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S.S. P铆o XI, Firmissimam constantiam
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Firmissimam constantiam

Carta de S.S. P铆o XI al Episcopado Mejicano

1. Nos es muy conocida, Venerables Hermanos, y para Nuestro coraz贸n paternal gran motivo de consuelo, vuestra constancia, la de vuestros sacerdotes y la de la mayor parte de los fieles mejicanos en profesar ardientemente la fe cat贸lica y en resistir a las imposiciones de aquellos que, ignorando la divina excelencia de la religi贸n de Jesucristo y conoci茅ndola s贸lo a trav茅s de las calumnias de sus enemigos, se enga帽an creyendo no poder hacer reformas favorables al pueblo si no es combatiendo la religi贸n de la gran mayor铆a.

2. Pero, por desgracia, los enemigos de Dios y de Jesucristo han logrado atraer aun a muchos tibios o t铆midos, los cuales, si bien adoran a Dios en lo 铆ntimo de sus conciencias, sin embargo, sea por respeto humano, sea por temor de males terrenos, se hacen, al menos materialmente, cooperadores de la descristianizaci贸n de un pueblo que debe a la religi贸n sus mayores glorias.

3. Contrastando con tales apostas铆as o debilidades, que Nos afligen profundamente, se Nos hace todav铆a m谩s laudable y meritoria la resistencia al mal, la pr谩ctica de la vida cristiana y la franca profesi贸n de fe de aquellos numeros铆simos fieles que vosotros, Venerables Hermanos, y con vosotros vuestro clero, ilumin谩is y gui谩is, dirigi茅ndolos con la potestad pastoral y precedi茅ndolos con el espl茅ndido ejemplo de vuestra vida. Esto Nos consuela en medio de Nuestras amarguras, y engendra en Nos la esperanza de d铆as mejores para la Iglesia mejicana, la cual, reanimada con tanto hero铆smo y sostenida por las oraciones y sacrificios de tantas almas escogidas, no puede perecer, antes bien, florecer谩 m谩s vigorosa y lozana.

4. Y precisamente para reavivar vuestra confianza en el auxilio divino y para animaros a continuar en la pr谩ctica de una vida cristiana y fervorosa os dirigimos esta carta, y Nos valemos de esta ocasi贸n para recordaros c贸mo en las actuales dif铆ciles circunstancias los medios m谩s eficaces para una restauraci贸n cristiana son, tambi茅n entre vosotros, antes de todo, la santidad de los sacerdotes y, en segundo lugar, una formaci贸n de los seglares tan apta y cuidadosa que los haga capaces de cooperar fructuosamente al apostolado jer谩rquico, cosa tanto m谩s necesaria en M茅jico cuanto m谩s lo exige la extensi贸n de su territorio y las dem谩s circunstancias del pa铆s por todos conocidas.

5. Por eso Nuestro pensamiento se fija en primer lugar en aquellos que deben ser luz que ilumina, salva y conserva, fermento bueno que penetra en toda la masa de los fieles: es decir, en vuestros sacerdotes.

6. En verdad, Nos sabemos con cu谩nta tenacidad y a costa de cu谩ntos sacrificios procur谩is la selecci贸n y el desarrollo de las vocaciones sacerdotales, en medio de toda clase de dificultades, 铆ntimamente persuadidos de que as铆 resolv茅is un problema vital, mejor dicho, el m谩s vital de todos los problemas relativos al porvenir de esa Iglesia. En vista de la imposibilidad casi absoluta de tener actualmente en vuestra patria seminarios bien organizados y tranquilos, hab茅is encontrado en esta alma Ciudad, para vuestros cl茅rigos, un refugio amplio y afectuoso en el Colegio P铆o Latino Americano, el cual ha formado, y sigue formando, en ciencia y virtud a tantos benem茅ritos sacerdotes, y que por su labor inapreciable Nos es particularmente querido. Pero, siendo casi imposible en much铆simos casos enviar vuestros alumnos a Roma, hab茅is trabajado sol铆citamente para hallar un asilo en la hospitalidad de una gran naci贸n vecina.

Al felicitaros a vosotros por esa tan laudable iniciativa, que est谩 ya convirti茅ndose en consoladora realidad, expresamos de nuevo Nuestra gratitud a todos aquellos que tan generosamente os han brindado hospitalidad y ayuda.

7. Y con esta ocasi贸n recordamos con paternal insistencia Nuestra voluntad expresa de que se d茅 a conocer y se explique convenientemente, no s贸lo a los cl茅rigos, sino a todos los sacerdotes, Nuestra enc铆clica Ad catholici sacerdotii, la cual expone Nuestro pensamiento en esta materia, que es la m谩s grave y trascendental entre todas las materias graves y trascendentales por Nos tratadas.

8. Formados as铆 los sacerdotes mejicanos seg煤n el Coraz贸n de Jesucristo, sentir谩n que en las actuales condiciones de su patria (de las cuales ya hablamos en Nuestra carta apost贸lica Paterna sane sollicitudo, del 2 de febrero de 1926), que son tan semejantes a las de los primeros tiempos de la Iglesia -cuando los ap贸stoles recurr铆an a la colaboraci贸n de los seglares-, ser铆a muy dif铆cil reconquistar para Dios tantas almas extraviadas sin el auxilio providencial que prestan los seglares mediante la Acci贸n Cat贸lica. Tanto m谩s cuanto que entre 茅stos a veces la gracia prepara almas generosas, prontas a desarrollar la m谩s fructuosa actividad, si encuentran un clero docto y santo que sepa comprenderlas y guiarlas.

9. As铆 que a los sacerdotes mejicanos, que han dedicado toda su vida al servicio de Jesucristo, de la Iglesia y de las almas, es a quienes dirigimos este primer y m谩s caluroso llamamiento, para que se decidan a secundar Nuestra solicitud y la vuestra por el desarrollo de la Acci贸n Cat贸lica, dedicando a ella las mejores energ铆as y la m谩s oportuna diligencia.

Los m茅todos de una eficaz colaboraci贸n de los seglares a vuestra acci贸n en el apostolado no saldr谩n fallidos si los sacerdotes se emplean con esmero en cultivar el pueblo cristiano con una sabia direcci贸n espiritual y con una cuidadosa instrucci贸n religiosa, no diluida en discursos vanos, sino nutrida de sana doctrina de las Sagradas Escrituras y llena de unci贸n y de fuerza.

Es verdad que no todos comprenden de lleno la necesidad de este santo apostolado de los seglares, a pesar de que, desde Nuestra primera enc铆clica Ubi arcano Dei, Nos declaramos que indudablemente pertenece al ministerio pastoral y a la vida cristiana. Pero ya que, como hemos indicado, Nos dirigimos a pastores que deben reconquistar una grey tan vejada y en cierto modo dispersa, hoy m谩s que nunca os recomendamos que os sirv谩is de aquellos seglares a los cuales, como a piedras vivas de la santa Casa de Dios, San Pedro atribu铆a una rec贸ndita dignidad que los hace en cierto modo part铆cipes de un sacerdocio santo y real 1 .

10. En efecto, todo cristiano consciente de su dignidad y de su responsabilidad como hijo de la Iglesia y miembro del Cuerpo M铆stico de Jesucristo -multi unum corpus sumus in Christo, singuli autem alter alterius membra 2 -, no puede menos de reconocer que entre todos los miembros de este Cuerpo debe existir una comunicaci贸n rec铆proca de vida y solidaridad de intereses.

De aqu铆 las obligaciones de cada uno en orden a la vida y al desarrollo de todo el organismo in aedificationem corporis Christi: de aqu铆 tambi茅n la eficaz contribuci贸n de cada miembro a la glorificaci贸n de la Cabeza y de su Cuerpo M铆stico 3 .

De estos principios claros y sencillos, 隆qu茅 consecuencias tan consoladoras! 隆Qu茅 orientaciones tan luminosas brotan para muchas almas, indecisas todav铆a y vacilantes, pero deseosas de orientar sus ardorosas actividades! 隆Qu茅 impulsos para contribuir a la difusi贸n del reino de Cristo y a la salvaci贸n de las almas!

11. Por otra parte, es evidente que el apostolado as铆 entendido no proviene de una tendencia puramente natural a la acci贸n, sino que es fruto de una s贸lida formaci贸n interior, es la expansi贸n necesaria de un amor intenso a Jesucristo y a las almas redimidas con su preciosa sangre, que le lleva a imitar su vida de oraci贸n, de sacrificio y de celo inextinguible.

Esta imitaci贸n de Jesucristo suscitar谩 multiplicidad de formas de apostolado en los diversos campos donde las almas est谩n en peligro o se hallan comprometidos los derechos del Divino Rey; se extender谩 a todas las obras de apostolado que de cualquier manera caigan dentro de la divina misi贸n de la Iglesia, y, por consiguiente, penetrar谩, no solamente en el 谩nimo de cada uno de los individuos, sino tambi茅n en el santuario de la familia, en la escuela y aun en la vida p煤blica.

12. Pero la magnitud de la obra no debe hacer que os preocup茅is m谩s del n煤mero que de la calidad de los colaboradores. Conforme al ejemplo del Divino Maestro, que quiso precediera a unos pocos a帽os de su labor apost贸lica una larga preparaci贸n, y se limit贸 a formar en el Colegio Apost贸lico no muchos, pero s铆 escogidos instrumentos para la futura conquista del mundo, as铆 tambi茅n vosotros, Venerables Hermanos, procurar茅is, en primer lugar, que los directivos y propagandistas de la Acci贸n Cat贸lica se formen por completo en lo sobrenatural; y sin preocuparos ni afligiros demasiado porque al principio sean un pusillus grex 4 .

Y, pues sabemos que ya est谩is trabajando en este sentido, os expresamos Nuestra complacencia por haber ya escogido escrupulosamente y formado con diligencia buenos colaboradores que, juntamente con la palabra y con el ejemplo, llevar谩n el fervor de la vida y del apostolado cristiano a las di贸cesis y a las parroquias.

13. Este trabajo vuestro ha de ser s贸lido y profundo, ajeno a la notoriedad y al aparato, enemigo de m茅todos ruidosos; trabajo, que sepa desarrollar su actividad en silencio, aunque el fruto se haga esperar y no sea de mucho brillo, a manera de la semilla, que, soterrada, prepara con un aparente reposo la nueva planta vigorosa.

14. Por otra parte, la formaci贸n espiritual y la vida interior que foment茅is en estos vuestros colaboradores les pondr谩n en guardia contra los peligros y posibles extrav铆os. Teniendo presente el fin 煤ltimo de la Acci贸n Cat贸lica que es la santificaci贸n de las almas, seg煤n el precepto evang茅lico: Quaerite primum regnum Dei 5 , no se correr谩 el peligro de satisfacer los principios a fines inmediatos o secundarios y no se olvidar谩 jam谩s que a ese fin 煤ltimo se deben subordinar las obras sociales y econ贸micas y las iniciativas de caridad.

15. Nuestro Se帽or Jesucristo nos lo ense帽贸 con su ejemplo, pues a煤n, cuando en la inefable ternura de su Divino Coraz贸n que le hac铆a exclamar: Misereor super turbam..., nolo eos remittere ieiunos, ne forte deficiant in via 6 , curaba las enfermedades del cuerpo y remediaba las necesidades temporales, nunca perd铆a de vista el fin 煤ltimo de su misi贸n, es decir, la gloria de su Padre y la salud eterna de las almas.

16. Por consiguiente, no caen fuera de la actividad de la Acci贸n Cat贸lica las llamadas obras sociales en cuanto miran a la realizaci贸n de los principios de la justicia y de la carida y en cuanto son medios para ganar las muchedumbres, pues muchas veces no se llega a las almas sino a trav茅s del alivio de las miserias corporales y de las necesidades de orden econ贸mico, por lo que Nos mismo as铆 como tambi茅n Nuestro Predecesor, de s. m., Le贸n XIII, las hemos recomendado muchas veces. Pero aun cuando la Acci贸n Cat贸lica tiene el deber de preparar personas aptas para dirigir tales obras, de se帽alar los principios que deben orientarlas y de dar normas directivas sac谩ndolas de las genuinas ense帽anzas de Nuestras enc铆clicas, sin embargo, no debe tomar la responsabilidad en la parte puramente t茅cnica, financiera o econ贸mica, que est谩 fuera de su incumbencia y finalidad.

17. En oposici贸n a las frecuentes acusaciones que se hacen a la Iglesia de descuidar los problemas sociales o ser incapaz de resolverlos, no ces茅is de proclamar que solamente la doctrina y la obra de la Iglesia, que est谩 asistida por su Divino Fundador, pueden dar el remedio para los grav铆simos males que afligen a la humanidad.

18. A vosotros, por consiguiente, compete el emplear (como os esforz谩is ya en hacerlo) estos principios fecundos, para resolver las graves cuestiones sociales que hoy perturban a vuestra patria, como por ejemplo, el problema agrario, la reducci贸n de los latifundios, el mejoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores y de sus familias.

Recordar茅is que, quedando siempre a salvo la esencia de los derechos primarios y fundamentales, como el de la propiedad, algunas veces el bien com煤n impone restricciones a estos derechos y un recurso m谩s frecuente que en tiempos pasados a la aplicaci贸n de la justicia social. En algunas circunstancias, para proteger la dignidad de la persona humana, puede hacer falta el denunciar con entereza las condiciones de vida injustas e indignas, pero al mismo tiempo ser谩 necesario evitar tanto el legitimar la violencia que se escuda con el pretexto de poner remedio a los males de las masas, como el admitir y favorecer cambios de maneras de ser seculares en la econom铆a social, hechos sin tener en cuenta la equidad y la moderaci贸n, de manera que vengan a causar resultados m谩s funestos que el mal mismo al cual se quer铆a poner remedio.

Esta intervenci贸n en la cuesti贸n social os dar谩 oportunidad de ocuparos con celo particular de la suerte de tantos pobres obreros, que tan f谩cilmente caen presa de la propaganda descristianizadora, enga帽ados por el espejismo de las ventajas econ贸micas que se les presentan ante los ojos, como precio de su apostas铆a de Dios y de la Santa Iglesia.

19. Si am谩is verdaderamente al obrero (y deb茅is amarlo, porque su condici贸n se asemeja m谩s que ninguna otra a la del Divino Maestro), deb茅is prestarle asistencia material y religiosa. Asistencia material, procurando que se cumpla en su favor no s贸lo la justicia conmutativa, sino tambi茅n la justicia social, es decir, todas aquellas providencias que miran a mejorar la condici贸n del proletario; y asistencia religiosa, prest谩ndole los auxilios de la religi贸n, sin los cuales vivir谩 hundido en un materialismo que lo embrutece y lo degrada.

20. No menos grave ni menos urgente es otro deber, el de la asistencia religiosa y econ贸mica a los campesinos, y, en general, a aquella no peque帽a parte de mejicanos, hijos vuestros, en su mayor parte agricultores, que forman la poblaci贸n ind铆gena. Son millones de almas redimidas por Cristo, confiadas por El a vuestro cuidado, y de las cuales un d铆a os pedir谩 cuenta; son millones de seres humanos que frecuentemente viven en condici贸n tan triste y miserable, que no gozan ni siquiera de aquel m铆nimo de bienestar indispensable para conservar la dignidad humana. Os conjuramos, Venerables Hermanos, por las entra帽as de Jesucristo, que teng谩is cuidado particular de estos hijos, que exhort茅is a vuestro clero para que se dedique a su cuidado con celo siempre m谩s ardiente, y que hag谩is que toda la Acci贸n Cat贸lica mejicana se interese por esta obra de redenci贸n moral y material.

21. No podemos dejar de recordar aqu铆 un deber cuya importancia va siempre creciendo en estos 煤ltimos a帽os: el cuidado de los mejicanos emigrados, los cuales, arrancados de su tierra y de sus tradiciones, muy f谩cilmente quedan envueltos entre las insidiosas redes de aquellos emisarios que pretenden inducirlos a apostatar de su fe.

Un convenio con vuestros celosos hermanos de los Estados Unidos de Am茅rica os dar铆a por resultado una asistencia m谩s diligente y organizada por parte del clero local, y asegurar铆a para los emigrados mejicanos los beneficios de tantas instituciones econ贸micas y sociales que tan gran desarrollo han alcanzado ya entre los cat贸licos de los Estados Unidos.

22. La Acci贸n Cat贸lica no puede dejar de preocuparse de las clases m谩s humildes y necesitadas, de los obreros, de los campesinos, de los emigrados; pero en otros campos tiene tambi茅n deberes no menos imprescindibles: entre otros, debe ocuparse con solicitud muy particular de los estudiantes que un d铆a, terminada su carrera, ejercer谩n influencia grande en la sociedad y quiz谩 ocupar谩n tambi茅n cargos p煤blicos. A la pr谩ctica de la religi贸n cristiana, a la formaci贸n del car谩cter, que son principios fundamentales para los fieles, deb茅is a帽adir, para los estudiantes, una especial y cuidadosa educaci贸n y preparaci贸n intelectual, basada en la filosof铆a cristiana, es decir, en la filosof铆a que con tanta verdad lleva el nombre de "filosof铆a perenne". Pues hoy d铆a -dada la tendencia cada vez m谩s generalizada de la vida moderna hacia las exterioridades, la repugnancia y la dificultad para la reflexi贸n y el recogimiento, y la propensi贸n, en la misma vida espiritual, a dejarse guiar por el sentimiento m谩s bien que por la raz贸n- se hace mucho m谩s necesaria que en otros tiempos una instrucci贸n religiosa s贸lida y esmerada.

23. Deseamos ardientemente que se haga entre vosotros, a lo menos en el grado que os sea posible, y adaptando la instrucci贸n a las condiciones particulares, a las necesidades y posibilidades de vuestra patria, lo que tan laudablemente hace la Acci贸n Cat贸lica en otros pa铆ses por la formaci贸n cultural y para lograr que la instrucci贸n religiosa tenga la primac铆a intelectual entre los estudiantes y profesores cat贸licos.

Gran esperanza de alg煤n porvenir mejor en M茅jico Nos hacen concebir los j贸venes universitarios que trabajan en la Acci贸n Cat贸lica, y estamos seguros de que no defraudar谩n Nuestras esperanzas. Es evidente que ellos forman parte, y parte importante, de esta Acci贸n Cat贸lica, que tan dentro est谩 de Nuestro coraz贸n, sean cuales fueren las formas de su organizaci贸n, ya que 茅stas dependen en gran parte de las condiciones y circunstancias locales y var铆an de regi贸n a regi贸n. Estos universitarios no solamente forman, como acabamos de decir, la m谩s firme esperanza de un ma帽ana mejor, sino que ya ahora mismo pueden ofrecer efectivo servicio a la Iglesia y a la patria, ya sea por el apostolado que ejerciten entre sus compa帽eros, ya sea dando a las diferentes ramas de la Acci贸n Cat贸lica directivos capaces y bien formados.

24. Las singulares condiciones de vuestra patria Nos obligan a llamar vuestra atenci贸n sobre el necesario, imperioso e imprescindible cuidado de los ni帽os, a cuya inocencia se tienden asechanzas, y cuya educaci贸n y formaci贸n cristiana est谩n sometidas a una prueba tan dura. A todos los cat贸licos mejicanos se les imponen estos dos graves preceptos: el primero, negativo, de alejar, en cuanto sea posible, a los ni帽os de la escuela imp铆a y corruptora; el segundo, positivo, de darles una esmerada instrucci贸n religiosa y la debida asistencia para mantener su vida espiritual. Sobre el primer punto, tan grave y delicado, recientemente tuvimos ocasi贸n de manifestaros Nuestro pensamiento. Por lo que hace a la instrucci贸n religiosa, aunque sabemos con cu谩nta insistencia vosotros mismos la hab茅is recomendado a vuestros sacerdotes y a vuestros fieles, a pesar de todo, os repetimos que, siendo 茅ste en la actualidad uno de los m谩s importantes y capitales problemas para la Iglesia mejicana, es necesario que lo que tan laudablemente se practica en algunas di贸cesis se extienda a todas las dem谩s, de manera que los sacerdotes y miembros de la Acci贸n Cat贸lica se apliquen con todo ardor, y sin aterrarse de ning煤n sacrificio, a conservar para Dios y para la Iglesia estos peque帽uelos, por los cuales el Divino Salvador mostr贸 predilecci贸n tan grande.

25. El porvenir de las nuevas generaciones (os lo repetimos con toda la angustia de Nuestro coraz贸n paterno) despierta en Nos la m谩s apremiante solicitud y la ansiedad m谩s viva. Sabemos a cu谩ntos peligros se halla expuesta, hoy m谩s que nunca, la ni帽ez y la juventud en todas partes, pero de un modo particular en M茅jico, donde una prensa inmoral y antirreligiosa pone en sus corazones la semilla de la apostas铆a. Para remediar mal tan grave y para defender vuestra juventud de esos peligros, es necesario que se pongan en movimiento todos los medios legales y todas las formas de organizaci贸n, como, por ejemplo, las Ligas de los padres de familia, las Comisiones de moralidad y de vigilancia sobre las publicaciones y las de censura de los cinemat贸grafos.

26. Acerca de la defensa individual de los ni帽os y j贸venes, sabemos por los testimonios que Nos llegan de todo el mundo que el militar en las filas de la Acci贸n Cat贸lica constituye la mejor tutela contra las asechanzas del mal, la m谩s bella escuela de virtud y de pureza, la palestra m谩s eficaz de fortaleza cristiana. Estos j贸venes, entusiasmados con la belleza del ideal cristiano, sostenidos con la ayuda divina que alcanzan por medio de la oraci贸n y de los sacramentos, se dedicar谩n con amor y alegr铆a a la conquista de las almas de sus compa帽eros, recogiendo una consoladora cosecha de grandes bienes.

27. Esta misma raz贸n constituye una nueva prueba de que, ante los graves problemas de M茅jico, no puede decirse que la Acci贸n Cat贸lica ocupe un lugar de secundaria importancia; y, por lo tanto, si esta instituci贸n, que es educadora de las conciencias y formadora de las cualidades morales, fuese de alg煤n modo pospuesta a otra obra extr铆nseca de cualquier especie, aunque se tratase de defender la necesaria libertad religiosa y civil, se incurrir铆a en una dolorosa ofuscaci贸n, porque la salvaci贸n de M茅jico, como la de toda sociedad humana, est谩, ante todo, en la eterna e inmutable doctrina evang茅lica y en la pr谩ctica sincera de la moral cristiana.

28. Por lo dem谩s, una vez establecida esta gradaci贸n de valores y actividades, hay que admitir que la vida cristiana necesita apoyarse, para su desenvolvimiento, en medios externos y sensibles; que la Iglesia, por ser una sociedad de hombres, no puede existir ni desarrollarse si no goza de libertad de acci贸n, y que sus hijos tienen derecho a encontrar en la sociedad civil posibilidades de vivir en conformidad con los dict谩menes de sus conciencias.

Por consiguiente es muy natural que, cuando se atacan aun las m谩s elementales libertades religiosas y c铆vicas, los ciudadanos cat贸licos no se resignen pasivamente a renunciar a tales libertades. Aunque la reivindicaci贸n de estos derechos y libertades puede ser, seg煤n las circunstancias, m谩s o menos oportuna, m谩s o menos en茅rgica.

29. Vosotros hab茅is recordado a vuestros hijos m谩s de una vez que la Iglesia fomenta la paz y el orden, aun a costa de graves sacrificios, y que condena toda insurrecci贸n violenta, que sea injusta, contra los poderes constituidos. Por otra parte, tambi茅n vosotros hab茅is afirmado que, cuando llegara el caso de que esos poderes constituidos se levantasen contra la justicia y la verdad hasta destruir aun los fundamentos mismos de la autoridad, no se ve c贸mo se podr铆a entonces condenar el que los ciudadanos se unieran para defender la naci贸n y defenderse a s铆 mismos con medios l铆citos y apropiados contra los que se valen del poder p煤blico para arrastrarla a la ruina.

30. Si bien es verdad que la soluci贸n pr谩ctica depende de las circunstancias concretas, con todo es deber Nuestro recordaros algunos principios generales que hay que tener siempre presentes, y son:

1) Que estas reivindicaciones tienen raz贸n de medio o de fin relativo, no de fin 煤ltimo y absoluto.

2) Que, en su raz贸n de medio, deben ser acciones l铆citas y no intr铆nsecamente malas.

3) Que si han de ser medios proporcionados al fin, hay que usar de ellos solamente en la medida en que sirven para conseguirlo o hacerlo posible en todo o en parte, y en tal modo, que no proporcionen a la comunidad da帽os mayores que aquellos que se quieran reparar.

4) Que el uso de tales medios y el ejercicio de los derechos c铆vicos y pol铆ticos en toda su amplitud, incluyendo tambi茅n los problemas de orden puramente material y t茅cnico o de defensa violenta, no es manera alguna de la incumbencia del clero ni de la Acci贸n Cat贸lica como tales instituciones; aunque tambi茅n, por otra parte, a uno y a otra pertenece el preparar a los cat贸licos para hacer uso de sus derechos y defenderlos con todos los medios leg铆timos, seg煤n lo exige el bien com煤n.

5) El clero y la Acci贸n Cat贸lica, estando, por su misi贸n de paz y de amor, consagrados a unir a todos los hombres in vinculo pacis 7 , deben contribuir a la prosperidad de la naci贸n principalmente fomentando la uni贸n de los ciudadanos y de las clases sociales y colaborando en todas aquellas iniciativas sociales que no se opongan al dogma o a las leyes de la moral cristiana.

31. Por lo dem谩s, la actividad c铆vica de los cat贸licos mejicanos, desarrollada con un esp铆ritu noble y levantado, obtendr谩 resultaos tanto m谩s eficaces cuanto en mayor grado posean los cat贸licos aquella visi贸n sobrenatural de la vida, aquella educaci贸n religiosa y moral y aquel celo ardiente por la dilataci贸n del reino de Nuestro Se帽or Jesucristo, que la Acci贸n Cat贸lica se esfuerza en dar a sus miembros.

Frente a una feliz coalici贸n de conciencias que no est谩n dispuestas a renunciar a la libertad que Cristo les reconquist贸 8 , 驴qu茅 poder o fuerza humana podr谩 subyugarlas al pecado? 驴Qu茅 peligros ni qu茅 persecuciones podr谩n separar a las almas, as铆 templadas, de la caridad de Cristo? 9 .

Esta recta formaci贸n del precepto cristiano y ciudadano, cuyas cualidades y acciones todas quedan ennoblecidas y sublimadas por el elemento sobrenatural, encierra en s铆 tambi茅n, como no pod铆a menos de ser, el cumplimiento de los deberes c铆vicos y sociales. San Agust铆n, encar谩ndose con los enemigos de la Iglesia, les dirig铆a este desaf铆o, que es un encomio de sus fieles, diciendo: Los que dicen que la doctrina de la Iglesia da帽a al Estado, que me den tales ciudadanos, tales maridos, tales esposos, tales padres, tales hijos, tales amos, tales criados, tales reyes y tales jueces... cuales manda la religi贸n cat贸lica que sean; y atr茅vanse entonces a decir de ella que es enemiga del Estado: antes bien habr谩n de reconocer que, si tal doctrina se siguiera, ella ser铆a la salvaci贸n del Estado 10 . Siendo esto as铆, un cat贸lico se guardar谩 bien de descuidar, por ejemplo, el ejercicio del derecho de votar cuando entran en juego el bien de la Iglesia o de la patria; ni habr谩 peligro de que los cat贸licos, para el ejercicio de las actividades c铆vicas y pol铆ticas, se organicen en grupos parciales, tal vez en pugna los unos contra los otros, o contrarios a las normas directivas de la autoridad eclesi谩stica: eso servir铆a para aumentar la confusi贸n y desperdiciar energ铆as, con detrimento del desarrollo de la Acci贸n Cat贸lica y de la misma causa que se quiere defender.

32. Ya hemos indicado algunas actividades que, aunque no le son contrarias, caen fuera del campo de la Acci贸n Cat贸lica, como ser铆an las actividades de partidos pol铆ticos y las de orden puramente econ贸mico-social. Pero existen otras muchas actividades ben茅ficas que se pueden agrupar en torno al n煤cleo central de la Acci贸n Cat贸lica, cuales son las Asociaciones de Padres de Familia para la defensa de las libertades escolares y de la ense帽anza religiosa, la Uni贸n de Ciudadanos para la defensa de la familia, de la santidad del matrimonio y de la moralidad p煤blica; pues la Acci贸n Cat贸lica no cristaliza r铆gidamente en esquemas fijos, sino que sabe coordinar, como en derredor de un centro irradiador de luz y de calor, otras iniciativas e instituciones auxiliares, que, aun conservando una justa autonom铆a y conveniente libertad de acci贸n, necesarias para lograr sus fines espec铆ficos, sienten la necesidad de seguir las reglas generales y las comunes normas program谩ticas de la Acci贸n Cat贸lica.

Esto tiene una aplicaci贸n especial en el extenso territorio de vuestra naci贸n, donde la variedad de necesidades y condiciones locales puede exigir que, conservando una base de principios comunes, se empleen m茅todos diferentes de organizaci贸n y se den tambi茅n soluciones pr谩cticas, diversas entre s铆, pero igualmente rectas y aptas para resolver un mismo problema.

33. A vosotros os tocar谩, Venerables Hermanos, puestos por el Esp铆ritu Santo para gobernar la Iglesia de Dios, dar la 煤ltima decisi贸n pr谩ctica en estos casos, a la cual obedecer谩n los fieles con docilidad y exactitud. Cosa que deseamos con todo Nuestro coraz贸n, porque la recta intenci贸n y la obediencia, siempre y en todas partes, son condiciones indispensables para atraer las bendiciones divinas sobre el ministerio pastoral y sobre la Acci贸n Cat贸lica y para fijar aquella unidad de direcci贸n y aquella fusi贸n de energ铆as que son requisito indispensable para la fecundidad del apostolado. Conjuramos, por lo tanto, con toda Nuestra alma a los buenos cat贸licos mejicanos a que tengan en grande estima y amen la obediencia y disciplina: Oboedite praepositis vestris et subiacete eis. Ipsi enim pervigilant, quasi rationem pro animabus vestris reddituri. Y que sea obediencia llena de gozo y estimuladora de las mejores energ铆as, ut cum gaudio hoc faciant et non gementes 11 . El que no obedece sino con desgana y como a la fuerza, desfogando su resentimiento interno en cr铆ticas amargas contra sus superiores y compa帽eros de trabajo, contra todo lo que no es seg煤n el propio parecer y juicio, aleja las bendiciones divinas, debilita el nervio de la disciplina y destruye donde se debiera edificar.

34. Junto con la obediencia y la disciplina Nos place traer a la memoria los otros deberes de caridad universal que Nos sugiere San Pablo en ese mismo cap铆tulo IV de la ep铆stola a los Efesios, que ya hemos citado y que deber铆a ser la norma fundamental para todos los que trabajan en la Acci贸n Cat贸lica: Obsecro itaque vos ego vinctus in Domino, ut digne ambuletis... cum omni humilitate et mansuetudine, cum patientia, supportantes invicem in caritate, solliciti servare unitatem Spiritus in vinculo pacis. Unum corpus et unus spiritus 12 .

35. A Nuestros car铆simos hijos mejicanos, a quienes parte tan grande cabe en los cuidados y en las afectuosas solicitudes de Nuestro Pontificado, les renovamos la exhortaci贸n a la unidad, a la caridad, a la paz en el trabajo apost贸lico de la Acci贸n Cat贸lica, llamado a devolver a Cristo a M茅jico y a restituiros la paz y aun la prosperidad temporal.

36. Ponemos Nuestros votos y oraciones a los pies de vuestra celestial patrona, Nuestra Se帽ora de Guadalupe, que en su santuario excita siempre el amor y la devoci贸n de todos los mejicanos. A Ella, honrada y bendecida bajo ese t铆tulo tambi茅n en esta alma Ciudad, donde Nos erigimos una parroquia dedicada a su honor, rogamos ardientemente quiera o铆r Nuestros deseos y los vuestros -para la futura prosperidad de M茅jico- de la paz de Cristo en el Reino de Cristo. Con estos votos y sentimientos os damos de todo coraz贸n a vosotros, a vuestros sacerdotes, a la Acci贸n Cat贸lica mejicana, a todos los queridos hijos de M茅jico y a toda la noble naci贸n mejicana, una especial铆sima Bendici贸n Apost贸lica.

37. Que esta carta Nuestra, que hemos querido enviaros en la festividad de la Pascua de Resurrecci贸n, sea asimismo para vuestro pa铆s una prenda de resurrecci贸n espiritual, pues no es otro el anhelo de Vuestro Padre, sino que, as铆 como hab茅is participado tan 铆ntimamente de los sufrimientos de Cristo, igualmente particip茅is de la gloria de su Resurrecci贸n.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de la Pascua de Resurrecci贸n, el 28 de marzo de 1937, a帽o d茅cimosexto de Nuestro Pontificado.


1

1 Pet. 2, 9.

2

Rom. 12, 5.

3

Cf. Eph. 3, 12-16.

4

Luc. 12, 32.

5

Luc. 12, 31.

6

Marc. 8, 2-3.

7

Eph. 4, 3.

8

Gal. 4, 31.

9

Cf. Rom. 8, 35.

10

Ep. 138 ad Marcellinum 2, 15.

11

Hebr. 13, 17.

12

Eph. 4, 1-4.
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