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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius. Instrucci贸n sobre algunos aspectos de la "teologia de la liberaci贸n"
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IV. Fundamentos b铆blicos

1. As铆, una teolog铆a de la liberaci贸n correctamente entendida, constituye una invitaci贸n a los te贸logos a profundizar ciertos temas b铆blicos esenciales, con la preocupaci贸n de las cuestiones graves y urgentes que plantean a la Iglesia tanto la aspiraci贸n contempor谩nea a la liberaci贸n como los movimientos de liberaci贸n que le hacen eco m谩s o menos fielmente. No es posible olvidar ni un solo instante las situaciones de miseria dram谩tica de donde brota la interpelaci贸n as铆 lanzada a los te贸logos.

2. La experiencia radical de la libertad cristiana 3 constituye aqu铆 el primer punto de referencia. Cristo, nuestro Liberador, nos ha librado del pecado, y de la esclavitud de la ley y de la carne, que es la se帽al de la condici贸n del hombre pecador. Es pues la vida nueva de gracia, fruto de la justificaci贸n, la que nos hace libres. Esto significa que la esclavitud m谩s radical es la esclavitud del pecado. Las otras formas de esclavitud encuentran pues en la esclavitud del pecado su 煤ltima ra铆z. Por esto, la libertad en pleno sentido cristiano, caracterizada por la vida en el Esp铆ritu, no podr谩 ser confundida con la licencia de ceder a los deseos de la carne. Ella es vida nueva en la caridad.

3. Las "teolog铆as de la liberaci贸n" tienen en cuenta ampliamente la narraci贸n del Exodo. En efecto, 茅ste constituye el acontecimiento fundamental en la formaci贸n del pueblo elegido. Es la liberaci贸n de la dominaci贸n extranjera y de la esclavitud. Se considera que la significaci贸n espec铆fica del acontecimiento le viene de su finalidad, pues esta liberaci贸n est谩 ordenada a la funci贸n del pueblo de Dios y al culto de la Alianza celebrado en el Monte Sina铆 4 . Por esto la liberaci贸n del 脡xodo no puede referirse a una liberaci贸n de naturaleza principal y exclusivamente pol铆tica. Por otra parte es significativo que el t茅rmino liberaci贸n sea a veces reemplazado en la Escritura por el otro, muy cercano, de redenci贸n.

4. El episodio que origin贸 el 脡xodo jam谩s se borrar谩 de la memoria de Israel. A 茅l se hace referencia cuando, despu茅s de la ruina de Jerusal茅n y el Exilio a Babilonia, se vive en la esperanza de una nueva liberaci贸n y m谩s all谩 en la espera de una liberaci贸n definitiva. En esta experiencia, Dios es reconocido como el Liberador. El sellar谩 con su pueblo una Nueva Alianza, marcada con el don de su Esp铆ritu y la conversi贸n de los corazones 5 .

5. Las m煤ltiples angustias y miserias experimentadas por el hombre fiel al Dios de la Alianza proporcionan el tema a varios salmos: lamentos, llamadas de socorro, acciones de gracias hacen menci贸n de la salvaci贸n religiosa y de la liberaci贸n. En este contexto, la angustia no se identifica pura y simplemente con una condici贸n social de miseria o con la de quien sufre la opresi贸n pol铆tica. Contiene adem谩s la hostilidad de los enemigos, la injusticia, la muerte, la falta. Los salmos nos remiten a una experiencia religiosa esencial: s贸lo de Dios se espera la salvaci贸n y el remedio. Dios, y no el hombre, tiene el poder de cambiar las situaciones de angustia. As铆 los "pobres del Se帽or" viven en una dependencia total y de confianza en la providencia amorosa de Dios 6 . Y por otra parte, durante toda la traves铆a del desierto, el Se帽or no ha dejado de proveer a la liberaci贸n y la purificaci贸n espiritual de su pueblo.

6. En el Antiguo Testamento los Profetas, despu茅s de Am贸s, no dejan de recordar, con particular vigor, las exigencias de la justicia y de la solidaridad, y de hacer un juicio extremadamente severo sobre los ricos que oprimen al pobre. Toman la defensa de la viuda y del hu茅rfano. Lanzan amenazas contra los poderosos: la acumulaci贸n de iniquidades no puede conducir m谩s que a terribles castigos. Por esto la fidelidad a la Alianza no se concibe sin la pr谩ctica de la justicia. La justicia con respecto a Dios y la justicia con respecto a los hombres son inseparables. Dios es el defensor y el liberador del pobre.

7. Tales exigencias se encuentran en el Nuevo Testamento. A煤n m谩s, est谩n radicalizadas, como lo muestra el discurso sobre las Bienaventuranzas. La conversi贸n y la renovaci贸n se deben realizar en lo m谩s hondo del coraz贸n.

8. Ya anunciado en el Antiguo Testamento, el mandamiento del amor fraterno extendido a todos los hombres constituye la regla suprema de la vida social 7 . No hay discriminaciones o l铆mites que puedan oponerse al reconocimiento de todo hombre como el pr贸jimo 8 .

9 La pobreza por el Reino es magnificada. Y en la figura del Pobre, somos llevados a reconocer la imagen y como la presencia misteriosa del Hijo de Dios que se ha hecho pobre por amor hacia nosotros 9 . Tal es el fundamento de las palabras inagotables de Jes煤s sobre el Juicio en Mt 25,31-46. Nuestro Se帽or es solidario con toda miseria: toda miseria est谩 marcada por su presencia.

10. Al mismo tiempo, las exigencias de la justicia y de la misericordia ya anunciadas en el Antiguo Testamento, se profundizan hasta el punto de revestir en el Nuevo Testamento una significaci贸n nueva. Los que sufren o est谩n perseguidos son identificados con Cristo 10 . La perfecci贸n que Jes煤s pide a sus disc铆pulos (Mt 5,18) consiste en el deber de ser misericordioso "como vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6,36).

11. A la luz de la vocaci贸n cristiana al amor fraterno y a la misericordia, los ricos son severamente llamados a su deber 11 San Pablo, ante los des贸rdenes de la Iglesia de Corinto, subraya con fuerza el v铆nculo que existe entre la participaci贸n en el sacramento del amor y el compartir con el hermano que est谩 en la necesidad 12 .

12. La Revelaci贸n del Nuevo Testamento nos ense帽a que el pecado es el mal m谩s profundo, que alcanza al hombre en lo m谩s 铆ntimo de su personalidad. La primera liberaci贸n, a la que han de hacer referencia todas las otras, es la del pecado.

13. Sin duda, para se帽alar el car谩cter radical de la liberaci贸n tra铆da por Cristo, ofrecida a todos los hombres, ya sean pol铆ticamente libres o esclavos, el Nuevo Testamento no exige en primer lugar, como presupuesto para la entrada en esta libertad, un cambio de condici贸n pol铆tica y social. Sin embargo, la Carta a Filem贸n muestra que la nueva libertad, tra铆da por la gracia de Cristo, debe tener necesariamente repercusiones en el plano social.

14. Consecuentemente no se puede restringir el campo del pecado, cuyo primer efecto es introducir el desorden en la relaci贸n entre el hombre y Dios, a lo que se denomina "pecado social". En realidad, s贸lo una justa doctrina del pecado permite insistir sobre la gravedad de sus efectos sociales.

15. No se puede tampoco localizar el mal principal y 煤nicamente en las "estructuras" econ贸micas, sociales o pol铆ticas malas, como si todos los otros males se derivasen, como de su causa, de estas estructuras, de suerte que la creaci贸n de un "hombre nuevo" dependiera de la instauraci贸n de estructuras econ贸micas y sociopol铆ticas diferentes. Ciertamente hay estructuras inicuas y generadoras de iniquidades, que es preciso tener la valent铆a de cambiar. Frutos de la acci贸n del hombre, las estructuras, buenas o malas, son consecuencias antes de ser causas. La ra铆z del mal reside, pues, en las personas libres y responsables, que deben ser convertidas por la gracia de Jesucristo, para vivir y actuar como criaturas nuevas, en el amor al pr贸jimo, la b煤squeda eficaz de la justicia, del dominio de s铆 y del ejercicio de las virtudes 13 .

Cuando se pone como primer imperativo la revoluci贸n radical de las relaciones sociales y se cuestiona, a partir de aqu铆, la b煤squeda de la perfecci贸n personal, se entra en el camino de la negaci贸n del sentido de la persona y de su trascendencia, y se arruina la 茅tica y su fundamento que es el car谩cter absoluto de la distinci贸n entre el bien y el mal. Por otra parte, siendo la caridad el principio de la aut茅ntica perfecci贸n, esta 煤ltima no puede concebirse sin apertura a los otros y sin esp铆ritu de servicio.


3

Cf. Gal 5,1 ss.

4

Cf. Ex 24.

5

Cf. Jer 31,31-34; Ex 36,26 ss.

6

Cf. Sof 3,12 ss.

7

Cf. Dt 10,18-19.

8

Cf. Lev 10, 25-37.

9

Cf. 2Co 8,9.

10

Cf. Mt 25,31-46; Act 9,4-5; Col 1,24.

11

Cf. Jer 5, ss.

12

Cf. 1 Cor 11,17-34.

13

Cf. Jer 2,14-26.
Consultas

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