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Carta enc铆clica Non abbiamo bisogno

Del Sumo Pont铆fice
P铆o XI
acerca del fascismo
y la acci贸n cat贸lica.

A los venerables hermanos patriarcas,
primados, arzobispos, obispos
y dem谩s ordinarios
en paz y comuni贸n
con la Sede Apost贸lica

Venerables hermanos: salud y bendici贸n apost贸lica

1. NO TENEMOS NECESIDAD de anunciaros, venerables hermanos, de los acontecimientos que en estos 煤ltimos tiempos se han desarrollado en esta ciudad de Roma, Nuestra Sede Episcopal, y en toda Italia, es decir, precisamente en Nuestra circunscripci贸n primacial; acontecimientos que han tenido tan larga y profunda repercusi贸n en el mundo entero y m谩s particularmente en todas y en cada una de las di贸cesis de Italia y del mundo cat贸lico. Se resumen en estas breves y tristes palabras: Se ha intentado herir de muerte todo lo que era y lo que ser谩 siempre lo m谩s querido por Nuestro coraz贸n de Padre y Pastor de almas... y Nos podemos y debemos incluso a帽adir: 芦y a煤n me ofende el modo禄1

En presencia y bajo la presi贸n de estos acontecimientos hemos sentido Nosotros la necesidad y el deber de dirigirnos a vosotros, y por decirlo as铆, llegar en esp铆ritu a cada uno de vosotros, venerables hermanos, en primer lugar, para cumplir un grave y urgente deber de reconocimiento fraternal; en segundo lugar, para satisfacer un deber, no menos grave y no menos urgente, de defender la verdad y la justicia en una materia que, como se refiere a los intereses y a los derechos vitales de la Iglesia, os interesa tambi茅n a todos y cada uno de vosotros en particular en todas las partes en que el Esp铆ritu Santo os ha colocado para gobernarla en uni贸n con Nosotros; en tercer lugar, Nos queremos exponeros las conclusiones y reflexiones que los acontecimientos parecen imponer; en cuarto lugar, confiaros Nuestras preocupaciones para el porvenir; y, finalmente, os invitaremos a compartir Nuestras esperanzas y a rogar con Nos y con el mundo cat贸lico por su realizaci贸n.

I

2. La paz interior, esta paz que nace de la plena y clara conciencia que tiene uno de estar en el bando de la verdad y de la justicia y de combatir y sufrir por ellas, esta paz que solamente puede darla el Rey divino y que el mundo es completamente incapaz de dar y quitar, esta paz bendita y bienhechora, gracias a la bondad y la misericordia de Dios, no Nos ha abandonado un solo instante, y abrigamos la firme esperanza de que, suceda lo que suceda, no Nos abandonar谩 jam谩s; pero, bien sab茅is vosotros, venerables hermanos, que esta paz deja libre acceso a los m谩s amargos sinsabores: as铆 lo experiment贸 el Sagrado Coraz贸n de Jes煤s durante su Pasi贸n; lo mismo experimentan los corazones de los fieles servidores, y Nos tambi茅n hemos experimentado la verdad de esta misteriosa palabra: 芦He aqu铆 que en la paz (me sobrevino) amargura grand铆sima2. Vuestra intervenci贸n r谩pida, extensa, afectuosa, que no ha cesado todav铆a; vuestros sentimientos fraternos y filiales, y por encima de todo, ese sentimiento de alta y sobrenatural solidaridad, de 铆ntima uni贸n de pensamientos y de sentimientos, de inteligencias y de voluntades que respiran vuestras comunicaciones llenas de amor, Nos han llenado el alma de consuelos indecibles y muchas veces han hecho subir de Nuestro coraz贸n a Nuestros labios las palabras del salmo: 芦En las grandes angustias de mi coraz贸n, tus consuelos alegraban mi alma禄3. De todos estos consuelos, despu茅s de Dios, os damos gracias de todo Nuestro coraz贸n, venerables hermanos, vosotros a quienes Nos podemos repetir la palabra de Jes煤s a los Ap贸stoles vuestros predecesores: 芦Vosotros sois los que hab茅is permanecido conmigo en mis pruebas禄4.

3. Sentimos tambi茅n y queremos tambi茅n cumplir el deber tan dulce al coraz贸n paternal de dar gracias con vosotros, venerables hermanos, a tantos de vuestros buenos y dignos hijos que, individual y colectivamente, en su nombre propio y de parte de las diversas organizaciones y asociaciones consagradas al bien, y con m谩s amplitud de parte de las asociaciones de Acci贸n Cat贸lica y de Juventud Cat贸lica, nos han enviado expresiones de condolencia, de devoci贸n y de generosa y activa conformidad a Nuestras normas directivas y a Nuestros deseos. Fue para Nos especialmente bello y consolador ver a las Acciones Cat贸licas de todos los pa铆ses, desde los m谩s cercanos hasta los m谩s lejanos, encontrarse reunidas alrededor del Padre com煤n, animadas y como impulsadas por un mismo esp铆ritu de fe, de piedad filial, de prop贸sitos generosos en los que se expresa un谩nimemente la sorpresa penosa de ver perseguida y herida la Acci贸n Cat贸lica all铆, en el centro del apostolado jer谩rquico, donde tiene, m谩s que en ninguna otra parte, su raz贸n de ser, la Acci贸n Cat贸lica, que en Italia, como en todas las partes del mundo, siguiendo su aut茅ntica y esencial definici贸n y seg煤n Nuestras vigilantes y asiduas direcciones, tan generosamente secundadas por vosotros, venerables hermanos, ni quiere ni puede ser otra cosa que la participaci贸n y la colaboraci贸n del laicado en el apostolado jer谩rquico.

Llevar茅is, venerables hermanos, la expresi贸n de Nuestro paternal reconocimiento a todos vuestros hijos e hijas Nuestros en Jesucristo, que se han mostrado tan bien formados en vuestra escuela, tan buenos y tan piadosos hacia su Padre com煤n al punto de hacernos decir: 芦Reboso de gozo en todas nuestras tribulaciones禄5.

4. En cuanto a vosotros, Obispos de todas y cada una de las di贸cesis de esta querida Italia, debemos no solamente la expresi贸n de Nuestro reconocimiento por los consuelos que con tan noble y santa emulaci贸n Nos hab茅is prodigado con vuestras cartas durante todo el mes 煤ltimo y especialmente el d铆a mismo de los Santos Ap贸stoles, con vuestros afectuosos y elocuentes telegramas; pero debemos tambi茅n dirigiros a Nuestra vez el p茅same por lo que cada uno de vosotros ha sufrido, viendo repentinamente abatirse la tempestad devastadora sobre los vergeles tan ricamente florecidos y llenos de promesas de vuestros jardines espirituales, que el Esp铆ritu Santo ha confiado a vuestra solicitud y que cultivabais con tanto celo y con tan gran bien para las almas. Vuestro coraz贸n, venerables hermanos, se ha vuelto en seguida hacia el Nuestro para compartir Nuestra pena, en la cual sent铆ais reunirse como en un centro y multiplicarse y encontrarse todas las vuestras. Nos hab茅is dado la m谩s clara y afectuosa demostraci贸n y con todo el coraz贸n os damos las gracias. Particularmente os agradecemos el un谩nime y verdaderamente grandioso testimonio que hab茅is dado a la docilidad con que la Acci贸n Cat贸lica italiana y precisamente las Asociaciones de Juventudes han permanecido fieles a Nuestras normas directivas y a las vuestras, que excluyen toda actividad pol铆tica de partido. Al mismo tiempo damos gracias tambi茅n a todos vuestros sacerdotes y fieles, a vuestros religiosos y religiosas, que se han unido a vosotros con tan gran impulso de fe y de piedad filial. Damos gracias especialmente a vuestras Asociaciones de Acci贸n Cat贸lica y en primer lugar a las de las Juventudes de todas las categor铆as, hasta a los m谩s peque帽os benjamines y a los ni帽os, que Nos son tanto m谩s queridos cuanto m谩s peque帽os son y en cuyas plegarias tenemos especial confianza.

Vosotros hab茅is comprendido, venerables hermanos, que Nuestro coraz贸n estaba y est谩 con vosotros, con cada uno de vosotros, sufriendo con vosotros, rogando por vosotros y con vosotros, a fin de que Dios, en su infinita misericordia, nos socorra y haga salir de este gran mal desencadenado por el antiguo enemigo del bien una nueva floraci贸n de bienes, y de grandes bienes.

II

5. Despu茅s de haber satisfecho la deuda de gratitud por los consuelos que hemos recibido en tan grande dolor, debemos satisfacer las obligaciones que el ministerio apost贸lico Nos impone para con la verdad y la justicia.

Ya muchas veces, venerables hermanos, de la manera m谩s expl铆cita y asumiendo toda la responsabilidad de lo que dec铆amos, Nos hemos explicado la campa帽a de falsas e injustas acusaciones que precedi贸 a la disoluci贸n de las Asociaciones de Juventudes y Asociaciones universitarias dependientes de la Acci贸n Cat贸lica y hemos protestado contra ellas. Disoluci贸n ejecutada por v铆as de hecho y por procedimientos que daban la impresi贸n de que se persegu铆a una vasta y peligrosa asociaci贸n criminal. Y sin embargo, se trataba de j贸venes y de ni帽os que son ciertamente los mejores entre los buenos y a los cuales tenemos la satisfacci贸n y el orgullo de poder una vez m谩s dar este testimonio. Los ejecutores de este procedimiento, no todos, pero muchos de ellos, tuvieron asimismo esta impresi贸n y no la ocultaron, procurando templar el cumplimiento de su consigna con palabras y miramientos por medio de los cuales parec铆an presentar excusas y querer obtener el perd贸n de lo que se les obligaba a hacer. Nos lo hemos tenido en cuenta y les reservamos especiales bendiciones.

6. Pero por una dolorosa compensaci贸n, 隆cu谩ntas brutalidades y violencias, que llegaron hasta los golpes y a la sangre, cu谩ntas irreverencias de prensa, de palabras y de hechos contra las cosas y contra las personas, incluso la Nuestra, han precedido, acompa帽ado y seguido la ejecuci贸n de la inopinada medida de polic铆a! Y 茅sta con frecuencia se ha extendido, por ignorancia o por un celo maligno, a ciertas asociaciones e instituciones que ni siquiera estaban comprendidas en las 贸rdenes superiores, como los oratorios de los ni帽os y las piadosas congregaciones de Hijas de Mar铆a.

Todo este lamentable conjunto de irreverencias y de violencias se verificaron con una tal intervenci贸n de miembros e insignias de partido, con tal unanimidad de un cabo a otro de Italia, y con tal condescendencia de las autoridades y de las fuerzas de seguridad p煤blica, que era ya preciso pensar necesariamente en disposiciones venidas de arriba. F谩cilmente admitimos, como era f谩cil de prever, que estas disposiciones pod铆an y hasta deb铆an ser necesariamente exageradas. Hemos debido recordar estas cosas antip谩ticas y penosas, porque se ha intentado hacer creer al p煤blico y al mundo que la deplorable disoluci贸n de las Asociaciones, que Nos son tan queridas, se ha efectuado sin incidentes y casi como una cosa normal.

7. Pero en realidad se ha intentado faltar en mayor escala a la verdad y a la justicia. Si no todas las invenciones y todas las mentiras y las verdaderas calumnias esparcidas por la prensa hostil de partido, la 煤nica libre y acostumbrada, por decirlo as铆, a hablarlo todo y atreverse a todo, han sido acogidas en un mensaje, no oficial sin duda alguna (por prudente calificaci贸n), la mayor parte han sido realmente entregadas al p煤blico en los m谩s poderosos medios de difusi贸n que conoce la hora presente. La historia de los documentos redactados, no para servir a la verdad y a la justicia, sino para ofenderlas, es bien larga y triste, y Nos debemos decir con la m谩s profunda amargura, que en los muchos a帽os de Nuestra actividad de bibliotecario rara vez hemos encontrado en Nuestro camino un documento tan tendencioso y tan contrario a la verdad y a la justicia con relaci贸n a la Santa Sede, a la Acci贸n Cat贸lica y m谩s particularmente a las Asociaciones cat贸licas tan duramente castigadas. Si call谩ramos, si dej谩ramos pasar, es decir, si permiti茅ramos creer todas esas cosas, vendr铆amos a ser m谩s indignos de lo que somos de ocupar esta augusta Sede Apost贸lica, indignos del filial y generoso sacrificio por el cual Nos han siempre consolado, y Nos consuelan hoy m谩s que nunca, Nuestros queridos hijos de la Acci贸n Cat贸lica y particularmente aquellos de Nuestros hijos e hijas, tan numerosos gracias a Dios, que por su religioso respeto a Nuestros mandatos y direcciones tanto han sufrido y tanto sufren, honrando en la escuela donde han sido formados, tanto al Divino Maestro, como a su indigno Vicario, al demostrar luminosamente con su cristiana actitud aun ante las amenazas y las violencias, de qu茅 lado se encuentra la verdadera dignidad, la verdadera fuerza del alma, el verdadero valor y la verdadera civilizaci贸n.

8. Procuraremos ser breves al rectificar las f谩ciles afirmaciones del mensaje de que hemos hablado. Y decimos f谩ciles, por no calificarlas de audaces, ya que el p煤blico, se sab铆a, se encontraba en la casi imposibilidad de verificarlas de ninguna manera. Seremos breves, tanto m谩s cuanto que muchas veces, sobre todo en los 煤ltimos tiempos, hemos tratado asuntos que vuelven a presentarse hoy, y Nuestra palabra, venerables hermanos, ha podido llegar hasta vosotros y por vosotros a Nuestros queridos hijos en Jesucristo, y esperamos que lo mismo suceder谩 con las presentes letras.

El mensaje en cuesti贸n dec铆a, entre otras cosas, que las revelaciones de la prensa hostil de partido hab铆an sido confirmadas en casi su totalidad, en su sustancia, por lo menos, precisamente por L'Osservatore Romano. La verdad es que L'Osservatore Romano ha demostrado, de vez en cuando, que las pretendidas revelaciones eran otras tantas invenciones, o totalmente, o por lo menos en la interpretaci贸n dada a los hechos. Basta leer sin mala fe y con la m谩s modesta capacidad de comprensi贸n.

El mensaje dec铆a tambi茅n que era una tentativa rid铆cula la de hacer pasar a la Santa Sede como v铆ctima en un pa铆s donde miles de viajeros pueden dar testimonio del respeto con que se trata a los sacerdotes, a los prelados, a la Iglesia y a las ceremonias religiosas. S铆, venerables hermanos, ser铆a una tentativa harto rid铆cula, como ser铆a rid铆culo querer derribar una puerta abierta. Porque los viajeros extranjeros, que no faltan nunca en Italia y en Roma, han podido, desgraciadamente, ver con sus propios ojos las irreverencias imp铆as y difamatorias, las violencias, los ultrajes, los vandalismos cometidos contra los lugares, las cosas y las personas en todo el pa铆s y en esta misma Sede episcopal Nuestra, cosas todas ellas deploradas por Nos varias veces, despu茅s de una informaci贸n cierta y precisa.

9. El mensaje denuncia la "negra ingratitud" de los sacerdotes que hostilizan el partido, el cual ha sido, como se dice, en toda Italia la garant铆a de la libertad religiosa. El clero, el Episcopado y la Santa Sede no han dejado de apreciar la importancia de lo que se ha hecho en estos a帽os en beneficio de la Religi贸n, y frecuentemente han manifestado un vivo y sincero reconocimiento. Pero con Nos, el Episcopado, el clero y todos los verdaderos fieles, y hasta los ciudadanos amantes del orden y de la paz, se han llenado de pena y preocupaci贸n ante los atentados cometidos r谩pidamente contra las m谩s sanas y preciosas libertades de la Religi贸n y de las conciencias, a saber, todos los atentados contra la Acci贸n Cat贸lica, sobre todo contra las asociaciones de juventudes, atentados que han llegado al colmo en las medidas polic铆acas tomadas contra ellas de la manera indicada, atentados y medidas que hacen dudar seriamente si las primeras actitudes ben茅volas y bienhechoras proven铆an de un amor sincero y de un sincero celo por la Religi贸n. Si se quiere hablar de ingratitud ha sido y sigue siendo para con la Santa Sede la obra de un r茅gimen, que a juicio del mundo entero ha sacado de sus relaciones amistosas con la Santa Sede, en la naci贸n y fuera de ella, un aumento de prestigio y de cr茅dito, que a muchos en Italia y en el extranjero les ha parecido excesivo el favor y la confianza de Nuestra parte.

10. Cuando se consumaron las medidas de polic铆a, acompa帽adas de violencias, irreverencias, de aquiescencia y connivencia de las autoridades de seguridad p煤blica, Nos suspendimos el env铆o de un Cardenal legado a las fiestas centenarias de Padua y, al mismo tiempo, las procesiones solemnes en Roma y en Italia. Las disposiciones eran evidentemente de Nuestra competencia y ten铆amos motivos tan graves y urgentes, que Nos creaban el deber de adoptarlas, aun sabiendo los grandes sacrificios que con ellas impon铆amos a los fieles y la molestia que Nos experiment谩bamos m谩s que nadie. Pero 驴c贸mo se hubieran desarrollado normalmente estas alegres solemnidades entre el duelo y la pena en que estaban sumergidos el coraz贸n del Padre com煤n de todos los fieles y el coraz贸n maternal de nuestra Santa Madre la Iglesia, en Roma, en Italia, en todo el mundo cat贸lico, como se ha demostrado luego, por la participaci贸n verdaderamente mundial de todos Nuestros hijos, y vosotros, venerables hermanos, a la cabeza de ellos? 驴C贸mo no hab铆amos de temer Nos tambi茅n por el respeto y la seguridad misma de las personas y de las cosas m谩s sagradas, dada la actitud de las autoridades y de la fuerza p煤blica, y ante tantas irreverencias y violencias?

En todas partes donde Nuestras decisiones han sido conocidas, los buenos sacerdotes y los buenos fieles tuvieron la misma impresi贸n y los mismos sentimientos, y all铆 donde no fueron intimidados, amenazados, o peor todav铆a, dieron pruebas magn铆ficas y muy consoladoras para Nos, reemplazando las celebraciones solemnes por horas de oraci贸n, adoraci贸n y reparaci贸n, uni茅ndose en el pesar y en la intenci贸n con el Sumo Pont铆fice, en medio de un maravilloso concurso del pueblo.

11. Sabemos c贸mo han sucedido las cosas all铆 donde Nuestras instrucciones no pudieron llegar a tiempo, y cu谩l fue la intervenci贸n de las autoridades que subraya el mensaje, de aquellas mismas autoridades que hab铆an asistido, o que poco despu茅s hab铆an de asistir mudas y pasivas a la realizaci贸n de actos netamente anticat贸licos y antirreligiosos, cosa que el mensaje no dice en manera alguna. Pero dice, por el contrario, que hubo autoridades eclesi谩sticas locales que se creyeron en el caso de no tener en cuenta Nuestra prohibici贸n. No conocemos una sola autoridad eclesi谩stica local que haya merecido la ofensa que implican estas palabras. Sabemos, por el contrario, y deploramos vivamente, las imposiciones con frecuencia amenazadoras y violentas infligidas o que se ha dejado infligir a las autoridades eclesi谩sticas locales. Estamos informados de imp铆as parodias de c谩nticos sagrados y de cortejos religiosos, tolerados con profunda molestia para los verdaderos fieles y la emoci贸n real de todos los ciudadanos amantes de la paz y del orden, que ve铆an no defendidos el orden ni la paz, y, lo que es peor, precisamente por aquellos que tienen el grav铆simo deber de defenderlos y un inter茅s vital en cumplir este deber.

El mensaje repite la tan reiterada comparaci贸n entre Italia y otros Estados en los que la Iglesia est谩 realmente perseguida, y contra los cuales no se han o铆do palabras como las pronunciadas contra Italia, donde 鈥攄ice鈥 la religi贸n ha sido restaurada. Ya hemos dicho que guardamos y guardaremos perenne gratitud y recuerdo por todo cuanto se ha hecho en Italia en beneficio de la religi贸n, aunque tambi茅n en beneficio simult谩neo no menor, y tal vez mayor, del partido y del r茅gimen. Hemos dicho y repetido tambi茅n que no es necesario (con frecuencia ser铆a muy nocivo a los fines pretendidos) que todo el mundo sepa y conozca lo que Nos y esta Santa Sede, por medio de nuestros representantes, de nuestros hermanos en el episcopado, debemos decir y las advertencias que Nos hacemos all铆 donde los intereses de la religi贸n lo requieren y en la medida que la necesidad requiere, sobre todo all铆 donde la Iglesia se halla realmente perseguida.

12. Pero con indecible dolor vemos desencadenarse en nuestra Italia y en nuestra Roma una verdadera y real persecuci贸n contra lo que la Iglesia y su jefe querido en punto a su libertad y a sus derechos, libertad y derechos que son los de las almas, y m谩s particularmente, de las almas de los j贸venes, a quienes de un modo particular ha confiado a la Iglesia el Divino Creador y Redentor.

Como es notorio, hemos afirmado y protestado en varias ocasiones con toda solemnidad de que la Acci贸n Cat贸lica, tanto por su naturaleza y su esencia misma (participaci贸n y colaboraci贸n del Estado seglar en el Apostolado jer谩rquico), como por Nuestras precisas y categ贸ricas normas y prescripciones, est谩 fuera y por encima de toda pol铆tica de partido. Al mismo tiempo hemos afirmado y protestado que sab铆amos de ciencia cierta que Nuestras normas y prescripciones hab铆an sido fielmente obedecidas en Italia. El mensaje dice que la afirmaci贸n de que la Acci贸n Cat贸lica no ha tenido un verdadero car谩cter pol铆tico, es completamente falsa. No queremos revelar todo lo que hay de irrespetuoso en esta acusaci贸n; los motivos que el mensaje alega demuestran toda su falsedad y una ligereza que tachar铆amos de rid铆culas, si no fueran lamentables.

La Acci贸n Cat贸lica ten铆a, dice el mensaje, banderas, insignias, listas de adheridos y todas las otras apariencias exteriores de un partido pol铆tico. Como si las banderas, las insignias, las listas de adheridos y otras parecidas formalidades exteriores no fuesen hoy d铆a comunes en todos los pa铆ses del mundo a las Asociaciones m谩s diversas, y a actividades que no tienen nada que ver con la pol铆tica: deportivas y profesionales, comerciales e industriales, escolares, religiosas del m谩s piadoso car谩cter y, a veces, casi infantiles, como la de los Cruzados eucar铆sticos.

13. El mensaje no puede menos de sentir la debilidad del motivo alegado, y como para salvar su argumentaci贸n, aduce otras tres razones.

La primera es que los jefes de la Acci贸n Cat贸lica eran casi todos miembros o jefes del Partido Popular, que ha sido (dice) uno de los m谩s ac茅rrimos enemigos del partido fascista. Esta acusaci贸n ha sido lanzada m谩s de una vez contra la Acci贸n Cat贸lica; pero siempre en t茅rminos generales y sin precisar nombre ninguno. En vano hemos pedido cada vez nombres y datos precisos. Solamente un poco antes de las medidas de polic铆a tomadas contra la Acci贸n Cat贸lica, y con el fin evidente de prepararlas y justificarlas, la prensa enemiga ha publicado algunos hechos y algunos nombres, utilizando no menos evidente las partes de la polic铆a: tales son las pretendidas revelaciones a que alude el mensaje en su pre谩mbulo y que L'Osservatore Romano ha desmentido y rectificado plenamente, lejos de confirmarlas, como afirma el mensaje, enga帽ando lastimosamente al gran p煤blico.

Por lo que a Nos toca, venerables hermanos, adem谩s de las informaciones reunidas hace tiempo, y de la encuesta personal hecha de antemano hemos cre铆do que era Nuestro deber el procurarnos nuevas informaciones y proceder a una nueva indagaci贸n, y he aqu铆, venerables hermanos, los resultados positivos de Nuestra investigaci贸n. Ante todo hemos comprobado que en el tiempo en que subsist铆a a煤n el Partido Popular y en que el nuevo partido no se hab铆a afirmado todav铆a, varias disposiciones publicadas en 1919 prohib铆an ejercer las funciones de director de la Acci贸n Cat贸lica a cualquiera que al mismo tiempo ocupase cargos directivos en el Partido Popular.

Hemos visto tambi茅n, venerables hermanos, que los casos de ex directores locales del Partido Popular, convertidos en directores locales de Acci贸n Cat贸lica, se reducen a cuatro; y hacemos notar la insignificancia de esta cifra frente a las 250 Juntas Diocesanas, 4.000 secciones de hombres cat贸licos y m谩s de 5.000 C铆rculos de Juventudes Cat贸licas. Y debemos a帽adir que en los cuatro casos en cuesti贸n se trataba de individuos que jam谩s dieron lugar a dificultad alguna, y de los que algunos simpatizan francamente con el actual r茅gimen y con el partido fascista, por el que son bien mirados.

14. No queremos omitir esta otra garant铆a de la religiosidad apol铆tica de la Acci贸n Cat贸lica, religiosidad bien conocida de vosotros, venerables hermanos, Obispos de Italia: la garant铆a consiste y consistir谩 siempre en la absoluta dependencia de la Acci贸n Cat贸lica del Episcopado, al cual pertenece siempre la elecci贸n de sacerdotes asistentes y el nombramiento de los Presidentes de las Juntas diocesanas; de donde claramente se deduce que al poner en vuestras manos y al recomendaros las Asociaciones indicadas, Nos no hemos ordenado ni dispuesto nada nuevo substancialmente. Despu茅s de la disoluci贸n y desaparici贸n del Partido Popular, los que pertenec铆an ya a la Acci贸n Cat贸lica, continuar铆an perteneciendo a ella, someti茅ndose con perfecta disciplina a su ley fundamental, es decir, absteni茅ndose de toda actividad pol铆tica; y esto es lo que hicieron tambi茅n los que entonces solicitaron su admisi贸n.

驴Con qu茅 justicia y con qu茅 caridad hubi茅ramos podido excluirlos, ya que se presentaban con las cualidades referidas, someti茅ndose voluntariamente a esta ley de apoliticidad? El r茅gimen y el partido, que parecen atribuir una fuerza tan temible y tan temida a los miembros del Partido Popular en el terreno pol铆tico, deber铆an mostrarse agradecidos a la Acci贸n Cat贸lica, que ha sabido retirarlos de este terreno y los ha obligado a prometer no ejercitar ninguna actividad pol铆tica, sino exclusivamente una actividad religiosa.

Nosotros, por el contrario, Nosotros, la Iglesia, la religi贸n, los fieles cat贸licos (y no solamente el Romano Pont铆fice), no podemos estar agradecidos a quien despu茅s de haber disuelto el socialismo y la masoner铆a, nuestros enemigos declarados (pero no s贸lo de Nosotros), les ha abierto una amplia entrada, como todo el mundo lo ve y lo deplora, y ha permitido que lleguen a ser tanto m谩s fuertes y peligrosos cuanto m谩s disimulados y m谩s favorecidos por el nuevo uniforme.

15.Con gran empe帽o, y no raras veces, se Nos ha hablado, segundo, de infracciones; hemos siempre pedido nombres y hechos concretos, siempre dispuestos a intervenir y a proveer; jam谩s se ha dado respuesta a Nuestras preguntas.

El mensaje denuncia que una parte considerable de los actos de organizaci贸n en la Acci贸n Cat贸lica eran de naturaleza pol铆tica, y no ten铆an nada que ver con la Educaci贸n religiosa y la propagaci贸n de la fe. Sin detenernos en la manera incompetente y confusa con la que se indican los objetivos de la Acci贸n Cat贸lica, notemos simplemente que todos cuantos conocen y viven la vida contempor谩nea, saben que no existe iniciativa ni actividad, desde las m谩s cient铆ficas y espirituales hasta las m谩s materiales y mec谩nicas, que no tengan necesidad de organizaci贸n y de actos encaminados a ella, y que ni estos actos ni la organizaci贸n misma se identifican con las finalidades de las iniciativas diversas, sino que son simples medios para mejor atender los fines que cada cual se propone.

16. Sin embargo (contin煤a el mensaje), el argumento m谩s fuerte que puede emplearse para justificar la destrucci贸n de los c铆rculos y Juventudes Cat贸licas, es la defensa del Estado, la cual es m谩s que un simple deber para cualquier clase de Gobierno. Nadie duda de la solemnidad y de la importancia vital de semejante deber y semejante derecho, a帽adimos Nosotros, puesto que (y queremos poner en pr谩ctica esta convicci贸n, de acuerdo con todas las personas honradas y juiciosas) estimamos que el primero de los derechos es el de ejecutar el deber. Ninguno de cuantos hayan recibido el mensaje y lo hayan le铆do habr谩 podido reprimir cierta sonrisa de incredulidad, ni se habr铆a visto libre de un verdadero estupor si el mensaje hubiese a帽adido que de los c铆rculos cat贸licos cerrados 10.000 eran, o por mejor decir, son, c铆rculos de juventud femenina, con un total de 500.000 j贸venes y ni帽as; 驴qui茅n puede ver con ello un serio peligro o una amenaza real para la seguridad del Estado? Y es preciso considerar que tan s贸lo 220.000 j贸venes son miembros "efectivos", m谩s de 100.000 son peque帽as "aspirantes", y m谩s de 150.000 son "benjaminas" a煤n m谩s peque帽as...

Adem谩s existen los c铆rculos de la Juventud Cat贸lica masculina, esta misma Juventud Cat贸lica, que en las publicaciones juveniles del partido y en los discursos y circulares de los jerarcas 鈥攁s铆 los llaman鈥 son expuestos y se帽alados al desprecio y a los ultrajes {cualquiera podr谩 juzgar con qu茅 sentido de responsabilidad pedag贸gica), como un grupo de haraganes y de individuos capaces tan s贸lo de llevar cirios y rezar rosarios en las procesiones; puede ser que por este motivo hayan sido en los 煤ltimos tiempos tan frecuentemente y con valor tan poco noble asaltados, maltratados hasta hacerles derramar sangre, abandonados sin defensa por aquellos que deb铆an y pod铆an protegerlos, mientras que nuestros j贸venes desarmados e indefensos se ve铆an atacados por gentes violentas y frecuentemente armadas.

17. Si hay que buscar aqu铆 el argumento m谩s fuerte para justificar la "destrucci贸n" (esta palabra no deja duda ninguna sobre las intenciones que se abrigan) de Nuestras queridas y heroicas Asociaciones juveniles de Acci贸n Cat贸lica, bien veis, venerables hermanos, que tenemos sobrados motivos para regocijarnos; ya que el argumento demuestra hasta la evidencia, que es incre铆ble e inconsistente. Pero, 隆ay!, que debemos repetir mentita est iniquitas sibi6, y que el argumento m谩s fuerte en favor de la destrucci贸n deseada debe buscarse en otro terreno. La batalla que hoy se libra no es pol铆tica, sino moral y religiosa; esencialmente moral y religiosa.

Hay que cerrar los ojos a esta verdad y ver o, por mejor decir, inventar pretextos pol铆ticos all铆 donde no hay m谩s que moral y Religi贸n, para concluir, como lo hace el mensaje, que se hab铆a creado la situaci贸n absurda de una fuerte organizaci贸n a las 贸rdenes de un Poder "extranjero", el "Vaticano", cosa que ning煤n pa铆s del mundo hubiera permitido.

18. Se han secuestrado en masa los documentos de todas las oficinas de la Acci贸n Cat贸lica; se contin煤a (hasta este punto hemos llegado) interceptando y secuestrando toda la correspondencia de la que se sospecha que tiene alguna relaci贸n con las Asociaciones perseguidas, y aun con aquellas que no lo son, como los Patronatos. Pues bien, que se nos diga a Nos, a Italia y al mundo cu谩les y cu谩ntos son los documentos de pol铆tica tramada por la Acci贸n Cat贸lica con peligro del Estado. Nos atrevemos a decir que no se encontrar谩 ninguno, a menos de leer o interpretar conforme a las ideas preconcebidas injustas y en plena contradicci贸n con los hechos y con la evidencia de pruebas y testimonios innumerables. Que si se descubrieran documentos aut茅nticos y dignos de consideraci贸n, Nos ser铆amos el primero en reconocerlos y tenerlos en cuenta. 驴 Pero qui茅n querr谩, por ejemplo, tachar de pol铆tica, y de pol铆tica peligrosa para el Estado, alguna indicaci贸n, alguna desaprobaci贸n de los odiosos tratamientos tan frecuentemente infligidos ya en tantas partes a la Acci贸n Cat贸lica, aun antes de los 煤ltimos acontecimientos?

19. Por el contrario, se encontrar谩n entre los documentos secuestrados pruebas y testimonios sin n煤mero del profundo y constante esp铆ritu de religi贸n y de la religiosa actividad de toda la Acci贸n Cat贸lica, y particularmente de las Asociaciones juveniles y universitarias. Bastar谩 saber leer y apreciar, como lo hemos hecho Nosotros un incalculable n煤mero de veces, los programas y las memorias, los procesos verbales de Congresos, de semanas de estudios religiosos, de oraciones, de ejercicios espirituales, de frecuencia de Sacramentos practicada y suscitada, de conferencias apolog茅ticas, de estudios y de actividad catequ铆stica, de corporaci贸n y de iniciativa de verdadera y pura caridad cristiana en las Conferencias de San Vicente y en otras formas de actividad y de cooperaci贸n misionera.

En presencia de semejantes hechos y de semejante documentaci贸n, o sea, en presencia de la realidad hemos dicho siempre y lo volvemos a repetir, que el acusar a la Acci贸n Cat贸lica italiana de hacer pol铆tica, era y es una verdadera y pura calumnia. Los hechos han demostrado lo que se pretend铆a y preparaba con semejante procedimiento: se ha verificado una vez m谩s en grandes proporciones la f谩bula del lobo y el cordero; y la Historia no podr谩 menos de recordarlo.

20. Por lo que toca a Nos, ciertos hasta la evidencia de estar y mantenernos en el terreno religioso, jam谩s hemos cre铆do que pudi茅ramos ser considerados como un "Poder extranjero", sobre todo, por los cat贸licos, y por los cat贸licos italianos.

Precisamente por raz贸n del Poder apost贸lico que a pesar de Nuestra indignidad Nos ha sido conferido por Dios, todos los cat贸licos del mundo consideran a Roma como a la segunda patria de todos y cada uno de ellos. No hace muchos a帽os que un hombre de Estado, uno de los m谩s c茅lebres, ciertamente, y no cat贸lico ni amigo del catolicismo, declaraba en plena Asamblea pol铆tica que no pod铆a considerar como extranjero a un Poder al que obedec铆an veinte millones de alemanes.

Para afirmar que ning煤n Gobierno del mundo hubiera dejado subsistir la situaci贸n creada en Italia por la Acci贸n Cat贸lica, es necesario ignorar u olvidar que la Acci贸n Cat贸lica existe y se desarrolla en todos los Estados del mundo, incluso en China; que todos esos pa铆ses imitan frecuentemente en sus l铆neas generales y hasta en sus detalles 铆ntimos a la Acci贸n Cat贸lica italiana, y que frecuentemente tambi茅n se presentan en otros pa铆ses formas de organizaci贸n a煤n m谩s acentuadas que en Italia. En ning煤n pa铆s del mundo ha sido considerada la Acci贸n Cat贸lica como un peligro para el Estado; en ning煤n pa铆s del mundo la Acci贸n Cat贸lica ha sido tan odiosamente tratada, tan verdaderamente perseguida (no encontramos otra palabra que responda mejor a la realidad y a la verdad de los hechos) como en Nuestra Italia y en Nuestra Sede episcopal de Roma; y esta es verdaderamente una situaci贸n absurda, que no ha sido creada por Nos, sino contra Nos.

Nos nos hemos impuesto un grave y penoso deber, pero Nos ha parecido un deber ineludible de caridad y de justicia paternal; y en este esp铆ritu hemos cumplido Nuestro deber, a fin de poner a la justa luz de los hechos y de la realidad todo cuanto algunos hijos Nuestros, acaso inconscientemente, han iluminado con luz artificiosa en detrimento de otros hijos tambi茅n Nuestros.

III

21. Y ahora una primera reflexi贸n y conclusi贸n: De todo cuanto hemos expuesto, sobre todo de los acontecimientos mismos tal como se han desarrollado, resulta que la actividad pol铆tica de la Acci贸n Cat贸lica, la hostilidad abierta o enmascarada de algunos de sus sectores contra el r茅gimen y el partido, as铆 como tambi茅n el refugio eventual que constituye la Acci贸n Cat贸lica para adversarios del fascismo desorganizados hasta hoy d铆a7, no son m谩s que un pretexto o una acumulaci贸n de pretextos; m谩s a煤n Nos atrevemos a decir que la misma Acci贸n Cat贸lica es un pretexto; lo que se ha querido hacer ha sido arrancar de la Iglesia la juventud, toda la juventud. Esto es tan cierto, que despu茅s de haber hablado tanto de la Acci贸n Cat贸lica, se han dirigido contra las asociaciones juveniles, y no se han detenido en las asociaciones de juventud de Acci贸n Cat贸lica, sino que se han precipitado tumultuosamente contra Asociaciones y obras de pura piedad e instrucci贸n primaria y religiosa, como las congregaciones de Hijas de Mar铆a y los Oratorios; tan tumultuosamente, que con frecuencia han tenido que reconocer su grosero error.

Este punto esencial ha sido abundantemente confirmado por otra parte. Ha sido confirmado, sobre todo, por las numerosas afirmaciones anteriores de elementos m谩s o menos responsables, y tambi茅n por las de los hombres m谩s representativos del r茅gimen y del partido fascista, a las cuales afirmaciones han tra铆do los 煤ltimos acontecimientos el m谩s significativo de los comentarios.

La confirmaci贸n ha sido a煤n m谩s expl铆cita y categ贸rica, estamos por decir, solemne al par que violenta, de parte de quien no solamente lo representa todo, sino que todo lo puede en una publicaci贸n oficial o poco menos. dedicada a la juventud, y en conversaciones destinadas a ser publicadas en el extranjero antes que en el pa铆s, y tambi茅n, recientemente, en los mensajes y comunicaciones a los periodistas.

22. Otra reflexi贸n se impone inmediata e inevitablemente. No se han tenido en cuenta Nuestras afirmaciones y protestas tantas veces repetidas, vuestras mismas afirmaciones y protestas, venerables hermanos, sobre la verdadera naturaleza y sobre la actividad real de la Acci贸n Cat贸lica, y sobre los derechos sagrados e inviolables de las almas y de la Iglesia, representados por ella e incorporados a ella.

Decimos, venerables hermanos, derechos sagrados e inviolables de las almas y de la Iglesia, y esta es la reflexi贸n y conclusi贸n que se impone sobre cualquiera otra, porque es tambi茅n la m谩s grave de cuantas se pueden formular. En muchas ocasiones, como es notorio, hemos expresado Nuestro pensamiento o, por mejor decir, el pensamiento de la Iglesia sobre esos temas tan importantes y tan esenciales, y no es a vosotros, venerables hermanos, maestros fieles en Israel, a quienes conviene que se lo expliquemos m谩s en detalle; pero no podemos menos de a帽adir unas palabras para esos queridos pueblos que os rodean, a los cuales apacent谩is y gobern谩is por mandato Divino y que no pueden conocer sino por mediaci贸n vuestra el pensamiento del Padre com煤n de sus almas.

23. Dec铆amos los derechos sagrados e inviolables de las almas y de la Iglesia. Se trata del derecho que tienen las almas a procurarse el mayor bien espiritual bajo el magisterio y la obra formadora de la Iglesia, divinamente constituida, 煤nica mandataria de este magisterio y de esta obra, en el orden sobrenatural, fundado por la sangre de Dios Redentor, necesario y obligatorio para todos a fin de participar de la Redenci贸n divina. Se trata del derecho de las almas as铆 formadas a comunicar los tesoros de la redenci贸n a otras almas y a participar bajo este respecto en la actividad del apostolado jer谩rquico.

En consideraci贸n a este doble derecho de las almas, dec铆amos recientemente que Nos consideramos felices y orgullosos de combatir el buen combate por la libertad de las conciencias, no (como tal vez por inadvertencia nos han hecho decir algunos) por la libertad de conciencia, frase equ铆voca y frecuentemente utilizada para significar la absoluta independencia de la conciencia, cosa absurda en un alma creada y redimida por Dios.

Se trata, por otra parte, del derecho no menos inviolable que tiene la Iglesia de cumplir el divino mandato de su Divino fundador, de llevar a las almas, a todas las almas, todos los tesoros de verdad y de bien, doctrinales y pr谩cticos, que 脡l hab铆a tra铆do al mundo. 芦Id y ense帽ad a todas las naciones, ense帽谩ndoles a guardar todo lo que os he confiado禄8. Ahora bien; el Divino Maestro Creador y Redentor de las almas ha mostrado por S铆 mismo, por su ejemplo y por sus palabras, qu茅 lugar deb铆a ocupar la infancia y la juventud en este mandato absoluto y universal: 芦Dejad a los ni帽os que vengan a m铆, y guardaos muy bien de imped铆rselo... Estos ni帽os que (como por divino instinto) creen en M铆, a los cuales est谩 reservado el reino de los Cielos; cuyos 谩ngeles de la Guarda, sus defensores, ven constantemente el rostro del Padre celestial; 隆ay de aquel hombre que escandalice a uno de estos peque帽uelos!禄9. Henos aqu铆 en presencia de un conjunto de aut茅nticas afirmaciones y de hechos no menos aut茅nticos, que ponen fuera de duda el prop贸sito ya ejecutado en gran parte, de monopolizar enteramente la juventud desde la primera infancia hasta la edad viril para la plena y exclusiva ventaja de un partido, de un r茅gimen, sobre la base de una ideolog铆a que expl铆citamente se resuelve en una verdadera estatolatr铆a pagana, en abierta contradicci贸n, tanto con los derechos naturales de la familia, como con los derechos sobrenaturales de la Iglesia. Proponerse y promover semejante monopolio; perseguir como se ha venido haciendo, con esta intenci贸n, de manera m谩s o menos disimulada, a la Acci贸n Cat贸lica; deshacer con este fin, como se ha hecho recientemente, las Asociaciones de Juventud, equivale al pie de la letra a impedir que la juventud vaya hacia Jesucristo, puesto que es impedirle que vaya a la Iglesia, y all铆 donde est谩 la Iglesia est谩 Cristo. Y se ha llegado al extremo de arrancar violentamente esta juventud del seno de la una y del Otro.

24. La Iglesia de Jesucristo no ha desconocido jam谩s los derechos y los deberes del Estado en cuanto a la educaci贸n de los s煤bditos, Nos mismos lo hemos proclamado en Nuestra reciente Enc铆clica sobre la "Educaci贸n Cristiana de la Juventud". Estos derechos y estos deberes son incontestables mientras permanezcan dentro de los l铆mites de la competencia propia del Estado, competencia que a su vez est谩 claramente fijada por las finalidades mismas del Estado, las cuales no son solamente corporales y materiales, pero s铆 est谩n necesariamente contenidas dentro de las fronteras de lo natural, de lo terrestre, de lo temporal. El divino mandato universal que ha recibido la Iglesia del mismo Jesucristo de una manera incomunicable y exclusiva, se extiende a lo eterno, a lo celestial, a lo sobrenatural, orden de cosas que por una parte es estrechamente obligatorio para toda criatura racional y al que por otra parte, por su esencia, deben subordinarse y coordinarse todos los dem谩s 贸rdenes.

La Iglesia de Jesucristo se desenvuelve ciertamente dentro de los l铆mites de su mandato, no solamente cuando deposita en las almas los principios y elementos indispensables de la vida sobrenatural, sino tambi茅n cuando desarrolla esta vida conforme a la oportunidad y a las capacidades, cuando la despierta y por las maneras que juzga m谩s apropiadas a煤n con la intenci贸n de preparar al apostolado jer谩rquico cooperaciones esclarecidas y valiosas. Es de Jesucristo la solemne declaraci贸n de que 脡l ha venido precisamente a fin de que las almas no s贸lo tengan un cierto principio, ciertos rudimentos de la vida sobrenatural, sino que posean esta vida en gran abundancia: 芦Yo he venido para que tengan la vida y la tengan en abundancia10. Y Jesucristo mismo ha establecido las bases de la Acci贸n Cat贸lica, escogiendo y formando entre sus disc铆pulos y ap贸stoles los colaboradores de su apostolado divino, ejemplo imitado por los primeros ap贸stoles, como lo atestigua el sagrado texto.

25. Es, por consiguiente, una pretensi贸n injustificable e incompatible con el nombre y la profesi贸n de cat贸lico el pretender que los simples fieles vengan a ense帽ar a la Iglesia y a su Jefe lo que basta y debe bastar para la educaci贸n y la formaci贸n cristiana de las almas, y para salvar, para hacer fructificar en la sociedad, principalmente en la juventud, los principios de la fe y su plena eficacia en la vida.

A la injustificable pretensi贸n acompa帽a una revelaci贸n clar铆sima de absoluta incompetencia y de ignorancia completa en las materias que tratamos. Los 煤ltimos acontecimientos deben abrir los ojos a todo el mundo. Efectivamente, han mostrado hasta la evidencia cu谩nto se ha perdido en pocos a帽os y cu谩nto se ha destruido en punto a verdadera religiosidad y educaci贸n cristiana y c铆vica. Sab茅is por experiencia, venerables hermanos, obispos de Italia, cu谩n grave y funesto error es el de creer y hacer que la labor desarrollada por la Iglesia en la Acci贸n Cat贸lica ha sido reemplazada hasta resultar superflua por la instrucci贸n religiosa en las escuelas y por la presencia de capellanes en las asociaciones de juventud del partido y del r茅gimen. Tanto la una como la otra son ciertamente necesarias: sin ellas, la escuela y las asociaciones en cuesti贸n llegar铆an inevitablemente y bien pronto, por fatal necesidad l贸gica y psicol贸gica, a ser instituciones puramente paganas. Aquellas dos cosas son, pues, necesarias, pero no bastan: por la instrucci贸n religiosa y por la acci贸n de los capellanes la Iglesia no puede realizar m谩s que un minimum de su eficacia espiritual y sobrenatural, y esto en un terreno y en un ambiente que no dependen de ella, en donde se est谩 preocupado por muchas otras materias de ense帽anza y otra clase de ejercicios, bajo el mando inmediato de autoridades que a menudo son poco o nada favorables, y que no es raro que en ese medio se ejerza una influencia en sentido contrario, tanto por la palabra como por el ejemplo de la vida.

26. Dec铆amos que los 煤ltimos acontecimientos han acabado de demostrar, sin duda alguna, todo cuanto ha sido imposible salvar, y se ha perdido y destruido en pocos a帽os en materia de religiosidad y de educaci贸n. No decimos solamente de educaci贸n cristiana, sino sencillamente moral y c铆vica.

Efectivamente: hemos visto en acci贸n una religiosidad que se rebela contra las disposiciones de las superiores autoridades religiosas, y que impone o alienta la rebeld铆a; hemos visto una religiosidad que se convierte en persecuci贸n y que pretende destruir lo que el Jefe supremo de la religi贸n aprecia m谩s 铆ntimamente y tiene m谩s en el coraz贸n; una religiosidad que permite y que deja estallar insultos de palabras y acciones contra la persona del Padre de todos los fieles hasta lanzar contra 茅l los gritos de "abajo" y "muera", verdadero aprendizaje de parricidio. Semejante religiosidad no puede conciliarse de ninguna manera con la doctrina y con las pr谩cticas cat贸licas; mejor pudi茅ramos decir que es lo m谩s contrario a la una y a la otra.

27. La oposici贸n es tanto m谩s grave en s铆 misma y m谩s funesta en sus efectos, cuanto que no se traduce solamente en hechos exteriormente perpetrados y consumados, sino tambi茅n abarca los principios y las m谩ximas proclamadas como constitutivos esenciales de un programa.

Una concepci贸n que hace pertenecer al Estado las generaciones juveniles enteramente y sin excepci贸n, desde la edad primera hasta la edad adulta, es inconciliable para un cat贸lico con la verdadera doctrina cat贸lica; y no es menos inconciliable con el derecho natural de la familia; para un cat贸lico es inconciliable con la doctrina cat贸lica el pretender que la Iglesia, el Papa, deban limitarse a las pr谩cticas exteriores de la religi贸n (la Misa y los Sacramentos) y todo lo restante de la educaci贸n pertenezca al Estado...

28. Las doctrinas err贸neas que acabamos de se帽alar y deplorar se han presentado m谩s de una vez durante los 煤ltimos a帽os, y como es notorio Nos no hemos faltado jam谩s, con la ayuda de Dios, a Nuestro deber apost贸lico de examinarlas y oponer las debidas observaciones y llamamientos a las verdaderas doctrinas cat贸licas y a los inviolables derechos de la Iglesia de Jesucristo y de las almas redimidas con su sangre divina.

Pero no obstante los juicios, las previsiones y sugestiones que de diversas partes y muy dignas de consideraci贸n llegaban a Nos, siempre Nos abstuvimos de llegar a condenaciones formales y expl铆citas; hasta hemos llegado a creer posible y a favorecer por Nuestra parte compatibilidades y cooperaciones que a otros parecieron inadmisibles. Hemos obrado de este modo porque pensamos, o m谩s bien, porque deseamos que hubiese siempre una posibilidad de poder a lo menos dudar de que Nos ten铆amos que vernos con afirmaciones y acciones exageradas, espor谩dicas, de elementos insuficientemente representativos, en suma, con informaciones y acciones imputables, en sus partes censurables, m谩s a las personas y a las circunstancias que a un programa propiamente dicho.

29. Los 煤ltimos acontecimientos y las afirmaciones que los han precedido, acompa帽ado y comentado, Nos quitan la posibilidad que hab铆amos deseado, y debemos decir y decimos que esos cat贸licos solamente lo son por el bautismo y por el nombre, en contradicci贸n con las exigencias del nombre y las mismas promesas del bautismo, puesto que adoptan y desenvuelven un programa que hace suyas doctrinas y m谩ximas tan contrarias a los derechos de la Iglesia de Jesucristo y de las almas, que desconocen, combaten y persiguen a la Acci贸n Cat贸lica, es decir, todo lo que la Iglesia y su Jefe tienen notoriamente de m谩s querido y precioso. Nos pregunt谩is, venerables hermanos, lo que se debe pensar a la luz de lo que precede, de una f贸rmula de juramento que impone a los ni帽os mismos ejecutar sin discusi贸n 贸rdenes que, como hemos visto, pueden mandar contra toda verdad y toda justicia la violaci贸n de los derechos de la Iglesia y de las almas, por s铆 mismos sagrados e inviolables, y servir con todas sus fuerzas, hasta con su sangre, a la causa de una revoluci贸n que arranca a la Iglesia las almas de la juventud, que inculca a sus fuerzas j贸venes el odio, las violencias, las irreverencias, sin excluir la persona misma del Papa, como los 煤ltimos sucesos lo han abundantemente demostrado.

Cuando la pregunta debe ponerse en estos t茅rminos, la respuesta, desde el punto de vista cat贸lico y aun puramente humano, es 煤nica y Nos no hacemos otra cosa, Venerables Hermanos, que confirmar la respuesta que vosotros hab茅is dado ya: Tal juramento, en cuanto tal, no es l铆cito.

IV

30. Y henos aqu铆 ante muy graves preocupaciones. Comprendemos que son las vuestras, venerables hermanos, las vuestras especialmente, obispos de Italia. Nos nos preocupamos sobre todo de un gran n煤mero de Nuestros hijos j贸venes de ambos sexos inscritos como miembros efectivos con ese juramento. Nos compadecemos profundamente de tantas conciencias atormentadas por dudas, tormentos y dudas de las cuales llegan a Nos indudables testimonios, precisamente respecto a este juramento, y sobre todo, despu茅s de los hechos sucedidos.

Conociendo las m煤ltiples dificultades de la hora presente y sabiendo que la inscripci贸n en el partido y el juramento son para un gran n煤mero la condici贸n misma de su carrera, de su pan y de su sustento, Nos hemos buscado un medio que diese la paz a las conciencias, reduciendo al minimum posible las dificultades exteriores. os parece que este medio para los que est谩n ya inscritos en el partido podr铆a ser hacer delante de Dios y de su propia conciencia esta reserva: Salvo las leyes de Dios y de la Iglesia, o tambi茅n: Salvo los deberes del buen cristiano, con el firme prop贸sito de declarar exteriormente esta reserva si la necesidad se presentase.

Quisi茅ramos, adem谩s, hacer llegar Nuestro ruego al lugar de donde parten las disposiciones y las 贸rdenes, ruego de un Padre que quiere cuidar las conciencias de tan gran n煤mero de hijos suyos en Jesucristo, a fin de que esta reserva fuese introducida en la f贸rmula del juramento, a no ser que se haga todav铆a cosa mejor, mucho mejor, es decir, que se omita el juramento, que es siempre un acto de religi贸n y que no est谩 ciertamente en su lugar, en la c茅dula de inscripci贸n de un partido.

31. Hemos procurado hablar con calma y serenidad y al mismo tiempo con claridad total. Sin embargo, no podemos menos de preocuparnos de las incomprensiones posibles. No Nos referimos, venerables hermanos, a vosotros, unidos siempre y ahora m谩s que nunca a Nos por el pensamiento y el sentimiento, sino a quienquiera que sea. Por todo lo que acabamos de decir, Nos no entendemos condenar el partido y el r茅gimen como tales.

Hemos querido se帽alar y condenar todo lo que en el programa y acci贸n del partido hemos visto y comprobado ser contrario a la doctrina y a la pr谩ctica cat贸lica, y, por lo tanto, inconciliable con el nombre y la profesi贸n de cat贸licos. Nos hemos cumplido un deber preciso del ministerio apost贸lico para con todos aquellos de Nuestros hijos que pertenecen al partido, a fin de que puedan ponerse en regla con su conciencia de cat贸licos.

32. Nos creemos, por otra parte, que hemos hecho una obra 煤til a la vez al partido mismo y al r茅gimen. 驴Qu茅 inter茅s puede tener, en efecto, el partido en un pa铆s cat贸lico como Italia en mantener en su programa ideas, m谩ximas y pr谩cticas inconciliables con la conciencia cat贸lica? La conciencia de los pueblos, como la de los individuos, acaba siempre por volver a s铆 misma y buscar las v铆as perdidas de vista y abandonadas por un tiempo m谩s o menos largo.

Y que no se diga que Italia es cat贸lica, pero anticlerical, aunque lo entendemos solamente en una medida digna de particular atenci贸n. Vosotros, venerables hermanos, que viv铆s en las grandes y peque帽as di贸cesis de Italia en contacto continuo con las buenas poblaciones de todo el pa铆s, sab茅is y veis todos los d铆as de qu茅 manera son, si no se las enga帽a y no se las extrav铆a, y cu谩n lejos est谩n de todo anticlericalismo. Todo el que conoce un poco 铆ntimamente la historia de la Naci贸n sabe que el anticlericalismo ha tenido en Italia la importancia y la fuerza que le confirieron la masoner铆a y el liberalismo que la gobernaban. En nuestros d铆as, por lo dem谩s, el entusiasmo un谩nime que uni贸 y transport贸 de alegr铆a a todo el pa铆s hasta un extremo jam谩s conocido en los d铆as de los convenios de Letr谩n, no hubiera dejado al anticlericalismo medios de levantar la cabeza, si al d铆a siguiente de estos convenios no se le hubiera evocado y alentado. En los 煤ltimos acontecimientos, disposiciones y 贸rdenes se le ha hecho entrar en acci贸n y se le ha hecho cesar, como todos han podido ver y comprobar. Y sin duda alguna hubiera bastado y bastar铆a siempre para conservarle la cent茅sima o la mil茅sima parte de las medidas aplicadas a la Acci贸n Cat贸lica y coronadas recientemente de la manera que todo el mundo sabe.

33. M谩s graves preocupaciones nos inspira el porvenir pr贸ximo. En una asamblea oficial y solemne, despu茅s de los 煤ltimos acontecimientos tan dolorosos para Nos y para los cat贸licos de toda Italia y del mundo entero, se hizo o铆r esta protesta: 芦Respeto inalterado para la Religi贸n, su Jefe supremo, etc.禄. 隆Respeto inalterado, ese mismo respeto sin cambio que hemos experimentado!, es decir, ese respeto que se manifestaba por medidas de polic铆a aplicadas de una manera tan fulminante, precisamente la v铆spera de Nuestro cumplea帽os, ocasi贸n de grandes manifestaciones de simpat铆a por parte del mundo cat贸lico y tambi茅n del mundo no cat贸lico; es decir, ese mismo respeto que se tra铆a por violencias e irreverencias que se perpetraban sin dificultad alguna! 驴Qu茅 podemos, pues, esperar o, mejor dicho, que es lo que no hemos de temer? Algunos se han preguntado si esa extra帽a manera de hablar y de escribir en tales circunstancias, inmediatamente despu茅s de tales hechos, ha estado enteramente exenta de iron铆a, de una bien triste iron铆a; por lo que a Nos toca, preferimos excluir esta hip贸tesis.

En el mismo contexto y en inmediata relaci贸n con el respeto inalterado, por consiguiente dirigido a la misma persona, se hac铆a alusi贸n a refugios y protecciones otorgadas al resto de los adversarios del partido y se ordenaba a los dirigentes de los 9.000 fascios de Italia que se inspirasen para su acci贸n en estas normas directivas. M谩s de uno de vosotros ha experimentado ya, y de ello Nos ha enviado lamentables noticias, el efecto de tales insinuaciones y de tales 贸rdenes en la reincidencia de odiosas vigilancias, delaciones, amenazas y vej谩menes. 驴Qu茅 nos prepara, pues, el porvenir? 驴Qu茅 es lo que Nos no hemos de esperar (y no decimos temer, porque el temor de Dios elimina el temor de los hombres), si, como tenemos motivo para creerlo, existe el designio de no permitir que nuestros j贸venes cat贸licos se re煤nan, ni aun silenciosamente, bajo pena de severas sanciones para los que los dirigen?

驴Que nos prepara y con qu茅 nos amenaza el porvenir, Nos preguntamos de nuevo?

V

34.En este extremo de dudas y de previsiones, a las cuales los hombres Nos han reducido, es precisamente donde toda preocupaci贸n se desvanece y Nuestro esp铆ritu se abre a las m谩s confiadas y consoladoras esperanzas, porque el porvenir est谩 en las manos de Dios, y Dios est谩 con nosotros. Si Dios est谩 con nosotros 驴qui茅n estar谩 contra nosotros?11.

Un signo y una prueba sensible de la asistencia y el favor divino lo vemos ya y lo experimentamos en vuestra asistencia y vuestra cooperaci贸n, Venerables Hermanos. Si estamos bien informados, se ha dicho recientemente que ahora que la Acci贸n Cat贸lica est谩 en manos de los obispos, no hay nada que temer. Y hasta aqu铆 todo va bien, muy bien, como si antes hubiera alguna cosa que temer y como si antes, desde el principio, no hubiese sido la Acci贸n Cat贸lica esencialmente diocesana y dependiente de los obispos, como lo hemos indicado m谩s arriba. Tambi茅n por esto principalmente. Nos hemos tenido siempre la m谩s absoluta confianza de que Nuestras normas directivas se segu铆an y se secundaban. Por este motivo, adem谩s de la promesa infalible del socorro divino, estamos y estaremos siempre confiados y tranquilos aun cuando la tribulaci贸n, y digamos la verdadera palabra: la persecuci贸n, deba continuar e intensificarse. Sabemos que vosotros sois, y vosotros lo sab茅is tambi茅n, hermanos nuestros en el episcopado y en el apostolado. Nos sabemos, y vosotros sab茅is, venerables hermanos, que sois los sucesores de los ap贸stoles, que San Pablo llamaba en t茅rminos de una vertiginosa sublimidad, "gloria Christi" la gloria de Cristo12, vosotros sab茅is que no ha sido un hombre mortal, ni siquiera un jefe de Estado o de un Gobierno, sino el Esp铆ritu Santo quien os ha colocado entre la porci贸n del reba帽o que Pedro os asigna para que le dirij谩is la Iglesia de Dios. Estas santas y sublimes cosas y otras m谩s que a vosotros se refieren, Venerables Hermanos, evidentemente las ignora o las olvida el que os llama a vosotros, obispos de Italia, funcionarios del Estado; porque de los funcionarios del Estado os distingu铆s claramente y separ谩is por la f贸rmula del juramento que deb茅is prestar al Monarca y que se precisa previamente con estas palabras: Como corresponde a un obispo cat贸lico.

35. Y es tambi茅n para Nos un grande, un infinito motivo de esperanza que el inmenso coro de plegarias que la Iglesia de Cristo eleva desde todos los puntos del mundo hacia su Divino Fundador y hacia su Santa Madre por su Jefe visible, el sucesor de los Ap贸stoles, exactamente como cuando hace veinte siglos la persecuci贸n her铆a la persona misma de Pedro, oraciones de pastores y de pueblos, del Clero y de los fieles, de los religiosos y de las religiosas, de los adultos y de los j贸venes, de los ni帽os y de las ni帽as, oraciones en todas las formas m谩s perfectas y eficaces, santos sacrificios y comuniones eucar铆sticas, s煤plicas, adoraciones, reparaciones, inmolaciones espont谩neas, sufrimientos cristianamente padecidos de los cuales todos estos d铆as e inmediatamente despu茅s de los tristes acontecimientos Nos llegaban los ecos consoladores de todas partes, nunca tan consoladores como en este d铆a solemne consagrado a la memoria de los Pr铆ncipes de los Ap贸stoles, en que la divina bondad ha querido que pudi茅semos acabar esta Enc铆clica.

36. A la oraci贸n todo le es divinamente prometido; si ella no Nos obtiene la serenidad y la tranquilidad del orden, obtendr谩 para todos la paciencia cristiana, el valor santo, la alegr铆a inefable de sufrir algo con Jes煤s y por Jes煤s, con la juventud y por la juventud que le es tan querida, hasta la hora oculta en el misterio del Coraz贸n divino, infaliblemente la m谩s oportuna para la causa de la verdad y del bien. Y puesto que de tantas oraciones debemos esperarlo todo, y puesto que todo es posible a este Dios que todo ha prometido a la oraci贸n, Nos tenemos la segura esperanza que 脡l iluminar谩 a los esp铆ritus con la luz de la verdad y volver谩 las voluntades hacia el bien. Y as铆 a la Iglesia de Dios, que no disputa nada al Estado de lo que al Estado pertenece, se le dejar谩 de discutir lo que le corresponde, la educaci贸n y la formaci贸n cristiana de la juventud, no por concesi贸n humana, sino por mandato divino, y que ella, por consiguiente, debe siempre reclamar y reclamar谩 siempre con una insistencia y una intransigencia que no pueden cesar ni doblarse, porque no proviene de ninguna concesi贸n, porque no proviene de un concepto humano o de un c谩lculo humano o de humanas ideolog铆as, que cambian con los tiempos y los lugares, sino de una disposici贸n divina e inviolable.

37. Lo que tambi茅n Nos inspira gran confianza es el bien que provendr谩 incontestablemente del reconocimiento de esta verdad y de este derecho. Padre de todos los hombres redimidos con la sangre de Cristo, el Vicario de este Redentor que despu茅s de haber ense帽ado y ordenado a todos el amor de los enemigos mor铆a perdonando a los que le crucificaban, no es ni ser谩 jam谩s enemigo de nadie; as铆 har谩n sus verdaderos hijos los cat贸licos que quieran permanecer dignos de tan grande nombre; pero no podr谩n jam谩s adoptar o favorecer m谩ximas y reglas de pensamiento y de acci贸n contrarias a los derechos de la Iglesia y al bien de las almas, y por el mismo hecho contrarias a los derechos de Dios.

隆Cu谩n preferible ser铆a en vez de esta irreducible divisi贸n de los esp铆ritus y de las voluntades, la pac铆fica y tranquila uni贸n de las ideas y de los sentimientos! Esta no podr铆a menos de traducirse en una fecunda cooperaci贸n de todos para el verdadero bien a todos com煤n; ser铆a acogida con el aplauso simp谩tico de los cat贸licos del mundo entero, en lugar de su censura y del descontento universal que ahora se manifiesta. Nos pedimos al Dios de las misericordias, por intercesi贸n de su Santa Madre, que recientemente nos sonre铆a entre los esplendores de su conmemoraci贸n muchas veces centenaria, y de los santos Ap贸stoles San Pedro y San Pablo, que Nos conceda a todos ver lo que Nos conviene hacer y que a todos Nos d茅 la fuerza para ejecutarlo.

Roma, en el Vaticano, en la solemnidad de los Santos Ap贸stoles San Pedro y San Pablo, 29 de junio de 1931.

PIUS PP. XI


1

Dante Alighieri, La Divina Comedia, Infierno, Canto V, v. 102.

2

Is 38, 17.

3

Sal 93, 19.

4

Lc 22, 28.

5

2 Cor 7, 4.

6

Sal 26, 12.

7

Cf. el Comunicado del Directorio del 4 de junio de 1931.

8

Mt 28, 19-20.

9

Mt 19, 13 ss.; 18, 1 ss.

10

Jn 10, 10.

11

Rom 8, 31.

12

2Cor, 8, 23.
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