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Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos Seculares, La dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa
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La dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa

Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos Seculares

7 de marzo de 1980

INTRODUCCI脫N

La Plenaria de la Sagrada Congregaci贸n para los Religiosos e Institutos seculares, que ha tenido lugar del 4 al 7 de marzo de 1980, ha estudiado, partiendo de una documentaci贸n muy extensa, la dimensi贸n contemplativa de la vida religiosa. El tema fue elegido en la 煤ltima Plenaria del a帽o 1978, despu茅s de haberse enfrentado con la problem谩tica del papel espec铆fico de los religiosos en el 谩mbito de la misi贸n de la Iglesia en orden a la promoci贸n integral del hombre, especialmente en sus aspectos socio pol铆ticos. Al hacer resaltar entonces la importancia del elemento espiritual en todas las formas de vida consagrada, se advirti贸 la necesidad y la urgencia de poner de relieve la primacia absoluta de la vida en el Esp铆ritu.

La elecci贸n de este tema, aprobada posteriormente por el Santo Padre, fue inspirada tambi茅n por el resurgir de numerosas formas de oraci贸n, as铆 como de nuevas formas de vida contemplativa, en el Pueblo de Dios y en muchas comunidades religiosas, y por la tendencia a superar la nociva dicotom铆a entre interioridad y actividad en la vida personal y comunitaria de religiosos y religiosas, como reacci贸n a un per铆odo de cierta subvaloraci贸n de la oraci贸n y el recogimiento, que a煤n no ha sido totalmente superada.

EL objetivo de los trabajos de la Plenaria no ha sido de tipo especulativo o de estudio teol贸gico, sino que, bas谩ndose en una descripci贸n doctrinal suficientemente completa y aceptada, se ha querido elaborar un conjunto de orientaciones pr谩cticas y formativas, con una doble intenci贸n, a saber:

- favorecer la integraci贸n entre interioridad y actividad en los Institutos llamados de vida activa y

- promover la vitalidad y renovaci贸n de los Institutos espec铆ficamente contemplativos.

Al presentar aqu铆 las principales orientaciones formuladas por la Plenaria, se han tenido presentes no solamente las conclusiones de los Padres, sino tambi茅n las ideas principales afloradas en otras ocasiones, por ejemplo, en las reuniones de grupo, que completan el pensamiento de los Padres. Adem谩s, se han aplicado t铆tulos adecuados a los argumentos de las conclusiones, se han estructurado sus contenidos, se han subdividido en partes, pensando que, as铆, quedar铆an m谩s claros y expl铆citos los argumentos expuestos que, de otra manera, estaban demasiado condensadas en las propuestas conclusivas.

I. DESCRIPCI脫N DE LA DIMENSI脫N CONTEMPLATIVA

1. La dimensi贸n contemplativa es radicalmente una realidad de gracia, vivida por el creyente como un don de Dios, que le hace capaz de conocer al Padre 1 en el misterio de la comuni贸n trinitaria 2 , y de poder gustar "las profundidades de Dios" 3 .

No se pretende entrar aqu铆 en los delicados y numerosos problemas que plantean las diversas formas de contemplaci贸n, ni hacer un an谩lisis de la contemplaci贸n en cuanto don infuso del Esp铆ritu Santo.

Describimos la dimensi贸n contemplativa fundamentalmente como la respuesta teologal de fe, esperanza y amor con la cual el creyente se abre a la revelaci贸n y a la comuni贸n del Dios vivo por Cristo en el Esp铆ritu Santo. "El esfuerzo por fijar en El (Dios) la mirada y el coraz贸n, que nosotros llamamos contemplaci贸n, se convierte en el acto m谩s alto y m谩s pleno del esp铆ritu, el acto que hoy todav铆a puede y debe coronar la inmensa pir谩mide de la actividad humana" 4 .

Como acto unificante de la proyecci贸n del hombre hacia Dios, la dimensi贸n contemplativa se manifiesta en la escucha y meditaci贸n de la Palabra de Dios, en la participaci贸n de la vida divina que se nos transmite por los sacramentos, muy especialmente la Eucarist铆a, en la oraci贸n lit煤rgica y personal, en el deseo constante de Dios y la b煤squeda de su voluntad, tanto en los acontecimientos como en las personas, en la participaci贸n consciente de su misi贸n salv铆fica, en el don de si mismo a los dem谩s por el advenimiento del Reino. De ah铆 viene al religioso una actitud de continua y humilde adoraci贸n de la presencia de Dios en las personas, acontecimientos y cosas; una actitud que manifiesta la virtud de la piedad, fuente interior de paz y portadora de paz en cualquier ambiente de vida y de apostolado.

Todo esto se realiza a trav茅s de una progresiva purificaci贸n interior, bajo la luz y gu铆a del Esp铆ritu Santo, de modo que podamos encontrar a Dios en todo y en todos para llegar a ser alabanza de su gloria 5 .

La naturaleza misma de la vida consagrada resalta as铆 como ra铆z profunda que alimenta y unifica todos los aspectos de la existencia de los religiosos y religiosas.

2. "El tema elegido para esta Plenaria - dijo el Santo Padre en su Mensaje a los participantes - debe considerarse, por tanto, como de importancia primordial. Y estoy seguro de que este encuentro vuestro proporcionar谩 a todos los religiosos un precioso estimulo para perseverar en el empe帽o de dar a la faz del mundo el testimonio de la primac铆a de la relaci贸n del hombre con Dios. Confortados por las indicaciones que saldr谩n de vuestro encuentro romano, no dejar谩n de dedicar, con renovada convicci贸n, un tiempo suficientemente largo a la oraci贸n ante el Se帽or para decirle su amor y, sobre todo, para sentirse amados por El" 6 .

3. La Plenaria, pues, dirigiendo su atenci贸n a este tema, dedica su reflexi贸n a los Institutos de vida activa y a los que son espec铆ficamente contemplativos 7 considerando tambi茅n con particular benevolencia aquellas nuevas formas de vida religiosa en que se advierte un anhelo especial de vida contemplativa, expresando el deseo de que su fisonom铆a dentro de la comuni贸n eclesial al servicio de todo el Pueblo de Dios aparezca delineada cada vez m谩s claramente.

II. ORIENTACIONES PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA ACTIVA

A. Compenetraci贸n mutua entre acci贸n y contemplaci贸n

4. 驴Qu茅 acci贸n?

No se trata, para el religioso y la religiosa, de una acci贸n cualquiera. El concilio habla de acci贸n apost贸lica y caritativa" 8 originada y animada por el Esp铆ritu Santo. Tan solo una acci贸n de este g茅nero cabe dentro de la naturaleza misma de la vida religiosa, en cuanto constituye un ministerio sagrado y una obra particular de caridad que han sido confiados a los religiosos por la Iglesia y han de ser ejercitados en su nombre 9 .

La caracter铆stica propia de tal acci贸n es el impulso de la caridad alimentada en el coraz贸n del religioso; el coraz贸n, considerado como el santuario m谩s 铆ntimo de su persona, en el cual vibra la gracia de la uni贸n entre interioridad y actividad.

Es urgente, pues, fomentar la conciencia personal y comunitaria del manantial primario de la acci贸n apost贸lica y caritativa, como participaci贸n vivida de aquella misi贸n (de Cristo y de la Iglesia) que tiene su origen en el Padre y exige de todos aquellos que son enviados que expliciten la percepci贸n de su caridad en el di谩logo de la oraci贸n 10 .

En el caso de los religiosos de vida apost贸lica, se trata de favorecer la integraci贸n entre interioridad y actividad. En efecto, su primer deber es el de estar con Cristo. Un peligro constante para los obreros evang茅licos consiste en dejarse implicar de tal forma en su propia actividad por el Se帽or que se olviden del Se帽or de toda actividad 11 .

5. La oraci贸n renovada.

La oraci贸n es el aliento indispensable de toda dimensi贸n contemplativa: en estos tiempos de renovaci贸n apost贸lica como siempre por lo dem谩s, cuando se trata de una tarea apost贸lica, el primer lugar se ha de dar a la contemplaci贸n de Dios, a la meditaci贸n de su plan de salvaci贸n y a la reflexi贸n sobre los signos de los tiempos a la luz del Evangelio, de suerte que la oraci贸n pueda alimentarse y crecer en calidad y en frecuencia 12 .

De este modo la oraci贸n, abierta a la realidad de la creaci贸n y de la historia, se convierte en reconocimiento, adoraci贸n y alabanza constante de la presencia de Dios en el mundo y en su historia, eco de una vida solidaria con los hermanos, sobre todo con los pobres y los que sufren.

Pero esa oraci贸n, personal y comunitaria, se evidencia tan solo si el coraz贸n del religioso o religiosa alcanza un grado elevado de vitalidad y de intensidad en el di谩logo con Dios y en la comuni贸n con Cristo Redentor del hombre 13 .

Por eso, en el ritmo a veces fatigoso de las tareas apost贸licas, la oraci贸n personal y comunitaria habr谩 de tener sus momentos cotidianos y semanales cuidadosamente elegidos y suficientemente prolongados. Esos momentos se completar谩n con experiencias m谩s intensas de recogimiento y de oraci贸n realizadas mensual y anualmente 14 .

6. La naturaleza misma de la acci贸n apost贸lica y caritativa.

La naturaleza misma de la acci贸n apost贸lica y caritativa encierra una riqueza propia que alimenta la uni贸n con Dios; es preciso acrecentar cada d铆a su conocimiento y profundizaci贸n.

El ser conscientes de esta realidad har谩 que religiosos y religiosas santifiquen de tal modo sus actividades que se conviertan en fuente de comuni贸n con Dios, a cuyo servicio est谩n consagrados por un titulo nuevo y especial 15 .

Por otra parte, la valorizaci贸n de la espiritualidad apost贸lica concreta del propio Instituto ayudar谩 a煤n m谩s a percibir la riqueza santificante contenida en todo ministerio eclesial 16 .

La misi贸n de la Iglesia, a la cual los Consejos evang茅licos hacen participar de modo especial 17 no puede consistir, en efecto, en una actividad 煤nicamente exterior. Por su misma naturaleza, su misi贸n no es otra que la misi贸n de Cristo mismo, continuada en la historia del mundo. Por lo tanto, consiste principalmente en participar en la obediencia de Aquel 18 que se ofreci贸 a si mismo al Padre por la vida del mundo 19 .

7. El cuidado constante de los medios apropiados.

El cuidado constante de los medios que favorecen la dimensi贸n contemplativa es una con secuencia ineludible de la fidelidad a las exigencias teologales de toda vida religiosa, seg煤n la 铆ndole propia de cada Instituto.

Entre los medios que se han de tener m谩s en cuenta, algunos tienen relaci贸n directa y especial con las exigencias de una armonizaci贸n profunda entre la dimensi贸n activa y la contemplativa.

Por eso esta Plenaria les dedica estas orientaciones, pidiendo a los responsables de los Institutos y a cada religioso y religiosa que les presten la debida atenci贸n.

B. Cuidado renovado de la vida en el Esp铆ritu Santo

8. La Palabra de Dios.

La escucha y la meditaci贸n de la Palabra de Dios son el encuentro cotidiano con la ciencia sobreeminente de Jesucristo 20 .

El Concilio exhorta con ardor e insistencia a todos los fieles, sobre todo a los religiosos, a aprender esta sublime ciencia 21 .

Pero este empe帽o, personal y comunitario, por alimentar con mayor abundancia la vida espiritual con un tiempo m谩s prolongado consagrado a la oraci贸n mental 22 cobrar谩 eficacia y actualidad incluso apost贸lica, si la palabra es acogida, no solamente en su riqueza objetiva, sino tambi茅n en la historia concreta que vivimos y a la luz del Magisterio de la Iglesia.

9. El centralismo de la Eucarist铆a.

La celebraci贸n de la Eucarist铆a y la intensa participaci贸n en ella, en cuanto fuente y cima de toda la vida cristiana 23 forman el centro insustituible y animador de la dimensi贸n contemplativa de toda comunidad religiosa 24 .

- Por eso los religiosos sacerdotes dar谩n un lugar preeminente a la celebraci贸n cotidiana del Sacrificio Eucar铆stico.

- Cada religioso y religiosa tomar谩 parte activa en el Santo Sacrificio 25 todos los d铆as, teniendo en cuenta las situaciones concretas en las cuales viven y trabajan sus respectivas comunidades.

Se recomienda insistentemente esa participaci贸n m谩s perfecta mediante la cual los fieles, tras la Comuni贸n del Sacerdote, reciben el Cuerpo del Se帽or consagrado durante el Sacrificio mismo 26 .

El empe帽o en participar cotidianamente (en el Sacrificio Eucar铆stico) ayudar谩 a los religiosos a renovar cada d铆a la ofrenda de si mismos al Se帽or.

Reunidas en el nombre del Se帽or, las comunidades religiosas tienen como su centro natural la Eucarist铆a; por lo tanto es natural que se agrupen visiblemente en torno a un oratorio en el cual la presencia del Sant铆simo Sacramento expresa y realiza aquello que debe ser la misi贸n principal de toda familia religiosa 27 .

10. Celebraci贸n renovada del Sacramento de la Penitencia.

El Sacramento de la Penitencia, que restaura y revigoriza el don fundamental de la conversi贸n recibido en el Bautismo 28 desempe帽a una funci贸n particularmente intensa en el desarrollo de la vida espiritual. No hay dimensi贸n contemplativa sin conciencia personal y comunitaria de conversi贸n.

Con el Decreto del 8 de diciembre de 1970, esta Sda. Congregaci贸n insist铆a en ello, llamando la atenci贸n de los religiosos, y especialmente de los Superiores, sobre los medios necesarios para la adecuada valorizaci贸n de este Sacramento 29 .

Los Padres de la Plenaria insisten nuevamente en:

una conveniente y regular frecuencia personal;

la dimensi贸n eclesial y fraternal a la cual la celebraci贸n de este Sacramento da mayor relieve cuando se realiza con rito comunitario 30 , permaneciendo la Confesi贸n como acto siempre personal.

11. La direcci贸n espiritual.

Tambi茅n la direcci贸n espiritual en sentido estricto merece recobrar su propia funci贸n en el desarrollo espiritual y contemplativo de las personas. De hecho, nunca podr谩 ser sustituida por inventos ps铆quico-pedag贸gicos.

Por eso aquella direcci贸n de conciencia, para la cual Perfectae caritatis reclama la debida libertad, habr谩 de ser facilitada por la disponibilidad de personas competentes y calificadas.

Tal disponibilidad ser谩 ofrecida ante todo por los sacerdotes, pues ellos, por su misi贸n pastoral espec铆fica, promover谩n su estima y participaci贸n fructuosa. Pero tambi茅n los otros superiores y formadores, consagr谩ndose al cuidado de cada una de las personas que les han sido confiadas, contribuir谩n, si bien de otra manera, a guiarlas en el discernimiento y la fidelidad a su vocaci贸n y misi贸n.

12. Liturgia de las Horas.

El Oficio Divino en cuanto oraci贸n p煤blica de la Iglesia, es fuente de piedad y alimento de la oraci贸n personal 31 . Est谩 ordenado a santificar el entero curso del d铆a 32 .

El fervor con que las comunidades religiosas han respondido a la exhortaci贸n de la Iglesia para que los fieles de todo estado se unieran con ella en la celebraci贸n de la Alabanza divina, demuestra hasta qu茅 punto han comprendido la importancia de participar as铆 m谩s 铆ntimamente a la vida de la Iglesia 33 .

Del inter茅s y de la fidelidad que todos los religiosos dediquen al Oficio Divino, incluso la dimensi贸n contemplativa de su vida recibir谩 motivos constantes de inspiraci贸n y de acrecimiento.

A tal fin, se podr铆a valorizar en mayor grado la riqueza espiritual contenida en el Oficio de las Lecturas.

13. La Virgen Mar铆a.

La ejemplaridad de la Virgen Mar铆a para toda vida consagrada y para todos aquellos que participan en la misi贸n apost贸lica de la Iglesia 34 adquiere una luz particular cuando se presenta en las actitudes espirituales que la han caracterizado:

- Mar铆a, la Virgen en escucha; Mar铆a, la Virgen en oraci贸n 35 se ofrece como modelo excelent铆simo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta uni贸n con Cristo 36 , es decir, de aquella disposici贸n interior con la cual la Iglesia, esposa amante, se halla estrechamente unida a su Se帽or, lo invoca y, por mediaci贸n suya, rinde culto al Padre Eterno 37 . Ella, intr茅pida, en pie junto a la cruz del Se帽or, ense帽a la contemplaci贸n de la Pasi贸n.

Al reavivar el culto hacia Ella, siguiendo las ense帽anzas y la tradici贸n de la Iglesia 38 , los religiosos y religiosas encuentran el camino seguro que gu铆a y fortalece la dimensi贸n contemplativa de toda su vida.

La vida contemplativa de los religiosos estar铆a incompleta si no se orientase a un amor filial hacia Aquella que es Madre de la Iglesia y de las almas consagradas.

Este amor a la Virgen se manifestar谩 con la celebraci贸n de sus fiestas y, especialmente, con las oraciones cotidianas en su honor, sobre todo con el Rosario. Es una tradici贸n secular para los religiosos la de rezar diariamente el Rosario y, por lo tanto, no es in煤til recordar la oportunidad, la fragancia, la eficacia de semejante oraci贸n, que propone a nuestra meditaci贸n los misterios de la vida del Se帽or 39 .

14. Indispensabilidad de la ascesis personal y comunitaria.

Para la cotidiana "conversi贸n al Evangelio" se requiere constantemente una ascesis generosa 40 . Esta resulta, por tanto, indispensable tambi茅n para la dimensi贸n contemplativa de toda vida religiosa.

Por eso las comunidades religiosas deben presentarse en la Iglesia como comunidades orantes a la vez que penitentes 41 , recordando la orientaci贸n conciliar seg煤n la cual la penitencia no ha de ser solamente interna e individual sino tambi茅n externa y social 42 .

De este modo, los religiosos dar谩n tambi茅n testimonio de la relaci贸n misteriosa existente entre la renuncia y la alegr铆a, entre el sacrificio y la amplitud de coraz贸n, entre la disciplina y la libertad espiritual 43 . En particular, el crecimiento de la dimensi贸n contemplativa ciertamente no puede conciliarse, por ejemplo, con el uso indiscriminado y a veces imprudente de los medios de comunicaci贸n social, con un activismo exagerado y extrovertido o con un clima de disipaci贸n que contradiga las aspiraciones m谩s profundas de toda vida consagrada: la b煤squeda de la intimidad con Dios lleva consigo la necesidad verdaderamente vital de un silencio de todo el ser, tanto para aquellos que han de encontrar a Dios incluso en el tumulto, como para los contemplativos 44 .

Para llegar a tanto, necesitan el silencio de todo su ser, y esto requiere zonas de silencio efectivo y una disciplina personal, para facilitar el contacto con Dios 45 .

Todos estos medios hallar谩n aplicaci贸n m谩s adecuada y fecunda si son acompa帽ados del ejercicio personal y comunitario del discernimiento evang茅lico, de una revisi贸n peri贸dica y seria de las actividades, del entrenamiento ininterrumpido en la interpretaci贸n cada vez m谩s profunda del significado sacramental de la realidad cotidiana (sucesos, personas, cosas) con la finalidad expl铆cita de no dejar caer nunca la actividad de la religiosa o religioso desde su nivel eclesial a una simple praxis horizontal y temporalista.

C. Animaci贸n comunitaria

15. La comunidad religiosa.

La comunidad religiosa es en si misma una realidad teologal, objeto de contemplaci贸n: como familia unida en el nombre del Se帽or 46 es por naturaleza propia, el lugar en donde la experiencia de Dios debe poder alcanzarse particularmente en su plenitud y comunicarse a los dem谩s.

La acogida fraternal rec铆proca en la caridad contribuye a crear un ambiente capaz de favorecer el progreso espiritual de cada uno 47 .

Por eso precisamente los religiosos necesitan un "lugar de oraci贸n" dentro de sus propias casas, lugar donde la cotidiana tensi贸n hacia el encuentro con Dios, fuente de comuni贸n en la caridad, halle constante aliciente y apoyo.

La presencia real del Se帽or Jes煤s en la Eucarist铆a devotamente custodiada y adorada, ser谩 para ellos la se帽al viviente de una comuni贸n que se construye cada d铆a en la caridad.

16. El Superior en la comunidad.

El Superior desempe帽a en la comunidad un papel de animaci贸n 48 simult谩neamente espiritual y pastoral en conformidad con la "gracia de unidad" propia de cada Instituto 49 .

Aquellos que son llamados a ejercer el ministerio de la autoridad deben comprender y ayudar a comprender que, en esas comunidades de consagrados, el esp铆ritu de servicio hacia todos los hermanos se convierte en expresi贸n de la caridad con la cual Dios los ama 50 .

Este servicio de animaci贸n unitaria requiere, por lo tanto, que los superiores y superioras no se muestren ni ajenos y desinteresados frente a las exigencias pastorales, ni absorbidos por tareas simplemente administrativas, sino que se sientan y sean considerados en primer lugar como gu铆as para el desarrollo simult谩neo, tanto espiritual como apost贸lico, de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.

D. La dimensi贸n contemplativa en la formaci贸n

17. La formaci贸n religiosa.

La formaci贸n religiosa en sus diversas fases, inicial y permanente, tiene por objetivo principal calar a los religiosos en la experiencia de Dios y ayudarlos a perfeccionar progresivamente esa experiencia en su propia vida. A tal fin es necesario que el apostolado mismo sea puesto de relieve debidamente 51 . La meta principal que se habr谩 de perseguir en los Institutos de vida activa ser谩 la mutua permeabilidad entre interioridad y actividad, de modo que la conciencia de cada uno cultive la primac铆a de la vida en el Esp铆ritu Santo 52 del cual brota la gracia de unidad propia del amor de caridad.

La dimensi贸n fuertemente eclesial de la vida religiosa 53 exige que la formaci贸n en todos sus aspectos se realice en profunda comuni贸n con la Iglesia universal. De esta manera, cada religioso podr谩 vivir su vocaci贸n de modo concreto y eficaz en la Iglesia local y para la Iglesia local a la que es enviado seg煤n la misi贸n de su Instituto.

Vosotros sois - ha dicho el Papa - por vuestra misma vocaci贸n, para la Iglesia universal, a trav茅s de vuestra misi贸n en una Iglesia local determinada. Vuestra vocaci贸n para la Iglesia universal se realiza, por tanto, dentro de las estructuras de la Iglesia local. Es preciso hacer todo lo posible para que la vida consagrada se desarrolle en las diversas Iglesias locales, a fin de que contribuya a la edificaci贸n espiritual de las mismas y llegue a constituir su fuerza peculiar. La unidad con la Iglesia universal a trav茅s de la Iglesia local: 茅ste es vuestro camino 54 .

18. La profundizaci贸n de la 铆ndole propia.

El conocimiento de la 铆ndole propia 55 del Instituto al que se pertenece es un elemento esencial de la formaci贸n para la dimensi贸n contemplativa.

Desde este punto de vista, es tambi茅n importante seguir aquel principio general de renovaci贸n que el Perfectae Caritatis define como retorno continuo a las fuentes.

19. Una s贸lida formaci贸n intelectual.

Una s贸lida formaci贸n intelectual que responda a los objetivos de la vocaci贸n y a la misi贸n del propio Instituto, ha de considerarse tambi茅n como base de una vida de oraci贸n y contemplaci贸n rica y equilibrada. Por eso el estudio y la actualizaci贸n se recomiendan como factores de una sana renovaci贸n de la vida religiosa en la Iglesia y a favor de la sociedad de nuestro tiempo 56 : la programaci贸n de los estudios tenga por objetivo no una mal entendida realizaci贸n de si mismo para alcanzar metas individuales, sino la satisfacci贸n de las exigencias apost贸licas de la Familia religiosa, en armon铆a con las necesidades de la Iglesia 57 .

20. La exigencia de cualidades adecuadas en los formadores.

Resulta, pues, evidente la exigencia de cualidades apropiadas para aquellos que asumen responsabilidades de formaci贸n:

capacidad humana de intuici贸n y comprensi贸n;

amplia experiencia de Dios y de oraci贸n;

sabidur铆a nacida de una atenta y prolongada escucha de la Palabra de Dios;

amor a la Liturgia y comprensi贸n del papel que desempe帽a en la educaci贸n espiritual y eclesial;

necesaria competencia cultural;

disponibilidad de tiempo y de buena voluntad para dedicarse al cuidado personal, no solamente del grupo, sino tambi茅n de cada candidato.

E. Promoci贸n de la dimensi贸n contemplativa en las Iglesias locales

21. El Obispo perfeccionador de su grey.

El ministerio pastoral del Obispo, fundamentalmente dirigido hacia la santificaci贸n de la Iglesia que le ha sido confiada, pone de relieve la misi贸n que le incumbe de conducir su grey a la perfecci贸n, cuid谩ndose de hacer progresar en el camino de la perfecci贸n a sacerdotes, religiosos y laicos, de acuerdo con la vocaci贸n particular de cada uno 58 .

Por esta raz贸n los pastores de las Iglesias locales se considerar谩n, sobre todo en la promoci贸n de la vida de oraci贸n y de la dimensi贸n contemplativa, los perfeccionadores de sus hermanos 59 seg煤n la vocaci贸n de cada uno y as铆 mismo los testigos de su propia santificaci贸n personal 60 .

- Desde esta perspectiva adquiere mayor relieve su preocupaci贸n pastoral por las vocaciones, incluso para las diversas formas de vida consagrada 61 a la vez que su solicitud porque no falte la asistencia espiritual en las comunidades ya existentes.

- Por otra parte, favoreciendo la comprensi贸n y estima de la vida religiosa, antes y m谩s que de las obras llevadas a cabo por los diversos Institutos, el Obispo facilitar谩 una colaboraci贸n m谩s espont谩nea y provechosa entre el clero y los religiosos 62 . De tal suerte, quedar谩 tambi茅n mejor asegurada la preparaci贸n de sacerdotes capacitados, en su ministerio pastoral, para sostener y acompa帽ar la vida espiritual y apost贸lica de religiosas y religiosos, de acuerdo con la naturaleza de la vida religiosa misma y la finalidad de cada Instituto.

En cuanto a las religiosas, deben poder encontrar en el clero los confesores y directores espirituales capaces de ayudarlas a comprender mejor y a mejor vivir su consagraci贸n. Por otra parte, la influencia del sacerdote suele ser determinante en muchas ocasiones, cuando se trata de facilitar el descubrimiento y el desarrollo sucesivo de la vocaci贸n religiosa 63 .

A este fin, aparece necesario, ya desde los a帽os de formaci贸n en el seminario, el estudio de la vida consagrada en sus diferentes formas y bajo sus diversos aspectos, para lograr una preparaci贸n eclesial completa del clero diocesano 64 .

22. La inserci贸n eclesial de los religiosos.

Los religiosos y religiosas, por su parte deben dar testimonio de su pertenencia efectiva y cordial a la familia diocesana 65 . y ello, no solamente haci茅ndose disponibles, seg煤n su carisma, a las exigencias de la Iglesia local 66 , sino tambi茅n ofreciendo su experiencia espiritual a los sacerdotes diocesanos y facilitando, para todos los fieles, los encuentros de oraci贸n.

Hay tambi茅n un problema particular, cuya importancia merece hoy se帽alarse: se trata de la estrecha relaci贸n existente entre Institutos religiosos y Clero en relaci贸n a la dimensi贸n contemplativa que debe tener toda vida de consagraci贸n al Se帽or como parte constitutiva fundamental. Los sacerdotes seculares tienen necesidad de encontrar en la contemplaci贸n la fuerza y el apoyo necesarios para su apostolado. Como en el pasado, debe ser normal que encuentren para esto un apoyo en religiosos experimentados, as铆 como en monasterios dispuestos a acogerlos para los Ejercicios Espirituales y para per铆odos de recogimiento y de renovaci贸n personal 67 .

Adem谩s, su participaci贸n en las iniciativas de oraci贸n, promovidas por la Iglesia local misma, podr谩 contribuir a acrecentar y enriquecer la vida espiritual de toda la comunidad cristiana 68 .

23. Corresponsabilidad y armon铆a en la colaboraci贸n.

En las Iglesias locales, la corresponsabilidad y la armon铆a en la colaboraci贸n recibir谩n una ayuda valiosa, incluso en lo que se refiere al desarrollo espiritual, de los contactos peri贸dicos entre el Obispo y los responsables de los Institutos religiosos en la di贸cesis, as铆 como de la creaci贸n y buen funcionamiento de organismos adecuados a nivel de Conferencia Episcopal y de Conferencias de Religiosos y Religiosas 69 .

III. ORIENTACIONES PARA LOS INSTITUTOS ESPEC脥FICAMENTE CONTEMPLATIVOS

24. Importancia de tales Institutos.

La Plenaria, reconociendo el valor fundamental de los Institutos, tanto masculinos como femeninos, consagrados a la vida espec铆ficamente contemplativa, expresa con j煤bilo especial su estima y agradecimiento por lo que ellos representan en la Iglesia. En efecto, la Iglesia, por su misma naturaleza, posee la caracter铆stica de ser fervorosa en la acci贸n y entregada a la contemplaci贸n, de modo que lo que en Ella es humano sea ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acci贸n a la contemplaci贸n 70 . Convencida de la funci贸n particular de gracia que incumbe a tales Institutos en el Pueblo de Dios, los exhorta a seguir aportando fielmente la contribuci贸n de su vocaci贸n y de su misi贸n espec铆fica a la Iglesia universal y a las Iglesias locales en las que se encuentran incorporados.

Los exhorta a conservar y a alimentar su rico patrimonio espiritual y doctrinal contemplativo, que constituye un llamamiento y un don al mundo y tambi茅n una respuesta a los hombres que en nuestros d铆as buscan con ansia, incluso fuera de la tradici贸n cristiana, m茅todos y experiencias contemplativas no siempre aut茅nticas. 71

25. Actualidad de la vida espec铆ficamente contemplativa.

Los que son llamados a la vida espec铆ficamente contemplativa son reconocidos como uno de los tesoros m谩s valiosos de la Iglesia. Gracias a un carisma especial, han elegido la mejor parte 72 , esto es, la de la oraci贸n, el silencio, la contemplaci贸n, el amor exclusivo de Dios y la dedicaci贸n total a su servicio... La Iglesia cuenta much铆simo con su aportaci贸n espiritual 73 .

Por eso a pesar de la urgente necesidad de apostolado activo, aquellos Institutos conservan siempre un lugar preeminente en el Cuerpo M铆stico de Cristo... En efecto, sus miembros ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza y, produciendo frutos abundant铆simos de santidad, son un honor y un ejemplo para el Pueblo de Dios que acrecientan con misteriosa fecundidad.

En consecuencia, deben vivir con realismo el misterio del "Desierto" al cual su "Exodo" les ha conducido. Es el lugar en donde, a pesar de la lucha contra la tentaci贸n, el cielo y la tierra - seg煤n la tradici贸n - se juntan, en el cual el mundo, tierra 谩rida, se vuelve para铆so... y la humanidad misma alcanza su plenitud 74 .

Por eso se puede decir que si los contemplativos est谩n en cierto modo, en el coraz贸n del mundo, se hallan mucho m谩s en el coraz贸n de la Iglesia 75 . A煤n m谩s, Ad Gentes ha afirmado incluso que la vida contemplativa significa la pertenencia a la plenitud de la presencia de la Iglesia y ha exhortado a instaurarla en todas partes precisamente en las misiones 76 .

26. El misterio apost贸lico de estos Institutos.

La vida de estos Institutos, modo particular de vivir y expresar el misterio pascual de Cristo, que es una muerte para la vida 77 es un misterio especial de gracia que muestra el rostro m谩s santo de la Iglesia, comunidad orante que, con su esposo Jesucristo, se inmola por amor, para gloria del Padre y salvaci贸n del mundo.

Por lo mismo, su apostolado primordial y fundamental consiste en su misma vida contemplativa, porque tal es, seg煤n los designios de Dios, su modo t铆pico de ser Iglesia, de vivir en la Iglesia, de realizar la comuni贸n con la Iglesia, de cumplir una misi贸n dentro de la Iglesia. Es en esta perspectiva, en el pleno respeto de la funci贸n apost贸lica primordial de la vida misma en virtud de la cual deben soli Deo vacare 78 , como, respetando las leyes de la clausura y las normas establecidas al respecto, pueden abrirse - con toda fidelidad al esp铆ritu propio y a las tradiciones de cada familia religiosa - a unas experiencias de ayuda y de participaci贸n, por medio de la oraci贸n y de la vida espiritual, en beneficio de los que viven fuera 79 .

27. Necesidad de una formaci贸n adecuada.

Se insiste en la necesidad de una formaci贸n inicial y permanente adecuada a la vocaci贸n y vida de b煤squeda contemplativa de Diosen la soledad y el silencio, en la oraci贸n continua y en la intensa penitencia 80 , en el serio empe帽o de fundamentar tal formaci贸n sobre bases b铆blicas, patr铆sticas, lit煤rgicas, espirituales y de preparar formadores y formadoras id贸neos para tal funci贸n.

Merecen particular atenci贸n las Iglesias j贸venes y los monasterios aislados y desprovistos de ayudas especiales o de medios adecuados a este fin. En colaboraci贸n con la Sagrada Congregaci贸n para la Evangelizaci贸n de los Pueblos y con la Sagrada Congregaci贸n para las Iglesias Orientales, se deber谩n estudiar modos y medios de procurar a esos monasterios una ayuda v谩lida en el campo de la formaci贸n (Equipos de formaci贸n, libros, cursos por correspondencia, cintas magnetof贸nicas, cassettes, discos, ...).

28. Estima y delicadeza en las relaciones.

Las relaciones del Obispo con los monasterios contemplativos, de los cuales es pastor, gu铆a y padre, relaciones ya subrayadas en una Plenaria anterior, requieren que el estudio de los varios aspectos de esta cuesti贸n sea continuado, de manera que, con la ayuda de la Sagrada Jerarqu铆a, la presencia y la misi贸n de esos monasterios en las Iglesias particulares constituya realmente una gracia, reflejo de la diversidad de los carismas, al servicio de todo el Pueblo de Dios.

En consecuencia, el parecer de la Plenaria es que los Obispos procuren promover entre los sacerdotes, ya desde el seminario 81 , y entre los fieles, el conocimiento y la estima de la vida espec铆ficamente contemplativa. Pues esta vida no hace de los que a ella son llamados unos extra帽os a la humanidad... En la soledad en la cual se consagran a la oraci贸n, los contemplativos no olvidan nunca a sus hermanos. Si ellos est谩n como arrancados del mundo y de la Iglesia, no es en busca de una comodidad y tranquilidad personal, sino para participar m谩s universalmente en sus trabajos, en sus dolores, en sus esperanzas 82 .

29. La clausura papal.

La Plenaria expresa su estima hacia los monasterios de Religiosas de clausura papal. Si la separaci贸n del mundo pertenece a la esencia de la vida contemplativa, esta clausura constituye un signo y un medio excelente para realizar esta misma separaci贸n en conformidad con el esp铆ritu de los diversos Institutos.

Por eso la misma Plenaria, mientras repite la invitaci贸n del Concilio Vaticano II a una justa renovaci贸n de las normas, que tenga en cuenta las condiciones particulares de los tiempos y de los lugares 83 , exhorta vivamente a estos monasterios a conservar fielmente, seg煤n los varios carismas y las tradiciones de los diversos Institutos, su especial separaci贸n del mundo, instrumento muy apropiado para la promoci贸n de la vida contemplativa.

CONCLUSI脫N

30. La dimensi贸n contemplativa es el verdadero secreto de la renovaci贸n de toda vida religiosa: renueva vitalmente el seguimiento de Cristo, porque conduce a un conocimiento experimental de El, conocimiento necesario para poder darle aut茅ntico testimonio, testimonio de quien le ha o铆do, le ha visto con los propios ojos, le ha contemplado, le ha tocado con las propias manos 84 .

Cuanto m谩s se abra el religioso a la dimensi贸n contemplativa, m谩s atento se volver谩 a las exigencias del Reino, desarrollando intensamente su interioridad teologal, pues observar谩 los sucesos con esa mirada de la fe que lo ayudar谩 a descubrir por doquier la intenci贸n divina. Tan s贸lo el que vive esta dimensi贸n contemplativa sabe descubrir los designios salv铆ficos de Dios en la historia y puede tener capacidad suficiente para realizarlos con eficacia y equilibrio.

Vuestras casas han de ser, por encima de todo, centros de oraci贸n, de recogimiento, de di谩logo - personal y sobre todo comunitario - con Aquel que es y debe seguir siendo el primer y principal interlocutor en la trabajosa sucesi贸n de vuestras jornadas. Si sab茅is alimentar este clima de intensa y amorosa comuni贸n con Dios, os ser谩 posible llevar adelante sin tensiones traum谩ticas o peligrosas desbandadas, esa renovaci贸n de la vida y de la disciplina a la cual el Concilio Ecum茅nico Vaticano II os ha comprometido 85 .

Eduardo Card. PIRONIO,
Prefecto

+ Agust铆n MAYER, O.S.B.,
Secretario


1

Cf. Jn. 14,8.

2

Cf. 1. Jn. 1,1-13.

3

1 Cor. 2,10.

4

Pablo VI, discurso del 7.12.1965.

5

Ef. 1,6.

6

Cf. Informationes SCRIS 1980, pp. 7-12. En el mismo n煤mero se ha publicado toda la dcumentaci贸n de la Plenaria de 1980.

7

Cf. PC 7-8.

8

PC 8.

9

ib.

10

MR 16.

11

Mensaje del Papa a la Plenaria, 2.

12

MR 16.

13

Cf. PC 8; ET 10; 42.

14

Cf. S铆nodo de los Obispos, 71, AAS p. 913-914.

15

LG 44.

16

Cf. LG 41; PC 14; OT 9.

17

LG 44.

18

Heb. 5,8.

19

MR 15.

20

PC 6; ES II, 16,1.

21

DV 25.

22

Cf. ES II, 21.

23

LG 11.

24

Cf. PC 6; ET 47-48.

25

Cf. SC 48.

26

SC 55; cf. ET 47; S铆nodo de los Obispos 1971.

27

Mensaje del Papa a la Plenaria, 2; cf. 48. Para que los religiosos y religiosas comprendan mejor y valoricen m谩s profundamente el "misterio y culto de la Sma. Eucarist铆a" les ser谩 muy 煤til releer y meditar la Carta enviada por Juan Pablo II a todos los Obispos de la Iglesia en ocasi贸n del Jueves Santo 1980.
Igualmente, sobre todo cuando se trate del aspecto formativo, ser谩 necesario tomar en seria consideraci贸n la Instrucci贸n de la Sda. Congregaci贸n para la Educaci贸n Cat贸lica acerca de la formaci贸n lit煤rgica en los Seminarios del 3 de Junio de 1980 y la Carta circular del mismo Dicasterio del 6 de enero 1980 acerca de algunos aspectos de la formaci贸n espiritual en los Seminarios.
Cf. tambi茅n la Instr. de la Sda. Congregaci贸n para los Sacramentos y el Culto Divino Inaestimabile donum del 3 de abril de 1980.

28

Const Paenitemini, AAS. (1966), p. 180.

29

Cf. AAS (1971) p. 318-319.

30

Cf. LG 11; Const. Paenitemini, I, 1 c.

31

SC 90.

32

SC 84.

33

Cf. ES II, 20.

34

ET 56; LG 65.

35

Marialis Cultus, 17-18; AAS (1974), 128-129.

36

LG 63.

37

Marialis Cultus, 16.

38

LG 66-67; Marialis Cultus, 2 y 3 parte.

39

Mensaje del Papa a la Plenaria, 2.

40

Cf. Const. Paenitemini, II-III, 1,c; Mc. 1,15.

41

Cf ES II,22.

42

SC 110.

43

ET 29.

44

Ib. 46.

45

Mensaje del Papa a la Plenaria, 2.

46

PC 15; cf. Mt. 18,20.

47

ET 39.

48

MR 13.

49

Cf. PC 8.

50

PC 14.

51

MR. 27.

52

Ib.4.

53

LG 44; ET 50; MR 10.

54

Juan Pablo II a los Superiores generales 24.11.1978.

55

MR 11.

56

PC 2,c-d; ES II,16.

57

MR 26.

58

CD. 15; cf. MR 7.

59

MR 7, 28.

60

ib. 9,d.

61

MR 32.

62

Cf. MR 37.

63

Mensaje del Papa a la Plenaria, 4.

64

Cf. MR 30,a; ib. 49,1.

65

CD 34.

66

ib. 35; cf. MR passim.

67

Mensaje del Papa a la Plenaria, 4.

68

Cf. MR 24, 25.

69

Cf. CD 35, 5-6; ES II, 42-43; ET 50; MR 29, 36, 50, 54, 56, 59, 62, 65.

70

SC 2.

71

Mensaje del Papa a la Plenaria, 3.

72

Lc. 10, 42.

73

Mensaje del Papa a la Plenaria, 3.

74

VS III, AAS (1969), p.681.

75

Ib.

76

A.G. 18. 40.

77

VS I.

78

PC 7.

79

Cf. MR 25.

80

PC 7.

81

Cf. O.T. 19; M.R. 30,b.

82

VS III.

83

Cf. PC 16.

84

Cf. 1 Jn 1,1; Fil, 3,8.

85

Juan Pablo II, Discurso del 24.11.1978.
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