4. Si hoy existe —y existe— una crisis de la ética, es por la debilitación del sentido de la verdad en las inteligencias y en las conciencias, que han perdido la referencia a la fundación última de la verdad misma. Es inútil intentar enmascarar la realidad o buscar escapatoria de este núcleo central de la crisis: sin Dios no hay fundamento para la creación, sin la primera Verdad se oscurece la razón última de las verdades humanas y, por lo tanto, se compromete la validez de la cultura que, si bien es rica en adquisiciones filosóficas, científicas, literarias, etc., no refle ja, no ayuda, no llena a todo el hombre. Y desde el momento que la referencia a la primera Verdad se realiza históricamente en la fe con que se acoge la revelación divina, el rechazo de ésta última expone al hombre a peligrosas oscuridades y errores sobre la existencia misma de Dios, a la que puede llegar por sí misma la razón natural.
En la condición presente de la humanidad, que lleva en sí las con secuencias del pecado original. la gracia es de hecho necesaria, tanto en el orden cognoscitivo como en el práctico, para alcanzar plena mente, por una parte, lo que la razón puede captar de Dios y, por otra, para adecuar con coherencia la propia conducta a los dictados de la ley natural (cf. DS 3004 -3005). La consecuencia de ello es que los diversos aspectos de la vida humana encuentran en el orden sobrenatural el fundamento más sólido y la garantía más segura de autenticidad: en particular el amor y la amistad (cf. 1, q. 1, a. 8, ad 2), la sociabilidad y la solidaridad, el derecho y el ordenamiento jurídico-político, y por encima de todo la libertad que no es real en ningún aspecto, si no se funda en la verdad.
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