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Alonso de Villegas, Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum
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DISCURSO CINCUENTA Y NUEVE. DE LA ORACIÓN

Escrívese en el segundo libro del Paralipomenon, capítulo catorze, que vino a hazer guerra a Asa, rey de Judá, Zara, rey de Etiopía, con grande número de etíopes. Asa hizo la más gente que pudo, y salió contra él. Mas visto el grande poder del enemigo, porque señala la Escritura que llegava el número a diez vezes cien mil hombres, con trezientos carros falcados, que eran instrumentos para destruir muchos reinos de Judá, ocurrió a Dios, hizo oración humilde y devota, confessando su flaco poder, y que a su Magestad tan fácil le era vencer a muchos como a pocos. Y desta manera le favoreció, de suerte que los enemigos fueron rotos y destruidos, y él quedó con la victoria y despojos, y es figura de que por la oración somos libres de las sujeciones y tentaciones de los demonios, y de otros graves peligros, y se consiguen bienes sin número, como parecerá en los exemplos puestos en este Discurso.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] Cuán dados a la oración ayan sido los santos, la eficacia en orar, las molestias y tentaciones que por el demonio ayan padecido en tanto que oravan, quien de veras lo considerare, muy de veras será aprovechado, aviendo de seguir tan santo exercicio; siendo verdad del Cielo, y dicha por la boca de Cristo, como afirma San Mateo en el | capítulo séptimo, que todo cuanto pidiéremos en la oración, que nos sea conveniente, lo alcançaremos. «Pedid -dize el Redemptor-, y daros han; buscad, y hallaréis; llamad, y oíros han. Porque cualquiera que pide, alcança, quien busca, halla, y al que llama, se le abre la puerta».

[2] Por la oración de Abraham, la muger y concubinas de Abimelech, rey de Geraris, que eran estériles, vinieron a concebir, y se gozaron con el nombre de madres. Y nosotros, si dignamente hiziéremos oración a Dios, llenos de su gracia, seremos abundantes con fruto de virtudes. Es del Génesis, capítulo veinte.

[3] Las plagas de Egipto cessavan haziendo Moisés oración, y multiplicávanse cuando, endurecido Faraón, bolvía a no querer obedecer los mandamientos de Dios, para que se entienda que con la oración se evitan los males y daños, y con la obstinación, se aumentan. Es del capítulo dézimo del Éxodo. El mismo Moisés, cuando el pueblo israelítico, guiado por su capitán Josué, peleava en campo abierto contra el rey Amalec, estando en lo alto de un monte, siempre que levantava las manos para orar, vencían los israelitas, y cuando las dexava caer y afloxava en este exercicio, eran vencidos. Para vencer ha de aver perseverancia, y assí, no cansándosele las manos a Moisés, sino teniéndolas levantadas hasta puesta del Sol, quedó su pueblo enteramente con la victoria de sus enemigos. El mismo, cuando el pueblo ofendía a Dios, orava por él, y le aplacava. /(362v)/ En el capítulo nono del Deuteronomio , dize: «Derribéme en la presencia de Dios por cuarenta días y cuarenta noches, en los cuales humilmente le rogué que no los castigasse, como avía hecho la amenaza». A María, su hermana, orando sanó de lepra, y de la misma suerte detuvo la peste que se apoderava del pueblo. Y cuando murmurando el pueblo y levantando sedición contra los dos hermanos, descendió una llama en su defensa contra los sediciosos y alborotadores, Moisés dixo a Aarón que ofreciesse el Timiama, y haziendo él oración, cessó aquella plaga. Y finalmente, cuando murmuraron contra Dios en el desierto, y se le pusieron serpientes delante que los emponçoñavan, ocurrió Moisés al ordinario remedio; hizo oración por ellos, y mandándole Dios que levantasse en alto una serpiente de metal, vista que fue de los mordidos y rabiosos, sanaron. Herido estava el linaje humano con la mordedura de la serpiente antigua del demonio, mas, teniendo Dios misericordia dellos, estando su hijo Jesucristo colgado en la Cruz, siendo visto y reverenciado, siguiendo y guardando su Ley Santa, son sanos. Refiérelo Marulo, libro segundo.

[4] A la oración de Josué, el Sol y la Luna estuvieron sin moverse, hasta que venció a los enemigos de Dios y suyos, y dize la Escritura, en el capítulo dézimo de su Libro, que no fue antes ni después tan grande día, obedeciendo el Señor a la boz del hombre, y peleando por Israel.

[5] Ana, muger de Elcana, hazía oración con tanto ferbor, que al sacerdote Helí le pareció que estava borracha. Díxoselo, y respondió ella:

-No he bevido vino, ni cosa que pueda em- borrachar, | sino que he derramado mi alma, y descubiértola en la presencia de Dios.

El hombre, porque vido solamente el rostro exterior, pudo engañarse, mas el escudriñador del coraçón y alma, que es Dios, vido la compunción de la que orava, y teniendo della misericordia, concedió su ruego. Y la que primero, por ser estéril, era menospreciada, después, siendo madre, fue más honrada que muchas madres, aviendo parido a Samuel, que fue sacerdote y profeta, y governó el Pueblo de Dios muchos años. Es del Primero de los Reyes , capítulo 1.

[6] David, siete vezes al día hazía oración, de donde tomó la Iglesia documento de las Siete Horas Canónicas, que tiene de costumbre. Con qué afecto y ferbor de espíritu orasse, dízelo en el Salmo ciento y diez y ocho: «Clamé de todo coraçón; Señor, óyeme». Claman de coraçón los que oran con el espíritu y mente, no los que sólo con la boca, meneando los labios, y estando totalmente y de propósito sin atención. La oración déstos es infrutuosa, la de aquéllos, muy frutífera. Aquélla alcança lo que pide, ésta no merece ser oída.

[7] Daniel, varón de desseos, entró en el cenáculo y parte superior de su casa, y abriendo las ventanas a la parte de Jerusalem, estando él captivo en Babilonia, tres vezes al día, las rodillas en tierra, hazía oración a Dios. El que quisiere orar, imite a este santo Profeta: entre en lo interior de su alma, levante sus desseos al Cielo, abra las ventanas de pura y sincera intención, para que esté abierta la puerta al Espíritu Santo; mírese si es Jerusalem, despreciando y teniendo en poco las cosas de la tierra, y amando las celestiales, y en un día se arrodille /(363r)/ tres vezes confessando la Trinidad de las personas y la unidad de la essencia, creyendo en Dios, confessándole y sirviéndole, y con esto se impetrará lo que se pide, conviniendo al que lo pide. Grandes secretos alcançó este santo Profeta Daniel de la venida de Cristo al Mundo, ayudándole a esto que tuvo más oración que otros. Y assí lo dixo en el capítulo nono: «Puse -dize- mi cabeça en el Señor Dios Mío, rogué y porfié con ayuno, saco y ceniza». Refiérelo Marulo, libro segundo.

[8] Por la oración de Elías Profeta cessó de llover tres años y medio. Tornó a hazer oración, y llovió, y la tierra dio fruto. A la biuda Saretana, que le recibió y dio de comer en su casa en tiempo de hambre, ni le faltó harina ni óleo, y la que muriera de hambre, por el beneficio del hospedaje tuvo vida, y su hijo difunto, por su oración resuscitó. Y por la misma cayó fuego del Cielo, que abrasó por dos vezes dos capitanías de a cincuenta soldados que embiava el rey Ochozías a prenderle, lo cual no hizo por vengarse dellos, sino para que se temiesse el poder del verdadero Dios, aviéndole dexado muchos de aquel pueblo por adorar a Beelzebub, tenido por Dios de los acheronitas. Después desto, aviendo de passar el Jordán, acompañándole Eliseo, su discípulo, hirió con su palio las aguas, y dividiéronse, de modo que passaron a pie enxuto de la otra parte. Y si en el palio o capa de Elías avía tanta virtud, ¡ánto mayor la tendría su oración, con la cual descubrió grandes secretos del Cielo y alcançó cosas que estavan por venir, y teniendo vida y sentido fue trasladado a donde le tiene Dios guardado para que predique contra el Anticristo! Es del Tercero de los Reyes, capítulo diez y | siete, y diez y ocho.

[10] Eliseo Profeta, cerca de Hiericó, por medio de la oración tornó de amargas que eran, las aguas, dulces y sabrosas, y la tierra mudó su natural, tornándose fértil de estéril. Subiendo a Betel ciertos mochachos que burlavan dél, maldíxolos, no por vengar su injuria, sino la ofensa hecha contra Dios, y salieron ossos que los despedaçaron. En Samaria, teniendo lástima de una muger biuda pobre, la remedió con henchirle de óleo, mediante su oración, todas las vasijas que tenía en su casa y bezindado, con que pagó deudas y tuvo con que passar la vida. Resuscitó el hijo de su huéspeda; tornó dulce un manjar desabrido que tenían para comer ciertos hijos de profetas; con veinte panes dio de comer a cien hombres; sanó de lepra a Naamán Siro; hizo nadar sobre las aguas del Jordán el hierro de una hacha. Cercado de enemigos en Dotain, fue libre dellos, hiriéndolos de ceguedad. Estando en el sepulcro, y juntando a su cuerpo otro de un difunto, resuscitó, para que se entienda la virtud que tenía vivo, pues estando muerto, dio a otro muerto la vida. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo quinto, sexto y treze.

[10] El profeta Jonás, en las entrañas del pece hizo oración, y al día tercero, por mandado de Dios, fue echado en tierra de Nínive. Y refiérese en su Libro, capítulo tercero.

[11] Judit, entrando en su oratorio, teniendo vestido un cilicio, y bañada su cabeça con ceniza, postrada en tierra, hizo oración a Dios, y alcançó de su Magestad que su patria fuesse en un día libre de la opressión de los assirios. Atrevióse a hazer un hecho memorable en todos los siglos, de matar con sus manos, entre muchos millares /(363v)/ de hombres armados, a Holofernes, su capitán, y enemigo del Pueblo de Dios. El cual muerto, los demás, muertos de miedo, fueron puestos en huida. Si como Judit oró, orássemos, sería Satanás vencido, huirían los vicios, y el ñudo de las malas tentaciones se rompería. Es del Libro de Judit , capítulo noveno.

[12] Ezequías, rey de Judá, estando en grande peligro, por su oración, un ángel, en una noche mató ciento y ochenta y cinco mil hombres de los assirios, en el real de su rey Senaquerib. Y assí, al que no eran de provecho las armas, aprovechó la oración. El mismo Ezequías, estando a punto de morir, y aviéndole certificado de su muerte el profeta Isaías, bolvióse a la pared, por estar a aquella parte el templo de Dios. Hizo oración con lágrimas, y alcançó otros quinze años de vida. Es del Cuarto de los Reyes, capítulo veinte.

[13] Siendo rey de Judá Josafat, vinieron contra él los moabitas y idumeos, y estando cerca de Jerusalem, el santo rey no tuvo otro remedio sino irse a Dios y pedirle remedio, acompañando a su oración ayuno. Salió de la ciudad, y sin sacar espada él ni su gente, los contrarios, unos con otros, vinieron a las manos y se mataron miserablemente, y los hebreos no tuvieron dificultad en vencer, sino en llevar a la ciudad los despojos, que con estar cerca de donde fue la pelea y darse buena prissa, tuvieron bien tres días quehazer. Es del Segundo del Paralipomenon, capítulo veinte.

[15] Susana, estando ya sentenciada a muerte por los inicuos juezes, exclamó al Señor, y Él oyó su boz y despertó el espíritu de Daniel, moço de poca edad, que a los inicuos viejos | convenció de mentira y falso testimonio, y los sentenció a la pena del Talión, de suerte que las piedras que se avían levantado para Susana llovieron sobre ellos. Los acusadores eran dos, eran viejos, eran presbíteros; el número, la edad y la dignidad pedía que se les diesse crédito, mas invocado con la oración de Susana el que sabe lo secreto de los coraçones, no permitió que la honestidad padeciesse infamia, ni la inocencia muriesse. Es de Daniel, capítulo treze.

[16] Tobías hizo oración con lágrimas, y como huviesse perdido la vista por cierto accidente, baxando el Angel San Rafael del Cielo a la Tierra, dio orden como fuesse curado y quedasse sano; tanto valió derramar lágrimas en la oración. Y refiérese en su Libro, capítulo segundo. También Tobías el Moço, hijo suyo, con oración començó sus bodas, y fueron felicíssimas. Desposóse con Sara, hija de Raguel, y antes que se juntassen, tres noches enteras, en un mismo aposento, las passaron en oración, y con esto la que se vido siete vezes biuda en la primera noche que se casava, por tener Asmodeo Demonio cargo de matarle los maridos, con Tobías, que començó la boda y casamiento orando, gozó aquel estado. Y refiérese en su Libro, capítulo octavo, donde se declara que las oraciones déstos eran presentadas a Dios por el Angel San Rafael, para que se entienda que si queremos acertar a pedir en la oración, sea lo que dignamente puedan referirlo en la presencia de Dios sus ángeles, y deleite sus orejas el oírlo.

[17] Los macabeos, tanto con la oración como con las armas peleavan, y alcançavan victorias de sus enemigos. Diversas vezes, hecha oración, sólo /(364r)/ confiando en Dios, salían contra los enemigos, y con poca gente vencían grandes exércitos. Una vez, con tres mil hombres casi desarmadoas, venció Judas Macabeo el exército de Gorgias, que era de cinco mil de a pie y mil de a cavallo, bien armados. Otra vez, con diez mil hombres venció a Lisias, que traía consigo sesenta mil hombres de a pie y cinco mil de a cavallo. Y otra vez, con tres mil hombres venció al exército de Nicanor, que era copiosíssimo, quedando él muerto, y sus reales, destruidos. Estas victorias ganaron los macabeos, no tanto por medio de los soldados de Judas, que eran pocos, cuanto por las oraciones del mismo Judas, que eran gratas a Dios. Es del Primero de los Macabeos, capítulo siete.

[18] Ana, viuda de quien haze mención San Lucas, capítulo segundo, nunca se apartó del templo, exercitándose en ayunos y oraciones el día y la noche. En este exercicio mereció verla Jesucristo en el templo, y visto, creyó en Él, y creyendo, dixo profecías altas y maravillosas del mismo Salvador. Todos estos vienes grangeóselos no sólo la castidad vidual, ni sólo el ayuno, sino ambas cosas, juntando con ellas la oración continua.

[19] Por exemplo de la muger cananea se vido que importa mucho aver en la oración fe, paciencia y humildad. Creyó que podía Cristo sanar su hija, y despreciada (al parecer), no dexó de suplicar, y siendo comparada a perra, no sólo no contradixo, sino que se allanó y tuvo por perrilla vil y desechada, por lo cual mereció oír:

-Muger, grande es tu fe. Hágase lo que pides.

Assí nosotros, aunque alguna cosa muy pedida y muy desseada no la alcançáremos, no dexemos de pedir, por- que | suele el Señor diferir el dar, para que, perseverando en pedirle, lo conceda con mayor aumento. Es de San Mateo, capítulo quinze.

[20] San Lucas, en el capítulo diez y ocho, dize que entraron en el templo de Jerusalem a orar un fariseo y un publicano. Éste, en la oración se mostró sobervio, y aquél, humilde. Salió el humilde justificado, y el sobervio, menospreciado y declarado por vano.

[21] Los Apóstoles, después de la subida a los Cielos del Hijo de Dios, bolvieron a Jerusalem, y recogidos en el cenáculo, como San Lucas escrive en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo segundo, estavan unánimes perseverando en oración con algunas santas mugeres y con la Madre de Dios; descendió el Espíritu Santo en lenguas de fuego, y los llenó de sus dones, para que se entienda que, perseverando en oración, favorece el Divino Espíritu con su gracia.

[22] San Pedro y San Juan subían al templo a hora de nona a tener oración, y pidiéndoles limosna un tullido de ambas piernas, por ella le dieron salud. Y dásenos en esto documento que junto con la oración hagamos obras de misericordia, porque, como amonesta el Eclesiástico, capítulo treinta y cinco, nadie deve parecer delante de Nuestro Señor Dios mambacío. Refiérelo San Lucas en los Hechos Apostólicos, capítulo tercero. Otros milagros hizo el Apóstol San Pedro por medio de la oración. Dio salud a Eneas, que estava paralítico. A Dorcas, muger limosnera, ya muerta, resuscitó, y aun su sombra dava salud. Y el mismo San Pedro, estando preso en la cárcel ligado con dos cadenas, cercado de guardas, hizo oración por él la Iglesia y fue libre, baxando del Cielo un ángel que le sacó de la /(364v)/ cárcel. Y refiérese en el mismo Libro, capítulo doze.

[23] San Pablo, vaso de elección, a Elimas Mago, que perseguía a los católicos, le castigó con ceguedad por tiempo limitado, dio salud a un coxo de su nacimiento, lançó un espíritu fitónico o adivino de una muger, restituyó la vida a Eutico. Sus paños de rostro y ceñidores, llevados a los enfermos, los sanavan, y lançavan demonios de cuerpos humanos. Siendo él mordido de una vívora, no sintió daño. Estas maravillas hazía San Pablo por medio de la oración, como parece en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo treze, y diez y seis.

[24] Una oración que grandemente agrada a Dios Nuestro Señor es la que nos enseñó el mismo Jesucristo, y lo refiere San Mateo en el capítulo sexto. «Assí -dize- avéis de orar: Padre Nuestro que estás en los Cielos (si Nuestro Padre está en el Cielo, como lo está, razón es que nosotros, hijos suyos, procuremos lo que está en alto, las cosas del Cielo, y no lo que es proprio de la Tierra), santificado sea tu nombre (de tal manera que ninguna cosa tengamos por más santa ni de más estima), venga tu Reino (no reine en nosotros el pecado), hágase tu voluntad en la Tierra como se haze en el Cielo (porque el que hiziere la voluntad de Dios vivirá para siempre), nuestro pan cotidiano dánosle oy (pan que descendió del Cielo, nuestro, porque fue ofrecido por nosotros, cotidiano, porque Cristo ayer fue, oy es, y siempre será nuestro Dios y Señor), dánosle oy (dánosle siempre, y nunca seamos apartados dél, porque cuantas vezes nos apartamos, tantas estropeçamos y caemos, en daño nuestro notable), y perdónanos nuestras deudas como per- donamos a nuestros deudores (a la traça que con nuestros próximos hiziéremos, haz, Señor, en nosotros; nosotros perdonamos, perdónanos Tú, Señor), y no nos dexes caer en tentación (no des, Señor, lugar a que seamos tentados sobre nuestras fuerças, sino que con la tentación venga favor de tu parte y gracia con que salgamos gananciosos), y líbranos del mal (para que sin temor seamos libres del poder de nuestros enemigos y te sirvamos en santidad y justicia, todo el tiempo de nuestra vida)». También nos enseñó Cristo el modo de orar, pues señalan los Evangelistas que orava, ya postrado en tierra, ya de rodillas, ya levantando los ojos al Cielo. También señaló el lugar de la oración, cuando dixo por San Mateo, capítulo veinte y uno: «Mi casa, casa es de oración». Casa de Dios es la iglesia, y el proprio lugar para orar, por estar allí el Santíssimo Sacramento, reliquias y imágenes de santos, y ser el lugar santo, aunque se puede orar en casa, como declaró el Señor por el mismo San Mateo, capítulo 6: «Cuando orares, entra en tu recogimiento y cierra la puerta». Negocio es la oración que quiere recogimiento. El tiempo de la oración, por exemplo de Cristo, es todo tiempo. Por San Lucas lo dixo en el capítulo veinte y uno: «En todo tiempo orad». Y assí, algunas vezes tuvo oración el Redemptor sobre tarde, ya toda la noche, ya por la mañana. De la frecuencia dio assí mismo documento, cuando en el huerto dize San Lucas en el capítulo veinte y dos, que puesto en agonía orava prolíxamente, no breve, ni corto, sino a la larga. Y la importancia de que sea la oración prolixa diolo a entender su Magestad, por el mismo Evangelista San Lucas, capítulo onze, en aquel símile del que /(365r)/ venía de noche a pedir a su amigo tres panes, y por ser porfiado los alcançó. Assí dize que porfiemos en pe- dir | a Dios, que sin ninguna duda nos concederá todo lo que le pediremos.

Lo dicho se colige de la Sagrada Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Graves autores afirman de la Virgen Sacratíssima, Nuestra Señora, que aviendo sido dexada de edad de tres años en el templo, luego que fue en él presentada, desde la mañana hasta hora de tercia gastava en oración, y desde tercia a nona en trabajar de manos. Comía luego, y después de comer, hasta vísperas rebolvía los libros de la Sagrada Escritura. Con estos diversos exercicios, sirviendo a Dios, adornó tanto su alma de virtudes, y en tanto grado, que sola ella mereció ser escogida para Madre de Dios, permaneciendo Virgen. Con lo cual, esta Soberana Princesa, assí como exemplo de vírgines en humildad, en virginidad, y en todas las demás virtudes, assí lo es en repartir bien el tiempo, que ni siempre actualmente oren, ni siempre trabajen de manos, ni siempre se ocupen en lección, sino que siempre hagan esto todo, y nunca aya tiempo ocioso. Porque como dize el Eclesiástico, capítulo treinta y tres: «Muchos males enseñó la ociosidad». Refiérelo Marulo, libro segundo.

[2] San Juan Evangelista, discípulo muy amado de Cristo, bolviendo del destierro de Patmos a Efeso, resuscitó a Drusiana, que la llevavan ya en las andas a la sepultura, y libre se bolvió a casa. Convirtió en oro ramas de árboles, y guijarros del mar, en piedras preciosas. Y porque no pareciesse que era esto codicia de riquezas, las tornó a su primero ser. Derribó por los cimientos el templo de Diana en Efeso, bevió veneno sin daño, y a los que avía muerto, revocó a la vida. | Y para todo esto, el medio que tuvo fue la oración. Dízelo Abdías en su Vida.

[3] San Mateo, Apóstol y Evangelista, resuscitó a Egipo, hijo del rey de Etiopía, y libróle de la muerte y del demonio, porque creyó en Cristo y dexó la adoración de los ídolos, baptizándose. El medio fue la oración. Refiérelo Abdías.

[4] San Judas Tadeo curó de elefancia a Abagaro, rey de los medos, y creyendo en Cristo, le baptizó. Y quedó sano el cuerpo de enfermedad, y la alma, de errores. Dízelo Eusebio.

[5] San Andrés Apóstol, invocado en su favor de cierto hombre llamado Nicolao, combatido del vicio deshonesto, y en que estropeçava muchas vezes, le valió para ser libre dé, y vivir casto toda la vida. Dízelo Abdías en la Vida deste santo Apóstol.

[6] San Bartolomé hizo libres del demonio a muchos atormentados dél por su oración, y sanó una hija del rey Polemo de Indias, que estava lunática y sin perfeto juizio. Dízelo Abdías.

[7] Santiago, hijo de Zebedeo, patrón de España, siendo mandado degollar por orden del rey Herodes Agripa, en el camino, con su oración dio salud a un paralítico. Y teniendo ya cuchillo a la garganta, rogó por otro enfermo y le alcançó salud. La caridad verdadera hazía lo uno y lo otro, que se doliesse de la miseria del próximo y que no temiesse morir por Cristo. Es de Abdías.

[8] San Bernabé Apóstol, residiendo en la isla de Cipro, llevándole diver- sos /(365v)/ enfermos y tocándolos con el Evangelio de San Mateo, que traía escrito de su mano, sanavan, haziendo oración al que adorava por Dios, y cuya Fe y Evangelio predicava. Es de Abdías.

[9] Santa Marta, huéspeda de Cristo, cien vezes al día, y ciento de noche, tenía costumbre de hazer oración de rodillas, y adorava al que reinava en el Cielo, aviéndole recebido por huésped en su casa. Y no era ya menos solícita suplicándole, que lo fue antes ministrándole. Es de Marco Marulo, libro segundo.

[10] Bárbara, donzella santíssima, iva huyendo de su cruel padre por un monte. Hizo oración a Dios, y la piedra en que estava se levantó, y la hizo pared y defendió por aquella vez, aunque el endiablado padre de nuevo tornó a perseguirla, hasta que la halló y quitó la vida. El padre persigue a Bárbara, las piedras la defienden, y al nombre de Cristo se ablandan, y el infiel hombre se endurece. Refiérelo Surio, tomo tercero.

[11] Teodora Romana, muger de Sisinio, por sus oraciones alcançó de Dios la conversión de su marido, que era infiel. Apareciósele el Apóstol San Pedro estando orando, y declaróle como Dios le avía concedido aquella conversión, y cumplióse lo que dize el Apóstol en la Primera a los de Corinto, en el capítulo séptimo, que el varón infiel viene a dexar su error, y salvarse por la muger fiel. No acometió este hecho la santa matrona por razones y argumentos, porque siendo el hombre arriscado, antes le irritara desta suerte que le aplacara; callando, hizo oración a Dios, y el lobo se bolvió cordero, y los caminos ásperos y llenos de malezas se convirtieron en o- tros | apacibles y llanos. Refiérese en la Vida de Alexandre Papa, escrita por Surio, tomo tercero.

[12] Máximo, monge, que fue después obispo fegiense, saliendo de su monasterio, que era cerca del mar, fuese a la ribera a tener allí oración. Vido llegar un navío y salir dél gente, que llegó a le hablar, y como cosa conocida, hiziéronle grande acatamiento. Començaron a engrandecerle y levantar hasta las nubes sus loores, y que su fama avía llegado a Siria, donde muchos desseavan verle, y que si quería ir allá sería ocasión de la salud de muchos, y que ellos le llevarían, siendo su voluntad hazer aquel viaje, y que tendrían por buena dicha para sí el llevarle ellos. Con esto pretendía el demonio estorvarle de orar, y hazerle caer en alguna vanagloria, mas, entendido por el siervo de Dios, sin hazer caso de lo que le dezían, se puso a orar, y en el punto desapareció navío y gente dél. Dízelo Gregorio Turonense, De Gloria Confessorum , libro secundo.

[13] Apolonio Abad imitava a San Bartolomé en hazer oración al día cien vezes, y otras tantas de noche, puesto de rodillas. Es del De Vitis Patrum.

[14] A San Antonio Abad le dexava el sol, dándole en las espaldas orando, y salía por la mañana y dávale en los ojos, sin aver mudado el puesto de la oración. No sé cuál sea más para admirar, o el estar tanto tiempo un cuerpo sin moverse, o el orar con tanta continuación. Ambas a dos cosas son dificultosas, mas el temor del Infierno y el amor de Cristo vencen toda dificultad. Es de San Atanasio, en la Vida del mismo San Antonio Abad.

[15] El gran Basilio, tomando amistad con un solitario de Siria llamado Efrén, /(366r)/ sentía mucho no poder comunicarse con él, porque el ermitaño sabía sólo la lengua de Siria e ignorava la griega. Hizo el santo perlado oración por él, y quedó doctíssimo en griego. Y cumplióse lo que dixo Cristo, y refiere San Marcos, capítulo diez y seis, que el que creyere hablará diversas lenguas. Es de Amfiloquio, en la Vida de San Basilio.

[16] San Martín, obispo de Tours, andando a visitar su obispado, y llegando a cierto pueblo, siendo tiempo de invierno, hiziéronle el aposento en la sacristía de la iglesia; pusiéronle allí una cama y un brasero de lumbre. El santo se acostó, y por no tener costumbre de dormir sino en el suelo, el regalo no acostumbrado le dava pena. Quiso apartar la ropa de sí, y echóla acaso sobre el brasero. Quedó dormido, y començóse a quemar la ropa y el aposento. Andava ya la llama por alto cuando San Martín despertó. Ocurrió a la puerta y no pudo abrirla, con la turbación que tenía. Estavan de fuera sus clérigos y frailes muy alborotados y tristes, no sabiendo cómo remediar aquel daño, el cual fue luego por ellos sentido, estando aposentados cerca. En fin acordó el santo perlado de acogerse al remedio general para todos los peligros. Púsose en oración, y fue medio para que el fuego se apagasse y él quedasse libre. El mismo San Martín, algunas vezes se ocupava en obras de manos, y a tal sazón, también exercitava la lengua estando orando, y cumplía lo que dize San Pablo escriviendo a los de Tesalónica, en la Primera Carta , en el capítulo quinto: «Orad sin intermissión; en todo tiempo y en todo lugar podéis hazer altar portátil y orar». Después, estando cercano a la muerte, fríos sus miembros, y su cuer- po | sin movimiento alguno, los labios no cessavan de moverse, ni él de orar, hasta que juntamente acabó la oración con la vida. Dízelo en lo que dél escrivió Severo Sulpicio.

[17] Bonifacio, monge y después obispo, todos los días rezava duplicado el oficio divino en común con los monges cuando él lo era, y con el clero, siendo obispo, y después en particular, por sí, añadiendo muchas devotas oraciones monásticas y canónicas. Descendió a la Inferior Misia, y predicó a Cristo, y convirtió a la Fe y baptizó al rey de los rutenos, y al cabo fue martirizado. Es de Surio.

[18] Juan, Patriarca de Alexandría, diziendo un día Missa, vido que en acabando el Evangelio, muchos se ivan de la iglesia. Él, de la manera que estava revestido, dexó el altar, y fuese tras ellos, diziendo:

-Donde van las ovejas, conviene que vaya el pastor.

Con esto que hizo los avergonçó, de suerte que nunca más salieron de la iglesia hasta que, acabada la Missa, les echava su bendicion. Refiérelo Marulo, libro segundo.

[19] Servacio Trayetense, obispo, estando orando, aparecióse sobre su cabeça un rayo de fuego, que se levantó en alto y boló al Cielo. Diose a entender el ferbor de su oración en la figura de fuego, y la pureza de la vida en el resplandor, y en el subir en alto, la alteza de sus méritos. Dízelo Gregorio Turonense, libro segundo, capítulo treze.

[20] Filiberto, abad rotomagense, estando en la iglesia orando, sus ojos parecieron como dos estrellas, para dar a entender que los que oran con humildad y atención, sus ojos son iluminados con luz del Espíritu Santo, para nunca dormir en muerte, ni que /(366v)/ pueda dezir el enemigo: «Prevalecido he contra él». Es de Laurencio Surio, tomo cuarto.

[21] Postumio Abad, en tanto grado estava enseñado a orar, que ninguna flaqueza del cuerpo podía enflaquezer la alma. Estando enfermo, y no pudiendo levantarse a orar de rodillas, orava echado en la cama. Creció la enfermedad, y privóle de la habla. Vídose que movía los labios, y que callando, orava. Apartóse la alma del cuerpo, y no dexó la oración primero que dexasse el cuerpo. Recibiéronle orando los ángeles, y presentáronle en el Cielo al Señor, para que gozasse viendo que avía alcançado la Bienaventurança que pidió siempre. Es del De Vitis Patrum.

[22] Moisés Abad, casi toda la noche passava en oración, y por vencer el sueño poníase en pie, y echava de sí ilusiones del demonio, que estando echado, con figuras deshonestas le provocavan a cosas ilícitas. Alcançó a ver por experiencia de cuánto momento era el precepto de Cristo que dize: «Velad y orad, porque no entréis en tentación». Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.

[23] Juan, abad en la Tebaida Superior, dentro de una cueva, al pie de un monte, estuvo tres años en pie sin asentarse, por orar no menos de lo que deseava, pues echado, más presto le venciera el sueño. No dava lugar a que se durmiesse el trabajo de estar en pie, el cual se aliviava con el gusto de la oración. Al milagro de estar en pie sin dormir se añadió otro: que en los tres años no gustó manjar alguno. Recebía los domingos el Santíssimo Sacramento de la Eucaristía, el cual, juntamente, le era manjar de la alma y sustento del cuerpo. Dízelo Paladio en | su Historia, capítulo sesenta y uno.

[24] Sisinio, discípulo del abad Elpidio, después de aver estado siete años en su escuela, fuese a un monumento de piedra algo grande, y dentro dél estuvo por tres años orando, siempre en pie, sin que en este tiempo se assentasse o se echasse, o saliesse de allí. No sé de qué aya mayor ocasión de admirarse, o el aposento, que si para sepulcro era grande, mas para morada era pequeño, o el estar tanto tiempo en pie, o el orar siempre. Todo es dificultoso y duro, aunque el cansancio del cuerpo, el ánimo, puesto en Dios, sentíale poco; y el que con tanta perseverancia orava, más estava en el Cielo que en el sepulcro. Es de Paladio, capítulo ciento y nueve.

[25] Aunque no lo dizen las Divinas Letras , mas afírmanlo graves autores, y refiérelo Marulo, libro segundo, de San Bartolomé Apóstol, que cien vezes al día y cien vezes a la noche tenía oración de rodillas. Y Santiago el Menor, la costumbre de orar le avía hecho que sus rodillas pareciessen de camello, con callos. Y si desta manera oravan los que estavan confirmados en gracia y llenos de Espíritu Santo, ¿qué sería bien que hiziéssemos nosotros, que acumulamos unos pecados a otros, provocando la divina justicia, con más submissión de orar el que más culpas ha cometido?

[26] Refirió el abad Ireneo de un santo viejo ermitaño, que vido al demonio una noche que llevava diversos instrumentos rústicos, como açadones, almocraces, rastrillos, podones y cestos de mimbres. Preguntóle:

-¿Adónde y para qué llevas esta munición?

Respondió:

-Al monasterio, para que los monges, ya tomando uno, ya otro, se ocupen y olviden de la /(367r)/ oración, y se hagan negligentes.

Es del Prado Espiritual, capítulo cincuenta y cinco.

[27] Cerca de Tesalónica vivía un santo abad llamado Adas, y tenía por celda lo hueco de un plátano, donde hizo una ventana, y de allí hablava con los que le venían a visitar. Sucedió que, viniendo gente bárbara, y haziendo grande daño en la tierra, passaron cerca de donde el monge Adas estava, y visto por un bárbaro, sacó la espada y levantó el braço para matarle. Mas quedóle el braço hierto y sin poderle menear. Lo cual visto de los otros bárbaros, quedaron admirados, y rogaron al santo viejo que curasse aquel hombre. Hizo por él oración, y fue de tanta eficacia, que le sanó, y se fueron en paz. Es del Prado Espiritual , capítulo setenta.

[28] En el monasterio del abad Teognosto estava un santo monge ya viejo trabajando de manos un día, y haziendo cestas de mimbres, y juntamente rezava el Salterio. Tomó el demonio forma de niño etíope, y entrando por una ventana, començó a saltar y dançar en su presencia. El monge no hazía caso dél, ni le mirava, prosiguiendo en su exercicio. Dezíale el negrillo:

-Viejo, ¿no danço y salto bien?

No le respondía. Añadió el demonio:

-¿Cómo? ¿Que no te agrada mi dança?

Y no dándole respuesta, dixo:

-¿Piensas, maldito viejo, que hazes una cosa grande? Pues sabe que as errado el Salmo sesenta y cinco, y sesenta y seis.

Oído esto por el monge, muy confuso se postró de rodillas, pidiendo a Dios perdón de aquella falta. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y sesenta.

[29] Era costumbre entre los monges escitiotas, a la cosecha del pan, alqui- larse | y ir a segar, y de la ganancia remediavan algunas necessidades corporales. Fue entre otros David Egipcio, ya viejo en edad, y un día, en el rigor de la siesta, recogióse a una choça hasta que se mitigó algo el ardor del Sol. Estando allí, llegó el labrador que le avía alquilado, y viéndole assentado a la sombra, díxole con grande ira:

-¿Por qué, viejo, no siegas? ¿Sabes cómo tengo de pagarte jornal?

-Assí es verdad -respondió David-; mas, porque es la siesta, y los granos de las espigas se despajan y caen en tierra, por escusar tu daño estoy un poco esperando a que passe el ardor del Sol.

Dixo el labrador:

-Levántate y trabaja, y árdase todo.

David replicó a esto:

-¿Y quieres que se arda todo?

-Sí -dixo el labrador con grande ira.

Levantóse el viejo, y luego començó a arder el campo. Visto por el dueño, corrió a los otros monges y rogóles que hablassen al viejo para que hiziesse oración a Dios y cessasse el incendio de sus miesses. Llegaron a él, y postrados en tierra, le pidieron hiziesse cómo cessasse el fuego. Respondió él:

-¿No veis, hermanos, que él mismo pidió que ardiesse?

Con todo esso, los monges le replicavan que se doliesse de aquel daño, que a todos cabría parte. David, convencido de sus ruegos, fue a ponerse en el lugar medio entre lo que ardía y estava sin arder, hizo oración, y apagóse el fuego, quedando libre la otra parte dél. Esto es del Prado Espiritual, capítulo ciento y ochenta y tres.

[30] En uno de doze monasterios que edificó San Benedicto, y los visitava de ordinario, estava un monge mal sufrido al tiempo que residían los demás en el oficio divino y oración, porque, perseverando los otros, él la dexava y se iva, y andava vagueando en vani- dades. /(367v)/ Era reprehendido de su superior, y no enmendándose, fue llevado en presencia de San Benedicto, a otro monasterio, donde se hallava a la sazón, el cual también le reprehendió con aspereza de palabras. Mas, aunque propuso de enmendarse, la enmienda fue de dos días, porque al tercero hizo lo que antes hazía. Avisaron desto a San Benedicto, y él dixo que iría a aquel monasterio y lo remediaría. Fue a él, y hallóse en la oración con los monges, y estando en ella, vido que un moçuelo negro tirava del hábito del monge y le sacava de la oración. Habló el santo con el abad, que se llamava Pompeyano, y con Mauro, discípulo del mismo San Benedicto, y díxoles:

-¿Avéis visto quién saca de la oración a aquel monge?

Ellos respondieron que no.

-Pues pidamos a Dios que lo veáis.

Perseveraron dos días todos tres en esta petición, y después dellos, vido San Mauro lo que avía visto su padre San Benedicto, aunque Pompeyano, el abad, no lo vido. Aguardó el santo a que otro día el monge, tentado, dexasse la oración, salió a él, llevóle a su celda y hízole dar una buena disciplina de varillas, con que se remedió aquel daño, porque el demonio, como si fuera él el afrentado, le dexó en adelante. Es lo dicho de San Gregorio, libro segundo de sus Diálogos, capítulo cuarto.

[31] Tenía San Benedicto una hermana llamada Escolástica, la cual se dedicó a Dios y hizo monja desde su niñez. Visitávala el santo una vez en el año, y ella salía de su monasterio a una granja dél. Estuvieron en una visita déstas hablando en Dios todo el día, y venida la noche, cenaron juntos. Pidióle la santa hermana que no fuesse de allí, sino que prosiguiesse su plática, | gustando sumamente de oírle, porque el santo sabía bien hablar en aquella materia. Respondióle:

-Sabe, hermana, que en manera alguna quedaré noche fuera de mi convento.

Oyendo esta razón Santa Escolástica, juntando las manos, declinó sobre ellas la cabeça, haziendo oración a Dios. Estava el cielo sereno, sin parecer nuve alguna, y en levantando la cabeça la santa, repentinamente vino una terrible tempestad con truenos y relámpagos, y cayó tanta agua, que ni San Benedicto, ni otros monges que avían acompañádole, pudieron mudarse de donde estavan. Avía derramado la santa monja algunas lágrimas en la mesa, y fueron ocasión que la serenidad del aire se convirtiesse en mucha agua. El santo patriarca, que vido no ser possible bolver al monasterio con tanta agua, truenos y relámpagos, entendiendo la causa de aquella súbita mutación, dixo:

-Perdónate, Dios, hermana, ¿qué es lo que as hecho?

La santa respondió:

-Roguéte a ti, y no me oíste; rogué a Dios, y oyóme. Por tanto, si te es possible dexarme, buélvete a tu monasterio.

Desta manera quedó San Benedicto forçado con su hermana, y toda la noche se les fue en hablar de la Bienaventurança y Gloria Celestial. El siguiente día, Santa Escolástica se entró en su convento, y San benedicto bolvió a su monasterio, donde, estando en su celda el día tercero deste acaecimiento, vido la alma de su hermana en forma de paloma que subía al Cielo. Gozóse sumamente, dio cuenta dello a sus monges, y mandóles que fuessen por el cuerpo de la hermana y le truxessen a su monasterio, sepultándole en el sepulcro que tenía para sí, queriendo que estuviessen juntos los cuerpos de los que siempre tuvieron uni- das /(368r)/ sus almas. Lo dicho es de San Gregorio en el libro segundo de sus Diálogos, capítulo treinta y tres, y treinta y cuatro.

[32] Por la provincia de Lucania, en Italia, lleva su corriente un río llamado Anser, el cual, creciendo muy a menudo, dañava los campos cercanos, haziendo mucho mal y causando mucha pérdida en sus moradores. Procuravan con excessivos gastos divertir y echar por otra parte la furia de la agua, y era todo en vano. Advertido por Frigidiano, obispo en aquella provincia, varón santo, púsose en oración fervorosíssima, y por virtud della hizo esto, que tomó un arado, y por donde le pareció que la corriente del río iría bien y sin hazer daño, iva hendiendo la tierra, començando desde el mismo río. El cual, llevado de la fuerça de la oración del santo, iva siguiéndole, hasta que vido el admirable perlado que bastava lo hecho. Y assí, en adelante, siguió aquella propria corriente y se escusó el daño de la pobre y afligida gente de su ribera. Dízelo San Gregorio, libro tercero de sus Diálogos, capítulo nono.

[33] Estando San Gregorio, antes que fuesse Papa, en un monasterio de San Benedicto, donde fue monge, padecía enfermedad de estómago, y apretóle tanto que temió de morir. Erale necessario comer de a poco a poco tiempo. Llegó el Sábado, Víspera de Pascua de Espíritu Santo, en el cual se ayuna de obligación, y en su tiempo dize que ayunavan hasta los niños de poca edad, y visto que élo no ayunava ni podía, diole tanta pena esto como la enfermedad. Hallóse a la sazón en aquel moansterio un varón de mucha santidad, y era fama que avía Dios hecho por él algunos milagros; llamávase Eleuterio. La | necessidad le hizo procurar este remedio, que le llamó San Gregorio y se encerró con él en un oratorio. Rogóle que hiziesse oración y le alcançasse de Dios que pudiesse ayunar aquel día. Eleuterio lo hizo, y su oración fue tan eficaz, que lo alcançó; porque, aviendo estado de rodillas algún tanto, y derramando algunas lágrimas el santo viejo, levantado della, sintió San Gregorio en su estómago tanta fuerça, que totalmente le quitó de la memoria la enfermedad y hambre. Admirávase considerando cómo estava y cómo avía estado. Acordávase de aver estado enfermo, y no sentía en sí reliquias de la enfermedad. Entretúvose el santo en negocios de govierno del convento hasta la tarde sin comer, y hallóse con tantas fuerças, que no sólo aquel día hizo su ayuno, sino que le parecía, aunque se detuviesse otro sin comer, no tenía necessidad de comida. Y con esto entendió quién fuesse aquel santo varón Eleuterio y la fuerça de su oración. Refiérelo el mismo San Gregorio, en el tercero libro de sus Diálogos, capítulo treinta y tres.

[34] Trasilla, virgen santa, tía de San Gregorio Papa, siendo muerta y queriendo amortajar su cuerpo, fue visto los cobdos y rodillas con callos como de camello, y descubrióse por estas señales el cuidado grande que tuvo en vida de exercitarse en la oración. Con esto se conserva la virginidad, y con esto se va al tálamo del Celestial Esposo. Dízelo San Gregorio, libro cuarto de sus Diálogos, capítulo diez y seis, y en la Homilia Tercera sobre los Evangelios.

[35] Era costumbre de los monges antiguos, assí los que vivían solitarios en el desierto, como los que estavan juntos en congregación, de trabajar de /(368v)/ manos, y érales conveniente, porque ni se ocupavan en dezir Missa, siendo de ordinario legos los más dellos, ni en oír confessiones, por lo mismo que no eran sacerdotes y estar lexos de poblado, junto con que, faltando limosnas particulares, sustentávanse con lo que trabajavan. Pues en un monasterio déstos, que estava en el monte Sinaí, donde era abad Silvano, llegó un día cierto monge estrangero por huésped, y viendo que trabajavan los monges, dixo con mucha gravedad e insolencia:

-¿Para qué, hermanos, os ocupáis en procurar el manjar que perece? María escogió la mejor parte.

Entendió el abad Silvano el humor del monge. Llamó a Zacarías, discípulo suyo, y mandóle que le diesse unas Horas en que rezasse, y que le llevasse a una celda vazía. Hízolo assí, y a la hora de nona estava muy atento si sonava campana que llamasse a comer, o si veía venir alguno de parte del abad que le llamasse. Y porque no vido ni oyó cosa que le acordasse que comían en aquella casa, fue a donde estava el abad, y preguntóle:

-Dígame, padre, ¿an comido oy los monges en esta casa?

Respondió que sí.

-Pues, ¿por qué -dize- no me llamastes?

El abad respondió:

-Tenémoste por espiritual, y que no tienes necessidad de comida. Nosotros, por ser flacos y estar necessitados a comer, trabajamos de manos para tener qué. Tú as escogido la mejor parte, rezas todo el día, y por esso no tienes necessidad de manjar corporal.

El estrangero cayó en la cuenta de su engaño, y dixo:

-Perdóname, padre, por lo que dixe, que lo acertado es lo que aquí se haze.

Silvano replicó luego:

-Importante es Marta a María, necessidad tiene della, y por Marta es alabada María.

Es del Promptua- rio | de exemplos.

[36] Visitó un ermitaño a otro para conferir con él negocios tocantes a su alma. Adereçó luego una olla de lentejas el que estava en la celda, para regalar a su huésped cuando huviessen comunicádose. Platicaron entre sí diversas cosas y parecióles que era bien, antes que comiessen, cumplir con el oficio divino y rezar sus Horas y otras oraciones. Començaron el Salterio y acabáronle, leyeron dos Profetas, y en esto no sólo se les passó el día, sino también la noche. Tornaron a hablar de Dios y de su Gloria, siendo ya otro día, y llegó la hora de nona, en que el estrangero se despidió y bolvió a su celda. El otro echó de ver que su olla estava sin averse tocado a ella. Entristecióse, y dixo:

-¡, pobre de mí! ¿Y cómo nos olvidamos de comer?

Olvidáronse de la refección corporal, ocupados y entretenidos en la espiritual. Refiérese en el Promptuario de exemplos.

[37] Juntáronse cuatro ermitaños, y tratavan entre sí qué virtud tenía cada uno por más propria y de que más se preciava. El primero dixo que la humildad le parecía muy bien, y que por ser humilde y alcançar esta virtud, desseava ser tenido por el peor hombre del Mundo. El segundo declaró que el ser paciente y sufridor de injurias era su designo y desseo. El tercero afirmó, su gusto sumo era oír hablar de Dios. Y el cuarto cerróse en que a él la oración le era gustosíssima. Pusiéronse todos cuatro de rodillas, y pidieron a Dios les declarasse cuál de ellos le era más acepto en su pretensión, y oyeron una boz, que dizo:

-El primero me a hallado, el segundo me tiene, el tercero me ha ligado consigo, y el cuarto me lleva donde quiere.

Es del /(369r)/ Promptuario de exemplos.

[38] Llegó a la celda del abad Macario el demonio siendo de noche, y llamó, diziendo:

-Levántate, Macario, y vamos a Maitines con los monges.

Entendió que era el demonio el que llamava, y díxole:

-¡, mentiroso, enemigo de verdad! ¿Y qué tienes tú con los Maitines?

-Y aora sabes, Macario -replicó Satanás- que muy de ordinario vamos a Maitines cuando se juntan eclesiásticos a los dezir. Ven y verás lo que passa.

-Confúndate Dios, inmundo espíritu -dixo el abad;

y buelto a la oración, pidió a Dios le declarasse si era verdad lo de que se gloriava el demonio. Fue a la congregación y donde estavan los monges, y allí tornó a pedir a Dios le mostrasse aquel misterio, y vido por todo el coro unos mochachos negros que discurrían de unas partes en otras como bolando, burlándose con los monges. Llegavan a uno y poníanle los dedos en los ojos, y luego dava cabeçadas y se dormía. A otro le tocavan en la boca, y todo era bozezar y desperezarse. Acabados los Maitines, teniendo oración mental los monges, uno de los negrillos, vistiéndose de muger, se presentava a los ojos de uno. A otro se mostrava en figura de albañil, con todos los instrumentos para edificar una celda, y todo aquello que se les representava a la vista eran imaginaciones que tenían en la oración. Sucedía también llegar con estas musarañas a otros monges, los cuales los lançavan de sí con mucho enojo y furia, y ivan los pobres diablos rodando, descalabrándose y dándose a la rabia, porque éstos con diligencia despedían de sí semejantes imaginaciones. A otros era al contrario, que se les subían sobre las espaldas y hazían allí juegos | y regozijos. Viendo todo esto el santo abad Macario, gimió, y derramando lágrimas, dixo con David: «Levántate, Señor, y sean confundidos tus enemigos, y huigan de tu presencia, porque nuestra alma está llena de ilusiones.». Acabada la oración, examinó Macario a cada monge en particular, y averiguó averles sucedido lo que avía visto, y confessavan que en su coraçón sintieron lo que él les argüía, y quedaron enterados que el dormirse, el tener distraciones o malos pensamientos en la oración, viene del demonio, y que puede el que ora, favorecido de Dios, resistiendo a las tentaciones, echar de sí con mal a los demonios. Es del De Vitis Patrum.

[39] Era tentado grandemente un monge de sueño cuando assistía a las Horas con el convento, y ni él por sí, ni aprovechándose de los consejos de su confessor, eran parte para vencer esta tentación. Al cabo, aprovechóse desta cautela: mandóle el confessor en penitencia, que hiziesse por dormirse cuando entrasse en el coro a rezar con el convento, teniendo cuidado de rezar por sí antes o después sus horas. Fue cosa cierta, que desde que le dieron por penitencia, y él la aceptó, de dormirse en las Horas y Oficios Divinos, no se durmió más, ni nunca más el demonio le truxo tal tentación. Refiérese en el Promptuario de exemplos.

[40] Halláronse en una propria cama, en cierto viaje, tres moços. Vino grande tempestad y terremoto. El uno dellos, que estava en medio, levantóse y púsose de rodillas a hazer oración. Los otros dos se burlavan dél, llamándole cobarde. Cayó un rayo, y quedando sin daño el que orava, los dos /(369v)/ que estavan en la cama y mofavan dél, fueron quemados. Es del Promptuario.

[41] Paulo, padre de quinientos monges en Africa, todos los días desde que hizo vida monástica, antes de ocuparse en otra cosa, rezava trezientas oraciones de rodillas, y contávalas por unas piedrecicas menudas que traía en el seno (no se avía en su tiempo començado a rezar por cuentas). Es de la Historia Tripartita, libro octavo, capítulo primero.

[42] Estéfano, presbítero constantinopolitano, tenía costumbre de rezar cada noche todo el Salterio. Sucedía algunas vezes que, de quebrantado del sueño, le interrumpía, y teniendo cuenta donde dexava, dormía un poco y proseguíale. Mas fue amonestado del Apóstol San Pedro que no hiziesse aquella pausa, sino que agradaría más a Nuestro Señor si de una vez le prosiguía todo, como lo hizo. Y afírmalo Nizéforo, libro veinte y dos.

[43] Martín, monge vituricense, haziendo cierto camino, y ocurriendo el día del domingo, llegó a un pueblo y fue a oír Missa a la iglesia, y por no perder ocasión en el negocio que tratava, antes que la Missa se acabasse, salió de la iglesia, y subió en su cavallo, aunque no pudo moverle de un lugar. Pensó cuál sería la ocasión, descendió dél, bolvió a entrar en la iglesia, y acabó de oír la Missa. Tornó a subir en su cavallo, y fue con tan buen passo, que llegó a tiempo a donde llevava su camino, y acabó su negocio muy a su gusto, sin averle hecho falta lo que se detuvo en oír Missa. Dízelo Marco Marulo, libro segundo.

[44] Amón, abad egipcio, por medio de su oración hizo que rebentasse un terrible dragón que matava hombres y bestias. Y a cierto moço que | avía muerto, con su pestífero resuello resuscitó. A uno dio vida, y a otro, muerte, porque quien mata, digno es de muerte, y el que es muerto sin culpa merece que se tenga dél piedad. Dízelo Marulo, libro segundo.

[45] Rofilo Popiliense y Mercurial Libense, obispos, a un grande y terrible dragón que destruía y matava ganados y hombres, sin que él se defendiesse, le ligaron con sus estolas, y trayéndole a un profundo poço, le derribaron en él, para no salir más, y dexaron sobre la boca letras que lo declaravan, y por muchos años se leyeron allí. Fue fruto de la oración. Y dízelo Marulo, libro segundo.

[46] Severiano, abad en Panonia, como se padeciesse grande hambre en un lugar llamado Fabiano, que está en la ribera del Danubio, y era la causa que, estando el río elado, no podían navegarle los navíos que acostumbravan llevar bastimento al pueblo, hizo oración por esta necessidad, y de improviso se deshizo el hielo, y los navíos, que aguardavan ocasión, passaron, y siguióse abundancia. El mismo Severiano, como destruyessen los campos cercanos al castillo Cucullo grandes exércitos de langostas, el santo abad hizo que se juntassen los vezinos de aquella comarca, y que fuessen juntamente con él a la iglesia, y todos hiziessen devota oración, pidiendo a Dios remediasse aquella necessidad. Hízose assí, y luego tomó buelo toda aquella tempestad y se fue de allí. Excepto que, porque no pareciesse que fue acaso, en un pago de cierto villano que no quiso ir a la iglesia a rezar, siendo llamado con los demás, quedó cubierto de langosta y destruido, dañándole tanto a aquel hombre particular el no hazer oración, como aprovechó /(370r)/ a todos los otros el hazerla. Es de Surio, tomo primero.

[47] Romualdo, abad e instituidor del Orden Camalduense, como entrasse en un navío en Parencio, puerto de Liburnia, y se levantasse tempestad, llegaron a término que cuantos ivan en él desconfiavan de las vidas. Hizo oración, y assosegóse luego el mar, porque le oyó el que manda a los vientos y al mar, y le obedecen. Dízelo Pedro Damián Cardenal, y refiérelo Surio, tomo tercero.

[48] Germano, obispo antisiodorense, caminando por el mar a Bretaña en compañía de Lobo, obispo trecasino, con intento de extirpar algunas heregías que se levantavan en aquel reino, y remediar semejante daño, sucedió tormenta, y puso el navío a punto de hundirse. Hizo oración el santo obispo, levantó las manos al Cielo, y la tormenta cessó, y su viaje se hizo prósperamente. Es de Henrico Monge, y refiérelo Marco Marulo, libro segundo.

[49] Faustino Siracusano, pretendiendo prenderle y martirizarle Estradicón, prefecto de Mecina, entró en una barca por mandado de un ángel, y huyó aquella persecución. Embió el tirano gente que le prendiesse, y llegando cerca, hizo Faustino oración, y la barca contraria se detuvo, de suerte que ni con velas, ni con remos, pudo ser movida de un lugar. Y assí, dexando en calma a sus contrarios, él llegó a Regio en salvamento. De allí fue a la ciudad Tabritana, que es en Calabria, y assentó por criado de Balzanio, hombre rico y hazendado, aunque idólatra. Fue su intento dar a pobres el salario de su servicio, y el cargo que le dio fue que apacentasse sus cava- llos. | Passado algún tiempo, Balzanio vino a ver sus cavallos, y hallándolos flacos, pareciéndole que tenía la culpa Faustino, con grande cólera y enojo fue a él. Mas, como el santo tuviesse licencia de Dios para huir, acogióse a sus pies, y huyendo el uno, y siguiéndole el otro, llegaron al río Motabro. Vídose en aprieto Faustino, mas ocurrió al remedio de la oración, y con ella pudo tanto que, hiriendo con una vara el río, se dividió, y él passó de la otra parte, tornándose a juntar las aguas. Balzanio quedó espantado de ver tal maravilla, dio bozes a Faustino, assegurándole y rogándole que hiziesse como también él passasse el río. Tornó a herir Faustino, y Balzanio passó por él, y por este milagro se convirtió y hizo cristiano. De manera que Faustino se libró de la muerte orando, y dio vida al que le perseguía. Y pareció en algo a Moisés cuando huía de los egipcios, aunque ay disparidad en que Faraón justamente por su dureza pereció, y Balzanio por su llaneza fue libre, porque ya el Hijo de Dios avía venido para salvar al Mundo, y no para destruirle, según dize San Juan en el capítulo tercero. Lo dicho es de Lipomano, y refiérelo Marulo, libro segundo.

[50] Faro, obispo maldense, estando riberas de un caudaloso río, vido hundirse un navío con la gente que tenía dentro. Diole pena grandíssima, derribóse en tierra, hizo devota oración a Dios, Nuestro Señor, y fue de tanta eficacia, que el navío tornó a parecer, y sin peligrar persona de las que en él venían, salió libre a la ribera. Semejante caso le sucedió al Apóstol San Pablo, y dízelo él mismo, escriviendo a los de Corinto: /(370v)/ «Tres vezes -dize- padecí naufragio; noche y día estuve en el profundo del mar». Es de Laurencio Surio, tomo quinto.

[51] Hor, abad en Nitria, no avía estudiado ni sabía leer. Diéronle un libro, hizo oración, y leía en él, y entendíale maravillosamente, y valióle tanto una hora de oración, como a otros valen muchos años de estudio. Refiérelo Marulo, libro segundo.

[52] También ay exemplos de lo que es verdad católica, que las oraciones de los vivos aprovechan a los ya difuntos. El Papa Benedicto Octavo, después de su muerte, se apareció a Juan, obispo portuense, y le dixo que le aprovechavan mucho las oraciones de Adilón, abad cluniacense, y que estava en penas de Purgatorio todavía. Lo cual sabido por el abad, hizo con mayor cuidado oración por él, y mandó a sus monges que hiziessen lo mismo, y no passó mucho tiempo que el mismo Benedicto, rodeado de un grande resplandor, fue visto, primero, de Edelberto Monge, y después, del propio Adilón, a quien dio las gracias, afirmando que por sus oraciones y las de sus monges era trasladado del Purgatorio a la Gloria de los Bienaventurados. Y dízelo Pedro Damián Cardenal, y refiérelo Laurencio Surio en el primer tomo. San Antonio de Florencia, en la Segunda Parte, afirma que este mismo Abad Adilón, por revelación que tuvo del Cielo, començó a celebrar aniversario por los difuntos el día siguiente al de Todos Santos, y que, pareciendo bien, fue de unos en otros celebrado, hasta que toda la Universal Iglesia Católica lo recibió, y mandó celebrarse generalmente. Refiérelo Marulo, libro | segundo.

[53] Arnulfo, obispo de Tours, vido llevar la alma de cierto hombre, que acabava de espirar, acompañada de demonios al Infierno. Postróse en el suelo, hizo oración por ella, y fue libre de aquel peligro. Y su vida, de grande penitencia en adelante, dio testimonio deste caso. Aunque yo aviso que nadie se dexe morir en pecado mortal, confiado que saldrá algún Arnulfo que ruegue por él, porque puede hallarse burlado. Y en el caso propuesto, aunque lo dize Gregorio Turonense, y refiere Marco Marulo, fue possible ser visión imaginaria, y que no del todo aquel hombre huviesse despedido la alma de su cuerpo, sino que se le representasse assí para enmienda suya y escarmiento de otros.

[54] Malaquías Cenerot, obispo de Hibernia, cuya Vida escrivió San Bernardo, siendo muerta su hermana, dezía Missa cada día por ella, y como dexasse de hazer esto treinta días por tener algunas graves ocupaciones, apareciósele una noche quexándose de su olvido, que la avía dexado ayuna treinta días; rogóle que favoreciesse su necessidad. Por esta visión, con mayor cuidado tornó a celebrar cada día por ella, y vídola, primero, que estava a la puerta de la iglesia, después, que entrava en ella, y al cabo, junto al altar, en compañía de un ilustre coro de gente, todos vestidos de blanco. Y tuvo indicio de aquí, que por sus continuos sacrificios y ruegos más presto avía salido de las penas de Purgatorio y ido a la compañía de los santos. Y assí, la oración hecha por los difuntos, como las demás obras buenas, es su comida, con /(371r)/ que, refocilados, más presto salen de penas de Purgatorio. Lo dicho es de San Bernardo, y refiérelo Surio, tomo sexto.

[55] Gerardo, hombre de gran linaje y muy rico, viendo cierta donzella, hija de un criado suyo, y obligado a servirle como esclavo, enamoróse della, y aunque anduvo algún tiempo luchando el temor de ofender a Dios con el deleite, ya queriendo, ya no queriendo, al fin se determinó en lo peor, de hazerla venir a su casa con mal intento. Embió por ella, y entretanto que venía, púsose a orar, y detúvose algún tanto en la oración. Cuyo efecto fue de suerte que, estando en su presencia, le pareció muy fea, tanto que preguntó a sus padres si era su hija la que él antes avía visto. Y certificado que era ella, como la tuviesse por feíssima, bolvió en sí, y sin tocarla, teniendo dolor de su mal intento, con grande dote la bolvió a sus padres, dándole entera libertad, y vivió en adelante con mayor recato. Al cabo, se entró monge, y hizo santa vida. Todo le vino por medio de la oración. Es de Marulo, libro segundo.

[56] En un camino que hizo San Bernardo, iva tratando con sus monges de la instabilidad del coraçón humano en la oración, que nunca para, sino siempre anda vagueando de unas cosas en otras. Oyólo un rústico que se avía juntado con ellos y contradíxolo, afirmando de sí que cuando rezava, nunca se distraía, sino siempre tenía su pensamiento en la oración, por mucho tiempo que en ella se detuviesse. El santo, para convencerle de que se engañava, le dixo:

-Pues, con que digas verdad, yo te daré esta mula en que voy si dixeres una vez la oración del Pater Noster, sin pen- sar | en otra cosa de lo que fueres rezando.

Aceptó el partido el rústico de buena gana, y ya tenía por suya a la mula. Començó a dezirle, y no avía llegado a la mitad, cuando le vino un importuno pensamiento, si le avía de dar la silla con la mula. Púsole en punto de pararse y preguntarlo, como lo confessó luego, con el engaño que avía tenido, y dio crédito a lo que el santo dezía de la inquietud del coraçón humano. Es de su Vida, referida por Laurencio Surio, tomo cuarto.

[57] Isaac, monge natural de Siria, vino a Italia a la ciudad de Espoleto. Entró en una igelsia, y rogó a los que la guardavan y tenían a su cargo que le diessen licencia para hazer en ella oración. Púsose de rodillas, y perseveró orando aquel día y la noche. Lo mismo hizo el siguiente, con la noche; vino el día tercero, y todavía estava puesto en oración. Visto esto por uno de los que guardavan el templo, aunque pudiera y deviera dello edificarse, començó con espíritu hinchado y con mucha sobervia a dezirle palabras villanas y afrentosas, llamándole engañador, fingido, que por ser tenido por santo avía estado tres días en oración. Y no contento con palabras, fue a él, y diole una bofetada en el rostro, y compelíale a salir de la iglesia; todo por mostrarse zeloso del servicio de Dios y religión. Mas, permitiéndolo su Magestad para castigo de su pecado, apoderóse dél el demonio, y derribóle a los pies del siervo de Dios, atormentándole terriblemente, y dava bozes, diziendo:

-!Isaac me atormenta! ¡ me tiene aquí derribado y puede de aquí echarme!

El varón santo, oyendo y viendo esto, derribóse sobre el /(371v)/ cuerpo atormentado de aquel miserable, hizo oración por él, y fue libre del demonio. Es de Surio, tomo segundo.

[58] Estevan, fundador del Orden Grandimontese, fue hombre de mucha oración. Sin las Horas Canónicas, rezava cada día muchas devociones, y hazía innumerables humillaciones, hasta besar la tierra, de modo que tenía las rodillas con muchos callos, a modo de camello, mostrando siempre que tenía cuidado de la salud de las almas de próximos, librando por medio de su cuidadosa diligencia y fervorosa oración muchas personas de los lazos del demonio. Y vídose esto ser assí en un cavallero exercitado en la milicia, que avía cometido un grave pecado, el cual, viniendo en compañía de otros a visitarle, cuando se despidía dél, díxole:

-Ruégote, siervo de Dios, que no hagas por mí oración, porque estoy en un pecado tan a mi gusto, que no me parece possible dexarle ni aborrecerle, y temo que si ruegas a Dios por mí, abré de aborrecerle y dexarle; y por el tanto, yo te suplico que ruegues a Dios en tus oraciones por otros que te lo demandan, y de mí no te acuerdes.

Dicho esto, fuese el cavallero muy contento, por estarlo tanto en aquel pecado, que temía, sin pedirlo él, ni quererlo, que Estevan avía de ser medio para que le dexasse, y con esto se assegurava. Quedó el siervo de Dios tristíssimo, considerando la ceguedad de aquel hombre. Congregó capítulo a sus monges y refirióles aquel caso, derramando tantas lágrimas, que con dificultad podía pronunciar las palabras. Exortóles a que hiziessen por él oración. Y hecha, bolvió el cavallero trocado en tanta manera, que con señales exteriores de grandíssimo dolor | confessó su culpa, y hizo della penitencia. Es de Vicencio Valvacense, y refiérelo San Antonio de Florencia.

[59] Santa Margarita, hija del rey de Hungría, estando en un monasterio de Santa Catarina Mártir, que era de monjas de Santo Domingo, su vida era santíssima, y su oración, eficacíssima. Y vídose en que, pidiendo a cierto religioso que se quedasse en el pueblo una tarde para predicar a las monjas otro día, por andar todas (y ella más) muy sedientes de la palabra de Dios, no pudo acabarlo con él; antes se despidió y subió en un carro para ir a otro pueblo. Púsose en oración la santa, y pudo con ella lo que quiso, porque el carro en que el predicador iva se hizo pedaços antes de salir del lugar, y assí le fue forçoso quedarse y predicar, como se lo avían rogado. Y acabado el sermón, suplicó a la santa le hiziesse bolver su carro sano para partirse, y no fueron menester oficiales, que la oración, que fue poderosa para romperle, también lo fue para repararle, y con sola ella, milagrosamente, quedó entero. Semejante caso le sucedió con otro fraile, que aviéndole ella rogado que se detuviesse a predicar, vino a hazer por fuerça lo que no quiso de grado, porque estando el día sereno y el cielo claro, suplicó la santa a Dios que lloviesse tanto, que aunque el fraile no quisiesse, oyessen ellas la palabra de su Evangelio y se consolassen. No salió su oración en vano, antes, por la mucha agua que cayó a deshora, no fue possible partirse el predicador, y assí les predicó. Acaesció otra vez que salió de madre el Danubio y llegó hasta la huerta del monasterio, y bañóla por tres días. Passó después por allí el Provincial, y diziéndoselo, él no podía creerlo, por la grande distancia que avía del río /(372r)/ al monasterio, sin que bastasse a allanarle la autoridad de Soror Margarita, que con las demás monjas lo afirmava. La santa señora, que lo entendió, quedó avergonçada de que la tuviesse por mentirosa. Púsose en oración y pidió a Dios diesse a entender al Provincial la verdad, y el Señor, que tan atento está a las oraciones de los justos, quiso mostrar lo mucho que podían con él las de su esposa Margarita. Y a deshora creció el Danubio tan poderosamente, que llegó al monasterio, y las monjas se subieron a unos corredores altos, porque andava la agua por todas las oficinas de casa, y el Provincial se subió por la muralla más que de passo. Y duró la creciente hasta hora de Vísperas, y a este tiempo, a petición de las monjas, hizo oración a Dios Soror Margarita, pidiéndole mandasse al río se bolviesse a su madre, y assí sucedió. Y vídose otro milagro, que cuando fueron a Maitines, no avía quedado rastro ni señal de agua, ni de lodo, en toda la casa. Refiérelo Surio, tomo primero.

[60] Santa Catarina de Sena hazía oración, y era de mucha eficacia. Rogó a Dios, luego que murió su padre, que fuesse libre de las penas de Purgatorio, y padeciesse ella por él algún particular dolor, y desde aquel punto le tuvo en los riñones, que no poco tormento le dava, señal clara y manifiesta de que Dios la avía oído. Murió a pocos días su madre sin confessión. Púsose en oración Catarina, y permaneció tanto en ella, que resuscitó, y vivió después muchos años. También fue cosa notable que Andrés Nadino, ciudadano de Sena, hombre viciosíssimo, estando enfermo y para morir, sin quererse confessar, aunque muchos religiosos le pedían que lo hiziesse, hizo | por él oración Catarina, y enternecióse su coraçón a confessarse y tener grande dolor de sus pecados. Passavan dos hombres facinorosos atenazándolos por la casa de una discípula de la santa, llamada Alexia, adonde ella se halló a la sazón, porque, aunque vivía en congregación con otras religiosas del hábito de Santo Domingo, ni ella, ni las demás, estavan encerradas, sino que salían a Missa y a otros negocios importantes, con toda honestidad y recato. Llevavan, pues, a aquellos miserables hombres, sin que pudiessen muchos religiosos que los acompañavan traerlos a que tuviessen dolor de sus pecados, antes blasfemavan de Dios, Nuestro Señor. Tuvo dellos lástima Catarina, considerando su perdición, hizo oración por ellos, y no sólo cessaron de dezir aquellas blasfemias, antes, con grande dolor y contrición de sus pecados, los confesaron, y murieron penitentes. Refiérelo Surio, tomo segundo.

[61] Santa Isabel de Hungría, en el tiempo que estuvo en un hospital, fundado por ella, sirviendo a los pobres, vido cierto día a un moço vestido profanamente. Díxole:

-Distraído andas. ¿Quieres que haga oración por tí?

Respondióle:

-Señora, quiérolo, y mucho os lo ruego.

Púsose en oración, y mandó al mancebo hazer otro tanto. Perseverando en ella, el moço començó a dezir:

-Cessad, señora, que todo me abraso.

Levantava los braços, y hazía visajes como loco. Llegaron a él, y hallaron que tenía los vestidos tan calientes del fuego que de su cuerpo salía, que no avía tenerlos en las manos. Mudó la vida este hombre /(372v)/ por la oración de Santa Isabel. Refiérelo Surio, tomo sexto.

[62] Siendo arçobispo de Florencia San Antonino, un ciudadano pobre y virtuoso tenía dos hijas. Iva todos los días al templo llamado la Anunciada, y tenía allí prolixa y humilde oración, pidiendo a la Madre de Dios remedio para sus hijas. Oyó un día a dos ciegos que pedían limosna a la puerta, y creyendo que no eran oídos, dixo el uno al otro que tenía en una bolsa dozientos ducados en oro, y sacávala y meneávalos. El otro repitió que en el sombrero tenía cosidos trezientos. Oído esto de aquel hombre rezador, dixo entre sí:

-Esto me viene de la Madre de Dios, que quiere que remedie mis hijas con lo que éstos guardan sin provecho para sí.

Llegó quedo y assió de la bolsa y sombrero a los ciegos, y por fuerça se lo quitó, y fue con ello a San Antonino, y contóle el caso. Hízolos él llamar, y reprehendiólos porque quitavan la limosna a los pobres, no siéndolo ellos. Díxoles que era aquél robo, y que estavan en estado de condenación. Por lo cual, afligidos, dixeron que passarían con lo que él ordenasse. Dio al uno veinte y cinco ducados, y treinta al otro, y con lo demás se casaron las dos donzellas pobres, hijas del que descubrió el hurto. Refiérelo Surio, tomo tercero.

[63] Santo Tomás de Aquino, filósofo excelentíssimo y teólogo consumadíssimo, honra del Orden de Predicadores y maestro de toda buena y católica doctrina, siempre que se ponía a estudiar, leer o disputar, o para entrar en otro exercicio literario, hazía oración, teniendo por cierto que de la invocación de la Divina Magestad, es proprio todo lo que se piensa bien, se dize bien y se haze bien. El mis- mo | santo, leyendo uno de los Profetas, llegó a un passo dificultoso, y para entenderle, hizo oración particular. Apareciéronsele los Apóstoles San Pedro y San Pablo, que se le declararon. Afirmólo fray Reginaldo después de muerto el santo, aviéndoselo oído a él en vida. En un viaje que hizo este santo doctor, hallóse en el día de Pascua de Navidad en una villa junto a Roma, llamada Mollaria, adonde estava el cardenal Ricardo, grande amigo suyo. Llegaron allí dos judíos, de los principales que a la sazón residían en Roma, y doctos en su secta. Careólos el cardenal con Santo Tomás. Tuvieron una rigurosa contienda, porque los judíos dezían que no avía venido Cristo, su Messías. Probóles Santo Tomás eficazmente, por autoridades de Profetas, que avía venido, y que ellos se engañavan, pensando que avía de venir con poderío y Magestad, porque los Profetas hablan de dos venidas suyas, y la postrera, que será cuando venga a juzgar vivos y muertos, vendrá con magestad; la primera vino humilde y a morir. Y los judíos engáñanse en pensar que sola una vez avía de venir, y ésta, con magestad y poderío grande. Convenciólos con sus autoridades y razones, de modo que dixeron que les diesse un día de término, y si passado no hallassen más razones de su parte, que se convertirían a la Fe de Jesucristo. Santo Tomás passó aquella noche toda en oración, y a la mañana, muy de su gana, vinieron rendidos a ser cristianos, de manera que se entendió que no menos les aprovechó la oración del santo, que sus razones y argumentos. Es de Juan Garçón, y refiérelo Surio, tomo segundo.

[64] Albino Obispo vido ciertos pre- sos /(373r)/ en una cárcel, que padecían grande lazeria. Lloró de lástima, rogó al juez por ellos, y fue sin fruto. Hizo oración a Dios, y cayéndose un muro de la cárcel, todos salieron libres, dando gracias a Dios y a su siervo, a cuyos ruegos el hombre no se movió, y moviéronse las piedras. Es de Surio, tomo segundo.

[65] Magnobono Obispo pidió al magistrado la libertad de ciertos presos, y negándosela, pidióla a Dios, y concediósela liberalmente, porque al tiempo que él orava, las puertas de la cárcel se abrieron, los grillos y cadenas se quebraron, y los presos salieron libres. Y assí, a los que la dureza, más que la justicia, del juez quería perder, la oración del obispo piadoso y misericordioso los libró. Refiérelo Marulo, libro segundo.

[66] Lobo, obispo trayetense, llegando Atila a su ciudad con intento de destruirla, y poniéndola cerco, hizo oración, y mandó abrir las puertas y dar entrada al enemigo. Entraron los bárbaros con intento de saquear el pueblo y destruir la ciudad, mas la oración del santo perlado les ató las manos, de suerte que, como si fueran por algún desierto, passaron por ella, sin hazer daño alguno. Y con esto, el Lobo, al tirano más cruel que furioso León, no peleando, sino suplicando a Dios, le venció y echó lexos de sí. Dízelo Gregorio Turonense, De Gloria Confessorum, libro veinte y siete, capítulo octavo, y refiérelo Laurencio Surio, tomo cuarto.

[67] Isidro, labrador y natural de la villa de Madrid, donde está de presente su cuerpo y es venerado en la iglesia parroquial de San Andrés, como parece en un libro antiguo de Juan Diácono, que está en la misma iglesia, to- dos | los días, antes que saliesse a trabajar al campo, visitava algunas iglesias de aquella villa, oía Missa y tenía larga oración. Y no por esso hazía falta a un cavallero amo suyo, cuya labor de su campo era a su cargo, porque el mismo amo vido un día que junto con Isidro andavan arando con bueyes blancos dos mancebos, que se entendió ser ángeles, que suplían el tiempo que él gastavan en la oración. Fue en tiempo del rey don Alonso, el que ganó la victoria de las Navas de Tolosa, año de mil y dozientos y doze.

[68] Aniano, obispo aurelianense, teniéndole cercada su ciudad los godos, púsose en el muro con sus clérigos, y començó a cantar la Ledanía, invocando en su favor los santos y santas allí puestos. Estava captivo cierto sacerdote, y oyendo entre los godos, donde le tenían preso, lo que el obispo hazía, dixo en alta boz:

-Vana es tu esperança, o Aniano, si piensas con palabras echar de aquí tus contrarios. Las mismas deprecaciones no aprovecharon a otras más fuertes ciudades.

Acabando de dezir esto, cayó muerto el miserable. Acometieron los bárbaros la ciudad, y cayó tanta agua del cielo, y con tanta fuerça, que les convino dexar el combate y libre la ciudad, e irse. Y con esto, el misericordioso Dios favoreció a los que oravan, y castigó al que tuvo en poco la oración. Dízelo Gregorio Turonense en su Historia, libro segundo, capítulo séptimo.

[69] Radegunde, muger de Clotario, rey de Francia, oyendo los clamores de los presos de la cárcel, passando cerca della, hizo oración a Dios, y fue de tanta eficacia, que las prisiones se les cayeron, las puertas de la prisión se les abrieron, y quedaron libres. Díze- lo /(373v)/ Fortunato en su Vida.

[70] Launomaro Abad, estando rezando de noche, por tres vezes le mató el demonio la vela, y otras tantas se la tornó a encender un ángel. Es de Surio, tomo primero.

[71] Leonardo, monge corbiacense, estando en oración se le rebolvió una culebra desde los pies hasta el pecho, de que él no hizo caso alguno, sino que permaneció en la oración, hasta averla acabado, y a esta sazón le dixo que hiziesse en él todo lo que Dios le diesse de licencia, la cual ni orando le dañó.

[72] El Seráfico Padre San Francisco, estando orando una vez, oyó sobre el tejado de su celda gran ruido, que se entendió ser negocio del demonio. Salió el santo a vistas, y dixo:

-Aquí estoy, demonios malditos, venid y hazed en mí todo lo que Dios permitiere, y si a este cuerpo hiriéredes con açotes, no haréis más que vengarme de mi enemigo.

Oyendo esto, se fueron confusos. Otra vez, estándose açotando, le dio bozes un demonio, diziendo:

-Francisco, Francisco, a los que hazen penitencia perdona Dios, y no a los que con tanto rigor se tratan.

Desto hizo poco caso el santo, aunque otra le hizo mucho, que, estando en oración, sintió un tan vehemente ardor de deshonestidad, que, dexando lo que haía, tomó una disciplina y hizo en sí un castigo riguroso, y visto que no bastava, desnudo se revolcó entre nieve. Lo dicho es de San Buenaventura en su Vida, y refiérelo Marulo.

[73] Preguntando a Agatón Abad en qué exercicio espiritual avía mayor trabajo y era en sí más dificultoso, respondió que en la oración, porque, estando orando, represéntanos el demonio diversas imaginaciones, ya | abiertamente, haziéndonos guerra, ya debaxo de engaños, procurando divertir al que ora, para que se canse y quede frustrado de provecho para con Dios. Es del De Vitis Patrum.

[74] Pedro, ermitaño ambiense, fue el primero que halló Rosarios de cuentas para rezar, el cual fue guía y cabeça de los cristianos que fueron a conquistar la Tierra Santa. La invención de las cuentas fue el año de mil y setenta y tres. Dízelo Polidoro Virgilio, libro quinto de los Inventores de las cosas, capítulo nono, y Gulielmo Tirio, libro primero De Bello Sacro, capítulo onze, y Genebrardo en sus Crónicas.

[75] Siendo Sumo Pontífice León Cuarto, por los años de Cristo de ochocientos y cincuenta, vinieron muchos moros de Africa a hazer mal en Italia, como otras vezes avían hecho. El Pontífice, que era valeroso príncipe, pidió favor a Lotario Emperador, y al rey de Francia, y a otros príncipes, y nadie se le dio. Hizo él gente, mandó a todos los soldados que confessassen y comulgassen, y capitaneándolos él, llegó a vista de los paganos. Púsose de rodillas el valeroso Pontífice y hizo una devota oración, después de la cual, animando su gente, dio en los moros, que eran sin número, y venciólos, captivando a muchos y recogiendo sus soldados victoriosos el despojo, bolvió con grande victoria y triumfo. Lo cual refiere el autor de la Historia Pontifical en su Vida.

[76] Luego que Santo Tomás Canturiense fue martirizado, hazía muchos milagros. Sabido de una muger algo libiana de caxcos, hizo voto de ir a pie algunas leguas a visitar su sepulcro, porque la diesse unos ojos garços, por los suyos, que eran pitañosos. Fue allá, y estando puesta en ora- ción, /(374r)/ quedó ciega. Fue su cuita grandíssima, llorava y plañía pidiendo al santo que siquiera le bolviesse sus ojos tales cuales, que ella se contentava con ellos, y no se vido en poco para alcançarlos. Su petición era con intento vano, y assí le sucedió. Refiérelo San Antonio de Florencia en su Segunda Parte Historial.

[77] Un cierto fraile menor, estando muy devoto rezando en la iglesia, vido baxar por el cordel de la lámpara un ratoncillo, y que iva al óleo. Diole palmadas por espantarle y echarle de allí. El ratón, que era demonio, le habló, y dixo:

-Contento voy por averte divertido de la oración esto poquito.

Es de la Segunda Parte de las Crónicas de los Menores.

[78] Tenían diferencia en Egipto dos pueblos cercanos al Nilo sobre su creciente y riego en los términos de cada uno. Sucedió que el más poderoso dellos, juntando la gente que podía tomar armas, fueron con determinación de destruir el otro pueblo, en el cual residía una santa donzella llamada Piamona. A ésta le fue revelado aquel daño que amenazava a sus vezinos, avisóles dello, y que saliessen con ruegos, pues no podían resistirles con fuerças, a aplacarlos. Ellos le rogaron que fuesse en su compañía, mas siéndole estorvo su encerramiento y humildad virginal, díxoles que ella buscaría otro medio como no fuessen dañados. Y hallóle, porque estuvo toda una noche en oración, de la cual sacó que, llegando tres millas del pueblo los contrarios, se quedaron inmobibles, sin poder dar passo adelante, y junto con esto, oyeron una boz amenazadora, que les dixo como las oraciones de Piamona les impedían el passo, que se bolviessen si no querían incurrir en ma- yor | daño. Oído por ellos, y visto todo esto, acordaron de ponerse en paz con los de aquel pueblo, avisándoles que lo hazían por causa de Piamona. Refiérelo Paladio en su Lausiaca.

[79] San Sabiniano Mártir, por medio de su predicación y de milagros convirtió muchos gentiles a la Fe. Embióle a prender el emperador Aureliano, y los que ivan a prenderle halláronle orando; temieron de echarle las manos, y fuéronse. Vinieron otros, y como también le hallassen orando, quedaron temerosos, y sin osar prenderle, sólo se atrevieron a hablarle, y a rogarle que fuesse con ellos, que le llamava el emperador. Fue con ellos, y padeció martirio. Bien pudiera el soldado de Cristo con su oración hazer temer al emperador, como a sus ministros, mas tuvo por mejor y de mayor provecho padecer martirio por Cristo, que ser espanto a infieles. Refiérelo Marulo, libro segundo.

[80] San Anselmo, arçobispo de Canturia, viendo morir a un hermano suyo y que mostrava grande temor, preguntóle la causa. Y respondió que estavan allí dos lobos terribles que le amenazavan, y temía ser despedaçado dellos. El santo perlado hizo oración por él, y hecha, vido al hermano muy consolado y que le dezía como ya aquellas bestias eran idas, porque salía de su boca orando una viva llama que les hizo huir de allí. Y con esto, muy sossegado, dio la alma. Y es documento que tenemos grande necessidad de las oraciones de los santos a la hora de la muerte, porque en tal sazón haze el demonio mayor guerra. Dízelo Edinero en su Vida, y refiérelo Surio, tomo segundo.

[81] Por cumplir con la obligación que tengo al amor grande que me tuvo /(374v)/ la madre que me parió, quiero dezir una cosa a propósito de la oración de que vamos tratando, y es que en su moçedad, no usándose las labores y exercicios de mugeres curiosos y costosos que después la ingeniosa diligencia de nuestra España ha descubierto, ocupávase en lo que otras donzellas de su edad y cualidad de ciudadanas de mediano estado se ocupavan, que era en texidos de seda, como cintas y listones, y en el exercicio que se ocupó donzella, se entretuvo biuda, de edad de setenta años. Cada día oía Missa, y rezava rosarios sin número, de tal manera que, teniendo en un braço del telar puesto un clavo pequeño, y dél colgando el rosario, texiendo rezava, y del continuo uso de passar las cuentas dando bueltas, estava hecha señal como un pequeño surco alrededor del clavo en la madera. Y le vi después de su muerte, y advertí dello a algunas personas, y doy gracias a Dios por aver tenido tal madre, que por sus oraciones, creo he recebido de Dios singulares misericordias.

[82] Para remate deste Discurso quiero dezir una cosa que a mí me ha causado admiración, el proprio día que escrivo esto, que es domingo, diez y seis días de junio deste año de mil y quinientos y noventa y uno, y es que en algunos lugares cercanos a esta ciudad de Toledo, como Polan, Guadamur y otros, hase padecido grande plaga de langosta estos días atrás, de suerte que dexaron destruidos panes y viñas, y de tal manera, que en algunos dellos, ni para el ganado quedó yerva. Esta plaga iva de unas partes a otras asolándolo todo. Llegó a una heredad mía de arboleda y cepas bien cerca de la ciudad, en el camino que | dizen de Loches. Avisáronme dello, y por aver oído dezir que defendió cierto labrador una viña suya con un Agnus Dei, que puso colgado de un árbol en ella, de modo que sus vezinos quedaron destruidos y él sin daño, lo cual, sin afirmarlo, mas sólo digo que lo oí dezir, tomando yo un Agnus Dei grande, fui a mi heredad, martes, día de San Bernabé de la semana passada, y hallé que por la parte de arriba avía entrado la langosta dos días avía, y ocupado como la tercia parte de la heredad, y era tanta que causava admiración. No avía llegado a una casa que yo labré en ella, y en una pared puse el Agnus Dei, y dentro de mí propuse y me obligué de escrivirlo en este libro, si echasse de ver remedio en este daño con semejante reliquia. Junto con esto, di cuenta dello a algunas personas religiosas, las cuales hizieron oración porque Nuestro Señor me evitasse este daño que ya tenía sobre mí. Si fue la reliquia, o la oración, o todo junto, esto es verdad que la langosta no se estendió más de como estava el día que yo la vi y llevé el Agnus Dei, con passar a todos mis vezinos, que parece que cubrían la tierra. Y también es verdad, que el viernes adelante, a la hora del mediodía tomó buelo, y se fueron de allí, sin parecer alguna dellas. Y assí mismo es verdad que con estar cinco días enteros allí, no se vido que en cosa alguna hiziessen daño. Yo no digo que esto sea milagro, mas causóme admiración y obligóme a dar a Nuestro Señor gracias por todo esto, y dénselas todos los ángeles y criaturas. Amén.

Fin del Discurso de la Oración. /(375r)/

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