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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius. Instrucci贸n sobre algunos aspectos de la "teologia de la liberaci贸n"
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IX. Traducci贸n 芦teol贸gica禄 de este n煤cleo

1. Las posiciones presentadas aqu铆 se encuentran a veces tal cual en algunos escritos de los "te贸logos de la liberaci贸n". En otros, proceden l贸gicamente de sus premisas. Por otra parte, en ellas se basan algunas pr谩cticas lit煤rgicas, como por ejemplo "la Eucarist铆a" transformada en celebraci贸n del pueblo en lucha, aunque quienes participan en estas pr谩cticas no sean plenamente conscientes de ello. Uno se encuentra pues delante de un verdadero sistema, aun cuando algunos duden de seguir la l贸gica hasta el final. Este sistema como tal es una perversi贸n del mensaje cristiano tal como Dios lo ha confiado a su Iglesia. As铆, pues, este mensaje se encuentra cuestionado en su globalidad por las "teolog铆as de la liberaci贸n".

2. Lo que estas "teolog铆as de la liberaci贸n" han acogido como un principio, no es el hecho de las estratificaciones sociales con las desigualdades e injusticias que se les agregan, sino la teor铆a de la lucha de clases como ley estructural fundamental de la historia. Se saca la conclusi贸n de que la lucha de clases entendida as铆 divide a la Iglesia y que en funci贸n de ella hay que juzgar las realidades eclesiales. Tambi茅n se pretende que es mantener, con mala fe, una ilusi贸n enga帽osa el afirmar que el amor, en su universalidad, puede vencer lo que constituye la ley estructural primera de la sociedad capitalista.

3. En esta concepci贸n, la lucha de clases es el motor de la historia. La historia llega a ser as铆 una noci贸n central. Se afirma que Dios se hace historia. Se a帽adir谩 que no hay m谩s que una sola historia, en la cual no hay que distinguir ya entre historia de la salvaci贸n e historia profana. Mantener la distinci贸n seria caer en el "dualismo". Semejantes afirmaciones reflejan un inmanentismo historicista. Por esto se tiende a identificar el Reino de Dios y su devenir con el movimiento de la liberaci贸n humana, y a hacer de la historia misma el sujeto de su propio desarrollo como proceso de la autorredenci贸n del hombre a trav茅s de la lucha de clases. Esta identificaci贸n est谩 en oposici贸n con la fe de la Iglesia, tal como la ha recordado el Concilio Vaticano II 23 .

4. En esta l铆nea, algunos llegan hasta el l铆mite de identificar a Dios y a la historia, y a definir la fe como "fidelidad a la historia", lo cual significa fidelidad comprometida en una pr谩ctica pol铆tica conforme a la concepci贸n del devenir de la humanidad concebido como un mesianismo puramente temporal.

5. En consecuencia, la fe, la esperanza y la caridad reciben un nuevo contenido: ellas son "fidelidad a la historia", "confianza en el futuro", "opci贸n por los pobres": que es como negarlas en su realidad teologal.

6. De esta nueva concepci贸n se sigue inevitablemente una politizaci贸n radical de las afirmaciones de la fe y de los juicios teol贸gicos. Ya no se trata solamente de atraer la atenci贸n sobre las consecuencias e incidencias pol铆ticas de las verdades de fe, las que ser铆an respetadas ante todo por su valor trascendente. Se trata m谩s bien de la subordinaci贸n de toda afirmaci贸n de la fe o de la teolog铆a a un criterio pol铆tico dependiente de la teor铆a de la lucha de ciases motor de la historia.

7. En consecuencia, se presenta la entrada en la lucha de clases como una exigencia de la caridad como tal; se denuncia como una actitud est谩tica y contraria al amor a los pobres la voluntad de amar desde ahora a todo hombre, cualquiera que sea su pertenencia de clase, y de ir a su encuentro por los caminos no violentos del di谩logo y de la persuasi贸n. Si se afirma que el hombre no debe ser objeto de odio, se afirma igualmente que en virtud de su pertenencia objetiva al mundo de los ricos, 茅l es ante todo un enemigo de clase que hay que combatir. Consecuentemente la universalidad del amor al pr贸jimo y la fraternidad llegan a ser un principio escatol贸gico v谩lido, s贸lo para el "hombre nuevo" que surgir谩 de la revoluci贸n victoriosa.

8. En cuanto a la Iglesia, se tiende a ver en ella s贸lo una realidad interior de la historia, que obedece tambi茅n a las leyes que se suponen dirigen el devenir hist贸rico en su inmanencia. Esta reducci贸n vac铆a la realidad espec铆fica de la Iglesia, don de la gracia de Dios y misterio de fe. Igualmente se niega que tenga todav铆a sentido la participaci贸n en la misma Mesa eucar铆stica de cristianos que por otra parte pertenecen a clases opuestas.

9. En su significaci贸n positiva, la Iglesia de los pobres significa la preferencia, no exclusiva, dada a los pobres, seg煤n todas las formas de miseria humana, ya que ellos son los preferidos de Dios. La expresi贸n significa tambi茅n la toma de conciencia de las exigencias de la pobreza evang茅lica en nuestro tiempo, por parte de la Iglesia -como comuni贸n y como instituci贸n-, as铆 como por parte de sus miembros.

10. Pero las "teolog铆as de la liberaci贸n", que tienen el m茅rito de haber valorado los grandes textos de los Profetas y del Evangelio sobre la defensa de los pobres, conducen a una amalgama ruinosa entre el pobre de la Escritura y el proletariado de Marx. Por ello el sentido cristiano del pobre se pervierte y el combate por los derechos de los pobres se transforma en combate de clase en la perspectiva ideol贸gica de la lucha de clases. La Iglesia de los pobres significa as铆 una Iglesia de clase, que ha tomado conciencia de las necesidades de la lucha revolucionaria como etapa hacia la liberaci贸n y que celebra esta liberaci贸n en su liturgia.

11. Es necesario hacer una observaci贸n an谩loga respecto a la expresi贸n Iglesia del pueblo. Desde el punto de vista pastoral, se puede entender por 茅sta los destinatarios prioritarios de la evangelizaci贸n, aqu茅llos hacia los cuales, en virtud de su condici贸n, se dirige ante todo el amor pastoral de la Iglesia. Se puede tambi茅n referir a la Iglesia como "pueblo de Dios", es decir, como el pueblo de la Nueva Alianza sellada en Cristo 24 .

12. Pero las "teolog铆as de la liberaci贸n", de las que hablamos, entienden por Iglesia del pueblo una Iglesia de clase, la Iglesia del pueblo oprimido que hay que "concientizar" en vista de la lucha liberadora organizada. El pueblo as铆 entendido llega a ser tambi茅n para algunos objeto de fe.

13. A partir de tal concepci贸n de la Iglesia del pueblo, se desarrolla una cr铆tica de las estructuras mismas de la Iglesia. No se trata solamente de una correcci贸n fraternal respecto a los pastores de la Iglesia cuyo comportamiento no refleja el esp铆ritu evang茅lico de servicio y se une a signos anacr贸nicos de autoridad que escandalizan a los pobres. Se trata de poner en duda la estructura sacramental y jer谩rquica de la Iglesia, tal como la ha querido el Se帽or. Se denuncia la jerarqu铆a y el Magisterio como representantes objetivos de la clase dominante que es necesario combatir. Teol贸gicamente, esta posici贸n vuelve a decir que el pueblo es la fuente de los ministerios y que se puede dotar de ministros a elecci贸n propia, seg煤n las necesidades de su misi贸n revolucionaria hist贸rica.


23

Cf. Concilio Vaticano II, Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium, 9-17.

24

Cf. Gaudium et spes, 39.
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