Soporte
Cardenal Dar√≠o Castrill√≥n Hoyos, El sacerdocio como ¬ęOfficium Laudis¬Ľ
Incrementar tama√Īo de fuente Disminuir tama√Īo de fuente
Compartir

El sacerdocio como ¬ęOfficium Laudis¬Ľ

1. Hermanos y amigos, qué regalo para mí, al inicio de mi servicio a la Congregación del Clero, poder encontrarme, en un clima intenso de comunión, precisamente con los presbíteros, cuyo bien integral es el objeto específico de haber sido yo llamado aquí, junto a la tumba del Príncipe de los Apóstoles, por Aquel que es fundamento visible de toda la comunión eclesial.

¬°Y con qu√© asamblea de ministros ordenados! Numerosa e intercontinental representaci√≥n de cuantos, como el Santo Padre, recibisteis la imposici√≥n de las manos episcopales hace medio siglo. ¬°Bienvenidos! Y bienvenidos tambi√©n vosotros, sacerdotes que condivid√≠s la alegr√≠a de vuestros hermanos jubilares. Hoy en todos nosotros, juntamente a Pedro, se manifiesta aqu√©l amor fraterno que es "sacramental", que hace visible la comuni√≥n vivida por el Se√Īor con los Ap√≥stoles, haciendo de fermento a la comuni√≥n de la Iglesia y que sirve a la √ļnica causa de la edificaci√≥n del Reino de Dios!

Queridos sacerdotes jubilares, si pienso en cu√°ntas veces hab√©is renovado el Sacrificio divino, nuestra raz√≥n de ser y lugar de nuestra identidad, si pienso en cu√°ntas veces hab√©is levantado vuestra diestra para absolver y para bendecir, en cu√°ntas veces hab√©is aconsejado y consolado, en cu√°ntas veces hab√©is evangelizado a los pobres, en cu√°ntas veces hab√©is acompa√Īado en el paso a la eternidad a tantos fieles, si pienso en cu√°ntas ansias, cu√°ntos entusiasmos, cu√°ntas amarguras y pruebas, cu√°ntos obst√°culos y tentaciones superados, cu√°ntas incomprensiones y tambi√©n cu√°ntas alegr√≠as ha probado vuestro coraz√≥n de "otros Cristos", en tantos y tantos a√Īos de ministerio, no puedo no conmoverme y no agradecer a Dios por vuestra vida. En efecto, pienso una y otra vez, en el misterio exaltante en el que todos nosotros estamos ontol√≥gicamente plasmados y en virtud del cual somos ulteriormenrais, aqu√≠ en Roma, cerca de Pedro, el abrazo de la Iglesia Universal. Hemos tratado de hacer todo para que pod√°is percibir, vosotros y cuantos os acompa√Īan, la estima y la acci√≥n de gracias de la Sede de Pedro; querr√≠amos que pasando por la plaza de San Pedro, viendo el abrazo magn√≠fico de la columnata de Bernini, este abrazo no fuese de piedra, sino que lo sintierais c√°lido, con el calor del coraz√≥n del Papa y con el coraz√≥n misionero de la Iglesia entera. Tambi√©n cuando est√©is en vuestras comunidades, en vuestras iglesias, hasta las m√°s apartadas y las m√°s pobres y humildes, en cualquier condici√≥n y lugar, sentid este abrazo, pues es real, es intenso, es verdadero.

2. Y es detalle de exquisita delicadeza que Pedro haya querido asociar a su "Te Deum", en estas jornadas benditas, puestas bajo la mirada de la "Regina Apostolorum", a cuantos han sido ordenados presbíteros, como él, en 1946.

El misterio del sacerdocio ministerial, absolutamente esencial a la Iglesia y al perpetuarse de la redención, es tan alto, que la persona desaparece tras el oficio. El Santo Padre ha querido que el protagonista fuese el sacerdocio ordenado.

En efecto, el jubileo sacerdotal es ocasión propicia para reconsiderar nuestra vocación, volviendo a descubrir el sentido y la grandeza que siempre nos superan (cf. Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo de 1996, n.8). Es también ocasión para que nuestras comunidades descubran el tesoro de este sacerdocio -hecho para que todos puedan beneficiarse copiosamente de él y reciban vida en abundancia- y para que quienes se consideran "alejados", se interroguen sobre él; es ocasión de estímulo para quien ha de implorar cotidianamente el don de la santa perseverancia.

3. Seg√ļn la tradici√≥n b√≠blica, que nos ha recordado el Santo Padre en su √ļltima Carta del Jueves Santo, el jubileo es "tiempo de alegr√≠a y de acci√≥n de gracias". Tales han de ser estas jornadas romanas, pero puesto que el sacerdocio no es una simple "funci√≥n" -no se "hace" el sacerdote, sino que se "es" sacerdote-, ninguno de vosotros est√° en pensi√≥n, aunque no estuviera actualmente comprometido en alg√ļn oficio de responsabilidad directa y espec√≠fica (cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presb√≠teros, n.44). El venerable sacerdote, avanzado en edad, puede cambiar lugar y forma de trabajo, pero cuanto es esencial, as√≠ como la potencia de la gracia que obra mediante √©l, no cambiar√° jam√°s. As√≠ que hay que seguir mirando hacia adelante y no cesar de comunicar la riqueza de vuestra vida, de trabajar seg√ļn las propias fuerzas, no dejar de proyectar pastoralmente. Vosotros, ricos de sabidur√≠a y de perseverancia, constitu√≠s un gran tesoro pastoral.

El mismo hecho de haber sido invitados aquí por el Santo Padre, sea para vosotros motivo de estímulo, y para vuestros presbiterios sea motivo de inteligente valorización. Qué ayuda, incluso semántica, podéis prestar a los hermanos de generaciones más recientes, para profundizar en el sentido contemplativo de la vida sacerdotal, para descubrir el alma de todo apostolado, la verdad profunda de aquello por lo que se fatiga en el "opus" cotidiano: para hacer florecer de nuevo el sentido del fin, para clarificar la distinción entre lo que es instrumento y lo que es esencial, para repetirse a sí mismos los principios y las verdades objetivas, indeclinables y cómo todo en nuestra vida y en nuestro ministerio haya de medirse sobre lo Absoluto que es Cristo y no sobre lo cambiante que es el mundo. Para evidenciar cómo el compromiso por el hombre descienda de tal criterio de medida, cómo la pastoral auténtica, sabia, provisoria y sus iniciativas dignas de respeto florezcan exclusivamente en el terreno de aquella "caritas pastoralis" que no es otra cosa sino la santidad propia del pastor, de cuantos hemos sido modelados como Cristo Pastor y Cabeza. En efecto, quién es si no Cristo el camino, la verdad y la vida? He dicho "LA" y no "UNA", porque sin esta convicrare omnia in Christo" Todas las cosas de no inmediata percepción espiritual y que puedan tocar a nuestro ministerio, debemos afrontarlas con ánimo y estilo sacerdotales y deben ser sabiamente orientadas al fin: "ut in omnibus glorificetur Deus" para que sea "Gloria Dei vivens homo". Tal es el "officium laudis".

4. Sed preciosos generadores de comunión pastoral, propulsores de amistad respetuosa y leal con el propio Obispo, medicina poderosa y buena para posibles sensaciones de cansancio y soledad, ocasión de descubrimiento del manantial de la espiritualidad sacerdotal (cf. Exhortación Apostólica Post-sinodal Pastores Dabo vobis, n.77; Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n.94).

Los presbíteros tienen necesidad constante de esta memoria: vosotros sois memoria viva y, permitidme decirlo, simpática, de lo que el sacerdote y su ministerio pastoral estructuralmente unido, son.

M√°s a√ļn, a quien incumbe por oficio el grave deber de reservaros todo signo delicado de consideraci√≥n afectuosa y real, de valorizaros en las formas respectivamente m√°s aptas de verdadero y real ministerio (Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presb√≠teros, n.95). S√≠, porque, vuelvo a manifestarlo, el sacerdote como tal, prescindiendo de los tipos de responsabilidad, no puede conocer nunca la edad de la pensi√≥n. Esto es fuera de la l√≥gica de la ontolog√≠a sacerdotal, es extra√Īo a toda la tradici√≥n y al mismo sentido del amor. El sacerdote anciano, aunque f√≠sicamente d√©bil, es un verdadero tesoro para la Iglesia.

El sacerdote, no lo olvidemos, es un puro don de amor a la humanidad. No son nuestras capacidades ni nuestras fuerzas las que salvan: es el Amor misericordioso del Redentor que salva y para hacerlo, de ordinario, se quiere servir de nosotros, "siervos in√ļtiles" que por amor somos "llamados" a entregarnos a nosotros mismos en la donaci√≥n total. Somos propiedad de Dios y de los hermanos. He aqu√≠ el valor espl√©ndido, teol√≥gica y pastoralmente tan conveniente al sacerdocio cat√≥lico, del celibato y del radicalismo evang√©lico en su totalidad.

Vosotros, con el elocuente testimonio de medio siglo de fiel donación sacerdotal, predicáis a la Iglesia y al mundo que el ministerio ordenado no puede ser entendido como un servicio "ad tempus", generado "desde abajo" o en definitiva restringido solo a algunos aspectos celebrativos, aunque sean fundamentales, mientras es urgente volver a afirmar a nosotros mismos y después a todos, la magnífica integralidad pastoral del sacerdocio ordenado.

Entre otras cosas esta integralidad constituye tambi√©n una garant√≠a de aut√©ntica promoci√≥n de todas las otras "vocaciones", de la laical a la consagrada, en su rica pluriformidad. Aquel que es ordenado en modo alguno disminuye el sacerdocio com√ļn, al contrario, lo sirve, para que se exprese en plenitud y madure en la caridad.

Nuestro sacerdocio es "officium laudis", como lo califica el Santo Padre en su Carta más reciente dirigida a nosotros con ocasión del Jueves Santo (n.6).

5. "Officium laudis" es, en sentido amplio, propio de todo bautizado, pero aquí se ha de entender como servicio al Unico, Sumo y Eterno Sacerdote, como servicio hecho a la redención que es específica del ministerio ordenado. "Officium laudis" que se eleva como perfume de la ontología del sacro ministerio, "officium laudis" fundado sobre nuestro "proprium", que nos constituye con irrepetibles e insubstituibles características en el seno del pueblo sacerdotal. Es nuestra identidad y nuestra consiguiente espiritualidad que especifica nuestro "officium laudis".

La reflexión, pues, sobre el "officium laudis" es reflexión sobre nuestra identidad y sobre nuestro enraizamiento instrumental en el misterio de la redención, que hace nuevas todas las cosas. Debemos volver a tomar consciencia de todo esto porque el jubileo de oro no os pone al término de un camino, sino en una etapa que ha de sumergiros en el "Magnificat" y en el "Miserere" por las grandes cosas que el Altísimo ha realizado en vosotros y por nuestras incorrespondencias humanas y posibles culpas.

Estamos tambi√©n en una etapa que nos hace implorar una vez m√°s "Veni, Creator Spiritus!", ven a llenarnos de tu fuego para incendiar de amor los senderos que la Providencia divina todav√≠a nos abra por delante. Ven, porque cada d√≠a hasta el √ļltimo de nuestra vida, estaremos junto al altar: "Introibo ad altare Dei, ad Deum qui laetificat iuventutem meam", y lo hacemos como "officium laudis" plenario, supremo.

Amigos y hermanos, es nuestra vida de "otros Cristos" la que es "officum laudis", nosotros mismos en nuestra persona, somos hechos "officium laudis" y por esto nosotros mismos, aunque miserables, débiles, inadecuados y pecadores, somos cosa sagrada, segregada para Dios y, precisamente por esto, constituidos para los hombres. Estamos fuera de la refriega para estar inmersos dentro de ella. Somos un misterio para nosotros mismos, mas un misterio luminoso, un misterio de amor. ¡Dios sea bendito! Estamos cercanos a todo hombre porque somos "segregados", somos padres de todos y disponibles para todos, porque vivimos el don fecundísimo del celibato, estamos revestidos de una dignidad asombrosa, ante la que se inclinan reverentes los mismos ángeles, pero no es para dominar, sino para servir. En una cultura que cada día atribuye mayor importancia a la visualidad, a los símbolos, a los signos, el hábito mismo que queremos llevar con fidelidad consciente es signo externo de no despreciable relieve (Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n.66).

6 Nosotros mismos, pues, "officium laudis". Debemos llegar a ser cada d√≠a lo que ya somos. Y en este terreno jam√°s terminaremos de roturar y de arar sino el d√≠a en que el Se√Īor del campo nos introduzca en su casa, en la esperanza de que pueda decirnos en tal circunstancia: "siervo bueno y fiel..."

Nosotros mismos "officium laudis", porque el sacerdote es "sacramento" del sacerdocio de Jesucristo. Nosotros mismos somos acci√≥n de gracias, ifica un movimiento diferenciado y comunionalmente articulado de papeles que no pueden ser interpretados con modalidad sociol√≥gica. Aunque importantes y de relevancia social, no se trata de "poderes" -en tal caso ser√≠a comprensible la instancia de algunos para la ordenaci√≥n de la mujer, por otro lado carente de todo sentido y, por tanto, no actuable en ning√ļn tiempo y ante ninguna autoridad-. Se trata de papeles insustituibles todos en el Cuerpo M√≠stico, no de poderes! No razonamos en t√©rminos de poder: el poder es s√≥lo de Cristo, que es Kyrios, "el Se√Īor" (Mt 28,18). El sacerdocio se puede entender s√≥lo partiendo de Nuestro Se√Īor crucificado y en verdad resucitado, que ha dotado a la Iglesia, su Esposa, de los propios dones y carismas (1 Cor 12,4-11; Ef 4,7-8). Entre estos, como diamante resplandeciente, est√° el sacerdocio ministerial, que lo representa como Aquel que preside el sacrificio convivial de la Eucarist√≠a. √önico es el sacrificio de la cruz, √ļnico es el sacerdocio, que es Cristo y se representa realmente mediante el sacramento y el ejercicio ministerial, √°mbito donde la "potestad" de Jesucristo se prolonga y se actualiza salv√≠ficamente para todo hombre, en todo tiempo y en todo lugar, hasta el fin de los siglos.

"¡Sacrificium laudis!" De esta relación emerge el significado primario del sacerdocio; es un sacerdocio instrumental en relación a Aquel que ha recibido "todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,18).

7. Est√°, pues, tan claro, m√°s all√° de cualquier problematismo esclavo de una lectura socio-mundana, que "nuestro" sacerdocio desciende "de lo alto" y no emerge "de abajo", con un inmenso abanico de consecuencias eclesiol√≥gicas, lit√ļrgicas, espirituales, pastorales y disciplinares. As√≠ como la comuni√≥n no se realiza sobre el consenso m√°s o menos popular, sino sobre la verdad que es Cristo Se√Īor. Es su voluntad la que norma y no otra cosa, y sobre esta voluntad se plasma nuestra santificaci√≥n y se desarrolla la plena personalidad de cada miembro de la comunidad. Nosotros sacerdotes, con todas las responsabilidades, tomamos el puesto de Cristo, Pastor y Cabeza de la Iglesia, y tal papel, lejos de extra√Īas interpretaciones democratic√≠sticas (Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presb√≠teros, n.17), es indispensable para demostrar que la fracci√≥n del pan, realizada por nosotros, es un don recibido de Cristo, que supera radicalmente el poder de la asamblea.

Así comprendemos mejor nuestro "officium laudis". No la progresiva disolución de todo signo y de toda especificidad del sacerdocio ministerial -y estemos atentos a las demasiado rastreras solicitaciones, emotivamente "sub specie boni" en tal sentido-, sino su presencia clara, su semántica, su constatación, su pleno ejercicio, ilustran la gratuidad de la redención, en acto en la disponibilidad de la fe.

"Officium laudis!". Debemos tener consciencia y decirlo con el ministerio y la vida, que el sacramento del Orden, con el que hemos sido distinguidos, no se sobrepone al de Cristo, sino lo acerca a todos, lo pone en contacto con todos, constituye el "instrumento" de presencia del Unico Sacerdocio del Kyrios.

8. Se hace as√≠ m√°s clara y por motivos teol√≥gico-espirituales, la estrecha conveniencia del sagrado celibato, que ha de vivirse como novedad liberante, como don de s√≠ "en" y "con" Cristo, como imitaci√≥n de Cristo, Buen Pastor, que es pan puro partido para los otros, no retiene nada para s√≠ y √Čl mismo es pura "entrega", "officium laudis!" (Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presb√≠teros, nn.58-59).

En esta b√ļsqueda de las ra√≠ces de nuestro sacerdocio como "officium laudis" no podemos no toparnos con la obligada condici√≥n de humildad profunda y constitutiva en la comunidad y en los √°mbitos de nuestro ministerio.

No es buscando uniformarnos con los fieles no ordenados, por el equivocado y corrosivo complejo de ser "casta", no es eliminando todo signo de distinci√≥n (h√°bito, vestidos lit√ļrgicos, arquitectura sacra, etc.). Y casi avergonz√°ndonos de ocupar el puesto que nos compete, precisamente para servir; no es manipulando a veces subjetivamente ritos, gestos o f√≥rmulas lit√ļrgicas como se construye la fraternidad, ¬°No! La comunidad cristiana, el esp√≠ritu de familia y la fraternidad se despliegan evidenciando siempre m√°s el poder de Jesucristo y la gracia que la ministerialidad significa. Ciertos temores, ciertos bochornos, ciertos complejos -que son por lo dem√°s mundanizaciones, si bien se mira-, manifiestan un modo de entender el sacerdocio que lo asemeja a una propiedad o a bienes personales, que hay que apresurarse a tratar de repartir para poder ostentar la medalla de la pobreza. El esp√≠ritu sacerdotal de pobreza, por el contrario, -bien alejado de excentricidades externas o demagogias baratas- tiene objetivos salv√≠ficos sobre el ejemplo de Cristo que, siendo rico, se hizo pobre para que nosotros fu√©ramos ricos por medio de su pobreza (2 Cor 8,9; Directorio para el ministerio y la vida de los presb√≠teros, n.67).

As√≠ el esp√≠ritu sacerdotal de pobreza no puede ser tal si no est√° equipado de fidelidad a la ortodoxia de la doctrina, del testimonio convencido y gozoso del sagrado celibato, de la fidelidad comunional a la disciplina eclesi√°stica, del enraizamiento en la oraci√≥n y del saber reservar siempre a los m√°s pobres las atenciones m√°s delicadas, con una opci√≥n preferencial, no exclusiva ni excluyente, por todas las formas de pobreza, antiguas y nuevas, tr√°gicamente presentes en el mundo, recordando siempre que la primera miseria de la que ha de ser liberado el hombre, es el pecado, ra√≠z √ļltima de todo mal (cf.Directorio, n.67).

9. Estamos convencidos de que nada se podr√° mejorar en las sociedades para cuyo bien gastamos nuestras vidas, si no se va a la ra√≠z, a la lucha contra el pecado, al cambio del coraz√≥n de los individuos, en una palabra, a la conversi√≥n! De lo contrario, cualquier empe√Īo, cualquier programaci√≥n, cualquier inventiva personal o comunitaria podr√°n crear incluso simpat√≠a y aplauso, pero no cambiar√°n nada.

Tambi√©n esto es para nosotros un deber sem√°ntico de presencia eficaz de Cristo Sacerdote, Cabeza y Pastor. El "officium laudis" lo cumplimos en la tensi√≥n de la fidelidad y toda leg√≠tima creatividad est√° en vivir plenamente, con todo lo que somos, dondequiera que estemos y en cualquier situaci√≥n, lo que √Čl es.

En la mutabilidad de situaciones es absolutamente necesario individuar los componentes esenciales que no pueden ser discutidos, so pena de evaporar la identidad sacerdotal. No porque cuanto pertenece a la mutabilidad histórica sea por eso mismo objeto de elección autónoma o arbitraria, o porque le falte consistencia e incisividad, sino porque el sentido de los componentes respectivos puede ser tomado y recuperado a condición de que permanezcan claros los rasgos estructurales del sacerdocio.

"Officium laudis" no son solo las palabras del Salterio, los himnos lit√ļrgicos, los cantos del pueblo de Dios, hechos resonar en presencia del Creador en tantas lenguas diversas: "officium laudis" es sobre todo el incesante descubrimiento de la verdad, del bien, de la belleza que el mundo recibe del Creador y, a la vez, es el descubrimiento del sentido de la existencia humana. La gloria de Dios est√° inscrita en el orden de la creaci√≥n y de la redenci√≥n: el sacerdote es llamado a vivir hasta el fondo este misterio para participar al gran "officium laudis" que se realiza incesantemente en el universo" (Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo de 1996, n.6).

Solamente viviendo la verdad de la redenci√≥n del mundo y del hombre, el sacerdote puede acercarse correcta y eficazmente a cada problema, a cada persona, a cada grupo, a cada sociedad y cultura. El sacerdocio es transcultural. Ello no nace de la historia, sino de la inmutable voluntad del Se√Īor. Sin embargo, se confronta con las circunstancias hist√≥ricas y -aunque permaneciendo siempre fiel a s√≠ mismo- se configura, en la concreci√≥n de las opciones, tambi√©n a trav√©s de una relaci√≥n cr√≠tica y de una b√ļsqueda de respuesta evang√©lica a los signos de los tiempos" (Directorio para el ministerio y la vida de los presb√≠teros, n.34).

Pues bien, los desaf√≠os de la hora presente en la tarda modernidad marcada por una miscel√°nea de relativismo, subjetivismo aut√≥nomo, irenismo, secularismo y por m√ļltiples contradicciones, nos interpelan sin cesar, nos exponen a la incomprensi√≥n, a la desconfianza, al aislamiento y, a veces, a la soledad. Es el precio de la fidelidad.

Cuando pensamos en esto o lo experimentamos, sentimos, fuerte y tranquilizadora, la voz del Divino Maestro: Nolite timere, ego sum vobiscum. Por otro lado, ¬Ņes que ha habido tiempos idil√≠acos para la Iglesia, si el esp√≠ritu del mundo est√° siempre en los ant√≠podas del Esp√≠ritu de Dios? ¬°En vuestros labios no puede morir la profec√≠a!

10. La Iglesia -y la historia lo demuestra claramente- está en grado de resistir a cualquier ataque, a todos los asaltos, hasta los más astutos, que puedan ser desencadenados contra ella por los potentados políticos, económicos, culturales y ocultos. Puede resistir a todo, pero no puede resistir al peligro que derivaría de estas palabras: Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo.

Jes√ļs mismo indica las tr√°gicas consecuencias: Si la sal se vuelve ins√≠pida, ¬Ņcon qu√© se preservar√° al mundo de la corrupci√≥n? (Mt 5,13-14). ¬ŅPara qu√© servir√≠a un sacerdote tan parecido al mundo que llegara a mimetizarse en vez de ser fermento transformador?

A cincuenta a√Īos de la imposici√≥n de las manos, despu√©s de haber visto y o√≠do tantas cosas, despu√©s de haber asistido, sobre todo en los √ļltimos decenios, a una grave obra de anestesia por parte del esp√≠ritu del mundo, inoculada en algunos de nuestros centros de formaci√≥n, de fatigas pastorales y en algunos medios de comunicaci√≥n, no podemos no hacer un examen de conciencia.

En este ser memoria viviente de fidelidad, en este ser sal, vosotros ten√©is una funci√≥n important√≠sima para el desarrollo de las vocaciones. No es verdad que falten vocaciones -bastar√≠a una an√°lisis reflexivo de los datos estad√≠sticos-, pero su floraci√≥n sigue simplemente la l√≥gica evang√©lica hecha de autenticidad. No faltan lugares y √°mbitos donde las vocaciones aparecen como un milagro por calidad y n√ļmero, mas en tales lugares y √°mbitos hay caracter√≠sticas sobre las cuales deberemos meditar para descubrir, si se me permite, la expresi√≥n, los gustos de Dios.

"Ciertamente la clara conciencia de la propia identidad, la coherencia de vida, la alegría transparente y el ardor misionero constituyen otros tantos elementos de la pastoral vocacional que ha de integrarse en la pastoral orgánica y ordinaria". Con esta viva consciencia, respaldada por datos objetivos, todos debemos sentir como exigencia insuprimible de caridad pastoral, acogiendo la gracia del Espíritu Santo, la preocupación de suscitar al menos una vocación sacerdotal que pueda continuar nuestro ministerio (Cf. Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, n.32).

El "Te Deum" por los 50 a√Īos de sacerdocio debe constituir tambi√©n un est√≠mulo para reunir un patrimonio por dejar en herencia, y el patrimonio m√°s precioso est√° constituido por una posteridad de sacerdotes motivados, misioneros, deseosos de santificarse y santificar.

Así expresamos efectivamente el amor a Dios, a la Iglesia, a las almas. Esta sería la más bella fecundidad de nuestro sacerdocio.

11. Hermanos en el sacerdocio, hermanos aqu√≠ reunidos como corona de amistad y estima hacia el Santo Padre y hacia todos los festejados, elevamos juntamente en estos d√≠as nuestra acci√≥n de gracias y nuestra s√ļplica al Padre de las misericordias: por la intercesi√≥n de Mar√≠a, Madre de Cristo y Madre nuestra, modelo de vida evang√©lica y apost√≥lica, en el coraz√≥n de estos sacerdotes que llevan el peso de una fatiga apost√≥lica, gozosa y fecunda, que dura ya medio siglo, sean custodiados los dones del Se√Īor: la firme convicci√≥n de la propia identidad, la dulzura, la celebraci√≥n de los misterios divinos crezca el templo de Dios que es la Iglesia.

Al Santo Padre, icono de la fidelidad al Buen Pastor, sacerdote infatigable y apasionado, renovamos nuestra adhesi√≥n convencida, el apoyo de la oraci√≥n cotidiana y del ofrecimiento, nuestro compromiso, una vez vueltos a nuestros lugares de origen, de ser operarios de comuni√≥n vital con √Čl, y memorias vivientes de fidelidad, capaces de hacer brotar numerosas vocaciones que iluminen con Cristo el tercer milenio ya inminente!

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR√ďNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS‚ĄĘ. La versi√≥n electr√≥nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est√° protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par√°metros para su uso. Hecho el dep√≥sito legal.


Dise√Īo web :: Hosting Cat√≥lico