La segunda causa que debe los hombres mover a la diligente guarda de la lengua es el oficio para el cual la lengua fu茅 deputada, el cual es para orar y para loar a Dios y para recebir el cuerpo y sangre del Se帽or y para tratar de cosas sagradas, lo cual para tratar de cada una de estas cosas se requiere tener en la lengua muy grand铆sima santidad. Principalmente para la oraci贸n conviene que la lengua tenga muy grande santidad, porque seg煤n San Gregorio dice, cuando el que es indigno es enviado para que suplique y alcance alguna cosa de otro, el tal no solamente no lo alcanza, mas antes le provoca el coraz贸n a mayor ira y aborrecimiento. Donde claramente se conoce, la lengua que muchas veces ofende a Dios ser谩 con dificultad o铆da en la oraci贸n. Tambi茅n la boca o la lengua que ha de alabar al Se帽or conviene que tenga muy gran santidad porque, seg煤n el Eclesi谩stico dice, 鈥渘o es hermosa la alabanza en la boca del pecador鈥. 2 Tambi茅n la boca que ha de recebir el sacrat铆simo cuerpo de nuestro Redemptor tiene necesidad de muy gran santidad, porque as铆 como pecar铆a el que ensuciase con todo el c谩liz donde se consagra el cuerpo y sangre de nuestro Redemptor Jesucristo, bien as铆 peca y muy m谩s el que su boca, con la cual recibe el corpus domini, ensucia con alg煤n pecado. Asimesmo las palabras sagradas que se han de pronunciar con la boca del hombre conviene que tenga en ella muy grande santidad, porque las tales palabras son como reliquias, seg煤n San Mateo por la boca del Se帽or les llama, diciendo: No quer谩is dar las cosas santas a los canes. 3 Con raz贸n se deben llamar reliquias, pues que las vestiduras que llegaron a la carne del Se帽or tenemos por tan grandes reliquias, pues por muy mayores y m谩s preciosas debemos tener las palabras que salieron de la boca de Dios. Que las palabras de Dios sean reliquias pru茅base por los milagros espirituales que por ellas son hechos y se hacen. Los ciegos son por ellas alumbrados espiritualmente seg煤n aquello que el real Profeta dice: El precepto del Se帽or resplandeciente alumbra los ojos. 4 Los muertos son tambi茅n por ellas espiritualmente vivificados, seg煤n aquello que San Juan dice: Viene la hora y 茅sta es cuando los muertos oir谩n la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren vivir谩n. 5 Entre todos los miembros del cuerpo humano quiso Dios dar preeminencia a la lengua y deputarla para que sirviese en cosas divinas, y con raz贸n, pues que El hizo todos los miembros del hombre, era bien que guardase para s铆 siquiera uno que fuese servido y loado.
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