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Cardenal Alfonso López Trujillo, Mensaje del Cardenal Alfonso López Trujillo a los participantes al Primer Encuentro de Jóvenes Pro-Vida del Mercosur, dado en Buenos Aires, 10 y 11 de octubre de 1998.
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Los jóvenes y la familia, prioridad en la Iglesia

Mensaje del Cardenal Alfonso López Trujillo a los participantes al Primer Encuentro de Jóvenes Pro-Vida del Mercosur

Buenos Aires, 10 y 11 de octubre de 1998

1. En la b√ļsqueda de Dios

La voluntad de todos los j√≥venes, como tambi√©n la vuestra, queridos j√≥venes de Argentina, y de todo el Mercosur, es de construir un mundo m√°s acogedor y un futuro m√°s pac√≠fico. Vuestra generaci√≥n busca con dificultad no s√≥lo los medios materiales indispensables, sino tambi√©n razones de vida y objetivos que motiven vuestra generosidad. Os vais a dar cuenta de que s√≥lo estar√©is felices si os integr√°is bien en vuestra sociedad donde se debe respetar la dignidad humana y la fraternidad. Tienen Ustedes aqu√≠ una ocasi√≥n privilegiada para poner en com√ļn aspiraciones e intercambiar

recíprocamente las riquezas de sus experiencias.

La Iglesia funda en Ustedes una firme confianza: ser√©is en el futuro, desde ahora, agentes de la cultura de la vida, es decir, sois testimonio y centinelas de la dignidad de la persona humana, desde su concepci√≥n hasta la muerte. Si los j√≥venes muchos, muchos m√°s con vosotros, asum√≠s esta causa, habr√° futuro! Si no, si muchos claudican, se rinden, no dan la batalla, el futuro de la humanidad ser√° de verg√ľenza: una sociedad que liquida a los m√°s inocentes y d√©biles, es una verg√ľenza.

2. Defender la vida rezando y trabajando dentro y por la Iglesia

El Papa León XIII desarrolló este tema en la encíclica Rerum novarum.

Frente a las formas de pobreza que agobian a tantos hombres y mujeres, la caridad es un signo profético del compromiso del cristiano en el seguimiento de Cristo. Por tanto, invito a los laicos, y particularmente a los jóvenes, a dar prueba de valentía y de imaginación, para trabajar en la edificación de sociedades más fraternas, donde se reconozca la dignidad de la persona y se encuentren los medios para una existencia digna.

Todos los cristianos que son comprometidos en este mundo busca la respuesta a esta pregunta: ¬ŅComo podemos defender mejor la vida, la familia, en nuestra sociedad?

En verdad que hay muy fuertes razones de orden filos√≥fico, que nacen de la raz√≥n, para defender la vida. Bien los conoc√©is! (Cfr. Evangelium Vitae...). Pero la oraci√≥n os pone en contacto directo con "El Se√Īor de la vida". Os introduce en la experiencia √ļnica de ir a la misma fuente de la vida, a la ra√≠z de su realidad sagrada y a Dios mismo! As√≠, la defensa de la vida, sobre todo, en la familia, es una opci√≥n de coherencia humana y cristiana!

Cristo debe estar en el centro de nuestra oraci√≥n porque El es la fuente del v√≠nculo espiritual que nos une en su Iglesia y porque El nos llena los corazones para poder vibrar con el mensaje del evangelio de esperanza, el evangelio de la vida. El nos da la respuesta adecuada a esta pregunta, repuesta que debe transformarse en empe√Īo y en lucha por un mundo mejor.

Cristo os muestra el rostro de Dios, el rostro que todo hombre busca apasionadamente a lo largo de su existencia, a veces incluso sin darse cuenta, y El representa la fuente de energía.

El Santo Padre decía el la Jornada mundial de la juventud en París: "Aspiráis a una vida cada vez más hermosa, fundada en los valores morales y espirituales que hacen libres y que dirigen nuestros pasos hacia la eternidad".1

Acoged con prontitud la invitación de Cristo a conocer su morada y permanecer siempre con él, para anunciar su evangelio de esperanza a todo el mundo.

3. Una buena formación espiritual y doctrinal os ayuda para un mejor y mayor compromiso

La misión que se os confía exige que, durante toda vuestra vida, dediquéis el tiempo necesario a vuestra formación espiritual y doctrinal, a fin de profundizar vuestra fe y convertiros, también vosotros, en formadores. Así, responderéis a la llamada "a crecer, a madurar continuamente, a dar cada vez más fruto"2. En el umbral del tercer milenio, os invito a estar muy atentos a la voz y a los signos de la presencia y de la acción del

Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo. Contemplando e imitando a la Virgen María, modelo de la fe vivida, seréis verdaderos discípulos de Cristo, su Hijo divino, que funda la esperanza, fuente de vida.

La Iglesia católica en los países del Mercosur, guiada por los pastores, se compromete en la defensa de los valores de la tradición cultural y cristiana. A través de un análisis claro filosófico y teológico de las diferentes corrientes de pensamiento, para sacar a la luz rasgos ambiguos y corregirlos, podéis llegar a una madura formación. Este análisis, si se hace desde una perspectiva cristiana, puede ayudar mucho a los jóvenes de hoy para encontrar su camino en la vida, para descubrir la "Verdad y la Vida" en la existencia personal, para poder llegar también buenos formadores.

Pero podemos constatar que la situaci√≥n actual se ve afectada por la influencia demasiada de los massmedia sobre la educaci√≥n de los j√≥venes. "En estos a√Īos de profundos cambios los m√°s da√Īados han sido la familia y los j√≥venes...El binomio familia - j√≥venes debe constituir la prioridad de las prioridades de toda Iglesia, dijo Santo Padre en una de sus reciente intervenci√≥n del Castel Gandolfo. Los influjos negativos que llegan hoy por todos los sitios deben encontrar en la comunidad cristiana ant√≠dotos eficaces y oportunos".

Asumir una posición de censura y de crítica ante el desgeste de culturas envejecidas que no saben defender la vida, la causa de los más débiles y ante los medios de comunicación, y no son pocos, que conspiran en esa penosa conjura contra la vida!

La clave de este antídoto se encuentra en un concepto claro: formación.

Formación de los jóvenes, formación de las familias, formación de los sacerdotes. De esto dependerá el futuro de la Iglesia, de la sociedad entera porque en la medida que esta el joven está bien formado, informado y preparado puede ayudar a los otros a descubrir la "Verdad" en su vida.

4. La confusión conceptual porta a una falso concepto del hombre

La "verdad" sobre el hombre y la vida requiere un eje, a la vez doctrinal y filosófico, una presentación sistemática, cuyo eje es el proyecto original de Dios sobre estos dos polos, es decir, la verdad a la cual tenemos acceso en la fe desde Dios, con la riqueza sin límites de la Revelación que nos es dada, y la "verdad" a la cual nos acercamos por el camino de la razón. La "verdad" sobre el hombre constituye una preocupación del Papa ante las graves crisis que golpean la familia y los jóvenes, y quizás la más importante de ellas, "la confusión conceptual"3.

Nuestra causa es el hombre, imagen de Dios! América Latina debe distinguir se por esta noble lucha que nos compromete, nos dignifica y es un reto a vuestra generosidad. Mientras hay generaciones y jóvenes cansados, fatigados, como marchitos por falta de ideales.

Vosotros sois una bandera de esperanza. No podéis desfallecer. Adelante! No dejéis pisotear la dignidad humana!

La proclamación y defensa de los derechos de la vida humana adquiere la altura, de portada histórica de la Encíclica Evangelium Vitae. En torno de las exigencias del reconocimiento de la persona humana y de su adecuado tratamiento, desde el primer momento de la concepción, la "verdad antropológica" es insoslayable.

Esa es la causa de la negación del hombre que es conculcado, sometido a la manipulación y convertido en víctima de toda clase de arbitrariedades, hasta la eliminación injusta, del "nascituro", o del enfermo terminal o del anciano, negando el derecho fundamental a la vida.

La confusión conceptual en las manos de poderes arbitrarios se convierte en terrible amenaza, en una cadena de atentados que tiene como constante negar la entidad e identidad de la persona. Las legislaciones injustas, permisivas, violatorias de la familia y de la vida, por tanto inicuas, son el efecto doloroso del eclipse de la verdad en los espíritus, penosa enfermedad a la que oportunamente se refiriera Romano Guardini.

En la ense√Īanza del Papa la preocupaci√≥n central queda la familia y los j√≥venes. El Santo Padre invita a todos los creyentes a tener una experiencia del esp√≠ritu: "La experiencia del esp√≠ritu da al creyente aquel "sentido de la Iglesia" que est√° en la conciencia de que √©l no pertenece m√°s a si mismo, sino que pertenece a Dios, en Cristo y en la Iglesia (1Cor 6.19). No hay por tanto experiencia del esp√≠ritu separada, cerrada en los l√≠mites de una interioridad individualista..."4 Hay que dar al alma siempre el alimento espiritual que hace rejuvenecer y tambi√©n que cambia toda la persona, porque el di√°logo con Dios forma y educa en amor. San Ireneo escrib√≠a: "La ense√Īanza de la Iglesia es un dep√≥sito precioso encerrado en un vaso excelente, el esp√≠ritu lo rejuvenece siempre y comunica su juventud al vaso que lo contiene... Pues, donde est√° la Iglesia , all√≠ est√° el Esp√≠ritu de Dios, y donde est√° el Esp√≠ritu de Dios, all√≠ est√° la Iglesia y toda gracia; y el Esp√≠ritu es verdad"5. En vuestras almas, queridos j√≥venes est√° el presente y el futuro de la Iglesia.

5. La ley evangélica del amor lleva a todos los cristianos, y especialmente a vosotros, jóvenes a transformar el mundo, como la levadura

"Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros tambi√©n lo hag√°is" (Jn 13, 15). Jes√ļs, Maestro y Se√Īor, deja su lugar en la mesa para tomar el puesto de servidor. Ense√Īa humildemente que amar con palabras y obras consiste ante todo en servir a los hermanos. El que no acepta esto no puede ser su disc√≠pulo. La existencia cristiana nos exige avanzar por el camino del amor. La ley de Cristo es la ley del amor. Esta ley, transformando el mundo, como la levadura, desarma a los violentos y devuelve su lugar a los d√©biles y m√°s peque√Īos, llamados a anunciar el Evangelio.

Gracias a Cristo estamos cerca de todos nuestros hermanos y somos llamados a manifestar la alegr√≠a profunda que se tiene al vivir con √©l. El Se√Īor nos llama a cumplir nuestra misi√≥n donde estamos, pues "el lugar que Dios nos ha se√Īalado es tan hermoso, que no nos est√° permitido desertar de √©l"6.

Independientemente de lo que hagamos, nuestra vida es para el Se√Īor; en √©l est√° nuestra esperanza y nuestro t√≠tulo de gloria. En la Iglesia la presencia de los j√≥venes, de los catec√ļmenos y de los nuevos bautizados es una riqueza y una fuente de vitalidad para toda la comunidad cristiana, llamada a dar cuenta de su fe y a testimoniarla hasta los confines de la tierra.

En virtud del Esp√≠ritu recibido, el verdadero disc√≠pulo de Cristo se ve impulsado a ponerse al servicio de sus hermanos, en la Iglesia, en su familia, en su vida profesional, en las numerosas asociaciones y en la vida p√ļblica, en el orden nacional e internacional. Servir es el camino de la felicidad y de la santidad: nuestra vida se transforma, pues, en una forma de amor a Dios y a nuestros hermanos.

Lavando los pies de sus disc√≠pulos, Jes√ļs anticipa la humillaci√≥n de la muerte en la cruz, en la cual √©l servir√° al mundo de manera absoluta.

Ense√Īa que su triunfo y su gloria pasan por el sacrificio y por el servicio: √©ste es tambi√©n el camino de cada cristiano. No hay amor m√°s grande que dar libremente la vida por los amigos (cf. Jn 15, 13), pues el amor salva el mundo, construye la sociedad y prepara la eternidad. De esta manera vosotros, queridos j√≥venes de Am√©rica Latina, en este importante sector de j√≥venes del Mercosur, ser√©is los profetas de un mundo nuevo. ¬°Que el amor y el servicio sean las primeras reglas de vuestra vida!

En la entrega de vosotros mismos descubrir√©is lo mucho que ya hab√©is recibido y que recibir√©is a√ļn como don de Dios. El servicio a los hermanos m√°s noble y m√°s urgente es defender, llenos de fe, el derecho a la vida, sin la cual los dem√°s derechos caen como castillos de arena.

6. En el servicio de la Iglesia

¬ŅC√≥mo no responder alegremente a la llamada del Se√Īor?

El amor es el testimonio por excelencia que abre a la esperanza. El servicio a los hermanos transfigura la existencia, pues manifiesta que la esperanza y la vida fraterna son más fuertes que toda tentación de desesperación. El amor puede triunfar en cualquier circunstancia.

Desconcertado por el humilde gesto de Jes√ļs, Pedro le dice: "Se√Īor, ¬Ņlavarme los pies t√ļ a m√≠? Jam√°s!" ( Jn 13, 6. 8). S√≥lo el que acogen el amor que Dios le da puede a su vez amar. Pedro permiti√≥ que el Se√Īor le lavara los pies. Se experiment√≥ el amor de su Se√Īor y despu√©s lo comprendi√≥. Queridos j√≥venes, haced la experiencia del amor de Cristo: ser√©is conscientes de lo que √©l ha hecho por vosotros y entonces lo comprender√©is. S√≥lo el que vive en intimidad con Cristo es capaz de ahondar en este misterio.

Es el momento de preguntaros, queridos j√≥venes, c√≥mo servir a Cristo con una tal donaci√≥n como la del Se√Īor quien se hace servidor. La disponibilidad y el desprendimiento son las actitudes fundamentales de quien quiere hacer la voluntad de Dios.

7. Cultura de la vida y cultura de la muerte

El Santo Padre escribió en la encíclica Evangelium Vitae "(...) Quiero meditar de nuevo y anunciar el Evangelio de la vida, esplendor de la verdad que ilumina las conciencias, luz diáfana que sana la mirada oscurecida, fuente inagotable de constancia y valor para afrontar los desafíos siempre nuevos que encontramos en nuestro camino"7

Existe, desgraciadamente, una "cultura" de la muerte. Es como un "instituto" de agresión arraigado en el hombre sistemáticamente inducido.

"La violación sistemática de la ley moral, especialmente en el grave campo del respeto de la vida humana y su dignidad, produce una especie de progresiva ofuscación de la capacidad de percibir la presencia vivificante y salvadora de Dios."8

En la denuncia histórica del Papa Juan Pablo II adquiera las más amplias proporciones, como tragedia que crece numéricamente y tiene a su favor progresos técnicos antes no sospechados, y revista la forma de una "conspiración" de una "conjura" contra la vida. Podemos hablar de una conjuración de los más fuertes contra los más débiles en nombre de la libertad, del progreso y de los mismos "derechos" que se niegan a unos, a los que carecen de fuerza y de voz, y a otros son reconocidos, hasta percibir como decisión lícita la eliminación de seres humanos inocentes cuyo derecho fundamental a la vida es negado, y sustraído en medio de estructuras "democráticas".

Es, adem√°s una conjura de car√°cter pol√≠tico y universal. En algunas circunstancias, como en el caso de las pol√≠ticas de control natal, se invoca el bien de la humanidad, una especie de "bien com√ļn universal", para perseverar la especie humana de terribles peligros como hambre, la guerra, y todo g√©nero de conflictos cuando aumenta desproporcionadamente el n√ļmero de los comensales, de los invitados al banquete, en la comparaci√≥n que introdujo, incluso con versiones corregidas y aumentadas, el mismo Malthus, y el pan es y ser√° m√°s escaso. Nos hallamos de frente a una conjura pol√≠tica de la cultura de la muerte de dimensiones universales con un crecimiento desconcertante.

El fen√≥meno en las modalidades m√°s difundidas es reciente ¬Ņc√≥mo, en tan poco tiempo, ha podido crecer una actitud a la vez arbitraria y arrogante, que antes provocaba verg√ľenza y hoy es esgrime como una conquista de un pluralismo democr√°tico? ¬ŅC√≥mo ha podido derrumbarse tan r√°pidamente un edificio √©tico en nombre de una novedosa concepci√≥n √©tica que va conformando un modo de ver, de concebir las cosas, un modo de vivir, un "estilo de vida", como una amplia red cultural? Estamos en presencia de una

forma de "globalización" con las modalidades de un nuevo concepto de humanidad, de antropología, de una nueva moral, con una curiosa erosión y transmisión de "valores.

El a√Īo Internacional de la Familia permiti√≥ ponderar incisivamente el verdadero rostro de la cultura de la muerte contra la Familia, Santuario de la Vida y contra los derechos sagrados de la persona humana. Hay una dolorosa paradoja, que en este a√Īo es doble apreciar mejor, con ocasi√≥n de la celebraci√≥n de los 50 a√Īos de la Declaraci√≥n Universal de los derechos Humanos en la ONU. Mientras, como lo indicaba el Concilio, se experimenta una irrefrenable sed de dignidad y son reconocidos derechos del hombre

fundamentales y centrales, son conculcados, en nombre de un a concepción de libertad y de democracia derechos fundamentales de los más débiles, y el más fundamental: el derecho a la vida, sin el cual los demás derechos carecen de soporte, simplemente porque carecen de sujeto... pues este es negado como persona o es eliminado como cosa.

El anuncio del Evangelio de la vida, escribe Juan Pablo II, "es particularmente urgente ante la impresionante multiplicación y agudización de las amenazas a la vida de las personas y de los pueblos, especialmente cuando esta es débil e indefensa (...)". Por desgracia, este alarmante panorama, en vez de disminuir, se ve más bien agrandado. Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico, surgen

nuevas formas de agresi√≥n contra la dignidad del ser humano, a la vez que se va delineado y consolidando una nueva situaci√≥n cultural que confiere a los atentados contra la vida un aspecto in√©dito y podr√≠a decirse m√°s inicuo, o casionando ulteriores y graves preocupaciones: amplios sectores de la opini√≥n p√ļblica justifican algunos atentados contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual.

"En la b√ļsqueda de las ra√≠ces m√°s profundas de la lucha entre la " cultura de la vida " y la " cultura de la muerte ", no basta detenerse en la idea perversa de libertad anteriormente se√Īalada. Es necesario llegar al centro del drama vivido por el hombre contempor√°neo: el eclipse del sentido de Dios y del hombre, caracter√≠stico del contexto social y cultural dominado por el secularismo, que con sus tent√°culos penetrantes no deja de poner a prueba, a veces, a las mismas comunidades cristianas."9

8. Compromiso en la transmisión del Evangelio de la Vida

La Iglesia tiene necesidad de vosotros, tiene necesidad de vuestro compromiso al servicio del Evangelio. Acoged el fuego del Esp√≠ritu del Se√Īor, para convertiros en celosos heraldos de la Buena Nueva.

Queridos j√≥venes, como miembros de la Iglesia os corresponde continuar el gesto del Se√Īor: el lavatorio de los pies prefigura todas las obras de amor y de misericordia que los disc√≠pulos de Cristo realizar√≠an a lo largo de la historia para hacer crecer la comuni√≥n entre los hombres. Hoy, tambi√©n vosotros est√°is llamados a comprometeros en este sentido, aceptando seguir a Cristo; anunci√°is que el camino del amor perfecto pasa por la entrega total y constante de s√≠ mismo. El Santo Padre dec√≠a en al hist√≥rica

enc√≠clica Evangelium Vitae: "Deseo que resurja o se refuerce a cada nivel el compromiso de todos por sostener la familia, para que tambi√©n hoy -aun en medio de numerosas dificultades y de graves amenazas- ella se mantenga siempre, seg√ļn el designio de Dios, como " santuario de la vida "10

Tenemos que esforzarnos para que toda persona pueda vivir de una manera digna y ser reconocida en su dignidad primordial de hijo de Dios. Cada vez que servimos a nuestros hermanos no nos alejamos de Dios; al contrario, le encontramos en nuestro camino y le servimos. "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m√≠os m√°s peque√Īos, a m√≠ me lo hicisteis" (Mt 25, 40). As√≠ damos gloria al Se√Īor, nuestro Creador y nuestro Salvador, contribuimos al crecimiento del reino de Dios en el mundo y al progreso de la humanidad.

Juntos pedimos hoy especialmente por los jóvenes que no tienen la posibilidad ni los medios para vivir dignamente y recibir la educación necesaria para su crecimiento humano y espiritual a causa de la miseria, la guerra o la enfermedad. ¡Que todos ellos estén seguros del afecto y del apoyo de la Iglesia!

El que ama no hace c√°lculos, no busca ventajas. Act√ļa en secreto y gratuitamente en favor de sus hermanos, sabiendo que cada hombre, sea quien sea, tiene un valor infinito. En Cristo no hay personas inferiores o superiores. No hay m√°s que miembros de un mismo cuerpo, que quieren la felicidad unos de otros y que desean construir un mundo acogedor para todos. Por los gestos de atenci√≥n y por nuestra participaci√≥n activa en la vida social, testimoniamos a nuestro pr√≥jimo que queremos ayudarle para que llegue a ser √©l mismo y a dar lo mejor de s√≠ para su promoci√≥n personal y para el bien de toda la comunidad humana.

Santo Padre dijo: "A todos los miembros de la Iglesia, pueblo de la vida y para la vida, dirijo mi más apremiante invitación para que, juntos, podamos ofrecer a este mundo nuestro nuevos signos de esperanza, trabajando para que aumenten la justicia y la solidaridad y se afiance una nueva cultura de la vida humana, para la edificación de una auténtica civilización de la verdad y del amor".11

Queridos j√≥venes, llev√°is en vosotros capacidades extraordinarias de entrega, de amor y de solidaridad. El Se√Īor quiere reavivar esta generosidad inmensa que anima vuestro coraz√≥n. Os invito a venir a beber a la fuente de la vida, que es Cristo, a fin de inventar cada d√≠a los medios para servir a vuestros hermanos en el seno de la sociedad en la cual os corresponde asumir vuestras responsabilidades de hombres y de creyentes.

En vuestro apostolado, propon√©is a vuestros hermanos el Evangelio de la vida. Donde el testimonio de la palabra es dif√≠cil o imposible en un mundo que no lo acepta, por vuestra actitud hac√©is presente a Cristo siervo, el Se√Īor de la vida, pues vuestra acci√≥n est√° en armon√≠a con la ense√Īanza de Aquel que anunci√°is. Esta es una forma excelente de confesi√≥n de la fe, que han practicado con humildad y perseverancia los santos. Es una manera de manifestar que, como Cristo, se puede sacrificar todo por la verdad del Evangelio y por el amor a los hermanos.

Queridos jóvenes, seáis los testigos del Resucitado a lo largo de toda vuestra vida. Vais ahora hacia los lugares de las diferentes vigilias.

Volved vuestra mirada a Cristo, para comprender el sentido del mensaje divino y encontrar la fuerza para la misi√≥n que el Se√Īor os conf√≠a en el mundo, ya sea en un compromiso como laicos, ya en la vida consagrada. Realizando de ese modo vuestra existencia cotidiana con lucidez y esperanza, sin pesadumbre o des√°nimo, compartiendo vuestras experiencias, percibir√©is la presencia de Dios, que os acompa√Īa con delicadeza. Dad vuestra aportaci√≥n a la vida de la Iglesia, que tiene necesidad de vuestra juventud y de vuestro dinamismo.

La lucha por la vida es difícil. Hay que sufrir, incluso ataques e incomprensiones. Tiene la Iglesia en Juan Pablo II un grande leader, abogado de los más pobres. Tiene la Iglesia y la humanidad a Cristo, Resucitado, triunfador de la muerte que garantiza la victoria definitiva.

Conclusión

Queridos j√≥venes, sois los testigos de la Buena Nueva del Se√Īor en vuestros pa√≠ses y en Am√©rica Latina. Ten√©is grandes riquezas espirituales para compartir con vuestros hermanos. Cristo os llama a seguirlo para encontrar la felicidad y construir con vuestros hermanos una sociedad de justicia y de paz. Os llama a resucitar en otros j√≥venes la visi√≥n sobre la vida.

Seréis verdaderos constructores de la Iglesia, templo espiritual12, si lleváis la buena nueva a todas las naciones; si entabláis diálogo con vuestros hermanos de diferentes orígenes y culturas; si acogéis a los heridos de la vida, a los pobres, a los enfermos, a los minusválidos y a los prisioneros; y si acogéis también a los representantes de las diversas clases, de cualquier parte del mundo que vengan.

Poned al servicio de todos vuestros hermanos vuestro dinamismo y vuestra alegría de vivir vuestra generosidad, vuestro ardor, para continuar construyendo la Iglesia desde la vuestra testimonio de vida, haciendo progresar de esta manera toda la sociedad. Que la oración de todos os dé la fuerza para ser discípulos de Cristo y constructores de nueva humanidad.

Cristo es nuestra esperanza, es nuestra alegr√≠a. Durante los d√≠as siguientes, abrid vuestro coraz√≥n y vuestra mente a Cristo. Form√°is parte de la Iglesia que os quiere revelar el camino de la salvaci√≥n y la v√≠a de la felicidad. Os invito a dejaros guiar por el Se√Īor y a caminar con √©l. Que vuestra vida cristiana sea un "acostumbrarse" progresivo a la vida con Dios, seg√ļn la hermosa expresi√≥n de san Ireneo, para que se√°is misioneros del Evangelio.

Que este Primer Encuentro de Jóvenes Pro-Vida del Mercosur sea para vosotros una invitación a acoger a Cristo y convertiros cada vez más en sus discípulos.

Mucho me alegra saber que con el Pontificio Consilio para la Familia podemos, desde y en la Iglesia, llevar esta hermosa lucha, en profunda unidad y convergencia.

Durante estos días, de manera especial, pediré a Dios que, con el poder de su Espíritu, reavive constantemente en vosotros el deseo de encontraros con Cristo y que os dé la valentía de defender la vida, la familia y grandes valores, siguendolo a donde os guíe.

Que la bendici√≥n de Dios os acompa√Īe a vosotros y a los j√≥venes de vuestra edad que no han podido venir aqu√≠.

El Se√Īor de la vida, que ha muerto y Reina vivo, os bendiga.


1

Juan Pablo II, Discorso pronunciado con la ocasión del la Jornada mundial de la juventud, 21 agosto, 1997

2

Christifideles laici, 57

3

"¬ŅQui√©n puede negar que la nuestra es una √©poca de gran crisis, que se manifiesta ante todo como profunda 'crisis de la verdad'? Crisis de la verdad significa, en primer lugar, crisis de conceptos", Juan Pablo II, Carta a las Familias Gratissimam Sane, n.13

4

Marcello Bordoni, La cristologia nell'orizzonte dello Spirito, Querinianan, Brescia, 1955, pp.61-62

5

Ireneo, Adeversus haereses, III, 14

6

cf.Carta a Diogneto, VI, 10

7

Evangelium Vitae n.6

8

Evangelium Vitae n.6

9

Evangelium Vitae n.21

10

Evangelium Vitae n.6

11

Evangelium Vitae n.6

12

cf. Lumen gentium, 6.
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