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Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, La Reconciliaci贸n con uno mismo
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芦La Reconciliaci贸n con uno mismo禄

Intervenci贸n sobre en el I Congreso Internacional sobre la Reconciliaci贸n en el Pensamiento de Juan Pablo II

Es f谩cil arrinconar una verdad que todos aprendimos un d铆a, porque cuesta reconocerla. Algo de esto encuentro en las causas que pueden haber motivado la publicaci贸n de la Exhortaci贸n Apost贸lica post-sinodal, Reconciliatio et Paenitentia. Con este prop贸sito cito en n. 13 del Documento "Como escribe el ap贸stol San Juan: 'Si decimos que estamos sin pecado, nos enga帽amos a nosotros mismos y la verdad no est谩 con nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, El que es fiel y justo nos perdonar谩 los pecados' (1 Jn 1,8 ss). Estas palabras inspiradas, escritas en los albores de la Iglesia, nos introducen mejor que cualquier otra expresi贸n humana en el tema del pecado, que est谩 铆ntimamente ligado con el de la reconciliaci贸n. Tales palabras enfocan el problema del pecado en su perspectiva antropol贸gica, como parte de la verdad sobre el hombre..." La verdad sobre el hombre pecador ha querido ser puesta de lado en muchos intentos de la llamada 'nueva moral'.

Partiendo de las palabras del ap贸stol San Juan, antes citadas, podemos decir que todos los hombres somos pecadores y, por lo tanto, que todos sentimos esa ruptura interior. Entre las m煤ltiples consecuencias de esa ruptura del hombre consigo mismo, me parece interesante analizar un pasaje de Santo Tom谩s en la Suma Teol贸gica, I-II, q. 85, a 3.

La justicia original ha sido rota por el pecado original, afirma el Santo. Por lo tanto, las fuerzas de las pasiones se han rebelado contra el mandato de la raz贸n y, a su vez, la misma raz贸n ha dejado de permanecer sometida a Dios. En otras palabras, se ha producido una ruptura interior en el hombre, por la cual ha perdido su unidad hacia el fin 煤ltimo, que es Dios. El hombre se ha disgregado en m煤ltiples fuerzas interiores que se contraponen unas con otras. Es San Pablo quien nos lo recuerda en la Ep铆stola a los Romanos: "cuando yo quiero hacer el bien, me encuentro con una ley o inclinaci贸n contraria, porque el mal est谩 pegado a m铆..." 1

Esta divisi贸n interior, consecuencia del pecado original, facilita que se intente dise帽ar diferentes conceptos de hombre, en la medida en que se toma una parte de esta naturaleza escindida como lo esencial. Por ejemplo, si se piensa que la potencia volitiva es lo absoluto en la naturaleza del hombre o si este papel se adjudica a la afectividad o a cualquier otra facultad humana. Este olvido del pecado original, que es uno de sus principales efectos, hace que hoy tantos saberes parciales quieran erigirse en sabidur铆as absolutas y tomen la pretensi贸n de sustituir las directrices de la ley divina y su participaci贸n en la criatura, la ley natural. Una correcta visi贸n de lo que la p茅rdida de la justicia original significa, aclara y facilita un buen an谩lisis posterior.

La fragmentaci贸n que tiende a la atomizaci贸n de las diferentes potencias del hombre, ha causado en la raz贸n 鈥攍a inteligencia鈥� una herida. El hombre ha perdido su trayectoria que le lleva hacia la verdad. El hombre es ignorante y puede salir de este estado con gran esfuerzo y con la ayuda de la gracia de Dios. Hay una intima conexi贸n entre contemplaci贸n y acci贸n, o en otras palabras, entre la b煤squeda de la verdad y la conducta moral.

Estoy profundamente convencido de que se inicia el principio del fin de una etapa en "que la ilusi贸n de ciertos cristianos y te贸logos les llevaba a buscar la respuesta te贸rica y pr谩ctica de esta ruptura, precisamente en la ideolog铆a burguesa y en la ideolog铆a marxista, que son precisamente origen de esta ruptura" 2 . Es decir, en vez de abrirse a la Revelaci贸n que nos habla de este pecado en el origen, se prefer铆a acudir a una ideolog铆a m铆tica que hablaba de una lucha de clases, como si el problema se originara fuera del hombre. Vendr铆a a representar la imagen de quien quiere apagar el fuego echando gasolina. Alimentar la realidad de esa lucha interior con la exaltaci贸n de la lucha de clases es no entender nada del mensaje de Cristo.

"El coraz贸n no es nunca ajeno a la verdad. En rigor no es el entendimiento el que entiende, ni la voluntad la que quiere, sino el hombre el que entiende por su entendimiento y quiere por su voluntad siempre que quiere entender y entiende lo que quiere" 3 . Por eso una curaci贸n de la herida en el entendimiento necesariamente lleva consigo la curaci贸n del coraz贸n. Como dec铆a el Prof. Cafarra, "se trata de sanar la raz贸n sanando el coraz贸n, haciendo salir al hombre de la decisi贸n de fundarse en si mismo, de encontrarse en si mismo de finalizarse en si mismo. En una palabra, perderse para encontrarse" 4 . Esta es la gran verdad evang茅lica que el Papa Juan Pablo II proclama cuando recuerda la necesidad de predicar "la verdad sobre Jesucristo, la verdad sobre la Iglesia y la verdad sobre el hombre".

La voluntad tambi茅n ha sufrido las consecuencias de este pecado en el origen. Ha sido destituida, dice Santo Tom谩s, de su direcci贸n hacia el bien. Ha dejado de buscar el bien para buscar el bien 'para mi'. Esta peque帽a inversi贸n en su tendencia original origina el ego铆smo, que, a su vez, llevado a dimensiones sociales causa las injusticias. Vemos pues la relaci贸n del pecado personal y sus aplicaciones en el llamado pecado social. Ese bien 'para mi' no puede ser compartido por 'el otro', surgiendo la lucha entre el 'yo' y el 't煤'. De esta din谩mica surgen muchas formas de antagonismos, entre los cuales figura aquel "mal social" 5 llamado la lucha de clases. Se trata de curar esta facultad de la persona humana, siendo fiel al mensaje de Cristo. En consecuencia, ser谩 "una intensa vida teologal 鈥攍a frecuencia de sacramentos, especialmente de la Penitencia y de la Eucarist铆a鈥� la que permitir谩 sanar esta herida" 6 .

"La herida de la voluntad repercute en la libertad humana. La libertad del hombre es la libertad de un ser compuesto de alma y cuerpo, inmerso en el tiempo y herido en su naturaleza" 7 . De ah铆, en primer lugar, que no se decida por Dios en un solo acto, por una 煤nica opci贸n, sino con trabajo a lo largo de toda su vida. El riesgo es un fiel acompa帽ante de la libertad creada y no hay ideolog铆a que pervierta la apertura que todo hombre tiene a forjar su destino eterno en el caminar terreno. Por lo tanto, vemos con satisfacci贸n que la Exhortaci贸n aclara rotundamente la falsedad de la llamada 'opci贸n fundamental'.

Pasemos a examinar el efecto del pecado original en nuestros apetitos sensitivos, tanto el irascible como el concupiscible. Es evidente que las pasiones condicionan el obrar de la persona. Este condicionamiento ser谩 todo lo profundo que se quiera en funci贸n del desorden que se permita a los apetitos. La disgregaci贸n se manifiesta en este escal贸n particularmente agresiva.

El apetito irascible reniega de emprender aquellas obras que le suponen esfuerzo. Busca lo c贸modo, no necesariamente lo bueno. Lo que el Papa en la Exhortaci贸n llama el " 'secularismo' que por su misma naturaleza y definici贸n es un movimiento de ideas y costumbres, defensor de un humanismo que hace total abstracci贸n de Dios, y que se concentra totalmente en el culto del hacer y del producir, a la vez que embriagado por el consumo y el placer, sin preocuparse por el peligro de perder la propia alma, no puede menos de minar el sentido del pecado" 8 . Este intento de un humanismo ateo, aunque lo puedan atender algunos cristianos, no tiene otra explicaci贸n que la Ignorancia del pecado o el no querer enmendar la propia conducta pecaminosa. El desorden de las pasiones en nuestra 茅poca es alimentado por m煤ltiples requerimientos que las excitan, haciendo m谩s dif铆cil a煤n su recta orientaci贸n hacia el bien. Vemos que tanto el cine como la TV hacen el papel de catalizadores del mal, al proyectar una pornograf铆a abusiva y denigrante contra la dignidad de la persona. La droga es el sedante de la b煤squeda de lo arduo.

Por 煤ltimo, la cuarta herida causada por esta ruptura interior, deja su huella en el apetito concupiscible. La b煤squeda de lo deleitable al margen del mandato de la recta raz贸n convierten al hombre en un protagonista de la sociedad permisiva En este campo se observa la brutalidad m谩s descarnada. La persona, perdido el sentido del pudor y dejada de lado la ley natural, convierte las manifestaciones del amor humano en el campo del desorden puramente sexual. Se ha perdido la dimensi贸n m谩s profunda en el hombre: su capacidad de amar. Las consecuencias de esta herida hacen que el matrimonio pueda degradarse a una pura b煤squeda del placer sexual, sin integrarlo al nivel de la persona. Es decir, el amor-virtud desaparece y surge el sexo ego铆sta que destruye las uniones matrimoniales, porque no sabe el idioma del sacrificio y s贸lo busca la afirmaci贸n personal. H茅 aqu铆 el porqu茅 de la mentalidad contraconceptiva.

Hasta a-tu; el comentario de la Suma Teol贸gica. S贸lo me queda resumir estas cuatro heridas, que proyectan su sombra sobre aquel sagrario interior donde la persona encuentra a Dios: la conciencia moral. Quien no lucha por restablecer la unidad perdida por la ruptura del pecado original deforma su conciencia moral. La intima unidad que existe entre la contemplaci贸n y; la acci贸n hacen que no baste un conocimiento de la verdad para obrar rectamente; es necesaria la presenc~a de las virtudes que actualicen esos buenos deseos y hagan real la acci贸n, sac谩ndola del mero plano ideal. Hoy m谩s que nunca se hace necesaria una catequesis seria que ayude al hombre a formarse una recta conciencia moral, "porque este sentido del pecado tiene su ra铆z en ella" 9 . Perdido el term贸metro de la conciencia, perdido el sentido del pecado. Perdido el sentido de pecado el hombre rompe consigo mismo y huye de una realidad que le agobia y deprime, porque no sabe encontrarle explicaci贸n. Tenemos ast el cuadro que

Santo Tom谩s nos pinta: "la raz贸n pierde agudeza, principalmente en el orden pr谩ctico; la voluntad se resiste a obrar el bien; la dificultad para hacer el bien se hace cada vez mayor y la sensualidad se inflama cada vez m谩s" 10 .

He intentado una reflexi贸n brevisima sobre algunas consecuencias de la ruptura interior generada por el pecado original y profundizada por los pecados personales.

S贸lo unas consideraciones finales. "El pensamiento contempor谩neo aparece inclinado a profundizar en el campo de la intuici贸n directa en vez de sacar conclusiones metaf铆sicas a posteriori" 11 . La filosofla fenomenol贸gica ha ciertamente enriquecido nuestra conciencia de los fen贸menos empiricos de la espiritualidad humana, pero no se ha decidido a dar el paso, como dirfa Santo Tom谩s, de los efectos a las causas. Este cometido le toca al te贸logo si quiere diagnosticar correctamente los problemas que afectan al hombre, porque si no lo hace as;, corre el grave riesgo de quedarse en unas descripciones m谩s exactas, pero que no conducen a una medicina adecuada El fen贸meno no puede ocultarnos la esencia del acto Esta Exhortaci贸n nos facilita enormemente el camino para trascender de los efectos, que expone con gran claridad, a las causas, camino que resalta con una firmeza largamente esperada.


1

Rom 7,21.

2

Carlo CAFARRA, Moralidad y Progreso Social, Conferencia pronunciada en el Simposio Internacional de TEolog铆a, celebrado en la Universidad de Navarra, 1979. Publicado en Scripta Theologica 12 (1980/1)77 92, Pamplona.

3

Carlo CARDONA, Metaf铆sica de la opci贸n intelectual, Madrid 1969, p. 136.

4

Carlo CAFARRA, Conferencia antes citada.

5

JUAN PABLO II, Exhortaci贸n Apost贸lica post-sinodal Reconciliatio et Paenitentiae, n. 16.

6

Cfr. CArlo CAFARRA, Conferencia antes citada.

7

Ram贸n GARC脥A DE HARO - Ignacio CELAYA, La Moral Cristiana, Rialp, MAdrid 1975, p. 138.

8

JUAN PABLO II, Exhortc. cit., n. 18.

9

Ibid.

10

SANTO TOM脕S, Summa Theologica, I-II, p.85, a.3, c.

11

Card. Karol WOJTYLA, La Evangelizaci贸n del Hombre interior, Conferencia pronunciada por el entonces Cardenal de Cracovia en el CRIS, Roma, 13-X-1974. Publicada por Scripta Theologica.
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