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Congregaci贸n para los Obispos, Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos Seculares, Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia
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Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia

Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos Secuares
Congregaci贸n para los Obispos

INTRODUCCION

I. - LAS MUTUAS RELACIONES entre los diversos miembros del Pueblo de Dios est谩n siendo objeto actualmente de una especial atenci贸n. Ha ocurrido que la doctrina conciliar acerca del misterio de la Iglesia, juntamente con las constantes innovaciones culturales, han llevado las cosas a una tal saz贸n que problemas completamente nuevos han empezado a surgir por doquier; problemas delicados y complejos que, sin embargo, han resultado indudablemente positivos, con frecuencia. Precisamente a este tipo de problemas pertenece el de las relaciones mutuas entre Obispos y Religiosos que ha sido motivo de especiales preocupaciones. Para comprender esto, basta tener presente el hecho, verdaderamente impresionante, de que las religiosas en el mundo son m谩s de un mill贸n, o sea una religiosa por cada 250 mujeres cat贸licas; y que los religiosos son alrededor de los 270.000; de ellos, los religiosos sacerdotes llegan a ser el 35,6% de todos los sacerdotes de la Iglesia y en algunas regiones, como ciertas naciones africanas o de Am茅rica Latina, pasan de ser la mitad del clero residente.

II. - Las Sagradas Congregaciones para los Obispos y para los Religiosos e Institutos seculares, al cumplirse el primer decenio de la promulgaci贸n de los Decretos conciliares Christus Dominus y Perfectae caritatis (28 de octubre de 1965) han celebrado una Asamblea Plenaria Mixta (16-18 de octubre de 1975) despu茅s de consultar y pedir la colaboraci贸n de las Conferencias nacionales de Obispos y de Religiosos, as铆 como de las Uniones Internacionales de Superioras y Superiores generales. En dicha Asamblea se afrontaron, como temas principales, las siguientes cuestiones: a) qu茅 esperan los Obispos de los Religiosos; b) qu茅 esperan los Religiosos de los Obispos; c) qu茅 medios pueden ser utilizados para obtener una coordinaci贸n fecunda entre Obispos y Religiosos a nivel diocesano y a nivel nacional e internacional.

Se fijaron los criterios generales a seguir y se hicieron diversas enmiendas al texto que fue presentado a los Padres; la Asamblea decidi贸 luego que se elaborase un documento cuyo contenido fuera de tipo pastoral orientativo. Publicamos ahora este documento redactado con el contributo de las Sagradas Congregaciones para las Iglesias Orientales y para la Evangelizaci贸n de los Pueblos.

III. - EL argumento tratado se sit煤a dentro de l铆mites bien precisos: en efecto, el tema de las relaciones entre Obispos y Religiosos de cualquier rito y territorio que sean, viene examinado con el objeto de facilitar en la pr谩ctica el desarrollo de tales relaciones. La discusi贸n mira directamente a las relaciones existentes entre Obispos e Institutos religiosos o Sociedades de vida com煤n; los Institutos seculares por lo mismo no entran dentro de la visual del documento, si no se trata de aquellos pasajes que tratan de los principios generales de la vida de consagraci贸n (cfr. PC 11) y de su inserci贸n en las Iglesias particulares (cfr. CD 33).

El texto comprende dos partes: una doctrinal y otra normativa; su principal intenci贸n es la de marcar una l铆nea orientadora en la tarea de aplicar mejor y m谩s eficazmente los principios renovadores dados por el Concilio Ecum茅nico Vaticano II.

Parte Primera
ALGUNOS ELEMENTOS DOCTRINALES

Antes de dar normas pastorales que regulen ciertos problemas existentes en el campo de las relaciones entre Obispos y Religiosos, parece evidente que se debe presentar una breve s铆ntesis doctrinal que enumere los principios sobre los que se fundan tales relaciones. Por lo dem谩s, semejante exposici贸n de principios presupone, por muy compendiosa que sea, todo el desarrollo doctrinal que se halla en los documentos conciliares.

Cap铆tulo I
LA IGLESIA COMO 芦PUEBLO NUEVO禄

No seg煤n la carne, sino seg煤n el Esp铆ritu (LG 9)

1. - El Concilio ha puesto en evidencia la naturaleza constitutiva de la Iglesia, tan singular, al presentarla como Misterio (cfr. LG cap. 1). En efecto, partiendo del d铆a mismo de Pentecost茅s (cfr. LG 4), existe en el mundo un Pueblo nuevo que, vivificado por el Esp铆ritu, se re煤ne en Cristo para llegar hasta el Padre (cfr. Ef. 2, 18). Los individuos que componen este Pueblo son convocados de entre todas las naciones y se funden entre s铆 en tan 铆ntima unidad (cfr. LG 9) que el resultado no puede explicarse a base de ning煤n m贸dulo sociol贸gico; y esto porque una verdadera novedad que trasciende todo orden humano le subyace inmanentemente. Ocurre que s贸lo en esta perspectiva transcendente pueden hallar una interpretaci贸n exacta las relaciones mutuas entre los diversos miembros de la Iglesia, ya que la presencia misma del Esp铆ritu Santo es el elemento sobre el cual se funda la originalidad de su naturaleza. Es EL, en efecto, vida y fuerza del Pueblo de Dios y causa de su comuni贸n; es vigor de su misi贸n, manantial de sus dones multiformes, v铆nculo de su admirable unidad, luz y belleza de su poder creador, fuego de su amor (cfr. LG 4; 7; 8; 9; 12; 18; 21). En realidad, el despertar espiritual y pastoral de estos 煤ltimos a帽os, a pesar de ciertos inquietantes abusos, manifiesta claramente, merced a la presencia del Esp铆ritu Santo, la actualizaci贸n de un tiempo privilegiado (cfr. Evangelii nuntiandi 75) a causa de la juventud nupcial de la Iglesia en renovaci贸n que acelera su caminar hacia el d铆a de su Se帽or (cfr. Ap. 22, 17).

芦Un solo Cuerpo禄 y 芦muchos miembros diferentes禄 (1 Cor. 12, 13; Rom. 12, 5)

2. - En el misterio de la Iglesia la unidad en Cristo lleva consigo una intercomuni贸n de vida entre los miembros. Pues plugo a Dios santificar y salva a los hombres no singularmente, cual individuos sin conexi贸n, sino constituyendo con ellos un pueblo (LG 9). Es la presencia misma del Esp铆ritu Santo que vivifica (cfr. LG 7) la que produce en Cristo la cohesi贸n org谩nica: El da unid.ad a la Iglesia en la comuni贸n y el ministerio, y con variados dones jer谩rquicos y carism谩ticos la dota, la dirige y la colma de sus frutos (cfr. Ef. 4, 11-12; 1 Cor. 12, 4; Gal. 5, 22; LG 4).

Los elementos que hacen diferentes entre s铆 a los diversos miembros, o sea, los dones, los oficios y los ministerios diversos, constituyen una especie de complemento rec铆proco y, en realidad, est谩n ordenados a la 煤nica comuni贸n y misi贸n del 煤nico Cuerpo (LG 7; AA 3). El hecho que en la Iglesia existan Pastores, Laicos y Religiosos no arguye, por tanto, una desigualdad en la com煤n dignidad de los miembros, sino que m谩s bien es manifestaci贸n de la unidad articulada de las junturas y funciones de un organismo vivo.

Convocados para formar todos juntos un 芦Sacramento visible禄 (LG 9)

3. - La novedad del Pueblo de Dios en su doble dimensi贸n de organismo social visible y de presencia divina invisible 鈥� dimensiones 铆ntimamente unidas 鈥� puede parangonarse con el misterio mismo de Cristo: porque, as铆 como la naturaleza asumida por el Verbo Divino le sirve de 贸rgano vivo de salvaci贸n, unido a El indisolublemente, de manera semejante el conglomerado social de la Iglesia sirve al Esp铆ritu de Cristo que la vivifica para el crecimiento del Cuerpo (cfr. Ef. 4, 16; LG 8). As铆 pues, la 铆ntima conexi贸n entre ambos elementos confiere a la Iglesia su naturaleza sacramental que trasciende absolutamente los l铆mites de cualquier perspectiva simplemente sociol贸gica. Precisamente por eso, el Concilio pudo afirmar que el Pueblo de Dios est谩 en el mundo como sacramento visible de unidad salut铆fera para todos los hombres (LG 9; cfr. LG 1; 8; 48; GS 42; AG 1; 5).

Las actuales evoluciones sociales y los cambios culturales a que asistimos, si bien provocan en la Iglesia la necesidad de renovar no pocos de sus aspectos humanos, no son capaces, con todo, de deteriorar ni siquiera en lo m谩s m铆nimo su estructura peculiar de Sacramento universal de salvaci贸n; por el contrario, los mismos cambios que se har谩n necesarios servir谩n a poner m谩s de relieve su naturaleza.

Destinados a dar testimonio y a anunciar el Evangelio

4. - Todos los miembros, Pastores, Laicos y Religiosos, participan cada uno a su manera de la naturaleza sacramental de la Iglesia; igualmente cada uno desde su propio puesto, debe ser signo e instrumento tanto de la uni贸n con Dios cuanto de la salvaci贸n del mundo. Para todos, en efecto, existe el doble aspecto de la vocaci贸n:

a) a la santidad: en la Iglesia todos, pertenezcan a la Jerarqu铆a o sean guiados por ella, son llamados a la santidad (LG 39);

b) al apostolado: la Iglesia entera es impulsada por el Esp铆ritu Santo a cooperar en la realizaci贸n del plan divino (LG 17; cfr. AA 2; AG 1, 2, 3, 4, 5).

Por consiguiente, antes de considerar la diversidad de los dones, oficios y ministerios, es preciso admitir como fundamento la com煤n vocaci贸n a la uni贸n con Dios para salvaci贸n del mundo. Ahora bien, esta vocaci贸n requiere en todos, como criterio de participaci贸n en la comuni贸n eclesial, el primado de la vida en el Esp铆ritu; en virtud del mismo ocupan el primer lugar la audici贸n de la Palabra, la oraci贸n interior, la conciencia de ser miembro de todo el Cuerpo junto con la preocupaci贸n por la unidad, el fiel cumplimiento de la propia misi贸n, el don de s铆 en el servicio y la humildad de la penitencia. Pasando ya a la cuesti贸n de las relaciones entre Obispos y Religiosos, es precisamente de la com煤n vocaci贸n bautismal a la vida en el Esp铆ritu de donde provienen los influjos m谩s eficaces y donde nacen las m谩s fuertes exigencias.

Cap铆tulo II
EL MINISTERIO DE LOS OBISPOS DENTRO DE LA COMUNI脫N ECLESIAL

Propia y excelsa comuni贸n del Pueblo de Dios

5. - La comuni贸n org谩nica entre los diversos miembros de la Iglesia, de tal manera es fruto de un mismo Esp铆ritu Santo que presupone necesariamente la iniciativa hist贸rica de Jesucristo y su 茅xodo pascual. Precisamente porque el Esp铆ritu Santo es el Esp铆ritu del Se帽or: Jesucristo, ensalzado a la derecha de Dios (Act. 2, 33) ha derramado sobre sus disc铆pulos el Esp铆ritu prometido por el Padre (LG 5). Si el Esp铆ritu es como el alma del Cuerpo (cfr. LG 7) Cristo es en realidad su Cabeza (LG 7); as铆 que de ambos promana la org谩nica cohesi贸n de los miembros (cfr. 1 Cor. 12-13; Col. 2, 19). Por lo mismo no puede existir una verdadera docilidad al Esp铆ritu sin fidelidad al Se帽or que lo env铆a; por Cristo, en efecto, todo el Cuerpo recibe nutrimiento y cohesi贸n a trav茅s de las coyunturas y ligamentos y crece con el crecimiento de Dios (Col. 2, 19).

Consiguientemente la comuni贸n org谩nica de la Iglesia no es solamente espiritual, en cuanto nacida del Esp铆ritu Santo y anterior por naturaleza a las funciones eclesiales y creadora de las mismas, sino que es simult谩neamente jer谩rquica al derivar por impulso vital de Cristo-Cabeza. Los dones mismos infundidos por el Esp铆ritu est谩n ordenados por voluntad de Cristo y por su naturaleza al Cuerpo entero, en orden a vivificar sus funciones y actividad. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, el principio, el primog茅nito de los muertos, para que en todo obtenga El la primac铆a (cfr. LG 7; Col. 1, 15-18). As铆 pues, la comuni贸n org谩nica de la Iglesia, tanto en su aspecto espiritual cuanto en su dimensi贸n jer谩rquica, deriva conjuntamente de Cristo y de su Esp铆ritu. Con raz贸n, pues, S. Pablo Ap贸stol ha usado con frecuencia la f贸rmula 芦en Cristo y en el Esp铆ritu禄 mostrando la profunda y vital convergencia de ambas palabras (cfr. Ef. 2, 21-22 y multitud de otros pasajes).

Cristo-Cabeza presente en el ministerio episcopal

6. - El Se帽or mismo ha instituido en la Iglesia varios ministerios ordenados al bien de todo el Cuerpo (LG 18). Entre estos ministerios el episcopal es fundamento de todos los otros. Los Obispos, en comuni贸n jer谩rquica con el Romano Pont铆fice, constituyen el Colegio Episcopal y de esta manera expresan en conjunto y realizan en la Iglesia-Sacramento la funci贸n de Cristo-Cabeza: en la persona de los Obispos, en efecto, rodeados de sus sacerdotes, est谩 presente en medio de los creyentes el Se帽or Jesucristo, Pont铆fice Sumo... estando ellos en lugar del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pont铆fice, actuando en vez de El (LG 21; cfr. 27; 28; PO 1; CD 2) en nombre de Cristo-Cabeza (PO 2). Nadie fuera del Obispo desarrolla en la Iglesia una funci贸n org谩nica de fecundidad (cfr. LG 18; 19), de unidad (cfr. LG 23) y de potestad espiritual (cfr. LG 22) tan fundamental que influya en toda la actividad eclesial. Pues aunque en el Pueblo de Dios existan repartidos otros muchos ministerios y tareas, s贸lo al Pont铆fice Romano y a los Obispos, como a la Cabeza en el Cuerpo, compete el ministerio de discernir y armonizar (cfr. LG 21), lo cual supone la abundancia de especiales dones del Esp铆ritu y el carisma peculiar de ordenar las diversas funciones con 铆ntima docilidad espiritual al 煤nico Esp铆ritu vivificante (cfr. LG 12; 24; etc.).

Indivisibilidad del ministerio de los Obispos

7. - El Obispo, con la colaboraci贸n de los presb铆teros, ejerce un servicio triple en favor de la comunidad de los fieles, a saber: ense帽ando, santificando, gobernando (cfr. LG 25-27; CD 12-20; PO 4-6). Pero no se trata de tres ministerios; sino que, habiendo Cristo en la nueva Ley fusionado radicalmente las tres funciones de Maestro, Liturgo y Pastor, se trata de un solo ministerio original. Por lo mismo el ministerio episcopal se ejerce indivisiblemente a trav茅s de sus diversas funciones. De modo que, aun cuando las circunstancias exijan, a veces, que uno de estos tres aspectos sea puesto especialmente de relieve, nunca deber谩n separarse ni deber谩n ser preteridos los otros dos, para que en modo alguno sufra menoscabo la 铆ntima integridad de todo el ministerio. El Obispo, pues, no gobierna solamente, ni santifica o ense帽a solamente, sino que, con la asistencia de sus presb铆teros, apacienta su grey ense帽ando, santificando, gobernando con acci贸n 煤nica e indivisible. El Obispo, por tanto, en virtud de su propio ministerio, es responsable de modo especial del crecimiento en la santidad de todos sus fieles, en cuanto es principal dispensador de los ministerios de Dios y perfeccionador de su grey seg煤n la vocaci贸n de cada uno (cfr. CD 15); por lo tanto, tambi茅n y con mayor raz贸n, seg煤n la vocaci贸n de los Religiosos.

Misi贸n de la Sda. Jerarqu铆a con relaci贸n a la vida religiosa

8. - Una reflexi贸n atenta acerca de las funciones y deberes del Romano Pont铆fice y de los Obispos con relaci贸n a la vida concreta de los religiosos, nos lleva al descubrimiento en modo particularmente claro y tangible de su dimensi贸n eclesial, es decir, del indudable ligamen de la vida religiosa con la vida y santidad de la Iglesia (cfr. LG 44). Pues Dios, por medio de la sacra Jerarqu铆a, consagra a los religiosos a su m谩s alto servicio en el Pueblo de Dios (cfr. LG 44); y asimismo la Iglesia, por ministerio de sus Pastores, no solamente eleva con su sanci贸n la profesi贸n religiosa a la dignidad de estado can贸nico, sino que con su acci贸n lit煤rgica la presenta adem谩s como estado de consagraci贸n a Dios (LG 45; cfr. SC 80; 2). Adem谩s, los Obispos en cuanto miembros del Colegio Episcopal, convienen con la voluntad del Sumo Pont铆fice en las siguientes funciones: regulan sabiamente la pr谩ctica de los consejos evang茅licos (cfr. LG 45); aprueban aut茅nticamente las Reglas presentadas (cfr. LG 45) de manera que sea reconocida y conferida a los Institutos la misi贸n propia de cada uno, promoviendo en ellos la solicitud por la fundaci贸n de nuevas iglesias (AG 18; 27) y confi谩ndoles, seg煤n las circunstancias, mandatos y servicios peculiares; procuran que los Institutos crezcan y florezcan seg煤n el esp铆ritu de los Fundadores, protegi茅ndolos y vigil谩ndolos con su autoridad (LG 45); determinan la exenci贸n de algunos Institutos de la jurisdicci贸n de los Ordinarios de lugar en vista de la com煤n utilidad (LG 45) de la Iglesia universal y para mejor proveer al incremento y perfeccionamiento de la vida religiosa (CD 35, 3).

Algunas consecuencias

9. - Las breves consideraciones hechas hasta aqu铆 acerca de la comuni贸n jer谩rquica en la Iglesia, proyectan luz abundante sobre la cuesti贸n de las relaciones entre Obispos y Religiosos:

a) Cabeza del Cuerpo eclesial es Cristo, Pastor Eterno, que le ha puesto al frente a Pedro, a los Ap贸stoles y a sus sucesores, o sea, al Romano Pont铆fice y a los Obispos, constituy茅ndolos sacramentalmente sus Vicarios (cfr. LG 18; 22; 27) y colm谩ndolos de los carismas necesarios; y nadie m谩s tiene la potestad de ejercitar funci贸n alguna de magisterio, santificaci贸n o gobierno, si no es en participaci贸n y comuni贸n con ellos.

b) Alma del Cuerpo de la Iglesia es llamado el Esp铆ritu Santo; ning煤n miembro del Pueblo de Dios, sea cual sea el ministerio a que se dedica, posee aisladamente todos los dones, oficios y ministerios, sino que debe estar en comuni贸n con los dem谩s. Los diversos dones y funciones en el Pueblo de Dios convergen y se complementan rec铆procamente en una 煤nica comuni贸n y misi贸n.

c) Los Obispos, en uni贸n con el Romano Pont铆fice, reciben de Cristo-Cabeza la misi贸n de discernir los dones y las atribuciones, de coordinar las m煤ltiples energ铆as y de guiar todo el Pueblo a vivir en el mundo como signo e instrumento de salvaci贸n. Por lo tanto tambi茅n a ellos ha sido confiado el cuidado de los carismas religiosos; tanto m谩s al ser, en virtud de su indivisible ministerio pastoral, perfeccionadores de toda su grey. Y por lo mismo, al promover la vida religiosa y protegerla seg煤n sus propias notas caracter铆sticas, los Obispos cumplen su propia misi贸n pastoral.

d) Todos los Pastores, no echando en olvido la admonici贸n apost贸lica de estar entre los fieles a ellos confiados, no en calidad de dominadores, sino haci茅ndose modelos de la grey (1 Pt. 5, 3), ser谩n justamente conscientes de la primac铆a de la vida en el Esp铆ritu que exige de ellos ser, a la vez, gu铆as y miembros, verdaderos padres pero tambi茅n hermanos, maestros de la fe pero, ante todo, condisc铆pulos ante Cristo, perfeccionadores ciertamente de sus fieles, pero tambi茅n verdaderos testigos de su santificaci贸n personal.

Cap铆tulo III
LA VIDA RELIGIOSA DENTRO DE LA COMUNI脫N ECLESIAL

Naturaleza eclesial de los Institutos religiosos

10. - El estado religioso no es un intermedio entre la condici贸n clerical y laical, sino que proviene de una y otra, siendo como un don especial hecho a toda la Iglesia (cfr. LG 43).

Consiste en el seguimiento de Cristo mediante la profesi贸n p煤blica de los consejos evang茅licos de castidad, pobreza y obediencia y la asunci贸n del compromiso de remover todos los obst谩culos que puedan apartar del fervor de la caridad y de la perfecci贸n del culto divino. Pues el religioso se entrega totalmente a Dios sumamente amado, quedando por nuevo y especial t铆tulo consagrado al servicio y honor de Dios, lo cual hace que est茅 unido de modo especial a la Iglesia y su misterio y le apremie a una entrega absoluta por el bien de todo el Cuerpo (cfr. LG 44).

De aqu铆 se deduce claramente que la vida religiosa es un modo especial de participar de la naturaleza sacramental del Pueblo de Dios. Ya que la consagraci贸n de los que profesan los votos religiosos, tiene por objetivo principal el testimoniar visiblemente ante el mundo el misterio insondable de Cristo, manifest谩ndolo realmente en s铆 mismos, ya contemplando en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las turbas, ya sanando enfermos y heridos, convirtiendo pecadores al bien obrar o bendiciendo a los ni帽os y beneficiando a todos, pero siempre obediente a la voluntad del Padre que le envi贸 (LG 46).

La 铆ndole propia de cada Instituto

11. - Los Institutos religiosos en la Iglesia son muchos y diversos, cada uno con su propia 铆ndole (cfr. PC 7, 8, 9, 10); pero todos aportan su propia vocaci贸n, cual don hecho por el Esp铆ritu, por medio de hombres y mujeres insignes (cfr. LG 45; PC 1, 2) y aprobado aut茅nticamente por la sagrada Jerarqu铆a.

El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp铆ritu (Evang. nunt. 11), transmitida a los propios disc铆pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton铆a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne. Por eso la Iglesia defiende y sostiene la 铆ndole propia de los diversos Institutos religiosos (LG 44; cfr. CD 33; 35, 1, 2, etc.). La 铆ndole propia lleva adem谩s consigo, un estilo particular de santificaci贸n y apostolado que va creando una tradici贸n t铆pica cuyos elementos objetivos pueden ser f谩cilmente individuados. Es necesario por lo mismo que en las actuales circunstancias de evoluci贸n cultural y de renovaci贸n eclesial, la identidad de cada Instituto sea asegurada de tal manera que pueda evitarse el peligro de la imprecisi贸n con que los religiosos sin tener suficientemente en cuenta el modo de actuar propio de su 铆ndole, se insertan en la vida de la Iglesia de manera vaga y ambigua.

Se帽ales del 芦carisma禄 genuino

12. - Todo carisma aut茅ntico lleva consigo una cierta carga de genuina novedad en la vida espiritual de la Iglesia, as铆 como de peculiar efectividad, que puede resultar tal vez inc贸moda e incluso crear situaciones dif铆ciles, dado que no siempre es f谩cil e inmediato el reconocimiento de su proveniencia del Esp铆ritu.

La caracterizaci贸n carism谩tica propia de cada Instituto requiere, tanto por parte del Fundador cuanto por parte de sus disc铆pulos, el verificar constantemente la propia fidelidad al Se帽or, la docilidad al Esp铆ritu, la atenci贸n a las circunstancias y la visi贸n cauta de los signos de los tiempos, la voluntad de inserci贸n en la Iglesia, la conciencia de la propia subordinaci贸n a la Sda. Jerarqu铆a, la audacia en las iniciativas, la constancia en la entrega, la humildad en sobrellevar los contratiempos. La exacta ecuaci贸n entre carisma genuino, perspectiva de novedad y sufrimiento interior, supone una conexi贸n constante entre carisma y cruz; es precisamente la cruz la que, sin justificar los motivos inmediatos de incomprensi贸n, resulta sumamente 煤til al momento de discernir la autenticidad de una vocaci贸n.

Cada religioso personalmente tiene tambi茅n sus propios dones que el Esp铆ritu suele dar precisamente para enriquecer, desarrollar y rejuvenecer la vida del Instituto en su cohesi贸n comunitaria y en su testimonio de renovaci贸n. Pero el discernimiento de tales dones y de su utilizaci贸n deben tener como medida la congruencia de los mismos con el estilo comunitario del Instituto y las necesidades de la Iglesia a juicio de la leg铆tima autoridad.

El servicio propio de la Autoridad religiosa

13. - Los Superiores ejercen su funci贸n de servicio y gu铆a, dentro del Instituto religioso, de acuerdo con la 铆ndole propia del mismo. Su autoridad proviene del Esp铆ritu del Se帽or en conexi贸n con la sagrada Jerarqu铆a que ha erigido can贸nicamente el Instituto y aprobado aut茅nticamente su misi贸n espec铆fica. Ahora bien, teniendo presente la condici贸n com煤n del Pueblo de Dios, es decir la condici贸n prof茅tica, sacerdotal y real (cfr. LG 9; 10; 34; 35; 36) ser铆a de grande utilidad describir el contenido de la autoridad religiosa, por analog铆a con la triple funci贸n del ministerio pastoral sin que por ello se confundan o equiparen ambas autoridades:

a) funci贸n de magisterio: los Superiores religiosos tienen la misi贸n y autoridad del maestro de esp铆ritu con relaci贸n al contenido evang茅lico del propio Instituto; dentro de ese 谩mbito, pues, deben ejercitar una verdadera direcci贸n espiritual de toda la Congregaci贸n y de las comunidades de la misma; lo cual procurar谩n llevar a la pr谩ctica en armon铆a sincera con el magisterio aut茅ntico de la Jerarqu铆a, conscientes de realizar un mandato de grave responsabilidad dentro del 谩mbito del 谩rea evang茅lica se帽alada por el Fundador;

b) funci贸n de santificaci贸n: es propio de los Superiores la misi贸n y mandato de perfeccionar, con diversas incumbencias, en todo aquello que tiene relaci贸n con el incremento de la vida de caridad conforme al modo de ser del Instituto; y esto tanto por lo que se refiere a la formaci贸n, fundamental y continua de los cohermanos, como en lo referente a la fidelidad comunitaria y personal, a la pr谩ctica de los consejos evang茅licos seg煤n las propias Constituciones. Una tal misi贸n cumplida con exactitud ser谩 para el Romano Pont铆fice y los Obispos un auxilio precioso en el cumplimiento de su ministerio fundamental de santificaci贸n;

c) funci贸n de gobierno: los Superiores deben ejercitar el servicio de ordenar la vida de su propia comunidad, organizar los efectivos del Instituto en orden al fomento de la misi贸n peculiar del mismo y a su inserci贸n en la acci贸n eclesial bajo la gu铆a de los Obispos.

Existe, pues, un orden interno de los Institutos (cfr. CD 35, 3) que tiene su propio campo de competencia, al cual es connatural una cierta autonom铆a aut茅ntica, pero que en la Iglesia no podr谩 nunca convertirse en independencia (cfr. CD 35, 3 y 4). El derecho de cada Instituto establecer谩 p煤blicamente el grado de autonom铆a que le compete, as铆 como el alcance concreto de sus facultades seg煤n aparecen en sus Reglas y Constituciones.

Algunas conclusiones orientadoras

14. - De las consideraciones hechas acerca de la vida religiosa podemos recabar las siguientes conclusiones explicativas:

a) los Religiosos y sus comunidades est谩n llamados a dar en la Iglesia un p煤blico testimonio de entrega total a Dios. Esta es la opci贸n fundamental de su existencia cristiana y la tarea que ante todo deben realizar dentro de su forma de vida propia. Cualquiera que sea la 铆ndole del Instituto, los Religiosos est谩n consagrados a hacer p煤blica profesi贸n en la Iglesia-Sacramento, de que el mundo no puede ser transfigurado y ofrecido a Dios sin el esp铆ritu de las bienaventuranzas (LG 31);

b) todos los Institutos religiosos han nacido a causa de la Iglesia y para ella; obligaci贸n de los mismos es enriquecerla con sus propias caracter铆sticas en conformidad con su esp铆ritu peculiar y su misi贸n espec铆fica. Por lo tanto los religiosos renovar谩n cuidadosamente su propia conciencia eclesial, cooperando a la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo, perseverando en la fidelidad a la Regla y obedeciendo a los propios Superiores (cfr. PC 14; CD 35, 2);

c) los Superiores de los Religiosos tienen la obligaci贸n grave que han de considerar de primaria importancia, de fomentar por todos los medios a su alcance la fidelidad de los religiosos al carisma del Fundador, promoviendo al mismo tiempo la renovaci贸n que prescribe el Concilio y exigen los tiempos. Har谩n todo lo que est茅 en su mano para que los religiosos sean orientados eficaz y apremiantemente a la consecuci贸n de dicho fin: y, ante todo, procurar谩n que los religiosos se preparen para ello con una formaci贸n adecuada y que responda a las exigencias de los tiempos (PC 2, d; 14; 18).

Finalmente, teniendo presente que la Vida Religiosa requiere por su misma naturaleza la coparticipaci贸n de los religiosos, los Superiores procurar谩n favorecerla, ya que sin la colaboraci贸n de todos los miembros del Instituto, no pueden conseguirse ni una renovaci贸n eficaz ni una acomodaci贸n verdadera (PC 4).

Cap铆tulo IV
OBISPOS Y RELIGIOSOS CONSAGRADOS A LA 脷NICA MISI脫N DEL PUEBLO DE DIOS

La misi贸n eclesial nace en la 芦fuente del amor禄 (AG 2)

15. - La misi贸n del Pueblo de Dios es 煤nica y constituye, en cierta manera, el n煤cleo de todo el misterio eclesial. En efecto, el Padre santific贸 al Hijo y lo envi贸 al mundo (Jn. 10,36) mediador entre Dios y los hombres (cfr. AG 3); el d铆a de Pentecost茅s, Cristo envi贸 desde el Padre al Esp铆ritu Santo para que realizara su obra santificadora desde dentro y provocara de ese modo el crecimiento de la Iglesia (AG 4). De ah铆 que la Iglesia es, a lo largo de toda su historia, en Cristo y a causa del Esp铆ritu, misionera por naturaleza (AG 2; cfr. LG 17).

Todos, Pastores, Laicos y Religiosos, cada uno seg煤n su propia misi贸n, son llamados a un quehacer apost贸lico (cfr. n. 4) que tiene su fuente en la caridad del Padre; el Esp铆ritu, por su parte, lo nutre, vivificando las instituciones eclesi谩sticas en calidad de alma de las mismas e infundiendo en el coraz贸n de los fieles aquel mismo 谩nimo misionero que movi贸 a Cristo (AG 4). As铆 pues, la misi贸n del Pueblo de Dios no podr谩 consistir jam谩s en mera actividad exterior, ya que la tarea apost贸lica no puede en modo alguno limitarse a la sola promoci贸n humana, por digna que sea, siendo as铆 que toda actividad pastoral y misionera hunde sus ra铆ces en la participaci贸n del misterio de la Iglesia. Y la misi贸n de la Iglesia por su misma naturaleza no es otra cosa que la misi贸n del mismo Cristo prolongada en la historia del mundo; consiguientemente, consiste ante todo en compartir la obediencia de Aqu茅l que se ofreci贸 al Padre por la vida del mundo (cfr. Hebr. 5, 8).

Absoluta necesidad de la 芦uni贸n con Dios禄

16. - La misi贸n, que tiene en el Padre su origen, est谩 exigiendo a cada uno de los enviados que explicite la conciencia de su caridad en el di谩logo de la oraci贸n. De ah铆 que, en estos tiempos de renovaci贸n apost贸lica, como siempre por lo dem谩s, cuando se trata de una tarea apost贸lica, el primer lugar se ha de dar a la contemplaci贸n de Dios, a la meditaci贸n de su designio de salvaci贸n y a la reflexi贸n sobre los signos de los tiempos a la luz del Evangelio, de suerte que la oraci贸n se alimente y robustezca en calidad y frecuencia.

Es sin duda una necesidad apremiante, para todos, el tener en gran consideraci贸n la oraci贸n y el recurrir a ella.

Los Obispos y sus colaboradores, los Presb铆teros (cfr. LG 25; 27; 28; 41) dedicados a la oraci贸n y al ministerio de le palabra (Act. 6, 4), dispensadores de los misterios de Dios (1 Cor. 4, 1)pongan todo su empe帽o en que aquellos que les han sido confiados vivan concordes en la oraci贸n y, mediante la recepci贸n de los sacramentos, crezcan en gracia y sean fieles testigos del Se帽or (CD 15).

Los religiosos, por su parte, habiendo sido llamados a ser como profesionales de la oraci贸n (Pablo VI, 28.X.1966) a Dios... ante todo busquen y amen y, en cualesquiera situaciones, esfu茅rcense en fomentar la vida escondida con Cristo en Dios (Col. 3, 3), de donde procede y apremia el amor del pr贸jimo (PC 6).

Por disposici贸n de la divina Providencia, no pocos fieles sienten hoy d铆a un impulso interior que les lleva a reunirse, a escuchar el Evangelio, meditar profundamente y contemplar con mayor elevaci贸n. Por ello, en vista de la eficacia misma de la misi贸n, es absolutamente indispensable que todos, y antes que nadie los Pastores, se dediquen a la oraci贸n; asimismo es necesario que los Institutos religiosos conserven 铆ntegra su propia forma de entrega a Dios, tanto promoviendo la noble misi贸n que en este campo llevan a cabo las comunidades de vida contemplativa, como haciendo que los religiosos dedicados a la acci贸n apost贸lica cultiven su propia 铆ntima uni贸n con Dios y den testimonio de ella abiertamente (cfr. PC 8).

Multiformidad en la tarea apost贸lica

17. - El trabajo apost贸lico debe realizarse en medio de diferentes condiciones culturales. De ah铆, que dentro de la unidad misma de la misi贸n, se noten diferencias que... no provienen de la naturaleza 铆ntima de la misi贸n, sino de las condiciones en que se desarrolla. Tales condiciones dependen a veces de la Iglesia, otras de los pueblos, grupos o individuos a quienes la misi贸n se dirige (AG 6). Ahora bien estas diferencias, que existen realmente aunque sean contingentes, influyen grandemente no s贸lo en el desempe帽o del ministerio pastoral de Obispos y Presb铆teros, sino tambi茅n en la forma peculiar de vida y en las actividades de los Religiosos, imponiendo adaptaciones no f谩ciles, sobre todo por parte de aquellos institutos de vida apost贸lica que act煤an en el 谩mbito internacional.

Cuando se trata, pues, de relaciones entre Obispos y Religiosos, habr谩 que tener en cuenta no s贸lo las diferentes funciones y carismas, sino tambi茅n las diferencias concretas de tipo ambiental que existen en los diversos pa铆ses.

Influjo rec铆proco entre valores de universalidad y de singularidad

18. - De la necesidad de inserir el misterio de la Iglesia en el ambiente propio de cada regi贸n nace el problema del influjo rec铆proco de los valores de universalidad y de singularidad en el Pueblo de Dios.

El Concilio Vaticano II no s贸lo ha tratado de la Iglesia universal, sino tambi茅n de las Iglesias particulares y locales, las cuales ha calificado de agentes de renovaci贸n en la vida eclesial (cfr. LG 13; 23; 26; CD 3; 11; 15; AD 22; PC 20). De este modo, un cierto proceso de descentramiento puede adquirir un significado positivo, que ciertamente tiene su influjo en las relaciones mutuas entre Obispos y Religiosos (cfr. Evang. nunt. 61-64).

Cada Iglesia particular se enriquece, con elementos humanos de valor, propios de la idiosincrasia de cada naci贸n. Pero tales elementos no deben ser considerados como indicios de divisi贸n, particularismo o nacionalismo, sino como expresiones de variedad dentro de una misma unidad y de plenitud de aquella encarnaci贸n con que se enriquece el Cuerpo entero de Cristo (cfr. UR 14-17). Pues la Iglesia universal no es un conglomerado o federaci贸n de Iglesias particulares (cfr. Evang. nunt. 62) sino una presencia total y acrecida del 煤nico sacramento universal de salvaci贸n (cfr. Evang. nunt. 54). Pero esta multiforme unidad lleva consigo varias exigencias concretas en el cumplimiento de sus deberes por parte de Obispos y Religiosos:

a) Los Obispos y sus colaboradores, los Presb铆teros, son los primeros a quienes incumbe el deber de responsabilizarse tanto del discernimiento de los valores culturales del lugar en la vida de su Iglesia, cuanto de la exacta perspectiva de universalidad que les proporciona su car谩cter misionero de Sucesores de los Ap贸stoles, los cuales fueron enviados al mundo entero (cfr. CD 6; LG 20; 23; 24; AG 5; 38).

b) Los Religiosos, por su parte, aun perteneciendo a Institutos de derecho pontificio, deben sentirse verdaderamente miembros de la familia diocesana (cfr. CD 3) y procurar la adaptaci贸n consiguiente; favorezcan las vocaciones locales tanto para el clero diocesano cuanto para la vida consagrada; den, adem谩s, a los candidatos a su Instituto una formaci贸n que les haga capaces de vivir realmente la genuina cultura local, pero con atenta vigilancia que impida las aberraciones provenientes de la p茅rdida del impulso misionero, inherente a su misma vocaci贸n religiosa, o del sentido de la unidad y de la 铆ndole propia de cada Instituto.

Deber misionero y esp铆ritu de iniciativa

19. - Aparece, pues, claramente, sobre todo trat谩ndose de Obispos y Religiosos, el deber misionero connatural a su propio ministerio y carisma. Semejante deber se vuelve cada vez m谩s apremiante, en vista de las actuales condiciones culturales que van evolucionando fuertemente, principalmente en dos aspectos espec铆ficos: el materialismo que invade las masas populares a煤n en regiones que eran cristianas tradicionalmente y el incremento de las comunicaciones internacionales que hacen posible que los pueblos, cristianos o no, se relacionen entre s铆. Adem谩s, los cambios profundos de situaci贸n, el crecimiento de los valores humanos y las m煤ltiples necesidades del mundo contempor谩neo (cfr. GS 43-44) reclaman, cada vez con mayor urgencia, que por una parte se renueven muchas actividades pastorales de tipo tradicional y, por otra, se busquen nuevos modos de presencia apost贸lica. En tales circunstancias se vuelve urgentemente necesaria una especie de solicitud apost贸lica que bajo el impulso del Esp铆ritu Santo, que es de suyo creador, sea capaz de actuar con ingeniosidad y audacia los experimentos eclesiales oportunos. Ahora bien, la fecundidad de inventiva y la b煤squeda alegre de nuevos caminos se acuerda perfectamente con la naturaleza carism谩tica de la vida religiosa (cfr. n. 12). El Sumo Pont铆fice Pablo VI ha afirmado justamente: gracias a su misma consagraci贸n religiosa, los religiosos son ante todo libres y pueden espont谩neamente dejarlo todo e irse a los confines del mundo a anunciar el Evangelio. Ellos son animosos en el obrar y su apostolado se distingue con frecuencia por la genialidad y el atrevimiento que causan admiraci贸n en quien les contempla (Evang. nunt. 69).

Coordinaci贸n en la actividad pastoral

20. - Es cierto que la Iglesia no ha sido instituida para ser una organizaci贸n de actividades, sino m谩s bien como Cuerpo vivo de Cristo para dar testimonio. Pero evidentemente es necesario que ella realice el trabajo concreto de proyectar y coordinar los m煤ltiples ministerios y servicios que han de convergir en una 煤nica acci贸n pastoral, en la que se definen cu谩les son las opciones a elegir y qu茅 tareas apost贸licas han de anteponerse a las dem谩s (cfr. CD 11; 30; 35, 5; AG 22; 29). Ya que, en el d铆a de hoy, es preciso que se busque instantemente, en los diversos campos de vida eclesial, el modo de proyectar y realizar m谩s apropiado, para desempe帽ar la misi贸n evang茅lica en las diversas situaciones.

Las centrales de esta necesaria coordenaci贸n son: la di贸cesis (cfr. CD 11), la Conferencia Episcopal (cfr. CD 38), la Santa Sede. Adem谩s, junto a estos centros se van constituyendo otros 贸rganos de coordinaci贸n seg煤n las necesidades eclesiales y regionales.

Mutua colaboraci贸n entre los religiosos

21. - Dentro del 谩mbito de la vida religiosa la Santa Sede erige, a nivel local o universal, las Uniones de Superiores Mayores y Generales (cfr. PC 23; REU 73, 5), las cuales, como es evidente, son diversas por naturaleza y autoridad de las Conferencias Episcopales. Pues su fin primario es la promoci贸n de la vida religiosa inserida en la misi贸n eclesial. Su actividad consiste en ofrecer servicios comunes, iniciativas fraternas, propuestas de colaboraci贸n, respetando naturalmente la 铆ndole propia de cada Instituto. Con ello se conseguir谩, sin duda, ofrecer tambi茅n un auxilio precioso en el plano de la coordinaci贸n pastoral, si se realiza peri贸dicamente una revisi贸n de todo el modo de obrar y, sobre todo, si se favorecen las relaciones entre las Conferencias Episcopales y las Uniones de Superiores Mayores, seg煤n las normas emanadas por la Santa Sede.

Significado pastoral de la exenci贸n

22. - El Sumo Pont铆fice, en vistas de la utilidad de la Iglesia misma (cfr. LG 45; CD 35, 3) concede a no pocas Familias religiosas la exenci贸n, gracias a la cual puedan expresar mejor su propia identidad y colaborar m谩s amplia y generosamente al bien com煤n (cfr. n. 8).

Pero la exenci贸n, de por s铆, no pone obst谩culo alguno ni a la coordinaci贸n pastoral, ni a las buenas relaciones entre los miembros del Pueblo de Dios. Pues se refiere principalmente al orden interno de los Institutos, en los cuales hace que todo vaya m谩s unido y ordenado al incremento y perfeccionamiento de la vida religiosa, haciendo posible, adem谩s, que el Sumo Pont铆fice disponga de ellos en bien de la Iglesia universal, as铆 como cualquier otra competente Autoridad, en bien de las Iglesias de la propia jurisdicci贸n (CD 35, 3; cfr. CD 35, 4; Eccl. Sanctae I, 25-40).

Por tanto, los Institutos religiosos exentos, fieles a su fisonom铆a particular y a su propia funci贸n (PC 2, b), deben, ante todo, cultivar una especial adhesi贸n al Pont铆fice Romano y a los Obispos, poniendo a disposici贸n en verdad y con generosidad de esp铆ritu, su libertad y su animosidad apost贸lica bajo la gu铆a de la obediencia religiosa; igualmente se dedicar谩n, con plena conciencia y todo su celo, a realizar dentro de la familia diocesana su testimonio espec铆fico y la aut茅ntica misi贸n de su Instituto; fomentando, finalmente, en todas las ocasiones, la sagacidad y laboriosidad apost贸licas que son caracter铆sticas de su consagraci贸n.

Los Obispos reconocer谩n, sin duda, y tendr谩n muy en cuenta todo lo que aportan a las Iglesias particulares aquellos religiosos, en cuya exenci贸n podr谩n encontrar, en cierto modo, la huella de la solicitud pastoral que les une estrechamente con el Pont铆fice Romano, en su atenci贸n universal dirigida a todos los pueblos (cfr. n. 8).

Esta conciencia renovada de la exenci贸n, si es participada concordemente por todos los colaboradores del ministerio pastoral, podr谩 contribuir no poco al incremento de las iniciativas apost贸licas y del celo misionero en cada Iglesia particular.

Algunos criterios orientadores de la acci贸n pastoral

23. - Lo que se ha dicho anteriormente acerca de la misi贸n eclesial sugiere las siguientes anotaciones orientadoras:

a) Ante todo, la naturaleza misma de la acci贸n apost贸lica exige que los Obispos reconozcan el primer lugar al recogimiento interior y a la vida de oraci贸n (cfr. LG 26; 27; 41); requiere, adem谩s, que los Religiosos, conforme a su 铆ndole propia, se renueven profundamente y se dediquen con asiduidad a la oraci贸n.

b) Con especial atenci贸n se han de fomentar las iniciativas que tienden a implantar la vida contemplativa (AG 18), ya que este g茅nero de vida retiene el puesto de honor en la misi贸n de la Iglesia, por mas que urjan las necesidades del apostolado activo (PC 7). En efecto, la com煤n vocaci贸n a la perfecci贸n de la caridad (cfr. LG 40) viene puesta radicalmente a la luz, principalmente mientras el peligro del materialismo grava sobre el mundo actual, gracias a los Institutos de vida contemplativa pura, en los cuales aparece m谩s claramente, como dice S. Bernardo, que el motivo de amor Dios, es Dios; y la medida de ese amor es amarlo sin medida (De diligendo Deo, c. 1; PL 182, n. 584).

c) La actividad del Pueblo de Dios en el mundo es, de por s铆, universal y misionera, tanto por la 铆ndole misma de la Iglesia (cfr. LG 17) cuanto por el mandamiento de Cristo que marc贸 al apostolado unos confines universales sin fronteras (Evang. nunt. 49). Ser谩 necesario, por tanto, que los Obispos y los Superiores cultiven esta dimensi贸n de la conciencia apost贸lica y promuevan iniciativas concretas para avivarla.

d) La Iglesia particular constituye el espacio hist贸rico en el cual una vocaci贸n se expresa realmente y realiza su tarea apost贸lica; pues precisamente all铆, dentro de los confines de una determinada cultura, es donde se anuncia y es recibido el Evangelio (cfr. Evang. nunt. 19; 20; 29; 32; 35; 40; 62; 63). Por lo mismo, es preciso que una realidad de tanta importancia en la renovaci贸n pastoral sea tenida muy en cuenta en el trabajo de formaci贸n.

e) El influjo rec铆proco entre ambos polos, es decir, entre la perspectiva de universalidad y la coparticipaci贸n viva de una cultura particular, debe fundarse en el respeto absoluto y la protecci贸n asidua de aquellos valores de unidad, a los que en manera alguna se debe renunciar, tanto si se trata de la unidad de la Iglesia cat贸lica 鈥� para todos los fieles 鈥� como de la unidad de cada Instituto religioso 鈥� para los miembros del mismo鈥�. La Comunidad local que tal vez se aparte de esta unidad, se enfrentar谩 con dos peligros: peligro, por una parte, de aislamiento esterilizador...; y por otra parte, peligro de perder su libertad, cuando separada de su cabeza... queda sola frente a las fuerzas m谩s diversas de servilismo y explotaci贸n (Evang. nunt. 64).

f) En estos tiempos se exige de los religiosos aquella autenticidad carism谩tica, vivaz e imaginativa, que brill贸 f煤lgidamente en los Fundadores, para que puedan realizar el trabajo apost贸lico de la Iglesia en medio de aquellos hombres que hoy diva son mayor铆a y eran los predilectos del Se帽or: los peque帽os y pobres (cfr. Mt. 18, 1-6; Lc. 6, 20).

Parte Segunda
DISPOSICIONES Y NORMAS

La experiencia de estos 煤ltimos a帽os, a la luz de los principios expuestos, ha aconsejado la compilaci贸n de algunas disposiciones y normas que se refieren principalmente al aspecto pr谩ctico. De ah铆 provendr谩, sin duda, un perfeccionamiento en las relaciones entre Obispos y Religiosos para edificaci贸n del Cuerpo de Cristo.

Propondremos las diversas disposiciones bajo tres puntos de vista que se completan mutuamente:

a) aspecto formativo;

b) aspecto operativo;

c) aspecto organizativo.

El texto da por supuesta la existencia de las normas jur铆dicas en vigor y a veces hace alusi贸n a las mismas; por tanto, no deroga ninguna de las prescripciones de documentos anteriormente publicados por la Santa Sede.

Cap铆tulo V
ALGUNAS EXIGENCIAS EN EL CAMPO DE LA FORMACI脫N

El Romano Pont铆fice y los Obispos ejercen en la Iglesia el oficio supremo de Maestros aut茅nticos y de Santificadores de toda la grey (cfr. Parte I, cap. II). Por su parte, los Superiores religiosos gozan de una especial autoridad con relaci贸n a la gu铆a del propio Instituto y llevan sobre s铆 el peso grav铆simo de la formaci贸n espec铆fica de los cohermanos (cfr. PC 14; 18; y Parte I, cap. III).

As铆 pues, Obispos y Superiores, cada cual seg煤n su propia competencia pero de com煤n acuerdo y en perfecta concordia, den una verdadera precedencia a la responsabilidad de la formaci贸n.

25. - Los Obispos, de acuerdo tambi茅n con los Superiores religiosos, promuevan principalmente entre los sacerdotes diocesanos, los laicos celosos y los religiosos y religiosas residentes, la experiencia y la conciencia viva del misterio y de la estructura de la Iglesia y de la vivificante inhabitaci贸n del Esp铆ritu Santo, organizando en com煤n c铆rculos de estudio y encuentros de espiritualidad. E insistan constantemente en la valorizaci贸n e intensificaci贸n de la oraci贸n, tanto personal cuanto p煤blica, con iniciativas oportunamente preparadas.

25. - Las Comunidades religiosas, por su parte, principalmente las de vida contemplativa, conservando como es debido la fidelidad a su propio esp铆ritu (cfr. PC 7; AG 40) ofrezcan a los hombres de nuestro tiempo la ayuda que necesitan para adentrarse en la oraci贸n y en la vida espiritual de manera que puedan responder a las exigencias apremiantes de meditaci贸n y de fe hoy tan sentidas. Ofr茅zcanles asimismo la posibilidad y la facilidad de participar convenientemente en sus acciones lit煤rgicas, salvaguardando las debidas exigencias y normas de la clausura.

26. - Los Superiores religiosos procuren, con todos los medios a su alcance, que sus cohermanos y cohermanas perseveren fielmente en su propia vocaci贸n. Promuevan las acomodaciones convenientes a las condiciones culturales, sociales y econ贸micas seg煤n las exigencias de los tiempos, pero teniendo cuidado de que, en modo alguno, conduzcan a costumbres contrarias a la consagraci贸n religiosa La puesta al d铆a y los estudios de especializaci贸n de los religiosos, mant茅nganse dentro de las disciplinas que se refieran en verdad a la vocaci贸n espec铆fica del Instituto; y su programaci贸n tenga por objetivo no un realizarse personal mal entendido que lleve al logro de fines individuales, sino la satisfacci贸n de las exigencias apost贸licas de la Familia religiosa en armon铆a con las necesidades de la Iglesia.

27. - Al promover la formaci贸n permanente de Religiosos y Religiosas, se ha de insistir en el testimonio que se ha de dar de pobreza y servicio a los m谩s pobres; as铆 como se ha de procurar que las Comunidades, gracias a unaS renovada obediencia y castidad, se conviertan en signos evidentes de amor fraterno y de unidad, evitando todas aquellas discordias internas que pueden causar estupor y esc谩ndalo entre los fieles.

En los Institutos de vida activa, en los cuales el apostolado existe como elemento esencial de su vida religiosa (cfr. PC 8; AG 25), p贸ngaselo en su debido lugar, durante el desarrollo de la formaci贸n, tanto inicial cuanto permanente.

28. - Es propio de los Obispos, en calidad de maestros aut茅nticos y moderadores de perfecci贸n para todos los miembros de su di贸cesis (cfr. CD 12; 15; 35, 2; LG 25; 45) el custodiar tambi茅n la fidelidad a la vocaci贸n religiosa seg煤n el esp铆ritu de cada Instituto. Al ejercitar este ministerio pastoral los Obispos procurar谩n favorecer las relaciones con los Superiores religiosos a quienes todos los cohermanos se someten en la fe (cfr. PC 14), en manifiesta comuni贸n de doctrina y prop贸sitos con el Sumo Pont铆fice, con los Dicasterios de la Santa Sede, con los dem谩s Obispos y Ordinarios de lugar.

Los Obispos, juntamente con su propio clero, sean firmes asertores de la vida consagrada, defensores de las Comunidades religiosas, educadores de vocaciones, eficaces mantenedores de toda caracter铆stica de las Familias religiosas, sea en campo espiritual sea en campo apost贸lico.

29. - Los Obispos y los Superiores religiosos, cada uno en su propio campo de acci贸n, fomenten celosamente el conocimiento de la doctrina conciliar y de los documentos pontificios acerca del Episcopado, la Vida religiosa y las Iglesias particulares, as铆 como acerca de sus relaciones rec铆procas. Por ello, ser铆an de aconsejar las siguientes iniciativas:

a) organizar encuentros de Obispos y Superiores religiosos para examinar a fondo tales argumentos;

b) cursos especiales que preparen nuevas y m谩s apropiadas adaptaciones dirigidos a Presb铆teros diocesanos, Religiosos y Laicos dedicados a actividades apost贸licas;

c) iniciativas apropiadas para la formaci贸n de los Religiosos llamados Coadjutores y de las Religiosas;

d) elaboraci贸n de documentos pastorales id贸neos, en la di贸cesis, la regi贸n o naci贸n, que presenten estos argumentos a la reflexi贸n ponderada de los fieles.

Proc煤rese, sin embargo, que estos ejercicios de renovaci贸n no queden limitados a unos pocos, sino que a todos se d茅 la posibilidad de disfrutarlos y se conviertan en quehacer com煤n de todos los hermanos.

Parece asimismo conveniente que un adoctrinamiento de tanta amplitud y profundidad tenga una difusi贸n suficiente por medio de publicaciones, medios de comunicaci贸n social, conferencias, exhortaciones, etc.

30. - Ya desde los primeros grados de la formaci贸n inicial eclesi谩stica o religiosa, se introduzca en el programa el estudio sistem谩tico del misterio de Cristo, de la naturaleza sacramental de la Iglesia, del Ministerio episcopal y de la Vida religiosa en la Iglesia. Por lo tanto:

a) los Religiosos y Religiosas, ya desde el noviciado sean formados de modo que adquieran una conciencia m谩s exacta y mayor solicitud por la Iglesia particular, aumentando al mismo tiempo el sentido de fidelidad a su vocaci贸n espec铆fica;

b) los Obispos procuren que el clero diocesano comprenda perfectamente los problemas que actualmente ata帽en a la Vida religiosa y la urgente necesidad misionera; asimismo que algunos Presb铆teros selectos se preparen, de modo que puedan colaborar eficazmente con los Religiosos y Religiosas, ayud谩ndoles en su empe帽o de progreso espiritual (cfr. OT 10; AG 39), aunque ser谩 con frecuencia conveniente que esta misi贸n sea confiada a religiosos Presb铆teros seleccionados para ello (cfr. n. 36).

31. - La plena madurez de la vocaci贸n sacerdotal y religiosa depende tambi茅n, y de manera decisiva, de la formaci贸n doctrinal que las m谩s de las veces se imparte, o bien en centros de estudio de nivel universitario, o en Escuelas Superiores o bien en Institutos especializados.

Los Obispos y los Superiores religiosos responsables del sector cooperen eficazmente a la subsistencia y eficiencia de dichos centros, sobre todo cuando son interdiocesanos e intercongregacionales, de modo que presenten garant铆as tanto de una ense帽anza m谩s prestigiosa, cuanto de una suficiente presencia del personal docente y no docente, debidamente preparado para responder a las exigencias de la formaci贸n, y de una utilizaci贸n apropiada del personal y de los subsidios did谩cticos.

Al preparar, reformar y poner en pr谩ctica los Estatutos de tales Centros de estudio, se definan claramente los deberes y derechos de cada participante, la competencia reservada, en fuerza del ministerio mismo, al Obispo u Obispos, los l铆mites de intervenci贸n y la responsabilidad de los Superiores Religiosos interesados; de tal manera que se promueva una exposici贸n objetiva y completa de la doctrina en armon铆a con el Magisterio de la Iglesia. Adem谩s se provea, respetando los criterios generales de competencia y responsabilidad y las normas de los Estatutos, al debido control y apoyo de las iniciativas y realizaciones de los Centros. Y, en materia tan grave e importante, se observen siempre las normas y disposiciones de la Santa Sede.

32. - Una renovaci贸n adecuada de la pastoral diocesana requiere un perfecto conocimiento de todas las cuestiones que tienen relaci贸n concreta con la vida humana y religiosa en la Di贸cesis, de tal suerte que pueda llevarse a cabo una reflexi贸n teol贸gica objetiva y exacta, puedan establecerse prioridades operativas, programarse una acci贸n pastoral adecuada y, finalmente, llevar un control peri贸dico de cuanto se haya conseguido. Este trabajo puede inducir a los Obispos, con la asistencia de personas id贸neas escogidas tambi茅n entre los Religiosos, a crear y mantener Comisiones de estudio y Centros de Investigaci贸n. Tales iniciativas se muestran cada vez m谩s necesarias para conseguir una formaci贸n m谩s adecuada del personal y para racionalizar la estructura de la praxis pastoral.

33. - Es un deber grave y peculiar de los Religiosos la atenci贸n y docilidad al Magisterio de la Jerarqu铆a y el facilitar a los Obispos el ejercicio del ministerio de doctores aut茅nticos y testigos de la Verdad cat贸lica y divina (cfr. LG 25) en su responsabilidad frente a la doctrina de la fe, sea que se ense帽e en Centros de estudio o se transmita por los medios apropiados.

a) En cuanto a la publicaci贸n de libros y documentos, dirigida por Religiosos o Religiosas o bien por Instituciones cat贸licas o editoriales llevadas por ellos, se observen las normas dadas por la S. Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe (19.III.1975) acerca de la autoridad competente para la aprobaci贸n de textos de la Sda. Escritura y traducciones correspondientes, de libros lit煤rgicos, de obras de piedad o catecismos, o bien de obras de cualquier g茅nero que toquen argumentos que se refieran de manera especial a la religi贸n y a la moral. El incumplimiento de estas normas, con pretextos a veces especiosos, a veces astutos, puede ser causa de grave da帽o para los fieles; y es menester que, sobre todo los religiosos, se esfuercen lealmente en evitarlo con todas sus fuerzas.

b) Tambi茅n cuando se trata de documentos y de iniciativas promovidas por instituciones religiosas, locales o nacionales, y no dirigidas al p煤blico, pero que pueden ejercitar un influjo notable en la pastoral, como por ejemplo los nuevos y graves problemas de la cuesti贸n social, econ贸mica y pol铆tica, relacionados de cualquier modo con la fe y la vida religiosa, se salvaguarde siempre la necesaria concordia con los Ordinarios competentes.

c) Adem谩s, los Obispos, teniendo muy en cuenta la peculiar misi贸n dentro de este campo de algunos Institutos religiosos, exhorten y sostengan a los Religiosos y Religiosas que trabajan en el importante sector apost贸lico de la actividad editorial y de las comunicaciones sociales; promuevan en esta materia una cooperaci贸n apost贸lica m谩s amplia, principalmente a nivel nacional; igualmente se preocupen sol铆citamente de la formaci贸n de personal especializado en la materia, no s贸lo en cuanto a la competencia t茅cnica, sino tambi茅n y, con mayor raz贸n, en cuanto a su conciencia de responsabilidad eclesial .

34. Ser铆a un grave error independizar 鈥� mucho m谩s grave a煤n el oponerlas 鈥� la vida religiosa y las estructuras eclesiales, como si se tratase de realidades distintas, una carism谩tica, otra institucional, que pudieran subsistir separadas; siendo as铆 que ambos elementos, es decir los dones espirituales y las estructuras eclesiales, forman una sola, aunque compleja realidad (cfr. LG 8).

Por lo tanto, los Religiosos y Religiosas, a la vez que manifiestan una peculiar efectividad y una clara visi贸n del futuro (cfr. Parte I, cap. III), sean fieles con valent铆a al objetivo y esp铆ritu del Instituto, en perfecta obediencia y adhesi贸n a la autoridad jer谩rquica (cfr. PC 9; LG 12).

35. - El Obispo, en cuanto Pastor de la Di贸cesis, y los Superiores religiosos en cuanto responsables del propio Instituto, promuevan la participaci贸n de los Religiosos y Religiosas en la vida de la Iglesia particular y el conocimiento de las normas y disposiciones eclesi谩sticas vigentes; asimismo fomenten, principalmente los Superiores, la unidad supranacional en el propio Instituto y la docilidad hacia los Superiores supremos (cfr. Parte I, cap. IV).

Cap铆tulo VI
OBLIGACIONES Y RESPONSABILIDADES EN EL PLANO OPERATIVO

La Iglesia vive en el Esp铆ritu a la vez que se funda sobre el fundamento de Pedro y los Ap贸stoles y de sus Sucesores, de modo que el ministerio episcopal resulta ser el principio motor de la solicitud pastoral de todo el Pueblo de Dios. Pues la Iglesia obra en armon铆a tanto con el Esp铆ritu que la anima cuanto con la Cabeza que mueve el Cuerpo (cfr. Parte I, cap. II). Esto, evidentemente lleva consigo con relaci贸n a Obispos y Religiosos, al tratarse de sus iniciativas y actividades, una serie de consecuencias concretas, por m谩s que exista un campo de competencia propio de cada uno seg煤n el propio oficio.

Las normas aqu铆 expuestas se refieren a los dos tipos de exigencias en el plan operativo: pastorales y religiosas.

Exigencias de la misi贸n pastoral

36. - El Concilio afirma que los Religiosos y Religiosas pertenecen tambi茅n de manera peculiar a la familia diocesana y prestan una grande ayuda a la sagrada Jerarqu铆a; ayuda que, al aumentar las necesidades del apostolado, pueden y deben prestar m谩s y m谩s cada d铆a (CD 34).

En los territorios donde existen diversos ritos, los Religiosos que ejercen actividades dirigidas a fieles de diverso rito que el suyo, observen las normas dadas al respecto en sus relaciones con los Obispos de diverso rito (cfr. Eccl. sanctae I, 23).

Estos criterios deben ser llevados a la pr谩ctica urgentemente; y no s贸lo cuando se trata de concluir, sino tambi茅n al programar y organizar, salva naturalmente la potestad del Obispo en el momento de decidir.

Los Religiosos Presb铆teros, dada la unidad del Presbiterio (cfr. LG 28; CD 28; 11) y en cuanto participan de la cura de almas, han de considerarse pertenecientes al clero de la di贸cesis en cierto real modo (CD 34); por lo mismo, pueden y deben facilitar la uni贸n de los Religiosos y Religiosas con el clero y la Jerarqu铆a local en orden a una cooperaci贸n eficaz.

37. - Se fomente la fraternizaci贸n y los v铆nculos de cooperaci贸n entre clero diocesano y comunidades religiosas (cfr. CD 35, 5). Por eso, se d茅 grande importancia a todo aquello que favorezca, aunque sea en plan sencillo y no formal, la confianza rec铆proca, la solidaridad apost贸lica y la concordia fraterna (cfr. ES I, 28). Esto servir谩, en realidad, no solamente para robustecer el sentido aut茅ntico de la Iglesia particular, sino tambi茅n estimular谩 a cada uno para que preste de buen grado los servicios que pueda, para incrementar el deseo de cooperaci贸n y para amar la comunidad humana y eclesial en que se halla inserido, como patria de la propia vocaci贸n.

38. - Los Superiores Mayores pondr谩n sumo inter茅s en conocer bien, no solamente las dotes y posibilidades de sus cohermanos, sino tambi茅n las necesidades apost贸licas de la Di贸cesis en la cual el propio Instituto est谩 llamado a actuar. Es por tanto de desear que se mantenga un di谩logo concreto y completo entre el Obispo y los Superiores de los diversos Institutos presentes en la Di贸cesis, de manera que, teniendo presentes sobre todo ciertas situaciones dif铆ciles y la crisis de vocaciones, el personal religioso pueda ser distribuido de modo m谩s equitativo y provechoso.

39. - Campo privilegiado de la colaboraci贸n entre Obispos y Religiosos debe considerarse la obra pastoral de las vocaciones (cfr. PO 11; PC 24; OT 2). Esta obra pastoral consiste en una acci贸n concorde de la comunidad cristiana en pro de todas las vocaciones, para que la Iglesia sea edificada seg煤n la plenitud de Cristo y conforme a la variedad de carismas de su Esp铆ritu.

En esta materia, ante todo se ha de considerar que el Esp铆ritu Santo que sopla donde quiere (Jn. 3, 8), para mayor bien de la Iglesia llama los cristianos a diversos ministerios y estados. A semejante acci贸n divina, es evidente que no debe oponerse obst谩culo alguno, antes bien, se ha de procurar que cada uno responda a su vocaci贸n con la mayor libertad. Por lo dem谩s, la historia es testigo frecuente y evidente de que una tal diversidad de vocaciones, y en especial la coexistencia y la colaboraci贸n de ambos cleros, diocesano y religioso, lejos de ir en detrimento de las Di贸cesis, las enriquece con nuevos tesoros espirituales y aumenta la vitalidad apost贸lica de las mismas.

Consiguientemente ser谩 preciso componer sabiamente las muchas iniciativas bajo la direcci贸n de los Obispos, es decir, distribuyendo seg煤n su naturaleza los oficios que corresponden a los padres y educadores, a los Religiosos y Religiosas, a los Presb铆teros y a todos los dem谩s que act煤an en la acci贸n pastoral. Por tanto se han de ejercitar estos ministerios en com煤n y en concordia, as铆 como con plena entrega de cada uno; el Obispo dirija los trabajos de todos encaminados a un mismo fin, no olvidando que proceden originariamente del impulso del Esp铆ritu.

Ante semejante realidad espiritual urge la necesidad de promover tambi茅n iniciativas de oraci贸n en com煤n.

40. - En la renovaci贸n de la pastoral y de las obras de apostolado hay que tener muy en cuenta los cambios profundos que van introduci茅ndose en el mundo actual (cfr. GS 43; 44); de ah铆 que sea preciso a las veces sortear situaciones muy dif铆ciles, sobre todo cuando se trata de las necesidades urgentes de las almas y de la penuria del clero (ES I, 36).

Los Obispos, dialogando con los Superiores religiosos y con todos los que trabajan en el campo pastoral de la Di贸cesis, traten de discernir qu茅 cosa pide el Esp铆ritu y busquen modos de procurar nuevas presencias apost贸licas, de manera que puedan contrarrestar las dificultades surgidas en el ambiente de la propia Di贸cesis. Pero esta b煤squeda de renovaci贸n de la presencia apost贸lica no puede en modo alguno significar el abandono completo de otras formas a煤n v谩lidas de apostolado, propias de la tradici贸n, como son el apostolado de la escuela (cfr. S.C. para la Educaci贸n Cat贸lica, La Escuela Cat贸lica, 19.III.1977), de las misiones, del trabajo en Hospitales, de los servicios sociales, etc. Por lo dem谩s, es menester que todas estas formas tradicionales sean diligente y oportunamente renovadas sin r茅mora, seg煤n las normas y orientaciones del Concilio y las necesidades de los tiempos.

41. - Las iniciativas apost贸licas nuevas, que han de promoverse constantemente, han de ser cuidadosamente proyectadas. Es deber de los Obispos, por una parte, no extinguir el Esp铆ritu, antes bien examinarlo todo y retener lo que es bueno (1 Th. 5, 12; 19-21; LG 12) pero de manera que sea salvaguardado y fomentado el celo espont谩neo de los que tomen parte en la obra (AG 30); por otra parte, los Superiores religiosos cooperen animosamente y en di谩logo con los Obispos, para buscar soluciones, programar las obras por las que se haya optado, emprender experiencias, incluso del todo nuevas, teniendo siempre presentes las necesidades m谩s urgentes de la Iglesia, las normas y orientaciones dadas por el Magisterio y la 铆ndole propia del Instituto.

42. - Nunca se omita el intercambio de ayudas entre Obispos y Superiores al momento de valorar objetivamente y juzgar equitativamente las nuevas experiencias ya en curso, de modo que se logren evitar no solo evasiones y frustraciones sino, tambi茅n, los peligros de crisis y desv铆os.

H谩gase un examen peri贸dico de estas iniciativas; y, en caso de 茅xito negativo (cfr. Evang. nunt. 58), t茅ngase la humildad y tambi茅n la debida energ铆a para corregir, suspender o enderezar el experimento en cuesti贸n.

43. - Cede no poco en detrimento de los fieles el que sean toleradas ulteriormente ciertas iniciativas aberrantes y ciertas ambig眉edades de hecho. Por lo tanto los Obispos y los Superiores, nutriendo sentimientos de confianza rec铆proca y, dentro cada uno de su propia competencia y responsabilidad, procurar谩n por todos los medios que tales errores sean prevenidos y corregidos con manifiesta decisi贸n y claras disposiciones, siempre con la debida caridad pero tambi茅n con la necesaria firmeza.

En el campo lit煤rgico principalmente es necesario poner urgente remedio a no pocos abusos realizados con intenciones opuestas. Los Obispos, en calidad de Liturgos aut茅nticos de la Iglesia local (cfr. SC 22; 41; LG 26; CD 15; cfr. Parte I, cap. II), y los Superiores religiosos por lo que toca a sus cohermanos, sean vigilantes para que la renovaci贸n adecuada del culto sea llevada a efecto, e intervengan tempestivamente para corregir o evitar desv铆os y abusos en materia tan significativa y central (cfr. SC 10). Los religiosos, por lo dem谩s, recuerden tambi茅n que es un deber suyo atenerse a las leyes y normas de la Santa Sede y a los decretos del Obispo local, en el ejercicio del culto p煤blico (cfr. ES I, 26; 37; 38).

Exigencias de la vida religiosa

44. - El Concilio declara expresamente refiri茅ndose a la praxis pastoral de los Religiosos: Todos los religiosos, exentos y no exentos, est谩n sometidos a la potestad de los Ordinarios de lugar en lo que ata帽e al ejercicio del culto divino publico, salva la diversidad de ritos; a la cura de almas, a la sagrada predicaci贸n que debe hacerse al pueblo, a la formaci贸n religiosa y moral de los fieles, especialmente de los ni帽os, a la instrucci贸n catequ茅tica y formaci贸n lit煤rgica, al decoro del estado clerical, as铆 como a las obras varias referentes al sagrado apostolado. Tambi茅n las escuelas cat贸licas de los religiosos est谩n sometidas a los Ordinarios de lugar en lo que se refiere a su ordenaci贸n y vigilancia general, quedando sin embargo en firme el derecho de los religiosos en cuanto al r茅gimen de las mismas. Los religiosos est谩n igualmente obligados a observar cuanto los concilios o conferencias de los Obispos leg铆timamente decretaran, con obligaci贸n de ser observado por todos (CD 35, 4; cfr. 35, 5; ES I, 39).

45. - Las relaciones entre Obispos y Superiores, para que sean cada vez m谩s fructuosas, habr谩n de tener en consideraci贸n ben茅vola las personas y los Institutos, en la persuasi贸n, por parte de los religiosos, de que es obligaci贸n suya manifestar docilidad al Magisterio y obediencia a los Superiores, y prestar la debida atenci贸n para no crear conflictos de competencia.

46. - Respecto a los Religiosos que desarrollan actividades apost贸licas fuera de las obras propias del Instituto, ha de tutelarse la participaci贸n substancial a la vida de comunidad y la fidelidad a las propias Reglas y Constituciones; obligaci贸n que los Obispos mismos deben urgir (CD 35, 2). Ning煤n compromiso apost贸lico debe ser ocasi贸n de apartarse de la propia vocaci贸n.

Por lo que se refiere al estado de ciertos religiosos que pretenden substraerse a la obediencia de los propios Superiores recurriendo a la autoridad del Obispo, cada caso deber谩 ser examinado objetivamente; pero es necesario que, consult谩ndose mutuamente y buscando con sinceridad la soluci贸n, el Obispo defienda la sentencia dada por el Superior competente siempre que no le resulte contener alguna injusticia.

47. - Los Obispos y sus inmediatos colaboradores procuren no s贸lo conocer a la perfecci贸n la 铆ndole propia de cada Instituto, sino informarse tambi茅n acerca del estado actual de los mismos y de los criterios de renovaci贸n vigentes. A su vez, los Superiores Religiosos, adem谩s de procurarse una visi贸n doctrinal m谩s al d铆a de la Iglesia particular, hagan lo posible por tenerse tambi茅n informados, acerca del estado actual de la pastoral y del programa apost贸lico de la Di贸cesis en la cual desarrollan su actividad.

Si tal vez aconteciese que un Instituto religioso se hallase en la imposibilidad de llevar adelante la gesti贸n de una obra, manifiesten tempestiva y confiadamente los obst谩culos que se oponen a la prosecuci贸n de la obra, al menos en la forma precedente, sobre todo si la causa fuera la falta de personal; el Ordinario del lugar, por su parte, considere benignamente la petici贸n de suprimir la obra (cfr. ES I, 34, 3) y busque de com煤n acuerdo con los Superiores la posible soluci贸n.

48. - Es una necesidad profundamente sentida y rica de esperanzas incluso para la actividad y dinamismo apost贸lico de la Iglesia local, la de promover el intercambio de informaciones y acuerdos m谩s significativos entre los diversos Institutos que trabajan en la Di贸cesis. Los Superiores, por tanto, hagan lo posible porque este di谩logo se realice con maneras y ritmos convenientes. Esto contribuir谩 indudablemente al acrecentamiento de la confianza y del aprecio, del intercambio y de la ayuda rec铆proca, de la profundizaci贸n de los problemas y de la comunicaci贸n mutua de experiencias, de donde resultar谩 m谩s evidente la com煤n profesi贸n de los consejos evang茅licos.

49. - En el ancho campo pastoral de la Iglesia ha de darse un puesto nuevo y de grande importancia a la mujer. Habiendo sido ya sol铆citas colaboradoras de los Ap贸stoles (cfr. Act. 18, 26; Rom. 16,1 ss), las mujeres deben hoy inserir su actividad apost贸lica en la comunidad eclesial, actuando con fidelidad el misterio de su identidad creada y revelada (cfr. Gen. 2; Ef. S; 1 Tim. 3, etc.) siguiendo atentamente el ritmo de su creciente presencia en la sociedad civil.

Por tanto, las Religiosas, fieles a su vocaci贸n y en armon铆a con su feminidad, respondiendo adem谩s a las exigencias concretas de la Iglesia y del mundo, buscar谩n y propondr谩n nuevas formas apost贸licas de servicio.

A imitaci贸n de Mar铆a que ocupa en la Iglesia entre los fieles el v茅rtice de la caridad, y animadas por aquel esp铆ritu incomparablemente humano de sensibilidad y solicitud que constituye su nota caracter铆stica (cfr. Pablo VI, discurso al Congreso nacional del Centro italiano femenino, Oss. Rom. 6-7.XII.1976), comprobada por una larga historia de iniciativas preciosas e insignes testimonios en el campo de la actividad apost贸lica, las Religiosas podr谩n aparecer y ser cada vez m谩s signo preclaro de la Iglesia fiel, sol铆cita y fecunda en el anuncio del Reino (cfr. Decl. Inter insigniores, S.C. para la Doctrina de la Fe, 15.X.1976).

50. - Los Obispos, juntamente con sus colaboradores en el campo pastoral, los Superiores y Superioras procuren que el servicio apost贸lico de las Religiosas sea mejor conocido, reconocido y fomentado. Por lo mismo, teniendo presente no s贸lo el n煤mero de Religiosas en el mundo (cfr. Intr.), sino m谩s a煤n la importancia de su presencia en la vida de la Iglesia, hagan cuanto est茅 a su alcance para actuar sol铆citamente el principio de una mayor promoci贸n eclesial de las mismas, no sea que el Pueblo de Dios se vea privado de la asistencia especial que solamente ellas, en virtud de los dones que de Dios han recibido precisamente como mujeres, pueden ofrecer. Pero se procure siempre que las Religiosas sean tenidas en grande estima y sean valorizadas justamente por el testimonio que dan en calidad de mujeres consagradas, m谩s a煤n que por los servicios que prestan 煤til y generosamente.

51. - En algunas regiones se nota una cierta facilidad de iniciativa en fundar nuevos Institutos religiosos. Quienes tienen la responsabilidad de discernir la autenticidad de las fundaciones, deben sopesar con humildad, ciertamente, pero tambi茅n con objetividad y constancia y con vistas al futuro, todos los indicios de una presencia del Esp铆ritu Santo y de sus carismas... sea para acogerlos con gratitud y consuelo (LG 12) sea tambi茅n para evitar que surjan incautamente Institutos in煤tiles o faltos de la suficiente vitalidad (PC 19). Cuando el juicio acerca de un Instituto nuevo se basa solamente en el criterio de utilidad y conveniencia pr谩ctica o, tal vez, en el modo de obrar de una persona que presenta fen贸menos devocionales de por s铆 ambiguos, se ve claramente que falla el genuino sentido de la vida religiosa en la Iglesia (cfr. Parte I, cap. III).

Las notas caracter铆sticas de un carisma aut茅ntico son las siguientes:

a) proveniencia singular del Esp铆ritu, distinta ciertamente aunque no separada de las dotes personales de quien gu铆a y modera;

b) una profunda preocupaci贸n por configurarse con Cristo testimoniando alguno de los aspectos de su misterio;

c) un amor fruct铆fero a la Iglesia, que rehuya todo lo que en ella pueda ser causa de discordia.

Adem谩s, la imagen aut茅ntica de un Fundador exige que se trate de hombres y mujeres de probada virtud (cfr. LG 45) que demuestren una sincera docilidad tanto a la sagrada Jerarqu铆a cuanto al don del Esp铆ritu que existe en ellos.

Cuando se trata, pues, de nuevas fundaciones, se requiere absolutamente que cuantos deben contribuir a dar el juicio acerca de ellas, emitan su sentencia con prudencia manifiesta, estudio ponderado y justo rigor. Deben sentirse responsables sobre todo los Obispos, Sucesores de los Ap贸stoles, a cuya autoridad el Esp铆ritu mismo somete incluso los carism谩ticos (LG 7) y a quienes compete en comuni贸n con el Romano Pont铆fice interpretar los consejos evang茅licos, regular su pr谩ctica y establecer formas de vida basadas en los mismos (LG 43).

Cap铆tulo VII
IMPORTANCIA DE UNA COORDINACI脫N APROPIADA

La vitalidad multiforme y fecunda de las Iglesias requiere un trabajo de coordinaci贸n en orden a renovar, crear y perfeccionar los diversos instrumentos pastorales de servicio y est铆mulo. Pasaremos revista de algunos de ellos seg煤n sus diferentes niveles: diocesano, nacional y universal.

A nivel diocesano

52. - En cada Di贸cesis, el Obispo procure entender lo que el Esp铆ritu quisiera manifestar, a trav茅s incluso de su grey, y particularmente por medio de las personas y Familias religiosas presentes en la Di贸cesis. Por tanto es preciso que cultive relaciones sinceras y familiares con los Superiores y Superioras, que faciliten el ejercicio de su ministerio de pastor para con los Religiosos y Religiosas (cfr. CD 15; 16). Porque es deber propio suyo defender la vida consagrada, promover y fomentar la fidelidad y autenticidad de los Religiosos y ayudarles a inserirse en la comuni贸n de su misma Iglesia y en la acci贸n evangelizadora, seg煤n su propia 铆ndole. Cosa que el Obispo deber谩 hacer, en colaboraci贸n solidaria con la Conferencia Episcopal, y en sinton铆a con la mente de la Cabeza del Colegio Apost贸lico.

Los Religiosos, por su parte, consideren al Obispo no s贸lo como Pastor de toda la Comunidad diocesana, sino tambi茅n como garante de su misma fidelidad a la vocaci贸n y en el cumplimiento de su servicio en pro de la Iglesia local. Procuren consiguientemente secundar pronta y fielmente las peticiones y deseos de los Obispos, en el sentido de aceptar funciones m谩s amplias en el ministerio de la salvaci贸n humana, salvo siempre el car谩cter del Instituto y la fidelidad a las Constituciones (CD 35, 1).

53. - Se tenga siempre presente lo que establece el Motu Proprio Ecclesiae Sanctae:

1. Todos los religiosos, a煤n los exentos, est谩n sujetos a las leyes, decretos y disposiciones del Ordinario de lugar acerca de las diversas obras en lo que se refiere al ejercicio del apostolado, as铆 como a la acci贸n pastoral y social prescrita o recomendada por el Ordinario de lugar.

2. Igualmente est谩n obligados a observar las leyes, decisiones y disposiciones del Ordinario de lugar o de la Conferencia Episcopal 鈥� o, seg煤n los lugares, del S铆nodo Patriarcal (cfr. CD 35, 5) que tengan por objeto los elementos anteriormente citados (ES I, 25, 1-2, a, b, c, d.).

54. - Es conveniente que sea instituido en la Di贸cesis el oficio de Vicario Episcopal para los Religiosos y Religiosas, con el fin de proveer al Obispo de una ayuda en este campo en su ministerio pastoral (cfr. Parte I cap. II); tal oficio no lleva consigo ninguna de las potestades propias de los Superiores. Es competencia del Obispo residencial determinar claramente los l铆mites de la potestad de tal oficio y, despu茅s de madura consideraci贸n, confiarlo a persona preparada que conozca a fondo la vida religiosa, la sepa apreciar y desee incrementarla.

En cuanto al cumplimiento del oficio, se recomienda vivamente que puedan intervenir oportunamente (por ejemplo en calidad de consultores o de alguna otra manera) representantes de las diversas categor铆as de Religiosos: sacerdotes, hermanos laicos, religiosas, provistos de las necesarias calidades.

As铆 pues, el mandato del Vicario Episcopal para las Congregaciones de Religiosos y Religiosas tiene por fin ayudar al Obispo a cumplir una misi贸n, de por s铆, propia y exclusiva del Obispo, o sea, la de cuidar la vida religiosa en la Di贸cesis e inserirla en el complejo de la actividad pastoral. Por esta raz贸n, parece deseable que el Obispo consulte prudentemente a los Religiosos y Religiosas antes de nombrar al candidato.

55. Con el fin de que el Presbiterio de la Di贸cesis exprese debidamente la unidad y que los diversos ministerios sean promovidos m谩s eficazmente, el Obispo persuadir谩 con sumo inter茅s a los sacerdotes diocesanos a reconocer tambi茅n ellos, con sentimientos de gratitud, la obra de los Religiosos y Religiosas en favor de su Iglesia y aprobar gustosamente que se les conf铆en ministerios de mayor responsabilidad, que est茅n en consonancia con su vocaci贸n y misi贸n.

56. Proc煤rese que sacerdotes religiosos formen parte, en n煤mero proporcionado, de los Consejos presbiteriales; como tambi茅n que los Religiosos, sacerdotes y laicos as铆 como las Religiosas, est茅n dignamente representados en los Consejos pastorales (cfr. PO 7; CD 27; ES I, 15 y 16). El Ordinario de lugar establezca oportunamente los criterios y modos de definir con equidad la proporci贸n de representantes.

57. - Para favorecer una cierta estabilidad en la cooperaci贸n pastoral:

a) Se tenga presente la diferencia que existe entre obras propias del Instituto y obras confiadas a un Instituto por el Ordinario de lugar. Pues las primeras dependen de los Superiores religiosos seg煤n sus Constituciones, aunque est谩n sometidas como pastoral a la jurisdicci贸n del Ordinario de lugar a norma de derecho (cfr. ES I, 29).

b) Para cualquier obra de apostolado que el Ordinario de lugar haya de confiar a un Instituto, observadas las normas de derecho, establ茅zcase un acuerdo escrito entre 茅l y el Superior competente del Instituto en el que, entre otras cosas, se defina claramente cuanto se refiere a la obra que se ha de realizar, los religiosos que se deban dedicar a ella y los elementos de naturaleza econ贸mica (ES I, 30, 1鈥�).

c) Para estas obras, el mismo Superior religioso elegir谩 a miembros del Instituto verdaderamente capaces, despu茅s de conferir con el Ordinario de lugar; y cuando se trata de conferir un oficio eclesi谩stico a un Religioso, 茅ste debe ser nombrado por el Ordinario de lugar, a propuesta o al menos con el consentimiento de su Superior, para un tiempo determinado y de com煤n acuerdo (ES. I, 30, 搂 2).

58. - Dejando siempre a salvo la facultad de disponer diversamente o de hacer cambios que aparezcan convenientes para satisfacer las exigencias apremiantes de renovaci贸n de los Institutos, parece oportuno que se determine previamente con exactitud cu谩les son las obras y sobre todo los oficios que han de confiarse a religiosos personalmente, y para los cuales se repute necesaria una convenci贸n escrita, como por ejemplo, para los p谩rrocos (cfr. ES I, 33), los decanos, los vicarios episcopales, los asistentes de Acci贸n cat贸lica, los secretarios de acci贸n pastoral, los directores diocesanos, los docentes de Universidad cat贸lica, los catequistas profesionales, los directores de colegios cat贸licos, etc. teniendo en cuenta al hacerlo tanto la estabilidad de los titulares cuanto la atribuci贸n de los bienes en caso de supresi贸n de la obra.

Si un Religioso debiera ser removido de su cargo, se recuerde la siguiente disposici贸n: Por causa grave, cualquier religioso puede ser removido del cargo que se le encomend贸 por decisi贸n del comitente, avisado el Superior religioso, o por decisi贸n del Superior religioso, avisado el comitente, con igual derecho sin que se requiera el consentimiento del otro; ni est谩n obligados a comunicar al otro los motivos, y menos a煤n a probarlos, salvo el recurso in devolutivo a la Santa Sede.

59. - Las asociaciones de Religiosos y Religiosas a nivel diocesano se demuestran de gran utilidad; por lo mismo deben ser fomentadas, teniendo siempre presentes su 铆ndole y sus fines espec铆ficos

a) como instrumentos de solidaridad, renovaci贸n y fomento de la vida religiosa respetando la fidelidad a las prescripciones del Magisterio eclesi谩stico y las caracter铆sticas propias de cada Instituto;

b) como instrumento de coordinaci贸n para discutir los problemas mixtos entre Obispos y Superiores, as铆 como para encuadrar las actividades de las Familias religiosas en la acci贸n pastoral de la Di贸cesis bajo la gu铆a del Obispo, sin prejuzgar para nada las relaciones y convenciones directas entre el mismo Obispo y los Institutos religiosos en particular.

A nivel nacional, regional y ritual

60. - En las Conferencias Episcopales de una naci贸n o territorio (cfr. CD 37) los Obispos mismos ejercen conjuntamente el ministerio pastoral para fomentar el bien que la Iglesia ofrece a los hombres (CD 38). Del mismo modo ejercen su ministerio dentro del propio rito, los S铆nodos patriarcales (cfr. DE 9) y cuando se trata de relaciones entre diversos ritos, en el 谩mbito de su particular composici贸n, las Asambleas interrituales de Ordinarios (cfr. CD 38).

61. - En muchas naciones y territorios, por obra da la Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares 鈥� y en los territorios dependientes de las SS. Congregaciones para la Evangelizaci贸n de los Pueblos y para las Iglesias Orientales con el consentimiento de los respectivos Dicasterios 鈥� la Santa Sede ha establecido Uniones o Conferencias de Superiores Mayores (Religiosos, Religiosas o bien mixtas). Tales Uniones deben tener muy presente la diversidad de los Institutos, fomentar la consagraci贸n com煤n y facilitar la coordinaci贸n por parte de los Obispos de todas las fuerzas empleadas en el trabajo apost贸lico (cfr. n. 21).

Para que estas Uniones de Superiores Mayores cumplan su fin con mayor eficiencia, aparece de grand铆sima utilidad la revisi贸n peri贸dica de sus actuaciones y la reorganizaci贸n de las diversas comisiones (seg煤n las diversas funciones de los Institutos) u organismos parecidos en conexi贸n con dichas Uniones de Superiores Mayores.

62. - Las relaciones entre las Uniones de Superiores Mayores y los S铆nodos patriarcales, as铆 como con las Conferencias Episcopales y las Asambleas interrituales, deben regularse por los mismos criterios que regulan las relaciones entre los Institutos en particular y el Ordinario de lugar (cfr. ES I, 23-25; 40); consiguientemente, establ茅zcanse tambi茅n las normas adit铆cias seg煤n las diversas exigencias regionales.

63. - Siendo de la mayor importancia que las Uniones de Superiores Mayores colaboren confiada y diligentemente con las Conferencias Episcopales (cfr. CD 35, 5; AG 33) es de desear que las cuestiones que interesan una y otra parte sean tratadas en Comisiones mixtas compuestas por Obispos y Superiores Mayores (ES I, 43) o en formas parecidas que se adapten a las condiciones de los diversos Continentes, Naciones o Regiones.

Una Comisi贸n mixta del tipo descrito deber谩 estructurarse de modo que pueda conseguir con eficacia sus fines en cuanto organismo de consulta rec铆proca, de coordinaci贸n, de intercomunicaci贸n, de estudio y reflexi贸n, aunque el derecho de decidir definitivamente habr谩 de dejarse siempre a las Uniones o Conferencias seg煤n su espec铆fica competencia.

El fomento pues de la coordinaci贸n de todas las obras y acciones apost贸licas en cada Di贸cesis es competencia de los sagrados Pastores; lo mismo ha de decirse de los S铆nodos Patriarcales y Conferencias Episcopales en su propio territorio (cfr. CD 36, 5).

Para tratar las cuestiones que ata帽en a los Religiosos y Religiosas, los Obispos, si la necesidad o la utilidad lo exigiese, como se ha hecho en muchos lugares, establecer谩n una Comisi贸n especial dentro de la Conferencia Episcopal. Pero la existencia de una tal Comisi贸n no anula la funcionalidad de la Comisi贸n Mixta, sino que m谩s bien la requiere.

64. - La participaci贸n de Superiores Mayores, o bien seg煤n las prescripciones de los Estatutos, de sus delegados en otras Comisiones de la Conferencia Episcopal o Asambleas interrituales de Ordinarios de lugar (como por ejemplo, en la Comisi贸n para la Educaci贸n, la Salud, la Justicia y Paz, las Comunicaciones sociales, etc.) puede resultar de grande oportunidad en orden a la acci贸n pastoral.

65. - Es recomendable la presencia rec铆proca por medio de delegados de las Conferencias Episcopales y de las Uniones de Superiores Mayores en las Asambleas respectivas, estableciendo como es evidente normas oportunas seg煤n las cuales cada Conferencia pueda tratar sola los argumentos que convengan.

A nivel supranacional y universal

66. - En lo referente al 谩mbito internacional, continental o subcontinental, pueden constituirse con aprobaci贸n de la Santa Sede formas de coordinaci贸n tanto para los Obispos cuanto para los Superiores Mayores entre las diversas naciones. Una cierta centralizaci贸n de servicios a este nivel de las diversas organizaciones existentes puede ser de notable ayuda para una acci贸n concorde y ordenada de los Obispos y Religiosos. En los lugares donde ya existen formas organizadas a nivel continental, ser谩n sus mismos Comit茅s o Consejos permanentes los que podr谩n realizar este servicio de coordinaci贸n.

67. - A nivel universal el Sucesor de Pedro ejerce su ministerio propio en pro de toda la Iglesia; pero en el ejercicio de su potestad suprema, plena e inmediada sobre toda la Iglesia, el Romano Pont铆fice se sirve de los Dicasterios de la Curia Romana (CD 9).

El mismo Sumo Pont铆fice ha promovido algunas formas de cooperaci贸n de los Religiosos con la Santa Sede, aprobando la constituci贸n de un Consejo de las Uniones de Superiores y Superioras generales ante la Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares (cfr. ES II, 42) y disponiendo la introducci贸n de Religiosos entre los miembros de las SS. Congregaciones para los Religiosos e Institutos seculares y para la Evangelizaci贸n de los Pueblos (cfr. ES III, 16).

CONCLUSI脫N

El di谩logo y la colaboraci贸n existen ya en los diversos grados; pero no hay duda que deben desarrollarse a煤n m谩s si se quiere que sus frutos sean abundantes. Por lo que es necesario recordar que, en cuesti贸n de cooperaci贸n, se logra una verdadera eficacia cuando los protagonistas de la misma son conscientes de que dicha eficacia, proviene ante todo de su propia convicci贸n y formaci贸n. En efecto, todo proceder谩 mejor si ellos est谩n completamente convencidos de la necesidad, naturaleza e importancia de la cooperaci贸n, de la confianza rec铆proca, del respeto de la competencia de cada uno, de las consultas que han de realizarse antes de emprender iniciativas de cualquier g茅nero y grado. Ser谩 as铆 como las relaciones mutuas entre Obispos y Religiosos, llevadas con voluntad sincera y abierta, servir谩n para expresar de modo m谩s conveniente y adecuado, la vitalidad din谩mica de la Iglesia-Sacramento en su admirable misi贸n de salvaci贸n.

Pablo Ap贸stol, prisionero en el Se帽or, escribiendo desde Roma a los Efesios, les amonestaba as铆: Os exhorto a caminar de manera digna de la vocaci贸n a la que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, con magnanimidad, soport谩ndoos mutuamente en la caridad, sol铆citos por conservar la unidad del Esp铆ritu en el v铆nculo de la paz (Ef 4, 1-3).

* * *

Todos los principios y normas expuestos han sido sometidos al examen del Santo Padre, el cual, con fecha 23 de Abril de 1978, se ha dignado aprobarlos y ha decretado su publicaci贸n.

Roma, S. Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares, 14 de Mayo de 1978, Solemnidad de Pentecost茅s.

Card. Sebasti谩n Baggio
Prefecto de la S. Congregaci贸n para los Obispos.

Card. Eduardo F. Pironio
Prefecto de la S.C.R.I.S.

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