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Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
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9. LITURGIA

I. LÍNEAS GENERALES DE LA SITUACIÓN ACTUAL EN AMÉRICA LATINA

1. Se comprueba la pluralidad de situaciones en la renovación litúrgica: mientras en unas partes dicha aplicación se realiza con crecientes esfuerzos, en otras es aún débil. En general resulta insuficiente. Falta una mentalización sobre el contenido de la reforma, la cual es especialmente importante para el clero, cuyo papel en la renovación litúrgica es básico. Por lo demás hay que reconocer que la variedad de culturas plantea difíciles problemas de aplicación (lengua, signos).

Se tiene la impresión de que el Obispo no siempre ejerce de modo eficaz su papel de liturgo, promotor, regulador y orientador del culto.

Si bien las traducciones litúrgicas han significado un paso de avance, los criterios que para ello se han seguido no han permitido llegar al grado de adaptación necesaria.

La liturgia no está integrada orgánicamente con la educación religiosa, echándose de menos la mutua compenetración.

Son insuficientes los peritos capacitados para apoyar la renovación litúrgica.

II. FUNDAMENTACIÓN TEOLÓGICA Y PASTORAL
Elementos doctrinales

2. La presencia del Misterio de la Salvación, mientras la humanidad peregrina hacia su plena realización en la Parusía del Señor, culmina en la celebración de la liturgia eclesial 135 . La liturgia es acción de Cristo Cabeza y de su Cuerpo que es la Iglesia 136 . Contiene, por tanto, la iniciativa salvadora que viene del Padre por el Verbo y en el Espíritu Santo, y la respuesta de la humanidad en los que se injertan por la fe y la caridad en el Cristo recapitulador de todas las cosas 137 . Como quiera que no vivimos aún en la plenitud del Reino 138 , toda celebración litúrgica está esencialmente marcada por la tensión entre lo que ya es una realidad y lo que aún no se verifica plenamente 139 ; es imagen de la Iglesia a la vez santa y necesitada de purificación 140 ; tiene un sentido de gozo y una dolorosa conciencia del pecado. En una palabra, vive en la esperanza 141 .

3. La liturgia, momento en que la Iglesia es más perfectamente ella misma, realiza indisolublemente unidas la comunión con Dios y entre los hombres 142 , y de tal modo que aquélla es la razón de ésta 143 . Si busca ante todo la alabanza de la gloria de la gracia 144 , es consciente también de que todos los hombres necesitan de la gloria de Dios 145 para ser verdaderamente hombres. Y por lo mismo, el gesto litúrgico no es auténtico si no implica un compromiso de caridad, un esfuerzo siempre renovado por sentir como siente Cristo Jesús 146 , y una continua conversión.

La institución divina de la liturgia no puede jamás considerarse como un adorno contingente de la vida eclesial, puesto que «ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y eje en la celebración de la santísima Eucaristía, por la que ha de comenzarse toda educación del espíritu de comunidad.

Esta celebración, para ser sincera y plena, debe conducir tanto a las varias obras de caridad y a la mutua ayuda, como a la acción misionera y a las varias formas del testimonio cristiano» 147 .

4. En la hora presente de nuestra América Latina, como en todos los tiempos, la celebración litúrgica corona y comporta un compromiso con la realidad humana 148 , con el desarrollo y con la promoción, precisamente porque toda la creación está insertada en el designio salvador que abarca la totalidad del hombre 149 .

Principios pastorales

5. En la hora actual de nuestro continente, ciertos estados o momentos de la vida y ciertas actividades humanas representan una importancia vital para el futuro. Entre los primeros cabe destacar la familia, la juventud, la vida religiosa y el sacerdocio; entre las segundas, la promoción humana y todo lo que está o puede ponerse a su servicio; la educación, la evangelización y las diversas formas de acción apostólica.

6. Siendo la sagrada liturgia la presencia del Misterio de la Salvación, mira en primer lugar a la gloria del Padre 150 . Pero esa misma gloria 151 se comunica a los hombres y por eso la celebración litúrgica, mediante el conjunto de signos con que ella expresa la fe, aporta:

a) Un conocimiento y una vivencia más profunda de la fe 152 ;

b) Un sentido de la trascendencia de la vocación humana 153 ;

c) Un robustecimiento del espíritu de comunidad 154 ;

d) Un mensaje cristiano de gozo y esperanza 155 ;

e) La dimensión misionera de la vida eclesial 156 ;

f) La exigencia que plantea la fe de comprometerse con las realidades humanas 157 .

Todas estas dimensiones deben estar presentes allí donde cada estado de vida realiza alguna actividad humana.

7. Para que la liturgia pueda realizar en plenitud estos aportes, necesita:

a) Una catequesis previa sobre el misterio cristiano y su expresión litúrgica 158 ;

b) Adaptarse y encarnarse en el genio de las diversas culturas 159 ;

c) Acoger, por tanto, positivamente la pluralidad en la unidad, evitando erigir la uniformidad como principio «a priori» 160 ;

d) Mantenerse en una situación dinámica que acompañe cuanto hay de sano en el proceso de la evolución de la humanidad 161 ;

e) Llevar a una experiencia vital de la unión entre la fe, la liturgia y la vida cotidiana, en virtud de la cual llegue el cristiano al testimonio de Cristo 162 .

No obstante, la liturgia, que interpela al hombre, no puede reducirse a la mera expresión de una realidad humana, frecuentemente unilateral o marcada por el pecado, sino que la juzga, conduciéndola a su pleno sentido cristiano 163 .

III. RECOMENDACIONES
Referentes al Obispo

8. El Concilio Vaticano II reconoce al Obispo el derecho de reglamentar la liturgia y le urge el deber de promoverla en el seno de la Iglesia local 164 . A él le incumbe:

a) Ante todo la responsabilidad pastoral de promover singular y colectivamente la vida litúrgica;

b) Celebrar frecuentemente como «gran sacerdote de su grey», rodeado de su presbiterio y ministros en medio de su pueblo 165 ;

c) Una función moderadora «ad normam juris» y según el espíritu de la Constitución de Sagrada Liturgia 166 ; y

d) Valerse de la Comisión diocesana o interdiocesana recomendadas por el Concilio, compuestas de expertos en liturgia, Biblia, pastoral, música y arte sacro 167 .

Referentes a las Conferencias Episcopales

9. La renovación comunitaria y jerárquica necesita, además, de la intervención de «diversas asambleas territoriales de Obispos legítimamente constituidas» 168 . A ellas corresponde una función reglamentadora, dentro de los límites establecidos, que aseguren la fidelidad de la imagen eclesial que cada comunidad cristiana debe ofrecer de la Iglesia universal.

10. Para lograr mejor estas finalidades, la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano:

a) Desea que se confiera a las Conferencias Episcopales facultades más amplias en materia litúrgica, a fin de poder realizar mejor las adaptaciones necesarias, teniendo en cuenta las exigencias de cada asamblea;

b) Recomienda que, dadas las peculiares circunstancias de los territorios misionales, sus Ordinarios se reúnan para estudiar las adaptaciones necesarias y presentarlas a la autoridad competente 169 .

Servicios del CELAM

11. La coincidencia de problemas comunes y la necesidad de contar con grupos de expertos debidamente preparados, aconsejan, además, el incremento de los servicios que puede proporcionar el Departamento de Liturgia del CELAM. Tales son:

a) Un servicio de información, documentación bibliográfica y coordinación, prestado por el Secretariado Ejecutivo del Departamento, que se propone mantener en permanente comunicación a los Episcopados de Latinoamérica;

b) Un servicio de la investigación y formación que ya ha comenzado a prestar el Instituto de Liturgia Pastoral de Medellín, con vistas a la adaptación más profunda de la liturgia a las necesidades y culturas de América Latina 170 . Para ello es necesario que se comprenda y facilite la agrupación de expertos tanto en liturgia, Sagrada Escritura y pastoral, como en ciencias antropológicas, cuyos trabajos abran el camino a un progreso legítimo 171 ;

c) Una oficina de coordinación de los musicólogos, artistas y compositores para aunar los esfuerzos que se están realizando en nuestras naciones, en orden a proporcionar una música digna de los sagrados misterios 172 ;

d) Un servicio de asesoramiento técnico, tanto para la conservación del patrimonio artístico como para la promoción de nuevas formas artísticas 173 ;

e) Un servicio editorial para diversas publicaciones que sirvan de instrumento valioso para la pastoral litúrgica, sin que interfiera el ámbito de otras publicaciones.

Los servicios mencionados presuponen la existencia de bibliotecas especializadas suficientemente provistas.

Sugerencias particulares

12. La celebración de la Eucaristía en pequeños grupos y comunidades de base puede tener verdadera eficacia pastoral; a los obispos corresponde permitirla teniendo en cuenta las circunstancias de cada lugar.

13. A fin de que los sacramentos alimenten y robustezcan la fe en la situación presente de Latinoamérica, se aconseja establecer, planificar e intensificar una pastoral sacramental comunitaria, mediante preparaciones serias, graduales y adecuadas para el bautismo (a los padres y padrinos), confirmación, primera comunión y matrimonio 174 .

Es recomendable la celebración comunitaria de la penitencia mediante una celebración de la Palabra y observando la legislación vigente, porque contribuye a resaltar la dimensión eclesial de este sacramento y hace más fructuosa la participación en él mismo.

14. Foméntense las sagradas celebraciones de la Palabra, conservando su relación con los sacramentos en los cuales ella alcanza su máxima eficacia, y particularmente con la Eucaristía 175 . Promuévanse las celebraciones ecuménicas de la Palabra, a tenor del Decreto sobre Ecumenismo N. 8 y según las normas del Directorio Nos. 33-35.

15. Siendo tan arraigadas en nuestro pueblo ciertas devociones populares, se recomienda buscar formas más a propósito que les den contenido litúrgico, de modo que sean vehículos de fe y de compromiso con Dios y con los hombres 176 .


135

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, Nos. 8 y 10.

136

Cf. Ibid., N. 7.

137

Cf. Ef 1,10.

138

Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, Nos. 3 y 5.

139

Cf. Ibid., N. 48; Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 8.

140

Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, N. 8 y Const. Sacrosanctum Concilium, N. 2.

141

Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, N. 48; Const. Sacrosanctum Concilium, N. 8.

142

Cf. Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, N. 1; Const. Sacrosanctum Concilium, N. 47.

143

«Nos parece oportuno llamar la atención a este respecto sobre dos puntos doctrinales: el primero es la dependencia de la caridad para con el prójimo de la caridad para con Dios. Conocéis los asaltos que sufre en nuestros días esta doctrina de clarísima e inexpugnable derivación evangélica...» (Pablo VI, Discurso en la Apertura de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Bogotá, Agosto 24 de 1968).

144

Cf. Ef 1,6.12.14; Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 10.

145

Cf. Rom 3,23; Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 10.

146

Cf. Flp 2,5.

147

Conc. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, N. 6.

148

Cf. Conc. Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, N. 43.

149

Cf. Ibid., N. 41.

150

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 2.

151

Sobre el sentido bíblico de «gloria», puede verse esa palabra en el Vocabulario de Teología bíblica, ed. Herder.

152

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 38.

153

Cf. Conc. Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, N. 41.

154

Cf. Conc. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, Nos. 26 y 27.

155

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, Nos. 5 y 6.

156

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 2 y Decr. Ad gentes, N. 15.

157

Cf. Conc. Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, N. 43. «Asociar al pueblo de Dios con la celebración jerárquica y comunitaria de los santos ritos... ejercitando, no sólo formalmente, sino también sincera y cordialmente la caridad fraterna» (Pablo VI, Discurso en la Apertura de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Bogotá, Agosto 24 de 1968).

158

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, Nos. 9 y 35,3.

159

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 37; Decr. Ad gentes, N. 22; Const. Past. Gaudium et spes, N. 44.

160

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 37; Const. Dogm. Lumen gentium, N. 13.

161

Cf. Conc. Vat. II, Const. Past. Gaudium et spes, Nos. 1 y 42.

162

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, Nos. 11 y 48.

163

Así, por ejemplo, una liturgia exequial no debe expresar sólo el natural sentido de tristeza, sino también el de la fe y esperanza cristianas en la resurrección (cf. El prólogo del nuevo Ritual de exequias).

164

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, Nos. 22,1 y 41; Decr. Christus Dominus, N. 15; Const. Dogm. Lumen gentium, N. 15; Const. Dogm. Lumen gentium, N. 26

165

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 41.

166

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 22,1; Instr. Inter oecumenici, N. 22.

167

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, Nos. 45 y 46; Instr. Inter oecumenici, N. 47.

168

Cf. Conc. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, N. 22,2.

169

Ibid., N. 40

170

Ibid., Nos. 15, 16 y 44.

171

Ibid., N. 23.

172

Ibid., Nos. 46 y 119.

173

Ibid., Nos. 126, 127 y 129.

174

Ibid., N. 59

175

Ibid., N. 35,4.

176

Ibid., N. 13.
Consultas

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