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S.S. Pablo VI, Lumen ecclesiae
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Lumen ecclesiae

Carta de S.S. Pablo VI en el VII Centenario de la muerte de Santo Tom谩s de Aquino

Al querido hijo
Vincent de Couesnongle,
Maestro General de la
Orden de los Frailes Predicadores

Querido hijo,
salud y bendici贸n apost贸lica.

1. Lumbrera de la Iglesia y del mundo entero, as铆 es aclamado con raz贸n Santo Tom谩s de Aquino, el cual es objeto de especiales celebraciones este a帽o, en que se cumple el VII centenario de su muerte, acaecida en el monasterio de Fossanova el 7 de marzo de 1274, mientras se dirig铆a al II Concilio General de Ly贸n, obedeciendo 贸rdenes de nuestro predecesor el Beato Gregorio X. En el clima del renovado entusiasmo suscitado por este centenario, se han hecho investigaciones, se han publicado trabajos y se han tenido reuniones en muchas universidades y centros de estudios superiores, principalmente en esta ciudad, donde la Orden de Frailes Predicadores, a la que perteneci贸 Santo Tom谩s, ha organizado un importante congreso. Todav铆a tenemos en la memoria el espect谩culo que ofrec铆a el aula magna de la Pontificia Universidad que lleva el nombre de Santo Tom谩s de Aquino, llena de especialistas venidos de todas partes del mundo. En el discurso que les dirigimos, les felicitamos por su trabajo, les animamos a continuar su noble tarea y, al mismo tiempo, enaltecimos a este gran Doctor de la Iglesia. Poco tiempo despu茅s, llamamos la atenci贸n sobre 鈥渆l 鈥榬etorno鈥� a Santo Tom谩s, un retorno inesperado ciertamente, pero maravilloso, que confirma lo que el Magisterio supremo hab铆a dicho de 茅l: que es el gu铆a autorizado e insustituible de los estudios filos贸ficos y teol贸gicos鈥� 1 ; en efecto, muchos indicios nos permitieron colegir que su doctrina interesa e influye tambi茅n en los hombres de nuestro tiempo.

2. Ahora desear铆amos explicar mejor aquella expresi贸n nuestra, poniendo de relieve numerosos elementos de la doctrina del Aquinate que tienen mucha importancia en orden a la salvaguardia e investigaci贸n de la verdad revelada; por este motivo lo recomendamos a nuestros contempor谩neos 鈥攃osa que ha hecho y sigue haciendo la Iglesia鈥� como maestro en el arte de pensar, seg煤n f贸rmula nuestra 2 , y como gu铆a para conciliar los problemas filos贸ficos con los teol贸gicos y, a帽adimos gustosamente, para plantear correctamente el saber cient铆fico en general.

As铆, pues, queremos manifestar p煤blicamente nuestra conformidad con los que sostienen que, aun setecientos a帽os despu茅s de su muerte, el Santo Doctor debe ser celebrado no s贸lo como excelso pensador y doctor del pasado, sino tambi茅n por la vigencia de sus principios, de su doctrina y de su m茅todo; y deseamos explicar al mismo tiempo las razones de la autoridad cient铆fica que le reconocen el Magisterio y las instituciones de la Iglesia, y especialmente much铆simos predecesores nuestros, que no dudaron en otorgarle el t铆tulo de 鈥淒octor com煤n鈥�, que se le dio por primera vez el a帽o 1317 3 .

Confesamos que al confirmar y reavivar una tradici贸n tan prolongada y venerable del Magisterio de la Iglesia, no nos mueve s贸lo el respeto a la autoridad de nuestros predecesores, sino tambi茅n la consideraci贸n objetiva de la validez de su doctrina, el fruto que se obtiene estudiando y consultando sus obras 鈥攃omo sabemos por propia experiencia鈥� y la comprobaci贸n del poder persuasivo y formativo que ejerce en sus disc铆pulos, sobre todo en los j贸venes, como pudimos observar en los a帽os de nuestro apostolado entre los universitarios cat贸licos, que, estimulados por nuestro predecesor P铆o XI, de feliz memoria, se hab铆an dedicado al estudio del Doctor Ang茅lico 4 .

3. Sabemos que hoy d铆a no todos est谩n de acuerdo con esto. Pero no se nos oculta que muchas veces el recelo o aversi贸n que se siente hacia Santo Tom谩s deriva de un contacto superficial y saltuario con su doctrina, m谩s a煤n, del hecho de que no se leen ni se estudian sus obras. Por eso, tambi茅n nosotros, como hizo P铆o XI, recomendamos a todos los que deseen formarse un criterio maduro acerca de la postura que hay que adoptar en esta materia: 隆Id a Tom谩s! 5 . Buscad y leed las obras de Santo Tom谩s 鈥攔epetimos con gusto鈥� no s贸lo para encontrar alimento espiritual seguro en aquellos opulentos tesoros, sino tambi茅n y ante todo, para daros cuenta personalmente de la incomparable profundidad, riqueza e importancia de la doctrina que contienen.

I. Santo Tom谩s en el contexto socio鈥揷ultural y religioso de su tiempo

4. Para formarse un juicio exacto del valor perenne del magisterio de Santo Tom谩s en la Iglesia y en el mundo de la cultura, no basta conocer de modo directo y completo sus textos; es preciso tambi茅n tener en cuenta el contexto hist贸rico y cultural en que vivi贸 y llev贸 a cabo su obra de maestro y escritor.

Conviene recordar aunque s贸lo sea los rasgos esenciales de aquella 茅poca, para que destaquen con mayor claridad, como dentro de un marco, las ideas fundamentales del santo Doctor tanto en el 谩mbito religioso y teol贸gico como en el campo filos贸fico y social.

Alguien ha hablado de aquel tiempo como de un Renacimiento anticipado; y en realidad las inquietudes que m谩s tarde iban a desplegar toda su fuerza innovadora est谩n fermentando ya entre el 1225 y el 1274, a帽os que abarcan la vida de Santo Tom谩s.

5. Desde el punto de vista socio鈥損ol铆tico, son conocidas las vicisitudes que transformaron completamente la fisonom铆a de Europa: la victoria de los municipios italianos sobre la antigua dominaci贸n del Imperio Medieval, encaminado ya al ocaso; la promulgaci贸n de la Charta Magna en Inglaterra; la confederaci贸n anse谩tica de las ciudades libres marineras y comerciales del norte de Europa; la evoluci贸n progresiva de la monarqu铆a francesa; el desarrollo econ贸mico de las ciudades m谩s industriosas, como Florencia, y el florecimiento cultural de las grandes universidades, como la escuela teol贸gica de Par铆s, la escuela de derecho civil y can贸nico de Bolonia y la escuela m茅dica de Salerno; la amplia difusi贸n de los descubrimientos cient铆ficos y de las elucubraciones filos贸ficas de los 谩rabes hispanos; y finalmente las nuevas relaciones con Oriente, consecuencia de las Cruzadas.

Comienza entonces, con los municipios y con las monarqu铆as nacionales, el proceso cultura y pol铆tico que en los siglos XII y XIV lleva a la formaci贸n del Estado moderno. La Respublica christiana, fundada en la unidad de fe religiosa en Europa, cede poco a poco el puesto a un nuevo sentimiento nacionalista que orienta la vida del mundo civil europeo por cauces muy distintos de los del Medioevo, cuando dominaba la relaci贸n entre las dos autoridades supremas, la papal y la imperial, unidas y en colaboraci贸n mutua; sistema que en vano tratar谩 todav铆a de proponer Dante Alighieri, despu茅s de muerto Santo Tom谩s, como arquetipo de organizaci贸n pol铆tica.

En el siglo XIII empieza a perfilarse una marcada tendencia a afirmar la autonom铆a del orden temporal frente al sagrado y espiritual, y consiguientemente del Estado frente a la Iglesia; en casi todas las esferas de la vida y de la cultura se despierta el entusiasmo por los valores terrenos y una atenci贸n nueva hacia la realidad del mundo, emancip谩ndose la raz贸n de la hegemon铆a de la fe religiosa. Por otra parte, en el mismo siglo, al propagarse las 脫rdenes mendicantes, cund铆a cada vez m谩s un vast铆simo movimiento de renovaci贸n espiritual que, sacando inspiraci贸n y empuje del amor a la pobreza y del celo evangelizador, logr贸 que el pueblo cristiano sintiese la apremiante necesidad de volver al verdadero y genuino esp铆ritu evang茅lico.

Santo Tom谩s, situado en el centro del gran debate entre las dos culturas, la humana y la sagrada, y atento a la evoluci贸n pol铆tica, se hace cargo sin dificultad de la nueva situaci贸n y distingue los 鈥渟ignos鈥� de los principios universales de raz贸n y de fe con los que hay que confrontar las cosas humanas y discernir los acontecimientos. Reconoce una cierta autonom铆a a los valores e instituciones de este mundo, aunque afirma sin vacilaci贸n alguna la transcendencia y la supremac铆a del fin 煤ltimo al que deben dirigirse y subordinarse todas las cosas del mundo: el reino de Dios, que es a la vez el lugar de salvaci贸n del hombre y el fundamento de su dignidad y libertad 6 .

6. Esta postura se encuadra dentro de la teor铆a general de las relaciones entre cultura y religi贸n, raz贸n y fe; teor铆a que elabor贸 Santo Tom谩s atendiendo a los nuevos problemas que surg铆an y a las nuevas exigencias que se manifestaban dentro del 谩mbito filos贸fico y teol贸gico en aquel momento de evoluci贸n sociocultural.

Efectivamente, es la 茅poca en que se impone cada vez m谩s el imperativo de la investigaci贸n racional, iniciada ya de manera nueva y plenamente dial茅ctica por Abelardo en la universidad de Par铆s un siglo antes.

La aceptaci贸n respetuosa de la autoridad tradicional es sustituida por la confrontaci贸n de sus afirmaciones con las conquistas de la raz贸n, la discusi贸n de las distintas opiniones, el procedimiento l贸gico en la demostraci贸n de las tesis, la pasi贸n por las quaestiones, y finalmente el an谩lisis del lenguaje, realizado de manera tan sistem谩tica y con objetivos tales que parecen anticipar el m茅todo cient铆fico de la sem谩ntica moderna.

En este clima cultural consiguen sus primeros 茅xitos las ciencias que, sin negar la presencia y la acci贸n de Dios en el universo, tratan de explicar el curso ordinario de este mundo visible en clave natural, como se ve en no pocos autores cristianos de la 茅poca, entre los que sobresale San Alberto Magno, maestro de Santo Tom谩s, a quien nuestro predecesor P铆o XII declar贸 patrono de cuantos se dedican a las ciencias naturales 7 .

7. Aunque entonces acababa apenas de estrenarse el m茅todo experimental en el estudio de la naturaleza y faltaban a煤n los instrumentos 鈥攓ue presagiar谩 m谩s tarde Roger Bacon鈥� para la aplicaci贸n de la ciencia a la transformaci贸n y aprovechamiento de las cosas creadas, sin embargo, constaba ya con certeza el valor e importancia de la raz贸n para la investigaci贸n de la realidad concreta y para la explicaci贸n del mundo.

Por eso, en los nuevos medios culturales se reciben favorablemente las obras de Arist贸teles, difundidas primero por los 谩rabes y luego por los nuevos traductores cristianos, entre los que se cuenta Guillermo de Moerbeke, penitenciario papal, hermano en religi贸n y colaborador de Santo Tom谩s 8 . En efecto, en estas obras se descubren el sentido de la naturaleza y el realismo que, en opini贸n de muchos, proporcionan valiosos instrumentos de trabajo e incluso bases ideales para un nuevo planteamiento de la especulaci贸n filos贸fica y de la investigaci贸n cient铆fica.

8. Pero aqu铆 surge el grave problema del nuevo modo de entender las relaciones entre la raz贸n y la fe, y 鈥攅n una perspectiva m谩s amplia鈥� como hemos sugerido antes, entre todo el orden de las realidades terrenas y la esfera de la verdades religiosas, principalmente las del mensaje cristiano.

En esta materia es evidente el peligro de tropezar en dos escollos opuestos: el del naturalismo, que desaloja por completo a Dios del mundo y especialmente de la cultura, y el de un falso sobrenaturalismo o fide铆smo que, para evitar aquel error cultural y espiritual, pretende frenar las leg铆timas aspiraciones de la raz贸n y el impulso evolutivo del orden de la naturaleza, en nombre del principio de autoridad, sacado de su esfera propia, a saber, la esfera de las verdades reveladas por Cristo a los hombres, que son g茅rmenes de la vida futura y transcienden absolutamente la capacidad del entendimiento humano. Este doble peligro se vuelve a presentar reiteradamente en el transcurso de los siglos, antes y despu茅s de Santo Tom谩s, y puede decirse que en la actualidad son tambi茅n los dos escollos en los que tropiezan los que abordan incautamente los numerosos problemas implicados en la relaci贸n entre la raz贸n y la fe; lo hacen alegando a menudo el ejemplo de audacia innovadora que dio Santo Tom谩s en su tiempo, pero sin tener la agudeza y equilibrio de la inteligencia soberana del gran Doctor.

No cabe duda que Santo Tom谩s posey贸 en grado eximio audacia para la b煤squeda de la verdad, libertad de esp铆ritu para afrontar problemas nuevos y la honradez intelectual propia de quien, no tolerando que el cristianismo se contamine con la filosof铆a pagana, sin embargo no rechaza aprior铆sticamente esta filosof铆a. Por eso ha pasado a la historia del pensamiento cristiano como precursor del nuevo rumbo de la filosof铆a y de la cultura universal. El punto capital y como el meollo de la soluci贸n que 茅l dio, con su genialidad casi prof茅tica, a la nueva confrontaci贸n entre la raz贸n y la fe, consiste en conciliar la secularidad del mundo con las exigencias radicales del Evangelio, sustray茅ndose as铆 a la tendencia innatural de despreciar el mundo y sus valores, pero sin eludir las exigencias supremas e inflexibles del orden sobrenatural.

En efecto, todo el edificio doctrinal del Aquinate se apoya en el 谩ureo principio, enunciado por 茅l ya en las primeras p谩ginas de la Summa Theologiae, seg煤n el cual la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona, y por su parte la naturaleza se subordina a la gracia, la raz贸n a la fe y el amor humano a la caridad 9 . La infusi贸n de la gracia, que es el principio de la vida eterna, supone toda la amplia esfera de valores y facultades en que se despliega el impulso vital de la naturaleza humana 10 鈥攕er, entendimiento, amor鈥�, acrecent谩ndolo interiormente con nuevas energ铆as 11 . De este modo, incluso la perfecci贸n total del hombre natural 鈥攎ediante un proceso de purificaci贸n redentora y de elevaci贸n santificadora鈥� se realiza en el orden sobrenatural, que alcanza su plenitud definitiva en la felicidad celeste, pero ya en esta vida da lugar a una s铆ntesis arm贸nica de valores aut茅nticos, ciertamente dif铆cil de conseguir 鈥攃omo la propia vida cristiana鈥�, pero fascinadora.

9. Se puede afirmar que Santo Tom谩s, superando cierto sobrenaturalismo exagerado, arraigado en las escuelas medievales, y al mismo tiempo haciendo frente al secularismo que cund铆a en las escuelas europeas merced a la interpretaci贸n naturalista del aristotelismo, supo mostrar 鈥攖anto en el plano de la teor铆a como en la pr谩ctica, o sea con el ejemplo de su trabajo cient铆fico鈥� c贸mo se compaginan en su pensamiento y en su vida la fidelidad total y absoluta a la palabra de Dios y la m谩xima apertura de mente al mundo y a sus valores aut茅nticos, el af谩n innovador y progresista y la resoluci贸n de levantar todo el edificio doctrinal sobre el cimiento firme de la tradici贸n.

En efecto, no s贸lo se preocup贸 de conocer las ideas nuevas, los problemas nuevos y las nuevas afirmaciones e impugnaciones de la raz贸n acerca de la fe, sino tambi茅n de estudiar con ah铆nco ante todo la Sagrada Escritura, que explic贸 desde sus primeros a帽os de magisterio en Par铆s, las obras de los Santos Padres y escritores cristianos, la tradici贸n teol贸gica y jur铆dica de la Iglesia y al mismo tiempo toda filosof铆a anterior y contempor谩nea, no s贸lo aristot茅lica, sino tambi茅n plat贸nica, neoplat贸nica, romana, cristiana, 谩rabe y jud铆a, sin pretender en absoluto efectuar una ruptura con el pasado, ruptura que lo habr铆a privado de su ra铆z, de manera que se puede decir con toda raz贸n que asimil贸 bien la frase de San Pablo: 鈥渘o eres t煤 quien sostiene la ra铆z, sino la ra铆z la que te sostiene a ti鈥� (Rom 11,18).

Por la misma raz贸n, fue muy d贸cil al Magisterio de la Iglesia, al que compete guardar y se帽alar la 鈥渞egla de la fe鈥� 12 a todos los creyentes, y antes que nada a los te贸logos, en virtud del mandato divino y de la asistencia indefectible prometida por Cristo a los Pastores de su reba帽o 13 . Pero sobre todo reconoc铆a la autoridad suprema y definitiva en materia de fe al Magisterio del Romano Pont铆fice 14 , a cuyo juicio someti贸 por eso, a punto de morir, todos sus escritos, tal vez porque era plenamente consciente de la inmensa amplitud y de la audacia de la labor innovadora que hab铆a realizado.

10. Tal af谩n de buscar la verdad, entreg谩ndose a ella sin escatimar ning煤n esfuerzo 鈥攁f谩n que Santo Tom谩s consider贸 misi贸n espec铆fica de toda su vida y que cumpli贸 egregiamente con su magisterio y con sus escritos鈥�, hace que pueda llam谩rsele con todo derecho 鈥渁p贸stol de la verdad鈥� 15 y que pueda proponerse como ejemplo a todos los que desempe帽an la funci贸n de ense帽ar. Pero brilla tambi茅n ante nuestros ojos como modelo admirable de erudito cristiano que, para captar las nuevas inquietudes y responder a las exigencias nuevas del progreso cultural, no siente la necesidad de salir fuera del cauce de la fe, de la tradici贸n y del Magisterio, que le proporcionan las riquezas del pasado y el sello de la verdad divina; y, para mantenerse fiel a esta verdad, no rechaza las m煤ltiples verdades descubiertas por la raz贸n en el pasado o en el presente, entre otros motivos porque 鈥攃omo dice el mismo Ang茅lico鈥�, sea quien fuere el que las proponga, proceden del Esp铆ritu Santo: 鈥淟a verdad, quienquiera que la diga, procede del Esp铆ritu Santo, que infunde la luz natural y mueve a la inteligencia y a la expresi贸n de la verdad鈥� 16 .

11. M谩s bien hay que confesar que su fuerte arraigo en la fe divina impide a Tom谩s someterse servilmente a maestros humanos, nuevos o antiguos, y en esto Arist贸teles no es para 茅l una excepci贸n. Su mente est谩 abierta a todos los avances de la verdad, sea cual fuere la fuente de su procedencia: es la primera faceta de su universalismo. Pero hay otro aspecto, que quiz谩s manifiesta mejor su talante intelectual y su personalidad: la libertad suprema con que se acerca a todos los autores, sin comprometerse con ninguna afirmaci贸n de autoridad terrena. Esta libertad e independencia intelectual en el campo filos贸fico constituye su verdadera grandeza como pensador.

En efecto, mostr谩ndose obediente sobre todo a la verdad, en materia filos贸fica, y juzg谩ndolo todo 鈥渘o (...) por la autoridad de quien lo afirma, sino por el valor de las afirma, sino por el valor de las afirmaciones en s铆鈥� 17 , pudo tratar con gran libertad las tesis de Arist贸teles, de Plat贸n y de otros, sin hacerse aristot茅lico, ni plat贸nico en sentido estricto.

Gracias a esta independencia intelectual 鈥攓ue lo asemeja a los que utilizan los m茅todos rigurosos de las ciencias positivas鈥�, el Aquinate fue capaz de descubrir y superar las insidias ocultas en el averro铆smo, de colmar las deficiencias y lagunas de Plat贸n y Arist贸teles, y de elaborar una gnoseolog铆a y una ontolog铆a que son una obra maestra de objetividad y de equilibrio 18 .

Hacia todos los maestros del esp铆ritu humano sent铆a tres cosas: admiraci贸n ante el inmenso patrimonio cultural que entre todos acumularon y legaron a la humanidad 19 ; reconocimiento del valor e importancia, mas tambi茅n de las limitaciones, de la obra de cada uno 20 ; finalmente, cierta compasi贸n hacia los que, careciendo de la luz de la fe, como los sabios de la antig眉edad, experimentaban una angustia humanamente insuperable al enfrentarse con los interrogantes 煤ltimos de la existencia humana y sobre todo con el problema del fin 煤ltimo del hombre 21 , mientras que cualquier pobre vieja, poseyendo la certeza de la fe, est谩 libre de esa angustia y goza de la luz divina mucho m谩s que aquellos ingenios soberanos 22 .

12. Pues bien, Santo Tom谩s, aun remont谩ndose con su agud铆sima especulaci贸n a las cumbres m谩s altas de la raz贸n, era como un ni帽o ante los sublimes e inefables misterios de la fe: sol铆a arrodillarse delante del crucifijo y al pie del altar, implorando la luz de la inteligencia y la pureza de coraz贸n que permiten escrutar l煤cidamente los secretos de Dios 23 . Reconoc铆a gustoso que hab铆a aprendido m谩s en la oraci贸n que en el estudio 24 , y manten铆a tan vivo el sentido de la trascendencia divina que pon铆a como condici贸n primordial, previa a cualquier investigaci贸n teol贸gica, este principio: 鈥渆n esta vida tanto m谩s perfectamente conocemos a Dios, cuanto mejor entendemos que sobrepasa toda capacidad intelectual鈥� 25 . Y hay que considerar esta afirmaci贸n no s贸lo como la tesis principal y como el fundamento del m茅todo de investigaci贸n que da lugar a la llamada teolog铆a 鈥渁pof谩ctica鈥�, sino tambi茅n como muestra de su humildad intelectual y de su esp铆ritu de adoraci贸n.

Si tenemos en cuenta que Santo Tom谩s supo armonizar perfectamente el esp铆ritu profundamente cristiano y la agudeza de su talento especulativo, abierto a todos los logros del pensamiento, tanto antiguo como contempor谩neo, no puede sorprendernos que, en plena crisis del siglo XIII, lograra encontrar nuevas f贸rmulas para definir las relaciones entre la raz贸n y la fe; que evitase a tiempo que la doctrina teol贸gica se desviase bajo el influjo de las nuevas corrientes filos贸ficas; que disipase cualquier compromiso equ铆voco entre las verdades de raz贸n y las reveladas; finalmente, que presentase batalla a la doctrina de las 鈥渄os verdades鈥� 鈥攄e raz贸n y de fe鈥� que los cristianos pod铆an admitir, aunque fuesen contradictorias, por motivos diversos; doctrina cuyos fautores socavaban la unidad 铆ntima del hombre cristiano y pretend铆an canonizar ya entonces las pol茅micas doctrinales que m谩s tarde, abandonado el equilibrio conseguido por Santo Tom谩s, iban a desgarrar la cultura europea 26 .

13. Al realizar la obra cumbre del pensamiento medieval, Santo Tom谩s no se encontraba solo. Antes y despu茅s de 茅l, otros muchos doctores ilustres trabajaron en la misma direcci贸n: entre ellos hay que recordar a San Buenaventura 鈥攄e cuya muerte se celebra tambi茅n el VII centenario, pues falleci贸 el mismo a帽o que Santo Tom谩s鈥�, a San Alberto Magno, Alejandro de Hales y Duns Scoto. Pero sin duda Santo Tom谩s, por disposici贸n de la divina Providencia, puso el remate a toda la teolog铆a y filosof铆a 鈥渆scol谩stica鈥�, como suele llamarse, y fij贸 en la Iglesia el quicio central en torno al cual, entonces y despu茅s, ha podido girar y avanzar con paso seguro el pensamiento cristiano.

A 茅l, el Doctor com煤n de la Iglesia, dedicamos nuestro aplauso en este a帽o siete veces centenario de su muerte, como homenaje de gratitud por todo lo que hizo en beneficio del pueblo cristiano y como reconocimiento y exaltaci贸n p煤blica de su grandeza imperecedera.

II. Valores perennes de la doctrina y del m茅todo de Santo Tom谩s

14. La figura del Aquinate desborda el contexto hist贸rico y cultural en que se movi贸, situ谩ndose en un plano de orden doctrinal que trasciende las 茅pocas hist贸ricas transcurridas desde el siglo XIII hasta nuestros d铆as. Durante esos siglos la Iglesia ha reconocido la importancia y el valor perenne de la doctrina tomista, especialmente en algunos momentos se帽alados, como en los Concilios Ecum茅nicos de Florencia, de Trento y Vaticano I 27 , con ocasi贸n de la promulgaci贸n del C贸digo de Derecho Can贸nico 28 , y en el Concilio Vaticano II, del que luego volveremos a hablar.

Adem谩s, nuestros predecesores y nosotros mismos, hemos afirmado repetidas veces la autoridad de Santo Tom谩s. No se trata 鈥攓uede bien claro鈥� de un conservadurismo a ultranza, cerrado al sentido de evoluci贸n hist贸rica y medroso ante el progreso, sino de una opci贸n fundada en razones objetivas e intr铆nsecas a la doctrina filos贸fica y teol贸gica del Aquinate, que nos permiten ver en 茅l a un hombre, deparado, por superior designio, a la Iglesia, el cual, con la originalidad de su trabajo creador, imprimi贸 una trayectoria nueva a la historia del pensamiento cristiano y principalmente de las relaciones entre la inteligencia y la fe.

15. Para resumir aqu铆 brevemente las razones a que hemos aludido, recordaremos ante todo el realismo gnoseol贸gico y ontol贸gico, que es la caracter铆stica primera y principal de la filosof铆a de Santo Tom谩s. Podemos definirlo tambi茅n como realismo cr铆tico, pues estando vinculado a la percepci贸n sensible y por tanto a la objetividad de las cosas, proporciona el sentido verdadero y positivo del ser. Este realismo posibilita una elaboraci贸n mental ulterior que, aun universalizando los datos del conocimiento sensible, no se aleja de ellos dej谩ndose arrebatar por el torbellino dial茅ctico del pensamiento subjetivo, para terminar casi fatalmente en un agnosticismo m谩s o menos radical. Primo in intellectu cadit ens, dice el Ang茅lico en un pasaje famoso 29 . En este principio fundamental estriba la gnoseolog铆a de Santo Tom谩s, cuya mayor novedad consiste en la equilibrada valoraci贸n de la experiencia sensible y de los datos aut茅nticos de la conciencia en el proceso cognoscitivo, que, sometido a reflexi贸n cr铆tica, es el punto de arranque de una sana ontolog铆a y en consecuencia de todo el edificio teol贸gico. Por eso se ha podido definir el pensamiento de Santo Tom谩s como la filosof铆a del ser, considerado tanto en su valor universal, como en sus condiciones existenciales; igualmente es sabido que a partir de esta filosof铆a, el Aquinate se remonta a la teolog铆a del Ser divino, cual subsiste en s铆 mismo y cual se revela en su Palabra y en los eventos de la econom铆a de la salvaci贸n, especialmente en el misterio de la Encarnaci贸n.

Nuestro predecesor P铆o XI alab贸 este realismo ontol贸gico y gnoseol贸gico, en un discurso pronunciado a los j贸venes universitarios, con estas significativas palabras: 鈥淓n el Tomismo se encuentra, por as铆 decir, una especie de Evangelio natural, un cimiento incomparablemente firme para todas las construcciones cient铆ficas, porque el Tomismo se caracteriza ante todo por su objetividad; las suyas no son construcciones o elevaciones del esp铆ritu puramente abstractas, sino construcciones que siguen el impulso real de las cosas... Nunca decaer谩 el valor de la doctrina tomista, pues para ello tendr铆a que decaer el valor de las cosas鈥� 30 .

16. Una filosof铆a y una teolog铆a de esta 铆ndole son posibles gracias al reconocimiento de la capacidad cognoscitiva del entendimiento humano, fundamentalmente sano y dotado de un cierto gusto del ser; en efecto, el entendimiento tiende a ponerse en contacto con el ser en toda experiencia, peque帽a o grande, de la realidad existencial, para asimilarla plenamente y remontarse as铆 a la consideraci贸n de las razones y causas supremas que la explican definitivamente.

Ciertamente Santo Tom谩s, como fil贸sofo y te贸logo cristiano, descubre en todos y cada uno de los seres una participaci贸n del Ser absoluto, que crea, sostiene y con su dinamismo mueve ex alio todo el universo creado, toda vida, cada pensamiento y cada acto de fe.

Partiendo de estos principios, el Aquinate, mientras exalta al m谩ximo la dignidad de la raz贸n humana, ofrece un instrumento valios铆simo para la reflexi贸n teol贸gica y al mismo tiempo permite desarrollar y penetrar m谩s a fondo en muchos temas doctrinales sobre los que 茅l tuvo intuiciones fulgurantes. As铆, los que se refieren a los valores trascendentales y la analog铆a del ser; la estructura del ser limitado compuesto de esencia y existencia; la relaci贸n entre los seres creados y el Ser divino; la dignidad de la causalidad de las creaturas con dependencia din谩mica de la causalidad divina; la consistencia real de las acciones de los seres finitos en el plano ontol贸gico, con sus repercusiones en todos los campos de la filosof铆a y de la teolog铆a, de la moral y de la asc茅tica; la organicidad y el finalismo del orden universal. Y si nos remontamos a la esfera de la verdad divina, hay que decir lo mismo de la idea de Dios como Ser subsistente, cuya misteriosa vida ad intra nos da a conocer la revelaci贸n; la deducci贸n de los atributos divinos; la defensa de la transcendencia divina contra cualquier tipo de pante铆smo; la doctrina de la creaci贸n y de la providencia divina con que Santo Tom谩s, superando las im谩genes y penumbras del lenguaje antropom贸rfico, con el equilibrio y el esp铆ritu de fe que le caracterizan, llev贸 a cabo una obra que hoy tal vez se llamar铆a de 鈥渄emitizaci贸n鈥�, pero que podemos definir con mayor precisi贸n como penetraci贸n racional, guiada, apoyada e impulsada por la fe, del contenido esencial de la revelaci贸n cristiana.

En esta l铆nea y por estas razones, Santo Tom谩s, as铆 como exalt贸 la raz贸n, del mismo modo prest贸 tambi茅n un servicio eficac铆simo a la fe, como proclam贸 nuestro predecesor Le贸n XIII en un texto memorable, seg煤n el cual el Doctor Ang茅lico 鈥渄istinguiendo netamente, como debe ser, la raz贸n y la fe, y concili谩ndolas arm贸nicamente, salvaguard贸 los derechos y tutel贸 la dignidad de ambas, de suerte que la raz贸n, remont谩ndose en alas de su genio a las m谩s altas posibilidades humanas, ya apenas puede elevarse m谩s; y la fe no puede casi esperar de la raz贸n ayudas m谩s numerosas y valiosas que las conseguidas gracias a Santo Tom谩s鈥� 31 .

17. Otra raz贸n de la importancia y del valor perenne del pensamiento de Santo Tom谩s nos la ofrece el hecho de que 茅l, precisamente por la universalidad y transcendencia de las razones supremas puestas en el centro de su filosof铆a 鈥攅l ser鈥� y de su teolog铆a 鈥攅l Ser divino鈥�, no pretendi贸 construir un sistema de pensamiento cerrado en s铆 mismo, sino que elabor贸 una doctrina susceptible de enriquecimiento y progreso continuos. En efecto, lo que 茅l mismo hizo asimilando los frutos de las filosof铆as antiguas y medievales, as铆 como las escasas conquistas de las ciencias antiguas, puede repetirse siempre con relaci贸n a cualquier dato verdaderamente v谩lido ofrecido tanto por la filosof铆a como por la ciencia, aun la m谩s avanzada; lo demuestra la experiencia de numerosos autores que han encontrado precisamente en la doctrina de Santo Tom谩s los puntos m谩s aptos para acoplar muchos resultados particulares de la reflexi贸n filos贸fica y cient铆fica en un contexto de valor universal.

18. A este prop贸sito hay que repetir que la Iglesia, aunque admite sin ning煤n reparo ciertas limitaciones en la doctrina de Santo Tom谩s, sobre todo en los puntos en que depende m谩s de las ideas cosmol贸gicas y biol贸gicas medievales, advierte sin embargo que no todas las teor铆as filos贸ficas y cient铆ficas pueden reclamar por igual un sitio dentro de la visi贸n cristiana del mundo o pretender ser consideradas plenamente cristianas. En realidad, ni siquiera los fil贸sofos de la antig眉edad, entre ellos Arist贸teles, su preferido, fueron aprobados en este sentido, o aceptados 铆ntegra y acr铆ticamente por Santo Tom谩s. Con relaci贸n a ellos, el Aquinate adopt贸 criterios que siguen siendo v谩lidos para discernir la aceptabilidad cristiana del pensamiento filos贸fico y cient铆fico actual.

En efecto, mientras Arist贸teles y otros fil贸sofos 鈥攃on las debidas rectificaciones y adaptaciones鈥� pod铆an y pueden aceptarse en virtud del valor universal de sus principios, su respeto a la realidad objetiva y su reconocimiento de un Dios distinto del mundo, no puede decirse lo mismo de las filosof铆as o teor铆as cient铆ficas, cuyos principios fundamentales sean incompatibles con la fe religiosa, ya por apoyarse en el monismo, ya por negar la trascendencia, ya por su subjetivismo o su agnosticismo.

Desgraciadamente hay muchas doctrinas y sistemas modernos radicalmente irreconciliables con la fe y la teolog铆a cristianas. Sin embargo, Santo Tom谩s ense帽a c贸mo, incluso en este caso, dichos sistemas pueden proporcionar, ya aportaciones particulares 煤tiles para el perfeccionamiento y desarrollo constantes de la doctrina tradicional, ya al menos est铆mulos para reflexionar sobre puntos antes ignorados o insuficientemente explicados.

19. El m茅todo seguido por Santo Tom谩s en este trabajo de confrontaci贸n y asimilaci贸n puede servir tambi茅n de ejemplo a los estudiosos de nuestro tiempo. En efecto, se sabe que entablaba con todos los pensadores del pasado y de su tiempo 鈥攃ristianos y no cristianos鈥� una especie de di谩logo intelectual. Estudiaba sus sentencias, opiniones, dudas y dificultades, intentando comprender su 铆ntima ra铆z ideol贸gica y no pocas veces sus condicionamientos socio鈥揷ulturales. Luego, expon铆a su pensamiento, especialmente en las Quaestiones y en las Summae. No se trataba s贸lo de un inventario de dificultades que hab铆a que resolver o de objeciones que hab铆a que refutar, sino de un planteamiento dial茅ctico del procedimiento, que lo impulsaba a la b煤squeda y a la elaboraci贸n de tesis seguras sobre los puntos que eran objeto de reflexi贸n o de discusi贸n. A veces la confrontaci贸n era serena y noblemente pol茅mica, como por ejemplo, cuando se trataba de defender una verdad impugnada: contra errores, contra gentes, contra impugnantes, etc. Pero en cualquier caso entablaba un di谩logo, que se desarrollaba con plena y generosa disposici贸n de esp铆ritu para reconocer y admitir la verdad, quienquiera que la dijese; es m谩s, esta disposici贸n llevaba a Santo Tom谩s en no pocos casos a dar una interpretaci贸n benigna de sentencias que en el debate resultaban err贸neas.

Por este camino Santo Tom谩s lleg贸 a una s铆ntesis grandiosa y arm贸nica del pensamiento, de valor verdaderamente universal, en virtud de la cual es maestro tambi茅n en nuestro tiempo.

20. Queremos se帽alar finalmente otro m茅rito que contribuye no poco a la utilidad y excelencia de la doctrina de Santo Tom谩s: nos referimos a su estilo literario, l铆mpido, sobrio, preciso, forjado en el ejercicio de la ense帽anza, en la discusi贸n y en la redacci贸n de sus obras. Baste repetir a este prop贸sito lo que se le铆a en la antigua liturgia dominica en la fiesta del Aquinate: Stilus brevis, grata facundia; celsa, firma, clara sententia (Estilo conciso, exposici贸n agradable, pensamiento profundo, denso, claro) 32 .

No es 茅sta la 煤ltima raz贸n de la utilidad de acudir a Santo Tom谩s en un tiempo como el nuestro, en el que a menudo se emplea un lenguaje o demasiado complicado y retorcido, o demasiado tosco y vulgar, o incluso tan ambiguo que no sirve ni de veh铆culo del pensamiento, ni de mediador entre los que est谩n llamados al intercambio y comuni贸n en la verdad.

III. El ejemplo de Santo Tom谩s para nuestro tiempo

21. En el VII centenario de la muerte de Santo Tom谩s, queremos recordar una vez m谩s lo que piensa la Iglesia sobre su funci贸n en la orientaci贸n de los estudios teol贸gicos y filos贸ficos. As铆 se ver谩 claramente por qu茅 la Iglesia ha querido que las escuelas cat贸licas reconocieran y siguieran al Aquinate como 鈥淒octor com煤n鈥� en estas materias.

Los Romanos Pont铆fices sostuvieron con su autoridad la doctrina de Santo Tom谩s cuando a煤n viv铆a; protegieron al Maestro y defendieron tambi茅n su doctrina contra los adversarios. Y despu茅s de su muerte, cuando algunas proposiciones suyas fueron condenadas por autoridades locales, la Iglesia no dej贸 de honrar al fiel seguidor de la verdad, sino que ratific贸 su veneraci贸n inscribi茅ndolo en el registro de los Santos (18 de julio de 1323) y concedi茅ndole el t铆tulo de Doctor de la Iglesia (11 de abril de 1567).

22. De esta manera la Iglesia ha querido reconocer en la doctrina de Santo Tom谩s la expresi贸n particularmente elevada, completa y fiel de su Magisterio y del sensus fidei de todo el pueblo de Dios, como se hab铆an manifestado en un hombre provisto de todas las dotes necesarias y en un momento hist贸rico especialmente favorable.

La Iglesia, para decirlo brevemente, convalida con su autoridad la doctrina del Doctor Ang茅lico y la utiliza como instrumento magn铆fico, extendiendo de esta manera los rayos de su Magisterio al Aquinate, tanto y m谩s que a otro insignes Doctores suyos. Lo reconoci贸 nuestro predecesor P铆o XI, al escribir en la Enc铆clica Studiorum Ducem: 鈥淎 todo el mundo cristiano interesa que esta conmemoraci贸n centenaria se celebre dignamente, porque honrando a Santo Tom谩s no s贸lo se manifiesta estima hacia 茅l, sino que se reconoce tambi茅n la autoridad de la Iglesia docente 33 .

23. Ahora bien, como ser铆a prolijo citar todas las pruebas de la gran veneraci贸n dada por la Iglesia y los Romanos Pont铆fices a Santo Tom谩s, nos limitaremos a recordar que a finales del siglo pasado, cuando ya se hac铆an sentir por doquier las consecuencias de la p茅rdida del equilibrio entre la raz贸n y la fe, volvieron a proponer su ejemplo y su magisterio como factores que contribuir铆an a conseguir la uni贸n entre la fe religiosa, la cultura y la vida civil, aunque fuera de manera distinta y adaptada a los nuevos tiempos.

La Sede Apost贸lica inici贸 y estimul贸 a un florecimiento de los estudios tomistas. Nuestros predecesores, a partir de Le贸n XIII, y debido al fuerte impulso que 茅l mismo dio con la Enc铆clica Aeterni Patris, recomendaron el amor al estudio y doctrina de Santo Tom谩s, para manifestar 鈥渓a consonancia de su doctrina con la 鈥榬evelaci贸n鈥� divina鈥� 34 , la armon铆a entre la fe y la raz贸n dentro de sus respectivos derechos 35 , el hecho de que la importancia concedida a su doctrina, lejos de suprimir la emulaci贸n en la b煤squeda de la verdad, la estimula m谩s bien y la gu铆a con seguridad 36 . Adem谩s, la Iglesia ha preferido la doctrina de Santo Tom谩s, proclam谩ndola como propia 37 , sin afirmar con ello que no sea l铆cito seguir otra escuela que tenga derecho de ciudadan铆a en la Iglesia 38 , y la ha favorecido a causa de su experiencia multisecular 39 . Tambi茅n en la actualidad el Ang茅lico y el estudio de su doctrina constituyen, por ley, la base de la formaci贸n teol贸gica de los que est谩n llamados a la misi贸n de confirmar y robustecer dignamente a los hermanos en la fe 40 .

24. Tambi茅n el Concilio Vaticano II ha recomendado a Santo Tom谩s, dos veces, a las escuelas cat贸licas. En efecto, al tratar de la formaci贸n sacerdotal, afirm贸: 鈥淧ara explicar de la forma m谩s completa posible los misterios de la salvaci贸n, aprendan los alumnos a profundizar en ellos y a descubrir su conexi贸n, por medio de la especulaci贸n, bajo el magisterio de Santo Tom谩s鈥� 41 . El mismo Concilio Ecum茅nico, en la Declaraci贸n sobre la Educaci贸n Cristiana, exhorta a las escuelas de grado superior a procurar que, 鈥渆studiando con esmero las nuevas investigaciones del progreso contempor谩neo, se perciba con mayor profundidad c贸mo la fe y la raz贸n tienden a la misma verdad鈥�, y afirma acto seguido que a este fin es necesario seguir los pasos de los Doctores de la Iglesia, especialmente de Santo Tom谩s 42 . Es la primera vez que un Concilio Ecum茅nico recomienda a un te贸logo, y 茅ste es Santo Tom谩s. En cuanto a nosotros, entre otras cosas, baste repetir las palabras que pronunciamos en otra ocasi贸n: 鈥淟os que tienen encomendada la funci贸n de ense帽ar... escuchen con reverencia la voz de los Doctores de la Iglesia, entre los que ocupa un lugar eminente Santo Tom谩s; en efecto, es tan poderoso el talento del Doctor Ang茅lico, tan sincero su amor a la verdad y tan grande su sabidur铆a al indagar las verdades m谩s elevadas, al explicarlas y relacionarlas con profunda coherencia, que su doctrina es instrumento eficac铆simo, no s贸lo para poner a buen seguro los fundamentos de la fe, sino tambi茅n para recabar de ella de modo 煤til y seguro frutos de sano progreso鈥� 43 .

25. Nos preguntamos ahora si Santo Tom谩s de Aquino, que 鈥攃omo hemos expuesto鈥� dej贸 marcada su huella en los siglos, tiene algo que ofrecer a nuestro tiempo. Muchos hombres de hoy, m谩s claramente que en el pasado, o niegan o ponen en duda que pueda interesarles el mensaje evang茅lico; y no s贸lo son los no cristianos quienes se plantean el problema. Este roza tambi茅n el pensamiento de algunos cat贸licos, que confrontan las propias creencias con la civilizaci贸n actual y con los principales puntos de la cultura profana. A menudo se formulan objeciones de este tipo en nombre de la moderna cr铆tica del lenguaje, y se afirma f谩cilmente que el lenguaje, o sea el vocabulario de la fe, ha perdido su transparencia y su capacidad de significaci贸n.

A estas objeciones hay que a帽adir al hecho de que reiteradamente se ponen en tela de juicio las grandes obras que sintetizan la doctrina escol谩stica; y no siempre se distinguen suficientemente entre la fe en s铆 y la especulaci贸n teol贸gica. En efecto, el lenguaje mismo de la teolog铆a escol谩stica, asociado al de una filosof铆a antigua, en funci贸n de ideas superadas, propias de un mundo y de una condici贸n humana completamente distintos de los nuestros, es considerado con demasiada frecuencia como inaceptable e incomprensible. Y no podr铆a ser de otro modo 鈥攁s铆 se cree鈥�, puesto que las ciencias, la t茅cnica, las relaciones sociales, la cultura, la vida p煤blica, etc., han originado profundas transformaciones. Ha habido cambios a nivel del proceso racional del pensamiento y sobre el modo de abordar filos贸ficamente las cuestiones y de tratar con las fuerzas humanas los temas de la fe. Los sistemas teol贸gicos de antes no encuentran ya en la cultura moderna la correspondencia natural de las cosas con las palabras que los autores y hombres de la 茅poca utilizaban para designarlas. Se sigue que, estando cerca de la forma mental propia de la 茅poca medieval, el pensamiento teol贸gico de Santo Tom谩s 鈥攃omo el de cualquier otro autor de la 茅poca escol谩stica鈥�, resulta ahora un tanto dif铆cil, exige tiempo y esfuerzo a los que quieren familiarizarse con 茅l y queda reservado m谩s que nunca a los especialistas dedicados a estos estudios. Consciente de esta evoluci贸n, el reciente Concilio Ecum茅nico ha colocado intencionadamente en una perspectiva nueva a la Iglesia, que reflexiona sobre s铆 misma y que est谩 presente en un mundo cuya novedad tan n铆tidamente percib铆a. 驴Es l铆cito por eso afirmar que Santo Tom谩s debe ser incluido en el grupo de aquellos que, lejos de ser 煤tiles para la fe y la propagaci贸n de la verdad cristiana, la obstaculizan?

Eludir este problema e ignorar su alcance supondr铆a traicionar el esp铆ritu mismo de Santo Tom谩s, que procur贸 siempre descubrir toda fuente de saber. Estamos convencidos de que tambi茅n hoy se esforzar铆a por descubrir todo lo que cambia al hombre, sus condiciones, su mentalidad y su comportamiento. El gozar铆a ciertamente de todos los medios hoy a su alcance para hablar de Dios de manera m谩s digna y conveniente que en el pasado, pero sin perder aquella seguridad, noble y serena, que s贸lo la fe puede dar al entendimiento humano.

Dentro de la Iglesia, los intelectuales, incluidos los profesores especialistas de las ciencias sagradas, conscientes ahora m谩s que nunca de los vastos y graves cambios producidos y de la necesidad de confrontar seriamente el presente con lo que en el transcurso de los siglos era como el alma del cristianismo, propenden menos a escuchar a Santo Tom谩s. Por eso, parece conveniente que, al justo elogio tributado a este genio, a帽adamos alguna exhortaci贸n sobre la recta utilizaci贸n de su obra, necesaria hoy para adherirse a su esp铆ritu y a su pensamiento.

26. No se crea, como se hace con demasiada frecuencia, que la doctrina escol谩stica es f谩cilmente accesible, como lo fue en los siglos pasados. En efecto, no basta repetir materialmente la doctrina, las f贸rmulas, los problemas y el tipo de exposici贸n con que sol铆an tratarse antiguamente estas cuestiones. Una repetici贸n as铆 no garantizar铆a la verdadera fidelidad a la doctrina de nuestro autor, comprometer铆a su comprensi贸n, particularmente necesaria en nuestro tiempo, e incluso podr铆a desvirtuar los g茅rmenes de ideas que el entendimiento est谩 llamado a desarrollar.

Por lo tanto, principalmente los que se dedican en la Iglesia al ministerio de estudiar y ense帽ar la teolog铆a, realicen el esfuerzo necesario para que el pensamiento del Doctor Ang茅lico pueda ser comprendido en su vitalidad fuera del 谩mbito restringido de la escuela. De esta manera podr谩n guiar a los que, sin posibilidades para hacer este esfuerzo, tienen necesidad de aprender sus l铆neas maestras, el equilibrio doctrinal y, sobre todo, el esp铆ritu que penetra e informa todas sus obras.

Evidentemente, esta labor de actualizaci贸n del patrimonio doctrinal escol谩stico鈥搕omista deber谩 llevarse a cabo de acuerdo con la perspectiva m谩s amplia indicada por el Concilio Vaticano II en el pasaje antes citado del Derecho Optatam totius,16: es preciso que la teolog铆a dogm谩tica se alimente m谩s abundantemente y m谩s 铆ntimamente de las riquezas de la Sagrada Escritura, se abra m谩s a las fecundas aportaciones de la patr铆stica oriental y occidental, preste mayor atenci贸n a la historia del dogma, estreche su contacto con la vida y la liturgia de la Iglesia y, finalmente, se muestre m谩s sensible a los problemas concretos de los hombres en las distintas situaciones.

27. Un segundo deber tienen los que en nuestro tiempo desean ser disc铆pulos de Santo Tom谩s: es preciso considerar atentamente lo que m谩s interesa hoy a cuantos se esfuerzan por obtener una mejor inteligencia de la fe; si no se hace esto, la fe no podr铆a sacudir ni interesar a los esp铆ritus. En efecto, si no se penetra bien en el pensamiento contempor谩neo, es imposible distinguir, y mucho m谩s exponer 鈥攃otejando adecuadamente las diferencias y semejanza鈥�, el tema que se aborda y al que la teolog铆a ilumina plenamente.

Si se ocasiona un grave perjuicio a la aut茅ntica ciencia de Dios y del hombre ignorando las nuevas formas de doctrina, encerr谩ndose dentro de las fronteras del pasado, hay que decir que sucede lo mismo cuando se rechazan a priori la doctrina o la escuela de los grandes Doctores, aliment谩ndose tan s贸lo con las ideas a veces especiosas de nuestro tiempo.

Los verdaderos disc铆pulos de Santo Tom谩s no dejaron nunca de efectuar este cotejo necesario. 隆Cu谩ntos de ellos, y particularmente especialistas en Sagrada Escritura, filosof铆a, historia, antropolog铆a, ciencias naturales, cuestiones econ贸micas y sociales, etc., demuestran claramente con sus obras que tambi茅n bajo este aspecto le deben mucho al gran Doctor!

28. A estas dos exhortaciones a帽adimos una tercera: Nos referimos a la necesidad de buscar, como en un di谩logo ininterrumpido, una comuni贸n vital con el propio Santo Tom谩s. En efecto, 茅ste se presenta a nuestra 茅poca como maestro de un m茅todo eficac铆simo de pensar, al ir directamente a la ra铆z de lo que es esencial, al aceptar con humildad y buena disposici贸n la verdad de donde quiera que venga, y al dar un ejemplo singular del modo c贸mo deben armonizarse entre s铆 los tesoros y las exigencias supremas de la mente humana y las profundas realidades contenidas en la palabra de Dios. Nos ense帽a tambi茅n a ser inteligentes en la fe, a serlo plena y valientemente. De esta manera se verifica un avance ulterior de la raz贸n, pues la inteligencia, consagr谩ndose a todos los hombres, grandes o peque帽os, de los que el te贸logo es hermano por la fe, en premio a este servicio de direcci贸n intelectual y a la gloria que da a Dios, recibe honor por honor, luz por luz.

29. Como hemos explicado antes, para ser hoy fiel disc铆pulo de Santo Tom谩s, no basta proponerse hacer, utilizando s贸lo los medios que nos ofrece nuestro tiempo, lo que hizo 茅l en su 茅poca. El que quiera imitarlo, content谩ndose con avanzar por un camino paralelo al suyo, sin tomar nada de 茅l, ser谩 dif铆cil que llegue a un resultado positivo, o que por lo menos ayude a la Iglesia y al mundo proporcion谩ndoles la luz que necesitan. En efecto, no hay fidelidad verdadera y fecunda, si no aceptan los principios de Santo Tom谩s, recibi茅ndolos como de sus manos; estos principios son faros que arrojan luz sobre los problemas m谩s importantes de la filosof铆a y hacen posible entender mejor la fe en nuestro tiempo, as铆 como los puntos fundamentales de su sistema y sus ideas fuerza. De esta manera el pensamiento del Doctor Ang茅lico, cotejado con las aportaciones siempre nuevas de las ciencias profanas, experimentar谩, en virtud de una especie de fecundaci贸n mutua, una nueva primavera de vitalidad y lozan铆a. Como ha escrito recientemente un insigne te贸logo, miembro del Sacro Colegio: 鈥淓l mejor modo de honrar a Santo Tom谩s es ahondar en la verdad a la que el sirvi贸, y, en la medida de lo posible, demostrar su capacidad para incorporar los descubrimientos que, con el paso del tiempo, el ingenio humano logra realizar鈥� 44 .

30. Esto es lo que Santo Tom谩s hizo de maravilloso y lo que nosotros hemos cre铆do que deb铆amos recordar en esta celebraci贸n centenaria, esperando firmemente que sea de gran utilidad para la Iglesia. Mas no queremos poner fin a esta Carta, sin recordar tambi茅n que el Santo Doctor de la Iglesia 鈥攃omo afirma su primer bi贸grafo鈥�, no s贸lo 鈥渃on la claridad de su doctrina gan贸 m谩s disc铆pulos que los dem谩s para el amor a la ciencia鈥� 45 , sino que dio tambi茅n ejemplo magn铆fico de santidad, digno de ser imitado por los contempor谩neos y por la posteridad. Baste referir las famosas palabras que pronunci贸 poco antes de terminar su breve peregrinaci贸n terrena y que parecen digno colof贸n de su vida: 鈥淭e recibo, precio de la redenci贸n de mi alma, te recibo, vi谩tico de mi peregrinaci贸n, por cuyo amor he estudiado, velado y trabajado; te he predicado y ense帽ado; jam谩s he dicho nada contra ti, pero si acaso lo hubiera dicho, ha sido de buena fe y no sigo obstinado en mi opini贸n. Si algo menos recto he dicho sobre 茅ste lo dem谩s sacramentos, lo conf铆o completamente a la correcci贸n de la santa Iglesia romana, en cuya obediencia salga ahora de esta vida鈥� 46 .

Sin duda por ser santo, 鈥渆l m谩s santo entre los doctos y el m谩s docto entre los santos鈥�, como de 茅l se ha dicho 47 , nuestro predecesor Le贸n XIII no s贸lo lo propuso como maestro y gu铆a, sino que tambi茅n lo proclam贸 patrono de todas las escuelas cat贸licas de cualquier orden y grado 48 ; t铆tulo que nos place ratificar.

Deseando que esta celebraci贸n en honor de tan gran figura produzca frutos saludables no s贸lo para la Orden de Frailes Predicadores, sino tambi茅n en beneficio y provecho de toda la Iglesia, a ti, querido hijo, a tus hermanos en religi贸n y a todos los profesores y alumnos de las escuelas eclesi谩sticas, los cuales corresponder谩n a nuestros deseos, impartimos la bendici贸n apost贸lica, como augurio de luz y de fuerza celeste.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 20 de noviembre de 1974, a帽o XII de nuestro pontificado.


1

Discurso al Comit茅 promotor del Index Thomisticus: L鈥橭sservatore Romano. 20-21 mayo 1974.

2

Alocuci贸n al Congreso sobre Santo Tom谩s de Aquino en el VII centenario de su muerte: cf. L鈥橭sservatore Romano, 22-23 abril 1974.

3

P铆o XI, Enc铆cl. Studiorum Ducem: AAS 15, 1923, p. 314. Cf. J. J. Berthier, Sanctus Thomas Aquinas 鈥淒octor Communis鈥� Ecclesiae Romae 1914, p. 177 ss.鈥�; J. Koch, Philosophische und theologische Irrtumlisten von 1270-1329: M茅langes Mandonnet, Par铆s 1930, t. II, p. 328, n. 2; J. Ramirez, De autoritate doctrinali S. Thomas Aquinatis. Salmanticae 1952, pp. 35-107.

4

Cf. M. Cordovani, San Tommasso nella parola di S.S. Pio XI: Angelicum VI, 1929, p. 10.

5

Enc铆cl. Studiorum Ducem: AAS 15, 1923, p. 323.

6

Cf. Summa Theologiae, I-II. Q. 21, a. 4, ad 3; Ed. Leonina, VI, p, 167.

7

Breve Ad Deum per rerum naturae: AAS 34, 1942, pp. 89-91.

8

Cf. M. D. Chenu, Introduction 脿 l鈥櫭﹖ude de Saint Thomas d鈥橝quin, Paris 1950, p. 183 ss.

9

Cf. Summa Theologiae, I, q. 1, a. 8, ad 2: Ed. Leonina, IV, p. 22.

10

Cf. Summa Theologiae, I-II, q, 94, a. 2: Ed. Leonina, VII, pp. 169-170.

11

Summa Theologiae, II-II, q. 24, a. 3, ad 2: Ed. Leonina, VIII, p. 176.

12

Cf. Summa Theologiae, II-II, q. 1, a. 10, ad 3: Ed. Leonina. VIII, p. 24.

13

Cf. Summa Theologiae, ib., a. 10: 1. C.: Lc 22, 32 all铆 citado.

14

Summa Theologiae, II-II, q, 1, a. 10: Ed. Leonina, VIII, pp. 23-24. Cons煤ltese lo que escribi贸 Santo Tom谩s en el op煤sculo In Symbolum Apostolorum Expositio acerca de la Iglesia Romana: Dominus dixit鈥� 鈥淣on praevalebunt鈥�. Et inde est quod sola Ecclesiae Petri (in cuis partem venit tota Italia, dum discipuli mitterentur ad praedicandum) semper fuit firma in fide: et cum in aliis partibus vel nulla fides sit, vel sit commixta multis erroribus, Ecclesia tamen Petri et fide viget et ab erroribus munda est. Nec mirum, quia Dominus dixit Petro (Lc 22, 32): 鈥淓go rogavi pro te, Petre, ut non deficiat fides tua鈥� (a. 9: Ed. Parmensis, t. XVI, 1865, p. 148).

15

Cf. Vita S. Thomae Aquinatis auctore Guillelmo de Tocco, cap. XIV: Fontes vitae S. Thomae Aquinatis, ed. D. Pr眉mmer, o.p., fasc. II, Saint-Maximin (Var) 1924, p. 81.

16

Summa Theologiae, I-II, p. 109, a. 1, ad I: Ed. Leonina, VII, p. 290.

17

Expositio super librum Boethii de Trinitate, q. 2, a. 3 ad 8: rec. B. Decker, Leiden 1955, p. 97. Cf. Summa Theologiae, I, q. 1, a. 6, ad 2: Argumentum ad auctoritate fidei est firmissimum, sed ad auctoritate humana est debilissimum (Ed. Leonina, IV, p. 22). Otro texto que evidencia la actitud no servil ni puramente historicista o ecl茅tica de Santo Tom谩s en filosof铆a: Studium philosophiae non est ad hoc quod sciatur quid homines senserint, sed qualiter se habeat veritas rerum: In librum Aristotelis de coelo et mundo commentarium, 1, lect. XXII: Ed. Parmensis, t. XIX, 1865, p. 58. Cf. Tractatus de spiritualibus creaturis, a. 10, ad 8. Ed. L. W. Keeler, Romae 1938, pp. 131-133.

18

E. Gilson, L鈥檈sprit de la philosophie m茅di茅vale, Gilford Lectures, Paris 1932, I, p. 42; Le Thomisme. Introduction 脿 la philosophie de Saint Thomas d鈥橝quin, Paris 1965, 6陋. ed., passim. Cf. Tambi茅n F. van Steen Berghen, Le mouvement doctrinal du XI au XIV si猫cle: Fliche-Martin. Histoire de L鈥橢glise, vol. XIII, p. 270.

19

Cf. In XII libros Metaphysicorum Aristotelis Expositio. II, lect. I: Ed. Taurinensis, 1950, n. 287, p. 82.

20

Cf. ib.

21

Cf. Summa contra Gentiles, L. III, c. 48: Ed. Leonina, XIV, pp. 131-132.

22

Cf. In Symbolum Apostolorum Expositio, a. I: Ed. Parmensis, t. XVI, 1865, p.35: Nullus philosophorum ante adventum Christi cum toto conatu suo potuit tantum scire de Deo et de necessariis ad vitam aeternam, quantum post adventum Christi scit vetula per fidem.

23

Cf. Summa Theologiae, II-II, q. 8, a. 7: Ed. Leonina, VIII, p. 72; Vita S. Thomae Aquinatis auctore Guillelmo de Tocco, caps. XXVIII, XXX, IV: Fontes vitae S. Thomae Aquinatis, ed. cit., pp. 102-103, 104-105, 108.

24

Vita S. Thomae Aquinatis auctore Guillelmo de Tocco, cap. XXXI: ed. cit., pp. 105-106; cf. J. Pieper, Einf眉hrung zu Thomas von Aquin, M眉nchen 1958, p. 172 ss.

25

Summa Theologiae, II-II, q. 8, a. 7: Ed. Leonina, VIII, p. 72.

26

Cf. J. Pieper, op. c., p. 69 ss.

27

Le贸n XIII, Encicl. Aeterni Patris: Leonis XIII Pont. Max. Acta, I, Romae 1881, pp. 255-284.

28

Codex Iuris Canonici, can. 1366, p谩r. 2; cf. can. 589, p谩r 1.

29

Cf. Quaestiones disputatae De Veritate, q. 1, a. 1: Ed. Leonina, XXII, vol. I, fasc. 2, p. 5.

30

Discorsi di Pio XII, vol. I, Tur铆n 1960, pp. 668-669.

31

Enc铆cl. Aeterni Patris: Leonis XIII Pont. Max. Acta, I, Romae 1881, p. 274.

32

In festo S. Thomae Aquinatis, II Noct., IV Resp; cf. J. Pieper, op. c., p.116.

33

Enc铆cl. Studiorum Ducem: AAS 15, 1923, p. 324. T茅ngase en cuenta lo que escribi贸 Santo Tom谩s acerca de las relaciones mutuas entre los doctores de la Iglesia (y los te贸logos) y el Magisterio: Ipsa doctrina Catholicorum Doctorum ab Ecclesia auctoritatem habet: unde magis standum est auctoritati Ecclesiae cuam auctoritati vel Augustini vel Hieronymi vel cuiuscumque Doctoris: Summae Theologiae, II-II, q. 10, a. 12: Ed. Leonina, VIII. p. 94.

34

P铆o XII, Enc铆cl. Humani generis: AAS 42, 1950, p. 573.

35

Cf. Le贸n XIII, Enc铆cl. Aeterni Patris: 1, c., ib.

36

Cf. P铆o II, Sermo habitus ad alumnus seminariorum, collegiorum et institutorum utriusque cleri, 24 m. iun. a. 1939: AAS 31, 1939, p.247.

37

Cf. Benedicto XV, Carta Enc铆cl. Fausto appetente die: AAS 13, 1921, p. 332.

38

P铆o XII, Discurso pronunciado con ocasi贸n del IV centenario de la fundaci贸n de la Pontificia Universidad Gregoriana, 17 octubre de 1953: AAS 45, 1953, pp. 685-68鈥�.

39

P铆o XII, Enc铆cl. Humani generis: AAS 42, 1950, p. 573.

40

Codex Iuris Canonici. can. 1366, p谩r. 2.

41

Decreto Optatam totius sobre la formaci贸n sacerdotal, n. 16: AAS 58, 1966, p. 723.

42

Cf. Declaraci贸n sobre la Educaci贸n Cristiana, Gravissimum educationis, n. 10: AAS 58, 1966, p. 737.

43

Discurso a los superiores, profesores y alumnos de la Pontificia Universidad Gregoriana, 12 de marzo 1964: AAS 56, 1964, p. 365.

44

Charles card. Journet, Actualit茅 de Saint Thomas, Introd., Par铆s鈥揃ruselas 1973.

45

Vita S. Thomae Aquinatis auctore Guillelmo de Tocco, cap. XIV: ed. cit., p. 81.

46

Ib., cap. LVIII: ed. cit., p. 132.

47

Cf. Discorsi di Pio XI, Tur铆n 1960, vol. I, p. 783.

48

Breve 鈥淐um hoc sit鈥�, De Sancto Thoma Aquinate Patrono coelesti studiorum optimorum coeptando: Leonis XIII Pont. Max. Acta, II, Romae 1882, pp. 103-113.
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