Alonso de Villegas, Fructus Sanctorum y Quinta Parte del Flos Sanctorum

DISCURSO CINCUENTA Y UNO. DE MILAGROS

La inmensa Magestad de Dios quiere algunas vezes mostrar la grandeza de su poder en cosas varias, las cuales el ingenio humano no alcança que con fuerças de hombres pueden hazerse, y assí queden admirados, y las semejantes se llaman milagros. De los cuales, nuestra Cristiana Religión y Ley de Gracia está tan abundante, que quien pretendiesse escrivir todo lo que se podría dezir, sería hazer un volumen inmenso. Y por esto, en el Discurso presente se pondrán algunos, o por ser más famosos, o por tener mejor autor, o porque dellos se puede sacar mayor provecho para las almas. Aunque primero començaremos con algunos hechos en en tiempo de la Ley de Naturaleza y Escritura.

[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]

[1] La Creación del Mundo puede ponerse entre las obras miraculosas de Dios, pues hizo de nada cosas tan excelentes, tan diversas y estrañas, que en la contemplación dellas se ofuscan y deslumbran muy altos entendimientos. Si no, véase en el movimiento de los Cielos y en la compostura del hombre; lo uno y lo otro declara grandemente ser infinito el poder y saber de su Artífice. Esta Creación del Universo vino a noticia del hombre por revelación, pues como dize San Gregorio, en la Homilia primera sobre Ezequiel, profetizó Moisés de lo passado, diziendo: «En el principio creó Dios el Cielo y la Tierra». No dixo lo que estava por venir, sino descubrió lo | oculto. Es del principio del Libro del Génesis.

[2] También fue negocio miraculoso el conservar Dios a Noé en tiempo del Diluvio, con sus hijos y mugeres, y de todas las especies de animales, y que estando juntos tanto tiempo en la Arca tuviessen paz, como se refiere en el capítulo séptimo del Génesis.

[3] Grandes milagros hizo Dios por medio de Moisés cuando sacó libres a los hebreos de la captividad de Egipto, guiándolos con una columna de fuego de noche y una nube de día, abrirse el mar y passar por él a pie enxuto, sacar agua de una piedra, hazer dulces las aguas amargas con echar Moisés en ellas un leño, el darles de comer el maná, y un tiempo codornizes, el tragar vivos la tierra a Core, Datán y Abirón, con sus cómplices. Y en particular, se dize en el capítulo veinte y seis de los Números que hizo Dios un grande milagro en que, abriéndose la tierra y tragando a Core, no perecieron sus hijos estando juntos con él, sino que quedaron suspensos en el aire, como declara Nicolao de Lira, porque no tenían culpa en el pecado de su padre. Lo dicho es del Éxodo y del Libro de los Números.

[4] También fue milagro el detener Josué las riendas del Sol para que acabasse de vencer a sus enemigos, como se dize en el capítulo dézimo de su Libro; y que bolviesse diez líneas atrás en tiempo del rey Ezequías para confirmación de que le dava Dios salud miraculosa. Y refiérese en el capítulo /(303v)/ veinte del Libro Cuarto de los Reyes.

[5] El profeta Elías hizo muchos milagros, como fue baxar fuego del Cielo a su boz y abrasar a los soldados que atrevidamente venían a prenderle, el resuscitar un niño muerto, el abrirse el Jordán herido con su capa y ser arrebatado en un carro de fuego. Como parece en el Cuarto de los Reyes, capítulo primero, y en los siguientes.

[6] También Eliseo hizo milagros, y fue uno resuscitar el hijo muerto de la Sunmamítide, el hazer dulçe la olla que era amarga, multiplicar el pan que comiessen sus huéspedes, sanar de lepra a Naamán, y que resuscitasse su cuerpo muerto a otro que echaron en su sepulcro y se juntó con él. Es del Cuarto Libro de los Reyes, capítulo cuarto y siguientes.

[7] A Josafat, rey de Judá, pusieron grande temor los amonitas y moabitas, que vinieron a quitarle el reino y la vida. Y pidió parecer y favor a Dios, cómo se libraría dellos, y hablóle por un profeta, mandándole salir con música de cantores, precediendo los sacerdotes y ministros del templo, a la cual los enemigos començaron a moverse, no contra el rey que les salía al encuentro, sino unos contra otros, y fue de suerte que los judíos no tuvieron trabajo en pelear con ellos, sino en quitarles sus despojos, con que bolvieron tan cargados a Jerusalem, como antes lo avían salido de miedo. Es del Segundo Libro del Paralipomenon, capítulo veinte.

[8] Teniendo el rey Senaquerib su exército en Lachis, cerca de Jerusalem, por una blasfemia que dixo le mató un ángel de noche ciento y ochenta y cinco mil hombres, en tiempo del rey Ezequías, y fue milagro para quien vido a la mañana tantos muertos sin ver | desnuda su espada. Es del Cuarto de los Reyes , capítulo diez y nueve.

[9] También fue milagro de los tres amigos de Daniel, que estando en el horno de Babilonia en medio de la llama, no fuessen abrasados, y que el mismo Daniel estuviesse siete días entre leones hambrientos y no fuesse dellos despedaçado y comido. Refiérese en su Profecía, capítulo sexto y catorze.

[10] En la batalla que Judas Macabeo tuvo con Timoteo, capitán del rey Antíoco Eupator de Siria, se vieron cinco cavalleros armados con armas doradas en cavallos briosos, de los cuales dos se pusieron a los lados del Macabeo para defenderle, y los tres se adelantaron al principio de la batalla, hiriendo al enemigo, y con su favor venció magníficamente. Y en otra batalla que tuvieron los judíos contra Lisias, se vido de su parte otro cavallero con armas blancas, donde también alcançaron victoria. Refiérese en el Segundo Libro de los Macabeos , capítulo décimo y undécimo.

[11] La anunciación y concepción del Baptista miraculosa fue, por ser su padre viejo y su madre estéril. El quedar mudo Zacarías por su incredulidad, y serle restituida el habla el día que San Juan fue circuncidado, todas fueron obras miraculosas. Es de San Lucas, capítulo primero.

[12] Que la Madre de Dios concibiesse y pariesse sin daño de su integridad, milagro fue, y lo mismo el parir sin dolor. El venir los pastores a adorar su precioso Hijo luego que nació, llamados por un ángel, y los Reyes a los treze días, guiados por una estrella, obras fueron miraculosas. Y refiérenlo San Mateo y San Lucas, en el capítulo segundo. /(304r)/

[13] El primer milagro que hizo Jesucristo Nuestro Señor conversando con los hombres, y el principio de sus maravillas, dize San Juan en el capítulo segundo que fue convertir agua en vino en las bodas de Caná de Galilea. El dar de comer por dos vezes a muchos millares de hombres con pocos panes y peces, el sanar enfermos de diversas enfermedades, como onze leprosos (de los diez escrive San Lucas, capítulo diez y siete, y del uno, San Mateo, capítulo octavo); dio vista a seis ciegos (de los dos escrive San Mateo, capítulo nueve, y de otros dos, capítulo veinte; de otro, San Marcos, capítulo octavo, y de otro que nació ciego, San Juan, capítulo nono); libró del demonio a seis, como se colige de San Mateo, capítulo octavo, y a la hija de la Cananea, según refiere también San Mateo, capítulo quinze (y de la Magdalena dize en especial San Lucas, capítulo octavo, que echó siete demonios); resuscitó tres muertos (a la hija del Archisinagogo, al hijo de la viuda de Naín, y a Lázaro, hermano de Marta y María, y cuéntalo San Mateo, capítulo nono, San Marcos, quinto, San Lucas, octavo, y San Juan, undécimo); a la suegra de San Pedro sanó de grandes fiebres, y es de San Mateo, octavo; al hijo del Régulo, en Cafarnaum, que estava a punto de espirar, como lo escrive San Juan, capítulo cuarto, a la muger que padecía fluxo de sangre, tocando su vestidura, según San Mateo, capítulo nono; al mar hizo que se quietasse en una grande tempestad | (dízelo San Marcos, capítulo cuarto); el mostrarse transfigurado a tres discípulos fue obra miraculosa, y es de San Mateo, capítulo diez y siete; sanó la oreja cortada por San Pedro a Malco, y refiérelo San Mateo, capítulo veinte y seis; estando en la Cruz se eclipsó el Sol, teniendo en su oposición a la Luna poco antes; quebrarse las piedras, romperse el velo del templo: todo fue milagro. Su Resurrección, con el terremoto que vino, abriéndose el sepulcro; el entrar, cerradas las puertas, donde estavan sus Apóstoles, el subir a los Cielos a los cuarenta días, en presencia de sus discípulos; todas son obras admirables y milagrosas. Y sin los dichos, hizo otros muchos milagros el Salvador, tanto, que viene a dezir San Juan en el capítulo último: «Muchas otras señales hizo Jesucristo, que para escrivirse fueran necessarios grandes libros». Ni cessaron los milagros por averse subido al Cielo su Magestad. Milagro fue la venida del Espíritu Santo en lenguas de fuego, despertando las de los Apóstoles y discípulos, de tal suerte que predicaron su Evangelio en todo el Mundo, siendo entendidos en todas partes, y recebida en muchos su doctrina, como se refiere en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo segundo, y en los siguientes. Hizieron assí mismo milagros los Apóstoles en virtud de Cristo, como San Pedro, que sanó a un coxo que pedía limosna a la puerta del templo, y refiérese en el mismo Libro, capítulo tercero. Y en el capítulo quinto se dize que sanó con su sombra a algunos. El sacarle un ángel de la cárcel, librándole del poder de Herodes, milagro fue, y el sanar a Eneas, paralítico de ocho años, y el /(304v)/ resuscitar a Tabita, como parece en el mismo Libro , capítulo nono. La conversión de San Pablo, por aver sido miraculosa la celebra la Iglesia. El cual, a Elimas Mago, que estorvava la conversión del procónsul Paulo, privó de la vista en la ciudad de Listris. Sanó a un coxo de nacimiento, y es del capítulo catorze. Libró del demonio a una donzella, resuscitó a un moço que de cierta caída avía muerto (en el capítulo veinte). Y aviéndo- se | librado de un naufragio, estando en la isla de Mitilene, le mordió una vívora, quedándosele colgada de la mano sin daño del Apóstol, el cual hizo otros milagros, como parece en el mismo Libro de los Hechos Apostólicos. La Madre de Dios, los Apóstoles, los mártires y confessores, las sagradas vírgines, han hecho tantos milagros y tantas maravillas, que andan libros dellos, y tocarse han algunos.

Lo más de lo dicho se coligió de la Divina Escritura. |

[EJEMPLOS CRISTIANOS]

[1] Viniéronles a las manos los Libros Sagrados a Teopompo Histórico y a Teodecte Cómico. Éste quería aprevecharse dellos para sus farsas y entremeses, y quedó ciego. Aquél los ponía en dozena entre sus fábulas y mentiras, llevándolo por un rasero; quitóle Dios la hazienda, y faltávale con qué comprar un pliego de papel en que escrivir. Ambos cayeron en la cuenta de dónde les venía el daño, lloraron su culpa y enmendáronse, y ambos se remediaron, tornando el uno a tener hazienda, y el otro, vista. Refiérelo Fulgoso.

[2] En Sicilia estavan unos estanques llamados Pálicos cerca del río Simeto, en el cual, si entrava alguno que huviesse jurado falso, luego era muerto, y al que carecía deste crimen no hazía daño. Y en Asia, cerca de Tiana, estava una fuente llamada de Júpiter, de agua frigidíssima, de la cual si bevía algún perjuro, luego era herido manos y pies de llagas penosíssimas, de que sentía tan gran dolor que forçado confessava la verdad, y a los que juravan sin mentira no hazía daño. Esto afirma Filostrato, y refiérelo Fulgoso, y era obra miraculosa. |

[3] En la ciudad de Berito, del obispado de Antioquía, residían muchos judíos, y en casa de uno dellos fue hallada una imagen de Jesucristo, que por olvido de un cristiano que vivía primero en ella se dexó allí, y se tenía por tradición que la hizo Nicodemus, el que se halló con Josef en la sepultura de Cristo, aviéndole descendido de la Cruz. Vista por aquella mala gente, primero trataron mal al judío en cuya casa estava, no bastándole su disculpa de que la dexó allí el que primero vivía en ella, siendo cristiano. Después, llevando la imagen a su sinagoga o casa de oración, que tenían en aquel pueblo, y trayendo a la memoria lo que sus passados avían hecho en la persona de Cristo, determinaron hazer ellos en la figura e imagen otro tanto, por afrenta y vituperio suyo. Echáronle salivas en el rostro, diéronle bofetadas, tomaron clavos y traspassaron con ellos las manos y pies de la imagen. Pusiéronle en la boca una esponja con vinagre, hizieron una corona de espinas y pusiéronsela en la cabeça, y últimamente, uno de los que estavan allí, el más cruel y atrevido, tomó una lança y diole una cruel /(305r)/ herida por el costado. Mostró Dios una maravilla grandíssima, y fue que de la herida començó a manar sangre y agua en grandíssima abundancia, no sin espanto y admiracion de aquella infernal y sacrílega gente. Truxeron una vasija grande en que recogerlo, y en breve tiempo fue llena de aquel santo licor. Trataron entre ellos sobre ello, y acordaron que se diesse a enfermos, para que si era verdad lo que de Jesús Nazareno se dezía en el tiempo que vivió en el Mundo, que tocándolos con sus manos los sanava, que lo mismo haría aquel licor, y no siendo assí, que fuesse tenido por cosa de burla y mentira todo lo que dél se dezía acerca de sus milagros. Hízose assí, todo con intento de burlar y escarnecer del Salvador. Estando, pues, la vasija en la sinagoga, convocaron enfermos, y ungidos con aquel santo licor sanavan. Convencidos los judíos de la fuerça deste milagro, fueron al obispo metropolitano y, derribándose a sus pies, confessaron su delicto y todo el caso sucedido. Y averiguada la verdad por él, y vista la imagen con el licor y milagros de los que sanavan, porque lo pidieron ellos, hizo cristianos a los judíos, baptizándolos, y la sinagoga se consagró en iglesia con título y nombre del Salvador, y fue la primera deste nombre y título. De el licor fue embiado en vasijas pequeñas de vidro por toda la Cristiandad, con el testimonio del milagro. Esta relación se hizo en el Concilio Nizeno, el Segundo, y se mandó se autenticasse entre los hechos de aquel concilio.

[4] Cetrón y Eufrosina, muy devotos de San Nicolás, y que celebravan cada año su fiesta, tenían un hijo, el cual les fue llevado captivo por agarenos a Babilonia. Y estando sirviendo a la messa del rey, acordóse el moço que era víspera de San Nicolás, en que sus padres hazían grande fiesta. Preguntóle el rey por qué llorava. Diole cuenta dello, y el pagano le dixo haziendo burla:

-Si esse Ni- colás | es poderoso, dile que te lleve allá.

Tenía en las manos el moço el vaso que el rey avía de bever, y vídose que le asieron de los cavellos y levantaron en alto, y a vista del rey y de los que estavan con él, desapareció, y desde a poco espacio se vido en la iglesia de San Nicolás, adonde sus padres celebravan la fiesta, no obstante que aquel año avía sido con grandes lloros y tristeza por la prisión y captividad del hijo. Y viéndole libre, fue muy mayor su regozijo, y creció la devoción del santo. Es de la Vida de San Nicolás, escrita por el Metafraste.

[5] En la ciudad de Nola, que es en Campania, provincia de Italia, estava Félix Sacerdote, el cual, en una persecución que se levantó contra los cristianos, viniendo ministros de los juezes a prenderle por tener dél noticia, y llegando a la plaça, a quien primero preguntaron por Félix fue a él mismo. Respondióle que avía poco que estava allí. Dexáronle, y preguntaron a otro lo mismo, el cual les dixo:

-Aquél es, con quien agora hablávades.

Avíase Félix apartado de allí, entendiendo para lo que aquellos le buscavan. Siguiéronle. Llegó Félix a un muro viejo y roto de la ciudad, y pareciéndole que según el tiempo no avía lugar más acomodado para esconderse que aquél, entró allí. Donde, siendo ordenado por Dios, juntáronse muchas arañas y hizieron delante dél una tela, con que de presto le cubrieron. No faltó quien le vido entrar allí y dio aviso a los que le buscavan, que ya llegavan cerca, mas visto por ellos el lugar y las telas de las arañas, dixeron:

-El que nos dixo que entró aquí, burlóse de nosotros, pues por donde a una mosca se le veda la entrada, de razón se le ha de vedar a un hombre.

Y con esto, enojados, se fueron a buscarle a otra parte. Cosa maravillosa por cierto que, no siendo poderosos muros fuertes, y en ellos muchos soldados para defender los vezinos de una ciudad, que no sean entrados de enemigos y puestos a cuchillo, bastan telas de arañas /(305v)/ para defender a un hombre sin armas de muchos cargados dellas. Escrivió esto Paulino, obispo de la misma ciudad de Nola, y dize: «Verdaderamente el que tiene consigo a Cristo, la tela de araña le basta por muro, mas al que está sin Cristo, ni los muros fuertes bastan a su defensa».

[6] Bolviendo San Hilario de un destierro donde le avían tenido hereges, y caminando en un navío para Francia, su tierra, siendo obispo de Poitiers, llegó el navío en que iva a una isla llamada Gallinaria, que es en el mar de Toscana. Entendió que estava despoblada, y era la causa el aver en ella muchas serpientes ponçoñosas, las cuales avían echado della a sus habitadores. El santo obispo, pareciéndole que era menos peligro el pelear con bestias ponçoñosas que con hereges, con quien siempre anadava a las manos, determinó de salir a ella, aunque contradiziéndole todos los que venían en el navío. Tomó su báculo, salió a tierra, y viniéndose para él aquellas serpientes, començó con el báculo a amenaçarlas, haziendo la Señal de la Cruz. Vídose luego que bolvieron todas atrás y él fue siguiéndolas, hasta que las llevó a una parte de la isla muy fragosa, y allí hincó en tierra su báculo, poniéndole por límite de las ponçoñosas bestias. Después de lo cual, aunque por la otra parte se veen saltar en la agua, por aquella no osan passar un pie adelante del término que les puso el santo varón. Y de aquí se vido cuánto excede el segundo Adam, Jesucristo, al primero, pues el primero obedeció a la serpiente, el segundo tiene siervos que mandan a las serpientes. El primero, por la serpiente fue echado de su silla, que era el Paraíso Terreno; el segundo echa por medio de sus siervos las serpientes de sus proprias moradas. Y desde este tiempo se hizo habitable aquella isla, y adonde antes habitavan dragones, ya habitan hombres que alaban al mismo segundo Adam, Jesucristo, que tal obra hizo por su | siervo. Es de su Vida, escrita por Fortunato.

[7] San Gangulfo, cavallero principal y exercitado en las armas, en que sirvió al rey Pipino de Francia, siendo contado entre los más valientes y esforçados de su reino, junto con esto era gran siervo de Dios, y al cabo, procurándolo su propria muger, fue mártir. Bolvía una vez de cierto negocio a que le embió el rey, y estando en la provincia de Campania, siendo el mediodía y tiempo muy caluroso, apartóse del camino y vido una hermosa fuente, de que se agradó mucho. Y assentándose junto a ella con sus criados para comer de la provissión que llevavan, vino allí el dueño de aquel campo, a quien rogó Gangulfo que se assentasse y comiesse con él. Estando comiendo y mostrando el contento que tenía de gustar la agua de la fuente, dixo al señor della que si se la quería vender se la pagaría muy bien, para passarla a su tierra. El otro, oyendo esto, rióse dél, teniéndole por hombre sin juizio, y queriendo burlarse dél sacándole algún dinero, y que se quedaría con la fuente, pues no entendía cómo era possible llevarla, ni acordándose que dixo Cristo, Nuestro Redemptor: «Si tuviéredes fe bastante, podréis mandar a un monte que se despeñe en el mar, y él os obedecerá», respondióle que se la vendería si le dava por ella cien sueldos. Gangulfo los contó y se los dio, y acabada la comida, bolvió a su viaje, y llegando a su propria tierra, que se llamava Varenas, adonde a la sazón vivía, y donde se fundó después una iglesia de su nombre, dio cuenta a su muger, entre otras cosas, de la fuente que avía comprado en Campania para traerla allí, de que ella no hizo poca burla. Murmuró dél, teniéndole por desatinado y pródigo. Salió desde algunos días el varón santo a ver un huerto que tenía junto a su casa con un báculo en la mano, y en una parte que le pareció acomodada para /(306r)/ su intento, hincó el báculo y dexóle allí. Otro día, faltándole agua para lavarse las manos, mandó a un su criado que fuesse a donde estava el báculo, y sacándole, manando allí agua, le truxesse della. Fue el criado, sacó el báculo y salió un grande golpe de agua, y hízose una fuente de la misma traça que era la que compró en Campania. Donde el que la vendió se quedó sin ella, porque nunca más pareció agua en aquel lugar, y permaneció donde el santo quiso. Y por merecimientos suyos, beviendo enfermos de aquella agua, sanavan. Refiérelo Surio, tomo tercero.

[8] Hugón, abad cluniacense, entrando una vez en París, dixo Missa en la iglesia de Santa Genovesa, donde le mostraron una cassulla traída de Antioquía, con que era fama que dixo Missa el Apóstol San Pedro. Vista por San Hugón, dixo:

-Oxala tuviéramos aquí algún enfermo para que esperimentáramos en él la virtud y gracia del Apóstol.

Oído esto por uno de los presentes, truxo allí un paralítico de muchos años llamado Roberto, y pidió a Hugón le remediasse. El santo hizo por él oración, puso sobre él la cassulla, y con boz humilde, dixo:

-Esto dize el Apóstol: Roberto Paralítico, sánete Jesucristo. Levántate y anda.

Levantóse luego sano, y dio gracias a Dios y a su siervo por la recobrada salud. Fue público este milagro, y avía santa contienda acerca dél, porque los de París atribuían el milagro a San Pedro, los monges cluniacenses, a Hugón. Y lo que se puede entender es que el paralítico Roberto rogó a Hugón, por medio del que allí le truxo, le alcançasse salud, Hugón rogó por él a Cristo, intercedió San Pedro, y diole salud el autor della, Jesucristo. Refiérelo Surio, tomo segundo.

[9] Residía en Alexandría un varón fiel, misericordioso y de costumbres inculpables, en cuya casa se hospedavan monges peregrinos, el cual grandemente era devoto de la Madre de Dios. Tenía muger igual a él en virtudes, y que ayunava de ordinario las Vigilias des- ta | Señora y otro muchos días, sin los de obligación. Tenía una hija de seis años. Era él tratante y mercader, por lo cual le convino passar a Constantinopla. Dexó a la muger y hija en su casa con un criado, y al tiempo de entrar en el navío, díxole la muger:

-¿A quién, señor, nos dexas encomendadas?

Respondió él:

-A la Madre de Dios y Señora Nuestra, la Virgen Santa María.

Después de lo cual, como un día estuviesse la muger en su aposento trabajando de manos, y tuviesse consigo su hija, el criado, por sugestión del demonio, quiso matarlas, y robar la casa e irse. Tomó un cuchillo y salió de la cozina, y llegó a la puerta del aposento donde estava la señora, más hirióle Dios de ceguedad, y fue de suerte que ni entrar en el aposento, ni bolver a la cozina era en su mano. Estuvo una hora porfiando para entrar, y visto que no hallava la puerta, llamó a la señora que llegasse a él. Ella que le vido estar junto a la puerta, e ignorava que estuviesse ciego, díxole:

-Entra tú dentro. ¿Qué quieres?

Porfiava él, y con juramentos la importunava que llegasse. Dezía ella que no iría en alguna manera, que por qué no entrava. Replicó el criado:

-Pues llegue aquí essa niña.

-Ni ella ha de ir -dixo la madre-, que es poca tu vergüença, pudiendo entrar y dezir lo que quieres, pedir que nosotras salgamos allá.

Visto por el criado que no podía executar su mal intento, con el cuchillo que traía se hirió de muerte. Dio bozes la señora, ocurrió gente, y llegó allí el magistrado sabido el caso, y como aún no estuviesse muerto el criado, de su boca supo todo el caso, y los que estavan presentes alabaron a Dios, que por merecimientos y ruegos de su Sagrada Madre avía librado a aquellas dos personas que le fueron dadas en guarda. Es del Prado Espiritual , capítulo setenta y cinco.

[10] Iva el abad Gregorio Anacoreta en un navío, partiendo de Constantinopla a Hierusalem, y entre otros passajeros que /(306v)/ llevavan aquel viaje con designo de adorar los Lugares Santos de aquella ciudad, era un escrivano con su muger. Estando, pues, en alta mar, faltóles la agua, donde se vido un triste espectáculo, porque estavan tendidos por el suelo niños, moços, mugeres y hombres, a punto de perecer de sed. El escrivano, impaciente de ver este daño, puso mano a la espada para el patrón del navío, queriéndole matar, diziendo que él tenía la culpa por no se aver proveído de agua suficientemente. El abad Gregorio le fue a la mano que no lo hiziesse, y dixo:

-Harto más acertado será que todos hagamos oración a Dios que nos libre deste tormento, que assí lo haze el mismo patrón, que ha tres días que ni come ni beve, estando orando.

Y era assí verdad, siendo hombre devoto y muy religioso. Y assí pareció, porque al cuarto día el patrón començó a dar bozes, diziendo:

-Gloria se dé a Ti, Cristo, Dios Nuestro.

De lo cual se admiraron los que ivan en el navío. Mas su admiración cessó luego, viendo que una nuve se puso sobre él y començó a derramar abundancia de agua, que cogieron en vasos, con que se proveyeron bastantemente. Y era el milagro mayor, que caminando el navío, la nuve caminava sobre él y vertía su agua, sin que cayesse cosa en el mar. Es del Prado Espiritual, capítulo ciento y setenta y cuatro.

[11] Llegó de Egipto a Seleucia el abad Brocha, y cerca de la ciudad vido un lugar desierto, donde quiso edificar una pequeña celda y ser morador algún tiempo. Levantó las paredes, y faltávale madera con que cubrirla. Entró en la ciudad y vido a la puerta de una casa el dueño della, llamado Anatolio, hombre principal. Díxole:

-Ruégote, señor, que uses comigo de caridad y me des madera con que cubra una pequeña celda para mi habitación.

El otro, muy indignado de oír tal demanda, díxole:

-¿Ves aí un madero? Tómale.

Con esto le mostró una viga, que era bastante para entena de un navío, que estava junto a su casa. El abad | Brocha le replicó:

-Pues, señor, me hazes la caridad, échame tu bendición.

Anatolio, más enojado y lleno de cólera que primero, dixo con ironía:

-Bendito seas del Señor.

Oído esto por Brocha, levantó él solo el madero, y poniéndosele al hombro, como si llevara una vara ligera caminava a su celda. Quedó lleno de espanto Anatolio, visto tan estraño milagro, por lo cual de buena gana le dio el madero que antes, burlando, mostrava querer dar. Y con él, aviéndole asserrado en menudas pieças, cubrió su celda, y le sobró para otros ministerios. Refiérese en el Prado Espiritual, capítulo ciento y noventa.

[12] En menosprecio de la Religión Cristiana dio licencia el emperador Juliano a los judíos que reedificassen el templo de Hierusalem, destruido por Tito, hijo de Vespasiano. Començóse la obra, y estando puestos los fundamentos, dio la tierra un gran bramido, y despidiendo de sí llamas terribles de fuego, bolvió en polvos lo començado de la obra, y no perdonó a las herramientas de los oficiales, que también fueron hechas ceniza. Murieron muchos judíos y no pocos de los oficiales. Y en la siguiente noche se vieron en los vestidos de los judíos que quedaron, cruzes señaladas, sin que se pudiessen borrar. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

[13] Reinando Teodorico en Africa, era obispo de Cartago Olimpio Herege. Estávase un día bañando, y dixo una blasfemia de la Santíssima Trinidad, en la cual no creía. Vieron muchos que estavan presentes que cayeron del Cielo tres rayos, y sin hazer daño en otra parte, le hirieron, dexándole abrasado y consumido. Es del mismo.

[14] El emperador Valente, ariano, quiso llevar a Constantinopla la cabeça de San Juan Baptista, de un pueblo donde estava. Púsola en un carro, y no fue possible dar passo con ella, y assí desistió de su intento. La cual después llevó el empera- dor /(307r)/ Teodosio con grande facilidad. Y dexóse luego entender la causa deste misterio, que fue no querer ir la cabeça del Baptista con un herege, como lo era Valente, sino con Teodosio, que fue católico y buen cristiano. Refiérelo también Fulgoso, libro primero.

[15] Aviendo el emperador Heraclio cobrado el precioso madero de la Santa Cruz de poder del rey de Persia, Cosdroes, y bolviendo con ella a Hierusalem, quiso ponerla en su proprio templo, donde antes estava. Y para esto ordenóse una sumptuosíssima processión, y en ella salió Heraclio vestido con riquíssimas ropas, y con el calçado sembrado de piedras de mucho valor, y con la Cruz sobre sus hombros. Avía de atravesar una puerta de la ciudad, y paróse el emperador con la Cruz, sin poderse mover de un lugar, y desto, él y todos los presentes quedaron admirados, no sabiendo qué pudiesse ser la causa de tan estraño milagro. El Patriarca Zacarías, que iva al lado del emperador, buelto a él, dixo estas palabras:

-Miedo tengo, sereníssimo príncipe, no sea la causa de que no puedes moverte la que te diré. Tú, señor, llevas la Cruz sobre tus hombros, procurando imitar a Jesucristo que la llevó por este mismo camino, y si bien miras en ello, imítasle poco, porque no la llevas como él la llevó, ni como conviene llevarla. Porque tú llevas atavíos riquíssimos, y Él llevava una vestidura humilde; tú llevas corona imperial en la cabeça, y Él llevávala de crueles espinas; llevava Él los pies descalços por el suelo llenos de polvo, y tú los llevas puestos en púrpura y preciosas perlas.

Parecióle a Heraclio que Zacarías tenía razón, y mandó traer una ropa de poco valor. Quitóse la corona y calçado, y assí, descalço y con pobre y humilde vestido, pudo proseguir con la processión, hasta poner la Sacrosanta y Bendita Cruz en el lugar donde Cosdroes la avía quitado catorze años antes. Lo dicho se refiere en la Fiesta de la Exaltación de | la Cruz, y habla dello Lipomano en el sexto tomo.

[16] En la batalla que el rey don Ramiro tuvo contra los moros en España, fue visto de todos los que en ella se hallaron el Apóstol Santiago el Mayor, cuyo cuerpo está en Galizia, que en un cavallo blanco con armas resplandecientes faborecía a los cristianos y perseguía a los paganos, y con su fabor se ganó aquella batalla, quedando muchos pueblos obligados de su gana a dar cada año cierta paga y tributo a su Iglesia, como parece por un Privilegio dado por el mismo rey, donde se cuenta este milagro. Y quedó de aquí que los españoles, en todos sus trances de guerra, apellidan en su fabor a Santiago.

[17] En la expedición que hizo Godofredo de Bullón en la Tierra Santa, al tiempo que se entró la ciudad de Hierusalem fue visto Aimaro, obispo aniciense, que iva delante de todos, y fue el primero que subió en los muros, y desde allí çeñava a los soldados que subiessen. Del cual afirma Guilielmo Tirio, obispo, escritor deste hecho, que algunos años antes era muerto.

[18] Edificóse en tiempo del rey Dagoberto de Francia un solemne templo, cerca de París, dedicado a San Dionisio, y juntándose algunos obispos para consagrarle una noche, vido cierto leproso a Jesucristo en hábito pontifical, con otros santos que le consagravan, y fuele mandado que lo dixesse, y para que fuesse creído, que diesse por señal el ser libre de lepra. Y fue esto causa a que no se atreviessen los obispos a consagrarle, teniendo por cierto que el Hijo de Dios quiso honrar aquella iglesia con semejante ministerio. Y el mismo día se celebra en ella, y se vee pintado en una custodia de oro, con el leproso santo. Refiérelo Fulgoso.

[19] Siendo emperatriz Irene, fue descubierto un sepulcro, y en él un cuerpo muerto, y en el pecho tenía una lámina o plancha de oro con estas letras: «Creo en Jesu- cristo, /(307v)/ que nació de María Virgen. ¡, Sol, imperando Constantino e Irene, otra vez me verás!». Esto refieren graves autores, y algunos dizen que era Platón el que estava allí sepultado. Todos concuerdan en que su antigüedad declarava estar allí antes del Advenimiento en Carne del Hijo de Dios al Mundo.

[20] Austreberta, abadessa del monasterio Pauliacense en Francia, estando una noche durmiendo en su monasterio, con sus monjas en el dormitorio, aviendo de dezir Maitines a la medianoche, una hora antes dieron bozes a cierta monja que se levantasse, y fuesse a la abadessa y la dixesse que luego tañesse a Maitines y los començasse. A la monja se le hazía de mal. Dixéronselo tres vezes, y amenazáronla si no iva. Con esto, fue y contó lo que avía oído a la abadessa. Mandó luego tañer, juntáronse las monjas en el coro, y luego que començaron los Maitines oyeron un grande ruido en el dormitorio. Y fue que se hundió todo, y si esperaran a la medianoche, todas murieran. Refiérelo Surio, tomo primero.

[21] San Luis, rey de Francia, passando a la conquista de Hierusalem, cayó en una celada de moros y fue presso. Y en la prisión le sucedió que le embió Dios con un ángel un Breviario en que rezasse, y le dio gracia para que assí él como sus sucessores en el reino, haziendo la Señal de la Cruz sobre los que tiene lamparones, sanassen. Es de su Historia.

[22] Nizéforo Calixto, libro séptimo, capítulo treinta y siete, escrive del emperador Constantino que, al tiempo que iva a pelear contra Maxencio, mandó llevar en un estandarte una Cruz, delante de todo el exército. El que le llevava temió de ser muerto y diole a otro, el cual se desnudó todas las armas, y con sola la túnica le llevó, sin ser herido ni recebir daño alguno, aunque passaron junto con él inumerables saetas y dardos; y el que le dexó, aunque iva bien armado, fue muerto en la batalla.

[23] San Brandano, abad en Escocia, iva | navegando con ciertos religiosos. Halláronse cerca de una pequeña isla, al parecer, día de Pascua de Resurrección. Importunáronle que saliesse a tierra, y sacando aderezo, dixesse Missa. Hízolo assí, y al tiempo del Pater Noster començóse la isla a menearse, porque era una grande vallena. Entendiéronlo todos, y no por esso San Brandano hizo pausa en la Missa, sino que la acabó. Y, acabada, púsose de rodillas, rogando a Dios detuviesse aquella bestia hasta que todos se huviessen embarcado. Oyóle su Magestad, embarcáronse, y luego la vallena se hundió. Dízelo San Antonio de Florencia, en la Segunda Parte Historial.

[24] San Gregorio Turonense escrive en su Historia Francesa de Leovigildo, rey de España, que siendo ariano, andava confusso por ver que los católicos hazían milagros, y no los de su secta. Llamó un día a cierto obispo, herege como él, llamado Cirola, y díxole qué era la causa que no hazía él milagros, como los hiziessen sus contrarios, los que se llamavan católicos. Respondió el Cirola:

-Muchas vezes di luz a ciegos y hize que oyessen los sordos, y aora también haré lo que me mandas.

Habló luego en secreto a otro herege, y díxole:

-Toma diez pieças de oro, y estarás cerrados los ojos por donde el rey passare, yendo yo con él, y darás bozes pidiéndome que te restituya la vista por la Fe y creencia que tengo.

El herege recibió el dinero y hizo lo que le fue dicho, y a tiempo que el mal obispo passava al lado del rey muy acompañado de hereges, el ciego de dinero, y no de vista, dio bozes pidiendo que, según la Fe del obispo, le restituyesse la vista. El Cirola, con mucha arrogancia, se llegó a él, púsole las manos sobre los ojos, y dixo:

-Hágase en ti según mi Fe.

Y diziendo esto, se le rompieron los ojos al miserable codicioso, con mucho dolor. Y quedando de veras ciego, publicava el engaño y maldad que pretendía /(308r)/ hazer por el dinero que le dio Cirola.

[25] San Pedro Mártir, inquisidor, disputava en Milán en medio de la plaça con un obispo herege, estando presentes muchos católicos y hereges, y por ser tiempo de verano y molestarles a todos el Sol, dixo el obispo:

-Si tú, Pedro, eres santo, como todo este pueblo afirma, ruega a Dios que interponga alguna nuve entre el Sol y nosotros para que no nos moleste con sus rayos.

Respondió él:

-Soy contento de lo hazer, con que dexes tus errores y confiesses la verdad de nuestra Fe y la recibas.

A los católicos que estavan presentes les pesó mucho de oír esto, pareciéndoles que no haziéndolo tendrían los hereges ocasión de burlar dellos. Y por estar el cielo muy sereno, pensavan que no haría lo que prometía. Los hereges davan bozes al obispo que lo prometiesse, teniendo por cosa cierta que faltaría en lo que prometía aquél que tenían por su capital enemigo, y que hallarían aquí ocasión con que perseguirle. El obispo, con pertinacia de hereje, no quiso obligarse a esto. Y visto por el santo, para quitar el miedo a los católicos y el plazer a los hereges, y mostrar la ceguedad y dureza de aquél que era cabeça de todos, hizo oración a Dios, y apareció luego allí una nuve que se puso como toldo o cielo sobre el auditorio hasta que se acabó la disputa, defendiéndolos del calor del Sol. Es de su Vida, escrita por Tomás Lentino, y referida por Surio, tomo segundo.

[26] El Seráfico Padre San Francisco, apartándose a tener la Cuaresma, que ayunava, a San Miguel, en el monte de Alverna, dos años antes de su muerte, un día de mañana cerca de la Exaltación de la Cruz, que es en Setiembre, vido decender de los Cielos una semejança de serafín, que traía seis alas encendidas en fuego y echava rayos de claridad. Llegó con ligereza grande al lugar donde estava el varón de Dios, Francisco, y apareció entre las alas la figura de un Crucifixo. Las dos alas de arriba tenía levantadas sobre la cabeça, y | las dos de en medio traía estendidas, y bolava con ellas y hazía semejança de Cruz, y las otras dos traía recogidas, solamente cubriendo con ellas el cuerpo hasta los pies. A la presencia desta gloriosa visión, admirándose San Francisco sobremanera, sintió en su coraçón una excesiva alegría, mezclada con viva compassión, de la vista de su amado Cristo. Fue el santo arrebatado en éxtasi, como solía siempre que se ponía a meditar en la Passión de Jesucristo, de que más que puede encarecerse era devoto. Y assí esta vez quedó transformado en la semejança de Jesucristo Crucificado, dexándole la figura de sus sagradas llagas imprimidas en su carne de tal manera, que sus manos y pies eran traspassados por medio con clavos de la misma carne, y las cabeças parecían en las palmas de las manos como redondas y negras, las puntas eran largas y retorcidas, y lo mismo en los pies. El costado derecho tenía assí como herido con una lança, hecha en él una llaga abierta y colorada. San Buenaventura, en su Vida, afirma aver oído esto a muchas personas que lo vieron con sus ojos y tocaron con sus dedos. El Papa Gregorio Nono, que le canonizó, afirmó averlas visto, y Santa Clara las vido y tocó con sus dedos, como se dize en su Vida.

[27] Santa Casilda, hija de Aldemón, rey de Toledo, moro de nación y secta y grande enemigo de cristianos, viendo que tenía a muchos en cárceles y mazmorras, padeciendo lazeria y hambre, siendo piadosa compadecíase dellos, y por estar las cárceles junto a palacio, ella misma recogía algunos panes y otras cosas de comer, y llevávaselo para que tuviessen algún consuelo y recreo en tanta miseria. Avisáronle desto a su padre. Aguardóla un día, y viéndola ir recogida su falda, fue a ella, y con grande enojo hízole mostrar lo que llevava, y descubierto, vido rosas y flores, de que el moro quedó confuso, y su hija, maravillada deste milagro. Fue Casilda a los cris- tianos /(308v)/ y contóles lo que passava, y por ello dieron gracias a Nuestro Señor, tornando a parecer lo que antes. Su padre juzgó que eran rosas y flores, aquella gente hambrienta experimentó que eran pan y carne. Sucedióle a Casilda una enfermedad de fluxo de sangre, que todos los médicos juzgavan ser incurable. Tuvo revelación de Dios que si se bañava en el lago de San Vicente, el cual está en tierra de Bureba, cerca de la villa de Birviesca, que sanaría de su enfermedad. Dio cuenta dello a su padre, y hazíasele de mal de embiarla a aquella tierra que era de cristianos. Al fin, con desseo de verla sana, embióla con un presente de muchos captivos que hizo libres al rey don Fernando, que a la sazón reinava, y fue el primero de los deste nombre. Recibióla él muy bien, y hízole mucha honra. Bañóse Casilda en el lago y quedó sana, por lo cual se baptizó, y junto a aquel lago hizo un aposento en que passó todo lo demás de su vida, viviendo santamente, y murió como vivió. Lo dicho se coligió de Breviarios antiguos de España, y refiérelo el Arcediano de Ronda en su Catálogo de Santos.

[28] Raimundo de Peñafort, del Orden de Predicadores, siendo confessor del rey don Jaime de Aragón, para apartarle de la afición que tenía a cierta muger, aconsejóle que la echasse de su corte, y huyesse de verla y aun de oír su nombre, y no haziendo esto, afirmóle que él le dexaría y se bolvería a su convento. El rey prometió de lo hazer assí, aunque no lo cumplió, vencido de su propria sensualidad y de los amores y caricias que la engañosa muger le hazía. Ofreciósele al rey de passar a la isla de Mallorca, y fue después de averla conquistado. Dixo a fray Raimundo que fuesse con él aquel viaje, y que desta manera podría apartarse de ofender a Dios con aquella muger, dexándola en Barcelona. Concedió con él, y estando en la isla supo que avía passado a ella escondidamente la muger, y que se veía con el rey. Por lo cual le habló | y reprehendió osadamente, y junto con esto se despidió dél. El rey le oyó, y vista su determinación, mandó con pena de muerte que nadie le passasse a Barcelona. Entendido esto por el santo, fuese al mar, y quitándose la capa, tendióla sobre las aguas y puso en ella los pies sin hundirse. Y en un báculo que traía puso su escapulario, levantándole en alto como vela. Vino luego un viento que le apartó de tierra y llevó velozmente el mar adelante a vista de muchos, que fueron a dar noticia dello al rey. El cual, muy admirado, y con pena de que se le fuesse, mandó ir en su seguimiento algunos barcos y vassos ligeros. Mas fue en vano, porque como tenga bien que hazer en passar aquel mar un navío con próspero viento en un día, el santo varón Raimundo, con este modo milagroso de navegar, aviendo salido de la isla de mañana, a mediodía llegó a Barcelona. Donde, siendo visto de la manera que venía, fueron a recebirle gentes sin número, con admiración y alegría de todos. Salió a tierra y sacudió su capa, quedando ella y él sin señal alguna de humedad. Tomó el camino para su convento, y antes de llegar a él hizo algunos milagros, de enfermos que sanó, bendiciéndolos. Abriéronsele las puertas del monasterio, y dexando fuera los que le acompañavan, entró en él. Hizo oración, y estando los frailes en el refectorio, fue a él, y recebida la bendición del perlado, se assentó a la messa y comió con los religiosos. Lo dicho está en su Vida, en la Tercera Parte del Flos Sanctorum , colegida de las Lecciones del Breviario de Barcelona , y de Surio, tomo primero.

[29] En la cuenta de milagros pueden entrar los que passaron mucho tiempo sin comer, como antiguamente Elías, que con un pan y un jarro de agua passó cuarenta días de camino; Moisés, otros cuarenta días se detuvo gozando de razonar con Dios sin sentir hambre. María Egipciaca, con tres panes se sustentó, y con hiervas, muchos años. En la ciudad /(309r)/ de Colonia, imperando Frederico Segundo, un hombre simple estuvo sin comer siete semanas, beviendo un poco de agua de cuando en cuando, de lo cual da testimonio Alberto Magno, como testigo de vista, que también escrive de otra muger de tierra de Alemania que estuvo veinte días sin gustar manjar. San Augustín, escriviendo a Casulano, afirma que en su tiempo vivió cuarenta días un hombre sin comer. Y el Petrarca haze mención de un veneciano que passó el mismo tiempo ayunando. Olimpiodoro Platónico trae por testigo a Aristóteles, que vido en su tiempo un hombre que nunca comió ni durmió, en toda su vida, sino que poniéndose al Sol suplía lo uno y lo otro. Y en los Anales de Francia se escrive que en el año de Cristo de mil y trezientos y veinte y dos, en el campo Tulense, una donzella de doze años comulgó la primera vez, y no comió por tres años, y passados éstos, tornó a lo que antes acostumbrava. En Perusia, Palumba, muger de veinte años, por siete cumplidos se sustentó alma y cuerpo con la Sagrada Comunión, sin usar otro manjar, y desto hizo información el Papa Inocencio Octavo. Y en el de mil y cuatrozientos y sesenta, Nicolao Helvecio, después de ser padre de cinco hijos, se fue a vivir en soledad, y en ella vivió quinze años, sin comer cosa alguna. Su vida era admirable, y dezía cosas que estavan por venir, revelándoselo Dios. Quiso el obispo de Constancia, en cuyo distrito vivía, experimentar esto. Vídose con él, y hecha su diligencia, halló ser verdad lo que dél se dezía. Mandóle por santa obediencia que comiesse alguna cosa. Él se defendió lo que pudo, y al cabo obedeció, aunque le costó tres días de dolor grande de estómago, lo cual primero él lo avía dicho. Y no sólo el obispo Constanciense hizo prueva deste negocio, pues muchos otros príncipes de Alemania, Francia y Italia le visitaron y averiguaron ser verdad. Baptista Fulgoso, que escrivió todo lo dicho, afirma que él hizo notable pesqui- sa | sobre el caso de personas que lo avían visto, y todos concordaron en que era assí verdad.

[30] También pueden entrar en este Discurso de Milagros el no aver abrasado el fuego a personas que fueron echadas en él, como antiguamente en Babilonia los tres mancebos amigos de Daniel Profeta. Copres, monge de Egipto, el cual contendió sobre algunos artículos de fe con un herege maniqueo pertinacíssimo, para provar con obras lo que con palabras confessava, entró en una hoguera y detúvose en ella media hora, sin quemarse ni recebir algún daño. Estava en Italia y no lexos de Roma, como cuenta San Gregorio, un monge recluso en una celda, y passando por allí el exército de los godos, quisiéronle regalar con cercarle de leña y pegarle fuego. La leña se quemó, y lo que estava en el circuito de la ermita, la cual, con ser de madera y seca, quedó libre, y el monge sin peligro.

-No os iréis por aí -dixeron los bárbaros.

Visto que su malicia no le comprehendía, asiéronle y pusiéronle dentro de un horno encendido, y cebándole con leña todo un día, el siguiente le hallaron sin daño y con vida.

En una villa de Francia, cerca del río Matrona, cayó un rayo y dio en cierto templo, el cual quedó abrasado, y vídose sin lesión ni daño alguno, apagada ya la llama, la custodia con el Santíssimo Sacramento. En el año de mil y quinientos y ochenta y nueve, en onze de setiembre, casi a la media noche, se pegó fuego en la plaça de Çocodover de Toledo, donde era la carpintería, y llegó desde la capilla de la Preciosa Sangre hasta junto al monasterio de Santa Fe de Comendadoras, con daño grandíssimo de casas, haziendas y gente. Yo mismo vi el fuego en su mayor furia, con lástima grande considerando el daño irremediable de muchas personas que salían del incendio, dexando uno la madre, otro, el hermano, y todos, sus haziendas en poder del elemento rabioso, que todo lo convertía en ceniza. Afirmóme un sa- cerdote /(309v)/ y hombre de verdad una cosa miraculosa que sucedió aquí, y la vieron diversas personas según él dixo, y fue que passados muchos días que duró el fuego entre los carbones encendidos, piedra y tierra, que no se dexava bien tocar con las manos por el calor que tenía, se halló una cadena y cerco de Agnus Dei de oro. El cerco y la cadena estavan en parte hechos plasta aviéndose derretido el oro, y el Agnus Dei, con ser cera bendita, estava entero y sano. No se hizieron sobre ello las averiguaciones que fuera razón, y yo desseé que se hiziessen, dando algunas puntadas para ello, por impedirlo la parte en alguna manera, temiendo no le desapareciesse su joya y la perdiesse con lo demás que de allí perdió. Yo refiero lo que oí, y no dexé de creerlo, porque entre otras gracias que tiene esta santa reliquia es que defiende de rayos a los que con devoción las traen o tienen en sus aposentos, y assí pudo ésta, con fabor del Cielo, librarse de la llama.

[31] Siendo Sumo Pontífice Pelagio, y emperador Mauricio, el río Atesis, que passa por Verona, creció de suerte que cubrió la iglesia del mártir San Zenón hasta las más altas ventanas, y con estar abiertas, y la puerta principal también abierta, no entró agua en ella. Y lo que más fue de maravillar, que hallándose algunos hombres dentro de la iglesia, llegaron a la puerta donde estava la agua como por muro, y cogieron della en vasos que bevieron. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

[32] En tiempo del rey don Rodrigo de los godos, estava en Toledo un palacio antiguo, y en su puerta muchos candados, porque de ordinario los reyes ivan poniendo cada uno el suyo, teniendo tradición que era conveniente para bien del reino que assí se hiziesse. Fue don Rodrigo de contrario parecer, y en lugar de añadir candado, quitólos todos, creyendo hallar dentro algún tesoro dexado por Hércules, fundador desta ciudad, de quien se intitulava aquel pala- cio | y cueva, y oy le dura el mismo nombre, y está debaxo de la iglesia parroquial de San Ginés. Halló el rey una arca cerrada o barreada:

-Aquí -dize- está el tesoro. Yo quedo rico.

Abrióla y sacó una bandera y lienço grande en que estavan pintados hombres vestidos al talle de moros africanos. Vídose un escrito, que leído y entendido, dezía: «Cuando se descubra este lienço, gente de la traça que en él parece destruirán a España, y serán señores della». Quedó el rey bien confuso por verse frustrado de su esperança, y con temor de perder el reino, como le perdió, no por lo que dixo el arambel de Hércules, sino por sus pecados. Escrívese este hecho en la Historia General de España, y refiérelo Baptista Fulgoso en su Discurso de Milagros.

[33] En el mismo lugar pone este autor por cosa miraculosa de algunas mugeres que se tornaron varones. Como un Aresconte Argivo, que primero fue muger y tuvo marido, y cansándose de llevar su condición, dio en ser varón y se salió con ello. Naciéronle barbas y se casó, començando a mandar en casa, no queriendo ser mandado. Dize también de otra donzella en la ciudad de Esmirna, en Asia, y de otra en Espoleto, ciudad de Italia, que se tornaron varones. Refiere a Plinio, que vido en Africa a Lucio Cosicio, en la ciudad de Tisdritano, que, siendo muger y casándose, el mismo día de sus bodas se halló varón. Dize assí mismo que en tiempo de don Fernando el Primero, rey de Nápoles, Ludovico Guarna Salernitano tuvo cinco hijas, de las cuales las dos mayores, llamadas Francisca y Carola, llegando a quinze años, començaron a ser varones, mudaron el hábito, y los nombres, en Carlos y Francisco. Y en el mismo tiempo afirma de otra, llamada Ebula, también en Nápoles, que estuvo cuatro años desposada, y el día de sus bodas se tornó varón, y por pleito sacó la dote que avía dado a su esposo, y llamóse Eubulo. También pone por milagro de un Jassón Fereo, que tenía una aposte- ma /(310r)/ en el pecho, y para sanar della avía gastado grande suma de dinero, y todo sin provecho. Viéndose vivir muriendo, quiso acabar de una vez. Entró en cierta batalla y púsose en lo más peligroso della. Diéronle una terrible herida cerca de la apostema, y con ella sanó. De modo que no pudo alcançar de los médicos por su dinero salud, y alcançóla de su enemigo. He dicho esto porque lo dize el autor alegado en su Primero Libro, en el Discurso de Milagros, aunque yo no lo juzgo porque lo sea, pues pudo suceder con fuerça natural todo lo dicho.

[34] Isemberto, conde de Altorf, fue casado con Irmentrude. La cual, como viesse un día cierta muger pobre, que de un parto avía parido tres hijos, juzgó della que era adúltera, teniendo por impossible que fuessen de su marido. La cual, ordenándolo Dios por castigo de su mal juizio, dentro de un año parió de un parto doze hijos. Quedó afligida, pareciéndole que se podía dudar de su honestidad, y por acortar juizios mandó a una muger que la sirvió en el parto que dexasse uno dellos, y los demás, embueltos en un paño, los echasse en cierto río que estava algo distante de su palacio. Obedeció la muger, y llevando los infantes al río, encontró con ella el conde, que avía estado ausente, y preguntóle qué llevava tan encubierto. Ella respondió que eran güelfos (el cual nombre en su lengua es lo mismo que en la nuestra perros), y que por ser feos los iva a echar a mal. El conde dixo que los quería ver, que alguno podía ser bueno para caça. Estrañávase de mostrarlos la muger, mas haziéndole fuerça, descubrió lo que llevava y declaró todo el caso. El conde le mandó que dissimulasse el hecho y mandó criar sus hijos, y al sexto año, estando todos vivos, los hizo traer a su palacio, y juntándolos con el otro que allí se criava, todos parecieron hermanos. Declaró el conde el secreto, y teniéndolos por hijos, quiso que se llamassen Güelfos, como los avía llamado la muger que iva a dar la muerte a | los onze, y no Condes de Altorf. Es de Atratino Gebulo, y refiérelo el Teatro de la Vida Humana expurgado.

[35] En el año de mil y trezientos y catorze, imperando en Alemania Henrico, Margarita, condessa de Hollandia, por la parte que el río Rim desagua en el océano, de un parto parió trezientos y sesenta hijos vivos, de modo que fueron baptizados. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

[36] Medardo y Gerardo, franceses y hermanos, nacieron en un día, y en otro mismo fueron hechos obispos, teniendo edad, vida y letras para tal cargo. El uno fue obispo rotomagense, y el otro, noviodunense. Nunca discordaron en las voluntades, y vinieron a morir en un mismo día. Milagros son éstos de la naturaleza. También es de Fulgoso.

[37] En el año de mil y dozientos y noventa, en la ciudad de París, por la Pascua de Resurrección, dio cierto judío rico a una vieja pobre algunos dineros, porque yendo a comulgar, sin consumir el Sacramento, se le truxesse. Hízolo assí, y el judío le puso en una sartén y fuego debaxo, y aunque estuvo allí algún tiempo, visto que no mudava color ni tamaño, hirió la forma con un cuchillo, de la cual salió sangre, y fue de suerte que no pudo encubrirse. Y resultó de aquí que la casa del judío se hizo iglesia con título del Salvador, donde se puso la forma y el cuchillo. Con esto viene lo que sucedió en tiempo de Carlos Octavo, rey de Fancia, que trayendo guerra con Ana, duquesa de Bretaña (con la cual casó después), un soldado bretón salió de la ciudad de Rhemes, y acompañado de otros llegó a un pago o villa, donde estava cierta iglesia, en la cual los vezinos avían recogido sus haziendas. Entraron en ella los soldados por fuerça, y el bretón, viendo una arca cerrada, rompióla, y pareciéndole que sería de alguno de aquellos labradores, viendo dentro ropa blanca, hinchó los senos, bolvió a su casa, y reconociendo lo que llevava, vido unos paños /(310v)/ del tamaño de los que sirven para limpiar las narizes, y creyendo ser déstos (aunque se engaño, porque eran corporales sobre que se pone en el Santo Sacrificio de la Missa el Sacramento), dióselos a una muger, en cuya casa estava hospedado. La muger los tomó, y teniéndolos en sus manos, manaron sangre, de modo que los paños y sus manos estavan bañados della. Quiso ir a labarlos y lavarse a cierto río, y fue tanto el licor que dellos salió, que el río perdía su color. Quedó llena de espanto, dio cuenta del caso, y por el hilo sacaron el ovillo. De uno en otro vinieron a entender que eran corporales. Lleváronlos a la iglesia, y fueron tenidos en suma reverencia. Dize bien esto con lo que se lee en la Vida de San León Papa, que si le pedían alguna reliquia, cortava parte de los corporales en que dezía Missa, y dávalo, y si veía mal contento al que lo recebía, punçava el corporal con un cuchillo y distilava sangre. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

[38] Trayendo guerra sobre el Imperio Otón y Filipe, como prevaleciesse el uno contra el otro, el que se hallava superior aprovechávase cuanto podía de lo que era proprio de su contrario. Y por esta ocasión, estando los cuerpos de los Tres Reyes Magos en Colonia, en la iglesia de las Onze Mil Vírgines, fueron sacados de allí y llevados a la abadía Puldense en Turingia. Sucedió que una mañana, como estuviessen el abad y los monges cantando salmos y sus horas, vieron salir por la puerta del monasterio los tres cuerpos de los Santos Reyes Magos, los cuales fueron vistos luego en Colonia, donde primero estavan. Dízelo Fulgoso.

[39] Por el mismo tiempo de la guerra cruel y muy pofiada entre Otón y Filipe, llegando el ímpetu de los soldados cerca de Treveris, guiados por Vetuhero Bolano, recogiendo sus haziendas los de la comarca, se fortificaron en un templo de San Govar, por ser lugar fuerte. Llegó el enemigo y cercó la iglesia. Los que es- tavan | dentro, temiéndose de una ventana por donde los contrarios podían hazer daño, pusieron en ella la imagen de Jesucristo Crucificado, de bulto. Vista por un soldado, desparó su ballesta y hirió la imagen, la cual, siendo de madera, como si estuviera viva despidió por la herida sangre en gran abundancia. Visto esto por Veruhero, recogió sus soldados y passó a Tierra Santa en fabor de los Cruzados, tomando la Cruz con ellos. Dízelo Fulgoso.

[40] El cual concluye su Discurso de Milagros haziendo mención de tres dragones miraculosos, y del uno escrive Posidonio que se vido muerto cerca de la ciudad de Damasco, y dél afirma que se comió un hombre sobre un cavallo, y que tenía dozientos y cuarenta cobdos de largo. De otro haze mención San Hierónimo, y dize que era de quinze cobdos, y estava en Egipto. Del tercero escrive Diodoro, que reinando en Alexandría Tolomeo el Segundo, le truxeron a aquella ciudad, y tenía treinta cobdos. Valerio Máximo refiere a Tito Livio, que afirma averse visto en Africa, cerca del río Bragada, una serpiente que puso en confussión todo el exército de Atilio Régulo, porque matando a algunos soldados, puso temor a todos, y al cabo fue muerta de los ballesteros, y su cuero llevado a Roma, que tenía ciento y veinte pies en largo.

[41] También dize que se puede poner por milagro de naturaleza los Gigantes. Plinio escrive que en Creta vino a descubrirse por la corriente de cierto río un cuerpo que tenía de alto cuarenta y seis cobdos. Fueron a verle desde Roma Lucio Flaco, legado, y Metelo. Plutarco escrive que en Tingi, ciudad de Mauritania, fue abierto por Sertorio un sepulcro que era fama aver sido de Anteo, en el cual se vido un cuerpo humano que tenía sesenta cobdos. Afirma lo mismo Estrabón. En Roma también se halló el cuerpo de Palante, que se levantava sobre los muros de la misma ciudad, estando /(311r)/ fuera della. El hallarse este cuerpo fue en el año catorze del emperador Enrique Segundo, hijo de Conrado. Juan Bocacio, en el Libro de la Genealogía de los Dioses , dize que en Sicilia, no lexos de la ciudad de Deprano, se descubrió un cuerpo de gigante, que se resolvió en polvo, quedando los huessos, y por el de una pierna coligieron que sería su longitud de dozientos cobdos. Reinando Carlos Séptimo en Francia, en la montaña narbonense, descubrió el río Ródano los huessos de un gigante, que medido tenía de alto treinta pies. Dízelo Fulgoso, libro primero.

[42] Estava oyendo Missa Eduardo, rey de Inglaterra, varón santo, y de repente mostró grande alegría en su rostro, y preguntada la ocasión por sus privados, dixo:

-En esta hora se ha hundido en el mar, con cuarenta navíos, Frontón, rey de Dacia, que venía a hazernos guerra y quitarnos el reino y la vida. Mas Dios bolvió por nuestra causa y le ha pagado como merecía.

Túvose cuenta con la hora y día, y desde a poco tiempo vino nueva cierta de que era assí como el rey dixo. Refiérese en su Vida.

[43] En Alemania, cerca de los años del Señor de mil y dozientos y treinta, en el día de la Asumpción de Nuestra Señora, fue embiado un fraile de la Orden de Predicadores a predicar a cierto lugar. Y llegando a un río que estava en medio del camino, hallóle crecido y que subía sobre la puente. Vídose confuso, que si se detenía hazía falta en lo que la obediencia le mandava. Confiando en Dios y pidiendo su favor a su Soberana Madre, tendió la capa sobre las aguas, hizo la Señal de la Cruz, subió en ella, y como en barca passó de la otra parte, sin que sus vestidos se moxassen, y cumplió a lo que iva. Desto fue testigo otro fraile que le acompañava, y no osó seguirle, sino que aguardó cómo poder passar al seguro, y dio dello noticia. Es del libro segundo De Apibus, capítulo veinte y nueve.

[44] A la misma traça le sucedió a otro | fraile, también del Orden de Predicadores, que estando en Francia quiso passar a Inglaterra a negocio importante y que convenía al servicio de Dios fuesse con brevedad. Rogó al patrón de un navío que por amor de Dios le passasse, lo cual él no quiso hazer. Visto por el fraile, púsose en oración y derramó lágrimas, pidiendo a Dios le faboreciesse en lo que pensava hazer. Levantóse, y exortó a otro fraile que le acompañava hiziesse lo que viesse que él hazía. Con esto entró en el mar, y sólo mojándose las suelas del calçado, ivan los dos su camino. Vistos por los del navío andar sobre las aguas, admirados del caso, esperáronlos y recibiéronlos en él, pidiéndoles perdón, teniéndolos por santos. Estos dos acaecimientos se refieren en el Libro de Apibus Segundo, capítulo veinte y nueve.

[45] En Toledo, el año de mil y cuatrocientos y sesenta y nueve, jueves, en cinco días de enero, víspera de los Reyes, en la Parroquia de San Andrés estava enferma una buena muger llamada Teresa López, hermana de Gonçalo Rodríguez de San Pedro y muger de Alvar López de Arroyo, y aviéndole dado la unción y dexádole una cruz de latón al lado derecho de su cama, sobre una almohada, al pie della y junto al rostro de la enferma se apareció una Verónica, que era un rostro muy hermoso de Cristo, con cavellos y barba partida, como pintado de blanco y negro, y sobre la cabeça le salían de una diadema o corona tres ramos. Estava al parecer en la sábana, y siendo vista de diversas personas y quedando admirados, llegavan y meneavan la sábana, y veían que estava blanca, y dexando de tocarla y apartándose un poco, tornava a parecer la Verónica. Y una hija de la enferma le preguntó si veía algo, y ella se sonreía y tenía el rostro muy hermoso y alegre, aunque para espirar, como espiró aquel día. La Verónica apareció poco después que le dieron la Unción, y estuvo a vista de mucha gente desde hora y media antes del día hasta la plegaria /(311v)/ de la Missa, que fueron cinco o seis horas. Vino allí Fernán Sánchez de Avila, cura de la Parroquial de Santo Tomé, que le truxo para que viesse aquel milagro Gonçalo Rodríguez de San Pedro, hermano de la enferma. Vídolo Juan Alonso de Yepes, cura de la Iglesia Moçárave de San Torcaz y teniente cura de San Andrés, que confessó y dio los Sacramentos a la dicha Teressa López. Y vídolo Pero Rodríguez de Vargas, escrivano público, y muchos otros testigos, que juraron y dixeron sus dichos sobre el caso delante de Pero Gonçález de Messa, bachiller en Decretos y Vicario General en todo el Arcedianazgo de Toledo, por don Tello de Buendía, doctor en Decretos, Arcediano de Toledo, y Notario, Diego García Hamusco, y escrivano público, Pero Rodríguez de Vargas, que fue también testigo. Hízose la información y juraron quinze testigos, y todos dixeron una misma cosa, de aver visto la Verónica al lado derecho de la enferma, de la cual dezían mucho bien los testigos, y otros sin ellos, afirmavan que iva a rezar siempre que podía a la santa iglesia, delante el Altar de la Columna, al lado del Sagrario, donde está una Verónica de medio relieve, con la cual tenía gran devoción, y assí permitió Dios se le apareciesse a su muerte. He yo visto el traslado desta información, y della saqué lo que aquí digo, de que haze mención el doctor Blas Ortiz en el libro que hizo de la Descripción del Templo de Toledo.

[46] El Cardenal y Arçobispo de Toledo, don Pero Gonçález de Mendoça, fue muy devoto de la Cruz. Sucedió que estando el año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco en Guadalajara para morir, apareció en el Cielo una Cruz blanca de más de cuarenta cobdos. Estava pendiente en el aire sobre la sala donde el Cardenal tenía su cama. Vídola toda la ciudad y diéronle cuenta dello al Cardenal estando ya a punto de morir, por lo cual dio gracias a Dios. Y haziendo dezir Missa de la Cruz en su presencia, an- tes | que se acabasse espiró, en onze de enero, día domingo, del mismo año de mil y cuatrocientos y noventa y cinco. Refiérelo Estevan de Garibán en su Compendio Historial.

[47] El rey don Fernando el Cuarto de Castilla condenó a muerte dos cavalleros, llamados los Caravajales, y pareciéndoles a ellos que la sentencia era rigurosa y que estavan sin culpa, siendo mandados despeñar de la peña de Martos, emplaçaron al rey para que dentro de treinta días pareciesse delante de Jesucristo, Juez de vivos y muertos, a dar razón de aquella muerte. Ellos fueron despeñados, y el rey murió de repente dentro de aquel tiempo. Esto se refiere en las Crónicas de España. También se dize del Papa Clemente Quinto, y del rey Filipe el Hermoso, de Francia, que fueron en extinguir el Orden de los Templarios y matar a todos los que militavan en él, que llevando a quemar vivo con otros a un italiano, natural de Nápoles, viendo en una ventana en la ciudad de Burdeos al Papa y rey, que miravan su castigo, a los dos emplaçó para que dentro de un año pareciessen en la presencia de Dios a dar razón de aquellas muertes, y que ambos murieron dentro del año; primero, repentinamente, el Papa, y poco después, el rey. Y no por esto se sigue que fuessen mal muertos, pues un Concilio los condena por culpados. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

[48] Siendo Duque de Milán Acio Vicecómite, hijo de Galeacio el Primero, levantáronle guerra Leodrisio y Mastino Escaligero, que truxeron gente bárbara para ganar aquel estado. Diose batalla cerca de un pueblo llamado Paraviago, y llegó el negocio a que estava ya presso Luchino, capitán de Acio, y su parte iva de caída. Mas vídose a esta sazón San Ambrosio, que muchos años antes estava gozando de Dios, el cual, con un açote hería en los bárbaros y defendía su pueblo y gente, y con este fabor cobró Luchino la libertad, y su gente, ánimo, y los contrarios /(312r)/ quedaron vencidos. Deste milagro resultó el pintar a San Ambrosio con un açote en la mano. Dízelo Fulgoso, libro primero.

[49] En la rebelión de los estados de Flandes, en tiempo del Católico rey don Filipe el Segundo, ciertos soldados hereges prendieron a un católico, y porque algunos de los católicos avían antes hecho lo semejante con herejes, ellos | le ataron a un árbol y le tiravan con arcabuzes, aunque en muchos tiros, ninguno le acertó. Admirados del caso, fueron a él y desnudáronle, y hallaron que tenía un Agnus Dei al cuello. Quitáronsele y tornaron a tirarle, y al primer tiro, acertándole, le mataron. Refiérelo Pedro Mateo, doctor parisiense, en el Libro que juntó en uno de Proprios Motus y Bulas de Sumos Pontífices. |

[EXEMPLOS ESTRANGEROS]

Entre paganos permite Dios que sucedan cosas miraculosas, para que, arrebatados de su estrañeza, busquen al verdadero autor de tales maravillas y grandezas, que es Dios, y dexen de adorar Dioses que no lo son, sino portentos y demonios.

[1] Cenava Simónides con otros combidados en casa de Escopa, y dixéronle que estavan dos mancebos a la puerta y le rogavan que en todo caso saliesse a les hablar, porque era negocio de mucha importancia. Salió y no vido hombre. Quería bolver a la mesa, y de repente se hundió el aposento donde cenavan y murieron cuantos estavan dentro. Éstos eran gentiles, y porque Simónides se aventajava en obras buenas morales entre todos ellos, quiso Dios aventajarle entre todos, quedando él con vida y ellos muertos. El caso escrive Valerio Máximo en el Título de Milagros.

[2] Dafida Sofista, grande mofador, llegó al templo de Apolo Délfico, y visto que hazían preguntas al oráculo muchos que venían allí con su devoción, queriendo él burlarse de Apolo, preguntóle si hallaría un cavallo que avía perdido, y a la verdad no le tenía. Respondióle que sí y sería derribado dél. Fuese dando grandes risadas porque le dezía el oráculo que hallaría el cavallo que él no avía perdido, y en el camino encontróse con el rey Atalo, de quien avía dicho mucho y le tenía enojado. Conocióle y mandóle de improvisso derribar de una piedra altíssima, a la cual lla- mavan | todos los de la comarca Cavallo. Quiso Dios que por ver a este mofador que del Dios que adorava, aunque falso, burlava y escarnecía, fuesse él escarnecido y se hallasse burlado. Dize Valerio Máximo el cuento.

[3] A Filipo, rey de Macedonia, dixo el mismo oráculo de Apolo Délfico, preguntado por su muerte de qué modo sería, que se guardasse de un carro. Oído esto mandó que en todo su reino no huviesse carro, y de una villa deste nombre se recelava de entrar en ella. Al cabo le mató Pausanias con una espada en que estava esculpido un carro. Porque dio este rey crédito al dicho de un falso ídolo quiso Dios que en daño suyo se verificasse su dicho. El caso escrive Valerio Máximo.

[4] En Atenas estavan ciertas casas en que ningún morador perseverava, porque de noche veían una sombra o figura de hombre grande y flaco arrastrando cadenas que tenía ligadas. Vino allí Atenodoro Filósofo, y por gozar del barato quiso habitarlas, y a la primera noche oyó el ruido de las cadenas; vido la sombra, llegava ya, levantóse y díxole:

-Anda, que yo te seguiré.

Bolvió atrás, fue en su seguimiento y entró en una huerta de la misma casa, y llegando a cierta parte, desapareció. Tuvo el filósofo cuenta con aquel lugar, hizo cavar en él el día siguiente, y vieron los huessos de un hombre, a la traça de la propria fantasma, con sus cadenas. Echáronlos de allí y cessó aque- lla /(312v)/ persecución. Refiérelo Plinio en sus Epístolas.

[5] El rey Pirro de los epirotas, tocando con el dedo mayor del pie derecho a algún enfermo de baço, sanava. Y después de muerto, puesto su cuerpo en la hoguera, quemóse todo y quedó aquel dedo sin lesión. Es de Fulgoso.

[6] Siendo emperador de Roma Marco Antonio, en la ciudad de Seleucia estava | en el Templo de Apolo una caxa dorada, y passando por allí Casio, capitán romano, con gente de guerra, codiciando algunos soldados ver lo que estava dentro de aquella caxa que mostrava antigüedad, quebráronla, y salió della un aire tan pestilente, que no sólo aquella provincia, sino hasta Roma y Occidente causó pestilencia y muertes de gente sin número. Refiérelo Fulgoso, libro primero.

Fin del Discurso de Milagros. |

© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. La versión electrónica de este documento ha sido realizada integralmente por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD con autorización del traductor. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal. Nihil Obstat e Imprimatur.


Diseño web :: Hosting Católico