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Mons. Antonio Samoré, Discurso Inaugural durante II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
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El CELAM, Consejo Episcopal Latinoamericano

Algunos de los Eminentísimos y Excelentísimos señores representantes conocen, tanto como yo, la génesis del CELAM; ellos saben qué parte correspondió a los miembros de la Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Río de Janeiro, en pensar, proponer y obtener la erección del Consejo - CELAM. Este funciona desde hace ya doce años. Como cualquiera otra obra humana es susceptible de perfeccionamiento: y esto es tan cierto que, habiendo sido del CELAM ideado en la Conferencia General de Río de Janeiro y habiéndose dado Estatutos propios en su Tercera Reunión, en el año de 1958 (Estatutos aprobados después por la Santa Sede), hace algunos año ha llegado a la determinación de reformarlos; y en la última reunión, la undécima —Lima, noviembre de 1967— decidió someter este asunto a la presente Asamblea para oír pareceres y obtener una ratificación: a una especial Comisión es confiada la importantes tarea. Teniendo pues en cuenta que a esta Conferencia le será pedido tratar del CELAM, no es en realidad el caso de que me extienda a hablar sobre el mismo. Debo, en cambio hablar de las relaciones entre CAL y CELAM. He recordado que la CAL “sigue y alienta las actividades del Consejo Episcopal Latinoamericano y de su Secretariado General”. Aquí también, reconociendo las deficiencias de la debilidad humana, considero que se pueda afirmar que ha habido siempre una sincera colaboración: una colaboración efectiva y eficaz, que ha hecho posible el nacimiento y el desarrollo de iniciativas y ha dado buenos frutos. El último, en orden de tiempo mas no de importancia, es justamente esta imponente Asamblea, cuya preparación es obra conjunta del CELAM y de la CAL: como el Reglamente de esta misma Conferencia General lo define y establece.

Efectivamente el Reglamento de esta magna Asamblea dispone en el art. II: “Corresponde a la Pontificia Comisión para América Latina, de común acuerdo con los Dicasterios de la Curia Romana particularmente interesados, seguir y favorecer la preparación de la Conferencia, en conformidad con las directivas dadas por el Santo Padre”; en el art. III, 1°: “El Consejo Episcopal Latinoamericano se ocupa del aspecto organizativo y técnico de la preparación de la Conferencia. Y así la ha sido.

Me sea permitido testimoniar mi aprecio y reconocimiento a todos los artífices de esta colaboración.

Los Estatutos de 1958 definían al CELAM: “órgano de contacto y de colaboración de las Conferencias de América Latina”. Desde esa época ya lejana —hoy un decenio representa en el curso de los múltiples acontecimientos y en la sucesión rápida de situación un período de tiempo considerable, tal vez lo que en otras épocas era un siglo más!— el CELAM se ha ido desarrollando; han surgido los Departamentos. Una nueva, más amplia definición propone el proyecto de Estatutos nuevos, y la Asamblea se pronunciará al respecto.

Aquí y en este momento me urge subrayar que estimo de suma importancia que las relaciones entra CAL y CELAM continúen siempre en un clima de cordialidad, de franqueza y de eficiencia. Quisiera además poner de relieve que, teniendo en cuenta la circunstancia de que, de hecho, el Presidente del CELAM reside en una nación, los dos Vicepresidentes en otras dos Naciones y el Secretariado General tiene sede en Colombia, es norma de la oficinas de la CAL enviar siempre todas sus comunicaciones en cuádruple copia: en esta forma se hace menos gravosa la incomodidad de tan grandes distancias.

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