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Congregación para la Educación Católica, Instrucción sobre el estudio de los Padres de la Iglesia en la Formación Sacerdotal
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Instrucción sobre el estudio de los Padres de la Iglesia en la formación sacerdotal

INTRODUCCI√ďN

1 En atención a las particulares necesidades actuales de los estudios teológicos en los Institutos de formación sacerdotal, esta Congregación, después de haberse ocupado a su tiempo del estudio de los Padres de la Iglesia globalmente, desea, ahora, dedicar la presente Instrucción a algunos problemas concernientes a tal tema.

La invitaci√≥n a cultivar m√°s intensamente la patr√≠stica en los Seminarios y en las Facultades teol√≥gicas podr√≠a sorprender sin duda a algunos. ¬ŅPor qu√©, en efecto, se nos podr√≠a preguntar, se invita a los profesores y a los estudiantes a volverse hacia el pasado cuando hoy, en la Iglesia y en la sociedad, se dan tantos y tan graves problemas que exigen ser resueltos urgentemente? Se puede encontrar una respuesta adecuada a esta pregunta si se echa una mirada global a la historia de la teolog√≠a, si se consideran atentamente alguna caracter√≠sticas del clima cultural actual, y si se presta atenci√≥n a las necesidades profundas y a las nuevas orientaciones de la espiritualidad y de la pastoral.

2 El reexamen de las varias etapas de la historia de la teolog√≠a revela que la reflexi√≥n teol√≥gica nunca ha renunciado a la presencia afianzadora y orientadora de los Padres. Al contrario, ella ha tenido siempre la viva conciencia de que en los padres hay algo de especial, de irrepetible y de perennemente v√°lido, que contin√ļa viviendo y resiste a la fugacidad del tiempo. Como se expres√≥ a tal prop√≥sito el Sumo Pont√≠fice Juan Pablo II, "de la vida extra√≠da de sus Padres la Iglesia vive todav√≠a hoy; sobre los fundamentos puestos por sus primeros constructores todav√≠a se edifica hoy en el gozo y en la pena de su camino y de su esfuerzo diario".

3 La consideración del actual clima cultural hace además que aparezcan las muchas analogías que unen el tiempo presente con la época patrística no obstante las diferencias evidentes. Como entonces, también hoy la Iglesia está realizando un delicado discernimiento de los valores espirituales y culturales, en un proceso de asimilación y de purificación , que le permite mantener su identidad y ofrecer, en el complejo panorama cultural de hoy, las riquezas que la expresividad humana de la fe puede y debe dar a nuestro mundo. Todo esto constituye un reto para la vida de la Iglesia entera y, en modo particular, para la Teología, la cual para cumplir adecuadamente sus obligaciones, no puede dejar de investigar en las obras de los Padres, como análogamente investiga en la Sagrada Escritura.

4 La observaci√≥n de la realidad eclesial actual muestra, en fin, c√≥mo las exigencias de la pastoral general de la Iglesia, y, en modo particular, las nuevas corrientes de espiritualidad reclaman alimento s√≥lido y fuentes seguras de inspiraci√≥n. Frente a la esterilidad de tantos esfuerzos, el pensamiento se vuelve espont√°neamente a aquel saludable soplo de verdadera sabidur√≠a y autenticidad cristiana que emana de las obras patr√≠sticas. Es un soplo que ya ha contribuido, incluso recientemente, a profundizar numerosas problem√°ticas lit√ļrgicas, ecum√©nicas, misioneras y pastorales que, recibidas del Concilio Vaticano II, son consideradas por la Iglesia de hoy fuente de aliento y de luz.

Los Padres, por consiguiente, demuestran una vitalidad siempre actual y tienen muchas cosas que decir a quien estudia o ense√Īa teolog√≠a. Es por esta raz√≥n que la Congregaci√≥n para la Educaci√≥n Cat√≥lica se dirige ahora a los Responsables de la formaci√≥n de los sacerdotes para proponerles algunas reflexiones sobre la situaci√≥n actual de los estudios patr√≠sticos (I), sobre sus m√°s profundas motivaciones (II), sus m√©todos (III) y sobre su programaci√≥n concreta (IV).

I. ASPECTOS DE LA SITUACI√ďN ACTUAL

El tratamiento de los temas aludidos supone como punto de partida el conocimiento de la situación en que se encuentran hoy los estudios patrísticos. Nos preguntamos, por tanto, cuál es hoy el puesto que se les reserva la preparación de los futuros sacerdotes y cuáles sean las orientaciones de la Iglesia al respecto.

1. LOS PADRES EN LOS ESTUDIOS TEOL√ďGICOS DE HOY

5 El estado actual de la patr√≠stica en los Institutos de formaci√≥n sacerdotal est√° en estrecha relaci√≥n con las condiciones generales de la ense√Īanza de la teolog√≠a: con su planteamien-to, estructura e inspiraci√≥n fundamentales; con la calidad y preparaci√≥n de los profesores, con el nivel intelectual y espiri-tual de los alumnos, con el estado de las bibliotecas y con la disponibilidad de los medios did√°cticos. Su situaci√≥n no es igual en todas partes; no s√≥lo difieren de un pa√≠s a otro, sino incluso es distinta en las diversas di√≥cesis de cada naci√≥n. Con todo se pueden se√Īalar a tal respecto, a nivel de Iglesia universal, aspectos positivos, as√≠ como tambi√©n ciertas situaciones y tendencias, que presentan, a veces, problemas para los estudios eclesi√°sticos.

6 a) La inserción de la dimensión histórica en el trabajo científico de los teólogos, que ha tenido lugar en los comienzos de nuestro siglo, ha atraído la atención, entre otros, también sobre los Padres de la Iglesia. Esto se ha demostrado extraordinariamente provechoso y fecundo, porque ha hecho posible un mayor conocimiento de los orígenes cristianos, de la génesis y de la evolución histórica de las diversas cuestiones y doctrinas, y también, porque el estudio de los Padres ha encontrado algunos cultivadores verdaderamente eruditos e inteligentes que han sabido poner en evidencia el nexo vital que rige entre la Tradición y los problemas más urgentes del momento presente. Gracias a un tal acceso a las fuentes, los largos y fatigosos trabajos de investigación histórica no se han quedado reducidos a una mera investigación del pasado, sino que han influido en las orien-taciones espirituales y pastorales de la Iglesia actual, indican-do el camino hacia el futuro. Es natural que la teología se haya aprovechado grandemente de ellos.

7 b) Tal inter√©s por los Padres contin√ļa incluso, aunque en condiciones distintas. A pesar de un notable decaimiento general de la cultura human√≠stica, se nota aqu√≠ y all√° un despertar en el campo patr√≠stico, que implica no s√≥lo a insignes estudiosos del clero religioso y diocesano, sino tambi√©n a numerosos representantes del laicado. En estos √ļltimos tiempos van multiplic√°ndose √≥ptimas publicaciones de colecciones patr√≠sticas y de monograf√≠as cient√≠ficas, que son, sin duda, el √≠ndice m√°s evidente de una verdadera hambre del patrimonio espiritual de los Padres; fen√≥me-no consolador que tambi√©n se da positivamente en las Facultades teol√≥gicas y en los Seminarios. Sin embargo, la evoluci√≥n verifi-cada en el campo teol√≥gico y cultural en general, pone en eviden-cia ciertas insuficiencias y diversos obst√°culos a la seriedad del trabajo que no deben ser ignorados.

8 c) No faltan hoy concepciones o tendencias teológicas que, contrariamente a las indicciones del Decreto "Optatam totius" (n.16), prestan escasa atención al testimonio de los Padres y, en general, de la Tradición eclesiástica, limitándose a la confrontación directa de los datos bíblicos con las realidades sociales y con los problemas concretos de la vida, analizados con la ayuda de las ciencias humanas. Se trata de corrientes teológicas que prescinden de la dimensión histórica de los dogmas y para las que los inmensos esfuerzos de la época patrística y del medioevo no parecen tener alguna importancia. En tales casos, el estudio de los Padres queda reducido al mínimo e incluido prácticamente en el rechazo global del pasado.

Como se ve en el ejemplo de varias teologías de nuestro tiempo, separadas del cauce de la Tradición, la actividad teológica, en estos casos, se reduce a un puro "biblicismo" o llega a ser prisionera del propio horizonte histórico, abandonado prácti-camente a sí mismo, creyendo hacer teología, no hace en realidad sino historicismo, sociologismo, etc., rebajando los contenidos del Credo a una dimensión puramente terrena.

9 d) Se refleja tambi√©n negativamente sobre los estudios patr√≠sticos una cierta unilateralidad que se advierte hoy en diversos casos en los m√©todos exeg√©ticos. La ex√©gesis moderna, que se sirve de las ayudas de la cr√≠tica hist√≥rica y literaria, proyecta una sombra sobre las aportaciones exeg√©ticas de los Padres a las que se las considera simplistas y, en sustancia, in√ļtiles para un profundo conocimiento de la Sagrada Escritura. Tales orientaciones, al mismo tiempo que empobrecen y desnaturalizan la ex√©gesis misma, quebrando su natural unidad con la Tradici√≥n, disminuyen indudablemente la estima y el inter√©s por las obras patr√≠sticas. La ex√©gesis de los Padres, en cambio podr√≠a abrirnos los ojos a otras dimensiones de la ex√©gesis espiritual y de la hermen√©utica que completar√≠an la hist√≥rico-cr√≠tica, enriqueci√©ndola de intuiciones profundamente teol√≥gicas.

10 e) Adem√°s de las dificultades provenientes de ciertas orientaciones exeg√©ticas, es necesario mencionar tambi√©n aquellas que nacen de concepciones distorsionadas de la Tradici√≥n. En alg√ļn caso, en efecto, en lugar de la concepci√≥n de una Tradici√≥n viva, que progresa y se desarrolla con el devenir de la historia, se tiene de ella otra demasiado r√≠gida, llamada a veces "integrista", que reduce la Tradici√≥n a la repetici√≥n de modelos pasados y hace de ella un bloque monol√≠tico y fijo, que no deja lugar alguno al desarrollo leg√≠timo y a la necesidad de la fe de responder a las nuevas situaciones. En tal caso, se crean f√°cilmente prejuicios contra la Tradici√≥n como tal, que no favorecen un acceso sereno a los Padres de la Iglesia.

Parad√≥jicamente repercute de modo desfavorable sobre el aprecio de la √©poca patr√≠stica la misma concepci√≥n de la Tradici√≥n eclesi√°stica viva, cuando los te√≥logos al insistir sobre el igual valor de todos los momentos hist√≥ricos, no tienen suficien-temente en cuenta lo espec√≠fico de la contribuci√≥n aportada por los Padres al patrimonio com√ļn de la Tradici√≥n.

11 f) Además muchos estudiantes actuales de teología, provenientes de escuelas de tipo técnico, no disponen de aquel cono-cimientos de las lenguas clásicas, que se precisa para un cono-cimiento serio de las obras de los Padres. Como consecuencia, la situación de la patrística en los Institutos de formación sacer-dotal se resiente notoriamente de los cambios culturales actuales, caracterizados por un creciente espíritu científico y tecnológico, que privilegia casi exclusivamente los estudios de las ciencias naturales y humanas, descuidando la cultura humanística.

12 g) En fin, en algunos Institutos de formaci√≥n sacerdotal, los programas de estudio est√°n tan sobrecargados de las diferentes nuevas disciplinas consideradas m√°s necesarias y m√°s "actuales", que no queda espacio suficiente para la patr√≠stica. Esta, consecuentemente, debe contentarse con pocas horas semanales, o como soluci√≥n de emergencia, ser estudiada en el marco de la historia de la Iglesia antigua. A tal dificultad se a√Īade a menudo la falta de colecciones patr√≠sticas y de adecuados apoyos bibliogr√°ficos en las bibliotecas.

2. LOS PADRES EN LAS ORIENTACIONES DE LA IGLESIA

Lo expuesto sobre el estado actual de los estudios patrísticos no sería completo, si no se mencionaran las relativas normas oficiales de la Iglesia. Ellas, como se verá, ponen en evidencia los valores teológicos, espirituales y pastorales contenidos en las obras de los Padres, con el intento de hacerlas provechosas para la preparación de los futuros sacerdotes.

13 a) Entre las orientaciones ocupan el primer lugar, las indicaciones del Concilio Vaticano II concernientes al m√©todo de la ense√Īanza teol√≥gica, y al papel de la Tradici√≥n en la interpretaci√≥n y en la transmisi√≥n de la Sagrada Escritura.

En el n. 16 del Decreto "Optatam totius" se prescribe para la ense√Īanza de la dogm√°tica el m√©todo gen√©tico, nunca en contraposici√≥n con la necesidad de profundizar los misterios de la teolog√≠a y de "descubrir su conexi√≥n, por medio de la especulaci√≥n, bajo el magisterio de Sto. Tom√°s" (ib) m√©todo que en la segunda etapa contempla elconocimiento de la contribuci√≥n de los Padres de la Iglesia Oriental y Occidental a la "transmisi√≥n y al desarrollo de cada una de las verdades reveladas".

Dicho método tan importante para la comprensión del desarrollo dogmático, fue confirmado en el reciente Sínodo extraordinario de los Obispos de 1985 (cfr. Relatio finalis, II, B, n.4).

14 La importancia, quelos Padres tienen para la teología y, en modo particular, para la comprensión de la Sagrada Escritura, se deduce, además, con gran claridad de algunas de las declaraciones de la Constitución "Dei verbum" sobre el valor y papel de la Tradición:

"La Tradici√≥n y la Escritura est√°n estrechamente unidas y compenetradas... la Tradici√≥n transmite √≠ntegra la palabra de Dios, encomendada por Cristo Se√Īor y el Esp√≠ritu Santo a los Ap√≥stoles, a sus sucesores...; de ah√≠ que la Iglesia no casa exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y as√≠ ambas se han de recibir con el mismo esp√≠ritu de piedad y reverencia " (n.9).

Como se ve, la Sagrada Escritura que debe ser "el alma de la teología" y "su fundamento perenne" (n.24), forma una unidad inseparable con la Sagrada Tradición, "un solo depósito de la palabra de Dios confiado a la Iglesia... que no puede subsistir independientemente" (n.10). Y son precisamente "las afirmaciones de los Santos Padres" las que "atestiguan la presencia de esta Tradición cuyas riquezas penetran la práctica y la vida de la Iglesia que cree y ora" (n.8). Por tanto hoy, no obstante los innegables progresos conseguidos por la exégesis moderna, la Iglesia "que se preocupa por alcanzar un conocimiento cada vez más profundo de la Sagrada Escritura, para alimentar continuamente a sus hijos con las palabras divinas..., con razón favorece también el estudio de los Santos Padres del Oriente y del Occidente, y de la Sagrada Liturgia" (n.23).

15 b) La Congregación para la Educación Católica, en la "Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis" y en el documento sobre "La formación teológica de los futuros sacerdotes" reafirma las sobredichas prescripciones del Concilio Vaticano II, poniendo de relieve algunos aspectos importantes:

Frente a ciertas tendencias reductivas en teología dogmática, se insiste sobre la integridad y sobre la totalidad del método genético, demostrando su validez y valores didácticos, así como también las condiciones que se requieren para su recta aplicación; a tal propósito se hace expresa referencia a la etapa patrístico-histórica.

Seg√ļn la "Ratio fundamentales" los profesores y los alumnos deben adherirse fielmente a la palabra de Dios, contenida en la Escritura y en la Tradici√≥n... deduciendo su verdadero sentido "principalmente de las obras de los Santos Padres". Ellos merecen gran estima porque "su obra pertenece a la tradici√≥n viviente de la Iglesia a la cual, por disposici√≥n providencial, ellos han hecho aportaciones de valor duradero en √©pocas m√°s favorables a la s√≠ntesis de raz√≥n y fe". Un mayor acercamiento a los Padres puede considerarse, por tanto, como el medio mas eficaz para descubrir la fuerza vital de la formaci√≥n teol√≥gica y, sobre todo, para insertarse en el dinamismo de la Tradici√≥n, "que preserva de un exagerado individualismo, garantizado objetividad de pensamiento".

Para que tales exhortaciones no quedasen en letra muerta, se dan en el citado documento sobre "La formación teológica de los futuros sacerdotes" algunas normas para el estudio sistemático de la patrística (nn. 85-88).

16 c) Los impulsos dados por el Concilio y por la Congregaci√≥n para la Educaci√≥n Cat√≥lica al estudio de los Padres han sido acentuados en estos √ļltimos decenios en diversas ocasiones por los Sumos Pont√≠fices. Sus intervenciones, como las de sus insignes Predecesores, se distinguen por la variedad y penetraci√≥n de sus reflexiones sobre la actual situaci√≥n teol√≥gica y espiritual:

"El estudio de los Padres, de gran utilidad para todos, es de necesidad imperiosa para aquellos que tienen a pecho la renovaci√≥n teol√≥gica, pastoral y espiritual promovida por el Concilio y quieren cooperar en la misma. El pensamiento patr√≠stico es cristoc√©ntrico; es ejemplo de una teolog√≠a unificada vivida y madurada en contacto con los problemas del ministerio pastoral; es un √≥ptimo modelo de catequesis, fuente para el conocimiento de la Sagrada Escritura y de la Tradici√≥n, as√≠ como tambi√©n del hombre total y de la verdadera identidad cristiana". Los Padres, "en efecto, son una estructura estable de la IGLESIA, y para la Iglesia de todos los tiempos cumplen una funci√≥n perenne. De modo de todo anuncio o magisterio posterior, si quiere ser aut√©ntico, debe confrontarse con su anuncio y su magisterio; todo carisma y todo ministerio debe encontrar la fuente vital de su paternidad; y todo piedra nueva a√Īadida al edificio... debe asentarse sobre las estructuras ya establecidas por ellos y en ellas afirmarse y compenetrarse".

Los apremios al estudio m√°s intenso de la patr√≠stica no faltan, pues. Son numerosos y bien motivados. Ahora bien, para hacer tales solicitaciones m√°s expl√≠citas todav√≠a, consideramos √ļtil exponer a continuaci√≥n algunas razones.

II. ¬ŅPOR QU√Č ESTUDIAR A LOS PADRES?

17 Es obvio que los estudios patr√≠sticos podr√°n alcanzar el debido nivel cient√≠fico y dar los frutos esperados, solamente con la condici√≥n de que sean realizados con seriedad y con amor. La experiencia, en efecto, ense√Īa que los Padres manifiestan sus riquezas doctrinales y espirituales tan solo a quienes se esfuerzan por penetrar en su profundidad a trav√©s de un continuo y asiduo trato familiar con ellos. Se requiere, por tanto, de parte de los profesores y de los alumnos un verdadero inter√©s, para el que se pueden aducir las siguientes razones:

1) Los Padres son testigos privilegiados de la Tradición. 2) Ellos nos han transmitido un método teológico que es a la vez luminoso y seguro. 3) Sus escritos ofrecen una riqueza cultural y apostólica, que los hace grandes maestros de la Iglesia de ayer y de hoy.

1. TESTIGOS PRIVILEGIADOS DE LA TRADICI√ďN

18 Entre los diversos t√≠tulos y funciones que los documentos del Magisterio atribuyen a los Padres, figura en primer t√©rmino, el de testigos privilegiados de la Tradici√≥n. En la corriente de la Tradici√≥n viva, que desde los comienzos del cristianismo y contin√ļa a trav√©s de los siglos hasta nuestros d√≠as, ellos ocupan un lugar del todo especial, que los hace diferentes respecto de los protagonistas de la historia de la Iglesia. Son ellos, en efecto, los que delinearon las primeras estructuras de la Iglesia junto con los contenidos doctrinales y pastorales que permanecen v√°lidos para todos los tiempos.

19 a) En nuestra conciencia cristiana, los Padres aparecen siempre vinculados a la tradici√≥n, habiendo sido ellos al mismo tiempo protagonistas y testigos. Ellos est√°n m√°s pr√≥ximos a la pureza de los or√≠genes; algunos de ellos fueron testigos de la Tradici√≥n apost√≥lica, fuente de la que la Tradici√≥n trae su origen; especialmente a los de los primeros siglos se les puede considerar como autores y exponentes de una tradici√≥n "constitutiva", la cual se tratar√° de conservar y explicar continua-mente en √©pocas posteriores. En todo caso los Padres han transmitido lo que recibieron, "han ense√Īado a la Iglesia lo que aprendieron en la Iglesia", "lo que encontraron en la Iglesia eso han pose√≠do; lo que aprendieron han ense√Īado; lo que han recibido de los Padres han transmitido a los hijos".

20 b) Hist√≥ricamente, la √©poca de los Padres es el per√≠odo en el que se dan los primeros pasos en el ordenamiento eclesial. Fueron ellos los que fijaron el "Canon completo de los Libros Sagrados", los que compusieron las profesiones b√°sicas de la fe ("regulae fidei"), precisaron el dep√≥sito de la fe en confrontaciones con las herej√≠as y la cultura de la √©poca, dando as√≠ origen a la teolog√≠a. Adem√°s son tambi√©n ellos, los que pusieron las bases de la disciplina can√≥nica ("statuta patrum", "traditiones patrum"), y crearon las primeras formas de la liturgia, que permanecen como punto de referencia obligatorio para todas las reformas posteriores. Los Padres dieron de ese modo la primera respuesta consciente y refleja a la palabra divina, formul√°ndola no tanto como una teor√≠a abstracta, sino como diaria praxis pastoral de experiencia y de ense√Īanza en el coraz√≥n de las asambleas lit√ļrgicas reunidas para profesar la fe y para celebrar el culto del Se√Īor resucitado. Han sido as√≠ los autores de la primera catequesis cristiana.

21 c) La Tradici√≥n de la que los Padres son testigos, es una Tradici√≥n viva, que demuestra la unidad en la diversidad y la continuidad en el progreso. Esto se ve en la pluralidad de familias lit√ļrgicas, de tradiciones espirituales, disciplinarias y exeg√©tico-teol√≥gicas existentes en los primeros siglos (por ejemplo, las escuelas de Alejandr√≠a y de Antioqu√≠a); tradiciones diversas, mas unidas y radicadas todas en el firme e inmutable fundamento de la fe.

22 d) La Tradición, pues, como fue conocida y vivida por los Padres no es un bloque monolítico fijo, esclerotizado, sino un organismo pluriforme y lleno de vida. Es una praxis de vida y de doctrina que conoce, por una parte, también dudas, tensiones, incertidumbres y, por otra, decisiones oportunas y valientes, revelándose de gran originalidad y de importancia decisiva. Seguir la Tradición iva de los Padres no significa agarrarse al pasado en cuanto tal, sino adherirse con sentido de seguridad y libertad de impulso en la línea de la fe, manteniendo una orientación constante hacia lo fundamental; lo que es esencial, lo que permanece y no cambia. Se trata de una fidelidad absoluta, en tantos casos llevada y probada "usque ad sanguinis effusionem" al dogma y a aquellos principios morales y disciplinares que demuestran su función insustituible y su fecundidad precisamente en los momentos en que se están abriendo camino cosas nuevas.

23 e) Los Padres son, pues, testigos y garantes de una auténtica Tradición católica, y por tanto, su autoridad en las cuestiones teológicas fue y permanece siempre grande. Cuando ha sido necesario denunciar la desviación de determinadas corrientes de pensamiento, la Iglesia siempre se ha remitido a los Padres como garantía de verdad. varios Concilios, como por ejemplo los de Calcedonia y Trento, comienzan sus declaraciones solemnes con alusión a la tradición patrística, usando la fórmula:"Siguiendo a los santos Padres ... etc.". A ellos se hace referencia incluso en los casos en los que la cuestión ya ha sido resulta por sí misma con el recurso a la Sagrada Escritura.

En el Concilio Tridentino y en el Vaticano se estableció explícitamente el principio de que el unánime consenso de los Padres constituye una regla cierta de interpretación de la Escritura, principio éste que ha sido siempre vivido y practicado en la historia de la Iglesia y que se identifica con el de la normatividad de la Tradición formulada por Vicente de Lerín e, incluso antes, por San Agustín.

24 f) Los ejemplos y las ense√Īanzas de los Padres, testigos de la Tradici√≥n, fueron particularmente estudiados y valorados en el Concilio Vaticano II, y precisamente gracias a ellos, la Iglesia adquiri√≥ una conciencia m√°s viva de s√≠ misma, y especific√≥ el camino seguro, en especial, para la renovaci√≥n lit√ļrgica, para un eficaz di√°logo ecum√©nico y para el encuentro con las religiones no cristianas, haciendo fructificar en las actuales circunstancias el antiguo principio de la unidad en la diversidad y del progreso en la continuidad de la Tradici√≥n.

2. M√ČTODO TEOL√ďGICO

25 El delicado proceso de inserción del cristianismo en el mundo de la cultura antigua, y la necesidad de definir los contenidos del misterio cristiano frente a la cultura pagana y a las herejías, estimularon a los Padres a profundizar y a explicar racionalmente la fe con la ayuda de las categorías de pensamiento mejor elaboradas por las filosofías de su tiempo, especialmente por la refinada filosofía helenística. Una de sus tareas históricas más importantes fue dar vida a la ciencia teológica, y crear para su servicio algunas coordenadas y normas de procedimiento, que se han revelado valederas y eficaces incluso para los siglos posteriores, como demostraría en su obra Santo Tomás de Aquino, fidelísimo a la doctrina de los Padres.

En esta actividad de teólogos se perfilan en los Padres algunas actitudes y momentos particulares que tienen gran interés y que es preciso tener presentes incluso hoy en los estudios sagrados:

a) el recurso continuo a la Sagrada Escritura y al criterio de la Tradición;

b) la conciencia de la originalidad cristiana, aun reconociendo las verdades contenidas en la cultura pagana;

c) la defensa de la fe como bien supremo, y la profundización constante del contenido de la Revelación;

d) el sentido del misterio y la experiencia de lo divino.

a) Recurso a la Sagrada Escritura, sentido de la Tradición

26 1. Los Padres son primero y esencialmente comentadores de la Sagrada Escritura: "divinorum librorum tractatores". En este trabajo es verdad que desde nuestro actual punto de vista, su m√©todo presenta ciertos l√≠mites que no se pueden negar. Ellos no conoc√≠an ni pod√≠an conocer los recursos de orden filol√≥gico, hist√≥rico, antropol√≥gico-culturales ni tem√°ticas de investigaci√≥n, de documentaci√≥n, de elaboraci√≥n cient√≠fica que est√°n a disposici√≥n de la ex√©gesis moderna, y por lo tanto, una parte de su trabajo exeg√©tico puede considerarse caduco. Pero a pesar de ello, sus m√©ritos para una mejor comprensi√≥n de los Libros Sagrados son incalculables. Ellos permanecen para nosotros verdaderos maestros y se puede decir superiores, bajo tantos aspectos, a los exegetas del medioevo y de la edad moderna por "una especie de suave intuici√≥n de las cosas celestiales, por una admirable penetraci√≥n del esp√≠ritu, gracias a las cuales van m√°s adelante en la profundidad de la palabra divina". El ejemplo de los Padres puede, en efecto, ense√Īar a los exegetas modernos un acercamiento verdaderamente religioso a la Sagrada Escritura, como tambi√©n una interpretaci√≥n que se atiene constantemente al criterio de comuni√≥n con la experiencia de la Iglesia, la cual camina a trav√©s de la historia guiada por el Esp√≠ritu Santo. Cuando estos dos principios interpretativos, religioso y espec√≠ficamente cat√≥lico, vienen desatendidos u olvidados, los estudios exeg√©ticos modernos resultan a menudo empobrecidos y deformados.

La Sagrada Escritura era para ellos objeto de veneración incondicional, fundamente de la fe, tema constante de la predicación, alimento de la piedad, alma de la teología. Defendieron siempre el origen divino de ella, la inerrancia, la normatividad, la inagotable riqueza de vigor para la espiritualidad y la doctrina. Baste recordar aquí lo que escribía San Ireneo sobre las Escrituras: ellas "son perfectas, porque son dictadas por el Verbo de Dios y por su Espíritu", y los cuatro Evangelios son "el fundamento y la columna de nuestra fe".

27 2. La teolog√≠a naci√≥ de la actividad exeg√©tica de los Padres, "in medio Ecclesiae", y especialmente en las asambleas lit√ļrgicas, en contacto con las necesidades espirituales del Pueblo de Dios. Una ex√©gesis en la que la vida espiritual se funde con la reflexi√≥n racional teol√≥gica, mira siempre a lo esencial, aunque en la fidelidad a todo el sagrado dep√≥sito de la fe. Se centra enteramente en el misterio de Cristo, en el cual convergen todas las verdades particulares en una s√≠ntesis admirable. Antes que perderse en numerosas problem√°ticas marginales, los Padres buscan abarcar la totalidad del misterio cristiano, siguiendo el movimiento fundamental de la Revelaci√≥n y de la econom√≠a de la salvaci√≥n, que va de Dios, a trav√©s de Cristo, a la Iglesia, sacramento de la uni√≥n con dios y dispensadora de la gracia divina, para volver a Dios. Gracias a esta perspectiva, debida a su vivo sentido de la comuni√≥n eclesial, a su proximidad a los or√≠genes cristianos y a la familiaridad con la Escritura, los Padres ven todo en su centro, haci√©ndolo presente en cada una de sus partes, y enlazando con √©l toda cuesti√≥n perif√©rica. Por lo tanto, seguir a los Padres en su itinerario teol√≥gico significa captar m√°s f√°cilmente el n√ļcleo esencial de nuestra fe y lo "specificum " de nuestra identidad cristiana.

28 3. La veneraci√≥n y la fidelidad de los Padres en relaci√≥n con los Libros Sagrados va pareja con su veneraci√≥n y fidelidad a la Tradici√≥n. Ellos no se consideran due√Īos sino servidores de la Sagrada Escritura, recibi√©ndola de la Iglesia, ley√©ndola y coment√°ndola en la Iglesia y para la Iglesia, seg√ļn la regla propuesta y explicada por la Tradici√≥n eclesi√°stica y apost√≥lica. El anteriormente citado S. Ireneo, gran amador y estudioso de los Libros Sagrados, sostiene que el que quiera conocer la verdad debe mirar a la Tradici√≥n de los Ap√≥stoles, y a√Īade que, aunque √©stos no nos hubiesen dejado la Escritura, ser√≠a suficiente para nuestra instrucci√≥n y salvaci√≥n, la Tradici√≥n. El mismo Or√≠genes, que estudi√≥ con tanto amor y pasi√≥n las Escrituras y tanto trabaj√≥ para su comprensi√≥n, declara abiertamente que deben ser cre√≠das como verdades de fe solamente aquellas que en ning√ļn modo se alejan de la "Tradici√≥n eclesi√°stica y apost√≥lica", haciendo con esto, de la Tradici√≥n, la norma de interpretaci√≥n de la Escritura. San Agust√≠n m√°s tarde, que pon√≠a sus "delicias" en la meditaci√≥n de la Escritura, enuncia este principio sencillo maravilloso, que se refiere tambi√©n a la Tradici√≥n; "No creer√≠a en el Evangelio si a ello no me indujese la autoridad de la Iglesia Cat√≥lica".

29 4. Por tanto el Concilio Vaticano II, cuando declar√≥ que "la Tradici√≥n y la Sagrada Escritura constituyen un √ļnico sagrado dep√≥sito de la palabra de Dios confiado a la Iglesia", no hizo otra cosa sino confirmar un antiguo principio teol√≥gico, practicado y profesado por los Padres. Este principio, que ilumin√≥ y dirigi√≥ su entera actividad exeg√©tica y pastoral, permanece ciertamente v√°lido tambi√©n para los te√≥logos y pastores de hoy. De ello se deduce concretamente que el retorno a la Sagrada Escritura, que e suna de las caracter√≠sticas mayores de la actual vida de la Iglesia, debe ir acompa√Īado de la vuelta a la Tradici√≥n atestiguada por los escritores patr√≠sticos, si se quiere que produzca los frutos apetecidos.

b) Originalidad cristiana e inculturación

30 1. Otra caracter√≠stica importante y actual√≠sima del m√©todo teol√≥gico de los Padres es que ofrece luz para comprender mejor seg√ļn qu√© criterios la fe, teniendo en cuanta la filosof√≠a y el saber de los pueblos, puede encontrarse con la raz√≥n. Ellos, en efecto, de la Escritura y de la tradici√≥n adquirieron una clara conciencia de la originalidad cristiana, esto es, la firme convicci√≥n de que la ense√Īanza cristiana contiene un n√ļcleo esencial de verdades reveladas que constituyen la norma para juzgar la sabidur√≠a humana y para distinguirla del error. Si una tal convicci√≥n llev√≥ a algunos de ellos a rechazar las apor-taciones de esta sabidur√≠a y a considerar a los fil√≥sofos casi como "patriarcas de los herejes", no impidi√≥ a la mayor parte de los mismos acoger esta ayuda con inter√©s y reconocimiento, como procedente de la √ļnica fuente de la sabidur√≠a, que es el Verbo. Baste recordar a San Justino, m√°rtir, Clemente de Alejandr√≠a, Or√≠genes, San Gregorio Niceno y, en particular, San Agust√≠n, quien en su obra " De doctrina cristiana" traz√≥ para tal actividad un programa: "Si aquellos que son llamados fil√≥sofos han dicho cosas que son verdaderas y conformes con nuestra fe ... no s√≥lo no deben inspirar motivo de temor, sino ... deben ser reclamados para nuestro uso ... ¬ŅNo es esto, por cierto, lo que han hecho muchos de nuestros buenos fieles... Cipriano ... Lactancio ... Victorino ... Optato, Hilario, por no nombrar m√°s que los ya fallecidos, y en n√ļmero incontable de los Griegos?".

31 2. A este estudio de asimilaci√≥n se a√Īade otro no menos importante e inseparable de √©l, que podremos llamar de "desasimilaci√≥n". Anclados en la norma de la fe, los Padres acogieron muchas de las aportaciones d e la filosof√≠a grecorromana, pero rechazaron sus graves errores, evitando especialmente el peligro del sincretismo tan difundido en la cultura helen√≠stica entonces dominante, como tambi√©n el racionalismo que amenazaba reducir la fe a los solos aspectos aceptables para la racionalidad hel√©nica. "Es preciso defender la doctrina cristiana contra sus grandes errores" escribe San Agust√≠n.

32 3. Gracias al prudente discernimiento de los valores y de los l√≠mites escondidos en la diversas formas de la cultura antigua, se abrieron nuevos caminos hacia la verdad y nuevas posibilidades para el anuncio del Evangelio. Instruida por los Padres griegos, latinos, sirios ... la Iglesia, en efecto, "desde el comienzo de su historia, aprendi√≥ a expresar el mensaje cristiano con los conceptos y en las lenguas de cada pueblo; y procur√≥ ilustrarlo adem√°s con el saber popular y las exigencias de los sabios. En otras palabras, los Padres, conscientes del valor universal de la revelaci√≥n, iniciaron la gran obra de la inculturaci√≥n cristiana, como se dice hoy d√≠a. Han llegado a ser el ejemplo de un encuentro fecundo entre fe y cultura, entre fe y raz√≥n, permaneciendo como gu√≠as para la Iglesia de todos los tiempos, empe√Īada en anunciar el Evangelio a los hombres de culturas tan diversas y en trabajar en medio de ellos.

Como se ve, gracias a tales actitudes de los Padres, la Iglesia se da a conocer desde sus comienzos "por naturaleza misionera" también al nivel del pensamiento y de la cultura, y por esto el concilio Vaticano II prescribe que "tal adaptación de la predicación de la palabra revelada se mantenga como norma de toda evangelización".

c) Defensa de la fe, progreso dogm√°tico

33 1. Dentro la Iglesia, el encuentro de la raz√≥n con la fe ha dado origen a muchas y largas controversias que han interesado los grandes temas de los dogmas trinitario, cristol√≥gico, antropol√≥gico, escatol√≥gico. En tales ocasiones los Padres, al defender las verdades que ata√Īen a la esencia misma de la fe, fueron los protagonistas de un gran avance en el conocimiento de los contenidos dogm√°ticos, prestando un valioso servicio al progreso de la teolog√≠a. Su papel apolog√©tico, ejercitado con una consciente solicitud pastoral por el bien espiritual de los fieles, fue un medio providencial para hacer madurar a todo el cuerpo de la Iglesia.

Como decía San Agustín ante el multiplicarse de los herejes: "Dios ha permitido su difusión, para que no nos nutriéramos de sólo lechey no permaneciéramos en el estado de la simple infancia", pues cuando, "muchas cuestiones que tocan a la fe son puestas con astuta inquietud por los herejes, para poder defenderlas contra ellos, son estudiadas más diligentemente, de modo que la cuestión propuesta por el adversario llega a ser ocasión de aprender".

34 2. As√≠ los Padres llegaron a ser los iniciadores del m√©todo racional aplicado a los datos de la Revelaci√≥n, y promotores esclarecidos del "intellectus fidei" que forma parte esencial de toda aut√©ntica teolog√≠a. Su cometido providencial fue no s√≥lo defender el cristianismo, sino tambi√©n repensarlo en el ambiente cultural greco-romano; encontrar f√≥rmulas nuevas para expresar una doctrina antigua, f√≥rmulas no b√≠blicas para una doctrina b√≠blica; presentar, en una palabra, la fe en forma de razonamiento humano, enteramente cat√≥lico y capaz de expresar el contenido divino de la revelaci√≥n, salvaguardando siempre su identidad y su trascendencia. Numerosos t√©rminos por ellos introducidos en la teolog√≠a trinitaria y cristol√≥gica (por ejemplo, uosio, hypostasis, physis, agenesia, genesis, ekporeusis, etc.) han desempe√Īado un papel determinante en la historia de los Concilios y han entrado en las formulaciones dogm√°ticas, siendo componentes de nuestro corriente acervo teol√≥gico.

35 3. El desarrollo dogm√°tico, que fue llevado a cabo por los Padres no como proyecto abstracto puramente intelectual, sino las m√°s de las veces en las homil√≠as, en medio de las actividades lit√ļrgicas y pastorales, constituye un excelente ejemplo de renovaci√≥n en la continuidad de la Tradici√≥n. para ellos "la fe cat√≥lica proveniente de la doctrina de los Ap√≥stoles ... y recibida a trav√©s de una serie de sucesiones" hab√≠a que "transmitirla √≠ntegra a la posteridad". Por ello fue tratada por ellos con el m√°ximo respeto, con entera fidelidad a su fundamento b√≠blico, y al mismo tiempo, con una justa apertura de esp√≠ritu hacia nuevas necesidades y nuevas circunstancias culturales; las dos caracter√≠sticas propias de la tradici√≥n viva de la Iglesia.

36 4. Estos primeros esbozos de teolog√≠a transmitidos por los Padres ponen en evidencia algunas de sus t√≠picas actitudes fundamentales frente a los datos revelados, que pueden ser consideradas como valores permanentes y, por consiguiente, v√°lidos tambi√©n para la Iglesia de hoy. Se trata de una base construida una vez por todas, a la que la teolog√≠a posterior debe referirse y, si fuera menester, volver a ella. Se trata de un patrimonio que no es exclusivo de ninguna Iglesia particular, sino que es muy caro a todos los cristianos. Ello, en efecto, se remonta a los tiempos anteriores a la ruptura entre el Oriente y el Occidente cristiano, transmitiendo tesoros comunes de espiritualidad y de doctrina; una mesa rica en la que los te√≥logos de diversas confesiones se pueden siempre encontrar. Los Padres son, en efecto, Padres sea de la ortodoxia oriental sea de la teolog√≠a latina cat√≥lica, o de la teolog√≠a de los protestantes y de los anglicanos, objeto com√ļn de estudio y veneraci√≥n.

d) Sentido del misterio, experiencia de lo divino

37 1. Si los Padres han dado en tantas ocasiones prueba de su responsabilidad de pensadores e investigadores en relación con la fe, siguiendo, se puede decir, el programa del "credo ut intelligam" y del "intelligo ut credam", lo han hecho siempre como auténticos hombres de la Iglesia verdaderamente creyentes, sin comprometer mínimamente la pureza o, como dice San Agustín, la "virginidad" de la fe. En efecto, como "teólogos" no se apoyaban exclusivamente en los recursos de la razón, sino también en los específicamente religiosos, ofrecidos por el conocimiento de carácter afectivo y existencial, centrado en la unión íntima con Cristo, alimentado por la oración y sostenido por la gracia y dones del Espíritu Santo. En sus actitudes de teólogos y de pastores se manifestaba en grado altísimo el sentido profundo del misterio y la experiencia de lo divino, que los protegía de las tentaciones que podían venir sea de un racionalismo demasiado exagerado, sea de un fideísmo simplista y resignado.

38 2. La primera cosa que impresiona en su teolog√≠a es el sentido vivo de la trascendencia de la Verdad divina contenida en la Revelaci√≥n. A diferencia de no pocos pensadores antiguos y modernos, ellos, dan ejemplo de gran humildad frente al misterio de Dios, contenido en las Sagradas Escrituras, de las que en su modestia, prefieren ser s√≥lo comentadores sencillos, atentos a no a√Īadirles nada que pueda alterar su autenticidad. Se puede decir que esta actitud de respeto y de humildad no es otra cosa que el vivo conocimiento de los l√≠mites irremontables que la inteligencia humana encuentra frente a la trascendencia divina. Basta recordar, adem√°s de las homil√≠as de San Juan Cris√≥stomo Sobre la incomprensibilidad de Dios, textualmente lo que escribi√≥ San Cirilo, obispo de Jerusal√©n, dirigi√©ndose a los catec√ļmenos: "Cuando se trata de Dios, es una gran sabidur√≠a confesar la ignorancia"; como despu√©s de √©l, el obispo de Hipona, San Agust√≠n, dir√° lapidariamente a su pueblo: "Es preferible una ignorancia fiel, a una ciencia temeraria". Antes que ellos San Ireneo hab√≠a afirmado que la generaci√≥n del Verbo es inenarrable y que aquellos que pretenden explicarla "han perdido el uso de la raz√≥n".

39 3. Dado este vivo sentido espiritual, la imagen que los Padres nos ofrecen de sí mismos es la de hombres que no sólo aprenden, sino también, y sobre todo, experimentan las cosas divinas, como decía Dionisio Areopagita de su maestro "Ieroteo": "nos solum discens sed et patiens divina". Son muchas veces especialistas de la vida espiritual, que comunican lo que han visto y gustado en su contemplación de las cosas divinas; lo que han conocido por la vía del amor, "per quedam connaturalitatem", como diría Santo Tomás de Aquino.

En su modo de expresarse es a menudo perceptible el sabroso acento de los m√≠sticos, que deja traslucir una gran familiaridad con Dios, una experiencia vivida del misterio de Cristo y de la Iglesia, y un contacto constante con todas las genuinas fuentes de la vida teologal considerado por ellos como situaci√≥n fundamental de la vida cristiana. Se puede decir que, en la l√≠nea del agustiniano "intellectum valde ama", los Padres aprecian, ciertamente, la utilidad de la especulaci√≥n, pero saben que ella no basta. En el mismo esfuerzo intelectual para aprender la propia fe, ellos practican el amor, que haciendo amigo al que conoce con el conocido, llega a ser, por su misma naturaleza fuente de nuevo conocimiento. En efecto, "ning√ļn bien es perfectamente conocido ni so es perfectamente amado".

40 4. Estos principios metodol√≥gicos, primero seguidos y vividos pr√°cticamente antes que enunciados expresamente, fueron tambi√©n objeto de las reflexiones expl√≠citas de los Padres. Basta referirse, al respecto, a San Gregorio Nacianceno, que en la primera de las cinco de sus famosas oraciones teol√≥gicas decidas al modo de hacer teolog√≠a, trata de la necesidad de la moderaci√≥n, de la humildad, de la purificaci√≥n interior, de la oraci√≥n. Otro tanto hace San Agust√≠n, que recuerda el puesto que ocupa la fe en la vida de la Iglesia, y, hablando de la funci√≥n que desempe√Īan los te√≥logos, escribe que ellos sean "piadosamente sabios y verdaderamente espirituales". De ello da √©l mismo ejemplo cuando escribe el De Trinitate dirigido a responder "a los charlatanes", que "despreciando los humildes principios de la fe, se dejan extraviar por un inmaduro y perverso amor a la raz√≥n".

Por las razones aducidas, se puede decir que la actividad teológica de los Padres es, para nosotros, todavía actual. Ellos permanecen maestros para los teólogos, como representantes de un momento importante, decisivo e irreemplazable de la teología de la Iglesia, como ejemplos por el modo de desarrollar su actividad teológica, como fuentes autorizadas y testimonios insustituibles por los contenido que han sabido sacar de su reflexión y meditación sobre el dato revelado.

3. RIQUEZA CULTURAL, ESPIRITUAL Y APOST√ďLICA

41 Los escritos patr√≠sticos se distinguen no s√≥lo por la profundidad teol√≥gica, sino tambi√©n por los grandes valores culturales, espirituales y pastorales que contienen. Bajo este aspecto, ellos son, despu√©s de la Sagrada Escritura, como se reconoce en el decreto "Presbyterorum Ordinis" (n.19) una de las principales fuentes de la formaci√≥n sacerdotal y "un provechoso alimento" que acompa√Īa a los presb√≠teros durante toda la vida.

42 a) Los Padres latinos, griegos, sirios, armenios ... adem√°s de contribuir al patrimonio literario de sus respectivas naciones, son -aunque cada uno en manera y medida diversas- como cl√°sicos de la cultura cristiana que, fundada y construida por ellos, lleva por siempre la se√Īal indeleble de su paternidad. A diferencia de las literaturas nacionales que expresan y plasman el geniode cada pueblo, el patrimonio cultural de los Padres es verdaderamente "cat√≥lico", universal, porque ense√Īa c√≥mo llegar a ser y comportarse como hombres rectos y aut√©nticos cristianos. Por su vivo sentido de los sobrenatural y por su discernimiento de los valores humanos en relaci√≥n con lo espec√≠ficamente cristiano, sus obras han sido en los siglos pasados un instrumento excelente de formaci√≥n para generaciones de presb√≠teros y permanecen indispensables para la Iglesia de hoy.

43 b) Desde el punto de vista cultural es muy relevante el hecho de que numerosos Padres recibieron una óptima formación en las disciplinas de la antigua cultura griega y romana, de la que aprovecharon las grandes conquistas humanas y espirituales, enriqueciendo con ellas sus tratados, sus catequesis y predicaciones. Ellos, imprimiendo a la antigua "humanitas" clásica el sello cristiano, fueron los primeros en establecer el puente entre el Evangelio y la cultura profana, trazando para la Iglesia un rico y exigente programa cultura, que ha influido profundamente en los siglos posteriores y, en modo particular, la entera vida espiritual, intelectual y social del medioevo.

Gracias a su magisterio, muchos cristianos de los primeros siglos tuvieron acceso a las diversas esferas de la vida p√ļblica (escuelas, administraci√≥n, pol√≠tica) y el cristianismo pudo valorizar cuanto de v√°lido se encontraba en el mundo antiguo, purificar lo que all√≠ hab√≠a de menos perfecto y contribuir, por su parte, a la creaci√≥n de una nueva cultura y civilizaci√≥n inspiradas en el Evangelio. Remontarse a las obras de los Padres significa, por tanto, para los futuros sacerdotes alimentarse en las mismas ra√≠ces de la cultura cristiana, y comprender mejor las propias tareas culturales en el mundo de hoy.

44 c) En cuanto a la espiritualidad de los Padres se ha se√Īalado ya en el p√°rrafo anterior, c√≥mo toda su teolog√≠a es eminentemente religiosa, una verdadera "ciencia sagrada", que, al tiempo que ilumina la mente, edifica y enfervoriza el coraz√≥n. de Ah√≠ que m√°s all√° de los elementos y aspectos propiamente teol√≥gicos, es bueno hacer resaltar algunos comportamientos y actitudes de orden moral resultantes de sus obras como elemento fundamental de la progresiva expansi√≥n, a menudo silenciosa, del fermento evang√©lico en la sociedad pagana, y que ha permanecido despu√©s, para siempre, impreso en la conciencia y en el rostro de la misma Iglesia.

Muchos Padres eran "convertidos"; el sentido de la novedad de la vida cristiana se un√≠a en ellos a la certeza de la fe. Por eso brotaba en las comunidades cristianas de su tiempo una "vitalidad explosiva", un fervor misionero, un clima de amor que impel√≠a a las almas al hero√≠smo de la vida diaria personal y social, especialmente con la pr√°ctica de las obras de misericordia, limosnas, cuidado de los enfermos, de las viudas, de los hu√©rfanos, estima de la mujer y de toda persona humana, respeto y generosidad en el trato a los esclavos, libertad y responsabilidad frente a los poderes p√ļblicos, defensa y sost√©n de los pobres y oprimidos, y con todas las formas del testimonio evang√©lico requeridas por las circunstancias de lugar y tiempo, llevado, tal vez, hasta el sacrificio supremo del martirio.

Con un comportamiento inspirado en las ense√Īanzas de los Padres, los cristianos se distingu√≠an del mundo pagano circundante, manifestando su novedad de vida nacida de Cristo en el abrazar los ideales asc√©ticos de la virginidad "propter regnum coelorum", en el desprendimiento de los bienes terrenos, en la penitencia, en la vida mon√°stica, erem√≠tica o comunitaria, en la l√≠nea de los "consejos evang√©licos" y en la vigilante espera de Cristo que viene. Incluso muchas formas de piedad privada (como la oraci√≥n en familia, la oraci√≥n diaria, la practica de ayunos) y comunitaria (por ej., la celebraci√≥n de los domingos y de las principales fiestas lit√ļrgicas como participaci√≥n en los acontecimientos salv√≠ficos, la veneraci√≥n de la Stma. Virgen Mar√≠a, las vigilias, los √°gapes, etc) se remontan a la √©poca patr√≠stica y reciben su concreto significado teol√≥gico-espiritual de las ense√Īanzas de los Padres.

Por esto es evidente que la asidua familiaridad de los seminaristas con las obras de los Padres vigorizar√° su vida espiritual y lit√ļrgica, arrojando una luz especial sobre su vocaci√≥n, enraiz√°ndola en la milenaria tradici√≥n de la Iglesia y poni√©ndola en comunicaci√≥n directa con la riqueza y pureza de los or√≠genes. Al mismo tiempo les ayudar√° a descubrir al hombre en su unidad y en su totalidad: a reconocer y perseguir aquel ideal superior de humanidad unificada e integrada en el arm√≥nico desarrollo de los valores naturales y sobrenaturales, que es el modelo de antropolog√≠a cristiana.

45 d) Otra rozón del atractivo y del interés de las obras de los Padres es, que son netamente pastorales; esto es, compuestas con fines apostólicos. Sus escritos son catequesis y homilías, refutación de herejías, respuestas a consultas, exhortaciones espirituales o manuales destinados a la INSTRUCCION de los fieles. De esto se deduce que los Padres se sentían comprometidos con los problemas pastorales de su tiempo. Ellos ejercían su cargo de maestros y pastores buscando, en primer lugar, mantener unido al Pueblo de Dios en la fe, en el culto, en la moral y en la disciplina.

Muchas veces proced√≠an colegiadamente, intercambi√°ndose cartas de car√°cter doctrinal y pastoral, a fin de conseguir una l√≠nea com√ļn de acci√≥n. Se preocupaban del bien espiritual no s√≥lo de sus Iglesias particulares, sino de toda la Iglesia. Algunos llegaron a ser defensores de la ortodoxia y puntos de referencia para los dem√°s obispos del mundo cat√≥lico (como por ejemplo, Atanasio en sus controversias antiarrianas. Agust√≠n en las antipelagianas), encarnando de alg√ļn modo la conciencia viva de la Iglesia.

46 e) No se puede dejar de se√Īalar que los Padres en su acci√≥n pastoral aunque describ√≠an un rico panorama de las m√°s diversas problem√°ticas culturales y sociales de su realidad contempor√°nea, sin embargo, siempre la encuadraban en coordenadas netamente sobrenaturales. A ellos les interesa la integridad de la fe, fundamento de la justificaci√≥n, para que florezca en la caridad, v√≠nculo de la perfecci√≥n, y para que la caridad cree al hombre nuevo y la nueva historia.

Todo en su acci√≥n pastoral y en su ense√Īanza es reconducido a la caridad y la caridad a Cristo, camino universal de salvaci√≥n. ellos todo lo refieren a Cristo, recapitulaci√≥n de todas las cosas (Ireneo), deificador de los hombres (Atanasio), fundador y rey de la cuidad de Dios, que es la Iglesia (Agust√≠n). En su perspectiva hist√≥rica, teol√≥gica y escatol√≥gica, la Iglesia es el Christus totus que "va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, desde los tiempos de Abel, el primer justo muerto por su cruel hermano, hasta la consumaci√≥n de los siglos".

47 Si quisi√©ramos resumir ahora las razones que inducen a estudiar las obras de los Padres, podr√≠amos decir que ellos fueron, despu√©s de los Ap√≥stoles, como dijo justamente San Agust√≠n, los sembradores, los regadores, los constructores, los pastores y los alimentadores de la Iglesia, la cual pudo crecer por su acci√≥n vigilante e incansable. Para que la Iglesia contin√ļe creciendo es indispensable conocer a fondo su doctrina y su obra que se distingue por ser al mismo tiempo pastoral y teol√≥gica, catequ√©tica y cultural, espiritual y social en un modo excelente y, se puede decir, √ļnico con respecto a cuanto ha sucedido en otras √©pocas de la historia. Es propiamente esta unidad org√°nica de los varios aspectos de la vida y misi√≥n de la Iglesia que hace a los Padres tan actuales y fecundos incluso para nosotros.

III. ¬ŅC√ďMO ESTUDIAR A LOS PADRES?

48 De las reflexiones precedentes sobre la situaci√≥n actual y sobre las razones m√°s profundas de los estudios patr√≠sticos surge espont√°neamente la pregunta sobre su naturaleza, sus objetivos y el m√©todo a seguir para promover la calidad de estos estudios. Tanto para los profesores como para los alumnos se ofrecen al respecto numerosas tareas que necesitan mayormente ser esclarecidas y explicadas, para que se puede realizar una obra formativa s√≥lida y que responda a las instancias de la deseada renovaci√≥n promovida seg√ļn las normas del Concilio Vaticano II.

1. NATURALEZA DE LOS ESTUDIOS PATR√ćSTICOS Y SUS OBJETIVOS

49 a) Es muy importante que esta parte de los estudios eclesiásticos sea claramente delimitada en conformidad con su naturaleza y su finalidad, e integrada orgánicamente en el contexto de las disciplinas teológicas. Esto se articular en dos esferas intercomunicadas: por una parte, la Patrística, que se ocupa del pensamiento teológico de los Padres, y por otra, la Patrología, cuyo objeto es su vida y sus escritos.

Mientras que el carácter de la primera es eminentemente doctrinal y tiene muchas relaciones con la dogmática (e incluso con la teología moral, la teología espiritual, la Sagrada Escritura), la segunda se mueve más bien a nivel de la investigación histórica y de la información biográfica y literaria, y tiene una natural conexión con la historia de la Iglesia antigua. Por su carácter teológico, la Patrística y la Patrología se distinguen de la Literatura cristiana antigua, disciplina no teológica y se puede decir, literaria, que estudia los aspectos estilísticos y filológicos de los escritores cristianos antiguos.

50 b) Al afrontar los estudios patr√≠sticos es preciso darse cuenta ante todo de la autonom√≠a de la Patr√≠stica-Patrolog√≠a como disciplina en s√≠ misma, con su m√©todo, en el √°mbito del corpus de disciplinas, que es objeto de la ense√Īanza teol√≥gica. Su autonom√≠a, como parte de la teolog√≠a, en la que se aplican rigurosamente los principios del m√©todo hist√≥rico-cr√≠tico, en un elemento adquirido y , como tal, debe ser entendido por el estudiante.

51 c) En especial, de la Patrología se espera que presente una buena panorámica de los Padres y de sus obras, con sus características individuales, situando en el contexto histórico su actividad literaria y pastoral. Dado su carácter informativo-histórico, nada impide la colaboración del profesor de Historia eclesiástica, cuando venga exigido por una mejor economía del tiempo disponible o por la escasez de personal docente. Si fuera menester, se puede reservar también un mayor espacio al estudio privado de los alumnos, reenviándoles a la consulta de buenos manuales, de diccionarios y de otras ayudas bibliográficas.

52 d) La Patr√≠stica a su vez, para cumplir satisfactoriamente sus tareas, debe figurar como disciplina en s√≠ misma, manteniendo estrecha colaboraci√≥n con la dogm√°tica. En efecto, ambas disciplinas, seg√ļn el Decreto "Optatam totius" (n.16), deben ayudarse y enriquecerse mutuamente, a condici√≥n de que permanezcan aut√≥nomas y fieles a sus m√©todos particulares. El dogma cumple sobre todo un servicio de unidad. Como a todas las disciplinas teol√≥gicas, tambi√©n a la Patr√≠stica le ofrece la perspectiva unificadora de la fe, ayud√°ndole a sistematizar los resultados parciales e indicando el camino a la investigaci√≥n y a la actividad did√°ctica del profesor.

El servicio de la patr√≠stica a la dogm√°tica consiste en delimitar y precisar la obra de mediaci√≥n de la revelaci√≥n de Dios desarrollada por los Padres en la Iglesia y en el mundo de su tiempo. Se trata de describir, con absoluto respeto a lo espec√≠fico del m√©todo hist√≥rico-cr√≠tico, el √°mbito de la teolog√≠a y de la vida cristiana de la √©poca patr√≠stica en su realidad hist√≥rica. Por esta raz√≥n la ense√Īanza de la Patr√≠stica, como se expresa el documento sobre " La formaci√≥n teol√≥gica de los futuros sacerdotes ", debe tender, entre otras cosas, " a dar sentido ya de la continuidad del razonamiento teol√≥gico que responde a los datos fundamentales, ya de su relatividad, que corresponde a los aspectos y a las aplicaciones particulares " (n.87).

2. EL M√ČTODO

53 a) El estudio de la Patrolog√≠a y de la Patr√≠stica, en su primera fase informativa, supone el recurso a los manuales y a otras ayudar bibliogr√°ficas, pero cuando pasa a tratar de los delicados y complejos problemas de la teolog√≠a patr√≠stica, ninguna de tales ayudas puede sustituir el recurso directo a los textos de los Padres. Es, en efecto, a trav√©s del contacto directo del profesor y del alumno con las fuentes, c√≥mo la Patr√≠stica debe ser ense√Īada y aprendida, sobre todo a nivel acad√©mico y en cursos especiales. Sin embargo, dadas las dificultades en que a menudo se encuentran los estudiantes, ser√° bueno poner a su disposici√≥n textos biling√ľes de ediciones recomendadas por su seriedad cient√≠fica.

54 b) El estudio científico de los textos debe afrontarse con el método histórico-crítico, de modo análogo a como se aplica en las ciencias bíblicas. Es, no obstante, necesario que en el uso de dicho método se indiquen también sus límites y que sea integrado, con una adecuada " manuductio " del estudiante para comprenderlo, valorarlo y servirse de él. Tratándose de una disciplina teológica, que en todas sus etapas procede " ad lumen fidei ", la libertad de investigación no debe reducir su objetivo de investigación a la esfera de la pura filología o de la crítica histórica.

En efecto, la teolog√≠a positiva debe reconocer como primer presupuesto, el car√°cter sobrenatural de su objeto y la necesidad de referirse al Magisterio. Los estudiantes deben, por tanto, llegar a ser conscientes de que el rigor del m√©todo, indispensable para la validez objetiva de toda investigaci√≥n patr√≠stica, no excluye una orientaci√≥n previamente programada ni impide una participaci√≥n activa del investigador creyente que, conforme a su " sensus fidei ", se sit√ļa y procede en un clima de fe.

55 c) La pureza del método anterior requiere además que tanto el profesor como el estudiante estén libres de prejuicios y prevenciones, que en el campo de la patrística se manifiestan de ordinario en dos tendencias: la de encerrarse anacrónicamente en los escritos de los Padres, despreciando la tradición viva de la Iglesia y considerando a la Iglesia postpatrística hasta hoy, en continua decadencia; y la de instrumentalizar el dato histórico en una actualización arbitraria, que no tiene en cuanta el legítimo progreso y objetividad de la situación.

56 d) Motivos cient√≠ficos y tambi√©n pr√°cticos, como, por ejemplo, un empleo m√°s racional del tiempo, sugieren la conveniencia de la colaboraci√≥n entre las disciplinas m√°s directamente interesadas en los Padres. El tratamiento interdisciplinar debe tener su primera aplicaci√≥n en la dogm√°tica, donde se realiza la s√≠ntesis, pero pueden beneficiarse de √©l otras muchas disciplinas (teolog√≠a mora, teolog√≠a espiritual, liturgia y, especialmente, la Sagrada Escritura) que necesitan enriquecerse y renovarse recurriendo a las fuentes patr√≠sticas. Las formas concretas de tal colaboraci√≥n variar√°n seg√ļn las circunstancias; otras posibilidades y exigencias se imponen a nivel de cursos institucionales y, otras, en los cursos de especializaci√≥n.

3. EXPOSICI√ďN DE LA MATERIA

57 a) La materia, objeto del curso de Patr√≠stica-Patrolog√≠a, es la codificada por la praxis escol√°stica y tratada en los libros de textos cl√°sicos: la vida, los escritos y la doctrina de los Padres y de los escritores eclesi√°sticos de la antig√ľedad cristiana; o, en otras palabras, el perfil biogr√°fico de los Padres y la exposici√≥n literaria, hist√≥rica y doctrinal de sus escritos. La amplitud de la materia impone, sin embargo, a tal respecto, la necesidad de limitar su extensi√≥n, mediante una cierta selecci√≥n.

58 b) El profesor, deberá ante todo transmitir a los alumnos el amor a los Padres y no sólo su conocimiento. Para conseguir esto no será preciso insistir tanto en los datos bio-bibliográficos, cuanto en el contacto con las fuentes. A este fin se deberá hacer una opción entre las diversas maneras de presentar la materia, que sustancialmente son las siguientes:

1. La forma anal√≠tica, que supone el estudio de cada Padre; m√©todo √©ste, casi imposible, dado el n√ļmero de ellos y el tiempo necesariamente limitado reservado a esta ense√Īanza;

2. la panor√°mica, que se propone dar una visi√≥n general sobre la √©poca patr√≠stica y sus representantes; m√©todo √ļtil para una introducci√≥n inicial pero no para el contacto con las fuentes y una profundizaci√≥n de las mismas;

3. la monogr√°fica, que insiste sobre alguno de los Padres m√°s representativos; esta forma es particularmente apta para ense√Īar en concreto c√≥mo aproximarse y profundizar en su pensamiento;

4. finalmente, la tem√°tica, que examina alg√ļn tema fundamental y sigue su desarrollo a trav√©s de las obras patr√≠sticas.

59 c) Hecha esta primera opci√≥n, ser√° necesario realizar otra: la de los textos que se han de leer, examinar y desarrollar. Es preferible que la selecci√≥n recaiga, en un primer momento, sobre textos que trates prevalentemente de cuestiones espirituales, pastorales, catequ√≠sticas o sociales, que son, en general, las m√°s atrayentes y las m√°s f√°ciles, dejando las doctrinales, que son m√°s dif√≠ciles, para un segundo tiempo. Dichos textos ser√°n estudiados diligentemente en una relaci√≥n constante entre profesores y estudiantes en las lecciones, coloquios, seminarios e informaciones. As√≠ nacer√° aquella familiaridad con los Padres que es el mejor fruto de la ense√Īanza. El verdadero coronamiento de la labor formativa se alcanza, sin embargo, solamente cuando el estudiante llega aamar verdaderamente a alguno de los Padres y a asimilar su esp√≠ritu.

60 d) Los estudios patrísticos no pueden no dejar adquirir también un sólido conocimiento de la historia de la Iglesia que hace posible una visión unitaria de los problemas, acontecimientos, experiencias, adquisiciones doctrinales, espirituales, pastorales y sociales en las diversas épocas. De esta manera nos damos cuanta del hecho de que el pensamiento cristiano, aunque comienza con los Padres no termina con ellos.

De ah√≠ que el estudio de la patr√≠stica y de la patrolog√≠a no puede prescindir de la tradici√≥n posterior, comprendida la escol√°stica, en particular en lo que respecta a la presencia de los Padres en esta tradici√≥n. S√≥lo as√≠ se puede ser la unidad y el desarrollo que hay en ella y comprender tambi√©n el sentido del recurso al pasado. Ello, en efecto, aparecer√° no como un in√ļtil arqueologismo, sino como un estudio creativo que ayuda a conocer mejor nuestros tiempos y a preparar el futuro.

IV. DISPOSICIONES PR√ĀCTICAS

Como resulta de cuanto se ha expuesto anteriormente, los estudios patr√≠sticos constituyen una componente esencial y una tem√°tica estimulante de la ense√Īanza teol√≥gica y de la entera formaci√≥n sacerdotal. Se hace necesario, por tanto, tomar las oportunas medidas para promoverlos, a fin de que ocupen en los Seminarios y en las Facultades teol√≥gicas el puesto que por su importancia les corresponde:

61 1. Orient√°ndose estos estudios directamente al objetivo de la ense√Īanza teol√≥gica, se les debe considerar como disciplina principal y ense√Īarse aparte con su m√©todo y materia que les es propia. Salvaguardando lo dicho anteriormente a prop√≥sito de la " Patrolog√≠a " (n.51), esta materia no se puede confundir ni con la Historia de la Iglesia ni con el dogma y, menos a√ļn, con la literatura cristiana antigua.

62 2. Pr√©stese al estudio de la Patrolog√≠a-Patr√≠stica la debida atenci√≥n en la " Ratio institutionis sacerdotalis ", y en los correspondientes programas de estudio, delimitando cuidadosamente los contenidos y los m√©todos, y asign√°ndole un n√ļmero suficiente de horas a la semana. No parece sea demasiado que se extienda, como m√≠nimo, al menos tres semestres con dos horas semanales.

63 3. En las Facultades teol√≥gicas, adem√°s de los cursos establecidos del 1er. Ciclo, organ√≠cense seminarios con oportunos ejercicios, y promu√©vanse trabajos escritos sobre temas patr√≠sticos. En el 2¬ļ Ciclo de especializaci√≥n, p√≥ngase cuidado en estimular el inter√©s cient√≠fico de los estudiantes mediante cursos especiales y ejercitaciones, con los que puedan adquirir un profundo conocimiento de los diversos temas metodol√≥gicos y doctrinales y prepararse para el futuro ministerio de la ense√Īanza.

Tales especializaciones podr√°n ser posteriormente perfeccionadas en el Ciclo 3¬ļ con la preparaci√≥n de tesis sobre temas patr√≠sticos.

64 4. Para la ense√Īanza de la Patrolog√≠a-Patr√≠stica en los Institutos de formaci√≥n sacerdotal deber√° ser contratado quien haya conseguido la especializaci√≥n en esta materia en Institutos erigidos a tal fin, como por ejemplo: el Instituto "Agustinianum" de Roma. Conviene, en efecto, que el profesor tenga la capacidad de acceder directamente a las fuentes con un m√©todo adecuado, a una exposici√≥n completa y equilibrada del pensamiento de los Padres, que sea capaz de juzgar con criterio maduro las obras de los colegas sobre la materia y posea las cualidades humanas y religiosas, fruto de su familiaridad con los Padres, y las pueda comunicar a los dem√°s.

66 5. Es de se√Īalar que esta especializaci√≥n no s√≥lo es v√°lida para la ense√Īanza de la Patrolog√≠a-Patr√≠stica, sino tambi√©n muy √ļtil para la ense√Īanza de la teolog√≠a dogm√°tica, pues ayuda a desempe√Īar con eficacia la labor catequ√≠stica, espiritual y lit√ļrgica con la sabidur√≠a y el equilibrio √©tico-espiritual de los Padres.

66 6. Evidente que el estudio de los Padres requiere también medios y ayudas adecuadas como por ejemplo, una biblioteca bien provista desde el punto de vista patrístico. (Colecciones, monografías, revistas, diccionarios), así como también el conocimiento de las lenguas clásicas y modernas. Dada la notable deficiencia de los estudios humanísticos en las escuelas de hoy, será preciso hacer lo posible por reforzar en nuestros Institutos de formación el estudio del griego y del latín.

CONCLUSI√ďN

67 Esta Congregación haciéndose portavoz del Concilio y de los Sumos Pontífices, ha querido llamar la atención de los Excmos. Obispos y de los Superiores Religiosos sobre un tema de gran importancia para una sólida formación de los sacerdotes, la seriedad de los estudios teológicos y la eficacia de la acción pastoral en el mundo contemporáneo. A su sentido de responsabilidad y a su gran amor a la Iglesia confía las consideraciones anteriores y las disposiciones tomadas, para que se tienda, en cuanto sea posible, a la realización del ideal de una buena formación de los sacerdotes de nuestro tiempo, también en este aspecto. En fin, expresa el deseo de que un estudio mas atento de los Padres lleve a todos a una mayor asimilación de la Palabra de Dios y a auna renovada juventud de la Iglesia, que tuvo y tiene en ellos sus maestros y sus modelos.

Roma, Palacio de la Congregación a 30 de noviembre de 1989

VILLIAN Card. BAUM
Prefecto

JOSE SARAIVA MARTINS
Arz. tit. de Tuburnica
Secretario

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