Soporte
Mons. Charles Chaput, Tontos con herramientas
Incrementar tamaño de fuente Disminuir tamaño de fuente
Compartir

Tontos con herramientas

Mons. Charles Chaput,
Arzobispo de Denver

De acuerdo a un dicho popular norteamericano, "los tontos, con herramientas, siguen siendo tontos" (fools with tools are still fools). La fuerza de estas palabras puede ser difícil de traducir completamente a otro idioma que no sea el inglés norteamericano. Pero en su ironía directa, sencilla, enseñan una lección importante: las herramientas nos pueden dar poder sobre lo que nos rodea, pero no nos dan el carácter y la prudencia para usarlas bien. Un tonto con una fábrica o una computadora o una pistola, o mil pistolas, sigue siendo un tonto. El poder no se justifica a sí mismo. Eso debe venir de otro lugar. Comportarse como si fuera de otra manera es tan peligroso como ignorante. Estoy escribiendo este artículo en las vísperas de un probable ataque estadounidense a Irak. Creo que tal ataque sería un grave error, tanto como una violación a la justicia así como una mala estrategia internacional. Pero que el ataque finalmente ocurra o no, es irrelevante por el siguiente hecho: la proyección del poder global norteamericano no es en primer lugar un asunto militar. El verdadero poder americano es ejercitado a través de la exportación global de hábitos, símbolos, ideas y actitudes que derivan de su poder económico, que a su vez deriva del dominio estadounidense de la revolución informática que está barriendo el planeta. Más aún, esta influencia continuará, y tal vez aumentará, sin importar cuál sea el resultado de la confrontación armada con Saddam Hussein. Voy a dar un paso más. Más allá del hecho de que hoy en día es la única superpotencia mundial, los Estados Unidos está sobrestimando seriamente lo que el poder militar puede lograr. En su libro «La Transformación de la Guerra» (The Transformation of War), Martin van Creveld sostiene que el poder militar de todas las grandes potencias actuales fue creado para combatir en un mundo que no existe más. Tiene razón. Los escuadrones de portaaviones en el Golfo hacen grandes noticias televisivas para el público en los hogares. Pero son drásticamente inadecuados para infligir el tipo de daño necesario para quebrar a Irak. Las armas nucleares tal vez puedan lograr eso, pero su uso está excluido tanto por la censura mundial como por el miedo de que un ataque de ese tipo pueda disparar la respuesta de terceros, y extenderse. En otras palabras, lo que hizo poderoso a los Estados Unidos durante la Guerra Fría -la amenaza de una disuasión masiva nuclear, junto con fuerzas militares y navales de primera calidad y de alta tecnología- es ahora en su mayor parte inútil en conflictos regionales, étnicos y religiosos, que son el rostro del futuro. Por lo menos en el campo de batalla, los Estados Unidos arriesga convertirse en el único Goliat que queda, en un mundo de decididos Davids. El tema de Creveld -y el futurista Alvin Toffler y otros estarían de acuerdo- es que la nación-estado, como lo hemos entendido por 300 años, ha sido minada por cambios económicos fundamentales. Está muriendo. Sus formas e instituciones todavía existen, pero su influencia está declinando. Eso sonará a buenas noticias para quienes ven en las Naciones Unidas un saludable sucesor de los competitivos intereses nacionales del siglo 20. Pero no es así de sencillo. La misma Organización de las Naciones Unidas es una creatura de las suposiciones de las grandes potencias en la década de los '40. Es el equivalente político de la manera como los escritores de ciencia ficción en los '30 se imaginaban el mundo de los '80, a través de un vidrio, oscuramente. A pesar de algunos modestos éxitos de la ONU y de muchos nobles intentos, ninguna superpotencia ha permitido que las Naciones Unidas se interponga en el camino de lo que ha percibido como sus propios intereses críticos. Y siempre será así, porque la debilidad política está programada en el código genético mismo de la organización. Sus arquitectos la diseñaron como un foro y un árbitro entre las naciones-estado, no como un policía en serio. Así, como es de esperar, las superpotencias la forzarán a un lado, o la forzarán a adecuarse a su voluntad. Regresemos ahora a lo que creo que es la fuente real del poder estadounidense: la influencia económica enraizada en el dominio de la actual revolución informática. Obviamente, estoy hablando aquí en términos muy amplios, porque todas las naciones desarrolladas contribuyen al actual crecimiento de la cultura de información. Pero no es un accidente que, así como el griego de la koiné se convirtió en el idioma del comercio en el antiguo mundo del Mediterráneo, el inglés se ha convertido en la koiné de las nuevas economías basadas en el conocimiento. Son principalmente la tecnología norteamericana, los chips norteamericanos, las fibras ópticas norteamerinanas, los satélites norteamericanos, los que están construyendo la red neurálgica de la nueva mentalidad global. De hecho, el analista de empresas Peter Drucker sostiene que los Estados Unidos es la primera genuina «sociedad del conocimiento» en la historia, una sociedad donde la información, no el oro o el petróleo, es la fuente primaria de la riqueza. Si combinamos ese hecho con la observación hecha por Francis Bacon hace 500 años, que «saber es poder», podemos empezar a entender cómo lucirá el terreno postnacional del próximo siglo. No necesariamente habrá una Pax Americana. Podríamos ver muy poca pax, y 'americana' difícilmente tendrá el mismo sentido que tuvo en los años '40. Los cambios en la información global conducirán a desbalances globales económicos, que llevarán a más, no menos, conflictos armados. Y Norteamérica, incluso mientras crea la sociedad global de información, está perdiendo el control monopolístico a otras regiones (tales como Asia), a organizaciones y bloques multinacionales, y está mutando hacia algo muy distinto de su tradicional pasado blanco, europeo y aislacionista. Pero lo que Norteamérica ha impreso indeleblemente en la emergente cultura global es su espíritu. Y ese espíritu mana de la identidad de los norteamericanos como los más importantes fabricantes de herramientas en la historia. Los norteamericanos son pragmáticos, solucionadores de problemas, innovadores. Queremos resultados, y hemos aprendido a crear las herramientas necesarias para realizarlos. Incluso nuestra ideología -el mercado- está diseñada para realidades inmediatas, prácticas. Así, al final, los norteamericanos viven simultáneamente en dos universos paralelos: el primero, un universo de un todavía fuerte pero desvaneciente sentimiento religioso, asociado con la fundación de la nación como un experimento bendecido por Dios; y el otro, un universo de un profundo materialismo utilitario que informa nuestra vida económica. Este último, sospecho, es el rostro de las primeras décadas del siglo 21. Y no son buenas noticias para los débiles, los lisiados y los 'inútiles'. San Agustín, escribiendo en un momento 'eje' de la historia no distinto al nuestro, reflexionó sobre el despliegue de las civilizaciones antiguas en torno a él y descubrió, en vez de locura, una esperanza y una alegría enraizada en la Ciudad de Dios. Como el Papa Juan Pablo II nos ha recordado tantas veces tan sabiamente, los creyentes en Jesucristo no tienen derecho a tener miedo. Nuestra tarea es ser semillas del amor redentor de Dios, no importa cuán rocosa sea la tierra de la era, y confiar en que El traerá la cosecha. Los tontos con herramientas son, después de todo, aun tontos. Saber puede significar poder, pero no es júbilo o amor o esperanza o sabiduría o realización, los elementos esenciales que sustentan a la persona humana. Solo Dios puede proveer esto… y es por esto que San Agustín escribió: «nuestros corazones estarán inquietos hasta que descansen en Ti».

Consultas

© Copyright 2013. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.


Diseño web :: Hosting Católico