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Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius. Instrucci贸n sobre algunos aspectos de la "teologia de la liberaci贸n"
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I. Una aspiraci贸n

1. La poderosa y casi irresistible aspiraci贸n de los pueblos a una liberaci贸n constituye uno de los principales signos de los tiempos que la Iglesia debe discernir e interpretar a la luz del Evangelio 1 . Este importante fen贸meno de nuestra 茅poca tiene una amplitud universal, pero se manifiesta bajo formas y grados diferentes seg煤n los pueblos. Es una aspiraci贸n que se expresa con fuerza, sobre todo en los pueblos que conocen el peso de la miseria y en el seno de los estratos sociales desheredados.

2. Esta aspiraci贸n traduce la percepci贸n aut茅ntica, aunque oscura, de la dignidad del hombre, creado "a imagen y semejanza de Dios" (Gen 1, 26-27), ultrajada y despreciada por las m煤ltiples opresiones culturales, pol铆ticas, raciales, sociales y econ贸micas, que a menudo se acumulan.

3. Al descubrirles su vocaci贸n de hijos de Dios, el Evangelio ha suscitado en el coraz贸n de los hombres la exigencia y la voluntad positiva de una vida fraterna, justa y pac铆fica, en la que cada uno encontrar谩 el respeto y las condiciones de su desarrollo espiritual y material. Esta exigencia es sin duda la fuente de la aspiraci贸n de que hablamos.

4. Consecuentemente, el hombre no quiere sufrir ya pasivamente el aplastamiento de la miseria con sus secuelas de muerte, enfermedades y decadencias. Siente hondamente esta miseria como una violaci贸n de su dignidad natural. Varios factores, entre los cuales hay que contar la levadura evang茅lica, han contribuido al despertar de la conciencia de los oprimidos.

5. Ya no se ignora, aun en los sectores todav铆a analfabetos de la poblaci贸n, que, gracias al prodigioso desarrollo de las ciencias y de las t茅cnicas, la humanidad, en constante crecimiento demogr谩fico, ser铆a capaz de asegurar a cada ser humano el m铆nimo de los bienes requeridos por su dignidad de persona humana.

6. El esc谩ndalo de irritantes desigualdades entre ricos y pobres ya no se tolera, sea que se trate de desigualdades entre pa铆ses ricos y pa铆ses pobres o entre estratos sociales en el interior de un mismo territorio nacional. Por una parte, se ha alcanzado una abundancia, jam谩s conocida hasta ahora, que favorece el despilfarro; por otra, se vive todav铆a en un estado de indigencia marcado por la privaci贸n de los bienes de estricta necesidad, de suerte que no es posible contar el n煤mero de las v铆ctimas de la mala alimentaci贸n.

7. La ausencia de equidad y de sentido de la solidaridad en los intercambios internacionales se vuelve ventajosa para los pa铆ses industrializados, de modo que la distancia entre ricos y pobres no deja de crecer. De ah铆, el sentimiento de frustraci贸n en los pueblos del Tercer Mundo, y la acusaci贸n de explotaci贸n y de colonialismo dirigida contra los pa铆ses industrializados.

8. El recuerdo de los da帽os de un cierto colonialismo y de sus secuelas crea a menudo heridas y traumatismos.

9. La Sede Apost贸lica, en la l铆nea del Concilio Vaticano II, as铆 como las Conferencias Episcopales, no han dejado de denunciar el esc谩ndalo que constituye la gigantesca carrera de armamentos que, junto a las amenazas contra la paz, acapara sumas enormes de las cuales una parte solamente bastar铆a para responder a las necesidades m谩s urgentes de las poblaciones privadas de lo necesario.


1

Cf. Concilio Vaticano II, Constituci贸n pastoral Gaudium et spes, n. 4.
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