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S.S. Juan Pablo II, Peregrinación a Tierra Santa
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Peregrinación de S.S. Juan Pablo II a Tierra Santa

20 al 26 de marzo del 2000

Palabras en el Monasterio del Monte Nebo (Jordania)

20 de Marzo del 2000

Padre Ministro General,

Queridos amigos,

Aqu√≠, sobre las alturas del Monte Nebo, comienzo esta fase de mi peregrinaje jubilar. Pienso en la gran figura de Mois√©s y en la Alianza que Dios estableci√≥ con √©l sobre el Monte Sina√≠. Doy gracias a Dios por el don inefable de Jesucristo, que sell√≥ la nueva Alianza con su propia sangre y llev√≥ la Ley a su cumplimiento. A √Čl que es "El Alfa y el Omega, el primero y el √ļltimo, el principio y el fin" (Ap. 22,13), dedico cada paso de este viaje en la tierra que fue suya.

En este primer día estoy particularmente contento de saludarlo, Padre Ministro General, y de rendir honor al magnífico testimonio ofrecido en el curso de los siglos en esta tierra de los hijos de San Francisco mediante el servicio fiel de la Custodia de los santos lugares.

También tengo la alegría de saludar al Gobernador de Madaba y al alcalde de la ciudad. ¡Que las bendiciones del Omnipotente se derramen sobre los habitantes de esta zona! ¡Que la paz de los cielos llene el corazón de cuantos se unen a mí a lo largo de mi camino de peregrinación!

Palabras en Amm√°n, tras su llegada a Jordania

20 de marzo del 2000

Sus Majestades,

Miembros del Gobierno,

1.En un espíritu de profundo respeto y amistad, envío mis saludos a todos los que viven en el Reino Hachemita de Jordania: los miembros de la Iglesia Católica y las otras iglesias cristianas, los musulmanes a quienes los seguidores de Cristo les tenemos un alto estima, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

Mi visita a su pa√≠s y toda la jornada que hoy comienzo son parte de la peregrinaci√≥n jubilar religiosa que estoy realizando para conmemorar los dos mil a√Īos del nacimiento de Cristo. Desde el inicio de mi ministerio como Obispo de Roma he tenido un gran deseo de marcar este evento con la oraci√≥n en los lugares vinculados a la historia de la salvaci√≥n, lugares que nos hablan de ese largo momento de preparaci√≥n en los tiempos b√≠blicos, lugares donde nuestro Se√Īor Jesucristo vivi√≥, o que est√°n vinculados con su mensaje de redenci√≥n. He estado ya en Egipto y en el Monte Sina√≠, donde Dios se revel√≥ a Mois√©s y le entreg√≥ las Tablas de la Ley de la Alianza.

2.Hoy estoy en Jordania, una tierra familiar para m√≠ por las Sagradas Escrituras: una tierra santificada por la presencia del mismo Jes√ļs, por la presencia de Mois√©s, El√≠as y Juan el Bautista, y los santos y m√°rtires de la Iglesia primitiva. Vuestra tierra se destaca por su hospitalidad y apertura a todos. Estas son cualidades de los jordanos que he podido constatar en muchas ocasiones y conversaciones con el difunto Rey Hussein, y en donde se confirmaron nuevamente en mi reuni√≥n con su Majestad en el Vaticano en setiembre del a√Īo pasado.

Su Majestad, conozco cu√°n profundamente est√° usted preocupado por la paz en su tierra y en la regi√≥n entera, y cu√°n importante es para usted que todos los Jordanos, musulmanes y cristianos, se consideren a s√≠ mismos como un solo pueblo y una sola familia. En esta parte del mundo hay problemas graves y urgentes concernientes a la justicia, los derechos de los pueblos y de las naciones, que deben ser resueltos para el bien de todos aquellos que est√°n implicados y como condici√≥n para una paz estable y definitiva. Sin importar cu√°n dif√≠cil o largo sea, el proceso de b√ļsqueda de la paz debe continuar. Sin la paz, no puede haber un aut√©ntico desarrollo para esta regi√≥n, ni una mejor vida para sus ciudadanos, ni un futuro m√°s luminoso para sus hijos. Por eso, el compromiso de Jordania por garantizar las condiciones necesarias para la paz es muy importante y digno de elogio.

Construir un futuro de paz requiere siempre un mayor y m√°s maduro entendimiento, y una mayor cooperaci√≥n entre las personas que conocen la √ļnica verdad, un Dios indivisible, el Creador de todo lo que existe. Las tres hist√≥ricas religiones monote√≠stas incluyen entre sus valores m√°s importantes la paz, el bien y el respeto por la persona humana y sus valores m√°s elevados. Yo espero sinceramente que mi visita contribuya al actual y fruct√≠fero di√°logo entre cristianos y musulmanes que se est√° llevando a cabo en Jordania, particularmente a trav√©s del Instituto Interreligioso Real.

3.La Iglesia Católica, sin olvidar que su primera misión es la espiritual, está siempre atenta para cooperar con las naciones individuales y las personas de buena voluntad que promueven el desarrollo y dignidad de la persona humana. Ella hace concreto esta particularidad en sus colegios y programas de educación, y en sus instituciones sociales y de caridad. Vuestra noble tradición de respeto por todas las religiones garantiza la libertad religiosa que hace esto posible, y que es en efecto un derecho humano fundamental. Cuando esto ocurre, todos los ciudadanos se sienten iguales, y cada uno, inspirados en sus propias convicciones espirituales, puede contribuir a la construcción de la sociedad como el hogar compartido por todos.

4. La c√°lida invitaci√≥n que sus Majestades, el gobierno y los ciudadanos jordanos me han hecho llegar es una expresi√≥n de una esperanza com√ļn para una nueva era de paz y desarrollo en esta regi√≥n. Estoy verdaderamente agradecido, y con un profundo aprecio a su hospitalidad les ofrezco mis oraciones por ustedes, por todo el pueblo jordano, por los desplazados en la zona central de la regi√≥n, y por los j√≥venes que forman parte de una larga parte de la poblaci√≥n.

¬°Que Dios Todopoderoso bendiga a su Majestad con felicidad y una larga vida!

¬°Que √Čl bendiga a Jordania con prosperidad y paz!

Palabras en el Aeropuerto de Tel Aviv (Israel)

21 de marzo del 2000

Querido Presidente Weizman,

Queridos amigos israelíes,

Excelencias, Damas y Caballeros,

Ayer, desde las alturas de Monte Nebo vi a través del Valle del Jordán esta tierra bendita. Hoy con profunda emoción piso la tierra donde Dios quiso 'plantar su tienda' y permitió que el hombre se encontrase con El más directamente.

En este a√Īo del 2000 aniversario del Nacimiento de Jesucristo, ha sido un deseo personal venir y rezar en los lugares m√°s importantes que, desde tiempos remotos, han presenciado las intervenciones de Dios, las maravillas que ha hecho. "T√ļ eres el Dios que obra prodigios, y has dado a conocer a los pueblos tu poder." (Sal 77,15).

Se√Īor Presidente, le agradezco por su c√°lida bienvenida, y en su persona saludo a toda la gente del Estado de Israel.

Esta visita es a la vez una peregrinación personal y un viaje espiritual del Obispo de Roma a los orígenes de nuestra fe en el "Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob". Es parte de una peregrinación más amplia de oración y de acción de gracias que me ha llevado ya al Sinaí. Ahora tendré el privilegio de visitar algunos lugares estrechamente ligados a la vida, a la muerte y a la resurrección de Jesucristo.

A lo largo de cada paso de camino, me mueve un sentido intenso de Dios quien nos ha precedido y conducido, que quiere que lo honremos en espíritu y en verdad, para reconocer las diferencias entre nosotros, pero también reconocer en cada ser humano la imagen y semejanza del Único Creador del cielo y la tierra.

Se√Īor Presidente, usted es conocido como un hombre de paz y un pacificador. Todos nosotros sabemos lo urgente que es la necesidad de paz y justicia, no s√≥lo para

Israel, sino para toda la regi√≥n. Desde que mi predecesor Pablo VI vino aqu√≠ en 1964 han cambiado muchas cosas entre la Santa Sede y el Estado de Israel. La instauraci√≥n de relaciones diplom√°ticas entre nosotros en 1994 ha puesto el sello a los esfuerzos encaminados a abrir una nueva era de di√°logo sobre cuestiones de inter√©s com√ļn como la libertad religiosa, las relaciones entre la Iglesia y el Estado y m√°s en general, entre cristianos y jud√≠os. En otro nivel, la opini√≥n mundial sigue de cerca el proceso de paz que tiene a toda la gente de la regi√≥n envuelta en la dif√≠cil b√ļsqueda de una paz duradera con justicia para todos. Con la apertura establecida nuevamente hacia cada uno. Los cristianos y los jud√≠os deben esforzarse con valent√≠a para eliminar todas las formas de prejuicio. Tenemos que luchar para presentar siempre y en todo lugar el rostro verdadero de los jud√≠os y del juda√≠smo, as√≠ como el de los cristianos y el cristianismo, y todo ello a todos los niveles de mentalidad, de ense√Īanza y de comunicaci√≥n.

Mi viaje es adem√°s una peregrinaci√≥n en esp√≠ritu de humilde gratitud y esperanza a los or√≠genes de nuestra historia religiosa. Es un tributo a las tres tradiciones religiosas que coexisten en esta tierra. Llevo bastante tiempo esperando ver las fieles comunidades cat√≥licas en su rica variedad, y a los miembros de las diversas iglesias y comunidades cristianas presentes en Tierra Santa. Rezo para que mi visita contribuya a fomentar el di√°logo inter-religioso que llevar√° a jud√≠os, cristianos y musulmanes a individuar en las respectivas creencias y en la fraternidad universal que une a todos los miembros de la familia humana, el motivo y la perseverancia para obrar en favor de aquella paz y aquella justicia que los pueblos de Tierra Santa todav√≠a no poseen y a las cuales aspiran profundamente. El Salmista nos recuerda que la paz es un regalo de Dios: "Quiero escuchar lo que dir√° Yahv√© mi Dios; sus palabras ser√°n de paz para su pueblo y para sus santos, y para los que de coraz√≥n se vuelvan a √Čl." (Sal 85, 8). ¬°Que la paz sea un regalo de Dios a la tierra que se escogi√≥ para s√≠ mismo!

Oraci√≥n en el Sitio del Bautismo del Se√Īor

21 de marzo del 2000

En el Evangelio de San Lucas leemos "Que la Palabra de Dios baj√≥ sobre Juan, Hijo de Zacar√≠as, en el desierto. Y √©l recorri√≥ toda la regi√≥n del Jord√°n, predicando un bautismo de conversi√≥n para el perd√≥n de los pecados" (3, 2-3). Aqu√≠, en el R√≠o Jord√°n, cuyas orillas han sido visitadas por multitudes de peregrinos que rinden honor al Bautismo del Se√Īor, tambi√©n yo elevo mi coraz√≥n en oraci√≥n:

¬°Gloria a ti, oh Padre, Dios de Abraham, Isaac y Jaco
T√ļ has enviado a tus siervos, los profetas
a proclamare tu palabra de amor fiel
y a llamar a tu pueblo al arrepentimiento.
A las orillas del Río Jordán,
Has suscitado a Juan el Bautista,
una voz que grita en el desierto,
enviado a toda la región del Jordán,
a preparar el camino del Se√Īor,
a anunciar la venida de Cristo.

¬°Gloria a ti, oh Cristo, Hijo de Dios!
Has venido a las aguas del Jord√°n
Para ser bautizado por manos de Juan.
Sobre ti el Espíritu descendió como una paloma.
Sobre ti se abrieron los cielos,
Y se escuchó la voz del Padre:
"Este es mi Hijo, el Predilecto!"
Del río bendecido con tu presencia
Has partido para bautizar no sólo con el agua
sino con fuego y Espíritu Santo.

¬°Gloria a ti, oh Esp√≠ritu Santo, Se√Īor!
Por tu poder la Iglesia es bautizada,
Descendiendo con Cristo en la muerte
Y resurgiendo junto a él a una nueva vida.
Por tu poder, nos vemos liberados del pecado
para convertirnos en hijos de Dios,
el glorioso cuerpo de Cristo.
Por tu poder, todo temor es vencido,
Y es predicado el Evangelio del amor
En cada rincón de la tierra,
para la gloria de Dios,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo,
a √Čl todo honor en este A√Īo Jubilar
y en todos los siglos por venir. Amén.

Homilía en la Misa celebrada en Ammán (Jordania)

21 de marzo del 2000

"Voz de uno que clama: Preparad el camino de Yahvé en el desierto, enderezad en el yermo una senda para nuestro Dios." (Is 40, 3).

Su Beatitud,

Hermanos Obispos y Sacerdotes,

Hermanos y Hermanas,

1. Las palabras del profeta Isa√≠as, que el Evangelista aplica a Juan el Bautista, nos recuerdan, el camino que Dios ha trazado a trav√©s del tiempo en su deseo de ense√Īar y salvar a su pueblo. Hoy, como parte de mi Peregrinaje Jubilar para orar en algunos de los lugares conectados con las intervenciones salv√≠ficas de Dios, la Divina Providencia me ha tra√≠do a Jordania. Saludo a Su Beatitud Michel Sabbah y le agradezco por sus amables palabras de bienvenida. Cordialmente abrazo el Exarca Greco-Melquita Georges El-Murr y a todos los miembros de la Asamblea de los Ordinarios Cat√≥licos de Tierra Santa, as√≠ como a los representantes de otras Iglesias y Comunidades Eclesiales. Estoy agradecido a las autoridades civiles quienes han querido honrar nuestra celebraci√≥n con su presencia.

El Sucesor de Pedro es un peregrino en esta tierra bendecida por la presencia de Mois√©s y El√≠as, donde el mismo Jes√ļs ense√Ī√≥ e hizo milagros (cf. Mc 10, 1; Jn 10, 40-42), donde la naciente Iglesia fue testigo de la vida de muchos santos y m√°rtires. En este a√Īo del Gran Jubileo toda la Iglesia, y especialmente hoy la comunidad cristiana de Jordania, est√°n espiritualmente unidos en un peregrinaje a los or√≠genes de nuestra fe, un peregrinaje de conversi√≥n y penitencia, de reconciliaci√≥n y paz.

Buscamos una gu√≠a que nos muestre el camino. Y viene a nuestro encuentro la figura de Juan el Bautista, la voz de uno que clama en el desierto (cf. Lc 3, 4). √Čl nos pondr√° en el camino que debemos tomar si nuestra "carne ver√° la salvaci√≥n de Dios" (Lc 3, 6). Guiados por √©l, recorremos nuestro camino de fe de manera que veamos m√°s claramente la salvaci√≥n que Dios ha realizado a trav√©s de una historia que se extiende desde Abraham. Juan el Bautista fue el √ļltimo de los profetas que mantuvo viva y nutrida la esperanza del pueblo de Dios. En √©l el tiempo del cumplimiento estaba pr√≥ximo.

2. La semilla de esta esperanza fue la promesa hecha a Abraham cuando fue llamado a dejar todo lo que le era familiar y seguir a un Dios que no hab√≠a conocido (cf. Gen 12, 1-3). A pesar de sus riquezas, Abraham fue un hombre que viv√≠a en la sombra de la muerte porque no ten√≠a ni hijos ni tierra propia (cf. Gen 15, 2). La promesa parec√≠a no cumplirse, ya que Sara era est√©ril y la tierra estaba en otras manos. Pero a√ļn as√≠ Abraham puso su fe en Dios; "crey√≥, esperando contra toda esperanza" (Rom 4, 18).

Sin embargo tan imposible como parecía, Sara dio a luz a Isaac y Abraham recibió una tierra. Y desde Abraham a sus descendientes la promesa se convirtió en una bendición para "todas las tribus de la tierra" (Gen 12, 3; 18, 18).

3. Esa promesa fue sellada cuando Dios habl√≥ a Mois√©s en el Monte Sina√≠. Lo que pas√≥ entre Mois√©s y Dios en la santa monta√Īa configuraron la subsecuente historia de la salvaci√≥n como una Alianza de amor entre Dios y el hombre ‚ÄĒ una Alianza que requiere obediencia para las promesas de liberaci√≥n. Los Diez Mandamientos grabados en piedra en el Sina√≠ ‚ÄĒ pero escritos en el coraz√≥n humano desde el comienzo de la creaci√≥n ‚ÄĒ son la divina pedagog√≠a de amor, que indican el √ļnico camino de realizaci√≥n de nuestro m√°s profundo anhelo: la irreprimible b√ļsqueda del esp√≠ritu humano por el bien, la verdad y la armon√≠a.

Por cuarenta a√Īos el pueblo estuvo errante hasta que llegaron a esta tierra. Mois√©s, "a quien el Se√Īor conoc√≠a cara a cara" (Dt 34, 10), habr√° muerto en el Monte Nebo y enterrado "en valle en el pa√≠s de Moab; y nadie hasta hoy ha sabido su sepulcro" (Dt, 34, 5-6). Pero la Alianza y la Ley que √©l recibi√≥ de Dios viven para siempre.

De tiempo en tiempo los profetas han tenido que defender la Ley y la Alianza en contra de aquellos que crean normas y leyes sin tomar en cuenta la voluntad de Dios, y han impuesto una nueva esclavitud entre los hombres (cf. Mc 6, 17-18). La propia ciudad de Amm√°n ‚ÄĒRabb√° en el Antiguo Testamento‚ÄĒ recuerda el pecado del Rey David al provocar la muerte de Ur√≠as y tomar a su esposa Betsabee, ya que aqu√≠ cayo Ur√≠as (2Sam 11, 1-17). "Ellos te har√°n la guerra", dijo Dios a Jerem√≠as en el Primer Relato que hemos escuchado hoy, "m√°s no prevalecer√°n contra ti; porque contigo estoy yo‚Ķpara librarte." (Jer1, 19). Para denunciar los errores para mantener la Alianza, estaban los profetas, incluyendo al Bautista, quienes pagaron con su sangre. Pero debido a la divina promesa ‚ÄĒ"Estoy contigo‚Ķpara librarte"‚ÄĒ se mantuvieron firmes como "ciudad fortificada, y por columna de hierro, y por muro de bronce" (Jer, 1, 18), proclamando la Ley de la vida y la salvaci√≥n, del amor que nunca falla.

4. En la plenitud de los tiempos, en el R√≠o Jord√°n Juan el Bautista se√Īala a Jes√ļs, aqu√©l sobre el cual el Esp√≠ritu Santo desciende en forma de paloma (cf. Lc 3, 22), aquel que bautiza no con agua sino "en Esp√≠ritu Santo y fuego" (Lc, 3, 16). Los cielos est√°n abiertos y escuchamos la voz del Padre: "Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco." (Mt 3, 17). En √Čl, el Hijo de Dios, la promesa hecha a Abraham y la Ley entregada a Mois√©s est√°n cumplidas.

Jes√ļs es el cumplimiento de la promesa. Su muerte en la Cruz y su Resurrecci√≥n conducen a la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. A trav√©s de la Resurrecci√≥n las puertas del Para√≠so se abren, y podemos caminar nuevamente en el Jard√≠n de la Vida. En Cristo Resucitado recibimos "la misericordia prometida a nuestros padres, a Abraham y su descendencia para siempre" (Lc 1,54-55).

Jes√ļs es el cumplimiento de la Ley. Cristo Resucitado revela el significado completo de todo lo que ocurri√≥ en el Mar Rojo y en el Monte del Sina√≠. Revela la verdadera naturaleza de la tierra prometida, donde "la muerte no morar√° jam√°s" (Ap 21, 4). Porque √©l es "el primog√©nito de entre los muertos" (Col 1, 18), el Se√Īor Resucitado es el fin de todo nuestro peregrinaje: "el Alfa y Omega, el primero y el √ļltimo, el principio y el final" (Ap 22, 13).

5. Durante los √ļltimos cinco a√Īos, la Iglesia en esta regi√≥n ha estado celebrando el S√≠nodo Pastoral de Iglesias de Tierra Santa. Todas las Iglesias Cat√≥licas juntas, han caminado con Jes√ļs y han escuchado su nuevo llamado, estableciendo el sendero a seguir en el Plan Pastoral General. En esta solemne liturgia gratamente recibo los frutos del S√≠nodo como signo de su renovada fe y su generoso compromiso. El S√≠nodo ha envuelto una experiencia de comuni√≥n con el Se√Īor sentida profundamente, y tambi√©n de intensa comuni√≥n eclesial, como los disc√≠pulos se reunieron alrededor de los Ap√≥stoles en el nacimiento de la Iglesia (cf Hch, 2, 42; 4, 32). El S√≠nodo ha dejado en claro que su futuro descansa en unidad y solidaridad. Ruego hoy, e invito a toda la Iglesia a orar conmigo, que la obra del S√≠nodo traiga fortalecimiento a los lazos de amistad y cooperaci√≥n entre las comunidades cat√≥licas locales en su rica variedad, entre todas las Iglesias Cristianas y Comunidades Eclesiales, y entre Cristianos y las otras grandes religiones que florecen aqu√≠. Permitan los recursos de la Iglesia ‚ÄĒfamilias, parroquias, escuelas, asociaciones laicas, movimientos de j√≥venes‚ÄĒ establezcan a la unidad y al amor como su fin supremo. No existe camino m√°s efectivo de estar involucrado social, profesional y pol√≠ticamente, que el trabajo de la justicia, reconciliaci√≥n y paz, que es lo que el S√≠nodo solicita.

A los Obispos y sacerdotes, les digo: ¬°Sean buenos pastores de acuerdo al Coraz√≥n de Cristo! ¬°Gu√≠en el reba√Īo confiado a ustedes por el camino que conduce a las verdes praderas de Su Reino! Fortalezcan la vida pastoral de sus comunidades a trav√©s de una nueva y m√°s din√°mica colaboraci√≥n con los religiosos y los laicos. En medio de las dificultades de su ministerio, pongan su confianza en el Se√Īor. Crezcan m√°s cerca de √Čl en la oraci√≥n, y √Čl ser√° su luz y su alegr√≠a. La Iglesia entera les agradece por su dedicaci√≥n y por la misi√≥n de fe que llevan a cabo en sus di√≥cesis y parroquias.

A los hombres y mujeres religiosos, ¬°les expreso la inmensa gratitud de la Iglesia por ser testigos de la supremac√≠a de Dios sobre todas las cosas! ¬°Contin√ļen alumbrando hacia delante como faros del amor evang√©lico que supera todas las barreras! ¬°A los laicos les digo: No tengan miedo de tomar su lugar y su responsabilidad en la Iglesia! ¬°Sean testigos valientes de Evangelio en sus familias y en la sociedad!

En el D√≠a de la Madre en Jordania la saludo e invito a ser constructoras de una nueva civilizaci√≥n del amor. ¬°Amad a vuestras familias! ¬°Ense√Īadles los caminos de la armon√≠a y de la paz; ens√©√Īenles el valor de la fe y la oraci√≥n y la bondad! Queridos j√≥venes, el camino de la vida est√° abierto ante ustedes. Construyan su futuro con los s√≥lidos cimientos del amor de Dios" y permanezcan unos en la Iglesia de Cristo. Ayuden a transformar el mundo a vuestro alrededor dando lo mejor de ustedes en el servicio a los otros y a su pa√≠s. Y a los ni√Īos que hacen la Primera Comuni√≥n les digo: Jes√ļs es vuestro mejor amigo; sabe lo que hay en sus corazones. Permanezcan unidos a √Čl y en sus oraciones acu√©rdense de la Iglesia y del Papa.

6. En este a√Īo del Gran Jubileo, todo el pueblo peregrino de Dios regresa en esp√≠ritu a los lugares relacionados a la historia de nuestra salvaci√≥n. Despu√©s de seguir los pasos de Abraham y Mois√©s, nuestra peregrinaci√≥n ahora alcanza las tierras en las que nuestro Salvador Jesucristo vivi√≥ y viaj√≥ durante su vida terrena. "Dios que en los tiempos antiguos habl√≥ a los padres en muchas ocasiones y de muchas maneras por los profetas, en los √ļltimos d√≠as nos ha hablado a nosotros en su Hijo" (Heb 1:1-2). En el Hijo todas las promesas son cumplidas. √Čl es el Redemptor Hominis, el Redentor del hombre, la esperanza del mundo. Manteniendo todo esto frente a ustedes, hagan que toda la comunidad cristiana de Jordania sea m√°s firme en la fe y generosa en los trabajos de amor servicial.

Que la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, los guíe y proteja en el camino. Amén.

Mensaje al llegar a los territorios autónomos de la Autoridad Nacional Palestina

22 de Marzo del 2000

Estimado Presidente Arafat,

Sus Excelencias,

Queridos amigos Palestinos,

1. "Aqu√≠ Cristo naci√≥ de la Virgen Mar√≠a": estas palabras, grabadas sobre el lugar donde, de acuerdo a la tradici√≥n, Jes√ļs naci√≥, son la raz√≥n del Gran Jubileo del a√Īo 2000. Ellas son la raz√≥n de mi venida a Bel√©n hoy. Ellas son la fuente de la alegr√≠a, la esperanza, voluntad, que, por dos milenios, han llenado innumerables corazones humanos al s√≥lo escuchar el nombre "Bel√©n".

Gente de todos lados vuelve su mirada hacia este singular rincón de la tierra con un esperanza que trasciende conflictos y dificultades. Belén donde el coro de ángeles cantó: "Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad." (Lc 2, 14) se mantiene, en cada lugar y en cada época, como la promesa del regalo de Dios de la paz. El mensaje de Belén es la Buena Nueva de la reconciliación entre los hombres, de paz a todos los niveles de relaciones entre los individuos y las naciones.

Belén es un cruce universal donde todas las gentes pueden encontrarse para construir juntas un mundo merecedor de nuestra dignidad y destino humanos. El Museo de la Natividad, recientemente inaugurado, muestra como la celebración del Nacimiento de Cristo se ha convertido en parte de la cultura y arte de la gente de todas partes del mundo.

2. Se√Īor Arafat, as√≠ como le agradezco por la c√°lida bienvenida que me ha ofrecido en nombre de la Autoridad y Pueblo palestinos, le expreso mi alegr√≠a de estar aqu√≠ hoy. ¬ŅC√≥mo puedo dejar de rezar para que el don divino de la paz sea cada vez m√°s una realidad para todos aquellos que viven en esta tierra, a la que las intervenciones de Dios han dado una caracter√≠stica √ļnica? ¬°Paz para el pueblo palestino! ¬°Paz para todos los pueblos de la regi√≥n! Nadie puede ignorar todo lo que el pueblo palestino ha sufrido en las √ļltimas d√©cadas. Vuestro tormento est√° ante los ojos del mundo. Y ha durado demasiado.

La Santa Sede ha reconocido siempre que el pueblo palestino tiene el derecho natural de poseer una patria y el derecho de poder vivir en paz y tranquilidad con los otros pueblos de esta zona. A nivel internacional, mis predecesores y yo hemos proclamado repetidamente que no se pondría fin al triste conflicto en Tierra Santa sin garantías sólidas para los derechos de todos los pueblos que viven en ella, sobre la base de la ley internacional y de las importantes resoluciones y declaraciones de las Naciones Unidas.

Debemos continuar trabajando y orando por el √©xito de cada esfuerzo genuino de traer la paz a esta tierra. S√≥lo con una paz justa y duradera ‚ÄĒno impuesta sino garantizada mediante negociado‚ÄĒ las leg√≠timas aspiraciones de los palestinos se ver√°n satisfechas. S√≥lo entonces Tierra Santa vislumbrar√° la posibilidad de un futuro nuevo y luminoso, que no se derrochar√° ya m√°s en rivalidades y conflictos, sino que se basar√° s√≥lidamente en la comprensi√≥n y la cooperaci√≥n para el bien de todos. Los resultados (√©xito) dependen enormemente de la disposici√≥n valerosa de los responsables del destino de esta parte del planeta para dirigirse hacia nuevas actitudes de compromiso y complacencia con las demandas de justicia.

3. Queridos amigos, soy plenamente consciente de los grandes desaf√≠os que la Autoridad y el pueblo palestino tienen que afrontar en todos los campos del desarrollo econ√≥mico y cultural. De manera particular, dirijo mis oraciones a aquellos palestinos ‚ÄĒmusulmanes y cristianos‚ÄĒ que se ven todav√≠a privados de una casa propia, del lugar que les corresponde en la sociedad y de la posibilidad de una vida laboral normal. Deseo que mi visita de hoy al campo de refugiados Dheisheh sirva para recordar a la comunidad internacional la necesidad de una acci√≥n decisiva para mejorar la situaci√≥n del pueblo palestino. Fue algo muy grato para m√≠ la aceptaci√≥n un√°nime de las Naciones Unidas de la Resoluci√≥n sobre Bel√©n 2000, que compromete a la comunidad internacional a ayudar en el desarrollo de esta zona y a mejorar las condiciones de paz y reconciliaci√≥n en uno de los lugares m√°s estimados y significativos lugares de la tierra. La promesa de paz hecha en Bel√©n ser√° una realidad para el mundo s√≥lo cuando se reconozcan y se respeten la dignidad y los derechos de todos los seres humanos creados a imagen de Dios.

El pueblo palestino está en mis oraciones hoy y siempre a Aquél que sostiene el destino del mundo en sus manos. ¡Que el Dios Altísimo ilumine, sostenga y guíe a todo el pueblo Palestino en la senda de paz.

Discurso en el campo de refugiados de Deheisha

22 de Marzo del 2000

Queridos Amigos,

1. Es importante para m√≠ que mi peregrinaje al lugar del nacimiento de Jesucristo, en este aniversario n√ļmero dos mil de aquel suceso extraordinario, incluya esta visita a Deheisha. Es de un profundo significado que aqu√≠, cerca de Bel√©n, me encuentre con ustedes, refugiados y personas desplazadas, y representantes de las organizaciones y agencias involucradas en una verdadera misi√≥n de misericordia. A lo largo de mi pontificado me he sentido cerca al pueblo palestino en sus sufrimientos.

Saludo a cada uno de ustedes, y espero y ruego porque mi visita traiga algo de consuelo en su dif√≠cil situaci√≥n. Agradar a Dios ayudar√° a dirigir la atenci√≥n a su continua situaci√≥n. Han sido privados de muchas cosas que representan necesidades b√°sicas de la persona humana: casa propia, salud, educaci√≥n y trabajo. Sobre todo mantienen la triste memoria de lo que fueron obligados a dejar atr√°s, no s√≥lo posesiones materiales, sino su libertad, la cercan√≠a con los familiares, y los alrededores familiares y tradiciones culturales que nutr√≠an su vida personal y familiar. Es verdad que se est√° haciendo mucho aqu√≠ en Deheisha y en otros campos para responder a sus necesidades, especialmente a trav√©s de la Agencia de Trabajos y Alivio de las Naciones Unidas. Estoy particularmente contento con la efectividad de la presencia de la Misi√≥n Pontificia para Palestina y muchas otras organizaciones cat√≥licas. Pero a√ļn hay mucho por hacer.

2. Las condiciones degradantes en las que los refugiados tienen que vivir a menudo; la continuaci√≥n de largos per√≠odos de situaciones que son apenas soportados en emergencias por un breve per√≠odo de tr√°nsito; el hecho de que personas desplazadas sean obligadas a permanecer por a√Īos en campamentos; son la medida de la urgente necesidad de una soluci√≥n justa para la ra√≠z de los problemas. S√≥lo un esfuerzo resoluto de parte de los l√≠deres en el Medio Oriente y en la comunidad internacional como un todo ‚Äďinspirada por una m√°s elevada visi√≥n de la pol√≠tica como un servicio de bien com√ļn‚Äď puede sacar las causas de su situaci√≥n actual.

Mi pedido es para una mayor solidaridad internacional y la política voluntad de enfrentarse a este desafío. Suplico con todos aquellos que están trabajando sinceramente por la justicia y la paz a que no pierdan la esperanza. Pido a los líderes políticos que implementen los acuerdos a los que ya han llegado, y que avancen hacia la paz que todos los hombres y mujeres razonables anhelan, hacia la justicia de la que tienen el derecho inalienable.

3. Queridos j√≥venes, contin√ļen esforz√°ndose a trav√©s de la educaci√≥n para obtener su lugar correcto en la sociedad, y venzan las dificultades y limitaciones que tienen que enfrentar a causa de su situaci√≥n de refugio. La Iglesia Cat√≥lica se alegra particularmente de servir a una causa noble en la educaci√≥n a trav√©s del invalorable trabajo de la Universidad de Bel√©n, fundada como fruto de la visita de mi predecesor el Papa Pablo VI en 1964.

Queridos refugiados, ¬°no piensen que las condiciones presentes los hacen menos importante a los ojos de Dios! ¬°Nunca olviden su dignidad de hijos! Aqu√≠ en Bel√©n el Ni√Īo Dios fue acostado en un pesebre; los pastores de los alrededores fueron los primeros en recibir el celestial mensaje de paz y esperanza para el mundo. El designio de Dios fue concebido en medio de la humildad y la pobreza.

¬°Queridos trabajadores y voluntarios de ayuda, crean en la tarea que est√°n llevando a cabo! La solidaridad genuina y pr√°ctica con aquellos que est√°n en necesidad no es un favor concedido, es una demanda de nuestra humanidad compartida y un reconocimiento hacia la dignidad de cada ser humano.

Perm√≠tannos volvernos con confianza hacia el Se√Īor, pidi√©ndole que inspire a aquellos que se encuentran en puestos responsables de promover justicia, seguridad y paz, sin ninguna demora y de manera eminentemente pr√°ctica.

La Iglesia, a través de sus organizaciones sociales y de caridad, continuará estando a su lado y suplicando por su causa ante del mundo.

¬°Dios los bendiga a todos!

Homilía en la Misa celebrada en la Plaza del Pesebre (Belén)

22 de Marzo del 2000

"Nos ha nacido un ni√Īo, se nos ha dado un Hijo‚Ķy su nombre ser√° llamado Consejero Maravilloso, Dios Todopoderoso‚ĶPr√≠ncipe de Paz".

Su Beatitud, Hermanos Obispos y Sacerdotes,

Queridos Hermanos y Hermanas,

1. Las palabras del Profeta Isa√≠as prefiguran la venida del Salvador al mundo. Y fue aqu√≠ en Bel√©n que la gran promesa fue cumplida. Por dos mil a√Īos, generaciones y generaciones de cristianos han pronunciado el nombre de Bel√©n con profunda emoci√≥n y alegre gratitud. Como los pastores y los sabios, tenemos que venir a encontrar al Ni√Īo tambi√©n, "envuelto en pa√Īales, y acostado en un pesebre" (Lc 2, 12). Como muchos peregrinos que vinieron antes que nosotros, nos ponemos de rodillas maravillados y en adoraci√≥n ante aqu√©l inefable misterio que fue realizado en este lugar.

En la primera Navidad de mi ministerio como Sucesor del Ap√≥stol Pedro mencion√© p√ļblicamente mi gran deseo de celebrar el comienzo de mi Pontificado en Bel√©n en la cueva de la Natividad (cf. Homil√≠a de Misa de Medianoche, 24 de Diciembre de 1978, No. 3). Esto no fue posible en esa oportunidad; y no ha sido posible hasta hoy. Pero hoy, ¬Ņc√≥mo puedo no alabar a Dios por sus misericordias, cuyos caminos son misteriosos y cuyo amor no conoce l√≠mites, por traerme, en este a√Īo del Gran Jubileo, al lugar del nacimiento del Salvador? Bel√©n es el coraz√≥n de mi Peregrinaje Jubilar. Los caminos que he tomado me han conducido a este lugar y al misterio que √©l proclama.

Agradezco al Patriarca Michel Sabbah por sus amables palabras de bienvenida y cordialmente abrazo a todos los miembros de la Asamblea de los Cat√≥licos Ordinarios de Tierra Santa. La presencia es importante, en el lugar que vio nacer al Hijo de Dios en la carne, de muchas Comunidades Cat√≥licas Orientales que forman el rico mosaico de nuestra catolicidad. Con afecto en el Se√Īor, saludo a los Representantes de las Iglesias Ortodoxas y de las Comunidades Eclesiales presentes en Tierra Santa.

Estoy agradecido a los oficiales de la Autoridad Palestina quienes están formando parte de nuestra celebración y uniéndose en nuestras oraciones por el bienestar del pueblo palestino.

2. "¬°No tem√°is! Porque os anuncio una gran alegr√≠a que ser√° para todo el pueblo: Hoy os ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Se√Īor" (Lc. 2, 10-11)

La alegr√≠a anunciada por el √°ngel no es cosa del pasado. Es una alegr√≠a de hoy, del eterno hoy de la salvaci√≥n de Dios que alcance cualquier tiempo, pasado, presente y futuro. En el alba del nuevo milenio, estamos llamados a ver m√°s claramente que el tiempo tiene sentido porque aqu√≠ la Eternidad entr√≥ en la historia y permanece con nosotros para siempre. Las palabras del Venerable Beda expresan la idea claramente: "A√ļn hoy, y cada d√≠a hasta el final de los tiempos, el Se√Īor ser√° continuamente concebido en Nazaret y nacido en Bel√©n" (EN Ev. S. Lucae, 2, PL 92, 330). Como en esta ciudad siempre es Navidad, todos los d√≠as es Navidad en el coraz√≥n de los cristianos. Todos los d√≠as estamos llamados a proclamar el mensaje de Bel√©n al mundo - 'la buena nueva de una gran alegr√≠a: el Verbo Eterno, 'Dios de Dios, Luz de Luz' se ha hecho carne y ha venido a habitar entre nosotros. El Reci√©n Nacido, indefenso y totalmente dependiente del cuidado de Mar√≠a y Jos√©, confiado a su amor, es la salud entera del mundo. ¬°Lo es de todos nosotros!

En este Ni√Īo el Hijo que nos es dado encontramos descanso para nuestras almas y el verdadero pan que nunca falta, el Pan de la Eucarist√≠a prefigurado incluso en el nombre de este pueblo: Beth-lehem, la casa del pan. Dios permanece escondido en el Ni√Īo; la divinidad se mantiene escondida en el Pan de Vida. Adoro te devote latens Deitas! Quae sub his figuris vere latitas!

3. Se trata del gran misterio del auto-vaciamiento divino, el trabajo de nuestra redenci√≥n desplegado en la debilidad: esta no es una verdad simple. El Salvador naci√≥ en la noche, en la oscuridad, en el silencio y la pobreza de un pesebre de Bel√©n. "El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los habitantes de la tierra de sombras de muerte resplandeci√≥ una luz", dice el Profeta Isa√≠as (9:2). Este es un lugar conocido como "el yugo " y "el cetro" de la opresi√≥n. ¬ŅCon qu√© frecuencia se ha escuchado el llanto de inocentes por estas calles? Hasta la gran iglesia construida sobre el lugar del Salvador permanece como una fortaleza golpeada por el paso de los a√Īos. El Pesebre de Jes√ļs yace siempre en la sombra de la Cruz. El silencio y la pobreza del nacimiento en Bel√©n se unen a la oscuridad y el dolor de la muerte en el Calvario. El Pesebre y la Cruz son el mismo misterio de amor redentor; el cuerpo que descans√≥ en Mar√≠a en el pesebre es el mismo que fue ofrecido en la Cruz.

4. ¬ŅD√≥nde, entonces, est√° el dominio del "Maravilloso Consejero, Dios Poderoso, y Pr√≠ncipe de la Paz " del que habla el Profeta Isa√≠as? ¬ŅCu√°l es el poder al que se refiere Jes√ļs cuando dice: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28:18)? El reino de Cristo "no es de este mundo " (Jn 18:36). Su reino no tiene la fuerza y riqueza y conquista que parece modelar nuestra historia humana. Es el poder de vencer al Maligno, de la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte. Es el poder de curar las heridas que desdibujan la imagen del Creador en sus criaturas. El poder de Cristo es el poder que transforma nuestra naturaleza d√©bil y nos hace capaces, a trav√©s de la gracia del Esp√≠ritu Santo, de tener paz entre nosotros y Comuni√≥n con Dios mismo. "Pero a todos los que lo recibieron, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios: a los que creen en su nombre" (Jn 1:12). Este es el mensaje de Bel√©n, hoy y siempre. Este es el don extraordinario que el Pr√≠ncipe de la Paz ha tra√≠do al mundo hace 2000 a√Īos.

5.- En esa paz, yo saludo a todo el pueblo palestino, tan consciente como yo que √©ste es un tiempo muy importante en su historia. Rezo por el √ļltimo S√≠nodo Pastoral, en el cual participaron todas las iglesias cat√≥licas, y que s√© que los alentar√°n a ustedes y reforzar√°n sus lazos de unidad y paz. En este sentido, ustedes asumir√°n con mayor efectividad el ser testigos de la fe, reforzando la Iglesia y sirviendo al bien com√ļn.

Yo ofrezco el beso santo a los cristianos de las otras iglesias y comunidades eclesiales. Y saludo a la comunidad musulmana de Belén y rezo por una nueva era de entendimiento y cooperación entre todas las gentes de Tierra Santa.

Hoy nosotros buscamos regresar a un momento que ocurri√≥ hace dos mil a√Īos atr√°s, pero que en el esp√≠ritu lo encontramos siempre.

Nos reunimos en un lugar, pero rodeamos toda la tierra. Celebramos al Reci√©n Nacido, pero nos encontramos con √©l en cada hombre y mujer del mundo. Hoy desde la Plaza del Pesebre, proclamo con fuerza en todos los tiempos, lugares y a todas las personas: '¬°La paz sea con vosotros! ¬°No tem√°is!'. Estas palabras resuenan en todas las p√°ginas de la Escritura. Son palabras divinas pronunciadas por Jes√ļs mismo despu√©s de resucitar de entre los muertos: '¬°No tem√°is!'. Son las mismas palabras que la Iglesia os dirige hoy. No tem√°is preservar vuestra presencia y vuestro patrimonio cristianos en el lugar mismo en el que ha nacido el Salvador.

En la cueva de Bel√©n, usando las palabras de San Pablo de la segunda lectura de hoy, "La gracia de Dios le ha sido revelada" (Carta del Ap√≥stol San Pablo a Tito 2, 11). En el Ni√Īo que nace, el mundo ha recibido "la misericordia prometida a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes por siempre " (cf, Lc 1: 54-55). Deslumbrados por el misterio de la Palabra Eterna hecha carne, nosotros dejamos todos los temores atr√°s y nosotros nos convertimos como los √°ngeles, glorificando a Dios quien nos da el mundo como regalo. Con el coro celestial, nosotros "cantamos una nueva canci√≥n" (Sal 96:1):

"Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de la buena voluntad"

(Lc 2:14).

El Ni√Īo de Bel√©n, Hijo de Mar√≠a, Hijo de Dios, Dios de todos los tiempos y Pr√≠ncipe de la Paz, "es el mismo ayer y hoy y por los siglos" (Heb 13: 8), y as√≠ como nos preparamos para el nuevo milenio, debemos sanar todas nuestras heridas, vigorizar nuestros pasos, abrir nuestros corazones y mentes hacia "la gracia de las entra√Īas misericordiosas de nuestro Dios, por las que nos visitar√° desde lo alto el Oriente" (Lc 1, 78). Amen.

Mensaje en el Encuentro Interreligioso Pontificio Instituto Notre Dame

23 de marzo, 2000

Distinguidos representantes judíos, cristianos y musulmanes,

1.En este a√Īo del dos mil aniversario del nacimiento de Jes√ļs, estoy verdaderamente contento de haber podido realizar mi constante deseo de recorrer los lugares de la historia de la salvaci√≥n. Estoy profundamente conmovido al seguir las huellas de los incontables peregrinos que han rezado antes que yo en los lugares santos vinculados a las manifestaciones de Dios. Soy completamente consciente de que esta tierra es santa para los jud√≠os, cristianos y musulmanes. Por eso mi visita hubiese sido incompleta sin una reuni√≥n con ustedes, distinguidos l√≠deres religiosos. Gracias por el apoyo que su presencia aqu√≠ esta tarde da a la esperanza y convicci√≥n de tantas personas que estamos entrando sinceramente en una nueva era de di√°logo interreligioso. Somos conscientes que los lazos cercanos entre todos los creyentes son necesarios y una urgente condici√≥n para asegurar un mundo m√°s justo y en paz.

Para todos nosotros Jerusal√©n, como su nombre lo indica, es la "Ciudad de la Paz". Probablemente ning√ļn otro lugar en el mundo comunica tanto el sentido de trascendencia y de la divina elecci√≥n que percibimos en sus piedras y monumentos, y en la realidad de las tres religiones que conviven dentro de sus muros. No todo ha sido ni ser√° f√°cil en esta co-existencia. Pero debemos encontrar en nuestras propias religiones tradiciones que den sentido y una motivaci√≥n m√°s profunda para asegurar el triunfo del entendimiento mutuo y el cordial respeto.

2.Estamos todos de acuerdo en que la religi√≥n debe estar genuinamente centrada en Dios, y que nuestro primer deber religioso es la adoraci√≥n, oraci√≥n y acci√≥n de gracias. El sura de apertura del Cor√°n hace esto claro: "La oraci√≥n debe ser para Dios, Se√Īor del Universo" (Cor√°n 1:1). En los cantos inspirados de la Biblia podemos escuchar este llamado universal: "¬°Que todo ser que alienta, alabe al Se√Īor! ¬°Aleluya!" (Sal 150, 6). Y en el Evangelio podemos leer que cuando Jes√ļs naci√≥ los √°ngeles cantaron: "Gloria a Dios en lo alto del Cielo" (Lc 2, 14). En nuestros tiempos, mientras que muchos son tentados a llevar a cabo sus aspiraciones sin ninguna referencia a Dios, el llamado al conocimiento del Creador del universo y Se√Īor de la historia es esencial para garantizar el bienestar de las personas y el apropiado desarrollo de la sociedad.

3.Si ello es aut√©ntico, el amor a Dios necesariamente involucra la atenci√≥n de nuestra intimidad m√°s profunda. Como miembros de una misma familia humana y como hijos queridos de Dios, tenemos deberes que cumplir para con los otros que como creyentes, no podemos ignorar. Uno de los primeros disc√≠pulos de Jes√ļs escribi√≥: "Si alguien dice ‚Äėamo a Dios‚Äô, pero aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve" (1 Jn 4, 20). El amor entre hermanos y hermanas implica una actitud de respeto y compasi√≥n, gestos de solidaridad, cooperaci√≥n en el servicio para el bien com√ļn. As√≠, el trabajo por la justicia y la paz no se encuentra fuera del campo de la religi√≥n sino que es actualmente uno de sus elementos esenciales.

En la visi√≥n cristiana no es parte de los l√≠deres religiosos proponer f√≥rmulas t√©cnicas para la soluci√≥n de problemas sociales, econ√≥micos y pol√≠ticos. Est√°, por encima de todo, la tarea de ense√Īar las verdades de la fe y de la buena conducta, la tarea de ayudar a las personas ‚Äďincluyendo a aquellos con responsabilidades p√ļblicas‚Äď a ser conscientes de sus deberes y de cumplirlos. Como l√≠deres religiosos, ayudamos a las personas a vivir en una vida integrada, a armonizar la dimensi√≥n vertical de su relaci√≥n con Dios con la dimensi√≥n horizontal del servicio al pr√≥jimo.

4.Cada una de nuestra religiones sabe, de una manera u otra, la regla de oro: "Trata a los demás como te gustaría que te traten". Esta regla es muy valiosa como guía, sin embargo, el amor al prójimo va mucho más allá. Está basado en la convicción de que cuando amamos al hermano estamos mostrando nuestro amor a Dios, y cuando herimos al hermano estamos ofendiendo a Dios. Esto significa que la religión es la enemiga de la exclusión y discriminación, de la repugnancia y rivalidad, particularmente cuando la identidad religiosa coincide con la identidad cultural y étnica. ¡La religión y la paz van unidas! La creencia religiosa y su práctica no pueden ser separadas de la defensa de la imagen de Dios en todo ser humano.

Considerando la riqueza de nuestras respectivas tradiciones religiosas, nosotros debemos ser conscientes de que los problemas de hoy no podrán ser resueltos si es que nosotros permanecemos en la ignorancia y en el aislamiento de todos. Somos conscientes de los conflictos y malos entendidos del pasado, y estos todavía tienen un peso significativo en las relaciones entre los judíos, cristianos y musulmanes. Debemos hacer todo lo posible para que las ofensas y pecados del pasado se conviertan en una firme resolución de construir un nuevo futuro en el cual no habrá nada más que una fructífera y respetable cooperación entre todos.

La Iglesia Cat√≥lica desea construir un sincero y fruct√≠fero di√°logo interreligioso con los miembros de la creencia jud√≠a y con los seguidores del Islam. Un di√°logo as√≠ no es un intento de imponer nuestras visiones por encima de las de otros. Lo que requiere de cada uno de nosotros es que, sujetos a lo que creemos, nos escuchemos atentamente y con respeto entre todos, buscando discernir todo lo que es bueno y santo en las ense√Īanzas de cada uno, y cooperar para mantener todo lo que favorezca al mutuo entendimiento y paz.

5. Los j√≥venes y ni√Īos jud√≠os, cristianos y musulmanes presentes aqu√≠ son un signo de esperanza y un incentivo para nosotros. Cada nueva generaci√≥n es un regalo divino para el mundo. Si les logramos pasar todo lo noble y bueno de nuestras tradiciones, ellos podr√°n hacer florecer una m√°s intensa fraternidad y cooperaci√≥n.

Si las diferentes comunidades religiosas en la Ciudad Santa y en Tierra Santa logran exitosamente vivir y trabajar juntas en amistad y armon√≠a, esto ser√° de gran beneficio no s√≥lo para ellas mismas sino para toda la causa de paz en esta regi√≥n. Jerusal√©n ser√° realmente una Ciudad de Paz para todos los pueblos. Entonces repetiremos las palabras del Profeta: "Venid: subamos al monte del Se√Īor... que √Čl nos ense√Īar√° sus caminos y nosotros seguiremos por sus sendas" (Is 2, 3). Re-comprometernos en tal tarea y hacerlo en la Ciudad Santa de Jerusal√©n, es pedir a Dios que mire amorosamente nuestros esfuerzos y los lleve a feliz cumplimiento. ¬°Que el Todopoderoso bendiga abundantemente nuestras empresas comunes!

Mensaje en el Museo del Holocausto (Jerusalén)

23 de Marzo, 2000

Las palabras del antiguo Salmo se elevan desde nuestro corazones:
"dejado estoy de la memoria como un muerto,
como un objeto de desecho.
Escucho las calumnias de la turba,
terror por todos lados,
mientras se a√ļnan contra m√≠ en conjura,
tratando de quitarme la vida.
Mas yo confío en ti Yahveh,
me digo; ‚ÄėT√ļ eres mi Dios!‚Äô." (Sal 31, 13-15).

En este lugar de la memoria la mente, el corazón y el alma sienten una gran necesidad de silencio. Silencio en el que recordar. Silencio en el que intentar dar sentido a los recuerdos que regresan con impetuosidad. Silencio porque no existen palabras lo bastante fuertes para deplorar la terrible tragedia de la Shoah. Yo mismo tengo recuerdos personales de todo lo que pasó cuando los nazis ocuparon Polonia durante la guerra. Recuerdo a mis amigos y vecinos judíos, algunos de los cuales han muerto, mientras otros han sobrevivido.

He venido a Yad Vashem para rendir homenaje a los millones de judíos que, privados de todo, en particular de su dignidad humana, fueron asesinados en el Holocausto. Ha pasado más de medio siglo, pero los recuerdos permanecen.

Aqu√≠, como en Auschwitz y muchos otros lugares en Europa, hemos sucumbido ante el eco de desgarradores lamentos de tantos. Hombres, mujeres y ni√Īos claman desde las profundidades el horror que conocieron. C√≥mo no reparar en su clamor? Nadie puede olvidar o ignorar lo que pas√≥. Nadie puede minimizar su magnitud.

2. Queremos recordar. Queremos recordar pero por un motivo, esto es para asegurar que nunca jam√°s prevalecer√° el mal, como sucedi√≥ para los millones de v√≠ctimas inocentes del nazismo. ¬ŅC√≥mo pudo el hombre despreciar tanto al hombre? Porque hab√≠a llegado al extremo de despreciar a Dios. S√≥lo una ideolog√≠a sin Dios pod√≠a programar y llevar a cabo el exterminio de un pueblo entero.

El honor que se rinde a los 'gentiles justos' del Estado de Israel en Yad Vashem por haber actuado con hero√≠smo para salvar a los jud√≠os, a veces incluso llegando a dar la propia vida, es una demostraci√≥n de que ni siquiera en la hora m√°s oscura se apagan todas las luces. Eso por eso que los Salmos, y la Biblia entera, a pesar de estar bien al tanto de la capacidad humana para el mal, tambi√©n proclama que el mal no tendr√° la √ļltima palabra. Desde las profundidades de dolor y lamento, el coraz√≥n creyente clama:

"Mas yo conf√≠o en ti, Yahveh, me digo; ‚ÄėT√ļ eres mi Dios!‚Äô." (Sal 31, 14).

3. Jud√≠os y cristianos comparten un patrimonio espiritual inmenso que procede de la revelaci√≥n de Dios mismo. Nuestras ense√Īanzas religiosas y nuestras experiencias espirituales nos exigen que derrotemos el mal con el bien. Recordamos pero sin deseo alguno de venganza ni como incentivo del odio. Para nosotros recordar significa rezar por la paz y por la justicia, y comprometernos con su causa. S√≥lo un mundo en paz, con justicia para todos, puede evitar cometer nuevamente los errores y cr√≠menes del pasado. Como obispo de Roma y Sucesor del ap√≥stol Pedro, aseguro al pueblo jud√≠o que la Iglesia cat√≥lica, motivada por la ley evang√©lica de la verdad y del amor y no por consideraciones pol√≠ticas se siente profundamente entristecida por el odio, los actos de persecuci√≥n y las manifestaciones de antisemitismo contra los jud√≠os por parte de los cristianos en todo tiempo y lugar. La Iglesia rechaza cualquier forma de racismo que considera una negaci√≥n de la imagen del Creador intr√≠nseca a cada ser humano.

4. En este lugar de solemne remembranza, ruego fervientemente para que nuestro dolor por la tragedia sufrida por el pueblo jud√≠o en el siglo XX lleve a una relaci√≥n nueva entre cristianos y jud√≠os. Construyamos un futuro nuevo en el que no haya m√°s sentimientos anti-jud√≠os entre los cristianos ni anti-cristianos entre los jud√≠os, sino por el contrario, el respeto rec√≠proco que se pide a aquellos que adoran al √ļnico Creador y Se√Īor y miran a Abraham como el padre com√ļn en la fe.

El mundo debe atender la advertencia que viene de las víctimas del Holocausto y del testimonio de sus sobrevivientes. Aquí en Yad Vashem el recuerdo permanece y arde en nuestras almas. Nos hace clamar:

"Escucho las calumnias de la turba,
terror por todos lados,
mientras se a√ļnan contra m√≠ en conjura,
tratando de quitarme la vida.
Mas yo confío en ti Yahveh,
me digo; ‚ÄėT√ļ eres mi Dios!‚Äô." (Sal 31, 14-15).

Homilía en la Capilla del Cenáculo (Jerusalén)

23 de Marzo, 2000

1. "Este es mi Cuerpo".

Reunidos en el Cuarto Superior, hemos escuchado el relato del Evangelio de la √öltima Cena. Hemos escuchado palabras que surgen de las profundidades del misterio de la Encarnaci√≥n del Hijo de Dios. Jes√ļs toma el pan, lo bendice y lo parte, luego se lo da a sus disc√≠pulos, diciendo: "Este es mi Cuerpo". La alianza de Dios con su Pueblo est√° a punto de culminar en el sacrificio de su Hijo, la Palabra Eterna hecha carne. Las antiguas profec√≠as est√°n a punto de ser realizadas: "Sacrificio y oblaci√≥n no quisiste; pero me has formado un cuerpo‚Ķ¬°He aqu√≠ que vengo‚Ķa hacer, oh Dios, tu voluntad! (Hb 10, 5-7). En la Encarnaci√≥n, el Hijo de Dios, de la misma naturaleza que el Padre, se hizo Hombre y recibi√≥ un cuerpo de la Virgen Mar√≠a. Y ahora, en la noche previa a su muerte, les dice a sus disc√≠pulos: "Este es mi Cuerpo, que ser√° entregado por vosotros".

Con gran emoci√≥n escuchamos una vez estas palabras dichas aqu√≠ en este Cuarto Superior hace dos mil a√Īos. Desde entonces han sido repetidas, generaci√≥n tras generaci√≥n, por aquellos quienes compartimos el sacerdocio de Cristo a trav√©s del Sacramento de la Santa Orden. De esta manera, Cristo mismo dice nueva y constantemente estas palabras, a trav√©s de la voz de sus sacerdotes en cada rinc√≥n del mundo.

2. "Esta es la copa de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que ser√° derramada por vosotros, para el perd√≥n de los pecados. Haced esto en conmemoraci√≥n m√≠a". En cumplimiento al mandato de Cristo, la Iglesia repite estas palabras cada d√≠a en la celebraci√≥n de la Eucarist√≠a. Palabras que se levantan de las profundidades del misterio de la Redenci√≥n. En la celebraci√≥n de la cena pascual en el Cuarto Superior, Jes√ļs tom√≥ la copa llena de vino, la bendijo y la dio a sus disc√≠pulos. Esto era parte del rito pascual del Antiguo Testamento. Pero Cristo, Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, us√≥ estas palabras para proclamar el misterio de la salvaci√≥n de su Pasi√≥n y Muerte. Bajo las especies de pan y vino instituy√≥ las se√Īales sacramentales del Sacrificios de Su Cuerpo y Su Sangre.

"Por tu Cruz y Resurrecci√≥n nos has librado Se√Īor. Eres el Salvador del mundo". En cada Santa Misa, proclamamos este "misterio de fe", que a lo largo de dos milenios ha nutrido y sostenido la Iglesia que peregrina en medio de persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, proclamando la Cruz y Muerte del Se√Īor hasta Su venida (cf. Lumen Gentium, 8). En un cierto sentido, Pedro y los ap√≥stoles, en las personas de sus sucesores, han vuelto hoy a la sala del piso superior, para profesar la fe perenne de la Iglesia: 'Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo volver√°'.

3. De hecho, la Primera Lectura de la Liturgia de hoy nos conduce nuevamente a la vida de la primera comunidad cristiana. Los disc√≠pulos "acud√≠an asiduamente a la ense√Īanza de los ap√≥stoles, a la comuni√≥n, a la fracci√≥n del pan y a las oraciones" (Hch 2, 42).

Fractio panis. La Eucarist√≠a es un banquete de comuni√≥n en la Alianza nueva y eterna, y el sacrificio que hace presente el poder salv√≠fico de la Cruz. Y desde el principio el misterio de la Eucarist√≠a ha estado siempre ligado a la ense√Īanza y comuni√≥n de los ap√≥stoles y a la proclamaci√≥n de la Palabra de Dios, que habl√≥ en el pasado por medio de los profetas y ahora, de manera definitiva, en Jesucristo (cf. Hb 1, 1-2).

Dondequiera que las palabras "Este es mi Cuerpo" y la invocación del Espíritu Santo sean pronunciadas, la Iglesia se ve fortalecida en la fe de los apóstoles y en la unidad que tiene en el Espíritu Santo su origen y lazo.

4. San Pablo, el ap√≥stol de las naciones, vio claramente que la Eucarist√≠a, como nuestro participar en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es tambi√©n un misterio de comuni√≥n espiritual en la Iglesia. "Porque a√ļn siendo muchos, un s√≥lo pan y un s√≥lo cuerpo somos, pues todos participamos de un s√≥lo pan" (1 Cor 10, 17). En la Eucarist√≠a, Cristo el Buen Pastor, quien dio su vida por Su reba√Īo, permanece presente en su Iglesia. Qu√© es la Eucarist√≠a sino la presencia sacramental de Cristo en todos quienes participamos del √ļnico pan y la √ļnica copa? Esta presencia es la m√°s grande riqueza de la Iglesia.

"Cristo edifica a la Iglesia mediante la Eucaristía. Las manos que han partido el pan para los discípulos durante la Ultima Cena se extendieron sobre la cruz para reunir a todos los pueblos a su alrededor en el Reino eterno del Padre. A través de la celebración eucarística, El nunca cesa de guiar a los hombres y mujeres para que sean miembros efectivos de su Cuerpo.

5. "Cristo ha muerto, Cristo ha resucitado, Cristo vendr√° nuevamente".

√Čste es el "misterio de fe" que proclamamos en cada celebraci√≥n de la Eucarist√≠a. Jesucristo, el Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, ha redimido al mundo con su Sangre. Resucitado de entre los muertos, se ha ido a prepararnos un lugar en la casa de Su Padre. En el Esp√≠ritu de Quien nos ha hecho hijos amados de Dios, en la unidad del Cuerpo de Cristo, esperamos su venida con alegre esperanza.

Este a√Īo del Gran Jubileo es una oportunidad especial para que los sacerdotes crezcan en la consideraci√≥n del misterio que celebran en el altar. Por este motivo, deseo firmar la Carta a los Sacerdotes por el Jueves Santo de este a√Īo aqu√≠, en la sala superior, donde fue instituido el √ļnico sacerdocio de Jesucristo, que todos nosotros compartimos.

Celebrando esta Eucarist√≠a en el Cuarto Superior en Jerusal√©n, estamos unidos a la Iglesia de todo tiempo y lugar. Unidos con la Cabeza, estamos en comuni√≥n con Pedro y los ap√≥stoles y sus sucesores por los siglos. En uni√≥n de Mar√≠a, los santos y m√°rtires, y todos los bautizados que han vivido en la gracia del Esp√≠ritu Santo, levantamos nuestra voces para decir: Marana tha! "Ven Se√Īor Jes√ļs!" (Cf. Ap 22,17). Ll√©vanos, a nosotros y a todos tus elegidos, a la plenitud de la gracia en tu Reino Eterno. Am√©n.

Homilía en el Monte de las Bienaventuranzas

24 de marzo de 2000

"Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados!" (1 Cor 1,26).

1. Hoy, estas palabras de San Pablo est√°n dirigidas a todos nosotros quienes hemos venido aqu√≠ al Monte de las Bienaventuranzas. Estamos sentados en esta colina como los primeros disc√≠pulos y escuchamos a Jes√ļs. En silencio escuchamos su voz amable y urgente, amable como esta tierra y urgente como la invitaci√≥n a elegir entre la vida y la muerte.

"¬°Cu√°ntas generaciones antes de nosotros se han conmovido profundamente escuchando el serm√≥n de la Monta√Īa! ¬°Cuantos j√≥venes en el curso de los siglos se han reunido en torno a Jes√ļs para aprender las palabras de vida eterna, igual que vosotros os hab√©is reunido aqu√≠! ¬°Cuantos j√≥venes corazones han sido inspirados por la fuerza de su personalidad y por la verdad irresistible de su mensaje irresistible!

Gracias, Arzobispo Boutros Mouallem, por su amable bienvenida. Reciba mi devoto saludo a toda la comunidad greco-melquita que usted preside. Saludo a los miembros de la comunidad Latina, incluyendo a los fieles hebreo parlantes, la comunidad Maronita, la comunidad Siria, la comunidad Armenia, la comunidad Caldea, y todos nuestros hermanos y hermanas de las otras Iglesias Cristianas y Comunidades Eclesiales. Quiero agregar un especial agradecimiento a nuestros hermanos musulmanes, a los miembros de fe judía y a la comunidad rusa.

¡Es maravilloso que estéis aquí! ¡Este gran encuentro es como una prueba general para la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Roma en el mes de agosto!

¬°El joven que habl√≥ les prometi√≥ que vendr√≠a! J√≥venes de Israel, de los territorios palestinos, de Jordania y Chipre; j√≥venes del Medio Oriente, de √Āfrica y Asia, de Europa, Am√©rica y Ocean√≠a! ¬°Con amor y afecto saludo a cada uno de ustedes!

2. El primero para escuchar las Bienaventuranzas de Jes√ļs trajo a sus corazones el recuerdo de otra monta√Īa ‚Äď el Monte Sina√≠. Hace tan s√≥lo un mes, tuve la gracia de ir all√≠, al lugar donde Dios le habl√≥ a Mois√©s y le dio la Ley, "escrito con el dedo de Dios" (Ex 31, 18) en tablas de piedra. Estas dos monta√Īas ‚Äď Sina√≠ el Monte de las Bienaventuranzas ‚Äď nos ofrecen el mapa de nuestra vida cristiana y una s√≠ntesis de nuestras responsabilidades hacia Dios y hacia el pr√≥jimo. La Ley y las Bienaventuranzas trazan a la vez el camino del seguimiento de Cristo y el camino real hacia la madurez y la libertad espirituales.

Los Diez Mandamientos pueden parecer negativos: "No habr√° para ti otros dioses delante de m√≠; . . . no matar√°s; no cometer√°s adulterio; no robar√°s; no dar√°s testimonio falso contra tu pr√≥jimo..." (Ex 20, 3; 13-16). Pero en realidad son sumamente positivos. Moviendo m√°s all√° del mal que nombran, se√Īalan el camino que conduce a la ley del amor que es el primero y el m√°s grande de los mandamientos: "Amar√°s al Se√Īor, tu Dios, con todo tu coraz√≥n, con toda tu alma y con toda tu mente. . . Amar√°s a tu pr√≥jimo como a ti mismo" (Mt 22, 37; 39). Jes√ļs mismo dice que √Čl vino no a abolir la ley, sino a darle cumplimiento (cf. Mt 5, 17). Su mensaje es nuevo, pero no destruye lo anterior; conduce a lo anterior a su potencial pleno. Jes√ļs ense√Īa que el camino del amor lleva a la Ley a su plenitud (cf. Gal 5,14). Y ense√Ī√≥ esta importante verdad en esta monta√Īa de Galilea.

3. "¬°Bienaventurados", dice, "los pobres de esp√≠ritu, los mansos y misericordiosos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los limpios de coraz√≥n, los que trabajan por la paz, los perseguidos! ¬°Bienaventurados! Jes√ļs exalta a los que el mundo considera en general d√©biles. Les dice, "¬°Bienaventurados son ustedes que aparentemente son perdedores, porque ustedes son los verdaderos ganadores: el Reino de los Cielos es suyo!" Lo dice Aqu√©l que es "manso y humilde de coraz√≥n" (Mt 11,29), pero estas palabras representan un desaf√≠o que requiere una 'metanoia' (cambio de mentalidad) profunda y constante del esp√≠ritu, una gran transformaci√≥n del coraz√≥n.

¬°Ustedes j√≥venes entender√°n por qu√© este cambio de coraz√≥n es necesario! Porque est√°n al tanto de otra voz entre ustedes y lo que los rodea, una voz contradictoria. Es una voz que dice, "Bienaventurados los orgullosos y violentos, los que logran el √©xito sin importar qu√©, los sin escr√ļpulos, imp√≠os, descarriados, los que hacen la guerra y no la paz, y pasan por encima de aquellos que se atraviesan en su camino". Y esta voz parece tener sentido en un mundo donde la violencia triunfa frecuentemente y los descarriados parecen alcanzar el √©xito. "S√≠", dice la voz del mal, "son ellos los que ganan. ¬°Felices ellos!"

4.- Jes√ļs ofrece diferentes mensajes. No lejos de este lugar Jes√ļs llam√≥ a sus primeros disc√≠pulos, as√≠ como hoy os llama a vosotros. Su llamada ha supuesto siempre una elecci√≥n entre las dos voces en lucha por la conquista de vuestro coraz√≥n, ahora tambi√©n aqu√≠ en la colina, la elecci√≥n entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte.. ¬ŅCu√°l es la voz que la gente joven del siglo 21 escoger√° para seguir?. Depositar vuestra confianza en Jes√ļs significa elegir creer en lo que √Čl dice, independientemente de lo extra√Īo que nos pueda parecer y elegir no ceder a las lisonjas del mal, por muy atractivas que puedan parecer.

Al final, Jes√ļs no habla meramente de las Bienaventuranzas. √Čl las vive. √Čl es las Bienaventuranzas. Mirando a Cristo uno descubrir√° lo que verdaderamente significa ser pobre de esp√≠ritu, ser generoso, misericordioso; aprender√° a cuidar lo que es bueno, a ser puro de coraz√≥n, a procurar la paz. Es por eso que √Čl tiene el derecho de decir: "Ven, ¬°s√≠gueme!". √Čl no dice simplemente "Haz lo que yo digo". √Čl dice, "Ven, ¬°s√≠gueme!".

T√ļ escuchas su voz en estas monta√Īas, y tu crees en lo que √Čl dice. Como los primeros disc√≠pulos sobre el mar de Galilea deb√©is abandonar vuestras barcas y vuestras redes y esto no es nunca f√°cil, sobre todo cuando ten√©is que afrontar un futuro incierto y est√°is tentados de perder la confianza en vuestra herencia cristiana. Ser buenos cristianos puede parecer una empresa superior a vuestras fuerzas en el mundo de hoy. Sin embargo, Jes√ļs no se queda al margen y no os deja solos par afrontar ese desaf√≠o.

√Čl siempre est√° contigo para transformar tus debilidades en fortaleza. Conf√≠a en √©l cuando dice: "Mi gracia te basta pues la flaqueza se perfecciona la fuerza" (Segunda Carta a los Corintios 12, 9)

5.- Los disc√≠pulos acompa√Īaron al Se√Īor. Ellos vinieron para conocerlo y amarlo profundamente. Ellos descubrieron el significado de lo que San Pedro le dijo una vez a Jes√ļs: "Se√Īor, ¬Ņa qui√©n ir√≠amos? T√ļ tienes palabra de vida eterna", (Jn 6, 68). Ellos descubrieron que las palabras de vida eterna son las palabras del Sina√≠, (Los Diez Mandamientos) y las palabras de las Bienaventuranzas. Y este es el mensaje que ellos difundieron por todos lados.

En el momento de la Ascensi√≥n, Jes√ļs les dio a sus disc√≠pulos una misi√≥n diciendo: "Todo poder me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced disc√≠pulos a todos los pueblos ‚Ķ Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los d√≠as, hasta la consumaci√≥n del siglo" (Mt 28, 18-20).

Por dos mil a√Īos, los disc√≠pulos de Cristo han cumplido esta misi√≥n. Ahora, en el alba del tercer milenio deb√©is ir por el mundo y anunciar el mensaje de los Diez Mandamientos y de las Bienaventuranzas.

Cuando Dios habla, habla de cosas que tienen mucha importancia para cada persona, para las personas del siglo 21. Los Diez Mandamientos y las Bienaventuranzas hablan de la verdad y del bien, de la gracia y la libertad: todo lo que es necesario para entrar al Reino de Dios. Ahora os toca a vosotros ser los valerosos apóstoles de ese Reino.

J√≥venes de Tierra Santa, j√≥venes del mundo: respondan al Se√Īor con un coraz√≥n dispuesto y abierto. Dispuesto y abierto, como el coraz√≥n de esa gran hija de Galilea, Mar√≠a, la Madre de Jes√ļs. ¬ŅC√≥mo es que ella respondi√≥? Ella contest√≥: "He aqu√≠ la esclava del Se√Īor: S√©ame hecho seg√ļn tu palabra" (Lc 1, 38).

O Se√Īor Jesucristo, en este lugar que tu conociste y amaste tanto, escucha estos corazones j√≥venes y generosos. Contin√ļa ense√Īando a estos j√≥venes la verdad de los Mandamientos y de las Bienaventuranzas. Haz de ellos testigos de tu verdad y ap√≥stoles convertidos de tu Reino. Est√°te con ellos siempre, especialmente cuando por seguirte a Ti y a tu Evangelio el camino se hace dif√≠cil y exigente. ¬°T√ļ ser√°s su fuerza!, ¬°T√ļ ser√°s su victoria!.

Oh Se√Īor Jes√ļs, t√ļ has hecho que estos j√≥venes sean tus amigos: mant√©nlos siempre cerca de ti. Am√©n.

Celebraci√≥n Eucar√≠stica solemnidad de la Anunciaci√≥n del Se√Īor en la Bas√≠lica de la Anunciaci√≥n (Nazareth)

25 de Marzo de 2000

"He Aqu√≠ la Sierva del Se√Īor.
H√°gase en m√≠ seg√ļn tu palabra " (Oraci√≥n del Angelus).

Su Beatitud,
Hermanos Obispos,
Padre Custodio,
Queridos Hermanos y Hermanas,

1. 25 de Marzo del a√Īo 2000, la solemnidad de la Anunciaci√≥n en el A√Īo del Gran Jubileo: en este d√≠a, los ojos de toda la Iglesia se vuelven a Nazaret. He anhelado volver al pueblo de Jes√ļs, para sentir nuevamente, en contacto con este lugar, la presencia de la mujer de quien San Agust√≠n escribi√≥ : "√Čl escogi√≥ a la Madre que hab√≠a creado; √©l cre√≥ a la madre que hab√≠a escogido" (Sermo 69, 3, 4). Aqu√≠ es especialmente f√°cil comprender porqu√© todas las generaciones la llaman bienaventurada (cf. Lc 2:48).

C√°lidamente saludo a Su Beatitud el Patriarca Michel Sabbah, y gracias por sus amables palabras de presentaci√≥n. Con el Arzobispo Boutros Mouallem y todos ustedes ‚ÄĒ Obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, y miembros del laicado‚ÄĒ me regocijo en la gracia de esta solemne celebraci√≥n. Me alegro de tener la oportunidad de saludar al Ministro General franciscano, Padre Giacomo Bini, que me dio la bienvenida a mi llegada, y de expresar al Custos, Padre Giovanni Battistelli, y los frailes de la Custodia, la admiraci√≥n de toda la Iglesia por la devoci√≥n con la que practican su particular vocaci√≥n. Con gratitud rindo tributo a vuestra fidelidad al cargo dado a vosotros por el mismo San Francisco y confirmado por los Papas a lo largo de la historia.

2. Estamos reunidos para celebrar el gran misterio ocurrido aqu√≠ dos mil a√Īos atr√°s. El Evangelista Lucas sit√ļa el evento claramente en el tiempo y el lugar: "Al sexto mes, el Angel Gabriel fue enviado por Dios a la ciudad de Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado Jos√©‚Ķ El nombre de la virgen era Mar√≠a" (1:26-27). Pero con el objeto de comprender qu√© aconteci√≥ en Nazaret hace dos mil a√Īos, debemos volver a la lectura de la Carta a los Hebreos. Ese texto nos permite escuchar la conversaci√≥n entre el Padre y el Hijo respecto del prop√≥sito de Dios por toda la eternidad "T√ļ que no quisiste sacrificios ni ofrendas, me has preparado un cuerpo. No te agradaban ni holocaustos ni sacrificios por los pecados. Entonces yo dije‚Ķ‚ÄėDios, ¬°Aqu√≠ estoy! He venido para cumplir tu voluntad‚Äô" (10:5-7). La Carta a los Hebreos nos est√° diciendo que, en obediencia a la voluntad del Padre, la Palabra Eterna viene entre nosotros a ofrecer el sacrificio que sobrepasa todo sacrificio ofrecidos bajo la antigua Alianza. El suyo es el eterno y perfecto sacrificio que redime el mundo.

El divino plan es revelado gradualmente en el Antiguo Testamento, particularmente en las palabras del Profeta Isa√≠as a quien acabamos de escuchar: "El Se√Īor mismo te dar√° una se√Īal . Y es √©sta: la virgen concebir√° a un ni√Īo a quien llamara Emanuel" (7:14). Emanuel - Dios con nosotros. En estas palabras, el inigualable evento que tendr√≠a lugar en Nazaret en la plenitud del tiempo es profetizado, y es este evento el que estamos celebrando aqu√≠ con intensa alegr√≠a y felicidad.

3. nuestra peregrinaci√≥n jubilar ha sido una jornada del esp√≠ritu, que comenz√≥ en las huellas de Abraham, "nuestro padre en la fe" (Canon Romano; cf. Rom 4:11-12). Esa jornada nos ha tra√≠do hoy a Nazaret, donde nos encontramos con Mar√≠a, la m√°s aut√©ntica hija de Abraham. Es Mar√≠a por sobre todos los dem√°s quien puede ense√Īarnos lo que significa vivir la fe de "nuestro padre". En muchos sentidos, Mar√≠a es claramente diferente de Abraham; pero de forma m√°s profunda "el amigo de Dios" (cf. Is 41:8) y la joven mujer de Nazaret son muy parecidos.

Ambos reciben una maravillosa promesa de Dios. Abraham ser√≠a padre de un hijo, de quien descender√≠a una gran naci√≥n. Mar√≠a es ser√° la Madre de un Hijo que ser√° el Mes√≠as, el Ungido. "¬°Escucha!", dice Gabriel, "Dar√°s a luz un hijo‚ĶEl Se√Īor Dios le dar√° el trono de David su padre‚Ķy su reino no tendr√° fin" (Lc 1:31-33).

Para Abraham como para Mar√≠a, la promesa divina se presenta como algo completamente inesperado. Dios interrumpe el curso diario de sus vidas, cambiando sus ritmos establecidos y expectativas convencionales. Para Abraham y Mar√≠a, la promesa parece imposible. La esposa de Abraham, Sara, era est√©ril y Mar√≠a no se hab√≠a casado todav√≠a: "¬ŅC√≥mo ser√° esto", ella pregunta, "si no conozco var√≥n?" (Lc 1:34).

4. Como Abraham, a Mar√≠a se le pide decir s√≠ a algo que nunca antes hab√≠a ocurrido. Sara es la primera en la lista de las mujeres est√©riles de la Biblia que concibe por el poder de Dios, as√≠ como Isabel ser√≠a la √ļltima. Gabriel habla de Isabel para asegurar a Mar√≠a: "Conoce esto tambi√©n: tu prima Isabel, a su edad avanzada, ha concebido un hijo". (Lc 1:36).

Como Abraham, Mar√≠a debe caminar a trav√©s de una oscuridad, en la que s√≥lo deber√° confiar en Quien la llam√≥. A√ļn su pregunta, "¬ŅC√≥mo ser√° esto?", sugiere que Mar√≠a est√° lista para decir s√≠, a pesar de sus temores e incertidumbres. Mar√≠a no pregunta si la promesa ser√° posible, sino s√≥lo c√≥mo ser√° cumplida. No sorprende, adem√°s, cuando finalmente pronuncia su fiat: "He aqu√≠ la sierva del Se√Īor. H√°gase en m√≠ seg√ļn tu palabra" (Lc 1:38). Con estas palabras, Mar√≠a se muestra como la aut√©ntica hija de Abraham, y se convierte en la Madre de Cristo y la Madre de todos los creyentes.

5. Para penetrar más profundamente en este misterio, miremos el momento de la peregrinación de Abraham cuando recibió la promesa. Fue cuando acogió en su casa a tres misteriosos invitados (cf. Gen 18:1-15), y les ofreció la adoración debida a Dios: tres vidit et unum adoravit. Ese misterioso encuentro preanuncia la Anunciación, cuando María es poderosamente atraída a la comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. A través del fiat que María pronunció en Nazaret, la Encarnación se convirtió en la gozosa plenificación del encuentro de Abraham con Dios. Por tanto, siguiendo las huellas de Abraham, hemos llegado a Nazaret a cantar las alabanzas de la mujer "por quien la luz se elevó sobre la tierra " (Himno Ave Regina Caelorum).

6. Pero tambi√©n hemos venido a pedir con ella. ¬ŅQu√© es lo que nosotros, peregrinos en nuestra marcha dentro del Tercer Milenio Cristiano, podemos pedir a la Madre de Dios? Aqu√≠ en el Pueblo que el Papa Paulo VI, cuando visit√≥ Nazaret, llam√≥ "la escuela de Evangelio", donde "aprendemos a mirar y escuchar, a sopesar y penetrar el sentido profundo y misterioso de la tan simple, tan humilde y tan hermosa aparici√≥n del Hijo de Dios" (Discurso en Nazaret, 5 de enero de 1964), Rezo, primero, por una gran renovaci√≥n de la fe en todos los hijos de la Iglesia. Una gran renovaci√≥n de la fe: no s√≥lo como una actitud general de vida, sino como una consciente y valiente profesi√≥n del Credo: "Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est."

En Nazaret, donde Jes√ļs "creci√≥ en sabidur√≠a y edad y gracia ante Dios y los hombres" (Lc 2:52), le pido a la Sagrada Familia que inspire a todos los cristianos a defender la familia contra tantas amenazas presentes a su naturaleza, su estabilidad y su misi√≥n. A la Sagrada Familia conf√≠o los esfuerzos de los cristianos y de todas las personas de buena voluntad de para defender la vida y promover el respeto por la dignidad de cada ser humano.

A María, la Theotókos, la gran Madre de Dios, consagro las familias de Tierra Santa, las familias del mundo.

En Nazaret donde Jes√ļs inici√≥ su ministerio p√ļblico, le pido a Mar√≠a que ayude a la Iglesia en todo lugar a predicar la "buena nueva" a los pobres, como √©l hizo(cf. Lc 4:18). En este "a√Īo de favores del Se√Īor ", le pido a ella que nos ense√Īe el camino de una humilde y alegre obediencia al Evangelio en servicio a nuestros hermanos y hermanas, sin preferencias ni prejuicios.

"O Madre del Verbo Encarnado, no desprecies mis s√ļplicas, antes bien ac√≥gelas benignamente y resp√≥ndeme. Am√©n" (Memorare).

√Āngelus en la Bas√≠lica de la Resurrecci√≥n

26 de marzo del 2000

Queridos hermanos y hermanas,

Estos han sido días de una intensa emoción, un tiempo en donde nuestra alma ha sido tocada no sólo por la memoria de lo que Dios ha hecho, sino también por su presencia en nuestro caminar por la tierra del nacimiento, muerte y Resurrección de Cristo. Y en cada paso de esta peregrinación jubilar María ha estado siempre con nosotros, iluminando nuestra peregrinación y compartiendo las alegrías y angustias de sus hijos e hijas.

Con Mar√≠a, Mater dolorosa, nos encontramos a la sombra de la Cruz y lloramos con ella por la aflicci√≥n de Jerusal√©n y por los pecados del mundo. Estamos junto a ella en el silencio del Calvario, y vemos la sangre y el agua que brotan del costado de su Hijo. Viendo las terribles consecuencias del pecado, nos sentimos movidos al arrepentimiento por nuestros propios pecados y por los pecados de los hijos de la Iglesia durante todos los tiempos. Oh Mar√≠a, concebido sin pecado, ¬°ay√ļdanos en el camino de la conversi√≥n!

Con Mar√≠a, Stella matutina, hemos sido tocados por la luz de la Resurrecci√≥n. Nos alegramos con ella de que la tumba vac√≠a se convirtiera en la fuente de la vida eterna, desde donde el que resucit√≥ de la muerte est√° ahora sentado a la derecha del Padre. Con ella damos incontables gracias por la gracia del Esp√≠ritu Santo enviado por el Se√Īor resucitado en el d√≠a de Pentecost√©s y quien continuamente entra en los corazones por nuestra salvaci√≥n y por el bien de toda la familia humana.

Mar√≠a, Regina in caelum assumpta. Desde la tumba de su Hijo, miramos hacia la tumba donde Mar√≠a reposo en paz, esperando su gloriosa Asunci√≥n. La divina liturgia celebrada en su tumba en Jerusal√©n, nos muestra a Mar√≠a como diciendo: "Incluso m√°s all√° de la muerte, No estoy lejos de ti". Y en la liturgia sus hijos responden: "Viendo tu tumba, oh Madre de Dios, parecemos contemplarte. Oh Mar√≠a, t√ļ eres la alegr√≠a de los √°ngeles, el consuelo de los afligidos. Te proclamamos como el soporte de los cristianos y, m√°s que nada, como Madre".

Contemplando a la Theotokos, casi al final de esta jornada, miramos el aut√©ntico rostro de la Iglesia, radiante en toda su belleza, brillante con la "gloria de Dios que est√° en el rostro de Cristo" (2 Cor 4, 6). Oh defensora, ayuda a la Iglesia para que sea m√°s como t√ļ, su excelso modelo. Ay√ļdala a crecer en la fe, esperanza y amor, en su b√ļsqueda del cumplimiento del Plan de Dios en todas las cosas (cf. Lumen Gentium, 65). ¬°Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen Mar√≠a!

Homilía en la Basílica de la Resurrección Jerusalén, Iglesia del Santo Sepulcro

26 de Marzo de 2000

"Creo en Jesucristo… concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de María siempre Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado... al tercer día resucitó de entre los muertos".

1. Siguiendo el camino de la historia de la salvaci√≥n, tal como est√° narrado en el Credo de los Ap√≥stoles, mi peregrinaci√≥n jubilar me trae hasta la Tierra Santa. Desde Nazaret, donde Jes√ļs fue concebido en la Virgen Mar√≠a por el poder del Esp√≠ritu Santo, llegu√© a Jerusal√©n, donde "Padeci√≥ bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado". Aqu√≠ en la Iglesia del Santo Sepulcro, me he arrodillado ante el lugar de su entierro: "Ved el lugar en el que lo depositaron" (Mc 16, 6).

La tumba est√° vac√≠a. Es un testigo silente del evento central de la historia humana: la Resurrecci√≥n de nuestro Se√Īor Jesucristo. Por casi dos mil a√Īos la tumba vac√≠a nos ha permitido presenciar la victoria de la Vida sobre la muerte. Con los Ap√≥stoles y los Evangelistas, con la Iglesia de todo tiempo y lugar, nosotros tambi√©n damos testimonio y proclamamos: "¬°Cristo ha resucitado! Ha resucitado de entre los muertos y nunca volver√° a morir; la muerte no tiene m√°s poder sobre √Čl" (cf. Rom 6, 9).

"Mors et vita duello conflixere mirando; dux vitae mortuus, regnat vivus" (Secuencia de la Pascua Latina Oriental Victimae Paschali). El Se√Īor de la Vida estaba muerto; ahora √Čl reina victorioso sobre la muerte, es la fuente de la vida eterna para todos los que creen.

2. En ésta, "la Madre de todas las Iglesias" (San Juan Damasceno), extiendo mis cálidos saludos a su Beatitud, el Patriarca Michel Sabbah, los Ordinarios de las otras comunidades católicas, el Padre Giovanni Battistelli y los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, así como al clero, los religiosos y los fieles laicos.

Con estima fraternal y afecto saludo al Patriarca Diodoros de la Iglesia Greco-ortodoxa y al Patriarca Torkom de la Iglesia Ortodoxa Armenia, los representantes de las iglesias coptas, sirias y etíopes, así como las comunidades anglicanas y luteranas.

Aqu√≠, donde nuestro Se√Īor Jesucristo muri√≥ para compartir con los hijos de Dios que estaban dispersos (Jn 11, 52), el Padre de las misericordias fortalece nuestro deseo de unidad y paz entre todos los que han recibido el regalo de la nueva vida a trav√©s de las aguas salv√≠ficas del Bautismo.

3. "Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré" (Jn 2, 19).

El Evangelista Juan nos cuenta que, despu√©s de que Jes√ļs resucit√≥ de entre los muertos, los disc√≠pulos recordaron estas palabras, y creyeron (cf. Jn 2, 22). Jes√ļs hab√≠a pronunciado estas palabras como un signo para sus disc√≠pulos. Cuando √Čl y sus disc√≠pulos visitaron el Templo, ech√≥ a los comerciantes del lugar sagrado (cf. Jn 2, 15). Cuando los que estaban presentes protestaron diciendo: "¬ŅQu√© se√Īal nos muestras para obrar as√≠?", Jes√ļs respondi√≥: "Destruyan este templo y en tres d√≠as lo reconstruir√©". El Evangelista observa que √Čl "estaba hablando del templo de su cuerpo" (Jn 2, 18-21).

La profec√≠a contenida en las palabras de Jes√ļs se cumpli√≥ en la Pascua, cuando "al tercer d√≠a resucit√≥ de entre los muertos". La Resurrecci√≥n de nuestro Se√Īor Jesucristo es el signo de que el Padre Eterno es fiel a su promesa y trae nueva vida fuera de la muerte: "la resurrecci√≥n del cuerpo y la vida eterna". El misterio se refleja claramente en esta antigua iglesia de la An√°stasis, que contiene tanto la tumba vac√≠a ‚Äďsigno de la Resurrecci√≥n‚Äď y el G√≥lgota, lugar de la Crucifixi√≥n. La buena noticia de la Resurrecci√≥n nunca puede separarse del misterio de la Cruz. San Pablo nos dice en la segunda lectura de hoy: "Proclamamos a Cristo crucificado" (1 Cor 1, 23). Cristo, que se ofreci√≥ a s√≠ mismo como sacrificio vespertino en el altar de la Cruz (cf. Sal 141, 2), es ahora revelado como el "poder de Dios y la sabidur√≠a de Dios" (1 Cor 1, 24). Y en su Resurrecci√≥n, los hijos e hijas de Ad√°n se convierten en part√≠cipes de la naturaleza divina de la que √Čl ha participado desde la eternidad con el Padre y el Esp√≠ritu Santo.

4."Yo soy el Se√Īor tu Dios, que te saqu√© de Egipto, de la casa de la esclavitud" (Ex 20, 2).

La liturgia cuaresmal de hoy pone ante nosotros la Alianza que Dios realizó con su pueblo en la Monte Sinaí, cuando le entregó las tablas de los Diez Mandamientos a Moisés. El Sinaí representa la segunda etapa de la gran peregrinación de fe que se inició cuando Dios dijo a Abraham: "Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostraré" (Gen 12, 1).

La Ley y la Alianza son el sello de la promesa hecha a Abraham. A través del Decálogo y de la ley moral inscrita en el corazón del hombre (cf. Rom 2, 15), Dios desafía radicalmente la libertad de cada hombre y mujer. Responder a la voz de Dios en lo más profundo de nuestra conciencia y escoger el bien son el uso más sublime de la libertad del ser humano. Es, en una sentido real, escoger entre la vida y la muerte (cf. Dt 30, 15). Siguiendo los pasos de la Alianza con el Todo Santo Dios, las personas se vuelven partícipes y testigos de la promesa, la promesa de la verdadera liberación y plenitud de vida.

La Resurrecci√≥n de Jes√ļs es el sello definitivo de las promesas de Dios, el nacimiento de una nueva y elevada humanidad, la prueba de una historia marcada por las bendiciones mesi√°nicas de paz y alegr√≠a espiritual. En los inicios de un nuevo milenio, los cristianos pueden y deben mirar al futuro con una constante convicci√≥n en el glorioso poder del Resucitado para renovar todas las cosas (cf. Rev 21, 5). √Čl es el que libera a toda la creaci√≥n de la esclavitud hacia la futilidad (cf. Rom 8, 20). Con su Resurrecci√≥n √Čl abre el camino hacia el gran d√≠a sab√°tico, el Octavo D√≠a, cuando la peregrinaci√≥n del hombre llegue a su fin y Dios ser√° todo en todo (1 Cor 15, 28).

Aqu√≠ en el Santo Sepulcro y en el G√≥lgota, donde renovamos nuestra profesi√≥n de fe en el Se√Īor Resucitado, ¬Ņpodemos dudar de que el poder del Esp√≠ritu de Vida nos dar√° la fuerza para resolver nuestras divisiones y trabajar juntos para construir un futuro de reconciliaci√≥n, unidad y paz? Aqu√≠, como en ning√ļn otro lugar del mundo, eschamos las palabras que el Se√Īor dijo una vez a sus disc√≠pulos: "No tengan miedo. ¬°Yo he vencido al mundo!" (cf. Jn 16, 33).

5."Mors et vita duello conflixere mirando; dux vitae mortuus, regnat vivus".

Radiante con la gloria del Esp√≠ritu, el Se√Īor Resucitado es la cabeza de la Iglesia, su Cuerpo M√≠stico. √Čl la sostiene en su misi√≥n de proclamar el Evangelio de Salvaci√≥n a los hombre y mujeres de todas las generaciones, ¬°hasta que regrese en su gloria!

Desde este lugar, donde la Resurrecci√≥n fue llevada primero a las mujeres y luego a los Ap√≥stoles, hago un llamado a todos los miembros de la Iglesia a renovar su obediencia al llamado del Se√Īor de llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra. En los inicios de este tercer milenio, hay una gran necesidad de proclamar desde lo alto la Buena Nueva de que "tanto am√≥ Dios al mundo que entreg√≥ a su √ļnico Hijo, para que los que crean en √©l no perezcan, sino que tengan vida eterna" (Jn 3, 16).

"Se√Īor, s√≥lo T√ļ tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 68). Hoy, como el inmerecido Sucesor de Pedro, quisiera repetir estas palabras al celebrar nuestro Sacrificio Eucar√≠stico aqu√≠, el lugar m√°s sagrado del mundo. Con toda la humanidad redimida, hago m√≠as las palabras con la que Pedro el pescador habl√≥ a Cristo, el Hijo del Dios vivo: "Se√Īor, ¬Ņa qui√©n iremos? S√≥lo T√ļ tienes palabras de Vida Eterna".

Christós anésti.

¡Jesucristo ha Resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado! Amén.

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