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S.S. Juan Pablo II, Homilía de S.S. Juan Pablo II en la misa dominical, dada el 15 de febrero de 1998.
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Homilía de S.S. Juan Pablo II en la misa dominical

15 de febrero de 1998

1. ¬ęId por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creaci√≥n¬Ľ (Mc 16, 15). Antes de volver al Padre, Jes√ļs conf√≠a a los Ap√≥stoles el mandato de proseguir su misi√≥n en la tierra, anunciando la salvaci√≥n a todo el mundo. Esta tarea, que caracteriza a la Iglesia, pueblo de Dios en camino hacia la patria celestial, se expresa en la pluralidad de los ministerios y los carismas con que Cristo la enriquece. Pastores y confesores de la fe, v√≠rgenes y m√°rtires, presb√≠teros y laicos, santos y santas de todas las √©pocas contribuyen eficazmente a difundir el Evangelio en todos los rincones del mundo.

San Cirilo y san Metodio realizaron esa obra. Originarios de Tesalónica y testigos intrépidos del Evangelio, fueron los pioneros, por decirlo así, del numeroso grupo de apóstoles que han trabajado activamente al servicio de Cristo entre los pueblos eslavos. Vuestra parroquia se enorgullece de tener como protectores especiales a estos dos grandes santos copatronos de Europa.

Su ejemplo es muy significativo tambi√©n para nosotros. En efecto, como subray√© en la enc√≠clica Slavorum apostoli, ¬ęse puede afirmar que su recuerdo se ha hecho particularmente vivo y actual en nuestros d√≠as¬Ľ (n. 1).

Aun teniendo la posibilidad de hacer brillantes carreras pol√≠ticas, estos dos hermanos se dedicaron totalmente al Se√Īor. A petici√≥n del pr√≠ncipe Rastislav de la gran Moravia al emperador Miguel III, fueron enviados a anunciar a los pueblos de Europa central la fe cristiana en su propia lengua. As√≠, dedicaron su vida a esta tarea, afrontando muchas dificultades y sufrimientos, persecuciones y encarcelamientos y se convirtieron en ejemplos luminosos de entrega a la causa de Cristo y de amor a sus hermanos que anhelaban la verdad evang√©lica.

2. Muy bien se aplican a ellos las palabras de san Pablo que acabamos de escuchar: ¬ę¬°Ay de m√≠ si no predicara el Evangelio!¬Ľ (1 Co 9, 16). Abriendo su coraz√≥n a los cristianos de Corinto, el Ap√≥stol expresa su conciencia de la necesidad y de la urgencia del anuncio evang√©lico. Lo siente como un gran don, pero tambi√©n como una tarea irrenunciable: un verdadero ¬ędeber¬Ľ (cf. 1 Co 9, 16), cuya responsabilidad le incumbe en comuni√≥n con los dem√°s Ap√≥stoles. Al hacerse ¬ętodo a todos para salvar a toda costa a algunos (1 Co 9, 22), nos muestra c√≥mo todo evangelizador debe aprender a adaptarse al lenguaje de sus oyentes, para entrar en sinton√≠a profunda con ellos.

Es lo que realizaron de modo admirable los dos santos a quienes recordamos hoy: toda su misi√≥n se orient√≥ a ¬ęencarnar la palabra de Dios en la lengua y la cultura eslavas. A ellos se debe la transcripci√≥n de los textos sagrados y lit√ļrgicos a la lengua paleoeslava, mediante un nuevo alfabeto. Para mantener firme la comuni√≥n eclesial, vinieron a Roma y obtuvieron la aprobaci√≥n del Papa Adriano II. Precisamente en Roma, el 14 de febrero del a√Īo 869, muri√≥ Cirilo mientras que Metodio, consagrado obispo para el territorio de la antigua di√≥cesis de Panonia y nombrado legado pontificio para los pueblos eslavos, prosigui√≥ la tarea misionera que hab√≠a iniciado con su hermano.

Demos gracias a Dios por estos dos santos, Cirilo y Metodio, que fueron heraldos sabios del Evangelio en Europa. Tambi√©n hoy siguen ense√Īando a los evangelizadores de nuestro tiempo la valent√≠a en el anuncio y la actitud necesaria para inculturar la fe.

3. (…)

4. (…)

5. ¬ęTodos las confines de la tierra han visto la salvaci√≥n de nuestro Dios¬Ľ (Is 52, 10). Como hemos escuchado en la primera lectura, el profeta Isa√≠as anuncia la universalidad de la salvaci√≥n que se ofrece a todos los pueblos sin distinci√≥n de raza, lengua y cultura. Todos los creyentes est√°n llamados seg√ļn sus posibilidades y responsabilidades, a participar en la gran misi√≥n evangelizadora. Este es el compromiso que tambi√©n aqu√≠, en vuestra parroquia, deb√©is asumir con perseverancia y fidelidad para que el Evangelio entre en todas las casas, en las familias y en los diversos ambientes en que se desarrolla la vida diaria.

El Esp√≠ritu del Se√Īor os ilumine y os sostenga en esta ardua labor apost√≥lica. Amad√≠simos hermanos y hermanas, oremos juntos para que se defiendan y compartan los valores del Evangelio, en particular los que se refieren a los √°mbitos de la vida y de la familia fundada en el matrimonio. Oremos por los j√≥venes, a fin de que encuentren en el amor del Se√Īor la fuerza para resistir ante las tentaciones y los peligros que los amenazan. Oremos para que todos los hombres de buena voluntad se esfuercen por edificar una sociedad m√°s en sinton√≠a con el mensaje evang√©lico.

Encomiendo a la protección celestial de María y de los santos hermanos de Tesalónica vuestra comunidad, así como el camino de los pueblos eslavos y el futuro de toda Europa. ¡San Cirilo y san Metodio, apóstoles de los pueblos eslavos y copatronos de Europa, orad por nosotros! Amén.

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