Alonso de la Isla, Lengua de vida
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Capítulo segundo
QUE TRATA DEL OFICIO PARA QUE LA LENGUA FUE DEPUTADA

La segunda causa que debe los hombres mover a la diligente guarda de la lengua es el oficio para el cual la lengua fué deputada, el cual es para orar y para loar a Dios y para recebir el cuerpo y sangre del Señor y para tratar de cosas sagradas, lo cual para tratar de cada una de estas cosas se requiere tener en la lengua muy grandísima santidad. Principalmente para la oración conviene que la lengua tenga muy grande santidad, porque según San Gregorio dice, cuando el que es indigno es enviado para que suplique y alcance alguna cosa de otro, el tal no solamente no lo alcanza, mas antes le provoca el corazón a mayor ira y aborrecimiento. Donde claramente se conoce, la lengua que muchas veces ofende a Dios será con dificultad oída en la oración. También la boca o la lengua que ha de alabar al Señor conviene que tenga muy gran santidad porque, según el Eclesiástico dice, “no es hermosa la alabanza en la boca del pecador”. 2 También la boca que ha de recebir el sacratísimo cuerpo de nuestro Redemptor tiene necesidad de muy gran santidad, porque así como pecaría el que ensuciase con todo el cáliz donde se consagra el cuerpo y sangre de nuestro Redemptor Jesucristo, bien así peca y muy más el que su boca, con la cual recibe el corpus domini, ensucia con algún pecado. Asimesmo las palabras sagradas que se han de pronunciar con la boca del hombre conviene que tenga en ella muy grande santidad, porque las tales palabras son como reliquias, según San Mateo por la boca del Señor les llama, diciendo: No queráis dar las cosas santas a los canes. 3 Con razón se deben llamar reliquias, pues que las vestiduras que llegaron a la carne del Señor tenemos por tan grandes reliquias, pues por muy mayores y más preciosas debemos tener las palabras que salieron de la boca de Dios. Que las palabras de Dios sean reliquias pruébase por los milagros espirituales que por ellas son hechos y se hacen. Los ciegos son por ellas alumbrados espiritualmente según aquello que el real Profeta dice: El precepto del Señor resplandeciente alumbra los ojos. 4 Los muertos son también por ellas espiritualmente vivificados, según aquello que San Juan dice: Viene la hora y ésta es cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivirán. 5 Entre todos los miembros del cuerpo humano quiso Dios dar preeminencia a la lengua y deputarla para que sirviese en cosas divinas, y con razón, pues que El hizo todos los miembros del hombre, era bien que guardase para sí siquiera uno que fuese servido y loado.


2

Cf. Eccli., 15, 9-10.

3

Cf. Mt., 7, 6.

4

Sal., 18, 9.

5

Cf. Io., 5, 28.

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