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Congregaci贸n para el Clero, Normas B谩sicas de la Formaci贸n de los Di谩conos Permanentes, Directorio para el Ministerio y la Vida de los Di谩conos Permanentes.
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Normas B谩sicas de la Formaci贸n de los Di谩conos Permanentes
Directorio para el Ministerio y la Vida de los Di谩conos Permanentes

Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica Congregaci贸n para el Clero

DECLARACI脫N CONJUNTA E INTRODUCCI脫N

Declaraci贸n conjunta

El Diaconado permanente, restablecido por el Concilio Vaticano II en armon铆a con la antigua Tradici贸n y con los auspicios espec铆ficos del Concilio Tridentino, en estos 煤ltimos decenios ha conocido, en numerosos lugares, un fuerte impulso y ha producido frutos prometedores, en favor de la urgente obra misionera de la nueva evangelizaci贸n. La Santa Sede y numerosos Episcopados no han cesado de ofrecer elementos normativos y puntos de referencia para la vida y la formaci贸n diaconal, favoreciendo una experiencia eclesial que, por su incremento,necesita hoy de unidad de enfoques, de ulteriores elementos clarificadores y, a nivel operativo, de est铆mulos y puntualizaciones pastorales. Es toda la realidad diaconal (visi贸n doctrinal fundamental, consiguiente discernimiento vocacional y preparaci贸n, vida, ministerio, espiritualidad y formaci贸n permanente) la que postula hoy una revisi贸n del camino recorrido hasta ahora, para alcanzar una clarificaci贸n global, indispensable para un nuevo impulso de este grado del Orden sagrado, en correspondencia con los deseos y las intenciones del Concilio Vaticano II.

Las Congregaciones para la Educaci贸n Cat贸lica y para el Clero, despu茅s de la publicaci贸n, respectivamente, de la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis para la formaci贸n al sacerdocio y del Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros, han visto la necesidad de prestar especial atenci贸n a la tem谩tica del Diaconado Permanente, para completar el desarrollo de cuanto se refiere a los dos primeros grados del Orden sagrado, objeto de su competencia. Por consiguiente, despu茅s de haber escuchado al Episcopado universal y a numerosos expertos, las dos congregaciones han dedicado a este tema sus Asambleas Plenarias de noviembre de 1995. Cuanto se trat贸, unido a las numeros铆simas experiencias adquiridas, ha sido objeto de atento estudio por parte de los Eminent铆simos y Excelent铆simos Miembros, por ello, las dos Congregaciones han elaborado las presentes redacciones finales de la Ratio fundamentalis institutionis diaconorum permanentium y del Directorio para el ministerio y la vida de los di谩conos permanentes que reproducen fielmente instancias, indicaciones y propuestas provenientes de todas la 谩reas geogr谩ficas, representadas a tan alto nivel. Los trabajos de las dos Asambleas Plenarias han hecho surgir numerosos elementos de convergencia y la necesidad, cada vez m谩s sentida en nuestro tiempo, de una armon铆a concertada, para ventaja de la unidad en la formaci贸n y de la eficacia pastoral del sagrado ministerio, frente a los desaf铆os del ya inminente Tercer Milenio. Por tanto, los mismos Padres han pedido que los dos Dicasterios se encargaran de la redacci贸n sincr贸nica de los dos documentos, public谩ndolos simult谩neamente, precedidos por una 煤nica introducci贸n comprensiva de los elementos fundamentales.

La Ratio fundamentalis institutionis diaconorum permanentium, preparada por la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, pretende no s贸lo ofrecer algunos principios orientativos sobre la formaci贸n de los di谩conos permanentes, sino tambi茅n dar algunas directrices que deben ser tenidas en cuenta por las Conferencias Episcopales en la elaboraci贸n de sus 芦Ratio禄 nacionales. La Congregaci贸n ha pensado ofrecer a los Episcopados este subsidio, an谩logo a la Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, para ayudarlos a cumplir de modo adecuado las prescripciones del can. 236, CIC, con el fin de garantizar en la Iglesia la unidad, la seriedad y la integridad de la formaci贸n de los di谩conos permanentes.

Por lo que se refiere al Directorio para el ministerio y la vida de los di谩conos permanentes, 茅ste tiene valor no s贸lo exhortativo sino, como tambi茅n el precedente para los presb铆teros, reviste un car谩cter jur铆dicamente vinculante all铆 donde sus normas 芦recuerdan iguales normas disciplinares del C贸digo de Derecho Can贸nico禄, o 芦determinan los modos de ejecuci贸n de las leyes universales de la Iglesia, hacen expl铆citas sus razones doctrinales e inculcan o solicitan su fiel observancia禄.1 En estos casos concretos, el Directorio debe ser considerado como formal Decreto general ejecutivo (cf. can. 32).

Estos dos documentos, que son ahora publicados por autoridad de los respectivos Dicasterios, aunque cada uno conserva su propia identidad y su valor jur铆dico espec铆fico, se reclaman y se integran mutuamente, en virtud de su l贸gica continuidad, y se desea vivamente que sean presentados, acogidos y aplicados siempre en su integridad. La introducci贸n, punto de referencia y de inspiraci贸n de toda la normativa, aqu铆 publicada conjuntamente, permanece indisolublemente ligada a ambos documentos.

脡sta se atiene a los aspectos hist贸ricos y pastorales del Diaconado Permanente, con referencia espec铆fica a la dimensi贸n pr谩ctica de la formaci贸n y del ministerio. Los elementos doctrinales que sostienen las argumentaciones son los de la doctrina expresada en los documentos del Concilio Vaticano II y en el sucesivo Magisterio pontificio.

Los documentos responden a una necesidad ampliamente sentida de aclarar y reglamentar la diversidad de perspectivas de los experimentos hasta aqu铆 realizados, tanto a nivel de discernimiento y de preparaci贸n, como a nivel de actuaci贸n ministerial y de formaci贸n permanente. De este modo se podr谩 asegurar aquella estabilidad de criterios que no dejar谩 de garantizar dentro de la leg铆tima pluralidad la indispensable unidad, con la consiguiente fecundidad de un ministerio que ha producido ya buenos frutos y promete una v谩lida contribuci贸n a la nueva evangelizaci贸n, en el umbral del Tercer Milenio.

Las normas, contenidas en los dos documentos, se refieren a los di谩conos permanentes del clero secular diocesano, aunque muchas de ellas, con las necesarias adaptaciones, deber谩n ser tenidas en cuenta por los di谩conos permanentes miembros de Institutos de vida consagrada y de Sociedades de vida apost贸lica.

Introducci贸n2

I. El ministerio ordenado

1. 芦Para apacentar al Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Se帽or instituy贸 en su Iglesia diversos ministerios, ordenados dirigidos al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sagrada potestad est谩n al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, lleguen a la salvaci贸n禄.3

El sacramento del orden 芦configura con Cristo mediante una gracia especial del Esp铆ritu Santo a fin de servir de instrumento a Cristo en favor de su Iglesia. Por la ordenaci贸n recibe la capacidad de actuar como representante de Cristo, Cabeza de la Iglesia, en su triple funci贸n de sacerdote, profeta y rey禄.4

Gracias al sacramento del orden la misi贸n confiada por Cristo a sus Ap贸stoles contin煤a llev谩ndose a cabo en la Iglesia hasta el fin de los tiempos: 茅ste es, pues, el sacramento del ministerio apost贸lico.5 El acto sacramental de la ordenaci贸n va m谩s all谩 de una simple elecci贸n, designaci贸n, encargo o instituci贸n por parte de la comunidad, ya que confiere un don del Esp铆ritu Santo, que permite ejercitar una potestad sacra, que puede venir s贸lo de Cristo, mediante su Iglesia.6 芦El enviado del Se帽or habla y act煤a no con autoridad propia, sino en virtud de la autoridad de Cristo; no como miembro de la comunidad, sino hablando a ella en nombre de Cristo. Nadie puede conferirse a s铆 mismo la gracia, ella debe ser dada y ofrecida. Eso supone ministros de la gracia, autorizados y habilitados por parte de Cristo禄.7

El sacramento del ministerio apost贸lico comporta tres grados. De hecho 芦el ministerio eclesi谩stico de instituci贸n divina es ejercido en diversas categor铆as por aquellos que ya desde antiguo se llaman obispos, presb铆teros, di谩conos禄.8 Junto a los presb铆teros y a los di谩conos, que prestan su ayuda, los obispos han recibido el ministerio pastoral en la comunidad y presiden en lugar de Dios a la grey de la que son los pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno.9

La naturaleza sacramental del ministerio eclesial hace que a 茅l est茅 芦intr铆nsecamente ligado el car谩cter de servicio. En efecto, los ministros, en cuanto dependen totalmente de Cristo, el cual confiere su misi贸n y autoridad, son verdaderamente "siervos de Cristo" (cf. Rm 1, 11), a imagen de 茅l, que ha asumido libremente por nosotros 芦la condici贸n de siervo禄 (Fil 2, 7)禄.10

El sagrado ministerio posee, adem谩s, car谩cter colegial11 y car谩cter personal,12 por lo cual 芦en la Iglesia, el ministerio sacramental es un servicio ejercitado en nombre de Cristo y tiene una 铆ndole personal y una forma colegial. [...].13

II. El orden del diaconado

2. El servicio de los di谩conos en la Iglesia est谩 documentado desde los tiempos apost贸licos. Una tradici贸n consolidada, atestiguada ya por S. Ireneo y que confluye en la liturgia de la ordenaci贸n, ha visto el inicio del diaconado en el hecho de la instituci贸n de los 芦siete禄, de la que hablan los Hechos del los Apostoles (6, 1-6). En el grado inicial de la sagrada jerarqu铆a est谩n, por tanto, los di谩conos, cuyo ministerio ha sido siempre tenido en gran honor en le Iglesia.14 San Pablo los saluda junto a los obispos en el exordio de la Carta a los Filipenses (cf. Fil 1, 1) y en la Primera Carta a Timoteo examina las cualidades y las virtudes con las que deben estar adornados para cumplir dignamente su ministerio (cf. 1 Tim 3, 8-13).15

La literatura patr铆stica atestigua desde el principio esta estructura jer谩rquica y ministerial de la Iglesia, que comprende el diaconado. Para S. Ignacio de Antioqu铆a16 una Iglesia particular sin obispo, presb铆tero y di谩cono era impensable. 脡l subraya c贸mo el ministerio del di谩cono no es sino el 芦ministerio de Jesucristo, el cual antes de los siglos estaba en el Padre y ha aparecido al final de los tiempos禄. 芦No son, en efecto, di谩conos para comidas o bebidas, sino ministros de la Iglesia de Dios禄. La Didascalia Apostolorum17 y los Padres de los siglos sucesivos, as铆 como tambi茅n los diversos Concilios18 y la praxis eclesi谩stica19 testimonian la continuidad y el desarrollo de tal dato revelado.

La instituci贸n diaconal floreci贸, en la Iglesia de Occidente, hasta el siglo V; despu茅s, por varias razones conoci贸 una lenta decadencia, terminando por permanecer s贸lo como etapa intermedia para los candidatos a la ordenaci贸n sacerdotal.

El Concilio de Trento dispuso que el diaconado permanente fuese restablecido, como era antiguamente, seg煤n su propia naturaleza, como funci贸n originaria en la Iglesia.20 Pero tal prescripci贸n no encontr贸 una actuaci贸n concreta.

El Concilio Vaticano II determin贸 que 芦 se podr谩 restablecer el diaconado en adelante como grado propio y permanente de la Jerarqu铆a... (y) podr谩 ser conferido a los varones de edad madura, aunque est茅n casados, y tambi茅n a j贸venes id贸neos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato禄, seg煤n la constante tradici贸n.21 Las razones que han determinado esta elecci贸n fueron sustancialmente tres: a) el deseo de enriquecer a la Iglesia con las funciones del ministerio diaconal que de otro modo, en muchas regiones, dif铆cilmente hubieran podido ser llevadas a cabo; b) la intenci贸n de reforzar con la gracia de la ordenaci贸n diaconal a aquellos que ya ejerc铆an de hecho funciones diaconales; c) la preocupaci贸n de aportar ministros sagrados a aquellas regiones que sufr铆an la escasez de clero. Estas razones ponen de manifiesto que la restauraci贸n del diaconado permanente no pretend铆a de ning煤n modo comprometer el significado, la funci贸n y el florecimiento del sacerdocio ministerial que siempre debe ser generosamente promovido por ser insustituible.

Pablo VI, para actuar las indicaciones conciliares, estableci贸, con la carta apost贸lica 芦Sacrum diaconatus ordinem禄 (18 de junio de 1967),22 las reglas generales para la restauraci贸n del diaconado permanente en la Iglesia latina. El a帽o sucesivo, con la constituci贸n apost贸lica 芦Pontificalis romani recognitio禄 (18 de junio de 1968),23 aprob贸 el nuevo rito para conferir las sagradas 贸rdenes del episcopado, del presbiterado y del diaconado, definiendo del mismo modo la materia y la forma de las mismas ordenaciones, y, finalmente, con la carta apost贸lica 芦Ad pascendum禄 (15 de agosto de 1972),24 precis贸 las condiciones para la admisi贸n y la ordenaci贸n de los candidatos al diaconado. Los elementos esenciales de esta normativa fueron recogidos entre las normas del C贸digo de derecho can贸nico, promulgado por el papa Juan Pablo II el 25 de enero de 1983.25

Siguiendo la legislaci贸n universal, muchas Conferencias Episcopales procedieron y todav铆a proceden, previa aprobaci贸n de la Santa Sede, a la restauraci贸n del diaconado permanente en sus Naciones y a la redacci贸n de normas complementarias al respecto.

III. El diaconado permanente

3. La experiencia plurisecular de la Iglesia ha sugerido la norma, seg煤n la cual el orden del presbiterado es conferido s贸lo a aquel que ha recibido antes el diaconado y lo ha ejercitado oportunamente.26 El orden del diaconado, sin embargo, 芦no debe ser considerado como un puro y simple grado de acceso al sacerdocio禄.27

芦Ha sido uno de los frutos del Concilio Ecum茅nico Vaticano II, querer restituir el diaconado como grado propio y permanente de la jerarqu铆a禄.28 En base a 芦motivaciones ligadas a las circunstancias hist贸ricas y a las perspectivas pastorales禄 acogidas por los Padres conciliares, en verdad 芦obraba misteriosamente el Esp铆ritu Santo, protagonista de la vida de la Iglesia, llevando a una nueva actuaci贸n del cuadro completo de la jerarqu铆a, tradicionalmente compuesta de obispos, sacerdotes y di谩conos. Se promov铆a de tal forma una revitalizaci贸n de las comunidades cristianas, m谩s en consonancia con las que surg铆an de las manos de los Ap贸stoles y florec铆an en los primeros siglos, siempre bajo el impulso del Par谩clito, como lo atestiguan los Hechos禄.29

El diaconado permanente constituye un importante enriquecimiento para la misi贸n de la Iglesia.30 Ya que los munera que competen a los di谩conos son necesarios para la vida de la Iglesia,31 es conveniente y 煤til que, sobre todo en los territorios de misiones,32 los hombres que en la Iglesia son llamados a un ministerio verdaderamente diaconal, tanto en la vida lit煤rgica y pastoral, como en las obras sociales y caritativas 芦sean fortalecidos por la imposici贸n de las manos transmitida desde los Ap贸stoles, y sean m谩s estrechamente unidos al servicio del altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado禄.33

Ciudad del Vaticano, desde el Palacio de las Congregaciones, 22 de febrero, fiesta de la C谩tedra de San Pedro, de 1998.

Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica

PIO CARD. LAGHI
Prefecto

+Jos茅 Saraiva Martins, Arz. tit. de Tub煤rnica
Secretario

Congregaci贸n para el Clero

DAR脥O CARD. CASTRILL脫N HOYOS
Prefecto

+Csaba Terny谩k, Arz. tit. de Eminenziana
Secretario

DIRECTORIO PARA EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS DI脕CONOS PERMANENTES
Directorium pro ministerio et vita diaconorum permanentium

Congregaci贸n para el Clero

1
EL ESTATUTO JUR脥DICO DEL DI脕CONO

El di谩cono ministro sagrado

1. El diaconado tiene su origen en la consagraci贸n y en la misi贸n de Cristo, de las cuales el di谩cono est谩 llamado a participar.34 Mediante la imposici贸n de las manos y la oraci贸n consecratoria es constitu铆do ministro sagrado, miembro de la jerarqu铆a. Esta condici贸n determina su estatuto teol贸gico y jur铆dico en la Iglesia.

La incardinaci贸n

2. En el momento de la admisi贸n todos los candidatos deber谩n expresar claramente y por escrito la intenci贸n de servir a la Iglesia35 durante toda la vida en una determinada circunscripci贸n territorial o personal, en un Instituto de Vida Consagrada, en un Sociedad de Vida apost贸lica, que tengan la facultad de incardinar.36 La aceptaci贸n escrita de tal petici贸n est谩 reservada a quien tenga la facultad de incardinar, y determina quien es el superior del candidato.37

La incardinaci贸n es un v铆nculo jur铆dico, que tiene valor eclesiol贸gico y espiritual en cuanto que expresa la dedicaci贸n ministerial del di谩cono a la Iglesia.

3. Un di谩cono ya incardinado en una circunscripci贸n eclesi谩stica, puede ser incardinado en otra circunscripici贸n a norma del derecho.38

El di谩cono que, por justos motivos, desea ejercer el ministerio en una di贸cesis diversa de aquella de la incardinaci贸n, debe obtener la autorizaci贸n escrita de los dos obispos.

Los obispos favorezcan a los di谩conos de su di贸cesis, que desean ponerse a disposici贸n de las Iglesias, que sufren por la escasez de clero, sea en forma definitiva, sea por tiempo determinado, y, en particular, a aquellos que piden dedicarse, previa una espec铆fica y cuidadosa preparaci贸n, para la misi贸n ad gentes. Las necesarias relaciones ser谩n reguladas con un adecuado acuerdo entre los obispos interesados.39

Es deber del obispo seguir con particular solicitud a los di谩conos de su di贸cesis.40 脡l se dirigir谩 con especial premura, proveyendo personalmente o mediante un sacerdote delegado suyo, hacia aquellos que, por su situaci贸n, se encuentren en especiales dificultades.

4. El di谩cono incardinado en un Instituto de Vida Consagrada o en una Sociedad de Vida Apost贸lica, ejercer谩 su ministerio bajo la potestad del obispo en todo aquello que se refiere al cuidado pastoral, al ejercicio p煤blico del culto divino y a las obras de apostolado, quedando tambi茅n sujeto a los propios superiores, seg煤n su competencia y manteni茅ndose fiel a la disciplina de la comunidad de referencia.41 En caso de traslado a otra comunidad de diversa di贸cesis, el superior deber谩 presentar el di谩cono al Ordinario con el fin de obtener de 茅ste la licencia para el ejercicio del ministerio, seg煤n la modalidad que ellos mismos determinar谩n con sabio acuerdo.

5. La vocaci贸n espec铆fica del diaconado permanente supone la estabilidad en este orden. Por tanto, un eventual paso al presbiterado de di谩conos no casados o que hayan quedado viudos ser谩 una rar铆sima excepci贸n, posible s贸lo cuando especiales y graves razones lo sugieran. La decisi贸n de admisi贸n al Orden del Presbiterado corresponde al propio obispo diocesano, si no hay otros impedimentos reservados a la Santa Sede42 Sin embargo, dada la excepcionalidad del caso, es oportuno que 茅l consulte previamente a la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica respecto a lo que se refiere al programa de preparaci贸n intelectual y teol贸gica del cadidato y la Congregaci贸n para el Clero acerca el programa de preparaci贸n pastoral y las actitudes del di谩cono al ministerio presbiteral.

Fraternidad sacramental

6. Los di谩conos, en virtud del orden recibido, est谩n unidos entre s铆 por la hermandad sacramental. Todos ellos act煤an por la misma causa: la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo, bajo la autoridad del obispo, en comuni贸n con el Sumo Pont铆fice.43 Si茅ntase cada di谩cono ligado a sus hermanos con el v铆nculo de la caridad, de la oraci贸n, de la obediencia al propio obispo, del celo ministerial y de la colaboraci贸n.

Es bueno que los di谩conos, con el consentimiento del obispo y en presencia del obispo mismo o de su delegado, se re煤nan peri贸dicamente para verificar el ejercicio del propio ministerio, intercambiar experiencias, proseguir la formaci贸n, estimularse rec铆procamente en la fidelidad.

Estos encuentros entre di谩conos permanentes pueden constituir un punto de referencia tambi茅n para los candidatos a la ordenaci贸n diaconal.

Corresponde al obispo del lugar alimentar en los di谩conos que trabajan en la di贸cesis un 芦esp铆ritu de comuni贸n禄, evitando la formaci贸n de aquel 芦corporativismo禄, que influy贸 en la desaparici贸n del diaconado permanente en los siglos pasados.

Obligaciones y derechos

7. El estatuto del di谩cono comporta tambi茅n un conjunto de obligaciones y derechos espec铆ficos, a tenor de los cann. 273-283 del C贸digo de Derecho Can贸nico, que se refieren a las obligaciones y a los derechos de los cl茅rigos, con las peculiaridades all铆 previstas para los di谩conos.

8. El rito de la ordenaci贸n del di谩cono prev茅 la promesa de obediencia al obispo: 芦驴Prometes a m铆 y mis sucesores filial respeto y obediencia?禄.44

El di谩cono, prometiendo obediencia al obispo, asume como modelo a Jes煤s, obediente por excelencia (cf. Fil 2, 5-11), sobre cuyo ejemplo caracterizar谩 la propia obediencia en la escucha (cf. Heb 10, 5ss; Jn 4, 34) y en la radical disponibilidad (cf. Lc 9, 54ss; 10, 1ss).

脡l, por esto, se compromete sobre todo con Dios a actuar en plena conformidad a la voluntad del Padre; al mismo tiempo se compromete tambi茅n con la Iglesia, que tiene necesidad de personas plenamente disponibles.45 En la plegaria y en el esp铆ritu de oraci贸n del cual debe estar penetrado, el di谩cono profundizar谩 diariamente el don total de s铆, como ha hecho el Se帽or 芦hasta la muerte y muerte de cruz禄 (Fil 2,8).

Esta visi贸n de la obediencia predispone a la acogida de las concretas obligaciones asumidas por el di谩cono con la promesa hecha en la ordenaci贸n, seg煤n cuanto est谩 previsto por la ley de la Iglesia: 芦Los cl茅rigos, si no les exime un impedimento leg铆timo, est谩n obligados a aceptar y desempe帽ar fielmente la tarea que les encomiende su ordinario禄46

El fundamento de la obligaci贸n est谩 en la participaci贸n misma en el ministerio episcopal, conferida por el sacramento del Orden y por la misi贸n can贸nica. El 谩mbito de la obediencia y de la disponibilidad est谩 determinado por el mismo ministerio diaconal y por todo aquello que tiene relaci贸n objetiva, directa e inmediata con 茅l.

Al di谩cono, en el decreto en que se le confiere el oficio, el obispo le atribuir谩 las tareas correspondientes a sus capacidades personales, a la condici贸n celibataria o familiar, a la formaci贸n, a la edad, a las aspiraciones reconocidas como espiritualmente v谩lidas. Ser谩n tambi茅n definidos el 谩mbito territorial o las personas a las que dirigir谩 su servicio apost贸lico; ser谩 igualmente especificado si su oficio es a tiempo pleno o parcial, y qu茅 presb铆tero ser谩 el responsable de la 芦cura animarum禄, relativa al 谩mbito de su oficio.

9. Es deber de los cl茅rigos vivir el v铆nculo de la fraternidad y de la oraci贸n, comprometi茅ndose en la colaboraci贸n mutua y con el obispo, reconociendo y promoviendo la misi贸n de los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo,47 conduciendo un estilo de vida sobrio y simple, que se abra a la ?cultura del dar' y favorezca una generosa caridad fraterna.48

10. Los di谩conos permanentes no est谩n obligados a llevar el h谩bito eclesi谩stico, como en cambio lo est谩n los di谩conos candidatos al presbiterado,49 para los cuales valen las mismas normas previstas universalmente para los presb铆teros.50

Los miembros de los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de Vida apost贸lica se atendr谩n a cuanto est谩 dispuesto para ellos en el C贸digo de Derecho Can贸nico.51

11. La Iglesia reconoce en el propio ordenamiento can贸nico el derecho de los di谩conos para asociarse entre ellos, con el fin de favorecer su vida espiritual, ejercitar obras de caridad y de piedad y conseguir otros fines, en plena conformidad con su consagraci贸n sacramental y su misi贸n.52

A los di谩conos, como a los otros cl茅rigos, no les est谩 permitida la fundaci贸n, la adhesi贸n y la participaci贸n en asociaciones o agrupaciones de cualquier g茅nero, incluso civiles, incompatibles con el estado clerical, o que obstaculicen el diligente cumplimiento de su ministerio. Evitar谩n tambi茅n todas aquellas asociaciones que, por su naturaleza, finalidad y m茅todos de acci贸n vayan en detrimento de la plena comuni贸n jer谩rquica de la Iglesia; adem谩s aquellas que acarrean da帽os a la identidad diaconal y al cumplimiento de los deberes que los di谩conos ejercen en el servicio del pueblo de Dios; y, finalmente, aquellas que conspiran contra la Iglesia.53

Ser铆an totalmente incompatibles con el estado diaconal aquellas asociaciones que quisieran reunir a los di谩conos, con la pretensi贸n de representatividad, en una especie de corporaci贸n, o de sindicato, o en grupos de presi贸n, reduciendo, de hecho, su sagrado ministerio a una profesi贸n u oficio, comparable a funciones de car谩cter profano. Adem谩s, son totalmente incompatibles aquellas asociaciones, que en cualquier modo desvirt煤an la naturaleza del contacto directo e inmediato, que cada di谩cono debe tener con su propio obispo.

Tales asociaciones est谩n prohibidas porque resultan nocivas al ejercicio del sagrado ministerio diaconal, que corre el riesgo de ser considerado como prestaci贸n subordinada, e introducen as铆 una actitud de contraposici贸n respecto a los sagrados pastores, considerados 煤nicamente como empresarios.54

T茅ngase presente que ninguna asociaci贸n privada puede ser reconocida como eclesial sin la previa recognitio de los estatutos por parte de la autoridad eclesial competente;55 que la misma autoridad tiene el derecho-deber de vigilar sobre la vida de las asociaciones y sobre la consecuci贸n de la finalidad de sus estatutos.56

Los di谩conos, provenientes de asociaciones o movimientos eclesiales, no sean privados de las riquezas espirituales de tales agrupaciones, en las que pueden seguir encontrando ayuda y apoyo para su misi贸n en el servicio de la Iglesia particular.

12. La eventual actividad profesional o laboral del di谩cono tiene un significado diverso de la del fiel laico.57 En los di谩conos permanentes el trabajo permanece, de todos modos, ligado al ministerio; ellos, por tanto, tendr谩n presente que los fieles laicos, por su misi贸n espec铆fica, est谩n 芦llamados de modo particular a hacer que la Iglesia est茅 presente y operante en aquellos lugares y circunstancias, en las que ella no puede ser sal de la tierra sino por medio de ellos禄.58

La vigente disciplina de la Iglesia no proh铆be que los di谩conos permanentes asuman o ejerzan una profesi贸n con ejercicio de poderes civiles, ni que se dediquen a la administraci贸n de los bienes temporales o que ejerzan cargos seculares con la obligaci贸n de dar cuentas de ellos, como excepci贸n a cuanto se ha dicho sobre los dem谩s cl茅rigos.59 Dado que dicha excepci贸n puede ser inoportuna, est谩 previsto que el derecho particular pueda determinar diversamente.

En el ejercicio de las actividades comerciales y de los negocios,60 que les est谩n permitidos si no hay previsiones diversas y oportunas por parte del derecho particular, ser谩 deber de los di谩conos dar un buen testimonio de honestidad y de rectitud deontol贸gica, incluso en la observancia de las obligaciones de justicia y de las leyes civiles que no est茅n en oposici贸n con el derecho natural, el Magisterio, a las leges de la iglesia y a su libertad.61

Esta excepci贸n no se aplica a los di谩conos pertenecientes a Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apost贸lica.62

Los di谩conos permanentes siempre tendr谩n cuidado de valorar cada situaci贸n con prudencia, pidiendo consejo al propio obispo, sobre todo en los casos y en las situaciones m谩s complejas. Tales profesiones, aunque honestas y 煤tiles a la comunidad 鈥攕i ejercidas por un di谩cono permanente鈥� podr铆an resultar, en determinadas circunstancias, dif铆cilmente compatibles con la responsabilidad pastoral propia de su ministerio. Por tanto, la autoridad competente, teniendo presente las exigencias de la comuni贸n eclesial y los frutos de la acci贸n pastoral al servicio de 茅sta, debe valorar prudentemente cada caso, aunque cuando se verifiquen cambios de profesi贸n despu茅s de la ordenaci贸n diaconal.

En casos de conflicto de conciencia, los di谩conos deben actuar, aunque con grave sacrificio, en conformidad con la doctrina y la disciplina de la Iglesia.

13. Los di谩conos, en cuanto ministros sagrados, deben dar prioridad al ministerio y a la caridad pastoral, favoreciendo 芦en sumo grado el mantenimiento, entre los hombres, de la paz y de la concordia禄.63

El compromiso de militancia activa en los partidos pol铆ticos y sindicatos puede ser consentido en situaciones de particular relevancia para 芦la defensa de los derechos de la Iglesia o la promoci贸n del bien com煤n禄,64 seg煤n las disposiciones adoptadas por las Conferencias Episcopales;65 permanece, no obstante, firmemente prohibida, en todo caso, la colaboraci贸n con partidos y fuerzas sindicales, que se basan en ideolog铆as, pr谩cticas y coaliciones incompatibles con la doctrina cat贸lica.

14. El di谩cono, por norma, para alejarse de la di贸cesis 芦por un tiempo considerable禄, seg煤n las especificaciones del derecho particular, deber谩 tener autorizaci贸n del propio Ordinario o Superior Mayor.66

Sustento y seguridad social

15. Los di谩conos, empe帽ados en actividades profesionales deben mantenerse con las ganancias derivadas de ellas.67

Es del todo leg铆timo que cuantos se dedican plenamente al servicio de Dios en el desempe帽o de oficios eclesi谩sticos,68 sean equitativamente remunerados, dado que 芦el trabajador es digno de su salario禄 (Lc 10, 7) y que 芦el Se帽or ha dispuesto que aquellos que anuncian el Evangelio vivan del Evangelio禄 (1 Cor 9,14). Esto no excluye que, como ya hac铆a el ap贸stol Pablo (cf. 1 Cor 9,12), no se pueda renunciar a este derecho y se provea diversamente al propio sustento.

No es f谩cil fijar normas generales y vinculantes para todos en relaci贸n al sustento, dada la gran variedad de situaciones que se dan entre los di谩conos, en las diversas Iglesias particulares y en los diversos pa铆ses. En esta materia, adem谩s, hay que tener presentes tambi茅n los eventuales acuerdos estipulados por la Santa Sede y por las Conferencias Episcopales con los gobiernos de las naciones. Se remite, por esto, al derecho particular para oportunas determinaciones.

16. Los cl茅rigos, en cuanto dedicados de modo activo y concreto al ministerio eclesi谩stico, tienen derecho al sustento, que comprende 芦una remuneraci贸n adecuada禄69 y la asistencia social.70

Respecto a los di谩conos casados el C贸digo de Derecho Can贸nico dispone lo siguiente: 芦Los di谩conos casados plenamente dedicados al ministerio eclesi谩stico merecen una retribuci贸n tal que pueda sostener a s铆 mismos y a su familia; pero quienes, por ejercer o haber ejercido una profesi贸n civil, ya reciben una remuneraci贸n, deben proveer a sus propias necesidades y a las de su familia con lo que cobren por ese t铆tulo禄.71 Al establecer que la remuneraci贸n debe ser 芦adecuada禄, son tambi茅n enunciados los par谩metros para determinar y juzgar la medida de la remuneraci贸n: condici贸n de la persona, naturaleza del cargo ejercido, circunstancias de lugar y de tiempo, necesidades de la vida del ministro (incluidas las de su familia si est谩 casado), justa retribuci贸n para las personas que, eventualmente, estuviesen a su servicio. Se trata de criterios generales, que se aplican a todos los cl茅rigos.

Para proveer al 芦sustento de los cl茅rigos que prestan servicios a favor de la di贸cesis禄, en cada Iglesia particular debe constituirse un instituto especial, con la finalidad de 芦recoger los bienes y las ofertas禄.72

La asistencia social en favor de los cl茅rigos, si no ha sido dispuesto diversamente, es confiada a otro instituto apropiado.73

17. Los di谩conos c茅libes, dedicados al ministerio eclesi谩stico en favor de la di贸cesis a tiempo completo, si no gozan de otra fuente de sustento, tienen derecho a la remuneraci贸n, seg煤n el principio general.74

18. Los di谩conos casados, que se dedican a tiempo completo al ministerio eclesi谩stico sin recibir de otra fuente retribuci贸n econ贸mica, deben ser remunerados de manera que puedan proveer al propio sustento y al de la familia,75 en conformidad al susodicho principio general.

19. Los di谩conos casados, que se dedican a tiempo completo o a tiempo parcial al ministerio eclesi谩stico, si reciben una remuneraci贸n por la profesi贸n civil, que ejercen o han ejercido, est谩n obligados a proveer a sus propias necesidades y a las de su familia con las rentas provenientes de tal remuneraci贸n.76

20. Corresponde al derecho particular reglamentar con oportunas normas otros aspectos de la compleja materia, estableciendo, por ejemplo, que los entes y las parroquias, que se benefician del ministerio de un di谩cono, tienen la obligaci贸n de reembolsar los gastos realizados por 茅ste en el desempe帽o del ministerio.

El derecho particular puede, adem谩s, definir qu茅 obligaciones deba asumir la di贸cesis en relaci贸n al di谩cono que, sin culpa, se encontrase privado del trabajo civil. Igualmente, ser谩 oportuno precisar las eventuales obligaciones econ贸micas de la di贸cesis en relaci贸n a la mujer y a los hijos del di谩cono fallecido. Donde sea posible, es oportuno que el di谩cono suscriba, antes de la ordenaci贸n, un seguro que prevea estos casos.

P茅rdida del estado de di谩cono

21. El di谩cono est谩 llamado a vivir con generosa entrega y renovada perseverancia el orden recibido, con fe en la perenne fidelidad de Dios. La sagrada ordenaci贸n, validamente recibida, jam谩s se pierde. Sin embargo, la p茅rdida del estado clerical se da en conformidad con lo estipulado por las normas can贸nicas.77

2
MINISTERIO DEL DI脕CONO

Funciones de los di谩conos

22. El ministerio del diaconado viene sintetizado por el Concilio Vaticano II con la tr铆ada: 芦ministerio (diacon铆a) de la liturgia, de la palabra y de la caridad禄.78 De este modo se expresa la participaci贸n diaconal en el 煤nico y triple munus de Cristo en el ministro ordenado. El di谩cono 芦es maestro, en cuanto proclama e ilustra la Palabra de Dios; es santificador, en cuanto administra el sacramento del Bautismo, de la Eucarist铆a y los sacramentales, participa en la celebraci贸n de la Santa Misa en calidad de 芦ministro de la sangre禄, conserva y distribuye la Eucarist铆a; 芦es gu铆a, en cuanto animador de la comunidad o de diversos sectores de la vida eclesial禄.79 De este modo, el di谩cono asiste y sirve a los obispos y a los presb铆teros, quienes presiden los actos lit煤rgicos, vigilan la doctrina y gu铆an al Pueblo de Dios. El ministerio de los di谩conos, en el servicio a la comunidad de los fieles, debe 芦colaborar en la construcci贸n de la unidad de los cristianos sin prejuicios y sin iniciativas inoportunas禄,80 cultivando aquellas 芦cualidades humanas que hacen a una persona aceptable a los dem谩s y cre铆ble, vigilante sobre su propio lenguaje y sobre sus propias capacidades de di谩logo, para adquirir una actitud aut茅nticamente ecum茅nica禄.81

Diacon铆a de la Palabra

23. El obispo, durante la ordenaci贸n, entrega al di谩cono el libro de los Evangelios diciendo estas palabras: 芦Recibe el Evangelio de Cristo del cual te has transformado en su anunciador禄.82 Del mismo modo que los sacerdotes, los di谩conos se dedican a todos los hombres, sea a trav茅s de su buena conducta, sea con la predicaci贸n abierta del misterio de Cristo, sea en el transmitir las ense帽anzas cristianas o al estudiar los problemas de su tiempo. Funci贸n principal del di谩cono es, por lo tanto, colaborar con el obispo y con los presb铆teros en el ejercicio del ministerio83, n. 9: Ense帽anzas, VII, 2 [1984], 436)] no de la propia sabidur铆a, sino de la Palabra de Dios, invitando a todos a la conversi贸n y a la santidad.84 Para cumplir esta misi贸n los di谩conos est谩n obligados a prepararse, ante todo, con el estudio cuidadoso de la Sagrada Escritura, de la Tradici贸n, de la liturgia y de la vida de la Iglesia.85 Est谩n obligados, adem谩s, en la interpretaci贸n y aplicaci贸n del sagrado dep贸sito, a dejarse guiar d贸cilmente por el Magisterio de aquellos que son 芦testigos de la verdad divina y cat贸lica禄:86 el Romano Pont铆fice y los obispos en comuni贸n con 茅l,87 de modo que propongan 芦integral y fielmente el misterio de Cristo禄.88

Es necesario, en fin, que aprendan el arte de comunicar la fe al hombre moderno de manera eficaz e integral, en las m煤ltiples situaciones culturales y en las diversas etapas de la vida.89

24. Es propio del di谩cono proclamar el evangelio y predicar la palabra de Dios.90 Los di谩conos gozan de la facultad de predicar en cualquier parte, seg煤n las condiciones previstas por el C贸digo.91 Esta facultad nace del sacramento y debe ser ejercida con el consentimiento, al menos t谩cito, del rector de la Iglesia, con la humildad de quien es ministro y no due帽o de la palabra de Dios. Por este motivo la advertencia del Ap贸stol es siempre actual: 芦Investidos de este ministerio por la misericordia con que fuimos favorecidos, no desfallecemos. Al contrario, desechando los disimulos vergonzosos, sin comportarnos con astucia ni falsificando la palabra de Dios, sino anunciando la verdad, nos presentamos delante de toda conciencia humana, en presencia de Dios禄 (2 cor 4:1-2).92

25. Cuando presidan una celebraci贸n lit煤rgica o cuando seg煤n las normas vigentes,93 sean los encargados de ellas, los di谩conos den gran importancia a la homil铆a en cuanto 芦anuncio de las maravillas hechas por Dios en el misterio de Cristo, presente y operante sobretodo en las celebraciones lit煤rgicas禄.94 Sepan, por tanto, prepararla con especial cuidado en la oraci贸n, en el estudio de los textos sagrados, en la plena sinton铆a con el Magisterio y en la reflexi贸n sobre las expectativas de los destinatarios.

Concedan, tambi茅n, sol铆cita atenci贸n a la catequesis de los fieles en las diversas etapas de la existencia cristiana, de forma que les ayuden a conocer la fe en Cristo, a reforzarla con la recepci贸n de los sacramentos y a expresarla en su vida personal, familiar, profesional y social.95 Esta catequesis hoy es tan importante y necesaria y tanto m谩s debe ser completa, fiel, clara y ajena de incertidumbres, cuanto m谩s secularizada est谩 la sociedad y m谩s grandes son los desaf铆os que la vida moderna plantea al hombre y al evangelio.

26. Esta sociedad es la destinataria de la nueva evangelizaci贸n. Ella exige el esfuerzo m谩s generoso por parte de los ministros ordenados. Para promoverla 芦alimentados por la oraci贸n y sobre todo del amor a la Eucarist铆a禄,96 los di谩conos adem谩s de su participaci贸n en los programas diocesanos o parroquiales de catequesis, evangelizaci贸n y preparaci贸n a los sacramentos, transmitan la Palabra en su eventual 谩mbito profesional, ya sea con palabras expl铆citas, ya sea con su sola presencia activa en los lugares donde se forma la opini贸n p煤blica o donde se aplican las normas 茅ticas (como en los servicios sociales, los servicios a favor de los derechos de la familia, de la vida etc.); tengan en cuenta las grandes posibilidades que ofrecen al ministerio de la palabra la ense帽anza de la religi贸n y de la moral en las escuelas,97 la ense帽anza en las universidades cat贸licas y tambi茅n civiles98 y el uso adecuado de los modernos medios de comunicaci贸n.99

Estos nuevos are贸pagos exigen ciertamente, adem谩s de la indispensable sana doctrina, una esmerada preparaci贸n espec铆fica, pues constituyen medios eficac铆simos para llevar el evangelio a los hombres de nuestro tiempo y a la misma sociedad.100

Finalmente los di谩conos tengan presente que es necesario someter al juicio del ordinario, antes de la publicaci贸n, los escritos concernientes a la fe y a las costumbres101 y que es necesario el permiso del ordinario del lugar para escribir en publicaciones o participar en transmisiones y entretenimientos que suelan atacar la religi贸n cat贸lica o las buenas costumbres. Para las retransmisiones radio televisivas tendr谩n en cuenta lo establecido por la Conferencia Episcopal.102

En todo caso, tengan siempre presente la exigencia primera e irrenunciable de no hacer nunca concesiones en la exposici贸n de la verdad.

27. Los di谩conos recuerden que la Iglesia es por su misma naturaleza misionera,103 ya sea porque ha tenido origen en la misi贸n del Hijo y en la misi贸n del Esp铆ritu Santo seg煤n el plan del Padre, ya sea porque ha recibido del Se帽or resucitado el mandato expl铆cito de predicar a toda criatura el Evangelio y de bautizar a los que crean (cf. Mc 16, 15-16; Mt 28, 19). De esta Iglesia los di谩conos son ministros y, por lo mismo, aunque incardinados en una Iglesia particular, no pueden sustraerse del deber misionero de la Iglesia universal y deben, por lo tanto, permanecer siempre abiertos, en la forma y en la medida que permiten sus obligaciones familiares 鈥攕i est谩n casados鈥� y profesionales, tambi茅n a la missio ad gentes.104

La dimensi贸n del servicio est谩 unida a la dimensi贸n misionera de la Iglesia; es decir, el esfuerzo misionero del di谩cono abraza el servicio de la palabra, de la liturgia y de la caridad, que a su vez se realizan en la vida cotidiana. La misi贸n se extiende al testimonio de Cristo tambi茅n en el eventual ejercicio de una profesi贸n laical.

Diacon铆a de la liturgia

28. El rito de la ordenaci贸n pone de relieve otro aspecto del ministerio diaconal: el servicio del altar.105

El di谩cono recibe el sacramento del orden para servir en calidad de ministro a la santificaci贸n de la comunidad cristiana, en comuni贸n jer谩rquica con el obispo y con los presb铆teros. Al ministerio del obispo y, subordinadamente al de los presb铆teros, el di谩cono presta una ayuda sacramental, por lo tanto intr铆nseca, org谩nica, inconfundible.

Resulta claro que su diacon铆a ante el altar, por tener su origen en el sacramento del Orden, se diferencia esencialmente de cualquier ministerio lit煤rgico que los pastores puedan encargar a fieles no ordenados. El ministerio lit煤rgico del di谩cono se diferencia tambi茅n del mismo ministerio ordenado sacerdotal.106

Se sigue que en el ofrecimiento del Sacrificio eucar铆stico, el di谩cono no est谩 en condiciones de realizar el misterio sino que, por una parte representa efectivamente al Pueblo fiel, le ayuda en modo espec铆fico a unir la oblaci贸n de su vida a la oferta de Cristo; y por otro sirve, en nombre de Cristo mismo, a hacer part铆cipe a la Iglesia de los frutos de su sacrificio.

As铆 como 芦la liturgia es el culmen hacia el cual tiende la acci贸n de la Iglesia y, juntamente, la fuente de la cual emana toda su virtud禄,107 esta prerrogativa de la consagraci贸n diaconal es tambi茅n fuente de una gracia sacramental dirigida a fecundar todo el ministerio; a tal gracia se debe corresponder tambi茅n con una cuidadosa y profunda preparaci贸n teol贸gica y lit煤rgica para poder participar dignamente en la celebraci贸n de los sacramentos y de los sacramentales.

29. En su ministerio el di谩cono tendr谩 siempre viva la conciencia de que 芦cada celebraci贸n lit煤rgica, en cuanto obra de Cristo sumo y eterno sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es una acci贸n sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo t铆tulo y el mismo grado, no la iguala ninguna otra acci贸n de la Iglesia禄.108 La liturgia es fuente de gracia y de santificaci贸n. Su eficacia deriva de Cristo Redentor y no se apoya en la santidad del ministro. Esta certeza har谩 humilde al di谩cono, que no podr谩 jam谩s comprometer la obra de Cristo, y al mismo tiempo, le empujar谩 a una vida santa para ser digno ministro de Cristo. Las acciones lit煤rgicas, por tanto, no se reducen a acciones privadas o sociales que cada uno puede celebrar a su modo sino que pertenecen al Cuerpo universal de la Iglesia.109 Los di谩conos deben observar las normas propias de los santos misterios con tal devoci贸n que lleven a los fieles a una consciente participaci贸n, que fortalezca su fe, d茅 culto a Dios y santifique a la Iglesia.110

30. Seg煤n la tradici贸n de la Iglesia y cuanto establece el derecho,111 compete a los di谩conos 芦ayudar al Obispo y a los Presb铆teros en las celebraciones de los divinos misterios禄.112 Por lo tanto se esforzar谩n por promover las celebraciones que impliquen a toda la asamblea, cuidando la participaci贸n interior de todos y el ejercicio de los diversos ministerios.113

Tengan presente tambi茅n la importante dimensi贸n est茅tica, que hace sentir al hombre entero la belleza de cuanto se celebra. La m煤sica y el canto, aunque pobres y simples, la predicaci贸n de la Palabra, la comuni贸n de los fieles que viven la paz y el perd贸n de Cristo, son un bien precioso que el di谩cono, por su parte, buscar谩 incrementar.

Sean siempre fieles a cuanto se pide en los libros lit煤rgicos, sin agregar, quitar o cambiar algo por propia iniciativa.114 Manipular la liturgia equivale a privarla de la riqueza del misterio de Cristo que existe en ella y podr铆a ser un signo de presunci贸n delante de todo aquello, que ha establecido la sabidur铆a de la Iglesia. Lim铆tense por tanto a cumplir todo y s贸lo aquello que es de su competencia.115 Lleven dignamente los ornamentos lit煤rgicos prescritos.116 La dalm谩tica, seg煤n los diversos y apropiados colores lit煤rgicos, puesta sobre el alba, el c铆ngulo y la estola, 芦constituyen el h谩bito propio del di谩cono禄.117

El servicio de los di谩conos se extiende a la preparaci贸n de los fieles para los sacramentos y tambi茅n a su atenci贸n pastoral despu茅s de la celebraci贸n de los mismos.

31. El di谩cono, con el obispo y el presb铆tero, es ministro ordinario del bautismo.118 El ejercicio de tal facultad requiere o la licencia para actuar concedida por el p谩rroco, al cual compete de manera especial bautizar a sus parroquianos,119 o que se d茅 un caso de necesidad.120 Es de particular importancia el ministerio de los di谩conos en la preparaci贸n a este sacramento.

32. En la celebraci贸n de la Eucarist铆a, el di谩cono asiste y ayuda a aquellos que presiden la asamblea y consagran el Cuerpo y la Sangre del Se帽or, es decir, al obispo y los presb铆teros,121 seg煤n lo establecido por la Institutio Generalis del Misal Romano,122 manifestando as铆 a Cristo Servidor: est谩 junto al sacerdote y lo ayuda, y, en modo particular, asiste a un sacerdote ciego o afectado por otra enfermedad a la celebraci贸n eucar铆stica;123 en el altar desarrolla el servicio del c谩liz y del libro; propone a los fieles las intenciones de la oraci贸n y los invita a darse el signo de la paz; en ausencia de otros ministros, el mismo cumple, seg煤n las necesidades, los oficios.

No es tarea suya pronunciar las palabras de la plegaria eucar铆stica y las oraciones; ni cumplir las acciones y los gestos que 煤nicamente competen a quien preside y consagra.124 Es propio del di谩cono proclamar la divina Escritura.125

En cuanto ministro ordinario de la sagrada comuni贸n,126 la distribuye durante la celebraci贸n, o fuera de ella, y la lleva a los enfermos tambi茅n en forma de vi谩tico.127 El di谩cono es as铆 mismo ministro ordinario de la exposici贸n del Sant铆simo Sacramento y de la bendici贸n eucar铆stica.128 Le corresponde presidir eventuales celebraciones dominicales en ausencia del presb铆tero.129

33. A los di谩conos les puede ser confiada la atenci贸n de la pastoral familiar, de la cual el primer responsable es el obispo. Esta responsabilidad se extiende a los problemas morales, lit煤rgicos, y tambi茅n a aquellos de car谩cter personal y social, para sostener la familia en sus dificultades y sufrimientos.130 Tal responsabilidad puede ser ejercida a nivel diocesano o, bajo la autoridad de un p谩rroco, a nivel local, en la catequesis sobre el matrimonio cristiano, en la preparaci贸n personal de los futuros esposos, en la fructuosa celebraci贸n del sacramento y en la ayuda ofrecida a los esposos despu茅s del matrimonio.131

Los di谩conos casados pueden ser de gran ayuda al proponer la buena nueva sobre el amor conyugal, las virtudes que lo tutelan en el ejercicio de una paternidad cristiana y humanamente responsable.

Corresponde tambi茅n al di谩cono, si recibe la facultad de parte del p谩rroco o del Ordinario del lugar, presidir la celebraci贸n del matrimonio extra Missam e impartir la bendici贸n nupcial en nombre de la Iglesia.132 El poder dado al di谩cono puede ser tambi茅n de forma general seg煤n las condiciones previstas,133 y puede ser subdelegada exclusivamente en los modos indicados por el C贸digo de Derecho Can贸nico.134

34. Es doctrina definida135 que la administraci贸n del sacramento de la unci贸n de los enfermos est谩 reservado al obispo y a los presb铆teros, por la relaci贸n de dependencia de dicho sacramento con el perd贸n de los pecados y de la digna recepci贸n de la Eucarist铆a.

El cuidado pastoral de los enfermos puede ser confiado a los di谩conos. El laborioso servicio para socorrerles en el dolor, la catequesis que prepara a recibir el sacramento de la unci贸n, el suplir al sacerdote en la preparaci贸n de los fieles a la muerte y a la administraci贸n del Vi谩tico con el rito propio, son medios con los cuales los di谩conos hacen presente a los fieles la caridad de la Iglesia.136

35. Los di谩conos tienen la obligaci贸n establecida por la Iglesia de celebrar la Liturgia de las Horas, con la cual todo el Cuerpo M铆stico se une a la oraci贸n que Cristo Cabeza eleva al Padre. Conscientes de esta responsabilidad, celebrar谩n tal Liturgia, cada d铆a, seg煤n los libros lit煤rgicos aprobados y en los modos determinados por la Conferencia Episcopal.137 Buscar谩n promover la participaci贸n de la comunidad cristiana en esta Liturgia, que jam谩s es una acci贸n privada, sino siempre un acto propio de toda la Iglesia,138 tambi茅n cuando la celebraci贸n es individual.

36. El di谩cono es ministro de los sacramentales, es decir de aquellos 芦signos sagrados por medio de los cuales, con una cierta imitaci贸n de los sacramentos, son significados y, por intercesi贸n de la Iglesia, se obtienen sobre todo efectos espirituales禄.139

El di谩cono puede, por lo tanto, impartir las bendiciones m谩s estrictamente ligadas a la vida eclesial y sacramental, que le han sido consentidas expresamente por el derecho,140 y adem谩s, le corresponde presidir las exequias celebradas sin la S. Misa y el rito de la sepultura.141

Sin embargo, cuando est茅 presente y disponible un sacerdote, se le debe confiar a 茅l la tarea de presidir la celebraci贸n.142

Diacon铆a de la caridad

37. Por el sacramento del orden el di谩cono, en comuni贸n con el obispo y el presbiterio de la di贸cesis, participa tambi茅n de las mismas funciones pastorales,143 pero las ejercita en modo diverso, sirviendo y ayudando al obispo y a los presb铆teros. Esta participaci贸n, en cuanto realizada por el sacramento, hace que los di谩conos sirvan al pueblo de Dios en nombre de Cristo. Precisamente por este motivo deben ejercitarla con humilde caridad y, seg煤n las palabras de san Policarpo, deben mostrarse siempre 芦misericordiosos, activos, progrediendo en la verdad del Se帽or, el cual se ha hecho siervo de todos禄.144 Su autoridad, por lo tanto, ejercitada en comuni贸n jer谩rquica con el obispo y con los presb铆teros, como lo exige la misma unidad de consagraci贸n y de misi贸n,145 es servicio de caridad y tiene la finalidad de ayudar y animar a todos los miembros de la Iglesia particular, para que puedan participar, en esp铆ritu de comuni贸n y seg煤n sus propios carismas, en la vida y misi贸n de la Iglesia.

38. En el ministerio de la caridad los di谩conos deben configurarse con Cristo Siervo, al cual representan, y est谩n sobre todo 芦dedicados a los oficios de caridad y de administraci贸n禄.146 Por ello, en la oraci贸n de ordenaci贸n, el obispo pide para ellos a Dios Padre: 芦Est茅n llenos de toda virtud: sinceros en la caridad, premurosos hacia los pobres y los d茅biles, humildes en su servicio... sean imagen de tu Hijo, que no vino para ser servido sino para servir禄.147 Con el ejemplo y la palabra, ellos deben esmerarse para que todos los fieles, siguiendo el modelo de Cristo, se pongan en constante servicio a los hermanos.

Las obras de caridad, diocesanas o parroquiales, que est谩n entre los primeros deberes del obispo y de los presb铆teros, son por 茅stos, seg煤n el testimonio de la Tradici贸n de la Iglesia, transmitidas a los servidores en el ministerio eclesi谩stico, es decir a los di谩conos;148 as铆 como el servicio de caridad en el 谩rea de la educaci贸n cristiana; la animaci贸n de los oratorios, de los grupos eclesiales juveniles y de las profesiones laicales; la promoci贸n de la vida en cada una de sus fases y la transformaci贸n del mundo seg煤n el orden cristiano.149 En estos campos su servicio es particularmente precioso porque, en las actuales circunstancias, las necesidades espirituales y materiales de los hombres, a las cu谩les la Iglesia est谩 llamada a dar respuesta, son muy diferentes. Ellos, por tanto, busquen servir a todos sin discriminaciones, prestando particular atenci贸n a los que m谩s sufren y a los pecadores. Como ministros de Cristo y de la Iglesia, sepan superar cualquier ideolog铆a e inter茅s particular, para no privar a la misi贸n de la Iglesia de su fuerza, que es la caridad de Cristo. La diacon铆a, de hecho, debe hacer experimentar al hombre el amor de Dios e inducirlo a la conversi贸n, a abrir su coraz贸n a la gracia.

La funci贸n caritativa de los di谩conos 芦comporta tambi茅n un oportuno servicio en la administraci贸n de los bienes y en las obras de caridad de la Iglesia. Los di谩conos tienen en este campo la funci贸n de 芦ejercer en nombre de la jerarqu铆a, los deberes de la caridad y de la administraci贸n, as铆 como las obras de servicio social禄.150 Por eso, oportunamente ellos pueden ser elevados al oficio de ec贸nomo diocesano,151 o ser tenidos en cuenta en el consejo diocesano para los asuntos econ贸micos.152

La misi贸n can贸nica de los di谩conos permanentes

39. Los tres 谩mbitos del ministerio diaconal, seg煤n las circunstancias, podr谩n ciertamente, uno u otro, absorber un porcentaje m谩s o menos grande de la actividad de cada di谩cono, pero juntos constituyen una unidad al servicio del plan divino de la Redenci贸n: el ministerio de la Palabra lleva al ministerio del altar, el cual, a su vez, anima a traducir la liturgia en vida, que desemboca en la caridad: 芦Si consideramos la profunda naturaleza espiritual de esta diacon铆a, entonces podemos apreciar mejor la interrelaci贸n entre las tres 谩reas del ministerio tradicionalmente asociadas con el diaconado, es decir, el ministerio de la Palabra, el ministerio del altar y el ministerio de la caridad. Seg煤n las circunstancias una u otra pueden asumir particular importancia en el trabajo individual de un di谩cono, pero estos tres ministerios est谩n inseparablemente unidos en el servicio del plan redentor de Dios禄.153

40. A lo largo de la historia el servicio de los di谩conos ha asumido modalidades m煤ltiples para poder resolver las diversas necesidades de la comunidad cristiana y permitir a 茅sta ejercer su misi贸n de caridad. Toca s贸lo a los obispos,154 los cuales rigen y tienen cuidado de las Iglesias particulares 芦como vicarios y legados de Cristo禄,155 conferir a cada uno de los di谩conos el oficio eclesi谩stico a norma del derecho. Al conferir el oficio es necesario valorar atentamente tanto las necesidades pastorales como, eventualmente, la situaci贸n personal, familiar 鈥攕i se trata de casados鈥� y profesional de los di谩conos permanentes. En cada caso, sin embargo, es de grand铆sima importancia que los di谩conos puedan desarrollar, seg煤n sus posibilidades, el propio ministerio en plenitud, en la predicaci贸n, en la liturgia y en la caridad, y no sean relegados a ocupaciones marginales, a funciones de suplencia, o a trabajos que pueden ser ordinariamente hechos por fieles no ordenados. Solo as铆 los di谩conos permanentes aparecer谩n en su verdadera identidad de ministros de Cristo y no como laicos particularmente comprometidos en la vida de la Iglesia.

Por el bien del di谩cono mismo y para que no se abandone a la improvisaci贸n, es necesario que a la ordenaci贸n acompa帽e una clara investidura de responsabilidad pastoral.

41. El ministerio diaconal encuentra ordinariamente en los diversos sectores de la pastoral diocesana y en la parroquia el propio 谩mbito de ejercicio, asumiendo formas diversas. El obispo puede conferir a los di谩conos el encargo de cooperar en el cuidado pastoral de una parroquia confiada a un solo p谩rroco,156 o tambi茅n en el cuidado pastoral de las parroquias confiadas in solidum, a uno o m谩s presb铆teros.157

Cuando se trata de participar en el ejercicio del cuidado pastoral de una parroquia, 鈥攅n los casos en que, por escasez de presb铆teros, no pudiese contar con el cuidado inmediato de un p谩rroco鈥�158los di谩conos permanentes tienen siempre la precedencia sobre los fieles no ordenados. En tales casos, se debe precisar que el moderador es un sacerdote, ya que s贸lo 茅l es el 芦pastor propio禄 y puede recibir el encargo de la 芦cura animarum禄, para la cual el di谩cono es cooperador.

Del mismo modo los di谩conos pueden ser destinados para dirigir, en nombre del p谩rroco o del obispo, las comunidades cristianas dispersas.159 芦Es una funci贸n misionera a desempe帽ar en los territorios, en los ambientes, en los estados sociales, en los grupos, donde falte o no sea f谩cil de localizar al presb铆tero. Especialmente en los lugares donde ning煤n sacerdote est茅 disponible para celebrar la Eucarist铆a, el di谩cono re煤ne y dirige la comunidad en una celebraci贸n de la Palabra con la distribuci贸n de las sagradas Especies, debidamente conservadas.160 Es una funci贸n de suplencia que el di谩cono desempe帽a por mandato eclesial cuando se trata de remediar la escasez de sacerdotes.161 En tales celebraciones nunca debe faltar la oraci贸n por el incremento de las vocaciones sacerdotales, debidamente explicadas como indispensables. En presencia de un di谩cono, la participaci贸n en el ejercicio del cuidado pastoral no puede ser confiada a un fiel laico, ni a una comunidad de personas; d铆gase lo mismo de la presidencia de una celebraci贸n dominical.

En todo caso las competencias del di谩cono deben ser cuidadosamente definidas por escrito en el momento de conferirle el oficio.

Entre los di谩conos y los diversos sujetos de la pastoral se deber谩n buscar con generosidad y convicci贸n, las formas de una constructiva y paciente colaboraci贸n. Si es deber de los di谩conos el respetar siempre la tarea del p谩rroco y cooperar en comuni贸n con todos aquellos que condividen el cuidado pastoral, es tambi茅n su derecho el ser aceptados y plenamente reconocidos por todos. En el caso en el que el obispo decida la instituci贸n de los consejos pastorales parroquiales, los di谩conos, que han recibido una participaci贸n en el cuidado pastoral de la parroquia, son miembros de 茅ste por derecho.162 En todo caso, prevalezca siempre la caridad sincera, que reconoce en cada ministerio un don del Esp铆ritu para la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo.

42. El 谩mbito diocesano ofrece numerosas oportunidades para el fructuoso ministerio de los di谩conos.

En efecto, en presencia de los requisitos previstos, pueden ser miembros de los organismos diocesanos de participaci贸n; en particular, del consejo pastoral,163 y como ya se ha indicado, del consejo diocesano para los asuntos econ贸micos; pueden tambi茅n participar en el s铆nodo diocesano.164

No pueden, sin embargo, ser miembros del consejo presbiteral, en cuanto que 茅ste representa exclusivamente al presbiterio.165

En las curias pueden ser llamados para cubrir, si poseen los requisitos expresamente previstos, el oficio de canciller,166 de juez,167 de asesor,168 de auditor,169 de promotor de justicia y defensor del v铆nculo,170 de notario.171

Por el contrario, no pueden ser constituidos vicarios judiciales, ni vicarios adjuntos, en cuanto que estos oficios est谩n reservados a sacerdotes.172

Otros campos abiertos al ministerio de los di谩conos son los organismos o comisiones diocesanas, la pastoral en ambientes sociales espec铆ficos, en particular la pastoral de la familia, o por sectores de la poblaci贸n que requieren especial cuidado pastoral, como, por ejemplo, los grupos 茅tnicos.

En el desarrollo de estos oficios el di谩cono tendr谩 siempre bien presente que cada acci贸n en la Iglesia debe ser signo de caridad y servicio a los hermanos. En la acci贸n judicial, administrativa y organizativa buscar谩, por tanto, evitar toda forma de burocracia para no privar al propio ministerio de su sentido y valor pastoral. Por tanto, para salvaguardar la integridad del ministerio diaconal, aquel que es llamado a desempe帽ar estos oficios, sea puesto, igualmente en condici贸n de desarrollar el servicio t铆pico y propio del di谩cono.

3
ESPIRITUALIDAD DEL DI脕CONO

Contexto hist贸rico actual

43. La Iglesia convocada por Cristo y guiada por el Esp铆ritu Santo seg煤n el designio de Dios Padre, 芦presente en el mundo y, sin embargo, peregrina禄173 hacia la plenitud del Reino,174 vive y anuncia el Evangelio en la circunstancias hist贸ricas concretas. 芦Tiene, pues, ante s铆 la Iglesia al mundo, esto es, la entera familia humana con el conjunto universal de las realidades entre las que 茅sta vive; el mundo, teatro de la historia humana, con sus afanes, fracasos y victorias; el mundo, que los cristianos creen fundado y conservado por el amor del Creador, esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero liberado por Cristo, crucificado y resucitado, roto el poder del demonio, para que el mundo se transforme seg煤n el prop贸sito divino y llegue a su consumaci贸n禄.175

El di谩cono, miembro y ministro de la Iglesia, debe tener presente, en su vida y en su ministerio, esta realidad; debe conocer la cultura, las aspiraciones y los problemas de su tiempo. De hecho, 茅l est谩 llamado en este contexto a ser signo vivo de Cristo Siervo y al mismo tiempo est谩 llamado a asumir la tarea de la Iglesia de 芦escrutar a fondo los signos de la 茅poca e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomod谩ndose a cada generaci贸n, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relaci贸n de ambas禄.176

Vocaci贸n a la santidad

44. La vocaci贸n universal a la santidad tiene su fuente en el 芦bautismo de la fe禄, en el cual todos hemos sido hechos 芦verdaderos hijos de Dios y part铆cipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos禄.177

El sacramento del Orden confiere a los di谩conos 芦una nueva consagraci贸n a Dios禄, mediante la cual han sido 芦consagrados por la unci贸n del Esp铆ritu Santo y enviados por Cristo禄178 al servicio del Pueblo de Dios, 芦para edificaci贸n del cuerpo de Cristo禄 (Ef 4, 12).

芦De aqu铆 brota la espiritualidad diaconal, que tiene su fuente en la que el concilio Vaticano II llama 芦gracia sacramental del diaconado禄.179 Adem谩s de ser una ayuda preciosa en el cumplimiento de sus diversas funciones, esa gracia influye profundamente en el esp铆ritu del di谩cono, comprometi茅ndolo a la entrega de toda su persona al servicio del Reino de Dios en la Iglesia. Como indica el mismo t茅rmino diaconado, lo que caracteriza el sentir 铆ntimo y el querer de quien recibe el sacramento es el esp铆ritu de servicio. Con el diaconado se busca realizar lo que Jes煤s declar贸 con respecto a su misi贸n: 芦El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos (Mc. 10, 45; Mt. 20, 28)禄.180 As铆 el di谩cono vive, por medio y en el seno de su ministerio, la virtud de la obediencia: cuando lleva a cabo fielmente los encargos que le vienen confiados, sirve al episcopado y presbiterado en los 芦munera禄 de la misi贸n de Cristo. Y aquello que realiza es el ministerio pastoral mismo, para el bien de los hombres.

45. De esto deriva la necesidad de que el di谩cono acoja con gratitud la invitaci贸n al seguimiento de Cristo Siervo y dedique la propia atenci贸n a serle fiel en las diversas circunstancias de la vida. El car谩cter recibido en la ordenaci贸n produce una configuraci贸n con Cristo a la cual el sujeto debe adherir y debe hacer crecer durante toda su vida.

La santificaci贸n, compromiso de todo cristiano,181 tiene en el di谩cono un fundamento en la especial consagraci贸n recibida.182 Comporta la pr谩ctica de las virtudes cristianas y de los diversos preceptos y consejos de origen evang茅lico seg煤n el propio estado de vida. El di谩cono est谩 llamado a vivir santamente, porque el Esp铆ritu Santo lo ha hecho santo con el sacramento del Bautismo y del Orden y lo ha constituido ministro de la obra con la cual la Iglesia de Cristo, sirve y santifica al hombre.183

En particular, para los di谩conos la vocaci贸n a la santidad significa 芦seguir a Jes煤s en esta actitud de humilde servicio que no se manifiesta s贸lo en las obras de caridad, sino que afecta y modela toda su manera de pensar y de actuar禄,184 por lo tanto, 芦si su ministerio es coherente con este servicio, ponen m谩s claramente de manifiesto ese rasgo distintivo del rostro de Cristo: el servicio禄,185 para ser no s贸lo 芦芦siervos de Dios禄, sino tambi茅n siervos de Dios en los propios hermanos禄.186

Relacionalidad del Orden sagrado

46. El Orden sagrado confiere al di谩cono, mediante los dones espec铆ficos sacramentales, una especial participaci贸n a la consagraci贸n y a la misi贸n de Aquel, que se ha hecho siervo del Padre en la redenci贸n del hombre y lo mete, en modo nuevo y espec铆fico, en el misterio de Cristo, de la Iglesia y de la salvaci贸n de todos los hombres. Por este motivo, la vida espiritual del di谩cono debe profundizar y desarrollar esta triple relaci贸n, en la l铆nea de una espiritualidad comunitaria que tienda a testimoniar la naturaleza comunional de la Iglesia.

47. La primera y la m谩s fundamental relaci贸n es con Cristo que ha asumido la condici贸n de siervo por amor al Padre y a sus hermanos, los hombres.187 El di谩cono en virtud de su ordenaci贸n est谩 verdaderamente llamado a actuar en conformidad con Cristo Siervo.

El Hijo eterno de Dios, 芦se despoj贸 de s铆 mismo tomando condici贸n de siervo禄 (Fil 2, 7) y vivi贸 esta condici贸n en obediencia al Padre (cf. Jn 4, 34) y en el servicio humilde hacia los hermanos (cf. Jn 13, 4-15). En cuanto siervo del Padre en la obra de la redenci贸n de los hombres, Cristo constituye el camino, la verdad y la vida de cada di谩cono en la Iglesia.

Toda la actividad ministerial tendr谩 sentido si ayuda a conocer mejor, a amar y seguir a Cristo en su diacon铆a. Es necesario, pues, que los di谩conos se esfuercen por conformar su vida con Cristo, que con su obediencia al Padre 芦hasta la muerte y muerte de cruz禄 (Fil 2, 8), ha redimido a la humanidad.

48. A esta relaci贸n fundamental est谩 inseparablemente asociada la Iglesia,188 que Cristo ama, purifica, nutre y cuida (cf. Ef 5, 25-29). El di谩cono no podr铆a vivir fielmente su configuraci贸n con Cristo, sin participar de su amor por la Iglesia, 芦hacia la que no puede menos de alimentar una profunda adhesi贸n, por su misi贸n y su instituci贸n divina禄.189

El rito de la ordenaci贸n pone de relieve la relaci贸n que viene a instaurarse entre el obispo y el di谩cono: solamente el obispo impone las manos al elegido, invocando sobre 茅l la efusi贸n del Esp铆ritu Santo, por eso, todo di谩cono encuentra la referencia del propio ministerio en la comuni贸n jer谩rquica con el obispo.190

La ordenaci贸n diaconal, adem谩s, resalta otro aspecto eclesial: comunica una participaci贸n de ministro a la diacon铆a de Cristo con la que el pueblo de Dios, guiado por el Sucesor de Pedro y por los otros obispos en comuni贸n con 茅l, y con la colaboraci贸n de los presb铆teros, contin煤a el servicio de la redenci贸n de los hombres. El di谩cono, pues, est谩 llamado a nutrir su esp铆ritu y su ministerio con un amor ardiente y compromet铆do por la Iglesia, y con una sincera voluntad de comuni贸n con el Santo Padre, con el propio obispo y con los presb铆teros de la di贸cesis.

49. Es necesario recordar, finalmente, que la diacon铆a de Cristo tiene como destinatario al hombre, a todo hombre191 que en su esp铆ritu y en su cuerpo lleva las huellas del pecado, pero que est谩 llamado a la comuni贸n con Dios. 芦Tanto am贸 Dios al mundo que dio a su Hijo 煤nico, para que todo el que crea en 茅l no perezca, sino que tenga vida eterna禄 (Jn 3, 16). De este plan de amor Cristo se ha hecho siervo asumiendo nuestra naturaleza; y de esta diacon铆a la Iglesia es signo e instrumento en la historia.

El di谩cono, por lo tanto, por medio del sacramento, est谩 destinado a servir a sus hermanos necesitados de salvaci贸n. Y si en Cristo Siervo, en sus palabras y acciones, el hombre puede encontrar en plenitud el amor con el cual el Padre lo salva, tambi茅n en la vida del di谩cono debe poder encontrar esta misma caridad. Crecer en la imitaci贸n del amor de Cristo por el hombre, que supera los l铆mites de toda ideolog铆a humana, ser谩, pues, la tarea esencial de la vida espiritual del di谩cono.

En aquellos que desean ser admitidos al cammino diaconal, se requiere 芦una inclinaci贸n natural del esp铆ritu para servir a la sagrada jerarqu铆a y a la comunidad cristiana禄,192 esto no debe entenderse 芦en el sentido de una simple espontaneidad de las disposiciones naturales. Se trata de una propensi贸n de la naturaleza animada por la gracia, con un esp铆ritu de servicio que conforma el comportamiento humano al de Cristo. El sacramento del diaconado desarrolla esta propensi贸n: hace que el sujeto participe m谩s 铆ntimamente del esp铆ritu de servicio de Cristo, penetra su voluntad con una gracia especial, logrando que, en todo su comportamiento, est茅 animado por una predisposici贸n nueva al servicio de sus hermanos禄.193

Medios de vida espiritual

50. Lo anteriormente expuesto evidencia el primado de la vida espiritual. El di谩cono, por esto, debe recordar que vivir la diacon铆a del Se帽or supera toda capacidad natural y, por lo mismo, necesita secundar, con plena conciencia y libertad, la invitaci贸n de Jes煤s: 芦Permaneced en m铆, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por s铆 mismo, si no permanece en la vid; as铆 tampoco vosotros si no permanec茅is en m铆禄 (Jn 15, 4).

El seguimiento de Cristo en el ministerio diaconal es una empresa fascinante pero 谩rdua, llena de satisfacciones y de frutos, pero tambi茅n expuesta, en alg煤n caso, a las dificultades y a las fatigas de los verdaderos seguidores de Cristo Jes煤s. Para realizarla, el di谩cono necesita estar con Cristo para que sea 茅l quien lleve la responsabilidad del ministerio, necesita tambi茅n reservar el primado a la vida espiritual, vivir con generosidad la diacon铆a, organizar el ministerio y sus obligaciones familiares 鈥攕i est谩 casado鈥� o profesionales de manera que progrese en la adhesi贸n a la persona y a la misi贸n de Cristo Siervo.

51. Fuente primaria del progreso en la vida espiritual es, sin duda, el cumplimiento fiel y constante del ministerio en un motivado y siempre perseguido contexto de unidad de vida.194 Esto, ejemplarmente realizado, no solamente no obstaculiza la vida espiritual, sino que favorece las virtudes teologales, acrecienta la propia voluntad de donaci贸n y servicio a los hermanos y promueve la comuni贸n jer谩rquica. Adaptado oportunamente, vale para los di谩conos cuanto se afirma de los sacerdotes: 芦est谩n ordenados a la perfecci贸n de la vida en virtud de las mismas acciones sagradas que realizan cada d铆a, as铆 como por todo su ministerio... pero la misma santidad... a su vez contribuye en gran manera al ejercicio fructuoso del propio ministerio禄.195

52. El di谩cono tenga siempre bien presente la exhortaci贸n de la liturgia de la ordenaci贸n: 芦Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; cree lo que proclamas, vive lo que ense帽as, y cumple aquello que has ense帽ado禄.196

Para proclamar digna y fructuosamente la Palabra de Dios, el di谩cono 芦debe leer y estudiar asiduamente la Escritura para no volverse "vano predicador de la palabra en el exterior, aquel que no la escucha en el interior";197 y ha de comunicar a sus fieles, sobre todo en los actos lit煤rgicos, las riquezas de la Palabra de Dios禄.198

Para sentir el reclamo y la fuerza divina (cf. Rom 1, 16) deber谩, adem谩s, profundizar esta misma Palabra, bajo la gu铆a de aquellos que en la Iglesia son maestros aut茅nticos de la verdad divina y cat贸lica.199 Su santidad se funda en su consagraci贸n y misi贸n tambi茅n en relaci贸n a la Palabra: tomar谩 conciencia de ser su ministro. Como miembro de la jerarqu铆a sus actos y sus declaraciones comprometen a la Iglesia; por eso resulta esencial para su caridad pastoral verificar la autenticidad de la propia ense帽anza, la propia comuni贸n efectiva y clara con el Papa, con el orden episcopal y con el propio obispo, no solo respecto al s铆mbolo de la fe, sino tambi茅n respecto a la ense帽anza del Magisterio ordinario y a la disciplina, en el esp铆ritu de la profesi贸n de fe, previa a la ordenaci贸n, y del juramento de fidelidad.200 De hecho 芦es tanta la eficacia que radica en la Palabra de Dios, que es, en verdad, apoyo y vigor de la Iglesia, y fortaleza de la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente pura y perenne de la vida espiritual禄.201 Por eso, cuanto m谩s se acerque a la Palabra de Dios, tanto m谩s sentir谩 el deseo de comunicarla a los hermanos. En la Escritura es Dios quien habla al hombre;202 en la predicaci贸n, el ministro sagrado favorece este encuentro salv铆fico. 脡l, por lo tanto, dedicar谩 sus m谩s atentos cuidados a predicarla incansablemente, para que los fieles no se priven de ella por la ignorancia o por la pereza del ministro y estar谩 铆ntimamente convencido del hecho de que el ejercicio del ministerio de la Palabra no se agota en la sola predicaci贸n.

53. Del mismo modo, cuando bautiza, cuando distribuye el Cuerpo y la Sangre del Se帽or o sirve en la celebraci贸n de los dem谩s sacramentos o de los sacramentales, el di谩cono verifica su identidad en la vida de la Iglesia: es ministro del Cuerpo de Cristo, cuerpo m铆stico y cuerpo eclesial; recuerde que estas acciones de la Iglesia, si son vividas con fe y reverencia, contribuyen al crecimiento de su vida espiritual y a la edificaci贸n de la comunidad cristiana.203

54. En su vida espiritual los di谩conos den la debida importancia a los sacramentos de la gracia, que 芦est谩n ordenados a la santificaci贸n de los hombres, a la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios禄.204

Sobre todo, participen con particular fe en la celebraci贸n cotidiana del Sacrificio eucar铆stico,205 si es posible ejercitando el propio munus lit煤rgico y adoren con asiduidad al Se帽or presente en el sacramento,206 ya que en la Eucarist铆a, fuente y culmen de toda la evangelizaci贸n, 芦se contiene todo el bien espiritual de la Iglesia禄.207 En la Eucarist铆a encontrar谩n verdaderamente a Cristo, que, por amor del hombre, se hace v铆ctima de expiaci贸n, alimento de vida eterna, amigo cercano a todo sufrimiento.

Conscientes de la propia debilidad y confiados en la misericordia divina, accedan con regular frecuencia al sacramento de la reconciliaci贸n,208 en el que el hombre pecador encuentra a Cristo redentor, recibe el perd贸n de sus culpas y es impulsado hacia la plenitud de la caridad.

55. Finalmente, en el ejercicio de las obras de caridad, que el obispo le confiar谩, d茅jese guiar siempre por el amor de Cristo hacia todos los hombres y no por los intereses personales o por las ideolog铆as, que lesionan la universalidad de la salvaci贸n o niegan la vocaci贸n trascendental del hombre. El di谩cono recuerde, adem谩s, que la diacon铆a de la caridad conduce necesariamente a promover la comuni贸n al interno de la Iglesia particular. La caridad es, en efecto, el alma de la comuni贸n eclesial. Favorezca, por tanto, con empe帽o la fraternidad, la cooperaci贸n con los presb铆teros y la sincera comuni贸n con el obispo.

56. Los di谩conos sepan siempre, en todo contexto y circunstancia, permanecer fieles al mandato del Se帽or: 芦Estad en vela, pues, orando en todo tiempo para que teng谩is fuerza y escap茅is a todo lo que est谩 para venir, y pod谩is estar en pie delante del Hijo del hombre禄 (Lc 21, 36; cf. Fil 4, 6-7).

La oraci贸n, di谩logo personal con Dios, les conferir谩 la luz y la fuerza necesarias para seguir a Cristo y para servir a los hermanos en las diversas vicisitudes. Fundados sobre esta certeza, busquen dejarse modelar por las diversas formas de oraci贸n: la celebraci贸n de la Liturgia de las Horas, en las modalidades establecidas por la Conferencia Episcopal,209 caracteriza toda su vida de oraci贸n; en cuanto ministros, intercedan por toda la Iglesia. Dicha oraci贸n prosigue en la lectio divina, en la oraci贸n mental asidua, en la participaci贸n a los retiros espirituales seg煤n las disposiciones del derecho particular.210

Estimen as铆 mismo la virtud de la penitencia y de los dem谩s medios de santificaci贸n, que tanto favorecen el encuentro personal con Dios.211

57. La participaci贸n en el misterio de Cristo Siervo orienta necesariamente el coraz贸n del di谩cono hacia la Iglesia y hacia Aquella que es su Madre sant铆sima. En efecto, no se puede separar a Cristo de su cuerpo que es la Iglesia. La verdad de la uni贸n con la Cabeza suscitar谩 un verdadero amor por el Cuerpo. Y este amor har谩 que el di谩cono colabore laboriosamente en la edificaci贸n de la Iglesia con la dedicaci贸n a los deberes ministeriales, la fraternidad y la comuni贸n jer谩rquica con el propio obispo y el presbiterio. Toda la Iglesia debe estar en el coraz贸n del di谩cono: la Iglesia universal, de cuya unidad el Romano Pont铆fice, como sucesor de Pedro, es principio y fundamento perpetuo y visible,212 y la Iglesia particular, que 芦adherida a su Pastor y reunida por 茅l en el Esp铆ritu Santo por medio del Evangelio y la Eucarist铆a, verdaderamente hace presente y operante la Iglesia de Cristo, que es una, santa, cat贸lica y apost贸lica禄.213

El amor a Cristo y a la Iglesia est谩 profundamente unido a la Bienaventurada Virgen Mar铆a, la humilde sierva del Se帽or, quien, con el irrepetible y admirable t铆tulo de madre, est谩 asociada generosamente a la diacon铆a de su Hijo divino (cf. Jn 19, 25-27). El amor a la Madre del Se帽or, fundado sobre la fe y expresado en el diario rezo del rosario, en la imitaci贸n de sus virtudes y en la confiada entrega a Ella, dar谩 sentido a manifestaciones de verdadera y filial devoci贸n.214

Todo di谩cono mirar谩 a Mar铆a con veneraci贸n y afecto; en efecto, 芦la Virgen Madre ha sido la criatura que m谩s ha vivido la plena verdad de la vocaci贸n porque nadie como Ella ha respondido con un amor tan grande al amor inmenso de Dios禄.215 Este amor particular a la Virgen, Sierva del Se帽or, nacido de la Palabra y arraigado por entero en la Palabra, se har谩 imitaci贸n de su vida. 脡ste ser谩 un modo para introducir en la Iglesia aquella dimensi贸n mariana que es tan propia de la vocaci贸n del di谩cono.216

58. Ser谩, en fin, de grand铆sima utilidad para el di谩cono la direcci贸n espiritual regular. La experiencia muestra cu谩nto contribuye el di谩logo, sincero y humilde, con un sabio director, no s贸lo para resolver las dudas y los problemas, que inevitablemente surgen durante la vida, sino para llevar a cabo el necesario discernimiento, para realizar un mejor conocimiento de s铆 mismo y para progresar en el fiel seguimiento de Cristo.

Espiritualidad del di谩cono y estados de vida

59. Al diaconado permanente pueden ser admitidos, ante todo, hombres c茅libes o viudos, pero tambi茅n hombres que viven en el sacramento del matrimonio.217

60. La Iglesia reconoce con gratitud el magn铆fico don del celibato concedido por Dios a algunos de sus miembros y en diversos modos lo ha unido, tanto en Oriente como en Occidente, con el ministerio del orden, con el que se encuentra en admirable consonancia.218 La Iglesia sabe tambi茅n que este carisma, aceptado y vivido por amor al Reino de los cielos (Mt 19, 12), orienta la persona entera del di谩cono hacia Cristo, que, en la virginidad, se consagr贸 al servicio del Padre y a conducir a los hombres hacia la plenitud del Reino. Amar a Dios y servir a los hermanos en esta elecci贸n de totalidad, lejos de contradecir el desarrollo personal de los di谩conos, lo favorece, ya que la verdadera perfecci贸n de todo hombre es la caridad. En efecto, en el celibato, el amor se presenta como signo de consagraci贸n total a Cristo con coraz贸n indiviso y de una m谩s libre dedicaci贸n al servicio de Dios y de los hombres,219 precisamente porque la elecci贸n del celibato no es desprecio del matrimonio, ni fuga del mundo, sino m谩s bien es un modo privilegiado de servir a los hombres y al mundo.

Los hombres de nuestro tiempo, sumergidos tantas veces en lo ef铆mero, son especialmente sensibles al testimonio de aquellos que proclaman lo eterno con la propia vida. Los di谩conos, por tanto, no dejar谩n de ofrecer a los hermanos este testimonio con la fidelidad a su celibato, de tal manera que los estimulen a buscar aquellos valores que manifiestan la vocaci贸n del hombre a la trascendencia. 芦El celibato por el Reino no es s贸lo un signo escatol贸gico, sino tambi茅n tiene un gran sentido social en la vida actual para el servicio al Pueblo de Dios禄.220

Para custodiar mejor durante toda la vida el don recibido de Dios para el bien de la Iglesia entera, los di谩conos no conf铆en excesivamente en sus propias fuerzas, sino mantengan siempre un esp铆ritu de humilde prudencia y vigilancia, recordando que 芦el esp铆ritu est谩 pronto, pero la carne es d茅bil禄 (Mt 26, 41); sean fieles, adem谩s, a la vida de oraci贸n y a los deberes ministeriales.

Comp贸rtense con prudencia en el trato con personas cuya familiaridad pueda poner en peligro la continencia o bien suscitar esc谩ndalo.221

Sean, finalmente, conscientes de que la actual sociedad pluralista obliga a un atento discernimiento sobre el uso de los medios de comunicaci贸n social.

61. Tambi茅n el sacramento del matrimonio, que santifica el amor de los c贸nyuges y lo constituye signo eficaz del amor con el que Cristo se dona a la Iglesia (cf. Ef 5, 25), es un don de Dios y debe alimentar la vida espiritual del di谩cono casado. Ya que la vida conyugal y familiar y el trabajo profesional reducen inevitablemente el tiempo para dedicar al ministerio, se pide un particular empe帽o para conseguir la necesaria unidad, incluso a trav茅s de la oraci贸n en com煤n. En el matrimonio el amor se hace donaci贸n interpersonal, mutua fidelidad, fuente de vida nueva, sost茅n en los momentos de alegr铆a y de dolor; en una palabra, el amor se hace servicio. Vivido en la fe, este servicio familiar es, para los dem谩s fieles, ejemplo de amor en Cristo y el di谩cono casado lo debe usar tambi茅n como est铆mulo de su diacon铆a en la Iglesia.

El di谩cono casado debe sentirse particularmente responsabilizado para ofrecer un claro testimonio de la santidad del matrimonio y de la familia. Cuanto m谩s crezcan en el mutuo amor, tanto m谩s fuerte llegar谩 a ser su donaci贸n a los hijos y tanto m谩s significativo ser谩 su ejemplo para la comunidad cristiana. 芦El enriquecimiento y la profundizaci贸n de un amor sacrificado y rec铆proco entre marido y mujer constituye quiz谩 la implicaci贸n m谩s significativa de la esposa del di谩cono en el ministerio p煤blico de su marido en la Iglesia禄.222 Este amor crece gracias a la virtud de la castidad, que siempre florece, incluso mediante el ejercicio de la paternidad responsable, con el cultivo del respeto al c贸nyuge y con la pr谩ctica de una cierta continencia. Tal virtud favorece esta donaci贸n madura que se manifiesta de inmediato en el ministerio, evitando las actitudes posesivas, la idolatr铆a del 茅xito profesional, la incapacidad para organizar el tiempo, favoreciendo por el contrario las relaciones interpersonales aut茅nticas, la delicadeza y la capacidad de dar a cada cosa su lugar debido.

Promu茅vanse oportunas iniciativas de sensibilizaci贸n hacia el ministerio diaconal, dirigidas a toda la familia. La esposa del di谩cono, que ha dado su consentimiento a la elecci贸n del marido,223 sea ayudada y sostenida para que viva su propio papel con alegr铆a y discreci贸n, y aprecie todo aquello que ata帽e a la Iglesia, en particular los deberes confiados al marido. Por este motivo es oportuno que sea informada sobre las actividades del marido, evitando sin embargo toda intromisi贸n indebida, de tal modo que se concierte y realice una equilibrada y arm贸nica relaci贸n entre la vida familiar, profesional y eclesial. Incluso los hijos del di谩cono, si est谩n adecuadamente preparados, podr谩n apreciar la elecci贸n del padre y comprometerse con particular atenci贸n en el apostolado y en el coherente testimonio de vida.

En conclusi贸n, la familia del di谩cono casado, como, por lo dem谩s, toda familia cristiana, est谩 llamada a asumir una parte viva y responsable en la misi贸n de la Iglesia en las circunstancias del mundo actual. 芦El di谩cono y su esposa deben ser un ejemplo vivo defidelidad e indisolubilidad en el matrimonio cristiano ante un mundo urgentemente necesitado de tales signos. Afrontando con esp铆ritu de fe los retos de la vida matrimonial y a las exigencias de la vida diaria, fortalecen la vida familiar no s贸lo de la comunidad eclesial sino de lo entera sociedad. Hacen ver tambi茅n c贸mo pueden ser armonizadas en el servicio a la misi贸n de la Iglesia las obligaciones de familia, trabajo y ministerio. Los di谩conos, sus esposas y sus hijos pueden constituir una fuente de 谩nimo para todos cuantos est谩n trabajando por la promoci贸n de la vida familiar禄.224

62. Es preciso reflexionar sobre la situaci贸n determinada por la muerte de la esposa de un di谩cono. Es un momento de la existencia que pide ser vivido en la fe y en la esperanza cristiana. La viudez no debe destruir la dedicaci贸n a los hijos, si los hay; ni siquiera deber铆a inducir a la tristeza sin esperanza. Esta etapa de la vida, por lo dem谩s dolorosa, constituye una llamada a la purificaci贸n interior y un est铆mulo para crecer en la caridad y en el servicio a los propios seres queridos y a todos los miembros de la Iglesia. Es tambi茅n una llamada a crecer en la esperanza, ya que el cumplimiento fiel del ministerio es un camino para alcanzar a Cristo y a las personas queridas en la gloria del Padre.

Es necesario reconocer, sin embargo, que este evento introduce en la vida cotidiana de la familia una situaci贸n nueva, que influye en las relaciones personales y determina, en no pocos casos, problemas econ贸micos. Por tal motivo, el di谩cono que ha quedado viudo deber谩 ser ayudado con gran caridad a discernir y a aceptar su nueva situaci贸n personal; a no descuidar su tarea educativa respecto a sus eventuales hijos, as铆 como a las nuevas necesidades de la familia.

En particular, el di谩cono viudo deber谩 ser acompa帽ado en el cumplimiento de la obligaci贸n de observar la continencia perfecta y perpetua225 y sostenido en la comprensi贸n de las profundas motivaciones eclesiales que hacen imposible el acceso a nuevas nupcias en conformidad con la constante disciplina de la Iglesia, sea de oriente como de occidente (cf. 1 Tim 3, 12).226 Esto podr谩 realizarse con una intensificaci贸n de la propia entrega a los dem谩s, por amor de Dios, en el ministerio. En estos casos ser谩 de gran conforto para los di谩conos la ayuda fraterna de los dem谩s ministros, de los fieles y la cercan铆a del obispo.

Si es la mujer del di谩cono quien queda viuda, seg煤n las posibilidades, no sea jam谩s descuidada por los ministros y por los fieles en sus necesidades.

4
FORMACI脫N PERMANENTE DEL DI脕CONO

Caracter铆sticas

63. La formaci贸n permanente de los di谩conos implica una exigencia humana que se pone en continuidad con la llamada sobrenatural a servir ministerialmente a la Iglesia y con la inicial formaci贸n al ministerio, considerando los dos momentos como partes del 煤nico proceso org谩nico de vida cristiana y diaconal.227 En efecto, 芦quien recibe el diaconado contrae la obligaci贸n de la propia formaci贸n doctrinal permanente que perfeccione y actualice cada vez m谩s la formaci贸n requerida antes de la ordenaci贸n禄, de modo que la vocaci贸n "al" diaconado contin煤e y se muestre como vocaci贸n "en" el diaconado, mediante la peri贸dica renovaci贸n del 芦si, lo quiero禄 pronunciado el d铆a de la ordenaci贸n.228 Debe ser considerada 鈥攕ea de parte de la Iglesia que la da, sea de parte de los di谩conos que la reciben鈥� como un mutuo derecho-deber fundado sobre la verdad de la vocaci贸n aceptada. El hecho de tener que continuar siempre a ofrecer y recibir una correspondiente formaci贸n integral es una obligaci贸n para los obispos y para los di谩conos, que no se puede dejar pasar.

Las caracter铆sticas de obligatoriedad, globalidad, interdisciplinariedad, profundidad, rigor cient铆fico y de preparaci贸n a la vida apost贸lica de esa formaci贸n permanente, est谩n constantemente presentes en la normativa eclesi谩stica,229 y resultan todav铆a m谩s necesarias si la formaci贸n inicial no se hubiera conseguido seg煤n el modelo ordinario.

Esta formaci贸n asume el car谩cter de la 芦fidelidad禄 a Cristo y a la Iglesia y de la 芦conversi贸n continua禄, fruto de la gracia sacramental vivida dentro de la din谩mica de la caridad pastoral propia de cada uno de los grados del ministerio ordenado. Ella se configura como elecci贸n fundamental, que exige ser reafirmada y reexpresada a lo largo de los a帽os del diaconado permanente mediante una larga serie de respuestas coherentes, radicadas en y vivificadas por el 芦s铆禄 inicial.230

Motivaciones

64. Inspir谩ndose en la oraci贸n usada en el rito de ordenaci贸n, la formaci贸n permanente se funda en la necesidad para el di谩cono de un amor por Jesucristo que le empuja a su imitaci贸n (芦sean imagen de tu Hijo禄); tiende a confirmarlo en la fidelidad indiscutible a la vocaci贸n personal al ministerio (芦cumplan fielmente la obra del ministerio禄); propone el seguimiento de Cristo Siervo con radicalidad y franqueza (芦el ejemplo de su vida sea un reclamo constante al Evangelio... sean sinceros... atentos... vigilantes...禄).

La formaci贸n permanente encuentra, por lo tanto, 芦su fundamento propio y su motivaci贸n original en el mismo dinamismo del orden recibido禄,231 y se alimenta primordialmente de la Eucarist铆a, compendio del misterio cristiano, fuente inagotable de toda energ铆a espiritual. Tambi茅n al di谩cono se le puede, aplicar, de alguna manera, la exhortaci贸n del ap贸stol Pablo a Timoteo: 芦Te recomiendo que reavives el carisma de Dios que est谩 en ti禄 (2 Tim 1,6; cf. 1 Tim 4, 14-16).

Las exigencias teol贸gicas de su llamada a una singular misi贸n de servicio eclesial piden del di谩cono un amor creciente por la Iglesia y para sus hermanos, manifestado en un fiel cumplimiento de las propias funciones. Escogido por Dios para ser santo, sirviendo ministerialmente a la Iglesia y a todos los hombres, el di谩cono debe crecer en la conciencia de la propia ministerialidad en una manera continua, equilibrada, responsable sol铆cita y siempre gozosa.

Sujetos

65. Considerada desde la perspectiva del di谩cono, primer responsable y protagonista, la formaci贸n permanente representa, antes que nada, un perenne proceso de conversi贸n. Esta transformaci贸n ata帽e al ser mismo del di谩cono como tal 鈥攅sto es: toda su persona consagrada y puesta al servicio de la Iglesia鈥� y desarrolla en 茅l todas sus potencialidades, con el fin de hacerle vivir en plenitud los dones ministeriales recibidos, en cada per铆odo y condici贸n de vida y en las diversas responsabilidades ministeriales conferidas por el obispo.232

La solicitud de la Iglesia por la formaci贸n permanente de los di谩conos ser铆a ineficaz sin el esfuerzo de cada uno de ellos. Tal formaci贸n no puede reducirse a la sola participaci贸n a cursos, a jornadas de estudio, etc., sino que pide a cada di谩cono, sabedor de esta necesidad, que las cultive con gran inter茅s y con un cierto esp铆ritu de iniciativa. El di谩cono tenga inter茅s por la lectura de libros escogidos con criterios eclesiales, se informe mediante alguna publicaci贸n de probada fidelidad al Magisterio, y no deje la meditaci贸n cuotidiana. Formarse siempre m谩s y mejor es una parte importante del servicio que se le pide.

66. Considerada desde la perspectiva del obispo233 y de los presb铆teros, cooperadores del orden episcopal que llevan la responsabilidad y el peso de su cumplimiento, la formaci贸n permanente consiste en ayudar a los di谩conos a superar cualquier dualismo o ruptura entre espiritualidad y ministerialidad, como tambi茅n y primeramente, a superar cualquier fractura entre la propia eventual profesi贸n civil y la espiritualidad diaconal, 芦a dar una respuesta generosa al compromiso requerido por la dignidad y responsabilidad que Dios les ha confiado por medio del sacramento del Orden; en cuidar, defender y desarrollar su espec铆fica identidad y vocaci贸n; en santificarse a s铆 mismo y a los dem谩s mediante el ejercicio del ministerio禄.234 Ambas perspectivas son complementarias y se necesitan mutuamente en cuanto fundamentadas, con la ayuda de los dones sobrenaturales, en la unidad interior de la persona.

La ayuda, que los formadores deber谩n ofrecer, ser谩 tanto m谩s eficaz cuanto m谩s corresponda a las necesidades personales de cada di谩cono, porque cada uno vive el propio ministerio en la Iglesia como persona irrepetible y en las propias circunstancias.

Tal acompa帽amiento personalizado har谩 que el di谩cono sienta el amor, con el que la Madre Iglesia est谩 junto a su esfuerzo por vivir la gracia del sacramento en la fidelidad. Por eso, es de capital importancia que los di谩conos puedan elegir un director espiritual, aprobado por el obispo, con el que puedan tener regulares y frecuentes di谩logos. Por otra parte, toda la comunidad diocesana se encuentra, de alguna manera, comprometida en la formaci贸n de los di谩conos235 y, en particular, el p谩rroco u otro sacerdote designado para ello, que debe prestar su ayuda personal con solicitud fraterna.

Especificidad

67. El cuidado y el trabajo personal en la formaci贸n permanente son signos inequivocables de una respuesta coherente a la vocaci贸n divina, de un amor sincero a la Iglesia y de una aut茅ntica preocupaci贸n pastoral por los fieles cristianos y por todos los hombres. Se puede extender a los di谩conos cuanto ha sido afirmado de los presb铆teros: 芦La formaci贸n permanente es necesaria ... para lograr el fin de su vocaci贸n: el servicio a Dios y a su pueblo禄.236

La formaci贸n permanente es verdaderamente una exigencia, que se pone despu茅s de la formaci贸n inicial, con la que se condivide las razones de finalidad y significado y, en confronto con la cual, cumple una funci贸n de integraci贸n, de custodia y de profundizaci贸n.

La esencial disponibilidad del di谩cono delante de los otros, constituye una expresi贸n pr谩ctica de la configuraci贸n sacramental a Cristo Siervo, recibida por el sagrado Orden e imprimida en el alma por el car谩cter: es una meta y una llamada permanente para el ministerio y la vida de los di谩conos. En tal perspectiva, la formaci贸n permanente no se puede reducir a un simple quehacer cultural o pr谩ctico para un mayor y mejor saber hacer. La formaci贸n permanente no debe aspirar solamente a garantizar la actualizaci贸n, sino que debe tender a facilitar una progresiva conformaci贸n pr谩ctica de la entera existencia del di谩cono con Cristo, que ama a todos y a todos sirve.

Ambitos

68. La formaci贸n permanente debe unir y armonizar todas las dimensiones de la vida y del ministerio del di谩cono. Por lo tanto, como la de los presb铆teros, debe ser completa, sistem谩tica y personalizada en sus diversas dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral.237

69. Cuidar los diversos aspectos de la formaci贸n humana de los di谩conos, tanto en 茅pocas pasadas como ahora, es trabajo fundamental de los Pastores. El di谩cono, consciente que ha sido elegido como hombre en medio de los hombres para dedicarse al servicio de la salvaci贸n de todos los hombres, debe estar dispuesto a dejarse ayudar en la mejora de sus cualidades humanas 鈥攑reciosos instrumentos para su servicio eclesial鈥� y a perfeccionar todos aquellos modos de su personalidad, que puedan hacer que su ministerio sea m谩s eficaz.

Por ello, para realizar eficazmente su vocaci贸n a la santidad y su peculiar misi贸n eclesial, 鈥攃on los ojos fijos en Aquel que es perfecto Dios y perfecto hombre鈥� debe tener en cuenta la pr谩ctica de las virtudes naturales y sobrenaturales, que lo har谩n m谩s semejante a la imagen de Cristo y m谩s digno de afecto por parte de sus hermanos.238 En particular debe practicar, en su ministerio y en su vida diaria, la bondad de coraz贸n, la paciencia, la amabilidad, la fortaleza de 谩nimo, el amor por la justicia, el equilibrio, la fidelidad a la palabra dada, la coherencia con las obligaciones libremente asumidas, el esp铆ritu de servicio, etc... La pr谩ctica de estas virtudes ayudar谩 a los di谩conos a llegar a ser hombres de personalidad equilibrada, maduros en el hacer y en el discernir hechos y circunstancias.

Tambi茅n es importante que el di谩cono, consciente de la dimensi贸n de ejemplaridad de su comportamiento social, reflexione sobre la importancia de la capacidad de di谩logo, sobre la correcci贸n en las distintas formas de relaciones humanas, sobre las aptitudes para el discernimiento de la culturas, sobre el valor de la amistad, sobre el se帽or铆o en el trato.239

70. La formaci贸n espiritual permanente se encuentra en estrecha conexi贸n con la espiritualidad diaconal, que debe alimentar y hacer progresar, y con el ministerio, sostenido 芦por un verdadero encuentro personal con Jes煤s, por un coloquio confiado con el Padre, por una profunda experiencia del Esp铆ritu禄.240 Los Pastores deben empujar y sostener en los di谩conos el cultivo responsable de la propia vida espiritual, de la cual mana con abundancia la caridad, que sostiene y fecunda su ministerio, evitando el peligro de caer en el activismo o en una mentalidad 芦burocr谩tica禄 en el ejercicio del diaconado.

Particularmente la formaci贸n espiritual deber谩 desarrollar en los di谩conos aspectos relacionados con la triple diacon铆a de la palabra, de la liturgia y de la caridad. La meditaci贸n asidua de la Sagrada Escritura realizar谩 la familiaridad y el di谩logo adorante con el Dios viviente, favoreciendo una asimilaci贸n a toda la Palabra revelada. El conocimiento profundo de la Tradici贸n y de los libros lit煤rgicos ayudar谩 al di谩cono a redescubrir continuamente las riquezas inagotables de los divinos misterios a fin de ser digno ministro. La solicitud fraterna en la caridad mover谩 al di谩cono a llegar a ser animador y coordinador de las iniciativas de misericordia espirituales y corporales, como signo viviente de la caridad de la Iglesia.

Todo esto requiere una programaci贸n cuidadosa y realista de medios y de tiempo, evitando siempre las improvisaciones. Adem谩s de estimular la direcci贸n espiritual, se deben prever cursos y sesiones especiales de estudio sobre cuestiones de temas, que pertenecen a la grande tradici贸n teol贸gica espiritual cristiana, per铆odos particularmente intensos de espiritualidad, visitas a lugares espiritualmente significativos.

Con ocasi贸n de los ejercicios espirituales, en los cuales deber铆a participar por lo menos cada dos a帽os,241 el di谩cono no olvidar谩 trazar un proyecto concreto de vida, para examinarlo peri贸dicamente con el propio director espiritual. En este proyecto no podr谩 faltar el tiempo dedicado cada d铆a a la fervorosa devoci贸n eucar铆stica, a la filial piedad mariana y a las pr谩cticas de asc茅tica habituales, adem谩s de la oraci贸n lit煤rgica y la meditaci贸n personal. El centro unificador de este itinerario espiritual es la Eucarist铆a. Esta constituye el criterio orientativo, la dimensi贸n permanente de toda la vida y la acci贸n diaconal, el medio indispensable para una perseverancia consciente, para un aut茅ntica renovaci贸n, y para alcanzar as铆 una s铆ntesis equilibrada de la propia vida. En tal 贸ptica, la formaci贸n espiritual del di谩cono descubre la Eucarist铆a como Pascua en su anual celebraci贸n (Semana Santa), semanal (de Domingo) y diaria (la Misa de cada d铆a).

71. La inserci贸n de los di谩conos en el misterio de la Iglesia, en virtud de su bautismo y del primer grado del sacramento del Orden, hace necesario que la formaci贸n permanente refuerce en ellos la conciencia y la voluntad de vivir en comuni贸n motivada, real y madura con los presb铆teros y con su propio obispo, especialmente con el Sumo Pont铆fice, que es el fundamento visible de la unidad de toda la Iglesia.

Formados de esta manera, los di谩conos en su ministerio ser谩n animadores de comuni贸n. En particular en aquellos casos en los que existen tensiones, all铆 propondr谩n la pacificaci贸n por el bien de la Iglesia.

72. Se deben organizar oportunas iniciativas (jornadas de estudio, cursos de actualizaci贸n, asistencia a cursos o seminarios en instituciones acad茅micas) para profundizar la doctrina de la fe. Particularmente 煤til en este campo, fomentar el estudio atento, profundo y sistem谩tico del Catecismo de la Iglesia Cat贸lica.

Es indispensable verificar el correcto conocimiento del sacramento del Orden, de la Eucarist铆a y de los sacramentos com煤nmente confiados a los di谩conos, como el bautismo y el matrimonio. Se necesita tambi茅n profundizar en los 谩mbitos y las tem谩ticas filos贸ficas, eclesiol贸gicas, de la teolog铆a dogm谩tica, de la Sagrada Escritura y del derecho can贸nico, 煤tiles para el cumplimiento de su ministerio.

Adem谩s de favorecer una sana actualizaci贸n, estos encuentros deber铆an llevar a la oraci贸n, a una mayor comuni贸n y a una acci贸n pastoral cada vez m谩s incisiva como respuesta a la urgente necesidad de la nueva evangelizaci贸n.

Tambi茅n se deben profundizar, de modo comunitario y con un gu铆a autorizado, los documentos del Magisterio, especialmente los que explican la posici贸n de la Iglesia en relaci贸n con los problemas doctrinales o morales m谩s frecuentes de cara al ministerio pastoral. De este modo se manifestar谩 y demostrar谩 eficazmente la obediencia al Pastor universal de la Iglesia y a los pastores diocesanos, reforzando as铆 la fidelidad a la doctrina y a la disciplina de la Iglesia en un s贸lido v铆nculo de comuni贸n.

Adem谩s, resulta de gran inter茅s y utilidad estudiar, profundizar y difundir la doctrina social de la Iglesia. De hecho, la inserci贸n de buena parte de los di谩conos en las profesiones, en el trabajo y en la familia, permitir谩 llevar a cabo manifestaciones eficaces para el conocimiento y la actuaci贸n de la ense帽anza social cristiana.

A quienes posean la debida capacidad, el obispo puede encaminarlos a la especializaci贸n en una disciplina teol贸gica, consiguiendo, si es posible, los t铆tulos universitarios en los centros acad茅micos pontificios o reconocidos por la Sede Apost贸lica, que aseguren una formaci贸n doctrinalmente correcta.

Finalmente, tengan siempre presente el estudio sistem谩tico, no solamente a fin de perfeccionar su conocimiento, sino tambi茅n para dar nueva vitalidad a su ministerio, haciendo que responda cada vez m谩s a las necesidades de la comunidad eclesial.

73. Junto a la debida profundizaci贸n en las ciencias sagradas, se debe cuidar una adecuada adquisici贸n de las metodolog铆as pastorales242 para lograr un ministerio eficaz.

La formaci贸n pastoral permanente consiste, en primer lugar, en promover continuamente la dedicaci贸n del di谩cono por perfeccionar la eficacia del propio ministerio de dar a la Iglesia y a la sociedad el amor y el servicio de Cristo a todos los hombres sin distinci贸n, especialmente a los m谩s d茅biles y necesitados. De hecho, el di谩cono recibe la fuerza y modelo de su actuar en la caridad pastoral de Jes煤s. Esta misma caridad empuja y estimula al di谩cono, colaborando con el obispo y los presb铆teros a promover la misi贸n propia de los fieles laicos en el mundo. 脡l est谩 estimulado 芦a conocer cada vez mejor la situaci贸n real de los hombres a quienes ha sido enviado; a discernir la voz del Esp铆ritu en las circunstancias hist贸ricas en las que se encuentra; a buscar los m茅todos m谩s adecuados y las formas m谩s 煤tiles para ejercer hoy su ministerio禄243 en leal y convencida comuni贸n con el Sumo Pont铆fice y con el propio obispo.

Entre estas formas, el apostolado moderno requiere tambi茅n el trabajo en equipo que, para ser fructuoso, exige saber respetar y defender, en sinton铆a con la naturaleza org谩nica de la comuni贸n eclesial, la diversidad y complementariedad de los dones y de las funciones respectivas de los presb铆teros, de los di谩conos y de todos los otros fieles.

Organizaci贸n y medios

74. La diversidad de situaciones, presentes en las iglesias particulares, dificulta la definici贸n de un cuadro completo sobre la organizaci贸n y sobre los medios id贸neos para una congrua formaci贸n permanente de los di谩conos. En necesario escoger los instrumentos para la formaci贸n en un contexto de claridad teol贸gica y pastoral. Parece m谩s oportuno, por lo tanto, ofrecer solamente algunas indicaciones de car谩cter general, f谩cilmente traducibles a las diversas situaciones concretas.

75. El primer lugar de formaci贸n permanente de los di谩conos es el mismo ministerio. A trav茅s de su ejercicio, el di谩cono madura, centr谩ndose cada vez m谩s en su propia vocaci贸n personal a la santidad en el cumplimiento de los propios deberes eclesiales y sociales, en particular las funciones y responsabilidades ministeriales. La conciencia de ministerialidad constituye el tema preferencial de la espec铆fica formaci贸n, que viene dada.

76. El itinerario de formaci贸n permanente debe desarrollarse sobre la base de un preciso y cuidadoso proyecto establecido y verificado por la autoridad competente, con el distintivo de la unidad, estructurada en etapas progresivas, en plena sinton铆a con el Magisterio de la Iglesia. Es oportuno establecer un m铆nimo indispensable para todos, sin confundirlo con los itinerarios de profundizaci贸n. Este proyecto debe tomar dos niveles formativos 铆ntimamente unidos: el diocesano que tiene como punto de referencia el obispo o a su delegado, y aquel de la comunidad en donde el di谩cono ejerce el ministerio, que tiene su punto de referencia en el p谩rroco u otro sacerdote.

77. El primer nombramiento de un di谩cono para una comunidad o un 谩mbito pastoral represente un momento delicado. Su presentaci贸n a los responsables de la comunidad (p谩rrocos, sacerdotes, etc.) y de 茅sta hacia el mismo di谩cono, adem谩s de favorecer el conocimiento rec铆proco, contribuir谩 a lograr r谩pidamente la colaboraci贸n sobre la base de la estima y del di谩logo respetuoso en un esp铆ritu de fe y de caridad. Puede resultar fructuosamente formativa la propia comunidad cristiana, cuando el di谩cono se configura en ella con el 谩nimo de quien sabe respetar las sanas tradiciones, sabe escuchar, discernir, servir y amar a la manera del Se帽or Jes煤s.

Un sacerdote ejemplar y responsable, encargado por el obispo, seguir谩 con particular atenci贸n la experiencia pastoral inicial.

78. Se deben facilitar a los di谩conos encuentros peri贸dicos de contenido lit煤rgico, de espiritualidad, de actualizaci贸n, de evaluaci贸n y de estudio a nivel diocesano o supradiocesano.

Ser谩 oportuno prever, bajo la autoridad del obispo y sin multiplicar las estructuras, reuniones peri贸dicas entre sacerdotes, di谩conos, religiosas, religiosos y laicos comprometidos en el ejercicio del cuidado pastoral, sea para superar el aislamiento de peque帽os grupos, sea para garantizar la unidad de perspectivas y de acci贸n ante los distintos modelos pastorales.

El obispo seguir谩 con solicitud a los di谩conos, sus colaboradores, presidiendo los encuentros, seg煤n sus posibilidades y, si se encuentra impedido, procurar谩 que alguien le represente.

79. Se debe elaborar, con la aprobaci贸n del obispo, un plan de formaci贸n permanente realista y realizable, seg煤n las disposiciones presentes, que tenga en cuenta la edad y las situaciones espec铆ficas de los di谩conos, junto con las exigencias de su ministerio pastoral.

Con esa finalidad, el obispo podr谩 constituir un grupo de formadores id贸neos o, eventualmente, pedir colaboraci贸n a las di贸cesis vecinas.

80. Ser铆a de desear que el obispo instituya un organismo de coordinaci贸n de di谩conos, para programar, coordinar y verificar el ministerio diaconal: desde el discernimiento vocacional,244 a la formaci贸n y ejercicio del ministerio, comprendida tambi茅n la formaci贸n permanente.

Integrar谩n tal organismo el mismo obispo, el cual lo presidir谩, o un sacerdote delegado suyo, junto a un n煤mero proporcionado de di谩conos. Dicho organismo no dejar谩 de tener los debidos lazos de uni贸n con los dem谩s organismos diocesanos.

El obispo dictar谩 normas propias que regular谩n todo lo que se refiere a la vida y al funcionamiento de ese organismo.

81. Para los di谩conos casados se deber programar, adem谩s de las ya dichas, otras iniciativas y actividades de formaci贸n permanente, en las que, seg煤n la oportunidad, participar谩n, de alguna manera, su mujer y toda la familia, teniendo siempre presente la esencial distinci贸n de funciones y la clara independencia del ministerio.

82. Los di谩conos deben valorar todas aquellas iniciativas que las Conferencias Episcopales o las di贸cesis promuevan habitualmente para la formaci贸n permanente del clero: retiros espirituales, conferencias, jornadas de estudio, convenios, cursos interdisciplinares de car谩cter teol贸gico-pastoral.

Tambi茅n procurar谩n no faltar a las iniciativas que m谩s se帽aladamente pertenecen a su ministerio de evangelizaci贸n, de liturgia y de caridad.

El Sumo Pont铆fice, Juan Pablo II, ha aprobado el presente Directorio ordenando su promulgaci贸n.

Roma, desde el Palacio de las Congregaciones, 22 de febrero, fiesta de la C谩tedra de San Pedro, del 1998.

Dar铆o Card. Castrill贸n Hoyos
Prefecto

Csaba Terny谩k, Arzobispo titular de Eminenziana
Secretario

ORACI脫N A LA SANT脥SIMA VIRGEN MAR脥A

MAR脥A,

Maestra de fe, que con tu obediencia a la Palabra de Dios, has colaborado de modo eximio en la obra de la Redenci贸n, haz fructuoso el ministerio de los di谩conos, ense帽谩ndoles a escuchar y anunciar con fe la Palabra.

MAR脥A,

Maestra de caridad, que con tu plena disponibilidad al llamado de Dios, has cooperado al nacimiento de los fieles en la Iglesia, haz fecundo el ministerio y la vida de los di谩conos, ense帽谩ndoles a donarse en el servicio del Pueblo de Dios.

MAR脥A,

Maestra de oraci贸n, que con tu materna intercesi贸n, has sostenido y ayudado a la Iglesia naciente, haz que los di谩conos est茅n siempre atentos a las necesidades de los fieles, ense帽谩ndoles a descubrir el valor de la oraci贸n.

MAR脥A,

Maestra de humildad, que por tu profunda conciencia de ser la Sierva del Se帽or has sido llena del Esp铆ritu Santo, haz que los di谩conos sean d贸ciles instrumentos de la redenci贸n de Cristo, ense帽谩ndoles la grandeza de hacerse peque帽os.

MAR脥A,

Maestra del servicio oculto, que con tu vida normal y ordinaria llena de amor, has sabido secundar en manera ejemplar el plan salv铆fico de Dios, haz que los di谩conos sean siervos buenos y fieles, ense帽谩ndoles la alegr铆a de servir en la Iglesia con ardiente amor.

Am茅n.


1

Cf. Pontificio Consejo para la Interpretaci贸n de los Textos Legislativos, Aclaraciones sobre el valor vinculante del art铆culo 66 del Directorio para el Ministerio y la vida de los Presb铆teros, 22 de octubre de 1994, en Revista Sacrum Ministerium 295. 263.

2

Esta parte introductiva es com煤n a la 芦Ratio禄 y al 芦Directorio禄. En el caso de publicaci贸n separada de los dos documentos, 茅stos deber谩n llevarla.

3

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 18.

4

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1581.

5

Cf. ibidem, n. 1536.

6

Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1538.

7

Ibidem, n. 875.

8

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 28.

9

Cf. ibidem, 20; C.I.C., can. 375, 搂 1.

10

Catecismo de Iglesia Cat贸lica, 876.

11

Cf. ibidem, n. 877.

12

Ibidem, n. 878.

13

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 879.

14

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 29; Pablo VI, Carta Ap. Ad Pascendum gosto 1972), AAS 642, 534.

15

Adem谩s, entre los 60 colaboradores que aparecen en sus cartas, algunos est谩n nombrados como di谩conos: Timoteo (1 Tes 3, 2), Epafra (Col 1, 7), Tiquico (Col 4, 7; Ef 6, 2).

16

Cf. Epist. ad Philadelphenses, 4; Epist. ad Smyrnaeos, 12, 2; Epist. ad Magnesios, 6, 1: F. X. Funk (ed), Patres Apostolici, Tubingae 1901, pp. 266-267; 286-287; 234-235.

17

Cf. Didascalia Apostolorum (Siriaca), capp. III, XI: A. V枚枚bus (ed.), The 芦Didascalia Apostolorum禄 in Syriae (texto original y traducci贸n en ingl茅s), CSCO vol. I, n. 402, (tomo 176), pp. 29-30; Vol. II, n. 408, (tomo 180), pp. 120-129; Didascalia Apostolorum, III, 13, 1-7: F. X. Funk (ed.), Didascalia et Constitutiones Apostolorum, Paderbornae 1906, I, pp. 212-216.

18

Cf. los C谩nones 32 y 33 Concilio de Elvira3, los canones 16, 18, 21 del Concilio de Arles I, los canones 15, 16, 18 del Concilio de Nicea I.

19

Cada Iglesia local, en los primeros tiempos del cristianismo, deb铆a tener un n煤mero de di谩conos 芦proporcionado al de los miembros de la Iglesia禄, para que pudieran conocer y ayudar a cada uno禄 (cf. Didascalia de los doce ap贸stoles, III, 12: F. X. Funk, ed. cit., I, p. 208). En Roma, el papa San Fabi谩n250) hab铆a dividido la ciudad en siete zonas (芦regiones禄, m谩s tarde llamadas 芦diacon铆as禄) en las que era colocado un di谩cono (芦regionarius禄) para la promoci贸n de la caridad y la asistencia a los necesitados. An谩loga era la organizaci贸n 芦diaconal禄 en muchas ciudades orientales y occidentales en los siglos tercero y cuarto.

20

Cf. Concilio de Trento, Sesi贸n X (XXIII) XIII, Decreto De reformatione, c. 17: Conciliorum Oecumenicorum Decreta, ed. bilin眉e cit., p. 750.

21

LG 29.

22

AAS 597, 697-704.

23

AAS 608, 369-373.

24

AAS 642, 534-540.

25

Los c谩nones que hablan expl铆citamente de los di谩conos son una decena: 236, 276, 搂 2, 3o; 281, 搂 3; 288; 1031, 搂搂 2-3; 1032, 搂 3; 1035, 搂 1; 1037; 1042, 1o; 1050, 3o.

26

Cf. C.I.C., can. 1031, 搂 1.

27

Pablo VI, Cart. Ap. Sacrum Diaconatus Ordinem: e junio de 1969): AAS 597, p. 698.

28

Juan Pablo II, Alocuci贸n e marzo de 1985), n. 1: Ense帽anzas, VIII, 15, p. 648. Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 29; Decr. Orientalium Ecclesiarum, 17.

29

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General del 6 de octubre de 1993; n. 5: Ense帽anzas, XVI, 2 1993, p. 954).

30

芦Una exigencia particularmente sentida de cara a la decisi贸n del restablecimiento del diaconado permanente era y es la de una mayor y m谩s directa presencia de los ministros de la Iglesia en los distintos ambientes de la familia, del trabajo, de la escuela, etc. adem谩s de las estructuras pastorales ya existentes禄 (Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General del 6 de octubre de 1993, n. 6: Ense帽anzas, XVI, 2,3, p. 954.

31

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, 29b.

32

Cf. ibidem, decr. Ad gentes, 16.

33

Ibidem, Decr. Ad gentes, 16. Cf. Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1571.

34

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 28a.

35

Cf. C.I.C., can. 1034, 1; Pablo VI, Cart. ap. Ad pascendum, I, a: l.c., 538.

36

Cf. C.I.C., cann. 265-266.

37

Cf. C.I.C., cann. 1034, 搂 1; 1016; 1019. Cost. ap. Spirituali militum curae, VI, 搂搂 3-4; C.I.C., Can. 295, 搂 1.

38

Cf. C.I.C., cann. 267-268, 搂 1.

39

Cf. C.I.C., can. 271.

40

Cf. Pablo VI, Carta Ap. Sacrum Diaconatus ordinem, VI, 30:l.c., 703.

41

Cf. C.I.C., can. 678, 1-3; 715; 738; cf. tambi茅n Pablo VI, Carta Ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VII, 33-35: l.c., 704.

42

Cf. Secretar铆a de Estado, Carta al Cardenal prefecto de la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Prot. N. 122.735, del 3 de enero de 1984.

43

Cf. Conc. Vat. II Decr. Christus Dominus, n. 15; Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, 23: l.c., 702.

44

Pontificale Romanum - De Ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, n. 201 Ed. typica altera, Typis Vaticanis, 1990, p. 110; cf. tambi茅n C.I.C., can. 273.

45

芦...Quien estuviese dominado por una mentalidad de contestaci贸n, o de oposici贸n a la autoridad, no podr铆a cumplir adecuadamente las funciones diaconales. El diaconado no puede ser conferido sino a aquellos que creen en el valor de la misi贸n pastoral del obispo y del presb铆tero, y en la asistencia del Esp铆ritu Santo que les gu铆a en su actividad y en sus decisiones. En particular se insiste en que el di谩cono debe 芦profesar al obispo reverencia y obediencia禄... el servicio del di谩cono est谩 dirigido, despu茅s, a la propia comunidad cristiana y a toda la Iglesia, hacia la cual debe cultivar una profunda adhesi贸n, por motivo de su misi贸n y de su instituci贸n divina禄 (Juan Pablo II, Catequesis en la audiencia general del 20 octubre 1993, n. 2: 芦L'Osservatore Romano禄, 21 octubre 1993, n. 2: Ense帽anzas XVI, 2 1993, p. 105).

46

Cf. C.I.C., can. 274, 搂 2.

47

芦...Entre los deberes del di谩cono est谩 el de "promover y sostener la actividad apost贸lica de los laicos". En cuanto presente e inserto m谩s que el sacerdote en los ambientes y en las estructuras seculares, 茅l se debe sentir animado a favorecer el acercamiento entre el ministerio ordinario y la vida de los laicos, en el com煤n servicio al Reino de Dios禄 (Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General del 13 de octubre de 1993, n. 5: 芦L'Osservatore Romano禄, 14 octubre 1993 Ense帽anzas XVI, 2 1993, pp. 1002-1003); cf. C.I.C. can. 275.

48

Cf. C.I.C., can. 282.

49

Cf. C.I.C., can. 288, en referencia al can. 284.

50

Cf. C.I.C., can. 284, Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros Tota Ecclesia nero 1994), n. 66; Libreria Editrice Vaticana, 1994, pp. 67-68; Consejo para la Interpretaci贸n de los Textos Legislativos, aclaraci贸n a cerca del valor vinculante del art铆culo 66, 22 octubre 1994; Rivista 芦Sacrum Ministerium禄 25, p. 263.

51

Cf. C.I.C., can. 669.

52

Cf. C.I.C., can. 278, 1-2, en explicitaci贸n del canon 215.

53

Cf. C.I.C., can. 278, 3 y can. 1374; y tambi茅n Conferencia Episcopal Alemana, Dech. 芦Iglesia Cat贸lica y masoner铆a禄, 28 de febrero de 1980.

54

Cf. Congregraci贸n para el Clero, Declar. Quidam Episcopi (8 de marzo de 1982), IV: AAS 742, 624-645.

55

Cf. C.I.C., can. 299, 3; can. 304.

56

Cf. C.I.C., can. 305.

57

Cf. Juan Pablo II, Alocuci贸n a los Obisbos de Zaire en Visita 芦ad Limina禄 bril 1983), n. 4: Ense帽anzas VI, 13, pp. 1112-1113); Alocuci贸n a los Di谩conos permanentes arzo 1985): Ense帽anzas, VIII, 15, pp. 648-650; cf. tambi茅n Alocuci贸n para la ordenaci贸n de ocho nuevos obisbos en Kinshasa (4 mayo 1980), 3-5: Ense帽anzas, III 10, pp. 1111-1114; Catequesis de la Audiencia General (6 octubre 1993): Ense帽anzas, XVI, 23, pp. 951-955.

58

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, 33; cf. tambi茅n C.I.C., can. 225.

59

Cf. C.I.C., can 288, referencia al can. 285, 搂搂 3-4.

60

Cf. Ibidem, can. 288, referencia al can. 286.

61

Cf. Ibidem, can. 222, 搂 2 y tambi茅n can. 225, 搂 2.

62

Cf. Ibidem, can. 672.

63

C.I.C., can. 287, 搂 1.

64

Ibidem, can. 287 搂 2.

65

Cf. ibidem, can. 288.

66

Cf. Ibidem, can. 283.

67

Cf. Pablo VI, Carta Ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, 21: l.c., 701.

68

Cf. C.I.C., can. 281.

69

芦Los cl茅rigos dedicados al ministerio eclesi谩stico merecen una retribuci贸n conveniente a su condici贸n, teniendo en cuenta tanto la naturaleza del oficio que desempe帽an como las circunstancias de lugar y tiempo, de manera que puedan proveer a sus propias necesidades y a la justa remuneraci贸n de aquellas personas cuyo servicio necesitan禄 (C.I.C., can. 281, 搂 1).

70

芦Se ha de cuidar igualmente de que gocen de asistencia social, mediante la que se provea adecuadamente a sus necesidades en caso de enfermedad, invalidez o vejez禄 (C.I.C., can. 281, 搂 2).

71

C.I.C., can. 281, 搂 3. Con el t茅rmino remuneraci贸n en el derecho can贸nico se quiere indicar, a diferencia del derecho civil, mas que el estipendio en sentido t茅cnico, la compensaci贸n apta que permita un honesto y congruente sustento del ministro, cuando tal compensaci贸n es debida por justicia.

72

Ibidem, can. 1274, 搂 1.

73

Ibidem, can. 1274, 搂 2.

74

Cf. Ibidem, can. 281, 搂 1.

75

Cf. Ibidem, can. 281, 搂 3.

76

Cf. C.I.C., can. 281, 搂 3.

77

Cf. Ibidem, cann. 290-293.

78

Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen Gentium, 29.

79

Juan Pablo II, Alocuci贸n arzo 1985), n. 2: Ense帽anzas, VIII, 15, 649; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 29; C.I.C., can. 1008.

80

Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, Directorio para la aplicaci贸n de los Principios y Normas sobre el Ecumenismo arzo 1993), 70: l.c., p. 1069; cf. Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis notio ayo 1992), AAS 853, pp. 838 ss.

81

Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, Directorio para la aplicaci贸n de los Principios y Normas sobre el Ecumenismo arzo 1993), 71: AAS 853, 1068.

82

Pontificale Romanum - De ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, n. 210. Ed. typica altera, 1990: 芦Cree lo que lees, ense帽a lo que crees, y practica lo que ense帽as禄.

83

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, 29. 芦Toca tambi茅n a los di谩conos servir al Pueblo de Dios en el ministerio de la Palabra en comuni贸n con el obispo y con su presbiterio禄 (C.I.C., can. 757); 芦En la predicaci贸n, los di谩conos participan en el ministerio de los sacerdotes禄 (Juan Pablo II, Alocuci贸n a los Sacerdotes, Di谩conos, Religiosos y Seminaristas en la Bas铆lica del Oratorio de S. Jos茅 - Montreal, Canada 11 de septiembre de 1984, n. 9: AAS 77 1983, p. 396).

84

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, n. 4.

85

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Dei Verbum, 25; Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Carta circ. Come 猫 a conoscenza; C.I.C., can. 760.

86

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 25a; Const. dogm. Dei verbum, 10a.

87

Cf. C.I.C., can. 753.

88

Ibidem, can. 760.

89

Cf. Ibidem, can 769.

90

Cf. Institutio Generalis Missalis Romani, n. 61; Missale Romanum, Ordo Lectionis Missae Praenotanda, n. 8, 24 y 50: ed. typica altera, 1981.

91

Cf. C.I.C., can. 764.

92

Cf. Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros, nn. 45-47; l.c. 43-48.

93

Cf. Institutio Generalis Missalis Romani, 42, 61; Congregaci贸n para el Clero, Pontificio consejo para los Laicos, Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Congregaci贸n Para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Congregaci贸n para los Obispos, Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos, Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, Pontificio Consejo para la Interpretaci贸n de los Textos Legislativos, Instrucci贸n sobr茅 algunas cuestiones acerca de la colaboraci贸n de los fieles la铆cos en el sagrado ministerio de los sacerdotes, gosto 1997), art. 3.

94

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, n. 35; cf. n. 52; C.I.C, can. 767, 搂 1.

95

Cf. C.I.C., Can. 779; cf. tambi茅n Directorio Catequ铆stico General, editio typica altera, Typis Vaticanis 1997, n. 216.

96

Pablo VI Exhort. Ap. Evangeli Nuntiandi (8 dic. 1975); A.A.S. 686, 5s.

97

Cf. C.I.C., cann. 804-805.

98

Cf. Ibidem, can. 810.

99

Cf. Ibidem, can. 761.

100

Cf. Ibidem, can. 822.

101

Cf. Ibidem, can. 823, 搂 1.

102

Cf. C.I.C., can. 831, 搂 1.

103

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, 2a.

104

Cf. C.I.C., can. 784, 786.

105

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Ad gentes, 16; Pontificale Romanum - De ordinatione Episcopi, presbyterorum et diaconorum, n. 207; ed. cit., p. 122 (Prex Ordinationis).

106

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 29

107

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 10.

108

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 7d.

109

Cf. Ibidem, 22, 3; C.I.C., cann. 841, 846.

110

Cf. C.I.C., can. 840.

111

芦Los di谩conos participan en la celebraci贸n del culto divino, por norma seg煤n la disposici贸n del derecho禄 (C.I.C., can. 835, 搂 3).

112

Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1570 cf. Caeremoniale Episcoporum, nn. 23-26.

113

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 26-27.

114

Cf. C.I.C., can. 846, 搂 1.

115

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosantum Concilium, n. 28.

116

Cf. C.I.C., can. 929.

117

Cf. Institutio generalis Missalis Romani, nn. 81b, 300, 302; Institutio generalis Liturgiae Horarum, n. 255; Pontificale Romanum - Ordo dedicationis ecclesiae et altaris, nn. 23, 24, 28, 29, Editio typica, Typis Polyglottis Vaticanis 1977, pp. 29 et 90; Rituale Romanum - De Benedictionibus, n. 36, Editio typica, Typis Polyglottis Vaticanis 1985, p. 18; Ordo coronandi imaginem beatae Mariae Virginis, n. 12, Editio typica, Typis Polyglottis Vaticanis 1981, p. 10; Congregacion para el Culto Divino, Directorio para las celebraciones en ausencia de presb铆teroChristi Ecclesia, n. 38: Notitiae 248, pp. 388-389; Pontificale Romanum - De Ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, n. 188: (芦Immediate post Precem Ordinationis, Ordinati stola diaconali et dalmatica induuntur, quo eorum ministerium abhinc in liturgia peragendum manifestetur禄) y 190: ed. cit. pp. 102, 103; Caeremoniale Episcoporum, n. 67, Editio typica, Libreria Editrice Vaticana 1995, pp. 28-29.

118

C.I.C., can. 861, 搂 1.

119

Cf. C.I.C., can. 530, n. 1.

120

Cf. Ibidem, can. 862.

121

Cf. Pablo VI, Carta apost. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 22, 1: l.c., 701.

122

Cf. Institutio Generalis - Missale Romanum, nn. 61, 127-141, editio typica altera 1975.

123

Cf. C.I.C., can. 930, 搂 2.

124

Cf. Ibidem, can. 907; Congregaci贸n para el Clero, etc. Instrucci贸n I Ecclesiae de mysterio gosto 1997), art. 6.

125

Cf. Pablo VI, Carta apost. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 22, 6, l.c., 702.

126

Cf. C.I.C., can. 910, 搂 1.

127

Cf. C.I.C., can. 911, 搂 2.

128

Cf. Ibidem, 943 y tambi茅n Pablo VI, Carta apost. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 22, 3: l.c., 702.

129

Cf. Congregaci贸n para el Culto Divino, Directorio para las celebraciones en ausencia de presb铆tero Christi Ecclesia, n. 38: l.c., 388-389; Congregaci贸n para el Clero, etc. Instrucci贸n Ecclesiae de mysterio gosto 1997), art. 7.

130

Cf. Juan Pablo II, Exhort. Apost. Post-sinodal Familiaris Consortio ov. 1981), 73: A.A.S. 742, 170-171.

131

Cf. C.I.C., n. 1063.

132

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen Gentium, 29; C.I.C., can. 1108, 搂搂 1-2; Ordo Celebrandi Matrimonium, ed. typica altera 1991, 24.

133

Cf. C.I.C., can. 1111, 搂搂 1-2.

134

Cf. Ibidem, can. 137, 搂搂 3-4.

135

Concilio Florentino, bulla Exsultate Deo (DS 1325); Concilio Tridentino, Doctrina de sacramento de extremae unctionis, cap. 3 (DS 1697) y can. 4 de extrema unctione (DS 1719).

136

Cf. Pablo VI, Carta apost. Sacrum Diaconatus Ordinem, II, 10; l.c., 699; Congregaci贸n para el Clero, etc. Instrucci贸n Ecclesiae de mysterio gosto 1997), art. 9.

137

Cf. C.I.C., can. 276, 搂 2, n. 3.

138

Cf. Institutio Generalis Liturgiae Horarum, nn. 20; 255-256.

139

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 60; cf. C.I.C., can. 1166 y can. 1168; Catecismo de la Iglesia Cat贸lica, n. 1667.

140

Cf. C.I.C., can. 1169, 搂 3.

141

Cf. Pablo VI, Carta apost. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 22,5: l.c., 702 y tambi茅n Ordo exsequiarum, 19; Congregaci贸n para el Clero, etc. Instrucci贸n Ecclesiae de mysterio gosto 1997), art. 12.

142

Cf. Ritual de las bendiciones, Premisas generales 18 c.

143

Cf. C.I.C., can. 129, 搂 1.

144

S. Policarpo, Ad Phil., 5, 2 SC 10bis, p. 182; citado en Lumen Gentium, 29a.

145

Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, l.c., 698.

146

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen Gentium, 29.

147

Pontificale Romanum - De ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, n. 207: ed. cit., p. 122 (Prex Ordinationis).

148

Cf. Hipolito, Traditio Apostolica, 8,24; S. Ch. 11 bis. pp. 58-63; 98-99; Didascalia Apostolorum (Siriaca), capp. III, XI: A. V枚枚bus (ed) The 芦Didascalia Apostolorum禄 in Syriae, CSCO, vol. I, n. 402 (toma 176), pp. 29-30; vol II, n. 408 (toma 180), pp. 120-129; Didascalia Apostolorum III, 13, 1-7: F. X. Funk (ed), Didascalia et Constitutiones Apostolorum, Paderbornae 1906, I, pp. 212-216; Conc. Ecum. Vat. II, Dec. Christus Dominus, 13.

149

Concilio Ecum茅nico Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, nn. 40-45.

150

Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 22, 9: l.c., 702. Cf. Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia general del 13 de octubre de 1993, n. 5: Ense帽anzas XVI, 23, pp. 1000-1004.

151

Cf. C.I.C., can. 494.

152

Cf. Ibidem, can. 493.

153

Cf. Juan Pablo II, Alocuci贸n a los di谩conos permanentes de U.S.A, Detroit e septiembre de 1987), n. 3: Ense帽anzas, X, 37, 656.

154

Cf. C.I.C., can. 157.

155

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Cost. Dogm. Lumen Gentium, 27a.

156

Cf. C.I.C., can. 519.

157

Cf. ibidem, can. 517, 搂 1.

158

Cf. ibidem, can. 517, 搂 2.

159

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 22, 10: l.c., 702.

160

Cf. C.I.C., can. 1248, 搂 2; Congregaci贸n para el Culto Divino, Directorio para las celebraciones en ausencia de presb铆tero Christi Ecclesia n. 29: l.c., 386.

161

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia general del 13 de octubre de 1993, n. 4: Ense帽anzas XVI, 23, p. 1002.

162

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 24:l.c., 702; C.I.C., can. 536.

163

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 24:l.c., 702; C.I.C., can. 512, 搂 1.

164

Cf. C.I.C., can. 463, 搂 2.

165

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Lumen Gentium 28; Decr. Christus Dominus 27; Decr. Presbyterorum Ordinis 7; C.I.C., can. 495, 搂 1.

166

Cf. C.I.C., can. 482.

167

Cf. ibidem, can. 1421, 搂 1.

168

Cf. ibidem, can. 1424.

169

Cf. ibidem, can. 1428, 搂 2.

170

Cf. C.I.C., can. 1435.

171

Cf. ibidem, can. 483, 搂 1.

172

Cf. ibidem, cann. 1420, 搂 4; 553, 搂 1.

173

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum concilium, 2.

174

Ibidem, Const. dogm. Lumen gentium, 5.

175

Ibidem, Const. past. Gaudium et spes, 2b.

176

Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 4a.

177

Ibidem, Const. dogm. Lumen gentium, 40.

178

Ibidem, Decr. Presbyterorum Ordinis, 12a.

179

Ibidem, Decr. Ad gentes, 16.

180

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General del 20 de octubre de 1993, n. 1: Ense帽anzas, XVI, 23, p. 1053.

181

芦Todos los fieles deben esforzarse, seg煤n su propia condici贸n, por llevar una vida santa, as铆 como por incrementar la Iglesia y promover su continua santificaci贸n禄 (C.I.C., can. 210).

182

Estos 芦sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia, deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres (cf. 1 Tit 3, 8-18 y 12-13)禄 Conc. Ecum. Vat. II, Cost. Dogm. Lumen gentium, 41. Cf. Tambi茅n Pablo VI, Lett. Ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 25: l.c., 702.

183

芦Los cl茅rigos en su propia conducta, est谩n obligados a buscar la santidad por una raz贸n peculiar, ya que, consagrados a Dios por un nuevo t铆tulo en la recepci贸n del orden, son administradores de los misterios del Se帽or en servicio de su pueblo禄 (C.I.C., can. 276, 搂 1).

184

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General del 20 de octubre de 1993, n. 2: Ense帽anzas, XVI, 23, p. 1054.

185

Ibidem, n. 1: Ense帽anzas, XVI, 23, p. 1054.

186

Conc. Ecum. Vat. II., Decr. Apostolicam Actuositatem, 4, 8; Const. Gaudium et spes 27, 93.

187

Cf. Juan Pablo II, Alocuci贸n arzo 1985), n. 2: Ense帽anzas, VIII, 15, 649; Exhort. Ap. Post-sinodal Pastores dabo vobis, 3; 21: o.c., 661; 688.

188

Cf. Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal Pastores dabo vobis, 16: o.c., 681.

189

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General del 20 de octubre de 1993, n. 2: Ense帽anzas, XVI, 23, p. 1055.

190

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, V, 23: o.c., 702.

191

Cf. Juan Pablo II, Carta enc. Redemptor hominis(4 marzo 1979), nn. 13-17: A.A.S. 719, pp. 282-300.

192

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, II, 8: o.c., 700.

193

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia General 20 de octubre de 1993), n. 2: Ense帽anzas, XVI, 23, p. 1054.

194

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis nn. 14 e 15; C.I.C., can. 276, 搂 2. n. 1.

195

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 12.

196

Pontificale Romanum - De ordinatione Episcopi, Presbyterorum et Diaconorum, n. 210; ed. cit., p. 125.

197

S. Agust铆n, Serm. 179, 1: PL 38, 966.

198

Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Dei verbum, 25; cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 26, 1: o.c., 703; C.I.C., can. 276, 搂 2, n. 2.

199

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 25a.

200

Cf. C.I.C., can. 833; Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Professio fidei et iusiurandum fidelitatis in suscipiendo officio nomine Ecclesiae exercendo: AAS 819, pp. 104-106 y 1169.

201

Conc. Ecum. Vat II, Const. dogm. Dei Verbum, 21.

202

Cf. Conc. Ecum. Vat II, Const. litur. Sacrosanctum Concilium, 7.

203

Cf. ibidem, Const. litur. Sacrosanctum Concilium, 7.

204

Ibidem, Const. litur. Sacrosanctum Concilium, 59a.

205

Cf. C.I.C., can. 276, 搂 2, n. 2; Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 26, 2: l.c., 703.

206

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 26, 搂 2: o.c., 703.

207

Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 5b.

208

Cf. C.I.C., can. 276, 搂 2, n. 5; cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 26, 3: l.c., 703.

209

Cf. C.I.C., can. 276, 搂 2, 3.

210

Cf. ibidem, can. 276, 搂 2, 4.

211

Cf. ibidem, can. 276, 搂 2, 5.

212

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. Lumen gentium, 23a.

213

Ibidem, Decr. Christus Dominus, 11; C.I.C., can. 369.

214

Cf. C.I.C., can. 276, 搂 2, n. 5; Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 26, 4: l.c., 703.

215

Juan Pablo II, Exhor. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 36, en la que sy Santidad cita la Propositio 5 de la Padre Sinodal: l.c., 718.

216

Cf. Juan Pablo II, Aloc. a la Curia Romana ic. 1987), AAS 808, 1025-1034; Carta apost. Mulieris dignitatem 27, AAS 808, p. 1718.

217

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 29b.

218

芦His rationibus in mysteriis Christi Eiusque missione fundatis, coelibatus... omnibus ad Ordinem sacrum promovendis lege impositum est禄: Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 16; cf. C.I.C., can. 247, 搂 1; can. 277, 搂 1; can. 1037.

219

Cf. C.I.C, can. 277, 搂 1; Conc. Ecum. Vat. II, Decr.Optatam totius, 10.

220

Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con motivo del Jueves Santo, Novo incipiente (8 abril 1979), 8: AAS 719, 408.

221

Cf. C.I.C., can. 277, 搂 2.

222

Juan Pablo II, Alocuci贸n a los di谩conos permanentes de U.S.A. en Detroit e septiembre de 1987), n. 5: Ense帽anzas, X, 37, 658.

223

Cf. C.I.C, can. 1031, 搂 2.

224

Juan Pablo II, Alocuci贸n a los di谩conos permanentes e septiembre de 1987), n. 5: Ense帽anzas, X, 37, 658-659.

225

Cf. C.I.C, can. 277, 搂 1.

226

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, III, 16: l.c., 701; Pablo VI, Carta ap. Ad pascendum, VI: l.c., 539: C.I.C., can. 1087; Eventuales excepciones se regulan en conformidad con la Carta Circular de la Congregaci贸n para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a los Ordinarios Generales de los Institutos de Vida Consagrada Y de las Sociedades de Vida Apost贸lica, n. 26397, del 6 de junio 1997, n. 8.

227

Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal Pastores dabo vobis, 42.

228

Juan Pablo II, Catequesis en la Audiencia general 20 de octubre de 1993), n. 4: Ense帽anzas, XVI, 23, p. 1056.

229

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, II, 8-10; III, 14-15: l.c., 699-701; Carta ap. Ad pascendum, VII: l.c., 540; C.I.C., can. 236, can. 1027, can. 1032, 搂 3.

230

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 70: l.c., 778.

231

Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 70: l.c., 779.

232

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 76; 79: l.c., 793; 796.

233

Cf. Conc. Ecum. Vaticano II, Decr. Christus Dominus 15; Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 79: l.c., 797.

234

Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros e enero de 1994), n. 71: ed cit., p. 73.

235

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 78: l.c., 795.

236

Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros Tota Ecclesia, 71: ed. cit., p. 72.

237

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 71: l.c., 783; Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros Tota Ecclesia, n. 74. ed. cit., p. 75.

238

Cf. S. Ignacio de Antioqu铆a: 芦Es necesario que los di谩conos, que son di谩conos de los misterios de Cristo Jes煤s, agraden a todos. No son, en efecto, di谩conos de comida y bebida sino que sirven a la Iglesia de Dios禄 (Epist. ad Trallianos, 2, 3: F. X. Funk, o.c., I. pp. 244-245).

239

Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 72: l.c., 783; Congregaci贸n para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presb铆teros Tota Ecclesia, n. 75: ed. cit., pp. 75-76.

240

Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis 72: l.c., 785.

241

Cf. Pablo VI, Carta ap. Sacrum Diaconatus Ordinem, VI, 28: l.c., 703; C.I.C., can. 276 搂 4.

242

Cf. C.I.C., can. 279.

243

Juan Pablo II, Exhort. ap. post-sinodal Pastores dabo vobis, 72: l.c., 783.

244

Cf. C.I.C., can. 1029.
Consultas

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