Soporte
S.S. Juan Pablo II, Mensaje de S.S. Juan Pablo II Urbi et Orbi por Pascua de 2000
Incrementar tamaño de fuente Disminuir tamaño de fuente
Compartir

Mensaje Urbi et Orbi de S.S. Juan Pablo II por Pascua

23 de abril de 2000

1. "Mors et vita duello conflixere mirando...".

"Lucharon vida y muerte

en singular batalla

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta" (Secuencia de Pascua)

Hoy la Iglesia se detiene,

atónita una vez más,

junto al sepulcro vacío.

Igual que María y las otra mujeres,

llegadas para ungir con aromas

el cuerpo del Crucificado,

igual que los apóstoles Pedro y Juan,

que acudieron por las palabras de las mujeres,

la Iglesia se inclina sobre la tumba

en la que fue depositado el Señor

después de la crucifixión.

Hace un mes, como peregrino en Tierra Santa,

he recibido la gracia de arrodillarme

ante la losa,

que indica el lugar donde fue sepultado Jesús.

Hoy, Domingo de Resurrección,

hago propio el anuncio del mensajero celestial:

"Ha resucitado, no está aquí" (Mc 16,6).

Sí, la vida y la muerte lucharon

y la Vida triunfó para siempre.

Todo está orientado nuevamente hacia la vida,

¡la Vida eterna!

2. "Victimae paschali laudes immolent christiani..."

"Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables unió con nueva alianza".

Las palabras de la Secuencia pascual

expresan admirablemente el misterio

que tiene lugar en la Pascua de Cristo.

Indican la fuerza renovadora

que fluye de su resurrección.

Con las armas del amor,

Dios ha vencido el pecado y la muerte.

El Hijo eterno, que se despojó de sí mismo

para hacerse siervo obediente

hasta la muerte en cruz (cf. Flp 2,7-8),

venció el mal en su raíz,

abriendo a los corazones arrepentidos la vía del retorno al Padre.

Cristo es la Puerta de la Vida,

que en Pascua triunfa sobre las puertas del infierno.

Es la Puerta de la salvación abierta para todos,

la Puerta de la divina misericordia,

que proyecta nueva luz sobre la existencia humana.

3. Cristo resucitado muestra senderos de esperanza

en los que se debe avanzar juntos

hacia un mundo más justo y solidario

donde el ciego egoísmo de pocos

no prevalezca sobre el grito de dolor de muchos,

reduciendo a pueblos enteros

a condiciones de miseria degradante.

Que el mensaje de vida, transmitido por el ángel

junto a la piedra removida del sepulcro,

venza la dureza de los corazones,

lleve a la superación de barreras injustificadas

y favorezca un encuentro fecundo de pueblos y culturas.

Que la imagen del hombre nuevo,

que resplandece en el rostro de Cristo,

mueva a todos a reconocer

el valor intangible de la vida humana;

que suscite respuestas adecuadas

a la exigencia sentida cada vez más

de justicia y iguales oportunidades

en los diversos ámbitos de la vida social;

que mueva a los individuos y a los Estados

al pleno respeto de los derechos esenciales y auténticos

radicados en la naturaleza misma del ser humano.

4. Señor Jesús, nuestra Paz (Ef 2, 14),

Verbo encarnado hace dos mil años,

que resucitando venciste el mal y el pecado,

concede a la humanidad del tercer milenio

una paz justa y duradera;

guía por buen camino los diálogos emprendidos

por hombres de buena voluntad que,

aun entre tantas perplejidades y dificultades,

tratan de poner fin a preocupantes conflictos en Africa,

a las luchas armadas en algunos Países de América Latina,

a las continuas tensiones que afligen

el Oriente Medio, vastas zonas de Asia

y algunas regiones de Europa.

Ayuda a las naciones a superar antiguas y nuevas rivalidades,

rechazando sentimientos de racismo y de xenofobia.

Que toda la tierra pueda,

inundada por el esplendor de la resurrección,

alegrarse porque "con el fulgor del Rey eterno,

se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero (Pregón pascual)

Sí, Cristo resucita victorioso,

y ofrece al hombre,

heredero de Adán en el pecado y la muerte,

una nueva herencia de vida y de gloria.

5. "Ubi est mors stimulus tuus?".

"¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?" (1 Co 15,55),

exclama el apóstol Pablo,

impactado en el camino de Damasco por la luz de Cristo resucitado.

Su clamor resuena por los siglos

como anuncio de vida para toda las civilización humana.

Nosotros, hombres y mujeres del siglo veintiuno,

estamos también invitados a tomar conciencia

de esta victoria de Cristo sobre la muerte,

revelada a las mujeres de Jerusalén y a los Apóstoles,

cuando llegaron asustados al sepulcro.

La experiencia de estos testigos oculares,

a través de la Iglesia, ha llegado hasta nosotros.

Esta experiencia se manifiesta especialmente

en el camino de los peregrinos que,

en este año del Gran Jubileo,

cruzan la Puerta Santa

y regresan con más valentía

para construir vías de reconciliación con Dios y los hermanos.

Que en el corazón de este Año de gracia

resuene más fuerte el anuncio de los discípulos de Cristo,

un anuncio común, por encima de cualquier división,

con el deseo de una plena comunión:

"Scimus Christum surrexisse a mortuis vere".

"Sí, lo sabemos: Cristo resucitó realmente.

Rey vencedor, da a tus fieles parte en tu victoria santa".

Amén.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.


Diseño web :: Hosting Católico