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S.S. Juan Pablo II, Mensaje de S.S. Juan Pablo II para la XXXI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el día 11 de mayo.
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Comunicar a Jesucristo

Mensaje de S.S. Juan Pablo II para la XXXI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebrará el día 11 de mayo

Queridos hermanos y hermanas:

Al acercarse el final de este siglo y del segundo milenio, presenciamos un desarrollo sin precedentes de los medios de comunicación social, que ofrecen cada vez más productos y servicios. Vemos que la vida de muchas personas sufre cada vez más el influjo del despliegue de las nuevas tecnologías de información y comunicación. Y con todo, existen todavía numerosas personas que no tienen acceso a esos medios, antiguos o nuevos.

Aquellos que se benefician de este desarrollo disponen de un creciente número de opciones. Cuantas más son las opciones, más difícil resulta escoger responsablemente. De hecho, cada vez es más difícil proteger los propios ojos y oídos de imágenes y sonidos que llegan a través de los medios de comunicación de forma inesperada y sin solicitarlos. Cada vez resulta más complicado para los padres proteger a sus hijos de mensajes inmorales, y asegurar que su educación para las relaciones humanas, así como su aprendizaje sobre el mundo, se realicen de modo apropiado tanto a su edad y sensibilidad, como a la maduración de su sentido del bien y el mal. La opinión pública se ha visto conmocionada por la facilidad con que las tecnologías más avanzadas de la comunicación pueden ser explotadas por quienes tienen malas intenciones. A la vez, ¿cómo no advertir la relativa lentitud por parte de quienes desean usar bien esas mismas oportunidades?

Debemos esperar que la brecha entre los beneficiarios de los nuevos medios de información y expresión y los que hasta ahora no han tenido acceso a ellos no se convierta en otra persistente fuente de desigualdad y discriminación. En algunas partes del mundo se alzan voces contra lo que se ve como el dominio de los medios de comunicación por la llamada cultura occidental. Lo que producen los medios se percibe como la representación de valores apreciados por Occidente y por extensión, se supone que presentan valores cristianos. En realidad en esta cuestión, a menudo el beneficio comercial es el que se considera como valor primero y auténtico.

Además, en los medios de comunicación parece disminuir la proporción de programas que expresan anhelos religiosos y espirituales, programas moralmente educativos y que ayuden a las personas a vivir mejor su vida. No es fácil ser optimistas sobre la influencia positiva de los medios de comunicación social cuando éstos parecen ignorar el papel vital de la religión en la vida de la gente o cuando las creencias religiosas son tratadas sistemáticamente de forma negativa y creando antipatía. Algunos operadores de los medios de comunicación, en especial en los sectores dedicados al entretenimiento, parecen inclinarse a presentar a los creyentes bajo la peor luz posible.

¿Encuentra todavía Cristo un lugar en los medios tradicionales de comunicación social? ¿Podemos reivindicar un lugar para él en los nuevos medios?

En la Iglesia, el año 1997, primero del trienio de preparación para el gran jubileo del año 2000, se está dedicando a la reflexión sobre Cristo, Verbo de Dios hecho hombre por obra del Espíritu Santo (cf. Tertio millennio adveniente, 30). En este marco, el tema de la Jornada mundial de las comunicaciones sociales es «Comunicar a Jesús: camino, verdad y vida» (cf. Jn 14, 6).

Este tema brinda a la Iglesia la oportunidad de meditar —y, en consecuencia, de actuar— en la contribución específica que los medios de comunicación pueden dar para difundir la buena nueva de la salvación en Jesucristo. También ofrece a los comunicadores profesionales la ocasión de reflexionar en el hecho de que los temas y los valores religiosos, así como los específicamente cristianos, pueden enriquecer sus producciones en los medios y la vida de los que se sirven de ellos.

Los modernos medios de comunicación social no sólo se dirigen a la sociedad en general, sino sobre todo a las familias, a los jóvenes y también a los niños pequeños. ¿Cuál es el «camino» que deben señalar? ¿Qué «verdad» han de proponer? ¿Qué «vida» deben ofrecer? Esto no sólo interesa a los cristianos sino también a todas las personas de buena voluntad.

El «camino» de Cristo es el camino de una vida virtuosa, fructífera y pacífica como hijos de Dios, como hermanos y hermanas de la misma familia humana; la «verdad» de Cristo es la verdad eterna de Dios, que se nos reveló no sólo en el mundo creado, sino también a través de la sagrada Escritura, y especialmente en y a través de su Hijo, Jesucristo, la Palabra hecha carne; y la «vida» de Cristo es la vida de gracia, ese regalo de Dios que nos hace partícipes de su propia vida y capaces de vivir para siempre en su amor. Cuando los cristianos están verdaderamente convencidos de esto, su vida se transforma y esta transformación se manifiesta no sólo en un testimonio personal que interpela y da credibilidad, sino asimismo en un urgente y eficaz anuncio —también a través de los medios de comunicación— de una fe viva que, paradójicamente, crece al ser compartida.

Es consolador saber que todos los que asumen el nombre de cristianos comparten esta misma convicción. Con el debido respeto a las actividades de comunicación de cada una de las Iglesias y de las comunidades eclesiales, sería un significativo éxito ecuménico que los cristianos lograran cooperar más estrechamente entre sí en los medios de comunicación social para preparar la celebración del gran jubileo (cf. Tertio millennio adveniente, 41).

Todo debe centrarse en el objetivo fundamental del jubileo: el fortalecimiento de la fe y del testimonio cristianos (cf. ib. 42).

La preparación para el 2000 aniversario del nacimiento del Salvador se ha convertido en la clave de interpretación de lo que el Espíritu Santo está diciendo a la Iglesia y a las Iglesias en este momento (cf. ib., 23). Los medios de comunicación social tienen que desempeñar un papel importante en la proclamación y difusión de esta gracia en la comunidad cristiana y en el mundo en general.

El mismo Jesús que es «el camino, la verdad y la vida», es también «la luz del mundo»: la luz que ilumina nuestro camino, la luz que nos hace capaces de percibir la verdad, la luz del Hijo que nos da la vida sobrenatural ahora y siempre. Los dos mil años que han transcurrido desde el nacimiento de Cristo, representan una extraordinaria conmemoración para la humanidad en su conjunto, dado el relevante papel de la cristiandad durante estos dos milenios (cf. ib., 15). Sería oportuno que los medios de comunicación reconocieran la importancia de esa contribución.

Tal vez uno de los mejores regalos que podemos ofrecer a Jesucristo en el 2000 aniversario de su nacimiento sería que la buena nueva fuera, al fin, dada a conocer a cada persona en el mundo, ante todo mediante el testimonio del ejemplo cristiano, pero también a través de los medios de comunicación: «Comunicar a Jesús: camino, verdad y vida». Que esta sea la aspiración y el compromiso de todos los que profesan la singularidad de Jesucristo, fuente de vida y verdad (cf. Jn 5, 26; 10, 10 y 28), y que tienen el privilegio y la responsabilidad de trabajar en el vasto e influyente mundo de las comunicaciones sociales.

Vaticano, 24 de enero de 1997

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