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Mons. Cipriano Calderón, La visita del Papa Pablo VI a Bogotá
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Tierra de Evangelización

12. Conmovedor fue el beso del Papa a la tierra bendita de Colombia, o mejor diríamos, de América Latina, en el asfalto del aeropuerto.

He comenzado mi conferencia refiriéndome a este episodio emblemático. Recuerdo la silueta del Papa que sorprende a la multitud con su expresivo gesto. Se arrodilla y pone sus labios en la tierra. Lo había hecho así en anteriores viajes apostólicos. Lo hizo por primera vez cuando Pío XII le mandó como arzobispo a Milán: al llegar al confín de la arquidiócesis, el 4 de enero de 1955, se bajó del coche y se arrodilló sobre el suelo mojado y lleno de nieve, para besar el territorio que iba a ser escenario de sus afanes de Pastor.

El gesto de besar la tierra, característico de Pablo VI, lo ha repetido siempre Juan Pablo II en sus viajes al llegar por primera vez a una nación.

No sé si todavía se conserva en el aeropuerto El Dorado la placa que fue colocada, como recuerdo, en el lugar preciso del episodio. Dice Mons. Macchi en sus apuntes que «el gesto del Papa gustó tanto, que durante el recorrido hacia la Catedral, nos informaron que la gente había invadido la pista del aeropuerto para tomar un poco de la tierra besada por el Papa, cavando así un agujero».

13. El presidente de la República, Dr. Carlos Lleras Restrepo, había dirigido al Romano Pontífice un expresivo discurso de bienvenida, poniendo de relieve el «honor altísimo» que el Papa hacía a toda América Latina: a «estas tierras, crisol de razas» que «se incorporaron a la civilización moderna bajo el signo de la cruz».

«Creo —dijo el Jefe de Estado al insigne huésped— que al presentaros mi filial homenaje en los momentos en que pisáis el suelo de Colombia, distinguida con este singular privilegio, puedo hablar no sólo como colombiano, y para deciros que el continente todo, desde Río Grande hasta los extremos límites australes, comulga hoy en la misma emoción y que un sentimiento de veneración y gratitud llega hasta Vuestra Santidad desde todas las ciudades, valles, montañas, selvas y llanuras de América».

Como se ve, el mismo presidente de Colombia puso de relieve el carácter latinoamericano de la visita papal. Sus palabras, que interpretaban el sentir de todo el pueblo, fueron muy expresivas hablando de la Iglesia, de Colombia y de la paz.

14. Con su respuesta, el Santo Padre comenzó la secuencia de discursos que iban a inundar de luz y de esperanza el horizonte, con certeras orientaciones para la tarea pastoral de la Iglesia, así como para la vida cristiana del pueblo de Colombia y de todos los países iberoamericanos. Son textos que todavía hoy conservan una sorprendente actualidad. «Si hubiéramos escuchado sus palabras», dirá luego el actual arzobispo de Bogotá, Mons. Pedro Rubiano.

«¡Pueblos de América Latina! —exclamó el Romano Pontífice— pueblos mecidos en idénticos mares, cuyos ríos y cordilleras entrelazan comunidades de gentes honradas, pacientes, trabajadoras e hidalgas; cuyas fisonomías peculiares tienen el rasgo común de la fe en Cristo que ha vivificado siglos de historia y suscitado innumerables iniciativas promotoras de vuestra cultura y de vuestro bienestar. ¡Pueblos de América! A todos y cada uno va, desde el suelo de la hospitalaria Colombia, nuestro saludo, nuestro afecto, nuestra plegaria».

El Papa hizo notar que «un gozo íntimo y una trepidante conmoción» invadían su ánimo, como «primer Papa» que llegaba a esta nobilísima tierra, iniciando «una peregrinación religiosa» que consideraba parte de su «ministerio universal» y con la cual deseaba reiterar, de forma inequívoca, «la fe de toda la catolicidad en la Eucaristía, sacrificio y sacramento».

15. Toda la visita pastoral de Pablo VI se desarrolló al ritmo del Congreso eucarístico internacional que, bajo la presidencia del legado pontificio, cardenal Giacomo Lercaro, había comenzado el domingo anterior y que tenía a los sacerdotes y a los fieles en tensión eclesial, vivida generosamente en torno a Jesús sacramentado, mediante celebraciones litúrgicas, conferencias y actos programados para preparar la llegada del Vicario de Cristo, que venía como un peregrino de excepción a postrarse, con todo el pueblo de Dios, ante el “altar del Congreso”.

Habían pasado ya las once de la mañana cuando el cortejo papal, cruzando entre hileras de colombianos amasados en todas las calles, llegó a la plaza de Bolívar.

La primera visita fue para la catedral, centro y símbolo de la Iglesia local. Allí, con cardenales, obispos de toda América Latina y de otras partes del mundo y miles de sacerdotes y religiosos, el Peregrino apostólico oró, saludó a la Iglesia viva y pronunció un discurso que fue al mismo tiempo expresión de gratitud, catequesis y plegaria. En esa catedral primada habrá en adelante una estatua de bronce del Pontífice para recordar este histórico evento.

El Papa entró en el palacio arzobispal y desde el balcón saludó y bendijo a la multitud entusiasta que llenaba la plaza. Luego, se dirigió a la Sede de la nunciatura apostólica, Carrera 15, donde residió los días de su estancia en Bogotá.

16. En la tarde de ese mismo día 22, el Papa fue al Campo eucarístico y allí, en el “templete”, que hoy es templo, celebró su primera eucaristía en América y ordenó a 41 diáconos y a 161 presbíteros procedentes de todo el continente.

No sé si estará aquí presente alguno de los sacerdotes ordenados por Pablo VI. Recordará que la alocución-plegaria pronunciada allá por el Papa tiene acentos sublimes, que dibujan perfectamente, con el característico estilo montiniano, la sublime fisonomía del sacerdocio ministerial.

17. El día 23 de agosto la jornada del Santo Padre comenzó con la visita oficial al presidente de la República de Colombia, Dr. Carlos Lleras Restrepo, en el palacio de San Carlos.

El acto fue solemne. El Papa tuvo un coloquio privado con el estadista, saludó a su familia y luego el presidente presentó a Pablo VI los más altos cargos del Estado. A la selecta asamblea el Pontífice dirigió un discurso sobre la presencia de la Iglesia en la espléndida trayectoria de la nación colombiana.

Desde el palacio presidencial, el Papa fue en helicóptero al Campo de San José para el encuentro con los campesinos. Eran unos trescientos mil, que habían llegado de todas las montañas, valles y veredas de Colombia y de algunas naciones vecinas. El Santo Padre pasó entre ellos en un jeep haciendo un giro que duró una hora y que suscitó el entusiasmo de la gente, la cual aplaudía, agitaba pañuelos o pancartas y echaba orquídeas al Papa.

Su Santidad bendijo las nuevas instalaciones de Radio Sutatenza y después, desde la tribuna, se dirigió a los campesinos, hablando sobre la doctrina social cristiana y poniendo de relieve la opción preferencial evangélica de la Iglesia por los pobres. En este discurso resonó por primera vez en América Latina el grito del Vicario de Cristo contra la «violencia» y la «revolución».

Mons. Macchi ha escrito que el encuentro con los campesinos constituyó «uno de los momentos más conmovedores de todo el viaje y que quedó profundamente grabado en la memoria de Pablo VI».

En la misma sede de Radio Sutatenza el Santo Padre tuvo un encuentro con los representantes de la prensa, la radio y la televisión, que habían llegado de diversas partes del mundo, y les confió un noble mensaje para la paz entre las naciones.

Vuelve Pablo VI a saludar a los campesinos y parte luego en helicóptero hasta el helipuerto del hospital militar desde donde, después de saludar a los enfermos, regresa a la nunciatura.

18. Ese mismo día 23 de agosto, el Papa pronunció otro discurso de carácter social, en la línea de su famosa encíclica Populorum progressio, para la construcción de la «civilización del amor», según la expresión que el mismo Pablo VI acuñaría después, en la clausura del Año santo de 1975.

Fue en el Campo eucarístico donde, con motivo de la “Jornada del desarrollo” —así se titulaba ese día en el calendario del Congreso—, se encontraban allí reunidos representantes calificados de todas las categorías sociales de América Latina: estudiantes, hombres de la cultura, trabajadores, exponentes de las clases dirigentes, familias cristianas.

El Romano Pontífice celebró la Misa ante una inmensa multitud. Novecientos sacerdotes distribuyeron la comunión a miles de fieles que siguieron la celebración ordenadamente.

Tras regresar a la sede de la representación pontificia, a las 19:30, en la sala de honor de la nunciatura, el Papa recibió a los miembros del Cuerpo diplomático acreditados ante el Gobierno de Colombia. Saludó uno por uno a todos y pronunció en francés un elevado discurso sobre el tema de la paz y el desarrollo de los pueblos.

A las 20:10, en otra sala de la nunciatura, Pablo VI concedió una audiencia al cuerpo consular de Bogotá con breves palabras, también en francés.

Seguidamente es el turno de los representantes de las diversas comunidades cristianas presentes como observadores en el Congreso eucarístico internacional. Breves palabras en español sobre la unidad en Cristo.

En castellano habló también, a las 20:50, a los representantes de la comunidad judía de Bogotá, presidida por el rabino.

Así concluyó esta intensa jornada del Papa.

19. El día 24 de agosto, la visita pastoral del Vicario de Cristo a Bogotá llega a su culmen. A primeras horas de la mañana el Papa va a una parroquia de la periferia, Santa Cecilia, en el barrio Venecia.

Pablo VI atraviesa la ciudad en coche cerrado con techo transparente. Tiempo nebuloso, aire frío. Pero por todas partes fiesta, banderas, aclamaciones.

A las 8 llega al templo. Campanas al vuelo. Le recibe el párroco, don Jaime Sánchez. La iglesia y los alrededores llenos de fieles gozosos hasta el extremo.

En el presbiterio se han colocado los enfermos. A ellos las primeras cordiales palabras y los primeros saludos personales de afecto y consuelo.

La Misa es fuera, al aire libre, ante una multitud atenta y devota. Un grupo de 18 niños recibe de manos del Vicario de Cristo la primera comunión. El Papa les ofrece también el pan de la palabra en una preciosa homilía dirigida al párroco, a los sacerdotes y a todos los presentes. «Palabras muy afectuosas» para los niños y niñas, dice Mons. Macchi en sus apuntes. Después de la Celebración eucarística, todos los niños y niñas de primera comunión desayunaron deliciosamente con Pablo VI en la casa parroquial. La despedida resultó verdaderamente conmovedora. El Papa se entretuvo con los padres y madres de los niños, entró de nuevo en la pequeña iglesia y, al despedirse, dejó una suma de dinero al párroco para las obras de caridad y apostolado.

Pablo VI toma un jeep para regresar al centro de la ciudad; pero en el camino se para y entra en una casita pobre: un patio y tres habitaciones; se entretiene con las familias de Miguel y Gloria Pinzón y de Benjamín y Teresa Romero; habla con ellos, acaricia a los niños y les deja un regalo.

Sube de nuevo al jeep pero vuelve a detenerse en la casa de otra familia, esta vez, la de Jaime y Rafael Liévano: saluda a todos los componentes y desde la ventana del primer piso bendice a la gente que se ha reunido en torno a la casa.

20. A las 10:30 el Santo Padre llega a la plaza de Bolívar. Entra en el palacio arzobispal y desde el balcón central saluda a la multitud.

Luego, pasa a la catedral. Allí tiene lugar uno de los actos más importantes del viaje apostólico, un acontecimiento que en parte lo ha motivado: la inauguración de la II Conferencia general del Episcopado latinoamericano, que se celebrará luego en Medellín del 26 de agosto al 6 de septiembre y que marcó profundamente la trayectoria eclesial del continente, con notables repercusiones en la Iglesia universal.

En la nave central del templo catedralicio se han colocado los participantes: unos 250 obispos con los peritos y los demás componentes de la Conferencia. Están los tres presidentes nombrados por el Sumo Pontífice: el cardenal Juan Landázuri Ricketts, arzobispo primado de Lima; el cardenal Antonio Samoré, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, y Mons. Avelar Brandão Vilela, arzobispo de Teresina y presidente del CELAM. El secretario general era el futuro cardenal Eduardo Pironio.

Saludo del cardenal Landázuri y largo discurso del Papa, el decimocuarto, el más largo y tal vez el más importante en la serie de Bogotá. Se trata de una alocución que refleja de forma evidente la mentalidad eclesial del Papa Montini, un texto para la historia, que iluminó la asamblea de Medellín y dio a sus documentos el contorno justo y su auténtica proyección pastoral.

21. Desde la catedral, Pablo VI retorna al palacio arzobispal y en la sala de honor recibe al alcalde, ing. Virgilio Barco, y a los miembros del Consejo cívico de la ciudad. Le entregaron las llaves de la misma y pronunció un breve discurso, lleno de afecto a Bogotá.

Luego, el Santo Padre va a la nueva (hoy antigua) sede del CELAM, para bendecir el edificio. Están presentes todos los miembros del Consejo episcopal latinoamericano con los secretarios ejecutivos y algunos invitados especiales. Palabras de Mons. Brandão Vilela y discurso del Papa, sobre la importancia y la labor del Consejo episcopal latinoamericano.

A las 15:30 en la nunciatura apostólica, el Santo Padre recibe y habla, lleno de gratitud y complacencias, a los organizadores del XXXIX Congreso eucarístico internacional.

A las 16:40 llega por última vez al campo eucarístico. Mons. Lucas Moreira Neves, o.p., —entonces obispo auxiliar de San Pablo y hoy cardenal prefecto de la Congregación para los obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina—, está celebrando la misa para veinticinco parejas de esposos que acaban de recibir el sacramento del Matrimonio. El Papa les saluda y felicita. Después desde el templete, recordando a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, María santísima, habla a toda la multitud que llena el campo.

Es la despedida de aquel pueblo entusiasta que le ha acompañado durante las tres inolvidables jornadas. El discurso del Papa refleja los sentimientos que se han ido acumulando en su corazón desde que llegó a Bogotá.

22. Del Campo eucarístico el Papa va directamente al aeropuerto.

Allí están para decirle “adiós” el presidente de la República, todos los miembros del Gobierno y del Cuerpo diplomático, otras autoridades civiles, los cardenales y obispos, numerosos representantes de la ciudad, de la nación y del continente.

El Papa pronunció su discurso de despedida, que hacía el número 19 de la formidable antología pontificia de Bogotá.

A las 18:17 el avión comienza a moverse y a las 18:56 parte hacia Roma con escala técnica en las islas Bermudas. Es un Boeing 707 de la compañía aérea colombiana.

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