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S.S. P铆o XI, Divinus Illius Magistri
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Divini Illius Magistri

Carta enc铆clica de S.S. P铆o XI sobre la educaci贸n cristiana de la juventud

1.

Representante, en la tierra, de aquel Divino Maestro que, sin dejar de abrazar en la inmensidad de su amor a todos los hombres, aunque pecadores e indignos, mostr贸, sin embargo, predilecci贸n y ternura especial铆sima hacia los ni帽os y se expres贸 con aquellas palabras tan conmovedoras: Dejad que vengan a M铆 los ni帽os 1 , tambi茅n Nos hemos procurado en todas las ocasiones mostrar la predilecci贸n verdaderamente paternal que les profesamos, particularmente en los cuidados asiduos y oportunas ense帽anzas que se refieren a la educaci贸n cristiana de la juventud.

La educaci贸n cristiana

2.

As铆, haci茅ndonos eco del Divino Maestro, hemos dirigido palabras saludables, ya de aviso, ya de exhortaci贸n, ya de direcci贸n, a los j贸venes y a los educadores, y a los padres y madres de familia, sobre varios puntos referentes a la educaci贸n cristiana, con aquella solicitud que conviene al Padre com煤n de todos los fieles, y con aquella insistencia oportuna y aun importuna que el oficio pastoral requiere, inculcada por el Ap贸stol: Insiste con ocasi贸n y sin ella, reprende, ruega, exhorta con toda paciencia y doctrina 2 , reclamada por nuestros tiempos, en los cuales, desgraciadamente, se deplora una falta tan grande de principios claros y sanos, aun en los problemas m谩s fundamentales.

3.

Pero la misma condici贸n general ya indicada de los tiempos, el diverso modo con que hoy se plantea el problema escolar y pedag贸gico en los diferentes pa铆ses, y el consiguiente deseo manifestado a Nos con filial confianza por muchos de vosotros y de vuestros fieles, Venerables Hermanos, y Nuestro afecto tan intenso, como dijimos, hacia la juventud, Nos mueven a volver m谩s de prop贸sito sobre la misma materia, si no para tratarla con toda su amplitud, casi inagotable en la teor铆a y en la pr谩ctica, a lo menos para resumir sus principios supremos, establecer con toda claridad sus principales conclusiones e indicar sus aplicaciones pr谩cticas.

Sea 茅ste el recuerdo que de Nuestro jubileo sacerdotal, con intenci贸n y afecto muy particular, dedicamos a los amados j贸venes y recomendamos a cuantos tienen la misi贸n y el deber de ocuparse de su educaci贸n.

4.

En verdad que nunca como en los tiempos presentes se ha hablado tanto de educaci贸n; por esto se multiplican los maestros de nuevas teor铆as pedag贸gicas, se inventan, proponen y discuten m茅todos y medios, no s贸lo para facilitar, sino para crear una educaci贸n nueva de infalible eficacia, capaz de formar las nuevas generaciones para la ansiada felicidad en la tierra.

Y es que los hombres, creados por Dios a su imagen y semejanza, y destinados para Dios, perfecci贸n infinita, al advertir, hoy m谩s que nunca en medio de la abundancia del moderno progreso material, la insuficiencia de los bienes terrenos para la verdadera felicidad de los individuos y de los pueblos, sienten por lo mismo en s铆 m谩s vivo el est铆mulo hacia una perfecci贸n m谩s alta, arraigado en su misma naturaleza racional por el Creador, y quieren conseguirla principalmente por la educaci贸n. S贸lo que muchos de entre ellos, como insistiendo con exceso en el sentido etimol贸gico de la palabra, pretenden sacarla de la misma naturaleza humana y realizarla con solas sus fuerzas. Y en esto ciertamente yerran, pues en vez de dirigir la mirada a Dios, primer principio y 煤ltimo fin de todo el universo, se repliegan y descansan en s铆 mismos, apeg谩ndose exclusivamente a lo terreno y temporal; por eso ser谩 continua e incesante su agitaci贸n mientras no dirijan sus pensamientos y sus obras a la 煤nica meta de la perfecci贸n, a Dios, seg煤n la profunda sentencia de San Agust铆n: Nos hiciste, Se帽or, para Ti, y nuestro coraz贸n est谩 inquieto hasta que descanse en Ti 3 .

Su esencia e importancia

5.

Es, por lo tanto, de suma importancia no errar en la educaci贸n, como no errar en la direcci贸n hacia el fin 煤ltimo, con el cual est谩 铆ntima y necesariamente ligada toda la obra de la educaci贸n. En efecto, puesto que la educaci贸n esencialmente consiste en la formaci贸n del hombre tal cual debe ser y como debe portarse en esta vida terrenal, a fin de conseguir el fin sublime para el cual fue creado, es evidente que, como no puede existir educaci贸n verdadera que no est茅 totalmente ordenada al fin 煤ltimo, as铆, en el orden actual de la Providencia, o sea despu茅s que Dios se nos ha revelado en su Unig茅nito Hijo, 煤nico que es camino, verdad y vida, no puede existir educaci贸n completa y perfecta si la educaci贸n no es cristiana.

6.

De donde queda manifiesta la importancia suprema de la educaci贸n cristiana, no s贸lo para los individuos, sino tambi茅n para las familias y toda la sociedad humana, pues la perfecci贸n de 茅sta no puede menos de resultar de la perfecci贸n de los elementos que la componen. E igualmente de los principios indicados resulta clara y manifiesta la excelencia, que puede con verdad llamarse insuperable, de la causa de la educaci贸n cristiana, pues, bien examinada, tiende a asegurar la consecuci贸n del Bien Sumo, Dios, para las almas de los educandos y el m谩ximo bienestar posible en esta tierra para la sociedad humana. Y esto en la mejor manera realizable por parte del hombre, cooperando con Dios al perfeccionamiento de los individuos y de la sociedad, pues la educaci贸n imprime en los 谩nimos la primera, la m谩s potente y la m谩s duradera direcci贸n de la vida, seg煤n la conocid铆sima sentencia del sabio:

La senda por la cual comenz贸 el joven a andar desde un principio, esa misma seguir谩 tambi茅n cuando viejo 4 .

Por eso dec铆a con raz贸n San Juan Cris贸stomo:驴Qu茅 cosa hay mayor que dirigir las almas, que moldear las costumbres de los jovencitos? 5 .

7.

Pero no hay palabra que tanto nos revele la grandeza, belleza y excelencia sobrenatural de la obra de la educaci贸n cristiana como la sublime expresi贸n de amor con que Jes煤s, Se帽or nuestro, identific谩ndose con los ni帽os, declara: Cualquiera que acogiere a uno de estos ni帽os por amor m铆o, a M铆 me acoge 6 .

Divisi贸n del asunto

8.

As铆, pues, para no errar en esta obra de suma importancia y encaminarla del mejor modo que sea posible con la ayuda de la gracia divina, es menester tener una idea clara y recta de la educaci贸n cristiana en sus puntos esenciales, a saber: a qui茅n toca la misi贸n de educar, cu谩l es el sujeto de la educaci贸n, cu谩les las circunstancias necesarias del ambiente y cu谩l es el fin y la forma propia de la educaci贸n cristiana, seg煤n el orden establecido por Dios en la econom铆a de su Providencia.

I. LA MISION DE EDUCAR

En general

9.

La educaci贸n es obra necesariamente social, no solitaria. Ahora bien; tres son las sociedades necesarias, distintas, pero arm贸nicamente unidas por Dios, en el seno de las cuales nace el hombre: dos sociedades de orden natural, es decir, la familia y la sociedad civil; la tercera, la Iglesia, de orden sobrenatural.

Ante todo, la familia, instituida inmediatamente por Dios para un fin suyo propio, que es la procreaci贸n y educaci贸n de la prole, sociedad que por esto tiene prioridad de naturaleza y, consiguientemente, cierta prioridad de derechos respecto a la sociedad civil.

Sin embargo, la familia es sociedad imperfecta, porque no tiene en s铆 todos los medios para su propio perfeccionamiento; mientras la sociedad civil es sociedad perfecta, pues encierra en s铆 todos los medios para su propio fin, que es el bien com煤n temporal; de donde se sigue que bajo este respecto, o sea en orden al bien com煤n, la sociedad civil tiene preeminencia sobre la familia, que alcanza precisamente en aqu茅lla su conveniente perfecci贸n temporal.

La tercera sociedad, en la cual nace el hombre, por medio del Bautismo, a la vida divina de la Gracia, es la Iglesia, sociedad de orden sobrenatural y universal, sociedad perfecta, porque contiene en s铆 todos los medios para su fin, que es la salvaci贸n eterna de los hombres; y, por lo tanto, es suprema en su orden.

Por consiguiente, la educaci贸n que abarca a todo el hombre, individual y socialmente, en el orden de la naturaleza y en el de la gracia, pertenece a estas tres sociedades necesarias, en una medida proporcional y correspondiente a la coordinaci贸n de sus respectivos fines, seg煤n el orden actual de la providencia establecido por Dios.

En particular, a la Iglesia

10.

Y, ante todo, pertenece de un modo supereminente a la Iglesia la educaci贸n, por dos t铆tulos de orden sobrenatural, exclusivamente concedidos a Ella por el mismo Dios, y por esto absolutamente superiores a cualquier otro t铆tulo de orden natural.

a) De un modo supereminente

驴Expresa misi贸n y autoridad suprema del magisterio que le dio su Divino Fundador: A M铆 se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues, e instruid a todas las naciones, bautiz谩ndolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp铆ritu Santo; ense帽谩ndolas a observar todas las cosas que yo os he mandado. Y estad ciertos que yo estar茅 siempre con vosotros hasta la consumaci贸n de los siglos 7 . Y Cristo a este Magisterio confiri贸 la infabilidad junto con el mandato de ense帽ar su doctrina; por lo tanto, la Iglesia ha sido constituida, por su Divino Autor, columna y fundamento de la verdad para que ense帽e a todos los hombres la fe divina, y custodie 铆ntegro e inviolable su dep贸sito a ella confiado, y dirija e informe a los hombres y a sus asociaciones y acciones en honestidad de costumbres e integridad de vida, seg煤n la norma de la doctrina revelada 8 .

b) Por su maternidad sobrenatural

11.

El segundo t铆tulo es la maternidad sobrenatural con que la Iglesia, Esposa Inmaculada de Cristo, engendra, alimenta y educa las almas en la vida divina de la Gracia, con sus Sacramentos y su ense帽anza. Con raz贸n, pues, afirma San Agust铆n: No tendr谩 a Dios por padre el que rehusare tener a la Iglesia por madre 9 .

Por lo tanto, en el objeto propio de su misi贸n educativa, es decir, en la fe e instituci贸n de costumbres, el mismo Dios ha hecho a la Iglesia part铆cipe del divino magisterio y, por beneficio divino, inmune del error; por lo cual es maestra, suprema y segur铆sima, de los hombres y lleva en s铆 misma arraigado el derecho inviolable a la libertad de magisterio 10 . As铆, por necesaria consecuencia, la Iglesia es independiente de cualquier potestad terrena, tanto en el origen como en el ejercicio de su misi贸n educativa, no s贸lo respecto a su objeto propio, sino tambi茅n respecto a los medios necesarios y convenientes para cumplirla. Por esto, con relaci贸n a toda otra disciplina y ense帽anza humana, que en s铆 considerada es patrimonio de todos, individuos y sociedades, la Iglesia tiene derecho independiente de emplearlas y principalmente de juzgarlas en todo cuanto pueda ser provechoso o contrario a la educaci贸n cristiana. Y esto, ya porque la Iglesia, como sociedad perfecta, tiene derecho independiente a los medios que emplea para su fin, ya porque toda ense帽anza, lo mismo que toda acci贸n humana, tiene necesaria relaci贸n de dependencia con el fin 煤ltimo del hombre, y, por lo tanto, no puede sustraerse a las normas de la ley divina, de la cual es guarda, int茅rprete y maestra infalible la Iglesia.

Lo cual, con luminosas palabras, declara P铆o X, de s. m.: En cualquier cosa que haga el cristiano, aun en el orden de las cosas terrenas no le es l铆cito descuidar los bienes sobrenaturales, antes al contrario, seg煤n los preceptos de la sabidur铆a cristiana, debe dirigir todas las cosas al bien supremo como a un 煤ltimo fin; adem谩s, todas sus acciones, en cuanto son buenas o malas en orden a las costumbres, o sea en cuanto est谩n conformes o no con el derecho natural y divino, est谩n sometidas al juicio y jurisdicci贸n de la Iglesia 11 .

Y es digno de notarse cu谩n bien ha sabido entender y expresar esta doctrina cat贸lica fundamental un seglar, tan admirable escritor como profundo y concienzudo pensador: La Iglesia no dice que la moral pertenezca puramente (en el sentido de exclusivamente) a ella, sino que pertenece a ella totalmente. Jam谩s ha pretendido que, fuera de su seno, y sin su ense帽anza, el hombre no pueda conocer verdad alguna moral; antes bien, ha reprobado tal opini贸n m谩s de una vez, porque ha aparecido en m谩s de una forma. Dice, por cierto, como ha dicho y dir谩 siempre, que, por la instituci贸n recibida de Jesucristo y por el Esp铆ritu Santo que el Padre le envi贸 en su nombre, ella sola posee originaria e inadmisiblemente la verdad moral toda entera (omnem veritatem), en la cual todas las verdades particulares de la moral est谩n comprendidas, tanto las que el hombre puede alcanzar con el simple medio de la raz贸n, como las que forman parte de la revelaci贸n, o se pueden deducir de 茅sta 12 .

c) Con derecho inalienable

12.

As铆, pues, con pleno derecho, la Iglesia promueve las letras, las ciencias y las artes en cuanto son necesarias o 煤tiles para la educaci贸n cristiana y adem谩s para toda su obra de la salvaci贸n de las almas, aun fundando y manteniendo escuelas e instituciones propias en toda disciplina y en todo grado de cultura 13 . Ni se ha de estimar como ajena a su Magisterio maternal la misma educaci贸n, que llaman f铆sica, precisamente porque 茅sta tiene raz贸n de medio que puede ayudar o da帽ar a la educaci贸n cristiana.

Esta obra de la Iglesia en todo g茅nero de cultura, as铆 como cede en inmenso provecho de las familias y de las naciones, que sin Cristo se pierden, pues justamente observa San Hilario:驴Qu茅 hay m谩s peligroso para el mundo que no acoger a Cristo? 14 , as铆 no causa el menor inconveniente a las ordenaciones civiles, porque la Iglesia, con su maternal prudencia, no se opone a que sus escuelas e instituciones educativas para seglares se conformen en cada naci贸n con las leg铆timas disposiciones de la autoridad civil, y aun est谩 en todo caso dispuesta a ponerse de acuerdo con 茅sta y a resolver amistosamente las dificultades que pudieran surgir.

13.

Adem谩s, es derecho inalienable de la Iglesia, y a la vez deber suyo indispensable, vigilar toda la educaci贸n de sus hijos, los fieles, en cualquier instituci贸n, p煤blica o privada, no s贸lo en lo referente a la ense帽anza religiosa all铆 dada, sino tambi茅n en toda otra disciplina y en todo plan cualquiera, en cuanto se refieren a la religi贸n y a la moral 15 .

Ni el ejercicio de este derecho podr谩 estimarse como injerencia indebida, sino como preciosa providencia maternal de la Iglesia, para preservar a sus hijos de los graves peligros de todo veneno doctrinal y moral. Adem谩s, esta vigilancia de la Iglesia, como no puede crear ning煤n inconveniente verdadero, tampoco dejar谩 de reportar eficaz auxilio al orden y bienestar de las familias y de la sociedad civil, manteniendo a la juventud alejada de aquel veneno moral, que en esa edad inexperta y tornadiza suele tener m谩s f谩cil entrada y pasar m谩s r谩pidamente a la pr谩ctica.

Pues sin una recta formaci贸n religiosa y moral 鈥攃omo sabiamente advierte Le贸n XIII鈥�toda la cultura de las almas ser谩 malsana: los j贸venes, no habituados al respeto de Dios, no podr谩n soportar norma alguna de honesto vivir, y sin 谩nimo para negar nada a sus deseos, f谩cilmente se ver谩n inducidos a trastornar los Estados 16 .

14.

En cuanto a la extensi贸n de la misi贸n educativa de la Iglesia, ella comprende a todas las gentes, sin l铆mite alguno, seg煤n el mandato de Cristo: Ense帽ad a todas las gentes 17 ; y no hay potestad terrena que pueda leg铆timamente disputar o impedir su derecho. Primeramente se extiende a todos los fieles, cuyo cuidado tiene sol铆cita como Madre la m谩s tierna. Por esta raz贸n, para ellos ha creado y fomentado en todos los siglos una ingente muchedumbre de escuelas e instituciones en todos los ramos del saber: porque 鈥攃omo dijimos en ocasi贸n reciente鈥� "hasta en aquel lejano tiempo medieval, en el que eran tan numerosos (alguno ha llegado a decir que hasta excesivamente numerosos) los monasterios, los conventos, las iglesias, las colegiatas, los cabildos catedrales y no catedrales, junto a cada una de esas instituciones hab铆a un hogar escolar, un hogar de instrucci贸n y educaci贸n cristiana. Y a todo esto hay que a帽adir las Universidades todas, Universidades esparcidas por todos los pa铆ses y siempre por iniciativa y bajo la vigilancia de la Santa Sede y de la Iglesia. Aquel magn铆fico espect谩culo que ahora vemos mejor, porque est谩 m谩s cerca de nosotros y en condiciones m谩s cerca de nosotros y en condiciones m谩s grandiosas, como lo permiten las condiciones del siglo, fue el espect谩culo de todos los tiempos, y los que estudian y confrontan los hechos, quedan maravillados de cuanto supo hacer la Iglesia en este orden de cosas; maravillados del modo con que la Iglesia logr贸 corresponder a la misi贸n que Dios le hab铆a confiado de educar a las generaciones humanas en la vida cristiana, y alcanzar tantos y tan magn铆ficos frutos y resultados. Pero si causa admiraci贸n que la Iglesia haya sabido en todo tiempo reunir alrededor de s铆 centenares, millares y millones de alumnos de su misi贸n educadora, no es menor la que deber谩 sobrecogernos cuando reflexionemos sobre lo que ha llegado a hacer, no s贸lo en el campo de la educaci贸n, sino tambi茅n en el de la instrucci贸n verdadera y propiamente tal. Porque si tantos tesoros de cultura, civilizaci贸n y literatura han podido ser conservados, d茅bese a la actitud de la Iglesia que, aun en los tiempos m谩s remotos y b谩rbaros, ha sabido hacer brillar tanta luz en el campo de las letras, de la filosof铆a, del arte y particularmente de la arquitectura" 18 .

Tanto ha podido y ha sabido hacer la Iglesia, porque su misi贸n educativa se extiende aun a los no fieles, por ser todos los hombres llamados a entrar en el reino de Dios y a conseguir la eterna salvaci贸n. Como en nuestros d铆as, con sus Misiones esparce a millares las escuelas en todas las regiones y pa铆ses aun no cristianos, desde las orillas del Ganges hasta el r铆o Amarillo y las grandes islas y archipi茅lagos del Oc茅ano, desde el Continente negro hasta la Tierra del Fuego y la glacial Alaska, as铆, en todos los tiempos, la Iglesia con sus misioneros ha educado en la vida cristiana y en la civilizaci贸n a las diversas gentes que ahora forman las naciones cristianas del mundo civilizado.

Con lo cual queda con evidencia asentado, c贸mo de derecho, y aun de hecho, pertenece de manera supereminente a la Iglesia la misi贸n educativa, y c贸mo a ning煤n entendimiento libre de prejuicios se le puede ocurrir motivo alguno racional para disputar o impedir a la Iglesia una obra de cuyos ben茅ficos frutos goza ahora el mundo.

15.

Tanto m谩s cuanto que con tal supereminencia de la Iglesia no s贸lo no est谩n en oposici贸n, sino antes bien en perfecta armon铆a los derechos, ya de la familia, ya del Estado, y aun los derechos de cada uno de los individuos respecto a la justa libertad de la ciencia, de los m茅todos cient铆ficos y de toda cultura profana en general. Puesto que para apuntar, ya desde el primer momento, la raz贸n fundamental de tal armon铆a, el orden sobrenatural al cual pertenecen los derechos de la Iglesia, no s贸lo no destruye ni merma el orden natural, al cual pertenecen los otros derechos mencionados, sino que lo eleva y perfecciona, y ambos 贸rdenes se prestan mutua ayuda y como complemento respectivamente proporcionado a la naturaleza y dignidad de cada uno, precisamente porque uno y otro proceden de Dios, el cual no se puede contradecir: erfectas son las obras de Dios, y rectos todos sus caminos 19 .

Lo mismo se ver谩 m谩s claramente considerando por separado y m谩s de cerca la misi贸n educativa de la familia y del Estado.

A la familia

16.

Primeramente, con la misi贸n educativa de la Iglesia concuerda admirablemente la misi贸n educativa de la familia, porque ambas proceden de Dios de una manera muy semejante. En efecto, a la familia, en el orden natural, le comunica Dios inmediatamente la fecundidad, principio de vida y consiguientemente principio de educaci贸n para la vida, junto con la autoridad, principio de orden.

a) Derecho anterior al Estado

驴Su acostumbrada nitidez de pensamiento y precisi贸n de estilo: El padre carnal participa singularmente de la raz贸n de principio, la que de un modo universal se encuentra en Dios... El padre es principio de la generaci贸n, educaci贸n y disciplina, y de todo cuanto se refiere al perfeccionamiento de la vida humana 20 .

La familia, pues, tiene inmediatamente del Creador la misi贸n, y, por lo tanto, el derecho de educar a la prole, derecho inalienable por estar inseparablemente unido con una estricta obligaci贸n, derecho anterior a cualquier otro derecho de la sociedad civil y del Estado, y por lo mismo inviolable por parte de toda potestad terrena.

b) Inviolable

17.

Acerca de la inviolabilidad de este derecho da la raz贸n el Ang茅lico: En efecto, el hijo naturalmente es algo del padre...; as铆, pues, es de derecho natural que el hijo, antes del uso de la raz贸n, est茅 bajo el cuidado del padre. Ser铆a, pues, contra la justicia natural que el ni帽o antes del uso de la raz贸n fuese sustra铆do al cuidado de los padres o de alguna manera se dispusiera de 茅l contra la voluntad de los padres 21 . Y como l obligaci贸n del cuidado de los padres contin煤a hasta que la prole est茅 en condici贸n de proveerse a s铆 misma, perdura tambi茅n el mismo inviolable derecho educativo de los padres. Porque la naturaleza no pretende solamente la generaci贸n de la prole, sino tambi茅n su desarrollo y progreso hasta el perfecto estado del hombre en cuanto es hombre, o sea el estado de virtud 22 , dice el mismo Ang茅lico Doctor.

Por esto la sabidur铆a jur铆dica de la Iglesia se expresa as铆 en esta materia, con precisi贸n y claridad comprensiva en el C贸digo de derecho can贸nico, en el can. 1113: Los padres tienen grav铆sima obligaci贸n de procurar con todo empe帽o la educaci贸n de sus hijos, tanto la religiosa y moral como la f铆sica y la c铆vica, y de proveer tambi茅n a su bienestar temporal 23 .

En este punto es tan concorde el sentir com煤n del g茅nero humano, que se pondr铆an en abierta contradicci贸n con 茅l cuantos se atreviesen a sostener que la prole, antes que a la familia, pertenece al Estado, y que el Estado tiene sobre la educaci贸n absoluto derecho.

Es, adem谩s, insubsistente la raz贸n, que los tales aducen, de que el hombre nace ciudadano y que por ello pertenece primariamente al Estado, sin atender a que, antes de ser ciudadano, el hombre debe existir, y la existencia no la recibe del Estado, sino de los padres, como sabiamente declara Le贸n XIII: Los hijos son como algo del padre, una extensi贸n, en cierto modo, de su persona: y, si queremos hablar con propiedad, los hijos no entran a formar parte de la sociedad civil por s铆 mismos, sino a trav茅s de la familia, dentro de la cual han nacido 24 . Por lo tanto: La patria potestad es de tal naturaleza, que no puede ser extinguida ni absorbida por el Estado, como derivada que es de la misma fuente que la vida de los hombres 25 , afirma en la misma enc铆clica Le贸n XIII. De lo cual, sin embargo, no se sigue que el derecho educativo de los padres sea absoluto o desp贸tico, porque est谩 inseparablemente subordinado al fin 煤ltimo y a la ley natural y divina, como lo declara el mismo Le贸n XIII en otra memorable enc铆clica suya, de los principales deberes de los ciudadanos cristianos, donde expone as铆 en resumen el conjunto de los derechos y deberes de los padres, a quienes la misma naturaleza da el derecho de educar a sus hijos, imponi茅ndoles al mismo tiempo el deber de que la educaci贸n y ense帽anza de la ni帽ez corresponda y diga bien con el fin para el cual el Cielo les dio los hijos. A los padres toca, por lo tanto, tratar con todas sus fuerzas de rechazar todo atentado en este particular, y de conseguir a toda costa que en su mano quede el educar cristianamente, cual conviene, a sus hijos, y apartarlos cuanto m谩s lejos puedan de las escuelas donde corren peligro de que se les propine el veneno de la impiedad 26 .

Obs茅rvese, adem谩s, que el deber educativo de la familia comprende no s贸lo la educaci贸n religiosa y moral, sino tambi茅n la f铆sica y civil 27 , principalmente en cuanto tienen relaci贸n con la religi贸n y la moral.

c) Reconocido

18.

Este incontrastable derecho de la familia ha sido varias veces reconocido jur铆dicamente por las naciones que se cuidan de respetar el derecho natural en las disposiciones civiles.

As铆, para citar un ejemplo de los m谩s recientes, el Tribunal Supremo de la Rep煤blica Federal de los Estados Unidos de la Am茅rica del Norte, al resolver una important铆sima controversia, declar贸 que no compete al Estado ninguna potestad general de establecer un tipo uniforme de educaci贸n en la juventud, oblig谩ndola a recibir la instrucci贸n de las escuelas p煤blicas solamente, y a帽adi贸 la raz贸n de derecho natural: El ni帽o no es una mera criatura del Estado; quienes lo alimentan y lo dirigen tienen el derecho, junto con el alto deber, de educarlo y prepararlo para el cumplimiento de sus deberes 28 .

d) Amparado

19.

La historia testifica c贸mo, particularmente en los tiempos modernos, ha habido y hay de parte del Estado violaci贸n de los derechos conferidos por el Creador a la familia, y a la vez demuestra espl茅ndidamente c贸mo la Iglesia los ha tutelado siempre y defendido; y de hecho la mejor prueba est谩 en la especial confianza que las familias han puesto en las escuelas de la Iglesia, como escribimos en Nuestra reciente Carta al Cardenal Secretario de Estado: "La familia ha ca铆do pronto en la cuenta de que es as铆, y desde los primeros tiempos del cristianismo hasta nuestros d铆as, padres y madres, aun poco o nada creyentes, mandan y llevan por millones a sus propios hijos a los institutos educativos fundados y dirigidos por la Iglesia" 29 .

20.

Es que el instinto paterno, que viene de Dios, se orienta confiadamente hacia la Iglesia, seguro de encontrar en ella la tutela de los derechos de la familia, es decir, la concordia que Dios ha puesto en el orden de las cosas. La Iglesia, en efecto, aunque consciente como es de su divina misi贸n universal y de la obligaci贸n que todos los hombres tienen de seguir la 煤nica religi贸n verdadera, no se cansa de reivindicar para s铆 el derecho 鈥攜 de recordar a los padres el deber鈥� de hacer bautizar y educar cristianamente a los hijos de padres cat贸licos: con todo, es tan celosa de la inviolabilidad del derecho natural educativo de la familia, que no consiente, a no ser con determinadas condiciones y cautelas, que se bautice a los hijos de los infieles, o se disponga como quiera de su educaci贸n contra la voluntad de sus padres, mientras los hijos no puedan determinarse por s铆, abrazando libremente la fe 30 .

21.

Tenemos, pues, como lo declaramos en Nuestro discurso ya citado, dos hechos de alt铆sima importancia: "La Iglesia, que pone a disposici贸n de las familias su oficio de maestra y educadora, y las familias que acuden presurosas para aprovecharse de 茅l, y conf铆an sus propios hijos a la Iglesia, por centenares y millares, y estos dos hechos recuerdan y proclaman una gran verdad, important铆sima en el orden moral y social, a saber: que la misi贸n de la educaci贸n corresponde, ante todo y sobre todo, en primer lugar a la Iglesia y a la familia, y que les corresponde por derecho natural y divino, y, por lo tanto, de manera inderogable, ineluctable, insubrogable" 31 .

Al Estado

22.

De esta primac铆a de la misi贸n educativa de la Iglesia y de la familia, as铆 como resultan grand铆simas ventajas, seg煤n hemos visto, para toda la sociedad, as铆 tambi茅n ning煤n da帽o puede seguirse a los verdaderos y propios derechos del Estado respecto a la educaci贸n de los ciudadanos, conforme al orden por Dios establecido.

a) En orden al bien com煤n

驴a la sociedad civil el mismo autor de la Naturaleza, no a t铆tulo de paternidad, como a la Iglesia y a la familia, pero s铆 por la autoridad que le compete para promover el bien com煤n temporal, que es precisamente su fin propio. Por consiguiente, la educaci贸n no puede pertenecer a la sociedad civil del mismo modo que pertenece a la Iglesia y a la familia, sino de manera diversa, correspondiente a su fin propio.

b) Dos funciones

驴, el bien com煤n de orden temporal, consiste en la paz y seguridad de que las familias y cada uno de los individuos puedan gozar en el ejercicio de sus derechos, y a la vez en el mayor bienestar espiritual y material que sea posible en la vida presente, mediante la uni贸n y la coordinaci贸n de la actividad de todos. Doble es, pues, la funci贸n de la autoridad civil que reside en el Estado: proteger y promover, pero no absorber a la familia y al individuo, o suplantarlos.

23.

Por lo tanto, en orden a la educaci贸n, es derecho o, por mejor decir, deber del Estado proteger en sus leyes el derecho anterior 鈥攓ue arriba dejamos descrito鈥� de la familia en la educaci贸n cristiana de la prole, y, por consiguiente, respetar el derecho sobrenatural de la Iglesia sobre tal educaci贸n cristiana.

Igualmente toca al Estado proteger el mismo derecho en la prole, cuando llegare a faltar, f铆sica o moralmente, la obra de los padres por defecto, incapacidad o indignidad, ya que el derecho educativo de ellos, como arriba declaramos, no es absoluto o desp贸tico, sino dependiente de la ley natural y divina, y, por lo tanto, sometido a la autoridad y juicio de la Iglesia, y tambi茅n a la vigilancia y tutela jur铆dica del Estado en orden al bien com煤n, y adem谩s la familia no es sociedad perfecta que tenga en s铆 todos los medios necesarios para su perfeccionamiento. En tal caso, por lo dem谩s excepcional, el Estado no suplanta ya a la familia, sino que suple el defecto y lo remedia con medios id贸neos, siempre en conformidad con los derechos naturales de la prole y los derechos sobrenaturales de la Iglesia.

Adem谩s, en general, es derecho y deber del Estado proteger, seg煤n las normas de la recta raz贸n y de la fe, la educaci贸n moral y religiosa de la juventud, removiendo de ella las causas p煤blicas que le sean contrarias.

24.

Principalmente pertenece al Estado, en orden al bien com煤n, promover de muchas maneras la misma educaci贸n e instrucci贸n de la juventud. Ante todo y directamente, favoreciendo y ayudando a la iniciativa y acci贸n de la Iglesia y de las familias, cuya grande eficacia demuestran la historia y la experiencia. Luego, completando esta obra, donde ella no alcanza o no basta, aun por medio de escuelas e instituciones propias, porque el Estado m谩s que ning煤n otro est谩 provisto de medios, puestos a su disposici贸n para las necesidades de todos, y es justo que los emplee para provecho de aquellos mismos de quienes proceden 32 .

Adem谩s, el Estado puede exigir y, por lo tanto, procurar que todos los ciudadanos tengan el conocimiento necesario de sus deberes civiles y nacionales, y cierto grado de cultura intelectual, moral y f铆sica que el bien com煤n, atendidas las condiciones de nuestros tiempos, verdaderamente exija.

Sin embargo, claro es que en todos estos modos de promover la educaci贸n y la instrucci贸n p煤blica y privada, el Estado debe respetar los derechos innatos de la Iglesia y de la familia a la educaci贸n cristiana, adem谩s de observar la justicia distributiva. Por lo tanto, es injusto e il铆cito todo monopolio educativo o escolar, que fuerce f铆sica o moralmente a las familias a acudir a las escuelas del Estado contra los deberes de la conciencia cristiana, o aun contra sus leg铆timas preferencias.

c) Educaci贸n reservada

25.

Pero esto no quita que para la recta administraci贸n de la cosa p煤blica y para la defensa interna y externa de la paz, cosas tan necesarias para el bien com煤n, y que exigen especiales aptitudes y especial preparaci贸n, el Estado se reserve la instituci贸n y direcci贸n de escuelas preparatorias para algunos de sus cargos, y se帽aladamente para la milicia, con tal que tenga cuidado de no violar los derechos de la Iglesia y de la familia en lo que a ellas concierne. No es in煤til repetir aqu铆 en particular esta advertencia, porque en nuestros tiempos (en los que se va difundiendo un nacionalismo tan exagerado y falso como enemigo de la verdadera paz y prosperidad) se suele pasar m谩s all谩 de los justos l铆mites al ordenar militarmente la educaci贸n que llaman f铆sica de los j贸venes (y a veces de las j贸venes, contra la naturaleza misma de las cosas humanas), y aun, con frecuencia, usurpando m谩s de lo justo, en el d铆a del Se帽or, el tiempo que debe dedicarse a los deberes religiosos y al santuario de la vida familiar. No queremos, por lo dem谩s, censurar lo que puede haber de bueno en el esp铆ritu de disciplina y de leg铆timo valor en tales m茅todos, sino solamente el exceso, como, por ejemplo, el esp铆ritu de violencia, que no hay que confundir con el esp铆ritu de fortaleza ni con el noble sentimiento del valor militar en defensa de la patria y del orden p煤blico; como tambi茅n la exaltaci贸n del atletismo, que aun para la edad cl谩sica pagana se帽al贸 la degeneraci贸n y decadencia de la verdadera educaci贸n f铆sica.

26.

En general, pues, no s贸lo para la juventud, sino para todas las edades y condiciones, pertenece a la sociedad civil y al Estado la educaci贸n que puede llamarse c铆vica, la cual consiste en el arte de presentar p煤blicamente a los individuos asociados tales objetos de conocimiento racional, de imaginaci贸n y de sensaci贸n que inviten a las voluntades hacia lo honesto y las muevan con una necesidad moral ya sea en la parte positiva que presenta tales objetos, ya sea en la negativa, que impide los contrarios 33 . Esta educaci贸n c铆vica, tan amplia y m煤ltiple que comprende casi toda la obra del Estado en favor del bien com煤n, as铆 como debe conformarse con las normas de la rectitud, as铆 no puede contradecir a la doctrina de la Iglesia, divinamente constituida Maestra de dichas normas.

Relaciones entre la Iglesia y el Estado

27.

Cuanto hemos dicho hasta aqu铆 acerca de la intervenci贸n del Estado en orden a la educaci贸n, descansa sobre el fundamento solid铆simo e inmutable de la doctrina cat贸lica de civitatum constitutione christiana, tan egregiamente expuesta por Nuestro predecesor Le贸n XIII, particularmente en las enc铆clicas Immortale Dei y Sapientiae christianae, a saber:

Dios ha hecho copart铆cipes del gobierno de todo el linaje humano a dos potestades: la eclesi谩stica y la civil; 茅sta, que cuida directamente de los intereses humanos y terrenales; aqu茅lla, de los celestiales y divinos. Ambas potestades son supremas, cada una en su g茅nero; ambas tienen sus propios l铆mites dentro de los cuales act煤an, definidos por la naturaleza y fin pr贸ximo de cada una; por lo tanto, en torno a ellas, se describe como una esfera, dentro de la cual cada una dispone iure proprio. Mas como el sujeto sobre que recaen ambas potestades soberanas es uno mismo, y como, por otra parte, suele acontecer que una misma cosa pertenezca, si bien bajo diferente aspecto, a una y otra jurisdicci贸n, claro est谩 que Dios, provident铆simo, no estableci贸 aquellas dos potestades, sino despu茅s de haberlas ordenado convenientemente entre s铆. "Y aqu茅llas (las potestades), que son, est谩n ordenadas por Dios" 34 .

28.

Ahora bien: la educaci贸n de la juventud es precisamente una de esas cosas que pertenecen a la Iglesia y al Estado, aunque de diversa manera, como arriba hemos expuesto. Necesaria es, por lo tanto 鈥攑rosigue Le贸n XIII鈥�,que las dos potestades est茅n coordinadas entre s铆; coordinaci贸n no sin raz贸n comparada a la del alma y el cuerpo en el hombre. La cualidad y el alcance de dichas relaciones no se puede precisar, si no se atiende a la naturaleza de cada una de las dos soberan铆as, relacionadas as铆 como es dicho, teniendo buena cuenta de la excelencia y nobleza de sus respectivos fines, pues la una atiende directa y principalmente al cuidado de las cosas temporales, y la otra a la adquisici贸n de los bienes sobrenaturales y eternos.

As铆 que todo cuanto en las cosas y personas, de cualquier modo que sea, tenga raz贸n de sagrado; todo lo que pertenece a la salvaci贸n de las almas y al culto de Dios, bien sea tal por su propia naturaleza o bien lo sea en raz贸n del fin a que se refiere, todo ello cae bajo el dominio y arbitrio de la Iglesia; pero las dem谩s cosas que el r茅gimen civil y pol铆tico, como tal, abraza y comprende, justo es que est茅n sujetas a 茅ste, pues Jesucristo mand贸 expresamente que se d茅 al C茅sar lo que es del C茅sar y a Dios lo que es de Dios 35 .

29.

Quienquiera que rehuse admitir estos principios, y consiguientemente el aplicarlos a la educaci贸n, vendr谩 necesariamente a negar que Cristo ha fundado la Iglesia para la salvaci贸n eterna de los hombres, y a sostener que la sociedad civil y el Estado no est谩n sujetos a Dios y a su ley natural y divina. Lo cual es evidentemente imp铆o, contrario a la sana raz贸n y, de un modo particular, en materia de educaci贸n, extremadamente pernicioso para la recta formaci贸n de la juventud y seguramente ruinoso para la misma sociedad civil y el verdadero bienestar de la sociedad humana. Al contrario, de la aplicaci贸n de estos principios no puede menos de provenir una utilidad grand铆sima para la recta formaci贸n de los ciudadanos. Los sucesos de todas las edades lo demuestran sobradamente; por eso como Tertuliano, para los primeros tiempos del Cristianismo, en su Apolog茅tico, as铆 San Agust铆n, para los suyos, pod铆a desafiar a todos los adversarios de la Iglesia Cat贸lica 鈥攜 nosotros, en nuestros tiempos, podemos repetir con 茅l: Por cierto, los que dicen que la doctrina de Cristo es enemiga del Estado, que presenten un ej茅rcito tal como la doctrina de Cristo ense帽a que deben ser los soldados; que presenten tales s煤bditos, tales maridos, tales c贸nyuges, tales padres, tales hijos, tales se帽ores, tales siervos, tales reyes, tales jueces y, finalmente, tales contribuyentes y exactores del fisco, cuales la doctrina cristiana manda que sean, y atr茅vanse luego a llamarla nociva al Estado: mas no duden un instante en proclamarla, donde ella se observe, la gran salvaci贸n del Estado 36 .

Y trat谩ndose de educaci贸n, viene aqu铆 a prop贸sito hacer notar cu谩n bien ha expresado esta verdad cat贸lica, confirmada por los hechos, para los tiempos m谩s recientes, en el periodo del Renacimiento, un escritor eclesi谩stico muy benem茅rito de la educaci贸n cristiana, el pi铆simo y docto Cardenal Silvio Antoniano, disc铆pulo del admirable educador San Felipe de Neri, maestro y secretario para las cartas latinas de San Carlos Borromeo, a cuya instancia y bajo cuya inspiraci贸n escribi贸 el 谩ureo tratado De la educaci贸n cristiana de los hijos, en que 茅l razona as铆:

Ventajas de la armon铆a con la Iglesia

30.

Cuanto el gobierno temporal m谩s se armoniza con el espiritual, y m谩s lo favorece y promueve, tanto m谩s concurre a la conservaci贸n de la rep煤blica. Porque, mientras el jefe eclesi谩stico procura formar un buen cristiano con su autoridad y medios espirituales, conforme a su fin, al mismo tiempo procura por consecuencia necesaria hacer un buen ciudadano, tal cual debe ser bajo el gobierno pol铆tico. Ocurre as铆, porque en la Santa Iglesia Cat贸lica Romana, ciudad de Dios, una misma cosa es absolutamente el buen ciudadano y el hombre honrado. Por esto, yerran gravemente los que separan cosas tan unidas, y piensan poder tener buenos ciudadanos con otras reglas y por otras v铆as distintas de las que contribuyen a formar el buen cristiano. Diga y hable la prudencia humana cuanto le plazca, no es posible que produzca verdadera paz ni verdadera tranquilidad temporal nada de cuanto sea enemigo y se aparte de la paz y eterna felicidad 37 .

31.

Como el Estado, tampoco la ciencia, el m茅todo cient铆fico y la investigaci贸n cient铆fica tienen nada que temer del pleno y perfecto mandato educativo de la Iglesia. Los institutos cat贸licos, sea cualquiera el grado a que pertenezcan en la ense帽anza y en la ciencia, no tienen necesidad de apolog铆a. El favor de que gozan, las alabanzas que reciben, las producciones cient铆ficas que promueven y multiplican, y m谩s que nada los sujetos plena y exquisitamente preparados que proporcionan a la gobernaci贸n, a las profesiones, a la ense帽anza, a la vida en todas sus manifestaciones, deponen m谩s que suficientemente en su favor 38 .

32.

Hechos que, por lo dem谩s, no son sino una espl茅ndida confirmaci贸n de la doctrina cat贸lica, definida por el Concilio Vaticano: La fe y la raz贸n no s贸lo no pueden jam谩s contradecirse, sino que se prestan rec铆proca ayuda porque la recta raz贸n demuestra las bases de la fe, e iluminada con la luz de 茅sta cultiva la ciencia de las cosas divinas; a su vez, la fe libra y protege de errores a la raz贸n y la enriquece con variados conocimientos. Tan lejos est谩, pues, la Iglesia de oponerse al cultivo de las artes y de las disciplinas humanas, que de mil maneras lo ayuda y lo promueve. Porque ni ignora ni desprecia las ventajas que de ellas provienen para la vida de la humanidad; antes bien, confiesa que ellas, como vienen de Dios, Se帽or de las ciencias, as铆, rectamente tratadas, conducen a Dios con la ayuda de su gracia. Y de ninguna manera prohibe que semejantes disciplinas, cada una dentro de su esfera, usen principios propios y propio m茅todo; pero, una vez reconocida esta justa libertad, cuidadosamente atiende a que, oponi茅ndose por ventura a la doctrina divina, no caigan en errores o, traspasando sus propios l铆mites, ocupen y perturben el campo de la fe 39 .

33.

Esta norma de la justa libertad cient铆fica es, a la vez, norma inviolable de la justa libertad did谩ctica o libertad de ense帽anza rectamente entendida; y debe ser observada en cualquier manifestaci贸n doctrinal a los dem谩s, y, con obligaci贸n mucho m谩s grave de justicia en la ense帽anza dada a la juventud, ya porque respecto a 茅sta ning煤n maestro p煤blico o privado tiene derecho educativo absoluto, sino participado, ya porque todo ni帽o o joven cristiano tiene estricto derecho a una ense帽anza conforme a la doctrina de la Iglesia, columna y fundamento de la verdad, y le causar铆a grave injusticia quienquiera que turbase su fe, abusando de la confianza de los j贸venes para con los maestros y de su natural inexperiencia y desordenada inclinaci贸n a una libertad absoluta, ilusoria y falsa.

II. SUJETO DE LA EDUCACION

Todo el hombre, pero redimido

34.

Efectivamente, nunca se ha de perder de vista que el sujeto de la educaci贸n cristiana es el hombre todo entero, esp铆ritu unido al cuerpo en unidad de naturaleza, con todas sus facultades naturales y sobrenaturales, cual nos lo hacen conocer la recta raz贸n y la revelaci贸n; por lo tanto, el hombre, ca铆do de su estado originario, pero redimido por Cristo y reintegrado en la condici贸n sobrenatural de hijo adoptivo de Dios, aunque no en los privilegios preternaturales de la inmortalidad del cuerpo y de la integridad o equilibrio de sus inclinaciones. Quedan, pues, en la naturaleza humana los efectos del pecado original, particularmente la debilidad de la voluntad y las tendencias desordenadas.

35.

La necedad est谩 ligada al coraz贸n del joven; la verga de la correcci贸n la alejar谩 de 茅l 40 . Es, por lo tanto, preciso corregir las inclinaciones desordenadas, fomentar y ordenar las buenas, desde la m谩s tierna infancia y, sobre todo, hay que iluminar el entendimiento y fortalecer la voluntad con las verdades sobrenaturales y los medios de la Gracia, sin la cual no es posible dominar las perversas inclinaciones ni alcanzar la debida perfecci贸n moral. En la cual obra se manifiesta la soberana misi贸n educativa de la Iglesia, perfecta y completamente dotada por Cristo, y de la doctrina divina y de los sacramentos, medios eficaces de la Gracia.

36.

Por lo mismo, es falso todo naturalismo pedag贸gico que de cualquier modo excluya o aminore la formaci贸n sobrenatural cristiana en la instrucci贸n de la juventud; y es err贸neo todo m茅todo de educaci贸n que se funde, en todo o en parte, sobre la negaci贸n u olvido del pecado original y de la Gracia y, por lo tanto, sobre las fuerzas solas de la naturaleza humana. Tales son, generalmente, esos sistemas actuales de varios nombres, que apelan a una pretendida autonom铆a y libertad ilimitada del ni帽o y que disminuyen o aun suprimen la autoridad y la obra del educador, atribuyendo al ni帽o una preeminencia exclusiva de iniciativas y una actividad independiente de toda ley superior natural y divina, en la obra de su educaci贸n.

37.

Mas si con alguno de esos t茅rminos se quisiese indicar, bien que impropiamente, la necesidad de la cooperaci贸n activa, a cada paso m谩s consciente, del alumno a su educaci贸n; si se pretendiese apartar de 茅sta el despotismo y la violencia (diversa, por cierto, de la justa correcci贸n), esta idea ser铆a verdadera, pero no habr铆a en ella nada nuevo, que no hubiese la Iglesia ense帽ado y la educaci贸n cristiana tradicional ejercitado en la pr谩ctica, a semejanza del modo que el mismo Dios guarda respecto de las criaturas, a las que El llama a la cooperaci贸n activa, seg煤n la naturaleza propia de cada una, ya que su sabidur铆a abarca de un extremo a otro vigorosamente, y lo gobierna todo con suavidad 41 .

38.

Pero, desgraciadamente, con el significado obvio de los t茅rminos y con los hechos mismos, intentan no pocos sustraer la educaci贸n a toda dependencia de la ley divina. As铆 que en nuestros d铆as se da el caso, a la verdad bien extra帽o, de educadores y fil贸sofos que se afanan por descubrir un c贸digo moral universal de educaci贸n, como si no existiera ni el Dec谩logo, ni la ley evang茅lica, ni siquiera la ley natural, esculpida por Dios en el coraz贸n del hombre, promulgada por la recta raz贸n y codificada, con revelaci贸n positiva, por el mismo Dios en el Dec谩logo. Asimismo tales innovadores suelen denominar, como por desprecio, a la educaci贸n cristiana heter贸noma, pasiva, anticuada, porque se funda en la autoridad divina y en su santa ley.

39.

Miserablemente se enga帽an 茅stos en su pretensi贸n de libertar, como ellos dicen, al ni帽o, mientras lo hacen m谩s bien esclavo de su ciego orgullo y de sus desordenadas pasiones, porque 茅stas, por consecuencia l贸gica de aquellos falsos sistemas, vienen a quedar justificadas como leg铆timas exigencias de la naturaleza que se proclama aut贸noma.

40.

Pero mucho peor es la pretensi贸n falsa, de querer someter a investigaciones, experimentos y juicios de orden natural y profano, los hechos del orden sobrenatural tocantes a la educaci贸n, como, por ejemplo, la vocaci贸n sacerdotal o religiosa, y en general las arcanas operaciones de la Gracia que, aun elevando las fuerzas naturales, con todo las sobrepuja infinitamente y no puede en manera alguna someterse a las leyes f铆sicas, porque el Esp铆ritu sopla donde quiere 42 .

Educaci贸n "sexual"

41.

Peligroso en extremo grado es, adem谩s, ese naturalismo que en nuestros tiempos invade el campo de la educaci贸n en materia delicad铆sima, cual es la de la honestidad de las costumbres. Est谩 muy difundido el error de los que, con pretensi贸n peligrosa y con feo nombre, promueven la llamada educaci贸n sexual, estimando falsamente que podr谩n inmunizar a los j贸venes contra los peligros de la concupiscencia con medios puramente naturales, cual es una temeraria iniciaci贸n e instrucci贸n preventiva para todos indistintamente y hasta p煤blicamente, y, lo que es aun peor, exponi茅ndolos prematuramente a las ocasiones para acostumbrarlos, seg煤n dicen ellos, y como para curtir su esp铆ritu contra aquellos peligros.

Yerran estos tales gravemente, al no querer reconocer la nativa fragilidad de la naturaleza humana y la ley de que habla el Ap贸stol contraria a la ley de la mente 43 , y al desconocer aun la experiencia misma de los hechos, los cuales nos demuestran que, singularmente en los j贸venes, las culpas contra las buenas costumbres son efecto, no tanto de la ignorancia intelectual, cuanto principalmente de la d茅bil voluntad expuesta a las ocasiones y no sostenida por los medios de la Gracia.

En este delicad铆simo asunto, si, atendidas todas las circunstancias, se hace necesaria alguna instrucci贸n individual en el tiempo oportuno, dada por quien ha recibido de Dios la misi贸n educativa y la gracia de estado, han de observarse todas las cautelas, conocid铆simas en la educaci贸n cristiana tradicional, que el citado Antoniano suficientemente describe, cuando dice:

Es tal y tanta nuestra miseria y la inclinaci贸n al pecado, que muchas veces de las mismas cosas que se dicen para remedio de los pecados, se toma ocasi贸n e incitamento para el mismo pecado. Importa, pues, sumamente que el buen padre, mientras hable con su hijo de materia tan l煤brica, est茅 muy sobre aviso y no descienda a particularidades y a los diversos modos con que esta hidra infernal envenena tan gran parte del mundo, a fin de que no suceda que en vez de apagar este fuego, lo excite y lo reavive imprudentemente en el pecho sencillo y tierno del ni帽o. Generalmente hablando, mientras dura la ni帽ez, bastar谩 usar de los remedios que con un mismo influjo fomentan la virtud de la castidad y cierran la entrada al vicio 44 .

Coeducaci贸n

42.

Igualmente err贸neo y pernicioso a la educaci贸n cristiana es el m茅todo llamado de la coeducaci贸n, fundado tambi茅n, seg煤n muchos, en el naturalismo negador del pecado original, y, adem谩s, seg煤n todos los sostenedores de este m茅todo, en una deplorable confusi贸n de ideas que trueca la leg铆tima convivencia humana en una promiscuidad e igualdad niveladora. El Creador ha ordenado y dispuesto la convivencia perfecta de los dos sexos solamente en la unidad del matrimonio, y gradualmente separada en la familia y en la sociedad. Adem谩s, no hay en la naturaleza misma, que los hace diversos en el organismo, en las inclinaciones y en las aptitudes, ning煤n motivo para que pueda o deba haber promiscuidad y mucho menos igualdad de formaci贸n para ambos sexos. Estos, conforme a los admirables designios del Creador, est谩n destinados a completarse rec铆procamente en la familia y en la sociedad precisamente por su diversidad, la cual, por lo mismo, debe mantenerse y fomentarse en la formaci贸n educativa con la necesaria distinci贸n y correspondiente separaci贸n, proporcionada a las varias edades y circunstancias. Principios que han de ser aplicados a su tiempo y lugar, seg煤n las normas de la prudencia cristiana, en todas las escuelas, particularmente en el periodo m谩s delicado y decisivo de la formaci贸n, cual es el de la adolescencia, y en los ejercicios gimn谩sticos y de deporte, con particular atenci贸n a la modestia cristiana en la juventud femenina, de la que gravemente desdice cualquier exhibici贸n y publicidad.

Recordando las tremendas palabras del Divino Maestro: 隆Ay del mundo por raz贸n de los esc谩ndalos! 45 , estimulamos vivamente vuestra solicitud y vigilancia, Venerables Hermanos, sobre estos pernicios铆simos errores que con sobrada difusi贸n se van extendiendo entre el pueblo cristiano con inmenso da帽o de la juventud.

III. "AMBIENTE"

43.

Para obtener una educaci贸n perfecta es de suma importancia velar por que las condiciones de todo lo que rodea al educando durante el periodo de su formaci贸n, es decir, el conjunto de todas las circunstancias, que suele denominarse ambiente, corresponda bien al fin que se pretende.

Familia cristiana

44.

El primer ambiente natural y necesario de la educaci贸n es la familia, destinada precisamente para esto por el Creador. De modo que, regularmente, la educaci贸n m谩s eficaz y duradera es la que se recibe en la familia cristiana bien ordenada y disciplinada, tanto m谩s eficaz cuanto resplandezca en ella m谩s claro y constante el buen ejemplo de los padres, sobre todos, y de los dem谩s miembros de la familia.

No es Nuestra intenci贸n tratar aqu铆 de prop贸sito, aun tocando s贸lo los puntos principales, de la educaci贸n dom茅stica 鈥攖an amplia es la materia鈥�, acerca de la cual, por lo dem谩s, no faltan tratados especiales antiguos y modernos de autores de sana doctrina cat贸lica, entre los que merece especial menci贸n el ya citado 谩ureo libro de Antoniano De la educaci贸n cristiana de los hijos, que San Carlos Borromeo hac铆a leer p煤blicamente a los padres reunidos en las iglesias.

Queremos, con todo, llamar de manera especial vuestra atenci贸n, Venerables Hermanos y amados hijos, sobre el deplorable decaimiento actual de la educaci贸n familiar. A los oficios y profesiones de la vida temporal y terrena, ciertamente de menor importancia, preceden largos estudios y cuidadosa preparaci贸n, mientras que para el oficio y deber fundamental de la educaci贸n de los hijos est谩n hoy poco o nada preparados muchos de los padres, demasiado absorbidos por cuidados temporales. A debilitar el influjo del ambiente familiar contribuye hoy el hecho de que casi en todas partes se tiende a alejar cada vez m谩s de la familia a los ni帽os desde sus m谩s tiernos a帽os, con varios pretextos, ora econ贸micos, de la industria o del comercio, ora pol铆ticos; y hay pa铆s donde se arranca a los ni帽os del seno de la familia para formarlos (o por decirlo con mayor verdad, para deformarlos y desviarlos) en asociaciones y escuelas sin Dios, en la irreligiosidad y en el odio, seg煤n las teor铆as socialistas extremas, renov谩ndose una verdadera y m谩s horrenda matanza de ni帽os inocentes.

45.

Conjuramos, pues, en nombre de Jesucristo, a los Pastores de almas para que empleen toda clase de medios, en las instrucciones y catequesis, de palabra y por escritos profusamente divulgados, a fin de recordar a los padres cristianos sus grav铆simos deberes, y no tanto te贸rica o gen茅ricamente cuanto pr谩cticamente, y en particular, cada uno de sus deberes en materia de educaci贸n religiosa, moral y c铆vica de los hijos y de los m茅todos m谩s convenientes para realizarla eficazmente, previo, adem谩s, el ejemplo de su vida. A semejantes instrucciones pr谩cticas no se desde帽贸 de bajar el Ap贸stol de las Gentes, en sus ep铆stolas, particularmente en la dirigida a los de Efeso, donde, entre otros, da este consejo: adres, no irrit茅is a vuestros hijos 46 , lo cual es efecto, no tanto de la excesiva severidad cuanto principalmente de la impaciencia, de la ignorancia de los medios m谩s aptos para la correcci贸n fructuosa, y aun de la relajaci贸n, hoy d铆a demasiado com煤n, de la disciplina familiar, en medio de la cual crecen en los j贸venes las pasiones ind贸mitas. Atiendan, pues, los padres, y con ellos todos los educadores, a usar rectamente de la autoridad que Dios les ha dado, y de quien son con toda propiedad vicarios, no para su propio provecho, sino para la recta educaci贸n de los hijos en el santo y filial temor de Dios, principio de la sabidur铆a, en el cual solamente se apoya con solidez el respeto a la autoridad, sin la cual no puede subsistir ni orden, ni tranquilidad, ni bienestar alguno en la familia y en la sociedad.

La Iglesia

46.

A la debilidad de las fuerzas de la naturaleza humana deca铆da ha provisto la divina bondad con los abundantes auxilios de su Gracia y los m煤ltiples medios de que est谩 enriquecida la Iglesia, la gran familia de Cristo, que por lo mismo es el ambiente educativo m谩s estrecha y armoniosamente unido con el de la familia cristiana.

Este ambiente educativo de la Iglesia no comprende solamente sus sacramentos, medios divinamente eficaces de la Gracia y sus ritos, todos de manera maravillosa educativos, ni s贸lo el recinto material del templo cristiano, asimismo admirablemente educativo en el lenguaje de la liturgia y del arte, sino tambi茅n la gran abundancia y variedad de escuelas, asociaciones y toda clase de instituciones dedicadas a formar la juventud en la piedad religiosa, junto con el estudio de las letras y el de las ciencias, y aun con la misma recreaci贸n y cultura f铆sica. En esta inagotable fecundidad de obras educativas es tan admirable e insuperable la maternal providencia de la Iglesia, como admirable es la armon铆a antes indicada, que ella sabe mantener con la familia cristiana, hasta el punto de que se puede con verdad decir que la Iglesia y la familia constituyen un solo templo de educaci贸n cristiana.

Escuela

47.

Siendo necesario que las nuevas generaciones sean instruidas en las artes y disciplinas, con que se beneficia y prospera la sociedad civil, y siendo para este trabajo, por s铆 sola, insuficiente la familia, naci贸 la instituci贸n social de la escuela, ya en un principio, n贸tese bien, por iniciativa de la familia y de la Iglesia, mucho tiempo antes que por obra del Estado. De suerte que la escuela, considerada aun en su or铆genes hist贸ricos, es por su naturaleza instituci贸n subsidiaria y complementaria de la familia y de la Iglesia; y as铆, por l贸gica necesidad moral, debe no solamente no contradecir, sino positivamente armonizarse con los otros dos ambientes en la unidad moral lo m谩s perfecta posible, hasta poder constituir, junto con la familia y la Iglesia, un solo santuario, consagrado a la educaci贸n cristiana, bajo pena de faltar a su cometido, y de trocarse en obra de destrucci贸n.

Esto, hasta lo ha reconocido manifiestamente un hombre seglar, tan celebrado por sus escritos pedag贸gicos (no del todo laudables porque est谩n influidos por el liberalismo), el cual profiri贸 esta sentencia: La escuela, si no es templo, es guarida, y aun esta otra: Cuando la educaci贸n literaria, social, dom茅stica y religiosa no van todas de acuerdo, el hombre es infeliz, impotente 47 .

a) Neutra, laica, mixta

48.

De aqu铆 precisamente se sigue que es contraria a los principios fundamentales de la educaci贸n la escuela llamada neutra o laica, de la que est谩 excluida la religi贸n. Tal escuela, adem谩s, no es pr谩cticamente posible, porque de hecho viene a hacerse irreligiosa. No es menester repetir cuanto acerca de este asunto han declarado Nuestros Predecesores, se帽aladamente P铆o IX y Le贸n XIII, en cuyos tiempos particularmente comenz贸 el laicismo a predominar en la escuela p煤blica. Nos renovamos y confirmamos sus declaraciones 48 , y al mismo tiempo las prescripciones de los Sagrados C谩nones en que la asistencia a las escuelas acat贸licas, neutras o mixtas, es decir, las abiertas indiferentemente a los cat贸licos y a los no cat贸licos sin distinci贸n, est谩 prohibida a los ni帽os cat贸licos, y s贸lo puede tolerarse, 煤nicamente a juicio del Ordinario, en determinadas circunstancias de lugar y tiempo y con especiales cautelas 49 . Y no puede ni siquiera admitirse para los cat贸licos la escuela mixta (peor si, siendo 煤nica, es obligatoria para todos), en la cual, aun d谩ndoles, aparte, la instrucci贸n religiosa, reciben la restante ense帽anza de maestros no cat贸licos junto con los alumnos acat贸licos.

b) Cat贸lica

49.

Ya que no basta el solo hecho de que en ella se d茅 instrucci贸n religiosa (frecuentemente con excesiva parsimonia), para que una escuela resulte conforme a los derechos de la Iglesia y de la familia cristiana y digna de ser frecuentada por alumnos cat贸licos. Para ello es necesario que toda la ense帽anza y toda la organizaci贸n de la escuela 鈥攎aestros, programas y libros, en cada disciplina鈥� est茅n imbuidas de esp铆ritu cristiano bajo la direcci贸n y vigilancia maternal de la Iglesia, de suerte que la religi贸n sea verdaderamente fundamento y corona de toda la instrucci贸n, en todos los grados, no s贸lo en el elemental, sino tambi茅n en el medio y superior.

Es necesario 鈥攑ara emplear las palabras de Le贸n XIII鈥�que no s贸lo en horas determinadas se ense帽e a los j贸venes la religi贸n, sino que toda la formaci贸n restante exhale fragancia de piedad cristiana. Que si esto falta, si este h谩lito sagrado no penetra y no calienta las almas de maestros y disc铆pulos, bien poca utilidad podr谩 sacarse de cualquier doctrina: frecuentemente, se seguir谩n m谩s bien da帽os no leves 50 .

50.

Y no se diga que es imposible al Estado, en una naci贸n dividida en varias creencias, proveer a la instrucci贸n p煤blica, si no es con la escuela neutra o con la escuela mixta, debiendo el Estado m谩s racionalmente y pudiendo hasta m谩s f谩cilmente proveer al caso dejando libre y favoreciendo con justos subsidios la iniciativa y la obra de la Iglesia y de las familias. Que esto sea factible con gozo de las familias y con provecho de la instrucci贸n y de la paz y tranquilidad p煤blica, lo demuestra el hecho de naciones divididas en varias confesiones religiosas, en las cuales el plan escolar corresponde al derecho educativo de las familias, no s贸lo en cuanto a la ense帽anza total 鈥攑articularmente con la escuela enteramente cat贸lica para los cat贸licos鈥�, sino tambi茅n en cuanto a la justicia distributiva con la ayuda financiera, por parte del Estado, a cada una de las escuelas escogidas por las familias.

51.

En otros pa铆ses de religi贸n mixta se hace de otra manera, con no ligera carga de los cat贸licos, que, bajo el auspicio y gu铆a del Episcopado y con el empe帽o incesante del clero secular y regular, sostienen totalmente a sus expensas la escuela cat贸lica para sus hijos, cual su grav铆sima obligaci贸n de conciencia la requiere, y con generosidad y constancia laudable perseveran en el prop贸sito de asegurar enteramente, como ellos a manera de santo y se帽a lo proclaman, la educaci贸n cat贸lica, para toda la juventud cat贸lica, en las escuelas cat贸licas. Lo cual, aunque no est茅 subvencionado por el Erario p煤blico, seg煤n de por s铆 lo exige la justicia distributiva, no puede ser impedido por la potestad civil, que tiene conciencia de los derechos de la familia y de las condiciones indispensables de la libertad leg铆tima.

Y donde aun esta libertad elemental se halla impedida o de diversas maneras dificultada, los cat贸licos no trabajar谩n nunca lo bastante, aun a precio de grandes sacrificios, en sostener y defender sus escuelas y en procurar que se establezcan leyes escolares justas.

La "Acci贸n Cat贸lica"

52.

Todo cuanto hacen los fieles promoviendo y defendiendo la escuela cat贸lica para sus hijos es obra genuinamente religiosa, y por lo mismo tarea principal铆sima de la Acci贸n Cat贸lica; por lo cual son particularmente amadas de Nuestro coraz贸n paterno y dignas de gran alabanza todas las asociaciones especiales, que en varias naciones trabajan con tanto celo en obra tan necesaria.

As铆 que, al procurar la escuela cat贸lica para sus hijos, se proclame muy alto, y de todos sea entendido y reconocido, que los cat贸licos de cualquier naci贸n del mundo no hacen obra pol铆tica de partido, sino obra religiosa indispensable a su conciencia; y pretenden no ya separar a sus hijos del cuerpo ni del esp铆ritu nacional, sino antes bien educarlos en 茅l del modo m谩s perfecto y m谩s conducente a la prosperidad de la naci贸n, puesto que el buen cat贸lico, precisamente en virtud de la doctrina cat贸lica, es por lo mismo el mejor ciudadano, amante de su patria y lealmente sometido a la autoridad civil constituida, en cualquier forma leg铆tima de gobierno.

53.

En esta escuela, en armon铆a con la Iglesia y con la familia cristiana, no suceder谩 que en las varias ense帽anzas se contradiga, con evidente da帽o de la educaci贸n, a lo que los alumnos aprenden en la instrucci贸n religiosa; y, si hay necesidad de hacerles conocer, por escrupulosa responsabilidad de magisterio, las obras err贸neas para refutarlas, esto se har谩 con tal preparaci贸n y con tal ant铆doto de sana doctrina, que la formaci贸n cristiana de la juventud no reciba de ello da帽o, antes provecho.

54.

Asimismo, en esta escuela, el estudio de la lengua patria y de la literatura cl谩sica jam谩s ser谩 en menoscabo de la santidad de las costumbres; ya que el maestro cristiano seguir谩 el ejemplo de las abejas: las cuales toman la parte m谩s pura de las flores y dejan lo dem谩s, como ense帽a San Basilio en su homil铆a a los j贸venes acerca de la lectura de los cl谩sicos 51 . Esta necesaria cautela 鈥攕ugerida por el mismo pagano Quintiliano 52 鈥� no impide de ninguna manera que el maestro cristiano tome y aproveche cuanto de verdaderamente bueno en las disciplinas y m茅todos ofrecen nuestros tiempos, acord谩ndose de lo que dice el Ap贸stol: Examinad, s铆, todas las cosas y ateneos a lo bueno 53 . Por esto, al tomar lo nuevo, 茅l se guardar谩 de abandonar f谩cilmente lo antiguo que la experiencia de varios siglos ha comprobado ser bueno y eficaz, se帽aladamente en los estudios de latinidad, que en nuestros d铆as estamos viendo c贸mo sin cesar decaen, precisamente por el injustificado abandono de los m茅todos tan fructuosamente empleados por el sano humanismo, que tanto floreci贸, sobre todo, en las escuelas de la Iglesia. Estas nobles tradiciones reclaman que la juventud confiada a las escuelas cat贸licas sea, s铆, instruida en las letras y en las ciencias plenamente seg煤n las exigencias de nuestros tiempos, pero a la vez s贸lida y profundamente, de manera especial en la sana filosof铆a, lejos de la farragosa superficialidad de aquellos que hubieran tal vez encontrado lo necesario, si no hubiesen buscado lo superfluo 54 . Por lo cual todo maestro cristiano debe tener presente cuanto dice Le贸n XIII en compendiosa sentencia: Con mayor empe帽o conviene esforzarse en que no s贸lo se aplique un m茅todo de ense帽anza apto y s贸lido, sino m谩s a煤n en que la ense帽anza misma de las letras y de las ciencias florezca en todo conforme a la fe cat贸lica, y sobre todo la de la filosof铆a, de la cual en gran parte depende la recta direcci贸n de las dem谩s ciencias 55 .

Buenos maestros

55.

Las buenas escuelas son fruto no tanto de las buenas legislaciones cuanto principalmente de los buenos maestros, que, egregiamente preparados e instruidos, cada uno en la disciplina que debe ense帽ar, y adornados de las cualidades intelectuales y morales que su important铆simo oficio reclama, arden en puro y divino amor hacia los j贸venes a ellos confiados, precisamente porque aman a Jesucristo y su Iglesia, de quien aqu茅llos son hijos predilectos, y por lo mismo buscan con todo empe帽o el verdadero bien de las familias y de su patria. Por esto Nos llena el alma de consuelo y de gratitud hacia la bondad divina el ver c贸mo, juntamente con religiosos y religiosas dedicados a la ense帽anza, un tan gran n煤mero de maestros y maestros excelentes 鈥攁un organizados, a veces, en Congregaciones y Asociaciones especiales para cultivar mucho mejor su esp铆ritu, las cuales por esto son de alabar y promover como nobil铆simos y potentes auxiliares de la Acci贸n Cat贸lica鈥� trabajan con desinter茅s, celo y constancia en la que San Gregorio Nacianceno llama arte de las artes y ciencia de las ciencias 56 , de regir y formar a la juventud. Y, con todo, tambi茅n a ellos se aplica el dicho del Divino Maestro:

La mies es verdaderamente mucha, mas los obreros pocos 57 . Supliquemos, pues, al Se帽or de la mies que mande a煤n muchos m谩s de tales operarios de la educaci贸n cristiana, cuya formaci贸n deben tener muy en el coraz贸n los Pastores de las almas y los supremos moderadores de las Ordenes religiosas.

Es tambi茅n necesario dirigir y vigilar la educaci贸n del joven, blando como cera para doblegarse al vicio 58 , en cualquier otro ambiente en que venga a encontrarse, apart谩ndolo de las malas ocasiones y procur谩ndole la oportunidad de las buenas, en las recreaciones y reuniones, ya que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres 59 .

Mundo: sus peligros

56.

S贸lo que, en nuestros tiempos, hay que tener una vigilancia tanto m谩s general y cuidadosa, cuanto m谩s han aumentado las ocasiones de naufragio moral y religioso que la juventud inexperta encuentra, particularmente en los libros imp铆os o licenciosos, muchos de ellos diab贸licamente difundidos, a vil precio, en los espect谩culos del cinemat贸grafo y ahora aun en las audiciones radiof贸nicas, que multiplican y facilitan, por decirlo as铆, toda clase de lecturas, como el cinemat贸grafo toda clase de espect谩culos. Estos medios tan potent铆simos de divulgaci贸n, que pueden servir, si van regidos por sanos principios, de gran utilidad para la instrucci贸n y educaci贸n, se subordinan, desgraciadamente, muchas veces tan s贸lo al incentivo de las malas pasiones y a la codicia de s贸rdidas ganancias. San Agust铆n se lamentaba al ver la pasi贸n que arrastraba aun a los cristianos de su tiempo a los espect谩culos del circo, y cuenta con viveza dram谩tica la perversi贸n, felizmente pasajera, de su alumno y amigo Alipio 60 . 隆Cu谩ntos extrav铆os juveniles a causa de los espect谩culos de hoy d铆a, sin contar las malvadas lecturas, tienen que llorar ahora los padres y educadores!

57.

Por esto se han de alabar y promover todas las obras educativas que, con esp铆ritu sinceramente cristiano de celo por las almas de los j贸venes, atienden, con oportunos libros y publicaciones peri贸dicas, a dar a conocer, particularmente a los padres y a los educadores, los peligros morales y religiosos, con frecuencia fraudulentamente insinuados, en libros y espect谩culos, y se industrian para difundir las buenas lecturas y promover espect谩culos verdaderamente educativos, creando, aun con grandes sacrificios, teatros y cinemat贸grafos, en los cuales la virtud no s贸lo nada tenga que perder, antes mucho que ganar.

De esta necesaria vigilancia nadie deduzca, sin embargo, que la juventud tenga que estar segregada de la sociedad en la que debe vivir y salvar su alma, sino que hoy, m谩s que nunca, debe estar armada y fortalecida cristianamente contra las seducciones y los errores del mundo, el cual, como advierte una sentencia divina, es todo concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida 61 ; de manera que, como dec铆a Tertuliano de los primeros cristianos, sean como deben ser los verdaderos cristianos de todos los tiempos: composesores del mundo, no del error 62 .

Con esta sentencia de Tertuliano hemos venido a tocar lo que Nos hemos propuesto tratar en 煤ltimo t茅rmino, aunque de grand铆sima importancia, como que es la verdadera sustancia de la educaci贸n cristiana, cual se desprende de su fin propio, en cuya consideraci贸n brilla mucho m谩s clara, como en pleno mediod铆a, la supereminente misi贸n educativa de la Iglesia.

IV. FIN Y FORMA

58.

Fin propio e inmediato de la educaci贸n cristiana es cooperar con la Gracia divina a formar el verdadero y perfecto cristiano, es decir, al mismo Cristo, en los regenerados con el Bautismo, seg煤n la viva expresi贸n del Ap贸stol: Hijitos m铆os, por quienes segunda vez padezco dolores de parto hasta formar a Cristo en vosotros 63 . Ya que el verdadero cristiano debe vivir la vida sobrenatural en Cristo: Cristo, que es nuestra vida 64 , y manifestarla en todas sus operaciones: ara que la vida de Jes煤s se manifieste asimismo en nuestra carne mortal 65 .

El verdadero cristiano

59.

Por esto precisamente la educaci贸n cristiana comprende todo el 谩mbito de la vida humana sensible y espiritual, intelectual y moral, individual, dom茅stica y social, no para menoscabarla en manera alguna, sino para elevarla, regularla y perfeccionarla seg煤n los ejemplos y la doctrina de Cristo.

De suerte que el verdadero cristiano, fruto de la educaci贸n cristiana, es el hombre sobrenatural, que piensa, juzga y obra constante y coherentemente, seg煤n la recta raz贸n iluminada por la luz sobrenatural de los ejemplos y de la doctrina de Cristo, o, por decirlo con el lenguaje ahora en uso, el verdadero y completo hombre de car谩cter. Pues no es cualquier coherencia y tenacidad de conducta, seg煤n principios subjetivos, lo que constituye el verdadero car谩cter, sino solamente la constancia en seguir los principios eternos de la justicia, como lo reconoce hasta el poeta pagano, cuando alaba, inseparablemente, al hombre justo y constante en su prop贸sito 66 , y, por otra parte, no puede existir completa justicia sino dando a Dios lo que se debe a Dios, como lo hace el verdadero cristiano.

60.

Tal meta y t茅rmino de la educaci贸n cristiana parece a los profanos como una abstracci贸n, o m谩s bien como una cosa irrealizable, sin arrancar o menoscabar las facultades naturales y sin renunciar a las obras de la vida terrenal; por lo tanto, ajena a la vida social y a la prosperidad temporal, contraria a todo progreso en las letras, en las ciencias, en las artes y en toda otra obra de civilizaci贸n. A semejante objeci贸n, movida por la ignorancia y el prejuicio de los paganos, aun eruditos, de aquel tiempo 鈥攔epetida, desgraciadamente, con m谩s frecuencia e insistencia en tiempos modernos鈥� hab铆a ya respondido Tertuliano:

No vivimos fuera de este mundo. Bien nos acordamos de que debemos agradecimiento a Dios, Se帽or Creador: no rechazamos fruto alguno de sus obras; solamente nos refrenamos, para no usar de ellas desmesurada o viciosamente. As铆 que no habitamos en este mundo sin foro, sin mercado, sin ba帽os, casas, tiendas, caballerizas, sin vuestras ferias y dem谩s suertes de comercio. Tambi茅n nosotros navegamos y militamos con vosotros, cultivamos los campos y negociamos, y por eso trocamos nuestros trabajos y ponemos a vuestra disposici贸n nuestras obras. C贸mo podamos, pues, pareceros in煤tils para vuestros negocios, con los cuales y de los cuales vivimos, francamente no lo veo 67 .

Por lo tanto, el verdadero cristiano, lejos de renunciar a las obras de la vida terrena o amenguar sus facultades naturales, m谩s bien las desarrolla y perfecciona coordin谩ndolas con la vida sobrenatural, hasta el punto de ennoblecer la misma vida natural y de procurarla un auxilio m谩s eficaz, no s贸lo en orden espiritua y terreno, sino tambi茅n material y temporal.

El mejor ciudadano

61.

Lo dicho se ve claro en toda la historia del cristianismo y de sus instituciones, que se identifica con la historia de la verdadera civilizaci贸n y del genuino progreso hasta nuestros d铆as; y particularmente en los Santos, de que es fecund铆sima la Iglesia y solamente ella, los cuales han alcanzado en grado perfect铆simo la meta de la educaci贸n cristiana, y han ennoblecido y aprovechado a la sociedad civil en todo g茅nero de bienes. Efectivamente, los Santos han sido, son y ser谩n siempre los m谩s grandes bienhechores de la sociedad humana, como tambi茅n los m谩s perfectos modelos de toda clase y profesi贸n, en todo estado y condici贸n de vida, desde el campesino sencillo y r煤stico hasta el hombre de ciencias y letras, desde el humilde artesano hasta el que capitanea ej茅rcitos, desde el oscuro padre de familia hasta el monarca que gobierna pueblos y naciones, desde las sencillas ni帽as y mujeres del hogar dom茅stico hasta las reinas y emperatrices. Y 驴qu茅 decir de la inmensa labor, aun en pro del bienestar temporal, de los misioneros evang茅licos, que junto con la luz de la Fe han llevado y llevan a los pueblos b谩rbaros los bienes de la civilizaci贸n; de los fundadores de m煤ltiples obras de caridad y asistencia social, y de la interminable falange de santos educadores y santas educadoras, que han perpetuado y multiplicado su propia obra en sus fecundas instituciones de educaci贸n cristiana para bien de las familias y con inestimable beneficio de las naciones?

JESUS, MAESTRO DIVINO

62.

Estos son los frutos, sobre manera ben茅ficos, de la educaci贸n cristiana, precisamente a causa de la vida y virtud sobrenatural de Cristo, que ella desarrolla y forma en el hombre; ya que Cristo nuestro Se帽or, Maestro Divino, es tambi茅n fuente y dador de tal vida y virtud, y a la vez modelo universal y accesible, con su ejemplo, a todos los hombres, cualquiera que sea su condici贸n, particularmente a la juventud, en el periodo de su vida escondida, laboriosa, obediente, adornada de todas las virtudes individuales, dom茅sticas y sociales, delante de Dios y delante de los hombres.

LA IGLESIA, MADRE EDUCADORA

63.

Todo el c煤mulo de los tesoros educativos de infinito valor, que hasta ahora hemos venido indicando apenas en parte, es de tal modo propio de la Iglesia, que constituye su misma sustancia, siendo ella el Cuerpo m铆stico de Cristo, la Esposa inmaculada de Cristo, y por esto mismo Madre fecund铆sima y educadora soberana y perfecta.

Por eso el grande y genial San Agust铆n 鈥攄e cuya dichosa muerte vamos a celebrar el d茅cimoquinto centenario鈥� prorrump铆a, lleno de santo afecto, para con tal Madre, en estos acentos:隆Oh Iglesia Cat贸lica, Madre muy verdadera de los cristianos, con raz贸n no solamente predicas que hay que honrar pur铆sima y cast铆simamente al mismo Dios, cuya posesi贸n es dichos铆sima vida, sino que tambi茅n haces de tal manera tuyo el amor y la caridad del pr贸jimo, que en ti hallamos toda medicina, potentemente eficaz para los muchos males que, por causa de los pecados, aquejan a las almas! T煤 adiestras y amaestras puerilmente a los ni帽os, con fortaleza a los j贸venes, con delicadeza a los ancianos, seg煤n las exigencias de su cuerpo y de su esp铆ritu: T煤, con una, estoy por decir, libre servidumbre, sometes los hijos a los padres y pones a las madres delante de los hijos con dominio de piedad. T煤, con v铆nculo de religi贸n m谩s fuerte y m谩s estrecho que el de la sangre, unes a hermanos con hermanos... T煤, no s贸lo con v铆nculo de sociedad, sino tambi茅n de una cierta fraternidad, ligas a ciudadanos con ciudadanos, a naciones con naciones: en una palabra, a todos los hombres con el recuerdo de los primeros padres. A los Reyes ense帽as a mirar por los pueblos: a los pueblos amonestas que obedezcan a los Reyes. Ense帽as con diligencia a quien se debe honor, a qui茅n afecto, a qui茅n respeto, a qui茅n temor, a qui茅n consuelo, a qui茅n amonestaci贸n, a qui茅n exhortaci贸n, a qui茅n correcci贸n, a qui茅n reprensi贸n, a qui茅n castigo: mostrando c贸mo no se debe todo a todos, pero s铆 a todos la caridad, a ninguno la ofensa 68 .

Levantemos al Cielo, Venerables Hermanos y amados hijos, los corazones y manos suplicantes, al Pastor y Obispo de nuestras almas 69 , al Rey Divino, que da leyes a los gobernantes, para que El, con su virtud omnipotente, haga de modo que estos sabrosos frutos de la educaci贸n cristiana se recojan y multipliquen en todo el mundo con provecho siempre creciente de los individuos y de las naciones.

Como prenda de estas gracias celestiales, con paternal afecto, a vosotros, Venerables Hermanos, a vuestro clero y a vuestro pueblo damos la Bendici贸n Apost贸lica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 31 de diciembre de 1929, a帽o octavo de Nuestro Pontificado.


1

Marc. 10, 14.

2

2 Tim. 4, 2.

3

Conf. 1, 1.

4

rov. 22, 6.

5

Hom. 60 in c. 18 Mat.

6

Marc. 9, 36.

7

Mat. 28, 18-20.

8

ius IX, enc. Quum non sine 14 iul. 1864.

9

De Symbolo ad cateh. 13.

10

Enc. Libertas 20 iun. 1888.

11

Enc. Singulari quadam 24 sep. 1912.

12

A. Manzoni Osservazioni sulla Morale Cattolica c. 3.

13

C.I.C. c. 1375.

14

Comment. in Mat. c. 18.

15

C.I.C. cc. 1381, 1382.

16

Enc. Nobilissima Gallorum gens 8 febr. 1874.

17

Mat. 28, 19.

18

Oratio habita ad alumnos Tusculani Conlegii, vulgo di Mondragone, 14 maii 1929.

19

Deut. 32, 4.

20

2. 2ae., 102, 1.

21

Ibid. 10, 12.

22

Suppl. 3a., 41, 1.

23

C.I.C. c. 1153.

24

Enc. Rerum novarum 15 maii 1891.

25

Ibid.

26

Enc. Sapientiae christianae 10 ian. 1890.

27

C.I.C. c. 113.

28

"The fundamental theory of liberty upon which all governments in this union repose excludes any general power of the State to standardize its children by forcing them to accept instruction from public teachers only. The child is not the mere creature of the State, those who nurture him and direct his destiny have the right coupled with the high duty, to reorganize, and prepare him for additional duties". U. S. Supreme Court Decision in the Oregon School Cases, June 1, 1925.

29

Ep. ad Card. a publicis Ecclesiae negotiis, 30 maii 1929.

30

C.I.C. 750, 搂 2; S. Th. 2. 2ae., 10, 12.

31

Oratio habita ad alumnos Tusculani Conlegii, vulgo di Mondragone, 14 maii 1929.

32

Ibid.

33

. L. Taparelli Saggio teorico di Diritto Naturale n. 922. "Obra nunca bastante alabada y recomendada a los estudiosos universitarios". (Cf. Nuestro discurso del 18 de diciembre de 1929).

34

Enc. Immortale Dei 1 nov. 1885.

35

Ibid.

36

Ep. 138.

37

Dell'educazione cristiana dei figliuoli 1, 43.

38

Ep. ad Card. a publicis Ecclesiae negotiis, 30 maii 1929.

39

Conc. Vat. sess. 3, c. 4.

40

rov. 22, 15.

41

Sap. 8, 1.

42

Io. 3, 8.

43

Rom. 7, 23.

44

Dell'educazione cristiana dei figliuoli 2, 88.

45

Mat. 18, 1.

46

Eph. 6, 4.

47

Nic. Tommaseo ensieri sull'educazione 1, 3, 6.

48

ius IX, E. Quum non sine 14 iul. 1864. Syllabus, pr. 48. -Leo XIII, Alloc. Summi Pontificatus 20 aug. 1880. Enc. Nobilissima 8 febr. 1884. Enc. Quod multum 22 aug. 1886. Ep. Officio sanctissimo 22 dec. 1887. Enc. Caritatis 19 mart. 1894, etc. -Cf. C.I.C. cum fontium annot., c. 1374.

49

C.I.C. c. 1374.

50

Enc. Militantis Ecclesiae 1 aug. 1897.

51

G 31, 570.

52

Inst. Or. 1, 8.

53

1 Thess. 5, 21.

54

Seneca Epist. 45.

55

Leo XIII, Enc. Inscrutabili 21 april. 1878.

56

Oratio 2 G 35, 426.

57

Mat. 9, 37.

58

Horat. Art. poet. 163.

59

1 Cor. 15, 33.

60

Conf. 6, 8.

61

1 Io. 2, 16.

62

De Idololatr铆a 14.

63

Gal. 4, 19.

64

Col. 3, 4.

65

2 Cor. 4, 11.

66

Horat. Od. 3, 3, 1.

67

Apol. 42.

68

De moribus Ecclesiae catholicae 1, 30.

69

Cf. 1 et. 2, 25.
Consultas

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