Carta enc铆clica de S.S. Juan XXIII sobre los recientes desarrollos de la cuesti贸n social a la luz de la doctrina cristiana
Espect谩culo incomparable que supera a todo cuanto habr铆amos podido esperar. Dejadnos saludar con vosotros esta nueva primavera de la Santa Iglesia.
Venerables Hermanos
Amados hijos:
Vuestra presencia tan solemne y respetuosa y, al mismo tiempo tan vivaz y vibrante, aqu铆 junto al sacro sepulcro de San Pedro, Pr铆ncipe de los Ap贸stoles, llena de extraordinaria alegr铆a vuestro coraz贸n y el Nuestro.
驴Qui茅n os ha tra铆do aqu铆 en tan gran n煤mero, reunidos de todos los pa铆ses, pertenecientes a toda edad, a toda clase social y a toda lengua?
Os ha reunido el recuerdo de un gran Papa y de una Carta, de una carta que 茅l en su tiempo hab铆a escrito y hab铆a hecho mandar a todo el mundo: mas no sobre un argumento del acostumbrado ministerio pontificio, como ser铆a el estimular a devoci贸n y a cristiana piedad, sino precisamente en un tema doctrinal y pr谩ctico sobre el trabajo de los campos y de las f谩bricas, sobre el trabajo de todos cuantos desarrollan humanas energ铆as -brazos, cabeza y coraz贸n, cuerpo y alma- para sustentamiento de la vida, para prosperidad, para progresiva riqueza del mundo entero.
El humilde Papa su sucesor que os est谩 hablando era un ni帽ito de diez a帽os en aquel 1891: pero recuerda muy bien, c贸mo en su parroquia, y doquier en torno a 茅l las palabras iniciales de aquel documento Rerum novarum (Nos est谩bamos entonces en los latinazos) eran repetidas en las iglesias y en las reuniones como t铆tulo de una ense帽anza, en verdad no improvisada, sino tan antiqu铆sima como el Evangelio de Jesucristo Salvador, pero puesta en aquel mayo de 1891 bajo una luz nueva y mejor adaptada a las modernas circunstancias del mundo. Se trataba de situaciones y cuestiones recientes sobre las cuales cada uno gustaba en decir la suya, y muchos la dec铆an muy fuera de prop贸sito, suscitando peligros de confusi贸n y tentaci贸n de desorden social.
2. El papa Le贸n, el admirable pont铆fice, hab铆a querido sacar de los tesoros de la ense帽anza secular de la Iglesia la doctrina justa y santa, la verdad iluminadora para la direcci贸n del orden social seg煤n las exigencias de su tiempo.
Aquella Carta enc铆clica Rerum novarum, situ谩ndose con gran valor a la par que con gran claridad y decisi贸n, sobre todo entre las varias relaciones de los campesinos y de los obreros, llamados proletarios, por una parte, y los propietarios y empresarios por otra, indicaba cu谩n indispensable era restaurar los modos de la justicia y de la equidad en beneficio y en ventaja de los unos y de los otros, invocando como necesarias as铆 la intervenci贸n del Estado como la acci贸n honesta y leal de los interesados, trabajadores y dadores de trabajo.
La Rerum novarum fue, por lo tanto, una primera llamada grande y solemne en este orden de principios, que conmovi贸 un poco a todos: y que, aun circunscribiendo entonces su alcance a la cuesti贸n obrera en el 谩mbito de relaciones ya indicadas, tuvo el m茅rito de abrir un horizonte, mucho m谩s luminoso porque sacaba luz e irradiaci贸n de la pur铆sima doctrina de la Santa Iglesia Cat贸lica, y de sus inagotables fuentes que son el Antiguo y Nuevo Testamento.
Los cuarenta a帽os que transcurrieron desde la primera difusi贸n y penetraci贸n de esta doctrina -esto es, desde el 1891 al 1931- fueron se帽alados por acontecimientos muy vivaces, complejos y a veces violentos; las variaciones de los desarrollos y de las consiguientes disputas de clases y de pueblos, determinadas por la primera guerra, se hicieron tan oscuras y amenazadoras que sugirieron a la amplia y luminosa mente y al coraz贸n firm铆simo del papa P铆o XI el reanudar el coloquio de la Sede Apost贸lica con el mundo del trabajo haci茅ndole conocer mejor la doctrina cristiana de la Iglesia, en relaci贸n a las nuevas posiciones impuestas gradualmente por las mismas conquistas del ingenio humano, por el progreso de las dem谩s t茅cnicas, trastornadoras de las formas tradicionales que hab铆an llegado a ser fatigantes para las mismas masas trabajadoras de los campos y de las f谩bricas.
3. Y fue entonces cuando apareci贸, como recuerdo y m谩s amplio desarrollo de las bases de econom铆a social asentadas por la Rerum novarum, otro documento pontificio titulado Quadragesimo anno, para se帽alar los pasos que hab铆an de darse, siempre a la luz de los principios cristianos, a las nuevas experiencias, a las nuevas relaciones de cooperaci贸n mundial de los hombres trabajadores, de las familias y de las naciones, y ciertamente para se帽alar el camino, pero tambi茅n para estimular y rectificar su progreso feliz y provechoso.
Alegr铆a grande trajo consigo tambi茅n esta ense帽anza del papa P铆o XI con la Quadragesimo anno.
Aunque limitando el estudio y la resoluci贸n de los nuevos mayores problemas dentro del 谩mbito del sector industrial, el horizonte de la cuesti贸n social se ensanchaba y resplandec铆a. As铆, sucedi贸 en la mayor precisi贸n y en el relieve m谩s vivo que fue dado al trabajo, a la propiedad, al salario, puestos en relaci贸n con las exigencias del bien com煤n y por lo tanto bajo el aspecto social. En el v茅rtice estaba siempre el principio supremo seg煤n el cual es regulada toda relaci贸n: esto es, no la desenfrenada libre concurrencia ni la prepotencia econ贸mica, fuerzas ciegas ambas, sino las razones eternas y sagradas de la justicia y de la caridad.
Las exigencias de la justicia no pueden en verdad ser satisfechas si la sociedad no se recompone org谩nicamente a trav茅s de la reconstituci贸n de los cuerpos intermedios con finalidades econ贸mico-sociales.
Consecuencia muy fuerte e importante hecha surgir en la Quadragesimo anno, es el estudio paciente e incesante de la colaboraci贸n entre las naciones grandes y peque帽as.
Amados hijos, en este momento deseamos Nos rendir homenaje, despu茅s que a los papas Le贸n y P铆o XI, tambi茅n a la sagrada y bendita memoria del Santo Padre, el duod茅cimo P铆o, el cual tambi茅n, continuando el surco de la Quadragesimo anno, ilumin贸 con su profunda ense帽anza los varios sectores de la sociolog铆a de los que hubo de ocuparse con referencia a la interna estructura de cada una de las Comunidades pol铆ticas, y tambi茅n a las relaciones entre las mismas en un plano mundial.
Muy frecuentemente su palabra, hablada y escrita, ha sido una ense帽anza ocasional caracterizada por la amplitud de los horizontes tocados y descubiertos. Pero 隆qu茅 riqueza, a trav茅s de aquellos vol煤menes suyos que quedan para nuestra admiraci贸n y veneraci贸n como una colecci贸n siempre digna de consultarse a causa de los preciosos minerales que en ella abundan!
Venerables Hermanos y amados hijos, pensad que cuanto hasta aqu铆 os hemos dicho no es sino un acercamiento al punto m谩s luminoso al que Nos hemos propuesto conduciros, esto es m谩s all谩 de la Rerum novarum, m谩s all谩 de la Quadragesimo anno, a un tercer documento que, celebrando aquellos dos precedentes y a帽adi茅ndoles las nuevas experiencias de actividades sociales que se han multiplicado desmesuradamente en estos 煤ltimos treinta a帽os, que nos est谩n m谩s cercanos, les a帽ade, como corona, todav铆a un m谩s copioso complemento de cristiana doctrina, que la juventud perenne y fecunda de la Santa Iglesia, Una, Cat贸lica, Apost贸lica, Romana, tiene siempre pronta, para luz y para gu铆a de los siglos y de los pueblos.
4. Hemos de confesaros que Nuestra intenci贸n era verdaderamente el poderos ofrecer, y el ofrecer a toda la Iglesia Cat贸lica precisamente en el d铆a del faust铆simo recuerdo del septuag茅simo aniversario de la Rerum novarum -1891 -15 mayo- 1961- este tercer documento de alcance general en forma de Carta enc铆clica, amplia y solemne. Gozamos en daros la seguridad de que Nuestra promesa se ha mantenido: la Enc铆clica est谩 terminada, pero la solicitud por hacer que llegue a todos los creyentes en Cristo, y a todas las almas rectas esparcidas por el mundo, a la misma hora, en su texto oficial latino y en las varias lenguas habladas, Nos aconseja retardar alg煤n tanto la publicaci贸n del texto.
Entre tanto, amados hijos, dejad que os lo repitamos.
Vuestra presencia aqu铆 en Roma, en estos d铆as, Nos es muy querida extraordinariamente.
Esta semana nos acerca y prepara para la Pentecost茅s, y nos trae el recuerdo de los reunidos en Si贸n: viri religiosi ex omni natione quae sub caelo est1.
Vosotros, amados hijos, descendientes de aquellos buenos cat贸licos, que fueron los primeros en acoger hace ahora setenta a帽os, y que tan grande honor hicieron a la proclamaci贸n de la doctrina cat贸lica social del gran papa Le贸n, os hab茅is reunido aqu铆 representando a todos los trabajadores cristianos de la tierra.
Bien merecido, pues, ten茅is que, como Pedro en Si贸n, tambi茅n su humilde Sucesor, os descubra el secreto y os revele ya sin m谩s, pero en expresiones abreviadas, el contenido de este tercer documento pontificio, que muy pronto ser谩 pan y alimento saludable y delicioso de vuestras almas y, as铆 lo esperamos, de todos cuantos conf铆an en la Iglesia Santa y bendita de Jesucristo: Magister et Salvator mundi2.
Como sucede en la lectura cotidiana del Breviario para nosotros los sacerdotes, sea as铆 tambi茅n con vosotros mientras Nos escuch谩is la gracia del Esp铆ritu Santo, para luz de vuestro entendimiento y de vuestros corazones: Spiritus Sancti gratia illuminet sensus et corda nostra.
5. El solemne documento, por lo tanto, que dentro de pocas semanas ser谩 -Nos place repetirlo- alegr铆a de vuestros ojos, alimento sano y sustancioso de vuestras almas, se desarrolla en cuatro cuadros muy distintos.
Primero: La s铆ntesis de las ense帽anzas de tres Papas -Le贸n y los dos P铆o, el und茅cimo y el duod茅cimo.
Segundo: La presentaci贸n de un primer grupo de problemas de acci贸n social que todav铆a persisten en su continuada presi贸n desde setenta a帽os a esta parte.
Tercero: La afirmaci贸n de los nuevos problemas graves y a veces peligrosos de esta 茅poca nuestra reciente y contempor谩nea a nosotros.
Finalmente, cuarto: La recomposici贸n de las relaciones de la convivencia social a la luz de la ense帽anza de la Santa Iglesia.
El primer cuadro ya os es familiar por todo lo que hemos expuesto hasta aqu铆 como introducci贸n a nuestro coloquio. En 茅l brilla la naturaleza y el contorno del buen camino de la doctrina pontificia se帽alado por la Rerum novarum de Le贸n XIII, continuado por la Quadragesimo anno de P铆o XI y por las notas de car谩cter social tan variadamente esparcidas en las manifestaciones habladas o escritas de P铆o XII.
En verdad que se han verificado profundas innovaciones en estos 煤ltimos a帽os, tanto en las internas estructuras de cada una de las Comunidades pol铆ticas, como en las mutuas relaciones entre las mismas: innovaciones y problemas que imponen ulteriores aplicaciones y desarrollos de las ense帽anzas ya delineadas por la Rerum novarum, mas referidas -ya lo hemos dicho- a las cambiadas circunstancias actuales.
Volvi茅ndonos hacia el segundo cuadro, nos hallamos ante la visi贸n de estos nuevos problemas. Ante todo y precisamente los tocantes a las relaciones entre iniciativa privada e intervenci贸n de los poderes p煤blicos en el campo econ贸mico; luego el cada vez m谩s ampliado difundirse de formas asociadas en las varias manifestaciones de la vida; la remuneraci贸n del trabajo; las exigencias de la justicia con referencias a las estructuras productivas; y el grav铆simo punto de la propiedad privada.
La inminente Enc铆clica, en el estudio y en la soluci贸n de estos problemas -no es superfluo el repetirlo- tiene en cuenta los desarrollos que se han seguido desde la ense帽anza de Le贸n XIII a la de P铆o XI, y a los mensajes iluminados y sabios de P铆o XII, dominada siempre su doctrina por el motivo fundamental que es afirmaci贸n inmutable y valiente defensa de la dignidad y de los derechos de la persona humana.
Los problemas del tercer cuadro de los que la Enc铆clica se ocupa son los m谩s evidentes y apremiantes en el actual momento hist贸rico. Confieren tono y color caracter铆sticos a este documento pontificio.
6. Surge ante todo el problema de la agricultura. La agricultura era una vez -mas qu茅 decimos: 驴era una vez?-, fue durante milenios de historia, desde las primeras p谩ginas de la Biblia santa, la riqueza y la perenne primavera que se renovaba cada a帽o sobre la tierra, la poes铆a y el encanto de la vida: y ahora est谩 reducida y est谩 para reducir a muchas, a muchas comunidades humanas, a un estado, como suele decirse, de depresi贸n. Lo que se delinea entre las mayores exigencias de la justicia es concretamente esta justicia de volver a ajustar el equilibrio econ贸mico y social entre los dos sectores de la convivencia humana.
Nuestro ya inminente documento est谩 para ofrecer las principales directrices inspiradas en una solidaridad humana y cristiana, consideradas las m谩s eficaces para intento tan noble y tan grande.
Otro problema de proporciones mundiales, que interesa y reclama la angustiosa atenci贸n de Nuestro apost贸lico ministerio junto con la cooperaci贸n de cuantos creen y viven en Cristo y su Iglesia, se halla constituido por el estado de indigencia, de miseria y de hambre en el que se debaten millones y millones de vidas humanas. De aqu铆 el descontento, que se torna a veces en cruel realidad, de las relaciones entre las comunidades pol铆ticas econ贸micamente desarrolladas y las econ贸micamente infradesarrolladas. Este es precisamente el llamado problema de la edad moderna, aunque diciendo todo y diciendo verdad, en el estudio de la historia de los pueblos, abarcando las vicisitudes seculares de todos los n煤cleos humanos esparcidos por el mundo, en pasados tiempos pudo casi considerarse como inexorable, teniendo en cuenta las causas antiguas y continuas de retraso de los sistemas econ贸micos, en relaci贸n con las condiciones infelices de muchas regiones.
Justamente, santamente -amados hijos- ha de ser proclamado y exaltado el principio de la solidaridad entre todos los seres humanos; y recordando y predicando muy alto el deber que tanto las comunidades como cada uno de los individuos tienen, cuando disponen abundantemente de medios de subsistencia, de ir en auxilio hacia cuantos se encuentran en condiciones de malestar.
Mas el auxilio de "emergencias" no suprime de ra铆z las causas de este malestar. Por lo tanto, se impone la obra de colaboraci贸n en el plano mundial, obra que sea desinteresada, multiforme, encaminada a poner a disposici贸n de los pa铆ses econ贸micamente infradesarrollados grandes capitales e inteligentes competencias t茅cnicas, aptas para favorecer paralelamente el desarrollo econ贸mico y el progreso social, cuidando, con una sana y ben茅fica previsi贸n, de interesar a los primeros y principales "protagonistas" mismos del trabajo humano, en la realizaci贸n de su propia elevaci贸n individual, familiar y social.
7. Se trata de una gran empresa, finalidad noble y apremiante para la paz misma del mundo. Para llevarla a feliz t茅rmino, confiri茅ndole incesante vigor, son imprescindibles las relaciones de sincera comprensi贸n y de activa colaboraci贸n entre los pueblos. Lo cual supone -y ahora Nos place volver a confirmarlo ante este cielo benigno, y ante este templo, el m谩ximo de la cristiandad- supone, repetimos, el praeceptum Domini, que afirma y proclama el reconocimiento y el respeto de un orden moral, v谩lido para todos: que reconozca su fundamento en Dios tutor y vengador, distribuidor del bienestar, de la riqueza y de la misericordia; y reivindicador terrible, a quien nadie se sustrae, de la justicia y de la equidad.
Sobre este motivo, como de fondo, se coloca y se alza la intervenci贸n de la Santa Iglesia aun en el campo econ贸mico y social. Siempre el Dec谩logo -amados hijos-, siempre el Evangelio. Del buen Jes煤s, "camino, verdad, vida y luz del mundo", taumaturgo al servicio de los sufrimientos y enfermedades humanos, m谩rtir divino por la humana expiaci贸n, y rey victorioso y triunfal de los siglos y de los pueblos; de 茅l es donde toma inspiraci贸n el esfuerzo por buscar la justicia, y con 茅l se hace potente. La defensa y la elevaci贸n de los d茅biles ven abiertas las maravillas de la caridad, que aseguran la salvaci贸n y la resurrecci贸n de los hombres y de los grupos 茅tnicos, la transformaci贸n de las zonas retrasadas y de los secretos deprimidos.
Esta es la gran responsabilidad que ata帽e a todos, a todos; y a la cual nadie puede sustraerse mientras vive. El juicio final del mundo, al terminar su destino, es 茅ste: Venite benedicti, discedite maledicti3. Estas palabras son el compendio y conclusi贸n de la historia del mundo, consumada y decidida a trav茅s de la enumeraci贸n de las formas m谩s variadas, concedidas o negadas, de la asistencia social de hombre a hombre, de familia a familia, de pueblo a pueblo.
8. El cuarto cuadro de la nueva Enc铆clica os entretendr谩 con visi贸n deliciosa sobre la recomposici贸n de la convivencia humana. El estudio de la naturaleza del hombre y de la doctrina de la Iglesia, bjao la luz de la Revelaci贸n, se帽ala los caminos seguros para realizar una convivencia humana dignificada, pac铆fica y fecunda. Muy natural es que esta doctrina, al tener a la verdad como fundamento, a la justicia como finalidad, al amor como elemento propulsor, sea no s贸lo aprendida, sino tambi茅n asimilada, difundida y traducida a la realidad.
Cierran el documento, vasto e interesante, algunas indicaciones preciosas, 煤tiles e id贸neas para alimentar y hacer siempre cada vez m谩s activa en todos y en cada uno la conciencia de los deberes sociales.
Amados hijos: Esperad la Enc铆clica con alegre ansia y estudiadla bien.
9. Volviendo ahora a las muchas cosas, dichas a vosotros, en este prolongado coloquio del pastor con su grey, con el coraz贸n abierto a los intereses del esp铆ritu y no olvidado de los de la tierra, Nos ocurre ofreceros una imagen que os resultar谩 placentera e instructiva.
Lo que m谩s conmovi贸 a todos los fieles de la Santa Iglesia, al anunciarse la enc铆clica Rerum novarum del papa Le贸n XIII, en el 1891, fue la sorpresa de escuchar como la voz de una nueva campana, que desde la torre antigua de la parroquia, de cada una de las parroquias del mundo, de ciudades o de pueblos, vino a a帽adirse al concierto de los otros bronces, familiares a los buenos fieles en las antiguas y pac铆ficas costumbres de la piedad religiosa. Aquel sonido del 1891 no fue considerado como discordante de la entonaci贸n de las otras campanas, sino m谩s bien armonioso, vibrante y jubiloso.
Cuarenta a帽os despu茅s, en el 1931, no una, sino muchas nuevas campanas se a帽adieron en la torre de la parroquia. La enc铆clica Quadragesimo anno fue el gran gesto del papa P铆o XI, que dio la se帽al, y levant贸 un feliz y m谩s amplio concierto de invitaciones y de amonestaciones sobre la cuesti贸n social, y sobre los varios y nuevos problemas propuestos a la atenci贸n de todas las almas rectas e inspiradas en las fuentes perennes de la doctrina evang茅lica de significaci贸n universal.
La celebraci贸n, en estos d铆as, de la anual conmemoraci贸n que se repite desde hace exactamente setenta a帽os, de la Rerum novarum en tiempos de un m谩s vasto desarrollo de las solicitudes maternales de la Iglesia, de los sacros Pastores y de tantos miembros del laicado en colaboraci贸n fervorosa, encaminadas a la difusi贸n de la buena doctrina y de su inmediata y vasta aplicaci贸n, es motivo de singular exultaci贸n, y de est铆mulo vivo y jubiloso.
10. La alegr铆a est谩 en comprobar que el antiguo fervor, suscitado por el gesto del papa Le贸n y renovado por sus sucesores, perdura y promueve entusiasmo, y fortifica sentimientos y prop贸sitos de buen apostolado social.
En esta saz贸n, desde la torre antigua y desde las nuevas, multiplicadas por llanuras y monta帽as, doquier que la naturaleza atrae y ofrece fecunda sus dones, ya no es el penetrante sonido de una o de varias campanas, sino de todo un intenso repicar, toda una fiesta de bronces, de armon铆as que vibran para gloria difusa de Jesucristo, hijo de Dios, hermano nuestro, maestro, redentor y salvador del g茅nero humano; que se proyecta siempre en las misteriosas efusiones de su gracia sobre las almas, no s贸lo en preparar y encaminar hacia los bienes celestiales, sino que influye tambi茅n sobre los cuerpos y sobre todo lo que es verdadero bienestar de la vida en la tierra, para el orden civil y social.
El est铆mulo que nos es l铆cito y fructuoso sacar de esta conmemoraci贸n y de otras manifestaciones que a 茅sta seguir谩n casi doquier en el mundo, quiere inspirarse en las palabras que el evangelista San Juan, el predilecto del Se帽or, ha escrito en la primera de sus tres cartas, y de la cual, precisamente hoy por la ma帽ana, nos ha tocado gustar en el Breviario algunos rasgos impresionantes.
Ense帽anza, pues, referida por el ap贸stol de Jes煤s es que "Dios es luz, y en 茅l no hay tiniebla alguna"4. Conviene vivir en esta luz en una rec铆proca comuni贸n con El. Si tuvi茅semos pecado, la sangre de Jes煤s, su Hijo, nos purifica; pues Jes煤s es propiciaci贸n por los pecados de todo el mundo. Y otras persuasivas palabras son 茅stas: "Necesario es saber vivir y caminar con Cristo". "Qui dicit se in ipso manere, debet sicut ille ambulavit, et ipse ambulare"5.
隆Cu谩n magn铆fico programa es 茅ste, de vida cristiana y de apost贸lica actividad social! Vivir en Cristo que es luz divina, caridad universal; moverse sobre sus huellas y en compa帽铆a suya: in ipso manere: cum ipso ambulare, que es actividad din谩mica y tranquila, ordenada y pac铆fica, en loa de Dios, en servicio de la justicia, de la equidad, de la fraternidad humana y cristiana.
Operando as铆 y movi茅ndonos as铆, estamos en la verdad -dig谩moslo humildemente con las palabras mismas de nuestro San Juan-: Estamos en la Verdad, esto es, en Dios: en su hijo Jesucristo, al que sea gloria y bendici贸n en los siglos. Am茅n, Am茅n6.
Madre y Maestra de todos los pueblos, la Iglesia universal fue fundada por Jesucristo a fin de que todos, a lo largo de los siglos, viniendo a ella y recibiendo un abrazo, encontrar谩n plenitud de m谩s alta vida y garant铆a de salvaci贸n.
A esta Iglesia, columna y fundamento de la verdad7, ha confiado su sant铆simo Fundador una doble misi贸n: la de engendrar hijos, y la de educarlos y regirlos, guiando con materno cuidado la vida de los individuos y de los pueblos, cuya gran dignidad siempre mir贸 ella con el m谩ximo respeto y defendi贸 con solicitud.
[2] El cristianismo, en efecto, es uni贸n de la tierra con el cielo, en cuanto que toma al hombre en su ser concreto -esp铆ritu y materia, inteligencia y voluntad- y lo invita a elevar la mente desde las mudables condiciones de la vida terrenal hacia las alturas de la vida eterna, que ser谩 consumaci贸n interminable de felicidad y de paz.
[3] Y as铆, la Santa Iglesia, aunque tiene como principal misi贸n el santificar las almas y hacerlas part铆cipes de los bienes del orden sobrenatural, sin embargo, se preocupa con solicitud de las exigencias de la vida cotidiana de los hombres, no s贸lo en cuanto al sustento y a las condiciones de vida, sino tambi茅n en cuanto a la prosperidad y a la cultura en sus m煤ltiples aspectos y seg煤n las diversas 茅pocas.
[4] La Santa Iglesia, al realizar todo esto, cumple el mandato de su Fundador, Cristo, que sobre todo se refiere a la salvaci贸n eterna del hombre, cuando dice: Yo soy el camino, la verdad y la vida8 y Yo soy la luz del mundo9; y en otro lugar, al mirar la multitud hambrienta, compadecido prorrumpe en las palabras: Me da compasi贸n de esta muchedumbre10, dando as铆 prueba de preocuparse tambi茅n de las exigencias terrenales de los pueblos. Y el Divino Redentor muestra este cuidado no s贸lo con palabras, sino tambi茅n con los ejemplos de su vida, cuando para calmar el hambre de la multitud, m谩s de una vez multiplic贸 el pan milagrosamente. [5] Y con este pan dado como alimento del cuerpo quiso anunciar aquel celestial alimento de las almas, que hab铆a de dar a los hombres en la v铆spera de su Pasi贸n.
[6] No es, pues, de admirar que la Iglesia cat贸lica, imitando a Cristo y siguiendo su mandato, haya mantenido constantemente en alto la antorcha de la caridad durante dos mil a帽os, es decir, desde la instituci贸n de los antiguos Di谩conos hasta nuestros tiempos, no s贸lo con preceptos, sino tambi茅n con ejemplos ampliamente ofrecidos; caridad que, al armonizar los preceptos de mutuo amor con la pr谩ctica de los mismos, realiza admirablemente el mandato de este doble dar, que compendia la doctrina y la acci贸n social de la Iglesia.
2. [7] Ahora bien, insigne documento -por todos reconocido- de esta doctrina y acci贸n, desarrolladas a lo largo de los siglos de la Iglesia, es sin duda la inmortal enc铆clica Rerum novarum11, promulgada hace setenta a帽os por Nuestro Predecesor, de f. m., Le贸n XIII, para proclamar los principios, seg煤n los cuales se pudiera resolver cristianamente la cuesti贸n obrera.
[8] Pocas veces la palabra de un Pont铆fice tuvo como entonces una resonancia tan universal, as铆 por la profundidad de la argumentaci贸n y por su amplitud como por el vigor de su estilo. En realidad aquellas orientaciones y aquellos llamamientos tuvieron tanta importancia que nunca y de ning煤n modo podr谩n caer en el olvido. Se abri贸 un camino nuevo a la acci贸n de la Iglesia, cuyo Pastor Supremo, como haciendo propias las dolencias, los gemidos y las aspiraciones de los humildes y de los oprimidos, se alz贸, como nunca antes, en abogado y defensor de sus derechos.
[9] Y hoy, aun habiendo pasado un largo periodo de tiempo, contin煤a todav铆a operante la eficacia de aquel Mensaje, no s贸lo en los documentos de los Pont铆fices sucesores de Le贸n XIII, que en sus ense帽anzas sociales se refieren continuamente a la Enc铆clica leoniana, ya para inspirarse en ella, ya para aclarar su alcance, siempre para proporcionar incentivo a la acci贸n de los cat贸licos; sino tambi茅n en los ordenamientos jur铆dicos mismos de los pueblos. Prueba de ello es el que los principios cuidadosamente profundizados, las directrices hist贸ricas y los paternos llamamientos contenidos en la magistral Enc铆clica de Nuestro Predecesor, todav铆a hoy conservan su primitivo valor; m谩s a煤n, sugieren nuevos y vitales criterios con que los hombres se pongan en grado de juzgar rectamente el contenido y las proporciones de la cuesti贸n social, tal como hoy se presenta, y se decidan a asumir la correspondiente responsabilidad.
3. [10] Le贸n XIII habl贸 en a帽os de transformaciones radicales, de fuertes contrastes y de acerbas rebeliones. Las sombras de aquel tiempo nos hacen apreciar m谩s claramente la luz que dimana de su ense帽anza.
[11] Como es sabido, en aquel entonces la concepci贸n del mundo econ贸mico, m谩s difundida y puesta por obra en mayor escala, era una concepci贸n naturalista, que niega toda relaci贸n entre la moral y la econom铆a. Motivo 煤nico de la acci贸n econ贸mica, se afirmaba, es el provecho individual. Ley suprema reguladora de las relaciones entre los factores econ贸micos es una libre concurrencia sin l铆mite alguno. Intereses de los capitales, precios de las mercanc铆as y de los servicios, ganancias y salarios se determinan pura y mec谩nicamente seg煤n las leyes del mercado. El Estado debe abstenerse de cualquier intervenci贸n en el campo econ贸mico. Las asociaciones sindicales, seg煤n las diversas naciones, o se prohiben, o se toleran o se consideran tan s贸lo como de derecho privado.
[12] En un mundo econ贸mico as铆 concebido, la ley del m谩s fuerte encontraba plena justificaci贸n en el plano te贸rico y dominaba el terreno de las relaciones concretas entre los hombres. De lo cual resultaba un orden econ贸mico totalmente turbado, desde sus mismas ra铆ces.
[13] Y as铆, mientras riquezas incontables se acumulaban en manos de unos pocos, las clases trabajadoras se encontraban en condiciones de creciente malestar. Salarios insuficientes o de hambre, agotadoras condiciones de trabajo y sin ninguna consideraci贸n a la salud f铆sica, a la moral y a la fe religiosa. Inhumanas, sobre todo, las condiciones de trabajo a las que frecuentemente eran sometidos los ni帽os y las mujeres. Siempre surg铆a amenazador el espectro del paro. La familia, sujeta a un proceso de desintegraci贸n.
[14] Como consecuencia, profunda insatisfacci贸n entre las clases trabajadoras, en las cuales cund铆a y se aumentaba el esp铆ritu de protesta y de rebeld铆a. Esto explica por qu茅 entre aquellas clases encontraban amplio favor las teor铆as extremistas que propon铆an remedios peores que los males que hab铆an de corregirse.
4. [15] En aquel conflicto toc贸 a Le贸n XIII publicar su Mensaje social -la Rerum novarum- fundado en la misma naturaleza humana, y ajustado a los principios y al esp铆ritu del Evangelio; Mensaje que al aparecer suscit贸, aun entre no sorprendentes oposiciones, universal admiraci贸n y entusiasmo.
Ciertamente no era la primera vez que la Sede Apost贸lica descend铆a al campo de los interereses terrenales, en defensa de los d茅biles. Ya otros documentos del mismo Le贸n XIII hab铆an allanado el camino; pero entonces se formul贸 una s铆ntesis org谩nica de los principios y una perspectiva hist贸rica tam amplia que hacen de la enc铆clica Rerum novarum una suma del Catolicismo en el campo econ贸mico-social.
[16] No fue aquel un acto sin audacia. Mientras algunos osaban acusar a la Iglesia cat贸lica de que, frente a la cuesti贸n social se limitaba a predicar a los pobres la resignaci贸n y a exhortar a los ricos a la generosidad, Le贸n III no dud贸 en proclamar y defender los leg铆timos derechos de los obreros.
Y al entrar a exponer los principios de la doctrina cat贸lica en el campo social declaraba solemnemente: Con plena confianza, y por propio derecho Nuestro, entramos a tratar de esta materia: se trata ciertamente de una cuesti贸n en la que no es aceptable ninguna soluci贸n, si no se recurre a la religi贸n y a la Iglesia12.
[17] Muy bien conoc茅is, Venerables Hermanos, aquellos principios b谩sicos expuestos por el inmortal Pont铆fice con tanta claridad como autoridad, seg煤n los cuales debe reconstruirse el sector econ贸mico-social de la humana convivencia.
[18] Primero miran al trabajo, que debe ser valorado y tratado no como una mercanc铆a, sino como directa actuaci贸n de la persona humana. Para la gran mayor铆a de los hombres, el trabajo es la 煤nica fuente de la que obtienen los medios de subsistencia; por esto su remuneraci贸n no puede dejarse a merced del juego mec谩nico de las leyes del mercado, sino que se debe determinar seg煤n la justicia y la equidad, las cuales en caso contrario quedar铆an profundamente lesionadas, aunque el contrato de trabajo hubiese sido estipulado libremente por las dos partes.
[19] A ello se a帽ade que la propiedad privada, incluso la de los bienes de producci贸n, es un derecho natural que el Estado no puede suprimir. Es intr铆nseca a ella una funci贸n social; por lo cual es un derecho que se ejercita no s贸lo en provecho propio, sino tambi茅n en el de los dem谩s.
[20] El Estado, cuya raz贸n de ser es la realizaci贸n del bien com煤n en el orden temporal, no puede permanecer ausente del mundo econ贸mico; debe estar presente en 茅l para promover con oportunidad la producci贸n de una suficiente abundancia de bienes materiales, cuyo uso es necesario para practicar las virtudes13 y para tutelar los derechos de todos los ciudadanos, sobre todo de los m谩s d茅biles: tales son los obreros, las mujeres, los ni帽os. Es tambi茅n deber indeclinable suyo contribuir activamente al mejoramiento de las condiciones de vida de los obreros.
[21] Corresponde, adem谩s, al Estado procurar que los contratos de trabajo est茅n regulados seg煤n la justicia y la equidad, y que en los lugares de trabajo no sufra mengua, en el cuerpo ni en el esp铆ritu, la dignidad de la persona humana. A este respecto, en la Enc铆clica leoniana se se帽alan las l铆neas seg煤n las cuales se ha estructurado, no siempre en la misma forma, la legislaci贸n social de las Comunidades pol铆ticas en la 茅poca contempor谩nea; l铆neas que, como ya observaba P铆o XI en la enc铆clica Quadragesimo anno14, han contribuido eficazmente al nacimiento y al desarrollo de la nueva y nobil铆sima rama del derecho, llamada el Derecho laboral.
[22] A los trabajadores, se afirma asimismo en la Enc铆clica, se les reconoce como natural el derecho de formar asociaciones, ya exclusivamente de obreros, ya mixtas de obreros y patronos; y tambi茅n el derecho ya de conferirles la estructura y organizaci贸n que juzgaren m谩s id贸nea para asegurar sus leg铆timos intereses econ贸mico-profesionales, ya de moverse con autonom铆a y por propia iniciativa en el interior de las mismas, en la forma m谩s favorable a sus intereses.
[23] Obreros y empresarios deben regular sus mutuas relaciones inspir谩ndose en el principio de la solidaridad humana y de la fraternidad cristiana, ya que tanto la concurrencia de tipo liberal como la lucha de clases de tipo marxista son antinaturales y muy contrarias a las ense帽anzas cristianas.
[24] Tales son, Venerables Hermanos, los principios fundamentales seg煤n los cuales se rige un verdadero orden econ贸mico-social.
[25] Por lo tanto, no debe extra帽ar que los cat贸licos m谩s capaces, atentos al llamamiento de la Enc铆clica, hayan dado vida a muchas iniciativas para traducir en realidad aquellos principios. Y sobre la misma l铆nea se han movido tambi茅n, bajo el impulso de exigencias objetivas de la misma naturaleza, hombres de buena voluntad de todos los Pa铆ses del mundo.
[26] Con raz贸n, pues, la Enc铆clica ha sido y es a煤n reconocida como la Carta magna15 de la verdadera instauraci贸n de un nuevo orden econ贸mico-social.
5. [27] P铆o XI, Nuestro Predecesor de s. m., a cuarenta a帽os de distancia, conmemora la enc铆clica Rerum novarum con un nuevo documento solemne: la enc铆clica Quadragesimo anno16.
[28] En este documento, el Sumo Pont铆fice confirma que la Iglesia tiene el derecho y el deber de aportar su insustituible concurso a la feliz soluci贸n de los apremiantes y grav铆simos problemas sociales que angustian a la familia humana; corrobora los principios fundamentales y las directrices hist贸ricas de la Enc铆clica leoniana; aprovecha, adem谩s, la ocasi贸n para precisar algunos puntos de doctrina, sobre los cuales hab铆an surgido dudas entre los cat贸licos, y para desarrollar el pensamiento social cristiano conforme a las nuevas circunstancias de los tiempos.
[29] Las dudas se refer铆an, en modo especial, a la propiedad privada, al r茅gimen de salarios, a la conducta de los cat贸licos ante una determinada forma de socialismo moderado.
[30] En cuanto a la propiedad privada, Nuestro Predecesor confirma el car谩cter de derecho natural, que le compete, y acent煤a su aspecto social y su funci贸n respectiva.
[31] Respecto al r茅gimen de salarios, rechaza la tesis que lo califica de injusto por naturaleza; pero reprueba las formas inhumanas e injustas con que no pocas veces se ha llevado a la pr谩ctica; ratifica y desarrolla los criterios en que debe inspirarse y las condiciones que deben cumplirse para que, en 茅l, no sean quebrantadas la justicia y equidad.
[32] En esta materia, claramente indica Nuestro Predecesor que en las presentes circunstancias es oportuno suavizar el contrato de trabajo con elementos tomados del contrato de sociedad, de tal manera que los obreros lleguen a participar, ya en la propiedad, ya en la administraci贸n, ya en una cierta proporci贸n de las ganancias logradas17.
[33] Hay que considerar asimismo de suma importancia doctrinal y pr谩ctica esta su afirmaci贸n de que el trabajo no se estimar谩 en justicia ni se remunerar谩 con equidad, si no se atiende a su car谩cter individual y social18. Por consiguiente, al determinar la remuneraci贸n, declara el Pont铆fice, la justicia exige que se tengan muy presentes, adem谩s de las necesidades individuales de los trabajadores y su responsabilidad familiar, las condiciones de los organismos productores, donde los trabajadores ejercen su actividad, y las exigencias del bien econ贸mico p煤blico19.
[34] El Pont铆fice proclama que la oposici贸n entre comunismo y Cristianismo es radical, y concreta que de ning煤n modo puede admitirse que los cat贸licos militen en las filas del socialismo moderado: ya porque es una concepci贸n de la vida limitada al 谩mbito del tiempo, en la que el bienestar material se estima como supremo objetivo de la sociedad; ya porque en 茅l se propugna una organizaci贸n social de la convivencia atendiendo 煤nicamente al fin de la producci贸n, con grave perjuicio de la libertad humana; ya porque en 茅l falta todo principio de verdadera autoridad social.
[35] Pero no escapa a la atenci贸n de P铆o XI que en los cuarenta a帽os pasados desde la promulgaci贸n de la Enc铆clica leoniana la situaci贸n hist贸rica hab铆a sufrido un profundo cambio. Efectivamente, la libre concurrencia, en virtud de una dial茅ctica que le era intr铆nseca, hab铆a terminado por destruirse o casi destruirse a s铆 misma; hab铆a conducido a una gran concentraci贸n de la riqueza y a la acumulaci贸n de un poder econ贸mico enorme en manos de pocos, y 茅stos muchas veces no son ni due帽os siquiera, sino s贸lo depositarios y administradores, que rigen el capital a su voluntad y arbitrio20.
[36] Por lo tanto, como acertadamente observa el Sumo Pont铆fice, la libre concurrencia se ha destrozado a s铆 misma: la prepotencia econ贸mica ha suplantado al mercado libre; al deseo de lucro ha sucedido la ambici贸n del predominio; toda la econom铆a se ha hecho extremadamente dura, cruel, implacable21, determinando la sumisi贸n de los poderes p煤blicos a los intereses de grupo, y desembocando en el imperialismo internacional del dinero.
[37] Para poner remedio a tal situaci贸n, el Supremo Pastor indica como principios fundamentales la reinserci贸n del mundo econ贸mico en el orden moral y el logro de los intereses, individuales y de grupo, dentro del 谩mbito del bien com煤n. Esto lleva consigo, seg煤n sus ense帽anzas, el reajuste de la convivencia mediante la reconstrucci贸n de organismos intermedios aut贸nomos con fines econ贸mico-profesionales, creados libremente por los respectivos miembros y no impuestos por el Estado; el restablecimiento de la autoridad de los poderes p煤blicos en el desenvolvimiento de las funciones que son de su competencia respecto a la realizaci贸n del bien com煤n; la colaboraci贸n en el plano mundial entre las Comunidades pol铆ticas, aun en el campo econ贸mico.
[38] Mas los motivos de fondo que caracterizan la magistral Enc铆clica de P铆o XI pueden reducirse a dos. Primer motivo: que no se puede tomar como criterio supremo de la actividad y de las instituciones del mundo econ贸mico el inter茅s individual o de grupo, ni la libre concurrencia, ni el predominio econ贸mico, ni el prestigio de la naci贸n o su potencia, ni otros criterios semejantes.
[39] En cambio, se consideran criterios supremos de estas actividades y de estas instituciones la justicia y la caridad sociales.
[40] Segundo motivo: que debemos afanarnos por dar vida a un ordenamiento jur铆dico -interno e internacional, con un complejo de instituciones estables, tanto p煤blicas como privadas- inspirado en la justicia social, con el cual vaya acorde la econom铆a, de tal manera que resulte menos dif铆cil a los economistas desarrollar sus actividades en armon铆a con las exigencias de la justicia, dentro de la esfera del bien com煤n.
6. [41] Tambi茅n ha contribuido no poco P铆o XII, Predecesor Nuestro de v. m., a definir y a desarrollar la doctrina social cristiana. El 1 de junio de 1941, en la solemnidad de Pentecost茅s, transmit铆a un radiomensaje para llamar la atenci贸n del mundo cat贸lico sobre una conmemoraci贸n que merece esculpirse con caracteres de oro en los fastos de la Iglesia; esto es, sobre el quincuag茅simo aniversario de la publicaci贸n... de la fundamental enc铆clica social Rerum novarum, de Le贸n XIII...22; y para dar a Dios Omnipotente... humildes gracias por el don que... prodig贸 a la Iglesia con aquella Enc铆clica de su Vicario en la tierra, y para alabarlo por el soplo del Esp铆ritu renovador que por medio de ella se derram贸 desde entonces m谩s creciente sobre la humanidad entera23.
[42] En el radiomensaje el gran Pont铆fice reivindica para la Iglesia la indiscutible competencia para juzgar si las bases de un determinado ordenamiento social est谩n de acuerdo con el orden inmutable que Dios Creador y Redentor ha manifestado por medio del derecho natural y de la revelaci贸n24; confirma la perenne vitalidad y la inagotable fecundidad de las ense帽anzas de la enc铆clica Rerum novarum, y aprovecha la ocasi贸n para dar ulteriores directrices morales sobre tres valores fundamentales de la vida social y econ贸mica..., que se entrecruzan, se unen y completan mutuamente. Estos son: el uso de los bienes materiales, el trabajo, la familia25.
[43] Por lo que se refiere al uso de los bienes materiales, Nuestro Predecesor afirma que el derecho de cada hombre a usar de estos bienes para su sustento obtiene prioridad frente a cualquier otro derecho de contenido econ贸mico; y esto tambi茅n frente al derecho de propiedad. Ciertamente, a帽ade Nuestro Predecesor, tambi茅n el derecho de propiedad sobre los bienes es un derecho natural; sin embargo, seg煤n el orden objetivo establecido por Dios, el derecho de propiedad est谩 dispuesto de tal manera que no puede constituir obst谩culo para que sea satisfecha la ineludible exigencia de que los bienes, creados por Dios para todos los hombres, equitativamente afluyan a todos, seg煤n los principios de la justicia y de la caridad26.
[44] En orden al trabajo, reiterando la doctrina de la Enc铆clica leoniana, P铆o XII confirma que es un deber y un derecho de cada uno de los seres humanos. Luego a 茅stos corresponde, en primer t茅rmino, regular sus mutuas relaciones de trabajo. S贸lo en el caso de que los interesados no cumplan o no puedan cumplir su funci贸n, corresponde... al Estado, como deber suyo, el intervenir en el campo, en la divisi贸n y en la distribuci贸n del trabajo, seg煤n la forma y medida que requiera el bien com煤n rectamente entendido27.
[45] Por lo que se refiere a la familia, el Sumo Pont铆fice afirma que la propiedad privada de los bienes materiales tambi茅n debe ser considerada como espacio vital de la familia; es decir, como un medio id贸neo para asegurar al padre de familia la sana libertad de que tiene necesidad para cumplir los deberes que el Creador le ha se帽alado, concernientes al bienestar f铆sico, espiritual y religioso de la familia28. Esto determina asimismo el derecho que tiene la familia de emigrar. Sobre este punto Nuestro Predecesor advierte que si los Estados, tanto los que permiten la emigraci贸n como los que acogen a los emigrados, procuran eliminar cuanto pueda ser impedimento a que surja y se desenvuelva una verdadera confianza29 entre s铆 mismos, de ello se seguir谩 una utilidad rec铆proca, que contribuir谩 tambi茅n a aumentar el bienestar humano y el progreso de la cultura.
7. [46] El estado de las cosas, ya tan cambiado en la 茅poca de la conmemoraci贸n hecha por P铆o XII, ha sufrido en estos veinte a帽os profundas innovaciones, as铆 en lo interior de las Comunidades pol铆ticas, como en sus mutuas relaciones.
[47] En el campo cient铆fico-t茅cnico-econ贸mico: el descubrimiento de la energ铆a nuclear, sus primeras aplicaciones a fines b茅licos, su sucesiva y creciente utilizaci贸n para usos civiles; las ilimitadas posibilidades descubiertas por la qu铆mica en las producciones sint茅ticas; el extenderse la automatizaci贸n y la automaci贸n en el sector industrial y en el de los servicios; la modernizaci贸n de la agricultura; la casi total desaparici贸n de las distancias en las comunicaciones, sobre todo por efecto de la radio y de la televisi贸n; la rapidez creciente de los transportes; la conquista iniciada de los espacios interplanetarios.
[48] En el campo social: el desarrollo de los sistemas de seguros sociales, y, en algunas Comunidades pol铆ticas econ贸micamente desarrolladas, la instauraci贸n de sistemas de seguridad social; en los movimientos sindicales, la formaci贸n y acrecentamiento de una actitud de responsabilidad respecto a los mayores problemas econ贸mico-sociales; una progresiva elevaci贸n de la instrucci贸n b谩sica; un bienestar cada vez m谩s extendido; la creciente movilidad social y la consiguiente reducci贸n de las distancias entre las clases; el inter茅s del hombre de cultura media por los hechos cotidianos de dimensiones mundiales. Adem谩s, la aumentada influencia de los sistemas econ贸micos en un n煤mero siempre creciente de Comunidades pol铆ticas hace resaltar m谩s los desequilibrios econ贸mico-sociales entre el sector de la agricultura, por una parte, y el sector de la industria y de los servicios, por otra; entre zonas econ贸micamente desarrolladas y zonas econ贸micamente menos desarrolladas en el interior de cada una de las Comunidades pol铆ticas; y, en el plano mundial, los desequilibrios econ贸mico-sociales, a煤n m谩s estridentes, entre los Pa铆ses econ贸micamente avanzados y los Pa铆ses econ贸micamente en v铆as de desarrollo.
[49] En el campo pol铆tico: la participaci贸n de un siempre creciente n煤mero de ciudadanos de diversas condiciones sociales en la vida p煤blica de muchas Comunidades pol铆ticas; la extensi贸n y profundizaci贸n, cada vez mayor, de la acci贸n de los poderes p煤blicos en el campo econ贸mico-social. A esto se a帽ade, adem谩s, en el plano internacional, el ocaso de los reg铆menes coloniales y la independencia pol铆tica que han obtenido los pueblos de Asia y Africa; la multiplicaci贸n y la intensificaci贸n de las relaciones entre los pueblos y la profundizaci贸n de su interdependencia; el nacimiento y desarrollo de una red cada vez m谩s rica en organismos de dimensiones mundiales, con tendencia a inspirarse en criterios supranacionales: organismos con fines econ贸micos, sociales, culturales y cient铆ficos, o, finalmente, pol铆ticos.
8. [50] Nos, por lo tanto, sentimos el deber de mantener viva la antorcha encendida por Nuestros grandes Predecesores, y de exhortar a todos para que en sus documentos busquen impulso y orientaci贸n para resolver la cuesti贸n social en la forma m谩s conforme a las necesidades de nuestro tiempo. Por este motivo, al conmemorar en forma solemne la Enc铆clica leoniana, Nos complacemos en aprovechar esta ocasi贸n para confirmar y precisar puntos de doctrina ya expuestos por Nuestros Predecesores, y, al mismo tiempo, desarrollar el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y m谩s importantes problemas del actual momento.
9. [51] Ante todo, debe afirmarse que el mundo econ贸mico es creaci贸n de la iniciativa personal de cada uno de los ciudadanos, ya en su actividad individual, ya en el seno de las diversas asociaciones para el logro de intereses comunes.
[52] En 茅l, sin embargo, por las razones ya aducidas por Nuestros Predecesores, deben estar tambi茅n activamente presentes los poderes p煤blicos a fin de promover, en las formas debidas, el desarrollo productivo en funci贸n del progreso social para beneficio de todos los ciudadanos.
[53] Su acci贸n, tiene car谩cter de orientaci贸n, de est铆mulo, de coordinaci贸n, de suplencia y de integraci贸n. Debe inspirarse en el principio de subsidiariedad30 formulado por P铆o XI en la enc铆clica Quadragesimo anno: Queda en la filosof铆a social fijo y permanente aquel important铆simo principio que ni puede ser suprimido ni alterado; como es il铆cito quitar a los particulares lo que con su propia iniciativa y propia industria pueden realizar para encomendarlo a la comunidad, as铆 tambi茅n es injusto, y al mismo tiempo de grave perjuicio y perturbaci贸n para el recto orden social, confiar a una sociedad mayor y m谩s elevada lo que pueden hacer y procurar comunidades menores e inferiores. Toda acci贸n de la sociedad debe, por su naturaleza, prestar auxilio a los miembros del cuerpo social, mas nunca absorberlos y destruirlos31.
[54] Es verdad que los actuales avances cient铆ficos y de las t茅cnicas de producci贸n ofrecen a los poderes p煤blicos mayores posibilidades concretas de reducir los desniveles entre los diversos sectores de la producci贸n, entre las diversas zonas dentro de las Comunidades pol铆ticas y entre las diversas Naciones en el plano mundial; como tambi茅n de contener las oscilaciones en el sucederse de las situaciones econ贸micas, y de afrontar con esperanza de resultados positivos los fen贸menos de la desocupaci贸n de masas. Por consiguiente, los poderes p煤blicos, responsables del bien com煤n, no pueden menos de sentirse obligados a desenvolver en el campo econ贸mico una acci贸n multiforme, m谩s vasta, m谩s profunda y m谩s org谩nica, como tambi茅n a acomodar a esta finalidad las instituciones, los empleos, los instrumentos y los m茅todos de acci贸n.
[55] Pero siempre debe afirmarse el principio de que la presencia del Estado en el campo econ贸mico, por extensa y profunda que sea, no se encamina a empeque帽ecer cada vez m谩s la esfera de la libertad en la iniciativa personal de los individuos, sino m谩s bien a garantizar a esa esfera la mayor amplitud posible, tutelando efectivamente, para todos y cada uno, los derecho esenciales de la persona; entre los cuales se ha de reconocer el derecho que cada persona tiene de ser y permanecer normalmente como primer responsable de su propia manutenci贸n y de la de su propia familia, lo cual exige que en los sistemas econ贸micos est茅 permitido y facilitado, a cada individuo, el libre desarrollo de la actividad de una profesi贸n provechosa.
[56] Por lo dem谩s, la misma evoluci贸n hist贸rica pone de relieve cada vez con mayor claridad que, entre los hombres, no puede existir una convivencia ordenada y fecunda sin una cooperaci贸n, en el campo econ贸mico, as铆 de los particulares como de los poderes p煤blicos; aportaci贸n simult谩nea, concordemente realizada y proporcional a las exigencias del bien com煤n, todo ello seg煤n las variables condiciones de los tiempos y de las costumbres.
[57] Y as铆 es como la experiencia atestigua frecuentemente que, donde falta la iniciativa personal de los particulares, domina la tiran铆a pol铆tica; pero hay, adem谩s, estancamiento de los sectores econ贸micos destinados a producir, sobre todo, la gama indefinida de los bienes de consumo y de los servicios que se refieren no s贸lo a las necesidades materiales, sino tambi茅n a las exigencias del esp铆ritu: bienes y servicios que exigen, de un modo especial, la genialidad creadora de los individuos.
[58] En cambio, donde falta o es defectuosa -en el orden econ贸mico- la debida actuaci贸n del Estado, reina un desorden irremediable, con el abuso de los d茅biles por parte de los fuertes menos escrupulosos, que prosperan en todas tierras y en todos tiempos, como la ciza帽a entre el trigo.
10. [59] Uno de los aspectos t铆picos que caracterizan a nuestra 茅poca es la "socializaci贸n", entendida como un progresivo multiplicarse de las relaciones de convivencia, con diversas formas de vida y actividad asociada, e institucionalizaci贸n jur铆dica. Como origen y fuente de este hecho aparecen m煤ltiples factores hist贸ricos, entre los que deben contarse los progresos cient铆fico-t茅cnicos, una mayor eficiencia productiva y un nivel de vida m谩s alto en los ciudadanos.
[60] La "socializaci贸n" es al mismo tiempo reflejo y causa de una creciente intervenci贸n de los poderes p煤blicos aun en los sectores m谩s delicados, como los relativos a la sanidad, la intrucci贸n y la educaci贸n de las nuevas generaciones, la orientaci贸n profesional, los m茅todos para la reeducaci贸n y readaptaci贸n de sujetos en cualquier manera deficientes; pero es tambi茅n fruto y expresi贸n de una tendencia natural, casi incontenible, de los seres humanos: la tendencia a asociarse para conseguir los bienes que, siendo aspiraci贸n de cada uno, superan la capacidad y los medios de que aisladamente pueden disponer los individuos; tendencia, que ha dado vida, sobre todo en los 煤ltimos tiempos, a una rica serie de grupos, de movimientos, de asociaciones, de instituciones para fines econ贸micos, culturales y recreativos, sociales, deportivos, profesionales y pol铆ticos, que han surgido doquier, dentro de cada una de las Comunidades nacionales, y en el plano mundial.
11. [61] Es claro que la "socializaci贸n" as铆 entendida lleva consigo muchas ventajas. En efecto, hace que puedan satisfacerse muchos derechos de la persona, particularmente los llamados econ贸mico-sociales, como, por ejemplo, el derecho a los medios indispensables para el sustento humano, a la asistencia sanitaria, a una instrucci贸n b谩sica m谩s elevada, a una formaci贸n profesional m谩s completa, a la habitaci贸n, al trabajo, a un descanso conveniente, a la honesta recreaci贸n. Adem谩s, gracias a la organizaci贸n, cada vez m谩s perfecta, de los medios modernos de la difusi贸n, del pensamiento -prensa, cine, radio, televisi贸n- los particulares pueden participar en los acontecimientos humanos de esfera mundial, y ello doquier se encuentren.
[62] Pero al mismo tiempo la "socializaci贸n" multiplica las formas organizativas y hace cada vez m谩s circunstanciada la reglamentaci贸n jur铆dica de las mutuas relaciones entre todos los ciudadanos. Consiguientemente restringe el radio de la libertad en la actuaci贸n individual de cada hombre, y utliza medios, sigue m茅todos y crea ambientes que dificultan el que cada uno piense independientemente de los influjos externos, obre por iniciativa propia, ejercite su responsabilidad y afirme y enriquezca su persona. 驴Habr谩, pues, de concluirse que la "socializaci贸n", al crecer en amplitud y profundidad, convertir谩 necesariamente a los hombres en aut贸matas? Es una interrogaci贸n, a la cual se debe responder negativamente.
[63] La "socializaci贸n" no ha de considerarse como un producto de fuerzas naturales que obran fatalmente, sino que, como hemos observado, es creaci贸n de los hombres, seres conscientes, libres e inclinados naturalmente a obrar con responsabilidad, aunque en su acci贸n se ven obligados a reconocer y respetar las leyes del desarrollo econ贸mico y del progreso social y no pueden sustraerse del todo a las influencias del medio ambiente.
[64] Por lo cual creemos que la "socializaci贸n" puede y debe realizarse de modo que se obtengan las m谩ximas ventajas que consigo pueda traer, pero que se eviten o, por lo menos, se reduzcan cuanto posible sus efectos negativos.
[65] Mas para as铆 lograrlo, se requiere que en los hombres investidos de autoridad p煤blica presida y gobierne una recta concepci贸n del bien com煤n; concepci贸n, que ha de respetar el conjunto de las condiciones sociales que permiten y favorecen, en los seres humanos, el desarrollo integral de su persona. Creemos, adem谩s, necesario que los organismos intermedios y las m煤ltiples iniciativas sociales, en las cuales tiende ante todo a expresarse y realizarse la "socializaci贸n", gocen de una efectiva autonom铆a respecto a los poderes p煤blicos y vayan tras sus intereses espec铆ficos con relaciones de leal colaboraci贸n mutua, y en subordinaci贸n a las exigencias del bien com煤n. Y no es menos necesario que dichos organismos presenten el aspecto y el car谩cter de verdaderas comunidades, lo cual tan s贸lo se manifestar谩 cuando los respectivos miembros siempre sean tratados como personas y sean estimulados a tomar parte activa en su vida societaria.
[66] En el desarrollo de las formas organizativas de la sociedad contempor谩nea, el orden se realiza cada vez m谩s mediante el equilibrio renovado entre una exigencia de colaboraci贸n aut贸noma y activa de todos, individuos y grupos, y una oportuna actuaci贸n estatal, que coordina y dirige convenientemente la iniciativa privada.
[67] Si la "socializaci贸n" se cumple en el 谩mbito del orden moral siguiendo las l铆neas indicadas, no trae, de por s铆, peligros graves de cargas excesivas en da帽o de los ciudadanos como individuos; en cambio, contribuye a fomentar en ellos la afirmaci贸n y el desarrollo de las cualidades propias de la persona; adem谩s, se concreta en una reconstrucci贸n org谩nica de la convivencia que Nuestro predecesor P铆o XI en la enc铆clica Quadragesimo anno32 propon铆a y defend铆a como condici贸n indispensable para que queden satisfechas las exigencias de la justicia social.
12. [68] Profunda amargura embarga Nuestro 谩nimo ante el espect谩culo inmensamente triste de innumerables trabajadores de muchas Naciones y aun de Continentes enteros, a los cuales se les da un salario que les somete, a ellos y a sus familias, a condiciones de vida infrahumana. Esto, sin duda, se debe, adem谩s, al hecho de que en aquellas Naciones y en aquellos Continentes el proceso de la industrializaci贸n est谩 o en sus comienzos o todav铆a en fase no suficientemente avanzada.
[69] Pero en algunas de esas Naciones la abundancia y el lujo desenfrendado de unos pocos privilegiados contrastan de manera estridente y ofensiva con las condiciones de extremo malestar de los m谩s; en otras todav铆a hoy se obliga a la actual generaci贸n a vivir con privaciones inhumanas para aumentar la eficiencia de la econom铆a nacional seg煤n ritmos acelerados que sobrepasan los l铆mites que la justicia y la humanidad consienten; mientras en otras Naciones un elevado tanto por ciento de la renta se consume en robustecer o mantener un mal entendido prestigio nacional o se gastan sumas enormes en armamentos.
[70] Adem谩s, en las Naciones econ贸micamente desarrolladas no es raro comprobar c贸mo se fijan altas, y aun alt铆simas compensaciones por prestaciones de poco esfuerzo o de discutible valor, en tanto que al trabajo asiduo y provechoso de enteras categor铆as de ciudadanos honrados y trabajadores les corresponden muy bajas retribuciones, insuficientes o ciertamente no proporcionadas a lo que contribuyen al bien de la comunidad o a la renta de las respectivas empresas o al bien total de la econom铆a de la naci贸n.
[71] Por eso creemos deber Nuestro afirmar una vez m谩s que, as铆 como la retribuci贸n del trabajo no se puede abandonar enteramente a la ley del mercado, tampoco se puede fijar arbitrariamente, sino que debe determinarse conforme a justicia y equidad. Esto exige que a los trabajadores les corresponda una retribuci贸n tal que les permita un nivel de vida verdaderamente humano y hacer frente con dignidad a su responsabilidad familiar; pero exige adem谩s que, al determinar la retribuci贸n, se mire a su efectivo influjo en la producci贸n y a las condiciones econ贸micas de la empresa; a las exigencias del bien com煤n de las respectivas Comunidades pol铆ticas, particularmente en lo que toca a las repercusiones sobre el empleo total de las fuerzas laborales de toda la Naci贸n, as铆 como tambi茅n a las exigencias del bien com煤n universal, o sea, de las Comunidades internacionales de diversa naturaleza y amplitud.
[72] Claro est谩 que los criterios que acabamos de exponer valen siempre y en todas partes; pero no se puede determinar el grado en que deben ser aplicados, en los casos concretos, sin tener en cuenta la riqueza disponible: riqueza que, en cantidad y en calidad, puede variar y de hecho var铆a de Naci贸n a Naci贸n y dentro de una misma Naci贸n, de un tiempo a otro.
13. [73] Mientras las econom铆as de las diversas Naciones evolucionan r谩pidamente y con ritmo a煤n m谩s intenso despu茅s de la 煤ltima guerra, creemos oportuno llamar la atenci贸n sobre un principio fundamental, a saber: que al desarrollo econ贸mico debe ir unido y proporcionado el progreso social, de suerte que de los aumentos productivos puedan participar equitativamente todas las categor铆as de ciudadanos. Para ello es necesario vigilar atentamente y emplear los medios eficaces, de suerte que las desigualdades econ贸mico-sociales no aumenten, antes se aten煤en lo m谩s posible.
[74] Tambi茅n la econom铆a nacional -observa justamente Nuestro predecesor P铆o XII-, como fruto que es de la actividad de los hombres que trabajan unidos dentro de la comunidad del Estado, no tiene otro fin que asegurar sin interrupci贸n las condiciones materiales en que pueda desarrollarse plenamente la vida individual de los ciudadanos. Donde esto se lograre en forma duradera, el pueblo ser谩 econ贸micamente rico, porque el bienestar general y, por consiguiente, el derecho personal de todos al uso de los bienes terrenales, se realizar谩 entonces conforme a la finalidad establecida por el Creador33.
De donde se sigue que la riqueza econ贸mica de un pueblo no consiste tan s贸lo en la abundancia total de los bienes, sino tambi茅n, y a煤n m谩s, en la real y eficaz distribuci贸n seg煤n justicia para garant铆a del desarrollo personal de los miembros de la sociedad, pues tal es la verdadera finalidad de la econom铆a nacional.
[75] No podemos dejar de se帽alar aqu铆 el hecho de que hoy, en muchas econom铆as, las empresas medianas y grandes obtienen frecuentemente un r谩pido e ingente aumento de su capacidad de producci贸n gracias a la autofinanciaci贸n. En tal caso estimamos poder afirmar que a los obreros les sea reconocido un t铆tulo de cr茅dito frente a las empresas en las que trabajan, especialmente cuando se les da una retribuci贸n no superior al salario m铆nimo.
[76] Acerca de esto debe recordarse el principio propuesto en la enc铆clica Quadragesimo anno por Nuestro predecesor P铆o XI: Es completamente falso atribuir s贸lo al capital o s贸lo al trabajo lo que es un resultado de la eficaz colaboraci贸n de ambos; y es totalmente injusto que el uno o el otro, desconociendo la eficacia de la otra parte, trate de atribuirse a s铆 solo todo cuanto se logra34.
[77] La indicada exigencia de justicia puede ser cumplida de diversas maneras, sugeridas por la experiencia. Una de ellas, y de las m谩s deseables, consiste en hacer que los obreros, en las formas y en los grados m谩s oportunos, puedan llegar a participar en la propiedad de las mismas empresas, puesto que hoy, lo mismo y a煤n m谩s que en los tiempos de Nuestro Predecesor, con todo empe帽o y todo esfuerzo se ha de procurar que, al menos para lo futuro, las riquezas adquiridas se acumulen con medida equitativa en manos de los ricos, y se distribuyan con bastante profusi贸n entre los obreros35.
[78] Pero, adem谩s, debemos recordar que la proporci贸n justa entre la remuneraci贸n del trabajo y las rentas ha de realizarse en armon铆a con las exigencias del bien com煤n, as铆 de la propia Comunidad pol铆tica como de la entera familia humana.
[79] En un plano nacional deben considerarse como exigencias del bien com煤n: dar ocupaci贸n al mayor n煤mero de obreros; evitar que se constituyan categor铆as privilegiadas, incluso entre los obreros; mantener una adecuada proporci贸n entre salarios y precios y hacer accesibles bienes y servicios al mayor n煤mero de ciudadanos; eliminar o contener los desequilibrios entre los sectores de la agricultura, de la industria y de los servicios; realizar el equilibrio entre expansi贸n econ贸mica y desarrollo de los servicios p煤blicos esenciales; ajustar, en los l铆mites de lo posible, las estructuras productivas a los progresos de las ciencias y las t茅cnicas; lograr, finalmente, que las mejoras en el tenor de vida de la generaci贸n presente sean tales que preparen tambi茅n un porvenir mejor a las generaciones futuras.
[80] Son, en cambio, exigencias del bien com煤n en un plano mundial: evitar toda forma de concurrencia desleal entre las econom铆as de los varios Pa铆ses; favorecer la colaboraci贸n entre las econom铆as nacionales mediante convenios eficaces; cooperar al desarrollo econ贸mico de las Comunidades pol铆ticas econ贸micamente menos adelantadas.
[81] Es obvio que las indicadas exigencias del bien com煤n, as铆 en el plano nacional como en el mundial, tambi茅n han de tenerse en cuenta cuando se trata de determinar la parte de las utilidades que corresponde asignar, en forma de beneficios, a los responsables de la direcci贸n de las empresas; y, en forma de intereses o de dividendos, a los aportadores de capitales.
14. [82] Las normas de justicia han de regir no s贸lo en la distribuci贸n de la riqueza, sino tambi茅n en orden a la estructura de las empresas que desarrollan actividad productora. Porque a la naturaleza de los hombres va unida la exigencia de que, al desarrollar su actividad productora, tengan tambi茅n posibilidad de cumplir su propia responsabilidad y perfeccionar su propia persona.
[83] Por lo tanto, si las estructuras, el funcionamiento, los ambientes de un sistema econ贸mico, son tales que comprometan la dignidad humana de cuantos en 茅l despliegan su propia actividad, o les entorpezcan sistem谩ticamente el sentido de responsabilidad o les dificulten de alg煤n modo la manifestaci贸n de su iniciativa personal, tal sistema econ贸mico es injusto, aun en la hip贸tesis de que la riqueza que produzca alcance un alto nivel y sea distribuida seg煤n criterios de justicia y equidad.
15. [84] No es posible determinar en un solo esquema las estructuras de un sistema econ贸mico que mejor respondan a la dignidad de los hombres y sean m谩s id贸neas para desarrollar en ellos el sentido de responsabilidad. Sin embargo, Nuestro Predecesor P铆o XII traza oportunamente esta directriz:
En la agricultura, en las artes y en los oficios, en el comercio y en la industria, hay que garantizar y promover la peque帽a y la mediana propiedad; las uniones cooperativas deben asegurarles los beneficios de las grandes empresas; y... ha de ofrecerse la posibilidad de moderar el contrato de trabajo mediante un contrato de sociedad36.
16. [85] Por lo tanto, se deben conservar y promover, en armon铆a con el bien com煤n y dentro de las posibilidades t茅cnicas, la empresa artesana, la empresa agr铆cola de dimensiones familiares; y tambi茅n las iniciativas cooperativas, que son el complemento y perfecci贸n de las dos precedentes.
[86] M谩s adelante hablaremos de la empresa agr铆cola de dimensiones familiares. Aqu铆 creemos oportuno hacer alguna indicaci贸n tocante a la empresa artesana y a la cooperativa.
[87] Ante todo, se debe notar bien que ambas empresas, para ser vitales, deben incesantemente ajustarse, as铆 en las estructuras como en su funcionamiento y en la producci贸n, a las situaciones siempre nuevas determinadas por los progresos de las ciencias y de las t茅cnicas, y tambi茅n por las mudables exigencias y preferencias de los consumidores: acci贸n de reajuste, que debe ser realizada en primer lugar por los propios artesanos y por los propios cooperativistas.
[88] Para tal fin, es necesario que unos y otros tengan buena formaci贸n en el aspecto t茅cnico y en el humano, y que est茅n profesionalmente organizados; y es tambi茅n indispensable que se realice una conveniente pol铆tica econ贸mica relativa sobre todo a la instrucci贸n, los impuestos, el cr茅dito y los seguros sociales.
[89] Por otra parte, la acci贸n de los poderes p煤blicos en favor de los artesanos y los cooperativistas halla su justificaci贸n, adem谩s, en el hecho de que unos y otros son portadores de genuinos valores humanos y contribuyen al progreso de la civilizaci贸n.
[90] Invitamos, por tales razones, con paternal 谩nimo a Nuestros car铆simos hijos artesanos y cooperativistas, esparcidos por todo el mundo, a que sean muy conscientes de la nobleza de su profesi贸n y de su valiosa contribuci贸n, para que mantengan firmes en las Comunidades nacionales el sentido de la responsabilidad y el esp铆ritu de colaboraci贸n y permanezca en ellos ardiente la aspiraci贸n a producir obras de un trabajo fino y original.
17. [91] Adem谩s, movi茅ndonos en la direcci贸n trazada por Nuestros Predecesores, tambi茅n Nos consideramos que es leg铆tima en los obreros la aspiraci贸n a participar activamente en la vida de las empresas, en las que est谩n incorporadas y trabajan. No es posible prefijar los modos y grados de tal participaci贸n, pues se hallan en relaci贸n con la situaci贸n concreta que cada empresa presente; situaci贸n, que puede variar de una empresa a otra, y que en lo interior de cada empresa est谩 sujeta a cambios, a menudo r谩pidos y fundamentales. Creemos, sin embargo, oportuno llamar la atenci贸n sobre el hecho de que el problema de la presencia activa de los obreros existe siempre, sea p煤blica o privada la empresa; y, en cada caso, se debe tender a que la empresa llegue a ser una verdadera asociaci贸n humana, que con su esp铆ritu influya profundamente en las relaciones, funciones y deberes de cada uno de sus individuos.
[92] Esto exige que las relaciones entre los empresarios y dirigentes, por una parte, y los dadores de obra, por la otra, lleven en cada empresa el sello del respeto, la estima, la comprensi贸n, la leal y activa colaboraci贸n e inter茅s como en una obra com煤n; y que el trabajo sea concebido y vivido por todos los miembros de la empresa, no s贸lo como fuente de ingresos, sino tambi茅n como cumplimiento de un deber y prestaci贸n de un servicio. Eso implica tambi茅n que los obreros puedan hacer o铆r su voz y prestar su aportaci贸n para el eficiente funcionamiento y desarrollo de la empresa.
Observaba Nuestro predecesor P铆o XII: La funci贸n econ贸mica y social que todo hombre aspira a realizar exige que el desarrollo de la actividad de cada uno no est茅 totalmente sometido a una voluntad ajena37.
Una concepci贸n humana de la empresa debe, sin duda, salvaguardar la autoridad y la necesaria eficacia de la unidad de direcci贸n; pero no puede reducir a sus colaboradores de cada d铆a a la condici贸n de simples silenciosos ejecutores, sin posibilidad alguna de hacer valer su experiencia, enteramente pasivos respecto a las decisiones que dirigen su actividad.
[93] Conviene, por 煤ltimo, recordar que el ejercicio de la responsabilidad, por parte de los obreros, en los organismos de producci贸n, al mismo tiempo que responde a las leg铆timas exigencias propias de la naturaleza humana, est谩 tambi茅n en armon铆a con el desarrollo hist贸rico en el campo econ贸mico-social-pol铆tico.
[94] De lamentar es que, como ya hemos indicado y se ver谩 m谩s ampliamente despu茅s, no son pocos los desequilibrios econ贸mico-sociales que en nuestro tiempo ofenden a la justicia y a la humanidad, y profundos errores dan forma a la actividad, fines, estructuras y funcionamiento del mundo econ贸mico. No obstante, es un hecho indiscutible que los reg铆menes econ贸micos, por el impulso de los progresos cient铆fico-t茅cnicos, se van hoy modernizando y se tornan m谩s eficientes, con ritmo mucho m谩s r谩pido que en lo pasado. Esto exige de los obreros aptitudes y cualidades profesionales m谩s elevadas. Simult谩neamente, y como consecuencia, se ponen a su disposici贸n mayores medios y m谩s amplios m谩rgenes de tiempo para que se instruyan y se pongan al d铆a, para su cultura y su formaci贸n moral y religiosa.
[95] Se hace tambi茅n posible un aumento de los a帽os destinados a la instrucci贸n b谩sica y a la formaci贸n profesional de las nuevas generaciones.
[96] De ese modo se crea un ambiente humano que favorece en las clases trabajadoras el que puedan tomar funciones incluso de grave responsabilidad, en sus respectivas empresas; mientras las Comunidades pol铆ticas muestran cada vez mayor inter茅s en que todos los ciudadanos se sientan responsables de la realizaci贸n del bien com煤n en todos los sectores sociales.
18. [97] La 茅poca moderna ha logrado un amplio desarrollo del movimiento asociativo de los trabajadores y su reconocimiento general en los ordenamientos jur铆dicos de los diversos Pa铆ses y en el plano internacional, para los fines espec铆ficos de colaboraci贸n, sobre todo mediante el contrato colectivo. No podemos, sin embargo, dejar de hacer notar cu谩n oportuno o necesario es que la voz de los obreros tenga posibilidad de hacerse o铆r y escuchar m谩s all谩 del 谩mbito de cada empresa productora, y aun en cualquiera de los estratos nacionales.
[98] La raz贸n consiste en que cada uno de los organismos productores, por muy amplias que puedan ser sus dimensiones y elevada e influyente su eficiencia, est谩n vitalmente insertados en la estructura econ贸mico-social de las respectivas Comunidades pol铆ticas y condicionados por ella.
[99] Pero las resoluciones que m谩s influyen sobre aquella estructura no son tomadas en lo interior de cada uno de los organismos productores; son, por lo contrario, decididas por poderes p煤blicos o por instituciones que operan en plano mundial, o regional, o nacional, o de sector econ贸mico, o de categor铆a productora. De ah铆 la oportunidad o la necesidad de que, as铆 en los poderes p煤blicos como en las referidas instituciones, adem谩s de los que aportan capitales o de quienes representan sus intereses, tambi茅n se hallen presentes los obreros o quienes representan sus derechos, exigencias y aspiraciones.
[100] Nuestro afectuoso pensamiento y Nuestro paternal est铆mulo se dirigen hacia las asociaciones profesionales y los movimientos sindicales de inspiraci贸n cristiana, presentes y actuantes en diversos Continentes, y que en medio de muchas y a veces graves dificultades han sabido trabajar y contin煤an trabajando por la eficaz defensa de los intereses de las clases obreras y por su elevaci贸n material y moral, tanto en el 谩mbito de cada una de las Comunidades pol铆ticas como en el plano mundial.
[101] Con satisfacci贸n creemos obligado el poner bien de relieve que su meritoria obra no debe medirse tan s贸lo por sus resultados directos o inmediatos, f谩cilmente comprobables, sino tambi茅n por sus positivas repercusiones en todo el mundo del trabajo, en medio del cual difunde ideas rectamente orientadoras y al que lleva un impulso cristianamente renovador.
[102] Tal creemos, tambi茅n, que debe considerarse la acci贸n que Nuestros amados hijos ejercen con 谩nimo cristiano en otras Asociaciones profesionales y movimientos sindicales que, inspirados en los principios naturales de la convivencia, respetan -en lo moral y en lo religioso- la libertad de las conciencias.
[103] Y tambi茅n Nos complacemos en expresar Nuestro cordial aprecio hacia la Organizaci贸n Internacional del Trabajo (O. I. T.), que desde hace decenios presenta su eficaz y preciosa colaboraci贸n para instaurar en el mundo un orden econ贸mico-social ajustado a los principios de la justicia y de la humanidad, en el que encuentran su expresi贸n incluso las demandas leg铆timas de los obreros.
19. [104] En estos 煤ltimo decenios, como es sabido, la separaci贸n entre propiedad de los bienes de producci贸n y responsabilidades directivas en los mayores organismos econ贸micos se ha ido acentuando cada d铆a m谩s. Sabemos que esto crea dif铆ciles problemas de control por parte de los poderes p煤blicos para garantizar que los objetivos pretendidos por los dirigentes de las grandes organizaciones, sobre todo aquellas que mayor repercusi贸n tienen en la entera vida econ贸mica de una Comunidad pol铆tica, no est茅n en contraposici贸n con las exigencias del bien com煤n. Son problemas, como la experiencia atestigua, que se plantean igualmente tanto si los capitales que alimentan las grandes empresas son de propiedad de ciudadanos particulares como si proceden de entidades p煤blicas.
[105] Tambi茅n es verdad que no son pocos actualmente -y su n煤mero va creciendo- los ciudadanos que encuentran la raz贸n de mirar con serenidad el porvenir en el hecho de contar con la seguridad social o con otros sistemas de seguros; serenidad, que en otro tiempo se fundaba en la propiedad de patrimonios, siquiera fueran modestos.
[106] Por 煤ltimo, ha de observarse que en nuestros d铆as se aspira, m谩s que a convertirse en propietario de bienes, a adquirir capacidad profesional, y se tiene mayor confianza en los recursos que se obtienen del trabajo o de los derechos fundados en el trabajo que en las rentas cuya fuente es el capital o derechos fundados sobre el capital.
[107] Eso, por otra parte, est谩 en armon铆a con el car谩cter preeminente del trabajo como expresi贸n inmediata de la persona, frente al capital, que es un bien de orden instrumental, por su naturaleza; lo cual ha de ser considerado, por lo tanto, un paso hacia adelante en la civilizaci贸n humana.
[108] Los indicados aspectos que presenta el mundo econ贸mico han contribuido ciertamente a difundir la duda sobre si hoy ha dejado de ser v谩lido o ha perdido importancia un principio, del orden econ贸mico-social, constantemente ense帽ado y propugnado por Nuestros Predecesores, es decir, el principio en que se establece el derecho natural de la propiedad privada de los bienes, incluso de los bienes de producci贸n.
20. [109] Esa duda no tiene raz贸n de existir. El derecho de propiedad privada de los bienes, aun de los de producci贸n, tiene valor permanente, precisamente porque es derecho natural fundado sobre la prioridad ontol贸gica y de finalidad de los seres humanos particulares, respecto de la sociedad. Por otra parte, en vano se insistir铆a en la libre iniciativa privada en el campo econ贸mico, si a dicha iniciativa no le fuese permitido disponer libremente de los medios indispensables para su afirmaci贸n. Adem谩s, la historia y la experiencia atestiguan que, en los reg铆menes pol铆ticos que no reconocen el derecho de propiedad privada de los bienes incluso de producci贸n, son oprimidas y sofocadas las expresiones fundamentales de la libertad; por eso es leg铆timo deducir que 茅stas encuentran garant铆a y est铆mulo en aquel derecho.
[110] En esto halla su explicaci贸n el hecho de que ciertos movimientos pol铆tico-sociales que se proponen conciliar y hacer convivir la justicia con la libertad, y que eran hasta ayer netamente negativos respecto al derecho de propiedad privada de los bienes instrumentales, hoy, m谩s plenamente informados sobre la realidad social, rectifican su propia posici贸n y asumen, respecto a aquel derecho, una actitud substancialmente positiva.
[111] Hacemos, pues, Nuestras, en esta materia, las observaciones de Nuestro predecesor P铆o XII: Luego, cuando la Iglesia defiende el principio de la propiedad privada, persigue un alto fin 茅tico-social. Ella ya no pretende, pura y simplemente, mantener el actual estado de cosas, como si en 茅l viera la expresi贸n de la divina voluntad, ni proteger por principio al rico y al plut贸crata contra el pobre y el menesteroso; 隆muy al contrario! Pero la Iglesia persigue, ante todo, que la instituci贸n de la propiedad privada sea tal cual debe ser seg煤n los designios de la divina sabidur铆a y las disposiciones de la naturaleza38. Es decir, que sea garant铆a de la libertad esencial de la persona y al mismo tiempo un elemento insustituible del orden de la sociedad.
[112] Adem谩s, ya lo hemos advertido, hoy, en muchas Comunidades pol铆ticas, los procedimientos econ贸micos van aumentando r谩pidamente su eficiencia productora; pero, creciendo las ganancias, la justicia y la equidad exigen, seg煤n ya se ha visto, que dentro de los l铆mites consentidos por el bien com煤n sea tambi茅n elevada la remuneraci贸n del trabajo; ello permite m谩s f谩cilmente a los obreros ahorrar y formarse as铆 un patrimonio. No se comprende, por lo tanto, c贸mo puede ser negado el car谩cter natural de un derecho que halla su origen principal y su perenne alimentaci贸n en la fecundidad del trabajo; que constituye un medio apropiado para la afirmaci贸n de la persona humana y el ejercicio de la responsabilidad en todos los campo; un elemento de consistencia y de serenidad para la vida familiar y de pac铆fico y ordenado progreso en la convivencia.
21. [113] No basta afirmar el car谩cter natural del derecho de propiedad privada, incluso de los bienes de producci贸n, sino que tambi茅n se ha de propugnar insistentemente su efectiva difusi贸n entre todas las clases sociales.
[114] Seg煤n afirma Nuestro predecesor P铆o XII, la dignidad de la persona humana exige normalmente, como fundamento natural para vivir, el derecho al uso de los bienes de la tierra, al cual corresponde la obligaci贸n fundamental de otorgar a todos, en cuanto posible sea, una propiedad privada39; y, por otra parte, entre las exigencias que se derivan de la nobleza moral del trabajo, tambi茅n se halla comprendida la conservaci贸n y el perfeccionamiento de un orden social que haga posible una segura, aunque modesta, propiedad privada a todas las clases del pueblo40.
[115] Tanto m谩s debe propugnarse y realizarse la difusi贸n de la propiedad en un tiempo como el nuestro, en el cual, seg煤n ya se idnic贸, los sistemas econ贸micos de un n煤mero creciente de Comunidades pol铆ticas est谩n en camino de r谩pido desarrollo; por lo cual, si se utilizan recursos t茅cnicos, de diversa naturaleza pero de comprobada eficacia, no resulta dif铆cil promover iniciativas y llevar adelante una pol铆tica econ贸mico-social que aliente y facilite una m谩s amplia difusi贸n de la propiedad privada de bienes de consumo duraderos, de la vivienda, del predio [familiar], de los enseres propios de la empresa artesana y agr铆cola-familiar, de acciones en las sociedades grandes o medianas; como ya se est谩 practicando ventajosamente en algunas Comunidades pol铆ticas econ贸micamente desarrolladas y socialmente avanzadas.
22. [116] Cuanto se ha venido exponiendo no excluye, como es obvio, que tambi茅n el Estado y las dem谩s entidades p煤blicas puedan leg铆timamente poseer en propiedad bienes de producci贸n, especialmente cuando llevan consigo tal preponderancia econ贸mica que no se podr铆a, sin poner en peligro el bien com煤n, dejarlos en mano de los particulares41.
[117] En la 茅poca moderna existe la tendencia hacia una progresiva ampliaci贸n de la propiedad cuyo sujeto es el Estado u otras entidades de derecho p煤blico. Este hecho encuentra una explicaci贸n en el desarrollo de las funciones cada vez m谩s vastas que el bien com煤n exige a los poderes p煤blicos. Mas tambi茅n en esta materia debe seguirse el principio de la subsidiaridad, ya enunciado; seg煤n el cual, ni el Estado ni las otras entidades de derecho p煤blico deben extender su propiedad sino tan s贸lo cuando lo exigen motivos de manifiesta y verdadera necesidad del bien com煤n, y no con el fin de reducir la propiedad privada, y menos a煤n de eliminarla.
[118] Ni ha de olvidarse que las iniciativas de naturaleza econ贸mica del Estado y de otras entidades de derecho p煤blico deben confiarse a las personas que a una excepcionalmente s贸lida competencia junten una honradez ejemplar y un vivo sentido de responsabilidad para con el Pa铆s. Adem谩s de que sus actuaciones deben estar sujetas a un cuidadoso y constante control, incluso para evitar que en el seno de la propia organizaci贸n del Estado se formen centros de poder econ贸mico, con da帽o de su misma raz贸n de ser, que es el bien de la comunidad.
23. [119] Otro punto de doctrina propuesto constantemente por Nuestros Predecesores es que, al derecho de propiedad privada sobre los bienes, le es intr铆nsecamente inherente una funci贸n social. En efecto, en el plan de la creaci贸n, los bienes de la tierra est谩n destinados, ante todo, para el honesto sustento de todos los seres humanos, como sabiamente ense帽a Nuestro predecesor Le贸n XIII en la enc铆clica Rerum novarum:
Quienes han recibido de la munificencia de Dios mayor abundancia de bienes, ya exteriores y corporales, ya internos o espirituales, los han recibido a fin de servirse de ellos para su perfecci贸n, y al mismo tiempo como administradores de la divina Providencia, en beneficio de los dem谩s. Por lo tanto, el que tenga talento, cuide no callar; el que abundare en bienes, cuide no ser demasiado duro en el ejercicio de la misericordia; quien posee un oficio de que vivir, haga participante de sus ventajas y utilidades a su pr贸jimo42.
[120] En nuestro tiempo, tanto el Estado como las entidades de derecho p煤blico han extendido y siguen extendiendo el campo de su presencia e iniciativa; pero no por esto ha desaparecido, como algunos err贸neamente se inclinan a pensar, la raz贸n de ser de la funci贸n social de la propiedad privada, ya que dicha funci贸n social brota de la naturaleza misma del derecho de propiedad. Adem谩s, siempre hay una amplia variedad de situaciones dolorosas y de necesidade delicadas y a la par agudas, que las formas oficiales de la acci贸n p煤blica no pueden alcanzar, y que, en todo caso, no est谩n capacitadas para satisfacer; por lo cual siempre queda abierto un vasto campo para la sensibilidad humana y la caridad cristiana de los particulares. Por 煤ltimo, ha de observarse que, para la promoci贸n de los valores espirituales son a menudo m谩s fecundas las m煤ltiples iniciativas de personas aisladas o de grupos, que la acci贸n de los poderes p煤blicos.
[121] Nos complacemos aqu铆 en recordar c贸mo en el Evangelio es considerado leg铆timo el derecho de propiedad privada sobre los bienes; pero al mismo tiempo el Maestro Divino dirige frecuentemente a los ricos apremiantes llamadas para que muden en bienes espirituales, sus bienes materiales, d谩ndolos a los necesitados, bienes que el ladr贸n no roba, ni la polilla o el or铆n corroen y que ellos encontrar谩n aumentados en los graneros eternos del Padre Celestial: No amonton茅is tesoros en la tierra, donde la polilla y el gusano los consumen, o donde los ladrones perforan y roban. Antes bien, amontonad tesoros en el cielo: all铆 no hay ni la polilla ni el gusano que los consuman, ni ladrones que perforen y roben43. Y el Se帽or considerar谩 como hecha o negada a S铆 mismo, la caridad hecha o negada a los indigentes: En verdad yo os lo digo, en la medida en que lo hicisteis a uno de estos mis m谩s peque帽os hermanos, a M铆 lo hicisteis44.
24. [122] El desarrollo de la historia muestra cada vez m谩s c贸mo las exigencias de la justicia y la equidad no s贸lo ata帽en a las relaciones entre trabajadores dependientes y empresarios o dirigentes, sino que tambi茅n conciernen a las relaciones entre los diferentes sectores econ贸micos, y entre las zonas econ贸micamente m谩s desarrolladas y las zonas econ贸micamente menos desarrolladas dentro de una misma naci贸n; y, en el plano mundial, a las relaciones entre pa铆ses en diverso grado de desarrollo econ贸mico-social.
25. [123] En el plano mundial, no parece que la poblaci贸n agr铆cola-rural haya disminuido, en t茅rminos absolutos. No obstante, es indiscutible la existencia de un 茅xodo de la poblaci贸n agr铆cola-rural hacia los n煤cleos o centros urbanos, 茅xodo que se verifica en casi todos los Pa铆ses y que algunas veces adquiere proporciones multitudinarias y crea problemas humanos complejos, de dif铆cil soluci贸n, en lo que ata帽e a la vida y dignidad de los ciudadanos.
[124] Sabemos que a medida que progresa una econom铆a, disminuyen las fuerzas de trabajo aplicadas a la agricultura, mientras crece el porcentaje de las fuerzas de trabajo dedicadas a la industria y al sector de los servicios. Sin embargo, pensamos que el 茅xodo de la poblaci贸n del sector agr铆cola hacia otros sectores productivos, se debe a menudo, adem谩s de a las razones objetivas del desarrollo econ贸mico, a m煤ltiples factores, entre los cuales se cuentan el ansia de huir de un ambiente considerado cerrado y sin porvenir; el deseo de novedades y aventuras, de que est谩 pose铆da la presente generaci贸n; el atractivo de un r谩pido enriquecimiento; la ilusi贸n de vivir con mayor libertad, gozando de medios y facilidades que de ordinario ofrecen los n煤cleos y los centros urbanos. Pero, adem谩s, creemos que no es posible dudar de que dicho 茅xodo encuentra uno de sus factores en el hecho de que el sector agr铆cola, casi en todas partes, es un sector insuficientemente desarrollado, sea por lo que se refiere al 铆ndice de productividad de las fuerzas del trabajo, sea por lo que se refiere al tenor de vida de las poblaciones agr铆colas-rurales.
[125] De ah铆 un problema de fondo, que se plantea en casi todos los Estados: c贸mo proceder para que llegue a reducirse el desequilibrio en la eficiencia productiva, entre el sector agr铆cola, por una parte, y, por la otra, el sector de la industria y los servicios; y para que el tenor de vida de la poblaci贸n agr铆cola-rural se distancie lo menos posible del tenor de vida de los ciudadanos que obtienen su retribuci贸n del sector de la industria o del de los servicios; y que cuantos trabajan la tierra no padezcan un complejo de inferioridad, antes al contrario, est茅n bien persuadidos de que, tambi茅n dentro del ambiente agr铆cola-rural, pueden afirmar y perfeccionar su persona mediante su trabajo, y mirar confiados al porvenir.
[126] Nos parece, por lo mismo, oportuno indicar algunas directrices que pueden contribuir a resolver el problema; directrices que pensamos tengan valor, cualquiera sea el ambiente hist贸rico en el que se act煤a, con la condici贸n -como es obvio- de ser aplicadas en la forma y grados que el ambiente permite, sugiere o exige.
26. [127] Ante todo, es indispensable ocuparse, especialmente por parte de los poderes p煤blicos, de que en los ambientes agr铆colas-rurales tengan conveniente desarrollo los servicios esenciales, como los caminos, los transportes, las comunicaciones, el agua potable, la vivienda, la asistencia sanitaria, la instrucci贸n b谩sica y la instrucci贸n t茅cnico-profesional, las condiciones apropiadas para la vida religiosa, los medios recreativos; y de que haya en ellos disponibilidad de aquellos productos que permitan a la casa agr铆cola-rural estar acondicionada y funcionar de un modo moderno. Cuando en los ambientes agr铆colas-rurales falten tales servicios, elementos constitutivos hoy de un tenor de vida digno, su desarrollo econ贸mico y su progreso social llegan a ser casi imposibles o avanzan con demasiada lentitud. Y esto tiene la consecuencia de que llega a ser casi incontenible y dif铆cilmente controlable el que la poblaci贸n huya de los campos.
27. [128] Se requiere, adem谩s, que el desarrollo econ贸mico de las Comunidades pol铆ticas sea realizado en manera gradual y con arm贸nica proporci贸n entre todos los sectores productivos. Es decir, se necesita que en el sector agr铆cola se efect煤en las innovaciones concernientes a las t茅cnicas productoras, la selecci贸n de los cultivos y las estructuras administrativas que el sistema econ贸mico, mirado en su conjunto, permite y pide; y que, lo m谩s que sea posible, se efect煤en en las debidas proporciones respecto al sector de la industria y de los servicios.
[129] La agricultura viene as铆 a absorber una mayor cantidad de bienes industriales, y pide una m谩s calificada prestaci贸n de servicios; a su vez, ofrece a los otros dos sectores y a la comunidad entera los productos que responden mejor, en cantidad y calidad, a las exigencias del consumo, contribuyendo a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda: elemento muy positivo para el desarrollo ordenado de todo el sistema econ贸mico.
[130] En tal manera creemos que tambi茅n deber铆a resultar menos dif铆cil, tanto en las zonas que se abandonan como en aquellas a las que acuden, controlar el movimiento de las fuerzas del trabajo que han quedado libres por la progresiva modernizaci贸n de la agricultura; proporcionarles formaci贸n profesional para su provechosa inserci贸n en los otros sectores productivos; y la ayuda econ贸mica, la preparaci贸n y la asistencia espiritual para su integraci贸n social.
28. [131] Para obtener un desarrollo econ贸mico que mantenga proporci贸n arm贸nica entre todos los sectores productivos, es tambi茅n absolutamente necesaria una vigilante pol铆tica econ贸mica en la materia agr铆cola; pol铆tica econ贸mica que atienda prudente a los impuestos, al cr茅dito, a los seguros sociales, a la defensa de los precios, a la promoci贸n de industrias complementarias, a la modernizaci贸n de las instalaciones lo m谩s perfectas posible.
29. [132] Principio fundamental en un sistema tributario que sea conforme a la justicia y a la equidad, es que las cargas sean completamente proporcionadas a la capacidad contributiva de los ciudadanos.
[133] Mas responde tambi茅n a una exigencia del bien com煤n el tener presente, en el reparto de los tributos, que las "entradas" en el sector agr铆cola se forman con una mayor lentitud y est谩n expuestas a mayores riesgos en dicha formaci贸n; y que se encuentran tambi茅n mayores dificultades en lograr los capitales indispensables para su incremento.
30. [134] Por las razones ya indicadas, los poseedores de capitales son muy poco inclinados a invertirlos en este sector; y en cambio son propensos a emplearlos en los dem谩s sectores. Por el mismo motivo, la agricultura no puede pagar altos intereses, y ni siquiera, por lo regular, los intereses del mercado, para procurarse los capitales necesarios en su desarrollo y en el normal incremento de sus empresas. Es, por lo tanto, necesario, atendiendo a razones del bien com煤n, aplicar una particular pol铆tica crediticia y dar vida a instituciones de cr茅dito que aseguren a la agricultura esos capitales, con un tipo de inter茅s en condiciones convenientes.
31. [135] En agricultura puede ser indispensable el implantar dos sistemas de seguro: uno relativo a los productos agr铆colas, y el otro a los agricultores y sus respectivas familias. Por el hecho de que la renta agr铆cola pro-capite es, generalmente, inferior a la renta pro-capite de los sectores de la industria y de los servicios, no ser铆a conforme a los criterios de la justicia social y de la equidad el que se implantaran sistemas de seguros sociales o de seguridad social en los cuales el trato dado a los agricultores, y a sus respectivas familias, fuera sustancialmente inferior al que se garantiza al sector de la industria y de los servicios. Estimamos, por lo tanto, que la pol铆tica social debe proponerse que el trato del r茅gimen de seguros dado a los ciudadanos no presente diferencias notables, cualquiera que sea el sector econ贸mico en el que trabajen o de cuyos r茅ditos vivan.
[136] Los sistemas de seguros sociales y de seguridad social pueden contribuir eficazmente a una redistribuci贸n de la renta total de la Comunidad pol铆tica, seg煤n criterios de justicia y de equidad; y pueden, por lo tanto, considerarse uno de los instrumentos para reducir los desequilibrios, en el tenor de vida, entre las diversas categor铆as de ciudadanos.
32. [137] Dada la naturaleza de los productos agr铆colas, es necesario que se promueva un sistema eficaz para defender sus precios, utilizando para tal fin los m煤ltiples recursos que hoy es capaz de sugerir la t茅cnica econ贸mica. Ser铆a muy de desear que tal sistema sea principalmente obra de las propias clases interesadas; pero no puede faltarle la acci贸n moderadora de los poderes p煤blicos.
[138] Ni ha de olvidarse, en esta materia, que el precio de los productos agr铆colas a menudo constituye una retribuci贸n del trabajo m谩s bien que una remuneraci贸n del capital.
[139] El Pont铆fice P铆o XI, en la enc铆clica Quadragesimo anno, observa con raz贸n que a la realizaci贸n del bien com煤n contribuye la justa proporci贸n entre los salarios; pero inmediatamente a帽ade: y con ella se enlaza estrechamente la razonable proporci贸n entre los precios de venta obtenidos por las distintas artes, cuales son la agricultura, la industria y otras semejantes45.
[140] Es verdad que los productos agr铆colas est谩n ordenados a satisfacer ante todo necesidades humanas primarias; por lo cual sus precios deben ser tales que los hagan accesibles a la totalidad de los consumidores. Sin embargo, es claro que no puede aducirse esa raz贸n para forzar a toda una categor铆a de ciudadanos a un estado permanente de inferioridad econ贸mico-social, priv谩ndoles de un poder de compra indispensable para su digno tenor de vida: ello tambi茅n est谩 en plena oposici贸n al bien com煤n.
33. [141] Tambi茅n es oportuno promover -en las zonas agr铆colas- las industrias y los servicios relativos a la conservaci贸n, transformaci贸n y transporte de los productos agrarios. Y, adem谩s, es deseable que en ellas se desarrollen iniciativas propias de los otros sectores econ贸micos y otras actividades profesionales: de ese modo se ofrecen a las familias de agricultores posibilidades de aumentar sus rentas, y ello en el mismo ambiente en que viven y trabajan.
34. [142] Finalmente, no es posible establecer a priori cu谩l sea la estructura m谩s conveniente para la empresa agr铆cola, dada la variedad que presentan los ambientes agr铆colas-rurales en el interior de cada Comunidad pol铆tica, y, m谩s a煤n, entre los diversos Pa铆ses del mundo. Con todo, cuando se tiene una concepci贸n humana y cristiana del hombre y de la familia, no se puede menos de considerar como ideal la empresa que est谩 configurada y funciona como una comunidad de personas, en la que as铆 sus relaciones internas como su estructura se ajusten a las normas de justicia y al criterio de la doctrina cristiana, especialmente si se trata de empresas de dimensi贸n familiar. Nunca se har谩 bastante para que tal ideal se convierta en feliz realidad, en la proporci贸n que cada tiempo lo permita.
[143] Es oportuno, sin embargo, llamar la atenci贸n sobre el hecho de que la empresa de dimensiones familiares es vital, a condici贸n de que ella pueda lograr una renta suficiente para el decoroso tenor de vida de la respectiva familia. Para ello es indispensable que los cultivadores sean instruidos, puestos al d铆a incesantemente y asistidos t茅cnicamente en su profesi贸n. Tambi茅n es muy de desear que los agricultores tengan sus convenientes asociaciones profesionales; que constituyan una red de variadas instituciones cooperativas, y que ocupen su lugar correspondiente as铆 en los organismos administrativos como en los pol铆ticos.
35. [144] Estamos convencidos, no obstante, de que los promotores del desarrollo econ贸mico, del progreso social y de la elevaci贸n cultural de los ambientes agr铆colas-rurales, deben ser los mismos interesados, es decir, los trabajadores de la tierra. Ellos pueden f谩cilmente comprobar la nobleza de su trabajo: ya porque viven en el templo majestuoso de la creaci贸n; ya porque est谩n en frecuente contacto con la vida de las plantas y de los animales, vida inagotable en sus manifestaciones, inflexible en sus leyes, y que sin cesar evoca el recuerdo de la providencia de Dios Creador. Ella produce tambi茅n la variedad de alimentos de que se nutre la familia humana, y proporciona un n煤mero cada vez mayor de materias primas a la industria.
[145] Es, adem谩s, un trabajo que pone de relieve la dignidad de una profesi贸n que se distingue por la riqueza de sus aptitudes concernientes a la mec谩nica, la qu铆mica, la biolog铆a; aptitudes, que deben ponerse al d铆a incesantemente, dada la repercusi贸n que en el sector agr铆cola tienen los progresos cient铆fico-t茅cnicos. Y tambi茅n es un trabajo que se caracteriza por los aspectos y valores morales que le son privativos. Exige, en efecto, capacidad para orientarse y adaptarse, paciencia para esperar lo futuro, serio conocimiento para comprender la suma importancia de su profesi贸n, esp铆ritu para perseverar y capacidad para renovarse sin cesar.
36. [146] Tambi茅n se ha de recordar que en el sector agr铆cola, como por lo dem谩s en cualquier otro sector productivo, la asociaci贸n es actualmente una exigencia vital; y lo es mucho m谩s cuando el sector tiene como base la empresa de dimensiones familiares. Los trabajadores de la tierra deben sentirse solidarios los unos de los otros, y colaborar para dar vida a cooperativas y asociaciones profesionales o sindicales, unas y otras necesarias para lograr que la producci贸n se beneficie de los progresos cient铆fico-t茅cnicos, para contribuir eficazmente a la defensa de los precios de los productos, para ponerse en un plano de igualdad frente a las categor铆as econ贸mico-profesionales de los otros sectores productivos, ordinariamente organizadas, para que su voz sea o铆da en el campo pol铆tico y en los 贸rganos de la administraci贸n p煤blica: las voces aisladas casi nunca tienen hoy posibilidad de hacerse o铆r y mucho menos de hacerse escuchar.
37. [147] Con todo, los trabajadores agr铆colas, como por otra parte los trabajadores de cualquier otro sector productivo, al utilizar su multiforme organizaci贸n, deben moverse dentro del 谩mbito del orden moral-jur铆dico: es decir, deben conciliar sus derechos y sus intereses con los derechos y los intereses de las otras categor铆as econ贸mico-profesionales, y subordinar los unos y los otros a las exigencias del bien com煤n. Los trabajadores de la tierra, empe帽ados en mejorar y elevar el mundo agr铆cola-rural, pueden leg铆timamente pedir que su acci贸n sea mantenida y apoyada por los poderes p煤blicos, siempre que ellos por su parte se muestren y sean sensibles a las exigencias del bien com煤n y contribuyan a su realizaci贸n.
[148] Nos es grato, a prop贸sito de esto, expresar Nuestra complacencia a aquellos hijos que en las m谩s diversas partes del mundo se ocupan de las organizaciones cooperativas, de las asociaciones profesionales y de los movimientos sindicales, a fin de elevar econ贸mica y socialmente a todos cuantos cultivan la tierra.
38. [149] En el trabajo agr铆cola encuentra la persona humana mil incentivos para su afirmaci贸n, para su progreso, para su enriquecimiento, para su expansi贸n, incluso en la esfera de los valores del esp铆ritu. Es, por lo tanto, un trabajo que debe concebirse y vivirse como una vocaci贸n y una misi贸n: es decir, como una respuesta a la invitaci贸n de Dios a contribuir al cumplimiento de su plan providencial en la historia, como un compromiso a obrar el bien para la elevaci贸n de s铆 mismos y de los dem谩s, y como una aportaci贸n a la civilizaci贸n humana.
39. [150] Entre ciudadanos pertenecientes a una misma Comunidad pol铆tica no es raro que haya pronunciadas desigualdades econ贸mico-sociales, debidas principalmente al hecho de que unos viven y trabajan en zonas econ贸micamente m谩s desarrolladas y otros en zonas econ贸micamente menos desarrolladas. En semejante situaci贸n, la justicia y la equidad exigen que los poderes p煤blicos act煤en para que esas desigualdades sean eliminadas o disminuidas. A este fin se debe procurar que en las zonas menos desarrolladas se aseguren los servicios p煤blicos esenciales y que esto se haga en las formas y en los grados sugeridos o reclamados por el ambiente y, normalmente, correspondientes al nivel medio de vida vigente en la Comunidad nacional. Pero es tambi茅n necesario que se emprenda una pol铆tica econ贸mico-social apropiada principalmente respecto a la oferta de trabajo y las migraciones, los salarios, las contribuciones, el cr茅dito, las inversiones, atendiendo particularmente a las industrias de car谩cter propulsivo: pol铆tica apta para promover la absorci贸n y el empleo rentable de la mano de obra, para estimular la iniciativa empresarial, para aprovechar bien los recursos locales.
[151] Con todo, la acci贸n de los poderes p煤blicos debe hallar siempre su justificaci贸n en motivos del bien com煤n. Por lo cual se ha de ejercer con criterios unitarios en el plano nacional, con la finalidad constante de contribuir al desarrollo gradual, simult谩neo y proporcionado de los tres sectores productivos: agricultura, industria, servicios; y con preocupaci贸n activa de que los ciudadanos de las zonas menos desarrolladas se sientan y se comporten, en el mayor grado posible, como responsables y promotores de su propia elevaci贸n econ贸mica.
[152] Finalmente, se debe recordar c贸mo tambi茅n la iniciativa privada debe contribuir a establecer el equilibrio econ贸mico y social entre las diferentes zonas de una Naci贸n. M谩s a煤n, los poderes p煤blicos, en virtud del principio de subsidiaridad, deben favorecer y ayudar a la iniciativa privada, confiando a 茅sta, siempre que sea posible de manera eficiente, la continuidad del desarrollo econ贸mico de lo ya iniciado.
40. [153] Aqu铆 conviene tener muy presente c贸mo hay no pocas Naciones, en las cuales existen palmarias desigualdades entre territorio y poblaci贸n. Efectivamente, en unas hay escasez de hombres y abundancia de tierras de labor; mientras que en otras abundan los hombres y escasean las tierras cultivables.
[154] Adem谩s, hay Naciones, en las que, a pesar de la riqueza de los recursos naturales en estado potencial, lo primitivo de los cultivos no permite la producci贸n de bienes suficientes para satisfacer las necesidades elementales de las respectivas poblaciones; mientras en otras Naciones el alto grado de modernizaci贸n alcanzado en los cultivos, determina una superproducci贸n de bienes agr铆colas con reflejos negativos en la respectiva econom铆a nacional.
[155] Es obvio que la solidaridad humana y la fraternidad cristiana piden que se establezcan entre los pueblos relaciones de colaboraci贸n activa y multiforme; colaboraci贸n, que permita y favorezca el movimiento de bienes, capitales y hombres, a fin de eliminar o disminuir las desigualdades apuntadas; pero de esto hablaremos luego m谩s ampliamente.
[156] Queremos, sin embargo, expresar aqu铆 Nuestra sincera estima por la obra eminentemente ben茅fica que realiza la Organizaci贸n de las Naciones Unidas para la alimentaci贸n y la agricultura (F. A. O.), fomentando relaciones fecundas entre los pueblos, promoviendo la modernizaci贸n de los cultivos, sobre todo en las Naciones que est谩n en v铆a de desarrollo, aliviando el malestar de las poblaciones en las que escasean los alimentos.
41. [157] Tal vez el problema mayor de la 茅poca moderna es el de las relaciones entre las Comunidades pol铆ticas econ贸micamente desarrolladas y las Comunidades pol铆ticas en v铆as de desarrollo econ贸mico: las primeras consiguientemente, con un alto nivel de vida; las segundas, en condiciones de escasez o de miseria. La solidaridad que une a todos los seres humanos y los hace como miembros de una sola familia, impone a las Comunidades pol铆ticas que disponen de superabundantes medios de subsistencia, el deber de no permanecer indiferentes frente a las Comunidades pol铆ticas cuyos miembros luchan contra las dificultades de la indigencia, de la miseria y del hambre, y no gozan de los derechos elementales de la persona humana. Tanto m谩s cuanto que, dada la interdependencia cada vez mayor entre los pueblos, no es posible que reine entre ellos una paz duradera y fecunda, si el desnivel de sus condiciones econ贸micas y sociales es excesivo.
[158] Conscientes de Nuestra paternidad universal, Nos sentimos el deber de reafirmar, en forma solemne, cuanto en otra ocasi贸n hemos dicho: "Todos nosotros somos solidariamente responsables de las poblaciones subalimentadas..."46. [Por eso] "es menester educar la conciencia en el sentido de la responsabilidad que pesa sobre todos y cada uno, particularmente sobre los m谩s favorecidos"47.
[159] Bien claro est谩 que el deber, siempre proclamado por la Iglesia, de ayudar al que lucha contra la indigencia y la miseria, lo deben mayormente sentir los cat贸licos, quienes tienen un motivo nobil铆simo en el hecho de ser miembros del Cuerpo M铆stico de Cristo: En esto -proclama el ap贸stol San Juan- hemos conocido el amor de Dios, en que dio El su vida por nosotros, y as铆 nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Si alguien, gozando las riquezas del mundo, ve a su hermano en necesidad, y le cierra las entra帽as 驴residir铆a el amor de Dios en 茅l?48.
[160] Vemos, pues, complacidos c贸mo las Comunidades pol铆ticas, que disponen de sistemas econ贸micos altamente productivos, prestan su apoyo a las Comunidades pol铆ticas que se hallan en fase de desarrollo econ贸mico, para que con menor dificultad logren 茅stas mejorar sus propias condiciones de vida.
42. [161] Hay Naciones en las cuales se producen bienes de consumo y sobre todo productos agr铆colas con exceso; mientras hay otras, en las que grandes sectores populares luchan contra la miseria y el hambre: razones de justicia y de humanidad piden que las primeras vengan a socorrer a las segundas. Destruir o desperdiciar bienes que son indispensables a los seres humanos para que sobrevivan, es herir la justicia y la humanidad.
[162] Sabemos que producir bienes, particularmente agr铆colas, que sobrepasen las necesidades de una Comunidad pol铆tica, puede tener repercusiones econ贸micamente negativas respecto a algunas categor铆as de ciudadanos. Pero 茅sta no es raz贸n suficiente para eximir del deber de prestar una ayuda de "emergencia" a los indigentes y a los hambrientos; si bien es una raz贸n para que se empleen todos los medios a fin de contener las repercusiones negativas y para que su peso se distribuya equitativamente entre todos los ciudadanos.
43. [163] Las ayudas de "emergencia", aunque respondan a un deber de humanidad y de justicia, no bastan para eliminar y ni siquiera para aminorar las causas que en un considerable n煤mero de Comunidades pol铆ticas determinan un estado permanente de indigencia, de miseria, o de hambre. Las causas se encuentran, principalmente, en lo primitivo o atrasado de sus sistemas econ贸micos. Por lo cual no se pueden eliminar o reducir sino a trav茅s de una colaboraci贸n multiforme, encaminada a que sus ciudadanos adquieran aptitud, formaci贸n profesional, competencia cient铆fica y t茅cnica; y a poner a su disposici贸n los capitales indispensables para iniciar y acelerar el desarrollo econ贸mico con criterios y m茅todos modernos.
[164] Bien sabemos c贸mo en estos 煤ltimos a帽os se ha ido difundiendo y madurando cada vez m谩s la conciencia del deber de afanarse en fomentar el desarrollo econ贸mico y el progreso social en las Naciones que se debaten en medio de mayores dificultades.
[165] Organismos mundiales y regionales, Estados por s铆 solos, fundaciones, sociedades privadas, ofrecen a dichas Naciones en medida creciente su propia cooperaci贸n t茅cnica en todos los sectores de la producci贸n; y multiplican las facilidades a millares de j贸venes para que puedan estudiar en las Universidades de las Naciones m谩s desarrolladas y adquirir una formaci贸n cient铆fico-t茅cnica y profesional correspondiente a nuestro tiempo. Entre tanto, las instituciones bancarias mundiales, algunos Estados y entidades privadas proporcionan capitales y dan vida o contribuyen a dar vida a una red cada vez m谩s rica de iniciativas econ贸micas en las Naciones en proceso evolutivo. Nos complace aprovechar la presente ocasi贸n para expresar Nuestro sincero aprecio de semejante obra ricamente fecunda. Pero no podemos dejar de observar que la cooperaci贸n cient铆fico-t茅cnico-econ贸mica entre las Comunidades pol铆ticas econ贸micamente desarrolladas y las que apenas est谩n en la fase inicial o en v铆a de desarrollo, exige una expansi贸n a煤n mayor que la actual; y es de desear que tal expansi贸n en los pr贸ximos decenios llegue a caracterizar sus relaciones.
[166] En este punto juzgamos oportunas algunas consideraciones y algunas advertencias.
44. [167] La prudencia aconseja que las Comunidades pol铆ticas, que se hallan en un estado inicial o poco avanzado en su desarrollo econ贸mico, tengan presentes las experiencias por las que pasaron las Comunidades pol铆ticas econ贸micamente ya desarrolladas.
[168] Producir m谩s y mejor responde a una exigencia de la raz贸n y es tambi茅n una necesidad imprescindible. Pero no es menos n