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Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, Orientaciones para el Estudio y Ense帽anza de la Doctrina Social de la Iglesia en la Formaci贸n de los Sacerdotes
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Orientaciones para el Estudio y Ense帽anza de la Doctrina Social de la Iglesia en la Formaci贸n de los Sacerdotes

Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica

INTRODUCCI脫N

1. En estas 煤ltimas d茅cadas, la Congregaci贸n Cat贸lica, atenta a las exigencias surgidas de la renovaci贸n conciliar, ha ofrecido varias veces a los Seminarios y a los distintos Institutos de estudios teol贸gicos apropiadas orientaciones para los diversos sectores de la formaci贸n sacerdotal. Ahora considera oportuno dirigirse de nuevo a los obispos, a los educadores de los Seminarios y a los profesores para proponer algunas sobre el estudio y sobre la ense帽anza de la doctrina social de la Iglesia.

Al tomar esta iniciativa, se tiene conciencia de responder a una verdadera necesidad, hoy sentida vivamente por todas partes, de hacer beneficiaria a la familia humana de las riquezas contenidas en la doctrina social de la Iglesia, mediante el ministerio de sacerdotes bien formados y conscientes de los m煤ltiples deberes que les esperan. Hoy, en un momento tan rico en profundizaciones y estudios sobre este tema, como se deduce por otra parte tambi茅n de la reciente enc铆clica Sollicitudo rei socialis de Juan Pablo II, es muy importante que los candidatos al sacerdocio adquieran una idea clara acerca de la naturaleza, de la finalidad y de los componentes esenciales de la doctrina social de la Iglesia para aplicarla en la actividad pastoral en su integridad, como viene formulada y propuesta por el Magisterio de la Iglesia. la situaci贸n en este campo es, en efecto, tal, que requiere una oportuna clarificaci贸n de los diversos conceptos, como se ver谩 en los distintos cap铆tulos de las presentes " Orientaciones ".

Se observar谩 ante todo que en ellos se usan indistintamente los t茅rminos " doctrina social " y " ense帽anza social " de la Iglesia. No se ignoran los matices de cada uno de ellos encierra. " Doctrina ", en efecto, subraya el aspecto te贸rico del problema; " ense帽anza ", en cambio , el hist贸rico y el pr谩ctico; sin embargo, ambos expresan la misma realidad. El uso indistinto de ambos t茅rminos en el Magisterio social de la Iglesia, tanto en el solemne, como en el ordinario pontificio y episcopal, sirvan para indicar la equivalencia rec铆proca de los mismos.

Por encima de cualquier conflicto entre palabras y expresiones, la realidad indicada con los t茅rminos doctrina social o ense帽anza social constituye un " rico patrimonio " que la Iglesia ha adquirido progresivamente, tomado de la Palabra de Dios y prestando atenci贸n a las situaciones cambiantes de los pueblos en las diversas 茅pocas de la historia. Es un patrimonio que debe conservarse con fidelidad y desarrollarse progresivamente, respondiendo a las nuevas necesidades de la convivencia humana a medida que se presentan.

Hoy, la doctrina social est谩 llamada, cada vez con mayor urgencia, a aportar su propio servicio espec铆fico a la evangelizaci贸n, al di谩logo con el mundo, a la interpretaci贸n cristiana de la realidad y a las orientaciones de la acci贸n pastoral, para iluminar las diversas iniciativas en el pleno temporal con principios rectos. En efecto, las estructuras econ贸micas, sociales, pol铆ticas y culturales est谩n experimentando profundas y r谩pidas transformaciones, que ponen en juego el futuro de la sociedad humana y necesitan, pro consiguiente, una segura orientaci贸n. Se trata de promover un verdadero progreso social, el cual, para garantizar efectivamente el bien com煤n de todos los hombres, requiere una organizaci贸n justa de tales estructuras; si no se hiciese as铆, se producir铆a un vuelta de grandes multitudes a aquella situaci贸n de "yugo casi servil" de la que hablaba Le贸n XIII en la Rerum novarum.

Es, por consiguiente, evidente que el " grave drama " del mundo contempor谩neo, provocado por las m煤ltiples amenazas que a menudo acompa帽an al progreso humano, "no puede dejar indiferente a nadie". Se hace, por lo tanto, m谩s urgente y decisiva la irrenunciable presencia evangelizadora de la Iglesia, en el complejo mundo de las realidades temporales que condicionan el destino de la humanidad.

Sin embargo la Iglesia, al entrar en este campo, conoce sus propios l铆mites. No pretende dar una soluci贸n a todos los problemas presentes en la situaci贸n dram谩tica del mundo contempor谩neo, tanto m谩s que existen grandes diferencias de desarrollo entre las naciones y son muy diferentes las situaciones en las que se encuentran comprometidos los cristianos. En cabio puede y debe dar, a la "luz del Evangelio", los principios y las orientaciones indispensables para la organizaci贸n justa de la vida social, para la dignidad de la persona humana y para el bien com煤n.

De hecho el Magisterio ha intervenido e interviene con frecuencia en este campo con una doctrina que todos los fieles est谩n llamados a conocer, ense帽ar y aplicar. Por esta raz贸n es preciso garantizar un puesto especial, en armon铆a con los estudios filos贸ficos y teol贸gicos, a la ense帽anza de esta doctrina en la formaci贸n de los futuros sacerdotes, como lo dijo claramente Juan XXIII y como se desea reafirmar nuevamente con las presentes "Orientaciones ", estudias en colaboraci贸n con la Pontificia Comisi贸n "Justicia y Paz" y aprobadas por la Asamblea Plenaria de la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica.

El documento consta de seis cap铆tulos. Los cinco primeros se refieren a la naturaleza de la doctrina social de la Iglesia: su dimensi贸n hist贸rica, te贸rica y pr谩ctica en los tres elementos que la componen, a saber, los principios permanentes, los criterios de juicio y las directivas de acci贸n. El sexto cap铆tulo ofrece algunas indicciones para garantizar a los candidatos al Sacerdocio una adecuada formaci贸n en materia de doctrina social.

I. NATURALEZA DE LA DOCTRINA SOCIAL

Elementos constitutivos de la doctrina social

3. Las dudas difundidas todav铆a en varias partes acerca del uso del t茅rmino "doctrina social" de la Iglesia e incluso acerca de su naturaleza misma, exigen una aclaraci贸n del problema epistemol贸gico que est谩 en la ra铆z de tales equ铆vocos. Aunque en este documento no se pretende tratar "ex profeso" ni resolver sin m谩s las cuestiones epistemol贸gicas relativas a la doctrina social, sin embargo es de esperar que una reflexi贸n profunda sobre los elementos constitutivos que expresan su naturaleza, ayude a comprender mejor los t茅rminos en que se plantea el problema-

De todos formas ser谩 bueno tener presente que lo que aqu铆 se pretende es precisar dichos elementos constitutivos tal como se deducen directamente de los pronunciamientos del Magisterio, y no como se encuentran formulados por algunos estudiosos. En efecto, es necesario distinguir siempre la doctrina social oficial de la Iglesia y las diversas posiciones de las escuelas que han explicado, desarrollado y ordenado sistem谩ticamente el pensamiento social contenido en los documentos pontificios.

Los elementos esenciales que describen y definen la naturaleza de la doctrina social se presentan de este modo. La ense帽anza social de la Iglesia se origina del encuentro del mensaje evang茅lico y de sus exigencias 茅ticas con los problemas que surgen en la vida de la sociedad. Las cuestiones que de este modo se ponen en evidencia llegan a ser materia para la reflexi贸n moral que madura en la Iglesia a trav茅s de la b煤squeda cient铆fica e incluso a trav茅s de las experiencias de la comunidad cristiana, que debe confrontarse todos los d铆as con diversas situaciones de miseria y, sobre todo, con los problemas determinados por la aparici贸n y desarrollo del fen贸meno de la industrializaci贸n y de los sistemas socio-econ贸micos relativos.

Esta doctrina se forma recurriendo a la teolog铆a y a la filosof铆a que le dan un fundamento, y a las ciencias humanas y sociales que la completan. ella se proyecta sobre los aspectos 茅ticos de la vida, sin descuidar los aspectos t茅cnicos de los problemas, para juzgarlos con criterio moral. Bas谩ndose "sobre principios siempre v谩lidos" lleva consigo "juicios contingentes", ya que se desarrolla en funci贸n de las circunstancias cambiantes de la historia y se orienta esencialmente a la "acci贸n o praxis cristiana".

Autonom铆a de la doctrina social

4. Aunque esta doctrina social haya ido form谩ndose durante el siglo XIX como complemento del tratado moral sobre la virtud de la justicia, bien pronto conquist贸 una notable autonom铆a debida al continuo desarrollo org谩nico y sistem谩tico de la reflexi贸n moral de la Iglesia sobre nuevos y complejos problemas sociales. Y as铆 se puede afirmar que la doctrina social posee una identidad propia, con un perfil teol贸gico bien definido.

Para tener un idea completa de la doctrina social es preciso referirse a sus fuentes, a su fundamento y objeto, al sujeto y al contenido, a la finalidad y al m茅todo: elementos todos que la constituyen como una disciplina particular y aut贸noma, te贸rica y pr谩ctica a un tiempo, en el campo amplio y complejo de la ciencia de la teolog铆a moral, en relaci贸n estrecha con la moral social.

Las fuentes de la doctrina social son la Sagrada Escritura y las ense帽anzas de los Padres y de los grandes te贸logos de la Iglesia y del mismo Magisterio. Su fundamento y objeto es la dignidad de la persona humana con sus derechos inalienables, que forman el n煤cleo de la "verdad sobre el hombre". El sujeto es toda la comunidad cristiana, en uni贸n y bajo la gu铆a de sus leg铆timos pastores, en la que tambi茅n los laicos, con su experiencia cristiana, son activos colaboradores. El contenido, compendiando la visi贸n del hombre, de la humanidad y de la sociedad, refleja al hombre completo, al hombre social, como sujeto concreto y realidad fundamental de la antropolog铆a cristiana.

Naturaleza teol贸gica

5. En cuanto "parte integrante de la concepci贸n cristiana de la vida" la doctrina social de la Iglesia reviste un car谩cter eminentemente teol贸gico. Entre el Evangelio y la vida real, en efecto, hay una interpelaci贸n rec铆proca que, en el plano pr谩ctico de la evangelizaci贸n y de la promoci贸n humana, se concreta en fuentes v铆nculos de orden antropol贸gico, teol贸gico y espiritual, de modo que la caridad, la justicia y la paz son inseparables en la promoci贸n de la persona humana.

Este car谩cter teol贸gico de la doctrina social se manifiesta igualmente en su finalidad pastoral de servicio al mundo, atenta a estimular la promoci贸n integral del hombre mediante la praxis de la liberaci贸n cristiana, en su perspectiva terrena y trascendente. No se trata de comunicar s贸lo un "puro saber", sino un saber te贸rico-pr谩ctico de alcance y proyecci贸n pastorales, coherente con la misi贸n evangelizadora de la Iglesia, al servicio del hombre completo, de cada hombre y de todos los hombres.

Es el recto conocimiento del hombre real y de su destino lo que la Iglesia puede ofrecer como aportaci贸n suya a la soluci贸n de los problemas humanos. Se puede decir que en cada 茅poca y en cualquier situaci贸n la Iglesia recorre este camino cumpliendo en la sociedad un triple deber: anuncio de la verdad acerca de la dignidad del hombre y de sus derechos, denuncia de la situaciones injustas, y cooperaci贸n a los cambios positivos de la sociedad y al verdadero progreso del hombre.

Triple dimensi贸n de la doctrina social

6. La doctrina social comporta una triple dimensi贸n, a saber: te贸rica, hist贸rica y pr谩ctica. Estas dimensiones configuran su estructura esencial, y est谩n relacionadas entre s铆 y son inseparables.

Existe, en primer lugar, "una dimensi贸n te贸rica" porque el Magisterio de la Iglesia ha formulado expl铆citamente en sus documentos sociales una reflexi贸n org谩nica y sistem谩tica. El Magisterio se帽ala el camino seguro para construir las relaciones de convivencia en un orden social seg煤n criterios universales que puedan ser aceptados por todos. Se trata, por supuesto, de los principios 茅ticos permanentes, no de los juicios hist贸ricos variables ni de "cosas t茅cnicas para las cuales (el Magisterio) no posee los medios proporcionados ni misi贸n alguna.

Se da despu茅s en la doctrina social de la Iglesia una "dimensi贸n hist贸rica", dado que en ella el uso de los principios est谩 encuadrado en una visi贸n real de la sociedad, e inspirado en la toma de conciencia de sus problemas.

Hay finalmente una "dimensi贸n pr谩ctica", porque la doctrina social no se queda en el enunciado de los principios permanentes de reflexi贸n ni en la interpretaci贸n de las condiciones hist贸ricas de la sociedad, sino que se propone tambi茅n la aplicaci贸n efectiva de estos principios en la praxis, traduci茅ndolos concretamente en la forma y en la media que las circunstancias permiten y reclaman.

Metodolog铆a de la doctrina social

7. La triple dimensi贸n facilita la comprensi贸n del proceso din谩mico inductivo-reductivo de la metodolog铆a que, ya seguida en modo gen茅rico en los documentos antiguos, se precisa mejor en la enc铆clica Mater et Magistra, y se acepta de modo decisivo en la constituci贸n pastoral Gaudium et spes y en los documentos posteriores. Este m茅todo se desarrolla en tres tiempos: ver, juzgar y actuar.

El ver en percepci贸n y estudio de los problemas reales y de sus causas, cuyo an谩lisis corresponde a las ciencias humanas y sociales.

El juzgar es la interpretaci贸n de la misma realidad a la luz de las fuentes de la doctrina social, que determina el juicio que se pronuncia sobre los fen贸menos sociales y sus implicaciones 茅ticas. En esta fase intermedia se sit煤a la funci贸n propia del Magisterio de la Iglesia que consiste precisamente en interpretar desde el punto de vista de la fe la realidad y ofrecer "aquello que tiene de espec铆fico: una visi贸n global del hombre y de la humanidad". Es evidente que en el ver y en el juzgar la realidad, la Iglesia no es ni puede ser neutral, porque no puede dejar de conformarse con la escala de valores enunciados en el Evangelio. Si, por una hip贸tesis, ella se acomodara a otra escala de valores su ense帽anza no ser铆a la que efectivamente es, sino que se reducir铆a a una filosof铆a o una ideolog铆a de partido.

El actuar se refiere a la ejecuci贸n de la elecci贸n. Ello requiere una verdadera conversi贸n, esto es, la transformaci贸n interior que es disponibilidad, apertura y transparencia a la luz purificadora de Dios.

El Magisterio, al invitar a los fieles a hacer una elecci贸n concreta y a obrar seg煤n los principios y los criterios expresados en su doctrina social, les ofrece el fruto de muchas reflexiones y experiencias pastorales maduradas bajo la asistencia especial prometida por Cristo a su Iglesia. Corresponde al cristiano verdadero seguir dicha doctrina y ponerla "como base de su prudencia y de su experiencia para traducirla concretamente en categor铆as de acci贸n, de participaci贸n y de compromiso.

El m茅todo del discernimiento

8. No se pueden poner en pr谩ctica principios y orientaciones 茅ticos sin un adecuado discernimiento que lleva a toda la comunidad cristiana y a cada uno en particular a escudri帽ar " los signos de los tiempos" y a interpretar la realidad a la luz del mensaje evang茅lico. Si bien no corresponde a la Iglesia analizar cient铆ficamente la realidad social, el discernimiento cristiano, como b煤squeda y valoraci贸n de la verdad conduce a investigar las causas reales del mal social, especialmente de la injusticia, y a asumir los resultados verdaderos, no idealizados, de las ciencias humanas. El fin es llegar, a la luz de los principios permanentes, aun juicio objetivo sobre la realidad social y a concretar, seg煤n las posibilidades y oportunidades ofrecidas por las circunstancias, las opciones m谩s adecuadas que eliminen las injusticias y favorezcan las transformaciones pol铆ticas, econ贸micas y culturales necesarias en cada caso particular.

En esta perspectiva, el discernimiento cristiano no s贸lo ayuda a esclarecer las situaciones locales, regionales o mundiales, sino tambi茅n, y principalmente, a descubrir el plan salv铆fico de Dios, realizado en Cristo Jes煤s para sus hijos en las diversas 茅pocas de la historia. Es evidente que el discernimiento cristiano debe situarse en una actitud de fidelidad no s贸lo a las fuentes evang茅licas, sino tambi茅n al Magisterio de la Iglesia y a sus leg铆timos pastores.

Teolog铆a y filosof铆a

9. Desde el momento que la doctrina social de la Iglesia deduce de la Revelaci贸n verdades, elementos de valoraci贸n y de discernimiento, reivindicando para s铆 el "car谩cter de aplicaci贸n de la Palabra de Dios a la vista de los hombres y de la sociedad", tiene necesidad de un s贸lido encuadramiento filos贸fico-teol贸gico. En su base est谩, en efecto, una antropolog铆a sacada del Evangelio que contiene como su "afirmaci贸n primordial" el concepto del hombre "como imagen de Dios, irreductible a una simple part铆cula de la naturaleza, o a un elemento an贸nimo de la ciudad humana".

Esta afirmaci贸n fundamental se articula en numerosas formulaciones doctrinales, -como por ejemplo: la doctrina de la caridad, de la filiaci贸n divina, de la nueva hermandad en Cristo, de la libertad de los hijos de Dios, de la dignidad de la persona y de la vocaci贸n eterna de todo hombre-, las cuales adquieren su pleno significado y valor tan s贸lo en el contexto de la antropolog铆a sobrenatural y de toda la dogm谩tica cat贸lica.

Junto a estos datos derivados de la Revelaci贸n, la doctrina social asume, reclama y desarrolla tambi茅n varios principios 茅ticos fundamentales de car谩cter racional mostrando la coherencia entre los datos revelados y los principios de la recta raz贸n reguladora de los actos humanos en el campo de la vida social y pol铆tica. De ello se deriva, por tanto, la necesidad de recurrir a la reflexi贸n filos贸fica para profundizar tales conceptos (como por ejemplo: la objetividad de la verdad, de la realidad, del valor de la persona humana, de las normas de actuar y de los criterios de verdad) e iluminarlos a la luz de las causas 煤ltimas.

Efectivamente la Iglesia ense帽a que las enc铆clicas sociales recurren tambi茅n a la "recta raz贸n" para encontrar las normas objetivas de la moralidad humana, que regulan la vida, no s贸lo la individual, sino tambi茅n la social y la internacional. En esta perspectiva es evidente c贸mo un s贸lido fundamente filos贸fico-teol贸gico ayudar谩 a los profesores y a los alumnos a evitar interpretaciones subjetivas de las situaciones sociales concretas, as铆 como a guardarse de una posible instrumentalizaci贸n de las mismas para fines e intereses ideol贸gicos.

Ciencias positivas

10. La doctrina social se sirve asimismo de los datos que aportan las ciencias positivas y, particularmente, las sociales, que constituyen un instrumento importante, aunque no el 煤nico, para la comprensi贸n de la realidad. El recurso a estas ciencias exige un cuidadoso discernimiento, con una oportuna mediaci贸n filos贸fica, pues se puede correr el riesgo de someterlas a la influencia de determinadas ideolog铆as contrarias a la recta raz贸n, a la fe cristiana y, en definitiva, a los datos mismos de la experiencia hist贸rica y de la investigaci贸n cient铆fica.

De todos modos, un "di谩logo provechoso" entre 茅tica social cristiana (teol贸gica y filos贸fica) y las ciencias humanas es no solo posible, sino tambi茅n necesario para la comprensi贸n de la realidad social. La neta distinci贸n entre la competencia de la Iglesia, por una parte, y la de las ciencias positivas, por otra, no constituye obst谩culo alguno para el di谩logo, antes al contrario, lo facilita. Por esto, est谩 en la l铆nea de la doctrina social de la Iglesia acoger y armonizar adecuadamente entre ellos los datos ofrecidos por sus fuentes, anteriormente mencionadas, y los suministrados por las ciencias positivas. Es evidente que ella tendr谩 como punto principal de referencia la palabra y el ejemplo de Cristo y la tradici贸n cristiana, considerados en funci贸n de la misi贸n evangelizadora de la Iglesia.

Evoluci贸n de la doctrina social

11. Como ya se ha dicho, la doctrina social de la Iglesia, por su car谩cter mediador entre el Evangelio y la realidad concreta del hombre y de la sociedad, necesita ser actualizada continuamente y responder a las nuevas situaciones del mundo y de la historia. De hecho, en el transcurso de los a帽os ella ha experimentado una evoluci贸n notable. El objeto inicial de esta doctrina fue la llamada "cuesti贸n social", es decir, el conjunto de problemas socio-econ贸micos surgidos en determinadas 谩reas del mundo europeo y americano como consecuencia de la "revoluci贸n industrial". Hoy la "cuesti贸n social" no est谩 limitada a una zona geogr谩fica particular, sino que tiene una dimensi贸n mundial y abarca muchos aspectos, incluso pol铆ticos, unidos a la relaci贸n entre clases y a la transformaci贸n de la sociedad ya realizada y todav铆a en curso de realizaci贸n. De todos modos "cuesti贸n social" y "doctrina social" permanecen como t茅rminos correlativos.

Lo que es importante subrayar en la evoluci贸n de la doctrina social es que aun siendo ella un "cuerpo" doctrinal de gran coherencia, no se ha reducido a un sistema cerrado, sino que se muestra atenta al desarrollo de las situaciones y capaz de responder adecuadamente a los nuevos problemas o las nuevas formas de presentarlos. Esto se deduce de un examen objetivo de los sucesivos documentos Pontificios -desde Le贸n XIII hasta Juan Pablo II- y se hace m谩s evidente a partir del Concilio Vaticano II.

Continuidad y desarrollo

12. Las diferencias de planteamiento, de procedimiento metodol贸gico y de estilo que se notan en los diversos documentos, no comprometen, sin embargo, la identidad sustancial ni la unidad de la doctrina social de la Iglesia. Precisamente por esto se emplea el t茅rmino "continuidad", para expresar la relaci贸n de los documentos entre s铆, si bien cada uno responde espec铆ficamente a los problemas de su tiempo. Por dar un ejemplo: los "pobres" de los que hablan algunos documentos m谩s recientes no son los "proletarios" a los que ser refiere Le贸n XII en su enc铆clica Rerum novarum o a los "parados" que eran el centro de la atenci贸n de P铆o XI en su enc铆clica Quadragessimo anno. Hoy su n煤mero es much铆simo m谩s amplio y de 茅l forman parte todos aquellos que en la sociedad del bienestar, est谩n exclu铆dos del disfrute de los bienes de la tierra con libertad, dignidad y seguridad. EL problema es tanto m谩s grave, cuanto que en algunas partes de la tierra y, especialmente en el Tercer Mundo, ha llegado a ser sistem谩tico y casi institucionalizado.

Adem谩s el problema no se referir ya tan solo a las diferencias injustas entre las clases sociales, sino tambi茅n a los fuertes desequilibrios entre naciones ricas y naciones pobres.

El deber y el derecho de ense帽ar

13. La Iglesia frente a la comunidad pol铆tica, en el respeto y en el reconocimiento de la autonom铆a rec铆proca en el campo de cada una, pues ambas est谩n al servicio de la vocaci贸n individual y social de las personas humanas, afirma su propia competencia y su propio derecho a ense帽ar la doctrina social en orden al bien y a la salvaci贸n de los hombres; y a este fin usa todos los medios que puede tener a disposici贸n seg煤n las diversas circunstancias y 茅pocas.

Considerando al hombre "en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y, conjuntamente, de su ser comunitario y social", la Iglesia es muy consciente de que la suerte de la humanidad est谩 ligada estrecha e indiscutiblemente a Cristo. Estando persuadida de la necesidad de la ayuda insustituible que El ofrece al hombre, no puede abandonarlo. Como se ha expresado Juan Pablo II, la Iglesia siente profundamente las vicisitudes de toda la humanidad, considerando al hombre como el primero y el principal camino en el cumplimiento de su misi贸n,. "camino que inmutablemente pasa a trav茅s de los misterios de la Encarnaci贸n y de la Redenci贸n".

De este modo ella contin煤a la misi贸n redentora de Cristo, obediente a su mandato de predicar el Evangelio a todas las gentes y de servir a todos los que est谩n en situaci贸n de necesidad sea como individuos sea como grupos o clases sociales, y que sientan vivamente la necesidad de transformaciones y reformas para mejorar las condiciones de vida.

Fiel a su misi贸n espiritual la Iglesia afronta tales problemas desde el punto de vista moral y pastoral que le es propio. En la enc铆clica Sollicitudo rei socialis Juan Pablo II alude expl铆citamente a tales aspectos con referencia a los problemas del desarrollo, afirmando que ello entra por lo tanto con pleno derecho en la misi贸n de la Iglesia. Por lo que "no puede ser acusada de sobrepasar su campo espec铆fico de competencia y, mucho menos, el mandato recibido del Se帽or".

M谩s all谩 del 谩mbito de sus fieles, la Iglesia ofrece su doctrina social a todos los hombres de buena voluntad, afirmando que sus principios fundamentales son "exigidos por la recta raz贸n" iluminada y perfeccionada por el Evangelio.

II. DIMENSI脫N HIST脫RICA DE LA DOCTRINA SOCIAL

14. Frente al intento de algunos de sembrar "dudas y desconfianzas" cobre la eficacia de la doctrina social, porque es considerada abstracta, deductiva, est谩tica y sin fuerza cr铆tica, Juan Pablo II ha llamado la atenci贸n muchas veces sobre la urgencia de una acci贸n social que se apoye en el "rico y complejo patrimonio" llamado "Doctrina social o Ense帽anza social de la Iglesia". Lo mismo hab铆an hecho sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI y los padres del Concilio Vaticano II. Del pensamiento de los Pont铆fices y del Concilio se deduce el intento de obtener por medio de la acci贸n social cristiana, que la presencia de la Iglesia en la historia refleje la presencia de Cristo, que transforma los corazones y las estructuras injustas creadas por los hombres.

Este aspecto es particularmente sentido en las condiciones culturales y sociales de nuestro tiempo. Por eso el actual Magisterio de la Iglesia ha impreso a la doctrina social un dinamismo nuevo, que explica las crecientes actitudes hostiles de algunos, asumidas de forma acr铆tica, e indica cu谩n grave sea la responsabilidad del que rechaza un instrumento tan adecuado para el di谩logo de la Iglesia con el mundo y tan eficaz para solucionar los problemas sociales contempor谩neos.

Dimensi贸n social del mensaje cristiano primitivo

Historia de la salvaci贸n

15. La doctrina social hunde sus ra铆ces en la historia de la salvaci贸n y encuentra su origen en la misma misi贸n salv铆fica y liberadora de Jesucristo y de la Iglesia. Ella se vincula con la experiencia de fe en la salvaci贸n y en la liberaci贸n total del pueblo de Dios, descrita primeramente en el G茅nesis, en el Exodo, en los Profetas y en los Salmos, y despu茅s, en la vida de Jes煤s y en las Cartas Apost贸licas.

Misi贸n de Jes煤s

16. La misi贸n de Jes煤s y el ejemplo de su vida han dejado claro que la verdadera dignidad del hombre se encuentra en un esp铆ritu liberado del mal y renovado por la gracia redentora de Cristo. Pero el Evangelio muestra tambi茅n con abundancia de testigos que Jes煤s no fue indiferente ni extra帽o al problema de la dignidad y de los derechos de la persona humana, ni a las necesidades de los m谩s d茅biles, de los m谩s necesitados y de las v铆ctimas de la injusticia. En todo momento El ha revelado una solidaridad real con los m谩s pobres y desdichados; ha luchado contra la injusticia, la hipocres铆a, los abusos de poder, el af谩n de lucro de los ricos, indiferentes a los sufrimientos de los pobres, haciendo una en茅rgica llamada al rendimiento de cuantas final, cuando volver谩 con gloria para juzgar a vivos y muertos.

En el Evangelio se contienen claramente algunas verdades fundamentales que han forjado profundamente el pensamiento social de la Iglesia en su camino a trav茅s de los siglos. As铆, por ejemplo, Jes煤s afirma y proclama una esencial igualdad en dignidad entre todos los seres humanos, hombres y mujeres, cualquiera que sea su etnia, naci贸n o raza, cultura, pertenencia pol铆tica o condici贸n social. En su mensaje est谩 contenida adem谩s una concepci贸n del hombre entendido como un ser social en virtud de su misma naturaleza, en cuanto que se afirma la dignidad del matrimonio que constituye la primera forma de comunicaci贸n entra las personas. De la fundamental igualdad en dignidad entre todos los hombres y de su intr铆nseca natural sociabilidad nace necesariamente la exigencia de que las relaciones en la vida social se establezcan seg煤n criterios de una eficiente y humana solidaridad, esto es, seg煤n criterios de justicia, vivificada e integrada por el amor.

Adem谩s de estos valores contenidos en el Evangelio, hay otros muchos de no menor importancia y no menor incidencia sobre el orden social, como por ejemplo: los valores referentes a la instituci贸n de la familia unitaria e indisoluble, origen de la vida; los valores relativos al origen y a la naturaleza de la autoridad, que es concebida y ejercitada como un servicio para el bien com煤n del grupo social del cual es expresi贸n directa y sobre el cual act煤a, en armon铆a con el bien universal de toda la Familia humana.

Misi贸n de la Iglesia

17. La Iglesia se alimenta del mismo misterio de Cristo, Evangelio encarnado, para anunciar, como El, la Buena Nueva del Reino de Dios y llamar a los hombres a la conversi贸n y a la salvaci贸n. Esta misi贸n evangelizadora de la Iglesia recibida de Cristo constituye su caracter铆stica m谩s profunda. Pero precisamente de ella derivan obligaciones, indicaciones y fuerzas que pueden contribuir a construir y consolidar la comunidad de los hombres seg煤n la ley divina.

En la ense帽anza y en la praxis social la Iglesia de los primeros siglos y de la Edad Media no hace m谩s que aplicar y desarrollar los principios y la orientaciones contenidas en el Evangelio. Movi茅ndose dentro de las estructuras de la sociedad civil, busca humanizarlas con esp铆ritu de justicia y de caridad, uniendo la obra de evangelizaci贸n con oportunas intervenciones caritativo-sociales. Los Padres de la Iglesia son conocidos no s贸lo como intr茅pidos defensores de los pobres y de los oprimidos, sino tambi茅n como promotores de instituciones asistenciales (hospitales, orfanatos, hospeder铆as para peregrinos y forasteros), y de concepciones socio-culturales que han inaugurado la era de un nuevo humanismo radicado en Cristo.

Se trata la mayor parte de las veces de obras supletorias, determinadas por la insuficiencia y por las lagunas en la organizaci贸n de la sociedad civil, que demuestran de cu谩ntos sacrificios y de cu谩nta creatividad son capaces las almas penetradas de los ideales del Evangelio. Gracias a los esfuerzos de la Iglesia ha sido reconocida la inviolabilidad de la vida humana, la santidad e indisolubilidad del matrimonio, la dignidad de la mujer, el valor del trabajo humano y de cada persona, contribuyendo de esta forma a la abolici贸n de la esclavitud que formaba parte normal del sistema econ贸mico y social del mundo antiguo.

El progresivo desarrollo de la actividad teol贸gica primero en los monasterios y despu茅s en las Universidades, ha hecho posible la elaboraci贸n cient铆fica de los principios b谩sicos que regulan la ordenada convivencia humana. A tal respecto permanece como valor perenne el pensamiento de Sto. Tom谩s de Aquino, de Francisco Su谩rez, de Francisco de Vitoria y de tantos otros. Ellos, junto con varios insignes fil贸sofos y canonistas, han preparado los presupuestos y los instrumentos necesarios para la elaboraci贸n de una verdadera y propia doctrina social, tal como fue iniciada bajo el Sumo Pont铆fice Le贸n XIII y continuada por sus sucesores.

La afirmaci贸n de esta dimensi贸n social del cristiano se hace cada d铆a m谩s urgente por los cambios constantemente m谩s amplios y profundos que se producen en la sociedad. Ante los problemas sociales, siempre presente en las diversas 茅pocas de la historia, pero que en nuestro tiempo se hacen mucho m谩s complejos y se extienden a escala mundial, la Iglesia no puede abandonar su reflexi贸n 茅tica y pastoral -en su propio campo- para iluminar y orientar con su ense帽anza social los esfuerzos y las esperanzas de los pueblos, haciendo desde luego que los cambios, incluso radicales, exigidos por las situaciones de miseria y de injusticia, se realicen de tal manera que favorezcan el verdadero bien de los hombres.

La formaci贸n del patrimonio hist贸rico

Ambiente socio-cultural

18. En toda 茅poca la doctrina social, con sus principios de reflexi贸n, sus criterios de juicio y sus normas de acci贸n no ha tenido, ni hubiera podido tener otra finalidad que la de iluminar especialmente, partiendo de la fe y de la tradici贸n de la Iglesia, la situaci贸n real de la sociedad, sobre todo cuando en ella se ofende la dignidad humana.

En esta perspectiva, din谩mica e hist贸rica, resulta que el verdadero car谩cter de la doctrina social se determina por la correspondencia de sus indicaciones relativas a los problemas de una situaci贸n hist贸rica concreta con las exigencias 茅ticas del mensaje evang茅lico, que requiere una transformaci贸n profunda de la persona y de los grupos para obtener una liberaci贸n aut茅ntica y integral.

Sin embargo, para la comprensi贸n del desarrollo hist贸rico de la doctrina social es preciso ahondar en el contexto socio-cultural de cada documento y comprender las condiciones econ贸micas, sociales, pol铆ticas y culturales en las que se public贸. En esas diversas circunstancias se puede entonces descubrir mejor la intenci贸n pastoral de la Iglesia ante la situaci贸n de la sociedad que se examina y la amplitud del problema social.

Tanto los principios-base provenientes directamente del concepto cristiano de la persona y de la sociedad humana, como los juicios morales sobre determinadas situaciones, instituciones y estructuras sociales, permiten comprender el significado de la presencia hist贸rica de la Iglesia en el mundo. Se puede afirmar que cada documento social es un ejemplo y una prueba de ello.

Cambios del siglo XIX y aportaciones del pensamiento cat贸lico

19. En concreto, se debe recordar la nueva situaci贸n creada en el siglo XIX en Europa y en parte de Am茅rica como consecuencia de la revoluci贸n industrial, del liberalismo, del capitalismo y del socialismo. En tal situaci贸n, no pocos cat贸licos de diversos paises europeos, de acuerdo con las exigencias 茅ticas y sociales de la palabra de Dios, y con la constante ense帽anza de los Padres de la Iglesia, de los grandes te贸logos de la Edad Media y, sobre todo, de Santo Tom谩s de Aquino, promovieron el despertar de la conciencia cristiana ante las grandes injusticias surgidas en aquella 茅poca. Comenz贸 as铆 a delinearse una concepci贸n m谩s moderna y din谩mica de la forma en la que la Iglesia deber铆a estar presente y ejercitar su influencia en la sociedad. Se comprendi贸 la importancia de su presencia en el mundo y el estilo de actuaci贸n que los nuevos tiempos le ped铆an. Sobre estos supuestos se apoya toda la doctrina social de la Iglesia desde entonces hasta nuestros d铆as. Es pues en esta perspectiva en la que han de leerse y comprenderse los documentos del Magisterio social.

Le贸n XIII

20. Le贸n XIII, preocupado por la "cuesti贸n obrera", esto es, por los problemas derivados de la deplorable situaci贸n en que se encontraba el proletariado industrial, interviene en la enc铆clica Rerum novarum (18.91.), un texto valiente y clarividente, que prepar贸 el desarrollo de la doctrina social llevado a cabo por el Magisterio en documentos posteriores. En la enc铆clica el Pont铆fice expone los principios doctrinales que pueden servir para remediar el "mal social" latente en la "situaci贸n de los obreros ".

Despu茅s de haber enumerado los errores que han llevado a la "inmerecida miseria" del proletariado y despu茅s de excluir expresamente al socialismo como soluci贸n de la "cuesti贸n obrera", la Rerum novarum precisa y actualiza la doctrina social sobre el trabajo, sobre el derecho de propiedad, sobre el principio de colaboraci贸n contrapuesto a la lucha de clases como medio fundamental para el cambio social, sobre el derecho de los d茅biles, sobre la dignidad de los pobres y sobre las obligaciones de los ricos, sobre el perfeccionamiento de la justicia por la caridad, sobre el derecho a tener asociaciones profesionales.

P铆o XI

21. Cuarenta a帽os despu茅s, cuando el desarrollo de la sociedad industrial hab铆a llevado ya a una enorme y siempre creciente concentraci贸n de fuerzas y de poder en el mundo econ贸mico-social y encendido una cruel lucha de clases, P铆o Xi sinti贸 el deber y la responsabilidad de promover un mayor conocimiento, una m谩s exacta interpretaci贸n y una urgente aplicaci贸n de la ley moral reguladora de las relaciones humanas en ese campo, con el fin de superar el conflicto de clases y llegar a un nuevo orden social basado en la justicia y en la caridad. Dada esta atenci贸n al nuevo contexto hist贸rico, su enc铆clica Quadragessimo anno aporta novedades: ofrece una panor谩mica conjunta de la sociedad industrial y de la producci贸n; subraya la necesidad de que tanto el capital como el trabajo contribuyan a la producci贸n y a la organizaci贸n econ贸mica; establece las condiciones para el restablecimiento del orden social; busca un nuevo enfoque de los problemas surgidos, para afrontar los "grandes cambios" ocasionados por el nuevo desarrollo de la econom铆a y del socialismo; no duda en tomar posici贸n sobre los intentos, realizados en aquellos a帽os, pro superar con el sistema corporativista la antinomia social mostr谩ndose favorable a los principios de solidaridad y de colaboraci贸n que lo inspiraban, pero advirtiendo que la falta de respeto a la libertad de asociaci贸n y de acci贸n podr铆a comprometer el 茅xito deseado.

P铆o XII

22. En su largo pontificado, P铆o XII no escribi贸 ninguna enc铆clica social. Pero en total continuidad con la doctrina de sus predecesores intervino con autoridad, en los problemas sociales de su tiempo con numerosos discursos. Entre 茅stos son especialmente importantes los radiomensajes en los que precis贸, formul贸 y reivindic贸 los principios 茅tico-sociales orientados a promover la reconstrucci贸n tras las ruinas de la segunda guerra mundial. Por su sensibilidad e inteligencia para captar los "signos de los tiempos", P铆o XII puede ser considerado como el precursor inmediato del Concilio Vaticano II y de la ense帽anza social de los Papas que le han sucedido.

Los puntos de la doctrina social que mejor concret贸 y los problemas de su tiempo a los que mejor aplic贸 dicha doctrina fueron los siguientes: el destino universal y el uso de los bienes; los derechos y deberes de los trabajadores y de los empresarios; la funci贸n del Estado en las actividades econ贸micas; la necesidad de la colaboraci贸n internacional para llevar a cabo una mayor justicia y asegurar la paz; el restablecimiento del derecho como regla de las relaciones entre las clases y entre los pueblos; el salario m铆nimo familiar.

En los a帽os de la guerra y de la posguerra el Magisterio social de P铆o XII represent贸 para muchos pueblos de todos los continentes y para millones de creyentes y de no creyentes la voz de la conciencia universal interpretada y proclamada en 铆ntima conexi贸n con la palabra de Dios. Con su autoridad moral y su prestigio, P铆o XII llev贸 la luz de la sabidur铆a cristiana y un n煤mero incontable de hombres de toda categor铆a a nivel social, a gobernantes, hombres de la cultura, profesionales, empresarios, dirigentes, t茅cnicos y obreros. Con el deseo de ratificar la tradici贸n de la Rerum novarum trabaj贸 por la formaci贸n de una conciencia 茅tica y social que inspirarse la actuaci贸n de los pueblos y de los Estados. A trav茅s de 茅l paso sobre la Iglesia aquel soplo del Esp铆ritu regenerador que, como 茅l mismo dec铆a a prop贸sito de la Rerum novarum, no ha cesado de derramarse ben茅ficamente sobre la humanidad entera.

Juan XXIII

23. Despu茅s de la segunda guerra mundial la Iglesia se encontr贸 ante una situaci贸n nueva bajo muchos aspectos: la "cuesti贸n social" restringida inicialmente a la clase obrera, sufri贸 un proceso de universalizaci贸n que implic贸 a todas las clases sociales, a todos los Paises y a la misma sociedad internacional, en la que afloraba cada vez m谩s el drama del Tercer Mundo. El "problema de la 茅poca moderna" llega a ser objeto de la reflexi贸n y acci贸n pastoral de la Iglesia y de su Magisterio social. En efecto, la nueva enc铆clica Mater et Magistra (19.61.) del Papa Juan XXIII trat贸 de actualizar documentos ya conocidos y dar un nuevo paso adelante en el proceso de compromiso de toda la comunidad cristiana. El nuevo documento, al afrontar los aspectos m谩s importantes y actuales de la "cuesti贸n social", resalta las desigualdades existentes sea entre los distintos sectores econ贸micos, sea entre los Paises y regiones, y denuncia el fen贸meno de la superpoblaci贸n y subdesarrollo que, a causa de la falta de entendimiento y de solidaridad entre las naciones, origina situaciones insoportables especialmente en el Tercer Mundo.

El mismo Juan XXIII, ante el peligro de una nueva guerra nuclear, despu茅s de haber intervenido con un memorable mensaje a los pueblos y a los jefes de Estado, public贸 la enc铆clica Pacem in terris (19.63.) que es un llamamiento urgente a construir la paz basada en el respeto de las exigencias 茅ticas que deben regir las relaciones entre los hombres y entre los Estados.

El estilo y el lenguaje de las enc铆clicas del Papa Juan XXIII confieren a la doctrina social una nueva capacidad de aproximaci贸n y de incidencia en las nuevas situaciones, sin romper por ello la continuidad con la tradici贸n precedente. No se puede, pues hablar de "cambio epistemol贸gico". Es cierto que aflora la tendencia a valorar lo emp铆rico y lo sociol贸gico, pero al mismo tiempo se acent煤a la motivaci贸n teol贸gica de la doctrina social. Esto es tanto m谩s evidente si se confronta con los documentos anteriores, en los que predomina la reflexi贸n filos贸fica y la argumentaci贸n basadas sobre principios del derecho natural. A dar origen a las enc铆clicas sociales de Juan XXIII han influ铆do sin duda alguna los cambios radicales tanto dentro de los Estados como en sus relaciones rec铆procas, sea en el "campo cient铆fico, t茅cnico y econ贸mico" sea en el "social y pol铆tico".

Tras este per铆odo, otros grandes fen贸menos comienzan a acosar amenazadores. Entre ellos est谩n, sobre todo, los efectos del desarrollo subsiguiente a la reconstrucci贸n despu茅s de la guerra. El optimismo que ello gener贸 impidi贸 advertir inmediatamente las contradicciones de un sistema basado en el desarrollo desigual de los distintos Paises del mundo. Adem谩s, ya al finalizar aquel decenio, mientras se consolida cada vez m谩s el proceso de descolonizaci贸n de muchos Paises del Tercer mundo, se observa que al colonialismo pol铆tico vigente hasta entonces le sucede otro tipo de dominio colonial de car谩cter econ贸mico. Este hecho es determinante para una toma de conciencia y para un movimiento de insurrecci贸n, especialmente en Am茅rica Latina, donde para combatir los desequilibrios del desarrollo y la situaci贸n de nueva dependencia, estalla en varios modos y formas un fermento de liberaci贸n. Ello seguidamente originar谩 las diversas corrientes de la "teolog铆a de la liberaci贸n" sobre las que la Santa Sede ha dado a conocer su posici贸n.

Concilio Vaticano II

24. Cuatro a帽os despu茅s de la publicaci贸n de la Mater et Magistra, aparece la constituci贸n pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo actual. Si entre los dos documentos el tiempo transcurrido era demasiado breve para que se produjeran cambios significativos en la realidad hist贸rica, sin embargo, con el nuevo documento el camino recorrido por la doctrina social fue considerable. El Concilio, en efecto, se dio cuenta de que el mundo esperaba de la Iglesia un mensaje nuevo y estimulante. A esta expectaci贸n respondi贸 con la citada Constituci贸n, en la cual, en sinton铆a con la renovaci贸n eclesiol贸gica, se refleja una nueva concepci贸n de ser comunidad de creyentes y pueblo de Dios. Y suscit贸 entonces nuevo inter茅s por la doctrina contenida en los documentos anteriores respecto del testimonio y la vida de los cristianos, como medios aut茅nticos para hacer visible la presencia de Dios en el mundo.

En el plano social, la respuesta de la Iglesia reunida en Concilio, se concret贸 en la exposici贸n de una concepci贸n m谩s din谩mica del hombre y de la sociedad y, en particular, de la vida socio-econ贸mica seg煤n las exigencias y la recta interpretaci贸n del desarrollo econ贸mico.

Seg煤n el cap铆tulo de la Gaudium et spes dedicado a este problema, la eliminaci贸n de las desigualdades sociales y econ贸micas se puede establecer, en efecto, s贸lo sobre una justa comprensi贸n humanista del desarrollo. Esta interpretaci贸n de la realidad social a nivel mundial supuso un giro fundamental en el proceso evolutivo de la doctrina social: ella no se deja dominar por las implicaciones socio-econ贸micas de los dos principales sistemas, capitalismo y socialismo, sino que se abre a una nueva concepci贸n, aqu茅lla de la doble dimensi贸n o alcance del desarrollo. Tal concepci贸n mira, en efecto, a promover el bien de todo el hombre, "integralmente considerado, teniendo en cuanta sus necesidades de orden material y sus exigencias por la vida intelectual, moral, espiritual y religiosa", superando as铆 las tradiciones contraposiciones entre productos y consumidor, y las discriminaciones que ofenden la dignidad de la gran familia humana.

En esta perspectiva se descubre c贸mo en la base de cuanto la Constituci贸n dice sobre la vida econ贸mico-social, est谩 una concepci贸n aut茅nticamente human铆stica del desarrollo. En la Gaudium et spes la Iglesia muestra cu谩n profunda es su sensibilidad por la creciente conciencia de las desigualdades y de las injusticias presentes en la humanidad y, en particular, por los problemas del Tercer Mundo.

De este modo se refuerza en la doctrina social, contra toda discriminaci贸n social y econ贸mica, una orientaci贸n personalista y comunitaria de la econom铆a, en la que quien preside es el hombre, considerado como fin, sujeto y protagonista del desarrollo.

Es la primera vez que un documento del Magisterio solemne de la Iglesia se expres贸 atan ampliamente sobre aspectos, directamente temporales de la vida cristiana. Se debe reconocer que la atenci贸n prestada en la Constituci贸n a los cambios sociales, sicol贸gicos, pol铆ticos, econ贸micos, morales y religiosos ha despertado, cada vez m谩s, en los 煤ltimos veinte a帽os, la preocupaci贸n pastoral de la Iglesia por los problemas de los hombres y el di谩logo con el mundo.

Pablo VI

25. Algunos a帽os despu茅s del Concilio, la Iglesia ofreci贸 a la humanidad una nueva e importante reflexi贸n en materia social con la enc铆clica Populorum progressio (19.67.) de Pablo VI. Se la puede considerar como una ampliaci贸n del cap铆tulo sobre la vida econ贸mico-social de la Gaudium et spes, aunque introduciendo algunas novedades significativas.

En poco tiempo, en efecto, hab铆a ido creciendo posteriormente la toma de conciencia de las diferencias que discriminaban y somet铆an a situaciones de injusticia y marginaci贸n a muchos Paises del Tercer Mundo. Este problema se agravaba por circunstancias particulares, como el crecimiento del desequilibrio existente entre los Paises pobres y los ricos y el aumento demogr谩fico del Tercer Mundo. En las regiones y en los pueblos m谩s pobres y marginados, el an谩lisis del subdesarrollo y de sus causas provoc贸 esc谩ndalo e hizo estallar la lucha contra la injusticia.

En este nuevo contexto hist贸rico, en el que los conflictos sociales han adquirido dimensiones mundiales se proyecta la luz de la Populorum progressio, que ofrece ayuda para comprender todos los aspectos de un desarrollo integral del hombre y de un desarrollo solidario de la humanidad; dos temas 茅stos que han de considerarse como los ejes en torno a los cuales se estructura todo el entramado de la enc铆clica. Queriendo convencer a los destinatarios de la urgencia de una acci贸n solidaria, el Papa presenta el desarrollo como "el paso de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida m谩s humanas", y se帽ala sus caracter铆sticas.

Las situaciones manos humanas se dan cuando hay carencia materiales y morales, y estructuras opresivas. Las condiciones humanas requieren la posesi贸n de lo necesario, la adquisici贸n de conocimientos y cultura, el respeto a la dignidad de los otros, el reconocimiento de los valores supremos y de Dios y, en fin, la vida cristiana de fe, esperanza y caridad. El "paso" de las condiciones menos humanas a las m谩s humanas que, seg煤n el Papa, no se limita a los aspectos puramente temporales, debe inspirar la reflexi贸n teol贸gica sobre la liberaci贸n de la justicia y sobre los valores aut茅nticos sin los cuales no es posible un verdadero desarrollo de la sociedad. La doctrina social encuentra aqu铆 abierta la puerta para una profunda y renovada reflexi贸n 茅tica.

Despu茅s de s贸lo cuatro a帽os de la enc铆clica Populorum progressio, Pablo VI escribi贸 la carta apost贸lica Octogessima adveniens (19.71.). Era el octog茅simo aniversario de la Rerum novarum, pero el Papa m谩s que al pasado miraba al presente y al futuro. En el mundo occidental industrializado hab铆an surgido nuevos problemas, los de la llamada "sociedad post-industrial", y se precisaba aplicar a ellos la ense帽anza social de la Iglesia. La Octogessima adveniens inicia as铆 una nueva reflexi贸n para la comprensi贸n de la dimensi贸n pol铆tica de la existencia y del compromiso cristiano, estimulando a la vez el sentido cr铆tico con relaci贸n a las ideolog铆as y utop铆as subyacentes en los sistemas socio-econ贸micos vigentes.

Juan Pablo II

26. Diez a帽os despu茅s (19.81.), Juan Pablo II interviene con la gran enc铆clica Laborem exercens. El decenio transcurrido hab铆a dejado una impronta en la historia del mundo y de la Iglesia. En el pensamiento del Papa no es dif铆cil descubrir el flujo de los nuevos cambios que se hab铆an producido. SI los a帽os setenta hab铆an comenzado con el acentuarse de la conciencia del subdesarrollo y de las injusticias que de 茅l se derivaban, a mediados del mismo decenio se manifestaron los primeros s铆ntomas de una crisis m谩s profunda producida pro las contradicciones que encubr铆an el sistema monetario y econ贸mico internacional, y caracterizada sobre todo por la enorme alza de los precios del petr贸leo.

En esta situaci贸n el Tercer Mundo, frente al conjunto de Paises desarrollados de Occidente y a los del bloque oriental colectivista, reclamaba nuevas estructuras monetarias y comerciales que respetaran los derechos de los pueblos pobres no menos que la justicia en las relaciones econ贸micas. Mientras crec铆a el malestar en el Tercer Mundo, algunos Pa铆ses, haci茅ndose eco de este sufrimiento, reivindicaban mayor justicia en las distribuci贸n de la renta mundial. Todo el sistema de la distribuci贸n internacional del trabajo y de la estructuraci贸n de la econom铆a mundial entraba en profunda crisis; y como consecuencia, se exig铆a una revisi贸n radical de las mismas estructuras que hab铆an llevado a un desarrollo econ贸mico tan desigual.

Ante estos numerosos y nuevos problemas, Juan Pablo II escribe la enc铆clica Laborem exercens en el nonag茅simo aniversario de la Rerum novarum, en continuidad con el Magisterio precedente, pero con una originalidad propia tanto por el m茅todo y el estilo como por no pocos aspectos de la ense帽anza, tratados en relaci贸n con las condiciones de la 茅poca, pero siguiendo las principales intuiciones de Pablo VI.

El documento se desarrolla en forma de exhortaci贸n dirigida a todos los cristianos, a fin de comprometerlos en la transformaci贸n de los sistemas socio-econ贸micos vigentes, y da orientaciones precisas, acordes con la preocupaci贸n fundamental por el bien integral del hombre. As铆 se ampl铆a el "patrimonio tradicional" de la doctrina social de la Iglesia, poniendo en claro que, la "clave central" de toda la "cuesti贸n social" se encuentra en el "trabajo humano", punto de referencia el m谩s adecuado para analizar todos los problemas sociales. Partiendo del trabajo como dimensi贸n fundamental de la existencia humana, se tratan en la enc铆clica todos los otros aspectos de la vida socio-econ贸mica, sin olvidar los aspectos cultural y tecnol贸gico.

La Laborem exercens propone, por tanto, una revisi贸n profunda del sentido del trabajo, que supone una distribuci贸n m谩s equitativa no solo de la renta y de la riqueza, sino tambi茅n del trabajo mismo, con el fin de lograr que haya ocupaci贸n para todos. A este fin se deber铆a ayudar a la sociedad a redescubrir la necesidad de la moderaci贸n en el consumo, a reconquistar las virtudes de la sobriedad y de la solidaridad e, incluso, a hacer verdaderos sacrificios para salir de la crisis actual. Es una gran propuesta reafirmada recientemente por la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe. Y 茅sta sirve no s贸lo para cada uno de los pueblos en particular, sino tambi茅n para las relaciones entre las naciones.

La situaci贸n mundial exige respeto a los principios y a los valores fundamentales que deben ser considerados insustituibles; en efecto, sin una reafirmaci贸n de la dignidad del hombre y de sus derechos, como tambi茅n sin la solidaridad entre los pueblos, la justicia social y el nuevo sentido del trabajo, ni habr谩 un verdadero desarrollo humano, ni un nuevo orden de convivencia social.

El 30. de diciembre de 19.87., a los veinte a帽os de la Populorum progressio, Juan Pablo II public贸 la enc铆clica Sollicitudo rei socialis, cuyo tema central es la noci贸n del desarrollo seg煤n se expone en el documento de Pablo VI. A la luz de la ense帽anza siempre v谩lida de la Populorum progressio el Sumo Pont铆fice ha querido examinar, a veinte a帽os de distancia, la situaci贸n del mundo bajo este aspecto, con el fin de actualizar y de profundizar m谩s a煤n la noci贸n de desarrollo, para que el mismo responda a las necesidades urgentes del momento hist贸rico presente y est茅 verdaderamente a la altura de hombre.

Dos son los temas fundamentales de la Sollicitudo rei socialis: el primero, la situaci贸n dram谩tica del mundo contempor谩neo, desde el punto de vista del desarrollo fallido del Tercer Mundo, y el segundo, el sentido, las condiciones y las exigencias de un desarrollo digno del hombre.

Entre las causas del fallido desarrollo se se帽alan la diferencia persistente, y, a menudo, incluso acrecentada, entre Norte y Sur; la oposici贸n entre los bloques oriental y occidental con la consiguiente carrera de armamentos; el comercio de armas y diversos obst谩culos de car谩cter pol铆tico que se entrecruzan con las decisiones de cooperaci贸n y solidaridad entre las naciones. Tampoco puede olvidarse, en este contexto, la cuesti贸n demogr谩fica. pero, por otra parte, se reconocen algunos progresos realizados en el campo del desarrollo, aun siendo inciertos, limitados e insuficientes en relaci贸n con las necesidades reales.

Con relaci贸n al segundo tema principal de la enc铆clica, esto es, la naturaleza de un verdadero desarrollo, se ofrecen ante todo aclaraciones relativas a la distinci贸n entre "progreso ilimitado" y desarrollo. A tal fin, se insiste en que el verdadero desarrollo no puede limitarse a la multiplicaci贸n de los bienes y de los servicios, esto es, a lo que se posee, sino que debe contribuir a la plenitud del "ser" del hombre.

26.1 De este modo, se pretende se帽alar con claridad el car谩cter moral del verdadero desarrollo. Este aspecto importante es investigado tambi茅n a la luz de las fuentes escritur铆sticas y de la tradici贸n de la Iglesia. Prueba de esta dimensi贸n moral del desarrollo es la insistencia del documento en la conexi贸n entre la observancia fiel a todos los derechos humanos (inclu铆do el derecho a la libertad religiosa) y el verdadero desarrollo del hombre y de los pueblos.

La enc铆clica analiza tambi茅n varios obst谩culos de orden moral al desarrollo ("estructuras de pecado", ansia exclusiva de ganancia, sed de poder) y los caminos para una deseable superaci贸n. A este prop贸sito se recomienda el reconocimiento de la interdependencia entre hombres y pueblos, y la consiguiente p茅rdida de la obligaci贸n de la solidaridad, en cuyo car谩cter de virtud se insiste; y el deber de la caridad para los cristianos. Pero todo esto presupone una radical conversi贸n de los corazones.

Al final del documento se indican tambi茅n otros medios espec铆ficos para hacer frente a la actual situaci贸n, subrayando, sobre todo, la importancia de la doctrina social de la Iglesia, de su ense帽anza y de su difusi贸n en el momento presente.

27. Este breve panorama hist贸rico de la doctrina social de la Iglesia ayuda a comprender su complejidad, su riqueza, su dinamismo, as铆 como sus l铆mites. Todo documento supone un nuevo paso adelante en el esfuerzo de la Iglesia por responder a los problemas de la sociedad en los distintos momentos de la historia. En cada uno de ellos es preciso adivinar sobre todo la preocupaci贸n pastoral por proponer a la comunidad cristiana y a todos los hombres de buena voluntad los principios fundamentales, los criterios universales y las orientaciones capaces de sugerir las opciones de fondo y la praxis coherente para cada situaci贸n concreta.

Dicha ense帽anza, por tanto, "no es una tercera v铆a entre capitalismo liberal y colectivismo marxista, y ni siquiera una posible alternativa a otras soluciones menos contrapuestas radicalmente", sino un servicio desinteresado que la Iglesia ofrece seg煤n las necesidades de los lugares y de los tiempos. El realce de esta dimensi贸n hist贸rica muestra que la doctrina social de la Iglesia, expresada con claridad y coherencia en sus principios esenciales, no es un sistema abstracto, cerrado y definido una vez por todas, sino concreto, din谩mico y abierto. En efecto, la atenci贸n a la realidad y a la inspiraci贸n evang茅lica colocan a la Iglesia en condici贸n de responder a los continuos cambios a que est谩n sometidos los procesos econ贸micos, sociales, pol铆ticos, tecnol贸gicos y culturales. Se trata de una obra en continua construcci贸n, abierta a los interrogantes de las nuevas realidades y de los nuevos problemas que surgen en estos sectores.

Documentos m谩s recientes

28. Los cambios se帽alados requieren una visi贸n 茅tica de los nuevos problemas y una respuesta cada vez m谩s clara, actualizada y profunda. As铆 ha sucedido, por ejemplo, con las cuestiones de la propiedad privada, de la socializaci贸n, de la cogesti贸n, del subdesarrollo del Tercer Mundo, del creciente desnivel entre los Pa铆ses pobres y los ricos, del desarrollo socio-econ贸mico, del sentido del trabajo, de la deuda internacional, del problema de los sin-techo, de la situaci贸n actual de la familia, de la dignidad de la mujer, del respeto a la vida humana que nace y de la procreaci贸n. Los documentos m谩s recientes de la Iglesia hacen resaltar su profunda sensibilidad evang茅lica frente a los nuevos problemas sociales.

En el esp铆ritu del Concilio Vaticano II, la doctrina social de la Iglesia, compuesta de "elementos permanentes" y de "elementos contingentes", continuar谩 su camino hist贸rico ampli谩ndose y enriqueci茅ndose con la colaboraci贸n de los miembros de la Iglesia. En tal andadura el Magisterio ir谩 recogiendo las diversas voces en sus ense帽anzas oficiales, conciliando la atenci贸n a la dimensi贸n hist贸rica con el deber sagrado de no debilitar la estabilidad y certeza de los principios y de las normas fundamentales, e invitando a la acci贸n coherente.

En este largo recorrido, la Iglesia continuar谩 concretando las ense帽anzas y los valores de su doctrina social, proponiendo principios de reflexi贸n y valores permanentes, criterios de juicio y normas de acci贸n.

III. PRINCIPIOS Y VALORES PERMANENTES

29. En este cap铆tulo se habla brevemente de los "principios permanentes" y de los valores fundamentales que no deben faltar nunca en la ense帽anza de la doctrina social de la Iglesia. En el ap茅ndice se ofrece un bosquejo del programa de los cursos, susceptible de ser adaptado a las necesidades concretas de cada Iglesia particular.

Principios permanentes de reflexi贸n

Premisa

30. Estos principios no han sido formulados org谩nicamente por la Iglesia en un solo documento sino a lo largo de todo el proceso de la evoluci贸n hist贸rica de la doctrina social. Se entresacan de los diversos documentos que el Magisterio de la Iglesia, con la colaboraci贸n de los Obispos, sacerdotes y laicos especializados, ha elaborado al afrontar los distintos problemas sociales que surg铆an cada d铆a.

Es obvio que el presente documento no es, ni lo quiere ser, una nueva s铆ntesis ni un manual de tales principios, sino un conjunto de sencillas orientaciones que han parecido oportunas para la ense帽anza.

Ni tampoco constituye una presentaci贸n completa de los mismos, sino simplemente una indicaci贸n de los que se consideran como principales, y que por lo tanto, merecen una atenci贸n particular en la formaci贸n de los futuros sacerdotes.

Entre ellos, se consideran fundamentales los principios tocantes a la persona, al bien com煤n, a la solidaridad y a la participaci贸n. Los dem谩s est谩n estrechamente unidos con ellos y de ellos se derivan.

La persona humana

31. La dignidad de la persona humana se basa en el hecho de que es creada a imagen y semejanza de Dios y elevada a un fin sobrenatural trascendente a la vida terrena. El hombre pues, como ser inteligente y libre, sujeto de derechos y deberes es el primer principio y, se puede decir, el coraz贸n y el alma de la ense帽anza social de la Iglesia. "Creyentes y no creyentes est谩n generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en funci贸n del hombre, centro y cima de todos ellos".

Es un principio que en su alcanza antropol贸gico constituye la fuente de los otros principios que forman parte del cuerpo de la doctrina social. El hombre-persona es el sujeto y el centro de la sociedad, la que con sus estructuras, organizaciones y funciones tiene por fin la creaci贸n y la continua adecuaci贸n de las condiciones econ贸micas y culturales que permitan al mayor n煤mero posible de personas el desarrollo de sus facultades y la satisfacci贸n de sus leg铆timas aspiraciones de perfecci贸n y felicidad. Por esta raz贸n, la Iglesia no se cansar谩 nunca de insistir sobre la dignidad de la persona humana, contra todas las esclavitudes, explotaciones y manipulaciones perpetradas en perjuicio de los hombres no s贸lo en el campo pol铆tico y econ贸mico, sino tambi茅n en el cultural, ideol贸gico y m茅dico.

Los derechos humanos

32. Los derechos humanos deriva, por una l贸gica intr铆nseca, de la misma dignidad de la persona humana. la Iglesia ha tomado conciencia de la urgencia de tutelar y defender estos derechos, considerando esto como parte de su misma misi贸n salv铆fica, a ejemplo de Jes煤s que se manifest贸 siempre atento a las necesidades de los hombres, particularmente de los m谩s pobres.

La afirmaci贸n de los derechos humanos nace en la Iglesia, m谩s que como un sistema hist贸rico, org谩nico y completo, como un servicio concreto a la humanidad. Reflexionando sobre ellos la Iglesia ha reconocido siempre sus fundamentos filos贸ficos y teol贸gicos, y las implicaciones jur铆dicas, sociales, pol铆ticas y 茅ticas como aparece en los documentos de su ense帽anza social. Lo ha hecho no en el contexto de una oposici贸n revolucionaria de los derechos de la persona humana contra las autoridades tradicionales, sino en la perspectiva del Derecho escrito por el Creador en la naturaleza humana.

La insistencia con que ella, especialmente en nuestros d铆as, se hace promotora del respeto y de la defensa de los derechos del hombres, sean personales o sociales, se explica no s贸lo por el hecho de que su intervenci贸n, hoy como ayer, est谩 dictada por el Evangelio, sino porque de la reflexi贸n sobre los mismos surge una nueva sabidur铆a teol贸gica y moral para afrontar los problemas del mundo contempor谩neo.

En particular, el derecho a la libertad religiosa, en cuanto que alcanza el 谩mbito m谩s 铆ntimo del esp铆ritu, "se revela punto de referencia y, en cierto modo, llega a ser par谩metro de los dem谩s derechos fundamentales". Hoy, esto lo afirman y defienden diversas Organizaciones p煤blicas y privadas, nacionales e internacionales. Por su parte la Iglesia se muestra especialmente solidaria con cuantos son discriminados o perseguidos a causa de la fe, y trabajo con tes贸n y constancia porque tales situaciones injustas sean superadas.

Las aportaciones del Magisterio pontificio a los derechos humanos

33. Junto al Magisterio conciliar, el Magisterio pontificio ha tratado y desarrollado ampliamente el tema de los derechos de la persona humana. Ya P铆o XII expuso los principios, fundados en el derecho natural, de un orden social conforme a la dignidad humana concretado en una sana democracia, capaz de respetar los derechos a la libertad, a la paz y a los bienes materiales. Posteriormente, la enc铆clica Pacem in terris de Juan XXIII fue el primer texto pontificio oficial dedicado expresamente a los derechos del hombre.

En efecto, observando los "signos de los tiempos", la Iglesia sent铆a la necesidad de proclamar los derechos "universales, inviolables e inalienables" de todos los hombres contra toda discriminaci贸n y contra toda concepci贸n particularista. Por esto la Pacem in terris m谩s que basar los derechos del hombre en la ley natural inherente a la Creaci贸n y ordenada a la Redenci贸n, corrige un cierto aspecto individualista en la concepci贸n tradicional de la reciprocidad entre los derechos-deberes, insertando los derechos en un contexto de solidaridad y subrayando las exigencias de orden comunitario que ello conlleva.

A su vez Pablo VI, en la enc铆clica Populorum progressio, sin separar los derechos humanos del campo de la raz贸n, procediendo sobre todo en la l铆nea seguida por el Concilio Vaticano II, pone en evidencia su fundamento cristiano y muestra c贸mo la fe transforma su misma din谩mica interna. Se debe igualmente observar que si la Pacem in terris es la carta de los derechos del hombre, la Populorum progressio constituye la carta de los derechos de los pueblos pobres al desarrollo.

M谩s tarde, Juan Pablo II, profundizando en esta reflexi贸n, fundamenta los derechos humanos simult谩neamente en las tres dimensiones de la verdad 铆ntegra sobre el hombre: en la dignidad del hombre en cuento tal, en el hombre creado a imagen y semejanza de Dios, y en el hombre insertado en el misterio de Cristo. En esta dignidad del hombre, vista a la luz de la obra redentora de Cristo, se basa la misi贸n salv铆fica de la Iglesia. por esto no puede callar cuando se lesionan o est谩n en peligro los derechos inviolables del hombre y de los pueblos. Desde el punto de vista cristiano, en efecto, las naciones y las patrias son una realidad humana de valor positivo e irrenunciable, que fundamenta los derechos inviolables en los diversos pueblos, y en particular, el derecho de los pueblos a la propia identidad y al propio desarrollo.

La relaci贸n persona-sociedad

34. La persona humana es un ser social por naturaleza: o sea, por su innata indigencia y por su natural tendencia a comunicar con los dem谩s. Esta sociabilidad humana es el fundamento de toda forma de sociedad y de las exigencias 茅ticas inscritas en ella. El hombre no puede bastarse a s铆 mismo para alcanzar su desarrollo completo, sino que necesita para ello de los dem谩s y de la sociedad.

Este principio de la interdependencia persona-sociedad, vinculada esencialmente al de la dignidad de la persona humana, se refiere al complejo entramado de la vida social del hombre que se regula seg煤n leyes propias y adecuadas, perfeccionadas mediante la reflexi贸n cristiana. La comprensi贸n de los distintos aspectos de la vida social no es siempre f谩cil hoy en d铆a, vistos los r谩pidos y profundos cambios que se verifican en todos los campos gracias a la inteligencia y a la actividad creadora del hombre. Los cambios provocan, pro su parte, crisis que se reflejan sea en los desequilibrios internos del hombre, que aumenta cada vez m谩s su poder sin lograr siempre orientarlos a fines justos; sea en las relaciones sociales, en cuanto no siempre se llega a una justa aplicaci贸n de las leyes que regulan la vida social.

35. La sociedad humana es, por tanto objeto de la ense帽anza social de la Iglesia desde el momento que ella no se encuentra ni fuera ni sobre los hombres socialmente unidos, sino que existe exclusivamente por ellos y, por consiguiente, para ellos. La Iglesia insiste sobre la "naturaleza intr铆nsecamente social" de los seres humanos. pero se advierte que aqu铆 lo "social" no coincide con lo "colectivo", para el que la persona es solamente un mero producto. la fuerza y el dinamismo de esta condici贸n social de la persona se desarrolla plenamente en sociedad, que ve, por consiguiente, acrecentarse las relaciones de convivencia tanto a nivel nacional como internacional.

36. De la dignidad de la persona humana, de sus derechos y de su sociabilidad derivan los dem谩s principios permanentes de reflexi贸n que orientan y regulan la vida social. Entre ellos, profundizados por la reflexi贸n del Magisterio, se pueden se帽alar los que se refieren al bien com煤n, a la solidaridad, a la subsidiariedad, a la participaci贸n, a la concepci贸n org谩nica de a vida social y al destino universal de los bienes.

El bien com煤n

37. Al hablar de las leyes de los principios que rigen la vida social, es preciso tener presente, en primer lugar " el bien com煤n". Este, si bien en sus "aspectos esenciales y m谩s profundos no puede ser concebido en t茅rminos doctrinales, y menos a煤n determinado en sus contenidos hist贸ricos", sin embargo, puede ser definido como "el conjunto de condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el desarrollo 铆ntegro de su persona". El, pues, aun siendo superior al inter茅s privado, es inseparable del bien de la persona humana, comprometiendo a los poderes p煤blicos a reconocer, respetar, acomodar, tutelar y promover los derechos humanos, y a hacer m谩s f谩cil el cumplimiento de las respectivas obligaciones. Por consiguiente, la realizaci贸n del bien com煤n puede considerarse la raz贸n misma de ser de los poderes p煤blicos, los que est谩n obligados a llevarlo a cabo en provecho de todos los ciudadanos y de todo hombre -considerado en su dimensi贸n terrena-temporal y transcendente- respetando una justa jerarqu铆a de valores, y los postulados de las circunstancias hist贸ricas.

Considerado, pues, el bien com煤n, por la Iglesia, como un valor de servicio y de organizaci贸n de la vida social y del nuevo orden de la convivencia humana, ella pone de relieve el sentido humano y la capacidad para animar las estructuras sociales en su totalidad y en cada uno de sus sectores concretos, estimulando las transformaciones en profundidad seg煤n el criterio de la justicia social.

Solidaridad y "subsidiariedad"

38. La solidaridad y la "subsidiariedad" son otros dos principios que regulan la vida social. Seg煤n el principio de solidaridad toda persona, como miembro de la sociedad, est谩 indisolublemente ligado al destino de la misma y, en virtud del Evangelio, a destino de salvaci贸n de todos los hombres. En la reciente enc铆clica Sollicitudo rei socialis, el Papa ha subrayado particularmente la importancia de este principio, calific谩ndolo como una virtud humana y cristiana. Las exigencias 茅ticas de la solidaridad requieren que todos los hombres, los grupos y las comunidades locales, las asociaciones y organizaciones, las naciones y los continentes participen en la gesti贸n de todas las actividades de la vida econ贸mica, pol铆tica y cultural, superando toda concepci贸n puramente individualista.

Complemento de la solidaridad debe considerarse la "subsidiariedad" que protege a la persona humana, a las comunidades locales y a los "grupos intermedios" del peligro de perder su leg铆tima autonom铆a. La Iglesia vela atentamente por la aplicaci贸n justa de este principio en virtud de la dignidad misma de la persona humana, del respeto de lo que hay de m谩s humano en la organizaci贸n de la vida social, y de la salvaguardia de los derechos de los pueblos en las relaciones entre sociedades particulares y sociedad universal.

Concepci贸n org谩nica de la vida social

39. Como consecuencia de lo que se ha dicho, no se comprende adecuadamente una sociedad ordenada, sin una concepci贸n org谩nica de la vida social. Este principio exige que la sociedad se base, pro una parte, en el dinamismo interno de sus miembros -que tiene su origen en la inteligencia y en la voluntad libre de las personas que buscan solidariamente el bien com煤n- y, por otra, en la estructura y en la organizaci贸n de la sociedad constitu铆da no s贸lo por cada persona libre, sino tambi茅n por sociedades intermedias que van integr谩ndose en unidades superiores, partiendo de la familia, para llegar, a trav茅s de las comunidades locales, de las asociaciones profesionales, de las regiones y de los Estados, a los organismos supranacionales y a la sociedad universal de todos los pueblos y naciones.

Participaci贸n

40. La participaci贸n ocupa un puesto predominante en el desarrollo reciente de la ense帽anza social de la Iglesia. su fuerza radica en el hecho de que asegura la realizaci贸n de las exigencias 茅ticas de la justicia social. la participaci贸n justa, proporcionada y responsable de todos los miembros y sectores de la sociedad en el desarrollo de la vida socio-econ贸mica, pol铆tica y cultural es el camino seguro para conseguir una nueva convivencia humana. la Iglesia no s贸lo no cesa de recordar este principio, sino que encuentra en 茅l una motivaci贸n permanente para favorecer la mejora de la calidad de vida de los individuos y de la sociedad en cuanto tales. Se trata de una aspiraci贸n profunda del hombre que manifiesta su dignidad y su libertad en el progreso cient铆fico y t茅cnico, en el mundo del trabajo y en la vida p煤blica.

Estructuras humanas y comunidad de personas

41. La Iglesia ha procurado reiteradamente prevenir el peligro real que amenaza a la dignidad de la persona, a la libertad individual y a las libertades sociales,y que proviene de la concepci贸n tecnicista y mecanicista de la vida y de la estructura social que no deja margen suficiente al desarrollo de un humanismo verdadero. En no pocas naciones el Estado moderno se transforma en una m谩quina administrativa gigantesca que invade todos los sectores de la vida, sumiendo al hombre en un estado de temor y angustia que produce su despersonalizaci贸n.

La Iglesia considera, por tanto, necesario los organismos y las m煤ltiples asociaciones probadas que reservan el espacio debido a la persona y estimulan el desarrollo de las relaciones de colaboraci贸n, en subordinaci贸n al bien com煤n; sin embargo, para que estos organismos sean aut茅nticas comunidades, sus miembros deben ser considerados y respetados como personas y llamados a participar activamente en las tareas comunes. Seg煤n la Iglesia, por tanto, un camino seguro para conseguir esta meta consiste en asociar trabajo y capital y en dar vida a corporaciones intermedias.

La realizaci贸n de estos principios que regulan la vida social a distintos niveles de la organizaci贸n social y en los diversos sectores de la actividad humana, permite superar toda tensi贸n entre socializaci贸n y personalizaci贸n. El actual fen贸meno de la multiplicaci贸n de las relaciones y de las estructuras sociales a todos los niveles, derivadas de libres decisiones y encaminadas a mejorar la calidad de la vida humana, no puede ser acogido sino positivamente, dado que permite lograr la realizaci贸n de la solidaridad humana y favorece la ampliaci贸n del marco de las actividades materiales y espirituales de la persona.

Destino universal de los bienes

42. Con este "principio t铆pico de la doctrina social de la Iglesia" se afirma que los bienes de la tierra est谩n destinados al uso de todos los hombres para satisfacer su derecho a una vida conforme con la dignidad de la persona y a las exigencias de la familia. En efecto, "Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa, bajo la gu铆a de la justicia y de la caridad". De lo que se deriva que el derecho a la propiedad privada, en s铆 leg铆timo y necesario, debe ser circunscrito dentro de los l铆mites impuestos por su funci贸n social. COmo se expresa a tal prop贸sito el Magisterio en le enc铆clica Laborem exercens "la tradici贸n cristiana no ha sostenido nunca este derecho como algo absoluto e intocable. Al contrario, siempre lo ha entendido en el contexto m谩s amplio del derecho com煤n de todos a usar los bienes de la creaci贸n entera: el derecho a la propiedad privada como subordinado al derecho al uso com煤n, al destino universal de los bienes".

Valores fundamentales

La v铆a segura

43. Los principios de reflexi贸n de la doctrina social de la Iglesia, en cuanto leyes que regulan la vida social, no son independientes del reconocimiento real de los valores fundamentales inherentes a la dignidad de la persona humana. Estos valores son principalmente: la verdad, la libertad, la justicia, la solidaridad, la paz y la caridad o amor cristiano. Vivir estos valores es el camino seguro no s贸lo para el perfeccionamiento personal sino tambi茅n para lograr un aut茅ntico humanismo y una nueva convivencia social. A ellos, pues, es preciso referirse para realizar las reformas sustanciales de la estructuras econ贸micas, pol铆ticas, culturales y tecnol贸gicas, y los cambios necesarios en las instituciones.

Hacia una renovaci贸n de la sociedad

44. La importancia vital de estos principios explica por qu茅 la Iglesia los ha propuesto siempre con tanta insistencia como verdaderos fundamentos de una nueva sociedad m谩s digna del hombre. Aun reconociendo la autonom铆a de las realidades temporales la Iglesia sabe, no obstante, que las leyes descubiertas y aplicadas por el hombre en la vida social no garantizan por s铆 mismas, casi mec谩nicamente, el bien de todos. En efecto, ellas se deben aplicar bajo la direcci贸n de los valores que se derivan del concepto de la dignidad de la persona humana. Todos estos valores manifiestan la prioridad de la 茅tica sobre la t茅cnica, la primac铆a de la persona sobre las cosas y l superioridad del esp铆ritu sobre la materia.

La "sabidur铆a" es el compromiso social

45. Los valores, sin embargo, entran frecuentemente en conflicto con las situaciones en las que son negados directa o indirectamente. En tales casos, el hombre se encuentra en la dificultad de acatarlos todos de modo coherente y simult谩neo. Por esta raz贸n es todav铆a m谩s necesario el discernimiento cristiano en las decisiones que han de tomarse en las diversas circunstancias a la luz de los valores fundamentales del cristianismo. Este es el modo de practicar la aut茅ntica "sabidur铆a" que la Iglesia pide a los cristianos y a todos los hombres de buena voluntad en el compromiso social.

Valores para el desarrollo

46. Teniendo en cuanta la gran complejidad de la sociedad humana contempor谩nea y la necesidad de promover determinados valores como fundamento de una nueva sociedad, se pide a la Iglesia que intensifique el proceso de formaci贸n con el fin de hacer comprender no solo a los individuos sino tambi茅n a la opini贸n p煤blica, al menos en los Pa铆ses donde se admite su presencia y se permite su acci贸n, la necesidad vital de defender y promover los valores fundamentales de la persona humana, sin los cuales no podr谩 haber un verdadero desarrollo humano y completo de toda sociedad.

Por esto, no ser谩 posible poner las bases del aut茅ntico desarrollo humano, pedido por la Iglesia en su Magisterio social m谩s reciente, sin una reafirmaci贸n permanente de la dignidad humana y de sus exigencias 茅ticas y trascendentes; sin una 茅tica de responsabilidad y solidaridad entre los pueblos y de justicia social; sin una revisi贸n del sentido del trabajo, que conlleva una redistribuci贸n m谩s equitativa del mismo.

IV. CRITERIOS DE JUICIO

Conocimiento de la realidad

47. La doctrina social de la Iglesia tiene por fin comunicar un saber no s贸lo te贸rico sino tambi茅n pr谩ctico y orientador de la acci贸n pastoral. He aqu铆 por qu茅 ella, adem谩s de los principios permanentes de reflexi贸n, ofrece tambi茅n criterios de juicio sobre las situaciones, las estructuras y las instituciones que rigen la vida econ贸mica, social, pol铆tica, cultural, tecnol贸gica, y sobre los mismos sistemas sociales. A este prop贸sito, no hay duda que el pronunciarse acerca de las condiciones m谩s o menos humanas de las personas, acerca del valor 茅tico de las estructuras y de los sistemas sociales, econ贸micos, pol铆ticos y culturales, en relaci贸n con las exigencias de la justicia social, forma parte de la misi贸n evangelizadora de la Iglesia.

Para poder emitir su juicio de modo correcto es estos casos, la Iglesia necesita conocer las situaciones hist贸ricas locales, nacionales e internacionales, y la identidad cultural de toda comunidad y pueblo. Aunque se avale con todos los medios proporcionados por las ciencias, es cierto que el mejor modo de aproximaci贸n a las realidades sociales, son siempre los valores fundamentales indicados m谩s arriba, que dan "normas de juicio" bien precisas para el discernimiento cristiano. Estas que, seg煤n las declaraciones oficiales, se encuentran inclu铆das en la doctrina social, son irrenunciables y, por tanto, deben hacerse conocer y apreciar en la ense帽anza impartida en los Seminarios y en las Facultades teol贸gicas.

Capacidad de juzgar objetivamente

48. El derecho-deber de la Iglesia a emitir juicios morales requiere la capacidad de los encargados de pastoral, eclesi谩sticos y laicos, para juzgar objetivamente las diversas situaciones y estructuras, y los diversos sistemas econ贸micos-sociales. Ya el conocimiento de los problemas sociales y su interpretaci贸n 茅tica a la luz del mensaje evang茅lico, como se expresa en la doctrina social de la Iglesia, ofrece orientaciones para este juicio, por las que deben guiarse las conductas y opciones cristianas. pero el paso de lo doctrinal a lo pr谩ctico supone elementos de tipo cultural, social, econ贸mico y pol铆tico para los cuales son particularmente competentes, aunque no exclusivamente, los laicos, a los que incumbe desarrollar las actividades temporales por iniciativa propia y bajo su personal responsabilidad.

Ejemplos de juicios

49. De hecho, el examen de los documentos hace patente que la doctrina social de la Iglesia contiene numerosos juicios sobre situaciones concretas, estructuras, sistemas sociales e ideolog铆as. A modo de ejemplo se pueden citar los siguientes: la Rerum novarum habla de las causas del malestar de los obreros, refiri茅ndose al "yugo" que un "reducid铆simo n煤mero de adinerados" les impone, la Quadragessimo anno juzga que la situaci贸n de la sociedad de la 茅poca es tal que favorece la violencia y las luchas; el Concilio Vaticano II, describiendo los desequilibrios del mundo moderno, concluye afirmando que conducen a desconfianzas, conflictos y males dirigidos contra el hombre; la Populorum progressio no duda en denunciar como injustas las relaciones entre los pa铆ses desarrollados y los que est谩n en v铆a de desarrollo; la Laborem exercens dice que, tambi茅n hoy, diversos sistemas ideol贸gicos son causa de injusticias flagrantes; la Sollicitudo rei socialis critica la divisi贸n del mundo en dos bloques (Este-Oeste) y las consecuencias negativas que se derivan de ello para las naciones en v铆a de desarrollo.

Es obvio que la formulaci贸n de juicios morales sobre situaciones, estructuras y sistemas sociales no reviste el mismo grado de autoridad que el que es propio del Magisterio de la Iglesia cuando se pronuncia sobre los principios fundamentales. Sin embargo, entre los varios juicios, los que se refieren a los abusos contra la dignidad humana tienen gran autoridad, porque est谩n unidos a los principios y valores basados sobre la misma ley divina.

Peligro de la influencia ideol贸gica

50. Para conseguir un di谩logo m谩s realista con los hombres, una justa apertura a las diferentes circunstancias de la convivencia social y un conocimiento objetivo de las situaciones, de las estructuras y de los sistemas, la Iglesia, cuando emite un juicio, puede aprovecharse de todas "las ayudas que pueden ofrecer las ciencias", por ejemplo los datos emp铆ricos garantizados cr铆ticamente, sabiendo bien, sin embargo, que no es su cometido analizar cient铆ficamente la realidad y las posibles consecuencias de los cambios sociales. Esto es v谩lido tanto para la Iglesia universal como para las Iglesias particulares.

Un criterio importante para el uso de los medios que ofrecen las ciencias sociales es recordar que el an谩lisis sociol贸gico no siempre ofrece una elaboraci贸n objetiva de los datos y de los hechos, en cuanto que, ya en el punto de partida, puede encontrarse sujeto a una determinada visi贸n ideol贸gica, o a una estrategia pol铆tica bien precisa, como ocurre en el an谩lisis marxista. Como es notorio, el Magisterio no ha cesado de pronunciarse oficialmente sobre el peligro que este tipo de an谩lisis puede suponer para la fe cristiana y para la vida de la Iglesia.

Este peligro de la influencia ideol贸gica sobre el an谩lisis sociol贸gico existe tambi茅n en la ideolog铆a liberal que inspira el sistema capitalista; en 茅l los datos emp铆ricos est谩n frecuentemente sometidos, por principio, a una visi贸n individualista de la relaci贸n econ贸mico-social, en contraste con la concepci贸n cristiana.

No se puede encerrar ciertamente el destino del hombre entre estos dos proyectos hist贸ricos contrapuestos, pues ser铆a contrario a la libertad y a la creatividad del hombre. Y, en efecto, la historia de los hombres, de los pueblos y de las comunidades aparecen siempre rica y articulada, y los proyectos de modelos de sociedad han sido, en las diversas 茅pocas, siempre m煤ltiples. A este respecto, es importante precisar que muchas variaciones del principio del liberalismo econ贸mico, como son expuestas por los partidos cristiano-dem贸cratas o social-dem贸cratas, pueden ser consideradas no ya como expresiones de "liberalismo" en sentido estricto, sino como alternativas nuevas de organizaci贸n social.

Discernimiento de las opciones

51. El di谩logo de la Iglesia con los movimientos hist贸ricos que tratan de superar el dilema agudo existente entre capitalismo y socialismo, merece especial atenci贸n. Sin embargo, la Iglesia, con su ense帽anza social, no pretende alentar un sistema socio-econ贸mico y pol铆tico alternativo, ni formular un proyecto suyo bien definido de sociedad, por cuanto esta tarea corresponde a los grupos y a la comunidades que tienen fines sociales y pol铆ticos. De todos modos los cristianos son llamados a efectuar en ellos un discernimiento permanente. Adem谩s, el di谩logo y el compromiso eventual de los cristianos con los movimientos "que han nacido de diversas ideolog铆as, pero que, por otra parte, son distintos de ellas", deber谩n desarrollarse siempre con la atenci贸n y el discernimiento cr铆tico debidos, y siempre con referencia al juicio moral pronunciado por el Magisterio de la Iglesia.

La misi贸n salv铆fica de la Iglesia que tiene su origen en las ense帽anzas, en los ejemplos y en la vida misma de Cristo, el Salvador, supone dos opciones ineludibles: una por el hombre seg煤n el Evangelio, y la otra, por la imagen evang茅lica de la sociedad. Sin entrar en la hip贸tesis de una "tercera v铆a", frente a la "utop铆a liberal" y la "utop铆a socialista", los creyentes deben optar siempre por un modelo humanizador de las relaciones socio-econ贸micas que sea conforme con la escala de valores mencionada m谩s arriba.

En esta perspectiva, los pilares de todo modelo verdaderamente humano, esto es, conforme con la dignidad de la persona, son la verdad, la libertad, la justicia, el amor, la responsabilidad, la solidaridad y la paz. La puesta en pr谩ctica de estos valores en las estructuras de la sociedad comporta la primac铆a del hombre sobre las cosas, la prioridad del trabajo sobre el capital, la superaci贸n de la antinomia trabajo-capital. Estas opciones, en s铆 mismas, no son pol铆ticas pero rozan la esfera pol铆tica y, particularmente, la relaci贸n Iglesia-pol铆tica; ni siquiera son socio-econ贸mica, pero tocan tambi茅n este aspecto en la relaci贸n hombre-sociedad e Iglesia-sociedad. Por lo que est谩 claro que no se puede prescindir del juicio 茅tico de la Iglesia sobre los fundamentos del sistema social que se quiere construir, y sobre los proyectos y programas concretos de la convivencia, en los que deben confluir la imagen de hombre y de sociedad propuesta por el Evangelio.

Deberes sociales de las Iglesias particulares

52. Las Iglesias particulares son, en sus respectivos territorios, centros de pensamiento, de reflexi贸n moral y de acci贸n pastoral incluso en el campo social. Ellas, en efecto no pueden ignorar los problemas espec铆ficos locales que requieren oportunas adaptaciones, como lo demuestran las numerosas cartas de los Obispos y de las Conferencias Episcopales. Sin embargo, para valorar justamente las situaciones y las realidades socio-econ贸micas, pol铆ticas y culturales con las que se encuentran, como tambi茅n para contribuir eficazmente a su progreso y, si necesario, a su transformaci贸n, importa mucho que ellas tomen los principios y los criterios de juicio de las fuentes de la ense帽anza social que son v谩lidos para la Iglesia universal.

Nuevos juicios ante nuevas situaciones

53. Puede darse que el cambio de las situaciones exija la modificaci贸n de un juicio anterior dado en una situaci贸n diversa. Esto explica por qu茅 realmente en la doctrina social de la Iglesia se tengan hoy criterios diferentes a los que hace alg煤n tiempo, aunque en continuidad de la l铆nea impuesta por los principios. De todos modos, es evidente que un juicio maduro sobre las nuevas situaciones, sobre los nuevos modelos de sociedad y sobre los nuevos programas, no depende s贸lo de la doctrina social, sino tambi茅n de la formaci贸n filos贸fico-teol贸gica, del sentido pol铆tico y del discernimiento de los cambios del mundo. Todo ello exige preparaci贸n remota y pr贸xima, estudio y reflexi贸n, seg煤n recomiendan estas "Orientaciones".

V. ORIENTACIONES PARA LA ACCI脫N SOCIAL

Criterios de acci贸n

54. La doctrina social de la Iglesia, en cuento saber te贸rico-pr谩ctico, est谩 orientada a la evangelizaci贸n de la sociedad: incluye, pues, necesariamente la invitaci贸n a la acci贸n social, ofreciendo para las diversas situaciones orientaciones oportunas inspiradas en los principios fundamentales y en los criterios de juicio anteriormente explicados. La acci贸n que se propone no se deduce a priori de consideraciones filos贸ficas y 茅ticas, sino que se concreta cada vez por medio del discernimiento cristiano de la realidad, interpretada a la luz del Evangelio y de la ense帽anza social de la Iglesia, que muestra as铆 en cada momento hist贸rico su actualidad.

Ser铆a, por tanto, un grave error doctrinal y metodol贸gico si en la interpretaci贸n de los problemas de cada 茅poca hist贸rica no se tuviese en cuenta la rica experiencia adquirida por la Iglesia y manifestada en su ense帽anza social. Por tanto, todos los criterios deber谩n situarse ante las nuevas situaciones con una conciencia bien formada seg煤n las exigencias 茅ticas del Evangelio y con una sensibilidad social verdaderamente cristiana, madurada a trav茅s del estudio atento de las diversas declaraciones del Magisterio.

Respeto a la dignidad de la persona humana

55. La Iglesia en su pastoral social se compromete a la total realizaci贸n de la promoci贸n humana. Esta promoci贸n entra en el designio de la promoci贸n salv铆fica del hombre y de la construcci贸n del reino de Dios en cuento tiende a ennoblecer la persona humana en todas sus dimensiones de orden natural y sobrenatural. Como ense帽a la Gaudium et spes, la misi贸n evangelizadora que mira a la salvaci贸n, esto es, a la liberaci贸n definitiva del hombre, requiere una acci贸n pastoral diversificada seg煤n los ambientes en que se realiza: prof茅tica, lit煤rgica y de caridad. La accion pastoral de la Iglesia en sus relaciones con el mundo es una acci贸n de presencia, de di谩logo y de servicio a partir de la fe en el amplio y vasto campo social, econ贸mico, pol铆tico, cultural, tecnol贸gico, ecol贸gico, etc.;: en una palabra, ella abarca todo el panorama de las realidades temporales.

Dada la primac铆a del hombre sobre las codas, un primer criterio o norma no s贸lo de juicio, sino tambi茅n de accion es la dignidad de la persona humana que lleva consigo el respeto y la promoci贸n de todos los derechos personales y sociales inherentes a su naturaleza.

La moralidad, la distinci贸n entre lo justo y lo injusto, depender谩 de la conformidad o de la disconformidad de las l铆neas pol铆ticas de las decisiones, de los proyectos y de los programas adoptados por los diversos agentes sociales (gobiernos, partidos pol铆ticos, instituciones y organizaciones, personas o grupos) con respecto a la dignidad de la persona que tiene exigencias 茅ticas inviolables.

Di谩logo respetuoso

56. En la situaci贸n del mundo actual los cambios profundos en todos los campos de la actividad humana, econ贸mica, cultural, cient铆fica y t茅cnica han hecho surgir nuevos problemas que exigen el compromiso de todos los hombres de buena voluntad. Entre estos problemas sobresalen el hambre, la violencia, el terrorismo nacional e internacional, el desarme y la paz, la deuda externa y del subdesarrollo de los Pa铆ses del Tercer Mundo, las manipulaciones gen茅ticas, la droga, el deterioro del medio ambiente, etc.

En este contexto, la acci贸n de la Iglesia debe desarrollarse en colaboraci贸n con todas las fuerzas vivas y operantes en el mundo actual. Por tanto, un segundo criterio de accion es el ejercicio del di谩logo respetuoso como m茅todo id贸neo para encontrar una soluci贸n a los problemas mediante acuerdos program谩ticos y operativos.

Lucha por la justicia y la solidaridad sociales

57. El mundo de hoy se caracteriza adem谩s por "otras zona de miseria" y por "otras formas de injusticia mucho m谩s amplias" que las de 茅pocas precedentes, como el hambre, el desempleo, la marginaci贸n social, las desigualdades que separan a los ricos -Pa铆ses, regiones, grupos, personas- de los pobres. Por tanto, un tercer criterio de accion es "la lucha noble y razonada en favor de la justicia y de la solidaridad sociales".

Formaci贸n en las competencias necesarias

58. La acci贸n concreta en el campo de las realidades temporales, seg煤n las indicaciones del Magisterio, compete principalmente a los laicos, los que deben dejarse guiar constantemente por su conciencia cristiana. Es por consiguiente obligatorio que adquieran, junto a la formaci贸n moral y espiritual, la competencia necesaria en el campo cient铆fico y pol铆tico que los capaciten para realizar una acci贸n eficaz seg煤n criterios morales rectos. Tareas no menores en importancia corresponden tambi茅n a los Pastores, que deben ayudar a los laicos a formarse una conciencia cristiana recta y a darles "luz y fuerza espirituales". Es obvio que los Pastores podr谩n cumplir con este deber espec铆fico tan solo si ellos a su vez son buenos conocedores y defensores de la doctrina social, y adquieren una sensibilidad para la acci贸n en este campo a la luz de la palabra de Dios y del ejemplo del Se帽or. Por tanto, un cuarto criterio de acci贸n es la formaci贸n para estas competencias.

Lo m谩s importante es que Pastores y fieles est谩n y se sientan unidos al participar cada uno seg煤n sus propias capacidades, preparaci贸n y funciones, en la diversidad de dones y ministerios, en la 煤nica misi贸n salv铆fica de la Iglesia. En esta visi贸n eclesiol贸gica, el deber de animar cristianamente las realidades temporales, no es delegado a los laicos por la Jerarqu铆a, sino que es connatural con su condici贸n de bautizados y confirmados. En nuestro tiempo se tiene una conciencia cada vez m谩s viva de la necesidad de la colaboraci贸n de los laicos en la misi贸n evangelizadora de la Iglesia. La Lumen gentium afirma que en ciertos lugares y en determinadas circunstancias, la Iglesia, sin ellos, no puede ser sal de la tierra y luz del mundo.

La experiencia de las realidades temporales y la experiencia de la fe

59. La identidad eclesial del laico, arraigada en el bautismo y en la confirmaci贸n, actuada a la comuni贸n y en la misi贸n, comporta una doble experiencia: la que se funda en el conocimiento de las realidades naturales, hist贸ricas y culturales de este mundo, y la que proviene de su interpretaci贸n a la luz del Evangelio. Ellas no son intercambiables: la una no puede sustituir a la otra, pero ambas encuentran la unidad en su primer fundamento, que es la Palabra de Dios, el Verbo, mediante el cual todo ha sido hecho, y en su 煤ltimo fin, que es el reino de Dios. Por tanto, un quinto criterio tocante al aspecto metodol贸gico de la acci贸n es el uso de la doble experiencia: la de las realidades temporales y la de la fe cristiana.

Este m茅todo seguido en la aplicaci贸n de la doctrina social de la Iglesia ayudar谩 a todos los cristianos y, en particular a los laicos, a dar a la realidad una m谩s justa interpretaci贸n. Actuando de este modo, podr谩n darse cuenta en qu茅 medida se encarnan en la realidad hist贸rica los valores humanos y cristianos que definen la dignidad de la persona humana; vincular los principios generales del pensamiento y de la acci贸n en el campo social a los valores que toda sociedad debe respetar siempre para resolver los problemas propios; poseer una orientaci贸n en la b煤squeda concreta de las soluciones necesarias; estimular los cambios o las transformaciones de las estructuras de la sociedad que se manifiesten insuficientes o injustas; valorar con rectitud los programas elaborados por todas las fuerzas vivas en el plano pol铆tico y cultural. De este modo, estar谩 asegurado el aut茅ntico progreso del hombre y de la sociedad en una dimensi贸n m谩s humana del desarrollo, que no prescinda del crecimiento econ贸mico, pero que tampoco se deje regir exclusivamente por 茅l.

Apertura a los dones del Esp铆ritu

60. Como ya se ha dicho, la Iglesia no ofrece su propio modelo de vida social; m谩s bien permanece abierta a una especie de pluralismo de proyectos y de hip贸tesis para la acci贸n seg煤n los carismas y dones que el Esp铆ritu concede a los laicos para el cumplimiento de su misi贸n en el 谩mbito de la familia, del trabajo, de la econom铆a, de la pol铆tica, de la cultura, de la t茅cnica, de la ecolog铆a, etc. De ello se deduce que las normas de acci贸n contenidas en la doctrina social de la Iglesia adquieren un significado particular seg煤n las caracter铆sticas espec铆ficas de la actividad a desarrollar en cada uno de estos campos. De aqu铆 un sexto criterio de acci贸n: la apertura a los carismas y a los dones del Esp铆ritu Santo en el compromiso y en las opciones cristianas en la vida social.

Pr谩ctica del amor y de la misericordia

61. La conciencia de estar llamada a ofrecer un servicio a las realidades sociales ha estado siempre presente en la Iglesia desde los primeros siglos hasta nuestros d铆as. En efecto, su historia est谩 llena de obras sociales de caridad y de asistencia, en las cuales, consideradas en su conjunto, resplandece el rostro de una comunidad pobre y misericordiosa, toda ella dispuesta a poner en pr谩ctica el "serm贸n de la monta帽a".

Los testimonios de esta conciencia pastoral son innumerables en los Papas, maestros de doctrina social. En sus documentos exhortan a mejorar las condiciones de los obreros y promueven experiencias en este sentido, recomiendan practicar la caridad, armoniz谩ndola con la justicia, extienden la acci贸n a todo el 谩mbito temporal; exigen que la declaraci贸n de los principios, la declaraci贸n de las intenciones y la denuncia de las injusticias vayan acompa帽adas de una acci贸n efectiva y responsable, recuerdan que una prueba de la constante atenci贸n de la Iglesia a la cuesti贸n social son, no s贸lo los documentos del Magisterio -conciliar, pontificio, episcopal- sino tambi茅n las actividades de los diversos centros de pensamiento y de acci贸n, y las iniciativas concretas de apostolado social en las Iglesias particulares y en el campo internacional; invitan al clero, a los religiosos y a los laicos a comprometerse en los "diversos sectores, obras y servicios" de la pastoral social".

De esta conciencia social nace un 煤ltimo criterio de acci贸n que debe estar presente en todos los citados anteriormente: la pr谩ctica del mandamiento del amor y de la misericordia en todo aquello que, seg煤n el esp铆ritu del Evangelio, concede la prioridad a los pobres. Tal prioridad, atestiguada por toda la tradici贸n de la Iglesia, ha sido recalcada con fuerza por la Sollicitudo rei socialis. En el documento pontificio se lee, en efecto, que "hoy, vista la dimensi贸n mundial que ha adquirido la cuesti贸n social, este amor preferencial, con las decisiones que nos inspira, no puede dejar de abarcar a las inmensas muchedumbres de hambrientos, mendigos, sin techo, sin cuidados m茅dicos y, sobre todo, sin esperanza de un futuro mejor: no se puede olvidar la existencia de estas realidades. Ignorarlas significar铆a parecernos al "rico epul贸n", que fing铆a no conocer al mendigo L谩zaro, postrado a su puerta".

Relaci贸n entre doctrina social y praxis cristiana

62. En la conciencia de la Iglesia es evidente el v铆nculo de uni贸n esencial entre la doctrina social y la praxis cristiana en los sectores, en las obras y en los servicios con los que se trata de poner en pr谩ctica los principios y las normas. En particular, la pastoral presupone la doctrina social y 茅sta conduce a la acci贸n pastoral como parte privilegiada de la praxis cristiana. la presencia y el di谩logo de la Iglesia con el mundo para tratar de resolver los complejos problemas de los hombres exige en los Pastores la competencia necesaria, y les pide, por tanto, un estudio serio de la doctrina social, acompa帽ado de la formaci贸n en la sensibilidad para la acci贸n pastoral y el apostolado. De nuevo nos encontramos ante una exigencia de programaci贸n adecuada y de buen planteamiento de la ense帽anza.

Reflexiones en el campo pol铆tico

63. El hecho de que la Iglesia ni posea ni ofrezca un modelo particular de vida social, ni est茅 comprometida con ning煤n sistema pol铆tico como una "v铆a" propia suya a elegir entre otros sistemas, no quiere decir que no deba formar y animar a sus fieles -especialmente a los lacios- a que tomen conciencia de su responsabilidad en la comunidad pol铆tica, y opten a favor de soluciones y, a favor de un modelo, si lo hubiere, en el que la inspiraci贸n de la fe pueda llegar a ser praxis cristiana. Las orientaciones de la doctrina social de la Iglesia para la acci贸n de los laicos son v谩lidas tanto en materia pol铆tica como en los otros campos de las realidades temporales en los que la Iglesia debe estar presente en virtud de su misi贸n evangelizadora.

La fe cristiana, en efecto, valora y estima grandemente la dimensi贸n pol铆tica de la vida humana y de las actividades en que se manifiesta. De ello se deduce que la presencia de la Iglesia en el campo pol铆tico es una exigencia de la fe misma, a la luz de la realeza de Cristo, que lleva a excluir la separaci贸n entre la fe y la diva diaria, "uno de los errores m谩s graves de nuestra 茅poca". Sin embargo, evangelizar la totalidad de la existencia humana, inclu铆da su dimensi贸n pol铆tica, no significa negar la autonom铆a de la realidad pol铆tica, ni de la econom铆a, de la cultura, de la t茅cnica, etc., cada una en su propio campo.

Para comprender esta presencia de la Iglesia, es bueno distinguir los "dos conceptos: pol铆tica y compromiso pol铆tico". En lo que se refiere al primer concepto, la Iglesia puede y debe juzgar los comportamientos pol铆ticos no s贸lo cuando rozan la esfera religiosa, sino tambi茅n en todo lo que mira a la dignidad y a los derechos fundamentales del hombre, a bien com煤n y a la justicia social: problemas todos que tienen una dimensi贸n 茅tica considerada y valorada por la Iglesia a la luz del Evangelio, en virtud de su misi贸n de "evangelizar el orden pol铆tico" y, por esto mismo, de humanizarlo enteramente.

Se trata de una pol铆tica entendida en su mas alto valor sapiencial, que es deber de toda la Iglesia. En cambio, el compromiso pol铆tico, en el sentido de tomar decisiones concretas, de establecer programas, de dirigir campa帽as, de ostentar representaciones populares, de ejercer el poder, es un deber que compete a los laicos, seg煤n las layes justas y las instituciones de la sociedad terrena de la que forman parte. Lo que la Iglesia pide y trata de procurar a estos hijos suyos es una conciencia recta conforme a las exigencias del propio Evangelio para obrar justa y responsablemente al servicio de la comunidad.

Los pastores y los dem谩s ministros de la Iglesia, para conservar mejor su libertar en la evangelizaci贸n de la realidad pol铆tica, se mantendr谩n al margen de los diversos partidos o grupos que pudieran crear divisiones o comprometer la eficacia del apostolado, y menos a煤n, les dar谩n apoyos preferentes, a no ser que en "circunstancias concretas" lo exija el bien de la comunidad.

Signo de la presencia del Reino

64. En el cuadro de valores, de principios y de orientaciones que se ha presentado aparece que la acci贸n social de la Iglesia, iluminada por el Evangelio, es un signo de la presencia del Reino de Dios en el mundo, en cuanto que proclama las exigencias de este Reino en la historia y en la vida de los pueblos como fundamento de una sociedad nueva; en cuanto que denuncia todo lo que atenta contra la vid ay la dignidad de la persona en las actitudes, en las estructuras y en los sistemas sociales; en cuanto que promueve la integraci贸n total de todos en la sociedad como exigencia 茅tica del mensaje evang茅lico de justicia, de solidaridad y de amor.

Es una acci贸n pastoral cumplida mediante la Palabra que transforma la conciencia de los hombres; mediante la elaboraci贸n y la difusi贸n de una doctrina social dirigida a despertar la atenci贸n y a suscitar la sensibilidad de todos, especialmente de la juventud sobre los problemas sociales y sobre la exigencia evang茅lica del compromiso por la justicia en favor de los pobres y de todos los que sufren; en fin, mediante una acci贸n pronta y generosa que busque c贸mo responder a los muchos problemas concretos que hacen m谩s dif铆cil la vida de las personas y de la sociedad. As铆, la Palabra ilumina la conciencia y las obras encarnan la Palabra.

Conclusiones sobre el significado y sobre el dinamismo de la doctrina social

65. Del examen de la naturaleza y de la dimensi贸n hist贸rica de la doctrina social de la Iglesia y de sus elementos constitutivos, como son los principios fundamentales, los criterios de juicio y las orientaciones de acci贸n, se obtiene la convicci贸n de que ella, aunque constituyendo ya un "patrimonio rico y complejo" suficientemente delineado y consolidado, todav铆a tiene ante s铆 muchas etapas que recorrer, seg煤n el dinamismo del desarrollo de la sociedad humana en la historia.

Por esta su raz贸n de ser, la doctrina social, aun siendo dif铆cil de definir en t茅rminos estrictamente escol谩sticos, en los p谩rrafos anteriores, se perfila, al manos en sus l铆neas esenciales, con suficiente claridad, present谩ndose primeramente como "parte integrante del concepto cristiano de la vida". En efecto, se ha visto que su incidencia en el mundo no es marginal, sino decisiva, en cuanto acci贸n de la Iglesia, "fermento", "sal de la tierra", "semilla" y "luz" de la humanidad.

En virtud de estos supuesto, el Magisterio de la Iglesia -papal, conciliar, episcopal- con la aportaci贸n del estudio y de la experiencia de toda la comunidad cristiana, elabora, articulala y expone esta doctrina como un conjunto de ense帽anzas ofrecidas no s贸lo a los creyentes, sino tambi茅n a todos los hombres de buena voluntad, para iluminar con el Evangelio el camino com煤n hacia el desarrollo y la liberaci贸n integral del hombre.

VI. LA FORMACI脫N

Finalidad del documento

66. Las orientaciones dadas en la exposici贸n precedente est谩n destinadas a los que tienen el deber y la responsabilidad de la formaci贸n de los candidatos al sacerdocio y de los estudiantes de los diversos Institutos teol贸gicos. Est谩n preparadas con el fin de facilitar y estimular la labor formativa en el campo de la doctrina social; por lo tanto, no cabe ninguna duda que los profesores sabr谩n aprovecharse de ellas para un buen planteamiento de los contenidos y de los m茅todos de ense帽anza. la finalidad del documento es, en efecto, hacer evidente los puntos que son fundamentales en el estudio de esta disciplina y, por consiguiente, indispensables para una s贸lida formaci贸n teol贸gica y pastoral de los futuros sacerdotes.

Se considera, por tanto, oportuno dedicar el presenta cap铆tulo a indicaciones concretas que promuevan la preparaci贸n espec铆fica de los profesores, y estructuren mejor la formaci贸n de los alumnos.

Formaci贸n de los profesores

Formacion teol贸gica, cient铆fica y pastoral

67. No es menester insistir sobre el hecho de que la buena acogida a la doctrina social de la Iglesia por parte de los estudiantes depende, en gran medida, de la competencia y del m茅todo de ense帽anza de los profesores. La adquisici贸n de estas cualidades exige de su parte una gran preparaci贸n que no puede ser garantizada s贸lo por alg煤n curso de doctrina social seguido en el conjunto de los estudios filos贸ficos y teol贸gicos.

Por esto, los obispos y los superiores de los Centros de formaci贸n eclesi谩sticos tienen la grave responsabilidad de enviar alg煤n alumno, capaz e interesado, a la Facultad de Ciencias Sociales o a otros Institutos superiores afines, aprobados por la autoridad eclesi谩stica, para poder disponer as铆 de profesores dotados de una formaci贸n cient铆fica adecuada. la Iglesia desea que tales profesores, a los que se conf铆a la formaci贸n del clero, sean elegidos entre los mejores y posean una doctrina s贸lida y una conveniente experiencia pastoral, unidas a una buena formaci贸n espiritual y pedag贸gica.

Adem谩s, se debe tener presente, que para ense帽ar la doctrina social no es suficiente el solo conocimiento de los respectivos documentos del Magisterio. es preciso que los profesores posean una amplia y profunda formaci贸n teol贸gica, sean competentes en moral social y conozcan al menos los elementos fundamentales de las ciencias sociales modernas. Igualmente es menester promover su estrecha colaboraci贸n con los profesores de moral, de dogm谩tica y de pastoral para garantizar la coherencia, la unidad y la solidez de la ense帽anza, a fin de permitir a los alumnos tener una visi贸n sint茅tica de la teolog铆a y de la pastoral. Es preciso conseguir, tambi茅n, que la formaci贸n doctrinal y la formaci贸n pastoral vayan estrechamente unidad a la espiritual.

Funci贸n de las ciencias sociales

68. Como ya se ha indicado anteriormente (nn. ), la doctrina social de la Iglesia no puede prescindir de las ciencias sociales si quiere permanecer en contacto con la vida de la sociedad e incidir efectivamente sobre la realidad pastoral. Por esta raz贸n se recomienda vivamente a los profesores de doctrina social se interesen por la buena preparaci贸n pastoral de los candidatos al sacerdocio teniendo presente que, en la ense帽anza, no pueden limitarse "simplemente a recordar los principios generales", sino que deben preocuparse por desarrollarlos "mediante una reflexi贸n madurada al contacto con las situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovaci贸n". De ello se sigue que es deber suyo iniciar a los alumnos en el uso de los medios que ofrecen las ciencias humanas, seg煤n las normas de la Iglesia.

Las ciencias humanas, en efecto, son instrumento importante para evaluar las situaciones que cambien, y establecer un di谩logo con el mundo y con los hombres de cualquier opini贸n. Ellas ofrecen a la ense帽anza social el contexto emp铆rico en el que los principios fundamentales pueden y deben aplicarse; ponen a disposici贸n abundante material para el an谩lisis, para la valoraci贸n y para el juicio de las situaciones y de las estructuras sociales; ayudan a orientarse en las opciones pr谩cticas concretas. Sin duda, en el estudio y en el inter茅s por las ciencias sociales se deber谩 evitar el peligro de caer en las trampas de las ideolog铆as que manipulan la interpretaci贸n de los datos, o en el positivismo que supervalora los datos emp铆ricos en perjuicio de la comprensi贸n global del hombre y del mundo.

Formaci贸n permanente

69. Es un hecho evidente que la realidad social y las ciencias que la interpretan est谩n sujetas a continuos y r谩pidos cambios. Por esta raz贸n es particularmente necesaria la formaci贸n permanente de los profesores que garantice su continua actualizaci贸n. La falta de un contacto estrecho con los nuevos problemas y los nuevos rumbos a nivel nacional, internacional y mundial, as铆 como con los nuevos desarrollos de la doctrina social de la Iglesia, puede privar a su ense帽anza de inter茅s y de capacidad formativa.

Experiencia pastoral

70. Para que los profesores puedan ense帽ar la doctrina social no como una teor铆a abstracta sino como una doctrina dirigida a la acci贸n concreta, les ser谩 util铆sima la experiencia pastoral directa. Ser谩 una experiencia distinta seg煤n los lugares, las situaciones, las posibilidades y las preferencias de cada uno, pero elegida y planteada siempre de manera tal, que favorezca la concreci贸n, la validez y el inter茅s de la ense帽anza.

La formaci贸n de los alumnos

Instrucci贸n pastoral

71. En el esp铆ritu del Concilio Vaticano II y del Derecho Can贸nico, la competencia para el ministerio pastoral de los candidatos al sacerdocio se alcanza mediante una formaci贸n integral, atenta a hacer desarrollar todos los aspectos de la personalidad sacerdotal: humanos, espirituales, teol贸gicos y pastorales. An谩logo razonamiento se puede hacer para la preparaci贸n de los laicos al apostolado.

A este prop贸sito se debe recordar que aun siendo verdad que toda la formaci贸n tiene una finalidad pastoral, sin embargo, es necesario prever para todos una formaci贸n espec铆ficamente pastoral, que tenga en cuenta tambi茅n la doctrina social de la Iglesia.

72. En el 谩mbito de esta formaci贸n, que sin duda pide e incluye, como se ha dicho, una preparaci贸n teol贸gica adecuada para el anuncio de la Palabra seg煤n las exigencias de las personas, de los lugares y de los tiempos, y para el di谩logo de la Iglesia con el mundo, es menester despertar en los alumnos el inter茅s y la sensibilidad por la doctrina y la pastoral sociales de la Iglesia. En este sentido el C贸digo habla de la necesidad de educar a los futuros sacerdotes para el "di谩logo con las personas", y de sensibilizarlos para con "los deberes sociales" que corresponden a la Iglesia.

Curso de doctrina social

73. En cuanto al espacio que se debe reservar a la doctrina social en la programaci贸n de los estudios en los Centros de formaci贸n eclesi谩stica, se ve claro que, conforme a cuanto se ha dicho, no es suficiente con incluirla como lecciones facultativas en los cursos de filosof铆a y de teolog铆a, sino que es indispensable programar cursos obligatorios con entidad propia para esta disciplina.

Cu谩n sea el momento m谩s oportuno para este estudio, depende de la programaci贸n escolar de los diversos Centros e Institutos de formaci贸n. Tal vez puede ser 煤til situar los cursos a lo largo de toda la formaci贸n de los alumnos. Esta soluci贸n asegurar铆a la continuidad necesaria y la adquisici贸n gradual de los conocimientos y permitir铆a comprender mejor las nociones de filosof铆a social y de teolog铆a presentes en los diversos documentos. En todo caso, es indispensable que durante la formaci贸n se garantice el conocimiento de las grandes enc铆clicas sociales.

Estas deben ser materia de cursos especiales y figurar como lectura obligatoria para los estudiantes. Su estudio deber谩 tener en cuenta el contexto cultural en que fueron escritas, los principios teol贸gicos y filos贸ficos en que se basa, su relaci贸n con las ciencias sociales y su sentido en las circunstancias actuales. Adem谩s, en conexi贸n con los documentos de la Iglesia universal, se deber谩n estudiar tambi茅n los problemas sociales de las Iglesias particulares y locales.

Fundamento filos贸fico-teol贸gico

74. Adem谩s de la sensibilizaci贸n pastoral por los problemas sociales, es preciso dar a los alumnos un fundamento filos贸fico-teol贸gico s贸lido sobre los principios de la doctrina social y sobre sus relaciones interdisciplinares. Esta es de particular importancia en la situaci贸n actual de "di谩logo con el mundo" que vive la Iglesia, poniendo en pr谩ctica las orientaciones del Concilio Vaticano II. En efecto, tanto los sacerdotes como los laicos comprometidos en el apostolado social son interpelados frecuentemente por ideolog铆as radicales y totalitarias tanto colectivistas como individualistas, por tendencias secularizantes, cuando no por un secularismo extra帽o al esp铆ritu cristiano.

El mensaje aut茅ntico e integral de Cristo

75. Como ya se ha dicho, la formaci贸n teol贸gico-pastoral y espiritual de todos los que quieren dedicarse a la actividad social lleva consigo la sensibilizaci贸n por los diversos problemas de la sociedad y la costumbre de valorar con criterios de la doctrina social de la Iglesia las situaciones, las estructuras y los sistemas econ贸micos, sociales y pol铆ticos. COmporta, tambi茅n, una preparaci贸n espec铆fica para poder actuar adecuadamente en los varios niveles y sectores de la actividad humana.

Pero por encima de todo, tal formaci贸n requiere que los laicos y los aspirantes al sacerdocio tomen conciencia de deber dar con su actuaci贸n testimonio de Cristo en medio del mundo. En particular, los obispos y los sacerdotes est谩n llamados a predicar el mensaje de Cristo de tal modo, que toda la actividad temporal de los hombres permanezca impregnada de la luz del Evangelio. Ciertamente, la aportaci贸n esencial de la Iglesia en el campo social es siempre al anuncio 铆ntegro del Evangelio; anuncio que por otra parte presta gran atenci贸n a los problemas sociales.

La interpretaci贸n y aplicaci贸n del Evangelio a la realidad del hombre de hoy es, pues, esencial en la formaci贸n teol贸gica e interdisciplinar de los alumnos y tiene un valor determinante para la eficacia de la pastoral. En esta formaci贸n el testimonio de vida, la predicaci贸n y la acci贸n no se pueden separa, ya que est谩n unidos en la persona misma de Jes煤s, en el Evangelio y en la tradici贸n de la Iglesia.

Primeras experiencias pastorales

76. Durante el per铆odo de formaci贸n, se recomienda iniciar a los alumnos en experiencias de car谩cter pastoral y social que les pongan en contacto directo con los problemas estudiados, como ya se viene haciendo con resultados positivos en algunos pa铆ses. En esta formaci贸n importa mucho que los alumnos sean plenamente conscientes del papel espec铆ficamente sacerdotal en la acci贸n social, subrayado de manera especial en estos 煤ltimos a帽os en diversas ocasiones por el Magisterio de la Iglesia universal y de las Iglesias particulares. Son muy aconsejables las visitas y el di谩logo de los estudiantes, acompa帽ados de sus profesores, con el mundo del trabajo -empresarios, obreros, sindicatos-, con las organizaciones sociales y con los sectores marginados.

Deber del sacerdote respecto a los laicos

77. Forman parte de la formaci贸n para la pastoral social el instruir a los alumnos sobre el deber y sobre el m茅todo que se debe seguir para hacer que los laicos sean cada vez m谩s conscientes de su misi贸n y de su responsabilidad en el campo social. En esta perspectiva, la tarea del sacerdote es la de ayudar a los laicos a ser conscientes de su deber, de formarles tanto espiritual como doctrinalmente, acompa帽arles en la acci贸n social, participar en sus fatigas y sufrimientos, reconocer la funci贸n importante que tienen sus organizaciones tanto en el plano apost贸lico como en el del compromiso social, y darles ejemplo de una profunda sensibilidad social. La eficacia del mensaje cristiano adem谩s de depender de la acci贸n del Esp铆ritu Santo, depende del estilo de vida y del ejemplo pastoral del sacerdote que, sirviendo evang茅licamente a los hombres, manifiesta el verdadero rostro de la Iglesia.

CONCLUSI脫N

78. En fin, la Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica, al confiar el presente documento a los Excmos. Obispos y a los diversos Institutos de estudios teol贸gicos, desea que pueda prestarles una ayuda v谩lida y una segura orientaci贸n para la ense帽anza de la doctrina social de la Iglesia. Dicha ense帽anza, si se imparte correctamente, 9infundir谩, sin ninguna duda, nuevo impulso apost贸lico a los futuros sacerdotes y a los dem谩s encargados de la pastoral, marc谩ndoles un camino seguro para una acci贸n pastoral eficaz. En consideraci贸n a las m煤ltiples necesidades espirituales y materiales de la sociedad actual, se帽aladas en tantas ocasiones por el Sumo Pont铆fice Juan Pablo II, no resta otra cosa que desear sino que todo candidato al sacerdocio llegue a ser mensajero competente y responsable de esta expresi贸n moderna de la predicaci贸n evang茅lica que es la 煤nica en condiciones de proponer remedios eficaces a los males de nuestra 茅poca, y de contribuir, de este modo, a la salvaci贸n del mundo.

Corresponde a los Excmos. Obispos y a los responsables de los Institutos de formaci贸n sacerdotal procurar que todos los medios que estas orientaciones debidamente explicadas e integradas en los programas formativos, produzcan aquel renovado vigor en la preparaci贸n doctrinal y pastoral, que hoy es esperado en todas partes y responde a nuestros comunes deseos.

Roma, Palacio de la Congregaci贸n a 30 de diciembre de 1988

WILLIAM CARD. BAUM Prefecto

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