Mons. Cipriano Calderón, La visita del Papa Pablo VI a Bogotá

Fisonomía eclesial de Pablo VI

2. En vísperas del vigésimo aniversario de la muerte del Papa Montini, el pasado domingo 2 de agosto, en la alocución del Ãngelus, Juan Pablo II afirmó que la primera encíclica del Siervo de Dios Pablo VI, Ecclesiam suam, publicada el día del Santísimo Salvador, 6 de agosto de 1964, «constituye el documento programático de su pontificado y, de alguna manera, es una síntesis de toda su personalidad de pastor, de maestro y de atento conocedor de los hombres y de la historia».

A mí lo que más me impresionó y me sigue impresionando de esa encíclica es el nombre: Ecclesiam suam. (Como saben, los documentos pontificios suelen designarse con las dos primeras palabras de su texto oficial latino).

Ecclesiam suam. En estos dos términos, emblemáticos y programáticos, “la Iglesia de Jesúsâ€, está contenida toda la eclesiología de Pablo VI. No hay cosa que nos dé mayor seguridad, mayor alegría y esperanza, en nuestra condición de miembros de la Iglesia y de personas dedicadas a evangelizar en nombre de la Iglesia, que el saber que Ella, la Iglesia, no es nuestra, no es del Papa, ni de los obispos, ni de los sacerdotes, ni de los fieles. Es de Jesús y vive para anunciar a Jesús: Iglesia de Cristo, Hijo de Dios, Iglesia del Verbo encarnado. Por eso, creemos de verdad en Ella o la creemos —Credo Ecclesiam—; por eso precisamente, la amamos con tanta pasión —Amare Ecclesiam—.

Ecclesiam suam, Encíclica sobre «los caminos por los que la Iglesia Católica debe cumplir hoy su mandato»: Sí, este Documento —como insinúa Juan Pablo II en el texto citado— refleja toda la personalidad de Pablo VI, su fino sentido de Iglesia, su fisonomía de pastor y maestro, sus dotes de atento observador del hombre y de la historia, su sensibilidad hacia la cultura y el mundo moderno, sus intuiciones pastorales, su “parresíaâ€, todo su temple de Evangelizador.

3. Como encíclica programática del Pontificado, escrita a comienzos del mismo, la Ecclesiam suam sirve de antecedente y empalma con el documento que Pablo VI nos dejó, como testamento pastoral, al final de sus quince años de Papa y que ha resultado la encíclica —en realidad es una exhortación apostólica— programática para los nuevos tiempos de la Iglesia, los tiempos de la evangelización planetaria al filo de un milenio que acaba y de otro que comienza, bajo la guía del Papa Juan Pablo II.

Me estoy refiriendo a la Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975, fruto del Sínodo episcopal de 1974). Éste es, sin duda alguna, el documento que más ha influido en la Iglesia de nuestro tiempo de cara a la tarea evangelizadora. Por eso, quisiera que esta tarde del 22 de agosto descubriéramos aquí, reflexionando todos juntos sobre los viajes apostólicos de los Papas, la profecía de la Evangelii nuntiandi: el valor y el alcance de su contenido, la fuerza de su mensaje para los «pueblos nuevos», por usar una expresión del mismo Pablo VI en la Ecclesiam suam (n. 4).

En América Latina la Evangelii nuntiandi inspiró la Conferencia de Puebla y la de Santo Domingo. En la Iglesia Universal ha iluminado los últimos Sínodos episcopales y todo el quehacer de los obispos, sacerdotes y laicos comprometidos en el apostolado y en el afán de anunciar a Jesucristo, Evangelizare Iesum Christum, que diría San Pablo (ver Gál 1, 16).

Se podría afirmar que el pontificado de Juan Pablo II, con sus 83 viajes apostólicos internacionales, no ha sido otra cosa que la realización cabal de la Evangelii nuntiandi.

4. Pienso que el Pontífice actual, con su talante de pastor peregrino y su recorrido ministerial por el mundo entero, es el más grande evangelizador de nuestro tiempo gracias al contacto directo con las gentes en sus propias naciones. Pero fue precisamente Pablo VI quien abrió al Pontífice de Roma los caminos del mundo.

«El Papa viaja. ¿Qué quiere decir? Quiere decir ante todo que ha recuperado la plena libertad de movimiento, libertad que puede figurar como un elemento positivo de las actuales condiciones históricas y políticas... quiere decir, y esto es lo que más cuenta, que los caminos del mundo están abiertos, también logísticamente, al ministerio del Papa. Esto es muy significativo e importante, y quizás con el tiempo podrá producir notables cambios en el ejercicio práctico de su ministerio».

Estas palabras, referidas al futuro del Papado, las pronunció Pablo VI, hace treinta años, precisamente cuando él mismo en persona —según su estilo propio— anunció el viaje apostólico a América Latina. Fue en la audiencia general del 8 de mayo de 1968.

5. Primer anuncio de un viaje que «con la ayuda de Dios —decía el Santo Padre, indicando la finalidad del mismo— nos llevará a Bogotá, Colombia, el próximo mes de agosto, para asistir a la clausura del Congreso eucarístico internacional».

Pocas semanas después, el 29 de junio, fiesta de San Pedro, en audiencia al Colegio de los cardenales, presentó ya de forma explícita y concreta la finalidad del viaje:

«Nuestra presencia será un homenaje a los siglos de vida cristiana en aquellas regiones, a la obra admirable de los apóstoles que han trabajado allá y a los que trabajan actualmente, a la conmovedora respuesta de aquellas buenas y entusiastas poblaciones. Será garantía de nuestra participación en los problemas que angustian, especialmente a las categorías más necesitadas. Será un modo de animar paternalmente a una acción concorde, eficaz y ordenada con miras al desarrollo espiritual y civil de aquellas tierras, de aquellas gentes».

6. Monseñor Macchi, en sus apuntes, pone de relieve la intensidad con que Pablo VI vivió la preparación de este viaje, en el marco de los grandes y significativos acontecimientos del momento.

Hacía tres años que Pablo VI había concluido el Concilio Vaticano II, la gran empresa eclesial, doctrinal y pastoral de su pontificado. El 1 de enero se había celebrado por primera vez la “Jornada mundial de la pazâ€, instituida por el mismo Papa y que ha seguido celebrándose después ininterrumpidamente hasta llegar este año a la trigésima primera edición. El 30 de junio, quinto aniversario de su elección, al concluir el “Año de la fe†celebrado con ocasión del XIX centenario del martirio de san Pedro y san Pablo, el Papa Montini había proclamado solemnemente el Credo del pueblo de Dios, que es uno de los documentos nucleares del pontificado. El 25 de julio publicaba la “sufrida†y decisiva Encíclica Humanae vitae que él mismo presentó y comentó. Sabemos lo que ese excepcional documento ha supuesto para la Iglesia y para la humanidad, que ahora, en estos últimos años, ha descubierto su valor profético y empieza a comprender su importancia y la trascendencia que está llamada a tener en el futuro del mundo.

En este “crescendo†del pontificado paulino, que se iba desplegando con llamativa plenitud e ilimitada generosidad por parte del Pontífice, se coloca la visita pastoral a Bogotá. Juan Bautista Montini tenía entonces 70 años (había nacido el 26 de setiembre de 1897).

7. Quiero hacer notar que, así como el Papa actual, desde el comienzo de su pontificado, se ha propuesto viajar, dentro de lo posible, a todas las naciones del mundo (y lo ha hecho ya a 118 países), Pablo VI, al iniciar los viajes apostólicos del Romano Pontífice por el mundo, se propuso sólo visitar, podríamos decir simbólicamente, los cinco continentes.

Comenzó peregrinando a Tierra Santa (enero 1964) y —aparte del viaje emblemático a la ONU (octubre 1965), los encuentros ecuménicos de Constantinopla (julio 1967) y Ginebra (junio 1969), y la peregrinación mariana a Fátima (mayo 1967)— visitó el continente asiático (Líbano e India, diciembre 1964); el continente africano (Uganda, julio 1969) y Asia-Oceanía (Irán, Pakistán, Filipinas, Samoa, Australia, Indonesia, Hong Kong y Sri Lanka, noviembre-diciembre de 1970).

El viaje a Bogotá Pablo VI lo concibió como una visita a toda América Latina. El mismo lo dijo:

«Hemos tenido que restringir esta visita a Colombia, más aún, sólo a la capital; pero nuestra intención ha sido saludar a todas y cada una de las naciones de América Latina. Hemos querido dar a nuestra llegada a Colombia el significado más amplio de un acto espiritualmente extendido a todo el territorio latinoamericano» (Catequesis en la audiencia general, 28 de agosto de 1968).

Tanto más que en esta capital inauguró la II Conferencia general del Episcopado latinoamericano, que luego tuvo lugar en Medellín y que el CELAM ha conmemorado, como evento evangelizador, en dicha ciudad antioqueña el pasado mes de julio.

8. Sobre la preparación del viaje transcribo seguidamente unos párrafos de los apuntes de Mons. Macchi.

«Puedo recordar —dice— que también a mí me tocó la tarea de preparar concretamente las jornadas de su presencia en Bogotá: Pablo VI escribió una carta a Mons. Aníbal Muñoz Duque, administrador apostólico de Bogotá, en la cual presenta a Mons. Marcinkus y a mí, como enviados a preparar el viaje. (La carta, dirigida al Arzobispo Muñoz Duque, es autógrafa y el Nuncio Apostólico, Mons. Paolo Romeo, ha tenido la gentileza de proporcionarme una fotocopia del texto).

«Pablo VI escribió una carta semejante al Nuncio, Mons. Paupini.

«Salimos de Roma —dice Mons. Macchi— el 11 de mayo y regresamos el 19.

«En Bogotá el administrador apostólico Muñoz Duque nos acogió con gran fraternidad. La preparación del viaje no resultó difícil, precisamente por su total disponibilidad, afabilidad y generosidad, que no sólo nos abrieron de par en par las puertas del arzobispado, sino también, y sobre todo, las puertas de su corazón. »

«También el Arzobispo (cardenal) Luis Concha, que habitaba ya en su nueva residencia, nos acogió con mucha amabilidad. »

«Su Excelencia Mons. Muñoz Duque nos encomendó a sus colaboradores —a quienes entonces conocí por primera vez— que tenían el encargo de preparar la recepción del Papa: Don Hoyos Darío Castrillón (sic en el texto), ahora cardenal prefecto de la Congregación para el clero, y don Alfonso López Trujillo, también hoy cardenal, presidente del Pontificio Consejo para la familia. Con su ayuda y con la valiosa colaboración de su excelencia el nuncio, fue fácil para nosotros verificar el programa y concordar también con las autoridades de Bogotá todos los detalles para el buen éxito de la visita pastoral del Papa.

«A nuestro regreso, el 24 de mayo, el Papa recibió a Mons. Benelli, Sustituto de la Secretaría de Estado, a Mons. Marcinkus y a mí para los últimos retoques al programa preparado».

© Copyright 2008. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOSâ„¢. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.


Diseño web :: Hosting Católico