Soporte
S.S. Juan Pablo II, Sed testigos del Evangelio como los Apóstoles
Incrementar tama√Īo de fuente Disminuir tama√Īo de fuente
Compartir

Sed testigos del Evangelio como los Apóstoles

Homil√≠a de S.S. Juan Pablo II durante la Misa de Pentecost√©s, a√Īo 1998

1. Credo in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem: Creo en el Esp√≠ritu Santo Se√Īor y dador de vida.

Con est√°s palabras del S√≠mbolo nicenoconstantinopolitano, la Iglesia proclama su fe en el Par√°clito; fe que nace de la experiencia apost√≥lica de Pentecost√©s. El pasaje de los Hechos de los Ap√≥stoles, que la liturgia de hoy ha propuesto a nuestra meditaci√≥n, recuerda efectivamente las maravillas realizadas el d√≠a de Pentecost√©s, cuando los Ap√≥stoles constataron con gran asombro el cumplimiento de las palabras de Jes√ļs. El como refiere la per√≠copa del evangelio de san Juan que acabamos de proclamar habla asegurado en la v√≠spera de su pasi√≥n: ¬ęYo Le pedir√© al Padre que os d√© otro Consolador que est√© siempre con vosotros¬Ľ (Jn 14, 16). Este ¬ęConsolador, el Esp√≠ritu Santo, que enviar√° el Padre en mi nombre, ser√° quien os ense√Īe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho¬Ľ (Jn 14, 26).

Y el Esp√≠ritu Santo, descendiendo sobre ellos con fuerza extraordinaria, los hizo capaces de anunciar a todo el mundo la ense√Īanza de Cristo Jes√ļs. Era tan grande su valent√≠a, tan segura su decisi√≥n, que estaban dispuestos a todo, incluso a dar su vida. El don del Esp√≠ritu hab√≠a puesto en movimiento sus energ√≠as m√°s profundas, dirigi√©ndolas al servicio de la misi√≥n que les hab√≠a confiado el Redentor. Y ser√° el Consolador el Par√°kletos quien los guiar√° en el anuncio del Evangelio a todos los hombres. El Esp√≠ritu les ense√Īar√° toda la verdad, tom√°ndola de la riqueza de la palabra de Cristo, para que ellos, a su vez, la comuniquen a los hombres en Jerusal√©n y en el resto del mundo.

2. ¬°C√≥mo no dar gracias a Dios por los prodigios que el Esp√≠ritu no ha dejado de realizar en estos dos milenios de vida cristiana! En efecto el acontecimiento de gracia de Pentecost√©s ha seguido produciendo sus maravillosos frutos, suscitando por doquier celo apost√≥lico, deseo de contemplaci√≥n, y compromiso de amar y servir con absoluta entrega a Dios y a los hermanos. Tambi√©n hoy el Esp√≠ritu impulsa en la Iglesia peque√Īos y grandes gestos de perd√≥n y profec√≠a, y da vida a carismas y dones siempre nuevos, que atestiguan su incesante acci√≥n en el coraz√≥n de los hombres.

Prueba elocuente de ello es esta solemne liturgia, en la que están presentes numerosísimos miembros de los movimientos y las nuevas comunidades, que durante estos días han celebrado en Roma su congreso mundial. Ayer, en esta misma plaza de San Pedro, vivimos un inolvidable encuentro de fiesta, con cantos, oraciones y testimonios. Experimentamos el clima de Pentecostés, que hizo casi visible la fecundidad inagotable del Espíritu en la Iglesia. Los movimientos y las nuevas comunidades, que son expresiones providenciales de la nueva primavera suscitada por el Espíritu con el concilio Vaticano II, constituyen un anuncio de la fuerza del amor de Dios que, superando todo tipo de divisiones y barreras, renueva la faz de la tierra, para construir en ella la civilización del amor.

3. San Pablo, en el pasaje de la carta a los Romanos que acabamos de proclamar, escribe: ¬ęLos que se dejan llevar por el Esp√≠ritu de Dios, √©sos son hijos de Dios¬Ľ (Rm 8, 14).

Estas palabras brindan ulteriores sugerencias para comprender la acci√≥n admirable del Esp√≠ritu en nuestra vida de creyentes. Nos abren el camino para llegar al coraz√≥n del hambre: el Esp√≠ritu Santo, a quien la Iglesia invoca para que d√© ¬ęluz a los sentidos¬Ľ, visita al hombre en su interior y toca directamente la profundidad de su ser.

El Ap√≥stol contin√ļa: ¬ęVosotros no est√°is sujetos a la carne, sino al esp√≠ritu, ya que el Esp√≠ritu de Dios habita en vosotros (...). Los que se dejan llevar por el Esp√≠ritu de Dios, √©sos son hijos de Dios. (Rm 8, 9.14). Adem√°s al contemplar la acci√≥n misteriosa del Par√°clito a√Īade con entusiasmo: ¬ęHab√©is recibido, no un esp√≠ritu de esclavitud (...), sino un esp√≠ritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: "¬°Abba!¬Ľ (Padre). Ese Esp√≠ritu y nuestro esp√≠ritu dan un testimonio concorde de que somos hijos de Dios¬Ľ (Rm 8, 15-16). Nos encontramos en el centro del misterio. En el encuentro entre el Esp√≠ritu Santo y el esp√≠ritu del hambre se halla el coraz√≥n mismo de la experiencia que vivieron los Ap√≥stoles en Pentecost√©s. Esa experiencia extraordinaria est√° presente en la Iglesia, nacida de ese acontecimiento, y la acompa√Īa a lo largo de los siglos.

Bajo la acci√≥n del Esp√≠ritu Santo, el hombre descubre hasta el fondo que su naturaleza espiritual no est√° velada por la corporeidad, sino que, por el contrario, es el esp√≠ritu el que da sentido verdadero al cuerpo. En efecto, viviendo seg√ļn el Esp√≠ritu, √©l manifiesta plenamente el don de su adopci√≥n como hijo de Dios.

En este contexto se inserta bien la cuesti√≥n fundamental de la relaci√≥n entre la vida y la muerte, a la que alude san Pablo cuando dice: ¬ęSi viv√≠s seg√ļn la carne, vais a la muerte; pero si con el Esp√≠ritu dais muerte a las obras del cuerpo, vivir√©is¬Ľ (Rm 8, 13). Y es precisamente as√≠: la docilidad al Esp√≠ritu ofrece al hombre continuas ocasiones de vida.

4. Amad√≠simos hermanos y hermanas, es para mi motivo de gran alegr√≠a saludaros a todos vosotros, que hab√©is querido uniros a mi en la acci√≥n de gracias al Se√Īor por el don del Esp√≠ritu Esta fiesta totalmente misionera extiende nuestra mirada hacia el mundo entero con un recuerdo particular para los numerosos misioneros sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, que gastan su vida, a menudo en condiciones de enorme dificultad, para difundir la verdad evangelice.

Saludo a todos los presentes: a los se√Īores cardenales, a los hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, a los numerosos miembros de los diferentes institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost√≥lica, a los j√≥venes, a los enfermos, y especialmente a cuantos han venido desde muy lejos para esta solemne celebraci√≥n.

Un recuerdo particular para los movimientos y las nuevas comunidades, que ayer tuvieron su encuentro y que hoy veo aqu√≠ presentes en gran n√ļmero; no en n√ļmero tan grande como ayer, pero tambi√©n grande. Dirijo un saludo muy especial a los muchachos y a los j√≥venes que est√°n a punto de recibir los sacramentos de la confirmaci√≥n y de la Eucarist√≠a.

Queridos hermanos, ¡qué admirables perspectivas presentan las palabras del Apóstol a cada uno de vosotros! A través de los gestos y las palabras del sacramento de la confirmación, se os dará el Espíritu Santo que perfeccionará vuestra conformidad a Cristo, ya iniciada en el bautismo, para haceros adultos en la fe y testigos auténticos e intrépidos del Resucitado. Con la confirmación, el Paráclito abre ante vosotros un camino de incesante Redescubrimiento de la gracia de la adopción como hijos de Dios que os transformará en alegres buscadores de la Verdad.

La Eucarist√≠a, alimento de vida inmortal, que gustar√©is por primera vez dentro de poco, os dispondr√° a amar y servir a vuestros hermanos, y os har√° capaces de ofrecer ocasiones de vida y esperanza, libres del dominio de la ¬ęJes√ļs carne¬Ľ y del miedo. Si os dej√°is guiar por Jes√ļs, podr√©is experimentar concretamente en vuestra vida la maravillosa acci√≥n de su Esp√≠ritu del que habla el ap√≥stol Pablo en el capitulo octavo de la carta a los Romanos. Convendr√≠a leer hoy con mayor atenci√≥n ese texto, cayo contenido resulta particularmente actual en este a√Īo dedicado al Esp√≠ritu Santo para rendir homenaje a la acci√≥n que el Esp√≠ritu de Cristo realiza en cada uno de nosotros.

5. Veni, Sancte Spiritus!

También la magnifica secuencia, que contiene una rica teología del Espíritu Santo, merecería ser meditada, estrofa tras estrofa. Aquí nos detendremos sólo en la primera palabra: Veni, ¡ven! Nos recuerda la espera de los Apóstoles, después de la Ascensión de Cristo al cielo.

En los Hechos de los Ap√≥stoles san Lucas nos los presenta reunidos Un el cen√°culo, en oraci√≥n, con la Madre de Jes√ļs (cf. Hch 1, 14). ¬ŅQu√© palabra pod√≠a expresar mejor su oraci√≥n que √©sta: ¬ęVeni, Sancte Spiritus¬Ľ? Es decir, la invocaci√≥n de aquel que al comienzo del mundo aleteaba por encima de las aguas (cf. Gn 1, 2) y que Jes√ļs les hab√≠a prometido como Par√°clito.

El coraz√≥n de Mar√≠a y de los Ap√≥stoles espera su venida en esos momentos, mientras se alternan la fe ardiente y el reconocimiento de la insuficiencia humana. La piedad de la Iglesia ha interpretado y trasmitido este sentimiento en el canto del ¬ęVeni Sancte Spiritus¬Ľ. Los Ap√≥stoles saben que la obra que les conf√≠a Cristo es ardua, pero decisiva para la historia de la salvaci√≥n de la humanidad. ¬ŅSer√°n capaces de realizarla? El Se√Īor tranquiliza su coraz√≥n. En cada paso de la misi√≥n que los llevar√° a anunciar y testimoniar el Evangelio hasta los lugares m√°s alejados de la tierra, podr√°n contar con el Esp√≠ritu prometido por Cristo. Los Ap√≥stoles recordando la promesa de Cristo durante los d√≠as que van de la Ascensi√≥n a Pentecost√©s, concentrar√°n todos sus pensamientos y sentimientos en ese veni, ¬°ven!

6. Veni, Sancte Spiritus! Al empezar as√≠ su invocaci√≥n al Esp√≠ritu Santo, la Iglesia hace suyo el contenido de la oraci√≥n de los Ap√≥stoles reunidos con Mar√≠a en el cen√°culo; m√°s a√ļn, la prolonga en la historia y la actualiza siempre.

Veni, Sancte Spiritus! As√≠ contin√ļa repitiendo en cada rinc√≥n de la tierra con el mismo ardor, firmemente consciente de Que debe permanecer idealmente en el cen√°culo, en perenne espera del Esp√≠ritu Al mismo tiempo, sabe que debe salir del cen√°culo a los caminos del mundo, con la tarea siempre nueva de dar testimonio del misterio del Esp√≠ritu

Veni, Sancte Spiritus! Oremos así con María, santuario del Espíritu Santo, morada preciosísima de Cristo entre nosotros, para que nos ayude a ser templos vivos del Espíritu y testigos incansables del Evangelio.

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTR√ďNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS‚ĄĘ. La versi√≥n electr√≥nica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- est√° protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par√°metros para su uso. Hecho el dep√≥sito legal.


Dise√Īo web :: Hosting Cat√≥lico