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S.S. Juan Pablo II, Redemptoris donum
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Redemptoris donum

Exhortaci贸n apost贸lica a los religiosos y religiosas sobre su consagraci贸n a la luz del Misterio de la Redenci贸n

I SALUDO

1. El don de la Redenci贸n, que este A帽o jubilar extraordinario pone particularmente de relieve, lleva consigo una llamada especial a la conversi贸n y a la reconciliaci贸n con Dios en Jesucristo. Mientras el motivo exterior de este Jubileo tiene un car谩cter hist贸rico -ya que se celebra el 1950 aniversario de la muerte y resurrecci贸n de Cristo-, contempor谩neamente prevalece en 茅l un motivo interior, unido a la profundidad misma del misterio de la Redenci贸n. La Iglesia naci贸 de este misterio y del mismo vive en toda su historia. El tiempo del Jubileo extraordinario tiene un car谩cter excepcional. La llamada a la conversi贸n y a la reconciliaci贸n con Dios significa que debemos meditar m谩s a fondo sobre nuestra vida, sobre nuestra vocaci贸n cristiana a la luz del misterio de la Redenci贸n, para enraizarlas cada vez m谩s en el mismo.

Si esta llamada se refiere a toda la Iglesia, de modo especial toca a vosotros, Religiosos y Religiosas que, en la consagraci贸n a Dios mediante el voto de los consejos evang茅licos, tend茅is a una particular plenitud de vida cristiana. Vuestra vocaci贸n espec铆fica y el conjunto de vuestra vida en la Iglesia y en el mundo reciben su car谩cter y su fuerza espiritual de la profundidad misma del misterio de la Redenci贸n. Siguiendo a Cristo por el camino estrecho y angosto 1 , vosotros experiment谩is de manera extraordinaria que "en El est谩 abundante la redenci贸n": copiosa apud eum redemptio 2 .

2. Por eso, mientras este A帽o santo est谩 llegando a su conclusi贸n, deseo dirigirme de modo particular a todos vosotros, Religiosos y Religiosas, enteramente consagrados a la contemplaci贸n o entregados a las diversas obras de apostolado. Lo he hecho ya en numerosos lugares y en diversas circunstancias, confirmando y prolongando la ense帽anza evang茅lica contenida en toda la Tradici贸n de la Iglesia, especialmente en el Magisterio del reciente Concilio ecum茅nico, desde la Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium al Decreto Perfectae caritatis, en la l铆nea de las indicaciones de la Exhortaci贸n Apost贸lica de mi Predecesor Pablo VI Evangelica testificatio. El C贸digo de Derecho Can贸nico, entrado recientemente en vigor y que de alguna manera puede considerarse el 煤ltimo documento conciliar, ser谩 para todos vosotros una ayuda preciosa y una gu铆a segura para precisar concretamente los medios para vivir fiel y generosamente vuestra magn铆fica vocaci贸n eclesial.

Os saludo con el afecto del Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, al cual vuestras Comunidades permanecen unidas de modo caracter铆stico. Desde la misma Sede romana llegan tambi茅n, con un eco incesante, las palabras de San Pablo: "Os he desposado a un solo marido para presentaros a Cristo como casta virgen" 3 . La Iglesia, que despu茅s de los Ap贸stoles recoge el tesoro de las bodas con el divino Esposo, mira con sumo amor hacia todos sus hijos e hijas que, mediante la profesi贸n de los consejos evang茅licos han establecido, a trav茅s de su mediaci贸n, una alianza privilegiada con el Redentor del mundo.

Acoged pues esta palabra del A帽o jubilar de la Redenci贸n precisamente como una palabra de amor, pronunciada por la Iglesia para vosotros. Acogedla dondequiera que est茅is: en la clausura de las Comunidades contemplativas, o en la entrega al multiforme servicio apost贸lico; en las Misiones, en la acci贸n pastoral, en los hospitales o en otros lugares donde se sirve al hombre que sufre, en los institutos de educaci贸n, en las escuelas o en las universidades y, finalmente, en cada una de vuestras Casas, donde permanec茅is "reunidos en el nombre de Cristo" conscientes de que el Se帽or est谩 en medio de vosotros 4 .

Que la palabra de amor de la Iglesia, dirigida a vosotros en el Jubileo de la Redenci贸n, sea el reflejo de aquella palabra de amor que Cristo mismo ha dirigido a cada uno y a cada una de vosotros, pronunciando un d铆a aquel misterioso "S铆gueme" 5 , con el que empez贸 vuestra vocaci贸n en la Iglesia.

II VOCACION

"Jes煤s, poniendo en el los ojos, le am贸".

3. "Jes煤s, poniendo en 茅l los ojos, le am贸" 6 y le dijo: "Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendr谩s un tesoro en los cielos, y ven y s铆gueme" 7 . Aunque sabemos que estas palabras, dichas al joven rico, no fueron acogidas por 茅l, sin embargo su contenido merece una atenta reflexi贸n; 茅stas nos presentan efectivamente la estructura interior de la vocaci贸n.

"Jes煤s, poniendo en 茅l los ojos, le am贸". Este es el amor del Redentor: un amor que brota de toda la profundidad divino-humana de la Redenci贸n. En 茅l se refleja el eterno amor del Padre, que "tanto am贸... al mundo, que le dio su unig茅nito Hijo, para que todo el que crea en El no perezca, sino que tenga la vida eterna" 8 . El Hijo, lleno de ese amor, acept贸 la misi贸n del Padre en el Esp铆ritu Santo, y se hizo Redentor del mundo. El amor del Padre se revel贸 en el Hijo como amor que salva. Precisamente este amor constituye el verdadero precio de la Redenci贸n del hombre y del mundo. Los Ap贸stoles de Cristo hablan del precio de la Redenci贸n con una profunda emoci贸n: "hab茅is sido rescatados... no con plata y oro, corruptibles..., sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha", escribe San Pedro 9 . "Hab茅is sido comprados a precio", afirma San Pablo 10 .

La llamada al camino de los consejos evang茅licos nace del encuentro interior con el amor de Cristo, que es amor redentor. Cristo llama precisamente mediante este amor suyo. En la estructura de la vocaci贸n, el encuentro con este amor resulta algo espec铆ficamente personal. Cuando Cristo "despu茅s de haber puesto los ojos en vosotros, os am贸", llamando a cada uno y a cada una de vosotros, queridos Religiosos y Religiosas, aquel amor suyo redentor se dirigi贸 a una determinada persona, tomando al mismo tiempo caracter铆sticas esponsales: se hizo amor de elecci贸n. Tal amor abarca a toda la persona, esp铆ritu y cuerpo, sea hombre o mujer, en su 煤nico e irrepetible "yo" personal. Aqu茅l que, d谩ndose eternamente al Padre, se "da" a s铆 mismo en el misterio de la Redenci贸n, ha llamado al hombre a fin de que 茅ste, a su vez, se entregue enteramente a un particular servicio a la obra de la Redenci贸n mediante su pertenencia a una Comunidad fraterna, reconocida y aprobada por la Iglesia. Acaso no son eco precisamente de esta llamada las palabras de San Pablo: "驴O no sab茅is que vuestro cuerpo es templo del Esp铆ritu Santo... y que, por tanto, no os pertenec茅is? Hab茅is sido comprados a precio" 11 .

S铆, el amor de Cristo ha alcanzado a cada uno y cada una de vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, con aquel mismo "precio" de la Redenci贸n. Como consecuencia de esto, os hab茅is dado cuenta de que ya no os pertenec茅is a vosotros mismos, sino a El. Esta nueva conciencia ha sido el fruto de la "mirada amorosa" de Cristo en el secreto de vuestro coraz贸n. Hab茅is respondido a esta mirada, escogiendo a Aqu茅l que antes ha elegido a cada uno y cada una de vosotros, llam谩ndoos con la inmensidad de su amor redentor. Llamando "por nombre", su llamada se dirige siempre a la libertad del hombre. Cristo dice: "si quieres...". La respuesta a esta llamada es, pues, una opci贸n libre. Hab茅is escogido a Jes煤s de Nazaret, el Redentor del mundo, escogiendo el camino que El os ha indicado.

"Si quieres ser perfecto..."

4. Este camino se llama tambi茅n el camino de perfecci贸n. Conversando con el joven, Cristo dice: "Si quieres ser perfecto..."; de modo que el concepto de "camino de perfecci贸n" tiene su motivaci贸n en la misma fuente evang茅lica. 驴No escuchamos, por otra parte, en el discurso de la monta帽a: "Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial"? 12 La llamada del hombre a la perfecci贸n ha sido de alguna manera percibida por pensadores y moralistas del mundo antiguo y tambi茅n posteriormente en las diversas 茅pocas de la historia. Pero la llamada b铆blica posee una caracter铆stica totalmente original: es particularmente exigente cuando indica al hombre la perfecci贸n, a semejanza de Dios mismo 13 . Precisamente de esta forma la llamada corresponde a toda la l贸gica interna de la Revelaci贸n, seg煤n la cual el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios mismo. Por tanto 茅l debe buscar la perfecci贸n que le es propia en la l铆nea de esta imagen y semejanza. Escribe San Pablo en la Carta a los Efesios: "Sed... imitadores de Dios, como hijos amados, y caminad en el amor, como Cristo nos am贸 y se entreg贸 por nosotros en oblaci贸n y sacrificio de fragante y suave olor" 14 .

As铆 pues, la llamada a la perfecci贸n pertenece a la esencia misma de la vocaci贸n cristiana. En base a esta llamada conviene comprender tambi茅n las palabras de Cristo dirigidas al joven del Evangelio. Estas est谩n unidas de modo particular al misterio de la Redenci贸n del hombre en el mundo. En efecto, 茅sta devuelve a Dios la obra de la creaci贸n contaminada por el pecado, indicando la perfecci贸n que la creaci贸n entera, y concretamente el hombre, poseen en la mente y en el plan de Dios mismo. Especialmente el hombre debe ser entregado y devuelto a Dios, si debe ser plenamente devuelto a s铆 mismo. Por eso la llamada eterna: "Vuelve a m铆, que yo te he rescatado" 15 . Las palabras de Cristo: "si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres..." nos introducen sin duda en el 谩mbito del consejo evang茅lico de la pobreza, que pertenece a la esencia misma de la vocaci贸n y de la profesi贸n religiosa.

Al mismo tiempo estas palabras se pueden entender de manera m谩s amplia y en un cierto sentido esencial. El Maestro de Nazaret invita a su interlocutor a renunciar a un programa de vida en cuyo primer plano est谩 la categor铆a de la posesi贸n, la del "tener", y en cambio le invita a aceptar en su lugar un programa centrado sobre el valor de la persona humana: sobre el "ser" personal, con toda la trascendencia que le caracteriza.

Tal comprensi贸n de las palabras de Cristo constituye casi un m谩s amplio trasfondo para el ideal de pobreza evang茅lica, especialmente de aquella pobreza que, como consejo evang茅lico, pertenece al contenido esencial de vuestras bodas m铆sticas con el Esposo divino en la Iglesia. Leyendo las palabras de Cristo a la luz del principio de la superioridad del "ser" sobre el "tener", especialmente si 茅ste 煤ltimo se entiende en un sentido materialista y utilitarista, llegamos casi a las mismas bases antropol贸gicas de la vocaci贸n en el Evangelio. En el panorama del desarrollo de la civilizaci贸n contempor谩nea, esto es un descubrimiento particularmente actual. Por eso se ha hecho actual la misma vocaci贸n "al camino de perfecci贸n", tal como lo ha marcado Cristo. Si en el 谩mbito de la civilizaci贸n actual, especialmente en el contexto del mundo del bienestar consum铆stico, el hombre siente dolorosamente la deficiencia esencial de "ser" personal que viene a su humanidad de la abundancia del multiforme "tener", entonces 茅l est谩 m谩s expuesto a acoger esta verdad sobre la vocaci贸n, que fue pronunciada de una vez para siempre en el Evangelio. S铆, la llamada que vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, acog茅is entrando en el camino de la profesi贸n religiosa, llega a las ra铆ces mismas de la humanidad, las ra铆ces del destino del hombre en el mundo temporal. El evang茅lico "estado de perfecci贸n" no os separa de estas ra铆ces. Al contrario, os permite aferraros m谩s fuertemente a aquello por lo que el hombre es hombre, enriqueciendo esta humanidad, agravada de diversos modos por el pecado, con el fermento divino-humano del misterio de la Redenci贸n.

"Tendr谩s un tesoro en el cielo"

5. La vocaci贸n trae consigo la respuesta a la pregunta: 驴para qu茅 ser hombre y c贸mo serlo? Esta respuesta da una nueva dimensi贸n a toda la vida y establece su sentido definitivo. Tal sentido emerge en el horizonte de la paradoja evang茅lica sobre la vida que se pierde queriendo salvarla, y que, por el contrario, se salva perdi茅ndola "por Cristo y el Evangelio", como leemos en Marcos 16 .

A la luz de estas palabras adquiere plena evidencia la llamada de Cristo: "ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendr谩s un tesoro en el cielo, y ven y s铆gueme" 17 . Entre este "ve" y el siguiente "ven y s铆gueme" se establece una relaci贸n estrecha. Puede decirse que estas 煤ltimas palabras determinan la esencia misma de la vocaci贸n; se trata, en efecto, de seguir las huellas de Cristo ("sequi", de lo que deriva la "sequela Christi"). Los t茅rminos "ve... vende... dalo" parecen definir la condici贸n que precede a la vocaci贸n. Por otra parte, esta condici贸n no est谩 "fuera" de la vocaci贸n, sino que se encuentra "dentro" de la misma. En efecto, el hombre hace el descubrimiento del nuevo sentido de la propia humanidad, no s贸lo para "seguir" a Cristo, sino en tanto en cuanto lo sigue. Cuando el hombre "vende lo que posee" y "lo da a los pobres", entonces descubre que aquellos bienes y aquellas comodidades que pose铆a no eran el tesoro junto al cual permanecer; el tesoro est谩 en su coraz贸n, hecho por Cristo capaz de "dar" a los dem谩s, d谩ndose a s铆 mismo. Rico no es aqu茅l que posee sino aqu茅l que da, aquel que es capaz de dar.

Entonces la paradoja evang茅lica adquiere una particular expresividad. Se hace un programa del ser. Ser pobre, en el sentido dado por el Maestro de Nazaret a un tal modo de "ser", significa hacerse en la propia humanidad un dispensador de bien. Esto quiere decir igualmente descubrir "el tesoro". Este tesoro es indestructible. Pasa junto con el hombre en la dimensi贸n de la eternidad, pertenece a la escatolog铆a divina del hombre. Gracias a este tesoro el hombre tiene su futuro definitivo en Dios. Cristo dice: "tendr谩s un tesoro en el cielo". Este tesoro no es tanto "un premio" despu茅s de la muerte por las obras realizadas seg煤n el ejemplo del divino Maestro, cuanto m谩s bien el cumplimiento escatol贸gico de lo que se escond铆a detr谩s de estas obras, ya aqu铆 en la tierra, en el "tesoro" interior del coraz贸n. En efecto, el mismo Cristo invitando en el Discurso de la Monta帽a 18 a acumular tesoros en el cielo a帽adi贸: "Donde est谩 tu tesoro, all铆 estar谩 tu coraz贸n" 19 . Estas palabras indican el car谩cter escatol贸gico de la vocaci贸n cristiana, y m谩s a煤n el car谩cter escatol贸gico de la vocaci贸n que se realiza en el 谩mbito de las bodas espirituales con Cristo mediante la pr谩ctica de los consejos evang茅licos.

6. La estructura de esta vocaci贸n, tal como se deduce de las palabras dirigidas al joven en los Evangelios sin贸pticos 20 , se manifiesta a medida que se descubre el tesoro fundamental de la propia humanidad en la perspectiva de aquel "tesoro" que el hombre "tiene en el cielo". En esta perspectiva el tesoro fundamental de la propia humanidad se relaciona con el hecho de "ser, d谩ndose a s铆 mismo". El punto directo de referencia a una vocaci贸n as铆 es la persona viva de Jesucristo. La llamada al camino de perfecci贸n toma forma de El y por El en el Esp铆ritu Santo el cual -a nuevas personas, hombres y mujeres, en diversos momentos de su vida y principalmente en la juventud- "recuerda" todo lo que Cristo "dijo" 21 y en concreto lo que "dijo" al joven que le preguntaba: "Maestro, 驴qu茅 obra buena he de realizar para alcanzar la vida eterna?" 22 Mediante la respuesta de Cristo, que "mira con amor" a su interlocutor, el intenso fermento del misterio de la Redenci贸n penetra en la conciencia, en el coraz贸n y la voluntad de un hombre que busca con seriedad y sinceridad.

De este modo la llamada al camino de los consejos evang茅licos tiene siempre su inicio en Dios: "No me hab茅is elegido vosotros a m铆, sino yo os eleg铆 a vosotros, y os he destinado para que vay谩is y deis fruto, y vuestro fruto permanezca" 23 . La vocaci贸n en la que el hombre descubre hasta el fondo la ley evang茅lica del don, inscrita en la propia humanidad, es ella misma un don. Es un don henchido el contenido m谩s profundo del Evangelio, un don en el que se refleja el perfil divino-humano del misterio de la Redenci贸n del mundo. "En eso est谩 el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos am贸 y envi贸 a su Hijo, como propiciaci贸n por nuestros pecados" 24 .

III CONSAGRACION

7. La profesi贸n religiosa es una "expresi贸n m谩s plena" de la consagraci贸n bautismal.

La vocaci贸n, queridos Hermanos y Hermanas, os ha conducido a la profesi贸n religiosa, gracias a la cual vosotros hab茅is sido consagrados a Dios mediante el ministerio de la Iglesia y, al mismo tiempo, hab茅is sido incorporados a vuestra Familia religiosa. Por eso la Iglesia piensa en vosotros ante todo como personas "consagradas": consagradas a Dios en Jesucristo como propiedad exclusiva. Esta consagraci贸n detremina vuestro puesto en la amplia comunidad de la Iglesia, del Pueblo de Dios. Y al mismo tiempo introduce en la misi贸n universal de este Pueblo un especial acopio de energ铆a espiritual y sobrenatural; una forma de vida concreta, de testimonio y de apostolado con fidelidad a la misi贸n de vuestro Instituto, a su identidad y a su patrimonio espiritual. La misi贸n universal del Pueblo de Dios se basa en la misi贸n mesi谩nica de Cristo mismo -Profeta, Sacerdote y Rey- de la que todos participan de diversos modos. La forma de participaci贸n propia de las personas "consagradas" corresponde a la forma de vuestro arraigo en Cristo. Sobre la profundidad y fuerza de este arraigo decide precisamente la profesi贸n religiosa.

Esta crea un nuevo v铆nculo del hombre con Dios Uno y Trino, en Jesucristo. Este v铆nculo crece sobre el fundamento de aquel v铆nculo original que est谩 contenido en el sacramento del Bautismo. La profesi贸n religiosa "radica 铆ntimamente en la consagraci贸n del bautismo y la expresa con mayor plenitud" 25 . De ese modo ella se convierte, en su contenido constitutivo, en una nueva consagraci贸n: la consagraci贸n y la donaci贸n de la persona humana a Dios, amado sobre todas las cosas. El compromiso adquirido mediante los votos de practicar los consejos evang茅licos de castidad, pobreza y obediencia, seg煤n las disposiciones propias de vuestras Familias religiosas, como est谩n determinadas en las respectivas constituciones, representa la expresi贸n de una total consagraci贸n a Dios y, al mismo tiempo, el medio que lleva a su realizaci贸n. De aqu铆 arrancan tambi茅n el testimonio y el apostolado propio de las personas consagradas. Sin embargo, conviene buscar la ra铆z de aquella consagraci贸n consciente y libre, y de la consiguiente entrega de uno mismo como propiedad a Dios en el Bautismo, sacramento que nos conduce al misterio pascual como v茅rtice y centro de la Redenci贸n obrada por Cristo.

Por tanto, para poner plenamente de relieve la realidad de la profesi贸n religiosa, es necesario referirse a las vibrantes palabras de Pablo en la Carta a los Romanos: "驴O ignor谩is que cuantos hemos sido bautizados en Cristo Jes煤s fuimos bautizados para participar en su muerte? Con El hemos sido sepultados por el bautismo para participar en su muerte, para que como El resucit贸... as铆 tambi茅n nosotros vivamos una vida nueva" 26 . "Nuestro hombre viejo ha sido crucificado para que... ya no sirvamos al pecado" 27 . "As铆 pues, haced cuenta de que est谩is muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jes煤s" 28 .

La profesi贸n religiosa -sobre la base sacramental del bautismo en la que est谩 fundamentada- es una nueva "sepultura en la muerte de Cristo"; nueva, mediante la conciencia y la opci贸n; nueva, mediante el amor y la vocaci贸n; nueva, mediante la incesante "conversi贸n". Tal "sepultura en la muerte" hace que el hombre, "sepultado con Cristo", "viva como Cristo en una vida nueva". En Cristo crucificado encuentran su fundamento 煤ltimo, tanto la consagraci贸n bautismal, como la profesi贸n de los consejos evang茅licos, la cual -seg煤n las palabras del Vaticano II- "constituye una especial consagraci贸n". Esta es a la vez muerte y liberaci贸n. San Pablo escribe: "consideraos muertos al pecado"; al mismo tiempo, sin embargo, llama a esta muerte "liberaci贸n de la esclavitud del pecado". Pero sobre todo la consagraci贸n religiosa constituye, sobre la base sacramental del bautismo, una nueva vida "por Dios en Jesucristo".

As铆, junto con la profesi贸n de los consejos evang茅licos, es "despojado el hombre viejo" de un modo m谩s maduro y m谩s consciente y, del mismo modo, "es revestido el hombre nuevo, creado seg煤n Dios en la justicia y en la santidad verdaderas", para usar a煤n las palabras de la Carta a los Efesios 29 .

Alianza del amor esponsal

8. As铆 pues, queridos Hermanos y Hermanas, todos vosotros que en la Iglesia entera viv铆s la alianza de la profesi贸n de los consejos evang茅licos, renovad en este A帽o Santo de la Redenci贸n la conciencia de vuestra participaci贸n especial en la muerte sobre la Cruz del Redentor; es decir de aquella participaci贸n mediante la cual hab茅is resucitado con El, y constantemente resucit谩is a una nueva vida. El Se帽or habla a cada uno y cada una de vosotros, como una vez habl贸 por medio del profeta Isa铆as:

"No temas, porque yo te he rescatado, yo te llam茅 por tu nombre y t煤 me perteneces" 30 .

La llamada evang茅lica: "Si quieres ser perfecto... s铆gueme" 31 nos gu铆a con la luz de las palabras del divino Maestro. Desde lo profundo de la Redenci贸n llega la llamada de Cristo, y desde esta profundidad alcanza el alma del hombre; en virtud de la gracia de la Redenci贸n, esta llamada salv铆fica asume, en el alma del llamado, la forma concreta de la profesi贸n de los consejos evang茅licos. En esta forma est谩 contenida vuestra respuesta a la llamada del amor redentor, y 茅sta es tambi茅n una respuesta de amor: amor de donaci贸n, que es el alma de la consagraci贸n, es decir, de la consagraci贸n de la persona. Las palabras de Isa铆as: "te he rescatado", "t煤 me perteneces" parecen sellar precisamente este amor, amor de una total y exclusiva consagraci贸n a Dios.

De ese modo se forma la particular alianza del amor esponsal, en la que parecen resonar con un eco incesante las palabras relativas a Israel, que el Se帽or "eligi贸 para s铆... por posesi贸n suya" 32 . En efecto, en cada persona consagrada es elegido el "Israel" de la nueva y eterna Alianza. Todo el Pueblo mesi谩nico, la Iglesia entera es elegida en cada persona que el Se帽or escoge de entre ese Pueblo; en cada persona que, por todos, se consagra a Dios como propiedad exclusiva. En efecto, aunque ninguna persona, ni siquiera la m谩s santa, puede repetir las palabras de Cristo: "yo por ellos me santifico" 33 seg煤n la fuerza redentora propia de estas palabras, sin embargo, gracias al amor de donaci贸n, cada uno, ofreci茅ndose como propiedad exclusiva a Dios, puede "mediante la fe" hallarse comprendido en el 谩mbito de estas palabras.

驴No nos invitan quiz谩s a esto las otras palabras del Ap贸stol en la Carta a los Romanos, que repetimos y meditamos muy a menudo: "Os ruego, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezc谩is vuestros cuerpos como hostia viva, santa, grata a Dios; 茅ste es vuestro culto racional"? 34 . En estas palabras resuena como un eco lejano de Aqu茅l que, viniendo al mundo y haci茅ndose hombre, dice al Padre: "me has preparado un cuerpo... Heme aqu铆 que vengo... para hacer, 隆oh Dios!, tu voluntad" 35 .

Remont茅monos pues -en el contexto particular del A帽o jubilar de la Redenci贸n- al misterio del cuerpo y del alma de Cristo, como sujeto integral del amor esponsal y redentor; esponsal porque es redentor. Por amor se ofreci贸 a s铆 mismo, por amor entreg贸 su cuerpo "por el pecado del mundo". Sumergi茅ndoos mediante la consagraci贸n de los votos religiosos en el misterio pascual del Redentor, vosotros, con el amor de una entrega total, dese谩is colmar vuestras almas y vuestros cuerpos del esp铆ritu de sacrificio, tal como os invita a hacer San Pablo con las palabras de la Carta a los Romanos, reci茅n citadas: ofreced vuestros cuerpos como hostia 36 . De ese modo se imprime en la profesi贸n religiosa la semejanza de aquel amor que en el Coraz贸n de Cristo es redentor y a la vez esponsal. Y tal amor debe brotar en cada uno de vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, de la fuente misma de aquella particular consagraci贸n que, -sobre la base sacramental del Bautismo- es el comienzo de vuestra nueva vida en Cristo y en la Iglesia, es el comienzo de la nueva creaci贸n.

Que, junto a este amor, se afiance en cada uno y en cada una de vosotros la alegr铆a de pertenecer exclusivamente a Dios, de ser una herencia particular del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo. Repetid de vez en cuando con el Salmista las inspiradas palabras:

"驴A qui茅n tengo yo en los cielos? Fuera de ti, en nada me complazco sobre la tierra. Desfallece mi carne y mi coraz贸n; la roca de mi coraz贸n y mi porci贸n es Dios por siempre" 37 .

O bien estas otras:

"Yo dije a Yav茅: "Mi Se帽or eres t煤 no hay dicha para m铆 fuera de ti". Yav茅 es la parte de mi heredad y mi c谩liz; t煤 eres quien me garantizas mi lote" 38 .

La conciencia de pertenecer a Dios mismo en Jesucristo, Redentor del mundo y Esposo de la Iglesia, selle vuestros corazones 39 , todos vuestros pensamientos, palabras y obras, con el sello de la esposa b铆blica. Como vosotros sab茅is, este conocimiento c谩lido y profundo de Cristo se realiza y profundiza cada d铆a m谩s, gracias a la vida de oraci贸n personal, comunitaria y lit煤rgica, propia de cada una de vuestras Familias religiosas. Tambi茅n en esto, y sobre todo por esto, los Religiosos y las Religiosas entregados esencialmente a la contemplaci贸n son una ayuda v谩lida y un apoyo estimulante para sus hermanos y hermanas dedicados a las obras de apostolado. Que esta conciencia de pertenecer a Cristo abra vuestros corazones, pensamientos y obras, con la llave del misterio de la Redenci贸n, a todos los sufrimientos, a todas las necesidades y a todas las esperanzas de los hombres y del mundo, en medio de los cuales vuestra consagraci贸n evang茅lica se ha injertado como un signo particular de la presencia de Dios "por quien todos viven" 40 , acomunados en la dimensi贸n invisible de su Reino.

La palabra "s铆gueme", pronunciada por Cristo cuando "mir贸 y am贸" a cada uno y a cada una de vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, tiene tambi茅n este significado; toma parte, del modo m谩s completo y radical posible, en la formaci贸n de esa "criatura nueva" 41 , que debe surgir de la redenci贸n del mundo mediante la fuerza del Esp铆ritu de Verdad, que act煤a por la abundancia del misterio pascual de Cristo.

IV CONSEJOS EVANGELICOS

Econom铆a de la Redenci贸n

9. Mediante la profesi贸n se abre ante cada uno y cada una de vosotros el camino de los consejos evang茅licos. En el Evangelio hay muchas exhortaciones que sobrepasan la medida del mandamiento, indicando no s贸lo lo que es "necesario", sino lo que es "mejor". As铆, por ejemplo, la exhortaci贸n a no juzgar 42 , a prestar "sin esperanza de remuneraci贸n" 43 , a satisfacer todas las peticines y deseos del pr贸jimo 44 , a invitar al banquete a los pobres 45 , a perdonar siempre 46 y tantas otras. Si, siguiendo la Tradici贸n, la profesi贸n de los consejos evang茅licos se ha concentrado sobre los tres puntos de la castidad, pobreza y obediencia, tal costumbre parece poner de relieve de modo suficientemente claro su importancia de elementos-clave y, en un cierto sentido, "compendio" de toda la econom铆a de la salvaci贸n. Todo lo que en el Evangelio es consejo entra indirectamente en el programa de aquel camino, al que Cristo llama cuando dice: "S铆gueme". Pero la castidad, la pobreza y la obediencia dan a este camino una particular caracter铆stica cristoc茅ntrica e imprimen a la misma un signo espec铆fico de la econom铆a de la Redenci贸n.

Es esencial para esta "econom铆a" la transformaci贸n de todo el cosmos a trav茅s del coraz贸n del hombre, desde dentro: "La expectaci贸n ansiosa de la creaci贸n est谩 esperando la manifestaci贸n de los hijos de Dios... con la esperanza de que tambi茅n ellas [las criaturas] ser谩n libertadas de la servidumbre de la corrupci贸n para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios" 47 . Esta transformaci贸n es simult谩nea al amor que la llamada de Cristo infunde en el interior del hombre, con el amor que constituye la esencia misma de la consagraci贸n, la consagraci贸n del hombre y de la mujer a Dios en la profesi贸n religiosa, sobre el fundamento de la consagraci贸n sacramental del bautismo. Podemos descubrir las bases de la econom铆a de la Redenci贸n leyendo las palabras de la primera Carta de San Juan: "No al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no est谩 en 茅l la caridad del Padre. Porque todo lo que hay en el mundo, concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y orgullo de la vida, no viene del Padre, sino que procede del mundo. Y el mundo pasa, y tambi茅n sus concupiscencias; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre" 48 .

La profesi贸n religiosa pone en el coraz贸n de cada uno y cada una de vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, el amor del Padre: aquel amor que hay en el coraz贸n de Jesucristo, Redentor del mundo. Este es un amor que abarca al mundo y a todo lo que en 茅l viene del Padre y que al mismo tiempo tiende a vencer en el mundo todo lo que "no viene del Padre". Tiende por tanto a vencer la triple concupiscencia. "La concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y el orgullo de la vida" est谩n en el hombre como herencia del pecado original, por cuya consecuencia la relaci贸n con el mundo, creado por Dios y dado en se帽or铆o al hombre 49 , fue deformada en el coraz贸n humano de diversas maneras. En la econom铆a de la Redenci贸n los consejos evang茅licos de castidad, pobreza y obediencia constituyen los medios m谩s radicales para transformar en el coraz贸n del hombre tal relaci贸n con "el mundo"; con el mundo exterior y con el propio "yo", el cual en cierto modo es la parte central "del mundo" en el sentido b铆blico, si en 茅l se enraiza lo que "no viene del Padre".

En el contexto de las frases citadas por la primera Carta de San Juan, no es dif铆cil advertir la importancia fundamental de los tres consejos evang茅licos en toda la econom铆a de la Redenci贸n. En efecto, la castidad evang茅lica nos ayuda a transformar en nuestra vida interior lo que encuentra su ra铆z en la concupiscencia de la carne; la pobreza evang茅lica todo lo que tiene su ra铆z en la concupiscencia de los ojos; finalmente, la obediencia evang茅lica nos permite transformar de modo radical lo que en el coraz贸n humano brota del orgullo de la vida. Hablamos aqu铆 ex profeso de la superaci贸n como de una transformaci贸n, ya que toda la econom铆a de la Redenci贸n se encuadra en el marco de las palabras, dirigidas por Cristo en la oraci贸n sacerdotal al Padre: "No pido que los tomes del mundo, sino que los guardes del mal" 50 . Los consejos evang茅licos en su finalidad esencial sirven "para renovar la creaci贸n"; "el mundo", gracias a ellos, debe estar sometido al hombre y entregado a el, de manera que el hombre mismo sea perfectamente entregado a Dios.

Participaci贸n en el anonadamiento de Cristo

10. La finalidad interior de los consejos evang茅licos conduce al descubrimiento de otros aspectos, que ponen de relieve su 铆ntima relaci贸n con la econom铆a de la Redenci贸n. Se sabe que 茅sta encuentra su punto culminante en el misterio pascual de Jesucristo, en el que se unen el anonadamiento mediante la muerte, y el nacimiento a una Vida nueva mediante la resurrecci贸n. La pr谩ctica de los consejos evang茅licos lleva consigo un reflejo profundo de esta dualidad pascual 51 : la destrucci贸n inevitable de todo lo que es pecado en cada uno de nosotros y su herencia, y la posibilidad de renacer cada d铆a a un bien m谩s profundo, escondido en el alma humana. Este bien se manifiesta bajo la acci贸n de la gracia, a la cual la pr谩ctica de la castidad, pobreza y obediencia hace particularmente sensible el alma del hombre. La econom铆a total de la Redenci贸n se realiza precisamente a trav茅s de esta sensibilidad a la misteriosa acci贸n del Esp铆ritu Santo, art铆fice directo de toda santidad. En este camino la profesi贸n de los consejos evang茅licos abre en cada uno de vosotros y vosotras, queridos Hermanos y Hermanas, un amplio espacio a la "criatura nueva" 52 , que emerge en vuestro propio "yo" humano de la econom铆a de la Redenci贸n y, a trav茅s de este "yo" humano, tambien en la dimensi贸n interpersonal y social. Al mismo tiempo emerge pues en la humanidad como parte del mundo creado por Dios; de aquel mundo que el Padre am贸 "nuevamente" en el Hijo eterno, Redentor del mundo.

San Pablo dice de este Hijo que "a pesar de tener la forma de Dios... se anonad贸, tomando la forma de siervo, haci茅ndose semejante a los hombres" 53 . La caracter铆stica del anonadamiento contenida en la pr谩ctica de los consejos evang茅licos es por consiguiente una particularidad completamente cristoc茅ntrica. Y por esto tambi茅n el Maestro de Nazaret indica expl铆citamente la Cruz como condici贸n para seguir sus huellas. El que una vez dijo a cada uno de vosotros "S铆gueme", ha dicho adem谩s: "El que quiera venir en pos de m铆, ni茅guese a s铆 mismo, tome su cruz y s铆game" (= camine tras mis huellas) 54 . Y lo dec铆a a todos sus oyentes, no s贸lo a los disc铆pulos. La ley de la renuncia pertenece, por consiguiente, a la misma esencia de la vocaci贸n cristiana. Sin embargo, pertenece de modo particular a la esencia de la vocaci贸n unida a la profesi贸n de los consejos evang茅licos. A los que se encuentran en el camino de esta vocaci贸n, hablar谩n tambi茅n con un lenguaje comprensible aquellas dif铆ciles expresiones que encontramos en la Carta a los Filipenses: por El "todo lo sacrifiqu茅 y lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo y ser hallado en El" 55 .

Renuncia pues -reflejo del misterio del Calvario- para "volver a encontrarse" m谩s plenamente en Cristo crucificado y resucitado; renuncia, para reconocer en El plenamente el misterio de la propia humanidad y confirmarlo en el camino de aquel admirable proceso, del que el mismo Ap贸stol escribe en otro lugar: "mientras nuestro hombre exterior se corrompe, nuestro hombre interior se renueva de d铆a en d铆a" 56 . De este modo la econom铆a de la Redenci贸n transfiere el poder del misterio pascual al terreno de la humanidad, d贸cil a la llamada de Cristo a la vida de castidad, pobreza y obediencia, o sea a la vida seg煤n los consejos evang茅licos.

V CASTIDAD - POBREZA - OBEDIENCIA

Castidad

11. El perfil pascual de esta llamada se reconoce bajo diversos puntos de vista, en relaci贸n con cada consejo.

Es, en efect, seg煤n la medida de la econom铆a de la Redenci贸n como hay que juzgar y practicar aquella castidad que cada uno de vosotros ha prometido mediante el voto, junto con la pobreza y la obediencia. En esto se contiene la respuesta a las palabras de Cristo, que son a la vez una invitaci贸n: "Y hay eunucos que a s铆 mismos se han hecho tales por amor del reino de los cielos. El que pueda entender, que entienda" 57 . Precedentemente Cristo hab铆a subrayado: "No todos entienden esto, sino aquellos a quienes ha sido dado" 58 . Estas 煤ltimas palabras ponen en evidencia que esta invitaci贸n es un consejo. El Ap贸stol Pablo ha dedicado tambi茅n a este tema una apropiada reflexi贸n en la primera Carta a los Corintios 59 . Este consejo est谩 dirigido de modo especial al amor del coraz贸n humano. Pone m谩s de relieve el car谩cter esponsal de este amor. Mientras la pobreza y m谩s a煤n la obediencia parecen poner de relieve ante todo el aspecto del amor redentor contenido en la consagraci贸n religiosa. Se trata aqu铆, como se sabe, de la castidad en el sentido de "hacerse eunucos por el reino de los cielos"; es decir, se trata de la virginidad como expresi贸n del amor esponsal por el Redentor mismo. En este sentido el Ap贸stol ense帽a que "hace bien" quien elige el matrimonio, y "hace mejor" quien elige la virginidad 60 . "El c茅libe se cuida de las cosas del Se帽or, de c贸mo agradar al Se帽or" 61 , y "la mujer no casada y la doncella s贸lo tienen que preocuparse de las cosas del Se帽or, de ser santas en cuerpo y en esp铆ritu" 62 .

No se da -en las palabras de Cristo ni en las de Pablo- desestimaci贸n alguna del matrimonio. El consejo evang茅lico de la castidad es s贸lo una indicaci贸n de aquella particular posibilidad que para el coraz贸n humano, tanto del hombre como de la mujer, constituye el amor esponsal del mismo Cristo, de Jes煤s "Se帽or". El "hacerse eunucos por el reino de los cielos", en efecto, no es s贸lo una libre renuncia al matrimonio y a la vida de familia, sino que es una elecci贸n carism谩tica de Cristo como Esposo exclusivo. Esta elecci贸n no s贸lo permite "preocuparse" espec铆ficamente de las cosas del Se帽or, sino que -hecha "por el reino de los cielos"- acerca de este reino escatol贸gico de Dios a la vida de todos los hombres en la condici贸n de la temporalidad y lo hace, en cierto modo, presente al mundo.

Mediante ello las personas consagradas realizan la finalidad interior de toda la econom铆a de la Redenci贸n. En efecto, esta finalidad se expresa en acercar el Reino de Dios a su definitiva dimensi贸n escatol贸gica. A traves del voto de castidad las personas consagradas participan en la econom铆a de la Redenci贸n mediante la libre renuncia a los gozos temporales de la vida matrimonial y familiar; por otra parte, precisamente en su "hacerse eunucos por el reino de los cielos" llevan en medio del mundo que pasa el anuncio de la futura resurrecci贸n 63 y de la vida eterna; de la vida en uni贸n con Dios mismo mediante la visi贸n beat铆fica y el amor que contiene en s铆 e invade 铆ntimamente todos los dem谩s amores del coraz贸n humano.

Pobreza

12. 隆Qu茅 expresivas son respecto a la pobreza las palabras de la segunda Carta a los Corintios, que constituyen una s铆ntesis concisa de todo lo que sobre este tema escuchamos en el Evangelio! "Pues conoc茅is la gracia de nuestro Se帽or Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza" 64 . Seg煤n estas palabras la pobreza entra en la estructura interior de la gracia redentora de Jesucristo. Sin la pobreza es imposible comprender el misterio de la donaci贸n de la divinidad al hombre, donaci贸n que se ha realizado precisamente en Jesucristo. Tambi茅n por esto, la pobreza se encuentra en el centro mismo del Evangelio al comienzo del mensaje de las ocho bienaventuranzas: "Bienaventurados los pobres de esp铆ritu" 65 . La pobreza evang茅lica abre a los ojos del alma humana la perspectiva de todo el misterio "oculto desde los siglos en Dios" 66 . S贸lo los que son de este modo "pobres", son a la vez interiormente capaces de comprender la pobreza de Aquel que es infinitamente rico. La pobreza de Cristo encierra en s铆 esta infinita riqueza de Dios; ella es m谩s bien su expresi贸n infalible. Una riqueza, en efecto, como es la misma Divinidad, no se habr铆a podido expresar adecuadamente en ning煤n bien creado. Puede expresarse solamente en la pobreza. Por esto, puede ser comprendida de modo justo s贸lo por los pobres, por los pobres de esp铆ritu. Cristo, Hombre-Dios, es el primero de ellos. El que "era rico y se ha hecho pobre", no es solamente el maestro, sino tambi茅n el portavoz y el garante de aquella pobreza salv铆fica, que corresponde a la riqueza infinita de Dios y al poder inagotable de su gracia.

Es pues verdad -como escribe el Ap贸stol- que "por su pobreza somos ricos". Es el maestro y el portavoz de la pobreza que enriquece. Precisamente por esto dice al joven en los Evangelios sin贸pticos: "Vende cuanto tienes... dalo... y tendr谩s un tesoro en los cielos" 67 . Se da en estas palabras una llamada para enriquecer a los dem谩s a traves de la propia pobreza; pero en el interior de esta llamada est谩 escondido el testimonio de la infinita riqueza de Dios que, transferida al alma humana mediante el misterio de la gracia, crea en el mismo hombre, precisamente a trav茅s de la pobreza, un manantial para enriquecer a los dem谩s no comparable con cualquier otra clase de bienes materiales; un manantial para enriquecer a los dem谩s a semejanza de Dios mismo. Esta d谩diva se da en el 谩mbito del misterio de Cristo, que "nos ha hecho ricos con su pobreza". Vemos c贸mo este proceso de enriquecimiento se desarrolla en las p谩ginas del Evangelio, encontrando su punto culminante en la pascua: Cristo, el m谩s pobre, con su muerte en la Cruz, es a la vez, el que nos enriquece infinitamente con la plenitud de la Vida nueva, mediante la resurrecci贸n.

Queridos Hermanos y Hermanas, pobres de esp铆ritu mediante la profesi贸n evang茅lica: mantened a lo largo de vuestra vida este perfil salv铆fico de la pobreza de Cristo. Buscad d铆a tras d铆a su madurez cada vez mayor. Buscad sobre todo "el reino y su justicia" y lo dem谩s "se os dar谩 por a帽adidura" 68 . Que en vosotros y por medio vuestro se realice la bienaventuranza evang茅lica reservada a los pobres 69 , a los pobres de esp铆ritu 70 .

Obediencia

13. Cristo "a pesar de tener la forma de Dios, no reput贸 como bot铆n (codiciable) el ser igual a Dios, antes se anonad贸, tomando la forma de siervo, haci茅ndose semejante a los hombres; y as铆, por el aspecto, siendo reconocido como hombre, se humill贸, haci茅ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" 71 .

Tocamos aqu铆, en estas palabras de la Carta de Pablo a los Filipenses, la esencia misma de la Redenci贸n. En esta realidad est谩 inscrita de modo primario y constitutivo la obediencia de Jesucristo. Confirman tambi茅n este dato otras palabras del Ap贸stol, entresacadas esta vez de la Carta a los Romanos: "Pues como, por la desobediencia de un solo hombre, muchos se constituyeron en pecadores, as铆 tambi茅n, por la obediencia de uno, muchos se constituir谩n en justos" 72 .

El consejo evang茅lico de la obediencia es la llamada que brota de esta obediencia de Cristo "hasta la muerte". Los que acogen esta llamada, expresada mediante la palabra "s铆gueme", deciden -como afirma el Concilio- seguir a Cristo "que... redimi贸 y santific贸 a los hombres por la obediencia hasta la muerte de Cruz" 73 . Al realizar el consejo evang茅lico de la obediencia, ellos alcanzan la esencia profunda de la econom铆a total de la Redenci贸n. Al llevar a cabo este consejo desean conseguir una participaci贸n especial en la obediencia de aquel "uno", a trav茅s de cuya obediencia todos "se constituir谩n en justos".

Por consiguiente, se puede decir que los que deciden vivir seg煤n el consejo de la obediencia se ponen de modo particular entre el misterio del pecado 74 y el misterio de la justificaci贸n y de la gracia salv铆fica. Se encuentran en este "lugar" con todo el fondo pecaminoso de la propia naturaleza humana, con toda la herencia del "orgullo de la vida", con toda la tendencia ego铆sta a dominar y no a servir, y se deciden precisamente a trav茅s del voto de obediencia a transformarse a semejanza de Cristo, que "redimi贸 y santific贸 a los hombres por la obediencia". En el consejo de la obediencia desean encontrar su parte en la Redenci贸n de Cristo y su camino de santificaci贸n.

Este es el camino que Cristo ha trazado en el Evangelio, hablando muchas veces del cumplimiento de la voluntad de Dios, de su b煤squeda incesante: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envi贸 y acabar su obra" 75 . "Porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envi贸" 76 . "El que me envi贸 est谩 conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado" 77 . "Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envi贸" 78 . Este constante cumplimiento de la voluntad del Padre hace pensar tambi茅n en aquella confesi贸n mesi谩nica del salmista de la Antigua Alianza: "En el rollo del libro me est谩 prescrito: hacer tu complacencia; Dios m铆o, (ello) me es grato, y tu Ley est谩 en medio de mis entra帽as" 79 .

Esta obediencia del Hijo -llena de gozo- alcanza su cenit en la Pasi贸n y en la Cruz: "Padre, si quieres, aparta de m铆 este c谩liz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" 80 . Desde el momento de la oraci贸n en Getseman铆 la disponibilidad de Cristo a hacer la voluntad del Padre se llena hasta el l铆mite del sufrimiento, se convierte en aquella obediencia "hasta la muerte y muerte de Cruz", de la que habla San Pablo.

A trav茅s del voto de obediencia las personas consagradas deciden imitar con humildad de un modo especial la obediencia del Redentor. Aunque, en efecto, la sumisi贸n a la voluntad de Dios y la obediencia a su ley sean para todo estado condici贸n de vida cristiana, sin embargo en el "estado religioso", en el "estado de perfecci贸n", el voto de obediencia establece en el coraz贸n de cada uno de vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, el deber de una particular referencia a Cristo "obediente hasta la muerte". Y dado que esta obediencia de Cristo constituye el n煤cleo esencial de la obra de la Redenci贸n, como resulta de las palabras del Ap贸stol citadas anteriormente, por eso mismo, al cumplir el consejo evang茅lico de la obediencia, se debe percibir tambi茅n un momento particular de aquella "econom铆a de la Redenci贸n", que envuelve vuestra vocaci贸n en la Iglesia.

De aqu铆 brota esa "disponibilidad total al Esp铆ritu Santo", que act煤a ante todo en la Iglesia, como expresa mi Predecesor Pablo VI en la Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelica testificatio, 81 , pero que igualmente se manifiesta en las Constituciones de vuestros Institutos. De aqu铆 brota aquella sumisi贸n religiosa que en esp铆ritu de fe las personas consagradas demuestran a los propios Superiores leg铆timos, que ocupan el puesto de Dios 82 .

En la Carta a los Hebreos encontramos una indicaci贸n muy significativa sobre este tema: "Obedeced a vuestros jefes y estadles sujetos, que ellos velan sobre vuestras almas, como quien ha de dar cuenta de ellas". Y el Autor de la misma Carta a帽ade: "obedeced... para que lo hagan con alegr铆a y sin gemidos, que esto ser铆a para vosotros sin utilidad" 83 .

Los Superiores, por su parte, recordando el deber que tienen de ejercitar en esp铆ritu de servicio la potestad conferida a ellos mediante el ministerio de la Iglesia, se muestren siempre disponibles a escuchar a sus propios hermanos, para poder discernir mejor lo que el Se帽or exige a cada uno, manteniendo firmemente la autoridad que tienen de decidir y de mandar lo que consideren oportuno.

Igualmente, a la sumisi贸n-obediencia entendida de este modo se une la actitud de servicio, que conforma toda vuestra vida seg煤n emplo del Hijo del hombre, el cual "no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos" 84 . Y su Madre, en el momento decisivo de la Anunciaci贸n-Encarnaci贸n, penetrando desde el comienzo en toda la econom铆a salv铆fica de la Redenci贸n, dijo: "He aqu铆 la sierva del Se帽or; h谩gase en m铆 seg煤n tu palabra" 85 .

Recordad tambi茅n, queridos Hermanos y Hermanas, que la obediencia a la que os hab茅is comprometido, consagr谩ndoos sin reserva a Dios mediante la profesi贸n de los consejos evang茅licos, es una particular expresi贸n de la libertad interior, como una definitiva expresi贸n de la libertad de Cristo fue su obediencia "hasta la muerte": "yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, soy yo quien la doy de m铆 mismo" 86 .

VI AMOR A LA IGLESIA

Testimonio

14. En el A帽o jubilar de la Redenci贸n, toda la Iglesia desea renovar su amor a Cristo, Redentor del hombre y del mundo, su Se帽or y a la vez su Esposo divino. Por ello, en este A帽o Santo la Iglesia mira con particular atenci贸n a vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, que como personas consagradas ocup谩is un lugar especial tanto en la comunidad universal del Pueblo de Dios como en cada comunidad local. Si la Iglesia desea que mediante la gracia del Jubileo extraordinario se renueve tambi茅n vuestro amor a Cristo, al mismo tiempo es plenamente consciente de que este amor constituye un bien particular de todo el Pueblo de Dios. La Iglesia es consciente de que en el amor que Cristo recibe de las personas consagradas, el amor de todo el Cuerpo se dirige de modo especial y excepcional al Esposo, que a la vez es Cabeza de este Cuerpo. La Iglesia os expresa, queridos Hermanos y Hermanas, su agradecimiento por la consagraci贸n y la profesi贸n de los consejos evang茅licos, que son un particular testimonio de amor. Al mismo tiempo ella ratifica su gran confianza en vosotros que hab茅is elegido un estado de vida, que es un don especial de Dios a su Iglesia; ella cuenta con vuestra colaboraci贸n completa y generosa para que, como administradores fieles de tan preciado don, "sint谩is con la Iglesia" y actu茅is siempre con ella, de acuerdo con las ense帽anzas y las normas del Magisterio de Pedro y de los Pastores en comuni贸n con 茅l, cultivando, a nivel personal y comunitario, una renovada conciencia eclesial. Contempor谩neamente ella ruega por vosotros, para que vuestro testimonio de amor no cese nunca 87 , y os pide tambi茅n que acoj谩is con tal esp铆ritu el presente mensaje del A帽o jubilar de la Redenci贸n.

As铆 rogaba el Ap贸stol en su Carta a los Filipenses: "Que vuestra caridad crezca m谩s y m谩s... en toda discreci贸n, para que sep谩is discernir lo mejor y se谩is puros e irreprensibles para el d铆a de Cristo, llenos de frutos de justicia..." 88 .

Por obra de la Redenci贸n de Cristo "el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por virtud del Esp铆ritu Santo, que nos ha sido dado" 89 . Pido incesantemente al Esp铆ritu Santo que os conceda a cada uno y cada una de vosotros, "seg煤n el propio don" 90 , dar un testimonio particular de este amor. Venza en vosotros, de manera digna de vuestra vocaci贸n, "la ley del Esp铆ritu de vida en Cristo Jes煤s...", esa ley que nos "libr贸 de la ley... de la muerte" 91 . Vivid, por consiguiente, esta vida nueva a la medida de vuestra consagraci贸n y tambi茅n seg煤n los distintos dones de Dios que corresponden a la vocaci贸n de las respectivas Familias religiosas. La profesi贸n de los consejos evang茅licos indica a cada uno y cada una de vosotros de qu茅 modo "con la ayuda del Esp铆ritu Santo har茅is morir" 92 todo lo que es contrario a la Vida y sirve al pecado y a la muerte; todo lo que se opone al verdadero amor a Dios y a los hombres. El mundo tiene necesidad de la aut茅ntica "contradicci贸n" de la consagraci贸n religiosa como levadura incesante de renovaci贸n salv铆fica. "Que no os conform茅is a este siglo, sino que os transform茅is por la renovaci贸n de la mente, para que sep谩is discernir cu谩l es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta" 93 . Despu茅s del especial periodo de experimentaci贸n y de puesta al d铆a, previsto en el Motu proprio Ecclesiae Sanctae, vuestros Institutos han recibido recientemente, o se disponen a recibir, la aprobaci贸n por parte de la Iglesia de las Constituciones renovadas. Que este don de la Iglesia os estimule a conocerlas, amarlas y, sobre todo, vivirlas con generosidad y fidelidad, recordando que la obediencia es una manifestaci贸n inequ铆voca del amor.

Precisamente el mundo actual y la humanidad tienen necesidad de este testimonio de amor. Tienen necesidad del testimonio de la Redenci贸n tal como est谩 impresa en la profesi贸n de los consejos evang茅licos. Estos consejos, cada uno seg煤n su car谩cter propio y todos juntos en 铆ntima conexi贸n, "dan testimonio" de la Redenci贸n que, con el poder de la Cruz y la Resurrecci贸n de Cristo, gu铆a al mundo y a la humanidad en el Esp铆ritu Santo hacia aquel cumplimiento definitivo, que el hombre -y a trav茅s del hombre la creaci贸n entera- encuentra en Dios y s贸lo en Dios. Vuestro testimonio es, por lo tanto, inestimable. Hay que dedicarse con constancia para que sea plenamente transparente y fruct铆fero en medio de los hombres. A ello ayudar谩 tambi茅n la fiel observancia de las normas de la Iglesia que se refieren a la manifestaci贸n incluso exterior de vuestra consagraci贸n y de vuestro compromiso de pobreza 94 .

Apostolado

15. De este testimonio de amor esponsal a Cristo, a trav茅s del cual se hace particularmente visible entre los hombres toda la verdad salv铆fica del Evangelio, nace tambi茅n, queridos Hermanos y Hermanas, como caracter铆stica de vuestra vocaci贸n, la participaci贸n en el apostolado de la Iglesia, en su misi贸n universal, que se realiza contempor谩neamente en medio de todas las naciones, de tantos modos diversos y mediante la multiplicidad de los dones concedidos por Dios. Vuestra misi贸n espec铆fica est谩 armoniosamente concertada con la misi贸n de los Ap贸stoles, que el Se帽or envi贸 por todo el mundo para ense帽ar a todas las gentes 95 , y est谩 unida tambi茅n a esta misi贸n del orden jer谩rquico. En el apostolado que desarrollan las personas consagradas, su amor esponsal por Cristo se convierte de modo casi org谩nico en amor por la Iglesia como Cuerpo de Cristo, por la Iglesia como Pueblo de Dios, por la Iglesia que es a la vez Esposa y Madre.

Es dif铆cil describir, m谩s a煤n enumerar, de qu茅 modos tan diversos las personas consagradas realizan, a trav茅s del apostolado, su amor a la Iglesia. Este amor ha nacido siempre de aquel don particular de vuestros Fundadores, que recibido de Dios y aprobado por la Iglesia, ha llegado a ser un carisma para toda la comunidad. Ese don corresponde a las diversas necesidades de la Iglesia y del mundo en cada momento de la historia, y a su vez se prolonga y consolida en la vida de las comunidades religiosas como uno de los elementos duraderos de la vida y del apostolado de la Iglesia. En cada uno de estos elementos, en todo campo -tanto en el de la contemplaci贸n fecunda para el apostolado como en el de la acci贸n directamente apost贸lica- os acompa帽a la bendici贸n constante de la Iglesia y, a la vez, su pastoral y maternal solicitud, en lo referente a la identidad espiritual de vuestra vida y la rectitud de vuestro actuar en medio de la gran comunidad universal de las vocaciones y de los carismas de todo el Pueblo de Dios. Bien sea a trav茅s de cada uno de los Institutos por separado, bien sea mediante su integraci贸n org谩nica, en el conjunto de la misi贸n de la Iglesia se pone de particular relieve aquella econom铆a de la Redenci贸n, cuyo signo profundo cada uno y cada una de vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, lleva consigo mediante la consagraci贸n y la profesi贸n de los consejos evang茅licos.

Y por lo tanto, aunque son muy importantes las m煤ltiples obras apost贸licas que realiz谩is, sin embargo la obra de apostolado verdaderamente fundamental permanece siempre lo que (y a la vez qui茅nes) sois dentro de la Iglesia. Se pueden repetir de cada uno y cada una de vosotros, a t铆tulo especial, las palabras del Ap贸stol: "Est谩is muertos, y vuestra vida est谩 escondida con Cristo en Dios" 96 . Y a la vez ese "estar escondidos con Cristo en Dios" permite que se apliquen a vosotros las palabras del Maestro mismo: "As铆 ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que est谩 en los cielos" 97 .

Para esta luz, mediante la cual deb茅is "resplandecer ante los hombres", es importante entre vosotros el testimonio de rec铆proca caridad, unida al esp铆ritu fraterno de cada Comunidad, ya que el Se帽or dijo: "En esto conocer谩n todos que sois mis disc铆pulos: si ten茅is amor unos para con otros" 98 .

La naturaleza fundamentalmente comunitaria de vuestra vida religiosa, alimentada por la doctrina del Evangelio, por la Sagrada Liturgia y, sobre todo, por la Eucarist铆a, constituye un modo privilegiado de realizar esta dimensi贸n interpersonal y social. Ayud谩ndoos mutuamente y llevando unos el peso de los otros, manifest谩is a trav茅s de vuestra uni贸n que Cristo est谩 presente en medio de vosotros 99 . Es importante para vuestro apostolado en la Iglesia ser sensibles a las necesidades y a los sufrimientos del hombre, que se muestran tan claramente y de modo tan conmovedor en el mundo de hoy. El Ap贸stol, en efecto, ense帽a: "Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas, y as铆 cumplir茅is la Ley de Cristo" 100 ; y a帽ade que "el amor es la plenitud de la Ley" 101 .

Vuestra misi贸n debe ser visible. Debe ser profundo, muy profundo el v铆nculo que la une a la Iglesia 102 . A trav茅s de todo lo que hac茅is y, sobre todo, mediante lo que sois, que se proclame y se confirme la verdad de que "Cristo am贸 a la Iglesia y se entreg贸 por ella" 103 ; la verdad que est谩 en la base de toda la econom铆a de la Redenci贸n. Que de Cristo, Redentor del mundo, brote como fuente inagotable vuestro amor a la Iglesia.

VII CONCLUSION

Con coraz贸n iluminado

16. Esta Exhortaci贸n que os dirijo en la solemnidad de la Anunciaci贸n del A帽o jubilar de la Redenci贸n, quiere ser expresi贸n del amor que la Iglesia siente por los Religiosos y las Religiosas. Vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, sois en efecto un bien especial de la Iglesia. Y este bien se hace m谩s comprensible mediante la meditaci贸n de la realidad de la Redenci贸n, para la que el presente A帽o Santo ofrece una ocasi贸n constante y un feliz est铆mulo. Reconoced pues bajo esta luz vuestra identidad y dignidad. Que el Esp铆ritu Santo -en virtud de la Cruz y la Resurrecci贸n de Cristo- "ilumine los ojos de vuestro coraz贸n, para que entend谩is cu谩l es la esperanza a que os ha llamado, cu谩les las riquezas y la gloria de su herencia otorgada a los santos" 104 .

Estos "ojos iluminados del coraz贸n" pide la Iglesia sin cesar para cada uno y cada una de vosotros, que ya hab茅is entrado en el camino de la profesi贸n de los consejos evang茅licos. Los mismos "ojos iluminados" la Iglesia, junto con vosotros, pide para tantos cristianos, especialmente para la juventud masculina y femenina, a fin de que puedan descubrir este camino y no tengan miedo de seguirlo, y para que aun en medio de las circunstancias adversas de la vida de hoy puedan escuchar el "S铆gueme" 105 de Cristo. Tambi茅n vosotros deb茅is empe帽aros en este objetivo mediante vuestra plegaria y, a la vez, el testimonio de aquel amor por el que "Dios permanece en nosotros y su amor es en nosotros perfecto" 106 . Que este testimonio est茅 presente por doquier y sea universalmente perceptible. Que el hombre de nuestro tiempo, espiritualmente cansado, encuentre en 茅l apoyo y esperanza. Por consiguiente, servid a los hermanos con el gozo que brota de un coraz贸n en el cual Cristo mora. Ojal谩 que "el mundo actual... pueda as铆 recibir la Buena Nueva, no a trav茅s de evangelizadores tristes y desalentados... sino a trav茅s de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en s铆 mismos, la alegr铆a de Cristo..." 107 .

La Iglesia, en su amor por vosotros, no cesa "de doblar las rodillas ante el Padre" 108 , para que obre en vosotros "... el fortalecimiento del hombre interior" 109 , y como en vosotros, as铆 lo realice tambi茅n en muchos otros, hermanos y hermanas bautizados, especialmente entre los j贸venes, para que encuentren el mismo camino hacia la santidad que a lo largo de la historia han recorrido tantas generaciones en compa帽铆a de Cristo -Redentor del mundo y Esposo de las almas-, dejando a menudo tras de s铆 el halo intenso de la luz de Dios sobre el fondo gris y tenebroso de la existencia humana.

A todos vosotros, que recorr茅is este camino en el momento actual de la historia de la Iglesia y del mundo, se dirige este f茅rvido deseo en el A帽o jubilar de la Redenci贸n, para que "arraigados y fundados en la caridad, pod谩is comprender, en uni贸n con todos los santos, cu谩l es la anchura, la longura, la altura y la profundidad y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que se谩is llenos de toda la plenitud de Dios" 110 .

Mensaje de la solemnidad de la Anunciaci贸n del Se帽or

17. En la festividad de la Anunciaci贸n de este A帽o Santo de la Redenci贸n, pongo la presente Exhortaci贸n en el Coraz贸n de la Virgen Inmaculada. Entre todas las persnas consagradas sin reserva a Dios Ella es la primera. Ella -la Virgen de Nazaret- es tambi茅n la m谩s plenamente consagrada a Dios; consagrada del modo m谩s perfecto. Su amor esponsal alcanza el culmen en la Maternidad divina por obra del Esp铆ritu Santo. Ella, que como Madre lleva en sus brazos a Cristo, al mismo tiempo realiza del modo m谩s perfecto su llamada: "S铆gueme". Y lo sigue -Ella, la Madre- como a su Maestro, en castidad, pobreza y obediencia.

隆Qu茅 pobre fue en la noche de Bel茅n y qu茅 pobre en el Calvario! 隆Cu谩n obediente se mostr贸 durante la Anunciaci贸n; y despu茅s -al pie de la Cruz- cu谩n obediente se mostr贸 hasta el punto de aceptar la muerte del Hijo, que se ha hecho obediente hasta la muerte! 隆Cu谩n entregada estuvo durante su vida terrena a la causa del reino de los cielos por pur铆simo amor!

Si toda la Iglesia encuentra en Mar铆a su primer modelo, con m谩s raz贸n lo encontr谩is vosotros, personas y comunidades consagradas dentro de la Iglesia. En el d铆a que recuerda la inauguraci贸n del Jubileo de la Redenci贸n, tenida el pasado a帽o, me dirijo a vosotros con este mensaje, para invitaros a avivar vuestra consagraci贸n religiosa seg煤n el modelo de la consagraci贸n de la misma Madre de Dios.

Queridos Hermanos y Hermanas: "Fiel es Dios, por quien hab茅is sido llamados a participar con Jesucristo, su Hijo y Se帽or nuestro" 111 . Perseverando en la fidelidad con El que es fiel, esforzaos por buscar un apoyo especial en Mar铆a. En efecto, Ella ha sido llamada por Dios a la comuni贸n m谩s perfecta con su Hijo. Sea tambi茅n Ella, Virgen fiel, la Madre de vuestra v铆a evang茅lica; que os ayude a experimentar y a mostrar ante el mundo cu谩n infinitamente fiel es Dios mismo.

Con estos sentimientos, os bendigo de coraz贸n.

Dado en el Vaticano, el d铆a 25 de marzo del A帽o jubilar de la Redenci贸n de 1984, sexto de mi pontificado.


1

Cfr. Mt. 7, 14.

2

Sal. 130, 7.

3

Cfr. 2 Cor. 11, 2.

4

Cfr. Mt. 18, 20.

5

Cfr. Mt. 19, 21; Mc. 10, 21; Lc. 18, 22.

6

Mc. 10, 21.

7

Mt. 19, 21.

8

Jn. 3, 16.

9

1 Pe. 1, 18.

10

1 Cor. 6, 20.

11

1 Cor. 6, 19-20.

12

Mt. 5, 48.

13

Cfr. Lev. 19, 2; 11, 44.

14

Ef. 5, 1-2.

15

Is. 44, 22.

16

Mc. 8, 35; cfr. Mt. 10, 39; Lc. 9, 24.

17

Mt. 19, 21.

18

Cfr. Mt. 6, 19-20.

19

Mt. 6, 21.

20

Cfr. Mt. 19, 21; Mc. 10, 21; Lc. 18, 22.

21

Cfr. Jn. 14, 26.

22

Mt. 19, 16.

23

Jn. 15, 16.

24

1 Jn. 4, 10.

25

Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 5; cfr. tambi茅n Documento de la S. C. para los Religiosos e Institutos Seculares "Elementos esenciales" (31 mayo 1983), nn. 5 ss.

26

Rom. 6, 3-4.

27

Rom. 6, 6.

28

Rom. 6, 11.

29

Cfr. Ef. 4, 22-24.

30

Is. 43, 1.

31

Mt. 19, 21.

32

Sal. 135, 4.

33

Jn. 17, 19.

34

Rom. 12, 1.

35

Heb. 10, 5. 7.

36

Cfr. Rom. 12, 1.

37

Sal 73, 25-26.

38

Sal 16, 2. 5.

39

Cfr. Cant. 8, 6.

40

Cfr. Lc. 20, 38.

41

2 Cor. 5, 17.

42

Cfr. Mt. 7, 1.

43

Lc. 6, 35.

44

Cfr. Mt. 5, 40-42.

45

Cfr. Lc. 14, 13-14.

46

Cfr. Mt. 6, 14-15.

47

Rom. 8, 19-21.

48

1 Jn. 2, 15-17.

49

Cfr. G茅n. 1, 28.

50

Jn. 17, 15.

51

Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 5.

52

2 Cor. 5, 17.

53

Flp. 2, 6-7.

54

Mc. 8, 34; Mt. 16, 24.

55

Flp. 3, 8-9.

56

2 Cor. 4, 16.

57

Mt. 19, 12.

58

Mt. 19, 11.

59

Cfr. 1 Cor. 7, 28-40.

60

Cfr. 1 Cor. 7, 38.

61

1 Cor. 7, 32.

62

1 Cor. 7, 34.

63

Cfr. Lc. 20, 34-36; Mt. 22, 30; Mc. 12, 25.

64

2 Cor. 8, 9.

65

Mt. 5, 3.

66

Ef. 3, 9.

67

Mt. 19, 21; cfr. Mc. 10, 21; Lc. 18, 22.

68

Mt. 6, 33.

69

Cfr. Lc. 6, 20.

70

Cfr. Mt. 5, 3.

71

Flp. 2, 6-8.

72

Rom. 5, 19.

73

Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 1.

74

Mysterium iniquitatis: cfr. 2 Tes. 2, 7.

75

Jn. 4, 34.

76

Jn. 5, 30.

77

Jn. 8, 29.

78

Jn. 6, 38.

79

Sal. 40, 8-9; cfr. Heb. 19, 7.

80

Lc. 22, 42; cfr. Mc. 14, 36; Mt. 26, 42.

81

Cfr. Evangelica testificatio, 6: AAS 63 (1971), 500.

82

Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 14.

83

Heb. 13, 17.

84

Mc. 10, 45.

85

Lc. 1, 38.

86

Jn. 10, 17-18.

87

Lc. 22, 32.

88

Flp. 1, 9-11.

89

Rom. 5, 5.

90

Cfr. 1 Cor. 7, 7.

91

Rom. 8, 2.

92

Cfr. Rom. 8, 13.

93

Rom. 12, 2.

94

Cfr. C.I.C., can. 669.

95

Cfr. Mt. 28, 19.

96

Col. 3, 3.

97

Mt. 5, 16.

98

Jn. 13, 35.

99

Cfr. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, 15.

100

G谩l. 6, 2.

101

Rom. 13, 10.

102

Lo recuerda expl铆citamente el C贸digo de Derecho Can贸nico a prop贸sito de la actividad apost贸lica. Cfr. can. 675, par. 3.

103

Ef. 5, 25.

104

Ef. 1, 18.

105

Lc. 5, 27.

106

1 Jn. 4, 12.

107

Pablo PP. VI. Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 80.

108

Cfr. Ef. 3, 14.

109

Cfr. Ef. 3, 16.

110

Ef. 3, 17-19.

111

1 Cor. 1, 9.
Consultas

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