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Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos Seculares, Elementos esenciales de la Doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa dirigidos a los Institutos dedicados a obras apost贸licas
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INTRODUCCI脫N

1. La renovaci贸n de la vida religiosa durante los 煤ltimos veinte anos ha sido en m煤ltiples aspectos una experiencia de fe. Se han hecho esfuerzos generosos para explorar a fondo en la oraci贸n qu茅 significa vivir la vida consagrada seg煤n el Evangelio, el carisma fundacional de un instituto religioso y los signos de los tiempos. Los institutos religiosos de vida apost贸lica han intentado, adem谩s, afrontar los cambios exigidos por la r谩pida evoluci贸n de la sociedad a la cual son enviados y por el desarrollo de los medios de comunicaci贸n que condicionan sus posibilidades de evangelizaci贸n. Al mismo tiempo, estos institutos se han encontrado con cambios imprevistos en su misma situaci贸n interna, elevaci贸n del promedio de edad de sus miembros, disminuci贸n de vocaciones, merma consiguiente de sus efectivos, diversidades en los estilos de vida y en las obras y, con frecuencia, incertidumbre acerca de su identidad. El resultado ha sido una experiencia comprensiblemente compleja, con muchos aspectos positivos y algunos otros notablemente dudosos.

2. Ahora, pasado el per铆odo de experimentaci贸n extraordinaria ordenado por Ecclesiae Sanctae II, muchos institutos religiosos dedicados a obras de apostolado est谩n revisando sus experiencias. Con la aprobaci贸n de sus Constituciones revisadas y la entrada en vigor del nuevo C贸digo de Derecho Can贸nico, se adentran en una nueva fase de su historia. En este momento de reiniciaci贸n, escuchan una vez m谩s la llamada pastoral del Papa Juan Pablo II a 芦 hacer una evaluaci贸n objetiva y humilde de los a帽os de experimentaci贸n, de modo que puedan identificar los elementos positivos, as铆 como las posibles desviaciones禄 (Disc. a la UISG 1979; a los Superiores Mayores de religiosos y religiosas en Francia 1980). Superiores religiosos y Cap铆tulos han solicitado de esta Sagrada Congregaci贸n directrices para valorar el pasado y preparar el futuro. Tambi茅n algunos Obispos, debido a su especial responsabilidad en la promoci贸n de la vida religiosa, han pedido orientaciones. Por todo ello, la Sda. Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares, siguiendo las indicaciones del Santo Padre, ha preparado esta s铆ntesis de principios y normas fundamentales. Su intento es presentar una s铆ntesis clara de la doctrina de la Iglesia acerca de la vida religiosa, en un momento especialmente significativo y oportuno.

3. Esta doctrina se halla ya formulada en los grandes documentos del Concilio Vaticano II, particularmente en Lumen gentium, Perfectae Caritatis y Ad Gentes. Ha sido desarrollada posteriormente en la Exhortaci贸n Apost贸lica Evangelica testificatio de Pablo VI, en las alocuciones del Papa Juan Pablo II y en los documentos de esta Sda. Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares, especialmente en Mutuae relationes, Religiosos y promoci贸n humana y Dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa. 脷ltimamente, esa riqueza doctrinal ha sido condensada en el nuevo C贸digo de Derecho Can贸nico. Todos estos textos, basados en el rico patrimonio de la doctrina preconciliar, ahondan y afinan la teolog铆a de la vida religiosa, que vino desarroll谩ndose y adquiriendo densidad durante los siglos pasados.

4. La vida religiosa es un dato hist贸rico a la vez que una realidad teol贸gica. La experiencia vivida, hoy como en el pasado, es variada; lo cual tiene su importancia. Es una experiencia que necesita ser comprobada a la luz de los fundamentos evang茅licos, del magisterio de la Iglesia y de las Constituciones aprobadas de cada instituto. La Iglesia considera ciertos elementos como esenciales para la vida religiosa: la vocaci贸n divina, la consagraci贸n mediante la profesi贸n de los consejos evang茅licos con votos p煤blicos, una forma estable de vida comunitaria, para los institutos dedicados a obras de apostolado, la participaci贸n en la misi贸n de Cristo por medio de un apostolado comunitario, fiel al don fundacional espec铆fico y a las sanas tradiciones; la oraci贸n personal y comunitaria, el ascetismo, el testimonio p煤blico, la relaci贸n caracter铆stica con la Iglesia, la formaci贸n permanente, una forma de gobierno a base de una autoridad religiosa basada en la fe. Los cambios hist贸ricos y culturales traen consigo una evoluci贸n en la vida real, pero el modo y el rumbo de esa evoluci贸n son determinados por los elementos esenciales, sin los cuales, la vida religiosa pierde su identidad. En el presente texto, dirigido a los institutos dedicados a obras de apostolado, esta Sda. Congregaci贸n se limita a identificar y reafirmar estos elementos esenciales.

I. LA VIDA RELIGIOSA: UNA FORMA PARTICULAR DE CONSAGRACI脫N A DIOS

5. La consagraci贸n es la base de la vida religiosa. Al afirmarlo, la Iglesia quiere poner en primer lugar la iniciativa de Dios y la relaci贸n transformante con El que implica la vida religiosa. La consagraci贸n es una acci贸n divina. Dios llama a una persona y la separa para dedic谩rsela a Si mismo de modo particular. Al mismo tiempo, da la gracia de responder, de tal manera que la consagraci贸n se exprese, por parte del hombre, en una entrega de s铆, profunda y libre. La interrelaci贸n resultante es puro don: es una alianza de mutuo amor y fidelidad, de comuni贸n y misi贸n para gloria de Dios, gozo de la persona consagrada y salvaci贸n del mundo.

6. Jes煤s mismo es Aquel a quien el Padre consagr贸 y envi贸 en el m谩s alto de los modos (cf. Jn 10, 86). En El se resumen todas las consagraciones de la antigua Ley, que simbolizaban la suya y en El est谩 consagrado el nuevo Pueblo de Dios, de ah铆 en adelante misteriosamente unido a El. Por el bautismo Jes煤s comparte su vida con cada cristiano; cada uno es santificado en el Hijo; cada uno es llamado a la santidad; cada uno es enviado a compartir la misi贸n de Cristo, con capacidad de crecer en el amor y en el servicio del Se帽or. Este don bautismal es la consagraci贸n fundamental cristiana y viene a ser ra铆z de todas las dem谩s.

7. Jes煤s vivi贸 su consagraci贸n precisamente como Hijo de Dios: dependiendo del Padre, am谩ndole sobre todas las cosas y entregado por entero a su voluntad. Estos aspectos de su vida como Hijo son compartidos por todos los cristianos. A algunos, sin embargo, para bien de todos, Dios da el don de seguir m谩s de cerca a Cristo en su pobreza, su castidad y su obediencia por medio de la profesi贸n p煤blica de estos consejos con la mediaci贸n de la Iglesia. Esta profesi贸n, a imitaci贸n de Cristo, pone de manifiesto una consagraci贸n particular que est谩 芦 enraizada en la consagraci贸n del bautismo y la expresa con mayor plenitud 禄 (PC 5). La expresi贸n 芦 con mayor plenitud 禄 nos hace pensar en el dominio de la Persona divina del Verbo sobre la naturaleza humana que asumi贸 y nos invita a una respuesta como la de Jes煤s: un don de s铆 mismo a Dios de una manera que s贸lo El puede hacer posible y que es testimonio de su santidad y de su ser absoluto. Una tal consagraci贸n es un don de Dios: una gracia gratuitamente dada.

8. Cuando la consagraci贸n por la profesi贸n de los consejos es confirmada, como respuesta definitiva a Dios, con un compromiso p煤blico tomado ante la Iglesia, pertenece a la vida y santidad de la Iglesia (cf. LG 44). Es la Iglesia quien autentica el don y es mediadora de la ,consagraci贸n. Los cristianos as铆 consagrados se esfuerzan por vivir desde ahora lo que ser谩 la vida futura. Una vida semejante 芦 manifiesta m谩s cumplidamente a todos los creyentes la presencia de los bienes.celestiales ya en posesi贸n aqu铆 abajo 禄 (LG 44). De esta manera, tales cristianos 芦 dan un testimonio contundente y excepcional de que el mundo no puede ser transfigurado y ofrecido a Dios sin el esp铆ritu de las bienaventuranzas 禄 (LG 31).

9. La uni贸n con Cristo por la consagraci贸n, mediante la profesi贸n de los consejos, puede ser vivida en medio del mundo, puede actuar con obras del mundo y expresarse a la manera del mundo. Esta es la vocaci贸n especial de los institutos seculares, definidos por P铆o XII como 芦 consagrados a Dios y a los otros 禄 en el mundo y 芦 con los medios del mundo 禄 (Primo felic铆ter, V y II). Por s铆 mismos los consejos no separan necesariamente del mundo. En efecto, es un don de Dios a la Iglesia que la consagraci贸n mediante la profesi贸n de los consejos pueda tomar la forma de una vida para ser vivida como fermento escondido. Los cristianos as铆 consagrados realizan su obra de salvaci贸n comunicando el amor de Cristo, por medio de su presencia en el mundo y de su santificaci贸n desde dentro del mundo. Su estilo de vida y presencia no se distingue externamente del de los otros cristianos. Su testimonio se da en el ambiente com煤n de sus vidas. Esta forma discreta de testimonio proviene de la misma naturaleza de su vocaci贸n secular y forma parte del modo propio con que su consagraci贸n debe vivirse (cf. PC 11).

10. En cambio, no puede decirse lo mismo de aquellos a quienes la consagraci贸n por la profesi贸n de los consejos constituye como religiosos. La naturaleza misma de la vocaci贸n religiosa lleva consigo el testimonio p煤blico de Cristo y de la Iglesia. La profesi贸n religiosa se realiza mediante votos que la Iglesia recibe como p煤blicos. La forma estable de vida com煤n en un instituto can贸nicamente erigido por la autoridad eclesi谩stica competente, manifiesta en forma visible la alianza y comuni贸n que la vida religiosa expresa. Desde el momento mismo del ingreso en el noviciado, una cierta separaci贸n de la familia y de la vida profesional, habla potentemente de lo absoluto de Dios; pero al mismo tiempo, se establece un v铆nculo nuevo y m谩s profundo en Cristo con la familia que se ha dejado. Este v铆nculo se refuerza a煤n m谩s cuando el desprendimiento de otras relaciones, ocupaciones y formas de diversi贸n en s铆 leg铆timas, siguen reflejando p煤blicamente en la vida lo absoluto de Dios. Otro aspecto de la naturaleza p煤blica de la consagraci贸n religiosa est谩 en el apostolado de los religiosos que, en cierto sentido, es siempre comunitario. La presencia religiosa es visible tanto en las formas de actuar, como en las de vestir o en el estilo de vida.

11. La consagraci贸n religiosa se vive dentro de un determinado instituto, siguiendo unas Constituciones que la Iglesia, por su autoridad, acepta y aprueba. Esto significa que la consagraci贸n se vive seg煤n un esquema espec铆fico que pone de manifiesto y profundiza la propia identidad. Esa identidad proviene de la acci贸n del Esp铆ritu Santo, que constituye el don fundacional del instituto y crea un tipo particular de espiritualidad, de vida, de apostolado y de tradici贸n (cfr. MR 11). Cuando se contemplan las numerosas familias religiosas, queda uno asombrado ante la riqueza de dones fundacionales. El Concilio insiste en la necesidad de fomentarlos como dones que son de Dios (cf PC 2b). Ellos determinan la naturaleza, esp铆ritu, fin y car谩cter, que forman el patrimonio espiritual de cada instituto y constituyen el fundamento del sentido de identidad, que es un elemento clave en la fidelidad de cada religioso (cf ET 51).

12. En el caso de institutos dedicados a obras de apostolado, la consagraci贸n religiosa presenta a煤n otra caracter铆stica: la participaci贸n en la misi贸n de Cristo en forma espec铆fica y concreta.Perfecta Caritatis recuerda que la naturaleza misma de estos institutos exige 芦 la actividad apost贸lica y las obras de caridad 禄 (PC 8). Por el mero hecho de su consagraci贸n, los miembros de estos institutos est谩n dedicados a Dios y disponibles para ser enviados. Su vocaci贸n implica la proclamaci贸n activa del Evangelio por medio de 芦obras de caridad, confiadas al instituto por la Iglesia y realizadas en su nombre禄 (PC 8). Por esta raz贸n, la actividad apost贸lica de tales institutos no es simplemente un esfuerzo humano para hacer el bien, sino 芦 una acci贸n profundamente eclesial禄 (EN 60) que hunde sus ra铆ces en la uni贸n con Cristo, enviado por el Padre para realizar su obra y que expresa una consagraci贸n por parte de Dios, que env铆a a los religiosos para servir a Cristo en sus miembros de determinadas maneras (cf EN 69), de acuerdo con los dones fundacionales del instituto (cf MR 15). 芦 Toda la vida de tales religiosos debe estar imbu铆da de esp铆ritu apost贸lico y toda su actividad apost贸lica de esp铆ritu religioso 禄 (PC 8).

II. CARACTER脥STICAS

1. LA CONSAGRACI脫N MEDIANTE LOS VOTOS P脷BLICOS

13. Es propio, aunque no exclusivo, de la vida religiosa, profesar los consejos evang茅licos por medio de votos que la Iglesia recibe. Estos son una respuesta al don de Dios, que siendo don de amor, no puede ser racionalizado. Es algo que Dios mismo realiza en la persona que ha escogido.

14. Como respuesta al don de Dios, los votos son la triple expresi贸n de un 煤nico si a la singular relaci贸n creada por la total consagraci贸n. Son ellos la acci贸n, mediante la cual, religiosos y religiosas se dan 芦 a Dios de manera nueva y especial 禄 (LG 44).

Por los votos, el religioso dedica con gozo toda su vida al servicio de Dios, considerando el seguimiento de Cristo 芦 como la 煤nica cosa necesaria 禄 (PC 5) y buscando a Dios, y solo a El, por encima de todo. Dos razones fundamentan esta oblaci贸n: la primera el deseo de liberarse de los obst谩culos que podr铆an impedir a la persona amar a Dios ardientemente y adorarle con perfecci贸n (cf ET 7); la segunda, el deseo de ser consagrado de forma m谩s total al servicio de Dios (cf LG 44). LOS votos mismos 芦manifiestan el inquebrantable v铆nculo que existe entre Cristo y su esposa la Iglesia. Cuanto m谩s fuertes y estables sean estos v铆nculos, m谩s perfecta ser谩 la consagraci贸n religiosa del cristiano禄 (LG 44).

15. Los votos son tambi茅n, en concreto, tres maneras de comprometerse a vivir como Cristo vivi贸, en sectores que abrazan toda la existencia: posesiones, afectos, autonom铆a. Cada uno pone de relieve una relaci贸n con Jes煤s, consagrado y enviado. El fue rico, pero se hizo pobre por nuestra salvaci贸n, despoj谩ndose de todo y no teniendo donde reclinar su cabeza. Am贸 con un coraz贸n indiviso, universalmente y hasta el fin. Vino a hacer la voluntad del Padre que le envi贸, y lo hizo permanentemente, 芦aprendiendo la obediencia por el sufrimiento y convirti茅ndose en causa de salvaci贸n para todos los que obedecen 禄 (Hb 5, 8).

16. La se帽al distintiva de cada instituto religioso se halla en el modo con que estos valores de Cristo se expresan visiblemente. Por esta raz贸n, el contenido de los votos de cada instituto, como est谩 expresado en sus Constituciones, debe aparecer claro y sin ambig眉edad. El religioso renuncia al libre uso y disposici贸n de sus bienes, depende del leg铆timo superior de su instituto en cuanto a sus necesidades materiales, pone en com煤n los dones y retribuciones que recibe, como propiedad que son de la comunidad, acepta y participa en un estilo sencillo de vida. El religioso o religiosa se compromete a vivir la castidad por un nuevo t铆tulo, el del voto, y a vivirla en el celibato consagrado por el Reino. Esto lleva consigo una manera de vida que es testimonio convincente y veros铆mil de una entrega total a la castidad y que cierra la puerta a todo comportamiento, relaci贸n personal y forma de recreaci贸n, incompatibles. El religioso se compromete a obedecer a los mandatos del superior leg铆timo seg煤n las constituciones del instituto y acepta, adem谩s, una particular obediencia al Santo Padre, en virtud del voto de obediencia. Impl铆cita en el compromiso que los votos producen, est谩 la exigencia de la vida com煤n con los hermanos o hermanas de comunidad. El religioso se compromete a vivir en fidelidad a la naturaleza, fin, esp铆ritu y car谩cter del instituto, como aparecen expresados en sus constituciones, en las normas propias y en las sanas tradiciones. Finalmente, el religioso se compromete generosamente a emprender una vida de conversi贸n radical y continua, como la reclama el Evangelio, especificada ulteriormente en el contenido de cada uno de los votos.

17. La consagraci贸n, por medio de la profesi贸n de los consejos evang茅licos en la vida religiosa, inspira una forma de vida que tiene necesariamente una repercusi贸n social. No es que los votos pretendan convertirse en una protesta social; pero, sin duda, la vida seg煤n los votos siempre da testimonio de unos valores que desaf铆an a la sociedad, como desaf铆an a los mismos religiosos. La pobreza, castidad y obediencia religiosas pueden hablar con fuerza y claridad al mundo de hoy, que sufre de tanto consumismo y discriminaci贸n, erotismo y odio, violencia y opresi贸n (cf RPH 15).

2. COMUNI脫N EN COMUNIDAD

18. La consagraci贸n religiosa establece una comuni贸n particular entre el religioso y Dios y, en El, entre los miembros de un mismo instituto. Este es el elemento fundamental en la unidad de un instituto. Tradici贸n compartida, trabajos comunes, estructuras racionales, recursos mancomunados, constituciones comunes y esp铆ritu de cuerpo, son todos elementos que pueden ayudar a construir y a fortalecer la unidad; pero el fundamento de la unidad es la comuni贸n en Cristo, establecida por el 煤nico carisma fundacional. Esta comuni贸n est谩 enraizada en la consagraci贸n religiosa misma. Esta animada por el esp铆ritu del Evangelio, alimentada por la oraci贸n, marcada por una mortificaci贸n generosa y caracterizada por el gozo y la esperanza que brotan de la fecundidad de la cruz (cf ET 41).

19. Para los religiosos, la comuni贸n en Cristo se expresa de una manera estable y visible en la vida comunitaria. Tan importante es esa vida comunitaria para la consagraci贸n religiosa, que cada religioso, cualquiera que sea su trabajo apost贸lico, est谩 obligado a ella por el mero hecho de la profesi贸n y debe normalmente vivir bajo la autoridad de un superior local, en una comunidad del instituto al que pertenece. Normalmente, tambi茅n, la vida de comunidad lleva consigo el compartir la vida de cada d铆a seg煤n unas estructuras concretas y las prescripciones de las Constituciones. Compartir la oraci贸n, el trabajo, las comidas, el descanso, el esp铆ritu de grupo 芦 las relaciones de amistad, la cooperaci贸n en el mismo apostolado y el mutuo apoyo en una vida de comunidad, escogida para seguir mejor a Cristo, son todos ellos otros tantos valiosos factores en el diario caminar禄 (ET 39). Una comunidad reunida como verdadera familia en el nombre del Se帽or goza de su presencia (cf Mt 18, 25) por el amor de Dios que es infundido por el Esp铆ritu Santo (cf Rm 5, 5). Su unidad es un s铆mbolo de la venida de Cristo y es una fuente de poderosa energ铆a apost贸lica (cf PC 15). En ella la vida consagrada puede desarrollarse en condiciones ideales (cf ET 38) y queda asegurada la formaci贸n permanente de sus miembros. La aptitud para vivir una vida comunitaria, con sus gozos y sus limitaciones, es una cualidad que es 铆ndice de vocaci贸n religiosa para un determinado instituto y criterio clave para aceptar un candidato.

20. La comunidad local, como lugar en que la vida religiosa es vivida prevalentemente, tiene que ser organizada de forma que queden en evidencia los valores religiosos. Su centro es la Eucarist铆a, en la que participan los miembros de la comunidad a diario, en lo posible, y que es venerada en un oratorio donde puede tener lugar la celebraci贸n y donde el Sant铆simo Sacramento est谩 reservado (cf ET 48). Tiempos de oraci贸n en com煤n a diario, basados en la palabra de Dios y en uni贸n con la oraci贸n de la Iglesia, como ocurre especialmente en la Liturgia de las Horas, alimentan la vida comunitaria. Es igualmente necesario un ritmo de tiempos m谩s intensos de oraci贸n, ya semanal, ya mensual y, en especial, el retiro anual. La frecuente recepci贸n del sacramento de la Reconciliaci贸n es tambi茅n parte de la vida religiosa. Adem谩s del aspecto personal del perd贸n de Dios y de su amor renovador en el plan individual, el sacramento construye la comunidad gracias a su poder de reconciliaci贸n y crea tambi茅n un v铆nculo especial con la Iglesia. De acuerdo con las normas propias del instituto, se ha de dar tambi茅n un tiempo conveniente para la cotidiana oraci贸n privada y para una provechosa lectura espiritual. Se han de encontrar maneras de profundizar las devociones propias del instituto y muy en especial la devoci贸n a Mar铆a Madre de Dios. La comunidad debe igualmente tener presentes en su oraci贸n las necesidades del entero Instituto, as铆 como el afectuoso recuerdo de aquellos miembros que han pasado de esta vida al Padre. La promoci贸n de estos valores religiosos de la vida comunitaria y el establecimiento de una organizaci贸n adecuada, que los fomente, es responsabilidad de todos los miembros de la comunidad, pero en particular del superior local (cf ET 26).

21. El estilo mismo de la vida comunitaria est谩 en relaci贸n con la forma de apostolado que los miembros deben mantener, as铆 como con la cultura y sociedad en que ese apostolado se ejercita. La forma de apostolado puede ser causa determinante de la magnitud y ubicaci贸n de una comunidad, de sus necesidades particulares y de sus standards de vida. Mas, sea el que fuere el apostolado, la comunidad debe esforzarse por vivir con sencillez, seg煤n las normas establecidas para todo el instituto y para la provincia, aplicadas a su propia situaci贸n. En su forma de vida debe ocupar un lugar importante el ascetismo, que es parte integrante de la consagraci贸n religiosa. Finalmente, ha de proveer a las necesidades de sus miembros, conforme a sus propios recursos, teniendo siempre en cuenta sus obligaciones para con el entero instituto y para con los pobres.

22. En vistas de la importancia crucial de la vida de comunidad, es necesario notar que su calidad se ve afectada positiva o negativamente por dos tipos de diferencias dentro del instituto: en sus miembros y en sus obras. Es esta la variedad que encontramos en la imagen paulina del Cuerpo de Cristo o en la imagen conciliar del Pueblo peregrino de Dios. En ambas, la diversidad es, en verdad, abundancia de dones que tienden a enriquecer la 煤nica realidad. Por lo mismo, el criterio de aceptaci贸n de miembros y obras en un instituto religioso es la construcci贸n de la unidad (cf MR 12). Pr谩cticamente habr谩 que preguntarse: los dones de Dios en esta persona, o proyecto, o grupo, contribuir谩n a la unidad y a hacer m谩s profunda la comuni贸n? Si as铆 fuere, sean bienvenidos. Si no, sin que importe lo buenos que tales dones puedan parecer en s铆 mismos o lo deseables que puedan resultar para algunos miembros, no son buenos para ese instituto en particular. Es un error pretender que el don fundacional de un instituto lo abarque todo. Ni es razonable fomentar un don que, virtualmente, separa un miembro de la comuni贸n con la comunidad. Tampoco es prudente tolerar l铆neas de desarrollo fuertemente divergentes que carezcan de una recia conexi贸n de unidad en el instituto mismo. La diversidad sin divisiones y la unidad sin uniformismo son una riqueza y un reto que favorecen el crecimiento de la comunidad de oraci贸n, de gozo y servicio, como testimonio de la realidad de Cristo. Constituye una responsabilidad peculiar de los superiores y de los maestros de formaci贸n, el asegurarse que diferencias que conducen a la desintegraci贸n, no sean tomadas equivocadamente por aut茅nticos valores de diversidad.

3. MISI脫N EVANGELICA

23. Cuando Dios consagra una persona, concede un don especial en orden a la realizaci贸n de su propio designio de amor: la reconciliaci贸n y la salvaci贸n del g茅nero humano. El no s贸lo escoge, segrega y dedica a S铆 mismo la persona, sino que la compromete en su obra divina. La consagraci贸n inevitablemente implica misi贸n. Se trata de dos facetas de una misma realidad. La elecci贸n de una persona por parte de Dios, es para la salvaci贸n de los dem谩s: la persona consagrada es 芦enviada禄 para realizar la obra de Dios, con el poder de Dios. Jes煤s mismo ten铆a clara conciencia de ello. Consagrado y enviado para llevar la salvaci贸n de Dios, estaba por entero dedicado al Padre en la adoraci贸n, el amor y la obediencia, y totalmente entregado a la obra del Padre, que es la salvaci贸n del mundo.

24. Los religiosos, por su forma peculiar de consagraci贸n, est谩n necesaria y profundamente comprometidos en la misi贸n de Cristo. Como El, son llamados para los otros: enteramente orientados hacia el Padre por el amor y, por eso mismo, entregados del todo al servicio salvador de Cristo a favor de sus hermanos y hermanas. Esto es verdad en todas las formas existentes de vida religiosa. La vida contemplativa claustral tiene su propia escondida fecundidad apost贸lica (cf PC 7) y proclama ante todos que Dios existe y que es amor. Los religiosos dedicados a obras de apostolado prolongan en nuestros tiempos la presencia de Cristo 芦 que anuncia el Reino de Dios a las multitudes, que sana a los enfermos y heridos, que convierte a los pecadores a una vida mejor, bendice a los ni帽os, hace el bien a todos, siempre obedeciendo la voluntad del Padre que le envi贸 禄 (LG 48). Esta obra salvadora de Cristo es compartida a trav茅s de determinados servicios, confiados por la Iglesia al instituto al aprobar sus constituciones. Esta aprobaci贸n determina la naturaleza del servicio emprendido, que debe ser fiel al Evangelio, a la Iglesia y al instituto. Establece, adem谩s, ciertos l铆mites, dado que la misi贸n del religioso se ve, al mismo tiempo, reforzada y delimitada por las consecuencias de la consagraci贸n en un determinado instituto. A煤n m谩s, la naturaleza del servicio religioso determina c贸mo la misi贸n ha de ser realizada: en uni贸n profunda con el Se帽or y con una gran sensibilidad respecto a los tiempos, la cual capacitar谩 al religioso 芦 para transmitir el mensaje del Verbo Encarnado en t茅rminos que el mundo pueda comprender禄 (ET 9).

25. Cualquiera que sea el servicio apost贸lico a trav茅s del cual se transmite la palabra, la misi贸n es emprendida como responsabilidad comunitaria. Es al instituto en su totalidad, a quien la Iglesia encomienda la participaci贸n en la misi贸n de Cristo, que es caracter铆stica suya y se expresa a trav茅s de las obras inspiradas por el carisma fundacional. Esta misi贸n corporativa no significa que todos los miembros del instituto hagan las mismas cosas o que las cualidades y dones de las personas no sean respetados. Significa que la actividad de todos los miembros est谩 directamente relacionada con el apostolado com煤n, el cual - como la Iglesia ha reconocido - expresa en concreto la finalidad del Instituto. Este apostolado com煤n y permanente forma parte de la sana tradici贸n del instituto. Est谩 tan 铆ntimamente relacionado con la identidad, que no se puede cambiar sin tocar el car谩cter mismo del instituto. Es, por tanto, la piedra de toque en la evaluaci贸n de nuevas obras, sea que estos servicios hayan de ser realizados por un grupo o individualmente. De la integridad del apostolado com煤n son especialmente responsables los superiores mayores: deben velar por que el instituto sea, a la vez fiel a su misi贸n tradicional en la Iglesia y abierto a nuevas maneras de realizarlo. Las obras tienen necesidad de ser renovadas y revitalizadas, pero esto ha de hacerse manteni茅ndose siempre fieles al apostolado aprobado del instituto y en colaboraci贸n con las autoridades eclesi谩sticas correspondientes. Tal renovaci贸n deber谩 estar marcada por las cuatro grandes fidelidades, puestas de relieve en el documento Religiosos y Promoci贸n humana: 芦 fidelidad a la humanidad y a nuestro tiempo; fidelidad a Cristo y al Evangelio; fidelidad a la Iglesia y a su misi贸n en el mundo; fidelidad a la vida religiosa y al carisma del instituto 禄 (RPH 13).

26. El religioso o religiosa realiza su propia acci贸n apost贸lica dentro de la misi贸n eclesial del instituto. Fundamentalmente, ser谩 un trabajo de evangelizaci贸n que tender谩, en la Iglesia y de acuerdo con la misi贸n del instituto, a ayudar a difundir la Buena Nueva entre 芦toda la humanidad y, por medio del Evangelio, a transformar la humanidad desde dentro禄 (EN 18; RPH intr.). En la pr谩ctica, llevar谩 consigo alguna forma de servicio compatible con la finalidad del instituto, emprendido de ordinario con otros hermanos y hermanas de la misma familia religiosa. En el caso de algunos institutos clericales o misioneros, el religioso podr谩 a veces encontrarse solo en su actividad apost贸lica. En el caso de otros institutos, una actividad solitaria podr谩 ser emprendida solamente con permiso de los superiores, para hacer frente a una necesidad urgente por un tiempo limitado. Al final de la vida, el apostolado ser谩, para muchos, s贸lo una misi贸n de oraci贸n y sufrimiento. Pero en cualquier situaci贸n, el trabajo apost贸lico de cada religioso es el propio de una persona enviada en comuni贸n con un instituto, que ha recibido una misi贸n eclesial. Tal actividad tiene su fuente en la obediencia religiosa (PC 8; 10). Por lo mismo, se diferencia, en su modo de ser, del apostolado propio de los laicos (cf RPH 22; AA 2, 7, 13, 25). Precisamente por su obediencia en sus obras eclesiales y corporativas, los religiosos ponen de manifiesto uno de los aspectos m谩s importantes de su vida. Ellos son genuinamente apost贸licos, no precisamente porque ejercen un apostolado, sino porque viven como los ap贸stoles vivieron: siguiendo a Cristo en servicio y comuni贸n, seg煤n las ense帽anzas del Evangelio, en la Iglesia que El fund贸.

27. No cabe duda que actualmente, en muchos lugares del mundo, los institutos religiosos que se dedican a actividades apost贸licas se enfrentan con especiales dificultades que afectan a su apostolado. El menor n煤mero de religiosos, la disminuci贸n de vocaciones, el envejecimiento general, las presiones sociales provocadas por movimientos contempor谩neos, est谩n coincidiendo con la constataci贸n de un mayor n煤mero de necesidades, un mayor individualismo en el desarrollo personal, una conciencia m谩s aguda de los temas referentes a la justicia, la paz y la promoci贸n humana. Existe la tentaci贸n de querer hacerlo todo. Existe la tentaci贸n de abandonar obras estables, genuina expresi贸n del carisma del instituto, por otras que parecen m谩s eficaces inmediatamente frente a las necesidades sociales, pero que dicen menos con la identidad del instituto. Existe un tercer peligro: el de dispersar los recursos de un instituto en una multitud de actividades a breve plazo, con muy poca conexi贸n con el carisma de fundaci贸n. En todos estos casos, los efectos no son inmediatos, pero, a la larga, sufre la unidad y la identidad del instituto mismo; y esto ser铆a da帽oso para la Iglesia y su misi贸n.

4. LA ORACI脫N

28. La vida religiosa no se puede sostener sin una profunda vida de oraci贸n, individual, comunitaria y lit煤rgica. El religioso, que abraza una vida de total consagraci贸n, est谩 llamado a conocer al Se帽or resucitado con un conocimiento ferviente y personal y a conocerle como a uno con el cual se est谩 personalmente en comuni贸n: 芦 Esta es la vida eterna: conocer al 煤nico Dios verdadero y a Jesucristo a quien El ha enviado 禄 (Jn 17, 3). Su conocimiento en la fe trae consigo el amor: 芦 aun sin verle le amasteis y sin verle todav铆a os alegr谩is ya con gozo tan glorioso que no se puede describir (1 Pt 1, 8). Este gozo de amor y conocimiento, se produce de muchas maneras, pero fundamentalmente, y como medio necesario y b谩sico, a trav茅s de encuentros personales y comunitarios con Dios en la oraci贸n. Aqu铆 es donde el religioso encuentra 芦la concentraci贸n de su coraz贸n en Dios禄 (DmC 1), que unifica vida y misi贸n.

29. As铆 como ocurri贸 con Jes煤s, en cuya vida la oraci贸n como acto diferenciado, ocup贸 un espacio amplio y esencial, el religioso necesita orar para ahondar su uni贸n con Dios (cf Lc 5, 16). La oraci贸n es, adem谩s, una condici贸n necesaria para proclamar el Evangelio (cf Mc 1, 35-38). Viene a ser el contexto de todas las decisiones y acontecimientos importantes (cf Lc 6, 12-13). Tambi茅n como en Jes煤s, el h谩bito de oraci贸n es necesario si el religioso quiere lograr aquella visi贸n contemplativa de las cosas por la que Dios se revela, por la fe, en los acontecimientos ordinarios de la vida (cf DmC 1). Esta es la dimensi贸n contemplativa que Iglesia y mundo tienen derecho a esperar del religioso, por el hecho de su consagraci贸n. Dimensi贸n que debe ser robustecida con tiempos prolongados, dedicados exclusivamente a la adoraci贸n del Padre, a amarle y a ponerse silenciosamente a su escucha. Por esta raz贸n, Pablo VI insist铆a: 芦 La fidelidad a la oraci贸n diaria sigue siendo siempre una necesidad fundamental para el religioso. La oraci贸n debe tener un lugar preferencial en vuestras constituciones y en vuestras vidas 禄 (ET 45).

30. Al decir 芦 en vuestras constituciones 禄, Pablo VI nos recuerda que para el religioso la oraci贸n no es s贸lo volverse la persona amorosamente hacia Dios, sino tambi茅n una respuesta comunitaria de adoraci贸n, intercesi贸n, alabanza y acci贸n de gracias, que debe ser regulada en forma estable (cf ET 43). No puede dejarse al caso. A nivel de cada instituto, de cada provincia y de cada comunidad, son necesarias normas concretas para que la oraci贸n adquiera profundidad y madurez en la vida religiosa, individual y comunitariamente. S贸lo a trav茅s de la oraci贸n ser谩 capaz el religioso, en 煤ltimo t茅rmino, de responder a su consagraci贸n; pero la oraci贸n comunitaria tiene una funci贸n importante en orden a proporcionar el necesario apoyo espiritual. Cada religioso tiene derecho a ser ayudado por la presencia y ejemplo de los otros miembros de la comunidad en oraci贸n. Cada uno tiene el privilegio y la obligaci贸n de orar con los otros y de participar con ellos en la liturgia, que viene a ser el centro unificador de sus vidas. Esta ayuda mutua estimula el esfuerzo por vivir la vida de uni贸n con el Se帽or, a la cual los religiosos son llamados. 芦 La gente tiene que sentir que alguien est谩 obrando a trav茅s de ti. En la medida en que vives tu total consagraci贸n a Dios, est谩s comunicando algo de El y es El en 煤ltimo t茅rmino Aqu茅l por quien el coraz贸n humano est谩 suspirando 禄 (Juan Pablo II, Alt枚tting).

5. ASCETISMO

31. La disciplina y el silencio, necesarios para la oraci贸n, nos recuerdan que la consagraci贸n por los votos religiosos exige un cierto ascetismo 芦 que abarca todo el ser禄 (ET 46). La respuesta de Cristo, de pobreza, castidad y obediencia, le condujo a la soledad del desierto, al dolor de la contradicci贸n y al abandono de la cruz. La consagraci贸n del religioso se adentra por ese mismo camino, no puede ser un reflejo de la consagraci贸n de Cristo, si su vida no lleva consigo la abnegaci贸n. La vida religiosa misma es una expresi贸n permanente, p煤blica y visible, de conversi贸n cristiana. Exige el abandono de todas las cosas y el tomar la propia cruz para seguir a Cristo con la vida entera. Lo cual lleva como consecuencia la asc茅tica necesaria para vivir en pobreza de esp铆ritu y de hecho, para amar como Cristo ama, para someter la propia voluntad, por Dios, a la voluntad de otro que le representa, aunque imperfectamente. Exige el don de s铆 mismo, sin el cual no es posible vivir ni una vida comunitaria aut茅ntica, ni una misi贸n fructuosa La afirmaci贸n de Jes煤s que el grano de trigo necesita caer en tierra y morir si ha de dar fruto, tiene una aplicaci贸n particular para el religioso a causa de la naturaleza p煤blica de sus votos. Es cierto que muchas penitencias del d铆a de hoy se hallan en los hechos mismos de la vida y deben ser aceptadas all铆. Sin embargo, es cierto que los religiosos, si no construyen su vida sobre 芦 una austeridad alegre y bien equilibrada 禄 (ET 30) y una renuncia decidida y concreta, arriesgan la p茅rdida de la libertad espiritual, necesaria para vivir los consejos. En efecto, sin esa austeridad y renuncia, su misma consagraci贸n puede verse en peligro. Por eso, no puede darse un testimonio p煤blico de Cristo, pobre, casto y obediente, sin asc茅tica. A煤n m谩s, por la profesi贸n de los consejos por medio de los votos, los religiosos se obligan a adoptar todos los medios necesarios para ahondar y promover lo que han prometido, y esto significa una elecci贸n voluntaria de la cruz, que ha de ser 芦 como lo fue para Cristo, la m谩s grande prueba de amor禄 (ET 29).

6. TESTIMONIO P脷BLICO

32. Por naturaleza, la vida religiosa es un testimonio que deber铆a manifestar claramente la primac铆a del amor de Dios con una fuerza que proviene del Esp铆ritu Santo (cf ET 1). Jes煤s realiz贸 este cometido de manera perfecta: dando testimonio del Padre 芦 con el poder del Esp铆ritu en si 禄 (Lc 4, 14), en su vida, muerte y resurrecci贸n, permaneciendo para siempre el testigo fiel. A su vez envi贸 a sus ap贸stoles, con la fuerza del mismo Esp铆ritu, para ser sus testigos en Jerusal茅n, Judea y Samar铆a y hasta los 煤ltimos confines de la tierra (cf Act 1, 8). El objeto de su testimonio era siempre el mismo: 芦Lo que fue desde el principio, lo que hemos o铆do y visto con nuestros ojos; lo que hemos observado y tocado con nuestras manos: el Verbo que es vida 禄 (1 Jn 1, 1); Jesucristo 芦 El Hijo de Dios, proclamado en toda su gloria por su resurrecci贸n de entre los muertos禄 (Rm 1, 5).

33. Tambi茅n los religiosos en su propio tiempo est谩n llamados a dar testimonio de una experiencia similar, profunda y personal de Cristo; y a compartir la fe, la esperanza, el amor y el gozo que esa experiencia va produciendo. Su continua renovaci贸n individual de vida debiera ser fuente de nuevo crecimiento en los institutos a los que pertenecen, recordando las palabras del Papa Juan Pablo II: 芦 Lo que m谩s cuenta no es lo que los religiosos hacen, sino lo que son como personas consagradas al Se帽or 禄 (Mensaje a la Plenaria de la Sda. Congregaci贸n, marzo 1980). No solamente con las obras, con que directamente anuncian el Evangelio, sino, con mayor fuerza a煤n, con su mismo modo de vivir, debieran ser voz que afirma con convicci贸n y confianza: Hemos visto al Se帽or. Ha resucitado. Hemos escuchado su palabra.

34. El car谩cter absoluto de la consagraci贸n religiosa requiere que el testimonio del Evangelio se d茅 p煤blicamente con la vida entera. Valores, actitudes y estilo de vida han de atestiguar con fuerza el lugar de Cristo en la propia vida. La visibilidad de este testimonio lleva consigo el abandono de h谩bitos de confort y de conveniencias, que ser铆an por los dem谩s leg铆timas. Reclama una limitaci贸n de las formas de descanso y de diversi贸n (cf ES 1 搂 2; CD 33-35). Para asegurar este testimonio p煤blico, los religiosos aceptan voluntariamente un g茅nero de vida que no es permisivo, sino minuciosamente reglamentado. Usan una vestimenta que los distingue como personas consagradas y tienen un lugar de residencia, establecido detalladamente por su instituto de acuerdo con el derecho com煤n y sus propias constituciones. Asuntos como viajes y relaciones sociales han de estar de acuerdo con el esp铆ritu y el car谩cter de su instituto y con la obediencia religiosa. Estas medidas, de por s铆, no aseguran el deseado testimonio p煤blico del gozo, la esperanza y el amor de Jesucristo, pero ofrecen importantes medios para ello, y lo cierto es que el testimonio religioso no se da sin ellas.

35. El modo de trabajar es tambi茅n importante para el testimonio p煤blico. Tanto lo que se hace, como el modo de hacerlo, debieran anunciar a Cristo desde la pobreza de quien no busca su propia realizaci贸n y satisfacci贸n. En nuestros tiempos la carencia de poder es una de las mayores pobrezas. El religioso acepta compartirla 铆ntimamente en la generosidad de su obediencia, convirti茅ndose con ello en uno de los pobres y volvi茅ndose particularmente insignificante, como Cristo lo fue en su Pasi贸n. Una persona as铆 sabe lo que es permanecer ante Dios en estado de indigencia, lo que es amar como Jes煤s y lo que es trabajar en la obra de Dios al modo de Dios. Por fidelidad a su misma consagraci贸n, el religioso procura fomentar estas actitudes, siguiendo las normas concretas de su propio instituto.

36. La fidelidad al apostolado que el propio instituto ejerce por mandato de la Iglesia, es tambi茅n esencial para un aut茅ntico testimonio. El dedicarse personalmente a socorrer necesidades a costa de las obras propias del instituto, no puede ser m谩s que perjudicial. Ciertamente existen modos de vivir y obrar que dan testimonio de Cristo muy claramente en el ambiente contempor谩neo. El constante control del uso de los bienes y del estilo de relaciones de la propia existencia, constituye uno de los medios m谩s eficaces que tiene el religioso para promover la justicia de Cristo en el tiempo actual (cf RPH 4e). Ser voz de los que no tienen voz es tambi茅n un testimonio religioso, cuando se hace de acuerdo con las directrices de la jerarqu铆a local y de las normas del propio instituto. El drama de los refugiados, de los perseguidos por creencias pol铆ticas o religiosas (cf EN 39) de aquellos a quienes se niega el derecho de nacer y vivir, las restricciones injustas de la libertad humana, las deficiencias sociales que son causa de sufrimiento para los ancianos, los enfermos y los marginados, son otras tantas continuaciones de la Pasi贸n, que elevan su clamor, particularmente hacia los religiosos dedicados a obras de apostolado (cf RPH 4d).

37. La respuesta ser谩 diversa seg煤n sea la misi贸n, tradici贸n e identidad de cada instituto. Algunos se ver谩n en la necesidad de solicitar la aprobaci贸n de nuevas misiones en la Iglesia. En otros casos, se tratar谩 de institutos nuevos que son reconocidos para enfrentarse con necesidades especificas. En la mayor铆a de los casos, el uso creativo de obras ya afianzadas, para enfrentarse con nuevos desaf铆os, ser谩 un claro testimonio de Cristo, ayer, hoy y siempre. El testimonio del religioso que, con fidelidad a la Iglesia y a las tradiciones de su instituto, se dedica con empe帽o y amor a la defensa de los derechos humanos y a la venida del Reino en el orden social, puede ser un eco claro del Evangelio y de la voz de la Iglesia (cf RPH 3). As铆 es como se manifiesta p煤blicamente el poder transformante de Cristo en la Iglesia y la vitalidad del carisma del instituto ante la gente de nuestro tiempo. Finalmente, la perseverancia que es un don ulterior del Dios de la alianza, es el silencioso pero elocuente testimonio que da el religioso del Dios fiel, cuyo amor no tiene l铆mites.

7. RELACIONES CON LA IGLESIA

38. La vida religiosa tiene su propio lugar dentro de la estructura divina y jer谩rquica de la Iglesia. No constituye un estado intermedio entre la condici贸n clerical y laical, sino que procede de ambas, como don especial para la Iglesia entera (cf LG 43; MR 10). En particular, por ser un signo visible del misterio de la acci贸n de Dios, que consagra a trav茅s de la vida y, si茅ndolo as铆 por mediaci贸n de la Iglesia para bien del entero Cuerpo, la vida religiosa participa de modo especial de la naturaleza sacramental del Pueblo de Dios. Y porque es parte de la Iglesia, misterio y realidad social, no puede existir sin ambos aspectos.

39. Fue esta doble realidad la que el Concilio Vaticano II subray贸 al insistir en la naturaleza sacramental de la Iglesia, que es en primer lugar y necesariamente misterio, invisible, comuni贸n divina con la nueva vida del Esp铆ritu; y necesariamente tambi茅n, realidad social, visible, comunidad humana bajo la autoridad de uno que representa a Cristo Cabeza. Como misterio (cf LG 1) la Iglesia es la nueva creaci贸n, vivificada por el Esp铆ritu y reunida en Cristo para acercarse con confianza al trono de gracia del Padre (cf Hb 4, 16). Como realidad social, presupone la iniciativa hist贸rica de Jesucristo, su ida pascual al Padre, su capitalidad objetiva de la Iglesia, que El fund贸, y el car谩cter jer谩rquico que de ah铆 deriva: esa diversidad de ministerios que concurren al bien del entero Cuerpo (cf LG 18; MR 15). El doble aspecto de 芦 organismo social visible y presencia divina invisible unidos 铆ntimamente 禄 (MR 3) es lo que confiere a la Iglesia su especial naturaleza sacramental en virtud de la cual es 芦 sacramento visible de la unidad salv铆fica 禄(LG 9). Es a la vez sujeto y objeto de fe, transcendiendo esencialmente los par谩metros de toda perspectiva meramente sociol贸gica, incluso cuando renueva sus estructuras humanas a la luz de las evoluciones hist贸ricas y de los cambios culturales (cf MR 3). Su misma naturaleza la hace 芦 sacramento universal de salvaci贸n 禄 (LG 48): signo visible del misterio de Dios y realidad jer谩rquica; un designio divino, merced al cual ese signo puede ser comprobado aut茅nticamente y se torna eficaz.

40. La vida religiosa toca ambos aspectos. Los fundadores y fundadoras de institutos religiosos piden a la Iglesia jer谩rquica que garantice p煤blicamente el don de Dios, del que proceden sus institutos. Al hacerlo, los fundadores y sus seguidores dan tambi茅n testimonio del misterio de la Iglesia, porque cada instituto existe para construir el Cuerpo de Cristo en la unidad de sus diversas funciones y actividades.

41. En sus or铆genes los institutos religiosos dependen de manera especial de la jerarqu铆a. Los obispos, en comuni贸n con el sucesor de Pedro, forman un colegio que conjuntamente ostenta y ejercita en la Iglesia Sacramento las funciones de Cristo Cabeza (cf MR 6; LG 21; PO 1, 2; CD 2). Ellos tienen no s贸lo la funci贸n pastoral de alimentar la vida de Cristo en los fieles, sino tambi茅n la obligaci贸n de verificar los dones y carismas. Son responsables del coordinamiento de las energ铆as de la Iglesia y es misi贸n suya guiar al Pueblo entero a vivir en el mundo como se帽al e instrumento de salvaci贸n. Por eso poseen de manera especial el ministerio del discernimiento en relaci贸n con los m煤ltiples dones e iniciativas del Pueblo de Dios. Como ejemplo particularmente rico e importante de estos m煤ltiples dones, cada instituto religioso depende, en cuanto al discernimiento aut茅ntico de su carisma fundacional, del ministerio confiado por Dios a la jerarqu铆a.

42. Esta relaci贸n se da no solamente en el primer reconocimiento de un instituto religioso, sino que perdura a trav茅s de su desarrollo. La Iglesia hace m谩s que dar existencia a un instituto; lo acompa帽a, lo gu铆a, lo corrige y estimula en su fidelidad al don fundacional (cf LG 45) porque es un elemento vital en su propia vida y desarrollo. Recibe los votos hechos en el instituto como votos de religi贸n, con consecuencias eclesiales, que suponen una consagraci贸n hecha por Dios mismo, a trav茅s de su mediaci贸n (cf MR 8). Confiere al instituto una participaci贸n p煤blica en su propia misi贸n, concreta y comunitaria a la vez. (cf LG 17; AG 40). Conf铆a al instituto, de acuerdo con su propio derecho com煤n y con las constituciones que ella misma ha aprobado, la autoridad religiosa necesaria para una vida de obediencia consagrada. En resumen, la Iglesia contin煤a siendo mediadora de la acci贸n de Dios, que consagra, de un modo espec铆fico, reconociendo y fomentando esta forma particular de vida consagrada.

43. En la pr谩ctica diaria, esta relaci贸n permanente del religioso con la Iglesia se realiza, con mayor frecuencia, a nivel diocesano o local. El documento Mutuae Relationes est谩 dedicado por entero a este tema, desde el punto de vista de su aplicaci贸n actual. Es suficiente decir aqu铆 que la vida y la misi贸n del Pueblo de Dios son una sola realidad. Todos est谩n llamados a realizarla en conformidad con las funciones y tareas propias de cada uno. La contribuci贸n exclusiva dada por el religioso a esta vida y misi贸n, se funda en la naturaleza total y p煤blica de su vida cristiana consagrada, seg煤n un don fundacional aprobado por la autoridad eclesi谩stica.

8. LA FORMACI脫N

44. La formaci贸n religiosa promueve el desarrollo de la vida de consagraci贸n al Se帽or, desde las primeras etapas, en que una persona empieza a interesarse seriamente por ella, hasta su consumaci贸n final, cuando el religioso encuentra definitivamente al Se帽or en la muerte. El religioso vive una forma particular de vida; y la vida misma est谩 en permanente proceso de desarrollo. No se mantiene estable. Tampoco el religioso es llamado y consagrado de una vez para siempre. La vocaci贸n de Dios y la consagraci贸n por El, contin煤an a lo largo de la vida, capaces de crecimiento y ahondamiento, en formas que van m谩s all谩 de nuestro entender. El discernimiento de la capacidad de vivir una vida que promueva este desarrollo, de acuerdo con el patrimonio espiritual y las normas de un determinado instituto y el acompa帽amiento de la vida misma en su evoluci贸n personal en cada miembro de la comunidad, son las dos principales facetas de la formaci贸n.

45. Para cada religioso, la formaci贸n es el proceso de llegar a ser m谩s y m谩s un disc铆pulo de Cristo, creciendo en uni贸n y en configuraci贸n con El. Se trata de ir asimilando cada vez m谩s el Esp铆ritu de Cristo, de compartir m谩s intensamente su don de s铆 mismo al Padre y su servicio fraternal a la familia humana y de hacerlo de acuerdo con el don fundacional del instituto, por medio del cual fluye el Evangelio hacia los miembros de cada instituto religioso. Tal proceso requiere una genuina conversi贸n. 芦 Revestirse de Cristo 禄 (cfRm 13, 14; Gl 3, 27; Ef 4, 24) exige desprenderse de la autosuficiencia y del ego铆smo (cf Ef 4, 22-24; Col 3, 9-10). El mero hecho de 芦 caminar seg煤n el esp铆ritu 禄 significa abandonar 芦los deseos de la carne 禄 (Gl 5, 16). El religioso hace de este 芦 revestirse de Cristo 禄, con su pobreza, su amor y su obediencia, la tarea esencial de su vida. Es una tarea que nunca termina: antes bien, es un proceso constante de maduraci贸n, que abarca no solamente los valores espirituales, sino tambi茅n todo aquello que contribuye psicol贸gica, cultural y sociol贸gicamente a la plenitud de la personalidad humana. A medida que el religioso crece hacia la plenitud de Cristo seg煤n su estado de vida, se comprueba la verdad de lo que afirma Lumen Gentium: 芦Si bien la profesi贸n de los consejos evang茅licos lleva consigo la renuncia a bienes que indudablemente merecen ser altamente estimados, eso no constituye un obst谩culo al verdadero desarrollo de la persona humana, antes por el contrario, por su misma naturaleza es sumamente beneficioso para ese desarrollo 禄 (LG 45).

46. La creciente configuraci贸n con Cristo se va realizando en conformidad con el carisma y normas del instituto al que el religioso pertenece. Cada instituto tiene su propio esp铆ritu, car谩cter, finalidad y tradici贸n, y es conform谩ndose con ellos, como los religiosos crecen en su uni贸n con Cristo. Para los institutos dedicados a obras de apostolado, la formaci贸n incluye la preparaci贸n y continua actualizaci贸n de sus miembros para las obras peculiares del instituto, no simplemente como profesionales, sino como 芦 testigos vivos del amor sin l铆mites y del Se帽or Jes煤s 禄 (ET 53). Aceptada por cada religioso como asunto de responsabilidad personal, la formaci贸n se convierte no s贸lo en crecimiento personal, sino tambi茅n en una bendici贸n para la comunidad y una fuente de fructuosa energ铆a para el apostolado.

47. Puesto que la iniciativa en la consagraci贸n religiosa est谩 en la llamada de Dios, se sigue que Dios mismo, actuando por medio del Esp铆ritu Santo de Jes煤s, viene a ser el primer y principal agente de la formaci贸n del religioso. El act煤a a trav茅s de su palabra y de los sacramentos, de la oraci贸n y la liturgia, del magisterio de la Iglesia y, en forma m谩s inmediata, a trav茅s de aquellos que han sido llamados por la obediencia a secundar de modo especial la formaci贸n de sus hermanos y hermanas. Respondiendo a la gracia y gu铆a de Dios, el religioso acepta con amor la responsabilidad de su formaci贸n personal y de su crecimiento, acogiendo las consecuencias de esta respuesta, que son para cada persona 煤nicas y siempre imprevisibles. La respuesta, sin embargo, no se da en el aislamiento. Siguiendo la tradici贸n de los antiguos padres del desierto y la de todos los grandes fundadores, en la organizaci贸n de cuanto se refiere a la direcci贸n de cada instituto religioso, algunos miembros son especialmente preparados y dedicados a ayudar a sus hermanos o hermanas en este campo. Su tarea es diferente seg煤n la etapa en que se halla cada religioso, pero sus principales funciones son siempre: discernir la acci贸n de Dios; acompa帽ar al religioso por las sendas de Dios; alimentar su vida con s贸lida doctrina y con la pr谩ctica de la oraci贸n y, principalmente en las primeras etapas, la evaluaci贸n de la jornada. El maestro de novicios y los religiosos responsables de los reci茅n profesos, tienen tambi茅n el deber de comprobar si el joven religioso tiene vocaci贸n y capacidad para hacer su profesi贸n temporal o perpetua. Todo el proceso en cualquier etapa tiene lugar en comunidad, ya que el ambiente natural para la formaci贸n es una comunidad orante y entregada, que edifica sobre Cristo su uni贸n y comparte conjuntamente su misi贸n. Deber谩 ser fiel a las tradiciones y constituciones del instituto y estar bien insertada en el instituto en todo su conjunto, en la Iglesia y en la sociedad a quien sirve. Deber谩 sostener a sus miembros y mantener ante ellos en la fe, durante toda su vida, las metas y valores que la consagraci贸n implica.

48. La formaci贸n no se consigue toda de una vez. El trayecto que media entre la respuesta inicial y la postrera, se puede dividir de modo general en cinco fases: el prenoviciado, en que ha de comprobarse la autenticidad de la llamada, en lo posible; el noviciado, que da inicio a una nueva forma de vida; la primera profesi贸n y el per铆odo de maduraci贸n previa a la profesi贸n perpetua; la profesi贸n perpetua y la formaci贸n permanente de la edad adulta; y, finalmente, los a帽os del ocaso, de cualquier modo que se presente, que es preparaci贸n pr贸xima para el encuentro con el Se帽or. Cada una de estas fases tiene su propio objetivo, contenido y normativa. Las etapas de noviciado y profesi贸n, a causa de su importancia, son cuidadosamente reguladas en sus l铆neas principales por la Iglesia en su derecho com煤n. De todas maneras, es mucho lo que se deja a la responsabilidad de los institutos en particular. A estos se les pide que fijen concretamente en sus constituciones; normas detalladas para un considerable n煤mero de asuntos, a los cuales el derecho com煤n hace referencia s贸lo en principio.

9. EL GOBIERNO

49. El gobierno del religioso apost贸lico, al igual que los dem谩s aspectos de su vida, est谩 basado en la fe y en la realidad de su respuesta de consagraci贸n a Dios, en la comunidad y en la misi贸n. Se trata de mujeres y hombres, miembros de institutos religiosos, cuyas estructuras reflejan la jerarqu铆a cristiana, cabeza de la cual es Cristo mismo. Personas que han escogido vivir la obediencia consagrada como valor de vida; y, por ello, necesitan una forma de gobierno que exprese estos valores y una forma particular de autoridad religiosa. Esa autoridad, caracter铆stica de los institutos religiosos, no proviene de los miembros; es conferida por Dios mediante el ministerio de la Iglesia, al reconocer el instituto y aprobar sus constituciones. Es una autoridad de la que est谩n investidos los superiores, mientras duren sus per铆odos de servicio, ya sea a nivel general, intermedio o local. Debe ser ejercida de acuerdo con las normas del derecho com煤n y propio, con esp铆ritu de servicio, respetando la persona humana de cada religioso como hijo de Dios (cf PC 14), estimulando la cooperaci贸n para el bien del instituto, pero siempre preservando el derecho del superior de discernir y decidir lo que ha de hacerse (cf ET 25). Estrictamente hablando, esta autoridad religiosa no se comparte. Puede ser delegada, seg煤n la constituciones, para determinados fines, pero, normalmente, es ejercida por raz贸n de oficio y es la persona del superior la investida de autoridad.

50. Sin embargo, los superiores no ejercen la autoridad aisladamente. Cada uno debe tener la asistencia de un consejo, cuyos miembros colaboran con el superior, seg煤n unas normas que son establecidas constitucionalmente. Los consejeros no ejercen la autoridad por derecho de oficio, como los superiores, sino que colaboran con ellos y ayudan con su voto deliberativo o consultivo, seg煤n las prescripciones de la ley eclesi谩stica y las constituciones del instituto.

51. La autoridad suprema en un instituto es tambi茅n ejercida, aunque de manera extraordinaria, por el Cap铆tulo general mientras est谩 en sesi贸n. Tambi茅n esto debe hacerse en conformidad con las constituciones, que deben definir la autoridad del cap铆tulo, de tal forma que se distinga perfectamente de la del superior general. El cap铆tulo general es esencialmente un 贸rgano ad hoc. Est谩 compuesto por miembros ex officio y delegados elegidos, que ordinariamente se re煤nen para un solo cap铆tulo. Como signo de unidad en la caridad, la celebraci贸n de un cap铆tulo general debiera ser un momento de gracia y de acci贸n del Esp铆ritu Santo en un instituto. Debiera ser una experiencia jubilosa, pascual y eclesial, que beneficie al instituto mismo y, tambi茅n, a toda la Iglesia. Al cap铆tulo general le incumbe renovar y proteger el patrimonio espiritual del instituto, as铆 como elegir el supremo superior y sus consejeros, dictaminar sobre los asuntos m谩s importante y dar normas para todo el instituto. Los cap铆tulos son de una tal importancia que la ley propia del instituto tiene que determinar minuciosamente cuanto tiene relaci贸n con ellos, ya a nivel general, ya a otros niveles; a saber, su naturaleza, autoridad, composici贸n, modo de proceder y frecuencia de su celebraci贸n.

52. La doctrina conciliar y posconciliar insiste en ciertos principios relativos al gobierno religioso, que han estado a la base de considerables cambios durante los 煤ltimos veinte anos. Dej贸 bien en claro la necesidad de una autoridad religiosa, efectiva, personal, en todos los niveles: general, intermedio y local, si se ha de vivir la obediencia religiosa (cf PC 14; ET 25). Subray贸 adem谩s la necesidad de consultar la base, de comprometer apropiadamente a todos los miembros en el gobierno del instituto, de compartir la responsabilidad y fomentar la subsidiariedad (cf ES II, 18). La mayor铆a de estos principios han encontrado su expresi贸n en las constituciones revisadas. Es importante que estos principios sean entendido y llevados a la pr谩ctica de modo que se cumpla el objetivo del gobierno religioso: la edificaci贸n de una comunidad unida en Cristo, en la cual Dios es buscado y amado sobre todas las cosas y la misi贸n de Cristo es generosamente realizada.

Mar铆a, gozo y esperanza de la Vida religiosa.

53. En Mar铆a, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, la vida religiosa se comprende a s铆 misma m谩s profundamente y encuentra su signo de esperanza cierta (cf LG 68). Ella, que fue concebida inmaculada, porque fue escogida de entre el Pueblo de Dios para ser portadora del mismo Dios m谩s 铆ntimamente y para darlo al mundo, fue consagrada totalmente por la infusi贸n del Esp铆ritu Santo. Ella fue el Arca de la nueva Alianza. La sierva del Se帽or con su pobreza de 芦 pobre de Jahw茅 禄; la Madre del amor hermoso desde Bel茅n hasta m谩s all谩 del Calvario; la Virgen obediente cuyo 芦si禄, a Dios cambi贸 nuestra historia; la mujer contemplativa 芦 que conserv贸 en su coraz贸n todas estas cosas 禄; la misionera que se apresur贸 hacia Hebr贸n; la 煤nica sensible a las necesidades de Can谩; la testigo firme al pie de la cruz; el centro de unidad que mantuvo unida a la Iglesia reci茅n nacida en su expectaci贸n del Esp铆ritu Santo. Mar铆a mostr贸, a lo largo de su vida, todos aquellos valores que van unidos con la consagraci贸n religiosa. Ella es la Madre del religioso, al ser Madre de Aqu茅l que fue consagrado y enviado, y en su fiat y magnificat la vida religiosa encuentra la plenitud de su entrega y la emoci贸n de su gozo por la acci贸n de Dios que consagra.

III. ALGUNAS NORMAS FUNDAMENTALES

El nuevo C贸digo de Derecho Can贸nico transcribe en normas can贸nicas las ricas ense帽anzas conciliares y posconciliares de la Iglesia acerca de la vida religiosa. Junto con los documentos del Concilio Vaticano II y las declaraciones de los 煤ltimos Papas, fija la base, sobre la cual se funda la praxis actual de la Iglesia con relaci贸n a la vida religiosa. La evoluci贸n natural, necesaria para la vida de cada d铆a, continuar谩 siempre; pero el per铆odo de experimentaci贸n especial para los institutos religiosos, establecido por el Motu Proprio Ecclesiae Sanctae termin贸 con la celebraci贸n del segundo Cap铆tulo General ordinario, a partir del Cap铆tulo Especial de renovaci贸n. Ahora, el nuevo C贸digo de Derecho Can贸nico es la norma fundamental jur铆dica de la Iglesia para la vida religiosa, tanto para la evaluaci贸n de la experiencia realizada, cuanto en lo que concierne el futuro. Las normas fundamentales siguientes son una s铆ntesis de la actual legislaci贸n de la Iglesia.

1. VOCACI脫N Y CONSAGRACI脫N

l. La vida religiosa es una forma de vida a la cual algunos cristianos, ya cl茅rigos ya laicos, son libremente llamados por Dios para que gocen de un don peculiar de gracia en la vida de la Iglesia y puedan contribuir, cada cual a su propio modo, a la misi贸n salv铆fica de la Iglesia (cf LG 43).

2. El don de la vocaci贸n religiosa est谩 enraizado en el don del bautismo, pero no es dado a todo bautizado. Es dado gratuitamente y sin m茅ritos; es concedido por Dios a aquellos a quienes ha escogido libremente de entre su pueblo y para el bien de su pueblo (cf PC 5).

3. Al aceptar el don de Dios, la vocaci贸n, los religiosos responden a un llamamiento divino: morir al pecado (cf Rm 6, 11) renunciando al mundo y viviendo s贸lo para Dios. Sus vidas est谩n completamente dedicadas a su servicio y ellos buscan y aman sobre todo a 芦 Dios que nos ha amado primero 禄 (cf 1 Jn 4, 10; PC 56). Punto focal de sus vidas es el seguir m谩s de cerca a Cristo.

4. La dedicaci贸n de la vida entera del religioso al servicio de Dios constituye una consagraci贸n especial (cf PC 5). Es una consagraci贸n total de la persona, que manifiesta el desposorio admirable establecido por Dios en la Iglesia, signo de la vida futura. Esta consagraci贸n se realiza por votos p煤blicos, perpetuos, o temporales que han de renovarse al vencer el plazo. Con sus votos, los religiosos se comprometen a observar los tres consejos evang茅licos, se consagran a Dios por el ministerio de la Iglesia (cc. 607, 654), y se incorporan a su instituto con los derechos y obligaciones definidos por la ley.

5. Las condiciones para la validez de la profesi贸n temporal, la duraci贸n de este per铆odo, y la posibilidad de prolongarlo, se hallan determinados en las constituciones de cada instituto, siempre en consonancia con el derecho com煤n de la Iglesia. (cc. 655, 658).

6. La profesi贸n religiosa se hace con la f贸rmula de votos aprobada por la Santa Sede para cada instituto. La f贸rmula es com煤n, porque todos los miembros contraen las mismas obligaciones y, cuando se incorporan plenamente, tienen los mismos derechos y deberes. El religioso, individualmente, puede agregar una introducci贸n o una conclusi贸n, si la autoridad competente lo aprueba.

7. Considerando su car谩cter y sus fines espec铆ficos, cada instituto debe definir en sus constituciones la manera con que los consejos evang茅licos de castidad, pobreza y obediencia, han de observarse en su estilo peculiar de vida (c. 598 搂 1).

2. LA COMUNIDAD

8. La vida de comunidad que es una de las caracter铆sticas de un instituto religioso (c. 607 搂 2) es propia de toda familia religiosa. Re煤ne a todos los miembros en Cristo y debe ser definida de modo que se convierta en fuente de ayuda mutua para todos, sosteniendo a cada uno en la plena realizaci贸n de su vocaci贸n religiosa. Debe adem谩s ofrecer un ejemplo de reconciliaci贸n en Cristo y de comuni贸n, enraizada y fundada en su amor (cf c. 602).

9. Para los religiosos, la vida comunitaria se vive en una casa legalmente erigida, bajo la autoridad de un superior designado por la ley (c. 608). Las casas son erigidas con la previa aprobaci贸n escrita del obispo diocesano (c. 609) y deben ser capaces de proveer suficientemente a las necesidades de sus miembros (c. 610 搂 2), dando a la vida comunitaria la posibilidad de expandirse y desenvolverse con una comprensi贸n y cordialidad tal, que alimente la esperanza (cf ET 39).

10. Cada casa debe tener, al menos, un oratorio en el que pueda celebrarse y reservarse la Eucarist铆a, de modo que verdaderamente sea al centro de la comunidad (c. 608).

11. En todas las casas religiosas, en conformidad con el car谩cter y misi贸n del instituto y seg煤n las prescripciones del derecho propio, debe haber una parte reservada exclusivamente para los miembros de la comunidad (c. 667 搂 1). Esa forma de separaci贸n del mundo, que ha de estar de acuerdo con la finalidad del instituto, viene a ser parte del testimonio p煤blico que el religioso da de Cristo y de su Iglesia (cf c. 607 搂 3). Adem谩s es necesaria para el silencio y el recogimiento, que hacen posible la oraci贸n.

12. Los religiosos deben vivir en su propia casa religiosa, observando la vida com煤n. No deben vivir solos sin motivos graves, y no deben hacerlo si hay una comunidad de su instituto razonablemente cercana. No obstante, cuando resulte necesaria una ausencia prolongada, el superior mayor, con el consentimiento de su consejo, puede autorizar a un religioso vivir fuera de las casas del instituto por una causa razonable, dentro de los l铆mites fijados por el derecho com煤n (c. 665 搂 1).

3. IDENTIDAD

13. Los religiosos deben considerar el seguimiento de Cristo propuesto en el Evangelio y expresado en las Constituciones de sus institutos como suprema regla de vida (c. 662).

14. La naturaleza, fin, esp铆ritu y car谩cter del instituto, como fueron establecidos por el fundador o fundadora y aprobados por la Iglesia, deben ser salvaguardados por todos, junto con las sanas tradiciones del instituto (c. 578).

15. Para salvaguardar la vocaci贸n propia y la identidad de los institutos en particular, las constituciones de cada instituto deben establecer las normas fundamentales relativas al gobierno del mismo, al modo de vida de sus miembros, a su incorporaci贸n y formaci贸n y al objeto propio de los votos (c. 587 搂 1). Adem谩s de los asuntos a que se alude en el n煤mero anterior.

16. Las constituciones son aprobadas por la autoridad eclesi谩stica competente. Para los institutos diocesanos, 茅sta es el Ordinario local; para los institutos de derecho pontificio, la Santa Sede. Las modificaciones subsiguientes e interpretaciones aut茅nticas est谩n reservadas a la misma autoridad (c. 576, 587 搂 2).

17. Por su profesi贸n religiosa, los miembros de un instituto se comprometen a observar las constituciones fielmente y con amor, porque reconocen en ellas el modo de vida aprobado por la Iglesia para el instituto y la expresi贸n aut茅ntica de su esp铆ritu, tradici贸n y ley.

4. CASTIDAD

18. El consejo evang茅lico de la castidad, abrazada por el Reino de los cielos, es signo del mundo futuro y fuente de fecundidad m谩s abundante en un coraz贸n indiviso. Lleva consigo la obligaci贸n de la perfecta continencia en el celibato (c. 599).

19. Debe observarse la necesaria discreci贸n en todo aquello que pueda resultar peligroso para la castidad de la persona consagrada (cf. PC 12; c. 666).

5. POBREZA

20. El consejo evang茅lico de la pobreza a imitaci贸n de Cristo, exige una vida pobre de hecho y de esp铆ritu, sujeta al trabajo, sobria y desprendida de los bienes materiales. La profesi贸n por voto lleva consigo para el religioso la dependencia y limitaci贸n en el uso y disposici贸n de los bienes temporales, en conformidad con el derecho propio del instituto (c. 600).

21. Por el voto de pobreza, los religiosos renuncian al libre uso y disposici贸n de los bienes que tienen valor material. Antes de la primera profesi贸n, ceden la administraci贸n de sus bienes a quien lo deseen y. a menos que las constituciones determinen otra cosa, disponen libremente de su uso y usufructo (c. 668 搂 1). Todo lo que el religioso adquiere con su propio trabajo, por donaci贸n o en cuanto religioso, es adquirido para el instituto; todo lo adquirido a modo de pensi贸n, subsidio o seguro, es tambi茅n adquirido para el instituto, a no ser que el derecho propio establezca otra cosa (c. 668 搂 3).

6. OBEDIENCIA

22. El consejo evang茅lico de la obediencia, vivido en la fe es un seguimiento amoroso de Cristo, que se hizo obediente hasta la muerte.

23. Por el voto de obediencia, los religiosos aceptan someter su voluntad a los leg铆timos superiores (c. 601) en conformidad con las constituciones. Las mismas constituciones determinan qui茅n puede dar un precepto formal de obediencia y en qu茅 circunstancias.

24. Los institutos religiosos est谩n sometidos a la suprema autoridad de la Iglesia de manera particular (c. 590 搂 1). Todos los religiosos est谩n obligados a obedecer al Santo Padre, como a su superior supremo, en virtud del voto de obediencia (c. 590 搂 2).

25. Los religiosos no pueden aceptar cargos u oficios fuera de sus propios institutos, sin autorizaci贸n del leg铆timo superior (c. 671). Al igual que los cl茅rigos, no pueden aceptar cargos p煤blicos que lleven consigo ejercicio del poder civil (c. 285 搂 3; tambi茅n c. 672 con los c谩nones adicionales a que hace referencia).

7. ORACI脫N Y ASC脡TICA

26. La primera y principal obligaci贸n de los religiosos es la constante uni贸n con Dios en la oraci贸n. Participan a diario, en cuanto sea posible, en el Sacrificio Eucar铆stico y se acercan al sacramento de la Penitencia con frecuencia. Parte integrante de la oraci贸n de los religiosos son: la lectura de la Sagrada Escritura, el tiempo de meditaci贸n, la digna celebraci贸n de la Liturgia de las Horas, de acuerdo con las prescripciones del derecho propio, la devoci贸n a la Sant铆sima Virgen y un tiempo especial para el retiro anual (c. 663, 664, 1174).

27. La oraci贸n debe ser tanto personal como comunitaria.

28. Un ascetismo generoso es constantemente necesario para la diaria conversi贸n el Evangelio (cf Poenitemini, II-III, 1, c). Por esta raz贸n, las comunidades religiosas deben ser no solamente grupos orantes, sino tambi茅n comunidades de ascetismo en la Iglesia. Adem谩s de ser interna y personal, la penitencia debe ser tambi茅n externa y comunitaria (cf DmC 14; SC 110).

8. EL APOSTOLADO

29. El apostolado de todos los religiosos consiste en primer lugar en el testimonio de su vida consagrada, que ellos deben alimentar con la oraci贸n y la penitencia (c. 673).

30. En los institutos dedicados a obras de apostolado, la acci贸n apost贸lica forma parte de su propia naturaleza. La vida de sus miembros debe estar imbu铆da de esp铆ritu apost贸lico y toda actividad apost贸lica debe estar imbu铆da de esp铆ritu religioso (c. 675 搂 1).

31. La misi贸n primordial de los religiosos que ejercen actividades apost贸licas es la proclamaci贸n de la palabra de Dios ante todos los que encuentra en su camino, de modo que los atraiga a la fe. Tal gracia requiere una 铆ntima uni贸n con Dios, que haga capaz al religioso de transmitir el mensaje del Verbo Encarnado, en t茅rminos que el mundo de hoy sea capaz de entender (cf ET 9) .

32. La acci贸n apost贸lica es realizada en comuni贸n con la Iglesia y en nombre y por mandato de la Iglesia (c. 675 搂 3).

33. Superiores y miembros deben conservar fielmente la misi贸n y obras propias del instituto. Deben acomodarlas con prudencia a las necesidades de tiempos y lugares (c. 677 搂 1).

34. En las relaciones apost贸licas con los obispos, los religiosos se rigen por los cc. 678-683. Tienen especial obligaci贸n de estar atentos al magisterio de la jerarqu铆a y de facilitar a los obispos el ejercicio del ministerio de la ense帽anza y del testimonio aut茅ntico de la verdad divina (cf MR 33; LG 25).

9. TESTIMONIO

35. El testimonio del religioso es p煤blico. Este p煤blico testimonio de Cristo y de la Iglesia implica separaci贸n del mundo en conformidad con el car谩cter y fines de cada instituto (c. 607 搂 3).

36. Los institutos religiosos deben esforzarse en dar testimonio, de alg煤n modo colectivo, de caridad y pobreza (c. 640).

37. Los religiosos deben llevar el h谩bito religioso del instituto, descrito en su derecho propio, como se帽al de consagraci贸n y testimonio de pobreza (c. 669 搂 1).

10. FORMACI脫N

38. Nadie puede ser admitido a la vida religiosa sin una adecuada preparaci贸n (c. 597 搂 2).

39. Las condiciones para la validez de la admisi贸n, del noviciado, de la profesi贸n temporal y perpetua, est谩n se帽aladas en el derecho com煤n de la Iglesia y en el propio del instituto (cc. 641-658). Tambi茅n se han de dar normas acerca del lugar, tiempo, programa y modo de llevar el noviciado y de los requisitos para ser maestro de novicios.

40. La duraci贸n del per铆odo de formaci贸n, entre la primera profesi贸n y los votos perpetuos, es determinada por las constituciones en conformidad con el derecho com煤n (c. 655, 659 搂 2).

41. A lo largo de toda la vida, los religiosos deben continuar su formaci贸n espiritual, doctrinal y pr谩ctica, aprovechando las oportunidades y tiempo, destinados para ello por los superiores (c. 661).

11. GOBIERNO

42. Pertenece a la competente autoridad eclesi谩stica, constituir formas estables de vida por medio de la aprobaci贸n can贸nica (c. 576). A esta autoridad le est谩n tambi茅n reservadas las agregaciones (c. 580) y la aprobaci贸n de las constituciones (c. 587 搂 2). Las fusiones, uniones, federaciones, confederaciones, supresiones y cualquier cambio de algo ya aprobado por la Santa Sede, est谩 reservado a la misma Santa Sede (cc. 582-584).

43. La autoridad para gobernar en los institutos religiosos, reside en los superiores, que deben ejercerla en conformidad con las normas del derecho com煤n y propio (c. 617). Esta autoridad se recibe de Dios mediante el ministerio de la Iglesia (c. 618). La autoridad del superior, en cualquier nivel, es personal y no puede ser asumida por un grupo. Por un cierto tiempo y con un fin determinado, puede ser delegada a otra persona.

44. Los superiores deben cumplir su cometido con generosidad, edificando junto con sus hermanos y hermanas, una comunidad en Cristo, en la cual Dios es buscado y amado sobre todas las cosas. En su funci贸n de servicio, los superiores tienen la especial obligaci贸n de gobernar de acuerdo con las constituciones del instituto y de promover la santidad de sus miembros. En sus personas, los superiores deben ser modelos de fidelidad al magisterio de la Iglesia y a las normas y tradici贸n de su instituto. Deben tambi茅n promover la vida consagrada de sus religiosos con su vigilancia y correcci贸n, su apoyo y su paciencia (cf c. 619).

45. Los requisitos para la elecci贸n o nombramiento, la duraci贸n de los per铆odos para los diversos superiores y la forma de elecci贸n can贸nica para el superior general, deben estar definidos en las constituciones, de acuerdo con el derecho com煤n (cc. 623625).

46. Los superiores deben tener cada cual su propio consejo, que le asista en el cumplimiento de sus obligaciones. Adem谩s de los casos prescritos por el derecho com煤n, el derecho propio determina los casos en los cuales el superior debe obtener el consentimiento o el parecer del consejo para la validez de la acci贸n (c. 627 搂搂 1, 2).

47. El cap铆tulo general debiera ser un verdadero signo de unidad en la caridad del instituto. Representa a todo el instituto y, mientras dura, ejerce la suprema autoridad de acuerdo con el derecho com煤n y las normas de las constituciones (c. 631). El cap铆tulo general no es un 贸rgano permanente; su composici贸n, frecuencia y funciones son establecidas por las constituciones (c. 631 搂 2). Un cap铆tulo general no puede modificar su propia composici贸n, pero puede proponer modificaciones para la composici贸n de los pr贸ximos cap铆tulos. Tales modificaciones requieren la aprobaci贸n de la autoridad eclesi谩stica competente. El cap铆tulo general puede modificar aquellos elementos del derecho propio que no est谩n sujetos a la aprobaci贸n de la Iglesia.

48. Los cap铆tulos no deben ser convocados tan frecuentemente que interfieran en el buen funcionamiento de la autoridad ordinaria del superior mayor. La naturaleza, autoridad, composici贸n, modo de proceder y frecuencia de los cap铆tulos o de asambleas similares en el instituto son determinadas con precisi贸n por el derecho propio (c. 632). En la pr谩ctica, sus elementos principales deben estar en las constituciones.

49. Las normas acerca de los bienes temporales (c. 634-640) y su administraci贸n, as铆 como las normas referentes a la separaci贸n de los miembros del instituto, por paso a otro instituto, abandono o dimisi贸n (cc. 684-704) se encuentran en el derecho com煤n de la Iglesia y deben ser incluidas, aunque no sea m谩s que en resumen, en las constituciones.

CONCLUSI脫N

Estas normas, basadas en la doctrina tradicional, el nuevo C贸digo de Derecho can贸nico y la praxis com煤n, no contienen toda la legislaci贸n de la Iglesia en lo referente a la vida religiosa. Indican, sin embargo, su profunda preocupaci贸n por que la vida de los institutos religiosos dedicados a obras de apostolado, se desarrolle pujantemente como don de Dios a la Iglesia y a la familia humana. Al redactar este texto, que el Santo Padre ha aprobado, la Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares, desea ayudar a estos institutos para que asimilen la legislaci贸n revisada de la Iglesia, que les ata帽e, y la comprendan en su contexto doctrinal. Ojal谩 encuentren en 茅l un fuerte est铆mulo para seguir m谩s de cerca a Cristo en la esperanza y el gozo de sus vidas consagradas.

Dado en el Vaticano, en la fiesta de la Visitaci贸n de la Bienaventurada Virgen Mar铆a, 31 de Mayo de 1983.

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