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Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Documento de Puebla
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La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina

PRESENTACIÓN

Este texto recoge el trabajo realizado en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano a la que nos convocó el Santo Padre como Pastores, representantes de nuestras comunidades.

La Conferencia de Puebla, como es sabido, estuvo precedida por dos años de preparación con la activa y generosa participación de todas las Iglesias de América Latina.

Hubo, en efecto, una campaña de fervorosa oración, un proceso de consulta y de aportes principalmente de las Conferencias Episcopales, sistematizados en el Documento de Trabajo. Este ha servido como instrumento de estudio y orientación.

Hemos tenido la gracia de la presencia personal del Sucesor de Pedro, el Papa Juan Pablo II. Su palabra en la histórica visita a América Latina, especialmente la dirigida a los participantes en la III Conferencia General en la homilía durante la Concelebración en la Basílica de Guadalupe, en la Homilía en el Seminario de Puebla y sobre todo en el discurso inaugural ha sido precioso criterio, estímulo y cauce para nuestras deliberaciones. Por esto, se publican integralmente en el presente volumen.

Dada la amplitud del tema, rico y dinamizador, de la III Conferencia, se hacía necesario establecer prioridades y una adecuada articulación entre los diferentes puntos que han dado lugar a las 21 Comisiones de Trabajo, en torno de Núcleos o grandes unidades con los temas correspondientes. Este sistema de trabajo, complementado por aportes en plenarios y semiplenarios que aseguraban la mayor participación (de Obispos, Presbíteros, Diáconos, Religiosos, Religiosas, Laicos, Miembros invitados y Expertos), fue aprobado por unanimidad al inicio de nuestra Asamblea.

El contenido de los Núcleos y los temas no pretende ser un tratado sistemático de teología dogmática o pastoral. Esto ha sido expresamente descartado. Se ha buscado considerar aspectos de mayor incidencia en la Evangelización, ubicándonos en una definida perspectiva de pastores.

Aunque la Conferencia de Puebla con su caudal de contribuciones y la intensidad de su trabajo, desemboca en este Documento, es, ante todo, un espíritu: el de una Iglesia que se proyecta con renovado vigor al servicio de nuestros pueblos cuya realización ha de seguir la llama viva y transformadora de quien puso su tabernáculo en el corazón de nuestra propia historia.

Además, es principio de una nueva etapa en el proceso de nuestra vida eclesial en América Latina. El Santo Padre lo considera así al afirmar que es “un gran paso adelante”, en su carta del 23 de Marzo de 1979.

Estas páginas tienen la fuerza de un nuevo envío: el que nos hace Cristo: “Id y predicad el Evangelio a todos los pueblos” (Mc 16,15).

Estas orientaciones deben interesar profundamente nuestra pastoral. Ha de desplegarse un proceso de asimilación e interiorización de su contenido, a todos los niveles, para llevarlo a la práctica. Hay que profundizarlo en la oración y en el discernimiento espiritual. En este camino, las Conferencias Episcopales tienen su clara responsabilidad: son principalmente ellas las que deberán traducir y concretar, de acuerdo con sus circunstancias, sus posibilidades y los mecanismos apropiados, estas directivas. Es también tarea de las Iglesias Particulares, y en ellas de las Parroquias, los Movimientos Apostólicos, las Comunidades Eclesiales de Base y, en fin, de todas nuestras comunidades, hacer que Puebla, todo Puebla, se vuelque sobre la vida con su carga evangelizadora.

Puebla es, además, un espíritu, el de la comunión y la participación que, a manera de línea conductora, apareció en los documentos preparatorios y animó las jornadas de la Conferencia. Decíamos en ellos:

“La línea teológico-pastoral está conformada en el Documento de Trabajo por dos polos complementarios: la comunión y la participación (co-participación)”.

“Mediante la evangelización plena, se trata de restaurar y profundizar la comunión con Dios y, como elemento también esencial, la comunión entre los hombres. De modo que el hombre, al vivir la filiación en fraternidad, sea imagen viva de Dios dentro de la Iglesia y del mundo, en su calidad de sujeto activo de la historia”.

Comunión con Dios, en la fe, en la oración, en la vida sacramental. Comunión con los hermanos en las distintas dimensiones de nuestra existencia. Comunión en la Iglesia, entre los Episcopados y con el Santo Padre. Comunión en las comunidades cristianas. Comunión de reconciliación y de servicio. Comunión que es raíz y motor de evangelización. Comunión con nuestros pueblos”.

Participación en la Iglesia, en todos sus niveles y tareas. Participación en la sociedad, en sus diferentes sectores; en las naciones de América Latina; en su necesario proceso de integración, con actitud de constante diálogo. Dios es amor, familia, comunión; es fuente de participación en todo su misterio trinitario y en la manifestación de su nueva revelación con los hombres por la filiación y de estos entre sí, por la fraternidad” (Documento de Trabajo, Presentación 3.3.).

La III Conferencia se distinguió por la concordia de voluntades en torno de su tema y del consistente contenido de su Documento final. en efecto, fue aprobado por 179 “Placet” y 1 voto en blanco.

A pesar de la conveniencia de una mayor articulación del Documento que evitara repeticiones, numerosas en un trabajo desarrollado fundamentalmente en Comisiones, se ha preferido por razón de objetividad, no suprimir tales repeticiones. La Asamblea, en efecto, no tuvo oportunidad de llevar a cabo esta ardua y delicada tarea.

Se ha hecho lo posible por indicar la referencia a lugares en los que determinados temas son tratados especialmente.

La revisión del texto se ha limitado casi exclusivamente a aspectos meramente redaccionales. Para ello se han tenido en cuenta numerosas correcciones e indicaciones de las Comisiones de Trabajo, así como el elenco de la fe de erratas elaborado por las mismas. Se ha realizado además una paciente labor de confrontación de citas, acudiendo a las fuentes respectivas. Algunas leves modificaciones fueron aprobadas por el Santo Padre.

Todo lo que hemos expresado constituye nuestra esperanza y a ello nos comprometemos bajo la mirad de María, la que creyó y se puso en camino presurosa, para anunciar la Alegre Nueva que palpitaba en sus entrañas.

PRESIDENCIA

Card. Sebastiano Baggio,
Prefecto de la Sagrada Congregación para los Obispos y
Presidente de la Comisión Pontificia para América Latina - CAL

Card. Aloisio Loscheider,
Arzobispo de Fortaleza – Brasil
Presidente de la CNBB
Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano — CELAM —

Mons. Ernesto Corripio Ahumada
Arzobispo de México

SECRETARIO GENERAL

Mons. Alfonso López Trujillo
Arzobispo Coadjutor de Medellín – Colombia
Secretario General del CELAM

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