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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius. Instrucci贸n sobre algunos aspectos de la "teologia de la liberaci贸n"
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X. Una nueva hermene煤tica

1. La concepci贸n partidaria de la verdad que se manifiesta en la praxis revolucionaria de clase corrobora esta posici贸n. Los te贸logos que no comparten las tesis de la "teolog铆a de la liberaci贸n", la jerarqu铆a, y sobre todo el Magisterio romano son as铆 desacreditados apriori, como pertenecientes a la clase de los opresores. Su teolog铆a es una teolog铆a de clase. Argumentos y ense帽anzas no son examinados en s铆 mismos, pues s贸lo reflejan los intereses de clase. Por ello, su contenido es decretado, en principio, falso.

2. Aqu铆 aparece el car谩cter global y totalizante de la "teolog铆a de la liberaci贸n". 脡sta, en consecuencia, debe ser criticada, no en tal o cual de sus afirmaciones, sino a nivel del punto de vista de clase que adopta apriori y que funciona en ella como un principio hermen茅utico determinante.

3. A causa de este presupuesto clasista, se hace extremadamente dif铆cil, por no decir imposible, obtener de algunos "te贸logos de la liberaci贸n" un verdadero di谩logo en el cual el interlocutor sea escuchado y sus argumentos sean discutidos objetivamente y con atenci贸n. Porque estos te贸logos parten, m谩s o menos conscientemente, del presupuesto de que el punto de vista de la clase oprimida y revolucionaria, que ser铆a la suya, constituye el 煤nico punto de vista de la verdad. Los criterios teol贸gicos de verdad se encuentran as铆 relativizados y subordinados a los imperativos de la lucha de clases. En esta perspectiva, se substituye la ortodoxia como recta regla de la fe, por la idea de ortopraxis como criterio de verdad. A este respecto, no hay que confundir la orientaci贸n pr谩ctica, propia de la teolog铆a tradicional al igual y con el mismo t铆tulo que la orientaci贸n especulativa, con un primado privilegiado reconocido a un cierto tipo de praxis. De hecho, esta 煤ltima es la praxis revolucionaria que llegar铆a a ser el supremo criterio de la verdad teol贸gica. Una sana metodolog铆a teol贸gica tiene en cuenta sin duda la praxis de la Iglesia en donde encuentra uno de sus fundamentos, en cuanto que deriva de la fe y es su expresi贸n vivida.

4. La doctrina social de la Iglesia es rechazada con desd茅n. Se dice que procede de la ilusi贸n de un posible compromiso, propio de las clases medias que no tienen destino hist贸rico.

5. La nueva hermen茅utica inscrita en las "teolog铆as de la liberaci贸n" conduce a una relectura esencialmente pol铆tica de la Escritura. Por tanto se da mayor importancia al acontecimiento del Exodo en cuanto que es liberaci贸n de la esclavitud pol铆tica. Se propone igualmente una lectura pol铆tica del Magnificat. El error no est谩 aqu铆 en prestarle atenci贸n a una dimensi贸n pol铆tica de los relatos b铆blicos. Est谩 en hacer de esta dimensi贸n la dimensi贸n principal y exclusiva, que conduce a una lectura reductora de la Escritura.

6. Igualmente, se sit煤a en la perspectiva de un mesianismo temporal, el cual es una de las expresiones m谩s radicales de la secularizaci贸n del Reino de Dios y de su absorci贸n en la inmanencia de la historia humana.

7. Privilegiada de esta manera la dimensi贸n pol铆tica, se ha llegado a negar la radical novedad del Nuevo Testamento y, ante todo, a desconocer la persona de Nuestro Se帽or Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, al igual que el car谩cter espec铆fico de la liberaci贸n que nos aporta, y que es ante todo liberaci贸n del pecado, el cual es la fuente de todos los males.

8. Por otra parte, al dejar a un lado la interpretaci贸n autorizada del Magisterio, denunciada como interpretaci贸n de clase, se descarta al mismo tiempo la Tradici贸n. Por esto, se priva de un criterio teol贸gico esencial de interpretaci贸n y, en el vac铆o as铆 creado, se acogen las tesis m谩s radicales de la ex茅gesis racionalista. Sin esp铆ritu cr铆tico se vuelve a la oposici贸n entre el "Jes煤s de la historia" y el "Jes煤s de la fe".

9. Es cierto que se conservan literalmente las f贸rmulas de la fe, en particular la de Calcedonia, pero se le atribuye una nueva significaci贸n, lo cual es una negaci贸n de la fe de la Iglesia. Por un lado se rechaza la doctrina cristol贸gica ofrecida por la Tradici贸n, en nombre del criterio de clase; por otro, se pretende alcanzar el "Jes煤s de la historia" a partir de la experiencia revolucionaria de la lucha de los pobres por su liberaci贸n.

10. Se pretende revivir una experiencia an谩loga a la que habr铆a sido la de Jes煤s. La experiencia de los pobres que luchan por su liberaci贸n -la cual habr铆a sido la de Jes煤s-, revelar铆a ella sola el conocimiento del verdadero Dios y del Reino.

11. Est谩 claro que se niega la fe en el Verbo encarnado, muerto y resucitado por todos los hombres, y que "Dios ha hecho Se帽or y Cristo" 25 . Se le sustituye por una "figura" de Jes煤s que es una especie de s铆mbolo que recapitula en s铆 las exigencias de la lucha de los oprimidos.

12. As铆 se da una interpretaci贸n exclusivamente pol铆tica de la muerte de Cristo. Por ello se niega su valor salv铆fico y toda la econom铆a de la redenci贸n.

13. La nueva interpretaci贸n abarca as铆 el conjunto del misterio cristiano.

14. De manera general, opera lo que se puede llamar una inversi贸n de los s铆mbolos. En lugar de ver con San Pablo, en el 脡xodo, una figura del bautismo 26 , se llega al l铆mite de hacer de 茅l un s铆mbolo de la liberaci贸n pol铆tica del pueblo.

15. Al aplicar el mismo criterio hermen茅utico a la vida eclesial y a la constituci贸n jer谩rquica de la Iglesia, las relaciones entre la jerarqu铆a y la "base" llegan a ser relaciones de dominaci贸n que obedecen a la ley de la lucha de clases. Se ignora simplemente la sacramentalidad que est谩 en la ra铆z de los ministerios eclesiales y que hace de la Iglesia una realidad espiritual irreductible a un an谩lisis puramente sociol贸gico.

16. La inversi贸n de los s铆mbolos se constata tambi茅n en el campo de los sacramentos. La Eucarist铆a ya no es comprendida en su verdad de presencia sacramental del sacrificio reconciliador, y como el don del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Se convierte en celebraci贸n del pueblo que lucha. En consecuencia, se niega radicalmente la unidad de la Iglesia. La unidad, la reconciliaci贸n, la comuni贸n en el amor ya no se conciben como don que recibimos de Cristo 27 . La clase hist贸rica de los pobres es la que constituye la unidad, a trav茅s de su lucha. La lucha de clases es el camino para esta unidad. La Eucarist铆a llega a ser as铆 Eucarist铆a de clase. Al mismo tiempo se niega la fuerza triunfante del amor de Dios que se nos ha dado.


25

Cf. Act 2,36.

26

Cf 1 Cor 10,1-2.

27

Cf. Eph 2,11-22.
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