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Una nueva primavera de fe

Homilía de S.S. Juan Pablo II en la misa dominical

1. ¬ęSomos siervos in√ļtiles¬Ľ (Lc 17, 10).

Seguramente el eco de estas palabras de Cristo no dej√≥ de resonar en el coraz√≥n de los Ap√≥stoles cuando, obedeciendo a su mandato, salieron a los caminos del mundo para anunciar el Evangelio. Iban de una ciudad a otra, de una regi√≥n a otra, trabajando al servicio del Reino y conservando siempre en su interior la recomendaci√≥n de Jes√ļs: ¬ęCuando hay√°is hecho todo lo que os fue mandado, decid: "Somos siervos in√ļtiles"; hemos hecho lo que deb√≠amos hacer¬Ľ (Lc 17, 10).

Transmitieron esta misma certeza a sus discípulos, incluidos los primeros que atravesaron el mar Adriático, llevando el Evangelio a la Dalmacia romana, a los pueblos que en aquella época vivían en esta bellísima costa y en las demás regiones igualmente hermosas, hasta la Panonia. Así, la fe comenzó a difundirse entre vuestros antepasados quienes, a su vez os la transmitieron a vosotros. Es un largo proceso histórico que se remonta a la época de san Pablo y que se reanuda con nuevo impulso en el siglo VII al llegar las poblaciones croatas.

Hoy queremos dar gracias a la santísima Trinidad por el bautismo que recibieron vuestros antepasados. El cristianismo llegó aquí desde Oriente y desde Italia, desde Roma, y ha forjado vuestra tradición nacional. Este recuerdo despierta en el alma un vivo sentido de gratitud a la divina Providencia por este doble don: ante todo, el don de la vocación a la fe, y después el de los frutos que han madurado en vuestra cultura y en vuestras tradiciones.

En la costa croata, a lo largo de los siglos, se han creado maravillosas obras de arte arquitect√≥nicas, que han suscitado la admiraci√≥n de innumerables personas en las diversas √©pocas. Todos pod√≠an gozar de este espl√©ndido patrimonio, insertado en un paisaje encantador. Desgraciadamente, a causa de las guerras, parte de esos tesoros ha sido destruida o da√Īada. La mirada de los hombres ya no podr√° disfrutar de ellos. ¬ŅC√≥mo no sentir tristeza?

2. ¬ęSomos siervos in√ļtiles; hemos hecho lo que deb√≠amos hacer¬Ľ. Las palabras de Jes√ļs plantean algunos interrogantes que no es posible evitar: ¬ŅRealmente hemos hecho lo que deb√≠amos?

¬ŅY qu√© debemos hacer ahora? ¬ŅCu√°les son nuestras tareas futuras? ¬ŅCon cu√°les medios y con cu√°les fuerzas contamos? Las preguntas son complejas y, por tanto, la respuesta deber√° ser articulada. Hoy nos formulamos estas preguntas como cristianos, como seguidores de Cristo, y con esta conciencia leemos la p√°gina de la carta de san Pablo a Timoteo. En ella, el Ap√≥stol, nombrando algunos disc√≠pulos, menciona tambi√©n a Tito, y recuerda su misi√≥n en Dalmacia. Por tanto, Tito fue uno de los primeros que evangelizaron estas tierras como singular testimonio de la preocupaci√≥n apost√≥lica por hacer que el Evangelio llegara hasta aqu√≠.

En las palabras de Pablo, de un Pablo ya probado por los a√Īos, percibimos el eco del celo apost√≥lico de toda una vida. Cuando es ya inminente el momento de su partida (cf. 2 Tm 4, 6), escribe a su disc√≠pulo: ¬ęHe librado una buena batalla, he llegado a la meta en la carrera, he conservado la fe¬Ľ (2 Tm 4, 7). Es un testimonio y tambi√©n un testamento. Desde esta perspectiva, cobran mayor importancia sus palabras conclusivas: ¬ęEl Se√Īor me asisti√≥ y me dio fuerzas para que por mi medio se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todos los gentiles¬Ľ (2 Tm 4, 17).

Los que hoy, a fines del segundo milenio, deben continuar la obra de la evangelizaci√≥n, pueden hallar aqu√≠ luz y consuelo. Para esta obra, que es al mismo tiempo divina y humana, hay que recurrir a la fuerza del Se√Īor. Con raz√≥n, en el umbral del nuevo milenio, hablamos de la necesidad de una nueva evangelizaci√≥n: nueva en su m√©todo, pero siempre id√©ntica por lo que respecto a las verdades propuestas. Ahora bien, la nueva evangelizaci√≥n es una tarea inmensa: universal por sus contenidos y sus destinatarios debe diversificarse en su forma adapt√°ndose a las exigencias de los diferentes lugares. ¬ŅC√≥mo no sentir la necesidad de la intervenci√≥n de Dios en apoyo de nuestra peque√Īez?

Oremos para que la Iglesia en vuestro pa√≠s cat√≥lico sepa discernir bien, con la ayuda de Dios, las exigencias y las tareas de la nueva evangelizaci√≥n, y orientar su compromiso en la justa direcci√≥n ¬ętertio millennio adveniente¬Ľ.

3. Agradezco (…)

4. Queridos hermanos, Split y Salona representan la segunda y √ļltima etapa de mi visita pastoral a Croacia. Las dos localidades revisten una importancia muy particular en el desarrollo del cristianismo en esta regi√≥n desde la √©poca romana, y tambi√©n en la sucesiva, croata, y evocan una larga y admirable historia de fe desde los tiempos de los Ap√≥stoles hasta nuestros d√≠as.

¬ęSi tuvierais fe como un grano de mostaza... ¬Ľ (Lc 17, 6), nos acaba de decir Jes√ļs en el evangelio. La gracia de Dios ha hecho que ese grano de fe brotara y creciera hasta convertirse en un √°rbol grande, lleno de frutos de santidad. Incluso en los per√≠odos m√°s duros de vuestra historia ha habido hombres y mujeres que no dejaron de repetir: ¬ęLa fe cat√≥lica es mi vocaci√≥n¬Ľ (siervo de Dios Iv√°n Merz, en Positio super vita virtutibus et fama sanctitatis, Roma 1998, p. 477); hombres y mujeres que hicieron de la fe el programa de su vida. As√≠ sucedi√≥ con el m√°rtir Domnio, en la √©poca romana, y tambi√©n con los numerosos m√°rtires durante la ocupaci√≥n turca, hasta el beato Alojzide Stepinac, en nuestros d√≠as.

La decisi√≥n de vuestros padres de acoger la fe cat√≥lica, la fe anunciada y profesada por los santos ap√≥stoles Pedro y Pablo, ha desempe√Īado un papel central en la historia, religiosa y civil de vuestra naci√≥n. ¬ęEste fue un acontecimiento de gran importancia para los croatas, porque a partir de ese momento aceptaron con gran prontitud el evangelio de Cristo tal como se propagaba y ense√Īaba desde Roma. La fe cat√≥lica ha impregnado la vida nacional de los croatas¬Ľ: as√≠ escribieron vuestros obispos (Carta pastoral, 16 de marzo de 1939), con vistas a la celebraci√≥n jubilar de la evangelizaci√≥n de los croatas, programada para el a√Īo 1941 y despu√©s aplazada a causa de los acontecimientos que conmovieron vuestra patria, Europa y el mundo entero.

5. Se trata de una herencia que obliga. En la carta que os escrib√≠ para el a√Īo de Branimir, una de las etapas de la celebraci√≥n del jubileo del bautismo de vuestro pueblo, os dec√≠a: ¬ęCon vuestra perseverancia hab√©is sellado una especie de pacto con Cristo y con su Iglesia: deb√©is permanecer fieles a este pacto aunque los tiempos sean contrarios. Permaneced siempre como lo hab√©is hecho desde aquel glorioso a√Īo 879¬Ľ (15 de mayo de 1979). Os repito tambi√©n hay esas palabras, en el nuevo clima social y pol√≠tico que se ha creado en vuestra patria.

El Se√Īor no ha dejado de iluminar con la esperanza vuestros d√≠as (cf. Ef 1, 17-18), y ahora, con la llegada de la libertad y la democracia, es leg√≠timo esperar una nueva primavera de fe en esta tierra croata. La Iglesia tiene hoy la posibilidad de utilizar numerosos medios de evangelizaci√≥n y de acceder a todos los sectores de la sociedad. Esta es una ocasi√≥n propicia, que la Providencia brinda a esta generaci√≥n para anunciar el Evangelio y dar testimonio de Jesucristo, √ļnico Salvador del mundo contribuyendo as√≠ a la edificaci√≥n de una sociedad a la medida del hombre.

Concretamente los cristianos de Croacia están llamados hoy a dar un rostro nuevo a su patria, sobre todo esforzándose por hacer que en la sociedad se recuperen los valores éticos y morales minados por los totalitarismos anteriores y por la reciente violencia bélica. Se trata de una tarea que requiere muchas energías y voluntad firme. Y es una tarea urgente, porque sin valores no puede haber ni verdadera libertad ni verdadera democracia. Entre estos valores es fundamental el respeto a la vida humana, a los derechos y a la dignidad de la persona, así como a los derechos y a la dignidad de los pueblos.

El cristiano sabe que, junto con los dem√°s ciudadanos, tiene una responsabilidad muy precisa con respecto al destino de su patria y a la promoci√≥n del bien com√ļn. La fe impulsa siempre al servicio de los dem√°s, de los compatriotas, considerados como hermanos. Y no puede haber testimonio eficaz sin una fe profundamente vivida, sin una vida enraizada en el Evangelio e impregnada de amor a Dios y al pr√≥jimo a ejemplo de Jesucristo. Para el cristiano dar testimonio quiere decir revelar a los dem√°s las maravillas del amor de Dios, construyendo en uni√≥n con sus hermanos el Reino, del que la Iglesia ¬ęconstituye el germen y el comienzo¬Ľ (Lumen gentium, 5).

6. ¬ęSi tuvierais fe... Somos siervos in√ļtiles...¬Ľ. La fe no busca cosas extraordinarias, sino que se esfuerza por ser √ļtil, sirviendo a los hermanos desde la perspectiva del Reino. Su grandeza reside en la humildad: ¬ęSomos siervos in√ļtiles...¬Ľ. Una fe humilde es una fe aut√©ntica. Y una fe aut√©ntica, aunque sea peque√Īa ¬ęcomo un grano de mostaza¬Ľ, puede realizar cosas extraordinarias.

¬°Cu√°ntas veces eso se ha hecho realidad en esta tierra! Ojal√° que el futuro confirme nuevamente estas palabras del Se√Īor, de modo que el Evangelio siga dando abundantes frutos de santidad entre las generaciones futuras.

Que el Se√Īor de la historia acoja las s√ļplicas que se eleven hay de esta tierra croata y escuche la oraci√≥n de cuantos confiesan el santo nombre de Dios y piden permanecer fieles a la gran alianza bautismal de sus antepasados.

Que este pueblo, sostenido por su fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, sepa construir su futuro sobre las antiguas raíces cristianas, que se remontan a los tiempos apostólicos.

¬°Alabados sean Jes√ļs y Mar√≠a!

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