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Cardenal Alfonso L√≥pez Trujillo, A los 30 a√Īos de la Conferencia de Medell√≠n
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A los 30 a√Īos de la Conferencia de Medell√≠n

Mientras los 25 a√Īos de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en la ciudad de Medell√≠n no tuvieron, que yo recuerde, celebraci√≥n alguna, todo indica que no ocurrir√° lo mismo cuando se cumplan las tres d√©cadas de este gran acontecimiento.

He pensado en consignar por escrito algunas reflexiones, quiz√°s √ļtiles para rescatar del olvido aspectos interesantes, al menos en la percepci√≥n m√≠a, pues fui uno de los invitados como experto a la conferencia de Medell√≠n e inmediatamente despu√©s, en uni√≥n con mons. Eduardo Pironio (entonces joven obispo de Avellaneda y reci√©n elegido secretario general del Celam), como coordinador del equipo teol√≥gico-pastoral del Celam, cuyo presidente era el secretario del consejo. En cierta forma estas l√≠neas constituyen un homenaje al querido cardenal Pironio, llamado a recoger el premio que el Se√Īor concede a sus servidores fieles. Me correspondi√≥ luego ser secretario general del Celam por largos a√Īos, cuando fue su presidente mons. Pironio, nombrado luego, en 1975, por Su Santidad Pablo VI prefecto de la congregaci√≥n para los religiosos.

En los primeros a√Īos de nuestros servicios en el Celam reflexionamos no poco sobre Medell√≠n, inter√©s que se acentu√≥ cuando se inici√≥ la preparaci√≥n de la tercera Conferencia del Episcopado latinoamericano, que se realizar√≠a en Puebla de los √Āngeles. Es preciso indicar que una consideraci√≥n met√≥dica y seria sobre Medell√≠n conven√≠a no s√≥lo por la riqueza de la materia que la Conferencia ofrec√≠a, sino tambi√©n por las interpretaciones a las que se le estaba sometiendo, con perfiles preocupantes de manipulaci√≥n hermen√©utica, que, hay que esperarlo, ojal√° haya sido del todo superada.

El Celam reuni√≥ en R√≠o de Janeiro, a un grupo importante de protagonistas de la Conferencia de Medell√≠n para celebrar reflexionando los cinco a√Īos de Medell√≠n. Este encuentro fue publicado en el libro titulado ¬ęMedell√≠n: Reflexiones en el Celam¬Ľ. Al darle una mirada a esta publicaci√≥n me llama la atenci√≥n su actualidad para un estudio cuidadoso y ponderado de los puntos que se discut√≠an. Este esfuerzo ayud√≥ notablemente para la claridad en los enfoques de la Conferencia de Puebla, de tal forma que, conservando su unidad, con Medell√≠n no quedara sepultado su mensaje original bajo retoques posteriores por numerosas pinceladas que tuvieron y tienen el riesgo de cubrir el dise√Īo original.

EL CONCILIO VATICANO II Y EL CELAM

La Conferencia naci√≥, se prepar√≥ y realiz√≥ como fruto de una coincidencia hist√≥rica de dos hechos significativos. Primero, el impacto hist√≥rico, renovados, del concilio Vaticano II que acababa de clausurarse el 7 de diciembre de 1965, es decir, menos de dos a√Īos de cuando se inici√≥ su preparaci√≥n, segundo, los comienzos del Celam, que hab√≠a sino creado en 1955, en R√≠o de Janeiro y que ayud√≥ a moldear, ya en los mismos a√Īos del Concilio, la fisonom√≠a de una identidad eclesial latinoamericana, en la riqueza de la variedad de la Iglesia una, misterio de comuni√≥n ; una identidad singular al servicio de la comuni√≥n. Estos dos hechos de an√°loga importancia (y desde luego no del mismo peso y valor), constituyeron el f√©rtil terreno que hizo madurar el fruto de Medell√≠n. Por una parte, es preciso recordar que el Concilio fue el principio inspirador e iluminador de Medell√≠n, con miras sobre todo a su aplicaci√≥n en nuestro continente. El tema fue: La Iglesia en la actual transformaci√≥n de Am√©rica Latina a la luz del Concilio. La fuerza y la novedad la suministraba, en amplia medida, el Concilio, que abr√≠a puertas y ventanas para que entrara el ox√≠geno nuevo, el viento impetuoso del Esp√≠ritu Santo para renovar la Iglesia desde adentro y la humanidad, como sacramento de Cristo. Hab√≠a sido constante y fervorosa la oraci√≥n por un ¬ęnuevo Pentecost√©s¬Ľ, que quiz√°s se so√Ī√≥ m√°s particularmente en el √°mbito esperanzador de una reactivaci√≥n o aceleraci√≥n del ecumenismo, y que signific√≥, a la postre, tal vez no un aporte tan vigoroso como se esperaba a la gran causa de la uni√≥n de las Iglesias, pero s√≠ a una mejor comprensi√≥n del misterio de la Iglesia, sacramento del Cristo Lumen gentium: la Iglesia, en su identidad y en di√°logo salv√≠fico con la humanidad, en hist√≥rica solidaridad con la fuerza de la Gaudium et spes. Esta constituci√≥n pastoral encauzaba el di√°logo con un mundo en cambio, con Am√©rica Latina en la plena y angustiosa transformaci√≥n. En cierta forma, la aplicaci√≥n del Concilio al continente de la esperanza apostaba un √≠mpetu pastoral m√°s ligado a la constituci√≥n pastoral Gaudium et spes que a la misma Lumen gentium, cuya riqueza, como la de otras constituciones (cuando se iniciaron ciertas dificultades de tipo eclesiol√≥gico), fue objeto de mayor y sistem√°tica profundizaci√≥n. Por otra parte, con la creaci√≥n del Celam, aunque todav√≠a se encontrara en una etapa inicial, casi artesanal, se contaba ya con una caja de resonancia y un motor al servicio de pueblos unidos por la Iglesia, con la viva conciencia de su responsabilidad hist√≥rica. Desde entonces se ha hablado m√°s del papel hist√≥rico de la Iglesia como conciencia cr√≠tica de la humanidad. Se acent√ļa entonces el servicio prof√©tico de la Iglesia, no en oposici√≥n a los institucional. Cabe hablar de la misi√≥n prof√©tica de la instituci√≥n. La convergencia del Concilio como hecho eclesial inspirador de primer orden y del Celam en etapa de crecimiento son el marco y la ocasi√≥n del hecho eclesial protuberante que constituy√≥ Medell√≠n. Estaban en buena parte, hay que reconocerlo, en un proceso inicial muchas Conferencias episcopales en Am√©rica Latina . Poco a poco se fue consolidando su estructura, proceso no propiamente concluido. Expresar√° claramente Juan Pablo II: ¬ęSin el Concilio no hubiera sido posible la reuni√≥n de Medell√≠n, que quiso ser un impulso de renovaci√≥n pastoral, un esp√≠ritu nuevo de cara al futuro¬Ľ (Homil√≠a en el santuario de Nuestra Se√Īora de Guadalupe, n. 4).

EN UN CONTINENTE POBRE, BAJO EL SIGNO DE LA VIOLENCIA

Si ya el momento de Medell√≠n, con relaci√≥n a Puebla, ofrec√≠a caracter√≠sticas que mostraban situaciones dis√≠miles, ¬Ņqu√© decir de Am√©rica Latina, la de hace 30 a√Īos, con relaci√≥n a su realidad actual? Era muy diversa la situaci√≥n pol√≠tica: mientras entonces en la gran mayor√≠a de los pa√≠ses los gobiernos eran o dictaduras o sistemas autoritarios , y cund√≠a el militarismo, hoy al menos una democracia, as√≠ sean en muchos casos m√°s bien formal y fr√°gil, es el hecho general, salvo alguna excepci√≥n. A la altura de Medell√≠n no se percib√≠an todav√≠a los rasgos de la ¬ędoctrina de la seguridad nacional¬Ľ, que se fue elaborando posteriormente. El pesado ejercicio del poder militar no hab√≠a adquirido los perfiles de una ideolog√≠a o ¬ędoctrina¬Ľ justificativa del poder militar. Mientras entonces varias naciones sufr√≠an el impacto y el desgaste de guerrillas de obediencia ideol√≥gica, bautizadas con el nombre de ciudades. Pek√≠n, Mosc√ļ, La Habana, o de movimientos o guerrillas de mayor nombrad√≠a con un proyecto de un dominio creciente sobre el continente, incluso con ribetes rom√°nticos que subsisten, hoy las naciones que sufren el flagelo de la violencia guerrillera son muy pocas: Colombia y Per√ļ, b√°sicamente.

Se ha pensados que los participantes en Medell√≠n habr√≠an experimentado una cierta fascinaci√≥n con una m√≠stica guerrillera o con el mita del valor cient√≠fico del an√°lisis marxista. Si algo de este curioso fen√≥meno se manifest√≥ posteriormente, a la hora de ¬ęrelecturas¬Ľ y de ¬ęreinterpretaciones¬Ľ respecto de la ideolog√≠a marxista, era otro el ambiente que se viv√≠a en el aula y en los corredores del seminario mayor de Medell√≠n, que fue la sede de la hist√≥rica Conferencia. Por una parte, era considerable el impacto de la enc√≠clica Populorum progressio, de tanta apertura social y de tanta seguridad, para evitar interpretaciones el desarrollo ¬ęde todo el hombre y de todos los hombres¬Ľ, que fue el eje de la hist√≥rica enc√≠clica, en clave ideol√≥gica, o del capitalismo o del marxismo. El concepto de desarrollo integral, fruto de la inspiraci√≥n del padre Lebret, se fundaba en una concepci√≥n certera del hombre, en una antropolog√≠a coherente, de fundamentaci√≥n ontol√≥gica y de consistencia doctrinal, muy diversa de la pobreza en la concepci√≥n del hombre que deriva de las ideolog√≠as. La Iglesia, ¬ęexperta en humanidad¬Ľ, no se dejaba seducir por ¬ęantropolog√≠as¬Ľ desintegradas o por ¬ęhumanismos mutilados¬Ľ. Esto daba consistencia a la doctrina social que cay√≥ luego en artificial eclipse. Un liberacionismo reductivo y complaciente no penetraba f√°cilmente en el recinto de la Conferencia, pues, adem√°s era universal el estremecimiento y el dolor de la primavera de Praga: los tanques pretendieron reemplazar los argumentaci√≥n y taponar con violencia los vac√≠os del marxismo real. Las promesas contrastaban con la realidad. En un continente pobre, por lo menos los pastores, a la altura de Medell√≠n, no escrutaban en los horizontes una especie de ¬ęsalvaci√≥n¬Ľ por la v√≠a del colectivismo marxista y no experimentaba dudas, as√≠ fueran ¬ęmet√≥dicas¬Ľ, sobre la validez del magisterio social de la Iglesia. Tambi√©n era agudamente cr√≠tica la percepci√≥n de los fracasos en t√©rminos de humanidad, con lamentables resultados, de un capitalismo f√©rreo e inhumano como para imaginar que alguna simpat√≠a se pudiera acariciar en este otro √°mbito. El mismo final dram√°tico del sacerdote Camilo Torres, cuya generosidad fue absorbida y manipulada por la guerrilla, hac√≠a consistentes los anticuerpos contra la invasi√≥n ideol√≥gica. Si el drama de la pobreza interpelaba dram√°ticamente a los obispos, gu√≠as y centinelas del reba√Īo, que portaban en su coraz√≥n de pastores y reflejaban las heridas sufridas en carne viva por sus pueblos, no asomaba por ninguna parte una actitud ingenua o un riesgo en relaci√≥n con una poluci√≥n ideol√≥gica en el universo de la fe en el nivel de los obispos. Ciertamente era diversa la situaci√≥n, como los a√Īos mostrar√≠an, de otros sectores, que sufrieron el hechizo del mito ideol√≥gico que crec√≠a en la medida de la lejan√≠a f√≠sica para una confrontaci√≥n con la vida real. Ante la realidad de Am√©rica Latina, Pablo VI, el primer Papa peregrino en nuestros pueblos, subrayaba la intenci√≥n evangelizadora de esta cita eclesial y el ¬ęansia profunda¬Ľ ante el desaf√≠o de las nuevas necesidades. El Papa, como se sabe, inaugur√≥ la Conferencia de Medell√≠n en la catedral de Bogot√° (con motivo del Congreso eucar√≠stico). Son elocuentes sus palabras: ¬ęEl porvenir reclama un esfuerzo, una audacia, un sacrificio, que ponen en la Iglesia un ansia profunda. Estamos en un momento de reflexi√≥n total. Nos invade, como una ola desbordante, la inquietud caracter√≠stica de nuestro tiempo, especialmente de estos pa√≠ses proyectados hacia su desarrollo completo, y agitados por la conciencia de sus desequilibrios econ√≥micos, sociales, pol√≠ticos y morales¬Ľ. El Papa invita a estimular el esfuerzo renovador, como pastores, poniendo al hombre en primer puesto (en la Populorum progressio expres√≥: ¬ęLo que importa es el hombre¬Ľ) y a dar un testimonio de pobreza. ¬ęDe todas maneras, la Iglesia se encuentra hoy frente a la vocaci√≥n de pobreza de Cristo (‚Ķ). La indigencia de la Iglesia, con la decorosa sencillez de sus formas, es un testimonio de fidelidad evang√©lica; es la condici√≥n, alguna vez imprescindible, para dar cr√©dito a su propia misi√≥n¬Ľ. Estos riesgos vendr√≠an m√°s tarde, a la hora de las interpretaciones desarrolladas sistem√°ticamente por parte de quienes fueron los cr√≠ticos de la primera hora, de las Conclusiones de Medell√≠n. Calificaban de ¬ętercermundismo¬Ľ la opci√≥n por una tercera v√≠a concebida como imposible, diferente del capitalismo y del marxismo. Llegaron a pensar que esa salida, que no representaba un verdadero cambio, era simple y superficial, y se√Īalaban con √≠ndice acusador esa opci√≥n, enga√Īosa como la debilidad de la doctrina social. El ¬ętercerismo¬Ľ ser√≠a ‚Äďera la acusaci√≥n‚Äď la tentaci√≥n de la acomodaci√≥n jer√°rquica. El realidad, no coincidi√≥ nunca con esa visi√≥n reductora el mensaje de Medell√≠n, que recog√≠a la ense√Īanza de que la violencia para introducir los cambios no era cristiana ni evang√©lica.

El mensaje del Papa Pablo VI tiene su fuerte incidencia sobre desv√≠os que √©l ya percibe, con una mirada quiz√°s m√°s perspicaz y escrutadora de lo que quiz√°s algunos pastores captaban en el fen√≥meno emergente. Su ense√Īanza sobre cristianismo y violencia es una s√≠ntesis impresionante para evitar los escollos de caminos de violencia y las apolog√≠as que empieza a descubrir y se√Īalar en ¬ęteolog√≠as complacientes¬Ľ, habla con la autoridad de un Pastor empe√Īado en la doctrina social con su gran enc√≠clica, la Populorum progressio, sereno y prof√©tico, centinela y gu√≠a. He aqu√≠ un texto que es mejor citar integralmente: ¬ęSi nosotros debemos favorecer todo esfuerzo honesto para promover la renovaci√≥n y la elevaci√≥n de los pobres u de cuantos viven en condiciones de inferioridad humana y social; so nosotros no podemos ser solidarios con sistemas y estructuras que encubren y favorecen graves y opresoras desigualdades entre las clases y los ciudadanos de un mismo pa√≠s, sin poner en acto un plan efectivo para remediar las condiciones insoportables de inferioridad que frecuentemente sufre la poblaci√≥n menos pudiente, nosotros mismos repetimos una vez m√°s a este prop√≥sito: ni el odio ni la violencia son la fuerza de nuestra caridad. Entre los diversos caminos hacia una justa regeneraci√≥n social, nosotros no podemos escoger ni el del marxismo ateo ni el de la rebeli√≥n sistem√°tica ni tanto menos el del esparcimiento de sangre y el de la anarqu√≠a. Distingamos nuestras responsabilidades de las de aquellos que, por el contrario, hacen de la violencia un ideal noble, un hero√≠smo glorioso, una teolog√≠a complaciente. Para, reparar errores del pasado y para curar enfermedades actuales no hemos de cometer nuevos fallos, porque estar√≠an contra el Evangelio, contra el esp√≠ritu de la Iglesia, contra los mismo intereses del pueblo, contra el signo feliz de la hora presente, que es el de la justicia en camino hacia la hermandad y la paz¬Ľ (Consejo episcopal latinoamericano, Conferencias generales del Episcopado latinoamericano, R√≠o de Janeiro, Medell√≠n, Puebla, Santo Domingo, Celam, Santaf√© de Bogot√° 1994: cita del Discurso de Su Santidad Pablo VI, Medell√≠n, p. 84).

CON LA ESPERANZA PUESTA EN LA IGLESIA

Pablo VI, fiel int√©rprete de las necesidades y de los problemas, dio la mayor importancia en este c√©lebre discurso inaugural, en coherencia con la perspectiva evangelizadora, a dos puntos doctrinales, que subray√≥ expresamente: la secularizaci√≥n, que pasa por alto la esencial referencia la verdad religiosa, y la oposici√≥n entre la Iglesia llamada institucional y otra presunta Iglesia llamada carism√°tica. El Pastor universal se ergu√≠ contra quienes quer√≠an secularizar el cristianismo para librarlo de ¬ęaquella forma de neurosis que es la religi√≥n¬Ľ. Y advirti√≥ con claridad meridiana que la contraposici√≥n entre instituci√≥n y carisma es insostenible. La Iglesia, tal como Cristo la fund√≥ (comunitaria y jer√°rquica, visible y responsable, apost√≥lica y sacramental) y como la tradici√≥n fiel y coherente nos la entrega hoy, es vivificada por el Esp√≠ritu de Jes√ļs. Al indicar su preocupaci√≥n, con ansia profunda pone de manifiesto problemas doctrinales que empieza a percibir en el inmediato posconcilio y que no fueron objeto de especial estudio en Medell√≠n. La hora latinoamericana de la clarificaci√≥n doctrinal ser√≠a Puebla. Sin embargo, la insistencia en estos puntos centrales no llev√≥ al olvido de los problemas de la pobreza y de la violencia , a cuya soluci√≥n deb√≠a colaborar la Iglesia.

La secularizaci√≥n y el secularismo como hemorragia de fe, como √©xodo de la casa del Padre, no se descubr√≠a con el dramatismo con que hoy se registra en vastos grupos de la sociedad, y sobre todo en el mundo pol√≠tico, en los gobiernos y en los parlamentos, en donde muchos de los proyectos optan por caminos bastante diversos de una inspiraci√≥n cristiana y aun de una convergencia en valores humanos que den consistencia a la sociedad. Una profunda mentalidad secularizante destierra a Dios de la sociedad, sor todo en el campo √©tico. Se busca imponer, en nombre del di√°logo, sin identidad, no el principio de los derechos de Dios, a quien hay que escuchar sobre los caprichos humanos (cf. Hch 5, 29), sino un nuevo ¬ępante√≥n¬Ľ en donde los dioses conviven con los √≠dolos y con ellos todas las tendencias ¬ę√©ticas¬Ľ.

Hace tres d√©cadas la jerarqu√≠a era m√°s o√≠da y acatada, e incluso all√≠ en donde se hallaba en tensi√≥n con los poderes de este mundo su voz no era silenciada bajo la mole de intereses que, en nombre del ¬ępluralismo¬Ľ, hacen injusticia al hombre y a la misma dignidad de los pueblos. Hoy se invoca una democracia pluralista en la concepci√≥n de ¬ęuna verdad pol√≠tica¬Ľ, que termina por apagar las voces portadoras de esperanza y libertad. M√°s a√ļn, la Iglesia representaba entonces una seguridad e incluso un refugio, cuando ciertas libertades democr√°ticas no podr√≠an respirar a pulm√≥n pleno. Esta influencia de la Iglesia se pag√≥ tambi√©n con un exceso de protagonismo eclesi√°stico que, de hecho, asum√≠a en algunos casos tareas correspondientes al laicado. Tal vez se est√° pagando todav√≠a este fen√≥meno con el retraso de responsabilidades asumidas por los laicos con honda formaci√≥n cristiana para ejercer el papel de arquitectos de una nueva sociedad, en el papel que Arist√≥teles reconoc√≠a a los fundadores de la ¬ępolis¬Ľ. La formaci√≥n del laico en la pol√≠tica es hoy una gran urgencia. Las miradas, hace tres d√©cadas, converg√≠an en la Iglesia, en sus pastores ante tantas esperanzas vueltas a√Īicos. Medell√≠n supo captar este momento asumiendo hondas aspiraciones, y poniendo en di√°logo y sinton√≠a sus preocupaciones con las de nuestros pueblos. El Concilio hab√≠a subrayado la irrefrenable sed de dignidad humana (cf. Gaudium et spes, 9). Por eso se hizo cada vez m√°s evidente que aplicar el Concilio, bajo el est√≠mulo e inspiraci√≥n de la Iglesia en di√°logo, impulsada por el Esp√≠ritu, no podr√≠a hacerse sin una seria mirada sobre la realidad, no para encerrarse en ella, y menos para confundir con otros prop√≥sitos la misi√≥n de pastores (no soci√≥logos, economistas o polit√≥logos), sino para aportar desde el Evangelio luces e inspiraciones para encontrar y seguir un camino a medida del hombre, imagen de Dios. Es el hombre, visto a la luz de la fe, en su grandeza rescatada por la sangre de Cristo, el hombre sobre el cual se derrama el amor de Dios, el centro mismo de la preocupaci√≥n de los pastores. Pablo VI hab√≠a dicho en el discurso inaugural: ¬ęTambi√©n los pastores de la Iglesia ¬Ņno es verdad?, hacen suya el ansia de los pueblos en esta fase de la historia de la civilizaci√≥n¬Ľ. Y la realidad que con ojos y coraz√≥n de pastores se percib√≠a era, sin duda, dram√°tica, pero no hab√≠a muerto la esperanza y esa esperanza la pon√≠a espont√°neamente la mayor√≠a de nuestras gentes en la Iglesia de Cristo y en sus pastores. Por eso la Conferencia de Medell√≠n, como a√Īos despu√©s la de Puebla, suscit√≥ un inter√©s sin precedentes en nuestro continente y en la Iglesia universal. Se ten√≠a conciencia de que estaba en juego algo decisivo para el peregrinar hist√≥rico del pueblo de Dios.

Desde una realidad dif√≠cil los pastores buscaban dise√Īar, renovados en el Concilio, el futuro de los pueblos con una identidad, con una tradici√≥n cristiana compartida, con unas ra√≠ces comunes y una fisonom√≠a propia, temas que despu√©s fueron oportunamente privilegiados en los umbrales de Puebla, profundizada una perspectiva hist√≥rico-cultural, que no fue objeto de estudio especial en la preparaci√≥n de Medell√≠n, pero cuya realidad se sent√≠a. El impacto primero del Concilio, de tan amplia dimensi√≥n, no se hab√≠a condensado en la prioridad absoluta de la evangelizaci√≥n con la claridad y urgencia que despu√©s emergi√≥ en el S√≠nodo de la evangelizaci√≥n, mensaje ofrecido por la exhortaci√≥n apost√≥lica Evangelii nuntiandi, que fuera el tema de Puebla, pero s√≠ era un s√≥lido fundamento la convicci√≥n de la misi√≥n religiosa, y por ello plenamente humana, de la Iglesia y de sus pastores. Los obispos de Am√©rica Latina, en honda solidaridad con sus pueblos, asum√≠an los retos y daban razones para creer y esperar.

DE MEDELL√ćN A PUEBLA

Hubo intereses que quisieron contraponer Medellín y Puebla, sobre todo en la etapa de preparación, así como puede haberlos en lecturas acomodaticias, todavía acaso recurrentes, de lo que fue su mensaje. La profunda unidad entre las dos Conferencias generales fue luego más reconocida y apreciada, una vez que se hizo un camino de purificación no de los contenidos de Medellín, pero sí de sus interpretaciones.

¬ŅC√≥mo podr√≠a olvidarse lo que el Santo Padre Juan Pablo II advirti√≥ en la misma inauguraci√≥n de Puebla, respecto de ambig√ľedades que no podr√≠a aceptarse?

¬ęCon su opci√≥n por el hombre latinoamericano visto en su integridad, con su amor preferencial pero no exclusivo por los pobres, con su aliento a una liberaci√≥n integral de los hombres y los pueblos, Medell√≠n, la Iglesia all√≠ presente, fue una llamada de esperanza hacia metas m√°s cristianas y m√°s humanas. Pero han pasado diez a√Īos. U se han hecho interpretaciones, a veces contradictorias, no siempre correctas, no siempre beneficiosas para la Iglesia. Por ello, la Iglesia busca los caminos que le permitan comprender m√°s profundamente y cumplir con mayor empe√Īo la misi√≥n recibida de Cristo Jes√ļs¬Ľ (III Conferencia general del Episcopado latinoamericano, Puebla, La evangelizaci√≥n en el presente y en el futuro de Am√©rica Latina, BAC, Madrid, 1979, p. 37).

Celebrar los 30 a√Īos de Medell√≠n en la Iglesia supone no perderse en f√°ciles atajos y transacciones que soslayan las necesarias precisiones hist√≥ricas. Si Medell√≠n represent√≥ un vigoroso clamor por la liberaci√≥n, lo fue desde el Evangelio (no desde las ideolog√≠as), en un marco de definida identidad doctrinal y teol√≥gica, cuando todav√≠a no hab√≠an irrumpido corrientes que hicieron brumosas ense√Īanzas y preocupaciones concebidas en otro ambiente. Hay que tener presente que una reflexi√≥n v√°lida y sugestiva sobre la liberaci√≥n, como la que aparece como pr√≥logo de las Conclusiones, no fue objeto de estudio en las sesiones, ni fueron aprobadas por la Asamblea, simplemente porque fueron escritas despu√©s, semanas despu√©s de su clausura (me refiero a las cuatro densas p√°ginas que llevan el t√≠tulo de Introducci√≥n). Este fue un servicio oportuno, porque una perspectiva de liberaci√≥n integral en un lenguaje de fe, que fue como el eje del documento previo a la Conferencia (no hab√≠a llegado el momento de ofrecer primero un documento de ¬ęconsulta¬Ľ, como base para un documento de ¬ętrabajo¬Ľ), en las Conclusiones apareci√≥ como valores esparcidos aqu√≠ y all√°, sin mayor unidad y sistematizaci√≥n. La reflexi√≥n posterior readquiri√≥ esos valores dispersos de una reflexi√≥n que sirvi√≥ luego como introducci√≥n y hasta clave de lectura de Medell√≠n y que lleg√≥ a su madurez, pasando por la Evangelii nuntiandi, en Puebla. Nada en la Introducci√≥n a la que me refiero permit√≠a advertir que varios puntos de las Conclusiones, por el camino de los retoques, en las relecturas pudieran atentar contra la comunicaci√≥n di√°fana de las angustias y esperanzas de pastores de la grey. La invasi√≥n ideol√≥gica, con su peculiar seducci√≥n, penetr√≥ a√Īos m√°s tarde en sectores menos familiarizados con lecturas de la realidad y de la Iglesia, alteradas por un ¬ęan√°lisis cient√≠fico¬Ľ que el tiempo mostrar√≠a en toda su precariedad. Cabe esperar que a los 30 a√Īos se siga el camino que no frenaron sino que permitieron el desarrollo adecuado al verdadero Medell√≠n.

Card. Alfonso López Trujillo
Presidente del Consejo Pontificio para la Familia

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