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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius. Instrucci贸n sobre algunos aspectos de la "teologia de la liberaci贸n"
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XI. Orientaciones

1. La llamada de atenci贸n contra las graves desviaciones de ciertas "teolog铆as de la liberaci贸n" de ninguna manera debe ser interpretada como una aprobaci贸n, aun indirecta, dada a quienes contribuyen al mantenimiento de la miseria de los pueblos, a quienes se aprovechan de ella, a quienes se resignan o a quienes deja indiferentes esta miseria. La Iglesia, guiada por el Evangelio de la Misericordia y por el amor al hombre, escucha el clamor de la justicia 28 y quiere responder a 茅l con todas sus fuerzas.

2. Por tanto, se hace a la Iglesia un profundo llamamiento. Con audacia y valent铆a, con clarividencia y prudencia, con celo y fuerza de 谩nimo, con amor a los pobres hasta el sacrificio, los pastores -como muchos ya lo hacen-, considerar谩n tarea prioritaria el responder a esta llamada.

3. Todos los sacerdotes, religiosos y laicos que, escuchando el clamor de la justicia, quieran trabajar en la evangelizaci贸n y en la promoci贸n humana, lo har谩n en comuni贸n con sus obispos y con la Iglesia, cada uno en la l铆nea de su espec铆fica vocaci贸n eclesial.

4. Conscientes del car谩cter eclesial de su vocaci贸n, los te贸logos colaborar谩n lealmente y en esp铆ritu de di谩logo con el Magisterio de la Iglesia. Sabr谩n reconocer en el Magisterio un don de Cristo a su Iglesia 29 y acoger谩n su palabra y sus instrucciones con respeto filial.

5. Las exigencias de la promoci贸n humana y de una liberaci贸n aut茅ntica, solamente se comprenden a partir de la tarea evangelizadora tomada en su integridad. Esta liberaci贸n tiene como pilares indispensables la verdad sobre Jesucristo el Salvador, la verdad sobre la Iglesia, la verdad sobre el hombre y sobre su dignidad 30 . La Iglesia, que quiere ser en el mundo entero la Iglesia de los pobres, intenta servir a la noble lucha por la verdad y por la justicia, a la luz de las Bienaventuranzas, y ante todo de la bienaventuranza de los pobres de coraz贸n. La Iglesia habla a cada hombre y, por lo tanto, a todos los hombres. Es "la Iglesia universal. la Iglesia del misterio de la encarnaci贸n. No es la Iglesia de una clase o de una sola casta. Ella habla en nombre de la verdad misma. Esta verdad es realista". Ella conduce a tener en cuenta "toda realidad humana, toda injusticia, toda tensi贸n, toda lucha" 31 .

6. Una defensa eficaz de la justicia se debe apoyar sobre la verdad del hombre, creado a imagen de Dios y llamado a la gracia de la filiaci贸n divina. El reconocimiento de la verdadera relaci贸n del hombre con Dios constituye el fundamento de la justicia que regula las relaciones entre los hombres. Por esta raz贸n la lucha por los derechos del hombre, que la Iglesia no cesa de recordar, constituye el aut茅ntico combate por la justicia.

7. La verdad del hombre exige que este combate se lleve a cabo por medios conformes a la dignidad humana. Por esta raz贸n el recurso sistem谩tico y deliberado a la violencia ciega, venga de donde venga, debe ser condenado 32 . El tener confianza en los medios violentos con la esperanza de instaurar m谩s justicia es ser v铆ctima de una ilusi贸n mortal. La violencia engendra violencia y degrada al hombre. Ultraja la dignidad del hombre en la persona de las v铆ctimas y envilece esta misma dignidad en quienes la practican.

8. La urgencia de reformas radicales de las estructuras que producen la miseria y constituyen ellas mismas formas de violencia no puede hacer perder de vista que la fuente de las injusticias est谩 en el coraz贸n de los hombres. Solamente recurriendo a las capacidades 茅ticas de la persona v a la perpetua necesidad de conversi贸n interior se obtendr谩n los cambios sociales que estar谩n verdaderamente al servicio del hombre 33 . Pues a medida que los hombres, conscientes del sentido de su responsabilidad colaboran libremente, con su iniciativa y solidaridad, en los cambios necesarios, crecer谩n en humanidad. La inversi贸n entre moralidad y estructuras conlleva una antropolog铆a materialista incompatible con la verdad del hombre.

9. Igualmente es una ilusi贸n mortal creer que las nuevas estructuras por s铆 mismas dar谩n origen a un "hombre nuevo", en el sentido de la verdad del hombre. El cristiano no puede desconocer que el Esp铆ritu Santo, que nos ha sido dado, es la fuente de toda verdadera novedad y que Dios es el se帽or de la historia.

10. Igualmente, la inversi贸n por la violencia revolucionaria de las estructuras generadoras de injusticia no es ipsofacto el comienzo de la instauraci贸n de un r茅gimen justo. Un hecho notable de nuestra 茅poca debe ser objeto de la reflexi贸n de todos aquellos que quieren sinceramente la verdadera liberaci贸n de sus hermanos. Millones de nuestros contempor谩neos aspiran leg铆timamente a recuperar las libertades fundamentales de las que han sido privados por reg铆menes totalitarios y ateos, que se han apoderado del poder por caminos revolucionarios y violentos, precisamente en nombre de la liberaci贸n del pueblo. No se puede ignorar esta verg眉enza de nuestro tiempo: pretendiendo aportar la libertad se mantiene a naciones enteras en condiciones de esclavitud indignas del hombre. Quienes se vuelven c贸mplices de semejantes esclavitudes, tal vez inconscientemente, traicionan a los pobres que intentan servir.

11. La lucha de clases como camino hacia la sociedad sin clases es un mito que impide las reformas y agrava la miseria y las injusticias. Quienes se dejan fascinar por este mito deber铆an reflexionar sobre las amargas experiencias hist贸ricas a las cuales ha conducido. Comprender谩n entonces que no se trata de ninguna manera de abandonar un camino eficaz de lucha en favor de los pobres en beneficio de un ideal sin efectos. Se trata, al contrario, de liberarse de un espejismo para apoyarse sobre el Evangelio y su fuerza de realizaci贸n.

12. Una de las condiciones para el necesario enderezamiento teol贸gico es la recuperaci贸n del valor de la ense帽anza social de la Iglesia. Esta ense帽anza de ning煤n modo es cerrada. Al contrario, est谩 abierta a todas las cuestiones nuevas que no dejan de surgir en el curso de los tiempos. En esta perspectiva, la contribuci贸n de los te贸logos y pensadores de todas las regiones del mundo a la reflexi贸n de la Iglesia es hoy indispensable.

13. Igualmente, la experiencia de quienes trabajan directamente en la evangelizaci贸n y promoci贸n de los pobres y oprimidos es necesaria para la reflexi贸n doctrinal y pastoral de la Iglesia. En este sentido, hay que decir que se tome conciencia de ciertos aspectos de la verdad a partir de la praxis, si por 茅sta se entiende la pr谩ctica pastoral y una pr谩ctica social de inspiraci贸n evang茅lica.

14. La ense帽anza de la Iglesia en materia social aporta las grandes orientaciones 茅ticas. Pero, para que ella pueda guiar directamente la acci贸n, exige personalidades competentes, tanto desde el punto de vista cient铆fico y t茅cnico como en el campo de las ciencias humanas o de la pol铆tica. Los pastores estar谩n atentos a la formaci贸n de tales personalidades competentes, viviendo profundamente del Evangelio. A los laicos, cuya misi贸n propia es construir la sociedad, corresponde aqu铆 el primer puesto.

15. Las tesis de las "teolog铆as de la liberaci贸n" son ampliamente difundidas, bajo una forma todav铆a simplificada, en sesiones de formaci贸n o en grupos de base que carecen de preparaci贸n catequ茅tica y teol贸gica. Son as铆 aceptadas, sin que resulte posible un juicio cr铆tico, por hombres y mujeres generosos.

16. Por esto los pastores deben vigilar la calidad y el contenido de la catequesis y de la formaci贸n que siempre debe presentar la integridad del mensaje de la salvaci贸n y los imperativos de la verdadera liberaci贸n humana en el marco de este mensaje integral.

17. En esta presentaci贸n integral del misterio cristiano ser谩 oportuno acentuar los aspectos esenciales que las "teolog铆as de la liberaci贸n" tienden especialmente a desconocer o eliminar: trascendencia y gratuidad de la liberaci贸n en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, soberan铆a de su gracia, verdadera naturaleza de los medios de salvaci贸n, y en particular de la Iglesia y de los sacramentos. Se recordar谩 la verdadera significaci贸n de la 茅tica para la cual la distinci贸n entre el bien y el mal no podr谩 ser relativizada, el sentido aut茅ntico del pecado, la necesidad de la conversi贸n y la universalidad de la ley del amor fraterno. Se pondr谩 en guardia contra una politizaci贸n de la existencia que, desconociendo a un tiempo la especificidad del Reino de Dios y la trascendencia de la persona, conduce a sacralizar la pol铆tica y a captar la religiosidad del pueblo en beneficio de empresas revolucionarias.

18. A los defensores de "la ortodoxia", se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticias intolerables y de los reg铆menes pol铆ticos que las mantienen. La conversi贸n espiritual, la intensidad del amor a Dios y al pr贸jimo, el celo por la justicia y la paz, el sentido evang茅lico de los pobres y de la pobreza, son requeridos a todos, y especialmente a los pastores y a los responsables. La preocupaci贸n por la pureza de la fe ha de ir unida a la preocupaci贸n por aportar, con una vida teologal integral, la respuesta de un testimonio eficaz de servicio al pr贸jimo, y particularmente al pobre y al oprimido. Con el testimonio de su fuerza de amar, din谩mica y constructiva, los cristianos pondr谩n as铆 las bases de aquella "civilizaci贸n del amor" de la cual ha hablado, despu茅s de Pablo VI, la Conferencia de Puebla 34 . Por otra parte, son muchos los sacerdotes, religiosos y laicos, los que se consagran de manera verdaderamente evang茅lica a la creaci贸n de una sociedad justa.


28

Cf. Documentos de Puebla I, 2, n.3, 3

29

Cf. Lc 10,16.

30

Cf. JUAN PABLO II, Discurso para la apertura de la conferencia de Puebla: AAS 71 (1979) 188-196; Documento de Puebla, II, 1.

31

Cf. JUAN PABLO II, Discurso en la Favela "Vidigal" en R铆o de Janeiro, 2 de julio de 1980, AAS (1980) 852-858.

32

Cf. Documentos de Puebla II, 2, n.5, 4.

33

Cf. ib. IV, 3, n. 3.1.

34

Cf. ib. IV, 2, n. 2.3.
Consultas

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