Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Libertatis conscientia

Cap铆tulo IV: Misi贸n liberadora de la Iglesia

La Iglesia y las inquietudes del hombre

61. La Iglesia tiene la firme voluntad de responder a las inquietudes del hombre contempor谩neo, sometido a duras opresiones y ansioso de libertad. La gesti贸n pol铆tica y econ贸mica de la sociedad no entra directamente en su misi贸n 85 . Pero el Se帽or Jes煤s le ha confiado la palabra de verdad capaz de iluminar las conciencias. El amor divino, que es su vida, la apremia a hacerse realmente solidaria con todo hombre que sufre. Si sus miembros permanecen fieles a esta misi贸n, el Esp铆ritu Santo, fuente de libertad, habitar谩 en ellos y producir谩n frutos de justicia y de paz en su ambiente familiar, profesional y social.

I. Para la salvaci贸n integral del mundo

Las Bienaventuranzas y la fuerza del Evangelio

62. El Evangelio es fuerza de vida eterna, dada ya desde ahora a quienes lo reciben 86 . Pero al engendrar hombres nuevos 87 , esta fuerza penetra en la comunidad humana y en su historia, purificando y vivificando as铆 sus actividades. Por ello, es 鈥渞a铆z de cultura鈥 88 .

62.1. Las Bienaventuranzas proclamadas por Jes煤s expresan la perfecci贸n del amor evang茅lico; ellas no han dejado de ser vividas a lo largo de toda la historia de la Iglesia por numerosos bautizados, y de una manera eminente, por los santos.

62.2. Las Bienaventuranzas, a partir de la primera, la de los pobres, forman un todo que no puede ser separado del conjunto del Serm贸n de la Monta帽a 89 . Jes煤s, el nuevo Mois茅s, comenta en ellas el Dec谩logo, la Ley de la Alianza, d谩ndole su sentido definitivo y pleno. Las bienaventuranzas le铆das e interpretadas en todo su contexto, expresan el esp铆ritu del reino de Dios que viene. Pero a la luz del destino definitivo de la historia humana as铆 manifestado aparecen al mismo tiempo, m谩s claramente, los fundamentos de la justicia en el orden temporal.

62.3. As铆, pues, al ense帽ar la confianza que se apoya en Dios, la esperanza de la vida eterna, el amor a la justicia, la misericordia que llega hasta el perd贸n y la reconciliaci贸n, las Bienaventuranzas permiten situar el orden temporal en funci贸n de un orden trascendente que, sin quitarle su propia consistencia, le confiere su verdadera medida.

62.4. Iluminadas por ellas, el compromiso necesario en las tareas temporales al servicio del pr贸jimo y de la comunidad humana es, al mismo tiempo, requerido con urgencia y mantenido en su justa perspectiva. Las Bienaventuranzas preservan de la idolatr铆a de los bienes terrenos y de las injusticias que entra帽an su b煤squeda desenfrenada 90 . Ellas apartan de la b煤squeda ut贸pica y destructiva de un mundo perfecto, pues 鈥減asa la apariencia de este mundo鈥 (1 Cor 7,31).

El anuncio de la salvaci贸n

63. La misi贸n esencial de la Iglesia, siguiendo la de Cristo, es una misi贸n evangelizadora y salv铆fica 91 . Saca su impulso de la caridad divina. La evangelizaci贸n es anuncio de salvaci贸n, don de Dios. Por la Palabra de Dios y los sacramentos, el hombre es liberado ante todo del poder del pecado y del poder del Maligno que lo oprimen, y es introducido en la comuni贸n de amor con Dios. Siguiendo a su Se帽or que 鈥渧ino al mundo para salvar a los pecadores鈥 (1 Tim 1,15), la Iglesia quiere la salvaci贸n de todos los hombres.

63.1. En esta misi贸n, la Iglesia ense帽a el camino que el hombre debe seguir en este mundo para entrar en el reino de Dios. Su doctrina abarca, por consiguiente, todo el orden moral y, particularmente, la justicia, que debe regular las relaciones humanas. Esto forma parte de la predicaci贸n del Evangelio.

63.2. Pero el amor que impulsa a la Iglesia a comunicar a todos la participaci贸n en la vida divina mediante la gracia, le hace tambi茅n alcanzar por la acci贸n eficaz de sus miembros el verdadero bien temporal de los hombres, atender a sus necesidades, proveer a su cultura y promover una liberaci贸n integral de todo lo que impide el desarrollo de las personas. La Iglesia quiere el bien del hombre en todas sus dimensiones; en primer lugar como miembro de la ciudad de Dios y luego como miembro de la ciudad terrena.

Evangelizaci贸n y promoci贸n de la justicia

64. La Iglesia no se aparta de su misi贸n cuando se pronuncia sobre la promoci贸n de la justicia en las sociedades humanas o cuando compromete a los fieles laicos a trabajar en ellas, seg煤n su vocaci贸n propia. Sin embargo, procura que esta misi贸n no sea absorbida por las preocupaciones que conciernen el orden temporal, o que se reduzca a ellas. Por lo mismo, la Iglesia pone todo su inter茅s en mantener clara y firmemente a la vez la unidad y la distinci贸n entre evangelizaci贸n y promoci贸n humana: unidad, porque ella busca el bien total del hombre; distinci贸n, porque estas dos tareas forman parte, por t铆tulos diversos, de su misi贸n.

Evangelio y realidades terrenas

65. La Iglesia, fiel a su propia finalidad, irradia la luz del Evangelio sobre las realidades terrenas, de tal manera que la persona humana sea curada de sus miserias y elevada en su dignidad. Se promueve y refuerza as铆 la cohesi贸n de la sociedad en la justicia y la paz 92 . La Iglesia es tambi茅n fiel a su misi贸n cuando denuncia las desviaciones, las servidumbres y las opresiones de las que los hombres son v铆ctimas.

65.1. Es fiel a su misi贸n cuando se opone a los intentos de instaurar una forma de vida social de la que Dios est谩 ausente, bien sea por una oposici贸n consciente, o bien debido a negligencia culpable 93 .

65.2. Por 煤ltimo, es fiel a su misi贸n cuando emite su juicio acerca de los movimientos pol铆ticos que tratan de luchar contra la miseria y la opresi贸n seg煤n teor铆as y m茅todos de acci贸n contrarios al Evangelio y opuestos al hombre mismo 94 .

65.3. Ciertamente, la moral evang茅lica, con las energ铆as de la gracia, da al hombre nuevas perspectivas con nuevas exigencias. Y ayuda a perfeccionar y elevar una dimensi贸n moral que pertenece ya a la naturaleza humana y de la que la Iglesia se preocupa, consciente de que es un patrimonio com煤n a todos los hombres en cuanto tales.

II. El amor de preferencia a los pobres

Jes煤s y la pobreza

66. Cristo Jes煤s, de rico se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos mediante su pobreza 95 . As铆 habla San Pablo sobre el misterio de la Encarnaci贸n del Hijo eterno, que vino a asumir la naturaleza humana mortal para salvar al hombre de la miseria en la que el pecado le hab铆a sumido. M谩s a煤n, Cristo, en su condici贸n humana, eligi贸 un estado de pobreza e indigencia 96 a fin de mostrar en qu茅 consiste la verdadera riqueza que se ha de buscar, es decir, la comuni贸n de vida con Dios. Ense帽贸 el desprendimiento de las riquezas de la tierra para mejor desear las del cielo 97 . Los Ap贸stoles que 脡l eligi贸 tuvieron tambi茅n que abandonarlo todo y compartir su indigencia 98 .

66.1. Anunciado por los Profetas como el Mes铆as de los pobres 99 , fue entre ellos, los humildes, los 鈥減obres de Yav茅鈥, sedientos de la justicia del reino, donde 脡l encontr贸 corazones dispuestos a acogerle. Pero Jes煤s quiso tambi茅n mostrarse cercano a quienes 鈥攁unque ricos en bienes de este mundo鈥 estaban excluidos de la comunidad como 鈥減ublicanos y pecadores鈥, pues 脡l vino para llamarles a la conversi贸n 100 .

66.2. La pobreza que Jes煤s declar贸 bienaventurada es aqu茅lla hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposici贸n a compartir con otros.

Jes煤s y los pobres

67. Pero Jes煤s no trajo solamente la gracia y la paz de Dios; 脡l cur贸 tambi茅n numerosas enfermedades; tuvo compasi贸n de la muchedumbre que no ten铆a de qu茅 comer ni alimentarse; junto con los disc铆pulos que le segu铆an practic贸 la limosna 101 . La Bienaventuranza de la pobreza proclamada por Jes煤s no significa en manera alguna que los cristianos puedan desinteresarse de los pobres que carecen de lo necesario para la vida humana en este mundo. Como fruto y consecuencia del pecado de los hombres y de su fragilidad natural, esta miseria es un mal del que, en la medida de lo posible, hay que liberar a los seres humanos.

El amor de preferencia a los pobres

68. Bajo sus m煤ltiples formas 鈥攊ndigencia material, opresi贸n injusta, enfermedades f铆sicas y ps铆quicas y, por 煤ltimo, la muerte鈥 la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad cong茅nita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad de salvaci贸n. Por ello, la miseria humana atrae la compasi贸n de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre S铆 102 e identificarse con los 鈥渕谩s peque帽os de sus hermanos鈥 (cf. Mt 25,40.45). Tambi茅n por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia que, desde los or铆genes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia que siempre y en todo lugar contin煤an siendo indispensables 103 . Adem谩s, mediante su doctrina social, cuya aplicaci贸n urge, la Iglesia ha tratado de promover cambios estructurales en la sociedad con el fin de lograr condiciones de vida dignas de la persona humana.

68.1. Los disc铆pulos de Jes煤s, con el desprendimiento de las riquezas que permite compartir con los dem谩s y abre el reino 104 , dieron testimonio mediante el amor a los pobres y desdichados, del amor del Padre manifestado en el Salvador. Este amor viene de Dios y vuelve a Dios. Los disc铆pulos de Cristo han reconocido siempre en los dones presentados sobre el altar, un don ofrecido a Dios mismo.

68.2. La Iglesia amando a los pobres da tambi茅n testimonio de la dignidad del hombre. Afirma claramente que 茅ste vale m谩s por lo que es que por lo que posee. Atestigua que esa dignidad no puede ser destruida cualquiera que sea la situaci贸n de miseria, de desprecio, de rechazo o de impotencia a la que un ser humano se vea reducido. Se muestra solidaria con quienes no cuentan en una sociedad que les rechaza espiritualmente y, a veces, f铆sicamente. De manera particular, la Iglesia se vuelve con afecto maternal hacia los ni帽os que, a causa de la maldad humana, no ver谩n jam谩s la luz, as铆 como hacia las personas ancianas solas y abandonadas.

68.3. La opci贸n preferencial por los pobres, lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misi贸n de la Iglesia. Dicha opci贸n no es exclusiva.

68.4. 脡sta es la raz贸n por la que la Iglesia no puede expresarla mediante categor铆as sociol贸gicas e ideol贸gicas reductivas, que har铆an de esta preferencia una opci贸n partidista y de naturaleza conflictiva.

Comunidades eclesiales de base y otros grupos de cristianos

69. Las nuevas comunidades eclesiales de base y otros grupos de cristianos formados para ser testigos de este amor evang茅lico son motivo de gran esperanza para la Iglesia. Si viven verdaderamente en uni贸n con la Iglesia local y con la Iglesia universal, son una aut茅ntica expresi贸n de comuni贸n y un medio para construir una comuni贸n m谩s profunda 105 . Ser谩n fieles a su misi贸n en la medida en que procuren educar a sus miembros en la integridad de la fe cristiana, mediante la escucha de la Palabra de Dios, la fidelidad a las ense帽anzas del Magisterio, al orden jur铆dico de la Iglesia y a la vida sacramental. En tales condiciones su experiencia, enraizada en un compromiso por la liberaci贸n integral del hombre, viene a ser una riqueza para toda la Iglesia.

La reflexi贸n teol贸gica

70. De modo similar, una reflexi贸n teol贸gica desarrollada a partir de una experiencia particular puede constituir un aporte muy positivo, ya que permite poner de relieve algunos aspectos de la Palabra de Dios, cuya riqueza total no ha sido a煤n plenamente percibida.

70.1. Pero para que esta reflexi贸n sea verdaderamente una lectura de la Escritura, y no una proyecci贸n sobre la Palabra de Dios de un significado que no est谩 contenido en ella, el te贸logo ha de estar atento a interpretar la experiencia de la que 茅l parte a la luz de la experiencia de la Iglesia misma. Esta experiencia de la Iglesia brilla con singular resplandor y con toda su pureza en la vida de los santos. Compete a los Pastores de la Iglesia, en comuni贸n con el Sucesor de Pedro, discernir su autenticidad.


85

Cf. Constituci贸n pastoral Gaudium et spes, n. 42, par. 2.

86

Cf. Jn 17, 3.

87

Cf. Rom 6, 4; 2 Cor 5, 17; Col 3, 9-11.

88

Cf. Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi, nn. 18. 20: AAS 68, 1976, 17. 19.

89

Cf. Mt 5, 3.

90

Cf. Constituci贸n pastoral Gaudium et spes, n. 37.

91

Cf. Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium, n. 17; Decreto Ad gentes, n. 1; Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi, n. 14: AAS 68, 1976, 13.

92

Cf. Constituci贸n pastoral Gaudium et spes, n. 40, par. 3.

93

Cf. Juan Pablo II, Exhortaci贸n Apost贸lica Reconciliatio et paenitentia, n. 14: AAS 77, 1985, 211-212.

94

Cf. Instrucci贸n Libertatis nuntius, XI, 10: AAS 76, 1984, 901.

95

Cf. 2 Cor 8, 9.

96

Cf. Lc 2, 7; 9, 58.

97

Cf. Mt 6, 19-20. 24-34; 19, 21.

98

Cf. Lc 5, 11. 28; Mt 19, 27.

99

Cf. ls 11, 4; 61, 1; Lc 4, 18.

100

Cf. Mc 2, 13-17; Lc 19, 1-10.

101

Cf. Mt 8, 16; 14, 13-21; Jn 13, 29.

102

Cf. Mt 8, 17.

103

Cf. Pablo VI, Enc铆clica Populorum progressio, nn. 12. 46: AAS 59, 1967, 262-263. 280; Documento de la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Puebla, n. 476.

104

Cf. Act 2, 44-45.

105

Cf. II S铆nodo Extraordinario, Relatio finalis II, 6, 6: L'Osservatore Romano, Edici贸n en Lengua Espa帽ola, 22 de diciembre de 1985, p谩g. 13; Pablo VI, Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelii nuntiandi, n. 58: AAS 68, 1976, 46-49. Juan Pablo II, Mensaje a las comunidades de base, entregado en Manaos el 10 de Julio de 1980.

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