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S.S. Juan Pablo II, Divini amoris scientia
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芦Divini amoris scientia禄

Carta Apost贸lica de S.S. Juan Pablo II donde Santa Teresa del Ni帽o Jes煤s es proclamada doctora de la Iglesia universal

1. La ciencia del amor divino, que el Padre de las misericordias derrama por Jesucristo en el Esp铆ritu Santo, es un don, concedido a los peque帽os y a los humildes, para que conozcan y proclamen los secretos del Reino, ocultos a los sabios e inteligentes: por esto Jes煤s se llen贸 de gozo en el Esp铆ritu Santo, y bendijo al Padre, que as铆 lo hab铆a establecido (cf. Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-26).

Tambi茅n se alegra la Madre Iglesia al constatar que, en el decurso de la historia, el Se帽or sigue revel谩ndose a los peque帽os y a los humildes, capacitando a sus elegidos, por medio del Esp铆ritu que 芦todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios禄 (1 Co 2, 10), para hablar de las cosas 芦que Dios nos ha otorgado (...), no con palabras aprendidas de sabidur铆a humana, sino aprendidas del Esp铆ritu, expresando realidades espirituales禄 (1 Co 2, 12. 13). De este modo el Esp铆ritu Santo gu铆a a la Iglesia hacia la verdad plena, la dota de diversos dones, la embellece con sus frutos, la rejuvenece con la fuerza del Evangelio y la hace capaz de escrutar los signos de los tiempos, para responder cada vez mejor a la voluntad de Dios (cf. Lumen gentium, 4 y 12; Gaudium et spes, 4).

Entre los peque帽os, a los que han sido revelados de manera muy especial los secretos del Reino, resplandece Teresa del Ni帽o Jes煤s y de la Santa Faz, monja profesa de la orden de los Carmelitas Descalzos, de la que este a帽o se celebra el centenario de su ingreso en la patria celestial.

Durante su vida, Teresa descubri贸 芦luces nuevas, significados ocultos y misteriosos禄 (Ms A 83 v) y recibi贸 del Maestro divino la 芦ciencia del amor禄, que luego manifest贸 con particular originalidad en sus escritos (cf. Ms B 1 r). Esa ciencia es la expresi贸n luminosa de su conocimiento del misterio del Reino y de su experiencia personal de la gracia. Se puede considerar como un carisma particular de sabidur铆a evang茅lica que Teresa, como otros santos y maestros de la fe, recibi贸 en la oraci贸n (cf. Ms C 36 r).

2. La acogida del ejemplo de su vida y de su doctrina evang茅lica ha sido r谩pida, universal y constante en nuestro siglo. Casi a imitaci贸n de su precoz maduraci贸n espiritual, su santidad fue reconocida por la Iglesia en el espacio de pocos a帽os. En efecto, el 10 de junio de 1914 P铆o X firm贸 el decreto de incoaci贸n de la causa de beatificaci贸n; el 14 de agosto de 1921 Benedicto XV declar贸 la heroicidad de las virtudes de la sierva de Dios, pronunciando en esa ocasi贸n un discurso sobre el camino de la infancia espiritual; y P铆o XI la proclam贸 beata el 29 de abril de 1923. Un poco m谩s tarde, el 17 de mayo de 1925, el mismo Papa, ante una inmensa multitud, la canoniz贸 en la bas铆lica de San Pedro, poniendo de relieve el esplendor de sus virtudes, as铆 como la originalidad de su doctrina, y dos a帽os despu茅s, el 14 de diciembre de 1927, acogiendo la petici贸n de muchos obispos misioneros, la proclam贸, junto con san Francisco Javier, patrona de las misiones.

A partir de esos reconocimientos, la irradiaci贸n espiritual de Teresa del Ni帽o Jes煤s ha aumentado en la Iglesia y se ha difundido por todo el mundo. Muchos institutos de vida consagrada y movimientos eclesiales, especialmente en las Iglesias j贸venes, la han elegido como patrona y maestra, inspir谩ndose en su doctrina espiritual. Su mensaje, a menudo sintetizado en el as铆 llamado 芦caminito禄, que no es m谩s que el camino evang茅lico de la santidad para todos, ha sido objeto de estudio por parte de te贸logos y autores de espiritualidad. Se han construido y dedicado al Se帽or, bajo el patrocinio de la santa de Lisieux, catedrales, bas铆licas, santuarios e iglesias en todo el mundo. La Iglesia cat贸lica en sus diversos ritos, tanto de Oriente como de Occidente, celebra su culto.

Numerosos fieles han podido experimentar el poder de su intercesi贸n. Muchos, llamados al ministerio sacerdotal o a la vida consagrada, especialmente en las misiones y en la vida contemplativa, atribuyen la gracia divina de la vocaci贸n a su intercesi贸n y a su ejemplo.

3. Los pastores de la Iglesia, comenzando por mis predecesores los Sumos Pont铆fices de este siglo, que propusieron su santidad como ejemplo para todos, tambi茅n han puesto de relieve que Teresa es maestra de vida espiritual con una doctrina sencilla y, a la vez, profunda que ella tom贸 de los manantiales del Evangelio bajo la gu铆a del Maestro divino y luego comunic贸 a sus hermanos y hermanas en la Iglesia con ampl铆sima eficacia (cf. Ms B 2 v - 3 r).

Esta doctrina espiritual nos ha sido transmitida sobre todo en su autobiograf铆a que, tomada de los tres manuscritos redactados por ella en los 煤ltimos a帽os de su vida y publicada un a帽o despu茅s de su muerte con el t铆tulo: Historia de un alma (Lisieux 1898), ha despertado extraordinario inter茅s hasta nuestros d铆as. Esta autobiograf铆a, traducida, al igual que sus dem谩s escritos, a cerca de cincuenta lenguas, ha dado a conocer a Teresa en todas las regiones del mundo, incluso fuera de la Iglesia cat贸lica. A un siglo de distancia de su muerte, Teresa del Ni帽o Jes煤s sigue siendo considerada una de las grandes maestras de vida espiritual de nuestro tiempo.

4. No es sorprendente, por tanto, que hayan llegado a la Sede apost贸lica muchas peticiones para que se le conceda el t铆tulo de Doctora de la Iglesia universal.

Desde hace algunos a帽os, y especialmente al acercarse la alegre celebraci贸n del primer centenario de su muerte, esas peticiones han llegado cada vez en mayor n煤mero, incluso de parte de Conferencias episcopales. Adem谩s, se han realizado congresos de estudio y abundan las publicaciones que ponen de relieve el hecho de que Teresa del Ni帽o Jes煤s posee una sabidur铆a extraordinaria y, con su doctrina, ayuda a muchos hombres y mujeres de cualquier condici贸n a conocer y amar a Jesucristo y su Evangelio.

A la luz de estos datos, decid铆 encargar un atento estudio para saber si la santa de Lisieux cumpl铆a los requisitos para poder ser declarada Doctora de la Iglesia universal.

5. En este marco, me complace recordar brevemente algunos momentos de la vida de Teresa del Ni帽o Jes煤s. Nace en Alen莽on (Francia) el 2 de enero de 1873. Es bautizada dos d铆as m谩s tarde en la iglesia de Notre Dame, recibiendo los nombres de Mar铆a Francisca Teresa. Sus padres son Louis Mart铆n y Z茅lie Gu茅rin, cuyas virtudes heroicas he reconocido recientemente. Despu茅s de la muerte de su madre, que acontece el 28 de agosto de 1877, Teresa se traslada con toda la familia a la ciudad de Lisieux donde, rodeada del afecto de su padre y sus hermanas, recibe una formaci贸n exigente y, a la vez, llena de ternura.

Hacia fines de 1879 recibe por primera vez el sacramento de la penitencia. En el d铆a de Pentecost茅s de 1883 recibe la gracia singular de curar de una grave enfermedad, por intercesi贸n de Nuestra Se帽ora de las Victorias. Educada por las benedictinas de Lisieux, recibe la primera comuni贸n el 8 de mayo de 1884, despu茅s de una intensa preparaci贸n, coronada por una singular experiencia de la gracia de la uni贸n 铆ntima con Jes煤s. Pocas semanas m谩s tarde, el 14 de junio del mismo a帽o, recibe el sacramento de la confirmaci贸n, con viva conciencia de lo que implica el don del Esp铆ritu Santo en la participaci贸n personal en la gracia de Pentecost茅s. En la Navidad de 1886 vive una experiencia espiritual muy profunda, que describe como una 芦conversi贸n total禄. Gracias a ella, supera la fragilidad emotiva derivada de la p茅rdida de su madre e inicia 芦una carrera acelerada禄 por el camino de la perfecci贸n (cf. Ms A 44 v - 45 v).

Teresa desea abrazar la vida contemplativa, como sus hermanas Paulina y Mar铆a, en el Carmelo de Lisieux, pero se lo impide su corta edad. Con ocasi贸n de una peregrinaci贸n a Italia, despu茅s de visitar la santa Casa de Loreto y los lugares de la ciudad eterna, en la audiencia que el Papa concede a los fieles de la di贸cesis de Lisieux, el 20 de noviembre de 1887, con filial audacia pide a Le贸n XIII el permiso para entrar en el Carmelo a la edad de 15 a帽os.

El 9 de abril de 1888 entra en el Carmelo de Lisieux, donde recibe el h谩bito de la orden de la Virgen el 10 de enero del a帽o siguiente, y emite su profesi贸n religiosa el 8 de septiembre de 1890, fiesta de la Natividad de la Virgen Mar铆a. En el Carmelo emprende el camino de la perfecci贸n trazado por la madre fundadora, Teresa de Jes煤s, con aut茅ntico fervor y fidelidad, cumpliendo los diversos oficios comunitarios que se le conf铆an. Iluminada por la palabra de Dios y probada de modo particular por la enfermedad de su amad铆simo padre, Louis Mart铆n, que muere el 29 de julio de 1894, Teresa se encamina hacia la santidad, insistiendo en la centralidad del amor. Descubre y comunica a las novicias encomendadas a su cuidado el caminito de la infancia espiritual, progresando en el cual ella penetra cada vez m谩s en el misterio de la Iglesia y, atra铆da por el amor de Cristo, siente crecer en s铆 misma la vocaci贸n apost贸lica y misionera, que la impulsa a llevar a todos hacia el encuentro con el Esposo divino.

El 9 de junio de 1895, en la fiesta de la Sant铆sima Trinidad, se ofrece como v铆ctima de holocausto al amor misericordioso de Dios. El 3 de abril del a帽o siguiente, en la noche entre el Jueves y el Viernes santo, tiene una primera manifestaci贸n de la enfermedad que la llevar谩 a la muerte. Teresa la acoge como la misteriosa visita del Esposo divino. Al mismo tiempo, entra en la prueba de la fe, que durar谩 hasta su muerte. Al empeorar su salud, a partir del 8 de julio de 1897, es trasladada a la enfermer铆a. Sus hermanas y otras religiosas recogen sus palabras, mientras los dolores y las pruebas, sufridos con paciencia, se intensifican hasta culminar con la muerte, en la tarde del 30 de septiembre de 1897. 芦Yo no muero; entro en la vida禄, hab铆a escrito a uno de sus hermanos espirituales, don Belli猫re (Carta 244). Sus 煤ltimas palabras: 芦Dios m铆o, te amo禄, son el sello de su existencia.

6. Teresa del Ni帽o Jes煤s nos ha legado escritos que, con raz贸n, le han merecido el t铆tulo de maestra de vida espiritual. Su obra principal es el relato de su vida en los tres Manuscritos autobiogr谩ficos (A, B y C), publicados inicialmente con el t铆tulo, que pronto se hizo c茅lebre, de Historia de un alma.

En el Manuscrito A, redactado a petici贸n de la hermana In茅s de Jes煤s, entonces priora del monasterio, y entregado a ella el 21 de enero de 1896, Teresa describe las etapas de su experiencia religiosa: su infancia, especialmente el acontecimiento de su primera comuni贸n y de la confirmaci贸n, y su adolescencia, hasta el ingreso en el Carmelo y su primera profesi贸n.

El Manuscrito B, redactado durante el retiro espiritual de ese mismo a帽o, a petici贸n de su hermana Mar铆a del Sagrado Coraz贸n, contiene algunas de las p谩ginas m谩s hermosas, conocidas y citadas de la santa de Lisieux. En ellas se manifiesta la plena madurez de la santa, que habla de su vocaci贸n en la Iglesia, Esposa de Cristo y Madre de las almas.

El Manuscrito C, redactado en el mes de junio y en los primeros d铆as de julio de 1897, pocos meses antes de su muerte, y dedicado a la priora Mar铆a de Gonzaga, que se lo hab铆a pedido, completa los recuerdos del Manuscrito A sobre su vida en el Carmelo. Estas p谩ginas revelan la sabidur铆a sobrenatural de la autora. Teresa narra algunas experiencias elevad铆simas de este per铆odo final de su vida. Dedica p谩ginas conmovedoras a la prueba de la fe: una gracia de purificaci贸n que la sumerge en una larga y dolorosa noche oscura, iluminada por su confianza en el amor misericordioso y paternal de Dios. Una vez m谩s, y sin repetirse, Teresa hace brillar la resplandeciente luz del Evangelio. Aqu铆 encontramos las p谩ginas m谩s hermosas, dedicadas al abandono confiado en las manos de Dios, a la unidad entre el amor a Dios y el amor al pr贸jimo, y a su vocaci贸n misionera en la Iglesia.

Teresa, en estos tres manuscritos diversos, que coinciden en una unidad tem谩tica y en una progresiva descripci贸n de su vida y de su camino espiritual, nos ha entregado una original autobiograf铆a, que es la historia de su alma. En ella se pone claramente de manifiesto que en su existencia Dios ofrece al mundo un mensaje preciso, al se帽alar un camino evang茅lico, el 芦caminito禄, que todos pueden recorrer, porque todos est谩n llamados a la santidad.

En sus 266 Cartas que conservamos, dirigidas a familiares, a religiosas y a los 芦hermanos禄 misioneros, Teresa comunica su sabidur铆a, desarrollando una doctrina que constituye de hecho un profundo ejercicio de direcci贸n espiritual de almas.

Forman parte de sus escritos tambi茅n 54 Poes铆as, algunas de las cuales entra帽an gran profundidad teol贸gica y espiritual, inspiradas en la sagrada Escritura. Entre ellas merecen especial menci贸n 芦Vivir de amor禄 (Poes铆as, 17) y 芦Por qu茅 te amo, Mar铆a禄 (Poes铆as, 54), s铆ntesis original del camino de la Virgen Mar铆a seg煤n el Evangelio. A esta producci贸n hay que a帽adir 8 Recreaciones piadosas: composiciones po茅ticas y teatrales, ideadas y representadas por la Santa para su comunidad con ocasi贸n de algunas fiestas, seg煤n la tradici贸n del Carmelo. Entre los dem谩s escritos, conviene recordar una serie de 21 Oraciones y la colecci贸n de sus palabras pronunciadas durante los 煤ltimos meses de vida. Esas palabras, de las que se conservan varias redacciones, son conocidas como Novissima verba o 脷ltimas conversaciones.

7. El an谩lisis esmerado de los escritos de santa Teresa del Ni帽o Jes煤s, y la resonancia que han tenido en la Iglesia, permiten descubrir los aspectos principales de la 芦doctrina eminente禄, que constituye el elemento fundamental en el que se basa la atribuci贸n del t铆tulo de Doctora de la Iglesia.

Ante todo, se constata la existencia de un particular carisma de sabidur铆a. En efecto, esta joven carmelita, sin una especial preparaci贸n teol贸gica, pero iluminada por la luz del Evangelio, se siente instruida por el Maestro divino que, como ella dice, es 芦el Doctor de los doctores禄 (Ms A 83 v), el cual le comunica las 芦ense帽anzas divinas禄 (Ms B 1 r). Siente que en ella se han cumplido las palabras de la Escritura: 芦El que sea sencillo, venga a m铆...; al peque帽o se le concede la misericordia禄 (Ms B 1 v; cf. Pr 9, 4; Sb 6, 6) y sabe que ha sido instruida en la ciencia del amor, oculta a los sabios y a los inteligentes, que el Maestro divino se ha dignado revelarle a ella, como a los peque帽os (cf. Ms A 49 r; Lc 10, 21-22).

P铆o XI, que consider贸 a Teresa de Lisieux como 芦estrella de su pontificado禄, no dud贸 en afirmar en la homil铆a del d铆a de su canonizaci贸n, el 17 de mayo del a帽o 1925: 芦El Esp铆ritu de la verdad le abri贸 y manifest贸 las verdades que suele ocultar a los sabios e inteligentes y revelar a los peque帽os, pues ella, como atestigua nuestro inmediato predecesor, destac贸 tanto en la ciencia de las cosas sobrenaturales, que se帽al贸 a los dem谩s el camino cierto de la salvaci贸n禄 (AAS 17 [1925] p. 213).

Su ense帽anza no s贸lo es acorde con la Escritura y la fe cat贸lica, sino que tambi茅n resalta por la profundidad y la s铆ntesis sapiencial lograda. Su doctrina es, a la vez, una profesi贸n de la fe de la Iglesia, una experiencia del misterio cristiano y un camino hacia la santidad. Teresa ofrece una s铆ntesis madura de la espiritualidad cristiana: une la teolog铆a y la vida espiritual, se expresa con vigor y autoridad, con gran capacidad de persuasi贸n y de comunicaci贸n, como lo demuestra la aceptaci贸n y la difusi贸n de su mensaje en el pueblo de Dios.

La ense帽anza de Teresa manifiesta con coherencia y une en un conjunto armonioso los dogmas de la fe cristiana como doctrina de verdad y experiencia de vida. A este respecto, no conviene olvidar que, como ense帽a el concilio Vaticano II, la inteligencia del dep贸sito de la fe transmitido por los Ap贸stoles progresa en la Iglesia bajo la asistencia del Esp铆ritu Santo: 芦Crece la comprensi贸n de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repas谩ndolas en su coraz贸n (cf. Lc 2, 19 y 51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Ap贸stoles en el carisma de la verdad禄 (Dei Verbum, 8).

Tal vez en los escritos de Teresa de Lisieux no encontramos, como en otros Doctores, una presentaci贸n cient铆ficamente elaborada de las cosas de Dios, pero en ellos podemos descubrir un testimonio iluminado de la fe que, mientras acoge con amor confiado la condescendencia misericordiosa de Dios y la salvaci贸n en Cristo, revela el misterio y la santidad de la Iglesia.

As铆 pues, con raz贸n se puede reconocer en la santa de Lisieux el carisma de Doctora de la Iglesia, tanto por el don del Esp铆ritu Santo, que recibi贸 para vivir y expresar su experiencia de fe, como por su particular inteligencia del misterio de Cristo. En ella confluyen los dones de la ley nueva, es decir, la gracia del Esp铆ritu Santo, que se manifiesta en la fe viva que act煤a por medio de la caridad (cf. santo Tom谩s de Aquino, Summa Theol. I-II, q. 106, art. 1; q. 108, art. 1).

Podemos aplicar a Teresa de Lisieux lo que dijo mi predecesor Pablo VI de otra joven santa, Doctora de la Iglesia, Catalina de Siena: 芦Lo que m谩s impresiona en esta santa es la sabidur铆a infusa, es decir, la l煤cida, profunda y arrebatadora asimilaci贸n de las verdades divinas y de los misterios de la fe (...): una asimilaci贸n favorecida, ciertamente, por dotes naturales singular铆simas, pero evidentemente prodigiosa, debida a un carisma de sabidur铆a del Esp铆ritu Santo禄 (AAS 62 [1970] p. 675).

8. Con su peculiar doctrina y su estilo inconfundible, Teresa se presenta como una aut茅ntica maestra de la fe y de la vida cristiana. Por sus escritos, al igual que por las afirmaciones de los Santos Padres, pasa la vivificante linfa de la tradici贸n cat贸lica, cuyas riquezas, como atestigua tambi茅n el concilio Vaticano II, 芦van pasando a la pr谩ctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora禄 (Dei Verbum, 8).

La doctrina de Teresa de Lisieux, si se analiza en su g茅nero literario, correspondiente a su educaci贸n y a su cultura, y si se estudia a la luz de las particulares circunstancias de su 茅poca, coincide de modo providencial con la m谩s genuina tradici贸n de la Iglesia, tanto por la profesi贸n de la fe cat贸lica como por la promoci贸n de la m谩s aut茅ntica vida espiritual, propuesta a todos los fieles con un lenguaje vivo y accesible.

Ella ha hecho resplandecer en nuestro tiempo el atractivo del Evangelio; ha cumplido la misi贸n de hacer conocer y amar a la Iglesia, Cuerpo m铆stico de Cristo; ha ayudado a curar las almas de los rigores y de los temores de la doctrina jansenista, m谩s propensa a subrayar la justicia de Dios que su divina misericordia. Ha contemplado y adorado en la misericordia de Dios todas las perfecciones divinas, porque 芦incluso la justicia de Dios, y tal vez m谩s que cualquier otra perfecci贸n, me parece revestida de amor禄 (Ms A 83 v). As铆 se ha convertido en una imagen viva de aquel Dios que, como reza la oraci贸n de la Iglesia, 芦manifiesta especialmente su poder con el perd贸n y la misericordia禄 (cf. Misal romano, oraci贸n colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario).

Aunque Teresa no tiene propiamente un cuerpo doctrinal, sus escritos irradian particulares fulgores de doctrina que, como por un carisma del Esp铆ritu Santo, captan el centro mismo del mensaje de la Revelaci贸n en una visi贸n original e in茅dita, presentando una ense帽anza cualitativamente eminente.

En efecto, el n煤cleo de su mensaje es el misterio mismo de Dios Amor, de Dios Trinidad, infinitamente perfecto en s铆 mismo. Si la genuina experiencia espiritual cristiana debe coincidir con las verdades reveladas, en las que Dios se revela a s铆 mismo y manifiesta el misterio de su voluntad (cf. Dei Verbum, 2), es preciso afirmar que Teresa experiment贸 la revelaci贸n divina, llegando a contemplar las realidades fundamentales de nuestra fe encerradas en el misterio de la vida trinitaria. En la cima, como manantial y t茅rmino, el amor misericordioso de las tres divinas Personas, como ella lo expresa, especialmente en su Acto de consagraci贸n al Amor misericordioso. Por parte del sujeto, en la base se halla la experiencia de ser hijos adoptivos del Padre en Jes煤s; ese es el sentido m谩s aut茅ntico de la infancia espiritual, es decir, la experiencia de la filiaci贸n divina bajo el impulso del Esp铆ritu Santo. Tambi茅n en la base, y ante nosotros, est谩 el pr贸jimo, los dem谩s, en cuya salvaci贸n debemos colaborar con Jes煤s y en 茅l, con su mismo amor misericordioso.

Con la infancia espiritual experimentamos que todo viene de Dios, a 茅l vuelve y en 茅l permanece, para la salvaci贸n de todos, en un misterio de amor misericordioso. Ese es el mensaje doctrinal que ense帽贸 y vivi贸 esta santa.

Como para los santos de la Iglesia de todos los tiempos, tambi茅n para ella, en su experiencia espiritual, el centro y la plenitud de la revelaci贸n es Cristo. Teresa conoci贸 a Jes煤s, lo am贸 y lo hizo amar con la pasi贸n de una esposa. Penetr贸 en los misterios de su infancia, en las palabras de su Evangelio, en la pasi贸n del Siervo que sufre, esculpida en su santa Faz, en el esplendor de su existencia gloriosa y en su presencia eucar铆stica. Cant贸 todas las expresiones de la caridad divina de Cristo, como las presenta el Evangelio (cf. Poes铆as, 24 芦Acu茅rdate, mi Amor禄).

Teresa recibi贸 una iluminaci贸n particular sobre la realidad del Cuerpo m铆stico de Cristo, sobre la variedad de sus carismas, dones del Esp铆ritu Santo, sobre la fuerza eminente de la caridad, que es el coraz贸n mismo de la Iglesia, en la que ella encontr贸 su vocaci贸n de contemplativa y misionera (cf. Ms B 2 r - 3 v).

Por 煤ltimo, entre los cap铆tulos m谩s originales de su ciencia espiritual conviene recordar la sabia investigaci贸n que Teresa realiz贸 sobre el misterio y el camino de la Virgen Mar铆a, llegando a resultados muy cercanos a la doctrina del concilio Vaticano II en el cap铆tulo VIII de la constituci贸n Lumen gentium y a lo que yo mismo expuse en mi carta enc铆clica Redemptoris Mater, del 25 de marzo de 1987.

9. La fuente principal de su experiencia espiritual y de su ense帽anza es la palabra de Dios, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Ella misma lo confiesa, especialmente poniendo de relieve su amor apasionado al Evangelio (cf. Ms A 83 v). En sus escritos se cuentan m谩s de mil citas b铆blicas: m谩s de cuatrocientas del Antiguo Testamento y m谩s de seiscientas del Nuevo.

A pesar de que no ten铆a preparaci贸n y de que carec铆a de medios adecuados para el estudio y la interpretaci贸n de los libros sagrados, Teresa se entreg贸 a la meditaci贸n de la palabra de Dios con una fe y un empe帽o singulares. Bajo el influjo del Esp铆ritu logr贸, para s铆 y para los dem谩s, un profundo conocimiento de la Revelaci贸n. Concentr谩ndose amorosamente en la Escritura -manifest贸 que le hubiera gustado conocer el hebreo y el griego para comprender mejor el esp铆ritu y la letra de los libros sagrados- puso de manifiesto la importancia que las fuentes b铆blicas tienen en la vida espiritual, destac贸 la originalidad y la lozan铆a del Evangelio, cultiv贸 con sobriedad la ex茅gesis espiritual de la palabra de Dios, tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo. De esta forma, descubri贸 tesoros ocultos, asumiendo palabras y episodios, a veces con gran audacia sobrenatural, como cuando, leyendo los textos de san Pablo (cf. 1 Co 12-13), intuy贸 su vocaci贸n al amor (cf. Ms B 3 r - 3 v). Iluminada por la palabra revelada, Teresa escribi贸 p谩ginas admirables sobre la unidad entre el amor a Dios y el amor al pr贸jimo (cf. Ms C 11 v - 19 r) y se sumergi贸 con la oraci贸n de Jes煤s en la 煤ltima Cena, como expresi贸n de su intercesi贸n por la salvaci贸n de todos (cf. Ms C 34 r - 35 r).

Su doctrina coincide, como ya he dicho, con la ense帽anza de la Iglesia. Ya desde ni帽a, sus familiares le ense帽aron a participar en la oraci贸n y en el culto lit煤rgico. Al prepararse para su primera confesi贸n, para su primera Comuni贸n y para el sacramento de la confirmaci贸n, mostr贸 un amor extraordinario a las verdades de la fe, y se aprendi贸 casi al pie de la letra el Catecismo (cf. Ms A 37 r - 37 v). Al final de su vida, escribi贸 con su propia sangre el S铆mbolo de los Ap贸stoles, como expresi贸n de su adhesi贸n sin reservas a la profesi贸n de fe.

Teresa no s贸lo se aliment贸 con las palabras de la Escritura y la doctrina de la Iglesia, sino tambi茅n, desde su ni帽ez, con la ense帽anza de la Imitaci贸n de Cristo, que, como confiesa ella misma, se sab铆a casi de memoria (cf. Ms A 47 r). En la realizaci贸n de su vocaci贸n carmelita fueron decisivos los textos espirituales de la madre fundadora, santa Teresa de Jes煤s, especialmente los que explican el sentido contemplativo y eclesial del carisma del Carmelo teresiano (cf. Ms C 33 v). Pero de modo muy especial Teresa se aliment贸 de la doctrina m铆stica de san Juan de la Cruz, que fue su verdadero maestro espiritual (cf. Ms A 83 r). As铆 pues, no es sorprendente que, siguiendo la escuela de estos dos santos, declarados posteriormente Doctores de la Iglesia, tambi茅n ella, 贸ptima disc铆pula, se haya convertido en maestra de vida espiritual.

10. La doctrina espiritual de Teresa de Lisieux ha contribuido a la extensi贸n del reino de Dios. Con su ejemplo de santidad, de perfecta fidelidad a la Madre Iglesia, de plena comuni贸n con la Sede de Pedro, as铆 como con las particulares gracias que ha obtenido para muchos hermanos y hermanas misioneros, ha prestado un servicio particular a la renovada proclamaci贸n y experiencia del Evangelio de Cristo y a la difusi贸n de la fe cat贸lica en todas las naciones de la tierra.

No es necesario insistir mucho en la universalidad de la doctrina teresiana y la amplia aceptaci贸n de su mensaje durante el siglo que ha transcurrido desde su muerte, pues est谩n muy bien documentadas en los estudios realizados con vistas a la concesi贸n del t铆tulo de Doctora de la Iglesia a esta santa.

Reviste particular importancia, a este respecto, el hecho de que el Magisterio de la Iglesia no s贸lo ha reconocido la santidad de Teresa, sino que tambi茅n ha puesto de relieve su sabidur铆a y su doctrina. Ya P铆o X dijo de ella que era 芦la santa m谩s grande de los tiempos modernos禄. Acogiendo con alegr铆a la primera edici贸n italiana de la Historia de un alma, quiso destacar los frutos que se obten铆an de la espiritualidad teresiana. Benedicto XV, con ocasi贸n de la proclamaci贸n de la heroicidad de las virtudes de la sierva de Dios, ilustr贸 el camino de la infancia espiritual y alab贸 la ciencia de las realidades divinas, concedida por Dios a Teresa, para ense帽ar a los dem谩s los caminos de la salvaci贸n (cf. AAS 13 [1921] pp. 449-452).

P铆o XI, tanto con motivo de su beatificaci贸n como de su canonizaci贸n, quiso exponer y recomendar la doctrina de la santa, subrayando la particular iluminaci贸n divina (Discorsi di Pio XI, vol. I, Torino 1959, p. 91) y defini茅ndola maestra de vida (cf. AAS 17 [1925] pp. 211-214). P铆o XII, con ocasi贸n de la consagraci贸n de la bas铆lica de Lisieux en el a帽o 1954, afirm贸, entre otras cosas, que Teresa hab铆a penetrado con su doctrina en el coraz贸n mismo del Evangelio (cf. AAS 46 [1954] pp. 404-408). El cardenal Angelo Roncalli, futuro Papa Juan XXIII, visit贸 varias veces Lisieux, especialmente cuando era nuncio en Par铆s. Durante su pontificado manifest贸 en diversas circunstancias su devoci贸n por la santa e ilustr贸 las relaciones entre la doctrina de la santa de 脕vila y la de su hija, Teresa de Lisieux (Discorsi, Messaggi, Colloqui, vol. II [1959-1960] pp. 771-772).

Durante la celebraci贸n del concilio Vaticano II, varias veces los padres evocaron su ejemplo y su doctrina. Pablo VI, con motivo del centenario de su nacimiento, el 2 de enero de 1973, dirigi贸 una carta al obispo de Bayeux y Lisieux, en la que destacaba el ejemplo de Teresa en la b煤squeda de Dios, la propon铆a como maestra de oraci贸n y de esperanza teologal, y modelo de comuni贸n con la Iglesia, recomendando el estudio de su doctrina a los maestros, a los educadores, a los pastores e incluso a los te贸logos (cf. AAS 65 [1973] pp. 12-15).

Yo mismo, en varias circunstancias, me he referido a la figura y a la doctrina de la santa, de modo especial con ocasi贸n de mi inolvidable visita a Lisieux, el 2 de junio de 1980, cuando quise recordar a todos: 芦De Teresa de Lisieux se puede decir con seguridad que el Esp铆ritu de Dios permiti贸 a su coraz贸n revelar directamente a los hombres de nuestro tiempo el misterio fundamental, la realidad del Evangelio (...). El "caminito" es el itinerario de la "infancia espiritual". Hay en 茅l algo 煤nico, un car谩cter propio de santa Teresa de Lisieux. En 茅l se encuentra, al mismo tiempo, la confirmaci贸n y la renovaci贸n de la verdad m谩s fundamental y m谩s universal. 驴Qu茅 verdad hay en el mensaje evang茅lico m谩s fundamental y m谩s universal que 茅sta: Dios es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos?禄 (L'Osservatore Romano, edici贸n en lengua espa帽ola, 15 de junio de 1980, p. 15).

Estas breves referencias a una ininterrumpida serie de testimonios de los Papas de este siglo sobre la santidad y la doctrina de santa Teresa del Ni帽o Jes煤s y a la difusi贸n universal de su mensaje, expresan claramente hasta qu茅 punto la Iglesia ha acogido, en sus pastores y en sus fieles, la doctrina espiritual de esta joven santa.

Signo de la aceptaci贸n eclesial de la ense帽anza de la Santa es el hecho de que el Magisterio ordinario de la Iglesia en muchos documentos ha recurrido a esa doctrina, especialmente al tratar de la vocaci贸n contemplativa y misionera, de la confianza en Dios justo y misericordioso, de la alegr铆a cristiana y de la vocaci贸n a la santidad. Lo atestigua la presencia de su doctrina en el reciente Catecismo de la Iglesia cat贸lica (nn. 127, 826, 956, 1.011, 2.011 y 2.558). Ella, que tanto se esforz贸 por aprender en el catecismo las verdades de la fe, ha merecido ser incluida entre los autores m谩s destacados de la doctrina cat贸lica.

Teresa tiene una universalidad singular. Su persona y el mensaje evang茅lico del 芦caminito禄 de la confianza y de la infancia espiritual han encontrado y siguen encontrando una acogida sorprendente en todo el mundo.

El influjo de su mensaje abarca ante todo a los hombres y mujeres cuya santidad o virtudes heroicas la Iglesia ha reconocido, pastores de la Iglesia, te贸logos y autores de espiritualidad, sacerdotes y seminaristas, religiosos y religiosas, movimientos eclesiales y comunidades nuevas, hombres y mujeres de cualquier condici贸n y de todos los continentes. A todos Teresa les ofrece su personal confirmaci贸n de que el misterio cristiano, del que es testigo y ap贸stol mediante la oraci贸n al convertirse, como ella afirma con audacia, en 芦ap贸stol de los ap贸stoles禄 (Ms A 56 r), debe tomarse al pie de la letra, con el mayor realismo posible, porque tiene un valor universal en el tiempo y en el espacio. La fuerza de su mensaje radica en que explica de modo concreto c贸mo todas las promesas de Jes煤s se cumplen plenamente en el creyente que acoge con confianza en su vida la presencia salvadora del Redentor.

11. Todas estas razones constituyen un claro testimonio de la actualidad de la doctrina de la santa de Lisieux y del particular influjo de su mensaje en los hombres y mujeres de nuestro siglo. Adem谩s, concurren algunas circunstancias que hacen a煤n m谩s significativa su designaci贸n como maestra para la Iglesia en nuestro tiempo.

Ante todo, Teresa es una mujer que, leyendo el Evangelio, supo captar sus riquezas escondidas con la forma concreta y la profunda resonancia vital y sapiencial propia del genio femenino. Entre las innumerables mujeres santas que resplandecen por la sabidur铆a del Evangelio ella destaca por su universalidad.

Teresa es, adem谩s, una contemplativa. En el ocultamiento de su Carmelo vivi贸 de tal modo la gran aventura de la experiencia cristiana, que lleg贸 a conocer la anchura y la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo (cf. Ef 3, 18-19). Dios quiso que no permanecieran ocultos sus secretos, por eso capacit贸 a Teresa para proclamar los secretos del Rey (cf. Ms C 2 v). Con su vida, Teresa da un testimonio y una ilustraci贸n teol贸gica de la belleza de la vida contemplativa, como total entrega a Cristo, Esposo de la Iglesia, y como afirmaci贸n viva del primado de Dios sobre todas las cosas. Su vida, a pesar de ser oculta, posee una fecundidad escondida para la difusi贸n del Evangelio e inunda a la Iglesia y al mundo del buen olor de Cristo (cf. Carta 169, 2 v).

Por 煤ltimo, Teresa de Lisieux es una joven. Alcanz贸 la madurez de la santidad en plena juventud (cf. Ms C 4 r). Como tal se presenta como maestra de vida evang茅lica, particularmente eficaz a la hora de iluminar las sendas de los j贸venes, a los que corresponde ser protagonistas y testigos del Evangelio entre las nuevas generaciones.

Santa Teresa del Ni帽o Jes煤s no s贸lo es, por su edad, la Doctora m谩s joven de la Iglesia, sino tambi茅n la m谩s cercana a nosotros en el tiempo; as铆 se subraya la continuidad con la que el Esp铆ritu del Se帽or env铆a a la Iglesia sus mensajeros, hombres y mujeres, como maestros y testigos de la fe. En efecto, a pesar de los cambios que se producen en el decurso de la historia y de las repercusiones que suelen tener en la vida y en el pensamiento de los hombres de las diversas 茅pocas, no debemos perder de vista la continuidad que une entre s铆 a los Doctores de la Iglesia: en cualquier contexto hist贸rico, siguen siendo testigos del Evangelio que no cambia y, con la luz y la fuerza que les viene del Esp铆ritu, se hacen sus mensajeros, volviendo a anunciarlo en su integridad a sus contempor谩neos. Teresa es maestra para nuestro tiempo, sediento de palabras vivas y esenciales, de testimonios heroicos y cre铆bles. Por eso, es amada y aceptada tambi茅n por hermanos y hermanas de otras comunidades cristianas e incluso por muchos no cristianos.

12. En este a帽o, en que se conmemora el centenario de la gloriosa muerte de Teresa del Ni帽o Jes煤s y de la Santa Faz, mientras nos preparamos para la celebraci贸n del gran jubileo del a帽o 2000, habiendo recibido numerosas y autorizadas peticiones, especialmente de muchas Conferencias episcopales de todo el mundo, y habiendo acogido la petici贸n oficial, o Supplex Libellus, que me dirigieron el 8 de marzo de 1997 el obispo de Bayeux y Lisieux, el prep贸sito general de la orden de los Carmelitas Descalzos de la Bienaventurada Virgen Mar铆a del Monte Carmelo, y el postulador general de la misma orden, decid铆 encomendar a la Congregaci贸n para las causas de los santos, competente en esta materia, 芦despu茅s de haber obtenido el parecer de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe, por lo que se refiere a la doctrina eminente禄 (constituci贸n apost贸lica Pastor bonus, 73), el peculiar estudio de la causa para conceder el t铆tulo de Doctora a esta santa.

Reunida la documentaci贸n necesaria, las dos citadas Congregaciones abordaron la cuesti贸n en sus respectivas Consultas: la de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe el 5 de mayo de 1997, por lo que ata帽e a la 芦doctrina eminente禄, y la de la Congregaci贸n para las causas de los santos el 29 de mayo del mismo a帽o, para examinar la especial 芦Positio禄. El 17 de junio sucesivo, los cardenales y los obispos miembros de esas Congregaciones, siguiendo un procedimiento aprobado por m铆 para esa ocasi贸n, se reunieron en una Asamblea interdicasterial plenaria y discutieron la Causa, expresando por unanimidad un parecer favorable a la concesi贸n a santa Teresa del Ni帽o Jes煤s y de la Santa Faz del t铆tulo de Doctora de la Iglesia universal. Dicho parecer me fue notificado personalmente por el se帽or cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe, y por monse帽or Alberto Bovone, arzobispo titular de Cesarea de Numidia, pro-prefecto de la Congregaci贸n para las causas de los santos.

Teniendo todo eso en cuenta, el pasado 24 de agosto, durante la plegaria del 脕ngelus, en presencia de centenares de obispos y ante una inmensa multitud de j贸venes de todo el mundo, reunida en Par铆s para la XII Jornada mundial de la juventud, quise anunciar personalmente mi intenci贸n de proclamar a Teresa del Ni帽o Jes煤s y de la Santa Faz Doctora de la Iglesia universal con ocasi贸n de la celebraci贸n de la Jornada mundial de las misiones (en Roma).

Hoy, 19 de octubre de 1997, en la plaza de San Pedro, llena de fieles procedentes de todo el mundo, y en presencia de numerosos cardenales, arzobispos y obispos, durante la solemne celebraci贸n eucar铆stica, he proclamado Doctora de la Iglesia universal a Teresa del Ni帽o Jes煤s y de la Santa Faz, con estas palabras: 芦Acogiendo los deseos de gran n煤mero de hermanos en el episcopado y de much铆simos fieles de todo el mundo, tras haber escuchado el parecer de la Congregaci贸n para las causas de los santos y obtenido el voto de la Congregaci贸n para la doctrina de la fe en lo que se refiere a la doctrina eminente, con conocimiento cierto y madura deliberaci贸n, en virtud de la plena autoridad apost贸lica, declaramos a santa Teresa del Ni帽o Jes煤s y de la Santa Faz, virgen, Doctora de la Iglesia universal. En el nombre del Padre y del Hijo y del Esp铆ritu Santo禄.

Realizado ese acto del modo debido, establecemos que esta carta apost贸lica sea religiosamente conservada y produzca pleno efecto tanto ahora como en el futuro; y que, adem谩s, seg煤n sus disposiciones se juzgue y se defina justamente, y que sea vano y sin fundamento cuanto alguien pueda atentar contra las mismas, con cualquier tipo de autoridad, tanto conscientemente como por ignorancia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el d铆a 19 del mes de octubre del a帽o del Se帽or 1997, vig茅simo de mi pontificado.

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