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S.S. Juan Pablo II, XII Jornada Mundial de los Jóvenes
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XII Jornada Mundial de los Jóvenes. París, 19 al 24 de agosto de 1997

Los jóvenes del mundo entero vienen a reafirmar su voluntad de construir un mundo más acogedor

Discurso durante el encuentro con el se√Īor Jacques Chirac, presidente de la Rep√ļblica francesa

21 de agosto

Se√Īor presidente de la Rep√ļblica:

1. Su acogida y sus palabras me conmueven profundamente en este momento en que tengo la alegría de visitar otra vez Francia, con ocasión de la XII Jornada mundial de la juventud. Le agradezco particularmente las delicadas atenciones que me dispensa; y aprecio la presencia de numerosas personalidades, que han querido tomar parte en esta ceremonia.

Era natural que un d√≠a los j√≥venes cat√≥licos, representando a sus coet√°neos de m√°s de ciento treinta pa√≠ses del mundo, desearan reunirse en Par√≠s. Junto con ellos, le doy las gracias a usted, se√Īor presidente, as√≠ como a las autoridades y a los servicios del Estado, por la comprensi√≥n que les hab√©is manifestado. Ya sea que pertenezcan a naciones europeas cercanas, o a naciones de otros continentes, todos se alegran de ser recibidos por los franceses de todas las edades y de descubrir el valor de vuestras tradiciones espirituales y culturales, cuya importancia para la historia y para la Iglesia podr√°n apreciar mejor, percibiendo su influencia hasta el d√≠a de hoy.

Al servicio de los hermanos

2. Al dirigirme a usted, se√Īor presidente, en las primeras horas de mi estancia, quiero saludar cordialmente a todos los franceses, a quienes expreso mi deseo de que logren la prosperidad y sigan poniendo al servicio de sus hermanos, en su pa√≠s y en todos los continentes, sus cualidades y sus ideales.

Numerosos j√≥venes de todo el mundo han sido acogidos durante estos √ļltimos d√≠as en las diferentes regiones de Francia, y ahora est√°n reunidos en Par√≠s. Quiero expresar aqu√≠ toda la gratitud de la Iglesia por la generosa hospitalidad brindada a estos visitantes en los departamentos, y ahora en Ile-de-France. Doy las gracias en particular a los parisienses y a los habitantes de Ile-de-France, quienes, sin duda a costa de algunos inconvenientes, permiten a sus hu√©spedes vivir estos d√≠as en las mejores condiciones posibles.

3. Me alegra reencontrarme con los fieles de Francia en una circunstancia tan excepcional. Recuerdo con gusto la calurosa acogida que me han reservado en numerosas ocasiones y, de modo particular, en septiembre del a√Īo pasado. Junto con la Jornada mundial, dos acontecimientos caracterizan particularmente este a√Īo para los cat√≥licos franceses: pienso, ante todo, en el centenario de la muerte de santa Teresa de Lisieux, gran figura espiritual, conocida y amada en el mundo entero, que con raz√≥n ha sido celebrada por los j√≥venes de todos los pueblos; por otra parte, ma√Īana tendr√© la alegr√≠a de proclamar beato a Federico Ozanam, ap√≥stol de una caridad respetuosa del hombre, que analiz√≥ con gran clarividencia los problemas sociales. Estas dos personalidades diferentes son, entre muchas otras, testigos de la aportaci√≥n fecunda de los cat√≥licos de Francia a la Iglesia universal.

Un mundo m√°s acogedor

4. Pero mi viaje a Par√≠s marca una nueva etapa en una especie de vasto itinerario recorrido junto con los j√≥venes a trav√©s del mundo, desde hace ya doce a√Īos, para un intercambio siempre nuevo con ellos. Vienen para reafirmar juntos su voluntad de construir un mundo m√°s acogedor y un futuro m√°s pac√≠fico. Muchos de ellos, en su regi√≥n y en sus naciones, experimentan los sufrimientos que causan los conflictos fratricidas y el desprecio del ser humano; con demasiada frecuencia afrontan la precariedad del empleo y una pobreza extrema; su generaci√≥n busca con dificultad no s√≥lo los medios materiales indispensables, sino tambi√©n razones de vida y objetivos que motiven su generosidad. Se dan cuenta de que s√≥lo ser√°n felices si se integran bien en una sociedad donde se respete la dignidad humana y la fraternidad sea real. Tienen aqu√≠ una ocasi√≥n privilegiada para poner en com√ļn sus aspiraciones e intercambiar rec√≠procamente las riquezas de sus culturas y experiencias.

Su b√ļsqueda tiene como impulso √≠ntimo un interrogante de orden espiritual, que los ha llevado a tomar su bast√≥n de peregrino, siguiendo el ejemplo de sus antepasados, que atravesaban los continentes como constructores de paz, hermanos de los hombres y buscadores de Dios.

5. Se√Īor presidente, se√Īoras y se√Īores, gracias por haber comprendido la importancia de esta gran asamblea de la esperanza en vuestra insigne capital. Estoy convencido de que los esfuerzos realizados para recibir a estos hu√©spedes tan diferentes producir√°n frutos duraderos tanto para vuestros hu√©spedes como para vuestros compatriotas.

Al expresarle de nuevo mi gratitud personal, invoco de todo corazón sobre usted y sobre todo el pueblo francés los beneficios de las bendiciones divinas.

Cristo es nuestra alegría

Discurso durante el encuentro con los jóvenes en el campo de Marte

Jueves 21 de agosto

Jóvenes del mundo entero:

El obispo de Roma os salida y os expresa su confianza y alegr√≠a de encontrarse con vosotros. Hab√©is venido de diferentes pa√≠ses y de todos los continentes. Represent√°is no solo a la juventud francesa y europea, sino tambi√©n a la de Am√©rica del Norte, de Am√©rica del Centro y del Sur, as√≠ como de los archipi√©lagos y las islas del oc√©ano √ćndico; a la juventud de Asia, de Australia, del extremo Oriente y de todos los mares que rodean el continente asi√°tico; a la juventud del Pacifico. ¬°Se trata de una jornada de la juventud realmente mundial! Vosotros sois la esperanza del mundo. Aspir√°is a una vida cada vez m√°s hermosa, fundada en los valores morales y espirituales que hacen libres y que dirigen nuestros pasos hacia la eternidad.

Continuas la historia de la Jornada mundial de la juventud. Vale la pensa recordarla. Por primera vez, se celebr√≥ en Roma en 1984. La siguiente tuvo lugar en Buenos Aires (1987). Despu√©s nos encontramos en Santiago de Compostela, en Espa√Īa (1989), y en 1991, en Polonia, en Czestochowa. Una jornada √©sa verdaderamente particular, pues por vez primera participaron j√≥venes de la ex Uni√≥n Sovi√©tica: rusos, ucranios, bielorrusos, lituanos, letones, estones, representantes de Kazajst√°n y de otras rep√ļblicas de Asia central y cristianos del C√°ucaso. La dimensi√≥n mundial de la Jornada de la juventud adquiri√≥ entonces una nueva amplitud. En 1993 nos volvimos a encontrar en Denver (Estados Unidos) y, despu√©s en Manila (Filipina) en 1995, con la m√°s grande participaci√≥n, favorecida por la cercan√≠a de las grandes metr√≥polis. El encuentro actual tiene lugar en Par√≠s; conviene conservar el nivel de acogida de este encuentro. Dirijo mi m√°s cordial agradecimiento al cardenal Jean-Marie Lustiges, a monse√Īor Michel Dubost y a los organizadores de este encuentro; en especial a los j√≥venes de las diferentes di√≥cesis francesas que han preparado la venida de sus compa√Īeros. Agradezco asimismo mons. Louis-Marie Bill√©, presidente de la Conferencia episcopal de Francia, su acogida, y a los obispos franceses la hospitalidad que sus di√≥cesis han dispensado a sus hu√©spedes del mundo entero.

Dirijo un deferente salido a las personalidades que representan a las otras Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, así como a las que representan a las comunidades judías y musulmanas; les agradezco cordialmente que hayan querido unirse a esta reunión festiva de la juventud católica.

Gracias, también a los jóvenes presentantes filipino y francés que os invitan a formar la gran cadena de la fe, de la solidaridad, de la amistad y de la paz entre los países del mundo entero.

Sois los continuadores de aquellos jóvenes que, llevando ramos de olivo, iban delante de Cristo, que nos une en una gozoso intercambio y en una fuerte solidaridad, caminando juntos hacia la felicidad que nos ofrece. Habéis elegido el arco iris como signo de vuestra diversidad de origen y cultura; con él expresáis vuestra acción de gracias por las alianza de Dios con la creación hasta la alianza definitiva, sellada con la sangre del Salvador.

Saludos a los jóvenes en diversas lenguas

Después de acoger a los representantes de los diferentes países, dirijo un cordial saludo a la delegaciones de los movimientos, asociaciones y comunidades internacionales.

Inglés

Un saludo especial a los j√≥venes de lengua inglesa de todo el mundo. El Papa se alegra de encontrarse con vosotros, que hab√©is venido en tan gran n√ļmero a Par√≠s, para la Jornada mundial de la juventud.

Cristo nos ha reunido. Este es el tema de nuestras reflexiones durante estos días; él está en el centro de nuestra oración; es la fuente del vínculo espiritual que nos une en su Iglesia, un vínculo que, quizá, percibimos más intensamente cuando miramos a nuestro alrededor y vemos a tantos jóvenes cuyos corazones vibran con el mensaje del evangelio de esperanza, el evangelio de la vida.

¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives? Les respondi√≥: "Venid y lo ver√©is" (...) Y se quedaron con √©l aquel d√≠a¬Ľ ( Jn 1, 38-39). Este es el reto que la Jornada mundial de la juventud lanza a los j√≥venes de Europa, de √Āfrica, de Asia, de Ocean√≠a y de Am√©rica. Que este gran acontecimiento os ayude a conocer mejor a Jes√ļs y amarlo m√°s. As√≠ ser√©is sus ap√≥stoles en el mundo, en la aurora del pr√≥ximo milenio. ¬°Dios os bendiga a todos!

Espa√Īol

Os saludo, queridos j√≥venes de Espa√Īa y Am√©rica Latina. Gracias por vuestra generosa respuesta a la invitaci√≥n a venir a Par√≠s. Llev√°is mucho tiempo preparando esta Jornada y hab√©is llegado hasta aqu√≠ despu√©s de una peregrinaci√≥n a veces dura y exigente, pero vivida con la alegr√≠a que os caracteriza. Abrid vuestros corazones a Cristo y compartid con los dem√°s j√≥venes del mundo el tesoro de vuestra fe y los mejores valores de vuestras culturas.

Italiano

Queridos amigos italianos, os doy una cordial bienvenidad. Hab√©is venido a este encuentro mundial de la juventud guiados por la pregunta: ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ. Jes√ļs responde: ¬ęVenid y lo ver√©is¬Ľ.Acepta su invitaci√≥n: √©l os muestra el rostro de Dios, el rostro que todo hombre busca apasionadamente a lo largo de su existencia, a veces incluso sin darse cuenta. Experimentadlo personalmente y sed sus testigos con cuantos os encontr√©is en vuestro camino.

Alem√°n

Os saludo cordialmente, queridos jóvenes de lengua alemana. Vuestra presencia muestra que queréis dar testimonio de vuestra fe en Jesucristo. Que estos días de oración y de encuentro con los jóvenes de todo el mundo sean para vosotros fuente de energía, a fin de seguir orientando vuestro camino de vida hacia Cristo.

Portugués

Queridos jóvenes de los diversos países de la lengua portuguesa, con gran alegría os doy la bienvenida. ¡Muchas gracias por estar aquí! Pido a María santísima que os obtenga el don de acoger con prontitud la invitación de Cristo a conocer su morada y permanecer siempre con él, para anunciar su evangelio esperanza a todos el mundo.

Polaco

Saludo a mis j√≥venes compatriotas, que ha venido de Polonia y de otros pa√≠ses, con algunos sacerdotes. Os acojo cordialmente a cada uno de vosotros. Me acuerdo de los recientes encuentro que hemos tenido en nuestra tierra natal, y me alegra que podamos esta nuevamente juntos, aqu√≠ en Par√≠s. En Polonia profesamos nuestra fe com√ļn en Cristo Jes√ļs, que es ¬ęel mismo ayer, hoy y siempre¬Ľ (Hb 13, 8). Hoy, como los j√≥venes de todo el mundo, vamos al encuentro de Cristo para preguntarle, como Juan y Andr√©s: Maestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ (Jn 1, 38), y para escuchar, como ellos , su respuesta: ¬ęVenid y lo ver√©is¬Ľ( Jn 1, 39). Entre estos acontecimientos existe un nexo extraordinario, pues encierran el programa esencial de la vida cristiana: encuentro, pregunta, respuesta, llamada.

Durante estos d√≠as, de manera especial, pedir√© a Dios que, con el poder de su Esp√≠ritu, reavive constantemente en vosotros el deseo de encontraron con Cristo y que os d√© la valent√≠a de preguntarle ¬ę¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ; le pedir√©, que cuando oig√°is su respuesta, no dud√©is en seguirlo a donde os gu√≠e.

Que la bendici√≥n de Dios os acompa√Īe a vosotros y a los j√≥venes de vuestra edad que no han podido venir aqu√≠. ¬°Que Dios os bendiga!

Ruso

Queridos j√≥venes de lengua rusa, ten√©is grandes riquezas espirituales para compartir con vuestros compa√Īeros. Que esta Jornada mundial sea tambi√©n para vosotros una invitaci√≥n a acoger a Cristo y convertiros cada vez m√°s en sus disc√≠pulos.

Rumano

Queridos amigos de Ruman√≠a, vuestras tradiciones culturales y espirituales son muy valiosas para toda la Iglesia. El Se√Īor os invita a reavivar la gracia de vuestro bautismo, para ser testigos de su amor en medio de vuestros hermanos.

H√ļngaro

Os saludo cordialmente, queridos jóvenes de Hungría. En el momento de vuestro bautismo, os habéis revestido de Cristo. Sois los testigos de la buena nueva en vuestro país.

√Ārabe

Queridos jóvenes, Cristo os llama a seguirlo para encontrar la felicidad y construir con vuestros hermanos una sociedad de justicia y de paz.

Tagalo

Saludo a todos los j√≥venes de Filipinas, que han tenido la gracia de albergar la anterior Jornada mundial. Proseguid vuestro camino en el seguimiento del Se√Īor, felices de ser sus disc√≠pulos y sus testigos todos los d√≠as de vuestra vida.

Suahili

Jóvenes del continente africano, os saludo cordialmente. Poned al servicio de todos vuestros hermanos vuestro dinamismo y vuestra alegría de vivir, para continuar construyendo la Iglesia-familia y hacer progresar toda la sociedad.

Chino

Queridos jóvenes de China, ¡bienvenidos! Que la oración de todos os dé la fuerza par ser discípulos de Cristo y constructores de paz.

Queridos j√≥venes, Cristo es nuestra esperanza, es nuestra alegr√≠a. Durante los d√≠as siguiente, abrid vuestro coraz√≥n y vuestra mente a Cristo. Form√°is para de la Iglesia que os quiere revelar el camino de la salvaci√≥n y la v√≠a de la felicidad. Os invita a dejaros guiar por el Se√Īor y a camina con √©l. A lo largo de esta semana os deseo unos d√≠as de gracia y de paz.

Al final del encuentro , el Papa se despidió de los jóvenes con las siguientes palabras:

Ahora sabemos por qu√© el ingeniero Eiffel construy√≥ esta torre: para tener aqu√≠, alrededor de esta torre, un gran encuentro de la juventud, la Jornada mundial, que acabamos de inaugurar y que proseguiremos ma√Īana, pasado ma√Īana y hasta el domingo. Una sugerencia para esta noche: dormid bien.

Un hombre que creyó en el amor

Homilía durante la misa de beatificación del siervo de Dios Federico Ozanam

22 de agosto

1. ¬ęEl amor es de Dios¬Ľ (1 Jn 4,7). El evangelio de hoy nos presenta la figura del buen samaritano. Con esta par√°bola, Cristo quiere mostrar a sus oyentes qui√©n es el pr√≥jimo citado en el principal mandamiento de la Ley divina: ¬ęAmar√°s al Se√Īor tu Dios con todo tu coraz√≥n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu pr√≥jimo como a ti mismo¬Ľ (Lc 10,27). Un doctor de la Ley le pregunt√≥ qu√© deb√≠a hacer para alcanzar la vida eterna: encontr√≥ en esas palabras la respuesta decisiva. Sab√≠a que el amor a Dios y al pr√≥jimo es el primero y el m√°s grande de los mandamientos. A pesar de ello, le pregunta: ¬ęY ¬Ņqui√©n es mi pr√≥jimo?¬Ľ (Lc 10,29).

Es significativo que Jes√ļs ponga a un samaritano como ejemplo para responder a esa pregunta. En efecto, los jud√≠os no ten√≠an en gran estima a los samaritanos. Adem√°s, Cristo compara la conducta de este hombre con la de un sacerdote y la de un levita, que vieron al hombre herido por los salteadores medio muerto en el camino y siguieron de largo, sin auxiliarle. Por el contrario, el samaritano, al ver al hombre sufriendo, ¬ętuvo compasi√≥n¬Ľ (Lc 10,33); su compasi√≥n lo impuls√≥ a realizar varias acciones. Ante todo, vend√≥ sus heridas; despu√©s lo llev√≥ a una posada para cuidar de √©l; y, antes de irse, dio al posadero dinero suficiente para que se ocupara de √©l (cf. Lc 10,34-35). El ejemplo es elocuente. El doctor de la Ley recibe una respuesta clara a su pregunta: ¬Ņqui√©n es mi pr√≥jimo? El pr√≥jimo es todo ser humano, sin excepci√≥n. Es in√ļtil preguntarle su nacionalidad, su pertenencia social o religiosa. Si necesita ayuda, hay que ayudarle. Esto es lo que exige la primera y m√°s grande Ley divina, la ley del amor a Dios y al pr√≥jimo.

Fiel a este mandamiento del Se√Īor, Federico Ozanam crey√≥ en el amor, en el amor que Dios tiene a los hombres. √Čl mismo se sinti√≥ llamado a amar, dando ejemplo de un gran amor a Dios y a los dem√°s. Sal√≠a al encuentro de todos los que ten√≠an mayor necesidad de ser amados que los dem√°s, a quienes Dios Amor s√≥lo pod√≠a revelarse efectivamente mediante el amor de otra persona. Ozanam descubri√≥ en eso su vocaci√≥n, y vio el camino al que Cristo lo llamaba. All√≠ encontr√≥ su camino hacia la santidad. Y lo recorri√≥ con determinaci√≥n.

2. ¬ęEl amor es de Dios¬Ľ. El amor del hombre tiene su fuente en la ley de Dios; lo muestra la primera lectura, tomada del Antiguo Testamento. Encontramos en ella una descripci√≥n detallada de los actos de amor al pr√≥jimo. Es como una preparaci√≥n b√≠blica para la par√°bola del buen samaritano.

La segunda lectura, tomada de la primera carta de san Juan, desarrolla lo que significa la expresi√≥n ¬ęel amor es de Dios¬Ľ. El Ap√≥stol escribe a sus disc√≠pulos: ¬ęQueridos, am√©monos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor¬Ľ (1 Jn 4,7-8). Estas palabras del Ap√≥stol son verdaderamente el centro de la Revelaci√≥n, el coronamiento al que nos lleva todo lo que se halla escrito en los evangelios y en las cartas apost√≥licas. San Juan prosigue: ¬ęEn esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que √©l nos am√≥ y nos envi√≥ a su Hijo como propiciaci√≥n por nuestros pecados¬Ľ (1 Jn 4,10). La redenci√≥n de los pecados manifiesta el amor que nos tiene el Hijo de Dios hecho hombre. Entonces, el amor al pr√≥jimo, el amor al hombre, ya no es s√≥lo un mandamiento. Es una exigencia que brota de la experiencia vivida del amor a Dios. Por eso san Juan puede escribir: ¬ęSi Dios nos am√≥ de esta manera, tambi√©n nosotros debemos amarnos unos a otros¬Ľ (1 Jn 4,11).

La ense√Īanza de la carta de Juan prosigue; a continuaci√≥n el Ap√≥stol escribe: ¬ęA Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en √©l y √©l en nosotros: en que nos ha dado de su Esp√≠ritu¬Ľ (1 Jn 4,12-13). Por tanto, el amor es la fuente del conocimiento. Si, por una parte, el conocimiento es una condici√≥n del amor, por otra, el amor ampl√≠a el conocimiento. Si permanecemos en el amor, tenemos la certeza de la acci√≥n del Esp√≠ritu Santo, que nos hace participar en el amor redentor del Hijo, a quien el Padre envi√≥ para la salvaci√≥n del mundo. Conociendo a Cristo como Hijo de Dios, permanecemos en √©l y, por √©l, permanecemos en Dios. Por los m√©ritos de Cristo, hemos cre√≠do en el amor, conocemos el amor que Dios nos tiene, sabemos que Dios es amor (cf. 1 Jn 4,16). Este conocimiento mediante el amor es, en cierto modo, la piedra angular de toda la vida espiritual del cristiano. ¬ęQuien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en √©l¬Ľ (1 Jn 4,16).

3. En el marco de la Jornada mundial de la juventud, que tiene lugar este a√Īo en Par√≠s, procedo hoy a la beatificaci√≥n de Federico Ozanam. Saludo cordialmente al se√Īor cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de Par√≠s, ciudad donde se encuentra la tumba del nuevo beato. Me alegra tambi√©n la presencia en este acontecimiento de los cardenales y obispos de numerosos pa√≠ses. Saludo con afecto a los miembros de la Sociedad de San Vicente de Pa√ļl, que han venido de todo el mundo para la beatificaci√≥n de su principal fundador, as√≠ como a los representantes de la gran familia espiritual heredera del esp√≠ritu de san Vicente. Los v√≠nculos entre los vicentinos fueron privilegiados desde los or√≠genes de la Sociedad, puesto que fue una Hija de la Caridad, Sor Rosalie Rendu, quien gui√≥ al joven Federico Ozanam y a sus compa√Īeros hacia los pobres del barrio Mouffetard de Par√≠s. Queridos disc√≠pulos de san Vicente de Pa√ļl, os invito a unir vuestras fuerzas para que, como deseaba vuestro fundador, los pobres sean cada vez m√°s amados y servidos, y Jesucristo sea honrado en ellos.

4. Federico Ozanam amaba a todos los necesitados. Desde su juventud, tom√≥ conciencia de que no bastaba hablar de la caridad y de la misi√≥n de la Iglesia en el mundo: esto deb√≠a traducirse en un compromiso efectivo de los cristianos al servicio de los pobres. As√≠, coincid√≠a con la intuici√≥n de san Vicente: ¬ęAmemos a Dios, hermanos m√≠os, amemos a Dios, pero que sea con el esfuerzo de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente¬Ľ (san Vicente de Pa√ļl, XI, 40). Para manifestarlo concretamente, a la edad de 20 a√Īos, con un grupo de amigos, cre√≥ las Conferencias de San Vicente de Pa√ļl, cuya finalidad era la ayuda a los m√°s pobres, con un esp√≠ritu de servicio y comuni√≥n. Muy pronto, esas Conferencias se difundieron fuera de Francia, en todos los pa√≠ses de Europa y del mundo. Yo mismo, cuando era estudiante, antes de la segunda guerra mundial, form√© parte de una de ellas.

Desde entonces, el amor a los m√°s miserables, a aquellos de quienes nadie se ocupa, est√° en el centro de la vida y de las preocupaciones de Federico Ozanam. Hablando de esos hombres y mujeres, escribe: ¬ęDeber√≠amos caer a sus pies y decirles con el Ap√≥stol: "Tu es Dominus meos". Vosotros sois nuestros se√Īores y nosotros seremos vuestros servidores; vosotros sois para nosotros las im√°genes sagradas del Dios a quien no vemos y, no sabi√©ndolo amar de otro modo, lo amamos en vosotros¬Ľ (A Louis Janmot).

5. √Čl observa la situaci√≥n real de los pobres y busca un compromiso cada vez m√°s eficaz para ayudarles a crecer en humanidad. Comprende que la caridad debe impulsar a trabajar para corregir las injusticias. La caridad y la justicia est√°n unidas. Tiene la valent√≠a clarividente de un compromiso social y pol√≠tico de primer plano, en una √©poca agitada de la vida de su pa√≠s, ya que ninguna sociedad puede aceptar la miseria como una fatalidad, sin que se hiera su honor. As√≠, podemos considerarlo un precursor de la doctrina social de la Iglesia, que el Papa Le√≥n XIII desarroll√≥ algunos a√Īos m√°s tarde en la enc√≠clica Rerum novarum.

Frente a las formas de pobreza que agobian a tantos hombres y mujeres, la caridad es un signo profético del compromiso del cristiano en el seguimiento de Cristo. Por tanto, invito a los laicos, y particularmente a los jóvenes, a dar prueba de valentía y de imaginación, para trabajar en la edificación de sociedades más fraternas, donde se reconozca la dignidad de los más necesitados y se encuentren los medios para una existencia digna. Con la humildad y la confianza ilimitada en la Providencia que caracterizaban a Federico Ozanam, tened la audacia de compartir los bienes materiales y espirituales con quienes viven en la miseria.

6. El beato Federico Ozanam, ap√≥stol de la caridad, esposo y padre de familia ejemplar, gran figura del laicado cat√≥lico del siglo XIX, fue un universitario que desempe√Ī√≥ un papel importante en el movimiento de las ideas de su tiempo. Estudiante, profesor eminente primero en Lyon y luego en Par√≠s, en la Sorbona, aspira ante todo a la b√ļsqueda y la comunicaci√≥n de la verdad, en la serenidad y el respeto a las convicciones de quienes no compart√≠an las suyas. ¬ęAprendamos a defender nuestras convicciones sin odiar a nuestros adversarios --escrib√≠a--; a amar a quienes piensan de un modo diferente del nuestro (...). Quej√©monos menos de nuestro tiempo y m√°s de nosotros mismos¬Ľ (Cartas, 9 de abril de 1851). Con la valent√≠a del creyente, denunciando todo ego√≠smo, participa activamente en la renovaci√≥n de la presencia y de la acci√≥n de la Iglesia en la sociedad de su √©poca. Es conocido tambi√©n su papel en la instituci√≥n de las Conferencias de Cuaresma en esta catedral de Notre Dame de Par√≠s, con el objetivo de permitir que los j√≥venes reciban una ense√Īanza religiosa renovada frente a las grandes cuestiones que interpelan su fe. Federico Ozanam, hombre de pensamiento y de acci√≥n, sigue siendo para los universitarios de nuestro tiempo, para los profesores y los alumnos, un modelo de compromiso valiente, capaz de hacer o√≠r una palabra libre y exigente en la b√ļsqueda de la verdad y en la defensa de la dignidad de toda persona humana. ¬°Que sea tambi√©n para ellos una llamada a la santidad!

7. La Iglesia confirma hoy la opci√≥n de vida cristiana hecha por Ozanam, as√≠ como el camino que emprendi√≥. Ella le dice: Federico, tu camino ha sido verdaderamente el camino de la santidad. Han pasado m√°s de cien a√Īos, y √©ste es el momento oportuno para redescubrir ese camino. Es necesario que todos estos j√≥venes, m√°s o menos de tu edad, que se han reunido en gran n√ļmero en Par√≠s, procedentes de todos los pa√≠ses de Europa y del mundo, reconozcan que ese camino es tambi√©n el suyo. Es preciso que comprendan que, si quieren ser cristianos aut√©nticos, deben seguir ese mismo camino. Que abran m√°s los ojos de su alma ante las necesidades, tan numerosas, de los hombres de hoy. Que afronten esas necesidades como desaf√≠os. Cristo los llama a cada uno por su nombre, para que cada uno pueda decir: ¬°√©ste es mi camino! En las opciones que hagan, tu santidad, Federico, ser√° particularmente confirmada. Y tu alegr√≠a ser√° grande. T√ļ, que ya ves con tus ojos a Aquel que es amor, s√© tambi√©n un gu√≠a en todos los caminos que estos j√≥venes elijan, siguiendo hoy tu ejemplo.

Un nuevo Pentecostés

Homilía pronunciada a los delegados del Foro Internacional

S√°bado 23 de agosto

1. ¬ę¬°Que todos los pueblos te conozcan, Se√Īor!¬Ľ. Estas palabras de la liturgia de hoy se dirigen, ante todo, a vosotros, representantes de todas las naciones que particip√°is en la Jornada mundial de la juventud en Par√≠s. Vuestra presencia testimonia el cumplimiento de la misi√≥n que los Ap√≥stoles recibieron de Cristo despu√©s de su resurrecci√≥n: ¬ęId, pues, y haced disc√≠pulos a todas las gentes bautiz√°ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp√≠ritu Santo¬Ľ (Mt 28, 19). Sois los representantes de los pueblos donde fue anunciado y acogido el Evangelio, pueblos cuyas culturas ya han sido impregnadas y transfiguradas por √©l.

Est√°is aqu√≠, no s√≥lo porque hab√©is recibido la fe y el bautismo, sino tambi√©n porque dese√°is transmitir esta fe a los dem√°s. ¬°Son tantos los corazones que esperan el Evangelio! El grito de la liturgia de este d√≠a puede adquirir todo su sentido en vuestros labios: ¬ę¬°Que todas las naciones te conozcan, Se√Īor!¬Ľ.

2. La Jornada mundial de la juventud tiene una clara dimensi√≥n misionera. La liturgia de hoy lo manifiesta. La primera lectura, tomada del libro de Isa√≠as, dice: ¬ę¬°Qu√© hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia salvaci√≥n, que dice a Si√≥n: "Ya reina tu Dios"!¬Ľ (Is 52, 7). El profeta piensa, ciertamente, en el Mes√≠as esperado entonces. Ser√° Cristo, el Mes√≠as, quien anuncie ante todo la buena nueva. Pero, esta buena nueva la transmitir√° a los Ap√≥stoles. Por su participaci√≥n en su misi√≥n prof√©tica, sacerdotal y real, ellos, y despu√©s de ellos todo el pueblo de Dios de la nueva alianza, se convertir√°n en sus mensajeros por todo el mundo. Por tanto, las palabras del profeta les ata√Īen: ¬ę¬°Qu√© hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que trae buenas nuevas...!¬Ľ.

Estas palabras os ata√Īen a vosotros que est√°is reunidos aqu√≠; a vosotros que particip√°is en la Jornada mundial de la juventud de todas las naciones que hay bajo el sol. Vuestra asamblea es como un nuevo Pentecost√©s. Y es preciso que sea as√≠. Es necesario que, como los Ap√≥stoles en el cen√°culo y m√°s all√° de la percepci√≥n de nuestros sentidos, oigamos el ruido, la r√°faga de un viento impetuoso; que sobre la cabeza de todos los que est√°n aqu√≠ aparezcan las lenguas de fuego del Esp√≠ritu santo, y que todos comiencen a proclamar en las diferentes lenguas las maravillas de Dios (cf. Hch 2, 1-4). Entonces ser√©is, en el tercer milenio, los testigos de la buena nueva.

3. La lectura del evangelio de san Mateo nos recuerda la parábola del sembrador. Ya la conocemos, pero podemos releer continuamente las palabras del Evangelio y encontrar siempre en ellas una luz nueva. Salió un sembrador a sembrar. Mientras sembraba unas semillas cayeron a lo largo del camino, otras en un pedregal; algunas entre abrojos, otras en tierra buena, y sólo éstas dieron fruto (cf. Mt 13, 3-8).

Jes√ļs no se contenta con presentar la par√°bola, la explica. Escuchemos tambi√©n nosotros la explicaci√≥n de la par√°bola del sembrador. Las semillas ca√≠das a lo largo del camino designan a quienes oyen la palabra del reino de Dios, pero no la comprenden; viene el maligno y arrebata lo sembrado en su coraz√≥n (cf. Mt 13, 19). El maligno recorre frecuentemente este camino, y se dedica a impedir que las semillas germinen en el coraz√≥n de los hombres. Esta es la primera comparaci√≥n. La segunda es la de las semillas ca√≠das en un pedregal. Este suelo designa a las personas que oyen la palabra y la reciben enseguida con alegr√≠a; pero no tienen ra√≠z en s√≠ mismas y son inconstantes. Cuando llega una tribulaci√≥n o una persecuci√≥n por causa de la Palabra, sucumben enseguida (cf. Mt 13, 20-21). ¬°Qu√© psicolog√≠a encierra esta comparaci√≥n de Cristo! ¬°Conocemos bien, en nosotros y a nuestro alrededor, la inconstancia de personas sin ra√≠ces que puedan hacer crecer la palabra! La tercera es la de las semillas ca√≠das entre abrojos. Cristo explica que se refiere a las personas que oyen la palabra, pero que, a causa de las preocupaciones de este mundo y de su apego a las riquezas, la ahogan y queda sin fruto (cf. Mt 13, 22).

Por √ļltimo, las semillas ca√≠das en tierra buena representan a quienes oyen la palabra y la comprenden, y da fruto en ellos (cf. Mt 13, 23). Toda esta magn√≠fica par√°bola nos habla hoy, tal como hablaba a los oyentes de Jes√ļs hace dos mil a√Īos. Durante este encuentro mundial de la juventud, convirt√°monos en tierra buena que recibe la semilla del Evangelio y da fruto.

4. Conscientes de la timidez del alma humana para acoger la palabra de Dios dirijamos al Esp√≠ritu esta ardiente plegaria lit√ļrgica:

Veni, Creator Spiritus, mentes tuorum visita imple superna gratia quae tu creasti pectora.

Ven, Espíritu creador, visita la mente de tus fieles, llena con tu gracia los corazones que has creado.

Con esta plegaria, abrimos nuestro corazón, suplicando al Espíritu que lo llene de luz y de vida.

Esp√≠ritu de Dios, haznos disponibles a tu visita; haz crecer en nosotros la fe en la Palabra que salva. S√© t√ļ la fuente viva de la esperanza que germina en nuestra vida. S√© t√ļ en nosotros el soplo de amor que nos transforma y el fuego de caridad que nos impulse a entregarnos a nosotros mismos mediante el servicio a nuestros hermanos.

T√ļ, enviado a nosotros por el Padre, ens√©√Īanos todo y haz que captemos la riqueza de la palabra de Cristo. Afirma en nosotros el hombre interior; haz que pasemos del temor a la confianza, para que brote en nosotros la alabanza de tu gloria.

S√© t√ļ la luz que venga a llenar el coraz√≥n de los hombres y a darles la valent√≠a de buscarte incansablemente. T√ļ el Esp√≠ritu de verdad, introd√ļcenos en la verdad plena, para que proclamemos con firmeza el misterio de Dios vivo, que act√ļa en nuestra historia. Ilum√≠nanos sobre el sentido √ļltimo de esta historia.

Aleja de nosotros las infidelidades que nos separan de ti, aparta de nosotros el resentimiento y la división, y haz que crezca en nosotros un espíritu de fraternidad y de unidad, para que sepamos construir la ciudad de los hombres en la paz y la solidaridad que nos vienen de Dios.

Haz que descubramos que el amor est√° en lo m√°s √≠ntimo de la vida divina y que estamos llamados a participar en ella. Ens√©√Īanos a amarnos los unos a los otros como el Padre nos ha amado, d√°ndonos a su Hijo (cf. Jn 3, 16).

Que todos los pueblos te conozcan a ti, Dios, Padre de todos los hombres, que tu Hijo vino a revelarnos; a ti, que nos enviaste tu Espíritu para comunicarnos los frutos de la Redención.

5. Saludo cordialmente aqu√≠ esta ma√Īana a los responsables del Consejo pontificio para los laicos, organizadores del Foro internacional de los j√≥venes que os ha reunido para este tiempo de reflexi√≥n y oraci√≥n. Doy las gracias a quienes han asegurado el buen desarrollo de este encuentro particularmente a los responsables de la Escuela polit√©cnica, que lo han acogido con generosidad y disponibilidad.

Queridos amigos, ayer, en la catedral de Notre Dame de París, beatifiqué a Federico Ozanam, un laico, un joven como vosotros; lo recuerdo con gusto en esta iglesia de Saint-Etienne du Mont, dado que aquí realizó sus primeras actividades con otros jóvenes en favor de los pobres del barrio. Iluminado por el Espíritu de Cristo y fiel a la meditación diaria de su Palabra, el beato Federico os propone un ideal de santidad para hoy, el de la entrega de sí al servicio de los más desamparados de la sociedad. Ojalá que, en el recuerdo de esta XII Jornada mundial de la juventud, sea para vosotros un amigo y un modelo en vuestro testimonio de jóvenes cristianos.

6. Durante estas jornadas tan densas que acab√°is de vivir, tambi√©n vosotros hab√©is ido al encuentro de Cristo y hab√©is dejado que penetre en vosotros la Palabra, para que germine y d√© fruto. Haciendo una experiencia excepcional de la universalidad de la Iglesia y del patrimonio com√ļn a todos los disc√≠pulos de Cristo, hab√©is dado gracias por las maravillas que Dios realiza en el coraz√≥n de la humanidad. Asimismo, hab√©is compartido los sufrimientos, las angustias las esperanzas y los llamamientos de los hombres de hoy.

Esta ma√Īana, el Esp√≠ritu Santo os env√≠a, como ¬ęuna carta de Cristo¬Ľ, a proclamar en cada uno de vuestros pa√≠ses las obras de Dios y ser testigos celosos del evangelio de Cristo entre los hombres de buena voluntad, hasta los confines de la tierra. La misi√≥n que se os conf√≠a exige que durante toda vuestra vida, dediqu√©is el tiempo necesario a vuestra formaci√≥n espiritual y doctrinal a fin de profundizar vuestra fe y convertiros, tambi√©n vosotros, en formadores. As√≠, responder√©is a la llamada ¬ęa crecer, a madurar continuamente, a dar cada vez m√°s fruto¬Ľ (Christifideles laici, 57).

Que el tiempo de renovaci√≥n espiritual que acab√°is de vivir juntos os comprometa a avanzar con todos vuestros hermanos cristianos en la b√ļsqueda de la unidad querida por Cristo. Os lleve con caridad fraterna, al encuentro de los hombres y mujeres de otras convicciones religiosas o intelectuales, para el conocimiento aut√©ntico y el respeto mutuo, que hacen crecer en humanidad. El Esp√≠ritu de Dios os env√≠a, para que llegu√©is a ser, con todos vuestros hermanos y hermanas del mundo, constructores de una civilizaci√≥n reconciliada y fundada en el amor fraterno. En el umbral del tercer milenio, os invito a estar muy atentos a la voz y a los signos de la presencia y de la acci√≥n del Esp√≠ritu Santo en la Iglesia y en el mundo. Contemplando e imitando a la Virgen Mar√≠a, modelo de la fe vivida, ser√©is verdaderos disc√≠pulos de Cristo, su Hijo divino, que funda la esperanza, fuente de vida. Amad√≠simos j√≥venes, la Iglesia tiene necesidad de vosotros, tiene necesidad de vuestro compromiso al servicio del Evangelio. Tambi√©n el Papa cuenta con vosotros. Acoged el fuego del Esp√≠ritu del Se√Īor, para convertiros en celosos heraldos de la buena nueva.

El bautismo convierte nuestra existencia en una historia de amor con Dios

Homilía durante la vigilia celebrada en el hipódromo de Longchamp

S√°bado 23 de agosto

Queridos jóvenes, queridos amigos:

1. Al empezar os saludo a todos vosotros, que est√°is aqu√≠ reunidos, repitiendo las palabras del profeta Ezequiel, pues contienen una maravillosa promesa de Dios y expresan la alegr√≠a de vuestra presencia: ¬ęOs recoger√© de entre las naciones (...). Os dar√© un coraz√≥n nuevo y os infundir√© un esp√≠ritu nuevo; arrancar√© de vuestra carne el coraz√≥n de piedra y os dar√© un coraz√≥n de carne. Os infundir√© mi esp√≠ritu y har√© que camin√©is seg√ļn mis preceptos, y que guard√©is y cumpl√°is mis mandatos (...). Vosotros ser√©is mi pueblo y yo ser√© vuestro Dios¬Ľ (Ez 36,24-28).

2. Saludo a los obispos franceses que nos acogen y a los obispos venidos de todo el mundo. Dirijo, asimismo, mi saludo cordial a los distinguidos representantes de otras confesiones cristianas, con las cuales compartimos el mismo bautismo y que han querido asociarse a esta celebración de la juventud.

En la v√≠spera del 24 de agosto, no es posible olvidar la dolorosa matanza de la noche de san Bartolom√©, con sus oscuras motivaciones en la historia pol√≠tica y religiosa de Francia. Algunos cristianos realizaron actos que el Evangelio reprueba. Si evoco el pasado, es porque ¬ęreconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valent√≠a que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haci√©ndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy¬Ľ (Tertio millennio adveniente, 33). Por ello, me asocio gustoso a las iniciativas de los obispos franceses, pues, como ellos, estoy convencido de que s√≥lo el perd√≥n ofrecido y recibido lleva progresivamente a un di√°logo fecundo que sella una reconciliaci√≥n plenamente cristiana. La pertenencia a diferentes tradiciones religiosas no debe ser hoy en d√≠a una fuente de oposici√≥n o de tensi√≥n. Al contrario, nuestro com√ļn amor a Cristo nos impulsa a buscar sin cesar el camino de la plena unidad.

3. Los textos lit√ļrgicos de nuestra vigilia son, por una parte, los mismos de la Vigilia pascual. Se refieren al bautismo. El evangelio de san Juan narra el di√°logo nocturno de Cristo con Nicodemo. Al ir a encontrarse con Cristo, este miembro del Sanedr√≠n expresa su fe: ¬ęRabb√≠, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las se√Īales que t√ļ realizas si Dios no est√° con √©l¬Ľ (Jn 3,2). Jes√ļs le responde: ¬ęEn verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios¬Ľ (Jn 3,3). Nicodemo le pregunta: ¬ę¬ŅC√≥mo puede uno nacer siendo ya viejo? ¬ŅPuede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?¬Ľ (Jn 3,4). Jes√ļs le responde : ¬ęEl que no nazca de agua y de Esp√≠ritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Esp√≠ritu, es esp√≠ritu¬Ľ (Jn 3, 5-6).

Jes√ļs hace pasar a Nicodemo de las realidades visibles a las invisibles. Cada uno de nosotros ha nacido del hombre y de la mujer, de un padre y una madre; este nacimiento es el punto de partida de toda nuestra existencia. Nicodemo piensa en esta realidad natural. Por el contrario, Cristo vino al mundo para revelar otro tipo de nacimiento, el nacimiento espiritual. Cuando profesamos nuestra fe, decimos qui√©n es Cristo: ¬ęCreo en un solo Se√Īor, Jesucristo, Hijo √ļnico de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: (...) engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, consubstantialis Patri, por quien todo fue hecho, per quem omnia facta sunt; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvaci√≥n baj√≥ del cielo, y por obra del Esp√≠ritu Santo se encarn√≥ de Mar√≠a, la Virgen, y se hizo hombre, descendit de caelis et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria virgine et homo factus est¬Ľ. S√≠, j√≥venes, amigos m√≠os, ¬°el Hijo de Dios se hizo hombre por todos vosotros, por cada uno de vosotros!

4. ¬ęEl que no nazca de agua y de Esp√≠ritu no puede entrar en el reino de Dios¬Ľ (Jn 3,5). As√≠, para entrar en el Reino, el hombre debe nacer de nuevo, no seg√ļn las leyes de la carne sino seg√ļn el Esp√≠ritu. El bautismo es precisamente el sacramento de este nacimiento. El ap√≥stol Pablo lo explica en profundidad en el pasaje de la carta a los Romanos que hemos escuchado: ¬ę¬ŅEs que ignor√°is que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jes√ļs, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con √©l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as√≠ tambi√©n nosotros vivamos una vida nueva¬Ľ (Rm 6,3-4). El Ap√≥stol nos revela aqu√≠ el sentido del nuevo nacimiento; nos explica por qu√© el sacramento tiene lugar por medio de la inmersi√≥n en el agua. No se trata de una inmersi√≥n simb√≥lica en la vida de Dios. El bautismo es el signo concreto y eficaz de la inmersi√≥n en la muerte y la resurrecci√≥n de Cristo. Comprendemos, entonces, por qu√© la tradici√≥n ha unido el bautismo a la Vigilia pascual. En ese d√≠a, y sobre todo en esa noche, es cuando la Iglesia revive la muerte de Cristo, cuando la Iglesia entera se siente abrumada por el cataclismo de esta muerte, de la que surgir√° una vida nueva. De este modo, la Vigilia, en el sentido exacto de la palabra, es espera: la Iglesia espera la resurrecci√≥n; espera la vida que ser√° la victoria sobre la muerte y que llevar√° al hombre hacia esa vida.

A toda persona que recibe el bautismo se le concede participar en la resurrecci√≥n de Cristo. San Pablo vuelve a menudo sobre este tema, que resume la esencia del verdadero sentido del bautismo. Escribe as√≠: ¬ęPorque, si nos hemos hecho una misma cosa con √©l por una muerte semejante a la suya, tambi√©n lo seremos por una resurrecci√≥n semejante¬Ľ (Rm 6,5). Y prosigue: ¬ęSabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con √©l, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y ces√°ramos de ser esclavos del pecado. Pues el que est√° muerto, queda liberado del pecado. Y si hemos muerto con Cristo, creemos que tambi√©n viviremos con √©l, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere m√°s, y que la muerte no tiene ya se√Īor√≠o sobre √©l. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida es un vivir para Dios. As√≠ tambi√©n vosotros consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jes√ļs¬Ľ (Rm 6,6-11). Como san Pablo, queridos j√≥venes, decid al mundo: nuestra esperanza es firme; por Cristo, vivimos para Dios.

5. Evocando esta noche la Vigilia pascual, consideramos los problemas esenciales: la vida y la muerte, la mortalidad y la inmortalidad. En la historia de la humanidad Jes√ļs ha invertido el sentido de la vida humana. Si la experiencia cotidiana nos muestra la existencia como un pasaje hacia la muerte, el misterio pascual nos abre la perspectiva de una vida nueva m√°s all√° de la muerte. Por ello, la Iglesia, que profesa en su Credo la muerte y la resurrecci√≥n de Jes√ļs, tiene todas las razones para pronunciar tambi√©n estas palabras: ¬ęCreo en la resurrecci√≥n de la carne y en la vida eterna¬Ľ.

6. Queridos j√≥venes, ¬Ņsab√©is lo que hace en vosotros el sacramento del bautismo? Dios os reconoce como hijos suyos y transforma vuestra existencia en una historia de amor con √©l. Os conforma con Cristo, para que pod√°is realizar vuestra vocaci√≥n personal. Ha venido para establecer una alianza con vosotros y os ofrece su paz. Vivid desde ahora como hijos de la luz, que se saben reconciliados por la cruz del Salvador.

El bautismo, ¬ęmisterio y esperanza del mundo que vendr√°¬Ľ (san Cirilo de Jerusal√©n, Procatequesis 10, 12), es el m√°s bello de los dones de Dios, pues nos invita a convertirnos en disc√≠pulos del Se√Īor. Nos hace entrar en la intimidad con Dios, en la vida trinitaria, desde hoy y por toda la eternidad. Es una gracia que se da al pecador, que nos purifica del pecado y nos abre un futuro nuevo. Es un ba√Īo que lava y regenera. Es una unci√≥n que nos conforma con Cristo, sacerdote, profeta y rey. Es una iluminaci√≥n, que esclarece y da pleno significado a nuestro camino. Es un vestido de fortaleza y de perfecci√≥n. Revestidos de blanco el d√≠a de nuestro bautismo, como lo seremos en el √ļltimo d√≠a, estamos llamados a conservar cada d√≠a su esplendor y a recuperarlo por medio del perd√≥n, la oraci√≥n y la vida cristiana. El bautismo es el signo de que Dios se ha unido con nosotros en nuestro caminar, que embellece nuestra existencia y transforma nuestra historia en una historia sagrada.

Hab√©is sido llamados, elegidos por Cristo para vivir en la libertad de los hijos de Dios y hab√©is sido tambi√©n confirmados en vuestra vocaci√≥n bautismal y habitados por el Esp√≠ritu Santo para anunciar el Evangelio a lo largo de toda vuestra vida. Al recibir el sacramento de la confirmaci√≥n os compromet√©is con todas vuestras fuerzas a hacer crecer pacientemente el don recibido por medio de la recepci√≥n de los sacramentos, en particular de la Eucarist√≠a y de la penitencia, que conservan en nosotros la vida bautismal. Bautizados, dais testimonio de Cristo por vuestro esfuerzo de una vida recta y fiel al Se√Īor, que se ha de mantener con una lucha espiritual y moral. La fe y el obrar moral van unidos. En efecto, el don recibido nos lleva a una conversi√≥n permanente para imitar a Cristo y corresponder a la promesa divina. La palabra de Dios transforma la existencia de los que la acogen, pues es la regla de la fe y de la acci√≥n. En su existencia, para respetar los valores esenciales, los cristianos experimentan tambi√©n el sufrimiento que pueden exigir las opciones morales opuestas a los comportamientos del mundo y, a veces, incluso de modo heroico. Pero la vida feliz con el Se√Īor tiene ese precio. Queridos j√≥venes, vuestro testimonio tiene ese precio. Conf√≠o en vuestro valor y en vuestra fidelidad.

7. En medio de vuestros hermanos ten√©is que vivir como cristianos. Por el bautismo Dios nos da una madre, la Iglesia, con la que crecemos espiritualmente para avanzar por el camino de la santidad. Este sacramento nos integra en un pueblo, nos hace part√≠cipes de la vida eclesial y nos da hermanos y hermanas que amar, para ser ¬ęuno en Cristo Jes√ļs¬Ľ (Ga 3,28). En la Iglesia no hay ya fronteras; somos un √ļnico pueblo solidario, compuesto por m√ļltiples grupos con culturas, sensibilidades y modos de acci√≥n diversos, en comuni√≥n con los obispos, pastores del reba√Īo. Esta unidad es un signo de riqueza y vitalidad. Que, dentro de la diversidad, vuestra primera preocupaci√≥n sea la unidad y la cohesi√≥n fraterna, que permitan el desarrollo personal de modo sereno y el crecimiento del cuerpo entero.

Con todo, el bautismo y la confirmaci√≥n no alejan del mundo, pues compartimos los gozos y las esperanzas de los hombres de hoy y aportamos nuestra contribuci√≥n a la comunidad humana en la vida social y en todos los campos t√©cnicos y cient√≠ficos. Gracias a Cristo estamos cerca de todos nuestros hermanos y somos llamados a manifestar la alegr√≠a profunda que se tiene al vivir con √©l. El Se√Īor nos llama a cumplir nuestra misi√≥n donde estamos, pues ¬ęel lugar que Dios nos ha se√Īalado es tan hermoso, que no nos est√° permitido desertar de √©l¬Ľ (cf. Carta a Diogneto, VI, 10). Independientemente de lo que hagamos, nuestra vida es para el Se√Īor; en √©l est√° nuestra esperanza y nuestro t√≠tulo de gloria. En la Iglesia la presencia de los j√≥venes, de los catec√ļmenos y de los nuevos bautizados es una riqueza y una fuente de vitalidad para toda la comunidad cristiana, llamada a dar cuenta de su fe y a testimoniarla hasta los confines de la tierra.

8. Un d√≠a, en Cafarna√ļm, cuando muchos disc√≠pulos abandonaban a Jes√ļs, Pedro respondi√≥ a la pregunta de Jes√ļs: ¬ę¬ŅTambi√©n vosotros quer√©is marcharos?¬Ľ, dici√©ndole: ¬ęSe√Īor, ¬Ņa qui√©n iremos? T√ļ tienes palabras de vida eterna¬Ľ (Jn 6,67-68). En esta Jornada de la juventud en Par√≠s, una de las capitales del mundo contempor√°neo, el Sucesor de Pedro acaba de repetiros que estas palabras del Ap√≥stol deben ser el faro que os ilumine a todos en vuestro camino. ¬ęSe√Īor, ¬Ņa qui√©n iremos? T√ļ tienes palabras de vida eterna¬Ľ (Jn 6,68). M√°s a√ļn: no s√≥lo nos hablas de la vida eterna. T√ļ mismo eres la vida eterna. Verdaderamente, t√ļ eres ¬ęel camino, la verdad y la vida¬Ľ (Jn 14,6).

9. Queridos j√≥venes, por la unci√≥n bautismal os hab√©is convertido en miembros del pueblo santo. Por la unci√≥n de la confirmaci√≥n particip√°is plenamente en la misi√≥n eclesial. La Iglesia, de la que sois parte, tiene confianza en vosotros y cuenta con vosotros. Que vuestra vida cristiana sea un ¬ęacostumbrarse¬Ľ progresivo a la vida con Dios, seg√ļn la hermosa expresi√≥n de san Ireneo, para que se√°is misioneros del Evangelio.

El día mundial de las misiones proclamaré a santa Teresa de Lisieux doctora de la Iglesia

√Āngelus en el hip√≥dromo de Longchamp de Par√≠s

Domingo 24 de agosto

1. En el momento de conduir esta Jornada mundial en Francia, quiero evocar la gran figura de santa Teresa de Lisieux, que entr√≥ en la Vida hace cien a√Īos.

Esta joven carmelita fue conquistada totalmente por el amor de Dios. Vivi√≥ radicalmente su entrega como respuesta al amor de Dios. En la sencillez de la vida diaria supo igualmente practicar el amor fraterno. A imitaci√≥n de Jes√ļs acept√≥ sentarse ¬ęa la mesa de los pecadores¬Ľ, sus ¬ęhermanos¬Ľ para que fueran purificados por el amor, ya que estaba animada por el ardiente deseo de ver a todos los hombres ¬ęiluminados por la antorcha luminosa de la fe¬Ľ (cf. Ms C, 6 r).

Teresa experiment√≥ el sufrimiento en su cuerpo y la prueba en su fe. Pero permaneci√≥ fiel, porque, con su gran inteligencia espiritual, sab√≠a que Dios es justo y misericordioso; comprend√≠a que el amor se recibe de Dios, m√°s que del hombre. Hasta el fin de la noche, puso su esperanza en Jes√ļs, el Siervo sufriente que entrega su vida por la multitud (cf. Is 53, 12).

2. El libro de los evangelios acompa√Īa siempre a Teresa (cf. Carta 193). Penetra su mensaje con una extraordinaria seguridad de juicio. Comprende que en la vida de Dios, Padre, Hijo y Esp√≠ritu ¬ęel amor y la verdad se encuentran (Sal 85, 11). En pocos a√Īos, realice ¬ęuna carrera de gigante¬Ľ (Ms A, 44 v). Descubre que su vocaci√≥n consiste en ser, en el coraz√≥n de la Iglesia, el amor mismo. Teresa, humilde y pobre, traza el ¬ęcaminito¬Ľ de los hijos que se ponen en manos del Padre con una ¬ęconfianza audaz¬Ľ. Su actitud espiritual, centro de su mensaje, se propone a todos los fieles.

La ense√Īanza de Teresa, verdadera ciencia del amor, es la expresi√≥n luminosa de su conocimiento del misterio de Cristo y de su experiencia personal de la gracia; ella ayuda a los hombres y mujeres de hoy, y ayudar√° a los del futuro, a percibir mejor los dones de Dios y a difundir la buena nueva de su amor infinito.

3. Santa Teresa, carmelita y apóstol, maestra de sabiduría espiritual para muchas personas consagradas o laicos, patrona de las misiones ocupa un lugar privilegiado en la Iglesia. Su eminente doctrina merece ser reconocida entre las más fecundas.

Respondiendo a numerosas peticiones y despu√©s de atentos estudios, tengo la alegr√≠a de anunciar que, el domingo de las misiones, el 19 de octubre de 1997, en la bas√≠lica de San Pedro en Roma proclamar√© doctora de la Iglesia a santa Teresa del Ni√Īo Jes√ļs y de la Santa Faz.

He querido anunciar solemnemente ese acto aqu√≠, porque el mensaje de santa Teresa, santa joven tan presente en nuestro tiempo, es particularmente conveniente para vosotros, los j√≥venes: en la escuela del Evangelio, os abre el camino de la madurez cristiana; os llama a una infinita generosidad; os invite a seguir siendo en el ¬ęcoraz√≥n¬Ľ de la Iglesia disc√≠pulos y testigos celosos de la caridad de Cristo.

Invoquemos a santa Teresa, para que guíe a los hombres y mujeres de nuestro tiempo por el camino de la verdad y de la vida.

Con Teresa, dirijámonos a la Virgen María, a quien alabó e imploró durante toda su vida con confianza filial.

Sed testigos de Cristo

Homilía durante la misa celebrada en el hipódromo de Longchamp

Domingo 24 de agosto

1. ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ (Jn 1, 38). Dos j√≥venes hicieron un d√≠a esta pregunta a Jes√ļs de Nazaret. Esto ocurr√≠a al borde del Jord√°n. Jes√ļs hab√≠a ido para recibir el bautismo de Juan, pero el Bautista, al ver a Jes√ļs que iba a su encuentro, dijo: ¬ę√Čste es el Cordero de Dios¬Ľ (Jn 1, 29). Estas palabras prof√©ticas se√Īalaban al Redentor, al que iba a dar su vida por la salvaci√≥n del mundo. As√≠, desde el bautismo en el Jord√°n, Juan indicaba al Crucificado. Fueron precisamente dos disc√≠pulos de Juan el Bautista quienes, al o√≠r estas palabras, siguieron a Jes√ļs. ¬ŅNo encierra esto un rico significado? Cuando Jes√ļs les pregunt√≥: ¬ę¬ŅQu√© busc√°is?¬Ľ (Jn 1, 38), contestaron tambi√©n ellos con una pregunta: ¬ęRabb√≠ --es decir Maestro--, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ. Jes√ļs les respondi√≥: ¬ęVenid y lo ver√©is¬Ľ. Ellos le siguieron, fueron donde viv√≠a y se quedaron con √©l aquel d√≠a¬Ľ (Jn 1, 39). Se convirtieron as√≠ en los primeros disc√≠pulos de Jes√ļs. Uno de ellos era Andr√©s, el que condujo tambi√©n a su hermano Sim√≥n Pedro a Jes√ļs.

Queridos amigos, me complace poder meditar este evangelio con vosotros, juntamente con los cardenales y los obispos que me rodean, a quienes me alegra saludar. Agradezco a mons. James Francis Stafford y al Consejo pontificio para los laicos su activa preparaci√≥n para este hermoso encuentro, siguiendo el ejemplo del cardenal Pironio, que ha trabajado tanto por las Jornadas mundiales. Mi gratitud va al cardenal Jean-Marie Lustiger por su acogida; a mons. Michel Dubost; a los obispos de Francia y a los de muchos pa√≠ses del mundo, que os acompa√Īan y que han enriquecido vuestras reflexiones. Saludo cordialmente, asimismo, a los sacerdotes concelebrantes, a los religiosos y religiosas, y a todos los responsables de vuestros movimientos y de vuestros grupos diocesanos.

Agradezco su presencia a nuestros hermanos cristianos de otras comunidades, as√≠ como a las personalidades civiles que han querido asociarse a esta celebraci√≥n lit√ļrgica.

Saludándoos a todos de nuevo, me complace dirigir una palabra de estímulo y afecto a los minusválidos que están entre vosotros; les damos gracias por haber venido con nosotros y por darnos su testimonio de fe y de esperanza. Encomiendo también en mi oración a todos los enfermos, tanto a los atendidos en hospitales como en sus casas.

En nombre de todos, quisiera expresar también nuestra gratitud a los numerosos voluntarios que aseguran con dedicación y competencia la organización de vuestra reunión. Quisiera felicitarles por su seriedad. Volvamos al Evangelio.

2. El breve fragmento del evangelio de Juan que hemos escuchado nos dice lo esencial del programa de la Jornada mundial de la juventud: un intercambio de preguntas y, despu√©s, una respuesta que es una llamada. Al presentar este encuentro con Jes√ļs, la liturgia quiere mostrar hoy lo que m√°s cuenta en vuestra vida. Y yo, Sucesor de Pedro, he venido a pediros que hag√°is tambi√©n vosotros esta pregunta a Cristo: ¬ę¬ŅD√≥nde vives?¬Ľ. Si se la hac√©is sinceramente, podr√©is escuchar su respuesta y recibir de √©l el valor y la fuerza para seguirlo.

Esa pregunta es el fruto de una b√ļsqueda. El hombre busca a Dios. El joven comprende en el fondo de s√≠ mismo que esta b√ļsqueda es la ley interior de su existencia. El ser humano busca su camino en el mundo visible; y, a trav√©s del mundo visible, busca el invisible a lo largo de su itinerario espiritual. Cada uno de nosotros puede repetir las palabras del salmista: ¬ęTu rostro buscar√© Se√Īor; no me escondas tu rostro¬Ľ (Sal 27, 8-9). Cada uno de nosotros tiene su historia personal y lleva en s√≠ mismo el deseo de ver a Dios, un deseo que se experimenta al mismo tiempo que se descubre el mundo creado. Este mundo es maravilloso y rico; despliega ante la humanidad sus maravillosas riquezas, seduce, atrae la raz√≥n tanto como la voluntad. Pero, en definitiva, no colma el esp√≠ritu. El hombre se da cuenta de que este mundo, en la diversidad de sus riquezas, es superficial y precario; en cierto sentido, est√° abocado a la muerte. Hoy tomamos cada vez mayor conciencia de la fragilidad de nuestra tierra, demasiado a menudo degradada por la misma mano del hombre, a quien el Creador la ha confiado.

En cuanto al hombre mismo, viene al mundo, nace del seno materno, crece y madura; descubre su vocaci√≥n y desarrolla su personalidad a lo largo de los a√Īos de su actividad; despu√©s se aproxima cada vez m√°s al momento en que debe abandonar este mundo. Cuanto m√°s larga es su vida, tanto m√°s siente el hombre su propio car√°cter precario, y tanto m√°s se plantea el interrogante de la inmortalidad: ¬Ņqu√© hay m√°s all√° de las fronteras de la muerte? Entonces, en lo profundo de su ser, surge la pregunta planteada a Aquel que ha vencido la muerte: ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ. Maestro, t√ļ que amas y respetas a la persona humana; t√ļ que has compartido el sufrimiento de los hombres; t√ļ que esclareces el misterio de la existencia humana, ¬°haz que descubramos el verdadero sentido de nuestra vida y de nuestra vocaci√≥n! ¬ęTu rostro buscar√© Se√Īor; no me escondas tu rostro¬Ľ (Sal 27, 8-9).

3. En la orilla del Jord√°n, e incluso m√°s tarde, los disc√≠pulos no sab√≠an qui√©n era verdaderamente Jes√ļs. Necesitar√°n mucho tiempo para comprender el misterio del Hijo de Dios. Tambi√©n nosotros llevamos muy dentro el deseo de conocer a Aquel que revela el rostro de Dios. Cristo responde a la pregunta de sus disc√≠pulos con toda su misi√≥n mesi√°nica. Ense√Īaba y, para confirmar la verdad de lo que proclamaba, hac√≠a grandes prodigios, curaba a los enfermos, resucitaba a los muertos y calmaba las tempestades del mar. Pero todo este proceso excepcional lleg√≥ a su plenitud en el G√≥lgota. Contemplando a Cristo en la cruz, con la mirada de la fe, se puede ¬ęver¬Ľ qui√©n es el Salvador, el que carg√≥ con nuestros sufrimientos, el justo que hizo de su vida un sacrificio y que justificar√° a muchos (cf. Is 53, 4.10-11).

San Pablo resume la sabidur√≠a suprema en la segunda lectura de este d√≠a, con estas impresionantes palabras: ¬ęLa predicaci√≥n de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan --para nosotros-- es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: "Destruir√© la sabidur√≠a de los sabios, e inutilizar√© la inteligencia de los inteligentes. (...) De hecho, como el mundo mediante su propia sabidur√≠a no conoci√≥ a Dios en su divina sabidur√≠a, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicaci√≥n. (...) Nosotros predicamos a un Cristo crucificado¬Ľ (1 Co 1, 18-23). El Ap√≥stol habla a las gentes de su tiempo, a los hijos de Israel, que hab√≠an recibido la revelaci√≥n de Dios sobre el monte Sina√≠, y a los griegos, art√≠fices de una gran sabidur√≠a humana y una gran filosof√≠a. Pero, en definitiva, la finalidad y la cumbre de la sabidur√≠a es Cristo crucificado, no s√≥lo a causa de su palabra, sino porque √©l se entreg√≥ a s√≠ mismo por la salvaci√≥n de la humanidad.

Con su excepcional celo, san Pablo repite: ¬ęNosotros predicamos a Cristo crucificado¬Ľ. Aquel que a los ojos de los hombres parece s√≥lo debilidad y locura, nosotros lo proclamamos como Fuerza y Sabidur√≠a, plenitud de la Verdad. Es cierto que en nosotros la confianza tiene sus altibajos. Es verdad que nuestra mirada de fe a menudo est√° oscurecida por la duda y por nuestra propia debilidad. Humildes y pobres pecadores, aceptamos el mensaje de la cruz. Para responder a nuestra pregunta: ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ, Cristo nos hace una llamada: venid y lo ver√©is; en la cruz ver√©is la se√Īal luminosa de la redenci√≥n del mundo, la presencia amorosa del Dios vivo. Los cristianos, porque han comprendido que la cruz domina la historia, han colocado el crucifijo en las iglesias y en los bordes de los caminos, o lo llevan en sus corazones. Pues la cruz es un signo verdadero de la presencia del Hijo de Dios; por medio de este signo se revela el Redentor del mundo. ¬ęIn hoc signo vinces¬Ľ.

4. ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ. La Iglesia nos responde cada d√≠a: Cristo est√° presente en la Eucarist√≠a, el sacramento de su muerte y de su resurrecci√≥n. En ella y por ella reconoc√©is la morada del Dios vivo en la historia del hombre. La Eucarist√≠a es el sacramento del amor que vence la muerte, es el sacramento de la Alianza, puro don de amor para la reconciliaci√≥n de los hombres; es el don de la presencia real de Jes√ļs, el Redentor, en el pan que es su Cuerpo inmolado, y en el vino que es su Sangre derramada por todos. Por la Eucarist√≠a, renovada sin cesar en todos los pueblos del mundo, Cristo constituye su Iglesia: nos une en la alabanza y en la acci√≥n de gracias por la salvaci√≥n, en la comuni√≥n que s√≥lo el amor infinito puede sellar. Nuestro encuentro mundial adquiere todo su sentido actual por la celebraci√≥n de la misa. J√≥venes, amigos m√≠os, ¬°que vuestra presencia sea una real adhesi√≥n en la fe! Cristo responde a vuestra pregunta y, al mismo tiempo, a las preguntas de todos los hombres que buscan al Dios vivo. Responde con su invitaci√≥n: esto es mi cuerpo, comed todos. √Čl conf√≠a al Padre su deseo supremo de que todos los que ama vivan en la unidad de la misma comuni√≥n.

5. La respuesta a la pregunta: ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ conlleva numerosas dimensiones. Tiene una dimensi√≥n hist√≥rica, pascual y sacramental. La primera lectura de hoy nos sugiere otra dimensi√≥n m√°s de la respuesta a la pregunta-lema de la Jornada mundial de la juventud: Cristo habita en su pueblo. Es el pueblo del que habla el Deuteronomio en relaci√≥n con la historia de Israel: ¬ęPor el amor que os tiene, os ha sacado el Se√Īor con mano fuerte y os ha liberado de la casa de servidumbre. (...) Has de saber, pues, que el Se√Īor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones a los que le aman y guardan sus mandamientos¬Ľ (Dt 7, 8-9). Israel es el pueblo que Dios eligi√≥ y con el cual hizo alianza.

En la nueva alianza, la elecci√≥n de Dios se extiende a todos los pueblos de la tierra. En Jesucristo, Dios ha elegido a toda la humanidad. √Čl ha revelado la universalidad de la elecci√≥n por la redenci√≥n. En Cristo no hay jud√≠o ni griego, ni esclavo ni libre; todos son uno (cf. Ga 3, 28). Todos han sido llamados a participar en la vida de Dios, gracias a la muerte y a la resurrecci√≥n de Cristo. Nuestro encuentro, en esta Jornada mundial de la juventud, ¬Ņno ilustra esta verdad? Todos vosotros, reunidos aqu√≠, venidos desde tantos pa√≠ses y continentes, sois los testigos de la vocaci√≥n universal del pueblo de Dios adquirido por Cristo. La √ļltima respuesta a la pregunta: ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ debe entenderse as√≠: yo habito en todos los seres humanos salvados. S√≠, Cristo habita en su pueblo, que ha extendido sus ra√≠ces por todos los pueblos de la tierra, el pueblo que le sigue a √©l, el Se√Īor crucificado y resucitado, el Redentor del mundo, el Maestro que tiene palabras de vida eterna, ¬ęla Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios¬Ľ (Lumen gentium, 13). El concilio Vaticano II ha dicho de modo admirable: es √©l quien ¬ęnos concedi√≥ participar de su Esp√≠ritu, que es el √ļnico y el mismo en la Cabeza y en los miembros¬Ľ (ib., 7). Gracias a la Iglesia, que nos hace participar de la misma vida del Se√Īor, podemos ahora recordar la palabra de Jes√ļs: ¬ę¬ŅA qui√©n iremos? ¬ŅA qui√©n otro iremos?¬Ľ (cf. Jn 6, 68).

6. Queridos jóvenes, vuestro camino no acaba aquí. El tiempo no se para hoy. Id por los caminos del mundo, por las rutas de la humanidad, permaneciendo unidos en la Iglesia de Cristo.

Continuad contemplando la gloria de Dios, el amor de Dios, y recibiréis la luz para construir la civilización del amor, para ayudar al hombre a ver el mundo transfigurado por la sabiduría y el amor eternos.

Perdonados y reconciliados, sed fieles a vuestro bautismo. Dad testimonio del Evangelio. Como miembros de la Iglesia, activos y responsables, sed discípulos y testigos de Cristo que revela al Padre. Permaneced en la unidad del Espíritu que da la vida.

La ley evangélica del amor lleva a los cristianos a transformar el mundo, como la levadura

Reflexión propuesta por el Santo Padre a los jóvenes participantes en la Jornada

Queridos jóvenes:

1. Acabamos de escuchar el evangelio del lavatorio de los pies. Con este gesto de amor, la noche del Jueves santo, el Se√Īor nos ayuda a comprender el sentido de la pasi√≥n y la resurrecci√≥n. El tiempo que vamos a vivir juntos hace referencia a la Semana santa y, en particular, a los tres d√≠as que nos recuerdan el misterio de la pasi√≥n, muerte y resurrecci√≥n de Cristo. Lo cual nos remite tambi√©n al proceso de iniciaci√≥n cristiana y del catecumenado, es decir, a la preparaci√≥n de los adultos para el bautismo, que en la Iglesia primitiva ten√≠a una importancia capital. La liturgia de la Cuaresma se√Īala las etapas de la preparaci√≥n de los catec√ļmenos para el bautismo, celebrado durante la Vigilia pascual. En los pr√≥ximos d√≠as acompa√Īaremos a Cristo en las √ļltimas etapas de su vida terrena y contemplaremos los grandes aspectos del misterio pascual, para dar firmeza a la fe de nuestro bautismo; manifestemos todo nuestro amor al Se√Īor, dici√©ndole, como hizo Pedro tres veces al borde del lago, despu√©s de la Resurrecci√≥n: "T√ļ sabes que te amo" (cf. Jn 21, 4-23)

El Jueves santo, mediante la instituci√≥n de la Eucarist√≠a y del sacerdocio, as√≠ como mediante el lavatorio de los pies, Jes√ļs mostr√≥ claramente a los Ap√≥stoles reunidos el sentido de su pasi√≥n y de su muerte. √Čl les introdujo tambi√©n en el misterio de la nueva Pascua y de la Resurrecci√≥n. El d√≠a de su condena y de su crucifixi√≥n por amor a los hombres, entreg√≥ su vida al Padre por la salvaci√≥n del mundo. La ma√Īana de Pascua, las santas mujeres, y despu√©s Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vac√≠o. El Se√Īor resucitado se apareci√≥ a Mar√≠a Magdalena, a los disc√≠pulos de Ema√ļs y a los Ap√≥stoles. La muerte no tiene la √ļltima palabra. Jes√ļs ha salido victorioso del sepulcro. Despu√©s de haberse retirado al cen√°culo, los Ap√≥stoles recibieron el Esp√≠ritu Santo, que les dio la fuerza para ser misioneros de la buena nueva.

2. El lavatorio de los pies, manifestaci√≥n del amor perfecto, es el signo de identidad de los disc√≠pulos. "Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros tambi√©n lo hag√°is"(Jn 13,15) . Jes√ļs, Maestro y Se√Īor, deja su lugar en la mesa para tomar el puesto de servidor. Invierte los papeles, manifestando la novedad radical de la vida cristiana. Ense√Īa humildemente que amar con palabras y obras consiste ante todo en servir a los hermanos. El que no acepta esto no puede ser su disc√≠pulo. Por el contrario, quien sirve recibe la promesa de la salvaci√≥n eterna.

Con el bautismo renacemos a la vida nueva. La existencia cristiana nos exige avanzar por el camino del amor. La ley de Cristo es la ley del amor. Esta ley, transformando el mundo, como la levadura, desarma a los violentos y devuelve su lugar a los d√©biles y m√°s peque√Īos, llamados a anunciar el Evangelio. En virtud del Esp√≠ritu recibido, el disc√≠pulo de Cristo se ve impulsado a ponerse al servicio de sus hermanos, en la Iglesia, en su familia, en su vida profesional, en las numerosas asociaciones y en la vida p√ļblica, en el orden nacional e internacional. Este estilo de vida es, en cierto modo, la continuaci√≥n del bautismo y de la confirmaci√≥n. Servir es el camino de la felicidad y de la santidad: nuestra vida se transforma, pues, en una forma de amor a Dios y a nuestros hermanos.

Lavando los pies de sus disc√≠pulos, Jes√ļs anticipa la humillaci√≥n de la muerte en la cruz, en la cual √©l servir√° al mundo de manera absoluta. Ense√Īa que su triunfo y su gloria pasan por el sacrificio y por el servicio: √©ste es tambi√©n el camino de cada cristiano. No hay amor m√°s grande que dar libremente la vida por los amigos (cf. Jn 15, 13), pues el amor salva el mundo, construye la sociedad y prepara la eternidad. De esta manera vosotros ser√©is los profetas de un mundo nuevo. ¬°Que el amor y el servicio sean las primeras reglas de vuestra vida! En la entrega de vosotros mismos descubrir√©is lo mucho que ya hab√©is recibido y que recibir√©is a√ļn como don de Dios.

3. Queridos j√≥venes, como miembros de la Iglesia os corresponde continuar el gesto del Se√Īor: el lavatorio de los pies prefigura todas las obras de amor y de misericordia que los disc√≠pulos de Cristo realizar√≠an a lo largo de la historia para hacer crecer la comuni√≥n entre los hombres. Hoy, tambi√©n vosotros est√°is llamados a comprometeros en este sentido, aceptando seguir a Cristo; anunci√°is que el camino del amor perfecto pasa por la entrega total y constante de s√≠ mismo. Cuando los hombres sufren, cuando son humillados por la miseria o la injusticia, y cuando son denigrados en sus derechos, poneos a su servicio; la Iglesia invita a todos sus hijos a esforzarse para que toda persona pueda vivir de una manera digna y ser reconocida en su dignidad primordial de hijo de Dios. Cada vez que servimos a nuestros hermanos no nos alejamos de Dios; al contrario, le encontramos en nuestro camino y le servimos. "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos m√≠os m√°s peque√Īos, a m√≠ me lo hicisteis" (Mt 25,40).

As√≠ damos gloria al Se√Īor, nuestro Creador y nuestro Salvador, contribuimos al crecimiento del reino de Dios en el mundo y al progreso de la humanidad.

Para recordar esta misión esencial de los cristianos hacia cada hombre, particularmente los más pobres, he querido, ya al comienzo de la Jornada mundial de la juventud, rezar en el lugar de los derechos del hombre en el Trocadéro. Juntos pedimos hoy especialmente por los jóvenes que no tienen la posibilidad ni los medios para vivir dignamente y recibir la educación necesaria para su crecimiento humano y espiritual a causa de la miseria, la guerra o la enfermedad. ¡Que todos ellos estén seguros del afecto y del apoyo de la Iglesia!

4. El que ama no hace c√°lculos, no busca ventajas. Act√ļa en secreto y gratuitamente en favor de sus hermanos, sabiendo que cada hombre, sea quien sea, tiene un valor infinito. En Cristo no hay personas inferiores o superiores. No hay m√°s que miembros de un mismo cuerpo, que quieren la felicidad unos de otros y que desean construir un mundo acogedor para todos. Por los gestos de atenci√≥n y por nuestra participaci√≥n activa en la vida social, testimoniamos a nuestro pr√≥jimo que queremos ayudarle para que llegue a ser √©l mismo y a dar lo mejor de s√≠ para su promoci√≥n personal y para el bien de toda la comunidad humana. La fraternidad se impone sobre la voluntad de dominio, y el servicio sobre la tentaci√≥n de poder.

Queridos j√≥venes, llev√°is en vosotros capacidades extraordinarias de entrega, de amor y de solidaridad. El Se√Īor quiere reavivar esta generosidad inmensa que anima vuestro coraz√≥n. Os invito a venir a beber a la fuente de la vida, que es Cristo, a fin de inventar cada d√≠a los medios para servir a vuestros hermanos en el seno de la sociedad en la cual os corresponde asumir vuestras responsabilidades de hombres y de creyentes. En los sectores sociales, cient√≠ficos y t√©cnicos, la humanidad tiene necesidad de vosotros. Cuidad el perfeccionamiento continuo de vuestra cualificaci√≥n profesional, con el fin de ejercer vuestra profesi√≥n con competencia y, al mismo tiempo, no dej√©is de profundizar vuestra fe, que iluminar√° todas las decisiones que en vuestra vida profesional y en vuestro trabajo habr√©is de tomar para el bien de vuestros hermanos. Si dese√°is ser reconocidos por vuestras cualidades profesionales, ¬Ņc√≥mo no sentir tambi√©n el deseo de acrecentar vuestra vida interior, fuente de todo dinamismo humano?

5. El amor y el servicio dan sentido a nuestra vida y la hacen hermosa, pues sabemos por qu√© y por qui√©n nos comprometemos. Es en el nombre de Cristo, el primero que nos ha amado y servido. ¬ŅHay algo m√°s grande que el saberse amado? ¬ŅC√≥mo no responder alegremente a la llamada del Se√Īor? El amor es el testimonio por excelencia que abre a la esperanza. El servicio a los hermanos transfigura la existencia, pues manifiesta que la esperanza y la vida fraterna son m√°s fuertes que toda tentaci√≥n de desesperaci√≥n. El amor puede triunfar en cualquier circunstancia.

Desconcertado por el humilde gesto de Jes√ļs, Pedro le dice: "Se√Īor, ¬Ņlavarme los pies t√ļ a m√≠? Jam√°s" (Jn 13, 6.8). Como √©l, tardamos tiempo en comprender el misterio de salvaci√≥n, y a veces nos resistimos a emprender el sencillo camino del amor. S√≥lo el que se deja amar puede a su vez amar. Pedro permiti√≥ que el Se√Īor le lavara los pies. Se dej√≥ amar y despu√©s lo comprendi√≥. Queridos j√≥venes, haced la experiencia del amor de Cristo: ser√©is conscientes de lo que √©l ha hecho por vosotros y entonces lo comprender√©is. S√≥lo el que vive en intimidad con su Maestro lo puede imitar. El que se alimenta del Cuerpo de Cristo encuentra la fuerza del gesto fraterno. Entre Cristo y su disc√≠pulo se entabla de ese modo una relaci√≥n de cercan√≠a y de uni√≥n, que transforma el ser en profundidad para hacer de √©l un servidor. Queridos j√≥venes, es el momento de preguntaros c√≥mo servir a Cristo. En el lavatorio de los pies hallar√©is el camino real para encontrar a Cristo, imit√°ndole y descubri√©ndole en vuestros hermanos.

6. En vuestro apostolado, propon√©is a vuestros hermanos el evangelio de la caridad. Donde el testimonio de la palabra es dif√≠cil o imposible en un mundo que no lo acepta, por vuestra actitud hac√©is presente a Cristo siervo, pues vuestra acci√≥n est√° en armon√≠a con la ense√Īanza de Aquel que anunci√°is. Esta es una forma excelente de confesi√≥n de la fe, que han practicado con humildad y perseverancia los santos. Es una manera de manifestar que, como Cristo, se puede sacrificar todo por la verdad del Evangelio y por el amor a los hermanos. Conformando nuestra vida a la suya, viviendo como √©l en el amor, alcanzaremos la verdadera libertad para responder a nuestra vocaci√≥n. A veces, esto puede exigir el hero√≠smo moral, que consiste en comprometernos con valent√≠a en el seguimiento de Cristo, con la certeza de que el Maestro nos muestra el camino de la felicidad. √önicamente en nombre de Cristo se puede ir hasta el extremo del amor, en la entrega y el desprendimiento.

Queridos j√≥venes, la Iglesia conf√≠a en vosotros. Cuenta con vosotros para que se√°is los testigos del Resucitado a lo largo de toda vuestra vida. Vais ahora hacia los lugares de las diferentes vigilias. De manera festiva o en meditaci√≥n, volved vuestra mirada a Cristo, para comprender el sentido del mensaje divino y encontrar la fuerza para la misi√≥n que el Se√Īor os conf√≠a en el mundo, ya sea en un compromiso como laicos, ya en la vida consagrada. Realizando de ese modo vuestra existencia cotidiana con lucidez y esperanza, sin pesadumbre o des√°nimo, compartiendo vuestras experiencias, percibir√©is la presencia de Dios, que os acompa√Īa con delicadeza. A la luz de la vida de los santos y de otros testigos del Evangelio, ayudaos unos a otros a fortalecer vuestra fe y a ser los ap√≥stoles del a√Īo 2000, recordando al mundo que el Se√Īor nos invita a su alegr√≠a y que la verdadera felicidad consiste en darse por amor a los hermanos. Dad vuestra aportaci√≥n a la vida de la Iglesia, que tiene necesidad de vuestra juventud y de vuestro dinamismo.

Saludos del Santo Padre a los jóvenes de los diversos países

Francés

Quisiera saludar ahora a todos nuestros amigos que nos siguen a trav√©s de la radio y la televisi√≥n. Entre ellos, dirijo un pensamiento particular a los j√≥venes¬Ľ de la regi√≥n de los Grandes Lagos, en Africa central, que nos escuchan en Goma.

Queridos amigos, conocemos las pruebas que han sufrido vuestros pueblos. Con vuestros compa√Īeros de Par√≠s, os digo: ¬°No os desanim√©is y seguid siendo constructores de reconciliaci√≥n y de paz!

Inglés

Ha llegado la hora de despedirnos. Al volver a vuestras familias y a vuestros amigos, en todos los numerosos países de donde provenís, llevad con vosotros la alegría y la luz de Cristo.

¬ęJesucristo, el √ļnico Salvador del mundo, es el mismo ayer, hoy y siempre¬Ľ (cf. Hb 13, 8). √Čl es el √ļnico verdadero faro de esperanza para la familia humana, llamada a afrontar enormes desaf√≠os en el camino hacia la libertad, la justicia y la paz aut√©nticas entre los pueblos y las naciones. Es tambi√©n el Maestro, que ilumina el camino de cada uno de nosotros; es nuestra valent√≠a y nuestra fuerza.

El Papa os invite a confiar en él, a seguirlo a dondequiera que os llame. Que el Espíritu Santo os colme de sabiduría y valentía. ¡No tengáis miedo! La victoria ya pertenece a Cristo. Y cada uno de vosotros es una parte importante de su misión y su victoria. ¡La gracia de Cristo esté siempre con vosotros!

Espa√Īol

J√≥venes latinoamericanos y espa√Īoles que os acompa√Īe siempre el gozo de la amistad sincera y la experiencia interior de la vida nueva que s√≥lo Cristo puede dar. Conservad el entusiasmo de estos d√≠as, para que sigan floreciendo entre vosotros numerosas formas de compromiso en favor de la Iglesia y de la humanidad. Llevad el saludo entra√Īable del Papa a vuestras familias, a vuestros amigos, a los pueblos y naciones de donde ven√≠s.

Alem√°n

Os doy mi cordial saludo también a vosotros queridos jóvenes de los países de lengua alemana. Como en el bautismo habéis acogido a Cristo, así también toda vuestra vida debe ser un signo de reconocimiento de que Cristo sigue actuando hoy en el mundo.

Polaco

Queridos j√≥venes amigos, al t√©rmino de nuestro encuentro encomiendo a la Madre de Dios todos los frutos que han brotado en vuestro coraz√≥n, gracias a la obra del Esp√≠ritu Santo, que nos ha unido durante estas jornadas. Con la Virgen inmaculada, demos gracias al Todopoderoso por las maravillas que ha realizado en nosotros; con alegr√≠a, deseamos proclamar su santo nombre (cf. Lc 1, 49). Que Mar√≠a os envuelva a cada uno con su protecci√≥n materna y os obtenga las gracias necesarias, para que, con perseverancia y eficacia, se√°is testigos de una fe profunda, de un amor solicito y de una esperanza indefectible. Recordad que el hombre contempor√°neo necesita este testimonio, puesto que se plantea siempre esta pregunta esencial: ¬Ņd√≥nde est√° la morada de Dios? ¬Ņd√≥nde se puede encontrar a Cristo, para entrar en esta relaci√≥n particular, para ¬ęestar con √©l¬Ľ? Est√°is llamados a tener la valent√≠a de seguir a Cristo e indicar a los dem√°s el camino que lleva a √©l. Que vuestro testimonio fortalezca la fe de nuestros hermanos, en nuestra patria y dondequiera que vivan.

En fin, quisiera invitaros a la pr√≥xima Jornada mundial de la juventud que, si Dios quiere, viviremos en Roma, en el a√Īo 2000, durante el gran jubileo, ante la tumba de los ap√≥stoles Pedro y Pablo. Que durante este periodo de preparaci√≥n para el tercer milenio Dios bendiga todas vuestra obras buenas. Transmitid mi saludo y mi bendici√≥n a vuestros familiares, a vuestros sacerdotes, a vuestros educadores y a vuestros amigos.

Ucranio

Al t√©rmino de nuestro encuentro, queridos j√≥venes de lengua ucrania, os encomiendo al Se√Īor. En medio de vuestros compa√Īeros, sed testigos de Cristo que ha estado cerca de vosotros durante esta Jornada mundial y que os llama a ser sus disc√≠pulos y constructores de una sociedad solidaria y fraterna.

Eslovaco

Jóvenes amigos de Eslovaquia, os invito a reavivar los dones que Dios ha derramado en vosotros, para que tengáis la fuerza de comprometeros por Cristo, en su Iglesia y entre las personas que encontráis todos los días.

Checo

Queridos jóvenes checos, que el nuevo dinamismo que habéis encontrado durante esta Jornada mundial os haga creativos en el anuncio del Evangelio y en un compromiso renovado al servicio de vuestros hermanos.

Croata

Queridos amigos de Croacia y de Bosnia-Herzegovina, durante esta Jornada mundial habéis confirmado vuestra fe en Cristo Salvador y habéis hecho una experiencia particularmente significativa de vida fraterna y de diálogo entre las culturas. Convertíos en testigos del Evangelio y llevad a los jóvenes de vuestro país la paz de Cristo, para edificar juntos una sociedad en la que se reconozca y se respete a todos en su dignidad de hijos de Dios.

Coreano

Queridos j√≥venes, que el Se√Īor os acompa√Īe y haga de vosotros testigos fraternos de los dones de Dios y constructores de paz.

Vietnamita

J√≥venes bautizados de Vietnam, la oraci√≥n de vuestros hermanos del mundo os acompa√Īa en vuestro itinerario espiritual y humano como disc√≠pulos de Cristo.

Italiano

Queridos j√≥venes, os doy cita para la pr√≥xima Jornada mundial de la juventud en Roma, durante el verano del a√Īo 2000. Estoy convencido de que ir√©is en gran n√ļmero a ese encuentro extraordinario. Durante el gran jubileo del a√Īo 2000, viviremos juntos una experiencia de comuni√≥n espiritual, que marcar√° ciertamente vuestra vida.

Quien viva, verá. Gracias por las espléndidas jornadas de París. Nos vemos en Roma.

La celebración de la XII Jornada mundial de la juventud en París

Catequesis del Papa durante la audiencia general

Miércoles 27 de agosto

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Con gran alegr√≠a he podido participar en Par√≠s, durante los d√≠as pasados, en la XII Jornada mundial de la juventud. Doy vivamente gracias al Se√Īor, que me ha concedido vivir esta extraordinaria experiencia de fe y esperanza.

Expreso con gusto mi agradecimiento al se√Īor presidente de la Rep√ļblica francesa y a todas las autoridades por la amable acogida que me han dispensado. Doy las gracias tambi√©n a cuantos, en diversos niveles, han contribuido eficazmente al ordenado y pac√≠fico desarrollo de toda la manifestaci√≥n.

Mi agradecimiento se extiende asimismo, con fraterna cordialidad, al cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de Par√≠s; a monse√Īor Michel Dubost, presidente del comit√© organizador; y a toda la Conferencia episcopal francesa por el gran esmero con que se prepararon y desarrollaron las diversas fases del encuentro mundial. Por √ļltimo, dirijo unas palabras de gratitud cordial a todos los voluntarios, as√≠ como a las familias que, con su generosa disponibilidad, hicieron posible la participaci√≥n de tantas personas en una manifestaci√≥n eclesial tan importante.

2. La XII Jornada mundial de la juventud ha visto la participaci√≥n, en un n√ļmero superior a toda previsi√≥n, de chicos y chicas procedentes de alrededor de 160 pa√≠ses de toda la tierra. Se dieron cita en la capital francesa para manifestar la alegr√≠a de su fe en Cristo y para experimentar el gozo de estar juntos como miembros de la √ļnica Iglesia de Cristo. Al llegar a Francia, encontraron la disponibilidad generosa de sus coet√°neos franceses, que los acogieron con esp√≠ritu de fraternidad y cordialidad, primero en todo el pa√≠s, y despu√©s en Ile de France. Fue para ellos una ocasi√≥n particularmente feliz para descubrir el patrimonio cultural y espiritual de Francia, cuyo lugar en la historia de la Iglesia es muy conocido. As√≠ pudieron confrontarse con una Iglesia viva y una sociedad din√°mica y abierta.

Quedar√° seguramente grabado en la memoria de todos el recuerdo de las estupendas liturgias que jalonaron los momentos m√°s significativos del Triduum, que culmin√≥ en la celebraci√≥n solemne del domingo 24 de agosto. Tanto en el marco sugestivo de Notre Dame, donde tuvo lugar la beatificaci√≥n de Federico Ozanam, como en la catedral de luces creada en Longchamp para la vigilia bautismal, los ritos se desarrollaron en un clima de intensa religiosidad, a la que aportaron su contribuci√≥n la m√ļsica y los cantos inspirados en culturas diversas y ejecutados con el estilo apropiado.

3. El tema central que gui√≥ la reflexi√≥n en las diversas etapas del encuentro fue la pregunta que dos disc√≠pulos hicieron un d√≠a a Jes√ļs: ¬ęMaestro, ¬Ņd√≥nde vives?¬Ľ y que recibieron la respuesta: ¬ęVenid y lo ver√©is¬Ľ (Jn 1, 38 s). Con ella el Se√Īor los invitaba a entrar en relaci√≥n directa con √©l, para compartir su camino (¬ęvenid¬Ľ) y conocerlo a fondo a √©l (¬ęver√©is¬Ľ).

El mensaje era claro: para comprender a Cristo no basta escuchar su ense√Īanza; es preciso compartir su vida, hacer de alguna manera la experiencia de su presencia viva. El tema de la Jornada mundial de la juventud se insert√≥ en la preparaci√≥n para el gran jubileo del a√Īo 2000, que quiere volver a proponer al hombre de hoy a Jesucristo, √ļnico Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre.

Esta Jornada mundial pretend√≠a ofrecer a los j√≥venes que buscan el sentido √ļltimo de su vida la respuesta: el descubrimiento de Cristo, Verbo encarnado para la salvaci√≥n del hombre, adem√°s de iluminar el misterio humano m√°s all√° de la muerte, confiere la capacidad de construir en el tiempo una sociedad en la que se respete la dignidad humana y sea real la fraternidad.

4. El hilo conductor que inspiró la reflexión y la oración, y que dio unidad a las grandes reuniones, fue la referencia a la celebración que la Iglesia realiza del misterio pascual en el Triduo sacro.

En el grandioso escenario del Campo de Marte, dominado por la soberbia mole de la torre Eiffel, tuvo lugar el primer encuentro con la juventud: se volvi√≥ a escuchar la gran lecci√≥n del servicio al pr√≥jimo, que Jes√ļs dio con el lavatorio de los pies, y se dirigi√≥ a los j√≥venes la invitaci√≥n a meditar, durante las diversas vigilias de la velada, en el sacramento de la Eucarist√≠a, manantial inagotable de todo aut√©ntico amor.

En este contexto result√≥ rica de significado la beatificaci√≥n de Federico Ozanam, ap√≥stol de la caridad y fundador de las Conferencias de San Vicente de Pa√ļl, adem√°s de insigne ejemplo de profundo intelectual cat√≥lico. El discurso sobre el amor fue desarrollado a√ļn m√°s en el V√≠a crucis del viernes, en el que la atenci√≥n se concentr√≥ en el don supremo que Cristo Servidor hizo de s√≠ mismo para la salvaci√≥n del mundo.

La sugestiva Vigilia bautismal del sábado, que se celebró en el hipódromo de Longchamp, permitió reflexionar detenidamente en el nuevo nacimiento del cristiano y en su llamada a vivir una relación de comunión personal con el Redentor.

El domingo 24, por √ļltimo, tuvo lugar la gran celebraci√≥n eucar√≠stica, durante la cual se volvi√≥ a reflexionar en el tema central: es necesario ir a Cristo (¬ęvenid¬Ľ), para descubrir cada vez m√°s a fondo su verdadera identidad (¬ęver√©is¬Ľ). En √©l el creyente, a trav√©s de la ¬ęlocura¬Ľ de la cruz, llega a la suprema sabidur√≠a del amor y, en torno a la mesa de la Eucarist√≠a, descubre la unidad profunda que hace de personas provenientes de todo el mundo un √ļnico Cuerpo m√≠stico.

El espect√°culo que ofrecieron los j√≥venes en la inmensa explanada de Longchamp fue la confirmaci√≥n elocuente de esta verdad: a pesar de la diversidad de lengua, cultura, nacionalidad y color de la piel, los chicos y chicas de los cinco continentes se dieron la mano, se intercambiaron saludos y sonrisas, oraron y cantaron juntos. Se ve√≠a claramente que todos se sent√≠an como en su propia casa, como miembros de una √ļnica y gran familia. A un mundo marcado por divisiones de todo tipo, dominado por la indiferencia rec√≠proca, expuesto a la angustia de la alienaci√≥n global, los j√≥venes lanzaron desde Par√≠s un mensaje: la fe en Cristo crucificado y resucitado puede fundar una fraternidad nueva, en la que todos nos aceptamos mutuamente porque nos amamos.

5. Al final de la gran concelebraci√≥n, durante la plegaria del √Āngelus, tuve la alegr√≠a de anunciar la pr√≥xima proclamaci√≥n de santa Teresa de Lisieux como doctora de la Iglesia. Teresa, joven tambi√©n, como los participantes en la Jornada mundial, comprendi√≥ de modo admirable el anuncio asombroso del amor de Dios, recibido como don y vivido con la humilde confianza y la sencillez de los peque√Īos que, en Jesucristo, se abandonan totalmente al Padre. Y se convirti√≥ en su maestra autorizada para el presente y el futuro de la Iglesia.

Lo que hemos vivido juntos en París los días pasados ha sido un extraordinario acontecimiento de esperanza, una esperanza que del corazón de los jóvenes se ha irradiado a todo el mundo. Oremos para que el impulso de tantos chicos y chicas, procedentes de los cuatro ángulos de la tierra, prosiga y dé frutos abundantes en la Iglesia siempre joven del nuevo milenio.

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