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Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, La colaboraci贸n entre institutos para la formaci贸n
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La colaboraci贸n entre institutos para la formaci贸n

INTRODUCCI脫N

1. Atenta a las condiciones de nuestro tiempo y bajo la gu铆a del Se帽or, la Iglesia se ve continuamente invitada a procurar, en orden al crecimiento del Cuerpo de Cristo, 1 la formaci贸n de los propios miembros.

Consciente del significado que la vida religiosa representa para el pueblo de Dios, 2 la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica se ha sentido en el deber de reflexionar sobre la formaci贸n de los miembros de los institutos religiosos en las circunstancias actuales y proponer directrices que garanticen su integridad, su solidez y la sinton铆a con el camino de la Iglesia. Fruto de este empe帽o ha sido la publicaci贸n de la Instrucci贸n Potissimum Institutioni. 3

2. Con este nuevo documento intenta ahora profundizar en una de las cuestiones de las que habla la citada Instrucci贸n: la que se refiere a la colaboraci贸n entre los institutos dedicados a obras de apostolado 4 para la formaci贸n de los propios miembros. 5

Cuanto en este documento se dice de los institutos religiosos se aplica igualmente a las sociedades de vida apost贸lica, teniendo en cuenta su car谩cter propio. 6

3. La colaboraci贸n entre los institutos en el 谩mbito formativo ha surgido de la necesidad de dar una respuesta a los desaf铆os puestos por las situaciones concretas y por determinadas exigencias pedag贸gicas. Al principio se ha desarrollado principalmente en los lugares donde las familias religiosas tienen un n煤mero limitado de candidatos, o porque han disminuido las vocaciones, o porque 茅stas son los primeros frutos del trabajo apost贸lico de las iglesias j贸venes. A esto se ha unido la falta de formadores y de formadoras y el escaso n煤mero de personal docente preparado. Esta realidad ha movido a numerosos institutos a unir las fuerzas, conscientes de la necesidad de ofrecer a sus miembros una formaci贸n m谩s completa y profunda.

En muchos casos ha influido, al mismo tiempo, la necesidad de que la formaci贸n inicial no se desarrollara en un ambiente extra帽o a la cultura de los candidatos o de las candidatas, favoreciendo as铆 una integraci贸n positiva entre la vida de cada instituto y la cultura propia de los miembros que son acogidos en 茅l. Esa necesidad, compartida en las m谩s diversas 谩reas geogr谩ficas y culturales, ha encontrado una v谩lida respuesta en los 芦centros de formaci贸n entre institutos禄. 7 脡stos, de hecho, han contribuido a evitar el 茅xodo de los candidatos a otras culturas durante el proceso inicial de la vida religiosa.

Tambi茅n la conciencia cada vez m谩s clara de las m煤ltiples exigencias y de las dificultades que caracterizan el camino formativo, ha llevado a los institutos a la creaci贸n de tales centros. Son cada vez m谩s numerosos los institutos que desean ofrecer a los j贸venes y a las j贸venes en formaci贸n un itinerario educativo lo m谩s completo posible. En las propias comunidades formativas contin煤an la tarea de transmitir el patrimonio espiritual del instituto. Sin embargo, sienten tambi茅n la exigencia de ofrecer aquellos contenidos que desde siempre constituyen el precioso patrimonio com煤n de la vida consagrada, riqueza que procede de una experiencia secular de la Iglesia, de las urgencias y de las aspiraciones de nuestro tiempo. La s铆ntesis profunda e integral de todos estos elementos es una tarea muy compleja y no siempre pueden realizarla los formadores y los profesores de un solo instituto.

La iniciativa de los centros de formaci贸n entre institutos, debidamente realizada, es positiva y favorece la conciencia de la comuni贸n eclesial en la variedad de las vocaciones y de los carismas y de las m煤ltiples formas del servicio a la misi贸n de la Iglesia. As铆 se expresa Su Santidad Juan Pablo II: 芦Para asegurar a las nuevas generaciones, a los formadores y a las formadoras y a todos los religiosos y religiosas, una preparaci贸n adecuada, hab茅is buscado y promovido numerosas formas de colaboraci贸n禄. 8 De este modo se puede 芦beneficiar de la labor de los mejores colaboradores de cada instituto y ofrecer servicios que no s贸lo ayuden a superar eventuales l铆mites, sino que creen un estilo v谩lido de formaci贸n para la vida religiosa禄. 9

En el mensaje citado el Santo Padre subraya adem谩s que estas iniciativas intercongregacionales 芦deber谩n ayudar a valorar simult谩neamente los carismas espec铆ficos haciendo madurar la mutua comuni贸n, la conciencia de la complementariedad en la fraternidad y la apertura a los horizontes de la caridad en la Iglesia local y en la Iglesia universal禄. 10

El Santo Padre reafirma as铆 las orientaciones fundamentales del Concilio Vaticano II respecto de la formaci贸n. 脡stas han sido ratificadas por la experiencia que la vida religiosa ha realizado en estos a帽os. La doctrina expuesta por el Concilio y en los documentos posteriores del Magisterio muestra la profunda integraci贸n que existe entre formaci贸n, renovaci贸n y misi贸n de los institutos religiosos. 11 M谩s bien pone de relieve que la formaci贸n es un factor primario para la renovaci贸n de los institutos y para una asimilaci贸n m谩s vital de la propia identidad carism谩tica frente a la continua evoluci贸n de nuestro tiempo. Una fuerte calidad de la acci贸n formativa es premisa indispensable para la realizaci贸n de la misi贸n de los institutos en un mundo que hace preguntas fundamentales sobre la fe y la vida religiosa, a partir de los problemas cient铆ficos, humanos, 茅ticos y religiosos.

I. PRINCIPIOS FUNDAMENTALES Y DIRECTRICES PR脕CTICAS

4. Para comprender y acompa帽ar el desarrollo de estas iniciativas, la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica ha recogido una amplia documentaci贸n sobre los centros de formaci贸n entre institutos existentes. El examen de esa documentaci贸n ha favorecido la reflexi贸n sobre algunas condiciones fundamentales para la eficacia formativa de los centros y de sus m煤ltiples iniciativas: la claridad sobre la finalidad del centro, la determinaci贸n de la responsabilidad 煤ltima y de las competencias para la gesti贸n, la calidad y la preparaci贸n del personal docente, la articulaci贸n org谩nica del programa y de la gradaci贸n de su desarrollo. Es tambi茅n de fundamental importancia, para crear un ambiente que ayude a vivir y a profundizar la llamada a la vida consagrada, la presencia de las formadoras y de los formadores, y la sinton铆a y la complementariedad del programa intercongregacional con el espec铆fico de cada uno de los institutos.

5. Dada la diversidad de las circunstancias en las que han surgido estos centros y su experiencia m谩s bien reciente, han surgido tambi茅n interrogantes y problemas que es oportuno se帽alar para su discernimiento y clarificaci贸n. Algunos se refieren a la relaci贸n entre la identidad de cada instituto y a la comuni贸n en la diversidad, entre el prop贸sito de los centros de ofrecer un servicio a todos y la leg铆tima libertad de los institutos de servirse de ellos o no. Otros se refieren a la visi贸n de la vida religiosa apost贸lica que est谩 en la base del proyecto pedag贸gico y, por lo mismo, de la articulaci贸n de los programas y de los criterios de elecci贸n del personal docente. Otros, en fin, se refieren a la participaci贸n efectiva de los responsables de la formaci贸n de los institutos, a la verificaci贸n de la formaci贸n, a las condiciones reales que permiten transformar la convivencia temporal en los centros en una experiencia de profunda comuni贸n eclesial y de aut茅ntica formaci贸n espiritual y apost贸lica, abierta a las necesidades de la evangelizaci贸n. 12

Principios fundamentales

6. Ante esta realidad rica y compleja, y atentos a las m煤ltiples iniciativas existentes, este Dicasterio siente la responsabilidad de ofrecer algunas reflexiones y de dar oportunas directrices para la verificaci贸n, la consolidaci贸n y el desarrollo de esas experiencias y de otras semejantes.

Esas directrices se fundan en los principios que regulan la formaci贸n inicial y permanente a la vida religiosa, en la variedad de sus carismas y en su espec铆fica funci贸n en la comuni贸n y misi贸n de la Iglesia. 13

a) La formaci贸n: derecho-deber inalienable de cada instituto

7. Antes de entrar en materia, parece necesario recordar que la formaci贸n es un derecho-deber inalienable de cada instituto. 14 Este principio fundamental est谩 en la base de todo el documento y merece que se le ponga en evidencia desde el principio, para encuadrar la colaboraci贸n entre los institutos en el conjunto del proceso formativo.

7.1. Cada instituto tiene una responsabilidad primaria respecto de la propia identidad. En efecto, el 芦carisma de los fundadores (...) 鈥攅xperiencia del Esp铆ritu transmitida a los propios disc铆pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y constantemente desarrollada en sinton铆a con el Cuerpo de Cristo en perenne crecimiento禄 15 鈥� se le conf铆a a cada instituto como patrimonio original en beneficio de toda la Iglesia. 16 Cultivar la propia identidad en la 芦fidelidad creativa禄 17 significa, pues, hacer confluir, en la vida y en la misi贸n del pueblo de Dios, dones y experiencias que la enriquecen 18 y, al mismo tiempo, evitar que los religiosos 芦se inserten en la vida de la Iglesia de un modo vago y ambiguo禄. 19

Por lo mismo se reconoce a cada instituto una justa autonom铆a de vida, especialmente de gobierno, mediante la cual tengan en la Iglesia una disciplina propia y puedan mantener 铆ntegro y desarrollar su patrimonio espiritual y apost贸lico. Es tarea de los ordinarios de los lugares conservar y tutelar esa autonom铆a. 20 La autonom铆a de vida y de gobierno implica la correspondiente autonom铆a en materia de formaci贸n, porque 芦la primera responsabilidad de la formaci贸n de los religiosos corresponde por derecho a cada instituto禄. 21

7.2. Es a trav茅s del proceso de formaci贸n como se realiza la identificaci贸n carism谩tica, necesaria tanto a la madurez de los miembros para vivir y obrar en conformidad con el carisma fundacional, como a la identidad y a la unidad del instituto, as铆 como tambi茅n a la autenticidad de sus expresiones en las diversas culturas 22 y a la comuni贸n-misi贸n eclesial. 芦En efecto, teniendo en cuenta que la formaci贸n inicial y permanente, seg煤n el propio carisma, est谩 en las manos del Instituto, la formaci贸n intercongregacional no puede suplir enteramente la tarea de la formaci贸n permanente de los propios miembros. 脡sta debe estar impregnada, en muchos aspectos, de las caracter铆sticas propias del carisma de cada instituto禄. 23

Por ello, el C贸digo de Derecho Can贸nico, coherente con estos principios, cuando habla de la formaci贸n en sentido estricto, se refiere s贸lo a la formaci贸n del religioso dentro del propio instituto. 24 Pero esto no cierra la posibilidad de colaboraci贸n, que es, por otra parte, reconocida y estimulada por Juan Pablo II en la Exhortaci贸n Postsinodal Vita Consecrata. 脡l pide que en el 芦horizonte de comuni贸n, abierto a los desaf铆os de nuestro tiempo, los superiores y las superioras, 鈥渁ctuando en sinton铆a con el episcopado鈥�, procuren aprovecharse del trabajo de los mejores colaboradores de cada Instituto禄. 25

7.3. Por su parte, la Iglesia tiene el deber de custodiar y promover la 铆ndole propia y la conciencia carism谩tica de los institutos, haciendo de ello uno de los principios fundamentales de su renovaci贸n, 26 porque el estado constituido por la profesi贸n de los consejos evang茅licos 芦es don precioso y necesario para el presente y el futuro del pueblo de Dios, porque pertenece 铆ntimamente a su vida, a su santidad, a su misi贸n禄. 27 Adem谩s, siendo el carisma de cada instituto un don original y singular que el Esp铆ritu concede a la Iglesia, 茅sta se preocupa de asegurar las condiciones espirituales y los instrumentos jur铆dicos que garanticen su fecundidad, su desarrollo y la armon铆a en la comuni贸n eclesial. 28

b) Colaboraci贸n y solidaridad en la formaci贸n

8. Unido al principio precedente, se subraya justamente tambi茅n el de la colaboraci贸n 29 y el de la solidaridad entre los diversos institutos, sobre todo entre aquellos que est谩n presentes en una determinada 谩rea geogr谩fico-cultural. En efecto, la vida religiosa ha adquirido una conciencia m谩s profunda de la singularidad de cada carisma, de su funci贸n eclesial espec铆fica, as铆 como de las caracter铆sticas y tareas comunes a todos los institutos.

La formaci贸n tiene una profunda ra铆z com煤n. Ella es, en efecto, acci贸n de Dios Padre, que forma en los llamados la imagen del Hijo, a trav茅s de la acci贸n santificadora del Esp铆ritu, seg煤n un designio carism谩tico particular. 30

La colaboraci贸n encuentra su alma en la dimensi贸n pneum谩tico-mist茅rica de la Iglesia, de la que surge, por obra del Esp铆ritu, la multiplicidad de los carismas y hacia cuya comuni贸n y misi贸n convergen la vida y el mandato misionero de los institutos. Ella se funda en la riqueza, la vitalidad y la belleza de la Iglesia, 31 y es fecunda porque las diversas iniciativas carism谩ticas se completan y se iluminan entre s铆; adem谩s, una desvela a la otra los propios dones a trav茅s de la confrontaci贸n y del compartir, 32 en la fraternidad.

Una expresi贸n concreta de colaboraci贸n y de solidaridad entre las familias religiosas es la iniciativa, ya difundida en varios contextos, de crear centros de formaci贸n entre institutos, sobre todo cuando cada instituto no tiene los medios suficientes para ofrecer a los propios miembros una formaci贸n integral.

De esta colaboraci贸n ha hablado el Santo Padre en la audiencia concedida a la U.I.S.G., diciendo: 芦Lo esencial es que exista, por parte de las familias religiosas, plena colaboraci贸n en la formaci贸n de los propios miembros a un amor vital, sincero y gozoso a Jes煤s, profundamente conocido, seguido y obedecido禄. 33

La experiencia recogida indica que esta colaboraci贸n, bien llevada, contribuye a un mayor aprecio del propio carisma y del carisma de los dem谩s, manifiesta una concreta solidaridad entre comunidades m谩s ricas y m谩s pobres de miembros y de medios, ofrece un testimonio elocuente de la comuni贸n a la que la Iglesia est谩 llamada por vocaci贸n divina, y es de gran utilidad para que la formaci贸n adquiera el nivel y la amplitud que la misi贸n de la vida religiosa exige en el contexto del mundo actual.

c) Centros de formaci贸n entre institutos

9. Para satisfacer convenientemente a la tarea propia de estos centros de formaci贸n entre institutos, es decir, a su finalidad de ser un 芦centro de estudio禄 al servicio de la formaci贸n, deber谩n tener presente que:

鈥� La formaci贸n es un proceso integral cuyos elementos se compenetran mutuamente. En efecto, existe una profunda correlaci贸n entre la vida y la verdad; entre la teolog铆a y las ciencias humanas; entre la b煤squeda de la verdad y las expectativas, las esperanzas y los valores de los j贸venes; entre el estudio y la coherencia en los compromisos personales; entre los signos de los tiempos y la adecuada respuesta pastoral. 34

鈥� La preparaci贸n intelectual es una dimensi贸n insustituible de la formaci贸n. La organizaci贸n de las materias de estudio y la seriedad cient铆fica deber谩n contribuir a armonizar las actitudes propias de la vida consagrada. Por lo mismo, los centros ofrecer谩n un servicio de alta calidad para contribuir sabiamente al crecimiento integral de los alumnos.

鈥� El car谩cter intercongregacional de los centros exige una especial valoraci贸n de los aspectos que son comunes a todos. Al mismo tiempo la colaboraci贸n y la solidaridad piden el respeto y el aprecio de las diversidades. Si no fuera as铆, los centros contribuir铆an probablemente a una nivelaci贸n que los empobrecer铆a y har铆a correr el riesgo de una uniformidad espiritual y pastoral, inadecuada a la complejidad del mundo a evangelizar, y tambi茅n nociva a la identidad espec铆fica de cada instituto. En este caso los centros perder铆an su identidad como servicio a la vida religiosa.

Directrices pr谩cticas

De los principios fundamentales enunciados derivan algunas directrices pr谩cticas para los institutos religiosos y para los centros de formaci贸n entre institutos:

10. Los institutos religiosos

a) Los Cap铆tulos y los Superiores Mayores

Corresponde a los institutos, a trav茅s de los Cap铆tulos y los Superiores Mayores, establecer en la propia Ratio los principios y las normas de la formaci贸n, 35 asignar la misi贸n a los formadores y a los profesores, y vigilar para que el proceso formativo se desarrolle en conformidad con la 铆ndole y la misi贸n del instituto y seg煤n el derecho. Cuando los superiores deciden mandar los propios miembros a un centro de formaci贸n entre institutos, no ceden a otros la responsabilidad que a ellos les compete, sino que contin煤an ejerci茅ndola (cf. n. 11, 17b y 22) con 芦plena responsabilidad de custodios y de maestros禄. 36

b) La comunidad formativa

En todas las formas de colaboraci贸n entre institutos es necesario aplicar la debida distinci贸n entre la comunidad formativa y el centro de formaci贸n entre institutos. 37 La comunidad formativa es la instancia primaria de referencia, que ning煤n centro puede suplir. Ella constituye el 谩mbito en el que crece y madura, en el esp铆ritu de los respectivos Fundadores, la identificaci贸n vocacional y la respuesta a la vocaci贸n recibida. 38 La profundizaci贸n de la identidad carism谩tica se realiza, en primer lugar, en el contacto vivo con los formadores y con los hermanos o las hermanas con quienes se comparten las mismas experiencias de vida, los mismos retos lanzados por la sociedad y las tradiciones del instituto. 39 Por lo mismo esta comunidad es siempre el lugar de la s铆ntesis vital de la experiencia formativa. 40 芦La fidelidad al propio carisma necesita ser profundizada en el conocimiento, cada d铆a m谩s amplio, de la historia del instituto, de su misi贸n peculiar y del esp铆ritu del Fundador, esforz谩ndose al mismo tiempo por encarnarlo en la vida personal y comunitaria禄. 41

Donde las circunstancias no permitan a los religiosos vivir en la propia comunidad formativa mientras frecuentan un centro de formaci贸n entre institutos, es deber de los superiores proveer para que puedan vivir peri贸dicamente tiempos fuertes de formaci贸n y de vida comunitaria en el propio instituto. 42

11. Los centros de formaci贸n entre institutos 43

a) Los centros y su constituci贸n

Las Conferencias de los superiores o de las superioras mayores, que tienen como finalidad 芦promover una colaboraci贸n m谩s eficaz para el bien de la Iglesia禄, 44 o un grupo de Superiores o Superioras Mayores que desean colaborar entre ellos en la formaci贸n, pueden a este fin organizar servicios o constituir centros de formaci贸n entre institutos. 45

脡stos tienen una tipolog铆a muy variada. Algunos est谩n destinados a ofrecer servicios complementarios; otros proveen a la formaci贸n de los religiosos desde el punto de vista doctrinal; otros, finalmente, constituyen estructuras espec铆ficas para la preparaci贸n de los religiosos candidatos al sacerdocio. Las normas y las directrices que siguen tienen en cuenta esta diferenciaci贸n.

Para la erecci贸n de la sede de un centro de formaci贸n entre institutos es necesario el consentimiento escrito del Ordinario de lugar.

b) Las responsabilidades directivas

A los superiores y a las superioras que han dado origen a la iniciativa corresponde tambi茅n la responsabilidad 煤ltima del centro. En el esp铆ritu del Mutuae Relationes, buscar谩n el modo m谩s oportuno para informar a los Obispos sobre las actividades del centro y tener con ellos un di谩logo abierto que se convierta en riqueza y promoci贸n del mismo centro. 46 El Santo Padre recuerda que ellos tienen la responsabilidad de acompa帽ar la actividad de los centros y tambi茅n de garantizar que la ense帽anza impartida est茅 en conformidad con el Magisterio de la Iglesia. 47

Todas las iniciativas de los centros de formaci贸n entre institutos sean directamente llevadas a cabo por un equipo con un responsable propio, con garant铆a de estabilidad y de competencia formativa.

c) Los profesores

Para la elecci贸n de los profesores se tendr谩 en cuenta la sana doctrina, la competencia espec铆fica, la capacidad pedag贸gica y la actitud para el trabajo en equipo. Se considerar谩 adem谩s su conocimiento y estima de la vida religiosa en la variedad de sus formas y de su desarrollo, seg煤n el esp铆ritu del Concilio Vaticano II y del Magisterio.

Los centros mantengan viva la conciencia formativa de los profesores y organicen encuentros de intercambio y de evaluaci贸n con los formadores.

II. COLABORACI脫N EN LAS DIVERSAS FASES DE LA FORMACI脫N

12. Las iniciativas de colaboraci贸n se colocan en el campo de la formaci贸n religiosa en sus diversas fases. Pueden referirse a la formaci贸n inicial: preparaci贸n para el noviciado, formaci贸n de los novicios y de las novicias, formaci贸n de los religiosos y de las religiosas de votos temporales, formaci贸n de los candidatos a los ministerios ordenados, y a la formaci贸n permanente.

Los servicios los organizan las Conferencias de los superiores o de las superioras mayores, o un grupo de Superiores o Superioras Mayores, que detentan la 煤ltima responsabilidad. Ser谩 cuidado suyo informar a esta Congregaci贸n sobre la vida y las actividades desarrolladas por el centro.

La organizaci贸n de los programas debe ofrecer una ayuda eficaz a la formaci贸n doctrinal y al crecimiento vocacional de los alumnos, seg煤n los criterios indicados por el Derecho Can贸nico 48 y las normas complementarias emanadas por las instancias competentes.

Los cursos se fundar谩n sobre el Misterio de Cristo 49 y se desarrollar谩n gradualmente y atendiendo a las personas y a las culturas. Propondr谩n a los alumnos la teolog铆a de la vida consagrada y ayudar谩n a profundizar el sentido 芦de aquella 煤nica caridad eclesial que compromete a todos al servicio de la comuni贸n org谩nica 鈥攃arism谩tica y al mismo tiempo jer谩rquicamente estructurada鈥� de todo el pueblo de Dios禄. 50

La preparaci贸n para el noviciado

13. Dada la diversidad de la experiencia humana y de la formaci贸n religiosa de los candidatos, la preparaci贸n para el noviciado, en las actuales circunstancias socio-culturales, se revela cada vez m谩s necesaria y comprometedora. 51 Las iniciativas intercongregacionales ofrezcan a los candidatos de los diversos institutos programas que afronten, con competencia y solidez, los contenidos fundamentales de la formaci贸n humana y cristiana, de modo que se promueva la formaci贸n integral y se puedan colmar posibles lagunas. Es necesario tambi茅n que los mismos formadores puedan utilizar programas espec铆ficos para iniciar a la vida religiosa y aplicar instrumentos y criterios para un atento discernimiento vocacional. Este servicio es particularmente 煤til para los formadores y las formadoras que trabajan en culturas distintas de la propia o acompa帽an a candidatos de diversas culturas.

El noviciado

14. El noviciado constituye una fase formativa fundamental y delicada. 52 En ella la joven o el joven inicia el camino de la propia identidad vocacional en la vida religiosa. 53 Tiene como finalidad formar adecuadamente al novicio o a la novicia en el esp铆ritu y en la pr谩ctica de la vocaci贸n espec铆fica del propio instituto, y sopesar ulteriormente las motivaciones de la elecci贸n vocacional, el compromiso espiritual y la necesaria idoneidad. En cada instituto esta fase requiere un acompa帽amiento personalizado, atento al crecimiento de cada novicio o novicia, un clima formativo evang茅lico, sereno, rico en valores, sostenido por el testimonio gozoso de los formadores y de la comunidad, alimentado por la experiencia aut茅ntica y profunda del carisma fundacional. 54

Donde las circunstancias lo aconsejen, un programa intercongregacional puede contribuir a la adecuada formaci贸n doctrinal de los que inician la formaci贸n a la vida consagrada, ayud谩ndolos a definirse a s铆 mismos como miembros de la Iglesia misterio-comuni贸n y misi贸n y a actuar como tales desarrollando, en la confrontaci贸n y en el intercambio, actitudes de corresponsabilidad fraterna. Pero tengamos presente que 芦se puede hablar de 鈥渃ursos intercongregacionales para novicios鈥� o para novicias, distintos entre s铆, pero no se puede hablar de 鈥淣oviciado intercongregacional鈥澛�. 55

15. La colaboraci贸n entre institutos, en la fase del noviciado, pertenece a la categor铆a de los 芦servicios complementarios禄. En la colaboraci贸n no entra la creaci贸n de los llamados 芦noviciados intercongregacionales禄, que comportar铆an para los novicios y las novicias el vivir en la misma comunidad. En realidad esto no corresponde a la especificidad propia del inicio de la vida religiosa, la cual debe introducir a lo que caracteriza el patrimonio de cada instituto. Por lo mismo, cada instituto debe tener su propio noviciado.

16. Al organizar esos 芦servicios complementarios禄 t茅ngase presente lo siguiente:

a) La necesaria sinton铆a entre los cursos ofrecidos por el centro y el proceso de iniciaci贸n a la vida religiosa de cada instituto, requiere, como oportuna, si no necesaria, la presencia de los maestros y de las maestras de noviciado en los cursos, para ayudar a los novicios o a las novicias a la integraci贸n de los contenidos.

b) El programa ha de ofrecer cursos fundamentales sobre diferentes temas, de tal modo que los institutos puedan elegir los que completan la formaci贸n impartida por ellos mismos. El programa debe estar bien estructurado y ser arm贸nico, comprender elementos fundamentales de Sagrada Escritura, teolog铆a espiritual, teolog铆a moral, eclesiolog铆a, teolog铆a y derecho de la vida religiosa 鈥攅n particular, de cada uno de los consejos evang茅licos鈥�, liturgia, como tambi茅n conceptos fundamentales de antropolog铆a y psicolog铆a, que den al sujeto, al principio de su camino formativo, la posibilidad de conocerse mejor, particularmente en las 谩reas m谩s necesitadas de formaci贸n. 56 Todas las tem谩ticas deber谩n profundizarse en funci贸n formativa.

c) Durante el noviciado los cursos no sean distribuidos con frecuencia e intensidad tales que obstaculicen la finalidad propia de esta fase de la formaci贸n. 57 Real铆cense evitando la permanencia fuera del noviciado. En el caso de que, por este motivo, las novicias o los novicios tuvieran que ir a otro lugar, por breves per铆odos y espor谩dicamente, el superior o superiora mayor at茅ngase a los c谩nones 647 搂 2, 648 搂 1 y 3, y 649 搂 1.

d) Hay que favorecer, adem谩s, el conocimiento de los respectivos institutos religiosos, de los Fundadores y de las Fundadoras y de las diversas espiritualidades. En efecto, el intercambio fraterno ayuda a hacer que madure un aprecio m谩s vivo de la propia originalidad fundacional, a descubrir el valor de cada fundador en el conjunto de la misi贸n de la Iglesia, a promover la colaboraci贸n y una mentalidad de comuni贸n. 58

e) Con intervalos regulares, los formadores y las formadoras, seg煤n sus competencias, 59 realicen con el equipo responsable del centro 鈥攜 tambi茅n escuchando el parecer de los formandos鈥� una verificaci贸n del programa y, en relaci贸n con las respuestas de las personas, de la finalidad de los cursos. Los Superiores Mayores, dada su responsabilidad primaria en la formaci贸n, sigan con atenci贸n tales iniciativas.

f) Los cursos pueden ofrecer a los maestros y a las maestras la oportunidad de una actualizaci贸n constante, de una verificaci贸n de la propia tarea formativa, de una confrontaci贸n y apoyo rec铆proco concreto e iluminado. Dada la naturaleza de esta etapa inicial, caracterizada por el proceso de maduraci贸n psicol贸gica y de identificaci贸n carism谩tica de los novicios y de las novicias, que les permite adquirir un nuevo estilo de vida, los programas de colaboraci贸n prevean, dentro de los l铆mites de lo posible, encuentros de formadores y formadoras para tratar temas pedag贸gicos espec铆ficos, que despu茅s ser谩n profundizados en los respectivos noviciados; entre ellos el desarrollo psicofisiol贸gico, la madurez afectiva-sexual y otros aspectos de la madurez humana. 60

La formaci贸n de los profesos temporales

17. La Instrucci贸n Potissimum Institutioni, inspir谩ndose en las normas del C贸digo 61 y en las exigencias caracter铆sticas de la formaci贸n de los religiosos y de las religiosas de votos temporales, indica las l铆neas fundamentales y ofrece oportunas indicaciones sobre los objetivos y el programa de estudio. 62

Por su parte, cada instituto, seg煤n el propio plan de formaci贸n, tiene 芦la grave responsabilidad de proveer la organizaci贸n y la duraci贸n de esta fase de la formaci贸n y de ofrecer al joven religioso las condiciones favorables para un crecimiento real en la vida de entrega al Se帽or禄. 63

a) Las iniciativas intercongregacionales, tambi茅n en esta fase, intentan favorecer 鈥攅specialmente respecto de los institutos que no pueden proveer de otro modo鈥� la cualificaci贸n de los j贸venes religiosos y de las religiosas en relaci贸n a su consagraci贸n y promover la profundizaci贸n de la formaci贸n espiritual, doctrinal y pastoral, con particular atenci贸n a la historia, a la teolog铆a y a la misi贸n de la vida consagrada y al compromiso en la preparaci贸n pastoral.

b) En particular, para responder mejor a las exigencias propias de esta fase de la formaci贸n, las iniciativas de colaboraci贸n entre institutos deben tener en cuenta las caracter铆sticas y las circunstancias de vida de los profesos temporales.

En efecto, el tiempo de la profesi贸n temporal se caracteriza por ser un momento particularmente propicio para madurar en la identificaci贸n con Cristo, 64 en la visi贸n, impregnada de fe, del mundo, de la Iglesia y de la historia. Es un tiempo apropiado para prepararse, con entrega, a la misi贸n real, sacerdotal y prof茅tica del Pueblo de Dios, y exige tanto el estudio de las disciplinas teol贸gicas como la profundizaci贸n de los fundamentos b铆blicos de la vocaci贸n al seguimiento radical de Cristo, junto con un conocimiento adecuado, a nivel de estudio sapiencial, de los medios y de los pasos que conducen a la madurez humana y cristiana. Por eso, en esta fase de la formaci贸n, mientras se continua el estudio de la Sagrada Escritura y de otras materias teol贸gicas como, por ejemplo, la cristolog铆a, la eclesiolog铆a, la mariolog铆a, la moral y la teolog铆a de la historia, se profundizar谩n temas de espiritualidad, de asc茅tica y de ciencias humanas, que contribuyen a la madurez de la persona en Cristo. 65

c) Puesto que la vida comunitaria, desde la primera formaci贸n, debe mostrar 芦la intr铆nseca dimensi贸n misionera de la consagraci贸n禄, 66 y esta etapa se caracteriza por los compromisos apost贸licos asumidos en nombre de la comunidad, ser谩n de gran utilidad cursos de catequ茅tica y pedagog铆a, especialmente de pastoral de la juventud. En efecto, los compromisos apost贸licos requieren el conocimiento m谩s profundo de algunos temas de la eclesiolog铆a promovida por el Concilio Vaticano II, por ejemplo, la colaboraci贸n pastoral de los religiosos con los presb铆teros y los laicos bajo la gu铆a de los Pastores, 67 el Derecho de la Iglesia, la 芦missio ad gentes禄, el ecumenismo, el di谩logo interreligioso, 68 la relaci贸n de la Iglesia con el mundo, el deber social y pol铆tico de los cristianos y la responsabilidad espec铆fica, en este 谩mbito, de las personas consagradas. 69 Todas estas materias deber谩n ofrecer un base s贸lida a la acci贸n pastoral y misionera de la Iglesia-misterio y comuni贸n en la hora de la Nueva Evangelizaci贸n. Tambi茅n en esta fase de la profesi贸n temporal ser谩 positivo profundizar en la contribuci贸n carism谩tica con que los diversos institutos participan en la misi贸n de la Iglesia.

d) Estas funciones podr谩n ser desempe帽adas por centros especializados de estudio, de los que se hablar谩 en la tercera parte, o por medio de iniciativas o cursos m谩s accesibles, sea por el nivel de los estudios, sea por el n煤mero reducido de las materias propuestas, o por la menor duraci贸n del cometido.

Reviste particular importancia la colaboraci贸n entre institutos en las iniciativas o cursos que ayudan a la preparaci贸n para la profesi贸n perpetua. 70

Tambi茅n para las iniciativas y los cursos de esta fase, impl铆quese a los formadores y formadoras en la programaci贸n, realizaci贸n y evaluaci贸n. Esa implicaci贸n puede convertirse para ellos en un est铆mulo de actualizaci贸n en vista de su objetivo, y para todos en un motivo de confrontaci贸n para responder de un modo m谩s eficaz a las expectativas de los j贸venes.

e) Los religiosos y las religiosas que frecuentan otros centros de estudios, especialmente civiles (Universidades, Academias, etc.), para acceder a estudios human铆sticos, cient铆ficos o t茅cnicos, podr谩n encontrar en los centros de formaci贸n entre institutos la posibilidad de integrar su formaci贸n sobre todo con cursos de teolog铆a y pastoral.

La formaci贸n permanente

18. 芦La formaci贸n permanente, tanto para los Institutos de vida apost贸lica como para los de vida contemplativa, es una exigencia intr铆nseca a la consagraci贸n religiosa禄. 71 Ella promueve la actualizaci贸n teol贸gica y pastoral, la calidad de vida de cada miembro y de toda la comunidad con sol铆cita atenci贸n a los momentos de particular compromiso o a aquellos en los que se requiere una experiencia m谩s intensa de vida interior. 72 En relaci贸n con estos dinamismos de formaci贸n, 芦hay una juventud del esp铆ritu que permanece en el tiempo y que tiene que ver con el hecho de que el individuo busca y encuentra en cada ciclo vital un cometido diverso que realizar, un modo espec铆fico de ser, de servir y de amar. (...) Puesto que el sujeto de la formaci贸n es la persona en cada fase de la vida, el t茅rmino de la formaci贸n es la totalidad del ser humano, llamado a buscar y amar a Dios 鈥渃on todo el coraz贸n, con toda el alma y con todas las fuerzas鈥� (Dt 6, 5) y al pr贸jimo como a s铆 mismo. El amor a Dios y a los hermanos es un dinamismo vigoroso que puede inspirar constantemente el camino de crecimiento y de fidelidad禄. 73 Cada instituto est谩 llamado a proveer a la formaci贸n permanente de un modo org谩nico y en consonancia con la propia 铆ndole. Puede convertirse as铆 en modelo de vida consagrada, de fraternidad y de compromiso apost贸lico para las nuevas generaciones en formaci贸n, y atraer, con la propia vitalidad y fecundidad, nuevas vocaciones. 74

La Instrucci贸n Potissimum Institutioni y la Exhortaci贸n Vita Consecrata han dedicado amplio espacio a la formaci贸n continua, 75 describiendo su naturaleza, precisando sus objetivos y sus contenidos, pidiendo a los superiores, seg煤n el c贸digo, que proporcionen a los hermanos 芦los medios y el tiempo禄 76 necesarios para llevarla a cabo y designen un responsable de la formaci贸n permanente.

La colaboraci贸n entre institutos puede ser valiosa para organizar servicios permanentes y temporales, que den nuevo impulso a la vida espiritual, a la actualizaci贸n teol贸gico-pastoral y a una renovada cualificaci贸n para desarrollar con profesionalidad la misi贸n encomendada. Dar谩 un puesto de relieve a la profundizaci贸n de las l铆neas generales y de las prioridades pastorales de la Iglesia para realizar mejor la misi贸n evangelizadora en el mundo actual. Es de desear que a este fin las familias religiosas pongan a disposici贸n el personal mejor preparado.

Las Conferencias de los superiores y de las superioras mayores, y los responsables de los centros de estudio pongan, entre sus objetivos y programas, iniciativas adecuadas para la formaci贸n continua de los religiosos y de las religiosas. Es tambi茅n de desear una colaboraci贸n y una complementariedad cada vez m谩s eficaz entre ellos.

III. INSTITUTOS DE CIENCIAS RELIGIOSAS Y DE FORMACI脫N FILOS脫FICA Y TEOL脫GICA

19. En la primera y en la segunda parte se ha hablado de algunos criterios fundamentales que se refieren a las iniciativas de los centros de formaci贸n entre institutos y a las posibles formas de colaboraci贸n en las diversas fases de la misma formaci贸n. En esta tercera parte, en cambio, se trata de los institutos de ciencias religiosas y de filosof铆a y teolog铆a, que imparten una formaci贸n acad茅mica completa y, por lo mismo, tienen una estructura jur铆dica y exigencias organizativas particulares.

Es 煤til recordar que la formaci贸n de los religiosos hermanos, de las religiosas y de los di谩conos permanentes, y la formaci贸n de los religiosos candidatos al sacerdocio, tienen exigencias espec铆ficas que se deben respetar. Adem谩s, en inter茅s de la identidad de cada uno, es necesario distinguir entre la formaci贸n sacerdotal, la diaconal y la que requieren otros servicios eclesiales. 77 Por tanto, en la organizaci贸n de los contenidos del programa, el centro de estudio que se preocupa de la preparaci贸n de dichas personas consagradas, tenga presentes las caracter铆sticas propias de cada grupo.

Los institutos de ciencias religiosas

20. Los institutos de ciencias religiosas han surgido para dar a los religiosos hermanos y a las religiosas un adecuado nivel de formaci贸n human铆stica y teol贸gico-pastoral, que ha de realizarse teniendo presentes los contextos socioculturales de las personas a las que se proponen estos cursos, con el fin de cualificarlos y prepararlos mejor para los diversos servicios eclesiales, seg煤n los prop贸sitos de los institutos. 78

Ser谩 necesario ofrecer a los alumnos una s贸lida base filos贸fico-teol贸gica, habilitarlos a la tarea de educadores de la fe, prepararlos al anuncio expl铆cito del Evangelio y a la promoci贸n humana y social, hacerlos sensibles a la relaci贸n entre el Evangelio y la cultura, al di谩logo ecum茅nico e interreligioso, al discernimiento de los signos de los tiempos, a la integraci贸n en la pastoral org谩nica y a la apertura misionera en comuni贸n con la Iglesia universal y particular.

Adem谩s, deber谩n ofrecer una buena preparaci贸n, impregnada de valores evang茅licos, en las ciencias humanas (pedagog铆a - psicolog铆a - sociolog铆a - ciencia de la comunicaci贸n social), haci茅ndolos capaces de valerse de ellas en la transmisi贸n de la fe y en la formaci贸n de los disc铆pulos de Cristo.

Hay que procurar, adem谩s, un buen conocimiento de los grupos humanos y de los contextos culturales que deber谩n evangelizar, colaborando de este modo a superar el peligro de dicotom铆a entre la formaci贸n que las religiosas y los religiosos reciben, y los procesos de evangelizaci贸n correctamente inculturados. 79

Preoc煤pense finalmente de que haya cursos aptos para habilitar a los religiosos y a las religiosas a realizar m谩s eficazmente su apostolado espec铆fico en la Iglesia: cursos de pastoral para la juventud, los enfermos, la tercera edad, marginados u otras particulares actividades apost贸licas propias de la misi贸n de cada uno de los institutos.

21. La fundaci贸n y la direcci贸n de estos institutos dependen de las Conferencias de los Superiores o de las Superioras Mayores, o de un grupo de Superiores o Superioras Mayores, a quienes corresponde la 煤ltima responsabilidad. Se exige que cada centro tenga un estatuto propio en el que se definan la finalidad, los destinatarios, los servicios que intenta ofrecer y el organismo al que corresponde la responsabilidad inmediata. La confirmaci贸n de la erecci贸n y de la aprobaci贸n de los estatutos compete a la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica.

Para asegurar el adecuado desarrollo de su funci贸n, es necesario que el centro sea dirigido directamente por un equipo con un responsable propio. 脡ste, al realizar la tarea a 茅l encomendada, deber谩 garantizar la estabilidad y la competencia formativa. Cada trienio enviar谩 a esta Congregaci贸n un informe sobre las actividades llevadas a cabo.

En lo que ata帽e a la organizaci贸n de los cursos, vale cuanto prescribe el C贸digo en los cc. 659, 660 y 661, y la Potissimum Institutioni en el n. 61. 80

Se anima a los institutos de Ciencias Religiosas, destinados a la formaci贸n de quien no es candidato al sacerdocio, a afiliarse a una Facultad de Teolog铆a. Entonces se podr谩 promover una mejor formaci贸n doctrinal de los estudiantes, de modo que puedan eventualmente conseguir los oportunos grados acad茅micos o diplomas. 81

El posible reconocimiento civil de estos institutos es de gran utilidad; pero esto no debe prejuzgar o alterar sus propias finalidades formativas.

En este 谩mbito las universidades cat贸licas, as铆 como otros organismos a nivel de las Iglesias locales, pueden ofrecer v谩lidas iniciativas de estudios a realizarse en colaboraci贸n entre obispos y superiores-superioras mayores. 82

Los institutos de formaci贸n teol贸gica y filos贸fica para los religiosos candidatos al sacerdocio

22. Las normas fundamentales que regulan los centros intercongregacionales de formaci贸n filos贸fico-teol贸gica para religiosos candidatos al sacerdocio son las siguientes:

a) Erecci贸n can贸nica. Antes de proceder a la erecci贸n can贸nica de un centro de formaci贸n entre institutos de estudios filos贸ficos y teol贸gicos, tanto para la erecci贸n del Centro como los relativos estatutos, se deber谩 obtener la aprobaci贸n de la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, 83 la cual pedir谩 previamente el autorizado parecer de la Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos en lo que concierne a los territorios de misi贸n, y la aprobaci贸n de la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica 84 para todo lo referente a la organizaci贸n de los estudios de filosof铆a y de teolog铆a, as铆 como a los grados acad茅micos. A este prop贸sito se estimula a los institutos de filosof铆a y de teolog铆a, reservados a los candidatos al sacerdocio, a afiliarse respectivamente a una Facultad filos贸fica o a una Facultad teol贸gica. 85

b) Autoridad del instituto. En los Estatutos se definir谩 claramente de qu茅 modo ejercen su autoridad los superiores mayores que constituyen el organismo que ostenta la responsabilidad del centro.

Corresponde a esta autoridad, o a quien ella haya delegado 鈥攇eneralmente el Consejo Directivo鈥�, nombrar, confirmar o sustituir a los profesores, de acuerdo con el modo de proceder previsto por los Estatutos, 86 as铆 como tambi茅n pedir el consentimiento del superior competente y recibir la 芦profesi贸n de fe禄 exigida. 87 Al nombramiento de profesor va unido el 芦mandato禄 de ense帽ar en nombre de la Iglesia. 88 La ense帽anza que los profesores imparten a los alumnos ser谩 芦una exposici贸n objetiva y completa de la doctrina, estructurada en armon铆a con el Magisterio de la Iglesia禄. 89

La misma autoridad tendr谩 informados sobre la instrucci贸n que se imparte y sobre la marcha del centro, a los superiores mayores que env铆an los estudiantes y que deben garantizar ante la Iglesia y la propia Congregaci贸n la adecuada formaci贸n de los futuros religiosos-sacerdotes. Es necesario que informe tambi茅n el Presidente de la Comisi贸n Mixta Obispos-Superiores Mayores Religiosos para promover el mutuo conocimiento y la mutua colaboraci贸n. 90 Los superiores de los estudiantes 鈥攕ean superiores religiosos o los obispos responsables鈥� o, donde sea el caso, sus representantes, ser谩n invitados a reuniones peri贸dicas de consulta sobre la marcha del centro. Donde la incidencia eclesial y pastoral del centro lo requiera, se recomienda, en esp铆ritu de comuni贸n, la presencia de un Obispo como miembro del Consejo Directivo. 91

c) Programas. La formaci贸n intelectual del futuro sacerdote se basa y se construye sobre todo en el estudio de la 芦Sacra Doctrina禄.

芦La verdadera teolog铆a proviene de la fe y trata de conducir a la fe禄. 92 芦La formaci贸n teol贸gica, a la luz de la fe y bajo la gu铆a del magisterio, ha de darse de manera que los alumnos conozcan toda la doctrina cat贸lica, fundada en la Revelaci贸n divina, la hagan alimento de su propia vida espiritual y sepan comunicarla y defenderla convenientemente en el ejercicio de su ministerio禄. 93

En lo que se refiere a los estudios, se prestar谩 una atenci贸n especial a la integridad de las materias y del contenido prescrito para el sexenio filos贸fico-teol贸gico. 94 Respetando las exigencias propias de la vida religioso-sacerdotal y de la 芦intr铆nseca unidad del sacerdocio cat贸lico禄, tanto secular como religioso, 95 estos estudios deber谩n tener en cuenta el plan de formaci贸n sacerdotal establecido por la Santa Sede y por la Conferencia Episcopal del propio pa铆s, 96 proveyendo para que, en cualquier caso, se incluya siempre un curso de teolog铆a y espiritualidad de la vida religiosa y de teolog铆a de la Iglesia particular. 97 Tambi茅n en este caso el posible reconocimiento civil no debe perjudicar o alterar el programa de los estudios prescritos por la Iglesia.

Donde los institutos para la formaci贸n de los religiosos candidatos al sacerdocio acogen, por motivos serios, tambi茅n alumnos candidatos al diaconado permanente, o hermanos y religiosas destinados a otras actividades apost贸licas, el programa de estudios para los futuros sacerdotes debe figurar como una unidad plenamente reconocible y especial, 98 evitando que la formaci贸n sea una gen茅rica preparaci贸n ministerial com煤n a todos. Por lo mismo se deber谩n respetar las exigencias espec铆ficas de los otros alumnos, ofreci茅ndoles un programa apropiado que los prepare al ministerio del diaconado permanente o a los servicios eclesiales en consonancia con su vocaci贸n.

d) Profesores. La validez formativa y la consistencia de las iniciativas descritas dependen en gran parte de la competencia espec铆fica, del 芦sensus ecclesiae禄 y de la autoridad religiosa de los profesores, adem谩s de la organizaci贸n de los programas y de la vida del instituto mismo. Los profesores, de un modo particular, deben recordar que su ense帽anza 芦debe abrir y comunicar la inteligencia de la fe 煤ltimamente en el nombre del Se帽or y de la Iglesia禄. 99 T茅nganlo en cuenta los Superiores Mayores en la elecci贸n de los profesores. Por encima de otros cometidos pastorales sepan dar la primac铆a a la preparaci贸n de las nuevas generaciones, d谩ndoles los mejores profesores y formadores. Se trata de una responsabilidad eclesial que no pueden desatender, para el bien del Pueblo de Dios, de la vida religiosa y del propio instituto, en el presente y en el futuro.

Adem谩s de la competencia acad茅mica, los profesores cuiden la capacidad did谩ctica que su cometido exige. 100 Se debe tener especial cuidado en garantizar la calidad de la ense帽anza para las disciplinas que constituyen la parte fundamental del curriculum de los estudios.

Es necesario que cada profesor de materias teol贸gicas posea el mandato de ense帽ar. 101 Los superiores competentes, antes de dar el propio consentimiento al nombramiento de un profesor, deben estar seguros de que el interesado posee la debida preparaci贸n, la fidelidad al Magisterio y el respeto de la tradici贸n necesarios, as铆 como la capacidad de preparar sacerdotes para el servicio de los hombres de nuestro tiempo. 102

e) Admisi贸n. Para la admisi贸n al centro de estudio filos贸fico-teol贸gico se requiere que el candidato haya alcanzado el nivel de estudio indicado en los Estatutos, teniendo en cuenta las normas can贸nicas as铆 como las necesidades de los lugares y de los tiempos. Tambi茅n es necesaria la presentaci贸n escrita por parte del superior mayor o del superior de la casa de formaci贸n a la que pertenece.

Tambi茅n pueden ser admitidos candidatos del clero diocesano, a petici贸n escrita del Obispo respectivo, el cual, seg煤n los Estatutos del centro, asume los derechos y los deberes de los Superiores que env铆an estudiantes a 茅l.

El instituto tiene el derecho de excluir de los propios programas a un estudiante que, en el curso del a帽o, se revele incapaz de responder a los objetivos y a las condiciones de admisi贸n, aunque presente elevadas capacidades intelectuales y diligencia en los estudios. Tal dimisi贸n no impide que su superior pueda disponer para 茅l otras opciones en una sede diferente.

f) Comunidad de formaci贸n y centro de estudios filos贸fico-teol贸gicos. El Superior y el equipo de formaci贸n de cada instituto religioso ser谩n siempre los principales responsables de la formaci贸n religioso-sacerdotal de los propios miembros. Guiar谩n y coordinar谩n la vida comunitaria, el programa global de formaci贸n y los cursos complementarios espec铆ficos del propio instituto, seg煤n la propia espiritualidad y finalidad pastoral, como realidad unificante de la formaci贸n humana, doctrinal, espiritual y pastoral. Mantendr谩n un contacto peri贸dico con el centro de estudios y se interesar谩n activamente por sus programas.

En el proceso de discernimiento y en la evaluaci贸n de la idoneidad de los religiosos candidatos al sacerdocio, los Superiores sepan consultar a los profesores y a los colaboradores en la formaci贸n pastoral. De ello pueden beneficiarse la comunidad formativa y tambi茅n el centro de estudios, que sentir谩 solicitada su responsabilidad en el camino formativo de los futuros sacerdotes.

Finalmente, es de desear que cada instituto religioso que env铆a alumnos al centro, se empe帽e en contribuir con alg煤n miembro cualificado a la ense帽anza o a la animaci贸n de la vida del mismo centro.

g) Iniciativas propias. Las iniciativas descritas de colaboraci贸n entre institutos se distinguen de los centros filos贸ficos o teol贸gicos erigidos bajo la responsabilidad de un instituto religioso que, manteniendo su propia autonom铆a, admite como estudiantes a religiosos de otros institutos. 103 Estos centros siguen la normativa propia.

IV. COLABORACI脫N ENTRE INSTITUTOS PARA LA FORMACI脫N DE LOS FORMADORES Y DE LAS FORMADORAS

El servicio de la formaci贸n

23. El servicio de la formaci贸n, aut茅ntico 芦ministerio eclesial禄 (Pablo VI), es un arte: 芦el arte de las artes禄. 104 Para los formadores y las formadoras comporta el esfuerzo constante de conocer la realidad juvenil, junto con la capacidad pedag贸gica y espiritual de acompa帽ar y guiar a los j贸venes y a las j贸venes. Su servicio es una mediaci贸n cualificada por una precisa referencia trinitaria: 芦La formaci贸n es una participaci贸n en la acci贸n del Padre que, mediante el Esp铆ritu, infunde en el coraz贸n de los j贸venes y de las j贸venes los sentimientos del Hijo禄. Para ejercer esa 芦mediaci贸n participativa禄, 芦los formadores y las formadoras deben ser, por tanto, personas expertas en los caminos que llevan a Dios, para poder ser as铆 capaces de acompa帽ar a otros en ese recorrido. (...) A las luces de la sabidur铆a espiritual a帽adir谩n tambi茅n aquellas que ofrecen los instrumentos humanos que pueden servir de ayuda, tanto en el discernimiento vocacional, como en la formaci贸n del hombre nuevo, para que sea aut茅nticamente libre (...)禄. 105 Este cometido exige, pues, una seria y s贸lida preparaci贸n de los futuros formadores, y una entrega generosa y total por su parte en el empe帽o de ser imitadores de Cristo en el servicio a los hermanos. 106 芦No obstante las necesidades apost贸licas y la situaci贸n de urgencia en la que las Familias religiosas act煤an, sigue siendo prioritario un atento cuidado en la elecci贸n y en la preparaci贸n de los formadores y de las formadoras. Se trata de uno de los ministerios m谩s dif铆ciles y delicados... Los j贸venes y las j贸venes necesitan sobre todo maestros que sean para ellos hombres de Dios, conocedores respetuosos del coraz贸n humano y de los caminos del Esp铆ritu, capaces de responder a sus exigencias de mayor interioridad, de experiencia de Dios, de fraternidad, y capaces de iniciarlos en la misi贸n. Formadores que sepan educar al discernimiento, a la docilidad y a la obediencia, a la lectura de los signos de los tiempos y de las necesidades de la gente, y a responder a ello con solicitud y audacia en plena comuni贸n eclesial禄. 107

Cuidadosa elecci贸n y s贸lida preparaci贸n de los formadores

24. Para que una Familia Religiosa tenga a disposici贸n miembros cualificados en este ministerio, los superiores y las superioras mayores, como compromiso primario suyo, elijan cuidadosamente los futuros formadores. Los criterios de elecci贸n, las cualidades exigidas, la preparaci贸n y la actualizaci贸n sean definidos por las normas propias de cada instituto y desarrollados en la Ratio Institutionis.

Ellos les ofrecer谩n programas y oportunidades que aseguren la necesaria formaci贸n teol贸gica y pedag贸gica, espiritual y tambi茅n en las ciencias humanas, as铆 como una precisa capacitaci贸n en relaci贸n con las funciones que han de desempe帽ar a los largo del itinerario de formaci贸n. Los formadores deben ser expertos, de modo particular, en los temas que se refieren al patrimonio espiritual del Fundador o de la Fundadora.

Este Dicasterio anima una vez m谩s a las Familias Religiosas a proseguir en los esfuerzos para una adecuada preparaci贸n de los responsables de la formaci贸n inicial y permanente.

Colaboraci贸n entre institutos

25. Las experiencias de colaboraci贸n entre institutos ofrecen un amplio panorama para la preparaci贸n de los formadores. Existen centros de nivel universitario o parauniversitario con programas sistem谩ticos que ofrecen la posibilidad de conseguir t铆tulos acad茅micos o reconocidos por la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica; cursos intensivos, distribuidos a lo largo de un a帽o o de un semestre, destinados sobre todo a formadoras y formadores al principio de su cometido y ya insertos en comunidades de formaci贸n. Se ofrecen cursos de actualizaci贸n, encuentros regulares para formadores y formadoras empe帽ados en la misma fase de formaci贸n y sesiones de estudio, de intercambio y de reflexi贸n sobre temas educativos concretos. Muchos de estos cursos son organizados por las Conferencias de los Superiores y de las Superioras Mayores, otros por un Consorcio de institutos, o son iniciativas promovidas por centros especializados o por Facultades universitarias.

Dada la necesidad urgente de formadores cualificados, este Dicasterio invita a intensificar la colaboraci贸n entre los institutos, poniendo unos a disposici贸n de otros programas, experiencias y, en cuanto sea posible, el mismo personal m谩s cualificado para un enriquecimiento rec铆proco, en beneficio de los institutos, de la Iglesia y de su misi贸n en el mundo. 108

Cursos

26. Entre los criterios que gu铆an la organizaci贸n de esos cursos subrayamos los siguientes:

a) Su orientaci贸n espec铆fica tenga como finalidad habilitar a los educadores para la formaci贸n integral del religioso o de la religiosa en la unidad y en la originalidad de la persona, desarrollando todas las dimensiones de la consagraci贸n bautismal y religiosa. Por tanto, los cursos contribuyan a la preparaci贸n doctrinal, espiritual, can贸nica y pedag贸gico-pastoral. Garanticen sobre todo una s贸lida formaci贸n teol贸gica, especialmente en los campos de la espiritualidad, de la moral y de la vida religiosa. Ayuden, adem谩s, a los formadores a tomar conciencia del car谩cter org谩nico del proceso formativo y de las finalidades espec铆ficas de cada una de las etapas.

Los cursos ayuden sobre todo a los formadores a transmitir el arte de la lectura teol贸gica de los signos de los tiempos 109 para que puedan as铆 discernir la presencia, el amor y la voluntad de Dios en todas las cosas: en la Revelaci贸n y en la Creaci贸n, en la Iglesia, en los sacramentos y en las personas, en las circunstancias ordinarias y extraordinarias de la vida, en el camino de la historia; 110 sean, por lo mismo, una v谩lida contribuci贸n para adquirir el arte de inspirar y alimentar un profundo amor a las Personas de la Sant铆sima Trinidad y a la Eucarist铆a, como tambi茅n a Mar铆a, Madre de Jes煤s y de la Iglesia, y a los santos Fundadores, y de guiar a una vida de oraci贸n m谩s profunda. 111

La programaci贸n de los cursos d茅 la debida importancia a la vida fraterna en comunidad y a la misi贸n de los institutos 112 y ofrezca los medios adecuados para consolidar o recuperar el esp铆ritu de unidad y corresponsabilidad entre los miembros, el esp铆ritu apost贸lico y una actitud de justicia, de solidaridad y de misericordia hacia los m谩s necesitados. 芦Se pide a las personas consagradas que sean verdaderamente expertas en comuni贸n, y que vivan la respectiva espiritualidad como 鈥渢estigos y art铆fices de aquel 'proyecto de comuni贸n' que constituye la cima de la historia del hombre seg煤n Dios鈥澛�. 113 Proc煤rese subrayar la dignidad de la vocaci贸n de los seglares y del clero diocesano, promoviendo la colaboraci贸n con ellos y el compartir el esp铆ritu y la misi贸n del instituto. 114

b) Los cursos

鈥� Ayuden adem谩s a desarrollar en los formadores y en las formadoras la capacidad de relaci贸n, de escucha, de discernimiento vocacional y de educaci贸n de los j贸venes y de los adultos al discernimiento y al compromiso.

鈥� Ayuden a desarrollar la capacidad de gu铆a espiritual y de acompa帽amiento pedag贸gico y psicol贸gico, cuyas finalidades y niveles de intervenci贸n se diferencian, aunque convergen en la maduraci贸n integral de la persona consagrada a Dios. Ofrezcan tambi茅n los instrumentos para captar y saber afrontar, con la ayuda de expertos, cuando sea necesario, situaciones particulares y problemas personales.

鈥� Ayuden a la lectura y a la comprensi贸n de los diversos contextos culturales, para favorecer una formaci贸n en consonancia con las exigencias de la cultura de origen de los religiosos y de las religiosas, o de la cultura del pueblo en el que trabajan. Es importante que se aprenda a apreciar los valores aut茅nticos que llevan la impronta del Evangelio o est谩n abiertos a 茅l, y a discernir aquellos elementos que deben ser purificados o rechazados. 115

鈥� Sean una ayuda para conocer y responder a los desaf铆os que la Iglesia encuentra en nuestros d铆as y para asumir las prioridades pastorales que el Santo Padre y los Obispos unidos con 茅l proponen a la reflexi贸n de los fieles. 芦Se invita, pues, a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy. Esta invitaci贸n es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de santidad a trav茅s de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana禄. 116

c) Estudien los formadores c贸mo preparar a los miembros de su comunidad para la tarea de la Nueva Evangelizaci贸n: anunciar a Cristo, Buena Nueva del Padre, a todos los hombres. Ello implica, en particular, la necesaria preparaci贸n para la evangelizaci贸n de la cultura, para la pastoral en favor de la vida, de la familia y de la solidaridad, para la opci贸n evang茅lica en favor los pobres, la formaci贸n de los j贸venes, la misi贸n 芦ad gentes禄, el compromiso ecum茅nico y el di谩logo interreligioso, la comunicaci贸n social, etc. 117 Aprendan a acoger las esperanzas y los interrogantes de los j贸venes 鈥攈ijos de nuestro tiempo鈥� que entren en las comunidades, y los preparen para que encarnen lo mejor de la propia 茅poca y den una respuesta de santidad y de caridad activa a las necesidades de los tiempos. Formar es siempre preparar al servicio que la Iglesia y la sociedad necesitan en una 茅poca y en un 谩mbito cultural determinado.

Una formaci贸n integral, precisamente porque tiene su eje en la educaci贸n de la fe y en la maduraci贸n en el compromiso de la consagraci贸n-misi贸n, debe tener en cuenta tambi茅n las nuevas formas de pobreza y de injusticia de nuestro tiempo. En este campo los cursos de los centros de formaci贸n entre institutos, sin caer en consideraciones reductivas, pueden ser un apoyo v谩lido para formadores y formadoras.

d) Los cursos para formadores y formadoras constituyan una experiencia de crecimiento espiritual y ayuden a su formaci贸n permanente. La tarea de acompa帽ar a los j贸venes en su camino de crecimiento lleva consigo una invitaci贸n constante de Cristo, Maestro y Se帽or, a intensificar la vida de oraci贸n, la intimidad con 脡l, y a abrazar la cruz que sella el delicado ministerio de la formaci贸n, poniendo siempre la propia confianza en su gu铆a y en su gracia.

La obra de la formaci贸n se desarrolla a lo largo del eje del seguimiento de 芦Cristo casto, pobre y obediente 鈥攅l Orante, el Consagrado y el Misionero del Padre禄, 118 鈥� y tiene su centro en el Misterio Pascual. Por lo mismo, la preparaci贸n de los formadores y de las formadoras no puede ser s贸lo intelectual, doctrinal, pastoral y profesional; es sobre todo experiencia profunda, humana y religiosa de participaci贸n en el misterio de Cristo y en el acercamiento respetuoso al misterio de la persona humana. En Cristo es experiencia de filiaci贸n ante el Padre y de docilidad al Esp铆ritu, de fraternidad y de compartir, de paternidad y maternidad en el Esp铆ritu: 芦Hijos m铆os, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros禄 (Gal 4, 19). Es 煤til que en esta luz los formadores puedan encontrarse entre s铆 como personas consagradas, para confrontarse sobre su camino de fe, orar juntos, dejarse interpelar por la Palabra y celebrar la Eucarist铆a. Podr谩n enriquecerse con la experiencia de la bondad y la sabidur铆a del Maestro, que, con la efusi贸n de Su Esp铆ritu y mediante la acci贸n maternal de Mar铆a, contin煤a su obra tambi茅n, y de un modo privilegiado, a trav茅s de su mediaci贸n en la vida y en las experiencias de aquellos a quienes ayudan a vivir como 芦conciudadanos de los santos y familiares de Dios禄 (Ef 2, 19).

CONCLUSI脫N

27. 芦La conciencia de la hora actual de la historia y de nuestras responsabilidades exige asegurar a los j贸venes religiosos y a las j贸venes religiosas una formaci贸n adecuada, lo m谩s completa posible, en la fidelidad din谩mica a Cristo y a la Iglesia, al carisma del Fundador y a nuestro tiempo禄. 119

El Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, al ofrecer los criterios y las directrices presentados en este documento, ha intentado valorar, ordenar y promover la amplia y m煤ltiple experiencia en el 谩mbito de la colaboraci贸n entre institutos, que ha madurado gracias al Concilio Vaticano II y se ha desarrollado en estos a帽os.

La colaboraci贸n entre institutos, que promueve el compartir de los dones carism谩ticos, respeta la diversidad y se pone a su servicio, es una respuesta concreta a las llamadas de la Iglesia para ayudar al religioso y a la religiosa a formarse, realizando la unidad de la propia vida en Cristo por medio del Esp铆ritu. 120 En efecto, los consagrados est谩n llamados a insertarse en el mundo contempor谩neo para ofrecer un valioso testimonio de plenitud humana y cristiana, seg煤n la forma de vida que Cristo Se帽or eligi贸, que Mar铆a, Virgen Madre, abraz贸 121 y que 脡l mismo propuso a sus disc铆pulos. 122

Los religiosos y las religiosas cumplir谩n as铆 su misi贸n, como cristianos llamados a ser 芦memoria viva del modo de existir y de actuar de Jes煤s禄 123 y 芦suscitados por Dios para ser pioneros en los caminos de la misi贸n y en los senderos del Esp铆ritu禄. 124 Con el nuevo ardor de su vida y de su palabra, con los nuevos m茅todos y las nuevas expresiones de su obra, ser谩n cooperadores fieles y audaces de Dios, signos de esperanza en 芦servir al hombre revel谩ndole el amor de Dios que se ha manifestado en Jesucristo禄. 125

El 31 de octubre de 1998 el Santo Padre ha aprobado el presente documento de la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, y ha autorizado su publicaci贸n.

Roma, 8 de diciembre de 1998, solemnidad de la Inmaculada Concepci贸n de la Bienaventurada Virgen Mar铆a.

Eduardo Card. Mart铆nez Somalo
Prefecto

Piergiorgio Silvano Nesti, CP
Secretario

SIGLAS

Documentos del Concilio Vaticano II

LG - Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium, 1965.

OT - Decreto Optatam totius, 1965.

PC - Decreto Perfectae caritatis, 1965.

Documentos de los Papas

ChL - Exhortaci贸n apost贸lica Christifideles laici, Juan Pablo II, 1989.

PDV - Exhortaci贸n apost贸lica Pastores dabo vobis, Juan Pablo II, 1992.

RM - Carta enc铆clica Redemptoris missio, Juan Pablo II, 1990.

VC - Exhortaci贸n apost贸lica Vita consecrata, Juan Pablo II, 1996.

Otros documentos de la Santa Sede

c. - c谩nones del C贸digo de Derecho Can贸nico, 1983.

EE - Elementos esenciales de la ense帽anza de la Iglesia sobre la vida religiosa, CRIS, 1983.

MR - Mutuae Relationes, CRIS y Congregaci贸n para los Obispos, 1978.

PI - Potissimum institutioni, CIVCSVA, 1990.

RC - Renovationis causam, CRIS, 1969.

RFIS - Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis, Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, 1970.

RPU - Religiosos y promoci贸n humana, CRIS, 1980.

VFC - Vida fraterna en comunidad, CIVCSVA, 1994.


1

Cf. LG 7; ChL 21.24.

2

Cf. LG 43-44; VC 1-3.

3

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost贸lica, Poissimum Institutioni, 2 de febrero de 1990.

4

Cf. PC 8; c. 675.

5

PI 98-100.

6

PI, 72-85.

7

Por Centros de formaci贸n entre institutos (a veces llamados intercongregacionales) se entienden las diversas formas de colaboraci贸n entre institutos religiosos al servicio de la formaci贸n.

8

Juan Pablo II, Mensaje a la XIV Asamblea General de la 芦Conferencia dos Religiosos do Brasil禄 (C.R.B.), 11 de julio de 1986: Insegnamenti, IX2 (1986) p. 239.

9

Ib. 4, p. 242; cf. VC 53.

10

Ib. 4, p. 242.

11

Cf. PC 18; ET 52; VC 68.

12

Cf. RM 2; VC 67.73.

13

Cf. PC 1; RPH 22; ChL 18-21.32.

14

Cf. cc. 646-653 y 659-661.

15

Cf. MR 11.

16

Cf. MR 14b; cf. c. 574 搂 1; VC 4-5.29.33-34.

17

VC 37.

18

Cf. PC 1; c. 577; VC 19.47-48.

19

MR 11.

20

Cf. c. 586 搂 2; VC 48.

21

PI 98; cf. cc. 587 搂 1. 646. 659.

22

Cf. PI 46. 90-91; cf. c. 577.

23

Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Regi贸n Nor-Este 2 de la 芦Conferencia Nacional dos Bispos do Brasil禄 (C.N.B.B.), 11.7.1995, L'Osservatore Romano, 12 de julio de 1995, p. 5.

24

Cf. cc. 646-653 para la formaci贸n de los novicios; cc. 659-660 para la formaci贸n de los profesos temporales; c. 661 para la formaci贸n permanente.

25

VC 53.

26

PC 2; cc. 576.578.

27

VC 3; cf. VC 29.

28

Cf. LG 44; MR 11; cc. 576-578.587 搂 1; VC 25. 35.92-95.

29

Cf. VC 52.

30

Cf. VC 66.93; Nuevas vocaciones para una nueva Europa. Actas del Congreso, Roma, 10-15 de mayo de 1997, nn. 15-19.

31

Cf. Santo Tom谩s de Aquino, Summa Theologiae, IIa-IIae, q. 184, a. 4.

32

Cf. VC 52.

33

Juan Pablo II, Alocuci贸n a las Superioras Generales (U.I.S.G.), Roma, 18 de mayo de 1995, Insegnamenti XVIII1 (1995) p. 1323.

34

Cf. VC 73.

35

Cf. c. 659 搂 2 搂 3; PI 103.

36

Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Regi贸n Nor-Este 2 de la 芦Conferencia Nacional dos Bispos do Brasil禄 (C.N.B.B.), 11 de julio de 1995, L'Osservatore Romano, 12 de julio de 1995, p. 5.

37

Cf. PI 99.

38

Cf. EE 47; PI 60.

39

Cf. PI 26-27.

40

VFC 43.

41

Juan Pablo II, Discurso a las religiosas. Florianopolis, Brasil, 18 de octubre de 1991: Insegnamenti XIV2 (1991) p. 928.

42

Cf. EE III 搂 12; MR 46; RPH 9; cc. 659.665 搂 1.

43

En este documento se llaman 芦centros de formaci贸n entre institutos禄 鈥攃omo ya se ha dicho en la nota 7鈥� todas las instituciones intercongregacionales que colaboran en la formaci贸n de los propios miembros, sea que ofrezcan cursos complementarios o programas completos de estudio. En cambio, los centros que imparten una formaci贸n acad茅mica completa, en el presente documento se llaman 芦institutos de ciencias religiosas禄 o/y de 芦formaci贸n filos贸fica y teol贸gica禄.

44

PC 23.

45

PI 98-100.

46

MR 28.31; VC 46.50.

47

Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Regi贸n Nor-Este 2 de la 芦Conferencia Nacional dos Bispos do Brasil禄 (C.N.B.B.), 11.7.1995, L'Osservatore Romano, 12 de julio de 1995, p. 5.

48

Cf. cc. 646.659-661; PDV 42-59.

49

Cf. OT 14; VC 14-16.

50

Cf. VC 49; cf. PI 24-25.

51

Cf. PI 42-44.

52

Cf. RC 4.

53

Cf. PI 45; c. 646.

54

Cf. cc. 646.652 搂搂 2-4.

55

Juan Pablo II, Discurso a los Obispos de la Regi贸n Nor-Este 2 de la 芦Conferencia Nacional dos Bispos do Brasil禄 (C.N.B.B.), 11.7.1995, L'Osservatore Romano, 12 de julio de 1995, p. 5.

56

Cf. c. 652 搂 2.

57

Cf. cc. 646.648.652 搂 5.

58

Cf. VC 46.52.

59

Cf. c. 652 搂 1.

60

Cf. PI 13.39-41.

61

Cf. cc. 659-660; PI 58.

62

Cf. PI 58-65.

63

PI 60.

64

Cf. VC 16.65.

65

Cf. PI 35-38.

66

VC 67.

67

Cf. MR 18.36.37.40.56-58; cc. 675 搂 3.687.680.681 搂 1; VC 16.31. 54-55.

68

Cf. VC 102.

69

Cf. RPH.

70

Cf. PI 64.

71

VC 69.

72

Cf. PI 70.

73

VC 70-71.

74

Cf. VFC 43.54-57; VC 64.

75

Cf. PI 66-71; VC 69-71.

76

c. 661.

77

Cf. cc. 659-660.

78

Cf. MR 31.

79

Cf. Juan Pablo II, Exhortaci贸n Apost贸lica Ecclesia in Africa, 1995, 55-71.

80

Es necesario distinguir los institutos de ciencias religiosas 鈥攄e los que se trata en el presente documento鈥� de los institutos 芦superiores禄 de ciencias religiosas que son erigidos por la Santa Sede y son afiliados a una Facultad Teol贸gica (cf. Normativa per gli Istituti Superiori di Scienze Religiose, Seminarium 1 (1991) pp. 194-201.

81

Juan Pablo II, Constituci贸n apost贸lica Sapientia Christiana, 1979, Parte I: Normas comunes, art. 62 搂 1, y Parte II: Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Normas aplicativas de la misma, art. 47.

82

MR 31.

83

Cf. c. 237 搂 2. Dada la falta de una norma espec铆fica al respecto, las referencias can贸nicas se interpretan 芦por analog铆a禄.

84

Cf. PB 108 搂 2.

85

Cf. Sapientia Christiana, Parte I: Normas comunes, art. 62, y Parte II: Normas aplicativas, art. 47.

86

Cf. Sapientia Christiana, Parte I: Normas comunes, art. 24.

87

c. 833.

88

c. 812.

89

MR 31.

90

Cf. VC 50.

91

VC 48-50.

92

PDV 53.

93

c. 252 搂 1.

94

Cf. cc. 250. 252-258. 1032.

95

Cf. OT, Proemio; RFIS, I, 1-4; PI 108-109.

96

Cf. c. 242; RFIS I, 2.

97

Cf. VC 50.

98

PDV 61.

99

PDV 67.100.

100

0 Cf. c. 254.

101

1 Cf. c. 812.

102

2 Cf. cc. 248. 253; Juan Pablo II, Constituci贸n apost贸lica Ex corde Ecclesiae sobre las Universidades Cat贸licas, 15 de agosto de 1990, Parte II: Normas generales, 4, 3; Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n Donum Veritatis, sobre la vocaci贸n eclesial del te贸logo, 24 de mayo de 1990, 6. 7.

103

3 Cf. c. 586.

104

4 RFIS V, 30.

105

5 VC 66.

106

6 Cf. 1 Cor 11, 1; 1 Ts 1, 6.

107

7 Juan Pablo II, Mensaje a la XIV Asamblea General de la 芦Conferencia dos Religiosos do Brasil禄 (C.R.B.), 11 de julio de 1986: Insegnamenti, IX2 (1986) p. 242; cf. Juan Pablo II, Discurso a la Plenaria de la CIVCSVA, 1 de diciembre de 1988: Insegnamenti, XI4 (1988) pp. 1703-1706.

108

8 Cf. Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Directrices sobre la preparaci贸n de los educadores en los seminarios, 1993, 79. 82; CD 5. 35; MR 31. 37; VC 53.

109

9 Cf. VC 73. 94.

110

0 Cf. VC 53.

111

1 Cf. VC 94. 95.

112

2 Cf. VC 41-42. 72.

113

3 Cf. VC 46; cf. RPH 24.

114

4 Cf. MR 37; VC 4. 15. 31. 56.

115

5 VC 79-80.

116

6 Cf. VC 37.

117

7 Cf. VC 77-83. 96-99. 101-103.

118

8 VC 77.

119

9 Juan Pablo II, Mensaje a la XIV Asamblea General de la 芦Conferencia dos Religiosos do Brasil禄 (C.R.B.), 11 de julio de 1986: Insegnamenti, IX2 (1986) p. 241.

120

0 Cf. PI 1.

121

1 Cf. LG 46; VC 18.

122

2 Cf. LG 44.

123

3 VC 22.

124

4 Juan Pablo II, Mensaje a la XIV Asamblea General de la 芦Conferencia dos Religiosos do Brasil禄 (C.R.B.), 11 de julio de 1986: Insegnamenti, IX2 (1986) p. 238.

125

5 Cf. RM 2; VC 110.
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