Gustavo S谩nchez Rojas
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Lima, Setiembre 鈥 Diciembre 1997
La publicaci贸n del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, en el a帽o 1992, constituye un acontecimiento de singular importancia. Ante todo, nos encontramos con un documento de relevancia hist贸rica excepcional: se trata del segundo catecismo propuesto por el Magisterio a toda la Iglesia. El primero 鈥攃on el alcance universal que nuestro actual Catecismo posee鈥 fue el surgido luego del Concilio de Trento, publicado en 1566 y conocido como Catecismo Romano o Catecismo de Trento, siendo Sumo Pont铆fice San P铆o V. En segundo lugar, el Catecismo de la Iglesia Cat贸lica recoge la riqueza doctrinal del Concilio Vaticano II, que fue llamado por Pablo VI 芦el gran catecismo de los tiempos modernos禄 2 . Esto es particularmente significativo, pues la catequesis aparece como un medio muy oportuno para difundir una ense帽anza conciliar; as铆 ocurri贸 luego del Concilio de Trento, y as铆 sucedi贸 tambi茅n, en nuestras tierras latinoamericanas, con la promulgaci贸n del Catecismo de Santo Toribio o Catecismo limense. En tercer lugar, el objetivo del actual Catecismo es el de ofrecer una ense帽anza s贸lida y segura de la doctrina cristiana que sirva como referencia indispensable para la elaboraci贸n de otros catecismos, seg煤n las diversas mentalidades, culturas y situaciones.
Estas razones nos llevan a considerar que la presencia de este nuevo Catecismo apunta a una finalidad de suyo necesaria: la renovaci贸n de la vida eclesial. Siguiendo con el paralelo entre el Concilio de Trento y el Vaticano II, observamos que en ambos casos la renovaci贸n de la Iglesia, su adaptaci贸n y preparaci贸n para la misi贸n evangelizadora, despu茅s de sufrir momentos muy dif铆ciles, se dio a trav茅s de la orientaci贸n conciliar. A trav茅s del Catecismo Romano, la Iglesia del siglo XVI mostr贸 y difundi贸 con claridad y sencillez la fe de la Iglesia, en sus contenidos, su celebraci贸n, su 鈥減uesta en pr谩ctica鈥 y en su oraci贸n. De esa manera, promovi贸 y alent贸 los esfuerzos por vivir coherentemente la vida cristiana, esfuerzos que se plasmaron en una impresionante ola de santidad, entre cuyos grandes exponentes se encuentran 鈥攅ntre muchos otros鈥 hombres vinculados a la catequesis: San Carlos Borromeo, San Felipe Neri, Santo Toribio de Mogrovejo... 3 . Tambi茅n ahora, y en continuidad con iniciativas de diversa 铆ndole en otros campos de la vida eclesial, el actual Catecismo, ofreciendo una presentaci贸n nueva de la fe perenne de la Iglesia, contribuye en la tarea de concretizar la ansiada renovaci贸n 4 .
Cabr铆a preguntarse lo siguiente: 驴Qu茅 de novedoso trae este Catecismo? 驴Podr铆a hablarse de 鈥渘ovedad鈥 cuando se trata de la ense帽anza tradicional de la Iglesia? Es evidente que la fe de la Iglesia es siempre la misma, y lo 鈥渘ovedoso鈥 no debe verse como la a帽adidura de nuevas verdades o cosa semejante. Sin embargo, s铆 se puede hablar de 鈥渘ovedad鈥 en la manera de presentar la fe multisecular de la Iglesia: en circunstancias hist贸ricas y culturales diversas, los acentos e impostaciones que el magisterio asume apuntan a una mejor transmisi贸n y ense帽anza de la 煤nica verdad para la salvaci贸n que Dios ha revelado plenamente en Jesucristo. Obviamente, en una coyuntura distinta a la de otras 茅pocas, los acentos variar谩n buscando la m谩s adecuada exposici贸n de la fe, respondiendo adem谩s a los signos de los tiempos, como bien recuerda el Concilio Vaticano II 5 . En la presentaci贸n de las verdades de la fe en orden a su adecuada comunicaci贸n y ense帽anza, encontramos, pues, lo novedoso de esta obra.
Sin embargo, m谩s que hacer un an谩lisis puntual y detallado de todo el Catecismo, quisi茅ramos en esta ocasi贸n centrarnos en una materia muy concreta: la presencia del tema de la reconciliaci贸n a lo largo de este documento. En efecto, si tomamos en cuenta que la reconciliaci贸n 芦煤ltimamente se ha convertido en el tema central de la tarea de la Iglesia禄 6 , y que su propuesta obedece a una inspiraci贸n de Dios en respuesta a los signos de los tiempos 7 , es l贸gico suponer que aparezca como elemento privilegiado de la ense帽anza catequ茅tica de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II indicaba que 芦es leg铆timo hacer converger las reflexiones acerca de todo el misterio de Cristo en torno a su misi贸n de reconciliador禄 8 , y recordaba que una catequesis sobre la reconciliaci贸n 芦debe fundamentarse sobre la ense帽anza b铆blica, especialmente la neotestamentaria, sobre la necesidad de restablecer la alianza con Dios en Cristo redentor y reconciliador y, a la luz y como expansi贸n de esta nueva comuni贸n y amistad, sobre la necesidad de reconciliarse con el hermano, aun a costa de tener que interrumpir la ofrenda del sacrificio禄 9 . Acerqu茅monos, pues al Catecismo y veamos qu茅 nos dice sobre la reconciliaci贸n.
Lo 鈥渘ovedoso鈥 del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica 鈥攄ec铆amos鈥 no est谩 en la a帽adidura de nuevas verdades o contenidos, como alguna prensa sensacionalista destacaba antes de la publicaci贸n del texto. Encontramos algo nuevo en el enfoque o acentuaci贸n que se hace al presentar la fe de la Iglesia, destacando algunos matices e impostaciones que responden a la situaci贸n concreta que viven los hombres de hoy, mostrando de la mejor forma posible los contenidos de la Revelaci贸n y su significado y alcances en la vida del cat贸lico.
El Catecismo se divide en cuatro grandes partes: 1. La profesi贸n de la fe; 2. La celebraci贸n del misterio cristiano; 3. La vida en Cristo; 4. La oraci贸n cristiana. Estas cuatro partes, representadas cada una por un elemento sint茅tico, abarcan al mismo tiempo las diversas dimensiones de la fe. As铆, por ejemplo, el contenido de la fe que creemos (fe profesada) est谩 plasmado de manera sint茅tica en el Credo; esta fe es actualizada y celebrada en la liturgia (fe celebrada) y se hace especialmente visible en los sacramentos; es vivida en el seguimiento cotidiano de Jes煤s (fe vivida) que se concretiza 鈥攅ntre otros medios鈥 a trav茅s de los mandamientos; y por 煤ltimo, es fe que se dirige a Dios pidiendo y alabando (fe orante), encontrando su mejor expresi贸n en la oraci贸n del Padre Nuestro. En torno a estos cuatro 鈥減ilares鈥 (Credo, sacramentos, mandamientos y Padre Nuestro) se ordena y estructura la exposici贸n completa de la fe cat贸lica.
La divisi贸n presentada por el Catecismo no es nueva; es la misma del Catecismo Tridentino. Con ello se sigue un orden cl谩sico y se expresa la continuidad con la tradici贸n catequ茅tica anterior. Sin embargo, se aprecia algo nuevo en el actual Catecismo. Las cuatro grandes partes mencionadas anteriormente se hallan a su vez subdivididas en dos secciones cada una, en las que los contenidos de la fe se ordenan arm贸nicamente seg煤n un esquema que podr铆amos denominar 鈥減resentaci贸n-n煤cleo鈥. La primera secci贸n es como una introducci贸n global que remite al contenido de la segunda secci贸n, en la que aparece sintetizado lo nuclear de la doctrina espec铆fica del bloque en cuesti贸n. Resumiendo, el esquema puede ser presentado as铆:
Primera parte: La profesi贸n de la fe
1. Primera secci贸n: 鈥淐reo鈥-鈥淐reemos鈥
2. Segunda secci贸n: La profesi贸n de la fe cristiana (El S铆mbolo)
Segunda parte: La celebraci贸n del misterio cristiano
1. Primera secci贸n: La econom铆a sacramental
2. Segunda secci贸n: Los siete sacramentos de la Iglesia
Tercera parte: La vida en Cristo
1. Primera secci贸n: La vocaci贸n del hombre: la vida en el Esp铆ritu
2. Segunda secci贸n: Los diez mandamientos
Cuarta parte: La oraci贸n cristiana
1. Primera secci贸n: La oraci贸n en la vida cristiana
2. Segunda secci贸n: La oraci贸n del Se帽or: 鈥淧adre Nuestro鈥
驴Qu茅 nos muestra este esquema? En primer lugar, una constataci贸n de proporciones. La parte correspondiente a la profesi贸n de la fe abarca el 39% del total; la que corresponde a los sacramentos ocupa un 23%; la parte moral tiene un 27%, y la de la oraci贸n un 11%. Esto nos ofrece un dato interesante: el acento del Catecismo est谩 en la Verdad de la fe, pues ella es la que gu铆a y dirige la vida cristiana, y es ella la que debe ser afirmada y proclamada de manera especial ante las negaciones e indiferencias del tiempo presente 10 . Pero aparece adem谩s otra peculiaridad. Observando las proporciones, se aprecia que las dos primeras partes (profesi贸n de fe + sacramentos) suman el 62% del total, mientras que las dos 煤ltimas hacen el 38% restante. En otras palabras, aquello que constituye el don de Dios (la revelaci贸n de su misterio, que acogemos y hacemos nuestro en la profesi贸n de fe, y el regalo de su gracia presente en los sacramentos) tiene siempre la primac铆a respecto a la respuesta (en la vida moral y en la vida de oraci贸n) que el hombre puede dar. El esquema de nuestro actual Catecismo nos indica que en la vida cristiana 鈥攓ue es vida de fe鈥 la iniciativa es siempre de Dios, y la salvaci贸n es don suyo, si bien la respuesta del hombre es indispensable, y sin dicha respuesta no se realiza la salvaci贸n 11 .
El acento fuerte en la fe profesada, entendida 茅sta como el elemento decisivo de la vida cristiana, no es lo 煤nico nuevo en el Catecismo. Si observamos nuevamente el esquema, y echamos una r谩pida mirada a los contenidos, encontramos que la primera secci贸n de la primera parte, titulada 芦Creo-creemos禄, comienza con el tema: 芦El hombre es 鈥渃apaz鈥 de Dios禄 12 , que por haber sido hecho a imagen y semejanza de su Creador, se lanza a buscarlo 13 . Mientras que en el inicio de la tercera parte, la primera secci贸n, que abre la presentaci贸n de la moral cristiana, lleva por t铆tulo: 芦La vocaci贸n del hombre: la vida en el Esp铆ritu禄 y comienza con el tema: 芦La dignidad de la persona humana禄 14 . 驴Qu茅 nos indica esto? Si tenemos en cuenta que ambas secciones (la primera secci贸n de la primera parte y la primera secci贸n de la tercera parte) introducen respectivamente a la exposici贸n sobre el don de Dios a los hombres (la fe sintetizada en el S铆mbolo y la gracia vivida en los sacramentos) y la respuesta del hombre al don divino (expresada en la moral y en la oraci贸n), entonces el punto de partida para la presentaci贸n global del misterio cristiano est谩 en el hombre. Se trata de una aproximaci贸n antropol贸gica, que remite desde la propia experiencia humana a la realidad de Dios, en quien el ser humano encuentra el sentido de su existencia. Hay aqu铆 un tema muy original del actual Catecismo, que responde as铆 a las inquietudes y cuestionamientos del hombre hodierno, para quien la primera experiencia es la de su propia existencia situada, en la que 鈥攔espondiendo adecuadamente a sus dinamismos y orientado e iluminado por la fe鈥 puede reconocer la presencia de Dios.
Las caracter铆sticas descritas hasta este momento son como los presupuestos de la reconciliaci贸n tal como es explicitada por el Catecismo. Examinemos ahora la tem谩tica reconciliadora en la primera de las cuatro partes del texto.
El Catecismo presenta la totalidad de la fe siguiendo un esquema hist贸rico-salv铆fico 15 . Se trata de una presentaci贸n al mismo tiempo tradicional y actual, ya empleada por los Padres de la Iglesia 16 y retomada por el magisterio del Concilio Vaticano II 17 y la teolog铆a contempor谩nea 18 , como un modo sumamente adecuado para revitalizar la profundizaci贸n de las verdades reveladas. La exposici贸n renovadora de la ense帽anza catequ茅tica pasa por la continuidad con la Tradici贸n eclesial.
Dios y el hombre son los protagonistas centrales de la historia. El ser humano, hecho a imagen y semejanza de Dios, no cesa de buscarlo para vivir el encuentro plenificador con su Creador. Hay aqu铆 una categor铆a fundamental: la del encuentro. Pues el hombre 芦s贸lo en Dios encontrar谩... la verdad y la dicha que no cesa de buscar禄 19 , y Dios 芦no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha禄 20 . Y es que este anhelo de encuentro con Dios brota de lo m谩s profundo de la persona, expresando el 鈥渄eseo de Dios鈥 inscrito en el coraz贸n del hombre. En esto radica lo m谩s propio del ser humano: en ser una creatura cuya realidad m谩s propia se define por su relaci贸n con Dios. El hombre es una creatura teologal, y sus dinamismos fundamentales lo muestran como ser-orientado-a-Dios 21 .
Pero la b煤squeda de Dios por parte del hombre est谩 llena de dificultades; diversos obst谩culos pueden impedir el encuentro y la comuni贸n: la rebeli贸n contra el mal en el mundo, la ignorancia, el af谩n de riquezas 22 . El mismo pecado del hombre se alza como una barrera que impide la cercan铆a con su Creador. Atendiendo a nuestra debilidad y a las dificultades que no nos permiten acercarnos debidamente a Dios, 脡l viene a nuestro encuentro. La Revelaci贸n es precisamente esto: Dios sale al encuentro del hombre 23 y se manifiesta a 茅l, descubri茅ndole su misterio e invit谩ndolo a vivir la comuni贸n de amor. La respuesta del ser humano a la Revelaci贸n de Dios es la fe, por la que acoge lo que Dios manifiesta y se adhiere plenamente a 脡l, viviendo la comuni贸n a la que ha sido invitado. Precisamente, es por la fe que podemos ofrecer 芦鈥...la sumisi贸n plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela鈥 24 y entrar as铆 en comuni贸n 铆ntima con 脡l禄 25 .
La Revelaci贸n, conocida y aceptada por la fe, nos muestra a Dios que por amor nos ha creado y nos llama a vivir en su compa帽铆a. Nos recuerda el Catecismo que 芦el primer hombre fue no solamente creado bueno, sino tambi茅n constituido en la amistad con su Creador y en armon铆a consigo mismo y con la creaci贸n en torno a 茅l禄 26 . Esta situaci贸n originaria recibe el nombre de 鈥渆stado de justicia original鈥, cuya caracter铆stica era la posesi贸n de la gracia santificante y la vivencia de la comuni贸n por parte del ser humano en sus relaciones fundamentales: 芦Por la irradiaci贸n de esta gracia (santificante), todas las dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas. Mientras permaneciese en la intimidad divina, el hombre no deb铆a ni morir (cf. G茅n 2,17; 3,19) ni sufrir (cf. G茅n 3,16). La armon铆a interior de la persona humana, la armon铆a entre el hombre y la mujer, y, por 煤ltimo, la armon铆a entre la primera pareja y toda la creaci贸n constitu铆a el estado llamado 鈥渏usticia original鈥澛 27 . Creado en libertad, el hombre deb铆a responder libremente a la invitaci贸n divina acogiendo el don de la gracia y retribuyendo con su amor y su obediencia al Plan de Dios.
Desgraciadamente, el ser humano emple贸 mal su libertad, y en lugar de acercarse m谩s a Dios respondiendo amorosamente a su designio, se alej贸 de 脡l y rechaz贸 su amor 28 . En el inicio de su historia, el hombre pec贸, y de esa manera perdi贸 la privilegiada condici贸n originaria en que hab铆a sido creado. Ante todo el pecado consiste en la desobediencia a Dios: 芦El hombre, tentado por el diablo, dej贸 morir en su coraz贸n la confianza hacia su Creador (cf. G茅n 3,1-11) y, abusando de su libertad, desobedeci贸 al mandamiento de Dios. En esto consisti贸 el primer pecado del hombre (cf. Rom 5,19). En adelante, todo pecado ser谩 una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad禄 29 . Las consecuencias son dram谩ticas: se produce una cu谩druple ruptura, que abarca todos los niveles de su existencia: el hombre vive la ruptura con Dios, expresada en el miedo y el alejamiento 30 ; vive tambi茅n la ruptura consigo mismo, que se manifiesta en la rebeli贸n y en los desequilibrios producidos al interior del hombre; se origina la ruptura con los otros seres humanos, la que se hace visible en las nuevas relaciones de conflicto entre el primer hombre y su mujer; y por 煤ltimo, se da la ruptura con la creaci贸n: 芦La armon铆a en la que se encontraban, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el dominio de las facultades espirituales del alma sobre el cuerpo se quiebra (cf. G茅n 3,7); la uni贸n entre el hombre y la mujer es sometida a tensiones (cf. G茅n 3,11-13); sus relaciones estar谩n marcadas por el deseo y el dominio (cf. G茅n 3,16). La armon铆a con la creaci贸n se rompe; la creaci贸n visible se hace para el hombre extra帽a y hostil (cf. G茅n 3,17.19)禄 31 . Por el pecado entra en el mundo el mal y la muerte, y toda la humanidad cargar谩 con las consecuencias del pecado de los primeros padres. La situaci贸n de desgracia que rodea nuestra existencia tiene en el pecado su explicaci贸n y su origen.
Dios no deja al hombre abandonado a su suerte. Le ofrece la promesa de salvaci贸n (G茅n 3,15) que habr谩 de realizarse definitivamente en la persona de Jesucristo. Y para ello Dios ir谩 preparando poco a poco a la humanidad hasta que llegue el momento propicio para que pueda efectuarse la Redenci贸n.
Ahora bien, esta salvaci贸n ofrecida por Dios y realizada por su Hijo, aparece como una gesta de reconciliaci贸n. Con el t茅rmino 鈥渞econciliaci贸n鈥 entendemos la recuperaci贸n de la amistad con Dios perdida por el pecado del hombre, y el restablecimiento del amor y la comuni贸n a todos los niveles de la existencia humana. Indica la sanaci贸n de las rupturas creadas por el pecado y la restauraci贸n de la unidad que se hab铆a perdido. Es decir, entendemos esta expresi贸n en su sentido propiamente soteriol贸gico, tal como ha sido usada en el Antiguo 32 y en el Nuevo Testamento, especialmente por San Pablo 33 .
La reconciliaci贸n entra en el designio divino como obra que ha de ser realizada por la Trinidad toda. Recogiendo un texto del Directorio Catequ铆stico General del a帽o 1971, se帽ala el Catecismo que 芦鈥渢oda la historia de la salvaci贸n no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y 煤nico, Padre, Hijo y Esp铆ritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado y se une con ellos鈥 34 禄 35 . Ante todo, se pone de relieve que la historia de la salvaci贸n es sin贸nima de la 鈥渉istoria de reconciliaci贸n鈥, entendi茅ndose por ello la 鈥済esta鈥 por la que Dios Uno y Trino rehace lo que el pecado de los hombres hab铆a roto y ofrece al ser humano su Amor, esperando la libre aceptaci贸n de su creatura. Hay una particular insistencia en esta perspectiva que, por otra parte, tambi茅n el Papa Juan Pablo II hab铆a indicado: 芦La historia de la salvaci贸n 鈥攖anto la de la humanidad entera como la de cada hombre de cualquier 茅poca鈥 es la historia admirable de la reconciliaci贸n: aquella por la que Dios, que es Padre, reconcilia al mundo consigo en la Sangre y en la Cruz de su Hijo hecho hombre, engendrando de este modo una nueva familia de reconciliados禄 36 .
En la obra de la reconciliaci贸n intervienen las tres Personas divinas: en primer lugar, es Dios Padre quien establece en su divino Plan la recuperaci贸n de la comuni贸n perdida mediante la acci贸n de su hijo Jesucristo. La teolog铆a paulina es enf谩tica al se帽alar que es el Padre quien ha querido nuestra reconciliaci贸n y la realiza en Jesucristo. Recogiendo esta aproximaci贸n, el Catecismo subraya: 芦Cuando San Pablo dice de Jes煤s que 鈥淒ios lo exhibi贸 como instrumento de propiciaci贸n por su propia sangre鈥 (Rom 3,25), significa que en su humanidad 鈥渆staba Dios reconciliando al mundo consigo鈥 (2Cor 5,19)禄 37 . Efectivamente, en pasajes como Rom 5,10-11 y sobre todo en 2Cor 5,18-20, el sujeto de la acci贸n reconciliadora es siempre Dios Padre 38 , lo que indica el hecho de que nuestra reconciliaci贸n es don gratuito del amor paterno, ofrecido a la humanidad en la persona de Jes煤s.
Hist贸ricamente, es el Se帽or Jes煤s, el Hijo de Dios hecho hombre, quien realiza la reconciliaci贸n, cumpliendo de esta forma el Plan del Padre. El Catecismo va se帽alando los momentos 鈥渇uertes鈥 en los que se concretiza la reconciliaci贸n obrada por el Hijo. En primer lugar, la Encarnaci贸n. Al mencionar los motivos por los cuales el Verbo de Dios se hizo hombre, resulta muy sugerente la perspectiva indicada por el Catecismo cuando vincula la Encarnaci贸n con la reconciliaci贸n: 芦El Verbo se encarn贸 para salvarnos reconcili谩ndonos con Dios: 鈥淒ios nos am贸 y nos envi贸 a su Hijo como propiciaci贸n por nuestros pecados鈥 (1Jn 4,10). 鈥淓l Padre envi贸 a su Hijo para ser Salvador del mundo鈥 (1Jn 4,14). 鈥溍塴 se manifest贸 para quitar los pecados鈥 (1Jn 3,5)禄 39 . Aparece una l铆nea de continuidad con lo indicado en el n. 234, cuando se habla de salvaci贸n como reconciliaci贸n, realiz谩ndose 茅sta en la historia. Pero tambi茅n hay otro elemento muy importante: 芦El Verbo se encarn贸 para ser nuestro modelo de santidad: 鈥淭omad sobre vosotros mi yugo y aprended de m铆...鈥 (Mt 11,29). 鈥淵o soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por m铆鈥 (Jn 14,6). Y el Padre, en el monte de la Transfiguraci贸n, ordena: 鈥淓scuchadle鈥 (Mc 9,7; cf. Dt 6,4-5). 脡l es, en efecto, el modelo de las bienaventuranzas y la norma de la ley nueva...禄 40 .
驴Qu茅 significan estos dos elementos? Al se帽alar por una parte, que la Encarnaci贸n apunta a la reconciliaci贸n, el Catecismo destaca cu谩l es la finalidad objetiva e hist贸rica de la venida del Verbo de Dios a nuestro mundo. La Encarnaci贸n puede ser as铆 considerada como el inicio de la reconciliaci贸n, o como una primera reconciliaci贸n, seg煤n las ense帽anzas de la Tradici贸n 41 . Por otra parte, cuando ense帽a que el Verbo vino para ser nuestro modelo de santidad, indica que la realizaci贸n humana perfecta 鈥攓ue es concreci贸n personalizada de la obra reconciliadora del Se帽or鈥 s贸lo se da en la conformaci贸n plena con el modelo supremo de santidad, que es Jesucristo mismo 42 , y de esta manera hace patente que s贸lo en Jes煤s el hombre puede encontrar la respuesta a su propio misterio, y el camino para su felicidad. En el fondo, encontramos aqu铆 la misma convicci贸n que proclama el Concilio Vaticano II cuando afirma que, 芦en realidad, el misterio del hombre s贸lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado... Cristo, el Nuevo Ad谩n, en la misma revelaci贸n del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocaci贸n禄 43 .
Es importante se帽alar el papel de Santa Mar铆a en la obra reconciliadora de Jes煤s. En efecto, mediante su fe y su obediencia, ella ha cooperado de manera singular en nuestra reconciliaci贸n. Recogiendo testimonios del Magisterio y de la Tradici贸n, el Catecismo nos dice: 芦La Virgen Mar铆a 鈥渃olabor贸 por su fe y obediencia libres a la salvaci贸n de los hombres鈥 44 . Ella pronunci贸 su 鈥渇iat鈥 鈥渓oco totius humanae naturae鈥 (鈥渙cupando el lugar de toda la naturaleza humana鈥) 45 : Por su obediencia, ella se convirti贸 en la nueva Eva, madre de los vivientes禄 46 . Mar铆a coopera activamente en la obra reconciliadora, respondiendo desde su libertad a la misi贸n que Dios le propone. Madre de Jes煤s, es tambi茅n Madre nuestra y nos ayuda a vivir la reconciliaci贸n obrada por el Hijo. En ese sentido, la Tradici贸n ha visto en ella a la Madre que nos trae la Reconciliaci贸n (= Jesucristo) y ella misma medio de reconciliaci贸n 47 .
La reconciliaci贸n encuentra su momento culminante en la Pasi贸n, Muerte y Resurrecci贸n del Se帽or Jes煤s. Recordando que es el Padre quien ha entregado al Hijo para que fu茅ramos as铆 reconciliados por su muerte 48 , el Catecismo explica en qu茅 consiste la acci贸n de Jes煤s: 芦La muerte de Cristo es a la vez el sacrificio pascual que lleva a cabo la redenci贸n definitiva de los hombres (cf. 1Cor 5,7; Jn 8,34-36) por medio del 鈥渃ordero que quita el pecado del mundo鈥 (Jn 1,29; cf. 1Pe 1,19) y el sacrificio de la Nueva Alianza (cf. 1Cor 11,25) que devuelve al hombre a la comuni贸n con Dios (cf. 脡x 24,8) reconcili谩ndole con 脡l por 鈥渓a sangre derramada por muchos para remisi贸n de los pecados鈥 (Mt 26,28; cf. Lv 16,15-16)禄 49 . Este sacrificio reconciliador que es la muerte de Jesucristo nos muestra cu谩nto nos ama Dios Padre, que por salvarnos 鈥攄ir谩 San Pablo鈥 no perdon贸 a su propio Hijo, sino que lo entreg贸 por nosotros; nos muestra tambi茅n cu谩nto nos ama el Hijo, que ha dado su vida por nosotros: 芦Este sacrificio de Cristo es 煤nico... Ante todo es un don del mismo Dios Padre: es el Padre quien entrega al Hijo para reconciliarnos con 脡l (cf. Jn 4,10). Al mismo tiempo es ofrenda del Hijo de Dios hecho hombre que, libremente y por amor (cf. Jn 15,13), ofrece su vida...禄 50 . Se pueden percibir aqu铆 ecos de la tradici贸n patr铆stica que subraya el papel reconciliador de la cruz de Jes煤s, expresi贸n magn铆fica de su obediencia 51 , as铆 como signo de victoria y causa de nuestra alegr铆a 52 .
Mediante su Pasi贸n, Muerte y Resurrecci贸n el Se帽or Jes煤s nos da el don de la reconciliaci贸n. Gracias a 脡l, las rupturas producidas por el pecado son sanadas y podemos acercarnos nuevamente a Dios Padre, hechos hijos en el Hijo, viviendo al mismo tiempo en unidad con nosotros mismos, con nuestros hermanos humanos y con la creaci贸n toda. Pero la actualizaci贸n del don reconciliador dado por el Padre en Jesucristo es obra del Esp铆ritu Santo. Si el Esp铆ritu es el Amor que une y vincula, entonces su funci贸n es hacer patente la comuni贸n obtenida por la reconciliaci贸n. Esto es especialmente visible en Pentecost茅s. A la din谩mica de ruptura y de separaci贸n creada por el pecado, se contrapone la din谩mica de unidad y de cercan铆a creada por el Par谩clito en este momento decisivo: 芦Seg煤n estas promesas, en los 鈥溍簂timos tiempos鈥, el Esp铆ritu del Se帽or renovar谩 el coraz贸n de los hombres grabando en ellos una Ley nueva; reunir谩 y reconciliar谩 a los pueblos dispersos y divididos; transformar谩 la primera creaci贸n y Dios habitar谩 en ella con los hombres en la paz禄 53 .
El 谩mbito privilegiado en el cual se vive la comuni贸n de amor, fruto de la reconciliaci贸n que el Esp铆ritu actualiza, es la Iglesia. En efecto, en la Iglesia se concretiza la reconciliaci贸n obrada por el Hijo y hecha extensiva a todos los hombres por la acci贸n del Esp铆ritu. Gracias a 脡l, todos los seres humanos pueden participar de la comuni贸n con Dios Uno y Trino, as铆 como tambi茅n vivir la comuni贸n interpersonal. Y esto es especialmente visible en la Eucarist铆a, en cuya realizaci贸n hay una intervenci贸n muy especial del Esp铆ritu. El Catecismo dice al respecto: 芦El Esp铆ritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Se帽or resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su Muerte y su Resurrecci贸n. Les hace presente el Misterio de Cristo, sobre todo en la Eucarist铆a para reconciliarlos, para conducirlos a la Comuni贸n con Dios, para que den 鈥渕ucho fruto鈥 (Jn 15,5.8.16)禄 54 .
Lo anterior nos ofrece la ocasi贸n para conectar con la ense帽anza del Catecismo sobre la Iglesia en relaci贸n con la reconciliaci贸n. Recogiendo los ricos acentos del magisterio del Concilio Vaticano II, se pone de relieve que la Iglesia participa de la misi贸n reconciliadora de su Fundador, el Se帽or Jes煤s. En cierto sentido, se puede decir que le es inherente una din谩mica reconciliativa, tanto ad intra (en su propia existencia comunitaria) como ad extra (en el cumplimiento de la tarea evangelizadora), pues la Iglesia refleja a Jes煤s reconciliador, siendo su Cuerpo m铆stico, y al Esp铆ritu Santo que plasma la reconciliaci贸n hist贸rica en el hoy de la vida cristiana. En otras palabras, se trata de la Iglesia que es al mismo tiempo reconciliadora y reconciliada 55 .
La impronta reconciliativa de la Iglesia se deja ver especialmente en las notas que la caracterizan. Cuando se dice de la Iglesia que es una, se hace referencia al hecho de que Jes煤s, por su sacrificio, unific贸 a todos los hombres. Inspir谩ndose en San Pablo, se describe la reconciliaci贸n del Se帽or mediante su muerte, que re煤ne a todos los pueblos enemistados por los pecados y conformando un nuevo pueblo obtenido por su sangre: 芦La Iglesia es una debido a su Fundador: 鈥淧ues el mismo Hijo encarnado, Pr铆ncipe de la paz, por su cruz reconcili贸 a todos los hombres con Dios... restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo鈥 56 禄 57 . Y como una exigencia peculiar de esta caracter铆stica eclesial, est谩 la b煤squeda sincera de unidad con los hermanos separados. B煤squeda que, por lo dem谩s, debe partir del hecho de que esta tarea excede las solas capacidades humanas y no puede ser hecha sin la gracia de Dios y el recurso constante a la oraci贸n 58 .
La catolicidad de la Iglesia es entendida tambi茅n en perspectiva de reconciliaci贸n. Es significativo que lo cat贸lico sea comprendido a partir de la totalidad, en cuanto que en la Iglesia, por ser 鈥渃at贸lica鈥 est茅 la plenitud (= totalidad) de Jesucristo, su Persona misma, su Verdad y su Gracia; en la Iglesia encontramos la plenitud de los medios de salvaci贸n que hacen presente y operante la reconciliaci贸n de Jesucristo 59 . Consecuencia de esto es la vocaci贸n a estar presente en todo el mundo y de alcanzar a todos los hombres para que vivan la uni贸n con el Se帽or Jes煤s. As铆, la 鈥渦niversalidad鈥 se sigue de la 鈥渢otalidad鈥 y ambos aspectos conforman lo cat贸lico. Puesto en otros t茅rminos, la catolicidad implica la recuperaci贸n de la unidad a la que Dios invita a todos los hombres, para que de esta forma participen de la salvaci贸n de Jes煤s: 芦El Padre quiso convocar a toda la humanidad en la Iglesia de su Hijo para reunir de nuevo a todos sus hijos que el pecado hab铆a dispersado y extraviado. La Iglesia es el lugar donde la humanidad debe volver a encontrar su unidad y su salvaci贸n. Ella es el 鈥渕undo reconciliado鈥 60 禄 61 .
Finalmente, la misi贸n de la Iglesia tambi茅n se halla signada por la reconciliaci贸n. Pues el Se帽or Jes煤s encarg贸 a sus ap贸stoles llevar a los hombres la 芦palabra de la reconciliaci贸n禄, como bien nos lo recuerda San Pablo. El Catecismo dice al respecto: 芦Cristo, despu茅s de su Resurrecci贸n, envi贸 a sus ap贸stoles a predicar 鈥渆n su nombre la conversi贸n para perd贸n de los pecados a todas las naciones鈥 (Lc 24,47). Este 鈥渕inisterio de la reconciliaci贸n鈥 (2Cor 5,18), no lo cumplieron los ap贸stoles y sus sucesores anunciando solamente a los hombres el perd贸n de Dios merecido para nosotros por Cristo y llam谩ndoles a la conversi贸n y a la fe, sino comunic谩ndoles tambi茅n la remisi贸n de los pecados por el Bautismo y reconcili谩ndolos con Dios y con la Iglesia gracias al poder de las llaves recibido de Cristo禄 62 . La Iglesia no s贸lo comunica un don permaneciendo ella ajena a este proceso. A trav茅s del Bautismo concretiza sacramentalmente la reconciliaci贸n que Jes煤s ha obtenido para cada hombre. Ella (la Iglesia) es el gran sacramento de reconciliaci贸n presente en medio de la humanidad 63 , ya que es el Cuerpo m铆stico de Cristo. Por eso, todo pecado no s贸lo es una ruptura de la comuni贸n con Dios y con los hermanos; tiene tambi茅n una repercusi贸n eclesiol贸gica, ya que da帽a la comuni贸n al interior del Cuerpo m铆stico. De all铆 que la reconciliaci贸n ofrecida sacramentalmente no s贸lo lleve a la recuperaci贸n de la amistad con Dios; puesto que se da una reconciliaci贸n con la Iglesia, tambi茅n se produce una reafirmaci贸n de la comuni贸n con ella 64 .
La historia de la salvaci贸n apunta a la consecuci贸n de la Comuni贸n Definitiva. Al final, llegado el momento del Encuentro con el Se帽or, establecido el Reino de Dios de manera definitiva, podremos vivir en plenitud todas las dimensiones de la reconciliaci贸n. Habr谩 Comuni贸n plena con Dios Uno y Trino, pues 脡l tendr谩 su morada entre los hombres y todos participar谩n de su Amor 65 ; el ser humano vivir谩 la plenitud en s铆 mismo, pues resucitado y hecho part铆cipe de la gloria reinar谩 con Jesucristo para siempre, amando y siendo amado 66 ; la comuni贸n definitiva de los hombres entre s铆, vinculados por el amor a Dios y el amor mutuo, realizar谩 la unidad del g茅nero humano querida por Dios 67 ; y, por 煤ltimo, la creaci贸n entera ser谩 renovada y glorificada, participando de la gloria querida por Dios para toda su obra 68 . La historia de la reconciliaci贸n encontrar谩 su culminaci贸n en este momento, cumpli茅ndose as铆 el Plan de Dios.
Con la categor铆a teol贸gica 鈥渞econciliaci贸n鈥 encontramos, pues, una clave de desarrollo hist贸rico-salv铆fico y de exposici贸n catequ茅tica muy adecuada para presentar nuestra fe. Hoy, a las puertas del inicio del tercer milenio de la Encarnaci贸n, el Catecismo de la Iglesia Cat贸lica nos propone no s贸lo ense帽ar la reconciliaci贸n, sino tambi茅n hacerla vida en nuestras relaciones con Dios, con nosotros mismos, con nuestros hermanos y con todo lo creado. Ante el desaf铆o de la Nueva Evangelizaci贸n, el anuncio del Se帽or Jes煤s, Reconciliador de los hombres, ha de ser el coraz贸n de toda proclamaci贸n hecha por la Iglesia, que siguiendo a San Pablo, contin煤a exhortando: 芦En nombre de Cristo os suplicamos: 隆reconciliaos con Dios!禄 (2Cor 5,20).
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