. Porque la vocaci贸n al estado religioso y clerical -al destinar a alguien a llevar p煤blicamente una vida de santificaci贸n y a ejercer un ministerio jer谩rquico en la Iglesia, en esta sociedad visible y jer谩rquica- debe ser, en virtud de un mandato, aprobada, aceptada y regida por los superiores, igualmente jer谩rquicos, a quienes Dios ha confiado el gobierno de la Iglesia.
A ello deben atender bien todos cuantos se dedican a reclutar y examinar vocaciones de este g茅nero. No deben, pues, forzar jam谩s a nadie, en ninguna forma, ni para el estado sacerdotal ni para el religioso 5 , ni atraer o admitir a quien no diere realmente verdaderas se帽ales de vocaci贸n divina, ni tampoco promover al ministerio clerical a quien diera pruebas de no haber recibido divinamente sino la vocaci贸n religiosa; como, as铆 mismo, a los que hubieren recibido tal don de Dios, no deben inclinarles o desviarles hacia el clero secular. Finalmente, no deben apartar a nadie del estado sacerdotal, si por se帽ales ciertas se prueba que se trata de un llamamiento de Dios 6 .
En efecto, es claro que quienes aspiran a servir en la clerec铆a, para los cuales se han fijado estas reglas, deben reunir todo cuanto se requiere para constituir esta vocaci贸n m煤ltiple: religiosa, sacerdotal y apost贸lica. En consecuencia, todos los dones y cualidades que se estiman necesarios para cumplir con este oficio divino tan sublime, han de encontrarse en ellos.
3. Por otra parte, todo el mundo comprende c贸mo los g茅rmenes de vocaci贸n, as铆 como tambi茅n las cualidades por ella requeridas, desde que existen, tienen necesidad de educaci贸n y de formaci贸n para desarrollarse y madurar. Porque la verdad es que nada aparece perfecto desde el primer instante del nacimiento, sino que la perfecci贸n se adquiere por progresos graduales. Para dirigir esta evoluci贸n, ha de tenerse muy en cuenta todo, ya de quien es el objeto de la vocaci贸n divina, ya de las condiciones de lugares y tiempo para alcanzar con eficacia el fin propuesto. Es preciso, pues, que la educaci贸n y la formaci贸n de los j贸venes religiosos est茅n plenamente aseguradas, ilustradas, sean s贸lidas, completas, adaptadas prudentemente y con confianza a las exigencias de hoy tanto interiores como exteriores, cultivadas asiduamente y seguidas con atenci贸n, no ya s贸lo en lo que toca a la perfecci贸n de la vida religiosa, sino tambi茅n de la vida sacerdotal y apost贸lica.
Todo esto, seg煤n lo ense帽a la experiencia, no puede lograrse sino con hombres escogidos, experimentados, que no s贸lo se distingan por la doctrina, la prudencia, el discernimiento de esp铆ritus y por una experiencia variada de los hombres y de las cosas, as铆 como por otras cualidades humanas, sino que tambi茅n est茅n llenos del Esp铆ritu Santo y que, con su santidad y su ejemplo de todas las virtudes, sirvan de luz a los j贸venes, porque 茅stos, seg煤n se sabe, en todo el conjunto de su formaci贸n se sienten arrastrados por la virtud y las buenas acciones mucho m谩s que por los discursos 7 .
En el cumplimiento de esta muy grave tarea, los educadores tendr谩n como primera regla la que el Se帽or anunciaba en el Evangelio, cuando dice: Yo soy el buen Pastor, el buen Pastor da su vida por sus ovejas... Yo soy el buen Pastor y yo conozco las m铆as y las m铆as me conocen 8 ; y San Bernardo la expresa diciendo: Pensad que hab茅is de ser como madres, no se帽ores; procurad m谩s bien ser amados que ser temidos 9 . El Concilio de Trento mismo exhorta con gravedad a los Superiores eclesi谩sticos: Estima tener que recordarles que se acuerden de que son pastores, y no los que castigan; que ellos dirijan a sus s煤bditos no haci茅ndoles sentir el dominio, sino que los amen como a hijos y hermanos m谩s j贸venes; y que se esfuercen con sus exhortaciones y sus advertencias en apartarles de lo que no les est谩 permitido, no sea que, si faltaren, haya obligaci贸n de infligirles los castigos que les son debidos. Mas si por fragilidad humana llegaran a pecar, obs茅rvese entonces el precepto del Ap贸stol, reprendi茅ndoles, amenaz谩ndoles y exhort谩ndoles con toda bondad y paciencia: porque en el corregir la benevolencia hace m谩s que la severidad, m谩s la exhortaci贸n que la amenaza, m谩s la caridad que la autoridad. Mas si la gravedad de la falta obliga a emplear el castigo, preciso es entonces unir el rigor con la bondad, la justicia con la misericordia y la severidad con la dulzura, de suerte que se guarde la disciplina saludable a los pueblos y necesaria para la enmienda de quienes habr谩n de ser corregidos, o si rehusaren arrepentirse, que los dem谩s se aparten del mal por un saludable ejemplo de la correcci贸n 10 .
4. Acu茅rdense, adem谩s, todos cuantos, por cualquier raz贸n que sea, dirigen la formaci贸n de los religiosos, que esta educaci贸n y formaci贸n ha de darse seg煤n una progresi贸n arm贸nica y con todos los medios y m茅todos convenientes, atendiendo a las ocasiones, y que debe abrazar al hombre todo entero para todos los aspectos de su vocaci贸n, de suerte que se haga de 茅l por todos modos realmente un hombre perfecto en Cristo Jes煤s 11 . En lo que se refiere a los medios y m茅todos de formaci贸n, claro est谩 que los que son ofrecidos ya por la naturaleza misma ya por la investigaci贸n humana de nuestro tiempo en modo alguno deben ser despreciados, si fueren buenos; mejor a煤n, es necesario tenerlos muy en cuenta y admitirlos con discreci贸n. Sin embargo, ning煤n error ser铆a peor que el de quien, al formar disc铆pulos tan escogidos, preocupado excesivamente por los m茅todos naturales o exclusivamente por ellos, relegara a segundo t茅rmino o bajo cualquier pretexto menospreciara los recursos y los medios del orden sobrenatural, cuando para la b煤squeda de la perfecci贸n religiosa y clerical repleta de sus frutos apost贸licos, los recursos sobrenaturales -tales como los sacramentos, la oraci贸n, la mortificaci贸n y otros de este car谩cter- no solamente son necesarios, sino que son primordiales y totalmente esenciales.
Mas guardando este orden de los m茅todos y de los recursos, preciso es absolutamente no despreciar nada de todo cuanto pueda ser 煤til de algun manera para perfeccionar el cuerpo y el alma, cultivar todas las virtudes naturales y formar virilmente un tipo de hombre completo, de tal modo que, luego, la formaci贸n tanto religiosa como sacerdotal se apoyen sobre este fundamento muy s贸lido de una honradez natural y de una humanidad cultivada 12 , porque ser谩 m谩s f谩cil y m谩s seguro para los hombres encontrar el camino para llegar a Cristo si, en la persona del sacerdote, les aparece con gran claridad la benignidad y el amor de Dios nuestro Salvador hacia los hombres 13 .
3. Pero, aunque todos deben dar importancia grande a una formaci贸n humana y natural del cl茅rigo religioso, no hay duda alguna de que, en el curso de su formaci贸n, es la santificaci贸n sobrenatural de su alma la que obtiene la primac铆a. Porque si el consejo del Ap贸stol vale para todos los cristianos, cuando asegura 茅l que lo que Dios quiere, es vuestra santificaci贸n 14 , 驴cu谩nto m谩s estar谩 obligado a ello aquel que no solamente se halla revestido del sacerdocio, sino que ha hecho profesi贸n de buscar la perfecci贸n evang茅lica misma, y que hasta en virtud de su cargo se convierte en instrumento de santificaci贸n de los dem谩s, pues de su santidad propia dependen en gran parte la salvaci贸n misma de las almas y el crecimiento del reino de Dios?
Que todos los miembros de los estados en que se busca la perfecci贸n evang茅lica tengan, por lo tanto, bien presente y mediten con frecuencia ante Dios que para cumplir con el deber de su profesi贸n no les basta el evitar los pecados, ya graves, ya hasta -con la ayuda de Dios- las faltas veniales, ni ajustarse tan s贸lo materialmente a las 贸rdenes de los Superiores, y aun a sus votos y a lo que puede obligar su conciencia, o a sus constituciones particulares, seg煤n las cuales, como la Iglesia manda en los sagrados c谩nones, todos y cada uno de los religiosos, Superiores y s煤bditos, deben... modelar su vida y tender as铆 a la perfecci贸n de su estado 15 . Necesario, por lo tanto, es que cumplan todo eso con todo coraz贸n y con un ardiente amor, no tan s贸lo por necesidad, sino tambi茅n en conciencia 16 , porque para elevarse a las alturas de la santidad y poder ofrecer a todos fuentes vivas de caridad cristiana, deben ellos estar adornados con todas las virtudes y estar encendidos en la caridad m谩s ardiente hacia Dios y hacia el pr贸jimo.
6. Pero, aun atendiendo bien a esta santificaci贸n del alma, ser谩 igualmente preciso dar a los religiosos una formaci贸n muy cuidada, tanto intelectual como pastoral. Queremos destacar y proponer con mayor amplitud los principios de la misma, dada la importancia de la materia y a causa de la conciencia que Nos tenemos de Nuestro supremo oficio.
La necesidad, para estos religiosos, de recibir una formaci贸n intelectual s贸lida y completa en todas las materias, surge manifiestamente de la triple dignidad con que brillan en la Iglesia de Dios: dignidad religiosa, sacerdotal y apost贸lica.
Los religiosos, en efecto, que tienen como finalidad principal el contemplar las cosas divinas buscando tan s贸lo a Dios y uni茅ndose a El, y transmitirlas a los dem谩s, han de recordar bien que en modo alguno pueden darse por satisfechos, seg煤n es preciso y con los frutos de tarea tan santa y para elevarse a una sublime uni贸n con Cristo, si no tienen en abundancia aquel conocimiento profundo y siempre perfectible de Dios y de sus misterios que se adquiere mediante los estudios sagrados 17 .
La dignidad sacerdotal que da al revestido de ella el quedar constituido legado de las ciencias del Se帽or 18 y ser llamado por especial raz贸n sal de la tierra y luz del mundo 19 , exige una formaci贸n s贸lida y muy extensa, de modo particular en lo que toca a las disciplinas eclesi谩sticas, que pueda alimentar y fortificar la vida espiritual en el sacerdote mismo y guardarle de todo error y de toda peligrosa novedad, y que, adem谩s, le haga fiel dispensador de los misterios de Dios 20 , y hombre perfecto de Dios, preparado para toda obra buena 21 .
Finalmente, la tarea apost贸lica que los miembros de los estados de perfecci贸n ejercen en la Iglesia por el hecho de su vocaci贸n, tanto para predicar como para formar cristianamente a los ni帽os y j贸venes, as铆 como para administrar los sacramentos, singularmente el de la Penitencia, ya tambi茅n a causa de las misiones en pa铆ses de infieles, ya por la direcci贸n espiritual de las almas, ya, en fin, por el modo de la vida cotidiana que ellos llevan con las gentes, no podr谩 producir abundantes y duraderos frutos si no conocen perfectamente la doctrina sagrada aliment谩ndose continuamente con ella.
7. Los Superiores religiosos, ante todo, deben vigilar por esta formaci贸n s贸lida y muy completa de la inteligencia, atendiendo al desarrollo natural de los j贸venes y a la distribuci贸n de estudios, empleando todos los recursos para que la cultura literaria y cient铆fica de los religiosos alumnos en nada ceda a la de los seglares que siguen los mismos estudios. Si de ello se cuida bien, ya por ese mismo hecho se habr谩 provisto seriamente a la formaci贸n de los esp铆ritus y facilitado al mismo tiempo la selecci贸n de los s煤bditos 22 , y se tendr谩 la seguridad de que estos mismos alumnos est茅n preparados para profundizar en las disciplinas eclesi谩sticas ofreci茅ndoles para ello todos los medios.
8. Por lo que se refiere a la Filosof铆a y a la Teolog铆a que no ser谩n ense帽adas sino por maestros capaces y con rigor escogidos, conviene observar muy santamente todo cuanto ha sido prescrito por los sagrados c谩nones, por Nuestros Predecesores y por Nos mismo, en especial, sobre el respeto que se debe al magisterio eclesi谩stico y la consiguiente fidelidad al mismo, que debe ser manifiesta de todas las maneras, siempre y doquier, e inculcada a las almas y a los esp铆ritus de los alumnos; sobre la prudencia y la precauci贸n que deben correr parejas con una diligente atenci贸n, altamente recomendada, que alcance a las nuevas cuestiones que surgen con los tiempos modernos; sobre la argumentaci贸n de la doctrina y de los principios del Doctor Ang茅lico, que deben ser santamente mantenidos y seguidos plenamente en la ense帽anza filos贸fica y teol贸gica de los alumnos 23 .
La Teolog铆a debe ser ense帽ada a la par con el m茅todo positivo y con el llamado escol谩stico, tomando a Santo Tom谩s de Aquino como gu铆a y maestro, de modo que a la luz de una ense帽anza aut茅ntica, las fuentes de la revelaci贸n divina sean estudiadas en forma profunda con los medios adaptados, y que los tesoros de la verdad que de ella provienen sean claramente expuestos y eficazmente protegidos. Porque tan s贸lo al magisterio de la Iglesia se ha confiado el interpretar aut茅nticamente el dep贸sito de la Revelaci贸n, debe ser explicado no seg煤n razonamientos puramente humanos y opiniones particulares, sino muy fielmente seg煤n el sentido y el esp铆ritu de la Iglesia misma. Por lo tanto, que los profesores de Filosof铆a cristiana y de Teolog铆a sepan que ejercen su cargo no por propio derecho y en su nombre propio, sino en el nombre y bajo la autoridad del Magisterio supremo y, por consiguiente, bajo su vigilancia y su direcci贸n, pues lo han recibido de 茅l como una misi贸n can贸nica; por ello, salvaguardando siempre la justa libertad de discusi贸n, ellos deben recordar bien que el poder de ense帽ar no les ha sido dado para transmitir a sus alumnos sus propias opiniones, sino las doctrinas bien comprobadas de la Iglesia 24 .
Adem谩s, todos, as铆 los maestros como los alumnos, jam谩s deben perder de vista que los estudios eclesi谩sticos est谩n orientados no s贸lo a la formaci贸n intelectual, sino a una formaci贸n integral y s贸lida, ya sea religiosa, ya sacerdotal y apost贸lica; por eso su finalidad no es t谩n s贸lo el permitir el "paso" de los ex谩menes, sino imprimir en las almas de los alumnos como una impronta indeleble de la que siempre sacar谩n, cuando la necesitaren, luz y fuerza para sus propias necesidades y para las de los dem谩s 25 .
9. Para alcanzar este fin, la ense帽anza intelectual ha de estar muy estrechamente unida con el amor a la oraci贸n y a la contemplaci贸n de las cosas divinas; adem谩s, ha de ser completa, sin omitir parte alguna en las materias mandadas, siendo tambi茅n coherente y de tal modo estructurada en todas sus partes que todas las materias converjan hacia un solo sistema, s贸lido y bien ordenado; que est茅 tambi茅n adaptada sabiamente para responder a los errores de nuestra 茅poca y ayudarla en sus necesidades; que est茅, asimismo, al corriente de los modernos descubrimientos y, al mismo tiempo, muy de acuerdo con la venerable tradici贸n; finalmente, que est茅 ordenada con eficacia para un fructuoso cumplimiento de todas las cargas pastorales, de suerte que permita a los futuros sacerdotes ense帽ar y defender, seg煤n conviniere, la sana doctrina en sermones y en catequesis que se dirijan tanto a las gentes incultas como a las gentes instruidas, administrar bien los sacramentos, promover activamente el bien de las almas y ser 煤tiles a todos con sus palabras y con sus actos.
10. Aunque todo esto que Nos hemos dicho hasta aqu铆 sobre la formaci贸n espiritual e intelectual de los alumnos contribuye en el m谩s alto grado a preparar hombres verdaderamente apost贸licos y es necesario para ello, de modo que, si el sacerdote se halla falto de la santidad y de la ciencia deseadas, est茅 muy convencido de que le falta todo, Nuestro oficio, muy grave, Nos obliga aqu铆 a a帽adir que, adem谩s de la santidad y de la ciencia requeridas, es absolutamente necesario que el sacerdote, para cumplir bien con su ministerio apost贸lico, reciba una formaci贸n pastoral muy cuidada y perfecta en todos puntos, que le d茅 habilidad y destreza verdaderas para cumplir convenientemente las numerosas cargas del apostolado cristiano.
Y si es habitual que cada uno, antes de ejercitar un oficio, comience por una s贸lida preparaci贸n, ya sea te贸rica, seg煤n se dice, ya t茅cnica, ya pr谩ctica en el curso de un largo aprendizaje, 驴qui茅n negar谩 que se necesite una preparaci贸n mucho m谩s cuidada y m谩s alta que preceda a lo que se llama con raz贸n el arte de las artes?
Esta formaci贸n pastoral de los alumnos, que ya debe comenzarse al principio del ciclo de los estudios, y perfeccionarse gradualmente a medida que avanzan en edad, y acabarse por un "periodo" especial despu茅s de los estudios de Teolog铆a, correspondiente a la finalidad de cada Instituto, ha de mirar ante todo a que los futuros ministros y ap贸stoles de Cristo, siguiendo el ejemplo de Cristo mismo, est茅n s贸lida y profundamente impregnados por las virtudes apost贸licas, esto es, por un celo ardiente y muy puro para trabajar por la gloria de Dios, un amor activo y ardiente hacia la Iglesia para defender sus derechos, conservar y extender su doctrina, un celo abrasado por la salvaci贸n de las almas, una prudencia sobrenatural en las palabras y en los actos unida a la sencillez evang茅lica, una humilde abnegaci贸n de s铆 mismos y una d贸cil sumisi贸n a los superiores, una muy firme confianza en Dios y una conciencia clar铆sima de su misi贸n, una viril habilidad para llevar los asuntos y una constancia para continuar todo lo emprendido, una fidelidad atenta a cumplir su oficio, un gran valor para hacer y soportar cosas muy duras, y, finalmente, una amabilidad y humanidad cristianas que atraigan a todos.
Necesario es, adem谩s, mientras se da la formaci贸n pastoral, cuidar de que, habida cuenta del grado de progreso en los estudios, los alumnos sean instruidos en todas las materias que puedan conducir a formar en todos los aspectos el buen soldado de Crsito 26 y pertrecharle con las armas apost贸licas correspondientes. Por ello, adem谩s de los estudios filos贸ficos y teol贸gicos, para prepararles oportunamente a la acci贸n pastoral, seg煤n Nos hemos dicho, es necesario absolutamente que los futuros pastores de la grey del Se帽or reciban de maestros competentes, seg煤n las normas de la Sede Apost贸lica, una ense帽anza tocante a las cuestiones psicol贸gicas y pedag贸gicas, did谩cticas y catequ铆sticas, sociales y pastorales y otras de esta suerte -ense帽anza, que responda al progreso actual de estas materias y que los prepare para las m煤ltiples necesidades del apostolado moderno.
Y para que esta formaci贸n apost贸lica doctrinal quede muy bien confirmada en el uso y en la experiencia, preciso es asociarle ejercicios llamados pr谩cticos, que progresen gradualmente con discreci贸n y est茅n prudentemente ordenados. Queremos, pues, Nos que se cumplan en un "periodo" especial, que deber谩 seguir a la recepci贸n del sacerdocio, bajo la direcci贸n de hombres muy competentes de hecho en su doctrina, y que se desarrollen de manera continua sin jam谩s interrumpir los estudios sagrados.
Luego de haber dado estos muy altos principios que deben regir as铆 el trabajo de formaci贸n como a los educadores y a sus alumnos, y las leyes generales que tocan a cada punto de esta cuesti贸n tan importante, examinado todo con madurez, Nos declaramos y con ciencia cierta establecemos, y en virtud de la plenitud del poder apost贸lico, que deben ser observados por todos a quienes se refiere.
Adem谩s, Nos damos poder, en virtud de Nuestra autoridad, a la S. Congregaci贸n de Religiosos, para publicar ordenanzas, instrucciones, declaraciones, interpretaciones y otros documentos de este g茅nero, para la aplicaci贸n de los estatutos generales ya aprobados por Nos, y promulgar todo cuanto sirva para hacer que se observen fielmente la Constituci贸n, los estatutos y los reglamentos.
No obstando nada en contrario, ni aun las cosas dignas de una menci贸n particular.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 31 de mayo de 1956, a帽o d茅cimoctavo de Nuestro Pontificado, en la fiesta de la Bienaventurada Virgen Mar铆a, Reina del mundo.
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