5. El Evangelio de Jesucristo, al revelar al hombre su cualidad de persona libre llamada a entrar en comunión con Dios, ha suscitado una toma de conciencia de las profundidades de la libertad humana hasta entonces desconocidas.
5.1. Asà la búsqueda de la libertad y la aspiración a la liberación, que están entre los principales signos de los tiempos del mundo contemporáneo, tienen su raÃz primera en la herencia del cristianismo. Esto es verdad también allà donde aquella búsqueda y aspiración encarnan formas aberrantes que se oponen a la visión cristiana del hombre y de su destino. Sin esta referencia al Evangelio se hace incomprensible la historia de los últimos siglos en Occidente.
6. Desde el comienzo de los tiempos modernos hasta el Renacimiento, se pensaba que la vuelta a la Antigüedad en filosofÃa y en las ciencias de la naturaleza permitirÃa al hombre conquistar la libertad de pensamiento y de acción, gracias al conocimiento y al dominio de las leyes naturales.
6.1. Por su parte, Lutero, partiendo de la lectura de San Pablo, intentó luchar por la liberación del yugo de la Ley, representada para él por la Iglesia de su tiempo.
6.2. Pero es sobre todo en el siglo de las Luces y con la Revolución francesa cuando resuena con toda su fuerza la llamada a la libertad. Desde entonces muchos miran la historia como un irresistible proceso de liberación que debe conducir a una era en la que el hombre, totalmente libre al fin, goce de la felicidad ya en esta tierra.
7. En la perspectiva de tal ideologÃa de progreso, el hombre querÃa hacerse dueño de la naturaleza. La servidumbre, que habÃa sufrido hasta entonces, se apoyaba sobre la ignorancia y los prejuicios.
7.1. El hombre, arrebatando a la naturaleza sus secretos, la sometÃa a su servicio. La conquista de la libertad constituÃa asà el objetivo perseguido a través del desarrollo de la ciencia y de la técnica. Los esfuerzos desplegados han llevado a notables resultados.
7.2. Aunque el hombre no está a cubierto de catástrofes naturales, sin embargo han sido descartadas muchas de las amenazas de la naturaleza. La alimentación está garantizada a un número de personas cada vez mayor. Las posibilidades de transportes y de comercio favorecen el intercambio de recursos alimenticios, de materias primas, de mano de obra y de capacidades técnicas, de tal manera que se puede prever razonablemente para cada ser humano una existencia digna y liberada de la miseria.
8. El movimiento moderno de liberación se habÃa fijado un objetivo polÃtico y social. DebÃa poner fin al dominio del hombre sobre el hombre y promover la igualdad y fraternidad de todos los hombres.
8.1. Es un hecho innegable que se alcanzaron resultados positivos. La esclavitud y la servidumbre legales fueron abolidas. El derecho a todos a la cultura hizo progresos significativos. En numerosos paÃses la ley reconoce la igualdad entre el hombre y la mujer, la participación de todos los ciudadanos en el ejercicio del poder polÃtico y los mismos derechos para todos.
8.2. El racismo se rechaza como contrario al derecho y a la justicia. La formulación de los derechos humanos significa una conciencia más viva de la dignidad de todos los hombres. Son innegables los beneficios de la libertad y de la igualdad en numerosas sociedades, si lo comparamos con los sistemas de dominación anteriores.
9. Finalmente y sobre todo, el movimiento moderno de liberación debÃa aportar al hombre la libertad interior, bajo forma de libertad de pensamiento y libertad de decisión. Intentaba liberar al hombre de la superstición y de los miedos ancestrales, entendidos como obstáculos para su desarrollo. Se proponÃa darle el valor y la audacia de servirse de su razón sin que el temor lo frenara ante las fronteras de lo desconocido.
9.1. AsÃ, especialmente en las ciencias históricas y en las humanas, se ha desarrollado un nuevo conocimiento del hombre, orientado a ayudarle a comprenderse mejor en lo que atañe a su desarrollo personal o a las condiciones fundamentales de la formación de la comunidad.
10. Sin embargo, ya se trate de la conquista de la naturaleza, de su vida social y polÃtica o del dominio del hombre sobre sà mismo, a nivel individual y colectivo, todos pueden constatar que no solamente los progresos realizados están lejos de corresponder a las ambiciones iniciales, sino que han surgido también nuevas amenazas, nuevas servidumbres y nuevos terrores, al mismo tiempo que se ampliaba el movimiento moderno de liberación.
10.1. Esto es la señal de que graves ambigüedades sobre el sentido mismo de la libertad se han infiltrado en el interior de este movimiento desde su origen.
11. El hombre, a medida que se liberaba de las amenazas de la naturaleza, se encontraba ante un miedo creciente. La técnica, sometiendo cada vez más la naturaleza, corre el riesgo de destruir los fundamentos de nuestro propio futuro, de manera que la humanidad actual se convierte en enemiga de las generaciones futuras. Al someter con un poder ciego las fuerzas de la naturaleza, ¿no se está a un paso de destruir la libertad de los hombres del mañana? ¿Qué fuerzas pueden proteger al hombre de la esclavitud de su propio dominio? Se hace necesaria una capacidad totalmente nueva de libertad y liberación, que exige un proceso de liberación enteramente renovado.
12. La fuerza liberadora del conocimiento cientÃfico se manifiesta en las grandes realizaciones tecnológicas. Quien dispone de tecnologÃas tiene el poder sobre la tierra y sobre los hombres. De ahà han surgido formas de desigualdad, hasta ahora desconocidas, entre los poseedores del saber y los simples usuarios de la técnica.
12.1. El nuevo poder tecnológico está unido al poder económico y lleva a su concentración. AsÃ, tanto en el interior de los pueblos como entre ellos, se han creado relaciones de dependencia que, en los últimos veinte años, han ocasionado una nueva reivindicación de liberación. ¿Cómo impedir que el poder tecnológico se convierta en una fuerza de opresión de grupos humanos o de pueblos enteros?
13. En el campo de las conquistas sociales y polÃticas, una de las ambigüedades fundamentales de la afirmación de la libertad en el siglo de las Luces tiende a concebir el sujeto de esta libertad como un individuo autosuficiente que busca la satisfacción de su interés propio en el goce de los bienes terrenales.
13.1. La ideologÃa individualista inspirada por esta concepción del hombre ha favorecido la desigual repartición de las riquezas en los comienzos de la era industrial, hasta el punto de que los trabajadores se encontraron excluidos del acceso a los bienes esenciales a cuya producción habÃan contribuido y a los que tenÃan derecho. De ahà surgieron poderosos movimientos de liberación de la miseria mantenida por la sociedad industrial.
13.2. Los cristianos, laicos y pastores, no han dejado de luchar por un equitativo reconocimiento de los legÃtimos derechos de los trabajadores. El Magisterio de la Iglesia en muchas ocasiones ha levantado su voz en favor de esta causa.
13.3. Pero las más de las veces, la justa reivindicación del movimiento obrero ha llevado a nuevas servidumbres, porque se inspira en concepciones que, al ignorar la vocación trascendente de la persona humana, señalan al hombre una finalidad puramente terrena. A veces esta reivindicación ha sido orientada hacia proyectos colectivistas que engendran injusticias tan graves como aquellas a las que pretendÃan poner fin.
14. Asà nuestra época ha visto surgir los sistemas totalitarios y unas formas de tiranÃa que no habrÃan sido posibles en la época anterior al progreso tecnológico. Por una parte, la perfección técnica ha sido aplicada a perpetrar genocidios; por otra, unas minorÃas, practicando el terrorismo que causa la muerte de numerosos inocentes, pretenden mantener a raya naciones enteras.
14.1. Hoy el control puede alcanzar hasta la intimidad de los individuos; y las dependencias creadas por los sistemas de prevención pueden representar también amenazas potenciales de opresión. Se busca una falsa liberación de las coacciones de la sociedad recurriendo a la droga, que conduce a muchos jóvenes en todo el mundo a la autodestrucción y deja familias enteras en la angustia y el dolor.
15. El reconocimiento de un orden jurÃdico como garantÃa de las relaciones dentro de la gran familia humana de los pueblos se ha debilitado cada vez más. Cuando la confianza en el derecho no parece ofrecer ya una protección suficiente, se buscan la seguridad y la paz en la amenaza recÃproca, la cual viene a ser un peligro para toda la humanidad.
15.1. Las fuerzas que deberÃan servir para el desarrollo de la libertad sirven para aumentar las amenazas. Las máquinas de muerte que se enfrentan hoy son capaces de destruir toda la vida humana sobre la tierra.
16. Entre las naciones dotadas de fuerza y las que no la tienen se han instaurado nuevas relaciones de desigualdad y opresión. La búsqueda del propio interés parece ser la norma de las relaciones internacionales, sin que se tome en consideración el bien común de la humanidad.
16.1. El equilibrio interior de las naciones pobres está roto por la importación de armas, introduciendo en ellas un factor de división que conduce al dominio de un grupo sobre otro. ¿Qué fuerzas podrÃan eliminar el recurso sistemático a las armas y dar su autoridad al derecho?
17. En el contexto de la desigualdad de las relaciones de poder han aparecido los movimientos de emancipación de las naciones jóvenes, en general naciones pobres, sometidas hasta hace poco al dominio colonial. Pero muy a menudo el pueblo se siente frustrado de su independencia duramente conquistada por regÃmenes o tiranÃas sin escrúpulos que atentan impunemente a los derechos del hombre. El pueblo que ha sido reducido asà a la impotencia, no ha hecho más que cambiar de dueños.
17.1. Sigue siendo verdad que uno de los principales fenómenos de nuestro tiempo es, a escala de continentes enteros, el despertar de la conciencia de pueblo que, doblegado bajo el peso de la miseria secular, aspira a una vida en la dignidad y en la justicia, y está dispuesto a combatir por su libertad.
18. En relación con el movimiento moderno de liberación interior del hombre, hay que constatar que el esfuerzo con miras a liberar el pensamiento y la voluntad de sus lÃmites ha llegado hasta considerar que la moralidad como tal constituÃa un lÃmite irracional que el hombre, decidido a ser dueño de sà mismo, tenÃa que superar.
18.1. Es más, para muchos Dios mismo serÃa la alienación especÃfica del hombre. Entre la afirmación de Dios y la libertad humana habrÃa una incompatibilidad radical. El hombre, rechazando la fe en Dios, llegarÃa a ser verdaderamente libre.
19. En ello está la raÃz de las tragedias que acompañan la historia moderna de la libertad. ¿Por qué esta historia, a pesar de las grandes conquistas, por lo demás siempre frágiles, sufre recaÃdas frecuentes en la alineación y ve surgir nuevas servidumbres? ¿Por qué unos movimientos de liberación, que han suscitado inmensas esperanzas, terminan en regÃmenes para los que la libertad de los ciudadanos 8 , empezando por la primera de las libertades que es la libertad religiosa 9 , constituye el primer enemigo?
19.1. Cuando el hombre quiere liberarse de la ley moral y hacerse independiente de Dios, lejos de conquistar su libertad, la destruye. Al escapar del alcance de la verdad, viene a ser presa de la arbitrariedad; entre los hombres, las relaciones fraternas se han abolido para dar paso al terror, al odio y al miedo.
19.2. El profundo movimiento moderno de liberación resulta ambiguo porque ha sido contaminado por gravÃsimos errores sobre la condición del hombre y su libertad. Al mismo tiempo está cargado de promesas de verdadera libertad y amenazas de graves servidumbres.
20. La Iglesia, consciente de esta grave ambigüedad, por medio de su Magisterio ha levantado su voz a lo largo de los últimos siglos, para poner en guardia contra las desviaciones que corren el riesgo de torcer el impulso liberador hacia amargas decepciones. En su momento fue muchas veces incomprendida. Con el paso del tiempo, es posible hacer justicia a su discernimiento.
20.1. La Iglesia ha intervenido en nombre de la verdad sobre el hombre, creado a imagen de Dios 10 . Se le acusa sin embargo de constituir por sà misma un obstáculo en el camino de la liberación. Su constitución jerárquica estarÃa opuesta a la igualdad; su Magisterio estarÃa opuesto a la libertad de pensamiento. Desde luego, ha habido errores de juicio o graves omisiones de los cuales los cristianos han sido responsables a través de los siglos 11 . Pero estas objeciones desconocen la verdadera naturaleza de las cosas. La diversidad de carismas en el Pueblo de Dios, que son carismas de servicio, no se ha opuesto a la igual dignidad de las personas y a su vocación común a la santidad.
20.2. La libertad de pensamiento, como condición de búsqueda de la verdad en todos los dominios del saber humano, no significa que la razón humana debe cerrarse a la luz de la Revelación cuyo depósito ha confiado Cristo a su Iglesia. La razón creada, al abrirse a la verdad divina, encuentra una expansión y una perfección que constituyen una forma inminente de libertad. Además, el Concilio Vaticano II ha reconocido plenamente la legÃtima autonomÃa de las ciencias 12 , como también la de las actividades de orden polÃtico 13 .
21. Uno de los principales errores que, desde el siglo de las Luces, ha marcado profundamente el proceso de liberación, lleva a la convicción, ampliamente compartida, de que serÃan los progresos realizados en el campo de las ciencias, de la técnica y de la economÃa los que deberÃan servir de fundamento para la conquista de la libertad. De ese modo, se desconocen las profundidades de esta libertad y de sus exigencias.
21.1. Esta realidad de las profundidades de la libertad, la Iglesia la ha experimentado siempre en la vida de una multitud de fieles, especialmente en los pequeños y los pobres. Por la fe éstos saben que son el objeto del amor infinito de Dios. Cada uno de ellos puede decir: “Vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sà mismo por mÆ(Gál 2,20b). Tal es su dignidad que ninguno de los poderosos puede arrebatársela; tal es la alegrÃa liberadora presente en ellos. Saben que la Palabra de Jesús se dirige igualmente a ellos: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; os llamo amigos, porque todo lo que he oÃdo a mi Padre, os lo he dado a conocer†(Jn 15,15). Esta participación en el conocimiento de Dios es su emancipación ante las pretensiones de dominio por parte de los detentores del saber: “Conocéis todas las cosas... y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe†(1 Jn 2,20b.27b). Son asà conscientes de tener parte en el conocimiento más alto al que está llamada la humanidad 14 . Se sienten amados por Dios como todos los demás y más que todos los otros. Viven asà en la libertad que brota de la verdad y del amor.
22. El mismo sentido de la fe del Pueblo de Dios, en su devoción llena de esperanza en la cruz de Jesús, percibe la fuerza que contiene el misterio de Cristo Redentor. Lejos pues de menospreciar o de querer suprimir las formas de religiosidad popular que reviste esta devoción, conviene por el contrario purificar y profundizar toda su significación y todas sus implicaciones 15 . En ella se da un hecho de alcance teológico y pastoral fundamental: son los pobres, objeto de la predilección divina, quienes comprenden mejor y como por instinto que la liberación más radical, que es la liberación del pecado y de la muerte, se ha cumplido por medio de la muerte y resurrección de Cristo.
23. La fuerza de esta liberación penetra y transforma profundamente al hombre y su historia en su momento presente, y alienta su impulso escatológico. El sentido primero y fundamental de la liberación que se manifiesta asà es el soteriológico: el hombre es liberado de la esclavitud radical del mal y del pecado.
23.1. En esta experiencia de salvación el hombre descubre el verdadero sentido de su libertad, ya que la liberación es restitución de la libertad. Es también educación de la libertad, es decir, educación de su recto uso. AsÃ, a la dimensión soteriológica de la liberación se añade su dimensión ética.
24. El sentido de la fe, que es el origen de una experiencia radical de la liberación y de la libertad, ha impregnado, en grado diverso, la cultura y las costumbres de los pueblos cristianos.
24.1. Pero hoy, de una manera totalmente nueva a causa de los temibles retos a los que la humanidad tiene que hacer frente, se ha hecho necesario y urgente que el amor de Dios y la libertad en la verdad y la justicia marquen con su impronta las relaciones entre los hombres y los pueblos, y animen la vida de las culturas.
24.2. Porque donde faltan la verdad y el amor, el proceso de liberación lleva a la muerte de una libertad que ha perdido todo apoyo.
24.3. Se abre ante nosotros una nueva fase de la historia de la libertad. Las capacidades liberadoras de la ciencia, de la técnica, del trabajo, de la economÃa y de la acción polÃtica darán sus frutos si encuentran su inspiración y su medida en la verdad y en el amor, más fuertes que el sufrimiento, que Jesucristo ha revelado a los hombres.
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