Sin embargo, Juan no duda. Tiene la conciencia de su vocaci贸n. Tiene fe en su elecci贸n sacerdotal. Una introspeci贸n psicol贸gica de su biograf铆a nos llevar铆a a descubrir en esta certeza de su "identidad" sacerdotal la fuente de su celo impert茅rrito, de su fecundidad apost贸lica, de su sabidur铆a de preclaro reformador de la vida eclesi谩stica y de delicado director de conciencia. San Juan de 脕vila ense帽a, al menos esto, y, sobre todo esto, al clero de nuestro tiempo, que no dude de su ser: sacerdote de Cristo, ministro de la Iglesia, gu铆a de los hermanos. 脡l advirti贸 profundamente lo que hoy algunos sacerdotes y muchos alumnos en los seminarios no comprenden como un deber corroborante y un t铆tulo espec铆fico para la cualificaci贸n ministerial en la Iglesia, la propia definici贸n 鈥攍lam茅mosla tambi茅n sociol贸gica鈥 separada de aquella que, como siervo de Jesucristo, y como el Ap贸stol San Pablo daba de s铆: "Separado para anunciar el Evangelio de Dios" (Rom 1,1).
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